Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Bolaño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Bolaño. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de febrero de 2025

Otro negocio: Bolaño vuelto a traducir al inglés

El pasado 9 de enero, Pablo Retamal N., publicó en el diario La Tercera, de Chile, una nota referida a las nuevas traducciones de Roberto Bolaño al inglés. En su bajada se lee: "Desde el 2024, el sello editorial Picador está publicando la obra del escritor chileno en los Estados Unidos. En ese mercado, acaban de llegar en inglés los volúmenes Amuleto (1999), El gaucho insufrible (2003) y Monsieur Pain (1999). Se proyecta que sus dos obras cumbres -Los detectives salvajes y 2666- lleguen a librerías en los inviernos boreales de 2027 y 2028, respectivamente".

Distant Star: Roberto Bolaño y la nueva vida de sus libros en inglés

Hasta el año pasado, los libros de Roberto Bolaño en Estados Unidos se encontraban bajo el catálogo de Penguin Press. Sin embargo, en 2024 Mitzi Angel, presidenta y editora del grupo editorial Farrar, Straus & Giroux y sus sellos editoriales (que a su vez son parte del grupo editorial Macmillan, uno de los más grandes de ese país) adquirió los derechos para la edición impresa y electrónica en Norteamérica del escritor chileno a través de Sarah Chalfant, de la agencia Wylie (sí, la del polémico agente literario Andrew Wyle, conocido como “el Chacal”). Es por ello, que a contar del verano boreal del 2024, es el sello Picador el que comenzó a reeditar el catálogo de Bolaño en el país del tío Sam, en inglés.

“Es genial acercar a la gente el mundo de Bolaño, porque creo que una de las cosas que encuentro es que te vuelves adicto a él, sientes una especie de curiosidad interminable en relación con él -dijo Angel al sitio Publisher Weekly-. Sin duda, para cualquiera que esté fascinado por lo espeluznante de los libros y por su capacidad para escribir tan escalofriantemente bien sobre el mal, a mí me pareció que sus libros, a veces, eran bastante aterradores, de una manera que es muy poco común”.

En la primera entrega, el sello publicó los volúmenes Nocturno de Chile, The Return (que contiene en una sola edición los libros de cuentos Llamadas Telefónicas y Putas asesinas) y el inclasificable Amberes. Ahora, en este mes de enero es el turno de otros tres libros: Amuleto (1999), El gaucho insufrible (2003) y Monsieur Pain (1999).

Respecto al primero, responde a un ejercicio habitual en Roberto Bolaño: el diálogo con su propia literatura, la intertextualidad. Así como Estrella distante (1996) resultó ser un spin-off del último capítulo de La literatura nazi en América (1996), Amuleto (1999) lo fue de Los detectives salvajes (1998). En esta novela breve, leemos la historia de la poeta uruguaya Auxilio Lacouture, una mujer de alrededor de cuarenta años, alta, delgada y amante de la poesía y el teatro, quien se hace llamar a sí misma “la amiga de todos los mexicanos” pues conoce a todos los jóvenes poetas que pululan en el Café Quito, entre ellos Arturo Belano y Ulises Lima.En concreto, Auxilio relata una experiencia traumática. El 18 de septiembre de 1968, en el contexto del Movimiento de 1968 en México, el ejército invade la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México, apresando a todos sus funcionarios, académicos y estudiantes. Ella, rápida, se oculta en un baño de la Facultad de Filosofía y Letras, y permanece escondida durante trece días sin que nadie se percate de su presencia. En ese transcurrir reflexiona sobre su estancia en México, y lo que le espera al país en el futuro. Además, va recordando episodios de su propia vida.

Respecto a El gaucho insufrible, podemos comentar que se trató del primer libro póstumo de Bolaño, publicado poco después de su muerte en 2003. En rigor, es un libro mixto, pues en la primera parte hay cinco relatos, y en la segunda, dos conferencias: "Literatura + enfermedad = enfermedad" y "Los mitos de Chtulhu". Para algunos, no es su mejor obra, Jorge Volpi llegó a decir que este era uno de los libros “irregulares” del autor.

El caso de Monsieur Pain (1999) es especial. Fue la primera novela de Bolaño, publicada originalmente en 1984 con el título La senda de los elefantes, y fue financiada gracias al Premio Félix Urabayen del Ayuntamiento de Toledo. Por entonces, Bolaño era un escritor absolutamente desconocido y no tenía contrato con editoriales, por lo que participar en concursos literarios de provincias españolas era su modo de costearse no solo sus libros, sino su propia vida. Desde este libro comenzó a pensarse más como un narrador antes que un poeta. En 1999, ya trabajando con la casa catalana Anagrama, esta decidió reeditar el libro con el nuevo título de Monsieur Pain. Acá, recrea los últimos días del poeta peruano César Vallejo y cómo un médico alternativo -Pierre Pain- intenta salvar la vida del vate, quien se encuentra con fiebre y un hipo descontrolado.

El resto del catálogo de Bolaño, irá apareciendo en Estados Unidos a través del tiempo. Se espera que para el otoño boreal de este 2025 aparezcan un volumen de Relatos póstumos, La pista de hielo y Una novelita lumpen. Además, para los inviernos boreales de 2027 y 2028 están contempladas las publicaciones de Los detectives salvajes y 2666, respectivamente por el 20 aniversario de las primeras traducciones al inglés de esos títulos.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Se supo: a Herralde le gusta el dinero

Roberto Bolaño y Carolina López
El 24 de noviembre pasado, en El País, de Madrid, casi como si fuera el anuncio de un culebrón caribeño, podía leerse la afirmación que da título a la siguiente nota. Y abajo, en el mismo estilo de las revistas del corazón, “Carolina López, viuda del escritor chileno, rompe su silencio”. Mientras uno se pregunta si esta manera cursi de titular y subtitular está en en el libro de estilo del periódico que se proclama “global”, hay otras preguntas que vale la pena hacerse. Entre otras, por el verdadero papel desempeñado por todas las viudas que, más allá de la viuda real, le surgen a un escritor de renombre cuando se muere. Para no hablar del despecho ($), los reproches ($$) y, claro, otra fealdades ($$$). Quien desee conocerlas, puede consultar los artículos mencionados –con vínculo en rojo– por la única viuda real de Roberto Bolaño.
La verdad sobre Roberto Bolaño
Recientemente se ha publicado un artículo de Ignacio Echeverría(El Cultural de El Mundo, 23 de septiembre de 2016) y unas declaraciones del editor Jorge Herralde (La Vanguardia, 30 de octubre de 2016 que, lejos de referirse a cuestiones literarias de la obra de Roberto Bolaño, tratan sobre asuntos de mi vida privada, la de mis hijos y la del propio Roberto que no son ciertas.

