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miércoles, 29 de diciembre de 2021

Un virus tan hinchapelotas como las academias


Son muchos los temas a los que las academias de la lengua llegan después que los usuarios. Es así y no hay otro remedio, porque los lingüistas, filólogos y lexicógrafos siempre corren detrás de lo que la gente hace con el idioma. El conflicto surge cuando no es la academia la que propone el diccionario, sino la competencia. Es lo que pasó en Francia, según la noticia publicada por el sitio Sortir à Paris, el 10 de mayo de este año.

“Covid”, en masculino y sin mayúscula: Le Petit Robert mojó antes

La Academie Française quiso imponer el término “Covid”, como femenino. Para Le Petit Robert, el uso es la regla: los franceses dicen “el covid”, y así es como el diccionario escribe la palabra en su edición de 2022.

¿Deberíamos decir “la Covid” o “el Covid”? Esta es una pregunta que nunca nos hubiéramos hecho antes de marzo de 2020. Pero en 2021, el tema se debate. El 7 de mayo de 2020, la Academie Française decidió que, debido a la etimología del nombre del virus, era necesario decir “la Covid”, poniendo una letra mayúscula en el nombre.

Le Petit Robert no está de acuerdo. El diccionario ha optado por añadir este virus en las páginas de su edición 2022, pero escribe “el covid”: un nombre masculino, y sin mayúsculas. Sus autores justifican su elección en la página de presentación de la obra explicando “es el uso el que rige”. Si el femenino se adopta en el Canadá francófono, el masculino es por el momento mayoría en Francia, donde la opinión de la Academie Française llegó tarde, mientras que el masculino ya estaba bien establecido.

Sin embargo, el famoso diccionario hace una distinción entre el término genérico “covid” (como en el ejemplo “covid sospechoso”) y el nombre específico Covid-19, que lleva una letra mayúscula. Por tanto, encontramos el virus definido de la siguiente manera: “Enfermedad infecciosa y contagiosa provocada por un coronavirus”.

Su competidor, el Larousse, también desveló las novedades de su edición 2022 unos días antes. Sin embargo, el diccionario siempre escribe con mayúscula Covid y juzga que la forma correcta es la femenina.

France Info también revela que la edición 2022 de Le Petit Robert contiene muchas palabras que surgieron con la pandemia: “desconfinamiento”, “distanciamiento”, “contacto cercano”, y otras más raras, como “aerosolización” (“aire de difusión de partículas finas por aerosol”) o “saturómetro” (“dispositivo que mide la saturación de la sangre con oxígeno”).

jueves, 2 de septiembre de 2021

Atención: el próximo lunes se les acaba el síndrome de abstinencia a los investigadores


La noticia la dio la agencia TELAM que, brevemente, el 30 de agosto pasado, publicó un comunicado señalando la reapertura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

La Biblioteca Nacional reabre sus puertas al público desde el próximo lunes

La Biblioteca Nacional vuelve a recibir a los lectores y reanuda los servicios presenciales a partir del lunes 6 de septiembre, abriendo sus puertas al público de lunes a viernes de 10 16, a través de la reserva anticipada de turnos y del estricto cumplimiento de protocolo sanitario de coronavirus.

La Biblioteca entra en fase 2 habilitando el ingreso del público general, que tendrá que pasar por un control de temperatura y limpiarse las manos con alcohol en gel antes de entrar, usar barbijo en toda la estancia y mantener una distancia de dos metros entre usuarios.

Para asistir a las salas de Libros y de Hemeroteca, la reserva debe ser con un mínimo de 24 horas de anticipación; para las Salas de Materiales Especiales habrá que contactarse al correo electrónico de cada una de las salas; y podrá reservarse material también en forma anticipada, pero este es un servicio exclusivo para investigadores acreditados.

"Una vez solicitado el turno para el uso de las salas de lectura, se puede reservar de forma anticipada el material a consultar en el día de su visita o podrá hacerla desde el celular o notebook desde la misma sala de lectura", se lee en la página web de la Biblioteca, donde está toda la información de contacto para el pedido de turnos.

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno está ubicada en la calle Agüero 2502, Ciudad de Buenos Aires.

viernes, 20 de agosto de 2021

Con la pandemia, en Córdoba creció el interés por la lectura o al menos eso dicen los libreros de allá


Durante la pandemia, las librerías, luego de autoproclamarse como "el eslabón más débil de la cadena del libro" (lo que no es verdad), plantearon un Apocalipsis que no sucedió. De hecho, algunos libreros que se reconvirtieron a las ventas digitales, llegaron a afirmar que les había ido mejor que antes de la pandemia. Por eso resulta interesante comprobar que no sólo en Buenos Aires ese fenómeno existió. Así, el pasado 15 de agosto, Javier Pennacchioni publicó el siguiente informe en el sitio de la agencia TELAM, a propósito de la recuperación de las librerías cordobesas. En su bajada se lee: “Los responsables de librerías consultados en diferentes sectores de la ciudad hablan de una caída en las ventas en los primeros meses de pandemia, por el mismo cierre de locales, aunque afirman que vienen reputando la demanda y sostienen que se está alcanzado el volumen de comercialización de la pre-pandemia. 

En Córdoba, las librerías se recuperan y avizoran un crecimiento a corto plazo

La pandemia frenó todo en muchos rubros, pero no las ganas de leer, al menos así lo consideran diferentes consultados vinculados a la venta de libros en la ciudad de Córdoba, centro neurálgico de la industria editorial por fuera de la concentración que ofrece Buenos Aires y uno de los focos donde la lectura se mantiene vigente y resiste al avance de la tecnología, según coinciden distintos libreros de la región.

