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miércoles, 8 de septiembre de 2021

Borges, Cortázar, Bioy y Arlt, por lejos

El pasado 6 de septiembre, Natalia Blanc publicó el siguiente artículo sobre los autores argentinos más traducidos a otras lenguas, en el diario La Nación, de Buenos Aires.


¿Cuáles son los autores argentinos más traducidos de todos los tiempos?

En un imaginario Mundial de Autores Argentinos Traducidos, Jorge Luis Borges ganaría por goleada. Según coinciden traductores literarios, editores y demás especialistas, el autor de Ficciones es, por lejos, el argentino favorito de los lectores en los cinco continentes. A diferencia de otros escritores nacionales, vivos o muertos, que se ponen “de moda” en el exterior a raíz de causas varias que podrían resumirse en la agenda temática global del momento, como el feminismo, la pasión internacional por Borges se mantiene firme, más allá del contexto histórico.


Como en el país no existe un registro único de traducciones literarias, el indicador más certero para establecer qué autores y cuáles títulos son requeridos en el extranjero es el Programa Sur, que depende de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería argentina y otorga subsidios a editoriales extranjeras para traducir obras de producción local. Desde su creación en 2009, apoyó a más de 1500 obras que fueron traducidas a 49 idiomas en 51 países. “Es un promedio de entre 140 y 150 títulos anuales”, calcula Diego Lorenzo, coordinador del programa nacional de apoyo a las traducciones.


“Al recorrer el listado completo se advierte que se ha ampliado mucho la demanda de autores. Antes había un elenco consolidado y nombres, como el de Roberto Alrt, que explotaron cuando se liberaron los derechos, en especial en mercado pequeños, como el del este europeo. Al principio estaban cabeza a cabeza Borges y Cortázar seguidos por Aira y Piglia y, después, obras relacionadas con otros productos culturales, como el cine, en los casos de Claudia Piñeiro, Eduardo Sacheri y Guillermo Martínez. En el medio, se ubican un montón de autores, algunos más afamados que otros, como Luisa Valenzuela que tiene cierta trayectoria en el exterior y otros jóvenes como Félix BruzzoneSamanta Schweblin empezó a escalar, especialmente, desde que se fue a vivir a Europa. Es un caso parecido al de Ariana Harwicz”, agregó Lorenzo.

 

Aunque todavía no está cerrada la selección de 2021, entre los pedidos de subsidios ya aprobados figura una edición de seis mil ejemplares de El Eternauta, de Héctor Oesterheld, para lectores chinos. Entre las traducciones al inglés se destaca la tirada de cinco mil copias que hará New York Books Review de El silenciero, de Antonio Di Benedetto. Zamanovela del mismo autor adaptada al cine por Lucrecia Martel, estará disponible el año próximo para 600 lectores daneses. Y unos dos mil turcos podrán leer El entenado, de Juan José Saer. En inglés, también habrá dos ediciones de cinco mil ejemplares cada una de Milongas, de Edgardo Cozarinsky, y Animales, de Hebe Uhart, a cargo de Archipiélago Books.

 

Borges hasta en la China

Al buscar los libros de Borges en el listado general de traducciones entre 2009 y 2020 aparecen datos curiosos que apoyan la idea de que el gran poeta nacional es el goleador del seleccionado argentino. Entre las lenguas a las que fueron traducidas sus obras se destacan, además del inglés, el francés, el alemán y el portugués, idiomas como el búlgaro, el macedonio, el hindi, el filipino, el malayo, el armenio, el georgiano, el tailandés, el ucraniano, el montenegrino, el noruego, el sueco, el checo y el albanés. Poemas, cuentos y ensayos: toda la obra de Borges fue requerida en distintos momentos por editores de distintas partes del mundo, según el registro del Programa Sur.


En 2017 un informe de la agencia Télam señalaba que Borges era por entonces el autor de América latina más traducido al mandarín, seguido por Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares. “La gravitación de lo oriental en su obra -desde una aproximación poética-, y la tensión filosófica general que atraviesa sus textos pueden explicar la predilección de los lectores de China por Borges; en general, los chinos eligen “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y “El Aleph” como sus piezas favoritas debido a su ambigüedad, misterio intelectual y profundidad”, declaró entonces Juan Manuel Cortelletti, consejero cultural de la Embajada Argentina en China. El funcionario, que continúa en el mismo cargo, sumó una perlita al furor chino por Borges: “Como parte del fenómeno, el autor argentino se convirtió también en objeto de consumo de los fanáticos. Una importante librería de la capital china, entre otros souvenirs, vende a sus clientes remeras negras con una frase en caracteres chinos blancos que dice: ‘Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca’, Jorge Luis Borges”.


Cortázar post boom

Si bien, de acuerdo a Jorge Fondebrider, escritor, gestor cultural, traductor y fundador del Club de Traductores Literarios, el furor internacional por Julio Cortázar ya pasó, en la lista completa del Programa Sur aparecen varias editoriales extranjeras que obtuvieron desde 2009 los subsidios del programa de la Cancillería argentina (con un tope de 3200 dólares por título) para traducir sus cuentos y novelas. Rayuela, Las armas secretas y Todos los fuegos, el fuego, por ejemplo, se publicaron en armenio; Clases de literatura, Queremos tanto a Glenda y Un tal Lucas, en griego; Los autonautas de la cosmopista, en danés; 62 / Modelo para armar y Los premios, en serbio; y Bestiario, en búlgaro.


