"El mítico editor y agente literario de 80 años, hoy dedicado en España a la consultoría de escritores, diagnostica los problemas de la industria del libro, analiza la mega-concentración editorial, el peso de los algoritmos y el rol de las editoriales independientes. Los cambios urgentes que habría que hacer." Tal es la bajada de la entrevista realizada por Patricio Féminis a Guillermo Schavelzon, publicada el pasado 20 de mayo en la sección de cultura del diario Tiempo Argentino.
lunes, 8 de junio de 2026
"Otro problema es la injerencia cada vez mayor de los algoritmos en la decisión de lo que publican las grandes editoriales"
miércoles, 6 de mayo de 2026
Una verdadera clase magistral en la Feria del Libro
"En una conferencia magistral, el editor argentino, referente en la industria, reflexionó sobre los riesgos de la sobreoferta, el precio del libro, el cambio de paradigma en la venta y el rol de los influencers, entre otros temas." Eso dice la bajada de la nota, publicada sin firma en InfoBAE el pasado 3 de mayo, que resume una conferencia dictada por Guillermo Schavelzon en el marco de la 50ª Feria del Libro.
"Hoy se publica el doble de libros de los que se pueden vender"·
La crisis del sector editorial argentino y su impacto en la producción y circulación de libros fue el tema central de la conferencia magistral ofrecida por Guillermo Schavelzon en el marco de la edición 50 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
El editor repasó seis décadas de transformación en la industria —desde la modernización que impulsó Jorge álvarez en los años sesenta hasta la actualidad— para advertir que la rentabilidad y el equilibrio entre tradición cultural y mercado se encuentran en un punto crítico nunca antes visto.
En diálogo con Verónica Abdala, Schavelzon señaló que la pérdida de rentabilidad está relacionada en forma directa con fenómenos de concentración y sobreproducción, lo que derivó en una baja sostenida de los tirajes: “En 1974 se publicaron 50 millones de libros con un tiraje promedio de 10 mil ejemplares. En 2025, se volvieron a publicar 50 millones de ejemplares, pero con un tiraje promedio de 1.700”, afirmó.
El editor, que comenzó su carrera hace 61 años en la legendaria Jorge Álvarez Editor, remarcó la importancia del catálogo como sustento cultural y económico de cualquier proyecto editorial, y advirtió sobre el riesgo que representa la superabundancia de títulos: “Hoy se publica el doble de libros de los que se pueden vender. Eso tiene un problema ecológico, pero sobre todo un problema comercial gravísimo: el precio del libro está falsamente inflado para financiar este sistema. Es un problema financiero, no literario”, dijo Schavelzon, enfatizando la necesidad de un cambio de paradigma en toda la cadena del libro.
En el encuentro, “50 años de lecturas y escrituras en Argentina”, propuso que la solución a la crisis editorial actual debe ser colectiva —editores, libreros, escritores y lectores— y basada en el rescate de la tradición y en la actualización de modelos de negocio.
Para él, los desafíos del presente no anulan la oportunidad de innovación: “Nada es para siempre, ni este gobierno, ni esta política, ni nuestros catálogos, si no los hacemos bien. Sí, es posible. Generemos polémica, generemos conciencia de que esto es posible y que hay que hacerlo en todos los que tenemos alrededor y algo de ahí va a salir”.
Durante la conferencia, recalcó la gravedad de la concentración y el predominio de los grandes grupos sobre el sector independiente, lo que impacta tanto en la diversidad de la oferta como en la viabilidad económica. A su juicio, “la concentración y la industrialización de la edición nos ha producido un daño cultural y una situación difícil. Sin embargo, la mejor librería independiente, chiquita y selecta necesita de algunos best sellers comerciales para pagar el alquiler. El ecosistema del libro no puede prescindir de las grandes editoriales”.
