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martes, 16 de febrero de 2021

Un discurso formal de la presidente de International Publishers Association


El 2 de febrero pasado, la editora Bodour Al Qasimi (foto), presidente de International Publishers Association, publicó en Medium el siguiente resumen de lo ocurrido en el mundo editorial en 2020 y las expectativas que hay para 2021. Este texto fue traducido especialmente para este blog por Julia Benseñor.


El sector editorial a nivel global: ¿Dónde estamos parados y qué puede depararnos el 2021?


La pandemia del coronavirus produjo en 2020 una fuerte sacudida en los cimientos del mundo editorial y sus réplicas habrán de sentirse hasta bien entrado el 2021 y, posiblemente, más allá. Antes de asumir la presidencia de la International Publishers Association (IPA) en este presente cargado de desafíos, una de mis primeras decisiones fue tratar de entender la situación en el terreno conversando con los actores del sector: autores, ilustradores, imprenteros, distribuidores, libreros, bibliotecarios, así como con las asociaciones nacionales de editores, que son quienes integran mayoritariamente la membresía de IPA.

El fruto de este intercambio sentó las bases del estudio From Response to Recovery: The Impact of Covid-19 on the Global Publishing Industry. Este estudio, que se basa en los aportes de quienes representan el 70% del mercado editorial en el mundo, tomó la temperatura de la industria e intentó pronosticar los cambios para 2021 en su estado de salud.

Gracias a las conversaciones que mantuve con los principales editores del mundo, me formé una idea de los temas que serán partedel diálogo que deberá sostener la industria para lograr su reconstrucción y recuperación.

Contrarrestar la pérdida de valor que ha sufrido el mundo editorial

A pesar de su larga trayectoria e indiscutible rol como pilar del progreso, la educación y el desarrollo humano, la edición de libros recibió poca atención durante la pandemia. Aun cuando ecosistemas editoriales de algunos países expresaron su esencialidad en breves mensajes de apoyo al gobierno, al sistema educativo y a la comunidad científica en crisis, esos mismos gobiernos calificaron a la industria de “sector no esencial”. Esta degradación sufrida por el mundo editorial en muchos países es señal de que debemos hacer mucho más que limitarnos a reafirmar el valor de nuestra contribución a la sociedad. En ningún lugar resulta esto más claro que en los países pre-emergentes en los que comienza a surgiren forma incipiente una cultura de la lectura, pero donde los libros todavía se consideran un lujo y las diversas industrias creativas sedisputan los escasos recursos estatales.

La industria editorial necesita unir fuerzas para persuadir a los legisladores y al público que es una industria crítica que educa, ilustra y eleva a las generaciones futuras, difunde las investigaciones científicas transformadoras y abre la mente de los lectores a nuevos mundos y pensamientos.

Trabajar en medio de una recuperación desigual

En los mercados editoriales de países desarrollados, las caídas fueron abruptas durante la primera ola de la pandemia pero luego experimentaron un crecimiento. En general, estos mercados han demostrado ser más resilientes por tener una tradición consolidada de ventasen sus mercados internos, economías digitales bien establecidas y estímulos estatales dirigidos a las industrias culturales. En cambio, en los demás países, el impacto del Covid en las industrias editoriales locales ha alcanzado niveles de desastre. Normalmente, los mercados editoriales de los países en desarrollo dependen fuertemente de las ventas institucionales y tienen economías digitales aún inmaduras, lo que inhibe toda transición hacia la edición digital y la venta online. Por ejemplo, en la Argentina, Brasil, Egipto, Indonesia y Kenia, donde el poder adquisitivo de los consumidores y la devaluación de sus monedas han erosionado los ingresos de los hogares, los libros son considerados un bien suntuario, lo que significa que las ventas tienen por delante un panorama muy incierto. En estos mercados, las ventas institucionales también se han paralizado por la caída en los ingresos públicos y la desaceleración de sus economías. Ya hay indicios de que la recuperación de la industria editorial se producirá a ritmos muy desiguales, lo que pone de relieve la necesidad de otorgar ayudas dirigidas específicamente a los mercados editoriales devastados.

Entender la nueva normalidad

Dada la tendencia hacia el aprendizaje virtual y los picos de interés de los lectores por los formatos digitales, resulta crucial comprender cómo evolucionarán las tendencias en materia de lectura, aprendizaje y enseñanza en el largo plazo. Lamentablemente, la falta de datos significa que la magnitud de los efectos de la pandemia en la aceleración digital seguirá siendo incierta. Interrogantes que antes de la pandemia tenían respuestas técnicas predecibles hoy permanecen abiertos, mientras la industria intenta avanzar en su recuperación pospandémica. ¿Perdurarán las tendencias de digitalización? ¿Cómo preferirán comprar sus libros los lectores? ¿Cómo evolucionará la enseñanza y el aprendizaje online? ¿Cómo se combatirá la creciente piratería digital? Estas preguntas apuntan a la urgente necesidad de una cooperación a nivel de toda la industria en investigaciones destinadas a entender qué significa la nueva normalidad para todo el ecosistema editorial.

Mejorar las habilidades para el futuro

La pandemia hizo ver a los editores los peligros de la concentración; muchos, sobre todo los pequeños e independientes, dependen demasiado de un cliente, del canal minorista, de un sector, del formato de sus libros, del canal de comercialización o del nodo de la cadena de suministro. Cuando el Covid empezó a afectar cada eslabón de la cadena de valor de la industria, los editores empezaron a desarrollar resiliencia digital y a diversificar sus ingresos dando pasos más audaces en el camino hacia una transformación digital plena.

Sin embargo, muchos editores y otros actores del sector del libro se sintieron obligados a entrar en el mundo digital. Del mismo modo, la prohibición de viajar puso presión sobre las asociaciones nacionales de editores y las ferias internacionales del libro para digitalizar sus servicios y redefinir su valor agregado mientras el mundo se va acostumbrando a los eventos virtuales y a hacer negocios online. La aceleración digital impulsada por la pandemia ha puesto al descubierto la gran brecha que presenta el mundo editorial en el campo de la transformación digital y, si no se le presta la debida atención, pondrá en riesgo la recuperación del sector y la viabilidad de los pequeños y medianos editores que no tengan la capacidad de mejorar las habilidades de su personal para estar a la altura de esta realidad competitiva en constante cambio.

Continuar la cooperación en crisis

Una gran lección que nos ha dejado esta pandemia como industria es que unidos somos más fuertes. Muchos ecosistemas editoriales nacionales se unieron durante este tiempo de adversidad para presionar más eficazmente a sus gobiernos para que pongan en marcha programas de estímulo específicos para la industria editorial. Necesitamos fortalecer este renovado espíritu de cooperación, dejar las diferencias a un costado, encontrar nuevos denominadores comunes y trabajar concertadamente como parte de un esfuerzo que involucre a autores, ilustradores, imprenteros, distribuidores, bibliotecarios y libreros con miras a coordinar iniciativas comunes en pos de la recuperación. Como frente unido , debemos comprometer a los gobiernos en un conjunto de acciones, como el valor de la edición, las políticas de competencia, la lectura y la alfabetización, el régimen impositivo y la piratería digital para poner a la industria en la agenda de los gobiernos y ganar su respaldo mientras la industria esté en proceso de reconstrucción.

