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sábado, 5 de junio de 2010

Conclusiones de la encuesta de editores

Segunda parte de las conclusiones sacadas por Andrés Ehrenhaus –a quien mucho agradecemos– a propósito de la encuesta para editores realizada por el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires durante el mes de mayo pasado.

¿Seré breve?
A modo de evaluación de la encuesta a editores 

2 El análisis ppd
Sólo un par de comentarios antes de pasar al análisis pormenorizado (es un modo de decir) de las respuestas.

Apenas se habla del papel del distribuidor en la cadena de comercialización y facturación del libro; de hecho, es un aspecto que ni siquiera suele surgir cuando editores y traductores nos tiramos los trastos a la cabeza al discutir las tarifas de traducción y su incidencia en el precio final de venta de cada obra en concreto. Su habla incluso del margen del librero, pero prácticamente nunca del distribuidor. Vaya, por tanto, algún dato interesente al respecto. Según un estudio de la FANDE, Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones de España (1), de los 3.185 millones de euros que produjo la facturación de libros en el mercado interno español en 2008, 1.819 millones, es decir, el 57%, cayeron del lado de los distribuidores que, entre pequeños, medianos, grandes y mixtos (o sea, participados por editoriales), no suman más de 120 empresas activas. Son cifras de facturación, no de beneficios, pero no por ello menos significativas.

Entre los espectros que hoy recorren toda Europa y buena parte del mundo está el de la crisis. Resulta curioso que los editores españoles no aludan directamente a ella, aunque quizá no tanto si se tiene en cuenta que el sector del libro suele vivir en crisis permanente y que los datos relativos a la producción y edición de novedades del primer trimestre de 2010 son similares a los de 2009 y 2008 o incluso ligeramente mejores. Ello no obsta para que muchos traductores hayan empezado a notar su efecto, aunque más no sea de rebote. No es nada descartable que esta coyuntura, sumada al atropellado y, por ahora, torpe desarrollo del libro digital y de la edición a la carta, ejerza un efecto regulador del mercado ante el que deberemos mantenernos vigilantes.

Dicho lo cual, pasemos a los bifes. Si bien las dos primeras preguntas de la encuesta a editores aluden a aspectos laborales de la relación con los traductores y la tercera, a un tema lingüístico relacionado con la linea editorial, lo primero que salta a la vista en una lectura general de las respuestas es la mención del mercado en muchas de ellas, cosa que, lejos de sorprender, nos ayuda a situarlas en su marco real. Lamento abrumar al respetable público con estudios e informes, pero hay todavía uno más, el del Espacio Iberoamericano del Libro (2), que, a pesar de estar necesitado de una urgente actualización (los datos llegan a 2005), ofrece comparativas muy interesantes de los países latinoamericanos entre sí y de éstos con España. Por ejemplo, da cuenta de las políticas estatales o no de ayudas y subvenciones, tan determinantes para la supervivencia de la edición en algunos países y para la pervivencia de numerosas lenguas indígenas.

Así, pues, dos terceras partes de los encuestados aluden de manera directa al mercado para explicar sus políticas tarifarias o su enfoque lingüístico. Esto contrasta a su vez, y todavía en términos generales, con la visión que algunos editores tienen del traductor, al que prefieren ver como un ente ajeno al mercado y, en todo caso, más ligado a la vocación. Esto se percibe con relativa claridad en el uso de la palabra profesional que hacen los distintos encuestados. En un caso (Julieta Obedman), se identifica al profesional con el titulado, aunque no como característica necesariamenete positiva o deseada; en otros (Guido Indij, Mariana Rey, Jonio González, Pablo Harari), no se especifican los rasgos que distinguen al profesional aparte de su trayectoria o antecedentes; otros más (Luis Solano, Francesc Farràs González, Anna Prieto) hilan algo más fino y se decantan por la profesionalidad del traductor (compromiso, responsabilidad, fiabilidad, seriedad, experiencia); hay quienes (Leonora Djament, JG, GI, Jesús García Sánchez, AP. Paulo Slachevsky) valoran la especialización o, en todo caso, cierta afinidad del traductor con la obra o el autor; finalmente, y en especial para los editores de poesía, si bien no son los únicos (JO, Manuel Borrás, JGS, Víctor Manuel Mendiola), prima la experiencia autoral, las dotes como poetas o escritores de los traductores contratados.

De la encuesta se desprende que la manera más habitual de establecer contacto con un traductor es a través de la recomendación, tanto de colegas editores como de traductores o colaboradores habituales, y del conocimiento de la experiencia previa, aunque son varios los editores, sobre todo entre los –digámoslo así– menos “industriales”, que esperan recibir propuestas de traducción (PS, PH, José María Espinasa, LD); en un caso (VMM), el editor publica sólo lo que le ofrecen, ya que “las traducciones por encargo suelen fallar, incluso en los casos de traductores muy avezados”. En cambio, los más “industriales” y, entre ellos, todos los españoles, prefieren la vía del encargo, rasgo quizá sintomático de las pautas laborales que rigen en los distintos mercados. De un modo u otro, la mayoría pide una prueba de traducción o un fragmento del trabajo propuesto antes de cerrar el trato con un traductor nuevo.

Las respuestas a la segunda pregunta (en especial, a la segunda parte de la pregunta) muestran una coincidencia –con excepciones– apabullante: 17 de los 21 encuestados reconocen, con mayor o menor grado de convencimiento o contundencia, que la remuneración de la traducción no es justa, equitativa o suficiente. Los cuatro restantes dejan entrever la dificultad que existe para establecer una tarifa aceptable o afirman (María Fernanda Pampín, FFG) que su tarifa es justa. Tanto unos como otros apelan, como ya hemos señalado, al mercado (la oferta y la demanda, la realidad laboral) como causa y efecto de esta situación, que muchos de los editores latinoamericanos afirman tratar de paliar mediante ayudas, subvenciones o subsidios estatales. El motivo específico más mencionado de la precariedad de la remuneración es la necesaria viabilidad del precio de venta del libro; hay quienes (PH, PS) indican incluso que hay autores peor pagados aun que los traductores, que la remuneración es baja para todos los sectores implicados en la producción de libros (Leopoldo Kulesz, LD), o que ningún trabajador [argentino, en este caso] percibe una remuneración justa (Daniel Divinsky). A tenor de las respuestas, y a pesar de la socorrida mención del mercado, no existe una referencia tarifaria clara y estable, ni siquiera en cada uno de los mercados internos.

