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viernes, 31 de julio de 2020

Más vueltas de tuerca sobre un título de Salinger

El problema del título castellano de The Catcher in the Rye, de J. D. Sallinger, tiene una incuestionable prosapia en este blog. El tema ya fue tratado en diversas oportunidades, que pueden rastrearse buscando en el ítem J.D. Salinger, en la columna de la derecha. Se refirieron a la cuestión Jorge Aulicino (29/10/2010), Fernando Sorrentino (30/1/2010), Ezequiel Martínez (31/1/2010, Daniel Varacalli Costa (20/6/2016) y Santiago Alcoba (25 y 26/7/2016). Ahora es el turno de la traductora pública Julia Garzón Funes, que agrega nuevas perspectivas al asunto.

Cómo se pone el título de un libro 
(o Los peligros del “centeno”)
Variaciones y reflexiones sobre un tema peregrino.


Si usted toma la punta de un conocimiento
y empieza a tirar el hilo
va a sacar una sombra.
Jorge Leónidas Escudero

Esta pregunta de cómo se pone, o se traduce, el título de un libro, de un cuento, de un poema o de una novela, no es fácil de contestar. A veces surge, inesperadamente, aun antes de escribir el texto y otras veces es tema de dudas y consultas. Es particularmente difícil para un traductor, porque generalmente el autor pretende que sea lo más ajustado al título que él eligió para su versión en el idioma original, muchas veces con la pretensión de que sea prácticamente literal. También, por qué negarlo, hay razones meramente comerciales.

El libro más famoso de Jerome David Salinger The Catcher in the Rye ahora en español El Guardián entre el Centeno es siempre objeto de agitados y amenos comentarios, así como los otros títulos elegidos por los traductores de los varios idiomas al que fue vertido.

Con respecto a las diferentes versiones de ese título, entre el castellano y el español, hay colegas que sostienen que es la palabra catcher la que debe tenerse en cuenta, al intentar una traducción del título al castellano/español. Si sostenemos que el problema de la traducción del título reside en la palabra catcher estamos en complicaciones porque es un término referido al deporte, tanto béisbol como cricket. Sabido es que el béisbol era el deporte favorito de Salinger, por lo tanto es entendible que utilizara esa palabra, más con la idea del protagonista Holden, de atajar a niños chicos que podrían caerse de un precipicio. Parece claramente relacionado al juego de béisbol y al rol del cátcher que ataja la pelota. También, y quizás sea casual -o no- la palabra catcher y su opuesto pitcher, tienen referencias sexuales en el slang o jerga vulgar norteamericana.

La Profesora Pucciarelli dice que “Los nombres ficticios de las obras literarias suelen ser trasladados en su forma original” (1970:50). En tal caso, lo correcto sería que el título fuera El “Catcher” en el Centeno, porque ese término deportivo no tiene traducción.

En caso de preferir la alusión al deporte, podríamos utilizar palabras referidas al más popular en nuestros países de habla hispana, que es el fútbol. Entonces, en lugar de catcher podríamos poner el golero en Uruguay y el arquero para la Argentina, mi país, pero este último sería un título ambiguo porque nos remitiría también al arco y la flecha. Para la versión publicada en España hubiera quedado muy bien El Guardametas o Portero en el Centeno, que sería una equivalencia exacta a la idea del catcher en béisbol, considerando lo importante que es el fútbol en España. En todas estas traducciones queda claramente afuera la alusión sexual del slang.

Pero todo esto nos llevaría a las complicadas diferencias que existen entre el habla de España y América. Lamentablemente, la traducción del título más aceptada por la editorial, que lo publicó últimamente al español de España, es El Guardián entre el Centeno. Con respecto a este título debo decir que no entiendo el uso de la preposición “entre”, cuando Salinger utiliza “in” o sea “en” .Tampoco entiendo la palabra “guardián” porque para nosotros, los argentinos, es un guardián de plaza, que cuida que los chicos no pisen el pasto, más vale los ahuyenta y no ataja nada.

Una de las formas de dar vida y entidad a un personaje es ponerle un nombre; siendo que todos los nombres tienen su significado, encontré que Holden refiere a hold on, o sea, sostener, atrapar. Todo cierra sobre la buena intención de Holden de salvar a los niños de los peligros del centeno, o del abismo. Como sostengo que poner un título o nombre resulta ser importante, se me ocurre que los traductores a la versión española podrían haberle dado el título El Salvador en el Centeno, que da idea, en toda el habla hispana, de lo que quería hacer Holden, casi un Cristo.

Pero sin embargo, pienso que la palabra que define el título no es cátcher sino rye o centeno.

Si aceptamos que J.D. Salinger se inspiró en el poema atribuido al poeta escocés Robert Burns coming thru the rye, [andando/viniendo por el centeno] veremos que, como traductores: la palabra rye significa `centeno´, pero también existe en Escocia el río Rye. Ahora, en el poema de Burns, esa palabra está escrita en minúscula, así que, a mi ver, debería tenerse por `centeno´.

Holden dice:

"Anyway, I keep picturing these little kids playing some game in this big field or rye and all”. (De dominio publico en internet).

“ [Igual, de todas maneras, todo el tiempo me figuro a estos chicos pequeños, jugando a algo, en este gran campo de centeno]. O sea, él mismo considera que se está refiriendo a un campo de centeno y no al río Rye.

Intuyo que dentro del campo de centeno hay peligros, un algo o alguien o algunos que cazan, como puede inferirse de todas las interpretaciones de la canción de mentas, que pueden verse en la web.

También se puede decir catch an illness `pescarse una enfermedad‟.

En épocas de gran humedad crece en las ramas del centeno un hongo llamado ergot o claviceps purpurea. En la antigüedad no se tenía conocimiento de su toxicidad. Al moler el centeno junto con ese hongo prendido en sus ramas, para hacer harina de la que luego hacían pan, al comerlo contraían una enfermedad terrible: el ergotismo o la fiebre de San Antonio, capaz de producir gangrenas, espantosos dolores y delirios mentales. Se cree que fue esa harina contaminada lo que afectó a las pobres mujeres condenadas a morir en la horca por brujería, en los juicios de Salem, en la Massachusetts de 1692-93 (de dominio público en Wikipedia).

Una lectura crítica de la Nursery Rhyme o Canción de Cuna Infantil, coming thru the rye que nos atañe, y según se tiene entendido, inspiró el título de su más famosa novela, nos plantea las siguientes preguntas: ¿qué le pasaba a la pobre Jenny en el campo de centeno? ¿con quién se encontraba cuando andaba por ahí? ¿por qué arrastraba sus enaguas mojadas si no estaba en el río? La palabra weet, en escocés, quiere decir `mojada o embriagada´, ¿Jenny estaba mojada o ebria o la habían embriagado? ¿por qué si le daban un beso tenía que llorar o es que gritaba para pedir ayuda? ¿por qué tenía tantos muchachos cerca? ¿sonreían o se reían de ella? ¿cuántos años tenía Jenny?

