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miércoles, 14 de noviembre de 2018

Más sobre el escandaloso boicot de las multinacionales de Chile a la Feria del Libro de Santiago, que deja un interrogante para el futuro


Este blog publicó en el día de ayer una entrada que daba cuenta de la complicada situación del mundo editorial chileno, cuya última manifestación fue el boicot a la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA), realizado por la Corporación del Libro, que decidió realizar su propia feria en otra parte de la ciudad.

Para que los lectores no chilenos puedan hacerse una mejor idea, hay que recordar que en un país como Chile, donde el libro es un objeto suntuario que además paga IVA, hay cuatro grupos que disputan con diversos grados de violencia la representatividad de la industria editorial: la Cámara Chilena del Libro es una asociación gremial compuesta por 79 socios (a marzo de 2016) provenientes de empresas editoriales, distribuidoras de libros y librerías (ver lista completa en:https://camaradellibro.cl/socios/listado-de-socios/).

Por su parte, la Corporación del Libro y la Lectura, separada de la anterior en 2015, constituye un grupo de casas editoriales –fundamentalmente multinacionales españolas y cadenas de librerías– que, por su poderío económico y su fuerza de lobby, hasta ahora hizo lo que quiso en desmedro de la producción local. La lista de sus socios puede consultarse aquí: https://libroylectura.cl/socios/

Finalmente, el resto de los editores chilenos se nuclean en dos importantes grupos: por un lado, Editores de Chile, una asociación gremial que reúne a editoriales independientes, universitarias y autónomas (ver lista en http://editoresdechile.cl/editoriales-asociadas/); por otro, en la Cooperativa de Editores de la Furia (sus miembros son: http://editoresdelafuria.cl/content/4-nosotros). Unos y otros constituyen, por lejos, lo mejor que sucede del otro lado de la cordillera términos de edición.
Se señala, por último, que la noticia fue firmada por Paula Valles en la edición de ayer del diario La Tercera, generalmente tendencioso y del todo servicial a los intereses de las multinacionales chilenas, en desmedro de la edición independiente.

Finalizaron las dos ferias de libros:
FAS se proyecta y Filsa acusa baja de público

Ayer cerró el evento de la Corporación del Libro en el GAM y la muestra de la Cámara en la Estación Mapocho.

Mientras en la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa), la banda costarricense MartinSón daba cierre a la última jornada, luego de 18 días, el Festival de Autores de Santiago (FAS) en el GAM presentaba a Raúl Zurita y su recital poético como actividad final. Dos caras del bullado escenario literario que se dio en las últimas semanas, luego de que grandes editoriales como Penguin Random House, Catalonia, y los demás socios de la Corporación del Libro decidieran no participar del evento de Estación Mapocho. En su lugar, organizaron el FAS, encuentro que tuvo fechas en la UC (26 y 27 de octubre) y en GAM, el fin de semana recién pasado.

“Dentro de lo que planificamos, creo que ha sido un éxito mucho mayor a nuestras expectativas”, señala Arturo Infante, presidente de la Corporación del Libro.

Según él, el formato de ingreso gratuito tuvo aceptación entre los autores participantes, y no descartan proyectar el evento en el futuro. “Esto no es absolutamente incompatible con ningún tipo de feria, pero el tiempo dirá de la proyección del FAS. Ha nacido una alternativa que supongo perdurará en el tiempo”, agrega.

Por otro lado, Paula Gaete, presidenta de Cooperativa de la Furia, que participó en Filsa este año, asegura que en relación al año pasado se mantuvieron las cifras de venta. Sin embargo, las falencias de la feria, que cobró entre $ 2.000 y $ 3.000 de entrada, son las mismas de años anteriores. “Hay una baja de público constante. Se promociona muy poco, la gente va porque es una feria que lleva años y la conoce. Siempre hemos pedido rebajar o liberar la entrada, y rebajar los costos de los stands”, comenta. A pesar de eso, considera que este año tuvieron más oportunidad de participar de la programación cultural. “A falta de los autores que publican en las transnacionales, para nosotros significó tener más acceso a la programación. En ese sentido quedamos contentos”, añade.

Sin embargo, una actividad histórica dentro de Filsa eran los Diálogos Latinoamericanos. El encuentro organizado con el Ministerio de las Culturas ahora tendrá lugar en la Furia del Libro que se hará el próximo mes, entre el 13 y 16 de diciembre.

Desde la Cámara Chilena del Libro no respondieron los llamados de Culto.

Proyecciones
El destino de ambos eventos no está del todo resuelto. Se proponen ideas para modificar Filsa, y no se descarta instalar FAS como un evento más dentro de la industria. “Nos gustaría que se hiciera una feria a nivel nacional, donde todos tomáramos decisiones sobre cómo se hace. En el fondo, imitar el sistema que tienen en Buenos Aires en que se hace mediante una fundación y participan diversas instituciones”, señala Paula Gaete. En tanto, Infante ve oportunidad para el nuevo encuentro literario. “Nadie puede prever el futuro, pero FAS es algo que se inventó para quedarse”, dice. “Ahora, no es para nada incompatible con una feria grande como Filsa. Pueden ser eventos en tiempos distintos o que incluso se realicen en conjunto. Es tema de voluntad y organización”, concluye.

martes, 13 de noviembre de 2018

Las multinacionales boicotearon la Feria Internacional del Libro de Santiago 2018

Acaba de terminar la última Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile (FILSA), que este año fue duramente boicoteada por las multinacionales, hasta ahora, dueñas y señoras del espacio donde todos los años se venía realizando desde siempre. Así, la FILSA, claramente disminuida no contó con todos los expositores posibles, sino con apenas con aquéllos que decidieron confiar en que la vieja Estación Mapocho, sede de la feria, fuera un lugar más democrático. El resultado es que, a pesar de algunas ausencias destacadas entre las editoriales independientes, el evento mostró a un Chile más real, con menos materiales de rezago de esos que España les encaja a sus filiales latinoamericanas.

En la bajada de la nota se lee: “Una vez más las multinacionales, en su afán constante de poder absoluto, de tener el control de todo, de lucrar más y de manera rápida, juegan el rol de destructores del ecosistema en el cual viven. La historia la conocemos, y una y otra vez la repetimos, pero nunca es tarde para despabilarnos y activar las solidaridades que ayuden a resistir el dominio del dinero, como dice el sociólogo Pierre Bourdieu al describir el campo cultural y editorial como ese espacio en continua tensión entre el polo comercial y el polo del arte.”.

Con firma del combativo Paulo Slachevsky (foto), director general de la editorial chilena LOM, fue publicada de manera digital por El Mostrador, del 7 de noviembre pasado.





Las multinacionales de los libros:
la rana y el escorpión que muerde a Filsa 2018

Por su extensión, la nota completa puede leerse en https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2018/11/07/las-multinacionales-de-los-libros-la-rana-y-el-escorpion-que-muerde-a-filsa-2018/

miércoles, 15 de agosto de 2018

Paulo Slachevsky dice cuatro verdades sobre la actitud de la Corporación del Libro y la Lectura de Chile y sus manejos ante la Feria Internacional del Libro de Santiago


Paulo Slachevsky, director y cofundador con Silvia Aguilera de Lom Ediciones, de Chile, publicó el 7 de agosto pasado, en eldesconcierto.cl el siguiente texto, referido a la situación generada por la Corporación del Libro y la Lectura , que afecta la realización de la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA).

