"El poeta, filólogo y traductor español José María Micó habla sobre su traducción de la Divina Comedia, de su nuevo poemario, y sobre por qué los clásicos siguen hablándonos." Tal es la bajada de la entrevista, publicada sin firma, el El Universal, de México, el pasado 1 de febrero.
martes, 24 de febrero de 2026
Una entrevista con José María Micó, traductor de la Divina Comedia
viernes, 1 de agosto de 2025
"Esa rica –riquísima– lengua móvil"
Hace ya unos cuantos años, el escritor tucumano Fabián Soberón publicó en el diario La Gaceta, de su provincia, una reseña dedicada a la versión castellana de la Divina Comedia, traducida por Jorge Aulicino. En ese entonces, editada por Edhasa, esa primera edición desapareció en pocos meses del mercado y no fue reeditada por Edhasa, sino por la editorial LOM, de Chile, que la publicó con un buen número de correcciones realizadas por el propio traductor. Las ventas fueron tan buenas que justificaron que la editorial chilena hiciera a su vez una edición argentina. A modo de breve homenaje, a casi dos semanas de la muerte del poeta y traductor, reproducimos nuevamente la reseña de Soberón.
martes, 8 de julio de 2025
Una idea disparatada que, por disparatada, en cualquier momento alguien tiene
Comedia collage
Fue una pérdida enorme para los lectores hispanohablantes que Borges se muriera sin haber traducido la Comedia de Dante. Aunque teniendo en cuenta que necesitó 38 años para traducir Hojas de hierba, haciendo un cálculo somero podríamos aseverar que para traducir la Comedia habría necesitado algo así como 240 años. En primer lugar, Borges no era traductor. Tradujo algunas cosas breves, pero frente a un río de palabras se sentía tan impotente como un perro que tiene delante un jugoso trozo de carne pero lo separa de él una pared de vidrio. En segundo lugar, porque comparar Hojas de hierba con la Comedia es como comparar la revista Billiken con el Ulises de Joyce. Es decir, son dos cosas imposibles de comparar. Mejor dicho, cuatro.
También fue una pérdida enorme que Octavio Paz no hubiese aceptado el reto, pero es que para traducir la Comedia hay que estar un poco loco, o bastante loco, o loco del todo, y Paz era demasiado cuerdo, talentoso y genial. Si hiciera falta corroborarlo, el lector ni siquiera debería recurrir a sus poemas: bastaría abrir Versiones y diversiones, donde recopila algunas de sus mejores traducciones de la mejor poesía de Oriente y Occidente. Pero no, él tampoco se atrevió a lidiar con Dante.
Y sin embargo hay una locura benéfica que llevó a mucha gente, en distintos países de habla hispana, a traducir la Comedia, una obra inalcanzable, difícil de comprender, difícil de traducir y difícil de leer, pero que por todo eso se ha erigido como una especie de monte análogo, una cima a la que no es fácil llegar, pero que una vez allí permite observar el mundo de otro modo, porque todo lo que habíamos considerado genial alguna vez pasó a ser un mero accidente, cuando no una simple desventura.
No hay una traducción enteramente buena de la Comedia, como no hay una traducción enteramente mala. Hace un tiempo, con un grupo de amigos, nos encontrábamos y nos dedicábamos a desentrañar la Comedia recurriendo a una verdadera batería de traducciones, argentinas y españolas. Y todas, en algún momento, hacían las cosas bien. No todo el tiempo, como Dante, pero sí de vez en cuando, como por otra parte ocurre traduciendo cualquier cosa. (Allí debe de residir la imposibilidad de traducir de Borges: ese estar tomando todo el tiempo decisiones que a simple vista parecen equivocadas, y que cuando se las mira por segunda vez resultan desastrosas, inadmisibles. El traductor lo sabe, pero puede resistir a la frustración de no estar logrando nunca lo debido y aun así seguir avanzando.)