Otra vez Jenny, una niña dañada, como los personajes de Salinger: Phoebe, Mary Jane, Eloise, Ramona, Sybil y el mismo Holden.

Hay comentarios sobre versiones con groseras referencias sexuales de esta canción tradicional. También hay imperdibles versiones musicalizadas sobre la Nursery Rhyme que nos interesa. Pero hay dos que son las que más me confirman el doble sentido: una de Mathew Vaughan, quien dice que creció escuchando a su abuela escocesa cantarle esa canción y opina, claramente, que es inapropiada para chicos (de dominio público en you tube).

Hay otra versión que me impresiona profundamente, de Honeychild Coleman, en la que tres mujeres negras cantan con un fondo de campo de centeno con plantas de por lo menos un metro de alto, donde, asumo, se puede esconder alguien a la espera de una presa. Ellas tres cantan y toman ¿bourbon? de una petaca de plata, insinuando, como dice la canción, ¿mojadas, ebrias, violadas? La inocente canción me hace dudar sobre lo que pasaba en el campo de rye o centeno (de dominio público en you tube).

Como en los paisajes del pintor argentino Carlos Alonso, algo oscuro y siniestro aparece entre las ramas, o entre el pasto y por qué no entre el centeno del mentado título. Como puede verse en Wikipedia y en el libro El Misterio de el Guardián entre el Centeno (sic), algo de oscuridad se sospecha entre las líneas del libro original The Catcher in the Rye. Es de público conocimiento, que ese era el libro que el asesino de John Lennon, Mark David Chapman, llevaba entre sus pertenencias el día en que lo mató a tiros. También John Hinckley Jr., quien intentó asesinar a Ronald Reagan, declaró que estaba obsesionado con el libro, así como el asesino de Robert Kennedy, Shirhan Shirhan.

Axl Rose criticó duramente la novela de Salinger y realizó su propia versión de la canción tradicional infantil. Transcribo parte de su letra con mi recreación al castellano. Dice Axl Rose: Ooh, the Catcher In The Rye Again/[Oh, el Cazador Oculto otra vez] Won't let ya get away from him/[El nunca te soltará] How a body/[Como un cuerpo ó Cómo un ser /Cómo una persona]Took the body/[Tomó el cuerpo / Tomó a otro ser / Tomó el cuerpo de otra persona/ se apoderó de él].You gave that boy a gun/[ Y le diste un revólver/ le pusiste un revólver en su mano].

En la tapa de la Revista Viva (publicada por Clarín) del día 12 de julio de 2020 consta lo siguiente: “Una de las últimas imágenes del Beatle cuyo asesinato en Nueva York a manos del Mark David Chapman…” En la página 15 de la misma revista dice: “Y por eso siempre se sospechará…que detrás de Chapman, podría estar la CIA. Cuando llega la ambulancia, el homicida está sentado en el lugar del crimen leyendo su Salinger”. Mark David Chapman declaró “... que su defensa se podía encontrar en El guardián entre el centeno”. (2014:531) (Obviamente se refiere a la versión original en inglés americano The catcher in the rye).

Las teorías conspirativas son muy atacadas pero no dejan de tener su atractivo y quizás algo de verdad.

Quizás inspirado en Agatha Christie, también Salinger tenía la costumbre de utilizar nombres de canciones o cuentos infantiles como título de sus libros. Tomando como referencia la serie de Uncle Wiggily Longears [El tío Wiggily Orejaslargas], Salinger le pone título a su cuento “Uncle Wiggily in Connecticut”. [“El tío Wiggily en Connecticut”]. Es de hacer notar que los personajes de esos cuentos son pequeños animales, como conejos y comadrejas, que siempre corren serios peligros, entre ellos las balas de los cazadores. Consecuentemente, la tapa de la primera edición al castellano, que aparece en Amazon, está ilustrada con la foto de un libro, con un círculo para tiro al blanco que muestra impactos de bala.

Hay datos (de dominio público en la web) sobre los asesinatos de Robert Kennedy, John Lennon y el intento de asesinato de Ronald Reagan, todos con un atacante que tenía en su poder o reconocía haber leído el libro de Salinger The Catcher in the Rye y un revólver como arma, como acusa Axl Rose en su canción.

En el libro El Misterio de el Guardián entre el Centeno (sic), que leí como ebook, los autores se refieren a la oscura vida de Salinger quien, según consta en Wikipedia, fue agente secreto de la CIA a fines de la Segunda Guerra mundial y tuvo a su cargo los interrogatorios a jerarcas nazis.

También en el mismo libro se sostiene que The Catcher in the rye contenía, entre líneas, mensajes ocultos para programar asesinos durmientes, en un programa de la CIA de control mental.

Creo que somos muchos los que hemos estado obsesionados de alguna u otra manera con la novela de Salinger. Confieso que yo sigo obsesionada con la traducción del título, y cito nuevamente a la Profesora Pucciarelli, quien dice sobre los títulos: Sólo en el caso en que encierran connotaciones etimológicas significativas o valores simbólicos que a veces no se revelan sino a través del contexto, exigen un tratamiento comprensivo por parte del traductor”(1970:51).

Entiendo que Méndez de Andés, el primer traductor al castellano, descubrió algo oculto y, con todo su derecho, le puso título a su traducción; es decir, no tradujo el título, sino que le puso el título que describía lo que pudo entrever al adentrarse en los significados del texto y lo tituló, astutamente: “el cazador oculto”, así se ve, en minúscula, en la tapa del libro.

Si nos basamos en todos estos datos, no creo que a Salinger, recluido y fuera del alcance de admiradores y periodistas, le interesara demasiado la traducción al castellano o español, y menos aun el título, por razones que, atento a las teorías conspirativas, parecen obvias. Porque, como dije anteriormente, había muchos cazadores ocultos en el centeno, pero quizás el verdadero cazador, oculto entre líneas, podría haber sido el mismísimo Jerome David Salinger.


BIBLIOGRAFÍA
DE SANTIS, Pablo, 2020: “Su Majestad Agatha Christie”, en Revista Eñe, Buenos Aires; Clarín, núm. 873, (20 de junio), pp. 6-7.
GARIS, Howard Roger, 1998: Favourite Uncle Wiggily Animal Bedtime Stories, New York, Dover Publications, Inc.
MORCAN, James y MORCAN, Lance, 2017: El Misterio de el Guardián entre el Centeno, trad. Pedro Rafael Gómez Barroso, libro electrónico.
PUCCIARELLI, Elsa Tabernig de, 1970: Qué es la traducción, Buenos Aires,
Editorial Columba, Colección Esquemas, núm. 106, pp. 50-51.
SALINGER, J. D., 1951: The Catcher in the Rye: Boston, Little, Brown and
Company.
----------------------- , 1961: el cazador oculto, trad. Manuel Méndez de Andés,
Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora.
---------------------- , 1978: El guardían entre el centeno, trad. Carmen Criado,
Madrid, Alianza Editorial.
SHANTON, Pablo, 2020: “Inolvidable Lennon”, en Revista VIVA, Buenos Aires, Clarín, núm. 2.306, tapa y pp. 10-15.
SHIELDS, David y SALERNO, Shane, 2014: SALINGER, trad. Javier Calvo,
Buenos Aires, Seix Barral.