Los responsables de librerías consultados en diferentes sectores de la ciudad hablan de una caída en las ventas en los primeros meses de pandemia, por el mismo cierre de locales, aunque afirman que vienen reputando la demanda y sostienen que se está alcanzado el volumen de comercialización de la pre-pandemia.

"Tuvimos cerrados dos meses y eso nos afectó bastante, y luego retomamos. Las ventas cayeron entre un 30 y 40%", cuenta Matías Ramírez, encargado de Uni Libros, en pleno centro cordobés. El librero destaca también que los hábitos de consumo no se modificaron demasiado en el sector por el avance de la tecnología, y aclara: "La gente elige más lo físico antes que lo digital, por eso se mantienen las ventas".

"La gente que quiere el libro quiere el objeto. Aunque sea pesado, ocupe espacio, sea caro, la gente quiere el libro", resalta en diálogo con Télam, Luz Bulacio, encargada de librería Yenny del Patio Olmos Shopping. En ese sentido coincide Luz Giménez, encargada de librería Rincón Cultural de barrio Alto Verde, para quien "los lectores siguen prefiriendo el libro: leer en papel es otra cosa".

En la ciudad de Córdoba existen aproximadamente unas 75 librerías, explica Paula Tumas, directora de Industrias Culturales y Creativas de la subsecretaría de Cultura municipal, quien asevera que "la pandemia afectó a librerías y a la industria del libro en general pero no de manera muy distinta a la que ha afectado a otros ámbitos de la cultura que fue uno de los más afectados".

Acerca de las formas de venta, la directora de Industrias Culturales y Creativas indica que en el último tiempo se reactivó la actividad del sector pero "con un modelo que es más e-commerce, que tiene más pregnancia de la que ya venía teniendo" y señala que "la baja de libros escolares también sufrió un fuerte impacto, que con la vuelta a la presencialidad ese sector se reactivará".

Entre los factores que plantea Tumas como centrales en el mediano plazo está la realización de la Feria del Libro de Córdoba, que se concretará del 1 al 11 de octubre bajo una modalidad mixta: con presentaciones de libros en centros culturales y librerías y stands de editoriales, librerías o bibliotecas en el Cabildo y de manera virtual se podrán seguir charlas, conferencias, entrevistas.

Para la funcionaria, "será la posibilidad de generar impacto en la circulación de libros estimulando el vínculo con librerías y editoriales, fomentando la lectura".

En tanto, Pablo Kaplun, presidente de la Cámara de Librerías, Papelerías y Afines del Centro de la República, que nuclea a unas 25 librerías de la ciudad advierte que hubo una sola librería que cerró, "una especializada en arquitectura".

Propietario de dos locales de librería, Kaplun muestra una visión diferente a la de los otros entrevistados, al considerar que la tecnología sí afecta a la cantidad de lectores de libros, y por defecto a las ventas: el tema no es que la gente "lea libros a través de dispositivos electrónicos, sino que hay nuevas maneras de entretenerse, como por ejemplo la plataforma Netflix o las aplicaciones de los celulares, que le quitan tiempo a muchos lectores", sostiene.

Además de las diferentes maneras en que se puede leer un libro, también cambió, como en la mayoría de las industrias, la forma de comercializar los productos. La venta por internet creció a pasos agigantados durante el último año y medio, y los textos no están ajenos a esa realidad.

"Por el momento no tenemos ventas por internet pero se está gestionando el tema. Sabemos que está funcionando muy bien por eso queremos anexarlo a las ventas diarias", resalta Ramírez, el encargado de Uni Libros.

Por su parte, Bulacio, de la filial Córdoba de librería Yenny, puntualiza: "La venta por internet se maneja por un canal independiente. Sé que crecieron mucho pero no tengo números concretos".

Mientras que Giménez, de Rincón Cultural, añade: "Las ventas cayeron bastante, pero con las ventas online se recuperó mucho, y se empezó a notar que lo que más se vendía era la parte juvenil e infantil. Estamos hablando desde los 6 años hasta los 16, 17 y eso nos encantó".

 "Más que nada por eso empezamos a promover un poco más en la parte de Instagram, redes sociales, y gracias a eso se movió mucho más -indica Giménez-. Durante la pandemia la gente empezó a confiar un poco más en la venta online, en la forma de pago por link, porque eso a veces es un poco por cuestión de miedo, por seguridad".

"Nosotros también tenemos que aprender mucho de la nueva forma de vender", coinciden los entrevistados.

Otra librería ubicada en una esquina neurálgica en el centro cordobés es El Mundo del Libro, donde su encargado, Carlos Lallana, cuenta: "En un primer momento cerramos un mes, después se vendió mucho a puertas cerradas, y por internet, después se fue abriendo de a poco".

"El libro es algo que se vende bastante. Para el colegio y hay muchos chicos que leen cuentos infantiles, también gente grande, profesionales que les hace falta el libro", detalla el librero.

En cuanto al formato que elige el lector, Lallana coincide en que predomina la elección por el libro tradicional: "Creo que igual o más se vendió porque la mayoría que le gusta leer le gusta el libro, tenerlo en papel, marcarlo".

En cuanto a la modalidad de venta, precisa: "Hay menos cantidad de gente, tienen que entrar de a menos, no pueden mirar tanto, pero el resto es igual".

Tanto El Mundo del Libro como Uni Libros se encuentran en pleno centro, y ambos encargados de esos lugares admitieron que el movimiento de gente no volvió a ser el mismo, ya que en calles cercanas se modificaron sectores donde pasaban muchos colectivos, además cerró el edificio de la Legislatura, a pocos metros donde se generaba una importante afluencia de gente.

