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martes, 26 de agosto de 2025

Una antología de poesía mundial con el sello de Aurelio Asiain

Carlos Bravo Regidor publicó, el 23 de agosto pasado, una nota en El Heraldo de México, donde se ocupa de un reciente libro del traductor Asiain. En su bajada, dice: "Arriesgando otra definición, o mejor dicho, otra lectura posible, tengo para mí que se trata de una oda al oído poético del traductor, de un ejercicio celebratorio".

Muy diversas versiones

El miércoles se presentó Muy diversas versiones (Grano de Sal, 2025) de Aurelio Asiain (Ciudad de México, 1960): un libro raro. No es una típica compilación de poemas; no son sólo ensayos sobre la poética de la traducción; ni tampoco es un puñado de anotaciones eruditas, asombrosas o divertidas. Como supo describirlo Alberto Ruy Sánchez, es un poco todo eso y es más: un registro de los varios espíritus que se “escuchan” en un poema; un álbum que ordena muy distintas “aventuras literarias” de su autor; una secuencia de “aparentes digresiones” que terminan componiendo un “elogio de la traducción indirecta”. Lo dicho: es un libro raro.

Arriesgando otra definición, o mejor dicho, otra lectura posible, tengo para mí que se trata de una oda al oído poético del traductor, de un ejercicio celebratorio de la dimensión creativa que hay en la traducción practicada según el canon rebelde de San Jerónimo: “sentido por sentido y no palabra por palabra”. Y es que, como muestra con reiterada solvencia el propio Asiain, “la literalidad es una quimera”.

En las páginas de Muy diversas versiones desfilan clásicos grecorromanos (Aristófanes, Catulo y Ovidio) y más recientes (Stevens, Borges y Simic); viejos conocidos japoneses (Basho o Buson) y mexicanos (Tablada, Paz y Zaid). También hay hallazgos inesperados: un tristísimo poema que ‘constituye toda la literatura conocida de la lengua kamasiana’; un excéntrico traductor inglés de poesía asiática (Edward Powys Mathers) para el que “traducir era su única manera de tentar a las musas y su única originalidad posible estaba en el texto traducido, aun cuando fuera sólo la traducción la que lo creara”; y en una resonancia más contemporánea, nuevas desconocidas ucranianas , por lo menos para mí (Zaturenska, Bilotserkivets o Zabuzhko), a quienes Asiain tradujo como forma íntima de resistencia a la invasión rusa.

A fuerza de mezclar épocas, lenguas y géneros de poesía, Muy diversas versiones ofrece una suerte de ars poética de la traducción. No un tratado sistemático sino una devota divagación que encuentra su rigor precisamente en la libertad con la que se permite curiosear por aquí y por allá. Para Asiain traducir es menos una técnica que una disposición: una práctica que combina la humildad de trabajar con las palabras de otros (Asiain seguro me corregiría encabronado, “¡y del sentido!), pero también la audacia de arriesgar una versión propia de ellas.

Ahí radica la fértil rareza de este libro, en reivindicar como protagónica una labor literaria que por lo general se asume como meramente instrumental; en enseñarnos a escuchar no sólo el mundo de diferencia que pueden hacer diferentes traducciones, sino todos los mundos potenciales que habitan en ellas. Traducir poesía no es trasladar textos de un idioma a otro: es expandir su significado.

martes, 17 de junio de 2025

Aurelio Asiain y un libro singular

"En Muy diversas versiones, el poeta y traductor mexicano convierte el acto de traducir en una conversación lúdica y erudita con autores de todos los tiempos." Esto dice la bajada de la nota publicada por Armando Gonzàlez Torres, en Milenio, de México, el pasado 13 de junio, a propósito de un nuevo volumen de traducciones de Aurelio Asiain.

Aurelio Asiain y la traducción como tertulia poética

La traducción es una de las formas más venturosas de la conversación que busca trascender las fronteras de opacidad e indeterminación entre las lenguas. Como la conversación, la traducción es una empresa colectiva en la que participan, al menos, el traductor y el autor, así como los lectores. Muy diversas versiones de Aurelio Asiain (Grano de sal, 2025) es un libro de traducciones, directas e indirectas, así como de anotaciones y varia reflexión sobre el oficio de traducir, el arte de la poesía y los conceptos de creación y autoría.

