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lunes, 16 de junio de 2025

"No controla el lenguaje, solo recoge los significados, como quien cosecha"

En su columna del pasado 15 de junio, en el diario Perfil, de Buenos Aires, el escritor y traductor Guillermo Piro (foto) reflexiona sobre un problema que suelen traer los diccionarios, pero en el cual el de la Real Academia es campeón

De judíos, suecos y borrachos

Un borracho busca un manojo de llaves bajo la luz de un farol en la calle. Un transeúnte se acerca para ayudarlo y lo acompaña en la pesquisa, pero al no dar con las llaves le pregunta al borracho: “¿Está seguro de que las perdió acá?”, y el borracho responde: “No las perdí acá, las perdí en la otra cuadra, pero busco aquí porque hay más luz”. El chiste no resultaría tan amargo si no fuera porque hay gente que se comporta igual que el borracho, buscando soluciones donde las soluciones no están.


En septiembre de 2024 un juez argentino hizo un pedido insólito a la RAE (Real Academia Española): suprimir del Diccionario de la lengua española la definición de la palabra “judío” como “persona avariciosa y usurera”, alegando que tal definición configura “un discurso de odio que incita a la discriminación por motivos religiosos” y ofende a la dignidad humana. El pedido del juez roza la extravagancia o la estupidez, depende de cómo se lo mire, como puede resultar extravagante o estúpido el borracho que busca las llaves no donde las perdió, sino donde hay más luz. El diccionario (cualquier diccionario) no hace más que dar cuenta de las distintas acepciones que una palabra puede tener. El diccionario no opina: es como el agua, no tiene opiniones. No controla el lenguaje, solo recoge los significados, como quien cosecha. Arturo Pérez-Reverte, miembro de la RAE, define bien su labor: “El Diccionario de la RAE no es la policía normativa del lenguaje, sino el notario que levanta acta de cómo se utilizó y cómo se utiliza ahora el lenguaje”. En resumen: la RAE está después del lenguaje, no antes. No establece los significados, simplemente hace acopio de ellos.

Emulando al juez argentino, la embajada de Suecia en España acaba de lanzar una campaña tendiente a cambiar el significado a la expresión “hacerse el sueco”, expresión que alude a fingir que no se entiende o no se sabe para evitar responsabilidad o compromiso, y que probablemente tiene su origen en los marineros suecos que visitaban la península y no entendían una palabra de los que se les decía. Bien mirado, alguien que simula no entender lo que se le dice de algún modo imita a esos marineros (la expresión está emparentada con “hacer oídos de mercader”, cuyo significado sería el mismo que la expresión “hacerse el sueco”).

El embajador sueco en España, Per-Arne Hjelmborn opina que “hacerse el sueco” debería significar “sumarse a la transformación global necesaria para crear un futuro mejor para todos”. Un poco en broma, un poco en serio, han lanzado una campaña, apoyada por empresas suecas conocidas como Ikea, Ericsson, Scania y Volvo, para cambiar el significado de la expresión, como si las expresiones pudieran cambiarse así, simplemente pidiéndolo, o exigiéndolo, como en el caso del juez argentino.

Per-Arne Hjelmborn lanzó una petición a la RAE, como si la RAE pudiera falsear el significado de una expresión. Una propuesta que recuerda un poco al Humphrey Borgart de No somos ángeles, que al descubrir que los libros contables de un tendero no dan los resultados esperables se frota las manos y comienza a intervenirlos para hacer que tengan un aspecto más conveniente. Desconozco cuál sería el mecanismo para cambiar el significado de una palabra, pero sé que la solución no es pedírselo a la RAE. Con suerte, disponiendo de los suficientes satélites esparcidos por España que enarbolen el nuevo significado deseado, dentro de trescientos o cuatrocientos años los suecos se saldrán con la suya. Aunque tal vez hagan falta mil años.

Nunca está de más recordar el “Nocturno” de Rafael Aberti, que comienza diciendo: “Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre/ se escucha que transita solamente la rabia,/ que en los tuétanos tiembla despabilando el odio/ y en las médulas arde continua la venganza,/ las palabras entonces no sirven: son palabras.”

martes, 1 de octubre de 2024

El juez Lijo le trae un problema a Milei con sus aliados de VOX

El pasado 27 de septiembre, Javier Lorca, publicó una nota en El País, de Madrid, en la que se explica lo ocurrido en la Argentina a partir de la suspensión del sitio de la RAE por una de las acepciones que el diccionario de la Real Academia le da a la palabra "judío". El artículo incluye el punto de vista de Arturo Pérez Reverte, escritor plagiario miembro de la Academia.

Un juez argentino ordena a la RAE suprimir la acepción de la palabra “judío” como persona avariciosa y usurera

Un juez argentino ha ordenado a la Real Academia Española (RAE) que suprima en su Diccionario de la lengua española la definición de la palabra “judío” como persona “avariciosa o usurera”. De acuerdo con el fallo, dictado ante una presentación judicial de organizaciones de la comunidad judía en Argentina, la quinta acepción del término configura “un discurso de odio que incita a la discriminación por motivos religiosos” y ofende a la dignidad humana. Fuentes de la RAE han señalado a este periódico que la institución “ha conocido esta información a través de los medios” y que se pronunciará “cuando se le haga llegar una comunicación oficial”.

El expediente judicial se inició a fines de agosto pasado, tras una denuncia penal de la Fundación Congreso Judío Mundial y la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) contra Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, y contra toda persona responsable de la institución, a quienes acusaron de incitar al odio contra la comunidad judía.

Los denunciantes detallaron que en noviembre de 2021 solicitaron a Muñoz Machado, a través de una nota, la eliminación de la quinta acepción del término “judío, a” del Diccionario y que recibieron respuesta en enero de 2023. “De acuerdo con los criterios establecidos para el Diccionario de la Lengua Española, no es posible eliminar una acepción cuando está avalada por el uso —como sucede en este caso—, por más que pueda resultar socialmente inapropiada o reprochable”, fue la respuesta. “Sin embargo, se ha considerado oportuno añadir la indicación de que su uso puede resultar ofensivo o discriminatorio”, agregó. De hecho, así consta en la definición actual: “Dicho de una persona: avariciosa o usurera. U. como ofensivo o discriminatorio”.

En septiembre de 2023, el Congreso Judío Latinoamericano, con respaldo del Instituto Nacional contra la Discriminación y otras entidades, insistió con su reclamo ante la RAE, pero no obtuvo respuesta, según consta en la causa. “Hace años que las comunidades judías han intentado dialogar con la RAE para modificar el contenido antisemita de su definición, pero la única respuesta que obtuvimos sólo empeoraba la situación. Ante esta situación, nos vimos forzados a recurrir a la vía judicial”, dijo Claudio Epelman, director del Congreso Judío Latinoamericano.

Preguntado por este periódico sobre esta decisión judicial, el escritor Arturo Pérez-Reverte, miembro de la RAE, señala: “Si la estupidez está alcanzando también a la justicia argentina, yo allí empezaría a preocuparme. La epidemia es contagiosa, pero nunca imaginé que llegara hasta ese punto. De todas formas, es un espectáculo fascinante ver cómo los tontos, lleven toga o no la lleven, compiten entre sí para elevar la estupidez a la categoría de arte internacional”.

El autor de novelas como Línea de fuego, que ocupa el sillón T desde 2003, recuerda cuál es la función del diccionario que elabora esta institución: “El diccionario sirve para explicar y comprender lo que lo que uno lee. Sin recoger las diversas acepciones que puede tener una palabra sería imposible leer con propiedad textos antiguos o modernos. El diccionario de la RAE no es la policía normativa del lenguaje, sino el notario que levanta acta de cómo se utilizó y como se utiliza ahora el lenguaje”.