Doña Leonor Acevedo, la madre de Borges, podía lidiar con Faulkner, con D.H. Lawrence, con Katherine Mansfield e incluso con Virginia Woolf, pero Dante... ni siquiera debe de habérsele cruzado por la cabeza. Y si alguna vez algo así ocurrió, el hijo debe de haberla disuadido. Borges disponía de una habilidad singular para cambiar de tema, y doña Leonor debe de haber caído en las trampas que le tendía. Además era ciego, y un ciego tiene sobradas excusas para hacer que la atención de los demás recaiga sobre él.
En los desvaríos de esos comediantes ociosos que éramos mis amigos y yo, en algún momento surgió la idea de hacer una Comedia collage, es decir componer una traducción de la Comedia utilizando los mejores versos de las mejores versiones traducidas al español. Algo que requeriría tiempo, sobre todo, pero también método, acuerdos, discusiones y resignaciones a granel. Encadenar tercetos dispares es imposible, ¿pero acaso una traducción cualquiera no lo es?
A lo mejor, dedicándole años a esa empresa loca, avanzando lentamente, como avanza todo traductor, pero sin poner nada de nosotros mismos, limitándonos a juzgar y elegir, llegaríamos a una especie de vulgata, una traducción fuente, genial, incorregible, perfecta. Pero era solo una idea, un proyecto, que con un poco de suerte nadie llevará a cabo jamás.
viernes, 10 de mayo de 2024
La primera, pero la primera primera
A esta altura, se sabe que Jorge Aulicino, además de poeta, es un gran traductor del italiano y que, entre sus trabajos más notables, está la Divina Comedia, obra de la que es un verdadero especialista. Por eso, nadie más calificado para opinar sobre la primera traducción al castellano de esa obra, en este artículo, especial para el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.
La primera traducción al castellano de la Divina Comedia.
Hay obras, muchas, que una vez ingresadas al dominio público
deberían ser puestas a disposición de los lectores, libremente. Existen medios
digitales para que los considerados hitos de la literatura se consulten y
lleven con facilidad. Luego se podrían destacar en Google. Y sería ideal que al
mismo tiempo los editen los Estados del mundo en libros de papel, de distribución
gratuita en los colegios secundarios. Gratuita y no obligatoria. Esto es, que
los libros estén al alcance de los estudiantes, sin obligatoriedad de lectura.
Pero no se espere esto de la autoridad cultural, mucho menos de la Argentina en
este momento.
De todas esas obras que con entrada libre, una debería ser la
primera traducción al castellano de la Divina
Comedia, hecha tal vez por el llamado “marqués”; Enrique de Villena, mientras
consultaba el original, a 100 años más o menos de la muerte de Dante Alighieri.
Es la traducción al castellano más próxima a las fechas de la escritura del poema,
que lo fue entre 1301 y 1321. Nadie ha podido establecer el año en que Dante
terminó cada canto y lo hizo copiar; ni siquiera se conoce el original con la caligrafía
de Dante. Solo se puede decir casi con certeza que escribió todo el libro entre
el año de su destierro de Florencia y el año de su muerte en Ravena, que son
los anteriormente mencionados.
Hay toda una historia de debates sobre la primera traducción
de la Comedia al castellano atribuida
a Villena. Solo digamos que en la Biblioteca de España se conserva un volumen
de principios del siglo XIV que contiene, básicamente, el texto en lenguaje
original (la copia es de 1354) y una traducción al castellano escrita en los márgenes
de los folios y en otros espacios en blanco. El resto lo componen un soneto de
Petrarca, citas de Cicerón y diversos comentarios. De Villena dio testimonio
que permitió pensar que esa traducción le fue encargada por el propio marqués
de Santillana. Es posible, arguyeron algunos –e intentaron demostrarlo con
algún éxito, comparando caligrafías–, que otros metieran mano allí, incluido
Santillana, un entusiasta de Dante, que compró el manuscrito y lo mantuvo en su
biblioteca hasta su muerte. La biblioteca a su vez custodió el libro durante
300 años. Ahora está en la Biblioteca de Nacional de España bajo el número
10186.
