Mostrando entradas con la etiqueta Gregory Rabassa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gregory Rabassa. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de octubre de 2020

Juan Carlos Ghiano puso el dedo en la llaga

En el mundo literario, donde las reputaciones raramente son examinadas con el detalle que merecen, nadie quiere sacar los pies del plato, justamente porque nunca se sabe. Sin embargo, hubo épocas en que escritores, críticos y periodistas se animaban a decir algo más que lo que actualmente dicen. Así, el 22 de junio de 1969, el muy prestigioso crítico argentino Juan Carlos Ghiano firmó un artículo en el diario La Nación, donde se dedicaba a escrutar extensamente una antología de literatura latinoamericana publicada por la revista estadounidense Tri Quarterly, de la Northwestern University, de Evanstown, Ilinois.

Se trataba, claro, de un punto de vista muy crítico que, ya desde el título "Una versión distorsionada", daba una idea de lo que el lector del número correspondiente al Otoño/Invierno 1968/69 de la revista en cuestión iba a leer. Más allá de la crítica a los criterios de selección y a los seleccionados –algo que, ya de por sí, en nuestro pequeño presente constituiría una manera de cerrarse puertas de universidades estadounidenses–, importa aquí transcribir el párrafo dedicado a los traductores, entre los que se contaban algunos de los más célebrados profesionales estadounidenses, hoy devenidos monstruos sagrados:

"La mayoría de los traductores –Gregory Rabassa, John Hollander, Norman Thomas di Giovanni, John C. Murchison, Stuart Gross, Lysander Kemp, etc.– son de formación y actuación universitarias; esto garantiza la fidelidad literal, e impone las limitaciones de quienes no interpretan las búsquedas verbales en que hoy se ahonda la actitud creadora de narradores y poetas de nuestra América: voluntades diversas que se apoyan en los rasgos locales, y aun limitadamente localizados de un idioma cercano a las instancias orales con sus complejos matices de sintaxis y vocabulario. Esas diferencias son sutiles, y exigen un atento estudio de los textos, el único capaz de dar apoyo a la 'recreación' que deben alcanzar los traductores. Las modalidades personales –y cubanas, o chilenas, o argentinas– de los escritores deben encontrar sus equivalentes en el inglés norteamericano, no una solución que esquive la personalidad estilística de cada texto. Los mayores corresponden a Eshleman, Ben Bellit, de Neruda ambos: ambos, poetas".

Tómese el caso de Gregory Rabassa (1922-2016), traductor del castellano y del portugués al inglés. Entre otros, tradujo al español Juan Benet, al argentino Julio Cortázar, al colombiano Gabriel García Márquez, al cubano José Lezama Lima, al peruano Mario Vargas Llosa, al portugués José Maria de Eça de Queirós, a la brasileña Clarice Lispector, etc. Más allá del trabajo estrictamente profesional (y, en cierta medida, alimenticio), ¿qué implica traducir a autores de distintas variedades de dos lenguas, con enormes variaciones y estilísticas? En cierta forma, Ghiano lo anticipa con su pregunta. Ahora bien, ¿cuántos críticos se animarían hoy en día a objetar una traducción mencionando la naturaleza académica de sus traductores o las dificultades que presenta la diversidad lingüística de los traducidos?

viernes, 17 de junio de 2016

Gregory Rabassa (9 de marzo de 1922-13 de junio de 2016)

El 13 de junio pasado, a los 94 años, murió Gregory Rabassa, el traductor estadounidense especializado en literatura latinoamericana de lengua castellana y portuguesa. Según informa Wikipedia, “se destacó por sus traducciones de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Clarice Lispector, Joaquim Machado de Assis y Jorge Amado”  La muy escueta noticia en las páginas en castellano termina así: “ Se lo considera una figura influyente en el boom latinoamericano”.

