Mostrando entradas con la etiqueta Verónica Zondek. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Verónica Zondek. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de febrero de 2025

Una encuesta para traductores sobre traducción e Inteligencia Artificial (2)

 Segundo día de la encuesta.

Los traductores y la inteligencia artificial (2)

VERÓNICA ZONDEK (Chile)

1) ¿Qué tan familiarizada está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Mi interés en la IA es posterior a las 6 o 7 versiones que estoy acostumbrada a hacer cuando traduzco poesía, por lo que viene a ser una versión más, por lo general sólo un referente.  Hace muy poco empecé a mirarlo porque sentí que debía estar al tanto.

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Me parece que es una herramienta más. También creo que no es posible reemplazar al humano, al menos para la traducción de cierto tipo de literatura y de atmósferas y multiplicidad de sentidos.

3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

El riesgo de todo lo que cambia.  Los cambios son siempre riesgosos porque no se pueden planificar.


MATÍAS BATTISTÓN (Argentina)

1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Uso DeepSeek y alguna que otra IA desde hace un año y pico, en general para realizar consultas culturales o terminológicas más que para darles textos a traducir y ver qué sale, aunque eso lo hago cada tanto. Ya tengo cierta noción de la calidad de las traducciones automáticas que producen a esta altura, aunque siempre te logran sorprender con lo que hacen inesperadamente bien y lo que hacen inesperadamente mal. (En eso se parecen a los estudiantes de cualquier traductorado). También la he usado para pedirle juegos de palabras con algún campo semántico específico, si me hacían falta. Los resultados ahí suelen ser tremebundos todavía, pero de rebote pueden inspirar algo con sus respuestas, como un Watson autómata. Y de vez en cuando uso la IA para perder el tiempo con cualquier otra cosa, que es parte indispensable de mi proceso de traducción.

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Por ahora, en mi caso, probablemente por haber traducido tanto con buscadores y diccionarios, la IA me resulta más bien prescindible (lo que no implica que la IA no me esté haciendo prescindible a mí mientras tanto, claro). En general tengo que obligarme a recordar que existe antes de usarla. Y si bien para búsquedas bibliográficas y terminológicas tiene su utilidad, porque puede ser más inmediata que ir peinando y barajando distintos materiales de consulta, por ahora la tendencia de la IA a alucinar (es decir, a inventar datos, incluso cuando se pide expresamente que justifique sus respuestas y cite sus fuentes) hace que uno deba tomar los resultados con muchas pinzas. En cuanto a la posibilidad de “poseditar” una traducción automática en lugar de traducir directamente, por lo que vi el ejercicio no suele ahorrar tanto tiempo, y en textos largos las chances de que a uno se le fugue un quelonio (p. ej., que se escapen o filtren giros que uno no usaría, deslices de tono, pifies de contexto y demás) es considerable. Traduciendo uno se equivoca también, claro, pero son errores más queribles. Y como por A o por B lo que muchos terminan mirando de una traducción son los defectos más que las virtudes, ese podría convertirse en un rasgo distintivo al comparar entre traducciones humanas y automáticas: la calidad o el peso del error, la marca autobiográfica del furcio. Y también la originalidad, imagino, lo que nos lleva a esa pregunta tan extraña: ¿qué hace que un traductor sea original?

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Creo que sí, por simple economía. Es posible que al principio los editores se resistan a implementar la IA, por cuestiones más bien personales o sentimentales: extrañarán la artesanía de explotar traductores de carne y hueso, les rodará un lagrimón por la cara al recordar el último contrato de traducción leonino que le hicieron firmar a algún incauto, soltarán una risita melancólica por los derechos que obligaron a ceder a perpetuidad o que nunca liquidaron... Pero si la calidad de las traducciones automáticas sigue aumentando (cosa muy probable, aunque uno nunca sabe cuándo va a imponerse la ley del rendimiento decreciente), imagino que muchos querrán experimentar con cambiar traductores por poseditores (el nombre del traductor ya pateado al escalafón inferior) en al menos parte de sus catálogos. No es que la IA vaya a igualar de manera necesaria las habilidades de un humano en el corto plazo, pero no hace falta. Lo único imprescindible es cruzar un umbral de rentabilidad. No sería la extinción de la profesión, pero sí un golpe fuerte a la oferta de trabajo interesante y bien remunerado y una prueba de que, por increíble que parezca, siempre se la puede precarizar más aún.

JAN DE JAGER (Argentina)

1) Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

La IA me parece una extensión o ampliación de lo que ya se podía hacer con Google Translate y con DeepL y similares. A veces simplemente ahorra tiempo de tipeado y permite mirar el texto resultante como quien corrige un trabajo, mejor o peor, de un alumno. 

2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

Es una herramienta útil. De todos modos ya hay muchas editoriales (o clientes de traducciones jurídicas o científicas) que preguntan si uno como traductor usa estas herramientas y prefieren el trabajo más artesanal. Lo cual en cierto modo habla de algo de neofobia, pero también del aprecio que tenemos los humanos por las cosas “hechas a mano” versus el producto industrial. 