Roberto murió en 2003 tras largos años de enfermedad y su voluntad siempre fue que su esposa y sus hijos gestionaran su obra, como hemos venido haciendo con discreción. Tras su fallecimiento, yo seguí viviendo en Blanes (Girona) junto a mis hijos e intentando llevar una vida anónima ajena a las rencillas editoriales. Siempre he mantenido mi puesto como educadora social en el Ayuntamiento de ese pueblo, donde trabajo desde hace más de 30 años. Ahora me veo, tristemente, en la obligación de romper este silencio de más de 10 años.

Echevarría y Herralde atribuyen que se les haya apartado de la gestión de la obra de Roberto al hecho de que, según ellos, conocían una relación sentimental de este con Carmen Pérez. Lo cual no es cierto en absoluto. Actúan movidos por el despecho, porque, debo decir, que se apartaron ellos mismos.

La reciente publicación de la novela inédita El espíritu de la ciencia-ficción y la cesión de los derechos de la obra de Roberto a Alfaguara y no a Feltrinelli (sucesora de Anagrama) se debe únicamente a razones profesionales. La propuesta que realizó Alfaguara en el marco de las negociaciones en las que intervino mi agente, Andrew Wylie, fue mucho más ventajosa para la obra de Roberto. No solo en lo económico. Alfaguara tiene una mayor presencia en Latinoamérica, donde sus libros cuestan menos, algo fundamental para garantizar el acceso de los lectores a su obra.

Debe destacarse, además, que cuando Roberto murió, sólo hacía siete años que publicaba en Anagrama. De la totalidad de su obra (15 libros), seis los publicó en otras editoriales (Seix Barral, Acantilado, Lumen, Planeta Chile y Mondadori). Como bien sabe el propio Herralde, de los 20 años de vida editorial de Roberto, siete corresponden a Roberto y 13 a la gestión de su familia. Durante estos últimos, su editorial pudo reunificar toda la obra en su sello así como publicar inéditos póstumos muy relevantes. Después de 13 años en Anagrama difícilmente se puede sostener que tomemos decisiones de forma impulsiva o vengativa.

Mi pérdida de confianza en Herralde se inició en 2008, cuando revisé los contratos. Me percaté de que en 2005 Anagrama había formalizado sin mi autorización un pacto por el cual estábamos pagando comisiones mucho más altas de lo habitual. Si las comisiones rondaban de costumbre el 20%, mis hijos y yo pagábamos entre un 35% y 55%. Anagrama prolongó la vigencia de los contratos hasta 2015 y amplió el límite de ejemplares que podía editar hasta la inverosímil cifra de 5.000.000 cuando los topes de los contratos anteriores eran de 20.000 ejemplares. Además, cuando se firmó el referido contrato en 2005, ya había caducado la vigencia de varias obras por haberse superado el límite de edición, todo ello sin abonar el adelanto habitual.

En ese contexto, la agencia literaria Andrew Wylie me ofreció representar la obra de Bolaño a nivel mundial y se produjo la renegociación con Anagrama, que además cesó en la gestión internacional de la obra. Fue en ese momento cuando mi nombre, que apenas había salido en la prensa, pasó a ser el centro de artículos que desacreditaban mi imagen y aludían a hechos de la esfera privada que no son ciertos.

Respecto a Ignacio Echevarría, nuestra relación profesional quedó rota en 2005 porque, igualmente, perdí la confianza en él. En el trabajo de coordinación de la edición del libro El secreto del mal tuve conocimiento de que había difundido por correo electrónico a terceras personas el manuscrito inédito de dicha obra sin pedir mi autorización y antes de haber firmado contrato alguno. Valoré esto como una frivolidad y una falta de responsabilidad. Cuando le pregunté por ello reconoció su error, pidió disculpas y dimitió de su cargo. Miente, pues, cuando afirma que lo despedí. Y miente cuando relata los motivos. En su día, él mismo encontró justificada su dimisión, como se constata en el correo electrónico que me envío el 9 de octubre de 2005: “Lamento muy sinceramente haber decepcionado tu confianza. […] Me hago cargo de lo que puede suponer una pérdida de confianza y asumo enteramente mi responsabilidad”. Además, se ha desdicho de lo que me escribió dos días después, en otro correo: “Por mi parte, no tengo intención de dar más vueltas al asunto, ni mucho menos de divulgarlo en forma alguna”.

Después de este mensaje no podía imaginar que Echevarría continuaría declarándose albacea de la obra de Roberto —mintiendo públicamente— hasta que en 2011, seis años después, declaré a La Vanguardia que nunca lo había sido. Es decir, miente cuando escribe en su reciente artículo de El Mundo que nunca se había definido como tal y que eran los periodistas quienes lo afirmaban. Baste leer la entrevista que concedió en El Telégrafo de Ecuador (2 de diciembre 2009):

—Cambiando de tema, hasta hace poco tiempo estuvo a cargo de la obra de Bolaño
—Estaba, ahora no. Lo que pasa es que él me nombró, frente a su viuda, albacea, pero solo de palabra. Yo no tenía poderes jurídicos en la administración de su legado.

Mis argumentos son profesionales. Por eso es absurdo que Herralde y Echevarría decidan por despecho quién fue, y desde cuándo, su pareja. Con gran dolor, mis hijos y yo estamos pagando, me temo, las consecuencias de nuestra salida de Anagrama.