El elenco tan variado de textos traducidos, desde el Rig Veda y Ovidio hasta los poetas ucranianos de hoy, muestra el carácter lúdico y placentero del trabajo del traductor y su renuncia a la adscripción a un solo idioma, una época o una tendencia. A diferencia del profesional que traduce sistemáticamente y por encargo, este traductor selecciona por amor o capricho y emprende una dichosa errancia.

En este convite poético convergen invitados de Oriente y Occidente (aunque resaltan las y los poetas japoneses), célebres y desconocidos, ascetas y libertinos, antiguos y contemporáneos. Sus tópicos van desde los más frecuentes y solemnes (la brevedad de la vida, la ilusoria realidad, la dualidad amor y odio) hasta los más ligeros (poemas sobre el pene u odas a la degustación de ostras y almejas) o los más inusitados y entrañables (el elogio del amor conyugal de viejos o la elegía a un bastón). Además del ramillete de versiones, este libro ofrece un conjunto de disquisiciones sobre temas y formas poéticas paradigmáticas en las diversas tradiciones o sobre distintas modalidades de traducción.

Porque la traducción requiere conocimiento de al menos otro idioma, pero, sobre todo, intuición, imaginación y arrojo. De ahí la admiración del autor por aquella estirpe de traductores que, sin miedo a la traición, buscan, más que ilusión de la literalidad estricta, la coincidencia feliz entre dos lenguas. Se trata de reconstruir el impulso y el efecto milagroso de la poesía en otro idioma, mediante los procedimientos más heterogéneos.

Asiain acecha sus poemas y se los apropia con respeto pero con audacia, dialoga con antiguos traductores o con las versiones intermediarias, rastrea parentescos lejanos y analogías sorprendentes, recrea los contextos, esboza figuras y anécdotas memorables y, a menudo, incurre en gozosos paréntesis y divagaciones. El texto traducido es un pretexto para abrir la conversación y el resultado son varias cosas: declaraciones de afinidad con un autor, desafíos técnicos e intelectuales y, sobre todo, una sabrosísima tertulia literaria.

Por lo demás, esta actividad de traducción y reflexión se convierte de manera espontánea en una preceptiva para la lectura de poesía y enseña a practicar desde la actitud simultánea de alerta y relajación de los sentidos que requiere el acercamiento al texto poético hasta la apreciación de la factura técnica o el alegre abandono a los placeres del oído.


martes, 25 de febrero de 2025

Una encuesta para traductores sobre traducción e Inteligencia Artificial (7)

Séptimo día de la encuesta

Los traductores y la inteligencia artificial (7)




Itziar Hernández Rodilla (España)

1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

La IA (o plagio universal) copia nuestro trabajo (sin permiso). Eso es lo que mejor hace. En cuanto a lo demás, puede traducir el original de cualquier libro traducido que tenga en sus tripas con bastante soltura y acierto puesto que lo está copiando del libro traducido. Si no lo tiene ya traducido, seguro que también hace un buen trabajo, aunque por estadísticas e instrucciones, lo que quiere decir que se equivocará en cosas que no son lo normal: que un presidente sea en realidad una mujer, por poner un ejemplo. 

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

No, en absoluto. Es que ni me lo planteo. ¿Para qué preguntarle a una IA si sé que va a regurgitar una mezcla de lo que ha robado y, además, va a planchar el estilo? Porque escribe maravillosamente bien, pero plano como un BIC Cristal (para los que no conozcan la publicidad española, los bolígrafos franceses BIC se vendían en España con el eslogan: BIC Naranja [por el color que tenía el plástico del bolígrafo] escribe fino, BIC Cristal escribe normal). 

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Sí, claro que sí. Ya está robando derechos de autor a quien los tiene. Exigiendo derechos de autor a quien la usa. Y, encima, es mucho más barata que alguien que come tres veces al día. Por no hablar del riesgo para el planeta… Y, si nos ponemos estupendos, para la literatura como tal. Sí, habrá quien se dedique al hecho literario (también en traducción) como placer más allá de ganarse la vida o a pesar de ello, pero la mayor parte de lo que se producirá será basura peor que la que se produce ahora. 