3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

Para mí la traducción es un género literario, no un subproducto del trabajo de otro autor. Es posible que la demanda económica disminuya, pero la traducción como ejercicio literario y mental es tan fundamental como lo es aprender a hacer las cuentas para los escolares, a pesar de la facilidad que ofrecen las calculadoras: de lo contrario, todo pasa a ser un arcano enigmático, y el cerebro cada vez más empobrecido. 





lunes, 10 de mayo de 2021

El poeta expresionista alemán Gottfried Benn traducido por la poeta chilena Verónica Zondek

Al cabo de muchos años de trabajo, la poeta y traductora chilena Verónica Zondek acaba de publicar su versión de Morgue y otros poemas, del poeta alemán Gottfried Benn (1886-1956), acaba de ser publicado en una espléndia edición de la Universidad Austral de Chile.

En su contratapa se lee: "Desde su aparición en 1912 Morgue y otros poemas de Gottfried Benn supuso una ruptura radical con la poesía alemana que le antecedió. Crudos, punzantes y quirúrgicos, los poemas de Benn (médico, poeta y dramaturgo), exponen no sólo la descomposición de la sociedad de la cual fue testigo, sino también, la sociedad que vendrá, buscando –como plantea la poeta Verónica Zondek, artífice de esta excepcional traducción bilingüe– «reventar la realidad de incertezas y miedos». Después de permanecer por varios años censurada y silenciada, esta obra capital de la poesía expresionista alemana prosigue – pasado más de un siglo–, interpelándonos como humanidad y estremeciéndonos con un lenguaje único, corrosivo y sin concesiones".



lunes, 26 de abril de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (5)

Segunda semana de la encuesta sobre género y taducción


Edgardo Scott
(traductor argentino residente en París, Francia)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción
–Justo escucho en mi deriva diaria de Spotify “It´s different for girls”, de Joe Jackson (1979), una canción que ya entonces planteaba el cambio de roles entre “lo femenino” y “lo masculino”. Hace poco tanto Javier Marías como Claudio Magris comentaron el caso de Amanda Gorman, más conocida –o lamentablemente conocida– como la joven poeta estadounidense que leyó en la asunción de Biden, y el affaire posterior, cuando al ser traducida al holandés su agencia literaria habría pedido que la tradujera una activista afrodescendiente, “Una artista joven, mujer e inapelablemente negra, ya que para captar todos los matices de lo que significan esos poemas se tiene que ser negra, como negra es la americana.” He leído el poema de la asunción y he leído otros poemas de Amanda Gorman y me creo capaz de traducirlo aceptablemente sin ser “una artista joven, mujer e inapelablemente negra”, sino un hombre de mediana edad, nacido en un suburbio al sur de Buenos Aires, heterosexual y descendiente de irlandeses, españoles, vascos y algún otro elemento mestizo; es más, creo que cualquier traductor o escritor que tenga un inglés razonable podría traducirlos también aceptablemente, sobre todo porque los poemas de Gorman son tan terriblemente oficiales –en el sentido de que sólo se pueden sostener gracias al poder ideológico de su cultura oficial– como pueriles y maniqueos a nivel literario. Lamentablemente para la poesía estadounidense, Gorman no es la nueva Wanda Coleman, Elizabeth Bishop o John Ashbery.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–El lenguaje es lo menos esencialista que existe. El lenguaje –y la poesía es el elemento nuclear, la operación fundante del lenguaje– es el que ha introducido los géneros, por ejemplo, pero como parte de un sistema de signos que, al menos desde Saussure para acá sabemos, es absolutamente arbitrario a los fines prácticos; es decir, la mesa se llama mesa solo porque todos la llamamos así. Si todos nos ponemos de acuerdo, puede llamarse silla. Y podemos empezar a decirle a la silla, mesa (si todos lo usamos de ese modo). Es un sistema a los fines de la comunicación más básica, más convencional o funcional. Por otro lado, no hay dudas de que la experiencia puede jugar un rol importante en la traducción, es decir, si hay un poeta que canta a las Highlands (un poeta escocés que me gustaría traducir, por ejemplo, que me gusta mucho, Thomas A. Clark, su libro Farme by the shore (Granja en la costa), y le da un lugar muy intenso a los elementos del paisaje, bueno, evidentemente, algo de poder recuperar ese paisaje de la realidad, ciertos detalles, puede ser importante a la hora de traducir. Pero no la identificación sexual de Thomas A. Clark o de qué modo ejerce su masculinidad o la ideología que a priori uno podría atribuirle.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–No que yo recuerde. Hay numerosos textos que no me he sentido en condiciones de traducir, pero no por una cuestión de género. Hace poco terminé un libro de Annie Ernaux, por ejemplo, y mientras leía –y obviamente traducía para mí en la lectura, no soy bilingüe al francés– había pasajes de una dureza, de una parquedad áspera que me recordaban el lenguaje de Andrés Rivera. Me parece que el problema es justamente ése, es un problema, podría decirse, imaginario, la imposibilidad o dificultad para poder cruzar los géneros sexuales en la literatura, sobre todo a nivel crítico; siempre se asocia a un escritor hombre con otro escritor hombre y a una escritora mujer con una escritora mujer, y a un escritor o escritora homosexual con otro escritor o escritora homosexual; ahí nos comportamos como si fuera una clase de educación física en un colegio católico hace cuarenta años. Con semejante ingenuidad e ignorancia. Yo leo a Felisberto Hernández y pienso en Hebe Uhart; es más, me parece que Hebe ha sido lo más parecido a Felisberto después de Felisberto. O que Felisberto es un precursor natural de Hebe Uhart. Una vez le hicieron una entrevista a Gerard Depardieu con Catherine Deneuve. Y él dijo, “me gustaría ser un hombre como ella”. Porque claro, hay una virilidad –un control, un orden–, podría decirse, en Catherine Deneuve, que se entiende el chiste de Depardieu. Se trata de eso. La traducción es también un acto de travestismo, pero a todo nivel.