La denuncia quedó a cargo del juez Ariel Lijo, un controvertido magistrado federal que ha sido propuesto por el Gobierno de Javier Milei para integrar la Corte Suprema de Justicia. “Estimo que se encuentran reunidas las condiciones para sostener que la quinta acepción de la palabra ‘judío, a’ —aun con la nota de uso como ofensivo o discriminatorio— contiene en la base de su significado un discurso de odio. Pues atribuye características peyorativas al integrante de un colectivo por el solo hecho de ser tal. También considero que no se trata de un discurso de odio con efectos abstractos, sino que produce efectos concretos sobre una cantidad indefinida, pero importante de personas”, consideró el juez Lijo en su fallo, fechado este jueves.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Si "judìo" para la RAE es "usurero", la definición de "español" debería incluir el término "pata sucia"


Desde hace mucho tiempo, la Real Académica se arroga un derecho sobre el castellano del todo desproporcionado para un país cuyo número de hablantes lo ubica en el cuarto lugar del número total que a diario se sirven de la lengua. Esta institución privada, asociada a varias empresas españolas (Telefónica de España, el banco BBVA) y, por supuesto, al Instituto Cervantes, produce una serie de productos de naturaleza comercial que, amparados por el Estado español, pretenden regir sobre la lengua de unos cuatrocientos millones de personas. Curiosamente, no es pasa lo que pasa con el inglés: Gran Bretaña no pretende imponer sus diccionarios y gramáticas a sus ex colonias, las cuales, a diferencia del mundo hispanoparlante, se morirían de risa ante tamaña impertinencia. Y aquí es donde entra en consideración el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), fruto de lexicógrafos trasnochados y fuente de todo tipo de errores, como puede comprobarse en las muchas columnas que publicamos en este blog, con el título Por qué no hay que usar el Diccionario de la Real Academia Española (ver en la columna de la derecha). Como se leerá a continuación, en la nota publicada por Patricia Blanco, el diario InfoBAE, del 26 de septiembre pasado, la justicia argentina, por una acepción precámbrico, digna de los tiempos de Franco, acaba de bloquear el sitio web de la RAE.  

La justicia argentina le ordenó a la RAE suprimir uno de los significados de la palabra “judío” y bloqueó su sitio web

El juez federal Ariel Lijo ordenó este jueves que la Real Academia Española (RAE) suprima inmediatamente del Diccionario de la Lengua Española la quinta acepción de la palabra “judío, a” en donde se describe a esa persona como “avariciosa o usurera” por “configurar un discurso de odio que incita a la discriminación por motivos religiosos”. Sostuvo que se trata de una ofensa contra la dignidad humana. El fallo dispuso además que el Ente Nacional de Comunicaciones disponga el inmediato bloqueo del sitio web hasta tanto la RAE cumpla con la decisión, revelaron a Infobae fuentes judiciales.

“A la luz de la amplia tutela de la que goza el derecho a la libertad de religión y las consideraciones de hecho formuladas en la presente, ordenaré a la Real Academia Española que suprima inmediatamente —esto es, sin la previa intervención de las Academias de la Lengua Española— la quinta acepción de la palabra ‘judío, a’ por configurar un discurso de odio que incita a la discriminación por motivos religiosos. A sus efectos, libraré exhorto al Reino de España en los términos de los artículos 28.1 y 30 del Tratado de Extradición y Asistencia Judicial en Materia Penal suscripto con esa nación”, dijo el juez en la resolución.

Y añadió: “No debe perderse de vista que los requerimientos articulados mediante mecanismos de cooperación internacional se caracterizan por una lentitud que no resulta compatible con el caso de autos. Tampoco debe olvidarse que los numerosos reclamos formulados ante las autoridades de la Real Academia Española no fueron atendidos, o bien recibieron una respuesta inaceptable desde la óptica de los derechos humanos”.

La causa se inició el 28 de agosto pasado cuando Claudio Gregorio Epelman, en su carácter de apoderado de la Fundación Congreso Judío Mundial, y Jorge Knoblovits, en su carácter de presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), radicaron una denuncia penal contra Santiago Muñoz Machado, director de la Real Academia Española, así como también contra toda otra persona humana responsable que integre dicha organización. Los acusaron de incitar al odio contra la colectividad judía a través de la acepción discriminatoria del término “judío, a”. Allí se describe: “dicho de una persona: avariciosa o usurera”.

La presentación sostuvo que se estaba violando la ley 23.592, que reprime con prisión de un mes a tres años a los que participaren en una organización o realizaren propaganda basados en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color, que tengan por objeto la justificación o promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma.

Por ello, los denunciantes afirmaron que la acepción que publica la Real Academia Española y que es aquí cuestionada constituye “un discurso de odio, definido por la Organización de las Naciones Unidas como ‘cualquier forma de comunicación de palabra, por escrito o a través del comportamiento, que sea un ataque o utilice lenguaje peyorativo o discriminatorio en relación con una persona o un grupo sobre la base de quiénes son o, en razón de su religión, origen étnico, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otro factor de identidad’”.

La presentación agregó que en noviembre del año 2021 el Congreso Judío Latinoamericano le envió una carta a Santiago Muñoz Machado, en su carácter de director de la Real Academia Española, solicitando la supresión de la quinta acepción del vocablo “judío, a” del diccionario de dicha institución. El 30 de enero de 2023 llegó la respuesta: “De acuerdo con los criterios establecidos para el Diccionario de la lengua española, no es posible eliminar una acepción cuando está avalada por el uso —como sucede en este caso—, por más que pueda resultar socialmente inapropiada o reprochable. Sin embargo, se ha considerado oportuno añadir la indicación de que su uso puede resultar ofensivo o discriminatorio”, enmienda que dio lugar a la redacción actual: “Dicho de una persona: avariciosa o usurera. U. como ofensivo o discriminatorio”.

Frente a eso, en septiembre de 2023, más de 20 comunidades judías hispanohablantes congregadas en el Congreso Judío Latinoamericano volvieron a hacer un pedido similar, junto a las autoridades del entonces INADI, y el Representante Especial contra el Antisemitismo y el Representante Especial ante la Alianza para la Memoria del Holocausto de la Argentina, correspondiente al Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, y la Presidencia de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo de la República Oriental del Uruguay, respaldos todos expresados mediante diversos documentos que asimismo acompañan la denuncia. Todo eso dio impulso a la denuncia penal en donde se reclamó además una medida cautelar para cesar con el ilícito.

El fiscal Franco Picardi impulsó la causa y propuso “alguna salida o solución alternativa” en el marco de la llamada ‘justicia restaurativa’, en la búsqueda de “un espacio de dialogo que contemple a los denunciantes, esta representación del Ministerio Público Fiscal y los denunciados” para “reparar integralmente el daño causado, se ponga fin al acto discriminatorio denunciado; y se aborden las necesarias garantías de no repetición y de concientización respecto del fenómeno bajo trato”.

En su resolución, tras aceptar a los denunciantes como querellantes, el juez Lijo afirmó que “dada la naturaleza de los hechos denunciados y considerando los compromisos internacionales asumidos por la República Argentina con relación al resguardo del pleno ejercicio de los derechos humanos, corresponde formular ciertas consideraciones acerca de los efectos que produce la permanente publicación de la quinta acepción de la palabra ‘judío, a’ en el Diccionario de la Lengua Española”.

En ese contexto destacó que “la amplia protección de la libertad de culto obedece a que la religión o las convicciones constituyen uno de los elementos fundamentales de la concepción de la vida de quien las profesa” y subrayó que “como parte de la comunidad internacional, la República Argentina comparte la solemne responsabilidad de combatir las acciones que se contrapongan al ejercicio de derechos fundamentales”. “Una de las expresiones más aberrantes de estas acciones que cercenan el derecho a la libertad religiosa es el antisemitismo”, agregó. “El antisemitismo es, en efecto, un discurso de odio”.