Para que los lectores no chilenos comprendan los términos de la nota, la Cámara Chilena del Libro es una asociación gremial compuesta por 79 socios (a marzo de 2016) provenientes de empresas editoriales, distribuidoras de libros y librerías (ver lista completa en: https://camaradellibro.cl/socios/listado-de-socios/).

Por su parte, la Corporación del Libro y la Lectura, separada de la anterior en 2015, constituye un grupo de casas editoriales –fundamentalmente multinacionales españolas y cadenas de librerías– que, por su poderío económico y su fuerza de lobby, hasta ahora hizo lo que quiso en desmedro de la producción local. La lista de sus socios puede consultarse aquí: https://libroylectura.cl/socios/

Finalmente, el resto de los editores chilenos se nuclean en dos importantes grupos: por un lado, Editores de Chile, una asociación gremial que reúne a editoriales independientes, universitarias y autónomas (ver lista en http://editoresdechile.cl/editoriales-asociadas/); por otro, en la Cooperativa de Editores de la Furia (sus miembros son: http://editoresdelafuria.cl/content/4-nosotros). Unos y otros constituyen, por lejos, lo mejor que sucede del otro lado de la cordillera términos de edición.
 
FILSA, las cartas sobre la mesa

A través de una carta dirigida al presidente de la Cámara Chilena del Libro y a la ministra de Cultura, la Corporación del Libro y la Lectura informó que sus socios no participarán este año en la Feria Internacional del Libro de Santiago, Filsa. Desde entonces se han multiplicado los artículos y opiniones en la prensa, que atizan las antiguas y siempre nuevas tensiones en el sector del libro. La declaración que hace detonar el conflicto expresa las buenas intenciones de sus actores en favor del libro, la lectura y la igualdad: “Una muestra anual y mayor del libro debe representar a todos quienes la componen, a los cuatro referentes gremiales del libro existentes hoy en Chile, y en igualdad de condiciones. Que esta debe ser una fiesta cultural atrayente, que ponga la atención de los ciudadanos en la importancia del libro y la lectura, sin limitaciones de acceso, sin fines de lucro…”, señala la misiva de la Corporación, fechada el 1 de agosto. Nadie puede negar que son bonitas las palabras que motivan la renuncia, sin embargo más de algo no funciona en esta composición: lo primero, es que a menos de tres meses de la inauguración del certamen ellos tomen tal decisión… Cuesta creer en tan pulcras intenciones.

Cabe recordar que quienes conforman hoy la Corporación del Libro son los que por décadas hicieron parte y dirigieron la Cámara del Libro junto a los que aún permanecen en dicha asociación, organizadora de la Filsa. Son los mismos que instalaron y naturalizaron, repitiendo hasta la saciedad, un modelo de Filsa tipo mall, sustentado en el privilegio de unos pocos y el lucro, como primer fin, que se expresaba en: un alto costo de la entrada para el público; una programación cultural tipo matinal de TV; el elevado cobro por stand que se ha configurado en una real barrera de entrada para los editores medianos y pequeños; la distribución del espacio tipo apartheid, donde las multinacionales dominaron toda la nave central, relegando a la edición local e independiente a los márgenes; así como la venta de saldos de bodegas acumulados por estos últimos grupos. A la luz de estos hechos, tanta manifestación de altruismo es algo que a simple vista no deja de despertar sospechas.

El lucido sociólogo francés Pierre Bourdieu estableció un interesante instrumento de análisis del mundo del libro al instalar el concepto del campo editorial, el que, al igual que el campo artístico en general, se estructura en base a «la oposición entre el arte y el dinero, nacida en el siglo XIX cuando se autonomiza el campo intelectual». En su artículo del año 1999, Una revolución conservadora en la edición, señala: «Como el libro es un objeto con doble cara, económica y simbólica, mercancía y significación a la vez, el editor es también un personaje doble, que debe saber conciliar el arte y el dinero, inclinándose hacia uno u otro polo, realizando una combinación más o menos lograda de estos dos elementos tan irreconciliables, sociológicamente, como el agua y el fuego, el amor por el arte y el amor mercenario del dinero». El análisis de Bourdieu sobre el campo editorial francés da cuenta de cómo a través del tiempo se ha acrecentado la influencia de las presiones económicas y del polo comercial, imponiendo una revolución conservadora en el sector: el triunfo de un «universal comercial que se opone diametralmente, tanto por su génesis social como por su calidad literaria, al universal literario».

Aplicar este modelo de análisis a nuestra realidad ayuda a poner las cartas sobre la mesa y a entender qué está en juego. Los cuatro referentes gremiales expresan claramente los polos del campo editorial chileno. El polo comercial está dominando por la Corporación del Libro, el de las “grandes editoriales” como lo denomina la prensa, que representan fundamentalmente al gran capital editorial: un par de grupos transnacionales que se han concentrado fagocitándose entre sí, junto a algunos actores locales que siempre se han sentido más cómodos a su lado. Le sigue en ese polo la Cámara Chilena del Libro, donde permanecen algunas editoriales de diferente tipo junto a distribuidores y algunas librerías, organización que está bastante debilitada y desacreditada, producto de la falta de iniciativa y de sus propias prácticas. Del otro lado está gran parte de la edición chilena, conformada por editoriales independientes y universitarias: Editores de Chile, Asociación Gremial de Editores Independientes y Universitarios; y la Cooperativa de Editores de la Furia; ambas reúnen a más de cien editoriales. Este sería el polo de la cultura, la clara expresión de la bibliodiversidad, que asume y defiende la Convención Internacional para la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales de Unesco en el ámbito del libro.

Es entendible que hoy la Corporación no soporte haber dejado de ser el amo y señor de la principal feria del libro en Chile. Por su naturaleza misma, estos conglomerados buscan dominar, dirigir y copar el mercado. No ser parte, o más bien dueños, del negocio de la feria atenta contra su naturaleza. A ello se suman las clásicas enemistades y rencillas personales entre quienes por largos años fueron socios en el quehacer de la Cámara. El intento por parte de la Corporación de apropiarse de la marca Filsa fue una clara expresión de la disputa, que los llevó incluso a enfrentarse en tribunales, desde donde no salieron muy bien parados luego del frustrado y poco digno empeño. También está presente el clasismo, tan propio de nuestra sociedad chilena. Que libreros y distribuidores, entre ellos los de San Diego, formen parte de la organización de Filsa, les debe ser algo incómodo, o mejor, intolerable: “los lectores y el país no se merecen una feria internacional del libro desmedrada e improvisada, menos si en su organización están excluidos los editores”. ¡Qué falta de clase, por favor!

Por último, y no menos importante, es cómo se ha leído y valorado esta sustracción a participar, o ausencia de la Corporación en Filsa, que nos devuelve un buen reflejo de nuestro “malinchismo” inherente. En el mundo del libro, este apego a lo extranjero, menospreciando la producción propia, es pan de cada día, porque ha colonizado las mediaciones públicas del libro: desde la valoración que hacen buena parte de los periodistas y editores de prensa en los esmirriados artículos y críticas literarias, hasta quienes deciden los libros que se compran para bibliotecas escolares del Ministerio de Educación, donde año tras año se denigra la edición local. Por supuesto, esta colonización también ha tocado a muchos autores, quienes ven una consagración el ser editados por una transnacional: luce como una brillantina de éxito globalizado. Por lo demás, claro está, les asegura prensa express, vitrinas en librerías, mayores ventas y entrada al establishment literario y cultural del país. Así las cosas, y por las alarmantes reacciones que se leen en la prensa, pareciera que sin la presencia de estos grandes grupos se hiciera la noche en el mundo editorial chileno y no fuera posible la existencia de una Filsa con otra cultura organizacional. Pero como podemos ver, razones no faltan para intentar comprender este quiebre, más allá de las bellas pero poco consistentes palabras de sus detractores.