Verónica Zondek
(traductora chilena residente en Valdivia, Chile)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Supongo que lo que preguntas, es si acaso existe traza del género del traductor en lo traducido. Yo creo que lo que uno es naturalmente aparece de una u otra manera en lo que uno hace, y eso incluye también, a la traducción. No creo que sea posible traducir desde un lugar que omita las experiencias y la sustancia que nos hacen ser quienes somos. Entonces, el género, como otras tantas particularidades, no puede sino influir en el modo de percibir la realidad. Cuando hablamos de traducción literaria, son justamente esas particularidades, las que diferencian la contribución de uno u otro traductor.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–Creo que de algún modo ya contesté esto, pero para agregar un punto más, me parece que esa es la razón principal del por qué se equivocan las editoriales cuando piensan que debe haber sólo una traducción hegemónica, la que ellos manejan. Creo que, con esa disposición, se le hace un flaco favor al libro en cuestión, ya que el género, el conocimiento, las lecturas, el territorio y otros asuntosque suelen ser parte de la identidad de una traductora o traductor, aportannuevas maneras de leer una misma obra. A fin de cuentas, para alguien que se aproxima a un autor o autorade otra lengua, estas traducciones, si son buenas, pueden resultar complementarias.

3)¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–No, no creo que la circunstancia de ser mujer me signifique un impedimentoa la hora de traducir un texto. Cada uno traduce desde la honestidad de ser quien es.


Claudia Cabrera
(traductora mexicana residente en Ciudad de México, México)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?

–No sé si ha sido cuestión de suerte, pero a mí, en realidad, el género nunca me ha afectado. Resulta que la mayor parte de los libros que he traducido han sido de autores hombres, quizá el 90 por ciento. Y nadie, nunca, me ha dicho que no debería o que no podría hacerlo. Curiosamente, sí me dieron una vez esa respuesta cuando propuse retraducir (al español de México, por primera vez) las obras del exilio de Anna Seghers. Ahí la objeción fue que la primera traducción la hizo una pareja de refugiados españoles, es decir, gente de la generación de la autora que había padecido en carne propia la experiencia. Y yo no. Y bueno... A otra editorial, por suerte, sí le gustó el proyecto y me lo aceptó. El hecho de que haya traducido sobre todo a hombres se debe a que ésos eran los encargos que me hacían las editoriales. En los últimos tiempos he podido proponer yo algunos títulos, y estoy tratando de traducir a más mujeres.




martes, 31 de marzo de 2020

Una encuesta para traductores de poesía (VII)

Séptimo día de la encuesta para traductores de poesía


Verónica Zondek
Traductora de Derek Walcott, Emily Dickinson, Ann Carson, Anne Sexton y Gottfried Benn, entre otros.

1)¿Por qué razón traduce poesía?
Traduzco poesía por distintas razones todas ellas emparentadas. Es decir, porque un libro o modo de escribir me entusiasma, me agarra y me dan ganas de ver si lo puedo trasladar al castellano para compartir con otros esa nueva pasión por una voz determinada; porque traducir lo que encontré me abre a un mundo o a un modo de decirlo que a su vez me estimula y me amplía o profundiza mi forma de entender; porque todo eso hace que me zambulla y transite en una especie de trance personal que me desconecta del cotidiano y me introduce en un espacio que me abstrae y conecta a la vez.  Esa sensación me encanta.  Muchas veces también trabajo con un poema o poemario que me parece está mal traducido y eso mismo hace que intente encontrar la voz, música y sentido que logre transmitir mejor su carga. Y, por último, tengo que confesar que también traduzco por puro enamoramiento con las palabras.  Pasar unas horas buscando un vocablo determinado o un conjunto de ellas, es algo que me enamora.

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Llego por casualidad o por búsqueda intencionada a un autor determinado o acepto encargos de alguna editorial.  Esto último, sólo en el caso de que esos textos me atraigan del mismo modo que si los hubiese elegido yo.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Variados.  O se relacionan con alguno de los fondos que entregan los dineros y por lo mismo determinan el monto o, de verdad te buscan para traducir algo y te pagan en ejemplares o muy moderadamente. Esto en Chile es muy escaso ya que no se valora ni el tiempo ni el compromiso que se requiere para hacer una buena traducción literaria. Creo que nunca he recibido lo que yo considero un pago justo por este trabajo.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Doy mis pequeñas batallas, pero, he llegado a la conclusión de que no hay que confiar mucho en el éxito de las mismas.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Conozco algunos subsidios y, en ocasiones, los he recibido.


