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viernes, 1 de noviembre de 2019

Un evento sobre traducción en Montevideo


A menudo invisibilizada en los estudios literarios, la enseñanza de lenguas y literatura, y la crítica periodística, la traducción ha sido postulada como una de las prácticas centrales de cualquier sistema literario. ¿Qué lugar ocupa la literatura traducida en el catálogo de las editoriales uruguayas y argentinas? ¿Qué factores inciden en el proceso de selección y publicación de traducciones y cómo se comercializan? ¿Cuál es la respuesta de la prensa cultural a las traducciones publicadas? En este evento se propone reflexionar sobre el fenómeno desde el ámbito de la comunidad de traductores, del mercado editorial, de la prensa y la academia, y ofrecer un ámbito plural para discutir un asunto central para la industria cultural del país.


Programa:

9 h: Apertura

9:30 h: Mesa 1 Traducción literaria y el lugar de la academia en Uruguay y Argentina.
Oradoras:
Eliane Hareau (UdelaR 1987-2009/Universitario Crandon 2010-2015)
Laura Masello (CELEX/Udelar)
Griselda Mársico (SPET/Lenguas Vivas, Buenos Aires)
Moderadora: Leticia Hornos

10:30-11 h: Pausa

11 h: Conferencia El papel de la academia. La experiencia del Seminario Permanente de Estudios de Traducción en Argentina
Oradora: Griselda Mársico (SPET/Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas, Buenos Aires)
Moderadora: Laura Masello

12-14 h: Almuerzo

14 h: Mesa 2 Traducción literaria y prensa cultural. Reflexiones en torno al espacio de la traducción en la prensa cultural uruguaya actual
Gabriel Lagos (Revista Lento/la diaria)
María José Santacreu (Brecha/Cinemateca Uruguaya)
Laszlo Erdelyi (El País Cultural)
Moderadora: Rosario Lázaro Igoa

15 h: Conferencia Traducción literaria y políticas editoriales en Argentina
Oradora: Micaela van Muylem (Facultad de Lenguas/UNC, Portaculturas)
Moderadora: Leticia Lorier (FIC/UdelaR)

16-16:30 h: Pausa

16.30-17.30 h: Mesa 3 Traducción literaria e industria editorial. Reflexiones en torno al lugar y la función de la traducción literaria en el proceso editorial a partir de experiencias concretas en Uruguay y Argentina
Oradores:
Lil Sclavo (traductora literaria)
Leonardo Cabrera (Alter Ediciones, Montevideo)
Diego D’Onofrio (La Bestia Equilátera, Buenos Aires)
Micaela van Muylem (Portaculturas, Córdoba)
Moderadora: Julia Ortiz (Criatura Editora, Montevideo)

17.30-18.30 h: Conferencia Traducir, publicar, comercializar. Editoriales independientes y traducción
Orador: Diego D’Onofrio (La Bestia Equilátera)
Moderación:

Inscripciones para obtención de certificado hasta el 5 de noviembre


Coordinan: Rosario Lázaro Igoa (CURE, UDELAR/PGET, UFSC) y Leticia Hornos Weisz (CELEX, UDELAR)

Financian: Educación Permanente UdelaR; Escaramuza; Goethe Institut

Apoyan: Centro Cultural de España; CELEX, UdelaR; Posgrado en Estudios de Traducción, Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil); Criatura Editora, Revista Lento


Charla asociada, previa al encuentro
Ayuda a la traducción. Subsidios para editoriales

Fecha: jueves 7 de noviembre
Horario: 18:30 horas
Lugar: Goethe Institut (Santiago de Chile 874, Montevideo)

Charla informativa y mesa de intercambio a cargo de Micaela van Muylem (Fundación neerlandesa para las letras, Flanders Literature, Goethe Institut, Pro Helvetia, Embajada de Austria), Fabio Lima (Fundación Biblioteca Nacional, Brasil) y Sinéad Mac Aodha (Literature Ireland, Irlanda).