AURELIO ASIAIN (México - residente en Japón)

1)¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Estoy muy familiarizado. Uso cotidianamente GoogleTranslator, DeepL, ChatGPT y Claude. Hoy probé DeepSeek. DeepL está bien para un primer borrador del inglés al español, no tan bien desde el francés o el italiano; desde el japonés es un desastre. ChatGPT es mejor y Claude mucho mejor (pero la versión última de ChatGPT se acerca mucho). No sólo traducen, sino que les puedes preguntar por qué eligieron tal solución y por qué no otra, pedirles que te sugieran variantes, preguntarles por la etimología de un término, por la frecuencia de uso en comparación con otro, sugerirles que empleen cierto tono, etc. Supongo (porque no las hago nunca) que para una traducción técnica ChatGPT y Claude pueden ser utilísimos y apenas habrá que preocuparse por cuestiones terminológicas. Para una traducción literaria, en la que debes cuidar el ritmo, la cadencia, el tono, la atmósfera, son tan buenas como un buen asistente canchero –hay que andarse con cuidado. Para traducir poesía están muy bien, porque puede uno ir línea por línea.

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Son utilísimas. Cuando era niño mi madre, que era traductora, nos ponía listas de palabras para que las buscáramos en varios diccionarios y anotáramos. Yo no tengo hijos, pero programas buscan en un segundo en cientos de diccionarios y bases de datos de todo tipo. Pero además comparan, resumen, etc. 

3)¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

Son peligrosas para el incauto: van aprendiendo a juzgar y discriminar e imitan el lenguaje nuestro. Cuando le pido a ChatGPT que analice la traducción de ciertos versos, me arriesgo a que responda “el ritmo de esta frase fluye mejor” (y de ritmo no tiene la más remota idea). Son tan peligrosas como un asistente humano con iniciativa –y como los humanos, si no saben, inventan. Pero son mucho más rápidas.


SILVIA COBELO (Argentina - residente en Brasil)

1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Como trabajo también en la universidad, estuvimos organizando seminarios con gente que investiga el asunto, como la prof. del Trinity College - Dublin, Natalia Resende, la cual mostró la traducción de poesía por IA, mostrando la creación de prompts sucesivos para ir puliendo la traducción.  Los resultados son realmente increíbles, como pueden ver aqui: Impacto da IA Generativa na  Tradução – 

https://www.youtube.com/watch?v=TJTbjhwLMvY

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

¡Sí, muy útil! Como ya pasaba con Google Translate y DeepL, las plataformas de IA nos traen ideas y soluciones muy buenas; en especial, con los idiomas más usados online, como el inglés.  

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Estamos viviendo un gran cambio, y como pasa siempre en estos avances tecnológicos, muchos van a perder trabajos - las traducciones más técnicas y de rutina serán hechas por IA, pero siempre tendremos autores y autoras con textos más complicados y/o oscuros para los cuales un humano será más eficaz... mientras tanto... creo que al final seremos más preparadores de textos, editores, y claro, escritores de prompts. 






martes, 15 de mayo de 2018

"La lectura multitudinaria de #Dante2018 ha sido sobre todo argentina"

El 1 de marzo de este año, el escritor mexicano Aurelio Asiain (foto) publicó en la revista Letras Libres, de su país, un artículo a propósito de la gran cruzada llevada a cabo por Pablo Maurette, quien propuso y realizó una lectura de la Divina Comedia por Twitter, a razón de un canto por día. Como es de dominio público, esa cruzada terminó en el anexo de la Biblioteca Nacional con la presencia de varios oradores calificados y mucho público. Pero antes de que ello ocurriera, las siguientes reflexiones.

El contagio de Dante

Muchos medios lo han reseñado y a estas alturas el lector de estas líneas ya estará enterado: a principios de noviembre de 2017 el ensayista y filósofo argentino Pablo Maurette, profesor de la Universidad de Chicago, anunció en Twitter su propósito de leer, a partir del primero de enero de este año, un canto de la Comedia de Dante cada día, invitó a los usuarios de la red a acompañarlo en su lectura y sugirió varios modos de hacerlo: leyendo, en primer lugar, pero también participando en “un comentario masivo al texto de la Comedia. Los lectores contribuirán con sus tuits. Puede ser una cita, una reflexión, un dato, una anécdota, un link, una foto. Basta agregar el hashtag y la cita (por ej. Inf.12, Purg.28, Par.15, etc.)”.