Eiléan Ní Chuilleanáin

Traductora de Nuala Ní Dhomhnaill, Michele Ranchetti e Ileana Malancioulu, entre otros.

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Como poeta, envidio y dependo de otros poetas. Los traduzco para entenderlos

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
En muchos casos, proviene de mi propia lectura, y así selecciono poemas que parecen traducibles, para los cuales más tarde buscó una revista donde publicarlos. En el caso de un festival que hay en Italia y al que asisto todos los años, se me pide que traduzca a un poeta, pero tengo cierta influencia para elegir cuál. En Irlanda, me invitaron dos veces a traducir un libro seleccionado de la obra de un poeta de un idioma en particular, pero se me permitió elegir al poeta y elegir qué poemas irían en el libro.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
El pago depende de si existe o no un subsidio de un organismo público. Si no, no hay pago. Me pagaron bien cuando traduje del italiano al irlandés, ya que hay un subsidio para los libros en irlandés.

4)  ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Muy poco, aparte de garantizar que las traducciones que publico en la revista que edito se paguen correctamente.

5)  ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Literature Ireland me pagó una tarifa subsidiada cuando publiqué libros traducidos. 


Manuel Ollé
Traductor de poesía china.


1)¿Por qué razón traduce poesía?
Por un lado está el placer y la diversión y el aprendizaje que representa el poder practicar una modalidad de traducción literaria que siendo traducción sigue siendo inevitablemente escritura poética. En algunos casos lo económico no jugaba papel alguno (revista literaria precaria en lengua minorizada como el catalán), en otros sí lo jugaba. También es una oportunidad de transmitir a la propia literatura formas, voces, acentos que la vuelven más habitable.

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autoautor ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
En casi todos los casos viene de propuestas editoriales o de revistas o festivales de poesía. También varias de estas propuestas fueron propuestas abiertas: acabé decidiendo los autores y poemas finalmente traducidos. Mi función era múltiple: traductor-antólogo-prescriptor.

3)  ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
En los casos que involucraban a editoriales o instituciones (Festival de Poesía) un precio de conjunto, sin contar poemas o caracteres...

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Nada, la verdad.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Conozco alguna, las que ofrece para el catalán el gobierno catalán, sí. Y las de Taiwan y China, pero normalmente son para traducción al chino, y no me interesan.





miércoles, 26 de junio de 2019

"Misterios a develar, modos de estar en el mundo"



El pasado 8 de mayo, el periodista y escritor Antonio Díaz Oliva publicó en el diario La Tercera, de Chile, una entrevista con la poeta y traductora chilena Verónica Zondek (foto), de la que transcribimos los párrafos más relacionados con la cuestión de la traducción.

Un fragmento de entrevista

Verónica Zondek no solo es conocida por su obra poética: lo es, también, por su labor como traductora. Autores como el poeta, dramaturgo y artista visual santaluciano Derek Walcott; o la poetisa canadiense en lengua inglesa, ensayista, traductora y profesora de literatura (y suerte de rockstar por estas latitudes) Anne Carson; ambos han sido traducidos por Zondek.

–¿Siempre estuviste interesada en la traducción?
–Traducir para mí es un hallazgo que se me dio por cosa banal o no tan banal, pero real. Cuando tuve a mi primer hijo, por estar en ciudad sin otra familia que la nuclear, me fue muy difícil trabajar fuera de la casa y un día se me ocurrió que podía traducir tesis y otras cosas profesionales sin moverme de la casa, sólo con mi Simon & Schuster a mano y la máquina de escribir. Y así empecé. Obviamente entonces ni pensé en traducir poesía porque entonces la cosa era ganar dinero y recurrí a lo que podía darlo. Lo de la traducción poética se me dio mucho después y además con más conocimiento y experiencia tanto lectora como escritural.

–¿Y qué significa traducir poesía para ti? Te lo pregunto porque es tal vez una de las disciplinas de traducción más complejas (el eterno dilema entre respetar la “música” lírica versus la intención; o forma versus contenido).
–Traducir poesía es para mí, un oficio y un trabajo completamente comprometido, pero sobretodo una forma de leer más hondamente, de enriquecerme con otros y también de abrir la voz de alguien desconocido o mal traducido, a mi juicio, a otros lectores como yo. Es un viaje que me aleja de mí sólo para traerme de vuelta con más fuerza y siempre más rica, más ancha. Es quizás una obsesión más de las muchas otras en las que me involucro y siempre me deja feliz, cuando siento que lo logro.