Podemos pensar en esta crisis como una oportunidad para abordar de una vez por todas, de manera seria y responsable, qué queremos hacer del mayor evento del libro de Chile. Claro está que nos falta mucho para que Filsa sea una verdadera fiesta de la cultura y del libro –como lo son, en formato y aspiraciones más modestas, la Furia del Libro y la Primavera del Libro–; el modelo que hemos conocido, y que se reproduce a sí mismo cada año, lleva tiempo mostrando signos de franco deterioro. Hace años también que se han presentado propuestas, y claro está que hoy se hacen urgentes los cambios de forma y fondo, por lo que es hora de que el protocolo de acuerdo entre las cuatro asociaciones firmado en años anteriores logre dar pasos sustantivos en la construcción de un modelo diferente de gestión participativa, donde Filsa deje de ser fundamentalmente un negocio para sus organizadores.

Bienvenidos los que desean sumarse a la construcción de espacios diversos, inclusivos y participativos, poniendo el interés colectivo como horizonte. En tiempos de luchas feministas hay mucho que aprender; entre otras cosas, que a veces hay que saber callar, lo que significa volver al silencio para reflexionar y desprenderse de las lógicas del dominador. Este ejercicio nos ayudará también a enfrentar de manera diferente los múltiples desafíos del mundo del libro, que van más allá de Filsa, y donde es necesaria la participación de todos para avanzar en la construcción de un ecosistema diverso, con equilibrios básicos, para que el libro recupere su base cultural, educativa y liberadora por sobre el carácter comercial. Chile necesita potenciarse como país creador y productor a nivel intelectual, para no seguir condenados a una economía desigual y de exportador primario: a ello aspira la Política Nacional de la Lectura y el Libro.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Grandes editoriales independientes chilenas

La labor de todas las pequeñas editoriales independientes mencionadas en los días previos ha sido precedida por una serie de editoriales hoy decanas de la edición independiente en Chile.
  
“Desde su fundación en 1984, Editorial Cuarto Propio –se lee en el sitio de esta editorial dirigida por Marisol Vera– ha cumplido un rol decisivo en la difusión de un pensamiento crítico y una literatura, que configuran un cuerpo cultural indispensable.

Inspirada en el manifiesto feminista de Virginia Woolf y creada para dar salida al pensamiento crítico vetado durante la dictadura, nuestra editorial ha sido compañera de ruta de gran parte de los más destacados autores y autoras nacionales. 

Después de 28 años Cuarto Propio sigue el rumbo trazado fuera de los mapas dibujados por el mercado, aportando a la reflexión y a la creación más de 500 títulos publicados en Chile y el extranjero.”

Con librería propia en Esmeralda 752, Local B (Centro) y una distribuidora que además comercializa a numerosas sellos argentinos y peruanos, el catálogo de Cuarto Propio busca aportar al desarrollo de la investigación y del pensamiento crítico en diversos géneros y disciplinas tanto en el área humanista como de las artes en general. Asimismo, se interesa en las nuevas voces y en reflejar toda suerte de diversidad.

Acaso por su catálogo y dimensiones, pero también por su multiplicidad de intereses, por los muchos riesgos que corre y por su política de precios económicos en un país donde los libros son francamente caros, LOM recuerda, en cierta forma, al Centro Editor de América Latina.

Corresponde entonces comenzar hablando de LOM, la creación de Paulo Slachevsky y Silvia Aguilera que, con un catálogo vivo de más de 1.300 títulos, unas 80 novedades anuales entre títulos originariamente escritos en castellano y traducciones, dos librerías  propias y una afianzada cadena de distribución, es una de las mejores referencias que Chile le ofrece al mundo.

De acuerdo con la declaración de principios que ofrece en su sitio web, “LOM Ediciones nace en 1990 como un proyecto de carácter cultural que fomenta la lectura, la creación, la reflexión, la memoria y el pensamiento crítico a través de la palabra escrita.

Desde entonces, busca contribuir a reponer al libro como centro de nuestro quehacer, intencionando con ello procesos educativos, potenciando sujetos curiosos, con mirada crítica del mundo, que les permita transformarse y transformar sus prácticas y las de la realidad que les toca vivir, capaces de ser creadores y actores de su sociedad. De este modo, desde sus inicios, LOM se ha propuesto hacer del libro un objeto interpelador y transformador.

Hoy, con más de veinte años, LOM Ediciones ha publicado más de 1.300 títulos. Entre ellos se puede encontrar la más importante colección de poesía chilena, así como textos imprescindibles y fundamentales en las áreas de la historia chilena y latinoamericana, filosofía, ciencias políticas, sociología, psicología, novelas y cuentos, memorias y testimonios, teatro, literatura infantil y juvenil, investigación periodística, humor, fotografía y artes, pedagogía y educación. Libros que buscan siempre convocar a los más amplios públicos.

La actual presencia que LOM Ediciones tiene en la escena cultural chilena y latinoamericana, se debe no solo a que ha logrado conformar un catálogo que reúne a nuevos autores, a connotados creadores e intelectuales chilenos y latinoamericanos, y a destacados clásicos de las letras universales, dentro de una enorme diversidad temática; sino también porque ha logrado ser un proyecto independiente, coherente y  con una línea editorial consistente.

Tenemos la convicción de que el conocimiento y el acceso a la cultura es fuente de liberación, y que el libro debe ser un instrumento democratizador de nuestras sociedades. Por ello, desde los inicios, hemos apostado a una política donde nuestros títulos no tengan como obstáculo las capacidades adquisitivas de los lectores. Que el libro esté al alcance, tanto en forma, como en sus contenidos”.

Por su parte,Tajamar Editores nace el año 2002 con tres colecciones claramente definidas: Edición limitada (poesía), Narrativas y Alameda (ensayo, crónica, crítica literaria). En la actualidad, las tres colecciones iniciales se mantienen pero se ha sumado una de libros infantiles y educativos.

Desde un principio se buscó crear una editorial independiente con un perfil de rigurosidad tanto en la construcción de su catálogo como en el trabajo de edición de cada libro. Todo esto se ve reflejado en las magníficas ediciones que produce y en el extremo cuidado de sus traducciones, cuando éste es el caso. Así, autores como Cavafis, Scott Fitzgerald, Rimbaud, Jonathan Swift, James Miller o Rubem Fonseca (lamentablemente el sitio web no consigna el nombre de los traductores) alternan con lo mejor de la literatura chilena.

Finalmente, de acuerdo con su sitio web, “Aunque constituida en 1986, es a partir de 2003 cuando Ediciones Universidad Diego Portales se reestructura y crea una serie de colecciones que, rápidamente, la han situado como una de las editoriales más importantes del país, con numerosas reimpresiones y alcance internacional. Entre los propósitos de la editorial se encuentra, entonces, ya no sólo la publicación de textos de divulgación académica, sino también, y sobre todo, de obras literarias, filosóficas, humanistas y científicas de gran relevancia para el país y, no pocas veces, para todo el mundo de habla hispana.