Comienzo el año con esperanza y optimismo, agradecida de ser parte de nuestra comunidad global de editores resilientes e innovadores, dispuestos a trabajar en forma conjunta. A poco de entraren este 2021, es mi deseo comprometer a un amplio espectro de actores del mundo del libro para que sumen su ayuda a fin de que nuestra industria se ponga de pie para poder dar batalla a los desafíos que enfrentamos colectivamente.

lunes, 14 de diciembre de 2020

Un recuerdo para la traductora Lucila Cordone


Nunca es fácil hablar de la muerte, pero sin duda es mucho más difícil cuando quien parte es una colega joven y tan querida como Lucila Cordone. Lucila era una excelente profesional, amaba la traducción y disfrutaba intensamente de enseñar a traducir. De su generosidad para transmitir su experiencia pueden dar fe todos sus alumnos. Sentía un gran respeto por lo que hacía y se comprometía para mejorar las condiciones de trabajo para todos. Precisamente, ese fue el espíritu con el que se volcó, también generosamente, durante mucho tiempo a concebir, redactar y discutir el proyecto de ley de traducción auto
ral. Ni hablar de los largos años de voluntariado dedicados junto a muchos de sus colegas más cercanos a seguir construyendo y ampliando el alcance y los objetivos de la AATI, que me atrevo a decir que era su segunda casa.

Lucila participaba en muchísimos proyectos. A mí me tocó compartir dos iniciativas importantes y controvertidas que encaramos con mucho entusiasmo: el proyecto de ley de traducción autoral y la modificación de los estatutos de AATI para incorporar como socios activos a personas que, con formación diversa, tuvieran experiencia como traductores en el campo editorial. En un plano más personal, estuve a tiro de llamada y whatsapp acompañándola a lo largo de esta dolorosa enfermedad hasta el domingo anterior a su partida.

Estoy segura de que cada uno de quienes tuvimos la suerte de conocerla y compartir momentos con Lucila, en diferentes tiempos, en diferentes proyectos y en diferentes geografías, vamos a coincidir en que ella combinaba algunas cualidades notables que, en muchos de nosotros, hasta serían antagónicas: sumamente respetuosa y a la vez firme en sus convicciones, entusiasta ya la vez muy reflexiva.

Su sonrisa y su calidez se quedarán para siempre en el recuerdo de cada uno. ¡Hasta siempre, querida Lucila!

Julia Benseñor


viernes, 2 de octubre de 2020

Cómo establecer un diálogo civilizado entre dos traductores que disienten en algunas cosas

El pasado 30 de septiembre, día del traductor, Andrés Ehrenhaus publicó en este blog unas reflexiones sobre la profesión, estableciendo las diferencias, que, según su punto de vista, existen entre las distintas rama del trabajo de "traducir". Eso motivó, ese mismo día, una larga respuesta de Julia Benseñor, quien, además de ser traductora pública y científico-técnica, es también traductora literaria. A diferencia de otras ocasiones, el tono y las buenas intenciones de uno y otra permitieron una respuesta de Ehrenhaus y un diálogo que reproducimos a continuación.

Querido Andrés, 

Nunca mejor oportunidad para contestarte sobre este tema. Hay muchas cosas que decís con las que estoy de acuerdo, pero prefiero limitarme a marcarte algunas de las tantas cosas con las que discrepo. En principio y por principio, no me gustan las generalizaciones. A diferencia de vos, creo que los traductores literarios están (estamos?) tan especializados como los demás: sensibilidad para la literatura, creatividad expresiva, manejo de la ironía, del diálogo, del ritmo, de la impostación de voces para darle lugar a cada personaje, etc., etc. Llamarte no especializado es una falacia. No son (somos?) los pobres huerfanitos, los hijos hippies ni los personajes secundarios en esta historia (salvo que hablemos de honorarios), sino los más prestigiosos, admirados y reconocidos en todos los ámbitos, incluidos los círculos de traductores públicos y t-c. Cuando se habla de traducción no piensan/pensamos en la persona que se dedica a traducir certificados analíticos, exhortos judiciales, protocolos de covid (tareas fundamentales para el funcionamiento en sociedad) sino en Borges, Cortázar, Walsh, etc, ninguno de ellos traductores con título.

El proceso de bifurcación en distintas ramas se fue dando en todas las disciplinas con el paso del tiempo, con la acumulación de saberes y con la posibilidad de cada uno de elegir según su afinidad. Convengamos que no hay, como antes, Leonardos capaces de abarcar el arte y la ingeniería ni médicos que puedan curar todo tipo de enfermedades y operar cualquier órgano. Pero cada uno con su especialidad, todos son médicos y un cirujano no se atrevería a decir que un traumatólogo no lo es. Un ingeniero civil no sabe nada de lo que sabe un ingeniero químico pero no le pediría que se llame de otra manera. Algunas batallas las pelean juntos y en otras van por separado. A diferencia de vos, no dudo de que todos somos traductores y también es cierto que cada zapatero a sus zapatos. ¿Y? ¿Eso nos hace enemigos? No. ¿Hermanos? Tampoco. En todo caso, primos… a veces lejanos, de esos que vemos solo en casamientos y entierros. No importa. Pero a la hora de mejorar las condiciones de trabajo, por ejemplo, prefiero sumar y no restar. Porque esa división de saberes, talentos, habilidades o como quieras llamarlo no debería dividirnos... así estuvimos y así estamos. No nos lleva a ningún lugar. A diferencia de vos, somos muchos los que, aun reconociendo las diferencias, creemos que juntos podemos generar una masa crítica suficiente para mejorar nuestras condiciones de trabajo. Nos lleve el tiempo que nos lleve. Y sabes que hago lo que predico. Felicidades, colega!

 

Palabras para Julia



queridísima julia, mil gracias por tu respuesta. como es natural y esperable, yo también estoy de acuerdo con algunas cosas que decís y discrepo de otras. pero vayamos por partes, así abreviamos, porque se viene un bodoque. sorri. 

