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martes, 30 de agosto de 2022

Chandler y su traducción de lo oral a lo literario

Siempre es un gusto enorme dar a conocer textos de Marietta Gargatagli y acá va uno, cuya primera versión se publicó el 5 de julio de 2002 en El trujamán. Modificado por la autora, trata sobre Raymond Chandler y la oralidad; o sea, una vuelta de tuerca sobre el estilo como forma de traducción.

La biografía de un estilo

Raymond Chandler tuvo un profesor en el colegio de Dulwich, Inglaterra, que pedía a sus alumnos un ejercicio entonces frecuente y hoy singular: traducir un texto clásico del latín al inglés y luego volver a escribirlo en latín. Las retroversiones eran una severa disciplina verbal porque exigían extraordinaria minuciosidad: los placeres del mot juste, aprendidos tan tempranamente, nunca lo abandonaron. 

La remota lección estuvo presente cuando hacía cuentos para revistas elegantes o cuando participaba en el feroz mercado del pulp , escribiendo relatos de dieciocho mil palabras pagados a centavos de dólar la palabra. Sus colegas, meros asalariados de la imaginación, se limitaban a contar historias entretenidas; Chandler buscaba un estilo, esa cualidad de la alta literatura que establece la verdadera diferencia entre lo malo y lo bueno, lo perecedero y lo inmortal. 

Escribir El sueño eterno, su primera novela, le llevó cincuenta años. Solo después de una ejercitación obsesiva pudo armar la arquitectura de una narración larga y dotarse de una voz, la del escéptico y sentimental Philip Marlowe. 

“Si no hubiera estudiado latín y griego —dijo una vez Chandler—, dudo que supiera ver la diferencia entre lo que llamo estilo vernáculo y lo que calificaría de estilo iletrado o faux naïf. Son dos cosas muy distintas”.

Transformar el slang americano en lengua poética es, en cierto modo, una traducción. Las tonalidades de lo oral, útiles en una taberna, pueden ser adorno equívoco en un personaje. En la ficción, los héroes, las heroínas y los desalmados deben hablar como personajes de ficción. Lograr ese matiz, en el que se basa toda la credibilidad de un relato, es semejante a encontrar la equivalencia entre dos lenguas. La oralidad imaginada debe decir lo mismo que la oralidad real, pero las palabras siempre serán otras. Como en las traducciones. 

domingo, 15 de enero de 2012

A qué suena y por qué Raymond Chandler en castellano

The Game Afoot es un excelente blog que administra José Ignacio (únicos datos que constan), dedicado al género policial. Allí, una colaboradora del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires encontró el texto que se reproduce a continuación, a propósito de las traducciones que se hicieron en la Argentina y en España del gran Raymond Chandler (foto).

Tesis Doctoral  
Las traducciones de Chandler al español

Estoy terminando de leer Adiós, muñeca de Chandler y me encuentro en Internet esta interesante tesis doctoral de Daniel Peter Linder Molin, The american detective novel in translation: the translations of Raymond Chandler’s novels into spanish http://hdl.handle.net/10366/d10525646 (en inglés, con un resumen en español a partir de la página 528).

Copio y pego de los objetivos: La tesis “analiza cuatro novelas de Raymond Chandler (The Big Sleep, 1939; Farewell, My Lovely, 1940; The Little Sister, 1949; y The Long Goodbye, 1954) y las traducciones al español publicadas en Argentina y España. Partiendo de la hipótesis de que toda traducción implica manipulación, se seleccionaron y se analizaron entre cuatro y seis casos textuales ideológicamente problemáticos, como por ejemplo algunas instancias de dudosa moralidad sexual. La existencia de numerosas traducciones permite una amplia visión histórica y cultural que engloba el periodo autócrata franquista en España (1939-1975) y el periodo golpista y represivo en Argentina (1976-1982). El análisis revela que las traducciones argentinas, las primeras en producirse, no fueron censuradas (Al borde del abismo, Hopenhaym, 1947), aunque algunas de las más tempranas sufrieron supresiones al ser abreviadas (Una mosca muerta, Goligorsky, 1956 y El largo adiós, De Setaro, 1956). Las traducciones españolas más tempranas fueron o bien autocensuradas (Detective por correspondencia, Macho-Quevedo, 1945 y Una dama tenebrosa, De Luaces, 1949) o censuradas por el gobierno (El sueño eterno, Navarro y ¡Adiós para siempre preciosidad!, Márquez, publicadas en Novelas escogidas (Aguilar: Madrid, 1958).

Entre 1972-1973 Barral Editores (Barcelona) publicó traducciones nuevas de estas novelas en su Serie Negra Policial. Aunque estas versiones se convirtieron en las «clásicas» al publicarse masivamente en la España postfranquista, dos son plagios (El sueño eterno y El largo adiós, ambas atribuidas a Lara cuando son copias de obras de Navarro y De Setaro respetivamente) y otra es una traducción desde el francés (La hermana pequeña, Vinyoli). Nuevas traducciones autónomas no censuradas se publicaron en 2001 y 2002, tres de ellas producidas por José Luis López Muñoz, ganador del Premio Nacional de Traducción en 1980 y 2000.

Particularmente útil me ha parecido la lista de las traducciones utilizadas:

Traducciones de The Big Sleep:
Hopenhaym, 1947. Al borde del abismo.
De Luaces, [1948?]. Una mujer en la sombra.
De Luaces, [1949?]. Una dama tenebrosa.
Navarro, 1958. El sueño eterno.
Lara, 1972. El sueño eterno.
López, 2001. El sueño eterno.

Traducciones de Farewell, My Lovely:
Macho-Quevedo, 1945. Detective por correspondencia.
Márquez, 1958. ¡Adiós para siempre, preciosidad!
Elías, 1972. Adiós, muñeca.
Aira, 1988. Adiós, muñeca.
López, 2001. Adiós, muñeca.

Traducciones de The Little Sister:
Goligorsky, 1956. Una mosca muerta.
Escolar, 1958. La hermanita.
Vinyoli, 1973. La hermana pequeña.
Aira, 1989. La hermana menor.
Ibeas, 1995, 2001. La hermana pequeña.

Traduciones de The Long Goodbye:
De Setaro, 1956, 1962. El largo adiós.
Márquez, 1958. El largo adiós.
Lara, 1972. El largo adiós.
Zadunaisky, 1988. El largo adiós.
Vasco, 2002. El largo adiós.
López, 2002. El largo adiós.

Confío en que pueda ser también de interés general.