Ediciones Universidad Diego Portales, que actualmente cuenta con la constante colaboración de destacados editores, diseñadores, fotógrafos y críticos, comenzó su renovación con la publicación de un libro inédito del incomparable poeta viñamarino Juan Luis Martínez, inaugurando así la colección Poesía, la cual se incrementó –y se sigue incrementando– con el rescate y la edición de libros fundamentales de Nicanor Parra, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Enrique Lihn y Claudio Bertoni, entre otros.

Huellas, por su parte, es una colección de puertas amplias pero exigentes: los ensayos literarios de José Donoso y Christopher Domínguez Michael, los escritos de Carlos Droguett y las conversaciones con Roberto Bolaño conforman, hasta hoy, parte del exclusivo catálogo.

Pensamiento Contemporáneo, en tanto, constituye el tercer flanco con que la editorial ha aumentado su alcance y renombre. Esta colección recoge la reflexión y la crítica de distintos pensadores, destacando los debates sobre el inconsciente, los diálogos con Raúl Ruiz, los ensayos de Clarence Finlayson y los estudios filosóficos de Roberto Torretti.

Con la idea de seguir ampliando las áreas temáticas abordadas por nuestra editorial, han surgido nuevas colecciones, entre ellas destacan: Bicentenario, Indicios, Biblioteca Joaquín Edwards Bello, Pensamiento visual y Vidas Ajenas. En vísperas del Bicentenario, hemos creado una colección que rescata parte de nuestra historia. De este modo, el primer libro publicado, y que constituye un pilar fundamental, es un contundente volumen que reúne las cartas de Diego Portales. La segunda colección tiene por objetivo traducir autores de la categoría de Samuel Beckett o Arlette Farge. La Biblioteca Joaquín Edwards Bello, por su parte, es un importante proyecto que pretende reunir, en más de diez tomos, las crónicas de este incomparable escritor chileno. La colección Pensamiento Visual está enfocada a establecer vínculos con la disciplina artística. Con el libro Textos sobre arte de Enrique Lihn, hemos iniciado la tarea de recoger una parte crucial e inexplorada en este ámbito. Por último, la colección Vidas Ajenas está destinada a recoger las biografías de destacados personajes como Benjamín Vicuña Mackenna o el escritor francés Pierre Drieu la Rochelle”.

Pese a la belleza de sus ediciones, existen con todo voces críticas. Hay quien dice que la editorial es una forma barata de publicitar a la UDP que, como todas las universidades en Chile, es privada y no necesariamente de las más económicas.. En todo caso, podría oponerse a ese razonamiento que ésa es una forma inteligente de administrar recursos antes que una falla. Sin embargo, hay otras dos cuestiones que vale la pena atender: en primer lugar, trabajando exclusivamente sobre autores consagrados, las ediciones UDP, a diferencia de sus otros colegas, no toman riesgo alguno y terminan siendo muy conservadoras; luego, el precio de los libros suele ser muy alto, no sólo para los estándares chilenos, sino para toda Latinoamérica. Si bien es cierto que el catálogo de poesía sólo incluye a autores probadamente consagrados y que en la elección de autores extranjeros latinoamericanos hay una cuota de snobismo ("sólo está lo que se va a usar esta temporada", dicen algunos con maledicencia), las ediciones UDP cumplen una función bien específica en el campo editorial chileno y, guste o no, resultan insoslayables.

Por supuesto que este panorama podría ser todavía más amplio. Se mencionan, sin entrar en detalle, editoriales como Metales Pesados, Palinodia, Kultrum (de Valdivia), Amapola, Mandrágora, La Polla Literaria, la extraordinaria Pehuén, etc., y las muchas prensas universitarias que en la actualidad están trabajando para lograr catálogos más ambiciosos y mejores. Sirvan entonces esta serie de breves entradas para despertar la curiosidad de los lectores y descubrir a éstas y a otras muchas editoriales trasandinas.











viernes, 14 de noviembre de 2014

Un panorama de otras pequeñas editoriales independientes chilenas presentes en la FILSA

Concluye hoy, seguramente con omisiones, este breve recuento de las pequeñas editoriales independientes chilenas, quedando para el lunes próximo la presentación de algunas de las más antiguas y, por catálogo y tradición, fundadoras del libro independiente en Chile.


Consultado especialmente sobre su editorial Alquimia, Guido Arroyo la presentó en los siguientes términos: “Alquimia ediciones es una editorial independiente que comenzó a publicar el año 2006  libros de forma artesanal. Desde el 2011 el sello está estructurado en colecciones de narrativa, poesía, ensayo, rescate patrimonial y artes visuales, publicándose entre 2011 y 2014 cuarenta y ocho títulos. Nuestro catálogo se caracteriza por publicar obras experimentales que problematizan los géneros literarios, procurando agregar detalles gráficos a los libros y una cuidada edición. Nuestro objetivo es operar como una morada para obras que inviten la relectura, mezclando autores consagrados con inéditos, pues lo que nos importa siempre es la calidad del texto. Para nosotros, una editorial es una forma de política. El simbolismo de nuestro nombre nos caracteriza: creemos que el arte de editar demanda un compromiso con los materiales que están en movimiento: el lenguaje, el conocimiento, la imagen y la posibilidad crítica del lenguaje. Publicamos obras que nos apasiona leer. Publicamos obras, que creemos resistirán un poco al fugaz paso del tiempo, que como decía Bolaño, hará que pronto nos olvidemos de Shakespeare”.
  
En Santiago también se consiguen los libros de Ediciones Tácitas, un sello enormemente sofisticado que alterna lo foráneo con lo propio. Un reciente artículo sobre las editoriales independientes chilenas señalaba: “Ediciones Tácitas (…) se caracteriza por fomentar traducciones hechas por chilenos al castellano chileno de variadas obras, tanto clásicas como contemporáneas; versiones rigurosas y anotadas de Platón, Tucídides, Catulo, Odiseo Elytis, Horacio, Guy Davenport, Tom Raworth”.

Cuadro de Tiza, en cambio, es una editorial independiente, que se dedica a la publicación de plaquettes de poesía y ensayo, y que inició sus actividades en el año 2010. Víctor Ibarra, Julieta Marchant y Nicolás Labarca –su creadores– señalan en su sitio web a propósito de la editorial: “Nos interesa, básicamente, la relación entre poesía y pensamiento. es decir, tratamos de elegir –para el catálogo de poesía– obras y autores que trabajen desde la sospecha y tal vez desde un cierto grado de opacidad en el lenguaje. Nuestra idea siempre ha sido publicar poesía que tensione, que conmueva y que también abra el universo múltiple de la lectura. Libros que parecen relampaguear cada vez que son leídos, que se entregan a la duda y que están lejos de la mera ocurrencia. desde el interés por ese vínculo entre poesía y pensamiento, comenzamos la colección de ensayo, abocada a la filosofía y la estética.”.

Lolita Editores, por su parte, dirigida por Francisco Mouat, nació en mayo de 2010. En su página web afirman: “Se trataba de crear un sello independiente donde pudiéramos publicar los libros que soñábamos. Teníamos una idea, no teníamos dinero. Formamos el Club de Amigos y Lectores de Lolita Editores y pudimos arrancar. Buscamos un primer título que rayara la cancha, y llegó a nosotros por una maravillosa sincronía: Luna en Capricornio, de María Inés Zaldívar. Un libro de poesía era el mejor modo imaginable de expresar nuestro deseo de primero querer a los libros, y después salir en busca de sus lectores”.