a) si no leo mal, la principal crítica que me hacés es entre personal y metodológica: me decís que generalizo y que a vos no te gustan las generalizaciones (como a mí, se entiende por oposición). aparte del hecho de que eso también es una generalización, sería muy difícil, por no decir imposible, tratar de esbozar una idea (o una hipótesis) general sin generalizar. o sea, no es que me “guste” generalizar sino que no tengo otro remedio que hacerlo, lo mismo que te pasa a vos en el siguiente punto: 

b) me decís que nosotros (y ahí te incluyo obviamente; es más, pensaba en vos cuando dije que hay quienes reúnen –excelentemente en tu caso– las dos actividades, y también un poco en mí, porque durante años “traduje” informes comerciales, folletos, etc.) también somos especializados. ese “nosotros” es una generalización inevitable, ¿no? pero lo que me interesa acá es la dupla “traducción especializada” / “no especializada”. vas a convenir conmigo que no es invento mío sino que así se distinguen genéricamente en el campo universitario, teórico, laboral, legal incluso, etc., lo que yo llamo transcripción de lo que llamo traducción; la bibliografía al respecto es extensísima y proviene precisamente del discurso “no especializado” sino más bien del lado de la especialización. yo me atuve a ese patrón, que es interesante porque plantea un modo de distinguir ambas actividades a partir de una, como vos bien decís, falacia eufemística: 

c) claramente, el traductor autoral o como se lo quiera llamar (para mí, traductor a secas) debe especializarse necesariamente. más aún: no para de hacerlo. yo mismo podría decir ahora que estoy “especializado” en traducir poesía, por ejemplo. o sea que tanto vos como yo encontramos insuficiente y nada descriptiva de la realidad la distinción basada en la existencia o no de fundamentos y conocimientos especializados. la cosa no va por ahí. si te fijás, yo hablo de distintas “finalidades”, un aspecto que no recogés en tu respuesta, imagino que porque estás más o menos de acuerdo. para mí la diferencia no está en si sumamos más o menos saber específico sino en qué hacemos con ese saber, para qué lo usamos, y de qué modo. 

d) el argumento del prestigio es justamente uno del que rehuí a conciencia, porque también me parece entre obvio y falso, sobre todo para lo que nos interesa a ambos, que es la mejora y dignificación profesional de los traductores. es obvio que el “traductor imaginario” está más cerca de borges o cortázar que de las personas, “que se dedican a traducir certificados analíticos, exhortos judiciales, protocolos de covid (tareas fundamentales para el funcionamiento en sociedad)”, como bien decís, pero eso tampoco va a la médula del asunto sino que se detiene en la superficie: no hay una pregunta clave ahí (por qué es así?) sino una mera aceptación del funcionamiento del cholulismo cultural. sin embargo, y aparte de que ese prestigio tampoco los salvó a borges o cortázar de sufrir la realidad de la miseria salarial, no iba yo a la falta de prestigio cuando decía lo de los hippies o huerfanitos (esa es metáfora tuya) sino a la rebeldía que algunos de nosotros expresamos con respecto al camino de la homologación académica, etc. para mí, y eso está implícito en mi argumentación general, el problema no radica en la dicotomía visibilidad/invisibilidad sino en otra: la idea o percepción de verdad/no verdad. 

e) y es ahí donde creo que discrepamos más profundamente. yo no tengo problema en llamarme hermano de ningún traductor público o especializado, faltaba más, ni en marchar juntos a favor de mejoras laborales, pero creo que no hacemos “lo mismo”, no son semejantes o parecidas nuestras actividades, ni se separaron en el tiempo; yo creo que nacieron distintas. son otra cosa. precisamente porque una actividad se ocupa de dar registro de veracidad a lo que hace (trasladar una verdad dicha en una lengua a la misma verdad dicha en otra) y la otra actividad se ocupa de “crear una verdad nueva” derivada de la original. los unos se ocupan de fortalecer la ficción de verosimilitud y los otros de generar la verosimilitud de la ficción, que son finalidades totalmente opuestas. 

f) sin embargo, cuando se festeja el día del traductor, se festeja el día de unos y otros. no importa que el imaginario se detenga en cortázar o borges y no en los esforzados y necesarios transcriptores, ni que internamente se haya trazado esa falsa frontera de la especialización, y no importa porque ese día recuperamos la fantasía de que somos lo mismo, es decir, que todos somos en el fondo cortázar o borges. y no es así. no por el prestigio ni por la aparente superioridad de esas imágenes ya estereotipadas por el cholulismo cultural sino porque “hacemos cosas distintas”. no mejores ni peores, no más necesarias o menos, no más o menos prestigiosas sino distintas. cortázar, por ejemplo, se dio el lujo de extirpar párrafos enteros en su traducción de los cuentos de poe; habría podido hacer eso con una sentencia judicial o con un informe sanitario? no. y por qué no? porque lo que se le habría pedido en esos casos es una transcripción fidedigna y no una “creación personal”, que es lo que hizo él con los cuentos del malogrado poe. 

g) me alegro de que sean muchos los que piensen que aún podemos conseguir cosas juntos. yo creo que no. pero sin acritud ni falta de respeto, ni siquiera con tristeza. creo que las nuestras son luchas separadas, por más que una misma persona pueda reunirlas incluso en un mismo día, como es tu caso. pensalo. no me tiro contra nadie, trato de hacer un análisis más o menos profundo de algo a lo que le dedico largas horas diarias. y de aclarar lo que me parece una confusión que no le hace bien a nadie. 

h) besos.

 

martes, 1 de septiembre de 2020

Habla Ann Goldstein, la traductora de Elena Ferrante al inglés


Ann Goldstein

El pasado 21 de agosto, Joumana Khatib publicó en el New York Times la siguiente nota sobre, Ann Goldstein (foto) la traductora de la misteriosa Elena Ferrante. Acá se ofrece, traducida por Julia Benseñor.
Ann Goldstein, la traductora que tradujo The Lying Life of Adults. el último libro de Elena Ferrante


Millones de lectores cautivados por la enigmática y popular novelista italiana deben aceptar ciertas condiciones. 

No van a conocerla, ni en persona ni virtualmente; no la van a encontrar firmando libros ni en ningún evento literario.Sus historias están ambientadas en Italia y suelen centrarse en mujeres que tratan dedominar el caos de su vida a través de la escritura. 

Si leen a Ferrante en inglés, en realidad están absorbiendo, lo sepan o no, el competente trabajo de su traductora, Ann Goldstein. 

Goldstein nunca conoció a Ferrantey se comunica con ella a través de su editora, pero se ha convertido en una de las traductoras literarias más conocidas y afamadas del mundo por su traducción de My Brilliant Friend y del resto de la saga napolitana de la autora. Su relación es, en muchos sentidos, recíproca: Aunque los lectores italianos conocen a Ferrante desde hace años, fueron las traducciones al inglés y a otros idiomas las que la catapultaron a su fama internacional. 

Esta colaboración volverá a ver la luz el mes que viene cuando se lance la última novela de Ferrante, The Lying Life of Adults, en todo el mundo, el 1 de septiembre. Esta publicación estaba prevista para el 9 de junio, pero los editores la postergaron por la pandemia del coronavirus. (Netflix tiene planes de adaptar la novela al formato de serie.) 

Como muchos otros libros de Ferrante, The Lying Life of Adults está ambientada en Nápoles. Narra el derrotero de una adolescente, Giovanna, después de que le oye decir a su padre r que se está poniendo fea como su temible tía Vittoria. La búsqueda de Giovanna por conocer a su tía la lleva hasta una parte muy oscura de la ciudad, donde irá descubriendo verdades muy desagradables de su familia. 

“Fue un libro que me sorprendió”, dijo Goldstein en una entrevista por Zoom desde su casa en pleno centro de Manhattan. “Porque pinta un cuadro muy diferente de Nápoles, desde el punto de vista de clase y vida social, y porque la narradora es una adolescente”. Luego, agregó: “Solo espero haber dado con el tono”. 