Sobre mi vida privada, la de Roberto y mis hijos nunca he hablado en los medios y no lo voy a hacer ahora. Sólo me limitaré a decir que Roberto y yo mantuvimos un proyecto de vida en común, de pareja y familiar junto a nuestros hijos, durante 23 años, desde que nos conocimos en Girona en 1981 hasta su fallecimiento. Es falso que Roberto compartiera su vida y los últimos seis años antes de su fallecimiento con Carmen Pérez. En todas sus declaraciones públicas, también en la entrevista que concedió pocos días antes de su fallecimiento, sus temas son la literatura y su familia, a los que profesaba un profundo amor y respeto y junto a los que vivió en Blanes hasta el final.

domingo, 2 de febrero de 2014

"Los traductores estamos aumentando la suma de experiencias valiosas posibles en el mundo"

Chris Andrews
Ilan Stravans publicó el 22 de diciembre de 2013, en El Cultural, del diario uruguayo El País, una entrevista con el traductor australiano Chris Andrews, responsable de singulares traducciones de literatura latinoamericana.

 

El delirio del traductor
Literatura latinoamericana para lectores en inglés.

La prosa de Roberto Bolaño ha cautivado al público anglófono, en parte debido a las sutilezas de uno de sus traductores, el australiano Chris Andrews, a quien se le debe el estilo sucio, desafiante, hard-boiled, de Nocturno de Chile y Estrella distante. Explica qué diferencia hay entre traducir a Bolaño y traducir el estilo matemático de César Aira, y el por qué de ciertos estereotipos que los norteamericanos construyeron en torno a la figura de Bolaño.

¿Cómo llegaste a la traducción?
–Cuando terminé mis estudios en la Universidad de Melbourne pensé que me gustaría traducir textos literarios, pero mis comienzos fueron muy lentos, porque, como se sabe, hay pocas traducciones literarias al inglés. Además, los encargos se hacen casi siempre en Nueva York y Londres, casi nunca en Australia. Empecé sin embargo con una editora de Melbourne, para la cual traduje dos libros de viaje (en el sentido amplio). La segunda fue el hermoso Negro sobre negro de la autora catalana Ana Briongos, sobre el Irán de los años noventa.

¿Y a Roberto Bolaño?
–En 2001 estaba de viaje en Chile, hablando con libreros y pidiendo consejos. Acababa de salir Nocturno de Chile, pero por cautela o tacañería compré Los detectives salvajes en la edición de bolsillo. El diario de Juan García Madero me agarró desde el primer párrafo. Había allí una energía y una frescura que me dieron ganas de seguir, y que seguí. Es una experiencia ampliamente compartida. Hay como una vibración que se desprende de las páginas de Bolaño; se transmite mediante ciertas estructuras sintácticas, pero no creo que haya una explicación puramente formal. Tiene que ver también con el estilo existencial del autor.
De Chile me fui a Londres, para molestar a unos editores, porque no me había servido de nada mandar cartas y e-mails desde Melbourne, y allí tuve mucha suerte, aunque no lo supe hasta casi un año más tarde. Me recibió Christopher Maclehose de The Harvill Press y me preguntó qué había leído recientemente. Hablé con entusiasmo de Bolaño. Él acababa de comprar los derechos de Nocturno de Chile pero ya tenían un traductor para el libro. Al año siguiente Euan Cameron de Harvill me pidió diez páginas traducidas a título de prueba. Por alguna razón, el traductor no había podido hacer el trabajo y Harvill necesitaba un sustituto, y rápido, porque el libro ya estaba en el catálogo. Me contrataron, y Barbara Epler de New Directions publicó el libro poco después en los Estados Unidos. Hay que decir que los dos primeros libros traducidos –Nocturno de Chile y Estrella distante– no se vendieron muy bien en Gran Bretaña. En el mundo anglófono, el fenómeno empezó a cobrar fuerzas en Nueva York con los cuentos de Last Evenings on Earth (tomados de Llamadas telefónicas y Putas asesinas) y sobre todo con Los detectives salvajes, traducido por Natasha Wimmer.

En el mundo anglosajón se han consolidado algunos mitos sobre Bolaño. Por ejemplo, el que lo pinta como un drogadicto que se redime a sí mismo. O que es un producto manufacturado por las fuerzas capitalistas. Y hay gente que critica estos mitos.
–Creo que hay que mirar las críticas por separado. La de Sarah Pollack me parece muy inteligente: lo que ella propone es una "lectura de una lectura," y lo que critica no es la obra de Bolaño directamente, sino su recepción en Estados Unidos. Ella dice que la obra se presta"inconscientemente o quizás con una deliberación provocativa" a lecturas que confirman una serie de estereotipos acerca de América Latina. No veo allí una deliberación provocativa, pero es cierto que los lectores norteamericanos tenían por donde agarrar la obra de Bolaño, en particular por el lado de la violencia. Sin embargo, no hay que dejar pasar por alto la manera en que su ficción tuerce también los estereotipos. En Los detectives salvajes, los realistas viscerales son haraganes, pero lo son más por poetas que por mexicanos: no faltan mexicanos trabajadores en la novela. Para no ir más lejos, las chicas que salen del grupo: Laura Jaúregi, las hermanas Font, Xóchitl García. Además, la haraganería encarnada por Ulises Lima, o mejor dicho, la inmunidad al exotismo (porque él se dedica a su oficio: escribe poemas) es una característica que la novela en su conjunto valora positivamente. Eso, al menos, es lo que trato de sostener en un libro que saldrá el año próximo.
Cuando a veces se presenta a Bolaño como un artefacto manufacturado por las fuerzas capitalistas, eso es un contrasentido. Bolaño era un escritor profesional –lo ha subrayado Christopher Domínguez Michael– pero no comercial. Escribió sus novelas con la esperanza de que se vendieran bien, pero no modificó su propuesta para que encajara mejor con las supuestas expectativas del mercado. Al contrario, se volvió más radical en el plano estético a medida que el éxito fortalecía su posición. Lo muestra su decisión de publicar Amberes –en vez de otro texto inédito, mucho más ameno, El Tercer Reich– y la monstruosidad estructural de 2666.
En cuanto al inexistente Bolaño heroinómano, fue un malentendido de ésos que suelen acompañar la fama, pero comprensible, porque hay una continuidad trabajada entre autobiografía y ficción en su obra. Designar a un personaje por la mayúscula B., por ejemplo, que puede remitir tanto a Bolaño como a Belano, es una manera de desdibujar la distinción entre el yo autobiográfico y el alter ego ficcional.