“Estimo que se encuentran reunidas las condiciones para sostener que la quinta acepción de la palabra ‘judío, a’ -aún con la nota de uso como ofensivo o discriminatorio- contiene en la base de su significado un discurso de odio. Pues atribuye características peyorativas al integrante de un colectivo por el solo hecho de ser tal. También considero que no se trata de un discurso de odio con efectos abstractos, sino que produce efectos concretos sobre una cantidad indefinida, pero importante de personas”, afirmó el juez.

Según resaltó, “la formulación del discurso en cuestión no se encuentra reservada a un foro íntimo o, si bien público, de acceso restringido; por el contrario, se encuentra incorporado al Diccionario de la Lengua Española. En este sentido no puede pasarse por alto el amplio alcance de este compendio. Conforme las estimaciones del Instituto Cervantes, más de 599 millones de personas son usuarios potenciales de la lengua española -aproximadamente 46 millones son habitantes de la República Argentina- y se trata del cuarto idioma más estudiado en el mundo”.

Para Lijo, “es evidente, entonces, que la mera existencia de esta acepción -en los términos en los que hoy se encuentra publicada- tiene capacidad para condicionar la conducta de quienes comparten la lengua y de incitar a la violencia en cualquiera de sus distintas formas”.

Un detalle: el juez afirmó que en ocasiones la Real Academia Española realiza modificaciones sobre su diccionario en razón del contenido discriminatorio de algunas de las acepciones de las palabras que forman parte de la lengua española. Así lo hizo en 2015 con la acepción de gitano como “trapacero” en su diccionario al incorporar una nota de uso “ofensivo y discriminatorio”. También en 2018 con la quinta acepción de la palabra “fácil” para que no refiriera a “mujer” que se presta sin problemas a tener relaciones sexuales, sino a “persona”. Un ultimo ejemplo fue cuando se eliminó la tercera acepción de la palabra “masculino” y la sexta de “femenino”, ya que una refería a “varonil, enérgico” y la otra a “débil, endeble”.

“La realidad es que los compromisos asumidos por la República Argentina y la convicción que debe guiar a todo magistrado acerca de la protección de los derechos humanos conducen a que se disponga la interrupción de la masiva y perniciosa difusión de una imagen estereotipada del pueblo judío, que incita a la discriminación por motivos religiosos. Sobre todo, si se tiene en cuenta que la Real Academia Española ha comunicado a través de su sitio web que se encuentra realizando tareas de redacción de la nueva edición de su diccionario, correspondiente a la actualización del año 2023″, aseguró.

En ese contexto, Lijo aseveró que la acepción de la palabra judío como “avariciosa o usurera” es “sin dudas una ofensa contra la dignidad humana y, por tanto, debe ser combatida en los términos de la Declaración de Estocolmo. Pues se trata de una visión estereotipada del pueblo judío que configura un obstáculo que impide el goce de derechos fundamentales. Es por ello que se impone ordenar la supresión de la quinta acepción de la palabra “judío, a” del Diccionario de la Lengua Española. Ahora bien, sin perjuicio de que la Real Academia Española no posea oficinas ni personal radicado en el territorio argentino, la realidad es que su sitio web -fuente obligatoria para el aprendizaje de la lengua española- es de acceso público para cualquier persona que se encuentre en este país. Por tanto, las conductas denunciadas producirían sus efectos en la República Argentina”.

El fallo consideró que “la persistente inactividad de la Real Academia Española y que la demora inherente al trámite de cooperación internacional podrían tornar en ilusorio el derecho a la libertad de culto cuya tutela se pretende garantizar, corresponde tomar una medida que surta efectos inmediatos”.

Así las cosas, Lijo libró un exhorto internacional hacia el Reino de España en los términos de los artículos 28.1 y 30 del Tratado de Extradición y Asistencia Judicial en Materia Penal suscripto con esa nación, el que deberá ser diligenciado por la vía diplomática pertinente, a los efectos de ordenar a la Real Academia Española que suprima inmediatamente -esto es, sin la previa intervención de las Academias de la Lengua Española- del Diccionario de la Lengua Española la quinta acepción de la palabra “judío, a” -cuya redacción refiere a “dicho de una persona: avariciosa o usurera”- por configurar un discurso de odio que incita a la discriminación por motivos religiosos en los términos de la ley 23.592. También ordenó al Ente Nacional de Comunicaciones que disponga el inmediato bloqueo del sitio web de enlace a la definición del Diccionario de la Lengua Española, cuestionada en autos- hasta tanto la Real Academia Española cumpla con la medida que le fuera ordenada por este tribunal. Y notificó lo resuelto en el día de la fecha a la Academia Argentina de Letras -en su carácter de representante de la Asociación de Academias de la Lengua Española-.

lunes, 29 de julio de 2024

Eduardo Berti y su pasión por las palabras

"Otras palabras. Jugar y crear con diccionarios es el último libro publicado por Eduardo Berti. Se trata de un recorrido apasionante por los que él llama "antidiccionarios" desde Flaubert a Adolfo Bioy Casares y muchos otros autores menos conocidos. Erudito y divertido." Tal es la bajada de la entrevista que Mónica López Ocón mantuvo con Eduardo Berti, puiblicada por Tiempo Argentino, el pasado 27 de julio.

"Como las leyes, los diccionarios también cambian"

«Acento»: el humo de la pronunciación (Le Carnaval du dictionaire, Pierre Véron). «Golf»: juego para ratones que se han vuelto ricos, (Gregerías, de Ramón Gómez de la Serna.) «Amirante»: parte de un buque de guerra que se encarga de hablar, mientras el mascarón de proa se encarga de pensar. (Diccionario del Diablo, Ambrose Bierce)

Estas tres definiciones corresponden a lo que Eduardo Berti llama diccionarios alternativos, personales y también antidiccionarios. A estos diccionarios sui generis está dedicado su último libro: Otras palabras. Jugar y crear con diccionarios (Adriana Hidalgo)

En él Berti muestra una apabullante erudición que no está puesta al servicio de la rigidez académica, sino del juego y la diversión. Es muy poco probable, por no decir imposible, que exista otro libro como este, verdadero gabinete de curiosidades del lenguaje.

Si no fuera el enorme escritor que es, seguramente Berti sería mago, inventor de objetos imposibles o creador de juguetes que jamás se le ocurrieron a nadie. También podría dedicarse a hacer tutoriales que enseñaran a realizar objetos de origami plegando palabras, a convertir todos los acentos de un libro en un aguacero y a transformar los paréntesis en sonrisas.

Consejo para el lector: si llega a sus manos un ejemplar de Otras palabras, no lo preste porque no se lo van a devolver. El consejo puede parecer egoísta pero está dictado por el sentido práctico. El libro de Berti se lee de un tirón, pero la lectura no se agota allí. Como las enciclopedias y los diccionarios, es un libro de consulta, de esos que uno saca de la biblioteca y lee nuevamente cuando se quedó con una inquietud sobre un tema específico o, sencillamente, cuando siente deseos de deslumbrarse otra vez.

Diccionarios según Berti
Me cuesta entender cómo hiciste un libro que tiene un trabajo enorme, que pone en evidencia una gran erudición y que, a la vez, tiene una escritura tan atrapante.
–Para mí esto último era un propósito, que resultara entretenido de leer, de modo que me alegra que lo digas. 

A la vez, Otras palabras me obligó a cuestionarme conceptos. Por ejemplo que el diccionario no es un libro objetivo, sino que tiene una carga de subjetividad y que los conceptos que aparecen en él están profundamente ligados con la época. Vos das el ejemplo de un diccionario que le otorga a la palabra ocio apenas unas líneas y muchas a la palabra trabajo. Eso ya te dice algo.
–El diccionario no es objetivo porque es una creación humana que está vinculada a una cultura, a una época. Hay un grupo que decide qué palabras son las que van y cómo se definen. Es inevitable que los diccionarios tengan un componente subjetivo, pese a que el propósito es que sean lo menos arbitrarios posible. Además, las lenguas cambian, entonces resulta imposible fijarlas. Si las sociedades cambian, cómo no van a cambiar los diccionarios. Sería algo contradictorio, sería casi utópico pensar que los diccionarios no cambian. Esto no implica que sean inútiles, sino que, como las leyes, también cambian.