Esa humildad fue una marca de su trabajo como jefa de los correctores de estilo de The New Yorker. Goldstein trabajó en la revista durante más de 40 años, en donde defendió a ultranza el uso de las diéresis, las reglas del which y that y otras normas gramaticales sobre las cuales “los escritores suelen despotricar”, dijo. 

Pero lo más importante de su tarea era hacer que un escritor sonara a sí mismo. “Los escritores a los que edité eran los mejores. Tuve mucha suerte”. 

Tras la muerte en 2004 de Gardner Botsford, marido y editor de Janet Malcolm, Goldstein pasó a ser su editora. “No podría haber deseado una mejor sucesora”, escribió Malcolm en un correo eletrónico. “El rasgo más destacado de Ann –además de su bello trabajo– es su modestia. Se la conoce por su timidez y humildad”. 

A mediados de la década de 1980, Goldstein y algunos colegas del New Yorker se juntaron para tomar clases de italiano. (“Empleadores iluminados que solían pagar nuestras clases”, dijo.) Goldstein había quedado fascinada por Dante en la universidad y quería leerlo en su idioma original. El grupo dedicó un año por vez a leer el “Infierno”, el “Purgatorio” y el “Paraíso”. 

“Normalmente, la gente lee sólo el Infierno, pero vale la pena leerlo todo hasta el Paraíso”, dijo Goldstein. “Merece la pena”. 

Ann empezó a traducir hace pocos años. Empezó con el cuento de Aldo Buzzi, “Chekhov in Sondrio” y luego pasó a “Petrolio”, de Pier Paolo Pasolini, “un libro totalmente loco” con un italiano complicado que, en su opinión, casi nadie ha leído en ninguno de los dos idiomas. Antes de retirarse de The New Yorker en 2017, Goldstein traducía de noche o durante los fines de semana y las vacaciones. 

“Estoy dispuesta a experimentar con cualquier cosa”, respondió cuando le preguntaron qué trabajos le atraían. “No creo que sea necesario tener afinidad con el escritor, pero con Ferrante la tengo”.

jueves, 20 de agosto de 2020

Una interjección que puede oler mal

 

El pasado 12 de agosto, Stephen Burgen, desde Barcelona, escribió en el diario inglés The Guardian sobre el malentendido que se dio entre David Simon (foto), creador de The Wire y The Plot Against America, y Pablo Iglesias, secretario general del partido político español Podemos y vicepresidente segundo del gobierno de su país. El artículo se reproduce con traducción de Julia Benseñor.

Un embrollo de traducción en Twitter

David Simon, el creador de la serie The Wire, no ha parado de sumar elogios con su última serie The Plot Against America.

Cuando David Simon escribió The Wire, se impregnó de la jerga callejera de Baltimore, pero eso no lo preparó para enfrentar las complejidades de la jerga del español peninsular, donde lo que suena a lenguaje agresivo puede no ser otra cosa que un cumplido.

El guionista estadounidense de televisión se encontró en Twitter en el epicentro de una tormenta que comenzó cuando Pablo Iglesias, el líder del partido de izquierda Podemos, fanático de The Wire, elogió The Plot Against America, la última serie de Simon.

Ésta se basa en el libro del mismo nombre de Philip Roth y narra el surgimiento de un régimen fascista en los Estados Unidos, en la década de 1940. Iglesias tuiteó que la serie demostraba que en verdad el fascismo nunca se había ido, lo que provocó una catarata de reacciones en favor y en contra del régimen fascista español de Francisco Franco.

Simon, que no tenía idea de quién era Iglesias, se encontró con que su nombre aparecía mencionado en cientos de posteos, mientras los usuarios de Twitter se dedicaban a intercambiar insultos en español y catalán.

Simon retuiteó el mensaje de Iglesias con el siguiente comentario: “Entonces, si no me traiciona mi poco español, a este tipo le gustó mi miniserie y me etiquetó. Y así, ahora, en este segundo día, mi cuenta de Twitter se llenó de franquistas e independentistas catalanes que se gritan unos a otros en idiomas que no son los míos. Bueno, ok. Volvimos a 1937. Muerte a los fascistas. No pasarán”.

Durante los intercambios del fin de semana, hubo cables cruzados cuando Simon malinterpretó el mensaje elogioso "Olé tus cojones" y le asignó, en cambio, el significado de “tus cojones apestan”. El guionista respondió insultando a la madre del emisor del mensaje hasta que alguien le explicó que olé no tenía nada que ver con oler.

“Bien, eso quiere decir que me pasé toda la mañana insultando a las madres y a la pobreza retórica de los franquistas y fascistas españoles en Twitter”, concluyó finalmente Simon. “Pero aprendí que ‘olé tus cojones’ es un elogio. Vaya una cosa por la otra”.

jueves, 6 de junio de 2019

Seguimos con la invisibilidad del traductor

Ian Barnett, Carlos Gamerro y Fernando Fagnani
El pasado 9 de mayo, en el marco de la XVII Jornada de Derecho de Autor en el Mundo Editorial, que tuvo lugar en la 45ª. Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, CADRA organizó una mesa redonda dedicada al tema “El escritor, un escritor invisible”, que fue coordinada por Julia Benseñor, con la participación de Carlos Gamerro, Ian Barnett y Fernando Fagnani. Lo que sigue es un breve resumen de la mesa y un mensaje en video de cada uno de los participantes traductores.

Los traductores tuvieron
su lugar de debate en la jornada

En la mesa a continuación, titulada “El traductor, ¿un escritor invisible?” se debatió sobre el rol del traductor, una figura central en el campo editorial, que muchas veces queda invisibilizada. Y a esto se refirieron los expositores: en este caso, el inglés residente en Buenos Aires, Ian Barnett, quien traduce a distintos autores argentinos para el mercado angloparlante. Sostuvo: "Un traductor comparte los mismos recursos y las mismas técnicas que un autor. Es un escritor como cualquier otro, no de textos originales; pero lo que sí puedo decir es que no es un escritor invisible. Los traductores literarios están muy visibles: los que no los ven son los lectores”. Al mismo tiempo, aseguró: “Sin el trabajo de CADRA, nos quedamos sin recursos para defender nuestro propio trabajo”.

También participó el autor, ensayista y traductor Carlos Gamerro, quien ofició de traductor de obras de Graham Greene, Harold Bloom y William Shakespeare. Gamerro se refirió a la importancia del trabajo del traductor como autor dando cuenta de que, por ejemplo, cuando alguien lee Respiración artificial, de Ricardo Piglia, en inglés, de tan buen trabajo realizado, parece escrita por el traductor.


Por último, el editor Fernando Fagnani, de Edhasa, se refirió a una tradición sudamericana de no hacer visible al traductor. “En Amazon, siempre aparecen los dos: autor y traductor. Acá se celebra solo al traductor cuando es autor, es decir, cuando su actividad principal no es la de ser traductor”. Moderó la mesa, la traductora literaria y técnico-científica, Julia Benseñor, miembro de la Comisión Directiva de CADRA, co-fundadora del Club de traductores e integrante de AATI.