De los 7 editores españoles, la industria que en principio ofrece (en términos relativos además de absolutos) las tarifas más elevadas, 6 admiten que éstas son precarias. Algunos editores aseguran supeditar la tarifa a la dificultad de la obra (DD, JO, MR, LD, AP, Pablo Larraguibel) o al grado de espacialización (GI, JG –si bien este último se muestra crítico con los criterios de cuantificación de la especificidad o dificultad de obras o géneros) de la obra original; un encuestado (LK) manifiesta pagar un 10% más de lo que ofrece el mercado local. Sólo 2 editores, ambos latinoamericanos (MB, PS), mencionan el insoslayable tema de los royalties, derechos de autor o regalías. El hecho de que ningún editor español lo haga reside, queremos creer, en que se trata de un tema zanjado por la Ley de Propiedad Intelectual española (3), que declara nulo todo contrato no escrito o que no mencione explícitamente la remuneración, el número y extensión de las ediciones y el porcentaje de regalías en caso de que la edición de la traducción no sea única, es decir, sólo la primera; la LPI se ampara, a tal efecto, en el principio de autoría de las traducciones y en el de la remuneración proporcional y equitativa, aunque, por desgracia, no cuantifica la proporcionalidad y equidad exigidas. En cualquier caso, empieza a ser práctica habitual en el sector editorial español la liquidación de derechos de autor y el pago de la tarifa como anticipo a cuenta de esos derechos.

Llegamos por fin (no lo digo sólo por ustedes, sino por mí también: aquí son las 3 de la mañana) a la última pregunta de la encuesta. Aquí se decanta la cosa en dos grupos bastante netos, aunque con matices y variantes intermedias, casi siempre definidas por el mercado o área de incidencia de cada editorial. Hay un grupo que tiende a preferir una lengua de la traducción neutra o, al menos, libre de localismos (GI, MR, LK, LD, Silvia Sesé, FFG, AP, PL, PS), en tanto que otro rechaza tajantemente la hibridación de la lengua de la traducción (JO, Miguel Balaguer, MBo, JGS, JME, PH) y propone en cambio la búsqueda y defensa de un castellano vivo. En medio, hay editores (DD, MFP, JG,Gustavo García) que se muestran más pragmáticos y supeditan el carácter de la lengua a las expectativas de distribución y venta de cada libro. Este grupo intermedio se muestra en general escéptico respecto de la posiblidad de alcanzar o fijar un castellano neutro (intento que, como señala JG, siempre “se ha mostrado tan ineficaz como utópico”), incluso a pesar de su pragmatismo. Como se ve, entre los que se esfuerzan por “eliminar los argentinismos” (GI) o evitar que un texto suene muy “mericano” o muy “gallego” (PL), los pasan de puntillas sobre la cuestión (MFP, FFG, VMM) y los que no conciben más lengua de la traducción que la que se habla “allí” (sea la de Argentina, España, Uruguay o Venezuela, suponiendo que “allí” se hablase y escribiese en una sola lengua) se abre un enorme abanico de opiniones, planteamientos, interpretaciones y visiones de la lengua y del papel de la traducción –y de la edición– en el desarrollo, la construcción y la evolución de esa lengua. Aunque en algunos aportes (JO, MB, JG, Mbo) se percibe una preocupación más honda y razonada, este es un aspecto de la traducción que a ninguno de los encuestados deja indiferente.

Ya sólo resta agradecer al Club, a los 21 respondones y a los lectores del blog su paciencia, amabilidad e indulgencia para con este mal aprendiz de sociólogo.

Aclaraciones
(1) http://www.fande.es/Ficheros/XIV_Estudio_Perfil.pdf
 
(2) http://www.ediciona.com/documents/recursos/espacio_iberoamericano_del_libro.pdf
 
(3) http://www.mcu.es/legislacionconvenio/downloadFile.do?docFile=/HTTPD/deploy/pedpas/datos/LegislacionConvenio/legislacion/rd%20legislativo%201-1996.pd,
artículos 60 y 61.

viernes, 4 de junio de 2010

Conclusiones de la encuesta de editores: algunas consideraciones previas

Entre el 19 y el 26 de mayo del presente año, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires realizó una encuesta entre 21 editores de lengua castellana procedentes de la Argentina, Colombia, Chile, España, México, Venezuela y Uruguay, preguntándoles por sus puntos de vista a la hora contratar y retribuir a los traductores, poniendo también el acento en el tipo de castellano al que se traduce.

Concluida la encuesta, es la hora de sacar alguna conclusión. La responsabilidad recayó en la ocasión en el escritor y traductor Andrés Ehrenhaus, hasta hace pocos días, vicepresidente de ACEtt, una de las más activas organizaciones de traductores de España.

Dada su mucha experiencia en estas lides, Andrés consideró oportuno ofrecer sus conclusiones luego de suministrar una serie de datos que permitirán entender el marco en el cual, al menos en los casos de la Argentina y España, se desarrolla la labor del traductor. Mañana, entonces, las conclusiones propiamente dichas.

¿Seré breve?
A modo de evaluación de la encuesta a editores

(1) Algunas consideraciones previas:
Antes de pasar al vaciado y análisis de las respuestas, he creído oportuno situar la muestra en un panorama más amplio y concreto, de manera que se entienda mejor qué grado de significación pueden tener la encuesta y las distintas respuestas en un medio tan complejo y heterodoxo como el de la edición de libros en lengua española.

En primer lugar, conviene resaltar algo que ya se dijo anteriormente, y ponerlo en términos algo más absolutos: las 21 respuestas obtenidas corresponden aproximadamente a una tercera parte de las solicitadas. De estas 21, 8 corresponden a editores españoles, 7 a argentinos, 2 a mexicanos, y siguen 1 chileno, 1 colombiano, 1 uruguayo y 1 venezolano. Habida cuenta del enorme universo de editores de libros (en las tres variedades que nos interesan particularmente: narrativa, poesía y ensayo) en lengua española, la muestra obtenida no puede considerarse todo lo representativa y extrapolable que nos gustaría, aunque tampoco fue ésa la voluntad con la que se realizó. De todos modos, algunos datos estadísticos oficiales nos permitirán hacernos una composición de lugar más o menos clara del terreno en el que nos movemos y se mueven, a su vez, las respuestas.

En España, por ejemplo, donde unas casi 26.000 editoriales (entre grandes, medianas y pequeñas; pero ojo: un 4% es responsable del 35% de la producción privada) han publicado 85.871 nuevas ediciones en 2009 (1) , en torno a un 33% de esa producción corresponde a títulos de narrativa y ensayo y, de éstos, algo más de la tercera parte son traducciones. Estamos hablando, pues, de un volumen aproximado de 10.000 novedades traducidas al año. El informe anual de la Federación de gremios de editores de España (2) sitúa en 367.460.000 los ejemplares editados y en 3.185 millones de euros las ventas en el mercado interior, con una tirada media por título de 5.000 ejemplares.