La misma fuente, pero en inglés, informa que “Rabassa nació en Yonkers, Nueva York, en el seno de una familia encabezada por un emigrado cubano. Después de servir durante la Segunda Guerra mundial como criptógrafo en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS por sus siglas en inglés), obtuvo un título en Dartmouth. Posteriormente se doctoró en la Universidad de Columbia y enseñó allí por más de dos décadas, antes de aceptar un puesto en el Queens College, City University of New York.” La noticia continúa con sus méritos como traductor, con su relación con García Márquez, de quien tradujo Cien años de soledad, con su amistad con Julio Cortázar, con los distintos premios que recibió por su labor, entre ellos el que recibió por su versión de Rayuela, de Cortázar. 

El artículo concluye mencionando, If This Be Treason: Translation and Its Dyscontents, A Memoir, que publicó en 2005 sobre su tarea como traductor y con un dato más bien estúpido: “Rabassa a veces traducía sin haber leído el libro antes”.

Para quienes deseen ampliarla, la noticia fue publicada el 14 de junio por el Washington Post y por The Paris Review,  y el 15 de junio por The New York Times (los links están al final de la página).

Hacia el final del obituario de The New York Times se lo cita diciendo: “Si el libro es bueno, el traductor tiene que ser un carnicero para matarlo. Si el libro es muy bueno, incluyo un payaso puede hacerlo realidad”.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

"La gente no se da cuenta"


El 7 de diciembre pasado, la talentosa periodista Gabriela Mayer entrevistó al traductor estadounidense Gregory Rabassa (ver en este mismo blog la entrada correspondiente al 25 de agosto de 2009) para la agencia alemana DPA (Deutsche Presse-Agentur), diálogo que se transcribe a continuación.





Gregory Rabassa, el sutil arte
de traducir literatura latinoamericana

Buenos Aires/Nueva York, 7 dic - La traducción literaria "es un arte y no un oficio", afirma Gregory Rabassa, el gran traductor al inglés de los principales autores del boom de la literatura latinoamericana, como el colombiano Gabriel García Márquez, el argentino Julio Cortázar y el peruano Mario Vargas Llosa.   

Rabassa, de 90 años, suele traducir mientras lee por primera vez, según cuenta en entrevista telefónica con dpa desde su casa en Nueva York, ya que piensa en la traducción "como una lectura". 

"Pienso que a veces en la segunda lectura se pueden cometererrores, aunque los estudiosos digan que no. Lo que vale es esa primera impresión que tienes de un libro, cuando no lo analizas, simplemente lo lees, lo que es el libro en su verdadera esencia".   

Gracias a su prolífica labor, numerosos lectores del mundoanglosajón conocieron por ejemplo al coronel Aureliano Buendía y a la Maga. Rabassa se inició en el campo de la traducción con Rayuela (Hopscotch) de su amigo Cortázar. Luego el autor argentino lo recomendó a García Márquez para que tradujera Cien años de soledad (One Hundred Years of Solitude).   

Rabassa –a quien el Premio Nobel colombiano calificó como "el mejor escritor latinoamericano en inglés"– evoca: "Cortázar le pidió a Gabo que me esperara, porque yo estaba con otras cosas. Gabo esperó un tiempo y luego pude hacer la traducción, que fue bien recibida".   

El estadounidense lleva décadas ejerciendo con maestría su arte, pero dice que no tiene un método para traducir. "Lo que hago es tomar el texto en español y leerlo en inglés. Y luego transcribo al papel lo que leo. Esa es la mejor definición de cómo trabajo", señala con entusiasmo el traductor del español y portugués, hijo de padre cubano.   

La larga lista de escritores que Rabassa trasladó al inglés incluye también al cubano José Lezama Lima, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el brasileño Jorge Amado, el portugués António Lobo Antunes y el español Juan Benet.   

Algunas de sus traducciones fructificaron tras recibir colaboración por parte del autor, como fue el caso de Cortázar con Rayuela o Libro de Manuel (A Manual for Manuel). Pero otras lograron enorme reconocimiento aunque Rabassa las emprendiera sin mayores orientaciones.   