–¿Los antidiccionarios cuestionan la supuesta objetividad de los diccionarios?
–Creo que sí. El origen de Otras palabras fue mi pasión y mi gusto por los antidiccionarios, como yo los llamo para generalizar, o por los “otros” diccionarios. El libro se llama Otras palabras, pero se podría llamar "Otros diccionarios" u "Otras formas de hacer y usar los diccionarios". El libro comenzó por mi pasión por esta otra tradición de los diccionarios. Interesarme por esto me llevó inevitablemente a preguntarme si estos otros diccionarios son una alternativa a los diccionarios con D mayúscula. Imposible no preguntarse por los diccionarios oficiales, si uno se va a interesar por los otros. Creo que los antidiccionarios, si bien son muy distintos entre sí, todos desconfían de ciertas ideas que uno puede tener alrededor de los diccionarios. Desconfían de ciertas virtudes que se les asignan a los diccionarios oficiales: no se equivocan nunca, son neutros. Los antidiccionarios sacuden los cimientos de estos conceptos de diversas maneras, muchos de ellos con humor, otros con definiciones más poéticas, con una mirada más absurda, con comentarios al pie. En algunos casos se trata de inventar otras definiciones y, en otros casos se hace de cuenta que se toman las definiciones al pie de la letra pero los que hacen temblar las convicciones son los ejemplos. También se inventan neologismos para mostrar lo arbitrario de una lengua: por qué en algunas culturas hay una palabra para un caballo de tal color, por qué no hay una palabra para una determinada acción. Las variantes son muchas.

Recordé un fragmento de José Pedroni que dice: “me interesaba el diccionario en tres o cuatro palabras”. Se refería a palabras relacionadas con lo sexual. Quizá ya no sea así, pero hace mucho los chicos buscaban en el diccionario un saber sexual. Aunque la solemnidad de los diccionarios parezca lo menos relacionado con el sexo.
–Sí, hay un montón de lecturas “subversivas” que se pueden hacer con los diccionarios, desde buscar palabras sexuales o guarangas, como decíamos cuando éramos chicos, hasta buscar malentendidos o contrasentidos. Además, como cuento en el primer capítulo, hay muchos juegos que se hacen a partir del diccionario. Esto, pese al gran trabajo que hacen las academias con los diccionarios, siempre hay un momento en que muestran sus pies de barro, sus aporías y contradicciones. Hay construcciones imperfectas en todas las obras humanas, entre ellas, la lengua.

–Además, una cosa es el diccionario y otra muy distinta el uso de la lengua.
–Exactamente. El uso es otra cosa. Y ahí entramos en el uso poético literario, en todos los usos que no son el uso práctico de la comunicación.

–En el libro decís que el siglo XIX es el siglo del diccionario y, en consecuencia, de los antidiccionarios porque hay una crisis del lenguaje. ¿Cuál sería esa crisis?
–En que se empieza a dar la conciencia cada vez mayor de lo que luego los lingüistas van a formalizar como la arbitrariedad del signo lingüístico y la arbitrariedad de las lenguas, pero sobre todo la idea de que las palabras no son tanto la imagen de las cosas, sino la imagen nuestra de las cosas, el carácter subjetivo del lenguaje. Esto se da en un momento en que en la Viena de fin de siglo aparecen una serie de escritores y de textos, desde ensayistas como Karl Kraus hasta la Carta de Lord Chandos que reflexionan sobre esto y que incluso instalan esa crisis. A partir de esta crisis se instala de una manera más amplia la desconfianza hacia la palabra.

–Como vos mencionaste antes, los antidiccionarios subvierten la palabra instituida. Me encantó una de las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna que dice que un tornillo es un clavo peinado con raya al medio. Se trata de una desautomatización de la percepción que era el ideal del arte de los formalistas rusos.
–Exactamente, el extrañamiento. No creo que Gómez de la Serna quisiera hacer un diccionario con su suma de Greguerías, pero sí que gran parte de ellas responden de manera muy lúdica a la forma de la definición. Lo que creo que hace y en eso es un maestro, es mirar el mundo como si viera por primera vez, con un gran extrañamiento. Además, tiene un don para las analogías y comparaciones que es increíble. En él se conjugan muchas cosas: el humor surrealista, el extrañamiento de los rusos, la herencia de la poesía española… Y no me extraña encontrar ecos de él en escritores como Cortázar, por ejemplo cuando da consejos para subir una escalera. Ahí hay un extrañamiento pero puesto de una manera más narrativa, menos poética. Lo que tiene Gómez de la Serna es una síntesis increíble. Adoro las Greguerías y siempre vuelvo a ellas. Las llamo «Ramonerías» y me he animado humildemente a escribir algunas. En la reedición que se hizo en España de La vida imposible le agregué al final unas cuantas Ramonerias como si hubiera un mono imitando a Ramón (risas).

–Los diccionarios tienen algo lúdico que en algunas estéticas o movimientos se vuelve sustancial, por ejemplo, en la OULIPO (Talleres de Literatura Potencial, por su sigla en francés). Vos decís en el libro que para escribir una novela como La desaparición de George Perec, en que prescinde de la “e”, que es la letra más frecuente en francés, el diccionario es una herramienta muy útil precisamente porque tiene un potencial.
–Sí, de hecho la primera idea formal inventada por el grupo está íntimamente ligada con un diccionario. Es S+7 que en su versión original S era sustantivo y se trataba de remplazar cada sustantivo de un poema conocido porque esa era la gracia. Se trataba de subrayar todos los sustantivos y de reemplazarlos por el séptimo consecutivo de un diccionario. Es decir que el diccionario estuvo desde el arranque de OULIPO como herramienta, pero usado de una manera que no es la que estaba prevista cuando se hizo el diccionario. El uso de ese diccionario está ligado más bien a la idea de desvío. Lo que me resulta muy interesante es que un diccionario, que supuestamente sirve para fijar. El método está en franco retroceso porque ya casi no hay diccionarios en papel, por lo cual ya no es tan fácil saber cuál es la séptima palabra que viene.

jueves, 11 de julio de 2024

El tratamiento de la homosexualidad en la RAE

Francisco Molina Dìaz
Docente e Investigador del área del Lengua Española del Departamento de Filología y Traducción de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla. publicó eel 28 de junio, en The Conversation, un interesante artículo sobre la manera en que la RAE, con su mentalidad troglodita se ha ocupado a lo largo del tiempo de las distintas palabras que se refieren a la diversidad sexual.

Cómo aborda la Real Academia Española a la diversidad sexual

Son frecuentes, sobre todo cuando hay cambios en el diccionario, las críticas a la Real Academia Española por xenófoba, racista, antisemita, machista, homófoba, misógina y cualquier otra acusación de incitación al odio o rechazo a un colectivo. Suele imputársele incluir acepciones ofensivas a la dignidad.

Quizás esta acusación surja por la extendida costumbre de no leer los prólogos, preámbulos, introducciones, avisos y advertencias que preceden a los diccionarios. Precisamente, en el preámbulo de la última edición del diccionario académico, la del Tricentenario, se afirma:

“La corporación […] procura aquilatar al máximo las definiciones para que no resulten gratuitamente sesgadas u ofensivas, pero no siempre puede atender a algunas propuestas de supresión, pues los sentidos implicados han estado hasta hace poco o siguen estando perfectamente vigentes en la comunidad social”.

¿Sería adecuado eliminarlos para que ningún hablante los conozca y, así, evitar usarlos? El preámbulo del Diccionario de la lengua española responde:

“Del mismo modo que la lengua sirve a muchos propósitos, incluidos algunos encaminados a la descalificación del prójimo o de sus conductas, refleja creencias y percepciones que han estado y en alguna medida siguen estando presentes en la colectividad. Naturalmente, al plasmarlas en un diccionario el lexicógrafo está haciendo un ejercicio de veracidad, está reflejando usos lingüísticos efectivos, pero ni está incitando a nadie a ninguna descalificación ni presta su aquiescencia a las creencias o percepciones correspondientes”.