En Argentina, en cambio, los datos son muy otros. No he conseguido averiguar fehacientemente cuál es el número de editoriales en activo pero sí cuántos nuevos títulos se publicaron en 2009: 20.308, con una producción de 75 millones de ejemplares (3) (como dato curioso: de esos 75, casi 14 millones se agrupan bajo el epígrafe de Espiritualidad, al que le sigue de lejos el de Libros para Niños, con 6 millones de ejemplares publicados, cifras que contrastan con el núnero de novedades, donde Narrativa Argentina se lleva la palma con 1.800 títulos nuevos, seguido de Poesía Argentina, con 1.200). Ahora bien, aunque la publicación de novedades literarias y de ciencias sociales o humanas constituye el porcentaje más elevado, en Argentina apenas un 2% de la producción editorial corresponde a obras traducidas. Esto es, de los 15.000 nuevos títulos publicados en 2009, aproximadamente sólo 300 fueron traducciones.

Es asimismo interesante contrastar los datos relativos al comercio exterior del libro a uno y otro lados del así llamado charco. España exportó en 2008 libros por valor de 334 millones de euros, con un precio medio de 5,64 € por libro. Aproximadamente el 20% fue a parar a México, un 9% a Argentina, un 6% a Venezuela, un 4% a Colombia y otro 4% a Chile, y un 1% a Uruguay, por citar a los países latinoamericanos con representación en la encuesta a editores. A la vez, importó “libros extranjeros” (en contraposición a “encargos de imprenta-coediciones”) por valor de 65 millones de euros, 35 de los cuales corresponden a obras literarias y de ciencias sociales. El precio medio por ejemplar importado fue de 3,69€.

En lo que hace a Argentina, el informe preliminar de la Cámara Argentina de Publicaciones sobrel sector editorial en 2008 arroja las siguientes cifras respecto de la balanza comercial de libros con España: mientras que las exportaciones rondaron los 3 millones de dólares (no especifica la relación entre divisas), la importación de libros españoles se situó en torno a los 52 millones de dólares (una cifra cercana a los 31 millones de euros que citan tanto la Panorámica de la Edición en España como el informe de comercio exterior de la FGEE). En términos relativos, España es con mucho el principal proveedor de libros extranjeros. Asimismo, Argentina exporta muchos más libros a México, Chile o Uruguay que a España.

De este baile infernal de cifras pueden sacarse varias conclusiones, una de las cuales es sin duda la enorme distancia cuantitativa que separa a las industrias editoriales de ambos lados del charco, distancia que se vuelve cualitativa cuando se la contrapone al comportamiento y las costumbres del sector en temas laborales, contractuales, ideológicos incluso, es decir, cuando nos sumergimos en el proceloso mar de las relaciones particulares entre editores y traductores. Precisamente allí donde chapotearemos en la segunda parte de deste intento de análisis y evaluación de la encuesta.

Aclaraciones
(1) Datos obtenidos de la Panorámica de la Edición en España, publicada por el Observatorio del Libro y la Lectura del ministerio de Cultura: http://www.mcu.es/libro/MC/PEE/index.html
 
(2) http://www.federacioneditores.org/SectorEdit/DatosEstadisticos.asp

(3) Datos obtenidos de las Estadísticas del libro 2009, publicados por la Cámara Argentina del Libro: http://www.editores.org.ar/estadisticas.html

jueves, 27 de mayo de 2010

Final de la encuesta para editores

Durante los últimos ocho días se ha subido una encuesta destinada a editores, con el objeto de saber con la mayor claridad posible sus puntos de vista a propósito de la traducción y los traductores.
No todos aquéllos a quienes se les envió el cuestionario lo contestaron. Muchos simplemente no respondieron. Otros, como ya fue dicho en el primer posteo, prefirieron no exponerse públicamente y a modo de justificación señalaron que se trataba de un tema sensible.
Como sin lugar a dudas la sensibilidad en estas cuestiones se manifiesta en primer lugar en el bolsillo del que paga o en el del que recibe la paga, corresponde aquí agradecer muy especialmente a quienes sí respondieron más allá de lo simpáticos o antipáticos que puedan resultar sus puntos de vista y las razones esgrimidas. Es, tal vez, un primer paso para una mejor comprensión entre las partes o al menos la excusa para comenzar un debate que en todas lados debe darse para el mutuo provecho.
En este último sentido, se invita cordialmente a los lectores de este blog a que manifiesten, de la manera más educada, qué les suscitan las opiniones vertidas por los editores, planteando a su vez todo aquello que les parece podría mejorarse. Se recuerda, como siempre, que acá no se publican opiniones anónimas.

El Administrador

miércoles, 26 de mayo de 2010

Una encuesta para editores (VIII) Larraguibel / Solano/ Indij

Octavo día de la encuesta para editores. Las preguntas son éstas:

1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?

2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?

3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?


Ediciones Ekaré
Pablo Larraguibel
Cargo: Director en España desde hace 7 años.

1) Ante todo hay que aclarar que Ediciones Ekaré publica, básicamente, libros álbum donde los textos no suelen pasar de 3000 o 4000 caracteres.
El criterio básico es que nos guste su trabajo y, desde que tenemos oficinas en España, que entienda que nuestros libros se distribuyen a un lado y otros del Atlántico, por lo tanto, que esté abierto a aceptar sugerencias para que el texto final no quede muy "americano" para los españoles ni muy "gallego" para los latinoamericanos.

2) Ekaré, por el hecho de que son textos, en general, muy cortos, no se puede guiar por las tarifas habituales de traducción y se acuerda, en cada ocasión, un pago en relación con la dificultad del texto. Los honorarios de traducción no suelen ser un problema a la hora de escoger un traductor.

3) Es fundamental tenerlo en cuenta. Nos interesa el mercado español, pero para Ekaré es más importante el mercado latinoamericano, donde tenemos distribución desde hace más de 25 años. Por lo tanto los textos deben tener el punto adecuado pero que éste no lo convierta en un texto neutro, desabrido. Además, intentamos tener en consideración los diferentes variantes americanas del español. Lo que no podemos incorporar es el voseo.


Libros del Asteroide
Luis Solano
Cargo: director desde enero de 2005

1) La elección de los traductores depende de cada caso: cuando traducimos de idiomas raros hay muy pocas opciones para elegir, en otros casos hay más. Para cada libro intentamos buscar el traductor que nos parezca más adecuado para ese texto, por su experiencia, formación, trabajo previo, etc.. ¿Cuáles son los criterios de selección? Obras traducidas anteriormente por el traductor en cuestión, referencias de otros traductores o editores, traducciones de ese traductor que hayamos leído, etc. Algunos traductores han trabajado antes con nosotros como correctores.

2) Yo diría que la de traductor no es una profesión muy bien pagada, y también que en algunos casos los traductores reciben compensaciones claramente injustas. ¿En base a qué cálculo se les paga? Depende del idioma y dificultad del texto. Pero intentamos pagar mejor que la media del mercado y en línea con lo que pagan las editoriales literarias más prestigiosas.