 “Estuve con ella, pero no traduciéndola”, dice sobre el paso de Anne Carson el pasado octubre, 2018. Red Doc> ya lo había traducido la misma Zondek y ya había sido publicado por Trilce en México, por LOM en Chile y por Bajo la luna en Argentina; y que pronto saldrá en Colombia por Uniandes. “Me tocó presentarla antes de su conferencia en la UDP y luego hacer una lectura compartida de Red Doc> en inglés y castellano. Y tuve algunos momentos privados con ella en los cuales pudimos conversar y conocernos y hablar de ciertas cosas”.

–Otro de los poetas que has traducido es Derek Walcott. La masculinidad de Walcott es una masculinidad, a ratos, avasalladora (o por lo menos así me parece a mí al leerlo). ¿Qué es lo que te interesó de Walcott?
–Pues, es justamente lo que me interesó en el caso de él y sobretodo porque trabaja con el cruce de culturas, lenguas e identidades que son temas que a mí me interesan mucho. De hecho, he seguido traduciéndolo, aunque no he publicado ni mostrado eso. Para traducir a otro, en el caso de Walcott y también de todos los otros y otras que he traducido, hay que buscar en uno mismo esas hebras que te contactan con esas diferencias y creo que, al menos en mi caso, siempre están. Uno tiene necesariamente un lado masculino que es interesante de despertar y, por otro lado, todos somos resultado de una mixtura entre lenguas, razas y culturas.

–¿Y cómo reflexionas sobre la idea de la identidad (si es que la reflexionas) al traducir a alguien que no es de tu género y en el caso de Walcott, además, alguien que no es de tu raza?
–Desde el tiempo de los antiguos errantes y deambuladores hasta hoy, los seres humanos no han dejado de moverse y mezclarse y por eso que el asunto de la pureza es una idiotez máxima. Descubrir esas hebras en uno mismo a través de la escritura de otro y otra, es un hallazgo fascinante y estremecedor. Descubrir cuáles son las hebras aproximadamente equivalentes en tu propia lengua, es ampliar el mundo conocido. Todo esto es, para volver al comienzo de esta entrevista, retomar y zurcir esa retahíla de fragmentos que iluminan el cuerpo del género humano. Las lenguas y las manifestaciones humanas incluyendo las de la escritura, encierran misterios a develar, modos de estar en el mundo y nos abren al conocimiento y a la empatía con la otredad. Y a mí, eso me parece un acto político de suma importancia.


miércoles, 13 de diciembre de 2017

La traducción en Chile y sus traductores (III)

Tercera entrada del breve cuestionario respondido por varios traductores trasandinos. Hoy es el turno de Verónica Zondek (1953). Poeta, traductora y gestora cultural, se licenció en Historia del Arte en la Universidad Hebrea de Jerusalén.  Forma parte del Comité Editorial de LOM Ediciones y de algunas revistas en Chile y el extranjero. Es Asesora Externa del Dpto. de Coordinación de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile de Valdivia.  Dirige y coordina talleres de lectura en la Corporación Municipal de Valdivia y en Centros Culturales. Ha participado en numerosos encuentros literarios, tanto en el país como en el extranjero y ha sido organizadora o co-organizadora de muchos.  Ha formado parte del jurado de concursos y ha obtenido dos veces la beca que otorga el Fondo del Libro para escribir y el 2007 la beca Fondart. El 2012 recibe el fondo CONARTE de la Municipalidad de Valdivia. Ha sido publicada en innumerables antologías y revistas tanto chilenas como extranjeras. Sus libros publicados a la fecha son: Entrecielo y entrelinea (Santiago de Chile, Ediciones Minga, 1984), La sombra tras el muro (Santiago de Chile, Ediciones Manieristas, 1985), El hueso de la memoria (Buenos Aires, Editorial Ultimo Reino, 1988 y 1995, y Santiago de Chile, Editorial Cuneta, 2011), Vagido (Museo Rayo, Roldadillo, Colombia, Ediciones Embalaje, 1990 y Buenos Aires, Editorial Ultimo Reino, 1991), Peregrina de mí (Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio, 1993), Membranza (Ottawa, Editorial  Cordillera/ Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio, 1995), Entre lagartas (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 1999),  El libro de los valles (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2003), Por gracia de hombre (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2008), La raíz del viento (fotografía de Abel Lagos, Valdivia, Editorial Kultrún, 2008), Memoria sensible de la sinagoga de calle Serrano (fotografía de Pilar Cruz; Santiago, Chile, Ograma Impresores, 2009). La ciudad que habito (Valdivia, Editorial Kultrún, Valdivia, Chile, 2012). También ha realizado la muestra de poesía chilena Cartas al azar (en colaboración con María Teresa Adriasola; Santiago de Chile, Ediciones Ergo Sum, 1989). Sus trabajos ensayísticos e investigaciones  incluyen: El ojo atravesado - correspondencia entre Gabriela Mistral y los escritores uruguayos (epistolario), edición, selección, notas y comentarios de Verónica Zondek y Silvia Guerra (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2005) y El ojo atravesado II - Gabriela Mistral entre los uruguayos,  edición, selección, notas y comentarios Verónica Zondek y Silvia Guerra (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2007).  Ha traducido a Derek Walcott, June Jordan,Gottfired Benn, Paula Meehan, Anne Sexton y Anne Carson, entre otros muchos poetas.

