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martes, 1 de mayo de 2018

Cinco editores españoles posan para la foto

Todos los 23 de abril en Cataluña se festeja Sant Jordi. Según La lectora futura, un blog que se autodefine como “un ecosistema y punto de encuentro para lectores y profesionales del mundo del libro”, “es el día que España se dedica a expiar su mala conciencia con la lectura”. Y allí se explica que “en 1923 se instituyó el Día del Libro, por iniciativa del escritor Vicente Clavel Andrés. En 1930 se trasladó al 23 de abril, uniéndose entonces en Cataluña la costumbre de regalar un libro junto a la tradicional rosa que se regalaba desde muy antiguo en el día de Sant Jordi. En el resto de España la admirable costumbre de regalar libros ese día no ha arraigado, pero sí se programan actos e iniciativas que promuevan y extiendan la afición a la lectura y contribuya a que quede en el pasado ese ‘escribir en Madrid es llorar’ que escribió Larra en 1836 -extendido a 'escribir en España es llorar', dado que en 1836 el centralismo cultural era extremo- sea al fin cosa del pasado”. Luego, puestos a evaluar los 88 años del festejo, los escritores anónimos del blog puntualizan: “ Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2017 sobre las costumbres lectoras españolas en 2018, un 40% de la población no lee habitualmente, cuando la cifra en países de nuestro entorno es del 30%. Sólo un 59,7% de españoles lee como ocio, en su tiempo libre. Según este estudio, las mujeres leen más libros, revistas y son más activas en redes sociales, mientras que los hombres las superan en lectura de prensa, cómics, webs, blogs y foros online. Casi el 65% de mujeres leen algún libro al año, mientras los varones se quedan en el 54%. Entre 45 y 54 años, las mujeres superan el 73% y los hombres no llegan al 52. Esta diferencia es, sin embargo, muy escasa entre los 14 y los 25 años. Casi el 80% de los niños entre 10 y 14 años son lectores de libros en su tiempo libre, pero el porcentaje se reduce mucho, sobre todo desde los 18 años”.

Toda esta larga introducción tal vez sirva para darle un contexto a la nota que el pasado 22 de abril publicaron Ignacio Orovio y Josep Massot, en La Vanguardia, de Barcelona, donde un seleccionado de lumbreras editoriales de España muestran en manos de quiénes están los libros de la Península.

“Es México y no Madrid quien disputa
a Barcelona la capitalidad editorial”
  
Llega Sant Jordi. El día más importante del año para el sector editorial: libreros, lectores, autores, editores... la calle se llena de libros y gente con ganas de comprarlos. Para hablar de ello, y del estado de salud de este invento único, y en consecuencia del estado de la cultura, La Vanguardia reunió esta semana en torno a una mesa a Elena Ramírez, directora de ficción internacional del Grupo Planeta; Emili Rosales, director editorial de Grup 62; Maria Bohigas, editora de Club Editor; Claudio López de Lamadrid, director de Literatura Random House; y Silvia Sesé, directora editorial de Anagrama.

¿El día de más trabajo del año?
–Ramírez. Es un sueño. No sólo por las ventas sino por el entusiasmo alrededor del libro.
–Rosales. Y porque cada vez hay más actos alrededor del libro y porque además es primavera. La gente está muy contenta.
–Bohigas. Es cierto, y hay una sensación un poco irracional, los editores tenemos una sensación de ir a jugar al casino, a dar el golpe de dados.
–López. Yo no tengo la sensación de ir a jugar a los dados. Lo bonito es que coincide el entusiasmo de toda la cadena del libro, desde el almacén hasta el jefe de la empresa. Es un día de entusiasmo.
–Sesé. Yo destaco que es un día de encuentro entre lectores y autores, y nosotros en medio. Sientes esa conexión viva y matérica.
–López. ¿Yo puedo preguntar?

Claro.
–López . ¿Esto puede durar siempre? El milagro de es que exista, con miles de personas en la calle.