Se entiende pues como comentario a la Comedia cualquier tuit con la etiqueta #Dante2018. No está mal, si se trata de incitar a la participación masiva. La mera cita de unos versos lleva implícito el mensaje “me llamó la atención esto”, y muchas veces puede además deducirse que eso significa “me encantó”, “me extrañó”, “me maravilló”. En la reproducción de un conocidísimo grabado de Doré, sin texto alguno, incluso sin crédito al autor como por desgracia es frecuente, puede sobreentenderse el comentario: “¡miren esta imagen de eso que leímos hoy!”. Lo mismo cabe decir de ciertos comentarios crípticos: “Insinuación de la luz. Avance y retroceso. Suspensión del ánimo. La alusión a Lucano, clave...” en los que hay que entender que hay que entender, aunque a veces no sepamos bien qué. Entre uno y otro extremo, cabe toda clase de cosas, útiles o inútiles, novedosas o predecibles, pensadas o impulsivas, pertinentes o fuera de lugar.

Mientras llegaba enero, Maurette fue calentando el ambiente con otras sugerencias, publicando fotos de cuadros, grabados y libros relacionados con el tema, anunciando que especialistas y aficionados pertinaces se sumaban a la iniciativa, y reiterando la invitación. La respuesta superó sus expectativas, que habrán sido de decenas o cientos de lectores, no de miles. Su cuenta de Twitter pasó, en un mes, de unos dos mil a más de diez mil suscriptores; la cuenta @autodante, que otro usuario argentino abrió para publicar cada día el canto correspondiente, llegó casi a cinco mil. Otro argentino, Pablo Williams, buen conocedor de Dante que abrió su interesantísima cuenta para responder a la convocatoria, y todos los días publica sinopsis del canto, pistas para interpretar el texto, preguntas pertinentes y, sobre todo, ecos literarios y plásticos de la Comedia, ha merecido una atención más modesta: mil ochocientos seguidores.

El 5 de febrero de 2017, según la herramienta Tweet Binder, 792 usuarios publicaron 1,989 tuits con la etiqueta #Dante2018, de los cuales el 54% fueron retuits, el 12% respuestas, el 20% tuits con texto y el 16% tuits con imágenes. (Supongo que el 102% que da la suma se debe a que los tuits con imágenes suelen llevar texto, pero no está claro.) Descontando los retuits, nos quedan 915 tuits. Si nos limitamos a los tuits de texto, cuatrocientos. Suponiendo que todos esos tuits agotaran el número de caracteres disponible, serían 112,000 caracteres. Treinta páginas de Letras Libres. Un poco más que El coronel no tiene quien le escriba. Nada que no pudiera surcarse en una noche, pero inconexo, repetitivo, mayormente inútil y en lenguas de Babel.

O no tanto. Respondiendo a una iniciativa del propio Maurette, en diversas partes del mundo los lectores tuiteros se reunieron en persona a celebrar el fin de la lectura del Infierno. Al Teatro de la Usina en Buenos Aires acudieron mil personas; al Museo Soumaya de la Ciudad de México, tres.

Mucho tendrán que ver la ascendencia italiana de los argentinos, las traducciones argentinas de la Comedia (de Bartolomé Mitre, Ángel Battistessa, Francisco Soto y Calvo, Antonio Milano y Jorge Aulicino), la afición a Dante de Borges, Victoria Ocampo, Mujica Láinez... pero sospecho que también la nacionalidad argentina de Pablo Maurette. (Lo he anotado en otro momento: aunque Twitter es una red mundial, los hilos que siguen los usuarios tienden a ser locales; siguen y son seguidos por compañeros de estudio y de trabajo, colegas de profesión, y se suscriben a cuentas de medios informativos locales, nacionales, mucho menos internacionales.)

De modo que, con ser un fenómeno latinoamericano, la lectura multitudinaria de #Dante2018 ha sido sobre todo argentina, y uno lo nota, siguiendo la discusión, por el español de los tuits y de las traducciones que se citan (“Oh tú a quien dirijo / la voz, y que recién hablabas en lombardo”, traduce Jorge Aulicino), aunque también se cruzan de pronto colombianos, venezolanos, cubanos. Algunos italianos, claro. Pocos españoles.

Me recuerda los principios de Twitter, cuando era una red sin prensa ni televisión y en lugar de leer noticias nos leíamos unos a otros, y yo tenía más conversación con argentinos. Ahora he vuelto a hacerlo. Inevitablemente. De los treinta mil usuarios que siguen mi cuenta de Twitter, apenas 36 siguen la de Pablo Maurette, y entre ellos están los veinte suscritos a la de autodante (que publica el canto correspondiente cada día); los ocho, a la de Pablo Williams, y los veintidós, a la de Humberto Ballesteros, que son algunos de los más constantes.