Por su parte, Ediciones Inubicalistas, de Valparaíso, comenzaron a funcionar en 2009 haciendo libros artesanales de poca tirada, portadas serigrafiadas y cosidos a mano en estrecha colaboración con los autores. Según una entrevista publicada en 2010 en elvendedordetierra.wordpress.com, con el poeta chileno Rodrigo Arroyo, “El nombre en sí viene de una revista que Felipe Moncada Mijic dirige, llamada La Piedra de la Locura, y en el cual se describe el Inubicalismo como una postura crítica e irónica frente a la literatura, o las escenas literarias que se van formando en el tiempo. La idea surge por tener un espacio que de cabida a textos o poéticas que, no todas en la práctica lo son, estén fuera de las líneas que dichas escenas suelen generar en su actualidad”. Allí Arroyo comenta que en su proyecto lo acompaña “un gran amigo, poeta y físico, Felipe Moncada, quien lleva cinco libros publicados (Irreal, Carta de Navegación, Río Babel, Músico de la corte, Salones) y ocho números de La Piedra de la Locura )”. Luego declara: “Vivimos y trabajamos en Valparaíso, en la casa. Hacemos los libros en forma artesanal; diagramamos con Pagemaker, que sí, está discontinuado, e imprimimos en casa. Usamos impresora de tinta líquida –inyección– y de polvo –láser–. Luego doblamos los cuadernillos impresos y cosemos los libros manualmente. Las portadas las hacemos con cartulinas de de colores y texturas diversas, imprimiendo sólo el título, con serigrafía, o bien en las mismas impresoras. El único trabajo externo es el guillotinado, que lo hacemos en imprenta”.

Otra editorial independiente que trabaja en regiones es la editorial Cinosargo, de Arica, que imprime sus libros en la ciudad de Tacna, Perú, con costos que les permiten editar entre 500 y 1.000 ejemplares de cada título. Por su posición fronteriza, esta editorial, que ha privilegiado géneros como el cómic, el terror, la ciencia ficción y el cyberpunk, distribuye internacionalmente y está en contacto directo con otras provincias del norte como Iquique, Antofagasta y Copiapó, además de ciudades de Bolivia y Perú.









jueves, 13 de noviembre de 2014

La Calabaza del Diablo, una consecuente editorial independiente chilena

Marcelo Montesinos
Considerada una de las precursoras del actual panorama editorial independiente en Chile, La Calabaza del Diablo cuenta con imprenta propia, funciona desde 1997 y ya tiene más de cien títulos, entre narrativa, poesía y memoria, arte y ciencias sociales. Dirigida primero por Jaime Pinos (1998-2003), Nicolás Cornejo (2008-2010) y Gonzalo León (2007-2013), su actual director editorial es Marcelo Montecinos.

Éste, en julio de 2013, publicó la siguiente columna en la Edición Nº 12 de El desconcierto.cl:

“Desde el año 2011 a la fecha, nuestra sociedad está viviendo momentos decisivos. La irrupción del movimiento social, expresado con mayor fuerza por los estudiantes, ha golpeado el tablero de nuestra clase política. Todo indica que vienen cambios profundos a partir de esa activación social.

El 2011 debe constituirse en un hito que indique la fecha de inicio que marque el final de la transición chilena. Si esta fuerza social logra cambiar la Constitución Política de 1980, podremos decir que finalmente nos estaremos deshaciendo de aquella legalidad política de amarre creada por la dictadura de Pinochet.

Considerando lo anterior como un precedente y un contexto necesario para analizar todo aquello que es expresión de las diversas formas de desarrollo de cualquier sociedad, es que se va haciendo urgente expresar nuestros puntos de vista. Esto en calidad de editores independientes. Unos más, otros menos, hemos ido configurando una nueva realidad y acumulando experiencias que nos ubican como actores importantes de un segmento cultural y, por qué no decirlo, también económico.

Hoy es posible hablar de una realidad editorial muy diferente a la de hace 15 años atrás. El medio ha constatado la llegada y construcción de un mundo editorial diverso al representado por las transnacionales. El llamado mundo de la edición independiente se las ha ingeniado para dar realidad a nuevas voces. Gran parte de la poesía y de la narrativa actual fluyen a través de la sangre de editoriales independientes. No es menor que la mayoría de los escritores contemporáneos estén formando parte de estos catálogos. Se está en presencia de una práctica diferente en relación al mundo del libro transnacional.

Permanecer en este costado, en el espacio construido por estas editoriales, reconocer pares en otras ciudades y latitudes, significa que en Chile ya se ha conformado una nueva escena del mundo editorial. Nueva escena que ha venido a revitalizar el medio; con sus catálogos, sus encuentros y mesas redondas y ferias del libro independiente, a la par de preocuparse por dar forma a una distribución en las redes de librerías. En fin, todo lo que colabora en la disputa por el espacio de la cultura y la industria del libro al poder hegemónico de esta economía. “Disputar”, pienso, es el verbo que debe conjugar un editor independiente.

Unos de los problemas en Chile tiene que ver con la escasez de librerías. Éstas figuran en cadenas de malls y puntos específicos de la capital. Obvio, un negocio obedece a datos puntuales y estadísticos, pero si sólo eso es lo que cuenta, no es sorpresa que este negocio, las más de las veces, termine convertido en un témpano. En una ocasión me tocó escuchar al editor de una transnacional decir que el mercado chileno del libro representa el lugar en donde termina la cadena del libro. Es decir, en esta perspectiva Chile no constituye un mercado atractivo, no posee autores importantes, tampoco libreros y menos editores. Nunca he olvidado esta aseveración, porque mi oficio es el de editor y porque, fundamentalmente, cualquier ser humano bien puesto debe rebelarse ante una afirmación tan destructiva. ‘Rebelarse’, pienso, es otro verbo que debe conjugar un editor independiente.

En este cuadro, vale la pena hacer valer la idea de cierta protección a este segmento de la industria nacional. Protección, no subvención por parte del Estado, pues se debe entender que la industria del libro tiene poco que ver con la venta de zapatos. En este contexto estamos hablando también de un bien cultural. Transmisor, si queremos, de cierta identidad que nos constituye como pueblo.

Puntos de venta del Estado, sustentados en la compra a editoriales independientes y que acrediten su aporte a la producción cultural nacional a un precio preferente, para que los catálogos estén integrados en nuevas librerías periféricas. Con ello se amplía una red de venta hacia sectores que no acostumbran a circular por los reconocidos como obvios. Que el Estado gestione librerías en espacios públicos, en donde cualquier lector de escasos recursos pueda tener a su alcance un libro de literatura chilena. Al mundo de la edición independiente, en estas circunstancias, no le molestaría hacer un trato con el Estado. Por ejemplo, a través de la venta por el plazo de un año de ejemplares del catálogo, y que si al finalizar ese tiempo aún hay títulos que no han tenido movimiento, tener la capacidad por nuestra parte de devolver ese pago anticipado que ha permitido mantener en funcionamiento la cadena de producción. En este caso, el Estado no subvenciona.