En 2014, cuando se cumplió el centenario del nacimiento del autor de Rayuela, hubo un homenaje en el stand argentino del Salón del Libro de París. Como suele suceder, las efemérides (y las muertes) disparan las ventas de ejemplares y es por eso que ese año Cortázar aparecía primero en el listado del Programa Sur. Según un informe de Télam, de marzo de 2014, Cortázar era por entonces el escritor argentino más requerido por las editoriales extranjeras. Entre los títulos seleccionados por el Programa Sur en la primera parte de 2021 figura Historias de Cronopios y de Famas, que será publicado en Ucrania con una tirada de mil ejemplares.


Piglia: diarios en croata y vietnamita


Junto con Borges y Cortázar, Ricardo Piglia integra el podio de los autores argentinos más traducidos desde que existe el Programa Sur. Once de sus títulos, entre novelas, cuentos reunidos, ensayos literarios y los diarios que firmó como Emilio Renzi, se publicaron en más de veinte idiomas que van desde el inglés, el francés, el italiano y el alemán hasta el macedonio, griego, hebreo, rumano, turco, húngaro, croata, ruso, chino y vietnamita.


Entre sus libros más requeridos por editoriales extranjeras figuran Blanco nocturno (con versiones en nueve idiomas, según el registro oficial); Plata quemada (que se vende en Bulgaria, Croacia, Rusia, Francia, China y Vietnam); El camino de Ida (con cinco ediciones distintas) y Respiración artificial (en cuatro lenguas, incluido el macedonio).


En el primer semestre de este año, una editorial europea se anotó en el programa local para traducir Nombre falso al italiano e imprimir 2500 ejemplares.


El caso Aira

El de César Aira es un caso especial no solo por su amplia producción literaria sino por la atención que le prestan al autor de Coronel Pringles en el exterior desde hace años. “Candidato” permanente al premio Nobel de Literatura (nadie sabe bien cómo empezó, pero todos los años Aira aparece en las apuestas para el prestigioso premio).


De bajo perfil y alejado de la vidriera cultural local, Aira es leído por lectores de China, Francia, Inglaterra, Holanda, Alemania, Hungría, Bulgaria, Croacia, Serbia, Lituania y Grecia, entre otros países. Este año se sumó una editorial sueca, que hará tiradas de 1200 ejemplares de los títulos Las conversaciones y Margarita, un recuerdo. Por su parte, editores turcos publicarán dos mil ejemplares de El cerebro musical.


Arlt, al igbo, una lengua nigeriana

En marzo de 2020, a través del Programa Sur, se presentaron en el 2º Festival Hispano de Kolkata, Calcuta, República de la India, las traducciones al bengalí de El juguete rabioso, de Roberto Arlt, y de Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes.


El “año Arlt” para las traducciones fue 2013: al cumplirse setenta años de su muerte, se liberaron los derechos de sus obras. Entonces, editoriales de Bulgaria, Italia e Inglaterra se presentaron para traducir a sus respectivos idiomas títulos como Los siete locos, El jorobadito y otros cuentos y Los lanzallamas.


Este año, las Aguafuertes cariocas, libro que reúne el trabajo del escritor como corresponsal en Río de Janeiro, figura entre los aprobados para recibir subsidio para su traducción al italiano en una tirada de dos mil ejemplares. Pero la perlita de 2021 llegó de Nigeria: una editorial de ese país africano editará 300 copias de El juguete rabioso en igbo, una lengua hablaba por unas 18 millones de personas de la etnia del mismo nombre.


Quino, con Mafalda en búlgaro y guaraní

“Mbaeinchapa, che ha´e Mafalda ha ko´aga añe´ema guaraníme” (“¿Cómo están? Soy Mafalda y ahora hablo en guaraní”): así se presentó en 2017 la traducción al guaraní de la célebre tira creada por Quino. Desde que se publicó por primera vez, en 1964, Mafalda fue traducida a 27 idiomas: entre ellos, armenio, búlgaro, chino, griego, hebreo y polaco. En el registro del Programa Sur figura un pedido de subsidio para la versión de la historieta al búlgaro. Y en la página oficial del autor se cuenta la trastienda de la adaptación de las peripecias de Mafalda y sus amigos al braille, un proyecto de un fanático de tira, que logró publicar en 2016 Descubriendo a Mafalda para lectores ciegos con el apoyo de la Editora Nacional Braille y Libro Parlante, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.


Mujeres al frente
“El Programa Sur, que representa una parte importante de las traducciones argentinas, especialmente de literatura, sirve de indicador de los pedidos en cada época. En ese sentido, después de los primeros años, en los que ciertos autores consagrados de la literatura argentina eran los más solicitados, en alguna medida, el mercado se empezó a saturar y los editores extranjeros empezaron a demandar a otros autores, vivos, jóvenes, en especial, mujeres. Empezamos a ver un cambio en el paisaje de los autores y autoras traducidas”, explicó Alejandro Dujovne, investigador Conicet e integrante del Comité de Selección del Programa Sur. Completan el equipo seleccionador María Rosa Lojo, Damián Vives (por parte de la Biblioteca Nacional), Jorge Bernetti (representante de la Fundación El Libro) y Martín Granovsky, director de Asuntos Culturales de la Cancillería.


Entre las autoras más traducidas que figuran en el listado oficial está Claudia Piñeiro, cuya novela Una suerte pequeña se puede leer en azerí, el idioma de Azebaiyan. Sin dudas, Las viudas de los jueves es el título de Piñeiro más requerido: tiene ediciones en albanés, alemán, árabe, polaco, hebreo, serbio e inglés. Otras de sus ficciones, como Las maldiciones y Tuya, fueron traducidas al polaco, búlgaro, lituano y árabe. En la selección de 2021 figura un subsidio de una editorial polaca para Catedrales, su novela más reciente.