El diccionario no es la obra moral que prescribe qué palabras usar; no es un catecismo, ni un libro de buenas maneras, aunque la Academia, en el mismo preámbulo, reconoce que “existe la ingenua pretensión de que el diccionario pueda utilizarse para alterar la realidad”. El diccionario refleja la sociedad que emplea la lengua, sus virtudes y sus vicios, sus bondades y maldades, y sus cambios. Por eso varía, reflejando salidas y entradas de palabras y sentidos, según el uso de los hablantes.

Palabras para definir el concepto
Ahora, tras el Mes del Orgullo LGTBI+, miramos cómo la RAE aborda la homosexualidad, que el diccionario define como “inclinación erótica hacia individuos del mismo sexo”, incluyendo lesbianismo ‘homosexualidad femenina’ y uranismo ‘homosexualidad masculina’.

Los dos términos tienen origen clásico, aunque los tintes idílicos de la antigüedad pronto se topan de bruces con la definición de uranismo en el diccionario de Alemany y Bolufer (1917). Primero se incluye como patología; se emplea, “principalmente, en medicina legal”. Luego se dice que es una “inversión sexual” sin origen físico, pura perversión, sin que los órganos genitales presenten “vicio de conformación”.

En los diccionarios de la RAE hay voces diversas para el hombre homosexual: bujarra, bujarrón, gay, homosexual, marica, maricón, mariquita y sarasa. Y también afeminado, bollero, invertido, lesbiano y tortillero. Estos últimos aparecen con variación de género, con formas masculinas y femeninas.

Los primeros en aparecer, en el Diccionario de autoridades (1726 y 1734), son afeminado, bujarrón, marica, maricón e invertido. En 1803 surge mariquita. Y en el siglo XX, sarasa (1925), bujarra (1927), homosexual (1936) y gay (1984). Todas siguen estando, salvo bujarra, que desaparece en 1992. No supone esto que la inclusión en el diccionario coincida con el momento de su aparición en la lengua española; el refrendo del diccionario se produce tras la comprobación de su uso frecuente.

Pero el lesbianismo también recibe voces despectivas, aunque menos y más tardías. La primera aparición de lesbiano se da en el suplemento del diccionario académico de 1970 y remite a amor lesbio: “Amor homosexual entre mujeres”. Tortillera se incorpora en 1985, y bollera en 1989. Ambas llegan marcadas como “vulgares”.

Definiciones que cambian con el tiempo
Pero no solo las incorporaciones o desapariciones de palabras en la lexicografía son interesantes. También lo son las definiciones y ejemplos que afloran.

En 1726, en el Diccionario de autoridades, para afeminado no se usa ninguna definición que aluda a la sexualidad, pero se asimila a lo femenino, inferior a lo masculino: “Inclinado, y reducido al génio y manéra de obrar y hablar de las mugéres […]. Lat. Debilis. Imbecillis. Infirmus”.

Homosexual, en 1936, se define como “sodomita”, y así llega hasta 1956; en 1950 es el que “busca los placeres carnales con personas de su mismo sexo”.

En 1989 se identifican afeminado y homosexual y aparece un sentido que acerca la homosexualidad al vicio: “Inclinado a los placeres, disoluto”. Y es que la sociedad española aún relacionaba la homosexualidad y perversión: en 1995 estallaba el caso Arny, un juicio de prostitución de menores en un bar de Sevilla en el que los imputados, todos ellos hombres homosexuales, y algunos famosos, fueron acusados sin pruebas y juzgados en los medios de comunicación, aunque la mayoría resultarían finalmente absueltos.

La débil voluntad que Autoridades asocia a la mujer está en las definiciones de marica y maricón. Marica es un hombre fácilmente manejable: “hombre afeminado y de pocos brios, que se dexa supeditar y manejar”. En 1803 se describe como hombre “de poco ánimo y esfuerzo” y en 1984, “homosexual, invertido”. Desde 1992 marica es un “insulto empleado con o sin el significado de hombre afeminado y homosexual”.

Maricón tampoco se libra de la supuesta abulia femenina: para Autoridades es “hombre afeminado y cobarde”. En 1884 se le añade “sodomita”, y en 1970, “invertido”. No conformes, en 1984 es “persona despreciable e indeseable”. En 1992 se mantiene la voz, pero al menos se indica que es “insulto grosero”. Y el bujarrón es “hombre vil è infame, que comete activamente el pecado nefando” (1726).

En definitiva, los diccionarios académicos, desde Autoridades hasta la edición del Tricentenario, incorporan y pierden palabras y definiciones relacionadas con la homosexualidad: la Academia no se erige en creadora de comportamientos lingüísticos, sino en reflejo de la actuación de los hablantes.

La lengua no es un ente estático; al contrario, es una de las realidades más dinámicas que conocemos y, como tal, cambia en función de la evolución de la sociedad que la usa. Precisamente por ello es por lo que la RAE realiza ediciones periódicas de su diccionario: el objetivo es reflejar cómo la lengua varía en función de los cambios sociales; y la percepción de la homosexualidad no escapa a esta transformación y deja por ello su reflejo en el tratamiento lexicográfico.

jueves, 6 de junio de 2024

"Lo que no soy es una coleccionista de rarezas"

La lexicógrafa Olimpia Andrés está a cargo de una obra singular que, seguramente, hará las delicias de los españoles (no de los hablantes de castellano del resto del mundo) y por eso es motivo de la siguiente entrevista, publicada por el periodista Luis Alemany, en El Mundo, de Madrid, el pasado 4 de junio. En su bajada se lee: "El Diccionario del Español Actual, una obra insólita hecha para describir el uso real de la lengua, llega a internet como un homenaje al ingenio de sus hablantes".

Olimpia Andrés, la mujer que "fotografía" el idioma español cada día desde 1970

Unas líneas de "Funes el memorioso", de Jorge Luis Borges: «Ireneo [Funes] empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los veintidós idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran».

La lingüista Olimpia Andrés ha debido de desarrollar con los años una inteligencia borgiana que le permite hoy identificar los usos de las frases y las palabras con las que se encuentra en los periódicos y en los libros, reconocerlos como nuevos o, al menos, como anormales y, en ese caso, cotejarlos con otros textos que guarda en su memoria. Si, por ejemplo, Andrés lee Los vencejos de Aramburu y se encuentra que aparece la palabra «usufructo» pero no con el significado de un contrato mecantil sino como una relación amorosa ni comprometedora ni efímera, su cabeza se pone en marcha para recordar dónde más ha podido leer ese uso metafórico.

¿Por qué es importante esa asociación? Porque cada vez que Andrés da con dos textos (literarios, científicos o periodísticos) de autores diferentes que emplean un uso no convencional, éste entra en el Diccionario del Español Actual (DEA), la obra más sorprendente de todas las que describen el idioma español y ya accesible. El DEA ha estrenado su edición en internet gracias a la Fundación BBVA.

El Diccionario del Español Actual nació como proyecto en 1970 con el propósito de dar una foto fija del uso del idioma español en el periodo que fue de 1955 a 1975. Si los españoles de 1970 llamaban «arriba Eapaña» a los moños altos, alguien debía recogerlo así.

«En 1970 yo iba a solicitar una plaza de lectora en Francia. Se lo comenté a Rafael Lapesa, que había sido mi gran profesor y me dijo que no perdiera el tiempo, que me fuese con él a trabajar en el Diccionario Histórico de la Lengua. Entré como becaria el 4 de octubre y alí conocí a Manuel Seco, que me habló del DEA, que en parte es lo contrario del Diccionario Histórico. Me tentó varias veces y al final acepté. Y aún hoy le dedico todo mi tiempo, hasta que se me seca el cerebro después de seis horas seguidas de trabajo».

