En septiembre de 2024 un juez argentino hizo un pedido insólito a la RAE (Real Academia Española): suprimir del Diccionario de la lengua española la definición de la palabra “judío” como “persona avariciosa y usurera”, alegando que tal definición configura “un discurso de odio que incita a la discriminación por motivos religiosos” y ofende a la dignidad humana. El pedido del juez roza la extravagancia o la estupidez, depende de cómo se lo mire, como puede resultar extravagante o estúpido el borracho que busca las llaves no donde las perdió, sino donde hay más luz. El diccionario (cualquier diccionario) no hace más que dar cuenta de las distintas acepciones que una palabra puede tener. El diccionario no opina: es como el agua, no tiene opiniones. No controla el lenguaje, solo recoge los significados, como quien cosecha. Arturo Pérez-Reverte, miembro de la RAE, define bien su labor: “El Diccionario de la RAE no es la policía normativa del lenguaje, sino el notario que levanta acta de cómo se utilizó y cómo se utiliza ahora el lenguaje”. En resumen: la RAE está después del lenguaje, no antes. No establece los significados, simplemente hace acopio de ellos.
lunes, 16 de junio de 2025
"No controla el lenguaje, solo recoge los significados, como quien cosecha"
En septiembre de 2024 un juez argentino hizo un pedido insólito a la RAE (Real Academia Española): suprimir del Diccionario de la lengua española la definición de la palabra “judío” como “persona avariciosa y usurera”, alegando que tal definición configura “un discurso de odio que incita a la discriminación por motivos religiosos” y ofende a la dignidad humana. El pedido del juez roza la extravagancia o la estupidez, depende de cómo se lo mire, como puede resultar extravagante o estúpido el borracho que busca las llaves no donde las perdió, sino donde hay más luz. El diccionario (cualquier diccionario) no hace más que dar cuenta de las distintas acepciones que una palabra puede tener. El diccionario no opina: es como el agua, no tiene opiniones. No controla el lenguaje, solo recoge los significados, como quien cosecha. Arturo Pérez-Reverte, miembro de la RAE, define bien su labor: “El Diccionario de la RAE no es la policía normativa del lenguaje, sino el notario que levanta acta de cómo se utilizó y cómo se utiliza ahora el lenguaje”. En resumen: la RAE está después del lenguaje, no antes. No establece los significados, simplemente hace acopio de ellos.
martes, 1 de octubre de 2024
El juez Lijo le trae un problema a Milei con sus aliados de VOX
lunes, 30 de septiembre de 2024
Si "judìo" para la RAE es "usurero", la definición de "español" debería incluir el término "pata sucia"
lunes, 29 de julio de 2024
Eduardo Berti y su pasión por las palabras
jueves, 11 de julio de 2024
El tratamiento de la homosexualidad en la RAE
jueves, 6 de junio de 2024
"Lo que no soy es una coleccionista de rarezas"
martes, 19 de diciembre de 2023
¡Sonamos! ¡Ahora todo el mundo va a hablar mal!
miércoles, 6 de diciembre de 2023
El prestigioso Oxford English Dictionnary al ritmo del reggaetón
Los responsables del Oxford English Dictionary parecen haber entrado por la variante y, como sus pares españoles, agregan palabras a su obra, pero con una vuelta de tuerca. Según el artículo de Pablo San Román, publicado en InfoBAE, el 25 de noviembre pasado, nos enteramos de que "reggaetón" ha entrado en la lengua, entre otras cosas. En la bajada se lee: "La nueva edición del Oxford English Dictionnary, máxima referencia de su idioma, contiene 1.904 términos de origen castellano. Entre ellos, figuran 'barrio', 'fiesta', 'guerrilla', 'macho' y 'galáctico'".
martes, 5 de diciembre de 2023
Los cabeza de termo de la RAE siguen demostrando que, a la hora de la imbecilidad, no hay quien los emule

Machirulo, chundachunda y perreo entran en el Diccionario de la lengua española
El Diccionario de la Lengua Española (DLE) sumó este martes 4.381 nuevas palabras, según la actualización presentada este lunes por el director de la Real Academia Española (RAE), Santiago Muñoz Machado. La principal novedad de este año es la incorporación, por primera vez en los casi 300 años de historia del diccionario académico, de la consulta de sinónimos y antónimos.
martes, 7 de noviembre de 2023
Rigo, el que dice hijueputa por la tele
Publicado en El Tiempo, de Bogotá, el pasado 1 de noviembre, el siguiente artículo de Fernando Ávila, experto en castellano, que aquí recuerda el origen de varias palabras de uso polémico en su país, se apoya en Rigo, una serie basada en Rigoberto Urán, un ciclista colombiano cuya vida se cuenta enel programa de RCN de Colombia.