Mejor, ¿no?
–López. Claro, pero el sector ya está pensando en el 2019, con la idea de llevarlo a paseo de Sant Joan, porque es más ancho.

¿Qué cambiarían?
–López. El año que viene es difícil, porque el 22 es lunes de Pascua.
–Rosales. Sant Jordi no debe cambiar, sería absurdo. Sí podemos expandirlo, generar pequeños santjordis, más repartidos. Y hay otros días que cada año cogen más vuelo, como la Setmana del Llibre en Català o Navidad. Hay que crear más días importantes para el libro.
–Bohigas. No hay que cambiar Sant Jordi, hay que cambiar el resto del año. Que no haya este contraste. Sobre todo para los editores de catalán, que en este día podemos hacer el 20 o 25% del año…
–López. ¿Tanto?
–Bohigas. Sí. Si llueve o hay un lío político te suicidas. La concentración es salvaje. Y la gente espera el descuento, sobe todo en los libros que cuestan más de veinte euros. Tenemos cuatro meses válidos, el resto es el desierto. Por ello, creo que situar la Setmana en septiembre es un pésimo error, porque la gente está sin un duro. Como gremio deberíamos reflexionar al respecto.

El ser humano se explica con la ficción, necesita la ficción. Si en el siglo XIX la literatura era hegemónica, en el XX surgió el cine y más tarde la TV, hasta hoy, con multitud de canales. ¿Les condiciona, a la hora de editar…?
–Bohigas. No estoy de acuerdo en que antes fuera hegemónica ni en que hoy ya no sirva. La literatura siempre ha sido marginal. Los que mandan, quienes representan el éxito social, no leen. Y hoy, aunque seamos esclavos del audiovisual y de las redes, creo que el libro sigue siendo el lugar donde se transmiten las cosas importantes. Aquel que quiere contar cómo ha superado una enfermedad no lo cuelga en la red, escribe un libro. Un género con gran tirada es la autoficción.
–Ramírez. Pues yo creo que eso tiene que ver precisamente con las redes, donde estamos permanentemente mostrándonos, sin pudor. Creo que las nuevas formas influyen en la forma de leer y también en el contenido. Como el true crime, que viene de las series, de manera directa. Aunque yo no soy tan optimista en cuanto a la relevancia del libro. Creo que esa hegemonía tiene que ver con una determinada edad. Claro que hay chavales que leen, no voy a caer en ese tópico, pero la clave es el número: ¿cuántos serán lectores? Los lectores hemos crecido.