Sea o no Enrique de Villena el único autor de la
traducción, ese texto es no solo la primera de una larga serie de traducciones
en territorio español, que siguió en la Argentina desde fines del siglo XIX,
sino la primera traducción de la Comedia
a otra lengua romance. Y quizá la primera traducción de la Comedia en términos absolutos.
El dantista y gran poeta mexicano David Huerta escribió en un
artículo para la Revista de la Universidad de México, en enero de 2008: “Es [la
traducción Villena], si se quiere, una curiosidad interesante para los
eruditos, los críticos y los historiadores, pero no carece de interés literario”,
al que puede unirse, dice Huerta, el interés por la vida y la obra de Villena,
autor de un tratado sobre el arte de comer, otro sobre el mal de ojo y una
traducción, también, de la Eneida, de Virgilio. Esto quizá responda a una
pregunta que puede formularse a mi propuesta inicial: ¿por qué razón un estudiante
o cualquier otro alfabetizado querría o debería leer la primera traducción
castellana de la Comedia?, la cual se responde con dos argumentos: 1) conocería
mejor el poema si ya ha leído otra versión, o podría empezar a conocerlo con
buen arte, y 2) confirmaría que, como sostenemos algunos traductores -y
críticos y docentes-, cada época necesita su propia traducción de los clásicos (esto
surgiría, claro está, de la comparación de esta con una versión, al menos, del
siglo XX o XXI).
Pero he aquí que en 2000 la Fundación José Antonio de Castro
publicó en Madrid las obras completas de Enrique de Villena en tres tomos. El
último tomo, que contiene lastraducciones y glosas de la Eneida y la Comedia –convenientemente
juntas como imaginariamente lo estuvieron Dante y Virgilio en el Infierno y el
Purgatorio– se vende en el sitio de la Fundación por 45 euros. Aquí copio la
dirección virtual por si lo quieren comprobar: https://fundcastro.org/product/divina-comedia-villena/
Me pregunto si el hecho de que la obra se Villena sea comercializada
por una fundación no es la causa de que resulte tan difícil, casi imposible, encontrar
el texto de nuestro primer traductor de Dante en internet o sobre cualquier
otro soporte gratuito. Por ejemplo, en la Biblioteca Virtual Miguel de
Cervantes, de la Universidad de Alicante, donde no está, como podría estarlo,
junto a tantos textos clásicos de los que hay allí copias que se pueden “bajar”;
en archivos PDF o leer directamente en la pantalla en HTML.
También creo que he escuchado que las fundaciones no tienen
fines de lucro, sino que se alimentan de donaciones, para realizar justamente
una labor de interés social. Como ejemplo de la calidad de la traducción de
Villena (o de quien fuera), deja Huerta este terceto de la historia de Francesca
y Paolo, la más famosa sin duda del Infierno:
la boca me besó
todo tremiendo: Galeoto fue el libro e quien lo escribió.
Non leímos de
aquel día adelante.
Agrego el también famoso comienzo del Canto III del Infierno:
Por mí se va a la
cibdat doliente,
por mí se va en
eternal dolor,
por mí se va entre
la perdida gente.
El mi fazedor
movió la justiçia,
la divinal potestat me fizo,
e la alta sabiduría e el primer Amor.
"Delante de mí non fu cosa criada
si non la eternal e yo eternalmente duro,
[por tanto] dexat toda esperança vosotros que entrades-
viernes, 27 de octubre de 2023
El "Infierno", en traducción colombiana
Permanentemente, hay nuevas traducciones al castellano de la Divina Comedia, lo cual habla no sólo de su vigencia, sino del sostenido interés de los lectores. Sin ir más lejos, quien indague en la columna de la derecha de este blog en el nombre "Dante Alighieri" verá desfilar ante sí una catarata de entradas sobre la creación del poeta florentino. También comprobará cómo, en los últimos años, tanto Argentina como España han sido pródigas en versiones, algunas de las cuales (como la publicada por Jorge Aulicino para el sello LOM, de Chile) ya son clásicas. Hubo asimismo traducciones parciales, generalmente del Infierno, acaso la parte más entretenida del libro. Hace dos años, Colombia sumó otra traducción parcial (se trata, por ahora, sólo del Infierno), emprendida por Jerónimo Pizarro, Norman Valencia y Humberto Ballesteros. Lamentablemente, no llegó a la Argentina y, sólo ahora, tenemos noticia de ella. De esto habla el siguiente artículo, publicado por Camilo Hoyos, en la revista Arcadia y republicada por La Semana, de Bogotá, el 27 de junio de 2019.