Esto que se plantea tiene un trasfondo no menor, y dice relación con ir avanzando en la generación de un Registro Nacional de Editoriales, al cual debieran poder optar aquellas que posean un catálogo mayoritariamente constituido por autores chilenos y cuyas casas matrices se encuentren en el país, para evitar que el Estado siga subsidiando, a través de sus distintos fondos concursables y programas de apoyo, a las filiales de las trasnacionales de la edición instaladas en el país.

Pensamos que a esta altura insistir en que el eje de la discusión del valor del libro y su poca venta apunta sólo a restringir el 19% del IVA es desviar el foco de atención, pues se sabe que el alto valor de las ediciones, entre otros motivos, también tiene que ver con el tiraje. Va siendo hora de olvidarse de las grandes tiradas tipo Quimantú (1970-1973), por ejemplo.

En esta perspectiva, otro elemento que parece necesario es que el valor de las ediciones figure en la portada, para evitar depender de lo que cada dueño de librería y su criterio definan como precio de venta final, el que es independiente, muchas veces, del Precio de Venta a Público (PVP) que el editor fija.

Es éste un momento muy importante en muchos aspectos para el país. En el mundo de la edición independiente se están produciendo movimientos que indican un mejor presente y futuro. El momento actual exige proponer modos de actuar menos simbólicos. No necesitamos de editores que no editen, menos que terminen convertidos en meros operadores del mundo del libro. El tiempo presente y el que viene necesita de actores comprometidos con su oficio; no habrá espacio para especulaciones”.

La Calabaza del Diablo ha presentado en la última Feria del Libro de Santiago de Chile una notable serie de traducciones. Se trata de El bebe de la muerte, de Anne Sexton (traducción de Verónica Zondek), Los sonidos diminutos, de T.E. Hulme (versión de Marina Popea y Fernando Concha), La Roca, de Wallace Stevens (versión de J. M. Silva Barandica), Work Songs, de Patti Smith (versiones de Rodrigo Olavarría) y Kadish y otros poemas, de Allen Ginsberg (versión de Erik Martínez).

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Cuneta Ediciones y Das Kapital: dos jóvenes editoriales chilenas independientes

Publicada por la revista Tapiz, el 22 de mayo de este año, la siguiente entrevista de Roberto Doveris se ocupa de la Editorial Cuneta, una de las que forma parte de la Furia de la Edición.

Publicaciones independientes que refrescan 
el panorama literario en Chile


Les pregunté a mis amigos aficionados a la literatura qué entrevista les gustaría leer en Tapiz, y me recomendaron ir directo a los chicos de Editorial Cuneta. ¿Por qué? Pues porque son una editorial independiente con uno de los catálogos más interesantes del panorama chileno, y además porque son los fundadores de la Furia del Libro, evento que reúne a las editoriales independientes y a los escritores jóvenes. Sí alguien conoce qué es lo que está ocurriendo con los escritores locales, son ellos… acá les copio un resumen de quienes son y la conversación que tuvimos.

Galo Ghigliotto – Director /
Gerardo Valle – Asistente de Dirección /
Francisco Ovando – Narrativa /
Lucas Costa- Poesía / 
Ian Campbell – Diseño

–Partamos del principio para quienes no los conocen, ¿cómo se inicia el proyecto de Editorial Cuneta?
–Galo: Cuando empezamos con el proyecto la idea era hacer una editorial para publicar libros de forma pirata. Habíamos visto como en Argentina estaba ocurriendo ese fenómeno, publicaban traducciones de autores imposibles de encontrar en las librerías, y nuestra idea era hacer eso, entremedio surgió la idea de reeditar libros que no se encontraban en ningún lado. Por eso el logo es un encapuchado. Publicamos a Pasolini, a Bolaño, a Jaime Saénz, y luego comenzamos a publicar cosas inéditas.

–¿Y esas primeras publicaciones piratas, donde las vendieron?
–Galo: En la furia del libro. En el 2008 yo estaba en otra editorial y tenía la idea de Cuneta en la cabeza, y con Arturo Aguilera (diseñador) echamos a andar el proyecto, aprovechando la posibilidad de La Furia del libro,  además de internet. Nunca pensamos pasar por librerías, así que comenzamos esa Furia del Libro con las editoriales independientes, armamos un lote de 18 y se armó una red de trabajo inmediata.

–¿Cómo es esa red en Chile? Muy incipiente?
–Galo: Mira, es joven pero organizada porque existen gremios. 

–¿Cuál sería la diferencia entre una editorial independiente y otra que no lo es?
–Galo: El tema de la independencia está en cuestión, últimamente. De hecho hoy es un valor agregado; acá en Chile tiene una connotación de calidad,

–O sea es una diferencia cualitativa, no cuantitativa. 
Galo: Sí, hay un montón de editoriales autodefinidas como independientes operando como cualquier editorial. Hace poco tuve una pelea con un tipo en Internet, porque decía que él editaba en su editorial a todo el mundo, pero en realidad él prestaba un servicio de imprenta, no una editorial.

–Francisco: La diferencia pasa también por el catálogo. Hay un planteamiento, una idea estética, una línea editorial en el fondo. Identidad. No se trata de textos comerciales, es un afán de publicar cosas interesantes.

–¿Qué pasa con la autoedición?
–Gerardo: O sea… editarse a sí mismo no. Editar las cosas que te parecen mejor y que crees que deberían salir, sí.

–Lucas: Publicar los libros que te gustaría que se publicaran, a la larga. O sea, cobrarle a un autor por editar un libro es cualquier cosa menos una práctica editorial. Una editorial tiene una línea, un punto de vista, un catálogo.

–Si hay gremios y están organizados, me imagino que deben tener un punto de vista sobre las políticas públicas del libro (o la falta de ellas). Nos podrían contar cómo es el panorama, para los que estamos menos metidos en el mundo editorial…
–Galo: Hay 3 gremios principales. El más antiguo es la cámara del libro, que agrupa a todos los que comercian con el libro (librerías, editoriales, distribuidores, etc), después viene la Asociación de Editores de Chile, creada en los noventa y con la idea de agrupar editoriales independientes y también algunas editoriales universitarias, y el tercero es la agrupación de editores de La Furia, creado por nosotros. El año pasado trabajamos en conjunto presentando peticiones a los candidatos presidenciales, y ahí se les solicitó a todos la eliminación o una rebaja al IVA del libro, mayor facilidad para la difusión, etc.

–¿Hasta ahora esas políticas son desiertas? ¿Un libro es como un yogurt en el mercado?
–Galo: Sí. El comando Bachelet de las seis medidas que presentamos tomaron 5, salvo la eliminación del IVA. Ahí uno se da cuenta que ese es el gran problema que hay en Chile. Lo que más queremos en este minuto es fijar un precio único, precio en tapa, para evitar la especulación, protegiendo el libro y que no se disparen los precios.

–Francisco: Para Cuneta algo así sería ideal, nuestro objetivo es poner el acceso a libros de calidad. Por eso sacamos colecciones baratas, y al no tener la protección del precio los libreros podrían lucrar con nuestros libros libremente.

–Respecto a la calidad del libro y la vocación hacia el lector, ¿cómo opera la selección y el criterio para escoger a los autores de Cuneta?
–Gerardo: Tenemos cinco colecciones. Plan Maestro (Narrativa), Almácigo (Narrativa emergente), Menos es Mas (Poesía), Ourobóros (Reediciones) y Traducciones (Poesía internacional).