DATOS DE INTERNET

https://www.youtube.com/results?search_query=mattew+vaughn+coming+thru+the+rye
https://www.youtube.com/watch?v=TT73PTRoc-M
https://www.amazon.es/CAZADOR-SALINGER-COMPA%C3%91IA-GENERALEDITORA/
dp/B00T6Q3YNE

martes, 26 de julio de 2016

Un título problemático (II)

J. D. Salinger

Segunda parte del artículo de Santiago Alcoba, comenzado a publicar en el día de ayer.





El saco de El cazador oculto por El guardián entre el centeno (II)

Lo interesante de este último acto de resistencia por parte de Gigliola Zecchin es que provoca la reacción del bajel de Alianza, que publica en 2006 una segunda versión de la variante peninsular, con magníficas invenciones, más literaria, donde la lengua de HoldenCaulfield, entre otros aspectos, se hace menos reiterativa, menos oral, lejos de la oralidad del original, con propuesta de versión definitiva, que impone el título de El guardián entre el centeno para todos los lectores de habla hispana, y que, entre otras aportaciones, que justifican sobradamente la revisión, sustituye el sistemático y monocorde “uno” de sentido “cualquiera” impersonal, reiterativo en el original y en las tres versiones anteriores, por las variaciones del “tú”, “te”, segunda persona del verbo, etc., más variado, que enriquece la expresión, sin la agobiante reiteración de la lengua de Holden Caulfield en el original, que se torna más variada, más literaria, menos de joven adolescente rebelde del Nueva York de los años 40, y de familia bien.

Sin entrar en las condiciones de la traducción, que yo no puedo hacer, hay que reconocer la extraordinaria labor lingüística y de creación en la segunda versión de Carmen Criado, de 2006, que, a pesar de que el resultado literario sea opinable, ha hecho que a partir de 1978 no hubiera más ediciones de El cazador oculto. Así, la versión de Pedro B. Rey de 1998 no se explica más que como un breve acto de resistencia heroica que, desde los anaqueles de las librerías de lance, se ha convertido en una magnífica fuente de datos para el estudio y argumentación empírica de algunos aspectos sobresalientes de la variante argentina de la lengua: una mina de datos, una joya de Pedro B. Rey a cuya libertad expresiva y de creación lingüística debió contribuir el encargo y el respaldo de Gigliola Zecchin. En este sentido, quizás se le puedan aplicar las palabras de J. J. Saer cuando se refiere a la versión del Ulises de J. Salas Subirats, para Rueda, en 1945: «el río turbulento de la prosa joyceana, al ser traducido al castellano por un hombre de Buenos Aires, arrastraba consigo la materia viviente del habla que ningún otro autor -aparte quizá de Roberto Arlt- había sido capaz de utilizar con tanta inventiva, exactitud y libertad. » Los especialistas dirán.

Hasta aquí los títulos en sí mismos; pero un primer fundamento lingüístico de cada título se puede deducir del motivo textual de la titulación. Los especialistas en teoría literaria y la crítica están de acuerdo en que la titulación original de la obra se desprende por topicalización desde un determinado segmento, al final del capítulo 22, de la obra de Salinger, según destaca Fernando Sorrentino, dirigiendo el foco con precisión:

J. D. Salinger, 1951, The catcher in the Rye: «What I have to do, I have to catch everybody if they start to go over the cliff--I mean if they're running and they don't look where they're going I have to come out from somewhere and catch them. That's all I'd do all day. I'd just be the catcher in the rye and all. »

Independientemente de la evocación del viejo poema de Robert Burns, que da letra a una antigua canción infantil popular escocesa, en este evidente motivo del título se responde al ¿qué seré?, desde la función, desde la respuesta a ¿qué haré? Está claro que la metáfora-metonimia que alude al ser de Holden Caulfield, I’d just be the catcher in the rye, se desprende de la ocupación soñada ¿a qué me voy a dedicar? «What I have to do, I have to catch everybody if they start to go over the cliff».

Esto parece ser así, como la coherencia del citado pasaje de la obra original induce a suponer, de la manera más sencilla y literal, a modo de mera glosa, alejada de cualquier propuesta más o menos especulativa. Si esto es así, como parece en la obra original, veamos cómo es en las distintas versiones de la familia: una cita larga (disculpen) pero crucial para explicar la absoluta conveniencia de Manuel Méndez de Andes cuando titula su versión (personalmente, porque es la primera edición) como El cazador oculto, sostenido, contra viento y marea, contra la fuerza del bajel de Alianza, en 1998, por Pedro B. Rey y Gigliola Zecchin.

Ordeno las citas en la secuencia que antes usamos para presentar los distintos títulos de las diferentes versiones donde se destacan un par de frases para fijar la atención: en el primer destacado se responde al ¿qué haré?, y en el segundo, al ¿qué seré?

(1). Jean-Baptiste Rossi, 1953, L'attrape-coeurs, francés, «Ce qu'il faut que je fasse, il faut que j'attrape tous ceux qui risquent de tomber du haut de la falaise. Je veux dire, s'ils courent et ne voient pas ou ils vont, il faut que je sorte de quelque endroit et que je les attrape. C'est tout ce que j'aurais à faire tout la journée. Je serais s seulement celui quiattrape dans les seigleset tout.»

(2). Annie Saumont, 1986, L'attrape-coeurs, francés, «Ce que j’ai à faire c’est attraper les mômes s’ils approchent trop près du bord. Je veux dire s’ils courent sans regarder où ils vont, moi je rapplique et je les attrape. C’est ce que je ferais toute la journée. Je serais juste l’attrape-cœurs et tout.»