Las groserías populares que dice Rigo Urán y que sí salen en el diccionario
jueves, 2 de noviembre de 2023
Un gran servicio de Víctor Goldstein para los traductores del francés
Víctor Goldstein es uno de los mejores y más experimentados traductores argentinos de textos en francés. A lo largo de su asombrosa trayectoria (que puede leerse en su sitio web https://vicstein1.wixsite.com/victorgoldstein), se hizo el tiempo de recopilar unas 15.400 locuciones francesas que luego reunió en su Diccionario de locuciones y modismos franceses y otras rarezas idiomáticas, con sus equivalencias en español. Desde el siglo XVI al XXI.
viernes, 8 de septiembre de 2023
La Real Academia Española "estudia" dejar de ofender a los judíos
lunes, 31 de julio de 2023
¿Un diccionario casi infinito?
En el
diario Perfil, del día de ayer, Guillermo
Piro escribió una columna muy interesante sobre el Thesaurus Linguae Latinae, una obra monumental, que empezó a
realizarse hace ciento veintinueve años y todavía no tiene fecha de
terminación.
Biógrafos de palabras
Cuando en 1981 murió María Moliner, la famosa lexicógrafa y filóloga española, Gabriel García Márquez tuvo una intuición genial: conseguir su teléfono, llamar a su casa y hablar con uno de sus cuatro hijos. Cuando García Márquez le preguntó acerca de cómo había sido vivir con una madre que había dedicado su vida a su Diccionario de uso del español, su hijo respondió: “En casa siempre fuimos mis tres hermanos, yo y el diccionario”. La afirmación, con su carga de banalidad, deja traslucir, sin embargo, una verdad irrefutable: elaborar un diccionario es algo muy complicado, que requiere toda la dedicación, todas las energías, todo el tiempo. En el segundo piso de la Academia de Ciencias de Baviera, en Múnich, hay una habitación que reúne todas las palabras latinas conocidas, transcritas a partir de poesías, relatos, textos de filosofía, medicina, ingeniería, religión y botánica, pero también de inscripciones halladas en los sitios arqueológicos de medio mundo.
Desde 1894, cientos de investigadores y estudiosos del latín las fueron transcribiendo en diez millones de pequeñas Zettel, fichas, las ordenaron alfabéticamente en unas cajas de cartón y las etiquetaron con caligrafía elegante. Las palabras menos conocidas ocupan apenas pocas fichas, pero otras, como non, o et, ocupan ellas solas varias cajas. Un día, cuando el trabajo haya terminado, todas ellas aparecerán en el diccionario de latín más completo y preciso del mundo: el Thesaurus Linguae Latinae.
Para aquellos que se ocupan del latín a nivel académico, el Thesaurus es una institución venerada. La fundó el filólogo alemán Eduard Wölfflin hace 129 años, y se ocupa de compilar uno de esos diccionarios que no se limitan a explicar el significado de una palabra, sino que trazan su desarrollo histórico, su nacimiento, sus cambios, sus acepciones y su uso en las distintas épocas. Wölfflin quería que estuviera listo en una veintena de años; hoy esperan tenerlo listo para 2050. Y son optimistas.
Roberta Marchionni, una lexicógrafa italiana que trabaja en el Thesaurus desde hace diez años, responde a las preguntas que le hace Annalisa Quinn, una periodista del New York Times: “¿Por qué son tan lentos?”, a lo que responde: “¿Lentos? ¡Somos velocísimos!” Todos los que trabajan allí aman decir que son “biógrafos de palabras”; a fin de cuentas, eso son los lexicógrafos.
En los últimos 129 años pasaron por el Thesaurus cuatrocientas personas. El trabajo no se detuvo nunca, ni siquiera durante las dos Guerras Mundiales. Durante esos años, para alejarlo de los bombardeos, el archivo se mudó del centro de Múnich a un monasterio que se encuentra en las afueras de la ciudad.
Roberta Marchionni le contó a Quinn que trabajó diez años en la palabra res (cosa). Pero la que más dolor de cabeza le trajo fue necessitas, que quiere decir muchas cosas, menos “necesidad”. Otros sufrieron mucho con pietas o humanitas, palabras abstractas que son difíciles de interpretar, porque pertenecen a una cultura que creemos conocer, y de la que en cambio, ignoramos mucho.
Dice Marchionni que tiene dos tipos de pesadillas: una en la que vuelve muy atrás y tiene que volver a rendir el examen final del colegio secundario. En la otra tiene que volver a trabajar con la palabra necessitas. Aunque dice que hace sentir bien saber que uno sacó del olvido a alguna palabra. Son cosas que nosotros no entenderíamos.