 

Consultado por La Nación por su experiencia como traductor literario y gran conocedor del mercado europeo del libro, en especial de Francia, Fondebrider ubicó a Samanta Schweblin y a Ariana Harwicz en el podio de las autoras nacionales más leídas en Europa en la actualidad. Al buscar en el registro oficial desde 2009 aparece que Matate amor, de Harwicz, fue traducida al inglés, turco y georgiano y que las ficciones de Schweblin, en formato cuento o novela, tienen versiones en albanés, croata, serbio, georgiano, italiano, inglés, alemán, francés, húngaro, checo, macedonio y chino.

 

En 2022 llegarán a las librerías de Grecia y Suecia ficciones de tres de las autoras jóvenes más mentadas de los últimos tiempos: Matate amor, en griego, Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez, en sueco, y Cometierra, de Dolores Reyes, que saldrá en sueco y también tendrá una edición en portugués para Brasil.

jueves, 28 de septiembre de 2017

¿Los tiempos están cambiando?

El 24 de septiembre pasado, el poeta y escritor Osvaldo Aguirre publicó la siguiente nota en el suplemento de cultura del diario Perfil. Según se lee en su bajada, “El traductor pasó, al menos en Argentina, de un lugar subalterno a uno preponderante. Aunque algunos creen que aún queda mucho por conseguir, lo cierto es que éste dejó de ser un trabajador en las canteras del mundo editorial. Las versiones icónicas de muchas de las mejores obras de los mejores escritores del siglo XX sirven de trampolín criterioso para emprender con entusiasmo la tarea en pleno siglo XXI”.

Los traductores visibles

Desde hace un tiempo se reúnen, activan por sus derechos, reclaman una ley que proteja su actividad de editores inescrupulosos. Tienen blogs y desarrollan plataformas donde publican sus trabajos y los de sus pares. Sus nombres, antes relegados a un cuerpo menor en la página de los créditos, como le ocurría al personaje de Rodolfo Walsh en el cuento Nota al pie, ahora se distinguen claramente en la portada de los libros. La academia les consagra una disciplina específica de estudios. Los traductores, por fin, dejaron de ser invisibles.

“La visibilidad reciente de los traductores tiene que ver con la progresiva profesionalización de los traductores literarios: contratos, subsidios estatales para la traducción, derechos de autor sobre la traducción, asociaciones profesionales, premios nacionales e internacionales, estudios universitarios de traducción. En cualquier caso, una profesionalidad bastante más tardía que la de los escritores y mucho más inestable”, dice Marietta Gargatagli (Paraná, 1948), profesora en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Barcelona y una de las grandes referentes en los estudios sobre la cuestión en lengua castellana.

No obstante, agrega Gargatagli, la invisibilidad del traductor persiste como condición estética y problema teórico. “Una buena traducción debe cumplir el pacto de ficción que propone todo texto traducido: debemos leerlo como si fuera el original. Más allá de cualquier consideración, a esto aspira el buen lector de buena literatura”, dice.

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), creador del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, comienza por plantear su desconfianza ante los estudios literarios. “La academia argentina, a través del tiempo, ha dado numerosas muestras de insensibilidad y no pocas de franca imbecilidad –dispara–. Para muchos académicos la literatura argentina es sólo la novela. La poesía, el ensayo y la literatura dramática son, en líneas generales, olvidos permanentes”. Tampoco cree que la situación de los traductores haya cambiado tanto: “Ser traductor visible es una cuestión de suerte: de publicar el texto adecuado, en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Existen muchísimos traductores francamente brillantes que nunca son ni fueron visibles. La única novedad importante es que sí, efectivamente, hoy en día los traductores dejamos de estar aislados”.

La reciente reedición de La constelación del Sur, el ensayo de Patricia Willson, repone una obra insoslayable sobre la traducción en la literatura argentina del siglo XX. Entre 2004, cuando el libro apareció por primera vez, y la actualidad, la traducción pasó a ocupar un lugar distinto en la cultura nacional. “Estábamos saliendo de la crisis de 2001 –recuerda Willson (Buenos Aires, 1958)–. Si se consultan los datos de la Cámara Argentina del Libro, se advierte que hubo entonces una curva ascendente de publicaciones, a partir de un piso muy bajo, con un aumento concomitante en el número de traducciones que entrañó la incorporación de nuevos traductores al sector del libro. La aparición de editoriales independientes que traducen es un dato muy importante en este contexto. Paralelamente, se produce la institucionalización de la disciplina específica, la traductología”.

Para Gargatagli, después de 2001 las nuevas editoriales independientes fueron el lugar donde revivieron “las lenguas con entonaciones argentinas”. En la primera década del siglo surgieron maestrías de traducción en Argentina, México, Chile, Colombia y Uruguay. “Una de las finalidades de la aparición de posgrados era darle visibilidad a la práctica traductora e, indirectamente, promover la mejora de la condición laboral de los traductores –dice Willson–. Esto, desde luego, es más difícil de lograr que la institucionalización de la disciplina, porque hay intereses económicos de por medio”.

Traducciones ejemplares. 
La historia de la literatura argentina podría contarse a través de las traducciones que incorporó. Una versión muy incompleta podría incluir las traducciones de Jorge Luis Borges de Las palmeras salvajes, de William Faulkner; las de José Bianco, como Malone muere, de Beckett, o G., de John Berger, un año después de su publicación en inglés; las obras completas de Poe trasladadas por Julio Cortázar, Moby Dick y Lolita en versiones de Enrique Pezzoni, la poesía de François Villon por Rubén Reches, y Graham Greene y Albert Camus por Victoria Ocampo.

