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miércoles, 27 de mayo de 2026

Sergio Ramírez contra las pretensiones de pureza

Según el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, las academias no son las que deben legislar sobre la forma en que la gente se expresa. Eso dice la nota de Magdalena Tsanis, publicada a partir de un cable de la agencia EFE, el 19 de mayo pasado por InfoBAE. En la bajada se lee: "El autor reflexiona sobre el papel del idioma para unir historias y culturas, en contraposición a los intentos por marcar límites".

“La academia no puede crear el idioma; la lengua se crea en las calles”

El escritor hispanonicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942) defiende “la vitalidad” del español y su expansión en los Estados Unidos de Donald Trump, una lengua “expansiva, agresiva”, que “no se detiene ante ninguna frontera”.

“Cómo invade los Estados Unidos, donde se ha convertido en la segunda lengua más importante después del inglés, es un fenómeno admirable”, resalta en una entrevista con esta agencia el autor, candidato a ocupar la silla L de la Real Academia Española (RAE), vacante desde el fallecimiento de Mario Vargas Llosa el año pasado.

Premio Cervantes 2017 y autor de novelas como Margarita, está linda la mar (1998) o Adiós, muchachos (1999), sobre su experiencia en la revolución sandinista, subraya que la influencia del español no solo se extiende en zonas fronterizas, sino también en Chicago, en Texas o en Nueva York.

“Y aunque es la misma lengua, a la vez es distinta: desde el Río de la Plata, donde el lunfardo originado en el italiano (de los inmigrantes) tiene un peso, al spanglish que se habla en el Bronx (Nueva York), es el mismo castellano, y el mismo en que se produce hoy la música de Bad Bunny”, el cantante puertorriqueño.

Esta influencia contrasta, a su juicio, con la “pretensión de pureza de una vieja cultura norteamericana blanca”, que representa la administración Trump, y que el autor ve “irrealizable” porque EEUU “es un país muy mezclado de corrientes migratorias de todo el mundo”.

“No existiría una gran literatura norteamericana -deduce- sin la literatura del sur, no existiría el jazz sin la influencia negra de los antiguos esclavos de los campos de algodón y no existiría tampoco esta cultura sin los italianos, sin los irlandeses y sin los hispanoamericanos”.

Ramírez, que es también patrono de la Fundación de Español Urgente FundéuRAE, considera que la lengua es un tesoro compartido que siempre está mutando y el papel de la RAE es registrar esos cambios.

“La academia no puede crear el idioma, no puede crear las palabras, no es su papel -incide-; su papel es reconocerlas cuando se vuelven de uso habitual; la lengua se crea en las calles -enfatiza-, en los colegios, en las tertulias de amigos, en la música popular, en las canciones, en la eterna conversación de los seres humanos”.

Escribir desde el exilio
Ramírez es el único candidato a ocupar esa silla vacante de la RAE; el pleno de académicos lo proclamó como tal el pasado 7 de mayo y el día 21 será la votación. La ceremonia de ingreso aún no tiene fecha, pero lo habitual es dar unos meses al elegido para que prepare el discurso.

Y escritor ve en esta candidatura la consolidación de su estatus de “ciudadano español adoptivo” y la “coronación” de la acogida que recibió desde que se estableció en España, hace cinco años.

Preguntado por las críticas de Iniciativa Ciudadana Víctimas del Sandinismo a su candidatura por su pasado político revolucionario, Ramírez dice que no lo inquietan.

“La dictadura en Nicaragua tiene distintos resortes para buscar cómo frustrar este tipo de asuntos culturales por personas interpuestas, y no tengo nada más que comentar al respecto”, señala en referencia al actual Gobierno del presidente Daniel Ortega.

El escritor fue uno de los protagonistas de la revolución sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979 y fue vicepresidente del primer Gobierno de Ortega (1985), de quien se alejó años después.

En 2021, la Fiscalía nicaragüense dictó una orden de detención contra él por incitar el odio, tras la publicación de su novela Tongolele no sabía bailar, centrada en la represión política. En 2023, las autoridades lo despojaron de la nacionalidad.

Mirando hoy a ese pasado, Ramírez lo ve con “una mezcla de frustración y decepción”, y recuerda que nunca participó en la revolución sandinista como combatiente, sino como intelectual: “Al final fracasó y no resultó nada más que otra dictadura como de la que habíamos salido”.

“Dolor permanente” por Nicaragua“Nicaragua no está en los mapas políticos de nadie, yo diría que el olvido es la característica más importante que cae sobre el país y esto hace que sea un dolor permanente para mí”, se sincera.

También se muestra crítico con la intervención de Estados Unidos en Venezuela: “La extracción, como le llaman, de (Nicolás) Maduro no le puso fin al sistema dictatorial, no se sabe cuándo habrá unas elecciones verdaderamente libres como las que ganó (el opositor) Edmundo González, que fueron falsificadas para quitarle el triunfo”.