De ahí que la empresa que emprendió la editorial independiente Milserifas y que presentó durante la última FILBO es a todas luces un regalo, pero también un desafío: una nueva traducción de la primera cántica del La divina comedia, del poeta florentino Dante Alighieri, con un aparato crítico dirigido a los lectores infrecuentes que quieran atravesar esa frontera invisible que los separa de los clásicos por el imaginario de que son ilegibles o se han desactualizado. Humberto Ballesteros, finalista en 2018 del IV Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana con la novela Juego de memoria, quien además es especialista en Dante y profesor de italiano y español en el Centro Hostos de Educación Superior de la Universidad de Nueva York y miembro de la Dante Society of America, se encarga de introducir cada canto de tal manera que el lector pueda disfrutar más y mejor del contexto y de las fórmulas poéticas.
Por el otro lado, Jerónimo Pizarro, profesor asociado de la Universidad de los Andes y titular de la Cátedra de Estudios Portugueses del Instituto Camões en Colombia, y Norman Valencia, profesor asociado de español y portugués en Claremont McKenna College, estuvieron a cargo de hacer la nueva traducción desde el toscano, con notas al pie que pretenden acercar tanto a los especialistas como a aquellos que se quieran dar la oportunidad de bajar a Dante del pedestal, donde nunca ha debido estar.
En el segundo semestre de 1998, el Departamento de Literatura de la Universidad de los Andes ofreció un seminario sobre el “Infierno” de La Divina Comedia, a cargo del profesor Jorge Yui. La traducción, que entonces no se culminó, fue retomada por los tres autores que han caminado junto a Dante durante más de veinte años para demostrarnos ahora que los clásicos no son monstruos inamovibles que a lo largo del tiempo pierden su vigencia y nos hablan únicamente desde el pasado. El clásico, como ya lo hemos visto tantas veces, logra hablarnos desde el presente de una manera que lo inmediato no logra captar. La historia de la Comedia es aquella del viaje de Dante a través de un mundo imaginado que nunca ha existido y nunca existirá, pero que si lo hiciera existiría como lo describió Dante. No solo es un desplazamiento geográfico, también es un viaje a la naturaleza humana. Y le resultará sorprendente al lector reconocer que esos pecadores que Dante visitó no distan mucho de los actuales, permitiéndonos así encontrar su longevidad conceptual, y su íntimo conocimiento de la naturaleza humana.
Este libro es la manera más amable y cálida de acercarnos a Dante. A muchos nos dará la oportunidad de sentirnos dantistas. Y, además, es un precioso objeto cuyo diseño y diagramación, a cargo de Camila Cardeñosa, permitirá que su frescura sea balsámica ahora y en veinte años. Esta edición es la muestra del amor de tres investigadores por un autor, que se traduce en el más loable de los deseos como lectores: que lo conozcan más personas. No se pierda esta dulce invitación.