Así ocurrió con Cien años de soledad: "No intercambiamos demasiada correspondencia, él (García Márquez) simplemente me dio libertad. Me dijo adelante, tradúcelo. Y cuando estuvo traducido le gustó, dijo que pensaba que era mejor que su propio original. Mi impresión fue que se trató de un elogio para la lengua inglesa", sostiene Rabassa con modestia.   

A la hora de elegir el libro más complicado en su extensa carrera, el catedrático de Lenguas y Literaturas Hispanas en Queens College apunta a Paradiso de Lezama Lima, trabajo que también obtuvo por recomendación de su amigo cronopio.   

"Tenía un estilo muy extraño, críptico, inventaba palabras. Julio fue muy servicial, porque yo me carteaba con Lezama Lima, pero con el embargo y todo eso, era difícil mantenerse en contacto. Por eso le escribía a Julio y él le mandaba la carta a Lezama en Cuba desde París, un triángulo", recuerda durante la conversación en inglés.   

Y entre los que le dieron más placer, vuelve a la saga de la familia Buendía en Macondo. "Me dejé llevar y disfruté de sus pequeños trucos y la manera en que (García Márquez) la compuso". También se deleitó trabajando con las ficciones de Amado. "Traduje recientemente dos de sus novelas. Siempre es divertido debido a sus extraños personajes".   

Rabassa cuenta en su haber con el National Book Award for Translation por Hopscotch y el PEN Translation Prize por The Autumn of the Patriarch (El otoño del Patriarca) de García Márquez, mientras que en 2006 fue distinguido con la National Medal of Arts de Estados Unidos.   

Consultado acerca de si se siente el "traductor del boom",replica: "No me gusta ser catalogado, aunque tampoco me preocupa". Lo que sí subraya es que el traductor "debe ser escritor para poner por escrito lo que está leyendo. Creo que es una combinación de ambos, es ambos".   

El autor del libro de memorias If This Be Treason: Translation and Its Dyscontents, A Memoir continúa trabajando. "Recientemente estuve traduciendo más del portugués, como Jorge Amado, y algunas obras de Portugal, como (José María) Eça de Queiroz, algunos de sus textos que nunca habían sido traducidos. La última novela que traduje fue de (António) Lobo Antunes".    

Rabassa se muestra convencido de que resulta muy diferente traducir del español que del portugués. "Parecen semejantes, pero el hecho de que su sonido sea tan diferente hace como si estuvieras traduciendo al francés y alemán del español. Están engañosamente cerca en apariencia y significado, pero no en el sonido".  

Con su tono pausado y tranquilo opina que la traducción literaria suele ser subestimada. "La gente no se da cuenta de lo que se requiere para traducir, no es un simple intercambio de palabras. Alguna vez dije que le puedes enseñar a Picasso cómo mezclar sus pinturas, pero no puedes enseñarle cómo pintar sus Demoiselles".   

A la pregunta de si sigue a las nuevas generaciones de autores iberoamericanos, afirma con humildad: "No pude estar al tanto como debería, pero tengo muchos libros e intento leer. Aunque últimamente disminuí la velocidad tanto en la traducción como en la lectura". Pero Rabassa mantiene intacta la pasión por su oficio, el exigente arte de traducir.

martes, 25 de agosto de 2009

"Sólo tienes que dar en el clavo"


Traductor del castellano y del portugués al inglés, el estadounidense Gregory Rabassa (1922) enseña en Queens College. La larga lista de autores que tradujo incluye a Julio Cortázar (su traducción de Rayuela le valió National Book Award en la categoría traducción), a Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, El otoño del patriarca, Crónica de una muerte anunciada), José Lezama Lima (Paradiso), Mario Vargas Llosa (Conversación en la catedral), así como títulos de Jorge Amado, Clarice Lispector y Juan Benet, entre muchos otros. En 2004 publicó sus memorias, If This Be Treason: Translation and Its Dyscontents, ocasión en que el New York Times le dedicó un artículo firmado por Andrew Bast, posteriormente reproducido en castellano (sin mención del traductor) el blog de mqh.blogia.com