(3). Manuel Méndez de Andes, 1961, Oct., El cazador oculto, español argentino, «Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno

(4). Carmen Criado, 1978, El guardián entre el centeno, español peninsular, «Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo seríael guardián entre el centeno
(5). Pedro B. Rey, 1998, El cazador oculto, español argentino, «Yo estoy parado cerca de un precipicio de locos y mi única tarea consiste en atrapar a todos los que se acercan demasiado al borde. Si corren sin mirar para qué lado van, tengo que salir de la nada y agarrarlos. Es lo único que tendría que hacer durante todo el día. Solamente sería el guardián entre el centeno

(6). Carmen Criado, 2006, El guardián entre el centeno, español peninsular, «Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo el que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardián entre el centeno y todo eso

(7). Adriana Motti, 1961, Nov., IlGiovaneHolden, italiano, «E non devo fare altro che prendere al volo tutti quelli che stanno per cadere dal dirupo, voglio dire, se corrono senza guardare dove vanno, io devo saltar fuori da qualche posto e acchiapparli

(8). Matteo Colombo, 2014, Il Giovane Holden, italiano, «II mio compito è acchiapparli al volo se si avvicinano troppo, nel senso che se loro si mettono a correre senza guardare dove vanno, io a un certo punto devo saltar fuori e acchiapparli. Non farei altro tutto il giorno. Sarei l’acchiappabambini del campo di segale
(9). Xavier Benguerel, 1965, L'ingenuseductor, catalán, « Tot el que em toca de fer, és de pescar a qui sigui que s'acosti massa a l'espadat -- vull dir· que si posant-se a córrer, no se n'adonen d'on han anat a parar, jo he de sortir d'alguna banda i obligar-me a pescar-los. És això el que he de fer durant tot el dia. Ser aquell que els atrapa en el sègol i tot plegat

(10). Ernest Riera y Josep M. Fonalleras, 1990, El vigilant en el camp de segol, catalán, «El que haig de fer és agafar tothom que estigui a punt de caure pel precipici... vull dir que si algú corre i no mira cap on va, haig de sortir d'algun lloc i agafar-lo. No faria res més en tot el dia. Seria el vigilant en el camp de sègol

(11). Álvaro Alencar, Antônio Rocha e Jório Dauster, 1967, O Apanhador no Campo de Centeio, brasileiro, «Sabe o quê que eu tenho de fazer?Tenho que agarrar todo mundo que vai cair no abismo. Quer dizer, se um deles começar a correr sem olhar onde está indo, eu tenho que aparecer de algum canto e agarrar o garoto. Só isso que eu ia fazer o dia todo. Ia ser só o apanhador no campo de centeio e tudo

(12). João Palma-Ferreira,2003, Uma Agulha no Palheiro, portugués, «O que tenho a fazer é agarrar os miúdos que estão já na beira do precipício, isto é, quando estão distraídos e andam a correr por ali. É nessa altura que eu apareço para os salvar. Gostava de fazer isso o dia inteiro. Seria apenas o vigia do campo de centeio

(13). José Lima Algés,2005, À Espera no Centeio, portugués, «E o que eu tenho de fazer é ficar à espera no centeio e apanhar todos os que desatarem a correr para o abismo... Quer dizer, se vão a correr e não veem para onde vão eu tenho de saltar de um lado qualquer e de os apanhar. Era só isso que fazia o dia inteiro. Só estar ali à espera, a apanhar os miúdos no centeio e tal

(14). Xosé R. Fernández Rodríguez, 2006, O vixía no centeo, gallego, «Eu estou ao borde dunha barranqueira e o que teño que facer é coller calquera neno que poida caer por alí abaixo, quero dicir que se están correndo e non miran por onde van eu teño que vir e collelos. E iso é o que faría todo o día. Sería o vixía no centeo

Si nos fijamos en las citas anteriores de (1) a (14), la frase que responde al ¿qué seré?, el catcher de Salinger, se interpreta en 8 casos con términos de sentido afín: francés, celui quiattrape, attraper; italiano,acchiappabambini; catalán, aquell que els atrapa en el sègol; portugués, apanhador no campo de centeio; y, según Méndez de Andes, el encargado de agarrar a los niños.

A la pregunta del ¿qué haré?, I haveto catch everybody, el verbo de las diferentes versiones es de interpretación unánime en todas ellas: francés, il faut que j'attrape tous ceux qui risquent de tomber du haut de la falaise; español, agarrar, atrapar; catalán, pescar a quisigui que s'acostimassa a l'espadat, agafar tothom que estigui a punt de caure pel precipici; portugués, agarrar os miúdos que estão já nabeira do precipício; gallego, coller calqueraneno que poida caer; italiano, en 1961, prendere al volotutti quelli che stanno per cadere daldirupo; y en 2014, acchiapparli al volo se si avvicinano troppo, [...] saltar fuori e acchiapparli. De estas versiones unánimes se aparta la primera versión española de (12), para diferenciarse de la versión anterior de Méndez de Andes, evitar que los niños caigan.

He dejado la solución del italiano para el final porque es la confirmación de la argumentación lexicográfica de El cazador oculto, que presento ahora, desarrollando una sugerencia apuntada por Rodolfo Rabanal y Fernando Sorrentino.

Para referirnos a los dos títulos en español de la obra de Salinger, se puede partir de consideraciones, que aceptamos por suposición, según propuestas generalizadas de la crítica y de los estudios sobre su obra, que reitero desde un epígrafe de los apuntes del curso MOOC citado anteriormente. El título de la obra surge de los párrafos de (1) a (14) como se demuestra por el extremado cuidado de fijar la propuesta de lo que quiere ser Holden Caulfield anterior correspondiente. Podría decirse que el título reitera el enunciado destacado: I'd just be the catcher in the rye. El término catcher [adaptado como receptor en Venezuela, donde alterna con cátcher, más crudo] es un uso literario y traslaticio del correspondiente catcher del béisbol.Así, catcher, en Salinger, recogería, insistimos, con sentido figurado y metafórico, el sentido del cátcher del béisbol.Por tanto, el sentido genuino del cátcher inglés y venezolano del beisbol constituye el fundamento justificativo del sentido literario y metafórico del catcher de Salinger.

El jugador también conocido por el anglicismo cátcher (del inglés catch, atrapar, cachar [según el DRAE, 1. tr. Am. Cen., Bol. y Col. En algunos juegos, agarrar al vuelo (sic.) una pelota que un jugador lanza a otro.], atajar).»

Desde las consideraciones y supuestos anteriores, también es comprensible que Méndez de Andes, con su versión del enunciado anterior, Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno, prefiere un título sin este anclaje literal. Así, Manuel Méndez de Andes propone un título con sentido metafórico y parecida función literaria del original, El cazador oculto.

Parece que, para su título El cazador oculto, en vez del párrafo y el enunciado destacados en (3), prefiere guiarse, con libertad, por el título de Salinger, The catcher in the rye, con el sentido metafórico de la situación: El cazador oculto [entre el centeno], que tiene la misión de agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio.

Desde estos supuestos, veamos en qué se funda nuestra advertencia de que la metáfora de cazador es más próxima a catcher, y tiene un cierto fundamento de lengua, frente a la metáfora de guardián, que se aleja con más violencia del original catcher: para disimular la operación de expolio, el saco de El cazador oculto por parte de El guardián entre el centeno.