¿Qué diferencia hay entre traducir a Bolaño y traducir a César Aira?
–Es curioso que, tratándose de autores tan disímiles, el trabajo no es muy distinto en su fenomenología, quizás porque el traductor tiene la nariz pegada al texto, salvo en las últimas revisiones, y lo ocupan tanto los miles de elecciones entre palabras y giros. Claro que hay desafíos diferentes. ¿Como reflejar el abigarramiento multinacional del castellano de Bolaño en inglés, que también es una lengua intercontinental pero dominada por dos bloques rivales: la estadounidense y la británica? No hay una solución general a este problema recurrente; se resuelve caso por caso, según los parámetros dados por el contexto. El traductor de Aira se enfrenta a un desafío muy particular: el de seguir el movimiento ultrarrápido de sus desarrollos conceptuales sin cometer sinsentidos ni normalizar su pensamiento extravagante. A veces pienso que cuando Aira se va por un sendero ensayístico es como un matemático brillante y travieso que demuestra un teorema en la pizarra: va saltando etapas por creerlas evidentes, y a veces termina por franquear el paso hacia el delirio sin avisar. Quizás el riesgo mayor sea el de dejar que la traducción entre demasiado pronto en el delirio, porque Aira no sólo es loco sino que también es sabio.

En la segunda parte del Quijote, se dice que leer un libro en traducción es como ver un tapiz flamenco desde la parte de atrás. ¿Qué opinas?
–La metáfora del hidalgo es ingeniosa: se pierden colores y detalles de la formas; las figuras no se ven "con la lisura y tez de la haz." Cuando se publica una traducción, se vuelve posible una experiencia que sencillamente no lo era antes, por ejemplo, la experiencia de leer La orilla africana de Rodrigo Rey Rosa en inglés (el libro acaba de salir en la traducción de Jeffrey Gray). Es una obviedad, pero me gusta pensar que los traductores estamos aumentando la suma de experiencias valiosas posibles en el mundo.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Segunda entrevista con Natasha Wimmer, la traductora estadounidense de Roberto Bolaño


Publicada en La Tercera, de Chile, el 22 de marzo de 2009, la presente entrevista de Andrés Gómez Bravo con Natasha Wimmer (foto), la traductora estadounidense del Roberto Bolaño más medular (ver), probablemente merezca ser releída. Es complementaria con la entrada publicada en este blog el 9 de julio de 2011.

“En EE.UU. ven a Bolaño como un vidente”

Hasta el año 2004, Natasha Wimmer no conocía a Roberto Bolaño. Muerto el año anterior, el escritor chileno ya había comenzado su conquista de EEUU: en librerías se encontraban sus novelas Estrella distante y Nocturno de Chile, publicadas por el sello New Directions y recomendadas con entusiasmo por Susan Sontag. Pero Natasha Wimmer no sabía nada de él. Entonces, la editorial Farrar, Straus & Giroux le envió Los detectives salvajes para que hiciera un informe de lectura. Y quedó hipnotizada: "Me encantó, estaba muy impresionada. Era el primer libro en muchos años, en cualquier idioma, que me parecía escrito de manera natural, no forzada, con una visión consistente, poderosa y graciosa, con un lenguaje surrealista y poético. Me encantaron los personajes. Me enamoré de García Madero (uno de los narradores) y de muchos más", cuenta a La Tercera, al teléfono desde Nueva York.

Natasha Wimmer no sólo redactó un informe muy elogioso; acabó haciéndose cargo de la traducción. "Chris Andrew tradujo los primeros libros de Bolaño, pero entonces no podía hacerlo. Así que tuve mucha suerte", dice. Un año y medio después, la versión americana de Los detectives salvajes estaba lista. La novela salió en 2007 y conquistó a la crítica de EEUU: estuvo en todas las listas de los mejores libros del año.

Para entonces Natasha Wimmer estaba en las fauces de la bestia: traducía las más de mil páginas de 2666. Publicada el año pasado, la novela póstuma de Bolaño terminó de consagrarlo: la crítica la calificó, casi sin excepciones, de obra maestra. Pero el fenómeno fue más allá: 2666 entró al ranking extendido de bestsellers de The New York Times (en el puesto 33), Amazon la eligió la novela del mes y la fiesta de lanzamiento se convirtió en un evento masivo: la fila de público en la puerta era interminable.

De pronto Bolaño, un autor literario, de culto, se volvía pop. Era la "bolañomanía", como tituló The Economist. Un fenómeno, diría Lorin Stein, el editor de Farrar, Straus & Giroux, que no se veía en EEUU desde García Márquez. 

"Sostener una copia de 2666 en público fue como tener lo último de Harry Potter en el patio del colegio", atestiguó un reseñista de Oprah Magazine, la revista de la famosa animadora Oprah Winfrey.

Graduada en literatura hispánica, Natasha Wimmer ya había traducidos a otros autores latinoamericanos, de Pedro Juan Gutiérrez (Trilogía sucia de La Habana) a Rodrigo Fresán (Jardines de Kensington), pasando por Mario Vargas Llosa (El paraíso en la otra esquina). Pero nunca había recibido la atención mediática que le reportó Bolaño.

La última escala del fenómeno ocurrió hace poco más de una semana: 2666 recibía el National Book Critics Circle Award a la mejor obra de ficción de 2008. Y la traductora estuvo allí para recibir el premio a nombre de Bolaño. "Es fantástico", dice.