En cuanto al impacto directo en los autores y trabajadores del sector, el editor fue explícito: “Al autor se le paga el 10 % de venta al público. Esto no se resuelve subiéndolo al 15. Hay que encontrar otras formas de remuneración. Los editoriales independientes la necesitan urgente, porque no puede ser que cuando apuestan a una nueva voz y tienen éxito, el segundo libro se lo lleve una editorial más grande. Eso no puede ser. Es posible que las editoriales ganen más y es posible que los correctores, los traductores, los diseñadores, los editores y los autores ganen más. Es posible. No es una utopía absurda, pero es un cambio que no sé cómo se hace”.
Schavelzon también evaluó críticamente los sistemas de consignación y devolución vigentes en el sector minorista, herencia de dinámicas instauradas hace casi un siglo. “El libro funciona con un sistema por el cual el librero en todo el mundo puede devolver en cualquier momento los libros que no vendió. En Argentina es más perverso porque se deja el libro en consignación. Esto se inventó en Estados Unidos en la época de la Gran Depresión, hace cien años. Cien años después lo seguimos aplicando. No puede ser. El mundo no tiene nada que ver con el de hace cien años”.
La sobreproducción, acelerada por la digitalización y las estrategias comerciales orientadas al marketing, lleva a una “bola de nieve” financiera que afecta incluso a los grandes grupos internacionales. “El presidente internacional de Nueva York de Penguin Random House mandó en febrero una carta a todo el personal diciendo: ‘El grupo vendió el casi 3 % más en el año 2025, pero perdió el 19 % de valor la empresa’”.
Entre las transformaciones más profundas, Schavelzon apuntó a la pérdida de centralidad del editor como figura gestora de calidad y portadora de criterio literario. El avance de los algoritmos y el predominio de los departamentos comerciales modificaron la matriz de selección de títulos: “Toda la vida se publicaba por algo que se llamó el olfato del editor. En la época en que se publicaba siguiendo ese criterio, de cada diez libros había un éxito. Ahora los algoritmos no han mejorado el olfato: de cada diez, sigue habiendo uno. La decisión editorial en las grandes editoriales la toma el departamento comercial y de marketing”.
Respecto de los nuevos modos de circulación y prescripción, el editor reconoció la importancia de las ferias —destacó el “éxito brutal” de la Feria de Editores Independientes— y el peso de las comunidades, pero cuestionó la pérdida del rol del librero como prescriptor literario ante el avance de los algoritmos y los influencers. “Las librerías chicas curan su contenido y cumplen la función de recomendar. ¿Quién recomienda hoy además de los libreros de verdad? Los influencers, que ninguno leyó ningún libro que recomienda, porque las editoriales les pagan”.
Al analizar la situación de los autores, traductores y correctores, subrayó la precarización creciente: “La situación es discriminatoria. El único que puede escribir es el que alguien lo financia. Es muy injusto, porque escribir es un trabajo y debe ser remunerado razonablemente”.
El retiro del Estado y la reducción de programas de apoyo representan, según Schavelzon, uno de los mayores riesgos para la supervivencia del sector. Destacó el ejemplo del Programa Sur, que permitió financiar la traducción y publicación de unos 2.000 títulos de escritores argentinos en el exterior a través de un apoyo de USD 3.000 por obra. “Después, Argentina editora fue grande y potente porque había apoyos a la exportación, porque la exportación de libros no es solo un generador de divisas, es la construcción de una imagen de país atrás de la cual van otros empresarios a hacer negocios”.
Para Schavelzon, los cambios deben ser promovidos de manera colectiva: “Los cambios no los puede producir nadie solo. Los tiene que producir el conjunto. Tiene que haber organizaciones que reúnan a cada eslabón y tienen que sentarse en la mesa y llegar a acuerdos...”.
El editor concluyó que la única vía para salvar la vitalidad de la industria reside en el apego a la tradición y el aprovechamiento del talento local: “La tradición y el talento es lo único que nos puede salvar”.