Jorge Fondebrider mejora esa posible historia: “Las traducciones de poesía francesa de Raúl Gustavo Aguirre son ejemplares. Por caso, no conozco ninguna versión mejor de Mallarmé que las que él hizo. Otro traductor admirable es Lysandro Galtier, que nos dio un Oskar Vladislas de Lubicz Milosz excepcional. J.R. Wilcock hizo magníficas versiones de T.S. Eliot, y también de Jack Kerouac. Es lo primero que me viene a la memoria. O el Durrell del Cuarteto de Alejandría, que tradujo Aurora Bernárdez”.

La traducción en la Argentina suele evocar una edad dorada en que la industria editorial tenía una posición de liderazgo en la producción en lengua española. “Ligados a determinados proyectos editoriales, aparecieron traductores que entendían la traducción de manera bastante diversa. Cuando traducimos experimentamos el antagonismo entre la restitución de la letra o la del sentido”, dice Willson. En Las dos maneras de traducir (1926), Borges vio sendas concepciones de la literatura: “Los literales son románticos, personalistas, creen en el genio creador y desconfían de la traducibilidad total. Los perifrásticos o libres, por el contrario, son clásicos, creen en la obra, más allá del sujeto que la produjo. Victoria Ocampo y Bianco encarnan esta estructura de disenso que está presente en toda práctica de la traducción y, en ese sentido, son prototípicos”.

Gargatagli destaca “la existencia de una industria editorial argentina” como elemento central en el desarrollo de las traducciones durante el siglo XX. “Borges y Bioy Casares, y Bianco, aunque de otro modo, tradujeron, inventaron el género fantástico, crearon el canon de lo policial-literario y participaron o fomentaron los debates sobre la traducción que estuvieron presentes muy enfáticamente en los debates sobre literatura de la Argentina. Actuaban dentro del sistema editorial pero al margen, lo que describe cómo era ese sistema. Algo de esto sigue vivo en las editoriales independientes de la Argentina”.

Las traducciones provocan efectos de sentido en la recepción de las obras que pueden pasar inadvertidos. En La constelación del Sur, Willson señala que la introducción de Faulkner a la literatura latinoamericana, traducción mediante de Borges, no se produjo a través de lo más logrado de su obra. “Cuando se traducen textos estrictamente contemporáneos es difícil estar seguro de que lo que se traduce por primera vez terminará siendo, con el tiempo, lo mejor del escritor –dice la ensayista–. A veces, el detonante para una primera traducción es la obtención del Premio Nobel. Hay ejemplos recientes más que elocuentes: Pamuk es uno de ellos”.

El nombre del traductor es determinante. “Las primeras traducciones, sobre todo cuando son realizadas por alguien del peso de Borges, dejan una marca importante en la cultura receptora –agrega Willson–. Por ejemplo, no sé si The Turn of the Screw es el mejor libro de Henry James, pero sí sé que Otra vuelta de tuerca, la versión de José Bianco, para muchos argentinos e hispanoamericanos es ‘la’ novela de James. De ahí que sea tan interesante pensar los fenómenos de retraducción: ¿contra qué tradiciones de lectura están funcionando?”.

En el caso de Faulkner, “las cosas son más complicadas, porque antes de la traducción de Borges de The Wild Palms, el poeta cubano Lino Novás Calvo ya había traducido Sanctuary, versión que hoy cuenta con varias ediciones pero que, en el momento en que Borges emprende su versión, era prácticamente inhallable en el Río de la Plata. Además, en aquel momento (1939), había dos ediciones en inglés de The Wild Palms, una estadounidense de Random House y otra inglesa de Chatto & Windus; Borges se basó en esta última, que está censurada, no es idéntica a la de Random House”.

Apto para cincuenta lenguas.
Después del golpe de 1976, dice Marietta Gargatagli, “de esa riqueza interminable, como la llamaría Edgar Bailey, sólo sobrevivió la poesía. Las reflexiones más profundas sobre tradición, traducción y lengua literaria, la sobredeterminación característica de la literatura argentina: leer, traducir, escribir, debatir, la búsqueda de horizontes lejanos, nuevos o poco frecuentados, la relectura de los clásicos, la revisión de los modernos, ocurrieron en el escenario de la poesía”. En buena medida por la acción de “editores argentinos de memoria inolvidable como José Luis Mangieri, que contribuyeron a la continuidad de una forma de traducir: haciendo literatura”.

En la narrativa, el panorama fue muy distinto. “La hegemonía comercial de las editoriales peninsulares que tienen ahora los derechos de autor de todos los autores argentinos –con muy pocas excepciones, como César Aira– modificó radicalmente la relación traducción/escritura”, dice Gargatagli, doctorada con una tesis sobre Borges y la traducción, coautora con Nora Catelli de El tabaco que fumaba Plinio. Escenas de la traducción en España y América (1998) y habitual colaboradora de El Trujamán, la revista de traducción del Centro Virtual Cervantes. “Se traduce lo que proponen esos conglomerados, se lee siguiendo las recomendaciones de esos mismos conglomerados y se escribe pensando en una consagración que tiene sede en España y sólo será vanamente comercial”, subraya. El resultado, “una prosa castellana internacional, aburridísima y apta para la traducción en cincuenta lenguas que fomenta ahora la industria editorial”.

Para Willson, entre las consecuencias de la concentración editorial “hay una que es válida para muchos empleos en la actualidad: uno no sabe a ciencia cierta para quién está trabajando. Este efecto parece ser de orden meramente subjetivo, pero no es así; algunos lo ponen, entre otros factores, en la cuenta del actual capitalismo con baja presión salarial”. El salario del gerente general, decía el escritor y editor André Schiffrin, “es lo primero que la ganancia en la producción de libros tiene que amortizar”.