Una batalla continua y difícil

–¿Desde cuándo y por qué traducís?
Traduzco desde hace mucho, aunque cuando comencé no pensé que esto sería una de mis pasiones. Comencé en Jerusalén el año del nacimiento de mi primer hijo (1978), traduciendo lo que cayera en mis manos porque eso me permitía combinar la maternidad con el trabajo y me daba una cierta autonomía. Hoy, cuando traduzco, sólo traduzco poesía o lenguaje poético. Y, además, me doy el lujo de traducir sólo aquello que me gusta, me enreda, me obsesiona de alguna manera. Eso deriva necesariamente en que traduzco poesía que quiero leer con mayor profundidad y detención ya sea porque me intriga o porque las traducciones que encuentro no me satisfacen y pienso que es necesario un puente más para que otros puedan acceder.

¿Cómo elegís a los autores que vas a traducir?
Elijo lo que me embruja de algún modo.  Eso que al echarle una primera leída me atrapa o me sorprende o me provoca.  Y entonces pienso que a esos autores deberían leerlos otros que no tienen acceso como yo a la lengua original.  Y, me embarco, previa búsqueda de un modo de financiarlo. Soy muy demorona y obsesiva por lo que siempre necesito tiempo.

¿Qué relación hay entre lo que traducís y tu propia tarea como poeta?
Mucha. La traducción es una lectura atentísima y por lo mismo hay una relación de compromiso y mutuo traspaso tanto del lenguaje como del sentido entre la obra traducida y la propia escritura. No creo que sea posible traducir obviando lo que uno hace con lo propio.  Eso forma parte de una y por lo mismo, desde ahí se dispara.  En todo caso mi intención siempre es la de traspasar al castellano al menos el sentido y el ritmo (aunque sea otro) del poema original.  Pero cada traducción es una lectura de ese poema y no puede abarcarla todas.  Por eso las traducciones se complementan y no son perfectas.  Bueno, somos humanos y nada de perfectos.

¿Cuál es el panorama actual de la traducción literaria en Chile?
Me parece que en la actualidad hay cada vez más escritores que se abocan a la traducción.  Pienso que esto se debe por un lado a que hay hoy un mayor manejo de lenguas distintas al castellano a la vez que una apertura a literaturas distintas a la nacional más extensa que otrora.  Por otro lado hay también fondos concursables para financiar al traductor, pero eso es algo que sólo lleva un par de años funcionando por lo que no creo que sea la causa del aumento de interés en traducir, pero sí un apoyo.

¿En qué medida la industria editorial chilena se hace cargo de los traductores chilenos?

Poco, es una batalla continua y difícil debido a que la poesía y más aún la poesía en otra lengua, no constituye un producto comercial.  Por lo mismo hay que encontrar una editorial dispuesta a tomar el riesgo o definitivamente una editorial que esté dispuesta a invertir sin esperar rédito.  Esto mejora un poco con la creación del fondo concursable que mencioné.  Es muy pequeño aún pero puede significar una apertura.  Quién sabe.  Estas cosas a veces tienen un inicio interesante y luego se apagan.  Esperemos que no.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Pedro Serrano y su crónica sobre un encuentro de traducción que tuvo lugar en el sur de Chile

De izquierda a derecha, Carlos López Beltrán, Pedro Serrano, Marina Serrano
Jorge Fondebrider, Jorge Aulicino, Richard Gwyn y Andrés Ehrenhaus



El poeta y traductor mexicano Pedro Serrano tiene sus tiempos. Por eso, a dos meses y medio de terminado el coloquio sobre traducción que tuvo lugar el 6 y 7 de septiembre pasados en la ciudad de Valdivia (Chile), publicó su crónica de esas jornadas en las páginas del Periódico de Poesía n°103, correspondiente a octubre de este año, que, como se publica en México, salió en noviembre.

La troupe y los escolares: el Tercer Coloquio de Traducción
y Literatura en la Universidad Austral de Chile

Podría haber titulado esta crónica o acertijo “The academy & els comediants” y el efecto descriptivo sería el mismo, el de un tránsito virtuoso entre quienes se dedican a la práctica de la traducción, quienes la inquieren desde la trinchera de sus conocimientos de lenguas y aquellas avocadas a su reflexión teórica. Este enroque de posiciones entre la institución y los personajes está señalando una serie de dicotomías, de los agentes y su performancia por un lado, los troperos y el teatro por el otro, y el archivo y sus custodios por otro más, que está empezando a cambiar, saliendo todos de sus trincheras a participar en un carnaval festivo y rico.

Pero esto no ha sido siempre así, porque la traducción también produce sus descontentos. En un texto hilarante en el que desarrolla distintas viñetas de traductores fallidos, Mark Strand narra un diálogo con un profesor de portugués al que no le interesa la poesía en su propia lengua pero que se siente plenamente calificado para traducir al mejor poeta en portugués. “Ustedes los profesores de idiomas son todos iguales”, le contesta Strand personaje. “Conocen la lengua original y quizá un poco la suya, pero eso es todo. Lo más probable es que sus traducciones sean interpretaciones literales, palabra por palabra, sin el carácter ni el sentimiento de la poesía. Ustedes son los primeros que proclaman la imposibilidad de la traducción, pero no le dedican ni un pensamiento a como minimizar su dificultad.”