Frente a la metáfora de guardián, fundada en una interpretación evidente de la situación narrada en la versión de 1978 de Alianza, evitar que los niños caigan en el precipicio, la metáfora de cazador se funda, por un lado, en las funciones del catcher: agarrar a cada niño que vaya a caer, atrapar a todos los que se acercan demasiado; y, según Adriana Motti (en (7), prendere al volo tutti quelli che stanno per cadere dal dirupo, o bien acchiapparli al volo se si avvicinano troppo, para Matteo Colombo en (8), con el sentido del español “cazar al vuelo” y otras expresiones afines en catalán de (9) y (10) o en brasileño-portugués de (11) a (13).

Son evidentes los fundamentos lingüísticos en español para la metáfora de ‘cazador’ en expresiones como ‘cazarlas al vuelo’ que acabamos de apuntar, y que sanciona el diccionario, con el sentido recto de la acepción 1 o con el sentido traslaticio y figurado, de la acepción 2 del Diccionario de uso de María Moliner, en la entrada de vuelo:

cazar[las] al vuelo. 1 Refiriéndose a la manera de cazar o coger algo, o de disparar, estando volando la cosa de que se trata: cazar una mosca al vuelo. 2(Cazar[las], Coger[las], Pescar[las], Pillar[las]) Entender las cosas o percatarse de las cosas con una indicación o señal, por muy ligera que sea; ser muy listo.

Ambos sentidos, rectos y figurados, de cazarlas al vuelo se encuentran en ejemplos como estos, compilados en el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA):

«- ¿Explicarle una escena? -se escandalizó mi tía-. ¿Y no has encontrado otro momento más oportuno? - Es que si no, se me olvida. Estas cosas hay que cazarlas al vuelo.» (1985, Fernán Gómez, Fernando, El viaje a ninguna parte)

«No habló de los asesinatos ni se refirió a Bárbara, pero todo cuadraba. Villamuera las cazaba al vuelo y era un endiablado interrogador.» (CREA)

«Pedía informes, formulaba interrogaciones de todas clases, cazaba al vuelo los ademanes, los gestos, las sonrisas, las muecas, las miradas de Cornúa, para constatar en tales reflejos la verdad de sus palabras.» (1938, Serpa, Enrique, Contrabando. CUBA, Néstor A. Moreno, Ediciones Universal (Miami), 1973, CORDE)

«El dirigente, mal llamado liberal, JörgHaider, es frecuentemente calificado de radical, neofascista, xenófobo y oportunista. Las calificaciones que mejor le calzan serían la primera, pues tiene más de Marco Panella que de Jean Marie Le Pen, y la última, porque caza al vuelo las oportunidades: con el "Contrato con Austria", Haider no tuvo inconveniente en copiar una fórmula que ha sido empleada desde los EE.UU. hasta Rumanía.» (CORDE: 1997, PRENSA, ABC Electrónico, 21/10/1997)

«Chalo me explicó, con lujo de detalles, el origen de la expresión. Bizancio, los cardenales cebados como pavos de navidad, el sexo de los ángeles y los turcos saqueando la ciudad. Chalo era mi proveedor de palabras. Tenía una habilidad extraordinaria para atraparlas, las cazaba al vuelo.» (CORDE: 1991, Quintero, Ednodio, La danza del jaguar, VENEZUELA)

En fin, no hace falta extenderse más para entender las diferencias de referente entre ambos títulos El cazador oculto y El guardián entre el centeno, por un lado, y la extremada sutileza y belleza literaria del primero, de Manuel Méndez de Andes, por su fundamento lingüístico.

Por tanto, parece incuestionable que el diccionario y el uso de cazar al vuelo en español, como la función del cátcher del beisbol, explican sobradamente la metáfora de El cazador oculto, que attrape (francés), que agarra, que atrapa, que pesca (catalán), que agafa (catalán), que apanha (portugués), que solo hace prendere al volo (italiano) o acchiappar al volo (italiano), a todo niño que vaya a caer el precipicio. Es así de sencillo el fundamento del título original El cazador oculto. Y es la explicación preferible porque es la más sencilla.

Epílogo. Para más inri, como para justificar la ‘mala conciencia’ de alguien, si esto es posible en una gesta corsaria como la argumentada aquí, alguien se encargó de intoxicar al autor, que sanciona el título de las versiones españolas y repudia el de las argentinas. Según J. Aulicino, «Salinger, informado sobre la cuestión de los títulos de su novela, zanjó el litigio en favor de El guardián entre el centeno

Y más aún, para no dejar cabos sueltos,se ha conseguido que el traductor de Google proponga para the catcher in therye la traducción de el guardián entre el centeno.

Con toda modestia, en defensa del idioma común y del viejo galeón de Fabril Editora y de su piloto Manuel Méndez de Andes, se puede responder a la invitación del mismo traductor de Google y sugerir un cambio para mejorar su traducción haciendo un ‘enviar’ masivo y concertado de la corrección el cazador oculto como “contribución para mejorar la calidad de la traducción”, para devolver el botín a su propietario intelectual, y porque es mejor y preferible, según se ha demostrado aquí.

Aunque el Ulises no es El cazador oculto, yo creo que, si no tanto como José Salas Subirat, las aportaciones de Manuel Méndez de Andes y Pedro B. Rey bien merecen algún reconocimiento.

Post scriptum. ¿No hay nadie, entre los asiduos de este sitio, que pueda conseguir una entrevista con Pedro B. Rey? Sobre el objeto de esta entrada, pero también sobre un puñado de asuntos colaterales significativos.Alguien que sepa arrancarle algunas ‘notas’, para que deje de ser un ‘arpa olvidada’. Algo así como la conversación de László Erdélyi con Marcelo Zabaloy, a propósito de la última versión argentina del Ulises, “una mañana helada de domingo, pleno julio, en un café de Agüero y Santa Fe”.

lunes, 25 de julio de 2016

Un título problemático (I)

Santiago Alcoba
Santiago Alcoba es catedrático de Lengua Española de Universidad Autónoma de Barcelona, y espontáneamente, ha enviado el siguiente artículo donde se retoman las cuestiones tratadas por Daniel Varacalli Costas en su entrada del 20 de junio pasado, quien a su vez retoma lo discutido oportunamente por Jorge Aulicino (29 de enero de 2010) y Fernando Sorrentino (30 de enero de 2010) a propósito del título de la célebre novela de J.D. Salinger. Por sus dimensiones, el artículo se ofrece en dos partes. He aquí la primera.

El saco de El cazador oculto
por El guardián entre el centeno (I)

Me advierte Andrés Ehrenhaus[1] (¡gracias!) de la reciente publicación en el sitio del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires de una entrada de Daniel Varacalli Costas[2] sobre la titulación en español de la obra de J. D. Salinger, The Catcher in the Rye, publicada como El cazador oculto en las versiones argentinas de Manuel Méndez de Andes, en 1961, y de Pedro B. Rey, en 1998; y publicada como El guardián entre el centeno en las versiones españolas de Carmen Criado para Alianza, en 1978, y en 2006, en edición revisada.