En la conclusión de su intervención, Schavelzon compartió: “Es muy difícil definir la figura del editor, porque deben confluir inquietud, capacidad emprendedora, cultura, conocimiento de la historia, del mundo de los negocios, por lo menos del negocio del libro, y una enorme pasión y paciencia. Así son y han sido los editores”.
martes, 15 de diciembre de 2020
El agente literario Daniel Schavelzon es otro que opina
El 10 de diciembre, Daniel Gigena publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires, una nota y entrevista con el agente literario Guillermo Schavelzon, donde se habla, entre otras muchas cosas, del futuro del libro.
En 2005, junto con la filial
local del Grupo Planeta y el escritor Ricardo Piglia (cuya obra hoy representa), Schavelzon fue condenado por la
Justicia argentina a pagar una indemnización al escritor Gustavo Nielsen por el
affaire en torno de Plata quemada.
Nielsen, finalista del Premio Planeta con La flor azteca, denunció que el premio había sido “arreglado” en favor de Piglia. La Justicia determinó que había existido predisposición
del premio en favor de la novela basada en la historia real del asalto a un
banco bonaerense, contratada desde 1994 por un sello del grupo editorial. Aquel
episodio de 1997 fue el comienzo del fin de los días de Schavelzon como
director editorial de Planeta y el preámbulo de su debut como agente literario.
Además de desempeñar su
tarea (y muy bien, según afirman varios de los autores que representa),
Schavelzon es alguien que piensa acerca del mundo del libro, que anticipa
debates y discute lugares comunes de la industria. En su blog, dedicado a la
edición, los libros y los escritores, publica artículos sobre el mercado editorial,
el oficio de editor y la “cocina” de los éxitos literarios. En el más reciente,
que lleva el apocalíptico título de “El fin del concepto de publicación, tal
como lo entendíamos hasta ahora”, reflexiona sobre las consecuencias de la
forzada (por la pandemia)
reconversión digital. Desde Barcelona, y días después del miniescándalo protagonizado por su colega estadounidense Andrew Wylie,
la Nobel de Literatura 2020, LouiseGlück, y el editor español Manuel Borrás,
Schavelzon responde las preguntas de La
Nación
–¿Cómo viviste este
año de pandemia en lo personal y desde lo profesional?
–Tratando de comprender lo
incomprensible, y con mucho trabajo para tratar de entender el futuro del mundo
del libro.
–El libro electrónico
no cambió finalmente la industria del libro. ¿Lo hará la creciente
digitalización?
–El libro electrónico, que
parecía la gran amenaza del libro de papel, no logró cuotas de mercado
significativas. Al igual que el audiolibro, es un soporte más, bienvenido,
porque suma al total, aunque no alcanza a reemplazar la pérdida de ventas de
libros de los últimos diez años, que es muy elevada. El libro estaba en crisis
antes de llegar la pandemia, que encontró a todos ya muy debilitados.
–¿Qué hace
exactamente un agente literario y en qué beneficia la carrera de un escritor?
–Un agente literario es un
profesional al servicio del escritor, cuyo objetivo es conseguir el mayor número
de lectores posibles, en todos los países, idiomas y soportes, incluidos los
audiovisuales, tan importantes en este momento. Todo esto no puede darse al
mismo tiempo, ni rápido, ni para todos, es un trabajo de acumulación que alguna
vez hay que comenzar. El agente es un gestor, los objetivos son siempre de
máxima. Esta es la teoría, la práctica es más compleja, intrincada y
personalísima.
–¿Todos los autores
de cierto renombre deberían estar representados por un agente?
–No lo creo, aunque es una
pregunta que habría que hacer a los escritores. Los agentes existen porque los
escritores demandan sus servicios. Los escritores se dedican a escribir, un
trabajo aislado, individual, que requiere mucho esfuerzo y sacrificios, a veces
es incompatible con la familia, los amigos, las noches y los fines de semana.
No imagino a un escritor dedicándose a vender y administrar su obra o
negociando con una gran plataforma audiovisual.