3) En nuestro caso creo que poco, que más bien hacemos las ediciones teniendo en cuenta al lector de aquí. Pero es que la gran mayoría de nuestros mercado están a este lado del océano, aunque supongo que a medida que vayamos creciendo en América las cosas irán cambiando.

+
la marca editora / Interzona
Guido Indij

Cargo: propietario, editor
Experiencia: 18 años

1) Somos fieles a nuestros traductores. Pero tenemos más de uno por lengua, debido a que a veces se nos acumulan varias obras que deben traducirse de manera simultanea. Así, tenemos dos traductores nativos para nuestras extraducciones al inglés. Dependiendo del titulo elegimos que este sea norteamericano o británico. Y para las traducciones del inglés, francés, italiano, portugués apelamos a traductores profesionales.
Publicamos ensayo y por lo general estan capacitados para estos discursos. Pero eventualmente, para temas específicos (filosofía, técnica fotográfica o cinematográfica) debemos buscar a especialistas.

2) Algunos de nuestros traductores lo son también de otras editoras. Habitualmente es el mismo traductor quien nos orienta sobre cuánto esta cobrando en FCE, Siglo XXI, Katz, etc. Otros traductores que no trabajan con otras empresas sino que traducen eventualmente para nosotros, se adaptan a las tarifas de los primeros. Lo mismo para otros rubros que tercerizamos: corrección, armado...

3) En tanto nuestra producción no es “literaria“, la cuestión de las variables idiomáticas no resulta fundamental a nuestras obras. Prestamos atención a evitar los argentinismos. Pero cuando por ejemplo traducimos un libro sobre cine, del francés, citamos la película con su titulo original (francés, inglés, por ej.) y luego anotamos al pie, o construímos un índice específico con los titulos con los que fue estrenada en Argentina (nuestro mercado natural) y España (nuestro mercado aspiracional). No cuidamos especialmente los otros espacios latinoamericanos.


martes, 25 de mayo de 2010

Una encuesta para editores (VII) Borrás/ Divinsky

Séptimo día de la encuesta para editores. Las preguntas son éstas:

1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?

2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?

3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?


Pre-Textos
Manuel Borrás
Cargo: director literario de la editorial desde 35 años.

1) Los elegimos en base a su solvencia intelectual y a la calidad del trabajo presentado. Por fortuna la editorial cuenta con un número de colaboradores habituales que gozan de nuestra máxima confianza.

2) La traducción es un trabajo en gran medida vocacional que requiere en ocasiones ímprobos esfuerzos y una dedicación atenta y exhaustiva. Tengo para mí que este tipo de trabajos, si rozan la máxima excelencia, nunca estarán suficientemente remunerados. Con todo, procuramos que las traducciones que encargamos o nos confían estén justamente pagadas, atendiendo a las tarifas habituales del mercado editorial.

3) Nuestra editorial, a contrario de la tendencia habitual en España, suele contemplar el español de ambas orillas. Sólo habría que invitar al interesado a que se asomase a nuestro catálogo; así comprobará el considerable número de traductores argentinos, venezolanos, colombianos, etc., además, claro está, de españoles, con el que cuenta nuestro catálogo.


Ediciones de la Flor
Daniel Divinsky
Cargo: co-propietario y director editorial
Experiencia: al frente de la empresa desde 1966.

1) Elijo a los traductores por conocimiento personal y por sus antecedentes. Por recomendación de editores colegas.

2) Como no encomendamos muchas traducciones cada año, consulto con colegas lo que se está pagando por cada 1.000 palabras y promedio entre el precio más bajo y el más alto. Agregamos un porcentaje cuando se trata de un libro particularmente difícil. No es justa la retribución de ningún trabajador en este país (ni en otros muchos): hay una tarifa "de mercado", perdonando la palabra, que es la determnada por el costo que se puede incorporar al precio de un libro sin hacer imposible su compra.

3) Si se trata de un libro de non fiction lo consideramos enormemente, al punto que traducciones hechas en la Argentina para nosotros luego fueron utilizadas en ediciones españolas de los mismos títulos. En narrativa eso es mucho más difícil y se elige el castellano a utilizar por el traductor de acuerdo con lo esencial que sea lo coloquial para el libro de que se trate.

lunes, 24 de mayo de 2010

Una encuesta para editores (VI) Farràs González/ Obedman

Sexto día de la encuesta para editores. Las preguntas son éstas:

1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?

2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?

3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?


Galaxia Gutenberg
/Círculo de Lectores
Francesc Farràs González
Cargo: coordinador y editor de mesa
Experiencia: ocupa el cargo desde 2004. Anteriormente, desde 1999, trabajó en el departamento de producción y corrección ortotipográfica.

1) La elección de un traductor siempre supone un esfuerzo por la implicación que conlleva. Un esfuerzo por ambas partes. En nuestra editorial (Galaxia Gutenberg/ Círculo de lectores) siempre nos hemos propuesto que el traductor se sienta a gusto trabajando con nosotros, que la relación sea fluida y exista una correspondencia afín. Últimamente, apostamos por gente joven y entusiasta, de quienes valoramos ante todo su profesionalidad, buen conocimiento del idioma y seriedad en el trabajo. Antes de contactar con alguien para proponerle un proyecto (de cualquier tipo, ficción, no ficción, ensayo, divulgación), leemos y revisamos algunas traducciones que tengan publicadas (preferentemente del género que tengamos previsto publicar), o, en caso contrario, solicitamos una prueba de corta extensión; a cambio, intentamos que su trabajo sea reconocido, vaya, que se sientan como en su casa. No sé si lo conseguimos plenamente, pero al menos ésa es nuestra intención.

2) ¡Con la iglesia hemos topado! Sé de buena tinta que nos movemos en un terreno peliagudo. Siguiendo la línea marcada a partir de lo que ya he dicho antes, nuestra tarifas se ajustan en la banda alta del mercado editorial. El cálculo de base son los espacios en una plantilla de 30 x 70.

3) No sé exactamente a qué te refieres con esta pregunta. Si es a si hacemos dos versiones, negativo; sólo publicamos en España, y en alguna ocasión se ha exportado la edición a países de habla hispana.


Suma de Letras / Punto de Lectura (del Grupo Santillana)
Julieta Obedman
Cargo: directora editorial

Experiencia: fue editora general en Eudeba y editora en Emecé, antes de pasar al grupo Planeta y, posteriormente, al Grupo Santillana

1) Elijo a los traductores que escriben bien. Que además de conocer exhaustivamente la lengua extranjera, escriban bien en castellano. Los criterios de selección varían de libro a libro, puedo enumerar algunos: que tengan experiencia previa en la traducción de libros completos, que sean personas confiables en cuanto a los tiempos de entrega (que muchas veces son muy apretados), que tengan una "teoría de la traducción" que coincida con criterios de excelencia en cuanto al resultado, no necesariamente trabajo con traductores profesionales (me refiero a títulos o acreditaciones académicas) ya que como trabajo con libros de ficción, suelo preferir a escritores (que hayan publicado o no), personas con buena formación literaria y con habilidades probadas a la hora de recrear un texto que proviene de otro idioma.