martes, 13 de febrero de 2018

Un ejemplo de mala traducción periodística

¿Un hombre en control de los giros de su
vida? ¿O uno que trata de entender lo que
éste artículo dice sobre él?
El 30 de diciembre del año pasado, el diario Clarín reprodujo el siguiente artículo de Julie Ho, publicado originariamente en The New York Times a propósito de la “precisión” cuando se traduce. En ninguna parte aparece el nombre de quien lo tradujo, pero su lectura revela que, justamente, en la versión al castellano, la “precisión” brilla por su ausencia. Puesto a investigar, el Administrador descubrió que este mismo texto –digámoslo– mal traducido, en el que el castellano se parece a esos folletos de instrucciones de electrodomésticos traducidos en Taiwán,  circula impunemente por diversos diarios de Latinoamérica que se nutren  de dudosos artículos de color, resumidos del diario estadounidense. Las preguntas persisten: ¿los editores periodísticos ya no leen lo que publican? O dicho de otra forma, ¿leen tan mal que todo les da un poco lo mismo? ¿ Era necesario ahorrarse unos pesos en traductores y en correctores (esta última, especie en franca extinción)? Estos engendros constituyen la mejor respuesta.

Cómo traducir la voz de un artista

Mantener una traducción fiel al original, así se trate de un libro o un filme, podría no ser suficiente. Podemos tener acceso a cintas extranjeras más rápido que nunca, pero qué tan profundamente nos identificamos con ellas tiene mucho que ver con la traducción.

Los servicios de streaming de video como Netflix están tratando de mejorar la calidad de los subtítulos para satisfacer la demanda del público. Para ayudar, el sitio de anime Crunchyroll ha recurrido al público mismo, colocando a fans en su personal de subtítulos. La idea se remonta a los días de piratería antes de que existiera Crunchyroll, cuando los fans realizaban mejores traducciones que los estudios.

“La creación oficial de subtítulos era un poco más parecida a una línea de ensamblado”, dijo Colin Decker, de Crunchyroll, a The New York Times. “Y los fans dijeron que importa la precisión. El medio los atrajo para esforzarse por entender la cultura extranjera, lo que elevó el estándar de la calidad de la traducción”.

Es un problema con profundas raíces históricas. La Odisea, de Homero, escrita originalmente en griego antiguo, ha visto cientos de años de interpretaciones y, sin embargo, hay espacio para más. La clasicista Emily Wilson descubrió un nuevo enfoque a la famosa primera línea que describe a Ulises, el rey y héroe de la historia, como politropo.

En la interpretación literal de la palabra, poli significa “muchos” y tropos significa “giro”. Pero si Ulises es un hombre de “muchos giros”, ¿acaso es un hombre en control de los giros de su vida o está a merced de éstos? Wilson nos dio: “cuéntame sobre un hombre complicado”.

“De las traducciones existentes, me parece que ninguna le transmite a un lector sin el griego la interrogante abierta que, de hecho, es la pregunta con la que abre ‘La Odisea’”, escribió Wyatt Mason, en The New York Times Magazine, sobre la traducción de Wilson. “¿Qué tipo de hombre es Ulises?”.

La interpretación de Wilson ofrece una idea distinta sobre qué tipo de hombre era Ulises.

“Quieres tener un sentido de ansiedad respecto a este personaje y de que vamos a ver cómo se desdoblan capas”, explicó Wilson. “Aún no sabemos bien cuáles son las capas. Así que, quería que se le dijera al lector: esté atento a un texto que no va a ser interpretativamente directo”.

Para Wilson, recalibrar las palabras originales no significa que pierden algún significado.

“¿El hecho de que sea posible traducir las mismas líneas de 100 maneras distintas y que todas ellas sean defendibles de maneras totalmente diferentes? Eso te dice algo”, comentó.

En su traducción de Ulises como un “hombre complicado”, la opción de palabras se siente moderna, hablando directamente al lector de hoy.

Cuando Carina del Valle Schorske, una traductora en Nueva York, considera un texto, lo disfruta por lo que es: una interpretación.

“Ciertas palabras se mantienen empecinadas a ambos lados de una frontera y parecen no querer revelarse”, escribió en The Times Magazine. “Tomo eso como un recordatorio de que conocer a alguien, y conocerme a mí misma, es siempre un asunto inconcluso”.

Para Wilson, los términos precisos pueden ser infieles siempre y cuando sean veraces. Explica que una interpretación aún menos tradicional de politropo sería “infiel”.