El motivo de estas páginas es el texto de Daniel Varacalli que desarrolla una argumentación que me hace pensar en Oona O’Neill, la bellísima hija de Eugene O’Neill, y en la conclusión, que comparto, del comentario que le dedica Jorge Aulicino[3]. Porque yo añadiría a Phoebe-Oona a la hipótesis de sueño de Aulicino. No entraré aquí en las consideraciones de Daniel Varacelli. Prefiero la hipótesis de Aulicino basada en la metáfora literaria del inglés ‘catcher’ y del español ‘cazador’:

«Si uno lee un poco en castellano, un poco en inglés, no tiene dudas de que HoldenCaulfield no está en la vida en general atrapando mariposas o escarabajos, y mucho menos, papando moscas. En ningún caso, además, está en posición de guardián. No vigila nada en lo absoluto.»[4]

Pero la hipótesis de la argumentación que voy a desarrollar me la sugirió Fernando Sorrentino[5] cuando considera un hallazgo el título argentino de El cazador oculto en la primera versión en español del texto de Salinger, de Méndez de Andes para Fabril, en 1961, con los argumentos, que yo comparto, de Rodolfo Rabanal, basados en el sentido de las funciones del cátcher (metafórico):

«El guardián es el arquero —como lo llamamos nosotros en el fútbol— o, para ser más claro, el jugador que en el béisbol corre para atrapar la pelota; si ese jugador se encuentra, de manera figurada, en un campo casi idéntico a un trigal, estará evidentemente oculto y fuera del alcance del bateador. En suma, «cazaría» la pelota desde una guarida y se comportaría como un cazador oculto. Ésa es la idea que inspiró el título de Salinger, sólo que en inglés, y en los Estados Unidos, bastaba con la literalidad para establecer la metáfora. Pero en la versión en español era preciso imaginar el propósito de Salinger y dar exactamente la idea que el autor buscaba. En efecto, eso se hizo, y de manera brillante en la traducción argentina.»[6]

Con estas consideraciones de Fernando Sorrentino, avisado por Andrés Ehrenhaus, pude desarrollar un largo epígrafe para un curso MOOC de la UAB para la plataforma COURSERA, Corrección, estilo y variaciones de la lengua española, donde se aducen algunos argumentos estrictamente lingüísticos, que reitero y amplío aquí, sobre la titulación de El cazador oculto de las versiones argentinas de la obra de Salinger.[7] En concreto, usaré algunos argumentos de autoridad, para cuyas citas, quizás algo largas, pero imprescindibles para que sean autosignificativas, pido la comprensión del lector. Como las referencias son fácilmente localizables en la red, con el buscador habitual, y como ni el sitio ni el texto exigen las condiciones de formato y rigor estrictamente académico, ahorro notas y referencias al pie, para más comodidad de lectura. Las citas y sus dueños están bien identificados con el procedimiento tipográfico habitual.

Condiciones previas. Antes de entrar en harina, daré por supuestas estas condiciones: 1º, argumentaré desde la lingüística y no desde la traductología; 2º, el título de una obra traducida lo sugiere el traductor, pero lo confirma e impone el editor, y más si estamos ante una retraducción («Mi experiencia es que nunca se me ha dejado elegir el título de ninguna novela que haya traducido, siempre me lo han dado traducido ya. Hay casos en los que el traductor puede opinar o dar opciones, pero siempre la decisión final la tiene el editor.» Dice la traductora Natalia Navarro[8]); 3º, en una retraducción, por aprovechamiento económico y de la difusión previa, parece lógico suponer que se confirme el título de la versión anterior; 4º, si se cambia el título de la retraducción, operación menos económica, se deberá a una corrección o a otros motivos, confesados o inconfesables, pero de gran peso para el editor.

La presa es El cazador oculto. De entrada, podemos ponernos de acuerdo en que el foco de la cuestión está en El cazador oculto, que salió primero, que interpreta la metáfora-metonimia del catcher con la metáfora-metonimia del cazador, y que, si no traduce el término catcher (Sorrentino), lo interpreta poéticamente (Aulicino) en parecidos ecos literarios. Por tanto, ceñiré mi razonamiento al cazador de Méndez de Andes y al fundamento de lengua, que justifica la elección, para demostrar que el término satisface con creces las condiciones de travesía literaria en la nueva lengua, sin necesidad de corrección o de suplantación por abordaje, no ya de la traductora de las versiones españolas, sino del editor de la capital, que hizo la encomienda.

El hilo discursivo será sencillo: después de fijar algunas suposiciones previas, voy a centrarme en el estudio de los cambios de título en las retraducciones, en español, y en la obra de Salinger que nos ocupa, con tantas versiones: cuatro en español, dos en francés, dos en italiano, dos en catalán, dos en portugués, una en la variante brasileña de la lengua portuguesa, y una en gallego; por no fijarnos más que en las lenguas de la familia. Desde esta mirada sobre el paisaje me centraré en las sanciones del diccionario y del uso, para poner de manifiesto el ingenioso hallazgo de interpretación y de creación literaria que supone la titulación con el término decazador,que satisface de la mejor manera, cumplida y ajustadamente en nuestra lengua, los ecos del ingléscatcher de Salinger.

Sobre los cambios de título dice Guillermo Schavelzon, y yo suscribo:

«Existen libros que circulan desde hace décadas en América Latina devenidos en clásicos, que cuando años después son publicados en España, aparecen con cambios en títulos que ya estaban muy establecidos. Cuando lo veo, siempre me pregunto ¿habrá razones filológicas fundamentales que aconsejen el cambio? ¿Se trata de diferenciarse, de una búsqueda de originalidad? ¿Es un proceso de españolización imprescindible, o hay cierto menoscabo por lo que se hizo “en la periferia” de la lengua?»[9]

Aquí aventuramos una respuesta para estas preguntas de Schavelzon. Porque el mismo autor añade: «Es cierto que con el paso del tiempo algunos libros necesitan nuevas traducciones, pero otra cosa es modificar títulos muy establecidos.» En el mismo sitio, como muestras de su razonamiento, Schavelzon examina de manera elocuente los casos de Allá lejos y hace tiempo vs. Allá lejos y tiempo atrás, que despacha con la autoridad de Alberto Manguel: «Allá lejos y hace tiempo está tan establecido como título como Caperucita roja (y no “El capuchón escarlata” u otras tonterías así).»