Hay que hacer cuentas. “Habría que revisar el cálculo según el cual el costo de la traducción tiene un peso del 30% al 40% en el costo total de un libro –dice Willson–. Las editoriales independientes son la contraparte de este fenómeno. Es cierto que con la tecnología actual y la tercerización de las tareas relacionadas con la importación literaria es posible producir libros traducidos con una estructura ínfima”. Jorge Fondebrider lo asigna a las cuentas pendientes: “Los editores tienen que estar más informados –muchos ni siquiera saben que existen los derechos de los traductores– y comprender que sin nosotros no pueden hacer los libros que después les dan prestigio y, eventualmente, ventas”.

Marietta Gargatagli apunta a la internalización de las empresas que fomentan históricamente los gobiernos de España. “En América hay cerca de 180 filiales de editoriales españolas y sigue siendo el destino privilegiado de las exportaciones de libros. La internalización del escritor trata de establecer una homología con esa voracidad que despoja a todo de su sentido. Se subvencionan traducciones porque se obtienen beneficios secundarios. Para la editorial, para el idioma mismo que se ha convertido también en un negocio, para otros negocios. Nada para la literatura”, dice.

Para Willson, “el papel del verdadero editor, en la editorial independiente y en el trust editorial, es o debería ser descubrir ese texto que, traducido, encontrará nuevos lectores, franqueando las fronteras lingüísticas. De ahí que una forma de entender la traducción sea como práctica capaz de crear continuidad allí donde lo social se muestra discontinuo”. Un lugar donde siempre habrá un traductor.

Recuadros:

Fuera de estado
La ley de traducción autoral todavía es una cuestión pendiente. El proyecto elaborado por el grupo Ley de Traducción Autoral se presentó dos veces en la Cámara de Diputados de la Nación y las dos veces perdió estado parlamentario. Sin embargo, los impulsores de la iniciativa lo presentarán nuevamente el año próximo, en una versión con leves modificaciones. Mientras tanto, participan en la plataforma www.justicia2020.gob.ar, donde se reúnen opiniones para reformar la Ley de Propiedad Intelectual vigente, promulgada en 1933 (Ley 11.723) y se reúnen  con editores “para ir generando conciencia y lograr instalar buenas prácticas”. También realizan un censo de traductores que se desempeñan en el campo editorial. “Uno de los problemas que tenemos es que, por la naturaleza de nuestra profesión, trabajamos un poco aislados, en distintos ámbitos (ficción, no ficción), distintos idiomas, distintas provincias, etcétera, y eso dificulta cualquier organización que intentemos”, señala la traductora Julia Benseñor. A los fines de promover el proyecto se lanzó un Frente de Apoyo que reúne toda la información disponible en el sitio http://leytraduccionautoral.wixsite.com/traduccionautoral.

Traducciones al sur
Creado en 2009, el Programa Sur de apoyo a las traducciones otorga subsidios a editores argentinos que publiquen autores argentinos. En 2016 la continuidad del programa pareció en duda, aunque las nuevas autoridades de la Cancillería y el director de Asuntos Culturales, Mauricio Wainrot, reafirmaron que continúa de acuerdo con el reglamento original. Las solicitudes son evaluadas por un Comité de Traducciones que integran el director de Asuntos Culturales, el director de la Biblioteca Nacional, dos académicos, un crítico literario y un miembro de la Fundación El Libro y que se reúne dos veces al año.

En julio, el comité aprobó la traducción de 93 obras. Entre ellas se encuentran Historia de Roque Rey, de Ricardo Romero; Héroes, machos y patriotas, de Pablo Alabarces; Betina sin aparecer, de Daniel Tarnopolsky; Emilia, de Claudio Tolcachir y Las nubes, de Juan José Saer (al italiano); Agosto, de Romina Paula; Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez y Villa del Parque, de Jorge Consiglio (al inglés); Las constelaciones oscuras, de Pola Oloixarac; Enemigos afuera, de Mori Ponsowy y El vuelo, de Horacio Verbitsky (al alemán); Una suerte pequeña, de Claudia Piñeiro (al azerí y al polaco); Las chanchas, de Félix Bruzzone; El pasado, de Alan Pauls, y Partes de inteligencia, de Jorge Asís (al macedonio), Ema la cautiva, de César Aira (al búlgaro); Un hombre llamado Lobo, de Oliverio Coelho; La mano del pintor, de María Luque y Verdades y saberes del marxismo, de Elías Palti (al francés); Tener un patito es útil, de Isol (al griego); Mafalda, de Quino (al guaraní); La uruguaya, de Pedro Mairal, y El comienzo de la primavera, de Patricio Pron (al holandés); Distancia de rescate, de Samantha Schweblin (al serbio); Seis problemas para don Isidro Parodi, de Borges y Bioy Casares (al georgiano); La fiesta del hierro, de Roberto Arlt (al ucraniano), y La mujer de Isla Negra, de María Fasce (al croata).

“El Programa Sur ha funcionado muy bien porque contó con el apoyo político correspondiente y tuvo un gestor de lujo en la figura de Diego Lorenzo, uno de los funcionarios públicos más eficientes que me ha tocado conocer. Ahora bien, es perfectible. Hasta ahora, acaso por un deseo del gobierno anterior, de neto corte populista, se ha buscado cantidad. Ahora sería conveniente pensar en términos de calidad”, sostiene Jorge Fondebrider.



viernes, 24 de junio de 2016

A siete meses de asumido el nuevo gobierno, sus tiempos administrativos atentan contra su credibilidad internacional

Daniel Gigena publicó ayer en el diario La Nación, de Buenos Aires, la nota que se reproduce a continuación, donde se da cuenta de la situación de incertidumbre por la que pasa una de las mejores iniciativas llevadas adelante por el Estado argentino para difundir la cultura del país. Según se comenta aquí, “por la transición, se suspendieron los pagos y no se abrió la convocatoria de 2016”.