“Podría haber dicho, ‘cuéntame sobre un esposo infiel’. Y ésa es una traducción viable”, apuntó. “Pero le daría una perspectiva totalmente diferente”.

jueves, 20 de octubre de 2016

"Hacer que lo abstracto se vuelva concreto"




Mora Cordeu, durante muchos años jefa de la sección cultural de la Agencia Telam, escribió el siguiente texto, que incluye una breve entrevista con el escritor y traductor colombiano Juan Gabriel Vázquez, en junio de 2016. El artículo fue distribuido y publicado por diversos diarios del país.




Reeditan Hiroshima, el texto de John Hersey
que cambió la historia del periodismo

La bomba atómica que arrasó la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 generó infinidad de artículos pero ninguno como el de 150 páginas escrito por el periodista estadounidense John Hersey apenas un año después y publicado en la revista The New Yorker, revelando por primera vez el enfoque humano de la tragedia.

Por ese entonces corresponsal de la revista Time en Oriente, Hersey llegó en mayo de 1946 a la ciudad japonesa con la intención de cubrir ese bache informativo, se sentó a escribir luego de tomar el testimonio de seis sobrevivientes de la bomba y en la edición del 31 de agosto de ese año apareció ocupando la edición completa de la emblemática revista norteamericana.

Ese artículo, luego convertido en libro con el título de Hiroshima y que acaba de ser reeditado por Debate en la Argentina, setenta años después de su aparición, empezaba así: “Exactamente a las ocho y quince minutos de la mañana, hora japonesa, el 6 de agosto de 1945, en el momento en que la bomba atómica relampagueó sobre Hiroshima, la señora Toshiko Sasaki, empleada del departamento de personal de la Fábrica Oriental de Estaño, acababa de ocupar su puesto en la oficina de planta y estaba girando la cabeza para hablar con la chica del escritorio vecino. En ese mismo instante, el doctor Masakazu Fujii se acomodaba con las piernas cruzadas para leer el Asahi de Osaka en el porche de su hospital privado, suspendido sobre uno de los siete ríos del delta que divide Hiroshima…”.

El autor seguirá enumerando qué hacía cada uno de los seis testigos que buscó para su reportaje, en el momento de la explosión de la bomba -la lista se completa con una viuda con tres hijos pequeños, Hatsuyo Makamura; un misionero alemán, padre Wilhem Kleinsorge; un joven cirujano, Terufumi Sasaki y un pastor metodista, Kiyoshi Tanimonto.
En aquellos días The New Yorker vendía 300.000 ejemplares, a quince centavos el ejemplar, y a las pocas horas ya había agotado su edición. Su contenido fue replicado de inmediato por medios de comunicación en Europa y los Estados Unidos, y la editorial Alfred A. Knopf lo publicó como libro al año siguiente, luego de lo cual fue traducido en casi todo el mundo. El célebre artículo ha sido diseccionado como material de estudio en las universidades y Hersey se convirtió en un referente obligado del periodismo narrativo y de investigación.

Esta nueva edición incluye cinco capítulos: los primeros cuatro corresponden al artículo publicado por The New Yorker y el quinto está centrado en una segunda parte escrita por Hersey casi cuarenta años más tarde, en la que analiza lo que le pasó a los sobrevivientes durante todo ese tiempo.

El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, quien tuvo a su cargo la traducción y el prólogo del libro desgrana en diálogo con Télam la singularidad de este relato y de su autor, quien marcó un hito dentro del periodismo.

– En su análisis emerge una manera de ejercer el periodismo por Hersey que parte de ser testigo de los hechos evitando cualquier interferencia personal ¿Qué piensa al respecto?
– Hersey escribió Hiroshima en una época en que el periodismo norteamericano cristalizaba alrededor de esa idea: el periodista debe ser invisible, la historia debe contarse a sí misma. En el polo opuesto está el periodismo “Gonzo” de Hunter Thompson, por ejemplo, donde todo depende de la primera persona. Creo que cada historia o cada tema exige sus propias estrategias, y no me cabe la menor duda de que esta supuesta imparcialidad o invisibilidad le da a Hiroshima una potencia, una urgencia, que no tendría si viéramos a Hersey todo el tiempo.