Es un discurso pesimista.
–Ramírez. Es realista.
–Rosales. En el siglo XX, el cine suplió a la literatura como fábrica de ficción, pero la literatura gozó de excelente salud. Y ahora son la series o los videojuegos. Por ello, debemos buscar las interconexiones. Han salido nuevos géneros, como los youtubers o la poesía urbana, que en buena parte es juvenil… Y paradójicamente, la crisis tremenda de estos años la hemos visto más en el lector adulto que en el lector joven. Ha resistido mejor el libro juvenil. Y hay otra cosa: me fascina cómo pese al torrente informativo diario, la influencia del libro sigue vigente. Oímos de Trump cada día, pero un libro sobre él resiste muy bien el paso de los meses.
–Sesé. Entiendo el pesimismo, que vivimos cada día con las cifras. Pero leer siempre ha sido minoritario. Me preocupa que haya perdido el deseo aspiracional que antes tenía para mucha gente ver los libros y la literatura como algo que te situaba.
–Bohigas. Depende del ámbito... creo que el libro de entretenimiento está perdido, pero también creo que hay todo un sector de lectores que en los años de crisis se está girando hacia la literatura. ¡La literatura es un lugar donde no se miente!
–López. Se lee mucho menos. Incluido yo. Perdemos horas y horas en las redes.
–Sesé.¿Y no crees que eso cambiará?
–López. Creo que leemos más que nunca, pero a trozos. Lo que sí que creo es que la literatura conserva el prestigio. Creo que todo el entertainment de la literatura efectivamente ha migrado a las redes. Y hoy nadie lee 500 páginas de Platón. Te lo dirá cualquier catedrático. Los estudiantes leen resúmenes. Por eso como editores debemos pensar en nuevos formatos.
–Sesé. Es que a mi me preocupa la absoluta disociación entre la universidad y la edición. Es absurdo. Mis amigos profesores están alarmadísimos. Nadie lee un libro. El interés literario en la academia es bastante peregrino.
–Ramírez. Lo que se ha hecho en los últimos diez años con el sistema educativo es terrible.
–Bohigas. Y en otros países. Es general, desgraciadamente.
–Ramírez. Confluyen varias cosas: la irrupción de las tecnologías, los recortes... Estoy en el lado pesimista aunque creo que podemos ver cambios. Las cosas cambian a una velocidad escalofriante. No soy pesimista irreversible, sino pesimista presente.
–López. Como editores debemos adaptarnos. Pongo tres ejemplos: el libro de Jordi Amat, el de Eduardo Mendoza y los de Chimamanda [Ngozi Adichie]. Son libros de 5 euros que la gente lee rápido. Leemos en el móvil, estamos cambiando.¡De Chimamanda vendo mil a la semana!

¿De qué hablan los manuscritos que reciben?
–Ramírez. La literatura del yo es constante. La influenciada por series de TV, el crime… y diría también probablemente tipos de entretenimiento que evadan de una situación política, económica y social de alta inestabilidad.
–López. Y feminismo.
–Sesé. Sí, en un sentido amplio.
–Bohigas. Y el de la relación con la naturaleza. Cognetti, Thoreau… Es interesantísimo que coincide con que todos esos amantes de la naturaleza la aman tanto que la destruyen, con sus visitas. Es muy ilustrador de cómo somos. Creo que el auge responde a otra cuestión: la soledad. El extremo individualismo.
–Rosales. Estoy de acuerdo, pero creo que el crimen lleva años entre nosotros. Porque es una forma de explicar la corrupción. La novela negra ofrece una mirada crítica de la sociedad.
–Sesé. Muchos manuscritos van en esta línea. Más crítica, más rebeldes, en varios aspectos, sobre todo en la relación del individuo con la sociedad y en relación con su cuerpo, con la agresión al cuerpo, en un sentido amplio, casi filosófico. En esto creo que entronca con los libros sobre naturaleza. Cómo encontrar una forma más sana y armónica para vivir en este mundo. Hay mucha literatura de rebelión, de grito.
–Ramírez. Por el contrario, lo que parece interesarnos menos es el género distópico, el apocalipsis.

¿Y el proceso?
Rosales. Nosotros hemos publicado muchísimo sobre ello. Creo que hasta ahora no se han convertido en libros populares. Esta semana el Frankfurter Allgemeine recomendaba al juez del caso Puigdemont que antes de decidir lea Operació urnes. Es un gran éxito. Un reportaje periodístico, no ideológico, sobre la logística de todo el proceso.
–Sesé. Nosotros hemos tenido el de Jordi Amat, que lleva ya cuatro ­ediciones en catalán y otras cuatro en castellano, y sigue vendiéndose, por su nivel de información ypor su calidad literaria.
–Bohigas. Y porque la figura de Amat está cogiendo una gran fuerza.

¿Se han recuperado las librerías?
–Bohigas. Sí. Aunque hay libros que si salen en una semana informativamente fuerte es como si se cerrara un grifo. Pero los picos de ansiedad pasan rápido. Y el proceso ha generado un interés por cuestiones vecinas…
–Sesé. …sí: rebelión, propuesta de acción… Como los de Marina Garcés.
–Rosales. Pero esto vuelve a poner el libro en una posición de privilegio, como generador de ideas.