–Bolaño es un escritor que maneja mucha jerga, sobre todo en Los detectives salvajes. ¿Cómo preparó la traducción?
Mientras lo traduje, me fui a pasar dos meses a Ciudad de México y eso me ayudó muchísimo. Vivía en una calle paralela a Bucarelli y pasé muchas tardes en el Café Habana, que inspira el Café Quito. Eso me ayudó mucho con el idioma y también con la geografía de la novela, porque Bolaño describe mucho las calles y los barrios del DF.

–¿Qué fue lo más difícil?

–Al principio, el ritmo de la frase, porque la prosa de Bolaño tiene un ritmo heterogéneo y me costó bastante lograr que ese ritmo surgiera en inglés sin arreglarlo entre comillas. Después, los coloquialismos, sobre todo en Los detectives, que es un libro lleno de voces.

–¿Le sorprendió la recepción de la crítica?
–No, porque siempre pensé que era un libro importante. Además, era fácil de leer, adictivo, y me pareció que atraería a mucha gente. Me sorprendió más la recepción de 2666, porque es una novela más difícil, más larga y más oscura, pero ya la gente conocía a Bolaño. Y en ese sentido, fue más fácil.

–¿Qué dificultades le planteó 2666?
–Fue un poco más fácil, porque ya había traducido Los detectives y también porque es una novela más formal, con menos voces. En lugar de los coloquialismos, lo más difícil tenía que ver con los géneros, porque en la novela hay muchos registros diferentes: el género policial, el lenguaje forense, el discurso de un afroamericano. Era como un puzzle.

–¿No la amedrentó? 
–Al principio temía sobre todo a la tercera sección, la parte de los crímenes, porque es muy larga y muy brutal. Pero al final lo disfruté, porque es casi un problema técnico. Mientras lo traducía me entusiasmé mucho buscando información y experimentando con el vocabulario. Lo pasé muy bien.

–Hasta Los detectives Bolaño era un autor poco conocido...
–Era conocido en un círculo pequeño. Tenía una recepción crítica favorable, pero no había roto la barrera popular.

–¿Cómo ocurrió eso? ¿A qué lo atribuye?
–Ha sido sorprendente. Creo que Los detectives y 2666 son novelas impresionantes, en español, inglés y en cualquier idioma. En EE.UU. Bolaño era un autor inesperado, porque cuando la gente piensa en literatura latinoamericana, piensa en el boom, sobre todo en García Márquez. Y Bolaño presenta una visión diferente del mundo hispano. A Bolaño lo ven como un vidente, que viene de un continente que conoce bien la tragedia y de cierto modo puede explicarlo al mundo norteamericano, que tiene menos experiencia con la desilusión y la tragedia.

–¿A qué nivel llega el fenómeno? ¿Quiénes lo están leyendo? ¿Los universitarios?
–Es difícil saberlo. Yo vivo en Nueva York y aquí todo el mundo lo lee. Para empezar, lo están leyendo los escritores y la gente que quiere ser escritor, porque presenta una visión muy seductora del mundo de la literatura. También lo leen los estudiantes y los jóvenes y mucha otra gente. Cuando salgo en el metro con el libro, siempre se me acerca alguien y me pregunta qué tal es, porque han leído las reseñas y quieren leerlo.

–¿Hasta qué punto influye la leyenda en la "Bolaño fever"?
–Jajajá. La leyenda ayuda un poco, pero si no interesara la obra tampoco interesaría la leyenda. Creo que en Latinoamérica Bolaño interesaba también como una figura, no sólo como escritor, sino como alguien que vivió la vida de sus novelas.

–¿Con Bolaño cambia la percepción de la literatura latinoamericana?—
Sí, Bolaño modifica el estereotipo del realismo mágico. Se pensaba que todas las novelas que vienen de Latinoamérica tenían que ser forzosamente exóticas. Pero Bolaño es influenciado también por la literatura europea y norteamericana. Tiene una gama de referencias tan amplia que parece parte de una literatura global.

–¿Ayudará a abrir las puertas a la literatura latinoamericana en EE.UU.?
Puede ser, siempre es difícil con la literatura de traducción, pero va a ayudar.

–¿Por qué es tan difícil que se interesen en la literatura de otras lenguas?
–Creo que es porque hay muchos libros en inglés, la publicación de libros es enorme.

Para Milan Kundera, es un rasgo de provincianismo...
–Puede ser, los norteamericanos tienen fama de ser un poco miopes. Pero también es cierto que es difícil para las editoriales escoger libros y explicar por qué son importantes. Es difícil saber qué libros van a interesar a los lectores.

–¿Qué lugar ocupa la literatura de otras lenguas?
–Es el tres por ciento de lo que se publica en EEUU. Pero hay muchos autores traducidos: el mismo Kundera, Pérez Reverte, Ruiz Zafón, autores de todos los niveles. En general, para que una novela funcione tiene que ser una gran obra literaria, muy importante críticamente, o una novela popular estilo Isabel Allende. Las novelas que caen entre esos dos extremos, es muy difícil publicarlas aquí con éxito.

–¿Qué ha significado para usted traducir a Bolaño?
–Ha sido la gran oportunidad de mi vida. No sólo porque son obras importantes, sino porque me afectaron mucho. Como ocurre con todos los grandes libros, cambiaron mi percepción.

jueves, 9 de junio de 2011

La traductora de Bolaño al inglés no baja las luces ni pone a Barry White mientras lo traduce

Las novelas de Roberto Bolaño Los detectives salvajes y 2666 traducidas al inglés por Natasha Wimmer aparecieron en las listas de los “Diez mejores libros del año” que publica el New York Times. En diálogo con Ollie Brock, la traductora se refirió al mundo inquietante y a la vez extrañamente conmovedor de la prosa de Bolaño así como a la atmósfera tan singular de sus escenas de sexo. Originariamente publicada en Granta, el 17 de mayo de 2010 (http://www.granta.com/Online-Only/Translating-Bolanyo), la entrevista fue traducida al castellano por Julia Benseñor.  