–¿Recuerda lo que sintió la primera vez que leyó el texto?
–Lo recuerdo muy bien porque fue una impresión muy profunda. Hasta ese momento, la bomba era para mí una abstracción, una nube en forma de hongo. Pero la imagen del hombre con los ojos derretidos o de las sombras que el calor imprimió en la piel de las mujeres no me abandonarán nunca. Esa es la mejor virtud del gran periodismo: hacer que lo abstracto se vuelva concreto y que el ser humano vuelva a ser la medida de las cosas.

–Me imagino que encarar la traducción de un libro como este debe implicar un desafío y un compromiso al mismo tiempo ¿Tuvo esta percepción?
–Por supuesto. No sólo porque un libro tan importante no se hubiera traducido nunca en España (la única traducción a nuestra lengua era, justamente, argentina, y del año 1962), sino porque me di cuenta de lo mucho que podía aprender traduciendo. Eso por no hablar de la presencia que tiene en nuestras facultades de periodismo: en todo el mundo hispánico se aprende leyéndolo.

–¿Qué implica para usted ese capítulo final, “Las secuelas del desastre”, escrito por Hersey casi 40 años después?
–Ese texto fue escrito desde la perspectiva que no se tenía en 1945, y esa perspectiva llegó con una conclusión triste: la tragedia atómica, la muerte de miles de civiles, no era necesaria para ganar la guerra. Es más: Hiroshima fue una especie de laboratorio en que una potencia de la incipiente Guerra Fría le mostró a la otra lo que era capaz de hacer. Que tantos no-combatientes hayan perdido la vida en ese espectáculo de fuerza no sólo es terrible: es inmoral. Esa indignación, en sordina y entre líneas, está en “Las secuelas”.

–¿Piensa que la manera de concebir el periodismo sintetizada en este texto emblemático sigue teniendo vigencia?
Hiroshima es gran periodismo y el gran periodismo no sólo sigue teniendo vigencia: es más urgente y pertinente y necesario que nunca. Junto a “Hiroshima”, mucho periodismo de hoy se ve como un juego amateur. Y aquí viene Hersey a recordarnos la virtud de ver con los propios ojos, no con los de Facebook, y el afán de entender, el maravilloso afán de entender que reemplaza la pasión de las redes sociales por juzgar, señalar con el dedo y condenar desde lejos.

Por su parte, el escritor y profesor universitario Roberto Herrscher, director del Master de Periodismo de la Universidad de Barcelona, ciudad donde vive desde hace años, dice a Télam que la forma de concebir el oficio por parte de Hersey “continúa vigente y más que nunca. Escuchar a la gente común, las víctimas, los sobrevivientes, los que son capaces de recordar y pensar sobre la tragedia que les sucedió: buscarlos, escucharlos bien, preguntarles con profundidad y respeto, escribir su testimonio. El camino de Hersey es el que siguieron, entre otros, Elena Poniatowska o la Premio Nobel Svetalana Alexievich”.

A su juicio, en el periodismo actual, y en la crónica por lo general, sobra el yo. “No creo que deba estar prohibido, pero solo tiene sentido cuando algo que nos pasó a nosotros es importante para entender el tema y a los personales, o cuando el periodista busca que el lector se identifique con él. En Hiroshima lo único que importa es la experiencia y los relatos de los seis sobrevivientes. Testigo y transmisor: no falta nada”.


lunes, 8 de agosto de 2011

Una buena cuota de incertidumbre



Con firma de Tom Brady, el New York Times publicó el siguiente artículo, incluido sin mención de traductor en la edición argentina de The New York Times / Clarín, correspondiente al sábado 6 de agosto pasado.






El Waterloo de Gutenberg

El auge de los libros electrónicos ha cambiado más que los hábitos de lectura. Kindles y Nooks han modificado la industria editorial, y también la forma en que se enseña a la gente a ingresar en la actividad editorial se está adaptando.

Un curso de seis semanas de la Universidad de Columbia en Nueva York que prepara a entusiastas egresados universitarios para una carrera editorial y comprende edición de libros, ventas, diseño de portadas y publicidad, se mantuvo sin cambios durante décadas.

Este verano (boreal) es diferente.

El Curso Editorial de Columbia ofreció charlas de ejecutivos del sector que explicaron cómo dominar el e-marketing, mientras que especialistas del ámbito digital hablaron sobre la edición electrónica en formatos reducidos –algo a medio camino entre un artículo de revista y un libro–, un campo tan nuevo que ni siquiera tiene nombre aún, informó el New York Times.