A pesar de parecer a la vez un balancín y un desbalance, un ajuste de cuentas y un estiramiento de posiciones y actitudes, en una aparentemente irreconciliable distancia entre aquellos que se empeñan por estudiar el fenómeno de la traducción y aquellos que se dedican a representarla, en realidad la traducción es algo en lo que todos los que la practican son a la vez creadores, críticos, teóricos y enseñantes. Y eso es algo que se vio en este coloquio. No todo, por supuesto, fue fluido y suave y comedido, porque si no qué chiste, pero sí estimulante y enriquecedor. 

Amalia Ortiz de Zárate
Y no solo eso, sino que, me parece, muestra por dónde no solo deben ir, sino que ya van enrumbados, los caminos de convergencia entre estas actividades antes exclusivas y excluyentes y ahora destinadas a conversar. Porque a diferencia de otros espacios en los que todo chirría y rechina, durante el tercer coloquio de traducción y literatura organizado por la traductora, escritora y directora de la carrera de lengua inglesa en la Universidad Austral de Chile Amalia Ortiz de Zárate, lo que aconteció allí fue la triple expansión y urdimbre de esas actividades. 

Jorge Fondebrider, Jorge Aulicino
y Verónica Zondek
Por supuesto, estas cosas no las logra una persona sola. Al estrambótico entusiasmo y capacidad organizativa de Amalia se aunó la mesurada puntuación de la poeta y traductora radicada en Valdivia Verónica Zondek, que vio bien cómo debían irse dando las cosas y a quién podían ir poniendo en qué lugar. Zondek, quien acaba de publicar su traducción de Red Doc de Anne Carson para la editorial Trilce de México, fue acompañada también por las recomendaciones e imposiciones de Jorge Fondebrider, el tropero mayor, quien fue responsable de congregar una troupe no solo variopinta sino también impresionante, casi una selección Resto del Mundo, diría yo, si no fuera porque al incluirme estaría pecando no tanto de inmodestia sino de presunción, que es cosa fea. 

Carlos López Beltrán durmiendo
durante el "tejido de actividades"
El tejido de actividades elaborado por estos tres organizadores mágicos logró que de verdad fuera, más que un coloquio, un encuentro. Su virtud radicó en la composición del encuentro, que no fue ni extenuante ni enciclopédico pero sí puntual e ilustrativo, en donde coincidieron académicos de la propia universidad, estudiantes de la universidad, traductores venidos de varios lados y escritores in situ, no todos dedicados a las tres disciplinas pero todos abiertos a las proposiciones de las otras. 

El Tercer Coloquio de Traducción y Literatura fue una joya, de la que no solo se beneficiaron los estudiantes de la Universidad Austral de Chile, sino también los que en él participamos, y no solo ellos y nosotros, sino todos los que se atrevieron a cruzar el continuo chipi chipi que caía en Valdivia para llegar a la Isla Teja, donde está el campus de la Universidad Austral, quienes tuvieron la oportunidad de escuchar conversaciones y exposiciones que casi fueron fuegos artificiales. 

Díganme si no es impresionante que en una sola reunión de tan solo dos días coincidieran los autores en español de La divina comedia, de Madame Bovary, y de los Sonetos de Shakespeare (y de paso de toda su poesía lírica), todo esto acompañado de una impresionante antología de poesía latinoamericana en inglés titulada The Other Tiger, con todo y poetas incluidos. Nada más con esto está servido un banquete de degustación ejemplar.

Amalia Ortiz de Zárate y
Andrés Ehrenhaus
Pero no solo eso, porque al pairo iban, para comentar y discutir, profesores de la Universidad Austral de Chile, tales como Roberto Matamala, investigador en teatro y profesor de letras clásicas, quien habló con Jorge Aulicino de los recovecos políticos de Dante, y Luis Bocaz, quien fuera diplomático en París durante el gobierno de Salvador Allende y posteriormente, allí mismo y durante el exilio, editor de la revista La Araucaria, quien instigó a Jorge Fondebrider, tropero mayor ya dije pero también palafranero de la Catedral de Reims, a explicar por qué había eliminado ciertos términos en su traducción, y a la anfitriona Amalia Ortiz de Zárate que hizo sacar astillas a Andrés Ehrenhaus de donde él solo se planteaba bailar un vals que le salió tango. 

Estas tres digamos conferencias magistrales, no por así tituladas sino porque en verdad fueron magistrales, pautaron las actividades de dos días intensos de trabajo, mañana y tarde, los días jueves y viernes, 7 y 8 de septiembre pasados. Pero para que tal festín resulte redondo se necesita un postre digno, y como la triple corona de los más importantes hándicaps del mundo, fue un acierto incorporar a este diálogo de traducciones la antología de Richard Gwyn.