Compás de espera para el Programa Sur de traducciones

 Creado en 2009 con el objetivo de promover la difusión de obras de literatura y pensamiento argentinos en el exterior, el Programa Sur, de apoyo a la traducción y fortalecimiento de la edición en lengua extranjera (Prosur), se encuentra en un compás de espera. ¿El motivo? "Está en una transición administrativa", aducen en las oficinas de la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, desde este año a cargo de Mauricio Wainrot. Y aunque no haya un plazo final para este proceso de ajuste, aclaran que la voluntad es continuar con esta política.

Como el presupuesto 2015 asignado a Prosur no se terminó de ejecutar el año pasado y se halla ahora en revisión, no sólo quedaron deudas impagas con editores extranjeros que habían contratado a traductores para que hicieran su trabajo, sino que tampoco se pudo abrir la convocatoria para 2016. En sus inicios, el Comité para la Participación de la Argentina como País Invitado de Honor en la Feria del Libro de Fráncfort 2010 (Cofra) lanzó este programa para promover los títulos de autores nacionales y facilitar su edición en lenguas extranjeras. Y dio buenos resultados: 800 obras de autores clásicos y contemporáneos de la Argentina fueron traducidas a 38 idiomas gracias a ese subsidio. El monto total anual estimado de Prosur es de 500.000 dólares y la subvención a la traducción recibía un monto máximo por obra de 3200.

Las embajadas argentinas en distintos países no pudieron aún saldar sus deudas con editores y traductores extranjeros porque, como todos los presupuestos de áreas públicas desde el cambio de gobierno nacional, hace seis meses, éste está "en revisión". Pero además de compromisos impagos, este lento ritmo de revisión genera incertidumbre cuanto más se aproxima octubre, mes de la feria internacional más importante para la comercialización de libros: la de Fráncfort .

Con el foco en Fráncfort
En la página web del programa (programa-sur.mrecic.gov.ar) se detallan las obras traducidas entre 2010 y 2014. Entre ellas figuran Los siete locosSobre héroes y tumbasOperación MasacrePlata quemadaLa sueñeraWakolda e incluso libros firmados por Jorge Bergoglio antes de convertirse en papa. Los cinco autores argentinos más traducidos son Julio Cortázar, Ricardo Piglia, Jorge Luis Borges, Claudia Piñeiro y Roberto Arlt.

Más allá de su contundencia numérica, los resultados condensan varios logros simultáneos. El licenciado Diego Lorenzo, responsable del Programa Sur, detalla algunos: "El acrecentamiento del patrimonio literario del país; el aporte y la defensa de la variedad idiomática en el universo de los intercambios literarios frente al predominio de España, y la importante ampliación del mercado para nuestros autores y editores". Cuando los editores extranjeros expresan su interés en contratar un libro de escritor nacional, pueden gestionar la subvención. "Que no siempre es aceptada luego de su evaluación", indica.

La Argentina no es el único país con una política de Estado que apoya las traducciones. "Brasil fue el primer país de América latina en instalar un programa así, y lo hizo eligiendo la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro -dice Jorge Fondebrider, poeta y traductor, integrante del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires-. Nuestro país fue el segundo. Después del ejemplo argentino, México empezó también, al instalar el sistema en Conaculta (algo así como el Fondo Nacional de las Artes de ellos) y Chile y Uruguay están empezando." Si bien la comisión de asesores del Prosur no incluía a ningún traductor, los resultados del trabajo estaban a la vista y tanto editores asociados a la Cámara Argentina del Libro (CAL) como escritores se manifiestan conformes. Igualmente, un cambio de forma en el reglamento contemplaría a partir de ahora la renovación anual de los siete integrantes del comité -manteniendo fijos a dos de ellos, el director de Asuntos Culturales y el director de la Biblioteca Nacional- y tendría en cuenta la presencia de un traductor.

Martín Mengucci, encargado de ferias internacionales de la CAL, señala la importancia del programa para la comercialización de títulos de autores argentinos en ferias del libro internacionales. "Prosur ha movilizado mucho la venta de derechos de libros nacionales porque disminuye un costo central en la producción de libros", dice, en referencia al valor que representa una traducción. El dinero subvencionado va directamente a los bolsillos del traductor extranjero. "La CAL está interesada en la continuidad del programa, sobre todo en vistas a la nueva edición de la Feria del Libro de Fráncfort, donde se pueden vender derechos a varias editoriales extranjeras de renombre", agrega Mengucci. Quizá para entones las revisiones presupuestarias hayan terminado y se puedan girar los fondos adeudados a las embajadas argentinas en el mundo. Y, en especial, se pueda lanzar la convocatoria 2016 para que los libros de autores nacionales circulen en más países y en más idiomas.


lunes, 14 de julio de 2014

Del otro lado de la cordillera (7)

FOTO: Paulo Slachevsky
Ante la ausencia de último momento de los otros miembros de la última mesa, le tocó cerrar a Diego Lorenzo, responsable del Programa Sur de la Cancillería agentina. Su intervención consistió en responder a las preguntas formuladas por Pola Iriarte.