Augusto Monterroso se refiere a títulos consagrados como La importancia de llamarse Ernesto, La piel de nuestros dientes, Otra vuelta de tuerca, o El sonido y la furia, para argumentar con contundencia y autorización lingüística y lexicográfica diferentes problemas de interpretación, pero sin solución, una vez que la obra ya tiene un título asentado en español.[10]

Es distinto el caso de La metamorfosis, de raíz latina, que defiende su última traductora, Isabel Hernández, según el título asentado en la lengua, frente al título de La transformación, de raíz griega, que defiende Jordi Llovet, basándose en distintas referencias del texto, «aunque no llegue a cuajar nunca por culpa de Ortega y Gasset o de Fernando Vela», según concluye el mismo Jordi Llovet, editor de las Obras completas de Kafka. Un título asentado y con tradición no se cambia.[11]

Con el Ulises de James Joyce la intervención no está en el título, claro, está en las versiones, y como no soy del ramo, citaré la autoridad de Juan José Saer, porque cuando se refiere a los hechos del Ulises en las distintas versiones, argentina y españolas, da la impresión de estar refiriéndose a las versiones de Salinger que nos ocupan.

Del Ulises hay cuatro versiones y un saqueo ignominioso “producto de una vulgar operación comerciar”, dice J. J. Saer. La primera versión es la argentina de José Salas Subirat (Buenos Aires, Rueda, 1945); la segunda es la española de José María Valverde (Barcelona, Lumen, 1976); la tercera es la también española de María Luisa Benegas y Francisco García Tortosa (Madrid, Cátedra, 1999), y la cuarta es otra versión argentina de Marcelo Zabaloy (con la colaboración de Edgardo Russo, para El cuenco de Plata, Buenos Aires, 2015). De las dos primeras dice J. J. Saer:

«Aunque el hecho de haber sido el primero en algo no debe darle a la hazaña realizada más mérito del que posee intrínsecamente, es cierto que quien la lleva a cabo se expone a dos peligros que a menudo son las caras de la misma moneda: la crítica prejuiciosa y el saqueo. Tal ha sido el destino —que algunos, hay que reconocerlo, se empeñan desde hace algún tiempo en corregir— del extraordinario trabajo de Salas Subirat. Sería inadmisible que quien se abocase a una segunda traducción de Ulises al castellano pretendiese ignorar que existe ya la primera y tal parece haber sido la actitud del profesor Valverde, quien en las 46 páginas de su prólogo, rinde un elogio (justificado) a la versión del Retrato por Dámaso Alonso, pero no dice una palabra de la traducción de Salas Subirat, aunque cuando se comparan las dos versiones se entiende a menudo que las opciones de Valverde tienen como único justificativo la obsesión de no parecerse a la traducción anterior.»[12]

Un profesor de prestigio hace una obra de referencia para una editorial prestigiosa, pero por la consideración de J. J. Saer en una actitud que la sabiduría popular enuncia con el dicho de que “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Esta operación con el Ulises recuerda sobremanera el caso de El guardián entre el centeno, de 1978, con la mejor traductora de la villa y una colección de referencia, pero, sin duda, en una operación de marrajo avispado que disimula inventado un nuevo título para El cazador oculto, con la misma “obsesión de no parecerse a la traducción anterior”, que diría J. J. Saer.

Por cierto, ¡qué parecidas condiciones! José Salas Subirat, “escritor autodidacta argentino, autor de dosnovelas, libros sobre seguros y de autoayuda” dice la enciclopedia de la red; y Manuel Méndez de Andes, empleado bancario y colaborador y traductor para la revista Para ti, según Carina Andrea Salice, sobrina nieta, y Silvia Colmenero de Méndez de Andes, por una pista de Fernando Sorrentino. El caso de Marcelo Zabaloy, ex jugador de rugby e instalador de redes, confirma esta manera de hacer: dedica diez años a traducir al castellano rioplatense la cuarta versión del Ulises a la que se refiere László Erdélyi en una entrevista: «La crítica la ha recibido bien en Uruguay y en Argentina; este cronista pudo comprobar que la versión fluye, de principio a fin, a diferencia de la versión de Valverde, llena del ibérico vosotros y mucho más académica. »[13]

Frente a la versión argentina de Méndez de Andes, la española es una magnífica versión de Carmen Criado en la variante peninsular de la lengua, que se pretende distinta desde el título hasta el imprimido.

Pero si  El cazador oculto no es un título con solera, sí que es muy atinado por distintos motivos que aduciremos a continuación. Por eso es crucial el asunto del título.

Como primer argumento externo de que el cambio de título en las versiones españolas respecto de las argentinas no es un asunto trivial, ni pretende corregir una interpretación, ni se propone corregir un error como los apuntados por Monterroso, ni es una cuestión exegética como la de La metamorfosis, veamos lo que ocurre en las sucesivas versiones de la obra de Salinger en las lenguas de la familia. Ordeno las referencias por orden de publicación de la primera versión en cada lengua.

En francés tenemos dos versiones con el mismo título, L’attrape-cœurs, la primera, de Jean Baptiste Rossi, más literaria, según los teóricos (París, Robert Lafont, 1953), y la segunda, de AnnieSaumont (Robert Lafont, 1986), más oral, según Isabelle Génin.[14]

En octubre de 1961 sale la primera versión en español de Argentina con el título de El cazador oculto, de Manuel Méndez de Andes (en Fabril). Le sigue la segunda versión, en español peninsular, que el editor titula El guardián entre el centeno, de Carmen Criado (en Alianza, 1978). Continúa la tercera versión, en cuidado español argentino de Pedro B. Rey, con el título original de El cazador oculto, encargada por Gigliola Zacchin de Duhalde (Sudamericana Joven, Buenos Aires, 1998). Por último, la cuarta versión, en cuidadísimo español peninsular y con algunas intervenciones lingüísticas que hacen más literaria la obra, se publica una versión revisada por la misma Carmen Criado, con el título, ya generalizado, de El guardián entre el centeno (Alianza, Madrid, 2006).

En noviembre de 1961 se publica la primera versión italiana con el título de Il Giovane Holden, de Adriana Motti, en Einaudi, que publica una segunda versión, con el mismo título, obra de Matteo Colombo, en 2014.

En catalán también tenemos dos versiones: la primera, temprana, en 1965, para Club Editor, se tituló L’ingenu seductor. Su autor, Xavier Benguerel, quizás conociera la versión de Méndez de Andes, pues recién regresaba del exilio chileno. El motivo de este título se apunta en la Nota de los editores (otra prueba de que son los responsables de la titulación), que explica la publicación: «En la impossibilitat de traduir literalment el títol original, que és un vers aïllat de Robert Burns (com s'explica a la mateixa novel·la) que en català no tindria sentit, ens hem decidit pel de L'ingenu seductor de la mateixa manera que el traductor francès decidí el de L'attrape-cœurs.» En la segunda versión en catalán, en 1990, de Ernest Riera y Josep M. Fonalleras, el editor, Empuries, calca el exitoso título de las versiones españolas, El vigilant en el camp de ségol, con una evidente intención de aprovechar el eco del título de Alianza (El guardián entre el centeno), que quizá se ofrezca en las librerías en la mesa de al lado.