Richard Gwyn y Marina Serrano presentando The Other Tiger
Ello hizo por un lado que los estudiantes de la Escuela de Pedagogía en Inglés participaran activamente en el Coloquio (además de ya estar activísimos en su organización) leyendo los poemas en inglés, en lo que podemos llamar un diálogo de ida y vuelta, y por el otro, que se invitara a participar a varios de los poetas incluidos en este Otro tigre, tales como los ya mencionados como traductores Jorge Aulicino y Jorge Fondebrider, pero también Carlos López Beltrán de México, Damaris Calderón de Cuba (que, bueno, no llegó, pero invitada estaba), Marina Serrano de Argentina y Damsi Figueroa y Jaime Pino de Chile.

Andrés Ehrenhaus, Pedro Serrano, Marina Serrano,
 J. Fondebrider, Damsi Figueroa, J. Aulicino
y, sentados, Verónica Zondek y Richard Gwyn
Reflexiono un poco sobre lo que sucedió en Valdivia y me digo que quizás más bien lo que está pasando ahora es que ese doble filo de traductores y académicos se está convirtiendo en una punta de lanza, en la que las acciones de traducir, investigar y hacer crítica convergen en una sola figura tripartita. La traducción es cada vez más central en las conversaciones literarias y en los debates sobre literatura en todo el mundo, debido a una convergencia de la idea del traductor como escritor (Amazon lo sabe: siempre que hay un libro en la traducción, que siempre el nombre de sus traductores como "autores" de los libros que venden), su creciente visibilidad y una mayor conciencia de su relevancia en la acción de un texto en una lengua distinta.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Una versión española del canon (8)

Excelente traductora de Derek Walcott, June Jordan, Gottfired Benn, Paula Meehan, Anne Sexton y Anne Carson, entre otros muchos poetas, Verónica Zondek (Santiago de Chile, 1953) es además poeta y gestora cultural. Licenciada en Historia del Arte en la Unviersidad Hebrea de Jerusalén, forma parte del Comite Editorial de LOM Ediciones. Es también asesora externa del Departamento de Coordinación de Extención de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Unviersidad Austral de Chile, en Valdivia. Su último libro de poemas publicado es Fuego frío (2016). Asimismo, ha seleccionado, editado y prologado Mi culpa fue la palabra. Poesía reunida, de Gabriela Mistral (2015)

Una lista posible de traducciones y traductores chilenos

La traducción de poesía hecha en Chile es un esfuerzo en aumento, sobre todo porque las nuevas generaciones están emprendiendo la tarea con fondos concursables que, de algún modo, pagan en algo el esfuerzo.  Estas traducciones hacen mucho por ampliar la lengua propia y amplían la mirada en torno de lo que se hace en otras partes, lo que plantea una gran diferencia respecto de la mayoría de las traducciones que nos llegan desde España. La mayoría de éstas –no todas, por supuesto–, suelen usar un lenguaje muy ajeno a nuestro uso y eso genera un entorpecimiento a la lectura, lo que termina por alejarnos del deseo de leer. 

Pienso que a mayor cantidad de traducciones de un mismo libro, mayor posibilidad hay de llegar a un autor extraño a la lengua propia. Estas más bien se –complementan y llegan a armar un “fondo” amplio desde donde aprehender lo ajeno. 

Puesta a pensar sobre una posible lista de traductores y traducciones chilenas, lo primero que me viene a la mente son las traducciones de literatura en lengua inglesa de Jorge Tellier, las del inglés y el anglosajón de Armando Roa Vial, las de Enrique Winter, las de traducciones del griego hechas por Miguel Castillo Didier, la antología de Ezra Pound de Armando Uribe, la versión de Samuel Taylor Colleridge, de Humberto Díaz Casanueva, las traducciones de Arthur Rimbaud, de Braulio Arenas,  las de Catulo, que hizo Leonardo Sanhueza tradujo a Rimbaud. A todas éstas quiero sumar estas otras:

Aullido y Kaddish, de Allen Ginsberg, y Spoon River Anthology, de Edgar Lee Masters, traducidos por Rodrigo Olavarría

Las alegres comadres/ casadas de Windsor, de William Shakespeare, y Poesía, ensayo y entrevista, selección de la obra de George Oppen, traducidos por Kurt Folch

Lay the marble tea y The Galilee Hitch-hiker, de Richard Brautigan, traducidos por David Villagrán Ruz

La roca, de Wallace Stevens, traducido por Juan Manuel Silva Barandica.

Manuel Naranjo Igartiburu está preparando la traducción de 35 sonetos y poemas ingleses, de Fernando Pessoa.

Patriotismo, de Ryan Eckes, Diario de perversidades & eventos esenciales y Ciudad Santuario, de Frank Sherlock, traducidos por Carlos Soto Román

Todas las colinas, de Gary Snyder, y Grodek, de George Trakl, traducidos por Juan Carlos Villavicencio.

No son todas las que hay, pero son las que en este momento recuerdo mejor. Para mí, son muy buenas o buenísimas.