Programa Sur de subsidio 
a las traducciones
(Ministerio de Relaciones 
Exteriores y Culto)


 En el año 2009 se creó el PROGRAMA SUR de Subsidio a las Traducciones: una política cultural del Estado argentino abocada a la promoción de la literatura y el pensamiento nacional en el exterior. Su implementación en vísperas de la presencia argentina como País Invitado de Honor en la Feria del Libro de Frankfurt en 2010 y su continuidad como política permanente de la Cancillería, a través de la Resolución Ministerial 73/11,  ha permitido que, hasta la fecha, en un hecho sin precedentes para la historia de nuestro país, se hayan traducido 704 obras de más de 320 autores argentinos en 44 países y a 38 idiomas.

Estos resultados lo han transformado en uno de los programas de subsidios más importantes en el continente americano, tal como se lo reconoce en cada participación argentina en las Ferias del libro más importantes del mundo, como la Feria del Libro de Frankfurt, La Feria del Libro de Guadalajara y el Salón del Libro de París, entre otras, y que además es reconocido como un logro cultural por todos los sectores de la vida cultural argentina.

 Esto se debe a que una política pública como el PROSUR ha resultado un aporte importante para el acrecentamiento del patrimonio literario del país, la defensa de nuestra variedad idiomática en el mundo y la notoria ampliación del mercado potencial de nuestros autores. Además, la intervención del Estado en la subvención de obras de alta calidad contribuye a la difusión de la excelencia literaria por encima de su posible baja rentabilidad en el mercado literario.

En cuanto a sus efectos sobre el campo editorial, el PROSUR ha funcionado como una herramienta igualadora de oportunidades para las pequeñas y medianas editoriales  argentinas que son las que han vendido casi dos tercios de los derechos de las obras que han recibido subsidios para la traducción, una actividad reservada en el pasado a las grandes editoriales o a los agentes literarios mejor informados.

Más allá de de la evidencia de los resultados, la participación del PROGRAMA SUR en este encuentro de traductores y editores de Chile permite gatillar ( para que el disparo se oiga) preguntas tales como el lugar que ocupa el capital literario argentino – y latinoamericano- en el orden fuertemente jerarquizado de la traducción global; de qué español se traduce además de a qué español traducimos y – por último – qué otras herramientas hacen falta para que política, cultura y lengua se convaliden en una misma estrategia de gestión en nuestros países.


sábado, 19 de abril de 2014

Salon du Livre de Paris (4)

La colombiana Fabiola Rodríguez López es la encargada de colecciones de literatura latinoamericana hispanohablante en la Bibliothêque Nationale de Francia. Como tal, estuvo a cargo de algunos de los programas que, en paralelo al desarrollo del Salon du Livre, se llevaron a cabo en esos días en París. Lo que sigue es su testimonio de esas jornadas.

Un resumen

Hubo una jornada organizada por La Joe par les Livres, que es una institución dedicada a estimular el acceso de los niños al libro, a la lectura y a la cultura. Como tareas conexas, se ocupan de descubrir lo mejor de la producción editorial, promover una literatura infanto-juvenil de calidad, proponer a los profesionales del libro la información y la formación necesarias a través de publicaciones, de análisis críticos, jornadas de estudio y reflexión sobre la literatura juvenil, estimular el desarrollo de las bibliotecas para la juventud, tanto en Francia como en el mundo, incluyendo especialmente a los países más pobres.

El jueves 20 de marzo hubo una jornada en la que participaron Denis Bruckman (Director General Adjunto y Director de Colecciones de la Bibliothêque Nationale de Francia) y Horacio González (Director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina). Hubo luego una introducción a la literatura infanto-juvenil de la Argentina, a cargo de Viviana Quiñones, y posteriormente una mesa con Ana María Shua y Perla Suez. Después, un encuentro con Liliana Bodoc, al que siguió un diálogo entre Inés Garland y su traductora al francés Sophie Hofnung. Siguió una presentación de Clara Huffman, responsable de libros infantiles para la editorial Adriana Hidalgo y una charla de  Mempo Giardinelli. A la tarde, la actividad prosiguió con la presentación del Programa de promoción del libro y la lectura de la Secretaría de Cultura de la Nación, a cargo de Daniela Allerbon, y de las actividades propuestas a los niños en el Museo del Libro y la Lengua, a cargo de María Pía López, directora de la institución. Esa primera mesa redonda de la tarde, sin comentarios : no se entendió ni de qué hablaban ni para dónde iban... Al final, la antropóloga Michèle Petir, comentó sus impresiones luego de los encuentros que tuvo con los profesionales del libro de la Argentina. Como cierre Jean-Pierre Mercier habló de Mafalda, Manolito y los otros personajes de la historieta de Quino.

Por la noche, el día de la inauguración, supimos que la Presidente estaba pero creo que se quedó en el stand de la Argentina únicamente. El Primer Ministro y la Ministra de Cultura pasaron solos por el sitio de la BnF, como es de costumbre, pero la señora Presidente no estaba con ellos. Nos extraño que no visitara el Salon.

El sábado por la mañana asistí a la presentación del libro de Inés Garland. La clase de chicos con su profesora de español llegó un poco tarde porque había mucha gente haciendo cola para entrar. La actividad fue corta pero hubo participación de los alumnos. Luego los vi correr a comprar el libro para que Inés se los dedicara y se agotó rápidamente.

El domingo estuve primero en el stand de la Argentina para oír a las tres poetisas Silvia Baron Supervielle, Luisa Futoransky y Diana Bellessi. Había bastante gente. Contaron un poquito sus vidas, muy discretas y señoras, y leyeron sus poesías. Una hora se pasa volando.

