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jueves, 22 de diciembre de 2022

Una nueva traducción de Dickens hecha en Colombia

El siguiente artículo, que incluye una entrevista con el traductor colombiano Santiago Ochoa Cadavid, lleva firma de Santiago Díaz Benávidez y fue publicado el pasado 16 de diciembre en la sección Leamos, de Cultura InfoBAE. De acuerdo con la bajada, “El traductor colombiano presentó su versión del libro del autor británico, de la mano de Panamericana Editorial, y conversó con Infobae respecto a los retos que significó y los obstáculos de la traducción literaria en Colombia”. 

“La traducción literaria es y ha sido aquí una ocupación menor”

Una de las lecturas imprescindibles para cada fin de año es el clásico de Charles Dickens, que tantas veces ha sido adaptado a la pantalla, tanto chica como grande; al que han reeditado, imitado y estudiado. El libro que se ha convertido en una referencia popular en casi todo el mundo para esta época: Canción de Navidad.

 

Probablemente, el libro más icónico de esta fiesta, cuya historia, ya sea porque lo han leído o han visto alguna de las series animadas o películas, todos conocen.

 

Están Ebenezer Scrooge y su avaricia, el cadáver de Jacob Marley y sus revelaciones paranormales, y el pequeño Tim, con su esperanza intacta a pesar de su terrible condición.

Una historia navideña o un relato de fantasmas.Canción de Navidad puede ser ambas cosas y, en mi opinión, lo es. Un inquietante encuentro con la crudeza de nuestras decisiones y la confirmación de que, tarde o temprano, recibimos lo que damos.

 

El libro fue originalmente publicado en 1843, por la editorial Chapman & Hall, durante la época victoriana. Para ese momento, Dickens ya era un autor afamado en el Reino Unido, con seis títulos publicados. Desde la salida de este, como casi todos sus libros, no ha parado de leerse y traducirse a diversas lenguas.

 

Puede que esta sea una de las grandes piezas de la literatura universal con más ediciones en el mundo. Y, precisamente, una nueva se le suma en esta recta final del 2022.

 

Para el cierre del año, Panamericana Editorial, en Colombia, ha publicado una de las más recientes, con la traducción de Santiago Ochoa Cadavid, quien ya ha trabajado antes con clásicos de la literatura como Herman Melville o Michael Cunningham, y las ilustraciones originales de Arthur Rackham (que por original no quiere decir necesariamente que fue el encargado de ilustrar la primera edición de la novela), en un formato ideal para regalar a cualquier lector ya iniciado en la obra del británico, o cualquier otro que esté buscando adentrarse en ella.

 

De tapa dura y muy práctico de llevar, esta nueva versión del libro es una de las más bellas que se han producido en lengua española en el último año. El trabajo de Ochoa Cadavid con la traducción es impecable. Nada que envidiarle, pienso yo, a las traducciones de Miguel Ángel Pérez Pérez, una de las más pulcras, o José C. Vales, que ha enfocado la historia para el público más joven.

 

Para abordar este libro, el traductor pasó semanas adentrándose en el universo de Dickens, no solo en esta historia. Riguroso como es, debió entender primer al autor, antes que a su obra. El resultado fue impecable.

 

Respecto al proceso de traducción y el reto que supuso el mismo, Ochoa Cadavid conversó con Infobae:

 

–¿Qué supuso para usted enfrentarse a la traducción de este libro? Estamos hablando de un clásico de la literatura.

–Ya antes había traducido Oliver Twist, otro libro de Dickens, mucho más complejo que Canción de Navidad, por lo que no me vi inmerso en un ámbito literario que fuera totalmente desconocido para mí. Debe hacerse también la salvedad de que este libro se inscribe entre la obra menor de Dickens. En la traducción de clásicos de la literatura es imperativo cotejar diversas traducciones existentes, no solamente en la lengua del traductor, sino también en otras, de ser posible. Por lo demás, procuro abordar toda traducción con el mayor respeto posible, independientemente de su naturaleza; respeto por el autor, por el lector, por el sello editorial y finalmente por el oficio de traductor.

 

–¿De qué manera se aborda un texto como este, cuyo lenguaje, de repente, es distinto al de hoy?

– Se escribe y se traduce desde lo que uno es, desde la realidad en la que se está inmerso. Traducir es también una especie de malabarismo. En este caso, traducir a Dickens supone transitar por la cuerda floja que une al pasado con el presente: el desafío de encontrar la manera de conservar un equilibrio a medio camino entre la época victoriana inglesa y la latinoamericana del siglo XXI.

 

–Cada autor tiene su propia impronta ¿La tienen los traductores?

– Hay diversas maneras de abordar una traducción. Algunas pueden ser más libres, otras más literales; unas son también más acertadas que otras. Sin embargo, la labor del traductor también suele ser altamente invisible, como si se tratara de un escritor fantasma o de un agente neutro. De nuevo, el traductor es como malabarista que no puede desviarse de la cuerda floja, a riesgo de dar al traste con su cometido. No debería tergiversar ni traicionar el contenido original y, a un mismo tiempo, tiene que ser como un filtro que, paradójicamente, debe dejar pasar incluso las impurezas de la sustancia que tamiza, sin pasar por alto el ingrediente activo.

 

–¿Cuál es la suya?

– Dejo eso en manos de cada lector. El traductor es también un heterónimo de sí mismo. No es lo mismo traducir a Faulkner que a Hemingway, ni los poemas de Alberto Caeiro que los de Ricardo Reis. Digamos que la literatura es un océano, y cada autor un mar distinto. Añadamos también que el traductor es un navegante. Y que este tiene que en encontrar la manera de sortear los mares de un modo diferente, según sus propiedades y características. No se navega el litoral comandando un trasatlántico, ni el altamar a bordo de una chalupa. Traducir es navegar entre icebergs y arenas movedizas.