2) No, en absoluto, ni en los países donde mejor se paga a los traductores (en Europa en general se paga mejor que en América latina) es justa la remuneración. En realidad, es incalculable el valor de una traducción, porque no solo es una tarea muy difícil sino que sabemos que para entregar una traducción bien hecha, la cantidad de horas de revisión, auto corrección, edición incluso es desmesurada. El traductor reescribe un libro entero, algo que considero hasta más difícil a veces que escribirlo. Y están siempre en la sombra, en un lugar extraño y excéntrico para el público, pero central para que el libro pueda publicarse. Es más que un oficio o profesión, es un placer solitario que muy pocos pueden hacer bien y que muchos hacen mal. Sin embargo, creo que en Argentina hay una buena cantidad de traductores de enorme calidad.
El cálculo para pagar la traducción en Argentina suele basarse en la cantidad de palabras a traducir; se establece un precio determinado por cada 1.000 palabras. En otros países se calcula por caracteres. Otras veces se establece un precio total por el trabajo terminado, según dificultades técnicas, extensión del texto y plazos de entrega.

3) Es sabido que la actitud de los editores y traductores españoles no coincide en casi nada con la de los editores y traductores latinoamericanos. Por su parte, en España simplemente no se tiene en cuenta al lector americano, y en América se tiene demasiado en cuenta al lector español. Esta desigualdad ha ido sufriendo cambios con los años, según las coyunturas económicas a ambos lados del océano. Actualmente, en América Latina algunos editores ponemos el máximo cuidado a la hora de publicar libros traducidos en España, haciendo algunas correcciones básicas y mínimas para que el lenguaje más castizo no espante a los lectores. No ocurre lo mismo a la inversa; los editores españoles suelen modificar profundamente las traducciones locales, por considerarlas simplemente erróneas. Como resultado, el lenguaje que se publica ya no se sabe qué es, de dónde es...los localismos, el vocabulario coloquial en los diálogos, muchas veces se pierde por torpezas editoriales que no parecieran estar en remisión. Sin embargo, considero que la gran calidad de los traductores argentinos lentamente empieza a ser reconocida y espero que en algunos años lo sea plenamente, sin necesidad de pasar por la variable económica que ha determinado este oficio en las últimas décadas.

domingo, 23 de mayo de 2010

Una encuesta para editores (V) Balaguer/ Mendiola/García Sánchez Visor

Quinto día de la encuesta para editores. Las preguntas son éstas:

1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?

2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?

3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?


Bajo la luna
Miguel Balaguer
Cargo: director editorial
Experiencia: se desempeñó como diseñador, ilustrador, asistente de edición y editor en proyectos editoriales universitarios, institucionales y comerciales desde 1993. Desde 2003 es co-propietario, con Valentina Rabassa, de Bajo la luna.

1) En el caso de las traducciones de prosa, valoramos la experiencia previa del traductor, o pedimos una muestra o prueba de la traducción.
Para los libros de poesía priorizamos el hecho de que los traductores sean poetas además de traductores.
La selección es fundamental, porque consideramos al traductor como co-autor de la obra a traducir y un partícipe fundamental de la puesta en valor del libro en la nueva lengua. Tenemos en los contratos una serie de pautas editoriales que apuntan en este sentido: incluimos siempre a los traductores en las portadas, en los libros de poesía incluimos el currículum del traductor junto al del poeta traducido, firmamos contratos por un tiempo limitado y por un volumen de ejemplares, acordamos cláusulas de derechos de traducción, entre otras.

2) ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?
Evaluamos proyecto por proyecto. Por lo general ¬–tanto en poesía como en prosa– ofrecemos una tarifa inicial a modo de anticipo a cuenta hasta cubrir determinada tirada (la tirada varía en relación a las expectativas que se tenga con cada libro, no hay un cálculo fijo porque no todos los libros presentan a priori las mismas oportunidades, pero casi siempre consideramos una primera edición y una reimpresión, el volumen necesario para cubrir los costos editoriales) y, a partir de allí, pagamos un porcentaje complementario al derecho de autor como “derecho del traductor”.
En cuanto a la unidad de cálculo, en prosa calculamos por caracteres o por palabras; en poesía, en cambio, buscamos acuerdos con los traductores, hacemos un cálculo por poema o acordamos una suma cerrada por libro.
Intentamos que la remuneración que reciban no sólo sea justa, sino que sea la mejor posible. Tratamos de contar con subsidios que mejoren las tarifas de los traductores o, cuando esto no es posible, buscamos compensar una tarifa inicial baja con un mayor porcentaje de regalías.

3) ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?
No nos interesa demasiado la neutralidad. Nos parece imposible pensar en un castellano neutro, del mismo modo en que nos parece un poco ridículo pensar en un castellano “bueno” y un castellano “malo”. Preferimos que en las traducciones aparezca un castellano vivo, que los traductores conserven sus matices, sus tonos, de la misma manera en que nos interesa que, hasta donde sea posible, se conserve de una lengua a otra la gracia o el estilo originales del autor. En buena medida creemos que la edición posterior se trata de controlar el equilibrio entre estas dos variables (estilo del autor/ tono del traductor).
A partir de allí, la cosa sucede al revés de como está enunciada en la pregunta: son los lectores de uno y otro lado del océano los que consideran (o no) una edición.


El Tucán de Virginia
Víctor Manuel Mendiola
Cargo: propietario y director editorial
Experiencia: treinta años al frente del sello.

1) En algunos casos acudo a los traductores que ya conozco y en otros acepto el trabajo de nuevos traductores que me proponen nuevos proyectos, previa consulta de su experiencia y trabajos anteriores. En la traducción de libros de poesía, los mejores trabajos son casi siempre aquellos que fueron realizados por interés personal y sin límite de tiempo. Las traducciones por encargo suelen fallar, incluso en los casos de traductores muy avezados. Por esta razón casi nunca encargo una traducción. Publico las que me ofrecen y que han sido resultado de una vocación.

2) En general, la remuneración no es justa y, en mi caso, como publico libros de poesía muchas veces no hay remuneración. En necesario aclarar que yo, como editor de libros de poesía, tampoco gano prácticamente nada, aunque la satisfacción intelectual de publicar poesía es muy grande y la considera una actividad de investigación.