El DEA es ese diccionario en el que el verbo secar tiene una acepción como «Anular la eficacia del juego». Tuvo una primera edición en 1999 y dos ampliaciones hasta 2011, además de una derivada llamada Diccionario de Fraseología. Manuel Seco apareció siempre como director de la obra; Olimpia Andrés y su compañero Gabino Ramos fueron los coautores. Andrés también se acuerda del trabajo ingente de Carlos Domínguez y María Teresa de Unamuno. Después, Seco se murió, Ramós llegó a una edad en la que su prioridad debe de ser su salud, y Olimpia Andrés se quedó sola con la tarea de mantener vivo el Diccionario, y de digitalizar su método sin renunciar a la inteligencia analógica como guía de trabajo. Un diccionario no es un robot, explica.

Y todo, en un pisito de Ciudad Lineal, en Madrid, cuya biblioteca es significativa: hay diccionarios jurídicos en catalán, estudios sobre la brujería en Canarias, celtiberias de Carandell, novelas de Ferlosio, de Laforet, de Matilde Asensi, un libro de Lorenzo Caprile sobre bodas... Al ver la colección, se entiende que el oficio de lexicógrafo está basado en un trabajo muy metódico hasta el límite pero que su conocimiento se derrama por la realidad con alegría. «Lo que no soy es una coleccionista de rarezas, de sellos inencontrables. El lenguaje que aparece en el DEA está vivo», explica.

Una metáfora más para acabar: «Hay artículos del DEA que son como una catedral por su complejidad».

martes, 19 de diciembre de 2023

¡Sonamos! ¡Ahora todo el mundo va a hablar mal!









La RAE será la fuente principal en Google para todas las consultas sobre significado

En el marco del proyecto LEIA (Lengua Española e Inteligencia Artificial) de la Real Academia Española, desde hoy quien consulte en Google el significado de una palabra en español encontrará como resultado principal y destacado la definición del diccionario de la Real Academia Española (RAE), junto a sinónimos, antónimos, definición territorial e incluso archivos de sonido con la acentuación de cada palabra.

Sumada a esta novedad, se anunciaron también mejoras en el teclado predictivo y de esta manera las dos novedades tendrán impacto en millones de personas que se comunican en idioma español a través de procesadores de texto, navegadores de Internet y servicios de mensajería digital

Hasta ayer, el usuario que buscaba la palabra “montaña” encontraba primero la página de Wikipedia, con una especie de antetítulo, un entrecomillado que sintetizaba la definición de la palabra ilustrado con fotografías de montañas. Después, aparecían siete noticias o contenidos relacionados con la búsqueda. De ahora en más, la definición del Diccionario reemplazará a la de Wikipedia.

Santiago Muñoz Machado, el director de la Academia, se refirió al ingreso del Diccionario en Google: “La difusión del Diccionario multiplicará su potencia gracias a este acuerdo de colaboración con Google. Empieza una nueva era, de incomparable mayor impacto mundial que cualquiera de las anteriores. El DLE cuidará con esta herramienta y con el corrector de su teclado Android, de proteger el español adaptado a la normativa de la Academia en cualquier lugar del mundo”, dijo a El Mundo.

Otro de los cambios podría tener más impacto en la vida cotidiana de los usuarios. Se trata de la incorporación del Lexicón, el repertorio léxico del Diccionario de la Lengua Española de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua Española en el teclado del sistema operativo Android, conocido como Gboard. Esto implica una mejora en el entrenamiento del teclado predictivo de Google para entender lo que los usuarios escribe. De esta manera, predecirá con mayor éxito cuándo debe poner el acento en “si”, cuándo dejar “Él” escrito con mayúscula o identificar una frase en inglés, sin sustituirlas por palabras en español. El lexicón al que se refiere la Real Academia Española es su gran base de datos lingüísticos, su banco de textos orales y escritos que recogen cómo se usa el español. En adelante, el teclado GBoard tendrá acceso a esa información acumulada por la Academia.

La colaboración de Google y la Real Academia Española es una parte del proyecto LEIA (Lengua Española e Inteligencia Artificial), que reúne el trabajo tecnológico de la RAE con varias compañías. Fuencisla Clemares, directora de Google España y Portugal, recordó el recorrido del proyecto: “Desde que se anunció la puesta en marcha del proyecto LEIA, en noviembre de 2019, hemos trabajado para mejorar la presencia del español escrito en nuestros productos.

La integración del repertorio léxico del Diccionario de la lengua española de la RAE ha ido de la mano de una serie de experimentos que utilizan una metodología de Inteligencia Artificial llamada ‘análisis federado’, mediante los cuales hemos visto mejoras críticas como correcciones de errores más rápidos, mayor comprensión del contenido para recomendar la palabra correcta, cambiar entre inglés y español al escribir y reducir sesgos”, según dijo Muñoz Machado al diario El Mundo.

Además, informó que se han añadido cientos de miles de palabras al repertorio que maneja el teclado inteligente para realizar sus sugerencias. Por ejemplo: antigüedades, archipiélago, capuchino, guijarro, pleistoceno, risueño, agroecología, teleasistencia, criptomonedas y euríbor.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

El prestigioso Oxford English Dictionnary al ritmo del reggaetón

Los responsables del Oxford English Dictionary parecen haber entrado por la variante y, como sus pares españoles, agregan palabras a su obra, pero con una vuelta de tuerca. Según el artículo de Pablo San Román, publicado en InfoBAE, el 25 de noviembre pasado, nos enteramos de que "reggaetón" ha entrado en la lengua, entre otras cosas. En la bajada se lee: "La nueva edición del Oxford English Dictionnary, máxima referencia de su idioma, contiene 1.904 términos de origen castellano. Entre ellos, figuran 'barrio', 'fiesta', 'guerrilla', 'macho' y 'galáctico'".

De “siesta” a “reggaetón”: hay casi 2.000 palabras del español en el mayor diccionario inglés

Barrio, fiesta, siesta, guerrilla, macho, patio, plaza, machete, armada, vista, nada, reggaetón, galáctico o tiki-taka son algunos de los casi 2.000 hispanismos incluidos en el Oxford English Dictionnary (OED), el principal referente de la lengua inglesa.

En total existen 1.904 palabras de origen español en el OED, “tras la inclusión en la última actualización del diccionario, en septiembre, de ‘frontenis’”, explica Danica Salazar, de origen filipino y una de las editoras de la biblia inglesa de la lengua. “El OED se actualiza cuatro veces al año y hay al menos una palabra de origen español en casi cada una de estas actualizaciones. En 2023, se han incorporado anticucho (un tipo de brocheta de origen peruano) en marzo, chiminea y derecho en junio, y frontenis en septiembre”, explica Salazar.

“Es chiminea, no chimenea. La forma adoptada en inglés es una variante utilizada en Argentina y Colombia”, precisa la lexicógrafa.

“Las palabras viajan”
La editora del OED y Javier Muñoz-Basols, profesor-investigador honorario de la Universidad de Oxford, son los coautores de un estudio, único en su género, llamado “Influencia croslingüística léxica”, sobre el contacto recíproco entre el español y el inglés.

El español tiene ocho variedades principales, que son el castellano, el andaluz y el canario, en España, el caribeño, el mexicano-centroamericano, el andino, el austral y el chileno, en América. “De esas ocho zonas dialectales, el español mexicano-centroamericano es la que posee mayor contacto histórico con el inglés”, señala Muñoz-Basols.

Pero también de manera recíproca, ya que hay palabras mexicanas como fajita, burrito y otro vocabulario gastronómico, sobre todo en Estados Unidos, que se utilizan de forma cotidiana, apunta el investigador español. “Digamos que las palabras viajan como si fueran mercancías o monedas de cambio”, añade.