miércoles, 20 de septiembre de 2023
"Yo no busco que se evidencie nada"
En otro idioma
Desde la infancia, en tu casa paterna tuviste contacto con el italiano, pero te convertiste en traductor en la “edad adulta”. ¿Cómo fue el proceso que te llevó a convertirte en traductor?Me parece que todos los traductores lo que tratan de hacer es que el autor al que traducen suene en su propia lengua, lograr el equivalente, digámosle así. Se trata de una meta imposible porque no hay equivalente perfecto. Sí hay palabras que de un idioma al otro es indudable que significan lo mismo, pero aun así suenan de otra manera, y ya eso marca una diferencia y tiene una importancia en el resto del discurso que no es secundaria, porque el modo en que suena también es importante. No es lo mismo decir “agua” que “acqua”, como dicen los italianos. Todas esas cuestiones tienen que ver con el hecho de que, para traducir, primero se debe conocer la idiosincrasia del idioma y luego hay que encontrarle una forma en tu idioma. Uno no hace esto como una vocación de servicio, bah, no en mi caso al menos, en el caso de los traductores vocacionales como soy yo, que en cierto modo soy un aficionado, que no trabajo de esto y muy pocas veces me pagaron por mi trabajo. El tema es preguntarse si yo entiendo esto en el mundo del idioma original, cómo sonaría en el mundo de mi lenguaje, pero manteniendo a la vez, y esto es importante, la distancia, porque no puedo meterlo en mi mundo totalmente. Hay un atajo tonto que consiste en, por ejemplo, si uno traduce a un poeta italiano al porteño, usa el voceo y las palabras cotidianas de una argentino de Buenos Aires para acercarlo más. Y eso lo destruye. Me parece que el secreto está en mantener un juego de distancia y acercamiento; que se entienda en mi idioma pero que se mantenga cierto extrañamiento.
¿Cuándo leías a Pavese en la traducción de Rodolfo Alonso pensabas que en un momento lo traducirías?
No, ni se me ocurría. Yo leía a Pavese con 20 años, y lo traduje a los 50.
Me suena que en tu caso fue muy natural, por decirlo de alguna manera, cómo se fue dando ese proceso de traducción en tu propia formación de lector y escritor…
Fue un proceso de maduración y de conocimiento de la lengua extranjera. No es lo mismo lo que yo entendía del italiano a los 20 años que lo que entendía a los 50. Se dio naturalmente porque uno siempre elige cosas afines y porque siempre hay, como muchas veces nos reprochan a los traductores, algo de uno mismo que pone en la traducción, eso que hace que digan “Todos los poetas que traduce Fulano se parecen entre sí y a lo que él escribe”.
¿Y cómo se hace, al ser poeta, para traducir la poesía de otro autor sin que se evidencie la propia poética?
Se evidencia. Eso es inevitable. Yo no busco que se evidencie nada, al contrario, trato de recrear lo que entiendo que es el tono y el mundo verbal del autor que estoy traduciendo. Siempre se cuela algo porque, por ejemplo, si uno lee a los traductores argentinos ve cierta tendencia a transformarlo en un autor propio. Esto se lo reprochaban a Alberto Girri, que fue uno de los primeros que acá tradujo poesía norteamericana contemporánea. Los críticos decían que todos los poetas que traducía Girri se parecían a lo que Girri escribía. A mí no me parece, porque he leído mucho las traducciones de Girri y veo que él buscaba la diferencia, aunque se nota cierta sequedad o austeridad que era muy propia de la poesía que él escribía. Y cuando tenía que tomar determinada decisión, siempre elegía la más prudente, digamos, no la más exagerada.
Dante y su tiempo
¿Cómo fue el proceso de trabajo en tu traducción de La Divina Comedia?
Estuve muchísimo años para decidirme a hacer la traducción. Todas las decisiones generales fueron improvisadas, porque al principio lo que pensaba era hacer el Infierno, con el Purgatorio vamos a ver qué pasa y, cuando lo traduje, me dije que ahora debía culminar con el Paraíso. Ahí fue donde más vacilé, porque cuando lo comencé a traducir pensé que no podría terminarlo. Yo había venido traduciendo a lo largo de los años algunos cantos del Infierno, ya sea porque leía citas de esos cantos o porque en una lectura en prosa que había hecho de la obra, cuando era muy joven, determinados cantos me atraían especialmente. Hasta que un día me planteé por qué no intentar traducir todo el Infierno y recién ahí empecé a darme cuenta de cuál era el proyecto de Dante. A nosotros nos llegaba siempre La Divina Comedia a través de citas aisladas y nos parecía, al menos a mí, que todo eran fragmentos, que lo que podía salvarse de toda la obra eran pedazos, como cuando se hace una excavación arqueológica y se van rescatando ciertas piezas. En un momento descubrí que la obra en general es un proyecto increíble Y que Dante lo haya ejecutado es aún más increíble. De todo esto, claro está, me iba dando cuenta a medida de que lo traducía. El método no fue otro que poner el libro adelante, empezar a traducir y confrontando, como La Divina Comedia tiene una historia de traducciones muy larga, con otras versiones.