3) Como pequeño editor de autores muy importantes o que representan alguna novedad más que satisfacer una demanda, he creado una oferta. He publicado muchos autores que el público lector, incluso el culto, no tenía noticias de su existencia. Ahora mismo estoy interesado en publicar a la poeta mística Hadewijch, que sólo los lectores especializados conocen.


Visor Libros
Jesús (Chus) García Sánchez Visor
Cargo: propietario y director editorial
Experiencia: está al frente de Visor desde 1968, año de su fundación

1) La mayoría de los traductores con los que trabajamos son poetas y eso me facilita bastante la elección. Y los que no son poetas sí son buenos lectores de poesía. Esto significa que los traductores que colaboran en la colección Visor de Poesía son conocedores solventes y a mi sólo me queda encargar el trabajo al que considero más cercano en sus gustos literarios. Que el poeta a traducir y el traductor tenga cierta afinidad.

2) En poesía no se suele pagar como se hace en otras materias por páginas. Es imposible. Tampoco hay una asignación fija porque depende de mucho del idioma, de la dificultad del texto, etc. Es difícil calcularlo y la única manera es llegar a un acuerdo con el traductor. Acuerdo que es indudablemente bastante menor del que merece el trabajo que realiza. No tengo ninguna duda ni ningún reparo en reconocer que la traducción poética es uno de los trabajos peor remunerados en el comercio del libro, y quizás diría que el peor si tenemos en cuenta el trabajo que conlleva y el tiempo que se emplea.

3) Creo que ningún traductor ni de aquí ni de allá, tiene en cuenta en sus trabajos a los lectores del otro lado del océano, como tampoco en la propia Hispanoamérica el resto de los países.

sábado, 22 de mayo de 2010

Una encuesta para editores (IV) Prieto/ Rey

Cuarto día de la encuesta para editores. Las preguntas son éstas:

1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?

2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?

3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?


Random House Mondadori S.A. (Barcelona)
Anna Prieto
Cargo: responsable del departamento de Redacción
Experiencia: 10 años en el cargo actual (23 encargando traducciones).

1) Escojo a los traductores en función de la experiencia, las afinidades con el libro que les estoy proponiendo y la actitud, es decir, el nivel de compromiso y responsabilidad para cumplir con los plazos, etc. En el caso de los traductores noveles, el entusiasmo y la capacidad de aprender son valores que también tengo muy en cuenta, aunque deba invertir algo más en tiempo y trabajo en los textos.

2) La remuneración no siempre compensa el esfuerzo del traductor, es cierto, aunque también depende de la experiencia y otros factores. Como sucede en muchos otros ámbitos, la renumeración obedece a las leyes de la oferta y la demanda, aunque intentamos tener en cuenta la dificultad de la obra traducida.

3) Este es un tema sobre el que debatimos a menudo. Algunos lectores nos piden un “español universal”, y a pesar de que parece tarea fácil no lo es. Si bien intentamos no usar expresiones que puedan resultar ofensivas a los lectores americanos, asumimos que nuestros libros llevarán forzosamente el sesgo del país en el se realizaron.

Fondo de Cultura Económica de Argentina
Mariana Rey

Cargo: gerenta de edición y producción
Experiencia: siete años

1) Las traducciones representan el 50% de las novedades anuales que edita la filial argentina del Fondo de Cultura Económica y todas las traducicones son de ensayos de ciencias sociales y humanas (fundamentalmente sociología, historia, filosofía, ciencia política, economía, crítica literaria y teoría del arte). En general se trata de obras eruditas o complejas, con vocabulario específico, cuyos lectores conocen los temas y los autores en cuestión. Llevamos a cabo también, pero en menor medida, traducciones de obras de divulgación. Hacemos traducciones del inglés, el francés, el alemán y el italiano.
Tenemos un equipo bastante estable de aproximadamente diez traductores que realizan uno o dos libros por año. Algunos de ellos colaboran con la editorial desde hace muchos años y otros se han incorporado durante los últimos años. Considero que todos ellos son excelentes traductores, con diferentes características, formación y afinidades temáticas. Tenemos en cuenta estas tres cuestiones en el momento de elegir un traductor para un libro. La calidad del trabajo es el factor decisivo para la elección. Es fundamental que se trate de un traductor profesional, con más o con menos traducciones publicadas pero tiene que ser un traductor. No trabajamos, por ejemplo, con personas que conocen mucho de cierto tema y la lengua en cuestión sino con traductores, aunque conozcan menos el tema. Cuando sumamos un nuevo traductor tomamos en cuenta su trayectoria, recomendaciones de colegas o sus propios trabajos anteriores.
En cuanto a los criterios de selección, cuando recibimos un nuevo libro, luego de revisarlo minuciosamente, ofrecemos la traducción a quien nos parece que tiene mayor afinidad con el tema y su forma de trabajo se adecua a las características del libro. También consideramos el cumplimiento de las fechas de entrega pactadas (pues tenemos un programa anual que tenemos que cumplir), la atención prestada a nuestras pautas para traductores y la posibilidad de seguir conversando con el traductor acerca de las dudas o problemas que surjan durante el proceso de edición del libro. En general tenemos bastante intercambio con nuestros traductores una vez que han entragado las traducciones.

2) Me parece que la remuneración no es justa en la medida en que la tarea del traductor implica un trabajo de una enorme responsabilidad y con una gran cantidad de exigencias en términos de calidad y de la cantidad de habilidades y conocimientos necesarios para poder llevarla a cabo. Sin embargo, es la remuneración posible, teniendo en cuenta que nuestras tiradas raramente superan los 3.000 ejemplares y tenemos que asegurar un costo para el libro que sea accesible para los lectores. Entre lo justo y lo posible, creo que nuestras tarifas son buenas y los traductores cobran sus honorarios en cuanto entregan los libros. Tenemos tambien cierta flexibilidad en las tarifas, de modo que podemos pagar más aquellas que ofrecen dificultades adicionales. Cada dos o tres meses nos ponemos en contacto con colegas de cuatro o cinco editoriales como para para verificar cómo están ubicadas nuestras tarifas en el mercado. Teniendo en cuenta esto y las características de nuestro mercado (pequeño para este tipo de libros) creo que la tarifa es buena, aunque no diría que justa.
¿En base a qué cálculo se les paga? Las tarifas de traducción están armadas por cantidad de palabras traducidas al español (no desde el libro en lengua original).

3) En el caso de esta editorial, los libros se distribuyen inmediatamente en todos los países de América latina y buena parte de ellos también en España. (en algunos casos no tenemos los derechos para comercializarlos en España), de modo que durante el proceso de edición se tiene esto muy en cuenta.

viernes, 21 de mayo de 2010

Una encuesta para editores (III) Harari/Espinasa/Pampín

Tercer día de la encuesta para editores. Las preguntas son éstas:

1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?