Otra realidad que marcan aquellos comerciantes de la zona céntrica es que hay muchas personas que trabajan en oficinas que ya no utilizan, porque por la pandemia lo hacen de manera remota desde sus casas. "La gente ya no es la misma que circula por cortes de calles por ejemplo, la 27 de abril que ya no pasan más colectivos, no está más la Legislatura, el flujo de gente ya no es el mismo, bajó alrededor de un 45% el flujo de gente que andaba antes de la pandemia", dice Ramírez.

Los vendedores aceptan que hubo una caída en las ventas en 2020, pero se recuperaron mucho este año, haciendo hincapié en las últimas semanas, a las que se animan a definir como muy buenas con las ventas en vacaciones invernales. Todos coinciden en que se vienen mejores meses por delante.

"Creo que vamos a seguir creciendo, con el avance de la vacunación la gente ya está viniendo mucho más, las vacaciones fueron muy buenas", destaca Bulacio, a la vez que señala que en el shopping Patio Olmos se siente la falta de turistas: "El público de acá es mucha gente que viene del exterior o de otras provincias de vacaciones, hay muchos cordobeses pero sí mucho público de afuera. Cuesta ahí la recuperación pero estamos mucho mejor", sostiene.

Ante la consulta sobre si la pandemia y los cambios de hábitos en general el público eligió otros géneros literarios, los entrevistados aclaran que no, aunque sí notan que creció el interés por la lectura. "Los padres están dando un poco más de incentivo para que los niños dejen un poco la computadora, el tele o el celular. Incentivan a tener libros y es un puntito más que nos ayuda", celebra Giménez, quien ve con optimismo estos días de venta en el marco del Día de las Infancias.

martes, 13 de julio de 2021

Cierran muchas librerías del Centro porteño: ¿crónica de una muerte anunciada?


Emilia Racciati, en la página de la agencia TELAM, publicó el pasado 10 de julio la siguiente noticia sobre las librerías de Buenos Aires. En su bajada se lee: “El centro porteño dejó de ser escenario de conglomeraciones y muchas de sus librerías tuvieron que repensar sus formas de comercialización y rediseñar estrategias. Tras varios cierres, las librerías piden una serie de medidas para reactivar el sector”.  

Sin turistas y con menor actividad comercial, las librerías cierran y profundizan ventas on line


Con menos actividades concentradas en oficinas, restricciones de las propuestas culturales y una reducción de las visitas turísticas producto de la pandemia, el centro porteño dejó de ser escenario de conglomeraciones y muchas de sus librerías tuvieron que repensar sus formas de comercialización y rediseñar estrategias para solventar su funcionamiento, aunque en muchos casos quedaron cerca de un posible e inminente cierre.

Ubicadas en las calles y avenidas céntricas, las librerías, muchas de ellas con más de 50 años de vida, son parte de un recorrido cultural que revitaliza y fortalece la identidad de la Ciudad de Buenos Aires con piezas inhallables, libros descatalogados que solo se encuentran en sus mesas de saldo o libreros que guían lecturas con capacidad hipnótica.

“Las librerías argentinas con vidriera a la calle teníamos nuestro fuerte en el contacto en el público, en la experiencia de los vendedores que siempre han sido lectores. Mucha gente elegía el libro al llegar, acá miraba la producción de determinado tema, la narrativa nacional. Esto lo hemos perdido por la virtualidad, y este cambio se está llevando puestas a algunas”, cuenta Ecequiel Leder Kremer, librero de Hernández que está cerrando su sucursal de Avenida Corrientes 1311 después de 20 años, quedándose solo con la que está ubicada a metros, sobre la misma calle pero al 1436.

No es la única librería que cierra sus puertas en el microcentro porteño, ya que en la misma avenida anunció su despedida Mr. Hyde. Y siguen en esta lista las dos sucursales de A libro abierto; Los Argonautas, de Avenida de Mayo; Las mil y una hojas, de Palermo, y Librería Waldhuter, ubicada en Av. Santa Fe 1685.

“El circuito de librerías es un orgullo para nuestro país, mucho se ha destacado que Buenos Aires es la ciudad del mundo con más librerías por habitante. Este emblema cultural está siendo puesto en jaque por la pandemia que agudizó algunos de los problemas que viene arrastrando el sector desde hace varios años y que no encuentran respuesta ni en el gobierno porteño ni en el nacional”, expresó esta semana la Fundación El Libro a través de un comunicado.

Para llevar oxígeno al ámbito librero, plantean una sumatoria de medidas como “la exención del IVA (reclamo que hace varios años es recordado en la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires y que, si bien, fue otorgado a impresores, editores y distribuidores, continúa aún relegando y excluyendo a libreros, por inexplicables cuestiones de redacción de la Ley), el sostenimiento de los Repro, líneas de crédito hipotecario, tarifas de servicios subsidiadas, y la exención de impuestos inmobiliarios y del pago de cargas sociales para un número fijo de empleados”.

En diciembre pasado, José Roza, dueño de la Librería de las Luces, había anunciado el cierre de ese espacio, uno de los más tradicionales reservorios de libros descatalogados a precios accesibles de la Ciudad, debido a que no podía afrontar el déficit producto de la crisis por la pandemia de coronavirus, que “vació la zona” en la que está ubicada, en Avenida de Mayo 979.

Si bien sigue abierta, la fecha de cese de actividades pasó para septiembre. Sus libreros Miguel y Fernando dialogan con Télam mientras atienden las consultas de curiosos o clientes decididos que llegan a buscar un título específico y relatan que a su alrededor hay otros comercios que cierran como “el Starbucks de enfrente la semana pasada y antes el café Havanna” que también sufrieron la quietud y el vacío de una de las avenidas más emblemáticas.