–¿Qué conclusiones
sacaste del affaire Louise Glück/Pre-Textos/Andrew Wylie? El agente siempre
queda como el villano de la historia.
–Me pareció una polémica sin
sentido. ¿Criticar a una poeta por querer ganar dinero con su obra, cuando por
primera vez en su vida puede hacerlo? ¿O querer cambiar de editorial, si no
estaba satisfecha? La escritora sigue siendo muy buena, la editorial también.
El dinero no resta credibilidad al hecho literario. Todo editor elige a quien
publica, de la misma manera, una autora, cuando puede, elige una editorial, o
delega la decisión en su agente.
–En un texto reciente
publicado en tu blog señalás que se termina la era de la publicación tal como
la conocemos. ¿Qué factores motivan este cambio?
–No podría sintetizar lo que
requiere de una extensa explicación. El cambio tiene que ver con los sistemas
de comercialización, cuando el 50% de los libros vendidos en el mundo están en
manos de una sola empresa de venta online, sería imposible que las cosas no
cambiaran radicalmente. Esa empresa es Amazon.
–En tu opinión, ¿se
producen demasiados libros e incluso sobran librerías?
–La sobreproducción ha sido
una estrategia, no un error. En el mundo analógico, las grandes pilas de libros
venden libros, para eso había que fabricar muchos ejemplares, sabiendo que iban
a sobrar. Los sobrantes no eran sorpresa, era algo previsible en ocho de cada
diez títulos. Esto es parte de lo que va a cambiar, porque Amazon no necesita
hacer pilas de libros para vender. Las librerías literarias, tampoco. En cuanto
a las librerías, nunca sobran, como no sobran escuelas. Lo que vendrá es una transformación,
un proceso de reconversión. En las grandes cadenas por falta de rentabilidad,
como ha sucedido en Estados Unidos, donde las más grandes cerraron, o en
Europa, donde la FNAC cambió su eje por la tecnología. A ningún inversor le
interesa un negocio que no sea rentable. Los libros de calidad se venderán en
las librerías más chicas, que conocen bien a sus clientes y saben recomendar,
son aquellas que seguirán abiertas, aunque ganen poco. Es un momento de gran
oportunidad: estarán en espacios acotados, fuera de las grandes avenidas y de
los centros comerciales. Los algoritmos no han resultado buenos prescriptores,
las redes tampoco. Los lectores vemos cómo se equivocan las recomendaciones de
Amazon, porque están diseñadas para el consumo masivo, algo que, en la edición,
no sé si seguirá existiendo.
–¿Por qué varias
editoriales y, en particular, muchos autores optan por la venta directa de sus
libros?
–Los autores se autopublican
y venden directamente porque están hartos de no encontrar editor. Las editoriales,
venden directamente porque es un buen negocio, esto es parte de lo que llamo
reconversión.
–¿Cuál es el negocio
en la industria del libro y quiénes son los que realmente ganan?
–El negocio no es muy grande, en los grandes conglomerados siempre es la línea que menor margen aporta. Estos entraron al mundo del libro intentando transformar una actividad cultural, en una industria masiva, centrada en el ocio y el entretenimiento. El negocio fueron los grandes bestsellers, esos libros que vendían, solo en español, tres o cuatro millones de ejemplares. No sé si este fenómeno se podrá mantener, porque esos lectores ya han cambiado sus hábitos de consumo cultural: ven series de televisión. Los bestsellers sostenían a la gran industria editorial y a las cadenas de librerías, fue algo importante para todos. Esa pérdida no será reemplazada con libros.
–¿Cambió la figura
del editor en las últimas décadas? A veces tienen más prensa que los escritores
y en los últimos años en muchos de ellos se despertó una voluntad de enseñanza.