El largo viaje de un traductor

En los atiborrados estantes de la biblioteca de Gregory Rabassa hay un ejemplar de la primera edición en 1963 de Rayuela, la novela experimental del novelista argentino Julio Cortázar. Rabassa había recién obtenido su diploma de doctor en filosofía a mediados de los 1960, cuando un editor de Pantheon -que había seguido su trabajo como editor de una desaparecida revista literaria de la Universidad de Columbia- le propuso traducir al inglés el libro de Cortázar. Sin haber leído la que se ha dado en llamar una novela "endemoniadamente esotérica", Rabassa se sentó y tipeó un borrador en inglés, palabra por palabra. El trabajo de Rabassa, titulado en inglés Hopscotch, obtuvo en 1967 el primer premio en traducciones de la National Book Award.
"Tengo cincuenta títulos traducidos", dijo Rabassa, meditando en su apartamento del Upper East Side, el que comparte con su esposa, Clementine. Tiene una complexión delicada, y el pelo canoso lo lleva como si fuera una corona. Está rodeado de novelas escritas por gigantes de la talla de Jorge Amado, Mario Vargas Llosa, José Lezama Lima y Gabriel García Márquez, las ediciones originales en español o portugués junto a su traducción publicada al inglés.
Ahora, a los 82, Rabassa publicará finalmente su propio libro extenso, If This Be Treason: Translation and Its Dyscontents, una lúdica reflexión sobre el trabajo de toda su vida, que New Directions tiene programado lanzar la próxima primavera. "Mi tesis en el libro es que la traducción es imposible", dijo Rabassa. "La gente cree que se puede reproducir, pero tú no puedes transformar a un pichón de pollo en uno de pato. Lo mejor que puedes hacer es acercarte algo".
Si eso fuera verdad, entonces Rabassa se ha acercado más que nadie. Es considerado en todo el mundo como uno de los más grandes de su oficio. "El gran don de Rabassa es haber encontrado en inglés la música que le permite traducir a un amplio número de escritores de habla hispana", dijo Dan Simon, fundador de la editora Seven Stories Press, que ha publicado algunas de las traducciones de Rabassa. "Es fácil imaginar que si Rabassa se hubiese hecho diplomático o cirujano, ahora no tendríamos traducciones legibles de Cortázar o de García Márquez".
Sin embargo, a pesar de los galardones, la traducción todavía es un arte difícil y poco comprendido. A menudo el nombre del traductor no aparece en la cubierta de los libros, dijo Simon. Sin embargo, una "traducción mala perjudicará sus ventas en el mercado".
Walter Benjamin, el crítico literario alemán, escribió alguna vez que "ninguna traducción es posible si su objetivo último fuera parecerse al original". García Márquez ha dicho de Rabassa que leyó ‘Cien Años de Soledad', se sentó y la re-escribió en inglés. (También dijo que la traducción de Rabassa había mejorado el original). Pero Rabassa alega que re-escribir no es lo único que hace. "Estoy leyendo en español, pero casi siempre en inglés, así que así es como lo hago.
"Cuando hablo sobre esto, yo digo que el inglés está oculto detrás del español. Eso es lo que hace que una traducción sea buena: tienes que pensar que la traducción debe sonar como si García Márquez hubiera nacido hablando inglés.
En el caso de Cortázar, Rabassa desarrolló con él una relación, y se hicieron buenos amigos, pasando días y noches escuchando los discos de 78 revoluciones de Count Bassie y Lester Young. Rabassa tradujo a Luis Rafael Sánchez y compartió con él los salones de hoteles en las playas de Puerto Rico. Y después de traducir Seven Serpents and Seven Moons, de Demetrio Aguilera-Malta, un antiguo embajador ecuatoriano en México, terminó con una de las pinturas del traductor en una pared de su apartamento.