“Estructuras como ésta, de comercialización de saldos, no estaba preparada para una transformación así del escenario”, sintetiza Miguel.

Esa transformación implicó el crecimiento de ventas a través de redes sociales, alejadas de la recorrida por los pasillos de las librerías. Leder Kremer, por ejemplo, cuenta que su web se volvió muy consultada y les permite hacer envíos a todo el país.

Luciano Guiñazú atiende en Caburé, la librería del barrio de San Telmo que se caracteriza por ser sede de lecturas, presentaciones, ciclos y encuentros con autores y autoras. Sin embargo, debido a las medidas sanitarias tuvo que suspender esa faceta. Ahora el 80% de su venta es por Internet y espera a septiembre para poder ampliar su horario de atención y recuperar su café para recibir lectores y lectoras.

Las ventas por internet llevan un sello: el de la plataforma Mercado Libre, que se queda con un 13% de comisión, pero en la librería De la Mancha (Corrientes 1888) vienen logrando esquivarlos a través de una estrategia que incluye atención personalizada a través de la cuenta de Instagram, que reactivaron en el último tiempo, y envíos con moto en Capital Federal y por Correo Argentino a todo el país.

“Nos tuvimos que aggiornar y recuperamos clientes que teníamos perdidos en distintas provincias. Eso creció exponencialmente. Hay mucha menos gente en la librería pero en este año horrible se está leyendo mucho, se venden muy buenos libros, apunta a terminar el año mucho mejor de lo que nos imaginábamos”, relata a Télam Hernán Suárez.

Su compañero Andrés Rodríguez dice que atendían “cuerpo a cuerpo” y ahora hacen eso pero por Instagram: “Le ponemos una reseña a cada libro, personalizamos la cuenta, hacemos una curaduría de lo que publicamos, no ponemos solo novedades. Esto no deja de ser una faceta más de ser librero, el oficio de recomendar”, resume.

En Avenida de Mayo, compartiendo cuadra con el Hotel Castelar y con restaurantes de comida española tradicionales, está la librería Punto de Encuentro, donde su responsable Mercedes Idoyaga cuenta que las ventas tuvieron altibajos y se vieron obligados a una adaptación forzosa al espacio digital que los llevó a reactivar su web y mantener actualizado allí el catálogo.

“Trabajamos mucho con historiadores, investigadores que vienen a buscar materiales específicos. Muchos de los que venían seguido porque pasaban al salir del trabajo, este año empezaron a volver pero vienen una o dos veces por semana. Hubo una transformación en la zona, las cadenas de cafés o confiterías cerraron pero muchos de los bares históricos con apego al lugar le están buscando la vuelta. Algo que cambió es que la actividad antes se concentraba los días de semana, ahora es los fines de semana porque se volvió una zona de paseo”, analiza Idogaya en diálogo con Télam, mientras atiende consultas que van desde obras de Stephen King hasta un libro de economía.

Pegada a Punto de Encuentro está La cueva, atendida por Diego Alonso, quien calcula que están vendiendo un 30% de lo que deberían vender para continuar trabajando. Al igual que muchos de sus colegas se reconfiguró: comenzó a vender on line y redujo el horario de atención.

Miguel Ávila está a cargo de la librería que lleva su apellido y es la más antigua de Buenos Aires, nació en 1785 en la esquina de Alsina y Bolívar con el nombre la Gran Aldea: él la compró hace casi 30 años cuando se enteró que había un plan para instalar un local de comida rápida.

“Los turistas llegan a Buenos Aires y se asombran de la cantidad de librerías que tiene. No hay población estable en el microcentro, el 80% de nuestros clientes son turistas y el 20% restante, empleados públicos, entonces al no tener ninguna de esas dos cosas, la situación es desesperante. Este local es del Arzobispado de Buenos Aires y entonces me esperan, tienen paciencia, pero si yo tuviera que pagar el alquiler con las condiciones y los aumentos actuales, como les pasa a otras librerías, tendría que bajar las persianas”, explica Ávila.

El librero dice que no se sienten acompañados por el gobierno porteño y que “el cierre de las librerías es un mazazo, cada una que cierra es como que cierre una escuela, porque el libro ha cumplido históricamente una función social profundísima. No hay ciudad del mundo que se jacte de tener las librerías que tenemos nosotros”.

Según una encuesta de la Cámara Argentina del Libro (CAL) de marzo de este año, la caída de ventas fue generalizada y osciló del 26% al 50%, pero si los números no se quedan quietos, los libreros tampoco y están buscando estrategias para que el circuito cultural que comparten en la Ciudad siga generando lectores y no tenga que seguir sufriendo cierres.

martes, 9 de febrero de 2021

"Incluso literatura traducida"

El 29 de septiembre de 2020, el sitio ShareAmerica publicó la siguiente nota, sin firma, en la que se da cuenta de los hábitos de lectura de los estadounidenses durante la pandemia. Para cualquier país educado del mundo, el título podría parecer un chiste. En el caso de los Estados Unidos, no lo es, lo que tal vez sirva para entender muchas cosas. 

Los estadounidenses leen más, incluso literatura traducida 

A medida que los estadounidenses se refugian en sus casas con menos apetito o capacidad para viajar, las páginas de los libros traducidos de otros idiomas pueden transportarlos a otras culturas y lugares. 

“La literatura es un portal hacia el modo de vida y pensamiento de otras personas”, dijo Michael Z. Wise, cofundador de la editorial New Vessel Press en Nueva York, que se especializa en obras traducidas. 