 

–¿Qué parte del libro le presentó más problemas al momento de trabajarla?

– Diría más bien que la mayor dificultad consiste en la complejidad del lenguaje dickensiano, que tiene varias peculiaridades. Dickens acuñó muchas nuevas expresiones y amplió enormemente el vocabulario de uso común. A menudo esto implicaba popularizar palabras que eran oscuras o que habían caído en desuso. Fue también uno de los primeros escritores en emplear la jerga popular. Otra característica del uso que Dickens hace del lenguaje es la forma en que utiliza palabras existentes para crear otras nuevas; es un resignificador del lenguaje. Convierte, por ejemplo, adjetivos en sustantivos y crea numerosos neologismos. Esto, para no extendernos más sobre el tema.

 

–¿Cuál sería su parte favorita?

– Sacrifico la parte en aras del todo.

 

–¿Qué opinión le merece el estado actual de la traducción literaria en Colombia?

– La traducción literaria es y ha sido aquí una ocupación menor, escasa, exigua y limitada, ya que Colombia ha tenido siempre un sector editorial vulnerable, fugaz, poco sólido, sujeto a fuertes movimientos sísmicos, y en continuo acomodamiento de placas tectónicas. En una sola empresa los cambios suelen sucederse con frecuencia casi anual: cada año se decretan nuevas prioridades o metas, recortes presupuestarios, incursiones en otros campos, limitación o cierre de actividades, y entre las víctimas y damnificados de estos cataclismos suelen encontrarse quienes se dedican a la traducción. No hay que olvidar que lejos de ser instituciones sin ánimo de lucro o iniciativas filantrópicas, las empresas editoriales, así como las de todos los demás sectores, se rigen básicamente por el afán de ser rentables. A esto hay que sumarle la creciente precarización laboral y la incertidumbre económica propia de estos tiempos, lo cual se siente con particular virulencia en estas latitudes. Y entonces la historia del traductor colombiano termina siendo como una novela de Balzac: Las ilusiones perdidas. En Colombia han nacido editoriales que parecen –o se ven abocadas– a tener aspiraciones de vida

 

La Navidad está a menos de una semana. De seguro, más de uno querrá obsequiarse esta edición del clásico de Dickens, porque dársela a alguien más, aunque buena idea, sería someterse a la tortura. Habría que comprar, en lugar de uno, dos ejemplares.

 

viernes, 13 de agosto de 2021

Un descubrimiento sobre Dickens en España

El pasado 11 de junio, David Morán publicó en el diario ABC, de Madrid, la siguiente nota a propósito de la primera traducción directa de Charles Dickens (foto) al castellano. Según la bajada de la nota, “Una investigación de la UB documenta un capítulo de Los papeles del Club Pickwick como la primera traducción directa al castellano de un texto del autor inglés

El primer Dickens en castellano 
llegó a Cádiz en 1844

El podio lo ocupaba hasta no hace mucho "La campana de difuntos", traducción de "The Chimes" que se publicó a España en 1847, pero la cosa tenía trampa, ya que el relato con el que Charles Dickens siguió tirando del hilo de Cuento de Navidad llegó a España dando un rodeo a través de la traducción francesa. Del inglés al francés y de ahí al castellano. Así que era la primera, sí, pero no la primera traducción directa del inglés, honor que corresponde desde ahora a un fragmento del capítulo XI de la arrolladora y carcajeable Los papeles póstumos del Club Pickwick.

Así lo ha documentando en la revista Dickens Quarterly el profesor e investigador de la Universidad de Barcelona John Stone, quien, además, sostiene que el primer Dickens en castellano llegó a España en 1844 como parte de El pasatiempo: colección de novelas originales y traducidas del alemán, inglés, italiano y francés, volumen publicado en Cádiz en 1844 que reunía textos de Agnes Strickland, Friedrich von Schiller, John Galt, Alfred de Vigny, Abraham Elder y, claro, Charles Dickens. Narraciones cuyas traducciones no aparecen acreditadas y que, lo menos en el caso de Dickens, Stone detecta la mano de Guillermo Macpherson, el gran traductor de Shakespeare en España durante el siglo XIX. Stone, profesor de Lenguas y Literaturas Modernas y de Estudios Ingleses de la Facultad de Filología y Comunicación, halló el volumen de "El pasatiempo" en la Biblioteca de Cataluña.

«La traducción debe ser directa, ya que el texto fuente se ha omitido en las versiones en francés, el idioma mediador más probable», defiende Stone, para quien la llegada por mar de libros procedentes de editoriales británicas a ciudades costeras como Cádiz es una de las razones para esta primeriza traducción directa del inglés. Y es que, según Stone, los libros en inglés llegados a Madrid en la misma época eran, en su mayoría, libros impresos en Francia fuera de copyright o bien ediciones inglesas importadas en Francia y reenviadas posteriormente en España. En este sentido, añade, durante la primera mitad del siglo XIX los españoles se familiarizaron con la literatura inglesa gracias a la interacción de inmigrantes de habla inglesa con los liberales devueltos de su exilio londinense.

En concreto, el hallazgo corresponde a la traducción de “A madman's manuscript”, delirante injerto del capítulo XI de Los papeles póstumos del Club Pickwick que Samuel Pickwick lee durante una noche de insomnio en la pequeña aldea de Cobham. «¡Sí! ¡Un loco! ¡Cómo me habría herido el corazón esta palabra hace unos años!», que puede leerse de pluma y letra de Dickens en esta novela que se publicó por entregas mensuales entre 1836 y 1837 y apareció en un único volumen en 1837.