Sin embargo, Rabassa también ha producido traducciones brillantes sin tener relación alguna con el autor. Jorge Amado y García Márquez no querían saber nada de sus libros en inglés. Rabassa dijo que había tipeado página por página su traducción de Cien Años de Soledad, de García Márquez, tal como hizo con la novela de Cortázar. Sin embargo, a diferencia de su ciega excursión con Hopscotch, Rabassa había leído la mágica epopeya de García Márquez sobre la familia Buendía ya antes de que intentara traducirlo. "Sabía que era un libro muy bueno, pero no era divertido saber todo de antemano", dijo.
En su sillón, mientras come una masita griega, Rabassa explicó que los títulos presentan sus propias dificultades. Cuando su traducción del clásico portugués del siglo diecinueve, Memórias póstumas de Blaz Cubas, de Joaquim Maria Machado de Assis, de la editorial Noonday Press, apareció bajo el título de Epitaph of a Small Winner, Rabassa protestó. "No se hacen tonterías con un clásico", dijo. "Es como decir que Madame Bovary es la historia de una mujer adúltera de clase media". (El libro con el título traducido por Rabassa fue publicado en 1997 por Oxford University Press).
La mitad del libro de Rabassa consiste de reflexiones sobre cada uno de los muchos autores que ha traducido; la otra será una memoria de cómo llegó a hacerse traductor. El epílogo, dijo, será dejado incompleto, como una "traducción que nunca termina".
Rabassa nació en Yonkers en 1922. Su padre era un corredor de azúcar cubana, pero, dijo, "el viejo no hablaba mucho español en casa". El joven Rabassa estudió francés y latín en la secundaria; luego estuvo en Dartmouth, dijo, donde comenzó a "recolectar idiomas", dijo Rabassa. Ahí estudió portugués, ruso y alemán. Cuando habla, su voz se pasea fluidamente entre las cinco diferentes lenguas que habla.
"Yo chapurreaba el italiano", dijo Rabassa, "hasta que compré por entonces una bonita edición de Dante. Para leerlo, utilicé el español y el portugués -que se parecen mucho al italiano- substituyendo las palabras italianas, y terminé hablando italiano".
En 1942 Rabassa se alistó voluntariamente en el ejército y, debido a sus habilidades lingüísticas, terminó en el despacho de los Servicios Estratégicos. Rabassa tradujo mensajes en código o del inglés al inglés, como decíamos, y también hizo interrogatorios. Cuando volvió a Estados Unidos después de pasar un tiempo en Italia y en el norte de África, Rabassa vivió en la calle de Morton, asistió en Greenwich Village a actuaciones de Charlie Parker y escribió poesía. Estudió para su licenciatura en español en la Universidad de Columbia y luego, aunque cansado de los idiomas, siguió estudiando y terminó su doctorado en portugués. En una recepción Rabassa conoció a un administrador del Queens College y terminó como profesor ahí. Todavía imparte clases de introducción a la carrera de traducciones de literatura en lengua española. "Cuando comencé a enseñar", dijo, "tenía la misma edad que mis estudiantes, y todavía vivo con esa ilusión".
Rabassa dice que aunque ha traducido a una nueva generación de escritores de habla hispana, ha cambiado muy poco desde que él tradujo a los gigantes. A pesar de las diferencias en estilo, el modo en que aborda un texto es esencialmente el mismo.
"Las traducciones que yo hice son todas muy diferentes", dijo. "Creo que funciona porque no creo que yo tenga un estilo de traducción. Es un sentimiento positivo que tengo hacia ellos. Hay mucho de instintivo en lo que hago. Sólo tienes que dar en el clavo. Yo nunca estoy seguro de si algo está bien o no, pero sí se muy bien cuando algo está mal".