Por ejemplo, en febrero su editorial publicará Untraceable (Rastro oculto) de Sergei Lebedev, una obra de suspense sobre el uso de veneno por parte de los soviéticos para atacar a sus enemigos. El libro, dijo, da una idea sobre los gobiernos autoritarios. 

La literatura traducida es importante hoy en día, dijo Chad W. Post, editor de Open Letter Books en la Universidad de Rochester. 

“Este es un momento para que todos, los estadounidenses en particular, piensen en las perspectivas de los demás”, dijo Post. “Somos un mundo conectado, no necesariamente uniéndose. Es importante durante COVID no retirarse hacia identidades amuralladas”. 

Alrededor del 1 % de los libros de ficción y poesía que se venden en Estados Unidos son traducciones de autores extranjeros, comentó Post. Ese porcentaje ha subido un poco desde el 0,7 % en 2008, el año en que Post comenzó a llevar la cuenta. (Si incluyera los libros de idiomas y los de historietas “manga”, la cuota actual sería del 3 %). Aun así, el número total de esos libros ha aumentado junto con las ventas de libros en general. En 2019, se publicaron 572 nuevas traducciones de libros de ficción y poesía en Estados Unidos. 

Al comienzo de la pandemia, muchos lectores se volcaron a los viejos favoritos, dijo Post. “Ahora estamos volviendo a algo nuevo en lugar de retroceder a los clásicos de una época más sencilla”. 

Como gran parte de la industria editorial, la literatura traducida es algo en el que el ganador se lleva todo. Entre los algoritmos de compra en línea que mantienen a los autores populares frente a la gente que navega y la escasez de reseñas de libros en los periódicos para dar a conocer a los nuevos escritores, gran parte de la atención y los negocios fluyen hacia los autores conocidos, según Post. 

Entre las traducciones que han sido populares recientemente se encuentran las últimas novelas de suspense suecas de Stieg Larsson y los cuentos de Elena Ferrante sobre mujeres italianas fuertes. Muchos otros autores de todo el mundo compiten por lo que queda del mercado estadounidense, pero Ferrante, cuyo nuevo libro es La vida mentirosa de los adultos, ha abierto las mentes de los lectores estadounidenses a libros cuyas historias ocurren fuera de Estados Unidos, dijo Wise. 

Las ventas de libros digitales han aumentado un 120 % durante la pandemia de Wise. Pero le preocupa que muchas librerías independientes, que son impulsoras de la literatura en traducción, no sobrevivan a la caída del tráfico de a pie. 

Aunque Wise dirige una editorial con fines de lucro, muchas de las editoriales que se especializan en traducciones cuentan con apoyo académico o filantrópico. Una notable excepción es Amazon, que es, con mucho, la mayor editorial de traducciones, según Post. Su imprenta Amazon Crossing se centra casi exclusivamente en libros electrónicos y presenta autores populares en otros países y tipos de libros populares entre los lectores estadounidenses, como novelas románticas, obras de suspense y ciencia ficción. 

“Realmente tratamos de ser inventivos en la forma de encontrar grandes historias”, dijo Liza Darnton, editora principal. “Nos involucramos con la comunidad de traductores tanto como podemos, y trabajamos con colegas de todo el mundo para encontrar grandes libros”. Amazon Crossing ha publicado 400 libros desde 2010 de autores de 44 países. Y en 2019, se creó Amazon Crossing Kids. 

“Hay escritores increíblemente buenos en todo el mundo y no hay razón por la que no puedan ser estupendos en inglés”, dijo Post.

viernes, 5 de febrero de 2021

Una nota que permite nuevamente desconfiar del diario El País, de Madrid

"Parecía un oficio polvoriento al que la pandemia iba a rematar. Sin embargo, el negocio editorial llega a 2021 convertido en un mundo apasionante lleno de fusiones, récords y polémicas. Indagamos en los acontecimientos que lo han hecho posible". Tal es la bajada de la nota publicada en el diario El País, de Madrid, el pasado 16 de enero, con firma de Peio H. Riaño. La información, entonces, desmentiría las muchas quejas desplegadas por los editores españoles a lo largo de 2020, sus invocaciones a la inminencia del Apocalipsis y las funestas predicciones de los agoreros, lo cual da qué pensar. ¿En qué? En la existencia de algo así como la verdad, que, sabemos, es un bien devaluado, como demuestra el periodista que firma, al tomar abierto partido por la última premio Nobel de literatura, sin considerar las razones de su editor español, que, señalemoslo una vez más, lleva 40 años publicando libros de calidad, raramente comentados en la prensa peninsular.

El milagro de los libros: ¿cómo consiguió la industria editorial salir reforzada del año más negro? 


Hace un año lo único que le preocupaba a la industria del libro era resistir a las plataformas audiovisuales, que en 2019 habían disparado por encima del 30% el número de usuarios que contrataban contenidos en streaming. Amazon mordía las ventas de las librerías y Netflix se quedaba con la atención de los lectores. “Teníamos una visión muy cerrada de nuestro oficio”, reconoce Álvaro Manso, portavoz de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL). Pero lo que llegó en 2020 no estaba en ningún plan. Esto fue lo que ocurrió.

Un confinamiento para leer

Las pérdidas previstas al inicio de la pandemia superaban el 40%, con las librerías cerradas casi tres meses, sin día del libro, sin Sant Jordi y sin Feria en el Retiro. Pero nadie vaticinó que la familia lectora crecería con la crisis del coronavirus. Según una encuesta de Conecta Research & Consulting, un 4% de españoles descubrió en los libros un placer. Antes del confinamiento los lectores frecuentes eran un 50%, y ascendió hasta el 54% con la reclusión. Frente a los 47 minutos de media en la antigua normalidad, en el confinamiento se dedicaron a la lectura 71 diarios. La media semanal llegó a las ocho horas y 20 minutos. La lectura digital creció en diez puntos (casi la mitad de los libros que se leyeron fue en este soporte) y la brecha de género se amplió más todavía: el 66% de las mujeres se reconocieron lectoras, frente al 48% de hombres.