En esas 1.904 palabras, aparecen términos como "nada", pese a que existe el equivalente “nothing” en inglés. “Es una de las palabras que más me ha sorprendido que aparezca. Con dos vocales iguales, y dos sílabas muy fáciles de articular. Hay testimonios de su uso en los países anglófonos desde 1867. Es una palabra muy sonora, que añade una expresividad adicional”, afirma Muñoz-Basols.En el castellano “hay un proteccionismo lingüístico que ha impedido la incorporación de términos. El diccionario de la lengua española es normativo, mientras que en el Reino Unido, el OED es un repositorio de la lengua, un diccionario de uso e histórico a la vez”, subraya.

En su opinión, el inglés --que no cuenta con una academia de la lengua como el español y el diccionario de Oxford es su máxima referencia-- es más receptivo a importar palabras de otros idiomas. “Se trata de una lengua receptora de préstamos. El diccionario de Oxford contiene más de 500.000 palabras, mientras que el de la lengua española estará en torno a casi 93.000. Esto no significa que tenga menos, pero el inglés no elimina palabras”, explica.

Lejos del francés
El español no es la lengua más exportadora de palabras hacia el inglés. El francés, e incluso el alemán, están muy por delante, como se indica en el propio diccionario de Oxford. El alemán aporta por el momento 3.944 palabras, mientras que el francés tiene 24.821, debido al contacto lingüístico histórico y temas como la moda o la cocina. También el italiano tiene más, con 2.293, mientras que el neerlandés aporta 1.611 y el portugués 446, enumera el profesor aragonés, que ahora trabaja sobre la influencia del inglés en el español con una beca en la Universidad de Sevilla.

En esa dinámica receptora del diccionario de Oxford, sus editores trabajan con miles de palabras cada año. En la última actualización del OED publicada en septiembre del 2023, se incluyeron más de 1.000 entradas nuevas, detalla Danica Salazar.

“Las candidatas pasan por un proceso de asesoramiento, donde los editores del OED utilizan varias fuentes de investigación para ver si hay evidencia suficiente de su uso”, comenta la editora, recalcando que aunque algunas palabras son recientes, se incorporan rápidamente por su “enorme impacto social”.



martes, 5 de diciembre de 2023

Los cabeza de termo de la RAE siguen demostrando que, a la hora de la imbecilidad, no hay quien los emule

Es sabido que quienes integran la Real Academia Española son gente ociosa, siempre dispuesta a perder el tiempo en memeses como decidir si tal o cual palabra debe escribirse con o sin tilde, bajando la lengua al nivel del habla de manera demagógica. También son rápidos para incorporar pelotudeces léxicas como "machirulo", adjetivo presidencial. Así se lee, en esta nota, publicada sin firma, en el diario Página 12, de Argentina, el pasado 29 de noviembre.

Machirulo, chundachunda y perreo entran en el Diccionario de la lengua española

El Diccionario de la Lengua Española (DLE) sumó este martes 4.381 nuevas palabras, según la actualización presentada este lunes por el director de la Real Academia Española (RAE), Santiago Muñoz Machado. La principal novedad de este año es la incorporación, por primera vez en los casi 300 años de historia del diccionario académico, de la consulta de sinónimos y antónimos.

En los últimos años, la entidad española actualiza en la recta final del año el diccionario académico, elaborado en colaboración con la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

Entre las innovaciones del 2023, se encuentran palabras nuevas relacionadas con ámbitos tan diversos como la ciencia, las nuevas tecnologías, la gastronomía, el deporte o el derecho. Las actualizaciones del Diccionario de la Lengua Española se pueden consultar en el sitio web online.

Nuevas palabras del diccionario español
Algunas novedades en la versión electrónica 23.7 del Diccionario son palabras como alien, chundachunda, perreo, crack, georradar, oscarizar, regañá, supervillano, tecnociencia o videoarbitraje y el acrónimo VAR. También formas complejas -es decir, aquellas formadas por más de una palabra-, como fila cero, línea roja, masa madre o pobreza energética.

El organismo académico español subrayó además la incorporación de "extranjerismos que se popularizaron en la lengua española", como big data, cookie o banner, tan presentes en la era de la información, o como aquaplaning, bracket o

martes, 7 de noviembre de 2023

Rigo, el que dice hijueputa por la tele

Publicado en El Tiempo, de Bogotá, el pasado 1 de noviembre, el siguiente artículo de Fernando Ávila, experto en castellano, que aquí recuerda el origen de varias palabras de uso polémico en su país, se apoya en Rigo, una serie basada en Rigoberto Urán, un ciclista colombiano cuya vida se cuenta enel programa de RCN de Colombia.

Las groserías populares que dice Rigo Urán y que sí salen en el diccionario

Les he oído decir a especialistas en la lengua y a investigadores universitarios que Rigo, personaje de la telenovela de RCN, no habla como lo indica la Real Academia Española, RAE, sino como se expresa la gente del pueblo, especialmente los paisas. Pues les cuento que el léxico de Rigo tiene registro en los diccionarios normativos de la RAE.

Empecemos por ¡hijueputa! Esta interjección se ve en el Diccionario de americanismos, DA, 2010, como voz usada en Colombia y otros países para expresar enfado, sorpresa, admiración y susto. El mismo lexicón registra ¡hijuemadre!, ¡hijuemama!, ¡hijuepuerca! y una más bogotana y pasada de moda, que nos recuerda al Ramoncito de Dejémonos de vainas, ¡hijuemíchica! El Diccionario de la lengua española, DLE, 2014, tiene entrada para la primera de estas versiones, como sustantivo malsonante, con el significado de ‘mala persona’, y con la acotación de que se usa como insulto. Agrega que en Colombia, Costa Rica y Uruguay se utiliza para expresar asombro, contrariedad y enojo. Este mataburros le da cabida asimismo a hijoputa, usual en la península ibérica, y agrega que tiene también sentido ponderativo.

También están en estas guías normativas otras expresiones características de Rigo, como huevón y güevón, ‘perezoso’, ‘imbécil’ (DLE), ‘tonto’, ‘simple’, ‘hombre’ (DA); huevonada o güevonada, ‘necedad’ (DLE), ‘cosa de poca importancia’, ‘tontería’, ‘chambonada’ (DA); culillo, ‘miedo’, ‘sentimiento de temor’ (DA); chimba, ‘parte externa del órgano genital masculino’, ‘persona bien parecida’, ‘cosa buena o excelente’ (DA); marica, ‘afeminado’, ‘homosexual’, ‘apocado, ‘falto de coraje’, ‘pusilánime’ o ‘medroso’ (DLE); maricada, ‘tontería’, ‘cosa de poco valor’ (DA); garbimba, ‘descortés y de malas intenciones’ (DA), recocha, ‘desorden’, ‘alboroto’, ‘bullicio’ (DA). Incluso está registrada la locución coma mierda, que explica el Diccionario de americanismos como expresión para censurar al inoportuno, imprudente o desconsiderado o al que se comporta con pedantería o arrogancia. Rigo no habla contra lo establecido por la Academia, pues las normas de la RAE no son pautas de buenas maneras, etiqueta y glamur, sino registros de la lengua que usa la gente en el mundo hispanohablante. En los diccionarios se incluyen palabras poéticas y malsonantes, nobles y plebeyas, santas y pecadoras, elogiosas e insultantes, bonitas y feas, políticamente correctas y políticamente incorrectas, con su origen, naturaleza (sustantivo, adjetivo, verbo...), significados y usos. Los invito a que los consulten.