Barcelona es una capital editorial . ¿Puede hacer más?
–Sesé. Se puede hacer mucho mejor. Creo que tenemos que trabajar unidos y hacer algo potente, quizás un premio a lo Goncourt, con impacto.
–Rosales. Las ciudades y los países pueden singularizarse a través de la cultura. Barcelona y Catalunya y España tienen una oportunidad única con el libro. Es que además está hecho, sólo tienen que aprovecharlo. Barcelona es la gran fábrica de ideas y de imágenes de Europa.
–Sesé. Pero debemos implicarnos.
–Rosales. Claro. Barcelona ya es una capital editorial, eso es un hecho.

¿La o una capital?
–Rosales. A nivel mundial no me atrevo a decir que sea la capital.
–López. Del español sí.

¿Aún?
–Bohigas. Claramente, sí.
–López. Y si algún día deja der serlo, si la llega a compartir con alguien, como la del inglés son a la vez Nueva York y Londres, no la va a compartir con Madrid sino con México, que está cogiendo una potencia brutal.
–Sesé. Las sedes de los dos grupos más potentes están aquí.
–López. Por el contrario, yo creo que sí se hacen cosas. Premios, encuentros… ¿Qué hace Londres que no hagamos nosotros?
–Sesé. Creo que podemos hacer más.
–López. La suerte es que en Barcelona nos llevamos todos más o menos bien. Mirad esta mesa… En Madrid se sacarían los ojos.
–Sesé. Yo me refiero a crear algo… un premio… con una institución neutral, y que eso suponga unas ventas en el mercado relevantes. Eso nos falta absolutamente.

Este diario lo ha propuesto.
–Bohigas. Yo creo que se puede hacer mucho. Lo del premio es una buena idea, pero inaplicable. La situación de los premios también nos define… es un funcionamiento mediterráneo puro. Barcelona podría ser un lugar más estimulante. Por ejemplo, tenemos un patrimonio turisticocultural, y la arquitectura, y somos la capital del anarquismo en el mundo anglosajón. La Barcelona de la época de Picasso es fascinante ¿alguien lo trabaja a nivel tursticocultural? ¡De ninguna manera! El modelo turístico no es apto para acoger valores que nos irían muy bien, que crearían un clima… Estamos huérfanos. Tampoco tenemos un festival literario, en el que pudiéramos tener autores latinoamericanos, españoles y catalanes.
–Sesé. No podemos perder esa relación con América.
–López. La hemos perdido ya.
–Bohigas. No, no, no…
–López. La hemos perdido, se van a México. Por el euro. Aquí no pueden vivir.

¿La capital de la edición en castellano será México?
–López. Es Barcelona, pero con la literatura en el castellano acabará pasando como con el inglés, que tiene dos capitales, Londres y Nueva York. México y Barcelona competirán por la edición española, como en Italia compiten Turín y Milán. México es más barato. Europa tienen un problema de coste de la vida.

Hay una asimetría del mercado: el 75% es castellano y el 25%, catalan. ¿Se sienten rivales?
–Ramírez. No. Somos cómplices. Compartimos gastos, trabajo, precios... Incluso cuando la editorial catalana no es del mismo grupo.
–Rosales. Es cierto. El catalán continua teniendo el problema de que un alto porcentaje prefiere leer en castellano, y ahí hay mucho campo por recorrer. Pero a nivel editorial el catalán se ha adaptado muy bien al hecho de que Barcelona sea capital de la edición en castellano. Hay una estructura de primera magnitud. Si analizamos los grandes sistemas editoriales en Europa, no hay otro de la dimensión del catalán, o mayor, que traduzca tanto. Eso es por creatividad editorial pero también por la colaboración con los editores en castellano.