Para leer todo lo que se publica con la etiqueta #Dante2018 habría que invertir el día completo, y quedaría uno exhausto y odiando a la afición. Pero, ¿quién tiene tiempo? Habrá, quizá y ojalá, algún desocupado siguiendo la etiqueta y sus variaciones, desechando la paja, separando y clasificando el grano con nuevas etiquetas: #síntesis, #interpretación, #conexión, #chiste, #traducción, #postcolonialcritique, etc., de lo cual podría salir un bonito libro. Sin muchas novedades seguramente, quizá ninguna para los especialistas, porque los estudios sobre Dante llenan bibliotecas enteras y cualquier observación que se haga es improbable que no la haya hecho alguien hace años o siglos, con notas, bibliografía y dictámenes, y que antes o después otro, con conciencia o no, la haya refutado con rigor implacable. Aunque con muchas novedades, sin duda, para el lector neófito, o el que se interna en la Comedia apenas por segunda o tercera vez. Y sobre todo con la gran novedad que es siempre la Comedia para cada lector.

No todos lo han hecho, pero yo me he apegado al ritmo de un canto al día. Que sería perfecto, si ya conociera uno pasablemente bien la Comedia, o tuviera un par de horas para leer la traducción preferida, repasar el original con calma, deteniéndose en las notas y resolviendo dudas en diccionarios y enciclopedias, quizá consultando algún estudioso y volver a leerlo de corrido.

No es mi caso. De mi primera lectura infantil recuerdo imágenes que con seguridad provienen de los grabados de Doré, pero ni una línea del texto, ni desde luego la identidad del traductor. La traducción de Ángel Crespo, en cambio, la he leído mucho desde que apareció, a mediados de los setenta, un par de veces de principio a fin. Conozco bien algunos cantos y de otros tengo un recuerdo muy borroso. Y para colmo las lecturas a las que estoy entregado desde hace años no tienen nada que ver con Dante. Así que emprendo la del canto cotidiano con un placer convenientemente culposo, porque me distrae de obligaciones. Como me he impuesto la regla de leer al ritmo del resto, hago la primera lectura en la noche (si la hiciera en la mañana me adelantaría varias horas, por la diferencia horaria), muchas veces cansado y con la cabeza algo nebulosa. La relectura de la mañana, en cambio, la hago con la mente despejada, y es entonces cuando publico algunos comentarios. No muchos, porque dispongo de unos minutos, y por supuesto ancilares: el ritmo de un verso, tal rasgo de un personaje, ciertos paralelismos, contrastes, repeticiones. Los vínculos con otras obras. A veces cosas observadas o leídas hace años, a veces hallazgos del momento. La disciplina de no volver sobre un canto una vez pasado su día, ni adelantarse, tiene desventajas. Me ha ocurrido estar ocupadísimo precisamente los días dedicados a cantos que conozco bien, sobre los que habría tenido cosas muy pensadas que decir, y no tener tiempo sino de lanzar algún comentario al vuelo.

Pero rara vez tengo tiempo de leer mucho de lo que publican los demás, fuera del puñado que sigo con atención. Supongo que los demás tampoco. No importa. Pablo Maurette nos ha puesto a leer rítmicamente a Dante, no con un reto como han entendido muchos periódicos, sino con entusiasmo contagioso que hay que agradecer.

lunes, 22 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (I)

Luego de haber interrogado a los traductores, a los escritores, a los editores y a los libreros, como en años anteriores, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, realiza en 2016 una nueva encuesta. Esta vez les llegó el turno a los periodistas culturales. Y aquí, antes de continuar, corresponde hacer una gran salvedad porque, consultados sobre la especialidad, la mayoría de ellos, a pesar de expresar sus opiniones a través de críticas y reseñas que aparecen en publicaciones periódicas, se confiesan escritores o docentes y sólo eventualmente periodistas. Este rasgo, que puede comprobarse a lo largo de toda la encuesta (y que en más de una ocasión puntualizaron enfáticamente los entrevistados) posiblemente sirva para considerar los condicionamientos que los distintos medios, por las razones que sean, imponen a quienes en ellos escriban, a la hora de referirse a traductores y traducciones. La encuesta fue enviada a un gran número de individuos del universo de la lengua. No todos contestaron, aunque grosso modo se cubren algunos de los países de Latinoamérica que cuentan con un buen número de editoriales nacionales. A pesar de que la muestra intentó ser lo más representativa, cabe aclarar que ningún periodista español se dignó a responder a la invitación

Una encuesta para periodistas (I)

Laszlo Elderlyi
(El Cultural, El País – Uruguay)

1)¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Un  50%, aproximado.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Casi siempre, si el espacio lo permite. 