El bum del préstamo digital

La pandemia ha provocado una profunda reflexión sobre objetivos y valores prioritarios. Así fue como la ciudadanía reforzó el préstamo bibliotecario, a pesar de que las bibliotecas estaban cerradas. La lectura derribó los muros de estos centros y llegó a los hogares durante el confinamiento. EBiblio –la biblioteca digital pública, bajo control del Ministerio de Cultura en colaboración con los servicios de bibliotecas de las Comunidades Autónomas– creció casi un 140% en los préstamos y un 120% en usuarios. Las administraciones invirtieron en compra de licencias para poner más títulos a disposición de los lectores. En Madrid, el incremento fue de un 152% respecto al año anterior, con una media de más de 4.000 peticiones de préstamo diarias. En Cataluña, el préstamo creció un 336%.

Y de repente, Amazon

El encierro fue bueno para los índices de lectura, pero sobre todo para Amazon, que no dejó de vender y entregar ni un solo día mientras las librerías cerraron casi tres meses. Esto creó el primer cisma en el mercado español entre los editores y los libreros. Los gremios de los editores han dado un paso adelante en defensa de Amazon, y han agradecido a la multinacional haber colocado sus productos a pesar de la pandemia. Dicen que gracias a su actividad se ha frenado el tortazo que preveían. La facturación solo será un 7% menor que en 2019.

Librerías, más cerca

Las librerías se han expandido a través de una vía no explorada en su reconversión como centros culturales, iniciada hace una década. La tienda era su único referente y el Sancta Sanctorum de los libros. Los libreros habían hecho de sus tiendas su único argumento para ser reconocidas como un bien de interés general. Hasta que tuvieron que cerrar. Entonces quedó en evidencia que su valor está más allá de sus paredes, que su importancia es su criterio, que los lectores necesitan sus recomendaciones. “Las librerías somos más cuidadas en los barrios y nos hemos expandido más allá de ellos gracias a nuestra llegada a las redes sociales”, explica Álvaro Manso. Invirtieron el flujo tradicional y se desplazaron a los hogares. No solo distribuyen contenido, lo generan y difunden. La culminación de este año ha sido el lanzamiento de Todostuslibros.com, la plataforma de las librerías independientes para servir libros en casa.

Plataformas de ida y vuelta

Un informe europeo indica que España es líder en Europa en pago por contenidos en Internet, gracias a la mejora de la calidad de la oferta digital. En la pelea por la captación del tiempo de los consumidores, la nueva industria del entretenimiento ha iniciado la descapitalización de la vieja industria, alimentando su éxito con sus historias y sus lectores. En la guerra del contenido es difícil determinar quién marca la agenda: el negocio editorial es garantista y poco arriesgado y sigue la estela de los hallazgos de Netflix (Tras el éxito de la serie Gambito de dama, Alfaguara anunció en diciembre la compra de los derechos de esa novela de 1983 de Walter Tevis). A su vez, Netflix recurre a los catálogos editoriales en busca de taquillazos.

Muchas redes, poca poesía

En España algo más del 51% de la población se declara no lectora. No hay suficientes nichos de consumidores que hagan sostenibles los balances editoriales anuales y saquen a los creadores de la precariedad. Espasa buscó en las redes sociales la veta dorada que sacara a la poesía de pobre y concedió su galardón a Rafael Cabaliere, ingeniero venezolano con cerca de un millón de seguidores. La idea era transformar en poesía unos textos de autoayuda muy aplaudidos. Pero el movimiento comercial no salió como se esperaba y se llegó a dudar, incluso, de la existencia del propio autor. El jurado del premio tampoco comulgó con la operación y terminó por airear las deliberaciones interesadas en publicar un título con más seguidores que lírica.

La precariedad de un Nobel

El día en que concedieron el Premio Nobel de literatura a la poeta estadounidense Louise Glück nadie en España esperaba que el galardón fuera a dejar al descubierto un modelo editorial tan asentado en la precariedad. Los creadores son mero relleno de catálogos cuyo único objetivo es no dejar de publicar novedades. Su editor en España, Pre-Textos, vendió más libros de Glück en horas que los que había colocado en años. Días más tarde, el agente de la escritora plantó a la editorial. Pre-Textos no pagaba los derechos desde hacía varios libros. La polémica desveló, además, anticipos de 300 euros por poemarios que no se reimprimen ni generan más beneficios a sus autores.

Más datos, menos riesgo

El crecimiento de la compra y la lectura digital durante el confinamiento ha dado la oportunidad a las editoriales de recolectar datos que hasta el momento no se habían investigado. En una industria cada vez más polarizada, los riesgos de inversión tratan de reducirse al máximo. Para saber si sus apuestas se convertirán en éxito, Penguin Random House ha acometido la operación de gestión de datos y marketing sobre consumidores más sofisticada de la historia de la industria. Rastrean 100.000 compradores de libros en los EE UU al momento, y han logrado una visión muy precisa sobre cómo respiran sus apetencias y cómo cambian sus demandas. En la pandemia pudieron comprobar en directo la venta de libros para hacer pan en casa o de historia que relacionaran el momento presente con el pasado. Esto les permite reaccionar al instante y abastecer sin riesgo a devoluciones de libros.