2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?

3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?



Ediciones Trilce
Pablo Harari
Cargo: Propietario y director
Experiencia: 24 años

1) Muchas veces los traductores se eligen solos... me refiero a los casos en que ellos traen obras pero, incluso en esos casos casi siempre pasa por un fragmento traducido. Debo decir que hemos publicado poco más de sesenta obras traducidas –todas ellas del francés– y hemos tratado sólo con profesionales, y con muy buenos resultados. De todos modos siempre revisamos la traducción con una lectura en paralelo de ambas versiones por alguien que maneja la lengua con solvencia.

2) El cálculo se hace en razón de la extensión puramente (con lo cual se agrega injusticia a la injusticia).
Y no, la remuneración de ninguna manera es justa en relación con el esfuerzo, conocimientos que requiere y habilidad. El traductor hace un trabajo en alguna medida invaluable, como el de un autor. Pero hay que remunerarlo y valorarlo. Por otro lado hay que tener en cuenta el costo agregado que supone la traducción que las hace inviables –en nuestro pequeño país– al menos que haya apoyos. En alguna medida, en países donde no hay asociaciones de traductores que puedan imponer tarifas, lo que marca lo que se paga son los límites que ponen quienes subvencionan. (Muchas veces los autores tampoco salen bien parados: en más de un caso el traductor –a pesar de lo mal pagado– ha recibido mucho más que el autor.)

3) Nosotros hacemos las traducciones pensando en "nuestros" lectores. Las veces que hemos ofrecido traducciones a editoriales de España las han rechazado sin leerlas, por vicio de origen. (Está el caso de la editorial mexicana Sexto Piso que edita también en España, pensaban utilizar la misma traducción para ambos públicos lectores y no les fue posible.)


Ediciones Sin Nombre
José María Espinasa
Cargo: Director editorial
Experiencia: 15 años

1) Hay tres maneras de elegir a los traductores: la primera, que es la más común, el traductor nos elige a nosotros, se presenta con un trabajo ya hecho que miramos y si nos interesa buscamos la manera de financiarlo. Una variante de esta es que el traductor nos pida apoyo para solicitar financiamiento para realizar una traducción que aún no tiene y que nosotros, cuando la tenga, nos comprometemos a publicar. La segunda es que nos interese algún autor y busquemos un traductor nosotros, entre los que son cercanos a la editorial, cuyo trabajo ya conocemos y según la lengua de la que se trate, y veamos con él qué posibilidad hay de que lo haga. La tercera, cuando se trata de una coedición, es que venga ya con traductor asignado. Se revisa el trabajo del propuesto y se decide si se acepta o no.
De todos modos, para hacer la selección normalmente se considera el conocimiento del trabajo anterior del traductor, su disponibilidad de tiempo y su disposición hacia el texto propuesto.

2) Pagamos dependiendo de los apoyos que podamos conseguir y como la traducción que requerimos es casi siempre literaria, se negocia con el traductor. El trabajo de traductor está muy mal pagado y tratamos de pagarlo bien cuando podemos. No tenemos un tabulador fijo.

3) Prácticamente no se toma en cuenta otro castellano que el que se emplea aquí, nuestra distribución es mínima en otros países y –además– los textos se discuten con el traductor como creación y no necesariamente como eficiencia en la comunicación.


Ediciones Corregidor
María Fernanda Pampín
Cargo: Editora y responsable de derechos

1) En el caso del inglés, francés, alemán, ruso, italiano, etc. se elige por los trabajos anteriores y prestigio del traductor. Diferente fue el caso de la colección Vereda Brasil, en que no existían prácticamente traducciones literarias en el país cuando comenzamos.

2)  Les pagamos cada 1000 palabras. Normalmente, cuando se trata de poesía o de una obra especialmente complicada, se suele agregar un plus. Lo que ganan nos parece justo.

3) Por medio de los ensayos críticos. Todas nuestras traducciones llevan prólogos, ensayos, bibliografías, etc.

jueves, 20 de mayo de 2010

Una encuesta para editores (II) González/ García/ Kulesz

Segundo día de la encuesta para editores. Las preguntas son éstas:

1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?

2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?

3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?


Ediciones B
Jonio González
Cargo: jefe de Departamento de Traducción
Experiencia profesional: trece años en la editorial; seis en el cargo.

1) Por lo general se intenta que sean traductores especializados en el género de la obra a traducir, y por lo tanto familiarizados con jergas, estructuras, etc. Dicha especialización viene dada, a menudo, por la preferencia o afición del propio profesional. Este es el caso, por ejemplo, de los traductores de ciencia ficción o novela romántica, con muchos de los cuales hemos contactado a través de blogs del género. Asimismo, procuramos, en la medida de lo posible, que el traductor de ciertos autores sea siempre el mismo, básicamente por una cuestión de tono.

2) Nuestras tarifas están en la media del mercado, lo que no significa que sean las apropiadas. Un problema añadido es que no suele hacerse diferenciación a partir de la dificultad de la obra, o cuando se hace la diferencia de tarifa es mínima. En nuestro caso, las obras literarias se pagan, por promedio, un veinte por ciento más que las llamadas comerciales (thriller, romántica, autoayuda, histórica). En cuanto a las tarifas de literatura infantil y juvenil, suelen ser ligeramente inferiores, lo que desde luego no es justo, pues se da por supuesto que la dificultad de los textos es menor, cuando de hecho no lo es dar con el tono apropiado para un segmento del mercado muy específico

3) La medida está dada por el volumen de mercado. Si de un título se espera que venda 50.000 ejemplares en España y 2.000 en toda Sudamérica (como de hecho ha ocurrido, y ocurre, a menudo), tal vez sea lógico que se primen las características del castellano del público mayoritario. Cuando Argentina era uno de los principales centros de edición del ámbito del español, el castellano de las traducciones no tenía en cuenta las características locales de países como Ecuador, por poner un ejemplo (al respecto, basta con echar un vistazo a las versiones de la serie de novela negra publicada en su día por Tiempo Contemporáneo), y eso era así porque se trataba de mercados menores o aun residuales. Personalmente no veo el modo de llegar a un consenso, toda vez que el así llamado “castellano neutro” se ha mostrado tan ineficaz como utópico.


Ícono Editorial
Gustavo García
Cargo: Propietario, director, gerente
Antigüedad en el cargo: seis años

1) Elijo a los traductores de acuerdo con su hoja de vida y con una muestra del trabajo realizado. Es fundamental que el texto traducido se lea como si originalmente hubiera sido escrito en español.

2) Se paga según las tarifas del mercado que, por lo demás, no son muy homogéneas, el menos en Colombia. Y puede que no sean las mejores tarifas, pero el mercado del libro no aguanta un pago mayor, que terminaría por aumentarle el precio de venta al público.