Todo eso redunda en una buena cuota de incertidumbre.

"Es un momento aterrador para ingresar al sector", declaró al New York Times Douglas Stewart, un agente literario. "Es algo que todos pensamos al ver el mar de rostros ansiosos. Me pregunto si deberían dedicarse a eso en este momento".

Pero no todos se sentirán decepcionados si se publican menos libros.

Bill Keller, el director ejecutivo del New York Times, se pregunta por qué su personal escribe libros si en Estados Unidos la venta de libros impresos viene en declinación desde 2005, según un grupo del sector.

Cuando un joven periodista brillante anunció que iba a sumarse a las filas de los escritores, la reacción de Keller fue de pesar. "Sí, puede escribir un libro. Pero, ¿por qué querría hacerlo? ¿Por qué a alguien se le puede ocurrir hacerlo?".

Sus pronósticos sobre la desaparición de los libros tienen una motivación egoísta. Si los libros cayeran en el olvido, escribe: "Claro que extrañaría los libros, y también lo harían mis hijos, pero por lo menos la muerte de los libros pondría fin a la molestia de que todos los que trabajan para mí escriban o quieran hacerlo. ¡Podría recuperar mi personal!".

Si los libros desaparecen, habrá mucho "contenido" para reemplazarlos, como escribió James Gleic en el New York Times. La Biblioteca Británica anunció en junio que trabaja con Google en la digitalización de cuarenta millones de páginas de libros, panfletos y periódicos que se remontan hasta la Revolución francesa. La Biblioteca Digital Europea, Europeana.eu, puso el año pasado más de diez millones de "objetos" on line, entre ellos un manuscrito de pergamino búlgaron de 1221 y la piedra rúnica de Rok sueca, de alrededor del año 800.

A algunos les preocupa que la facilidad del acceso on line de alguna manera redunde en una depreciación del trabajo académico. Tristram Hunt, un historiador y legislador inglés, se quejó en un reciente artículo del "tecnoentusiasmo". "Cuando todo se puede bajar, puede perderse el misterio de la historia", escribió. "Sólo al tener los manuscritos en la mano se hace evidente el sentido real del texto: sus ritmos y cadencias, la relación de la imagen con la palabra, la pasión de la argumetnación o la fría lógica del caso".

Gleick, que recuerda la admiración que sintió al ver el primer cuaderno de Isaac Newton de 1659, no coincide: "Pienso que hay mucho de sentimentalismo, y hasta de fetichización", escribió en el New York Times. "Se relaciona con la fantasía de que aquello que uno ama de los libros es la textura del papel y el aroma del pegamento".

Pero si Keller consigue lo que quiere, muchos de nosotros evitaremos el destino de Bryan Burrough, que reseña libros para el New York Times. "Muchos buenos autores se esfuerzan por contar excelentes historias", escribió. "Pero de la gran masa de libros que cubre mi escritorio, hay muchos que no son ni siquiera buenos".

martes, 19 de octubre de 2010

Noticias de ayer. ¡Extra! ¡Extra!


La traductora Silvia Susana Simonetti habló ayer en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires sobre "Traducción en los diarios". Fue una velada amable en la que los muchos presentes se enteraron de los usos y costumbres en Clarín, tal como puede verse en http://www.ustream.tv/recorded/10289013

Silvia Susana Simonetti trabaja en el diario Clarín desde 1981. Es traductora pública de inglés. Es egresada de la Universidad del Salvador y realizó una pasantía en la Indiana University of Pennsylvania (IUP), Estados Unidos. Trabajó durante 19 años como traductora en la sección Política Internacional de Clarín. Tradujo para esta sección desde crónicas a análisis políticos o columnas de varios medios extranjeros. Pasó luego a realizar traducciones para todo el diario. Actualmente coordina todos los pedidos de traducción del diario. Participó como disertante varias veces en los congresos de lengua organizados por el Colegio de Traductores Públicos de Buenos Aires -en las mesas dedicadas a traducción y medios gráficos-. Dirige para Clarín un equipo de traductores integrado por cinco colaboradores permanentes y tres eventuales. En el pasado trabajó como intérprete y fue docente de inglés también en la UTPBA (Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires).

Fotos: Guido BonFiglio