Hablan de hábitos de lectura, pero sólo en papel. Quizás habría que empezar a pensar en los hábitos de concentración... ¿hace suficiente el sistema educativo?
–Ramírez. No. Lo que estamos constatando es que los hábitos de lectura de los jóvenes chocan con formas de ocio que no tienen nada que ver con la lectura. Es ahí donde hay que actuar. No esperar a que sean mayores y entonces intentar cambiarlos.
–Sesé. Dirigirse a los no lectores a última hora es muy complicado. Acabas haciendo libros no-libros.
–López. A la escuela no llegamos.
–Bohigas. Convertir a una persona que no lee en una que lee es muy complejo.
–Ramírez. Cuando he querido montar actos en los institutos, la primera pregunta es ¿quién paga qué?
–Rosales. Hay profesores admirables, que hacen un trabajo heroico, pero el modelo educativo no favorece el gusto por la lectura.
–Bohigas. Es que a medida que se va desplegando el Plan Bolonia, te das cuenta de que no es que no tengamos un cómplice: es que tenemos un enemigo. El sistema está pensado para crear obreros cualificados, no personas que piensen. Hay una ideología ambiente mecanicista y que concibe el mundo interior de una persona como una máquina. ¿La imaginación dónde está?

jueves, 25 de febrero de 2016

Una entrevista con Dart Vader


En el blog de Eterna Cadencia, el 20 de enero pasado Patricio Zunini publicó la siguiente entrevista con Claudio López Lamadrid, director editorial del Grupo Penguin Random House. Es lo que sigue.

“La lectura ya no está de moda”

Un brevísimo resumen de la vida laboral del español Claudio López Lamadrid comienza a los 18 años, con un primer trabajo en Tusquets. Diez años estuvo en esa editorial, luego se dedicó un tiempo al trabajo freelance en Galaxia Gutenberg, y de allí a Grijalbo-Mondadori, empresa que más tarde se transformaría en Random House Mondadori y un poco más tarde en Penguin Random House. Hoy es “Director Editorial de Grupo” y como tal participó en la adquisición de los sellos de Santillana, como Alfaguara, Taurus, Aguilar, Suma de letras, Punto de lectura. Penguin Random House es hoy el grupo editorial más grande del mundo.

Cuando en marzo se entregó el Premio Alfaguara, se notaban hasta corporalmente las diferencias entre quienes venían de Random y quienes venían de Alfaguara. ¿Qué tienen que aprender unos de otros?
—Esto no fue una fusión, fue una compra. En ese sentido, Alfaguara se tiene que acostumbrar a los procesos de Random. Eso no quiere decir que no aprovechemos las bests practices de ellos; hay varias cosas que ellos hacían mejor y nosotros las adoptamos. Tenían un sistema de conferencias entre los distintos países para informarse y estar más coordinados: lo hacían mejor que nosotros y nos lo hemos apropiado. Pero en el resto, la mayoría de las cosas de los procesos de SAP, de informática, de hoja de cálculo, se tuvieron que acostumbrar a nosotros. Los primeros meses para ellos fue un poco pesado.

Random tenía un estilo más moderno y Alfaguara...
—Un poco más clásico, sí. Eso seguirá siendo así.

¿Cuáles fueron los aprendizajes de la incorporación?
—El primero es que se aprende sobre la marcha. Es un aprendizaje de prueba y error. Cuando hicimos la compra pasamos de 24 sellos a tener 32. Todo el trabajo de adecuación que veníamos realizando hubo que volver a empezarlo. Con una fusión, el trabajo no para sino que recomienza. Mientras el rol del editor sigue siendo el mismo, la estructura que te rodea va cambiando, va creciendo, y hay que ajustarla a la realidad actual.