Por eso, hoy no cree en las revoluciones armadas: “Siempre terminan en caudillismo”; y lamenta que la de Nicaragua sea “una situación estancada”, con muy poca atención internacional, pese a la ausencia de libertad de expresión, dice, o la expulsión masiva de periodistas.


jueves, 24 de octubre de 2013

Cuatro puntos de vista sobre la cosa

Las siguientes apostillas, acompañan la nota central de Guido Carelli Lynch publicada en Ñ el sábado 19 de octubre y reproducida en este blog en la entrada de ayer. Como podrá apreciarse, plantean diferentes visiones sobre el problema de la lengua y las pretensiones de supremacía sobre la misma. 













José Luis Moure: 
“Contra los fantasmas inducidos”

Es el nuevo presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), una institución que nació en 1931 “asociada” a la Real Academia Española, pero que a fines del siglo pasado cambió su estatus a “correspondiente”. José Luis Moure –de él se trata– no pierde las formas, pero tampoco es amigo de la corrección política. “El carácter de correspondiente parecería colocar a la academia (argentina) en cierta situación de mayor dependencia de la que tenía. Explícitamente nadie admite tal cosa, pero entonces ¿por qué y para qué se cambió la calificación? No tengo una respuesta clara para eso”, asegura en su despacho de la calle Bustamente, en la sede de la AAL.

–¿Son asimétricas la RAE y el resto de las academias americanas?
–En la corporación española ha habido un cambio en el sentido de admitir públicamente que todas las academias americanas de la lengua están con ella en un plano de igualdad. Objetivamente, me parece que los hechos no son así. La circunstancia histórica de que la Real Academia Española tenga 300 años explica algo de esto.

–Usted ha lamentado la dificultad para incorporar argentinismos al diccionario de la RAE.
–Se incorporan muy pocos y no encuentro razones para que no se incorporen todos, con la debida indicación del alcance y el registro al que corresponden. Si estamos hablando de un diccionario total empleado por la veintena de naciones que hablamos ese idioma, todo debería estar allí. Eso llevaría a un diccionario de proporciones gigantescas, porque lo mismo que uno puede pedir para la Argentina, lo podría reclamar cualquiera de los otros países, con lo cual construiríamos un diccionario que por su volumen resultaría casi inmanejable. Pero honestamente me parece una inconsecuencia que la RAE seleccione nuestro vocabulario e incluya en el Diccionario regionalismos peninsulares minúsculos y deja fuera términos empleados por millones de hablantes. Se trata de una discriminación que no está claramente explicada.

–En lo personal, ¿qué fantasmas lo preocupan con respecto al idioma?
–Absolutamente ninguno. Si un organismo vivo (como es la lengua), de acuerdo a lo que dice el propio Instituto Cervantes, está llegando a los 500 millones de hablantes y nos dicen que es el segundo en el número de hablantes nativos ¿de qué temor estamos hablando? Se habla también de la defensa del idioma, lo que me parece una contradicción difícilmente zanjable. ¿Cómo se puede hablar de la defensa de un idioma que tiene 500 millones de hablantes? Yo nunca he oído ese tipo de alarmas referido a un idioma como el inglés, que se habla en todo el mundo, en todas las variedades y registros, y que no tiene ninguna academia ni centro rector; y nunca he oído hablar de que corra peligro. Yo creo que ese sí es un fantasma inducido, con el propósito de que se puedan llevar adelante ciertos planes de unificación del idioma, que considero absolutamente ajenos a la lingüística.

–Esa es la política panhispánica: ¿a usted no le parece practicable?
–No soy enemigo del panhispanismo, simplemente creo que es una campaña que no va a ninguna parte. Tengo la impresión de que se trata de una empresa que se va a ir debilitando, porque no tiene qué cosa construir. Los hablantes en nuestros países van a seguir hablando sus modalidades y en la medida en que sean conscientes y deseen pertenecer a un mundo cultural común, lo que llamamos mundo hispanoamericano, la lengua va a tener la unidad que tuvo desde siempre. Cualquiera de nosotros tiene idea de que está hablando castellano, no lo pone en duda. Si hubiese algún peligro, se hablaría de esto hasta con un cierto temor.













Víctor García de la Concha: 
“No tratamos de hacer las Américas”

Doce años al frente de la Real Academia Española desgastan a cualquiera. Bajo su mandato se presentaron una nueva Gramática y una nueva Ortografía, dos trabajos conjuntos entre la Real Academia y las veintiún asociaciones de la Lengua Española, fruto –en sus palabras– de una política lingüística “panhispánica”. A sus 78 años, Víctor García de la Concha creyó que ya le había llegado la hora de descansar, pero Mariano Rajoy lo convocó para dirigir el bastión de diplomacia cultural más potente de habla hispana. “El gran proyecto por el que yo dirijo el Institituto Cervantes después de haber dirigido la Academia es para iberoamericanizarlo”, explica solícito por teléfono desde Madrid.