–Galo: Lucas es el que dirige el catálogo de “Menos es Más”, él busca los textos y entre todos los comentamos. Nos gustaría organizar mejor la llegada de textos, porque recibimos mucho material.

–Francisco: Queremos hacer un llamado el segundo semestre de este año para el 2015. Ahí se ven los trabajos que alcanzan nuestro criterio editorial, y algunos se comentan para que el autor los trabaje. Si el texto viene con poco trabajo puede rechazarse sin comentarios.


–Pero más allá de bueno o malo, me gustaría conocer cuál es la segunda capa de la selección. ¿Qué buscan encontrar uds. en los textos?.

–Lucas: Yo por ejemplo, busco encontrar cosas poco exploradas en Chile. Por ejemplo ahora vamos a publicar “Trasatlático” que es un poema largo, algo poco trabajado en la poesía chilena. Está muy bien hecho y es interesante para el panorama actual, por eso uno pone el ojo en esas cosas. Uno tiene que pensar en qué va a incidir un libro en nuestro contexto.

–Hablando del contexto nacional, ¿qué relación tienen ustedes con la novísima poesía chilena?
(Nadie responde)

–¿Ninguna?
–Galo: Yo llegué en medio de la novísima y la verdad es que hoy ya no hay ninguna relación.

–Lucas: Los años igual hablan por sí solos. Como que los textos ya se cayeron por su propio peso. Hay cosas más interesantes, y además andar con esas cosas de pandillas es un poco fome.

–Galo: ¿Y nosotros? (Risas)

–Francisco: Mira, hay literatura demasiado interesante hoy en día y no están ligados a la novísima, eso es todo.

–Y en narrativa, ¿cómo está la cosa?
–Francisco: En Almácigo tenemos la prerrogativa de publicar primeras obras. La narrativa joven es un espacio súper difícil, a los escritores les cuesta mucho ser publicados. Así como dice Lucas, lo primero que uno ve en un texto es la apuesta, tomarle el riesgo de ese texto, algo inherente al narrador joven.

–¿Y en esa sección está todo por hacerse no?
–Francisco: Si, se viene Carlos Araya inminentemente, y varias sorpresas más durante el año. Eso es lo que estamos haciendo, leyendo muchas propuestas para tener el mejor catálogo posible.

–Me llamo la atención que estuvieran reeditando a minas potentes de los años ochenta y noventa. Carmen Berenguer, Elvira Hernández, Soledad Fariña y Alejandra Costamagna. Tiene que ver con que hay alguna tradición machista en las editoriales?
–Galo: Los textos potentes de los ochenta fueron escritos por mujeres.

–¿Por qué no se habían reeditado entonces?
–Galo: Porque no son comerciales. Ese es el tema, justamente ese es nuestro punto en la editorial, poner a disposición de los lectores aquello que no se encuentra, y eso se aplica tanto para autores nuevos como para textos importantes del pasado.

–El trabajo de diseño de los libros de la editorial tiene mucha personalidad.
–Ian: Cuneta parte con Arturo Aguilera en diseño, y él tiró las líneas de la gráfica con un sello bastante propio, utilizando principalmente el collage. Eso le imprimió una identidad a la editorial súper fuerte, grabándose en la memoria de las personas. Yo seguí ese sello.

–No te pasa que con autores siempre llegan con ideas demasiado claras con lo que quieren en la tapa del libro.
–Ian: Siempre es un diálogo, y las ideas son bienvenidas, pero el collage siempre es nuestro leit motiv. Acá en la oficina hay una caja, una suerte de baúl de imágenes, donde todos traemos recortes y cuando tengo que diseñar saco desde ahí las cosas. O sea el collage es súper material, obviamente hay correcciones digitales, pero el trabajo comienza de forma súper artesanal.

–El collage dialoga bastante con el concepto de “cuneta”
Ian: Sí, es el sello que tiene nuestra editorial también, desde su nombre hasta sus principios.

–Chicos, muchas gracias por la entrevista y suerte en todas las publicaciones que tienen agendadas para el año, estaremos atentos!


Das Kapital

Camilo Brodsky
“Das Kapital Ediciones es un proyecto que se sustenta en la certeza de que la base del circuito editorial son los autores y lectores que rodean, circulan y dan vida al texto. El acto liberador de la literatura es, para nosotros, un ejercicio democratizador, que debe apuntar a enriquecer culturalmente a sus actores y a la sociedad en su conjunto. En eso estamos. Tratando de emprender ese camino. Nuestra editorial está conformada por Camilo Brodsky en la dirección y Tania Encina V. en la edición general.”

Publicado en La Nación Domingo, un reportaje de Fernando Cea sobre algunas editoriales “independientes”, o microeditoriales, entre las cuales aparece mencionada Das Kapital y citado nuestro director, herr Brodsky. Como aparece más bien tangencialmente el asunto de nuestra posición como editorial frente a distintos temas en el artículo en cuestión, y como una forma de aprovechar el envión para compartir algunas de nuestras ideas sobre la labor editorial, les dejamos acá el cuestionario in extenso que respondió Brodsky para la realización del reportaje, y que por razones obvias de economía mediática se redujo a un par de líneas. El reportaje publicado por LND lo pueden leer siguiendo este link.

–¿Cómo nace Das Kapital ediciones y a qué problemas se enfrentó en un comienzo?
–Varios de nosotros veníamos hace rato trabajando en el tema editorial, por distintos lados. Tania Encina y yo estuvimos vinculados durante años a Cuarto Propio, Galo Ghigliotto venía de Mantra, y Varinia Brodsky trabajó el tema producción editorial en el MAC. Además, al menos tres de los socios llevábamos un tiempo metidos en la cosa literaria (Guillermo Valenzuela, Galo y yo), por lo que había también una red de contactos que nos parecía podía ser, como ha sido, nuestro principal capital a la hora de pararnos con un  proyecto editorial que tenía como uno de sus ejes el desarrollar una relación estrecha con sus autores, en términos de edición, seguimiento, difusión, etc. Respecto de las dificultades, yo creo que lo central es la precariedad con que se empieza en esta pega, y que tiene que ver con la ausencia casi absoluta de una legislación y de herramientas estructurales (legales, tributarias) que sirvan de apoyo para la indsutria editorial nacional. Y aquí no me refiero sólo a las editoras chicas como la nuestra, sino a todas las que deben vivir la indolencia e incluso la prepotencia de las trasnacionales agrupadas en la Cámara Chilena. Ahora, este tema tiene que ver también con que desde el Ejecutivo no existe una política cultural, no ha existido la voluntad de proyectar una política cultural, sino que más bien se traspola la lógica licitadora del laguismo y se entrega a privados, fondos concursables mediante, la ejecución del proyecto cultural.  Eso es no hacerse cargo de los requerimientos de una política cultural. No se puede pretender que los centros culturales, las bibliotecas comunitarias y otras iniciativas de las cuales el Estado debiera hacerse cargo de manera más directa, deban competir por recursos con los autores, las editoriales o las universidades; no es coherente que la mayoría de las editoriales nacionales, acorraladas por las transnacionales y el IVA, tengan que depender de las licitaciones del Mineduc y otros fondos para financiar sus líneas de edición poco rentables, como la poesía y el ensayo, principalmente de autores nacionales. Acá lo que corre es la ley del mercado pura y dura, sin muchos matices, y eso en ninguna parte puede ser considerado una política pública, menos aún en el ámbito cultural.