¿Con cuáles en particular?
La de Bartolomé Mitre, la de Ángel Battistessa, de la década del sesenta del pasado siglo, y la de Luis Martínez de Merlo, que es más cercana en el tiempo. Traducía un canto y lo confrontaba con esas tres traducciones. Esa comparación te lleva a corregir cosas o a investigarlas más, sobre todo cuando encontrás muchas diferencias. Ese fue el método. Trabajé canto por canto y palabra por palabra, todos los días y dedicándole alrededor de un año a cada libro.
¿Cómo hiciste para aprehender o mantener esa actualidad que tiene La Divina Comedia, en el sentido de que Dante escribía su obra e incorporaba a personas que estaban vivas en ese momento? Tenías el recurso de la nota al pie, claro, pero voy más allá de eso, hacia el interior profundo del texto…
Yo busqué que las notas al pie fueron las menos posibles. El primer secreto es que se pueda leer fluidamente, lo que significa todo un problema cuando, como le ocurrió a muchos traductores, se intenta respetar el terceto endecasílabo y rimado. Eso es una limitación en el sentido de la fluidez y es lo que provocó que mucha gente se haya alejado de la obra, o que no haya querido o podido entrar. Creo que lo que hace que uno pueda mantener la lectura de La Divina Comedia, aunque no sepa exactamente quién es cada quién, es que una idea general de la época hay que tener, de los personajes con los que trataba Dante. A partir de ahí, lo que hace que los personajes vivan es que el relato sea fluido, legible, sin llegar a la pavada, como a porteñizar o lunfardizar la Comedia. No es algo difícil, porque fuera de algunos momentos en los que Dante complica un poco la sintaxis, es un autor bastante fluido. Logró que un italiano que hablaba el pueblo, que todavía no era el italiano sino el idioma de la Toscana, funcione literariamente. Ese es su gran mérito lingüístico. Gracias a eso el toscano se convierte en el protoitaliano.
viernes, 28 de julio de 2023
Dante x Mandelstam x Aulicino
El poeta Jorge Aulicino, que, como es sabido, es uno de los traductores argentinos de la Divina Comedia, continúa reflexionando sobre ese texto y acá lo hace, especialmente para este blog, a partir de otro texto, escrito por el poeta ruso Osip Mandelstam.
Una puerilidad
Una vez escribí, no me acuerdo dónde, que no me importaba el hecho de que la Divina Comedia hubiese sido escrita en italiano. En cualquier otro idioma, pero escrita siempre por Dante, el resultado habría sido el mismo. Era de una tremenda audacia --por ser muy difícil de probar-- esta afirmación. O una estupidez, en caso de que se probara lo contrario. Pero lo contrario no se puede probar tampoco, porque los traductores de Dante a otras lenguas -que de hecho escribieron la Comedia en otros idiomas- no son Dante. Lo temerario de mi exabrupto era suponer que se podría ser Dante sin ser italiano.