Aparte de los diccionarios de la RAE, les recomiendo el Diccionario jilosófico del paisa, de Luis Lalinde Botero, que tiene la mejor definición de berraco, el abundancial de abundanciales, que puede significar ‘el mejor’, ‘el peor’, ‘el más valiente’, ‘el ojo de águila’, ‘lo bueno’, ‘lo malo’ y ‘lo feo’; el Lexicón de colombianismos, de Mario Alario di Filipo, 1983, que aparte de las mencionadas recoge voces como ¡hijuepucha!, fundillo y sapear, y el Diccionario de colombianismos, del Caro y Cuervo, 2023, con sus cuchuflís, bichuracos, churumbelos, corotos, cosiacas, cosiánfiros y vainas. Y muy apropiado para el tema en cuestión, el Diccionario de parlache, disponible en internet, donde pueden descubrir qué significan destapiñarse, merca, calidoso, arrechera o guandoca, y que caspa no es solo la escama del cuero cabelludo, sino ‘lo que sobra’, ‘lo inservible’, ‘lo sin valor’; que caramelo, aparte de golosina, es ‘lo escaso’, ‘lo particular’, ‘lo poco frecuente’, y que nea, abreviación de gonorrea, es simplemente ‘gamín’.





jueves, 2 de noviembre de 2023

Un gran servicio de Víctor Goldstein para los traductores del francés

Víctor Goldstein es uno de los mejores y más experimentados traductores argentinos de textos en francés. A lo largo de su asombrosa trayectoria (que puede leerse en su sitio web https://vicstein1.wixsite.com/victorgoldstein), se hizo el tiempo de recopilar unas 15.400 locuciones francesas que luego reunió en su Diccionario de locuciones y modismos franceses y otras rarezas idiomáticas, con sus equivalencias en español. Desde el siglo XVI al XXI.

Se trata de un volumen de referencia insoslayable, que, desde el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, recomendamos enfáticamente. 

La obra, primero editada en papel, estuvo por un tiempo disponible como texto electrónico hasta que Goldstein decidió liberarla. Se puede acceder a ella descargando gratuitamente el pdf en el siguiente link: 




viernes, 8 de septiembre de 2023

La Real Academia Española "estudia" dejar de ofender a los judíos

"La Real Academia Española está estudiando el caso tras la solicitud formal que alega que esa definición es 'ofensiva en términos discriminatorios'." Eso dice la bajada de la nota publicada por InfoBAE Cultura, a partir de un cable de la agencia española EFE, que se publicó el pasado 7 de septiembre. Lo increíble del caso es que los gallegos patasucias esos (sin voluntad de ofender, claro) tienen que "estudiar el caso".

Qué dijo la RAE sobre el pedido de la comunidad judía de eliminar la acepción de “persona avariciosa o usurera”

Más de 20 comunidades judías hispanohablantes de todo el mundo se han unido para solicitar formalmente a la Real Academia Española (RAE) la supresión de la acepción de judío que aparece en su Diccionario de la lengua como “persona avariciosa o usurera”.

Según han informado a los medios, alegan que la misma resulta “ofensiva, que define en términos peyorativos y discriminatorios a una comunidad de identidad, y que no refleja el uso del lenguaje actual en la comunidad hispanohablante, donde prima el respeto y la promoción de la diversidad y multiculturalidad”.

El escrito, que “apela a la sensibilidad de la RAE para promover un lenguaje respetuoso e integrador”, ha sido presentado en el Registro de la academia y solicita asimismo y por los mismos motivos la supresión completa de la entrada “judiada”, que se define en su primera acepción como “mala pasada o acción que perjudica a alguien”.

“Entendemos que las definiciones del diccionario reflejan el uso del lenguaje y no promueven por sí mismas una conducta de odio, pero deberían corregirse por resultar totalmente anacrónicas a la realidad social y cultural del siglo XXI”, argumenta el abogado Boja Luján Lago, que representa a las 20 comunidades radicadas en lugares como Panamá, España, Argentina, Bolivia, Chile o Uruguay.

Fuentes de la RAE han confirmado a Efe que la solicitud ha sido recibida hoy y que “se tramitará siguiendo los cauces habituales para su estudio”.

En el pasado esta academia ya ha recibido peticiones en el mismo sentido, como cuando en 2022 la docente Anabel Cornago, madre de un adolescente con autismo, realizó una solicitud a la que se sumó el Senado español en pos de la supresión de la acepción de “autista” como insulto.

Unos años antes, la RAE se avino a modificar la acepción de gitano como “trapacero” en su diccionario, al incorporar una nota de uso “ofensivo y discriminatorio”, en respuesta a la solicitud de las entidades del Consejo Estatal del Pueblo Gitano.

lunes, 31 de julio de 2023

¿Un diccionario casi infinito?


En el diario Perfil, del día de ayer, Guillermo Piro escribió una columna muy interesante sobre el Thesaurus Linguae Latinae, una obra monumental, que empezó a realizarse hace ciento veintinueve años y todavía no tiene fecha de terminación.

 

Biógrafos de palabras

 

Cuando en 1981 murió María Moliner, la famosa lexicógrafa y filóloga española, Gabriel García Márquez tuvo una intuición genial: conseguir su teléfono, llamar a su casa y hablar con uno de sus cuatro hijos. Cuando García Márquez le preguntó acerca de cómo había sido vivir con una madre que había dedicado su vida a su Diccionario de uso del español, su hijo respondió: “En casa siempre fuimos mis tres hermanos, yo y el diccionario”. La afirmación, con su carga de banalidad, deja traslucir, sin embargo, una verdad irrefutable: elaborar un diccionario es algo muy complicado, que requiere toda la dedicación, todas las energías, todo el tiempo. En el segundo piso de la Academia de Ciencias de Baviera, en Múnich, hay una habitación que reúne todas las palabras latinas conocidas, transcritas a partir de poesías, relatos, textos de filosofía, medicina, ingeniería, religión y botánica, pero también de inscripciones halladas en los sitios arqueológicos de medio mundo.


Desde 1894, cientos de investigadores y estudiosos del latín las fueron transcribiendo en diez millones de pequeñas Zettel, fichas, las ordenaron alfabéticamente en unas cajas de cartón y las etiquetaron con caligrafía elegante. Las palabras menos conocidas ocupan apenas pocas fichas, pero otras, como non, o et, ocupan ellas solas varias cajas. Un día, cuando el trabajo haya terminado, todas ellas aparecerán en el diccionario de latín más completo y preciso del mundo: el Thesaurus Linguae Latinae.


Para aquellos que se ocupan del latín a nivel académico, el Thesaurus es una institución venerada. La fundó el filólogo alemán Eduard Wölfflin hace 129 años, y se ocupa de compilar uno de esos diccionarios que no se limitan a explicar el significado de una palabra, sino que trazan su desarrollo histórico, su nacimiento, sus cambios, sus acepciones y su uso en las distintas épocas. Wölfflin quería que estuviera listo en una veintena de años; hoy esperan tenerlo listo para 2050. Y son optimistas.


Roberta Marchionni, una lexicógrafa italiana que trabaja en el Thesaurus desde hace diez años, responde a las preguntas que le hace Annalisa Quinn, una periodista del New York Times: “¿Por qué son tan lentos?”, a lo que responde: “¿Lentos? ¡Somos velocísimos!” Todos los que trabajan allí aman decir que son “biógrafos de palabras”; a fin de cuentas, eso son los lexicógrafos.


En los últimos 129 años pasaron por el Thesaurus cuatrocientas personas. El trabajo no se detuvo nunca, ni siquiera durante las dos Guerras Mundiales. Durante esos años, para alejarlo de los bombardeos, el archivo se mudó del centro de Múnich a un monasterio que se encuentra en las afueras de la ciudad.


Roberta Marchionni le contó a Quinn que trabajó diez años en la palabra res (cosa). Pero la que más dolor de cabeza le trajo fue necessitas, que quiere decir muchas cosas, menos “necesidad”. Otros sufrieron mucho con pietas o humanitas, palabras abstractas que son difíciles de interpretar, porque pertenecen a una cultura que creemos conocer, y de la que en cambio, ignoramos mucho.


Dice Marchionni que tiene dos tipos de pesadillas: una en la que vuelve muy atrás y tiene que volver a rendir el examen final del colegio secundario. En la otra tiene que volver a trabajar con la palabra necessitas. Aunque dice que hace sentir bien saber que uno sacó del olvido a alguna palabra. Son cosas que nosotros no entenderíamos.