Santillana había tomado algunas decisiones desacertadas en los últimos de los tiempos. Cuando suman los sellos al grupo Penguin Random House, ¿cómo fue la política de saneamiento?
—El grupo no compra editoriales para abducirlas o disolverlas. No solo no desguazamos Alfaguara sino que dijimos que siguiera publicando con su línea editorial, que trabajara como una editorial independiente, con los editores mismos editores que tenía. Es la forma que tenemos de trabajar en Random: cada sello trabaja como una editorial independiente, pero bajo un mismo paraguas de servicios editoriales detrás —red comercial, el marketing, el back office. De momento los editores tienen la confianza para seguir desarrollando el trabajo. Si no funciona dentro de cuatro años, bueno, igual que yo, igual que cualquier otro editor...

¿El plazo es de cuatro años?
—¡No! No hay plazo. Es una época de reestructuración; estamos muy contentos. Ten en cuenta que el back office de Alfaguara se quedó allá, no hemos tenido que despedir a nadie. Hemos traspasado a los editores. Santillana se quedó con el asunto de los libros infantiles. Tomamos la decisión de que en cada país haya un solo director editorial —en Argentina es Juan Ignacio Boido— y debajo de él está el mundo Alfaguara con sus editores y el mundo Random House con sus editores, en principio compitiendo entre ellos. Alfaguara es un sello que compite con Literatura Random House.

Los autores iban y venían. Hubo cruces.
—Por Oyola se pagó un pastón en Alfaguara, algo que evidentemente yo no quise igualar en su momento, y se fue allá. Eso ya no va a pasar. La competencia será por un nuevo libro de un nuevo autor. Si antes lo ve Glenda Vieytes o lo ve Julieta Obedman, quedará en un sello u otro. Lo que no vamos a hacer es quitarnos autores. Bruzzone o Iosi Havilio no se van a ir a Alfaguara, ni nosotros le vamos a quitar a Sacheri.

Los autores tienen menos oferta.
—Y los agentes también: no están muy contentos. Pero también pueden cambiar de editorial.

¿La pelea ahora pasa entre Penguin y Planeta?
—Están también las independientes, con muy buenos resultados.

¿Cuál es la oportunidad de las editoriales independientes frente a un mercado cada vez más tomado por los grandes grupos?
—Yo creo que tienen muchas más oportunidades que antes. Primero porque el oficio se ha hecho menos caro y más sencillo, se puede hacer de manera artesanal con un Mac en tu casa, y segundo porque las editoriales pequeñas aprovechan los intersticios que dejamos los grupos. Se puede hacer un trabajo muy fino, un trabajo de seguimiento. Es más: hoy las editoriales pequeñas pueden hacer cosas que los grandes grupos no por la exigencia de rendimiento.

¿Cuál es el criterio para contratar un título?
—El primero es la conveniencia de ese libro en tu catálogo. El libro te tiene que gustar, pero sobre todo tiene que entrar en tu catálogo. Hay muchos libros que me gustan y no los contrato porque considero que no encajan. A veces contratas libros que sabes que no van a funcionar, pero lo haces porque crees que el autor va a funcionar en el futuro o porque aportan valor al catálogo que estás trabajando.

Sería algo así como que los libros literarios no funcionan económicamente pero dan prestigio.
—Siempre se ha dicho que en la edición pierdes dinero con ocho libros, empatas con otro y ganas con el décimo. Para ser más claro: necesito un par de libros al año que funcionen muy bien para seguir publicando autores que en principio no funcionan.

¿Por qué publicarías a autores que no funcionan?
—Hay autores que no funcionan a nivel de rendimiento económico pero sí a nivel de rendimiento de catálogo. Todas las editoriales, en una medida u otra, hacen lo mismo. Si tuviera que buscar el rendimiento en cada uno de mis libros, sería difícil que publicara según qué cosas. Por ejemplo, en los libros traducidos, que son caros, puedo sacar un rendimiento a medio plazo, pero si persigo el rendimiento directo es difícil.

¿Cuál es el criterio de éxito de un libro?
—Con todos los libros haces una cuenta económica y se procura que esa cuenta no llegue a cero. El objetivo es ganar pero se intenta que por lo menos llegue al break even. No siempre se consigue. Y pocas veces se consigue tener bastantes beneficios.