3) Sólo si se tiene en ciernes una venta internacional importante son tenidos en cuenta.


Libros del Zorzal
Leopoldo Kulesz
Cargo: propietario y director editorial.
Antigüedad: 10 años.

1) Elijo en base  a recomendación de colegas u otros traductores. A un traductor nuevo le hago traducir 5 páginas de prueba.

2) No creo que "justa" sea un calificativo adecuado. Las remuneraciones en el mercado editorial son bajas para todos, para los traductores también. Mi cálculo es preguntarme "¿Cuánto paga el que mejor paga?" y yo pago un 10% más que eso.

3) Tenemos una hoja de estilo para traductores que orienta al traductor a pensar en todos los lectores del mundo hispano, siempre que sea posible

miércoles, 19 de mayo de 2010

Una encuesta para editores (I) Djament/ Slachevsky/ Sesé

Entre el 24 de marzo y el 5 de abril de presente año, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires realizó una encuesta entre 29 escritores de lengua castellana procedentes de la Argentina, Colombia, Chile, España, México, Perú, Venezuela y Uruguay, preguntándoles por sus puntos de vista a la hora de juzgar una traducción.

Con el mismo espíritu, pero tratando en esta oportunidad de que los traductores puedan leer y acaso comprender las razones de los editores para poder discutirlas, comienza hoy otra encuesta. Se trata de tres preguntas, formuladas a editores de editoriales que traducen y que, en consecuencia, tratan con traductores y traducciones. Quienes responden son propietarios de sellos, editores generales, editores rasos y responsables del departamento de traducción. Se ha buscado representar el mayor espectro posible para cada país, por lo que la encuesta les fue enviada tanto a las grandes empresas multinacionales como a las medianas y pequeñas editoriales. Por muy diversas razones –algunas confesadas y otras no–, el porcentaje de quienes respondieron es relativamente bajo. Alcanza, no obstante, para fijar tendencias, conocer usos y costumbres, y saber en algunos casos cuánto se paga y por qué. Es esperable, entonces, que esos datos ayuden a fomentar un diálogo y, llegado el caso, a acercar posiciones.

El Administrador de este blog quiere dejar constancia de la ayuda prestada para la realización de este trabajo por Gabriela Adamo (Argentina), Ramón Cote (Colombia), Juan Gabriel López Guix y Andrés Ehrenhaus (España), Pedro Serrano (México) y Gustavo Valle (Venezuela)

Tres preguntas para una encuesta

1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?

2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?

3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?


Eterna Cadencia
Leonora Djament
Cargo que ocupa: directora editorial desde 2007.
Experiencia profesional: 15 años en el sector; previamente trabajo en Alfaguara y fue directora editorial de la filial argentina de Norma.

1) Intentamos elegir un traductor particular para cada libro. No es lo mismo traducir los libros de ensayo de nuestra colección de música (pronta a salir) que un libro de literatura alemana reciente o un libro de filosofía analítica. El traductor debe poder nadar más o menos cómodamente en las aguas que le toque y, ojalá, tener cierta afinidad o interés en el tema. Muchas veces, son los propios traductores los que proponen libros a ser traducidos y, en ese caso, el entusiasmo por el libro está casi asegurado.

2) La remuneración de los traductores no es justa como no es del todo justa la paga de ninguno de las personas involucradas en el hacer de un libro (por no hablar de otras actividades). Las tarifas de traducción se calculan en base a un tarifario calculado por millar de palabras, que se actualiza cuando es necesario, que es más o menos el que se usa en el sector editorial en este momento, y que varía dependiendo de la dificultad, extensión y otros aspectos de cada libro.

3) Los lectores de ambos lados del Atlántico son tenidos en cuenta en todo momento: desde la compra de los derechos del libro, en el momento de la traducción y en el momento de la edición posterior. Se trata en cada caso, siempre pensado de manera absolutamente particular, de encontrar un tono, un ritmo, un vocabulario, que imite, que mime, al del original y que a su vez contemple las posibilidades de comprensión -o de extrañamiento- en cada uno de los países de habla hispana. Esto siempre recordando que lo que se traduce está traducido, es lengua traducida y eso no debe olvidarse. Hay como un resto que tiene que quedar siempre como resto.


LOM Ediciones
Paulo Slachevsky

Cargo que ocupa: director editorial desde 1990.

1) Como criterios de selecciones buscamos que maneje la disciplina o temática, o mejor aún, que conozca la obra del autor que ha de traducir..Los mecanismos de contacto han sido fundamentalmente la selección de a- personas cercana al equipo editorial, b- traductor que se ha acercado a la editorial, c) recomendación del autor para la traducción de su texto.

2) Nos parece que la traducción es una labor que no se paga correctamente, sobre todo considerando la dedicación y capacidades necesarias para realizarlo correctamente. Pero ello se vincula con la realidad del mundo del libro, el país en que traduce, el contexto. Si uno considera que por la traducción en general se reserva el 3 o 4% de los derechos de autor, y las ventas de parte importante de los libros traducidos por editoriales independientes está por debajo de los mil ejemplares, el traductor recibe mucho mas de ese porcentaje y muchas veces más que el mismo autor. En ese sentido, es muy difícil encontrar por la vía de la publicación del libro el financiamiento al trabajo el traductor, limitando las posibilidades de traducciones y el justo pago. La base de calculo que hemos usado nosotros se construyo a través de consultas a editoriales similares en otros países de cuánto y cómo pagan ( México, Argentina, Uruguay y España) y se llego a una valor por carácter. También usamos como referencia una escala de valores que acordaron traductores y editores en Alemania.

3) Se busca que sea un español lo más universal posible; es decir, hay estar muy consciente de los localismos y evitarlos.


Ediciones Destino
Silvia Sesé
Cargo que ocupa: editora a cargo del programa de ficción de Ediciones Destino desde marzo de 2007.
Experiencia profesional: anteriormente había sido responsable editorial de Círculo de Lectores.

1) Normalmente, los que elegimos son traductores con los que llevamos un tiempo trabajando, así que conocemos bien metodología y nivel. En el caso de nuevos traductores, solemos pedir una prueba de traducción de unas diez páginas, y por supuesto, valoramos los trabajos anteriores.

2) Tenemos tarifas que varían levemente dependiendo de las lenguas, por un tema de oferta. La tarifa habitual va de 10 a 12 euros la página de 2100 espacios. Desde mi punto de vista, el trabajo del traductor literario es esencial y decisivo, y lamentablemente, en muchísimos casos, el esfuerzo y la formación que exige una buena traducción no puede pagarse.

3) Intentamos evitar los términos que pueden generar confusión en Latinoamérica. De todos modos, nuestros colegas en México, Argentina, Chile, Colombia, etc., hacen una revisión del texto ya que imprimen allí