Cómo traducir sexo


–La obra de Bolaño está plagada de indiferencia y humor negro, quizás especialmente cuando habla de sexo. “La pelirroja” —ese pasaje de Amberes publicado en el número 110 de la revista Granta dedicado al sexo, en el que una muchacha tiene sexo periódicamente con un policía del área de narcóticos— no es una excepción. Una frase dice: Escena teñida de morado: aún sin bajarse las medias hasta los tobillos, relata lo que le ha pasado durante el día. ¿Hasta dónde tienes que dejarte absorber por la atmósfera del libro y cómo lo consigues?
–Si te refieres a si tengo que bajar las luces y poner una melodía de Barry White, lamento decepcionarte. Con esto no quiero decir que no me afecte la atmósfera de una escena, pero  yo no soy el equivalente de un actor del método Strasberg que se sumerge en su personaje. Y afortunadamente no creo que la ficción de Bolaño –ni siquiera sus escenas de sexo– requiera de la propia ficción del traductor. Como bien dices, su trabajo está colmado de indiferencias y humor negro, lo que significa que hay una sensación de distancia, incluso en sus partes más gráficas. Y esa capa de frialdad es lo que hace que sus escenas de sexo sean poco románticas y a la vez curiosamente realistas y conmovedoras. Eso también me permite traducirlas de manera más o menos convincente, o al menos eso espero. Fue más complicado cuando traduje al cubano Pedro Juan Gutiérrez, otro novelista afecto a las descripciones de sexo no convencional, porque su tono es menos controlado y más hedonista, lo que francamente me resulta más ajeno (después de todo, soy la hija de un pastor metodista).

–Siempre supuse que se requería mucha empatía para ser traductor. ¿O acaso es algo puramente técnico, en cuanto a que se trata de entender las palabras y pasarlas por la picadora de carne? Sé que estuviste un tiempo en la ciudad de México mientras trabajabas en Detectives salvajes, la primera novela de Bolaño... ¿De qué manera influyó en tu interpretación del libro?
–Estoy convencida de que se necesita empatía, pero discrepo con la idea tan divulgada de que el traductor, de alguna manera, se convierte en el autor o tiene una especie de relación telepática especial con él. Sinceramente pienso que es un poco presuntuoso y grandilocuente y que enturbia ese proceso delicado por el cual el traductor ajusta su voz a la del autor. Se requiere cierto tipo de sintonía, y lo que quiero decir con esto es que el traductor debe encontrar un tono dentro de su propio registro que, de alguna manera, se adecue al autor. Es más fácil, al menos para mí, traducir a un autor o a un personaje con el que tengo cierta afinidad natural. En cuanto a México, el tiempo que pasé allá transformó por completo mi comprensión del libro. Los detectives salvajes es un canto de amor a la ciudad de México y caminar por las mismas calles que transitaron Bolaño y sus personajes me proporcionó un contacto muy íntimo y visceral con la ciudad y la novela. Hay algo en la ciudad de México, sobre todo, en la noche que es especial. Por un lado, es más oscura que la noche en la mayoría de las otras ciudades que conozco, lo que significa que las cosas parecen acecharte mientras caminas, y uno tiene la sensación de que está a punto de tener un encuentro bizarro del tipo que tienen los personajes de Bolaño todo el tiempo. También estuve en el Café La Habana (en la novela, el Café Quito), que no cambió mucho desde los tiempos en que Bolaño paraba ahí, y me topé con toda clase de detalles culturales que me salvaron de numerosos traspiés en la traducción (Por ejemplo, yo había garabateado “El Santo???” en mi primer borrador de la traducción y allá enseguida me enteré que es el luchador enmascarado más famoso de México).

 

El chileno Roberto Bolaño

–Tus traducciones a veces resultan muy líricas, en las que te mueves al ritmo de una sintaxis del original que conservas pero que, de alguna manera, logra una excelente legibilidad  en inglés. Me interesa saber cómo lo logras. ¿Podrías darnos un ejemplo de una oración en español y que nos muestres la primera y la última versión en inglés, si es que trabajas así?
–Me alegra que pienses que mis traducciones se leen con naturalidad en inglés a la vez que conservo algo de la sintaxis original del español, ya que me esfuerzo mucho por lograrlo, aunque no siempre es posible. Al igual que muchos escritores de habla hispana, Bolaño tiene un umbral de tolerancia alto a lo que podríamos llamar “oraciones de corrido”. No siempre puedo conservar esto en inglés, pero es más fácil cuando expresan la voz de un determinado personaje, porque el lector en inglés está más dispuesto a aceptar esa lectura de corrido cuando viene en formato de habla discursiva. En el ejemplo de Amberes que cito, la voz corresponde a un policía que tiene sexo con una mujer sin nombre:

“Metió los dedos hasta el fondo, la chica gimió y alzó la grupa, sintió que sus yemas palpaban algo que instantáneamente nombró con la palabra estalagmita.”

“He pushed his fingers all the way in, the girl moaned and raised her haunches, he felt the tips of his fingers brush something to which he instantly gave the name stalagmite”
.
No conservo los borradores de mis traducciones, pero sí recuerdo algunas de las decisiones que tomé. La palabra que me dio más trabajo fue “grupa”, que literalmente significa “las ancas del caballo”. Quería mantener la connotación campestre, porque le daba a la oración una dosis extra de suciedad. Otra posibilidad podría haber sido rump (anca), pero haunches es un poco más sugerente y sexual. El resto era bastante directo, una vez tomada la decisión (al principio de este breve capítulo) de respetar esa extensión a veces incómoda de las oraciones. Al volver a leerla, se me ocurre que el efecto es casi como cuando uno jadea o se queda sin aliento, lo que no deja de ser pertinente en el contexto.