–No lo veo así, el editor era una figura mucho más pública antes que ahora. El editor hoy está condicionado por lo comercial, por la necesidad de facturación. Solo el pequeño editor independiente puede seguir haciendo lo que le gusta, aunque para aprovechar esta oportunidad tendrá que aprender a administrar mejor, no dedicarse solo al catálogo.
–Representás a varios
autores argentinos. ¿Cómo ves la literatura argentina actual?
–Me preocupa lo que tan bien dijo Martín Kohan: “Ser escritor es fácil, es barato, es accesible, es
inocuo; si les da satisfacción serlo, adelante; el ingreso es irrestricto. Que
no haya más lectores, en cambio, me parece más preocupante, y parecería indicar
que muchos de los que quieren escribir literatura argentina no están
interesados en leerla”.
–¿Qué te lleva a
aceptar a un escritor como representado?
–Las agencias que creen
conveniente leer todo lo que sus clientes escriben tienen el límite de esta
posibilidad. Hay muchas formas de ser agente, el de Glück representa a 1200
escritores, y parece que no lo hace mal.
–¿Vas a publicar un
libro con tus textos?
–El blog es un formato en el
que me siento cómodo. Yo no soy escritor, solo un observador del mundo del
libro, no creo que publicarlo como libro de papel pueda aportar algo más.
lunes, 17 de septiembre de 2018
El zorro opina sobre las mejoras que hay que hacer en el gallinero
“el derrumbe y la catástrofe”
jueves, 7 de septiembre de 2017
"El concepto de exportación (libros embalados dentro de containers) está perimido"
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| Guillermo Schavelzon |
martes, 7 de abril de 2015
Una lectura diferente del problema español
martes, 27 de diciembre de 2011
Una sarta de obviedades presentadas como consejos
Entonces, Dato 1) No sitúe sus novelas en los países a los que quiere venderles derechos. “Muchos escritores dicen: ‘Esta novela voy a hacer que ocurra en París porque así les interesa a los franceses’. Y es impecable el París que cuentan porque fueron, investigaron, pero eso a los franceses no les interesa. Cómo ve París un argentino, es una problemática nuestra, ellos están muy satisfechos con cómo la ven ellos”.
Sin embargo, dice, si se consigue un editor que contenga su ansiedad por hallar realismo mágico en cualquier latinoamericano, Dato 2): es posible vender derechos afuera. De hecho, “es un buen momento para escritores argentinos y latinoamericanos.Nunca hemos conseguido tantos contratos como en los últimos dos o tres años”.
¿Qué pasa? “La crisis europea es tan fuerte que la gente culta, en Europa, mira para otros lados”. A China, obvio. Y a América Latina. Salvo en Inglaterra, que tiene las malas costumbres del mundo angloparlante. Porque, Dato 3) “Hay países que son exportadores de cultura pero que no están dispuestos a recibir nada. Estados Unidos publica unos 120 mil títulos al año, de los cuales apenas 300 son traducciones”. ¿Para tanto? “Los norteamericanos, dice Schavelzon, son absolutamente autorreferenciales y los británicos son norteamericanos de segunda. Antes era al revés, ahora son bastante menos cultos. Desde que se rompió la ley de precio fijo, sólo publican best-séllers... ”
Esto es problemático. El inglés es un puente: editores de lenguas con pocos hablantes descubren los libros cuando están en ese idioma. El negocio se muerde la cola: “Los norteamericanos nos dicen en la agencia: ‘No me ofrezcan ningún libro que no haya sido vendido ya para otros cinco idiomas’”.
Otro viento que sopla en las velas de una literatura son sus escritores de éxito. Dato 4) “Interesan los best-séllers latinoamericanos cuando tienen un aporte cultural local”. Un ejemplo: “En el siglo XX, el que más hizo por la literatura chilena fue Roberto Bolaño”. ¿Cómo? “Tuvo éxito”. Entre nosotros, “una escritora como Claudia Piñeiro tiene un éxito tan grande en Alemania que ha abierto caminos a otra gente”.