¿Qué tiene que tener un autor argentino para que el grupo apueste a llevarlo a otros países?
—Tiene que entusiasmar al editor de otro país. Hay mucha autonomía editorial en cada país. Yo llevo autores a España para literatura Random House todo el rato: Fresán, Pron, Aira. Son autores que contrato yo en España.

Pron vive allá, Fresán también.
—Aira no. Son autores míos en el sentido que yo hago el contrato. Este año, publico a Samanta Schweblin de Argentina, a Diego Zúñiga de Chile, a Rodrigo Hasbún de Bolivia. Llevo los libros de Aurora Venturini que todavía no he llevado y algunos de Levrero. Llevo a Bruzzone, el último de Iosi Havilio, también el de Tomás Abraham.

Hay una retracción muy grande en el mercado de España, en los últimos cuatro años cayó el 40%. ¿A qué se debe?
—A un montón de factores. Primero: la crisis ha sido brutal, segundo: el cambio de paradigma de lectura —la gente piratea mucho—, y tercero y más importante: la lectura ya no está de moda. Antes la lectura competía con los videojuegos; ahora compite con el Candy Crush, con el teléfono, con el iPad, el iPod, y ochocientas mil cosas que son bastante más sexis que la lectura. ¿Cuánto rato pierde la gente en el WhatsApp? Son horas que le quitan a la lectura. Eso hace que caiga el libro. Aunque ya ha parado un poco. El temor a que lo digital acabara con esto no fue así, conviven bien, y el mercado intenta recuperarse. Y en América latina las cosas van bien.

¿Con América latina te referís a cada uno de los países o en general?
—A todos. Antes iba muy bien México, Argentina iba muy bien en función de las crisis que tuviera, Chile es un país pequeño pero ahora tiene mucho dinero, Colombia va estupendo.

¿Cómo ves el mercado argentino en general?
—De toda América latina, es el más parecido al español. La diferencia fundamental con el nuestro está en los depósitos en las librerías. En España las librerías están muy mal, cierran y cierran, y en Argentina aparentemente no ha empezado a pasar. Por otro lado, es un mercado más de no ficción. Me impresiona lo fuerte que es la no ficción. Claro que tienen libros de ficción que venden mucho: Florencia Bonelli vende doscientos mil ejemplares. España sería más de ficción que de no ficción. Pero Argentina, y no sólo Argentina sino todo el continente, es de no ficción.

Dos últimas preguntas. ¿Qué estrategias van a desarrollar a partir de la reapertura de las importaciones de libros?, ¿Van a traer libros impresos directamente en el extranjero? Y en relación a eso, el gobierno liberó el cepo cambiario y el dólar, que estaba a casi 10 pesos pasó a rondar los 14: ¿cómo cambia el plan de negocios con el nuevo tipo de cambio?
—La política de Penguin Random House es imprimir cuantos más títulos se pueda en los países en los que los libros se van a vender. En ese sentido, seguiremos igual que hasta ahora, imprimiendo mucho en Argentina para garantizar el mejor precio de venta posible. Lo que el cierre de fronteras imposibilitaba era la importación de pequeñas cantidades de otros títulos. Títulos más exquisitos o elitistas o sencillamente títulos más locales —entendiendo por local lo español, claro— que no ameritaban una edición argentina de mil o dos mil ejemplares pero que sí tenían trescientos o quinientos lectores potenciales. La apertura de fronteras facilitará el que en las librerías argentinas puedan volver a contar con estos títulos. El problema, y aquí conecto con tu segunda pregunta, es el cambio, claro. Los libros importados son siempre más caros que los que se producen en el país, y si además el peso cae, pues ya no te quiero ni contar. El único consuelo —escaso, ya lo sé— es que el euro también está en horas bajas con respecto al dólar, lo que puede equilibrar un poco las cosas.