–Sin duda, una solución puesta en acción.  Y una vez más muestra la marca de Bolaño en esa mezcla de salto abrupto a lo banal y comedia negra. Su mente seguramente es extraña de entender. Si hubieras podido encontrarte con él y hacerle una sola pregunta, ¿qué le habrías preguntado?
–Esa sí una pregunta difícil. Hay tantas pequeñas cosas que hubiera querido preguntarle: ¿qué quiso decir acá?, ¿qué significaba esta palabra en el México de la década de 1970?, ¿cómo debería interpretar tal o cual oración? Muchas veces tuve que tomar decisiones en función del contexto y la consulta y, en última instancia, de mi propia intuición. Y hay todo tipo de preguntas menores para las que me habría encantado tener una respuesta certera. Pero si hubiera tenido una sola pregunta para hacerle, supongo que debería ser una importante, y no estoy segura de cuál sería. De algún modo, siento que sus libros son en sí la respuesta a cualquier pregunta seria que yo podría hacer, y no estoy segura de que él podría decirme, o que me habría dicho, lo que no reveló en la obra que nos dejó.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Bolaño, el malhablado


Publicada el 23 de abril pasado en el diario El Mercurio, de Chile, la noticia, que tiene al finado Roberto Bolaño (foto) como protagonista, debe leerse como un nuevo triunfo del castellano sobre el japonés. Ah, de paso: qué barbaridad, ¿no?

Traductores japoneses tuvieron problemas
con "lenguaje soez" de novela de Bolaño

El Instituto Cervantes de Tokio presentó hoy la primera versión en japonés de Los detectives salvajes junto con sus dos traductores, que hallaron en el lenguaje soez y la diversidad de registros que utiliza Roberto Bolaño la mayor dificultad en su trabajo.

Takaatsu Yanagihara y Kenji Matsumoto, los traductores al japonés de la que es la obra más aclamada del escritor chileno, junto con la póstuma 2666, reconocieron que las acepciones de homosexual que utiliza el personaje Ernesto San Epifanio en Los detectives salvajes, como "loca" o "maricón", fueron la parte más difícil del proceso de traducción.

"Tuve que realizar un profundo proceso de investigación para dar con las palabras adecuadas en japonés, pero lo pasé muy bien traduciendo palabras soeces pese a los problemas con los editores", indicó Yanagihara, traductor además de Alejo Carpentier.

Para Matsumoto, la obra de Bolaño, fallecido en 2003 a los 50 años de edad, es de una gran riqueza lingüística, ya que se vale de muchos tipos de habla en castellano, desde el que utiliza un joven en México hasta la de un español.

En este sentido, Matsumoto, responsable de la primera traducción de Bolaño en Japón, Llamada telefónica, destacó la importancia de las fronteras en su obra y su narrativa, que definió como "perteneciente al mundo de la poesía".

Según Fumiaki Noya, catedrático y moderador de un debate sobre Bolaño ante el público japonés, Los detectives salvajes será bien recibida en el país asiático por los lectores jóvenes porque es divertida y contiene gran variedad de historias y mundos.

En Japón, Los detectives salvajes ha mantenido la literalidad del título y ha sido publicada por la editorial Hakusuisha en dos tomos, que suponen la aparición en el país de una de las novelas más reconocidas de Bolaño, traducida a otros 12 idiomas y galardonada con el Premio Internacional Rómulo Gallegos.

miércoles, 20 de enero de 2010

Bolaño fue traducido al checo


De acuerdo con la singular prosa de Gonzalo Núñez, en su artículo publicado en Radio Praga el 3 de octubre de 2009, "la ‘bolañomanía’ es un fenómeno en boga en todo el mundo en la actualidad. Tiene relación con el fervor casi religioso con el que es recibida la obra del fallecido escritor chileno Roberto Bolaño allá donde se edita. Si hace poco su novela Los Detectives Salvajes fue presentada en su traducción al chino mandarín, la lengua más hablada a nivel mundial, y la semana pasada su otra obra maestra, 2666, se publicó en Portugal, ahora es el turno de la República Checa".

Anežka Charvátová, traductora de Roberto Bolaño

Dentro de los próximos días se publica en el país la traducción al checo de la novela Los Detectives Salvajes, del escritor Roberto Bolaño, una de las sensaciones de la literatura hispánica de los últimos tiempos. Y eso es solo el principio.

La misma traductora de ese libro, Anežka Charvátová (foto), trabajará en la traducción de 2666, la otra obra cumbre del chileno, que publicará la misma editorial, Argo.

2666 es un desafío para cualquier traductor, con sus más de mil páginas, pero Charvátová no se arredra. “Ahora por fin he terminado la traducción de Los Detectives Salvajes y tendré que ponerme a traducir la novela 2666, para la cual la editorial Argo me va a dar un plazo de dos años. Es mucho trabajo, pero tiene sus recompensas. Y la recompensa mayor para mí sería que la gente lo leyera, que la gente discutiera, que le gustara a los lectores de aquí”.

A Bolaño ya se le conoce en EE.UU. como el nuevo Gabriel García Márquez, aunque la crítica especializada prefiera compararlo con Jorge Luis Borges, comparación que al propio Bolaño le causaría rubor, ya que siempre se confesó un ferviente admirador del autor de Ficciones.

Anežka Charvátová hace una valoración de la figura de Bolaño: “Importantísimo. De los actuales, casi el mejor. Sobre todo porque se puede releer varias veces. Eso me gusta. Al traducir o incluso al corregir las traducciones ajenas, me doy cuenta siempre de los errores, de lo mal que están escritas algunas frases, de todas las imperfecciones del libro. Y con Bolaño no me ha pasado eso, lo pude leer y releer varias veces y en vez de disminuir el placer, me gustaba más y más. Y es casi el único con el que me ha pasado esto”.

La traductora de Los Detectives Salvajes espera que el furor que se vive por este escritor en gran parte del mundo ayude para que la "bolañomanía" también se desate acá. “El editor tiene muchas expectativas porque lee los periódicos estadounidenses y sabe, conoce el boom de Bolaño, la ‘bolañomanía’ que se vive en EE.UU. Así que espera poder venderlo aquí también, porque el primer libro que se publicó de Bolaño en Chequia, Nocturno de Chile, no tuvo mucho éxito. Ahora esperamos cambiar la cosa”.