–¿Qué significa iberoamericanizar el Instituto Cervantes?
–El Cervantes nació como un impulso del gobierno de España y de todos los partidos políticos pues echábamos en falta un centro, una entidad, una institución que se encargara de la promoción, de la difusión, del estudio del español y de las culturas hispánicas. En un momento el Cervantes se extendió por Europa, el norte de Africa, Estados Unidos y Brasil, pero ahora quiere que todos los países iberoamericanos lo sientan como una cosa suya. Y por tanto –en pie de igualdad, como hemos hecho con las academias– tratamos que las instituciones de los distintos países participen en los grandes objetivos del Instituto Cervantes. Y la presentación de este proyecto también será objeto de tratamiento en el Congreso de Panamá.

–Se ha criticado en el pasado la pretensión del Cervantes de estandarizar a su favor los exámenes de español como lengua extranjera.
–Bastante más de la mitad de la cultura que se proyecta – música, teatro, cine– en los ochenta y siete Cervantes que hay en los cuarenta y cuatro países del mundo en estos momentos, es latinoamericana. Desde hace años, no desde que soy director. Evidentemente en cada país hispanohablante se enseñará la variedad del español que allí se habla y se escribe, que se habla porque en escritura las diferencias son tanto menores. Cada uno va a seguir haciendo lo que está haciendo. Si nos ponemos de acuerdo en cuáles son los parámetros que debe tener, sabremos qué diploma tiene valor.

–La política panhispánica es vista desde América como una nueva estrategia de expansión española.
–No tratamos con ello de ir a América o de hacer las Américas. Hemos firmado con el gobierno de México un acuerdo mediante el cual les cedemos todos los centros Cervantes para que proyecten en ellos la cultura mexicana y el gobierno mexicano nos cede a su vez sus centros en todo el mundo para lo mismo. Además, en los 14 centros mexicanos en Estados Unidos vamos a realizar actividades conjuntas, para enseñar la cultura y la lengua española con todas sus variedades. Del mismo modo, en el Cervantes de Madrid hay un centro de estudios mexicanos que naturalmente va a proyectar toda su cultura. Hemos firmado acuerdos lingüísticos y estamos negociando con Colombia, Chile y Perú. De tal manera que en el edificio de Cervantes en Madrid todas estas variedades americanas buscan su propio espacio físico de expansión.

–Cómo juzgó la carta “Por la soberanía idiomática” que firmaron escritores y académicos argentinos?
–No me sorprende porque conozco al núcleo que lo impulsa. Es una actitud respetable pero es contradictorio desde el título, porque nosotros desde España no estamos reclamando ninguna soberanía idiomática. Si alguien la reclama, es su línea programática y su responsabilidad. Lo que sí hay es una inteligencia poco rigurosa.


Fernando Vallejo: “Nosotros somos el idioma”

Las diferencias entre el español de América y el de España se aumentan cada día. Cada día estamos más alejados nosotros de ellos. En general son diferencias de vocabulario y pronunciación. Como nosotros somos 21 países y ellos uno solo, diré que el español es el hispanoamericano y no el peninsular. España es una provincia anómala del idioma, de la que podemos olvidarnos, a ver si consumamos así nuestra independencia de ellos, que nunca ha sido completa.

La Real Academia y las asociaciones de la lengua de cada país no cuentan para nada, podrían no existir.En cuanto al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, que va para la vigésima segunda edición, es acientífico, católico, monárquico, mezquino. Es un diccionario casi siempre equivocado de lo que es propio de los países hispanoamericanos. La palabra "americanismo" debe desaparecer porque nosotros somos el idioma. La que tenemos que introducir entonces es "españolismo" para designar lo que es propio de España, o sea lo anómalo.


Sergio Ramírez: “En lo anómalo está la creatividad”

Las academias lo que hacen es certificar que las palabras y los giros del lenguaje son moneda corriente en la calle, o en la literatura. No se trata de una policía del idioma, sino de una entidad que “limpia, fija y da esplendor”. La lengua es algo vivo, que se mueve sin permiso de nadie, muta, inventa, traspasa fronteras, y se nutre de otras lenguas.

Las nuevas reglas ortográficas no se impusieron a nadie, simplemente han buscado la economía en la expresión, y la gente las ha aceptado porque tienen sentido, aunque a mí se me dificulte el cambio, pero la fuerza de la costumbre es muy poderosa. Si algo hemos ganado es que el español que se habla en la península y en América tienen ahora pie de igualdad.

Antes, frente a la Real Academia en tiempos del franquismo, había una categoría bastarda de americanismos, y lo legítimo era lo “castizo”. Eso se acabó. Hoy hay “peninsularismos” y todas las maneras de hablar el español son legítimas. Todos nuestros países son provincias anómalas del idioma, y en lo anómalo está la creatividad.