Quienes deseen ver la introducción a esa charla, con comentarios de Julia Benseñor, Ian Barnett y Carlos Gamerro, pueden hacerlo en los siguientes vínculos:


Ian Barnett

Carlos Gamerro
https://www.youtube.com/watch?v=DhYfmIS9mTU&list=PLHMosKO68CBeljPR_8osgDkmIjmBIk32-&index=7

viernes, 29 de junio de 2018

Acerca del posible cierre de los traductorados de idiomas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires


Continuando con las Columnas del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, hoy es el turno de la traductora argentina Julia Benseñor, quien escribe a propósito del posible cierre de los 29 institutos terciarios no universitarios, entre los que se cuentan los institutos Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” y el Lenguas Vivas “Sofía de Spangenberg”, donde están los traductorados literarios y técnico-científicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (C.A.B.A., por sus siglas).

¿Qué pasará con los traductorados de idiomas?

Como muchos de los lectores de este blog no viven en la ciudad de Buenos Aires y, de hecho, un alto porcentaje de ellos vive en otros países, quiero hacer una breve referencia a lo que viene sucediendo en el ámbito de la ciudad para luego abrir el espacio de este blog a quienes quieran escribir sobre el tema.

En diciembre del año pasado, el ministerio de educación de la ciudad de Buenos Aires presentó ante la legislatura un proyecto para crear una universidad que reemplace los 29 institutos terciarios no universitarios dedicados a la formación docente que existen actualmente en el ámbito de CABA. Abarca a las Escuelas Normales Superiores, las Escuelas Superiores de Educación Artística, los Institutos de Educación Superior de Formación Docente y la Escuela de Maestros.

Y con este proyecto, bautizado UniCABA, se desató un conflicto que por ahora no tiene miras de resolverse.

Para poner en autos sobre todo a los extranjeros que leen el blog, quisiera explicar por qué a los traductores literarios nos interesa un asunto que, en principio, parecería privativo de pedagogos, profesores y estudiantes de profesorados de los niveles primario y secundario. El tema nos afecta primero porque la educación nos interesa siempre. Segundo, y ya de manera mucho más específica, porque entre estos institutos que enseñan todas las disciplinas docentes, y que serían reemplazados por la UniCABA, se encuentran los especializados en idiomas, como el Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” y el Lenguas Vivas “Sofía de Spangenberg”. Y tercero, ya metidos de lleno en nuestro campo, porque en estos dos institutos no sólo funcionan los profesorados de idiomas extranjeros, sino precisamente los traductorados literarios y técnico-científicos, carreras que en la ciudad y en el ámbito de la educación de gestión pública no existen a nivel universitario.

Volvamos al proyecto. El oficialismo porteño argumenta que se registra una caída en la matrícula de alumnos en los profesorados, que los resultados de las evaluaciones de los alumnos de nivel primario y secundario son cada vez más pobres y que existe la necesidad de jerarquizar la formación docente dándole nivel universitario, en parte para hacer más atractivas las carrerasy aumentar la matrícula de alumnos.

Ahora bien, las autoridades, los docentes y los alumnos de todos los institutos vienen rechazando este proyecto y así lo manifiestan en las calles y en todas las oportunidades que tienen para visibilizarlo. Siendo un proyecto que cambiará radicalmente la organización existente, los directivos de los institutos no fueron consultados y se enteraron, como el público general, a través de los medios, en vez de que el proyecto fuese el resultado de una construcción basada en el diálogo, la experiencia y los conocimientos técnicos de quienes vienen realizando esta tarea. Quisiera destacar que hay institutos que llevan más de cien años formando docentes y, sin embargo, fueron excluidos del debate antes de que se presentara el proyecto. Además, dada la escasa información que acompaña el proyecto, la comunidad educativa está inmersa en la incertidumbre.

Actualmente, el proyecto se está debatiendo en la Comisión de Educación de la Legislatura, donde distintos actores exponen sus posiciones a favor y en contra del proyecto.

En lo personal, una de mis principales preocupaciones es saber qué pasará con los traductorados de idiomas que funcionan dentro de estos institutos pero que, por no estar dedicados a la formación de profesores, parecen haber caído en una suerte de limbo.

Sin duda, esta es una síntesis más que breve para la envergadura de lo que está en juego, pero la idea era dar por inaugurado el partido e invitar a los jugadores que tienen mejor manejo de esta pelota a salir a la cancha.

jueves, 10 de mayo de 2018

Michael Cronin, nuevo director del Trinity Centre for Literary and Cultural Translation

Michael Cronin es profesor de francés en el Trinity College de Dublín y el flamante director del Trinity Centre for Literary and Cultural Translation. El siguiente artículo fue publicado en The Irish Times, el 25 de abril pasado. Aquí se reproduce gracias a la traducción realizada por Julia Benseñor

La traducción literaria acerca
el mundo a Irlanda e Irlanda al mundo

“Necesitamos mantener esta conversación cosmopolita más que nunca. A los traductores lesinteresa más levantar puentes que quemarlos, derribar paredes que levantar muros.”

La famosa ocurrencia de Umberto Eco de que "la lengua de Europa es la traducción" adquiere una resonancia particular en la actualidad cuando el futuro de Europa está puesto en cuestión dada la presencia cada vez más explícita de un exclusivismo étnico en todo el continente.

A los traductores, por su parte, les interesa más levantar puentes que quemarlos, derribar paredes que levantar muros. Y en una época en la que sectores enteros de la humanidad pueden ser desechados con un simple rótulo (de migrantes), los traductores pueden a través de su trabajo darles voz a quienes no la tienen, darles nombre a quienes son anónimos.Lo hacen a través de la meticulosa tarea de volcar los escritos de otros realizados en las diferentes lenguasque existen en el mundo a otra lengua que pueda ser entendida. En otras palabras, contribuyen de manera concreta al desarrollo de la imaginación empática, a la capacidad de poder imaginar lo que significa ser otra persona, alguien diferente de uno mismo.

A medida que aumentan las interacciones globales, que miramos la cooperación ecológica coordinada a través del planeta y nuestras ciudades se vuelven más multiculturales y multilingüísticas, necesitamos esta forma de imaginación como nunca antes.

Los traductores literarios, al darles la bienvenida a los escritos de otros en su propia lengua y cultura, practican una forma indispensable de hospitalidad, una apertura al mundo que significa que continuaremos teniendo un planeta en el que se pueda vivir y celebrar. Por supuesto, a lo largo del proceso, los traductores también contribuyen poderosamente con su propia lengua y cultura. Lutero le abrió las puertas al alemán moderno con sus traducciones. Los traductores de la Biblia del rey James alteraron radicalmente el destino del inglés y los traductores franciscanos irlandeses que trabajaron en Louvain y en otros lugares tuvieron una influencia decisiva en la aparición del irlandés moderno.