–¿Cuáles son las colecciones de su catálogo, dónde está puesto el énfasis?
–No es nuestra intención restringirnos en este tema. Si bien lo más probable es que en un principio el énfasis lo pongamos en obras de autores nacionales, principalmente narrativa y poesía, no desechamos para nada el abrirnos a otras áreas, como lo demuestra nuestra voluntad, al menos, de levantar una colección infantil y juvenil, así como una línea de cómic y pronto, ojalá, una de pensamiento social, por ejemplo. Otro tema que nos llama fuertemente la atención es multiplicar las traducciones propias, tanto de clásicos como de autores contemporáneos, pues nos parece central “abrir cancha” en ese sentido, permitiendo de paso que los propios autores nacionales tengan un mayor acceso a obras escasas en el mercado chileno, o directamente prohibitivas por sus precios, fijados desde las trasnacionales y castigados por el IVA y los impuestos de internación.

–¿Cuál sería la identidad (o los puntos fuertes) de Das Kapital como editorial independiente, y en el fondo qué es ser independiente en Chile a tu juicio?
–A mi eso de ser o no independientes me parece más un eufemismo que otra cosa. O sea, ¿independiente de qué? Se quiera o no, para sostener un esfuerzo editorial no subsidiado, es necesario operar con criterios comerciales, al menos en parte. El que diga otra cosa, se está engrupiendo solo. Y el problema de eso es que, al trabajar la mayoría de las microeditoriales con autores nacionales y en líneas de bajo impacto comercial, como la poesía, los costos muchas veces se traspasan a los autores, que terminan pagando por sus libros. Esto, lamentablemente, es muy difícil de revertir en el cuadro actual. Sin embargo, hay que buscar los mecanismos para lograr la única independencia real que se puede alcanzar en el rubro, que es la económica. Otra cosa es que la mayoría de nosotros tendemos a identificarnos con un concepto más bien vinculado a la autogestión y la independencia política e ideológica respecto del monopolio neoliberal que tiende a regir la cultura y el país, por ejemplo a nivel de medios, y en ese punto hay distintas apuestas. Para nosotros, en ese plano, aparte de ser  central el trabajo con los autores, es imprescindible tratar de posicionar una práctica editorial y cultural liberadora, democratizadora, y ahí no hablamos solo de los títulos a publicar, sino de iniciativas concretas. En nuestro caso, por ejemplo, y siempre que haya acuerdo con el autor al respecto, impulsamos el uso del copyleft, por sobre el copyright, lo que implica que la mayoría de nuestros libros incluyen una nota en que se explicita que su reproducción y difusión, citando la fuente, el autor y la editorial, es de libre uso, siempre que no sea para usos comerciales. Y también buscaremos los mecanismos que nos permitan, a través de nuestras colecciones o de parte de ellas, que nuestras publicaciones puedan ser adquiridas a precios  menos prohibitivos que los que el mercado te impone para la mayoría de los títulos, cosa que también hace la mayoría de las editoriales con las que tenemos relaciones de amistad, como Ripio Editores, Editorial Fuga, La Calabaza del Diablo, etc.

–¿Son las editoriales independientes un gremio cohesionado, hay espacio para ellas (me refiero a público)?
–No sé si aún dé para hablar de “gremio”. Una cosa son los colegas de Editores de Chile, que están en un plano digamos “superior”, principalmente en términos de instalación, distribución, y que por lo mismo han construido una relación con la institucionalidad por decir lo menos ambigüa, principalmente porque algunas de esas editoriales dependen de los recursos del Estado para mantenerse a flote. Por otra parte, y respecto del tema del público de nuestras editoriales, lamentablemente la ausencia de políticas efectivas de fomento de la lectura hacen que, generalmente, estemos relegados a compartir un micromercado, constituido principalmente por la gente vinculada al tema literario de manera directa, como autores, críticos, académicos, etc., lo que obviamente restringe el impacto cuantitativo de nuestro trabajo, pese a que, desde el punto de vista cualitativo, es desde las editoras nacionales que han venido surgiendo los autores y las obras que hoy constituyen la parte más importante y relevante del mapa literario.
–¿Cómo proyectan el trabajo a corto y largo plazo, qué falta consolidar?
–El tema de las proyecciones, en buena medida, está muy tensionado por la precariedad económica, que es el primer escollo que encuentras. Por esto, acá más que de proyecciones, en tanto planes de trabajo a firme, lo que está puesto en juego es la voluntad de mantener una producción editorial lo más constante posible y con estándarse de calidad, en contenido y forma, lo más profesionales que sea posible, que es nuestro principal objetivo en términos concretos hoy.

–Publicaciones que realizarán de aquí a fin de año.
–Son varios los proyectos que tenemos en carpeta, y en distintas áreas. De momento, el énfasis de aquí a fin de año va a estar fundamentalmente en poesía, donde vienen al menos tres libros, entre ellos uno de Tomás Harris y la reedición de Idioma del Mundo, de Pablo de Rokha, proyecto con el que Galo ganó un fondo concursable del Consejo del Libro.  Esperamos además poder reeditar este año La estrella negra, de Gonzalo Muñoz, un libro que nos parece clave en la poesía de los años 80 y que ya tenemos conversado con Gonzalo, y comenzar con nuestra colección infantil, en la que está trabajando Tania. También vamos a comenzar una serie de plaquettes, por llamarlas de algún modo, que nos debieran permitir generar ediciones de bajo costo, con títulos de calidad y a un precio lo más asequible posible, de manera de asegurar uno de los puntos centrales de nuestra concepción de la labor editorial, que es aportar a la democratización de la cultura a pesar de las trabas presupuestarias, políticas y burocráticas que encuentra este tema. Y ya para 2010, estaríamos publicando, para empezar, la segunda novela de Guillermo Valenzuela y un libro de cómic, de Claudio Álvarez .


–Sobre el conflicto entre la Cámara y los editores independientes con respecto a la próxima Feria del Libro, ¿qué postura tienen?
–Como te decía antes, el conflicto terminó teniendo una salida precisamente por el expediente de que la mayoría de las editoriales en conflicto terminaron “agachando el moño” a pedido del Gobierno, que a través de la ministra Urrutia presionó para no “aguar” la Feria, para evitar el riesgo de terminar con un conflicto en Cultura a un mes de las elecciones. En ese sentido, no me toca a mí tomar partido, menos aún cuando los propios involucrados bajaron sus banderas. Ahora, en términos más generales, me parece lamentable que desde el estado se financie en buena medida una iniciativa que, en defintiva, es un negocio de privados, en este caso de los asociados a la Cámara Chilena, que disfraza bajo rótulo de “fiesta de la lectura” un lucrativo monito económico, donde se cobra entrada, se venden auspicios y se pone en funcionamiento toda una máquina de hacer plata que finalmente no ofrece mayores oportunidades, por ejemplo, a las editoriales como las nuestras, marginadas de facto de la Feria por el precio de los stands.

–Por último, ¿qué es lo que más se reciente en la labor de editor (a)?
–La precariedad, la falta de visión del Estado en materia cultural, la hegemonía de los intereses de las trasnacionales por sobre el fomento de la obra de autores nacionales de calidad y de una industria editorial nacional que perfectamente podría cumplir un rol central en la elaboración y ejecución de políticas culturales más inclusivas, democráticas y masivas.