¿A qué viene todo esto? Primero quiero rectificar o al menos aclarar aquella boutade. La dije o escribí contra los que ponen los ojos en blanco cuando recitan algún fragmento de la Comedia en italiano y luego dicen: "Es intraducible". La soberana estupidez de esos admiradores consiste en que olvidan aquello que puede ser parafraseado, precisamente lo más maleable de la Comedia y de cualquier texto. Pero que sea lo más maleable no significa que sea poco importante. De ser así, lo maleable incluso se podría tirar a la basura siempre y cuando nos quedara la belleza sonora, el fascinante atractivo de la resonancia que eleva su propio edificio. Si creyéramos esto, no nos quedaría nada sobre la extraña, intrincada razón que llevó a Dante a mezclar el cielo y el infierno con la tierra. Erich Auerbach no podría haber escrito su célebre Dante Alighieri, poeta del mundo terrenal, que se considera un ensayo clave sobre la Divina Comedia, y nada quedaría de sus reflexiones sobre lo alto y lo bajo en Mímesis, que involucran a la Comedia (en el Capítulo X) y refieren a su estructura y también su lenguaje, esto es, aquello que puede ser objeto de paráfrasis, es decir, de traducción en todos los idiomas, incluso en el italiano contemporáneo y sus distintos modos de concebir, y por lo tanto leer, los tres niveles simbólicos que Dante atribuye a su propia obra.
Ahora, la cuestión del idioma y su prosodia, que hace a su carácter, y por lo tanto al de Dante y la Comedia, se me presentó de nuevo cuando leí Conversaciones sobre Dante, de Osip Mandelstam, reeditado por Seré Breve, una pequeña editorial de Buenos Aires que rescata el ensayismo y otros textos de los poetas, con traducción de Marilyn Contardi y Cecilia Beceyro.
Mandelstam estudió el italiano, supongo que para leer la Comedia en su idioma. Su lengua de cuna se admiró de inmediato ante "el infantilismo de la fonética italiana, su puerilidad sublime, su afinidad con el balbuceo de las criaturas, un no sé qué de dadaísmo inmemorial". Nos queda claro que estos juicios de Mandelstam se recuestan en prejuicios no asumidos -como el de considerar quizá que el idioma ruso pertenece a un grado más maduro de civilización-, porque sus adjetivos, con ser elogiosos, con surgir de una fascinación, no dejan de traslucir la consideración del italiano como un arcaísmo tal que se remonta a la infancia de la humanidad.
El juicio de Mandelstam es subjetivo, es como si yo dijera "lo primero que me impresionó del ruso es su parecido con una ensalada de remolacha". Pero no dejar de haber en su aserto algo que nos suena real: la lengua italiana, con ser la más vecina a una lengua imperial como el latín, lo desarmó, para hacer de su casi violencia una serie de sonidos que aun a otros latinos nos suenan suaves, o dulces, o pueriles. Lo italianos no conocen el sonido áspero del español para la jota y la ge, en función ésta de la e y de la i. Por lo tanto me causaba gracia en mi infancia que una vieja triestina de mi extensa parentela me llamara "Corgue". Lo más parecido a la jota que encontraba ella en su idioma era la ce.
Queda otra cosa por resolver: Mandelstam escribió esas frases sobre el italiano --en la primera de sus Conversaciones sobre Dante-- después de haber leído la Comedia. Así que podemos pensar que este juicio suyo sobre la "puerilidad sublime" del italiano está al menos impregnado de su lectura de Dante, aunque demos por cierto que fue originado cuando tomó contacto por primera vez con el italiano. De modo que me quedo con que, para Mandelstam, es indistinguible el idioma italiano del idioma de la Comedia y aun del espíritu de quien la escribió, puesto en su personaje principal: él mismo. De hecho, Mandelstam ejemplifica sus impresiones sobre el italiano con versos de Dante.
La "puerilidad sublime" del personaje es lo que a mí me impresionó enseguida. Esa sabia ingenuidad, que puede ser tan aguda, y en ningún momento parece impostada, me parece que exige a la paráfrasis elevarse a otro plano. Si queremos ser literales, eso también hay que traducirlo de algún modo, porque a la vez que permanece en lo que puede ser objeto de paráfrasis, de alguna manera está en la resonancia. Esos dos planos -prosodia y paráfrasis- son, según Mandelstam, los que Dante nos ofreció íntimamente entrelazados. No se puede traducir la prosodia pero si el impacto que produce en el total de la obra. Es su fantasma. El de Dante caminando sobre los bordes del infierno.