Ayer celebramos la inauguración de una nueva sede del Trinity Centre for Literary and Cultural Translation en un casa georgiana bellamente restaurada de la calle Fenian, en Dublín. En una asociación entre la Escuela de Lenguas y Literatura y Estudios Culturales del Trinity, de Literature Ireland y de Dalkey Archive Press, este nuevo centro promoverá a los traductores literarios y culturales como profesionales creativos al servicio de conectar lenguas y culturas del mundo, acercando lo mejor de la literatura internacional a los lectores irlandeses y  llevando lo mejor de la literatura irlandesa a los lectores de todo el mundo.

El evento, que incluyó lecturas de la poesía de Seamus Heaney en ruso, húngaro, polaco y español de México, rindió tributo a las contribuciones de Heaney a la literatura en su doble rol de escritor y traductor así como reconoció suimportante apoyo para el desarrollo del Trinity Centre for Literary and Cultural Translation.

Cuando Irlanda se prepara para una Europa post-Brexit, la labor del traductor literario se vuelve más importante que nunca. Necesitamos saber más sobre la vida, la historia y la cultura de nuestros vecinos europeos si queremos desarrollar relaciones resilientes y duraderas que sobrevivan a las dificultades de la desconexión.  

Nuestros vecinos necesitan conocer el rico legado literario de la isla de Irlanda así como las riquezas que podemos poner sobre la mesa europea. Literature Ireland ha sido notablemente exitosa en su objetivo de hacer traducir más de 2.500 obras de literatura irlandesa a las lenguas del mundo. El país necesita los servicios de esas mujeres y esos hombres que tan diligentemente promueven lo mejor de nuestra literatura en sus diversas lenguas.

Ahora que nuestra isla se ha convertido en el nuevo hogar de hablantes de más de 160 idiomas que traen consigo sus diferentes historias y culturas, debemos ver a la traducción literaria como una parte indispensable de nuestra ciudadanía común. Dado que es deseable pero no siempre posible aprender las lenguas de quienes arriban a nuestra isla, podemos siempre recurrir a los servicios del traductor literario para comprender la historia, los orígenes y la profundidad cultural de los recién y no tan recién llegados a la sociedad irlandesa. La traducción literaria acerca el mundo a Irlanda e Irlanda al mundo. Sin duda, necesitamos esta conversación cosmopolita más que nunca.


Ver el original en
https://www.irishtimes.com/culture/books/literary-translation-brings-the-world-to-ireland-and-ireland-to-the-world-1.3472951

viernes, 6 de abril de 2018

Una entrevista reciente por el décimo aniversario del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires


El 27 de marzo pasado, con motivo del comienzo de las actividades públicas con las que comenzó el décimo año del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, Silvina Friera publicó en Página 12 una entrevista con el Administrador de este blog, que se reproduce a continuación. En la foto, Jorge Fondebrider y Julia Benseñor, los fundadores.

“Sin libros traducidos somos más pobres”

La traducción literaria es (casi) tan necesaria como el aire que respiramos. El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, creado por Jorge Fondebrider y Julia Benseñor, comenzará su décima temporada hoy a las 19 con una charla sobre “Opera y traducción” a cargo del director teatral Marcelo Lombardero, en la Biblioteca de Goethe-Institut (Corrientes 343), con entrada libre y gratuita. “Diez años del Club son un motivo de alegría, sobre todo porque ha servido para que los traductores nos conociéramos mutuamente mejor, supiéramos cuáles eran nuestros desafíos, deberes y derechos y, juntos, le explicáramos a la sociedad las razones e importancia de nuestro trabajo. A esta altura, hay que ser muy necio para no entender que sin traductores no hay libros traducidos. Y que sin libros traducidos somos mucho más pobres”, plantea Fondebrider a Página 12. “Lombardero es uno de los más importantes directores de ópera y teatro de la actualidad, además de ser alguien muy sensible a la traducción de los textos, algo que ya se vio cuando dirigió el Teatro Colón y el Teatro Argentino de La Plata”, agrega el escritor y traductor.

El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires empezó a reunirse en unas oficinas que ofreció Julia Benseñor, la cofundadora, allá por 2009. “Ese mismo año, Ricardo Ramón, entonces director del Centro Cultural de España en Buenos Aires, nos brindó su hospitalidad y estuvimos allí siete años –repasa Fondebrider–. Cumplido ese ciclo, Uwe Mohr y Carla Imbrogno nos permitieron trabajar en la Biblioteca del Goethe-Institut. Por el club pasaron traductores, escritores, historiadores, científicos, editores, actores y directores teatrales y toda la gente sensible a los problemas que involucran la traducción, el estado de la lengua –una de nuestras principales batallas, dada la ridícula avanzada imperial española– y el mundo editorial. Desde Piglia, Beatriz Sarlo, Elvio Gandolfo y Alan Pauls, pasando por Marilú Marini, Rafael Spregelburd e Ingrid Pelicori, hasta los mejores traductores argentinos, consagrados y nóveles, estuvieron con nosotros y siempre en pie de igualdad. Hemos realizado tres simposios internacionales, un gran homenaje a Georges Perec, otro a James Joyce, seminarios con autores y traductores de otros países. Todos juntos hemos trabajado para hacer que la traducción tenga hoy la dignidad que merece”. Los próximos invitados serán Gustavo Guerrero, profesor en l’Ecole Normale Superieur de Francia y director del sector de castellano de la editorial francesa Gallimard, y el escritor Juan Villoro. “Estamos trabajando con la gente del Goethe-Institut en una mesa de traducción alrededor de la figura de Karl Marx, de quien se cumplen 200 años de su nacimiento”, anticipa Fondebrider.

¿Qué desafíos enfrenta el oficio de traductor en este siglo XXI? “Antes de pensar en la traducción, pensaría en el estado de la cultura en general –advierte Fondebrider–. Por ejemplo, dado que Penguin Random House y Planeta se reparten más del 50 por ciento del mercado editorial de la lengua, me preguntaría si la bibliodiversidad es una especie en extinción antes que preocuparme por los traductores. Sin hablar, claro, de la falta de inversión en favor del ‘emprendedurismo’ o como se llamen esas fealdades. Los traductores hemos estado siempre allí, sin ser tenidos demasiado en cuenta, arreglándonos para sobrevivir las muchas crisis y la mucha mayor estupidez”. El proyecto de Ley Nacional de Protección de la Traducción y los Traductores –que presentaron hace tres años un grupo de traductores encabezado por Estela Consigli, Lucila Cordone, Griselda Mársico, Andrés Ehrenhaus y Pablo Ingberg–, apoyado por más de 1300 escritores, docentes e investigadores como Marcelo Cohen, Horacio González, Beatriz Sarlo, Martín Kohan, Germán García y Hebe Uhart, entre otros, “encontró oposición de algunas editoriales con poder de lobby, fue malinterpretado por grupos de traductores generalmente ajenos a la traducción literaria, les pisó los juanetes a los que viven de cacarear las bondades de la enseñanza de la traducción –su negocio, claro– y sufrió los arrebatos personalistas de algún traductor que quiso llevarse los laureles del caso”, resume Fondebrider. “Las intenciones de tener una ley están y hay gente que trabajó muchísimo para sacarla adelante. Hasta ahora no se pudo. Así como en España se asocia la lengua a la marca país y se la trata como commodity y fuente de ingresos –sistemas de aprendizaje, gramáticas, diccionarios, libros en general–, habría que pensar el papel que les cabe a los traductores como participantes necesarios de esa posibilidad. Es un tema de naturaleza política. Los políticos de todos los partidos deberían estar a la altura y por ahora no lo han estado”.

lunes, 12 de febrero de 2018

"A diferencia de las artes escénicas, la industria editorial siempre ha sido un sector comercial que ha tenido que encontrar la cuadratura de sus círculos."