Al borde del monopolio

Una crisis también es una oportunidad para el más poderoso. Un año después de que Bertelsmann, el mayor conglomerado internacional de medios, comprara por 606 millones de euros Penguin Random House, el hasta entonces el mayor grupo editorial del mundo, con cerca de 320 editoriales, más de 600 millones de libros vendidos al año y sede en Nueva York, ha vuelto a mover ficha. ViacomCBS venderá a Penguin Random House la editorial Simon & Schuster por más de 1.600 millones de euros. Simon & Schuster es la tercera editorial más grande de EE UU, y publica a Stephen King o Don DeLillo. Cuenta con un fondo de más de 30.000 títulos. Si las autoridades antimonopolio no frenan la operación, estamos ante el nacimiento del primer megaeditor mundial.

El récord de los Obama

Las memorias del carismático expresidente de EE UU y de Michelle Obama le costaron en 2017 a Penguin Random House 55 millones de euros, un anticipo récord que se va a cubrir sobradamente. Los Clinton recibieron menos de la mitad por las suyas, en 2004, cuando Hard Choices pagó 12 millones de dólares de anticipo a Bill. A Hillary le entregaron 9,5 millones de euros por las suyas. Las memorias de Barack acaban de publicarse y el expresidente ha encendido el rodillo de la promoción de Una tierra prometida, que reconstruye su vida entre 2009 y 2017, a lo largo de casi 800 páginas. Va a convertirse en el libro más vendido de las Navidades, con una tirada que ha colapsado las imprentas: tres millones de ejemplares solo en EE UU. El día de su lanzamiento vendió 900.000 en 24 horas, y superó el récord de Mi historia, de Michelle, con 725.000 copias, que era desde noviembre de 2018 el libro de memorias más vendido de la historia, con 10 millones de ejemplares.

Así acabó 2020 y así se inaugura 2021: los editores brindan porque la caída no va a ser de más del 30%, sino de un 5%. Sin embargo, en la caída del comercio exterior del libro han acertado de pleno con una pérdida del 80% y unos 200 millones de euros respecto a 2019. “La gente ha descubierto en el confinamiento que las series no dan para más y han vuelto a los libros, el producto cultural más diverso y plural”, sostiene Antonio María Ávila, secretario de la Federación de Gremios de Editores de España, en plena negociación para lograr que el Estado recupere las partidas de compra de libros para sus bibliotecas. Los lectores han salido a salvar las librerías en cuanto han sido liberados de sus casas y estos comercios han descubierto un movimiento complementario, en parte digital, en parte ligado al activismo cultural de proximidad que seguirá desarrollándose en 2021.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Los mercaderes en caída libre

Carlos Daniel Aletto publicó en la página de la agencia argentina TELAM la siguiente nota referida a lo que ocurre con las librerías y las editoriales después del aislamiento provocado por la actual pandemia. En la bajada puede leerse: “Tras el parate obligado por la cuarentena, algunas medidas –como las restricciones a la importación y el acuerdo para que el 90% de los libros se impriman en el país permiten– llegar a diciembre con perspectivas promisorias para el sector. Las editoriales y librerías más chicas soportaron mejor el impacto”. Todo indica, como venimos diciendo en este blog, que en el futuro habrá cambios trascendentes en las formas de comercialización de los libros; entre otros, las grandes superficies dejarán de ser rentables y, aunque no se señala en el artículo, las distribuidoras sufrirán el impacto de ser intermediarias no deseadas en el circuito del libro.

Tras el aislamiento, llegó la reactivaión, 
pero las ventas no crecen

La cuarentena del 2020 arrancó con un panorama ominoso para la industria editorial: las imprentas bajaron sus persianas, las librerías tuvieron que generar alternativas de distribución y venta online, las editoriales debieron suspender su plan de publicaciones, y trabajadores del sector perdieron sus trabajos o parte de sus ingresos.

 Con el correr de los meses en situación de aislamiento, algunos eslabones del sistema acentuaron esta perspectiva funesta, mientras que otros lograron reorientar el negocio al ritmo de los cambios y hoy cierran sus balances bajo un cielo alentador.

El universo de los libros tiene sus complejidades, diversidades y distintas magnitudes ya que convive en paralelo con un mundo concreto y real que es el mercado, en definitiva una cadena comercial de escritores, editoriales, imprentas, distribuidoras, librerías y lectores, actores que con la crisis en el 2020 por un lado han sufrido un gran daño y por otro un reposicionamiento.

“Después de haber vivido el cierre total durante la cuarentena, las imprentas del país están pasando por un buen momento”, destaca el presidente de la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (FAIGA), Juan Carlos Sacco. Y en este contexto, la decisión del gobierno nacional de colocar nuevamente restricciones a la importación de libros fue una solución al problema que venían viviendo.

En esta dirección, han logrado firmar un acuerdo con la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) en el cual se garantiza que el 90% de los libros se imprimirán en Argentina. Y además desde el Ministerio de Educación se empezó a destinar dinero para impresión de libros, lo que volvió a reactivar la actividad gráfica.

La falta de circulación de peatones en las calles, y en particular en los centros turísticos, generó una crisis en los comercios. Como muestra solo basta leer el reciente cierre de la tradicional Librería de las Luces que desde 1960 estaba en la Avenida de Mayo del microcentro porteño. Las librerías viven la misma situación que la de cualquier comercio que venía de cuatro años de crisis y estaba esperanzado con la reactivación, aunque las más afectadas son las de zonas céntricas o de gran circulación.

Por otro lado, las editoriales pensaban que entre febrero y marzo tenían una posibilidad de reactivación, que se iba a poder vender bien en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que se realiza en La Rural y además tenían programadas actividades en las provincias. Hasta que llegó la pandemia.