A Anežka Charvátová el fracaso de Nocturno de Chile le dolió mucho, ya que ella lo publicó como editora. Pero confía en que Los Detectives Salvajes encontrará a su público checo y tendrá éxito. “Yo pienso que sí, porque es una gran novela y es asequible a cualquiera, no es necesario conocer el ambiente latinoamericano para entenderla. Tiene un poco de todo. Tiene mucho de novela policíaca, mucho de novela de amor, algo de novela erótica o casi porno al comienzo de la novela. Tiene también mucho del bildungsroman, el viaje iniciático, el paso de la adolescencia a la edad adulta. Así que pienso que cada lector puede encontrar algo para él”.

Para ayudar a la comprensión del libro, que en español tiene más de 600 páginas, al final se incluye un diccionario que explica quién es quién, ya que en él figuran muchos personajes de la historia y la cultura latinoamericana.

Anežka Charvátová comenta algunas de las dificultades que enfrentó a la hora de traducir Los Detectives Salvajes. “Sobre todo me demoré mucho porque es un libro muy grueso, prácticamente me demoré un año en hacer la traducción y en corregirla. Cualquier traducción es difícil, lo difícil de Bolaño, pienso yo, es una ironía sutil que tiene él que está siempre oculta debajo de todo lo que dice. Cualquier personaje de Bolaño, cuando dice algo, pues hay ahí una ironía oculta. Y eso es bastante difícil de hacerlo bien para que quede tan sutil en checo también”.

Lo de la ironía sutil fue una parte menor dentro de las tribulaciones de esta traductora. “En checo es prácticamente imposible de traducir los distintos dialectos españoles que usa Bolaño. Hay chilenos que hablan en chileno, hay mexicanos que hablan mexicano, hay catalanes que hablan como se habla en Barcelona. Y eso se puede lograr poniendo varios niveles de lenguaje literario o hablado en checo. Pero no es posible que un lector checo diga: ‘Aquí habla el chileno, aquí el mexicano’. Eso no se puede hacer. No se puede poner el habla de Praga, de Ostrava, de Brno, porque sonaría ridículo. Esa fue la mayor dificultad”.

De entre la jerga local utilizada en la novela, la traductora destaca los mexicanismos, que Bolaño dominaba muy bien, ya que vivió gran parte de su juventud en México. “Justamente al comienzo, cuando habla el joven poeta Juan García Madero, me gustaron mucho los diálogos entre los mexicanos, los mexicanismos, que tienen mucha imaginación. Es difícil ponerlo en checo, usar un giro con tanta imaginación. Como por ejemplo, quítale un poco de pasas a tu cake”.

Charvátová reconoce que se valió de varias fuentes para salvar la cantidad ingente de localismos y jergas del libro. “Por supuesto siempre es un gran problema. Para resolverlo tenía dos caminos: hablar con los nativos, los chilenos de Praga, los mexicanos de Praga me ayudaron a entenderlo, los peruanismos los conocía bastante porque había trabajado con obras de Vargas Llosa. Pero ahora lo absolutamente genial para el traductor es Internet, Google. En Google encontré cosas que nadie sabía lo que querían decir, pero buscando en Internet casi todo se encuentra”.

A Anežka Charvátová le gustaría que Los Detectives Salvajes se convirtiera en Chequia en un libro de culto, como lo fue Rayuela, de Julio Cortázar. “Ya lo es en el resto del mundo y me gustaría que así fuera también aquí en mi país”, sostiene.

Ahora, se le viene el desafío de traducir 2666, la monumental novela que terminó por imponer el nombre de Bolaño en el mundo anglosajón. Con sus más de mil páginas, no será nada fácil, comenta Charvátová. “La editorial ya ha comprado los derechos y lo quiere publicar lo antes posible. Ya tiene incluso la portada. Es la misma editorial, Argo, y será la misma traductora. Me jubilo y me pongo a traducir 2666. Me quieren preparar un contrato para dos años, pero yo temo que sea poco. Me va a costar muchísimo, eso no se puede hacer más rápido, uno tiene que estar sentado y teclear en la computadora”.

Respecto a cuál de las dos obras maestras de Bolaño es superior, Charvátová tiene sus dudas. “He escuchado las dos opiniones. Algunos dicen que lo mejor de lo mejor son Los Detectives Salvajes. Otros dicen que la suma total de Bolaño y de la literatura actual es 2666. Bueno, vamos a ver. Pero es verdad que es demasiado grueso, no sé, a mí me da mucho trabajo leer tantas páginas porque ya me cansa leer tanto”.

Una cosa que lamenta la traductora es no poder haber consultado al propio escritor ante una duda. “Leí una cosa muy interesante sobre Bolaño y su relación con los traductores. Porque yo tengo la mala suerte de que ya está muerto Bolaño, pero los que lo traducían, cuando él todavía vivía, a veces le escribían para que les explicara alguna palabra, algún giro. Y Bolaño, además de explicarles la palabra o el giro, lo ponía en otro contexto, y prácticamente reescribía esa parte de su novela. Prácticamente de lo que Bolaño añadía explicando las cosas a los traductores se podría sacar otro libro”.

Roberto Bolaño falleció en Barcelona, en 2003, a los 50 años, cuando era un escritor de culto, pero no la figura rutilante y mundial que es ahora. El chileno se ha convertido en todo un fenómeno, gracias al éxito de ventas y de crítica de Los Detectives Salvajes y 2666 en EE.UU. Incluso se anuncia una versión fílmica de Los Detectives Salvajes, con Gael García Bernal en el papel protagónico, es decir, en la piel del propio Roberto Bolaño.

Desde Australia a Estados Unidos, desde China hasta la Patagonia, no hay rincón del mundo que haya escapado al influjo de sus dos obras maestras. Y ahora los checos podrán disfrutarlas. Enhorabuena.