También el 15 de diciembre pasado, y sobre el mismo tema del día de ayer, Claire Armitstead escribió en The Guardian un segundo artículo sobre la situación de los escritores de ficción en Gran Bretaña. Se reproduce aquí, traducido por Julia Benseñor.

La ficción literaria está en crisis.
Debe comenzar un nuevo capítulo en el
financiamiento de autores

Finalmente, la noticia es oficial: la ficción literaria se encuentra en crisis y los escritores de todo el país se pasan la noche en vela en sus buhardillas, dan clases o trabajan duro en empleos ajenos a la escritura para que el fuego siga ardiendo en el hogar. Esta imagen al estilo de Dickens fue revelada por el Arts Council England hoy en un informe que indica que es probable que deba modificar sus prioridades de financiamiento con el fin de salvar a una población suya solvencia económica y cultural se ha ido debilitando con el correr de los años.

¿Por qué se ha llegado a esta situación y cuán importante es? Lo primero que hay que aclarar es que la gente no está necesariamente leyendo menos: la venta de libros impresos entre ficción, no ficción y títulos infantiles aumentó casi el 9% en el Reino Unido el año pasado, mientras que el jueves los analistas del mercado Nielsen Book Scan revelarán que las ventas durante el importantísimo período navideño han crecido el 20% desde 2013.

Pero lo que resulta indudablemente cierto es que en la era del teléfono inteligente y los servicios de streaming, los libros enfrentan una competencia sin precedentes por atraer nuestra atención, y que cuando preferimos un libro en lugar de una película o contenidos de redes sociales, estamos corriendo menos riesgos. El año pasado, encabezó las listas el guión de la obra de teatro Harry Potter y el legado maldito, de J. K. Rowling (y Jack Thorne). Rowling también ocupó los puestos 12, 28, 64 y 95, el último como su álter ego, el escritor del género negro Robert Galbraith, un éxito debido a la combinación de marketing y familiaridad que puede mantener viva una tendencia por años, si no décadas. El libro de Philip Pullman que siguió a la serie de La materia oscura, La bella salvaje, vendió casi un cuarto de millón de copias desde octubre.

A los autores que se han vuelto intergeneracionales a medida que sus lectores jóvenes fueron creciendo les va particularmente bien con esta tendencia de familiaridad para crear afecto. Pero esto no ocurre sólo con escritores de libros infantiles. El último volumen de la muy literaria y muy adulta trilogía sobre Thomas Cromwell de Hilary Mantel tendrá megaventas garantizadas cuando llegue a las librerías.

Este imperativo de la continuidad ha formado parte desde hace mucho tiempo de los cimientos de los editores comerciales, que esperan que muchos de sus escritores más exitosos “escupan” un libro por año. Y a medida que la industria editorial se ha centralizado más y ahora concentra mucho de su poder en tres conglomerados gigantescos, se ha vuelto más despiadada.

La cruel verdad es que a los largo de las décadas del ochenta y del noventa, los novelistas literarios podían vivir de los anticipos que no generaban ganancias extra. Eran apoyados por un sistema de valores pasado de moda que autorizaba el paso a pérdidas y ganancias por el prestigio que significaba que lo asociaran con un escritor “importante” y por la creencia de que el valor literario podía compensarse con las utilidades de ediciones más pragmáticas.

Pero es fácil volverse nostálgico. Si analizamos las novelas literarias que según el Arts Council vendieron más de un millón de copias en el último par de décadas, se pone en evidencia otra tendencia: Expiación, de Ian McEwan, Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini, La vida de Pi, de Yann Martel y La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger pueden no deber su éxito original a las películas que se basaron en ellas, pero han obtenido beneficios del lucrativo mercado de los productos licenciados.

A diferencia de las artes escénicas, la industria editorial siempre ha sido un sector comercial que ha tenido que encontrar la cuadratura de sus círculos. Esto se refleja en el hecho de que recibe sólo el 7% de la torta financiera que reparte el Arts Council, a diferencia del teatro, que recibe el 23%, y la danza, que recibe el 11%.

La mayor parte de ese dinero se ha utilizado para financiar a editores que producen poesía y literatura traducida, que nunca han podido abrirse su propio camino financieramente. De modo que habrá sangre en la alfombra si los recursos existentes se vuelcan a brindar apoyo a los novelistas.

Algunos argumentarán que esto sencillamente demuestra que la ficción literaria es resaca del pasado y que los pobres autores deberán ponerse las pilas y resignarse a escribir lo que la gente quiere leer realmente. Pero pocos se atreverían a decir lo mismo sobre el teatro o la danza experimental. Y esto no tiene en cuenta el hecho de que —como sucedió con Pullmany Mantel— a los escritores puede llevarles décadas lograr el éxito.

Es más, investigaciones realizadas por la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales de Nueva York el último año indicaron que la ficción literaria tiene un valor social medible, que aumenta los niveles de empatía a diferencia de otros géneros de ficción.

De modo que, suponiendo que no vamos a decirles a los escritores qué deben escribir, y que tampoco queremos que la literatura se convierta en el dominio exclusivo de aquellos que no necesitan ganarse la vida, es preciso encontrar maneras de permitir que los demás tipos de novelistas continúen escribiendo.

Esto no quiere decir que, simplemente, haya que cortar el actual trozo de la torta en porciones más pequeñas o diferentes; implica que hay que hablar con más fuerza y convicción para que se agrande el tamaño de la porción. Aun si desconocemos su valor intrínseco, ¿dónde estarían los mundos de las películas u obras de teatro si no existieran todas esas novelas literarias y cuentos para adaptar?


•Claire Armitstead es editora asociada de cultura de The Guardian.

viernes, 9 de febrero de 2018

"Existe la creencia de que todo aquel que sabe leer es lector pero, en realidad, estamos todo el tiempo con el teléfono, todo el tiempo con Twitter"

Existe una superstición ampliamente difundida en el mundo editorial a propósito de la ficción. Así, se cree que la novela –no los cuentos–, vende mucho más que cualquier otro género. Como las estadísticas no suelen ser oficiales, el mito se mantiene. Sin embargo, en Gran Bretaña las cifras revelan otra cosa. Con este tema, Alison Flood publicó en The Guardian del 15 de diciembre del año pasado el siguiente artículo sobre la crisis de la ficción y los escritores de ficción en Gran Bretaña. En la bajada se lee: “Las nuevas cifras indican que son cada vez menos los escritores del Reino Unido que ganan lo suficiente para mantenerse, mientras que el Council atribuye la caída de las ventas a la recesión y al auge de los teléfonos inteligentes.” La traducción de este artículo fue realizada por Julia Benseñor.