3)  ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Cada vez más, sobre todo desde la llegada de traducciones rioplatenses, que aportan mucho oxígeno a la lectura. Se ha sufrido demasiado con las traducciones españolas que atienden a regionalismos de la Península Ibérica, y hay avidfez por traducciones hechas para un lector americano de la región, respetando los localismos y otras inflexiones del lenguaje. Pero esas traducciones rioplatenses no suelen ser siempre buenas. Las hay muy malas, y eso se señala de forma directa. Citando ejemplos, con indicación de página, y tratando de ser lo más didácticos posibles, planteando alternativas.


Daniel Gigena
(ADN Cultura, La Nación - Argentina)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Es bastante alta; en cada número de Ideas, donde se reseñan cuatro libros por semana, hay al menos un libro traducido. Pero en general suelen ser dos. En el canal web de Ideas menciono a los traductores de poetas o libros que enlisto.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Siempre.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–No suelo comentar muchos libros traducidos, pero si tengo que hacerlo (como en el caso de Eros, el dulce-amargo, de Anne Carson, traducido por Mirta Rosenberg y Silvina López Medín, que escribí para Ñ) es para resaltar un gran trabajo (ya conocía el original). No responde la pregunta, pero leo a muchos escritores-traductores nacionales como Carlos Gardini o Elvio Gandolfo o María Martoccia. 



Aurelio Asiain
(VueltaParéntesis, Letras Libres – México)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
En Vuelta se traducía mucho: ensayos y poemas sobre todo; ocasionalmente relatos, rara vez crónicas y casi nunca reseñas. Los motivos eran distintos en cada caso: los ensayos se traducían para poner en circulación ciertas ideas o la crítica a ciertas ideas, y eran en general propuestas del director o, con mucho menor frecuencia, de alguno de los miembros del consejo. Los poemas, en cambio, se traducían mayormente por interés del propio traductor, aunque también ocurría que fuera a solicitud de la redacción. Hay que decir que, además de Octavio Paz, que era el director, entre los consejeros de la revista había traductores muy notables por su pericia técnica y para los cuales traducir era un oficio no muy distinto al de escribir poesía, que colaboraban con frecuencia (Ulalume González de León, Tomás Segovia, José de la Colina, ocasionalmente Gabriel Zaid y Salvador Elizondo) lo mismo que algunos colaboradores cercanos (Ida Vitale y Gerardo Deniz sobre todo). Había otros, claro, no siempre impecables. Yo mismo traducía con frecuencia. Y aunque, como te dije, no podría hablar con certidumbre de proporciones, estoy seguro que las traducciones no ocuparon casi nunca (pienso en un par de números dedicados a la literatura rusa y a la literatura japonesa) más de la mitad de la revista. En el caso de la poesía, la norma no escrita (no la regla) era que en cada número se publicara a un autor mexicano, a uno hispanoamericano y a uno de otra lengua. También intentábamos que las traducciones no se limitaran al inglés y al francés. 
En Paréntesis también traducíamos mucho, toda clase de cosas, con particular interés por las rarezas. 
En Letras Libres se traduce menos y casi exclusivamente del inglés. 

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
En las tres revistas se consignaba, por supuesto, el nombre del traductor, y muy visiblemente (aunque no tanto como en Japón, donde es norma que el traductor figure en portada, casi como coautor. 

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
Entiendo que la pregunta sobre comentar la tarea del traductor se dirige personalmente al periodista o reseñista. Y la respuesta es sí, claro: alguna vez comenté con mucho detalle (y muy negativamente) las traducciones de José Emilio Pacheco, y en una nota para Letras libres comparé las diversas traducciones al español del Botchan de Soseki. Pero respondo otra vez como editor: en Vuelta, en las reuniones del primer consejo, se comentaban siempre, y con mucha animación las traducciones publicadas (porque, como apunté, para algunos de los consejeros traducir era parte del oficio del poeta).
En Paréntesis se me ocurrió una idea novedosa: le pedí a Fabio Morábito, que trabajaba en su traducción del Aminta de Tasso, que nos diera un fragmento, y le pedía a Antonio Alatorre que lo comentara. Luego le pasé a Fabio el comentario de Antonio —y se armó una polémica notabilísima sobre el arte de la traducción.