De las ediciones en portugués, la primera versión, de 1967, en variante brasileña, debida a Álvaro Alencar, Antônio Rocha, Jório Dauster y Jorio Dauster, se publica, en edición de autor, con el título de O Apanhador no Campo de Centeio, con evidentes ecos interpretativos y sentido afín al del catcher de Salinger y el cazador de Méndez de Andes. Las otras dos versiones, portuguesas, eligen títulos ‘imaginativos’: Uma Agulha no Palheiro, de Joao Palma, en 1967; y À Espera no Centeio, de José Lima, en 2005.

La primera edición en gallego, de Xosé Ramón Fernández Rodríguez, aparece en 1999, pero la definitiva (actualizada a la normativa de 2003, según se advierte en los créditos) se publica en 2006 con el título de O vixia no centeo, que, como la segunda en catalán, se relaciona con el título español en la referencia de guardián, vigilant, vixia. Nada que ver con el cazador, apanhador o catcher, como veremos.

En resumen, en el cuadro adjunto se puede ver el panorama de las diferentes vesiones de TheCatcher in theRye en algunas lenguas de la familia:

LENGUA
AÑO
SALINGER, J. D., TheCatcher in theRye
Inglés
1951
Salinger, J. D., TheCatcher in theRye, Little, Brown and Co., Nueva York, 1951.
Español argentino
1961
El cazador oculto, trad. Manuel Méndez de Andes, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1961.
Español argentino
1998
El cazador oculto, trad. Pedro B. Rey, Sudamericana Joven, Buenos Aires, 1998.
Español peninsular
1978
El guardián entre el centeno, trad. Carmen Criado, Alianza, Madrid, 1978
Español peninsular
2006
El guardián entre el centeno, trad. rev. Carmen Criado, Alianza, Madrid, 2006. 
Francés
1953
L’attrape-cœurs, trad. Jean-BaptisteRossi, Robert Lafont, París, 1953.
Francés
1986
L’attrape-cœurs, trad. AnnieSaumont, Robert Laffont, París, 1986.
Catalán
1965
L’ingenu seductor, trad. Xavier Benguerel, Club Editor, Barcelona, 1965
Catalán
1990
El vigilant en el camp de sègol, trad. Ernest Riera y Josep Maria Fonalleras, Ampúries, Barcelona, 1990.
Gallego
1999
O vixia no centeno, trad. X. R. Fernández, Xerais, Vigo, 1999.
Italiano
1961
IlGiovaneHolden, trad. Adriana Motti, Einaudi
italiano
2014
IlGiovaneHolden, trad. Matteo Colombo, Einaudi
Portugués brasileño
1967
O Apanhador no Campo de Centeio, trad. Álvaro Alencar, Antônio Rocha, JórioDauster y JorioDauster, en edición de autor, 4ª ed. 1967
Portugués
1967
UmaAgulha no Palheiro, trad. João Palma-Ferreira, Lisboa: Edição Livros do Brasil, 1967
Portugués
2005
À Espera no Centeio, trad. José Lima Algés, Portugal: Difel, 2005

De la relación anterior de diferentes títulos de las versiones de Salinger en las lenguas de la familia, entre otras consideraciones, se puede apreciar, primero, la fuerza de El guardián entre el centeno, que se impone a las versiones de sus vecinas peninsulares El vigilant en el camp de segol, en la segunda versión del catalán en 1990, y O vixía no centeo, en la versión en gallego de 1999-2006; y segundo, la resistencia numantina de Gigliola Zecchin, que publica en 1998 una magnífica versión de Pedro B. Rey con el título original deEl cazadoroculto, más argentina, más oral, como corresponde a la lengua del protagonista HoldenCaulfield en el original.

Lo interesante de este último acto de resistencia por parte de GigliolaZecchin es que provoca la reacción del bajel de Alianza, que publica en 2006 una segunda versión de la variante peninsular, con magníficas invenciones, más literaria, donde la lengua de HoldenCaulfield, entre otros aspectos, se hace menos reiterativa, menos oral, lejos de la oralidad del original, con propuesta de versión definitiva, que impone el título de El guardián entre el centeno para todos los lectores de habla hispana, y que, entre otras aportaciones, que justifican sobradamente la revisión, sustituye el sistemático y monocorde “uno” de sentido “cualquiera” impersonal, reiterativo en el original y en las tres versiones anteriores, por las variaciones del “tú”, “te”, segunda persona del verbo, etc., más variado, que enriquece la expresión, sin la agobiante reiteración de la lengua de Holden Caulfield en el original, que se torna más variada, más literaria, menos de joven adolescente rebelde del Nueva York de los años 40, y de familia bien.

Sin entrar en las condiciones de la traducción, que yo no puedo hacer, hay que reconocer la extraordinaria labor lingüística y de creación en la segunda versión de Carmen Criado, de 2006, que, a pesar de que el resultado literario sea opinable, ha hecho que a partir de 1978 no hubiera más ediciones de El cazador oculto. Así, la versión de Pedro B. Rey de 1998 no se explica más que como un breve acto de resistencia heroica que, desde los anaqueles de las librerías de lance, se ha convertido en una magnífica fuente de datos para el estudio y argumentación empírica de algunos aspectos sobresalientes de la variante argentina de la lengua: una mina de datos, una joya de Pedro B. Rey a cuya libertad expresiva y de creación lingüística debió contribuir el encargo y el respaldo de Gigliola Zecchin. En este sentido, quizás se le puedan aplicar las palabras de J. J. Saer cuando se refiere a la versión del Ulises de J. Salas Subirats, para Rueda, en 1945: «el río turbulento de la prosa joyceana, al ser traducido al castellano por un hombre de Buenos Aires, arrastraba consigo la materia viviente del habla que ningún otro autor -aparte quizá de Roberto Arlt- había sido capaz de utilizar con tanta inventiva, exactitud y libertad. » Los especialistas dirán.

(continúa mañana)




[12]Saer, J.J.: http://elpais.com/diario/2004/06/12/babelia/1086997822_850215.html
[13]LászlóErdélyi, en http://www.elpais.com.uy/cultural/instalador-que-tradujo-ulises-marcelo-zabaloy.htmlrecoge de Marcelo Zabaloy el largo proceso de traducción y las discusiones con el editor Edgardo Russo y otras muchas colaboraciones e intervenciones de Pablo Hernández, y de Eugenio Conchez, Teresa Arijón y AnneGastchet, especialistas en la obra. “Para enero de 2015 Conchez había encontrado más de 150 páginas donde había cosas para mejorar y corregir”, resume LászlóErdélyi.
[14] GÉNIN, Isabelle, «TheCatcher in theRye et L’attrape-cœurs: oralité, cohérence et incohérence», Palimpsestes, 23 (2010), pp. 87-110; http://palimpsestes.revues.org/478, consultado el 18 de marzo de 2015.