La ficción literaria, en crisis debido a la drástica
caída en las ventas, informa el Arts Council England

La imagen del escritor empobrecido que escribe con dificultad su obra maestra en una helada buhardilla es tan válida hoy como hace un siglo, según un nuevo informe encargado por el Arts Council England(ACE), que reveló que la caída de las ventas, del precio de los libros y de los anticipos hace que sean pocos los que puedan vivir sólo de la escritura.

De acuerdo con el informe, la ventas de ficción literaria impresa se encuentran sustancialmente por debajo de lo que estaban a mediados de la década de 2000 y el precio promedio de un libro de ficción literaria se redujo en al menos un 15% en términos reales.

Todo esto produce un efecto en la diversidad de escritores: estamos perdiendo voces.

Sarah Crown, Arts Council England
El aumento de las ventas de libros electrónicos de géneros como el policial y el romántico no ha compensado la escasez de ficción literaria, lo que llevó a ACE a diseñar mecanismos para apoyar a los autores afectados.

“A principios de los años 90, sin duda habría sido innecesario que el Arts Council considerara intervenir en el sector literario, pero es mucho lo que cambió desde entonces —Internet, Amazon, el fin del acuerdo británico que fijaba el precio de los libros—, modificaciones que siguen en curso y que tuvieron un efecto profundo”, dijo la directora de literatura de ACE, Sarah Crown. “Hoy en día, hay un sistema mucho más implacable para los autores de ficción. Inevitablemente terminamos en una situación en la que los que están en mejores condiciones de escribir ficción literaria son aquellos que no tienen una necesidad imperiosa de ganarse la vida con eso. Esto ha tenido un efecto sobre la diversidad de quienes escriben: estamos perdiendo voces y no queremos que sea así”.

El informe, realizado por la editorial digital Canelo, analizó los datos sobre ventas de libros que publica Nielsen Book Scany constató que, entre 2007 y 2011, las ventas de ediciones de tapa dura se desplomaron en 10 millones de libras. Las ediciones de ficción en rústica experimentaron una baja más estrepitosa, ya que cayeron casi todos los años desde 2008. En 2011, las ventas de ediciones en rústica fueron de 162,6 millones de libras, mientras que en 2012 equivalieron a 119,8 millones de libras.

Entre las pocas obras literarias que han vendido más de un millón de copias se encuentran Expiación, de Ian McEwan; Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini; La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger, y La vida de Pi, de Yann Martel. La novela literaria que fue bestseller el año pasado Un Dios en ruinas, de Kate Atkinson, vendió 187.000 copias, aproximadamente la mitad que Elizabeth ha desaparecido, de Emma Healey, la más vendida en 2015.

Los investigadores analizaron los 10.000 títulos de ficción más vendidos en los últimos cinco años y llegaron a la siguiente conclusión: “Más allá de los 1.000 autores principales (como mucho), la venta de libros impresos por sí sola no ofrece un ingreso decente. Si bien hace tiempo que se sospechaba esto, los datos lo confirman de manera inequívoca... Es más, ésta es una evaluación generosa. Una vez que el minorista, el distribuidor, el editor y el agente se quedan con su parte, 3.000 copias del título que ocupa el milésimo lugar en cuanto a ventas no dejarán mucho dinero. El hecho de que estemos retrocediendo a un contexto en el que sólo los escritores más favorecidos pueden mantenerse debería ser una fuente de mucha preocupación”.

La novelista Kit de Waal, cuyo debut My Name Is Leon, publicado en 2016, se convirtió en bestseller, fue una se los muchos autores entrevistados para el informe. “Dedicarse a escribir como carrera es muy pero muy difícil”, dijo. “Para mucha gente, las probabilidades de pasarse dos años de la vida concentrándose en escribir son nulas. La gran pregunta que se hacen los escritores de mi entorno se relaciona con escribir en los ratos libres. Si tenés que dedicar tiempo para escribir, vivís en la línea de la pobreza. Todo aquello que te nutre como escritor —las conferencias o los grupos de escritores— cuesta dinero. Si realmente estás en la bancarrota, cuesta demasiado”.

Una de las causas de la caída en las ventas de ficción literaria, según indica el informe, es la recesión, que coincide en el tiempo con el auge del entretenimiento fácil y barato. “En comparación con nuestros teléfonos inteligentes, la ficción literaria suele ser ‘difícil’ y cara: no es gratis y exige más concentración que Facebook o el videojuego Candy Crush,” escriben los autores del informe.

ACE dijo que “históricamente, se ha supuesto que la ficción literaria forma parte de la categoría de las ediciones comerciales, por lo que requería poca intervención del Arts Council”. Ahora, el Consejo propone apoyar a más autores individuales con su programa de subvenciones para las artes, priorizar el financiamiento que otorga a diversas organizaciones, sobre todo ubicadas fuera de Londres, y aumentar su apoyo a los editores independientes de ficción literaria, con esta última como una de las pocas ideas brillantes destacadas por el informe, que apunta al “desarrollo de nuevas imprentas independientes dedicadas a la ficción literaria”.

Asimismo, tiene la intención de iniciar conversaciones con el gobierno sobre la introducción de una reducción impositiva para las editoriales pequeñas, así como respaldar las oportunidades para desarrollar lectores.

“Existe la creencia de que todo aquel que sabe leer es lector pero, en realidad, estamos todo el tiempo con el teléfono, todo el tiempo con Twitter”, manifestó Crown. “Debemos reconocer que hay otras cosas que le demandan tiempo a la gente, y afirmamos que hay algo tan singular e importante y necesario y fundamental en la ficción literaria en particular que hace que tengamos que centrarnos en ella y apoyarla”.

Sin embargo, el novelista literario Will Self no se mostró optimista sobre el futuro del sector. “La ficción literaria ya está subsidiada: recordemos a todos los autores que siguen ganándose la vida enseñado escritura creativa. Ellos representan un cambio que se está dando en la literatura… Es como hacer una colcha con retazos”, agregó en referencia a los libros escritos en cursos de escritura creativa, a los que llama “emprendimientos colectivos”.

“En mi opinión, los programas de escritura creativa son una fuerza que instala el conformismo y la falta de experimentación”, agregó Self. Predijo que “a medida que quede claro que la enorme cantidad de escritores que están inscribiéndose en estos cursos no llegarán a nada [ficción seria], terminarán siendo una forma de ‘conservatorio’ practicada por hombres y mujeres jóvenes y seguida por un grupo selecto… como sucede con la música clásica o la pintura en caballete”.

La industria de las ediciones impresas se animó en 2015 cuando se reveló que las ventas de libros físicos habían aumentado por primera vez en cuatro años. Este cambio, que continuó en 2016 con una reducción de 4% en las ventas de libros electrónicos y un alza del 2% en las de libros impresos, se atribuyó a un mayor interés de los consumidores en libros de cocina y libros para colorear.