Enseguida estuve en la mesa redonda, en el espacio del CNL, sobre “Novela y memoria”, con Mempo Giardinelli, Lucia Puenzo, Tununa Mercado, Elsa Osorio y dos franceses: Colombe Schneck y Alexis Jenni. No me gustó: la presentadora francesa poco interesante; después, no fue una buena idea combinar dos franceses con los argentinos, con la consecuente traducción del castellan o al francés y del francés al  español vuelve pesado el diálogo: demasiado para tampoco tiempo (1 hora). Por otra parte, este auditorio era abierto y se combinaba el ruido del salón que a las 14h estaba al tope,. Mi crítica positiva: muchísima gente interesada y varias preguntas de los asistentes. Cada escritor explicó su cuento, y eso estuvo bien. Sinceramente había mucho interés por la literatura argentina.

El lunes solamante asistí a un concierto precioso de Raúl Barboza. Mucha gente.

En la prensa nacional francesa, Argentina estaba "à la Une"; en la radio, igualmente. Oigo con frecuencia el programa de Katleen Evin en France Inter a las 20h. Entre las entrevistadas estuvo Selva Almada (puede oríse en http://www.franceinter.fr/emission-lhumeur-vagabonde-selva-almada). También, Laura Alcoba, quien se ha vuelto muy famosa.

En otro orden, L'Express le dedicó 3 páginas a la Argentina. El cotidiano católico La Croix, sacó varios artículos. Le Monde del jueves dedicó todo el suplemento de libros a Argentina, Libération, también. ActuaLitté, les univers de livres, otro tanto. .

Sé que hubo mesas redondas en otros lugares pero no pude asistir, en el Instituto Cervantes, en el Instituto de América Latina, en la Maison de l'Amérique latine, que tiene por cierto en este momento una exposición sobre Victoria Ocampo et La France...
El I. Cervantes creo en su sitio internet una ruta Rayuela y otra Cortázar. Esta mañana estuvimos recorriendo el París de Cortazar: rue Martel, galerie Vivienne, le Louvre, Pont Neuf... 3 horas de caminata.


Diego Lorenzo es uno de los más activos colaboradores de Magdalena Faillace, la responsable del Programa Sur, dedicado a fomentar la traducción de libros de autores argentinos en otras lenguas. Lo que sigue es su crónica de los días parisinos.

Presentaciones en París

El PROSUR realizó presentaciones de sus objetivos, características y resultados en tres ocasiones durante el Salón del Libro de París.

La primera, durante un Encuentro entre editores franceses y argentinos organizado por el BIEF (Bureau Internacional de la Edición Francesa) en la sede del Centro Nacional de Libro, estuvo dirigida a compradores y vendedores de derechos de editoriales francesas. Se comenzó con un video institucional del PROSUR, donde escritores y editores argentinos cuentan su experiencia con PROSUR así como su opinión sobre esta política de internacionalización del libro argentino, y luego concluyó con una exposición de la Embajadora Magdalena Faillace. Se aprovechó la ocasión para invitar al panel a los responsables de los programas de ayuda a la traducción de Francia para reforzar lazos comunes y debatir diferencias y alcances de cada uno de los programas. Esto fue el día 19 de marzo, un día antes de la inauguración del Salón.

La segunda presentación específica tuvo lugar en el Maison de l'Amerique Latine, donde pequeñas editoriales de poesía de Francia, que han recibido subsidios del PROSUR, realizaron presentaciones de los libros editados y lecturas de poesía ante un público mayormente lector, y ante algunos traductores y editores de poesía invitados. Se vendieron los libros publicados a varios de los invitados en una mesa dispuesta afuera del salón y se armó un panel entre los editores franceses, los traductores y la Embajadora Faillace sobre la importancia de este tipo de subsidios para la publicación de poesía en Francia. Para el PROSUR fue una oportunidad para acercarse a pequeñas editoriales francesas que aún no han trabajado con nosotros y ampliar el mapa de potenciales traducciones de autores/poetas argentinos. Ya han llegado pedidos de nuevas editoriales tales como L'Inventaire, Espaces&Signes y L'atelier du tilde.  Esta actividad se realizó el 21 de marzo.

La tercera actividad específica tuvo lugar en el stand del Institute Francais en el Salón del Libro el 24 de marzo, día destinado únicamente a profesionales. Esta vez se compartió el panel con el director del Programa Victoria Ocampo de la Embajada francesa y con una investigadora francesa que habló sobre el tráfico de publicaciones académicas entre Argentina y Francia. Los asistentes fueron mayormente traductores y estudiantes de Edición de Universidades francesas. 

Además, el sábado 22 se realizaron mesas redondas con autores argentinos sobre el PROSUR (Claudia Piñeiro, Ana M. Shua, Divinsky y Noé Jitrik) y sobre Cortázar (Sacheri, Neuman y Luisa Valenzuela, estos tres invitados por Cancillería directamente). Además, un actor francés, Vincent Berger, leyó fragmentos del El Perseguidor y se cerró con dos espectáculos musicales a sala repleta en la Grand Scene: el trio de jazz Astarita y Susana Rinaldi. 

En cuanto a resultados, si bien es un poco pronto, sí se puede decir que debido al interés que produjo Argentina País Invitado, en 2013 se pidieron 26 traducciones al francés por parte de editores que querían publicar sus libros para venderlos en el Salon. De ese modo, el francés fue el segundo idioma más solicitado en 2013 detrás del italiano con 33 pedidos. En total, el PROSUR ha subsidiado 81 obras al francés, 75 en Francia y 6 en Canadá, lo que lo coloca como el tercer idioma más pedido luego del italiano (124) y el alemán (100).