Carlos Benítez, dueño de la librería y editorial Punto de Encuentro, se convirtió en unos de los voceros de los libreros y relata a Télam la situación que debieron atravesar este año y en el punto crítico en el que se encuentran las librerías del microcentro de la ciudad de Buenos Aires: “Hasta que no se vuelva a la normalidad no a va a funcionar, es un páramo, no hay gente circulando y por lo tanto nosotros no tenemos potenciales compradores y la verdad es que venimos muy golpeados”.

Los libreros resaltan que el gobierno nacional tomó la decisión de suspender el programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP). Si bien algunos de los locales no les cobraron alquiler, y en diciembre están pagando solo el 30%, aseguran que no alcanza porque están facturando entre el 10 y el 20% de la facturación del 2019. En marzo tendrían que empezar a pagar los alquileres normales y no ven mejoras para esa época, menos si se suspende la Feria del Libro 2021 como se rumorea.

También corre peligro de cierre la librería de Ávila, la más antigua de Buenos Aires. Miguel Ávila, el dueño del negocio ubicado en Alsina al 500 y presidente de la Cámara de Libreros y Editores Independientes (Caledin) describe el mismo panorama que sus colegas: sin turismo y sin empleados públicos ese lugar emblemático e histórico del libro no funciona.

También suma la pérdida del ATP: “Ahora el gobierno está dando préstamo con una tasa de interés para poder pagar los sueldos, yo he intentado mantener a todo el personal, todo en blanco son seis personas y se me hace muy difícil, sumado el alquiler, los gastos fijos. La AFIP tampoco te perdona, te tratan como si estuviéramos en una época en un país normal”, se lamenta el dueño de la famosa librería.

Ávila aprendió su oficio con los grandes libreros, en las grandes librerías de la época, cuando era el punto de reunión entre lectores, escritores y libreros “desde siempre el argentino, así como con el tango, la carne o el fútbol tiene una relación muy estrecha con el libro”, sostiene Ávila, quien no entiende porque “esto no se toma como una temática nacional”.

Las grandes editoriales debieron reducir su producción durante el año y en la apertura con el distanciamiento social pudieron volver a lanzar sus best sellers. Durante la pandemia el libro digital tomó un importante protagonismo. Así lo explicaba a Télam Juan Boido, el director editorial de Penguin Random House, quien señalaba que venían muy golpeados y que la pandemia fue otro duro golpe: “En la Argentina, la inmensa mayoría de los libros se venden en las librerías y dependen de ellas, durante la pandemia se vio un aumento en la venta de los formatos digitales, los cuales no son formatos instalados masivamente en el país, con lo cual es imposible que compense pronto la caída de los libros físicos”, explicó.

La contracara de la singular situación de este año la vivieron algunas editoriales independientes, las cuales se sintieron fortalecidas por la ausencia de los “grandes tanques” de novedades, y supieron buscar a tiempo alternativas de distribución y ventas on line durante la pandemia.

Víctor Malumián, de editorial Godot, explica que la cuarentena forzó a las editoriales a un proceso de digitalización, tanto a nivel catálogos como de comunicación en redes sociales, incluso a adaptarse a cuestiones más prácticas, como los sistemas de pagos. El editor resalta que “tanto las editoriales como las librerías, que generaron una comunidad online, las que alimentaron una conversación entre partes, son las que estuvieron mejor paradas para sobrellevar la pandemia”.

Una situación similar vivió el sello Chai. Su editor, Santiago La Rosa, sostiene que el año para su negocio fue positivo: “En un balance fue un buen año con muchísimos sobresaltos y me parece que la clave para atravesarlo estuvo en poder adaptarse a los distintos escenarios que se fueron planteando”.

Para Chai, al igual que para otras tantas editoriales independientes, fue un periodo que les permitió acercarse más estrechamente a los lectores. En este sentido, La Rosa manifiesta que durante los momentos más complejos de los primeros meses de la crisis y de la pandemia, las editoriales más grandes no sacaron novedades, no estuvieron en las librerías y “quedó un lugar vacante que nos permitió mucha más visibilidad y, sobre todo, tener un diálogo directo con los lectores, con los cuales nos escribimos por redes y tenemos una conversación bastante fluida”, dice.

Sin embargo, las editoriales independientes también tuvieron desafíos tanto a nivel de cobro de las ventas, como con los distintos aumentos del papel que alteraron mucho los cálculos y las formas de adaptarse.

El editor Pablo Campos, de Ediciones Lamás Médula, cuenta que las editoriales chicas y pequeñas tuvieron “más cintura y reacción a la pandemia, principalmente porque venimos de hace cuatro años en crisis y contamos con estructuras más pequeñas y flexibles” y además, como explica, con el cierre de las librerías al comienzo de la pandemia generaron un nexo directo con los lectores.

Sin embargo, una vez que la actividad librera retornó, las editoriales independientes tendieron alianzas con librerías bajo la consigna de que la salida es colectiva. En palabras de Cecilia Fanti, de Céspedes Libros en Colegiales: “Mi impresión de este año es que las editoriales independientes supieron comunicarse muy bien con las librerías. De las grandes, algunas lo hicieron muy bien y otras hicieron menos de lo que podrían haber hecho. Si la industria del libro cae en picada, quizás las librerías de barrio no somos el mejor ejemplo para dar cuenta de eso”

En días de balances, un tuit de la editorial Blatt & Ríos ilustra esa sinergia y los cambios que trajo el regreso a los comercios de cercanía: “Este fue el año de las librerías chicas. En la emergencia, resulta que eran un excelente canal de ventas y con gran capacidad de adaptación. También lo fue de las editoriales chicas: resulta que hacíamos muy buenos libros, muy bien editados”.