Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Iriarte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Iriarte. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de junio de 2025

"Quitarle romanticismo a la industria del libro"


"El libro colectivo de relatos inspirados en el autor de El proceso, Una jaula salió en busca de un pájaro, sirve también como una reivindicación de la traducción humana." Esto dice la bajada de la nota publicada por Carmen López, el pasado 31 de mayo, en eldiario.es, de España.

Traductores en tiempos de IA: un oficio kafkiano “que da miedo”

En 1917, el escritor Franz Kafka se retiró al pueblo de Zürau, en Bohemia, para recuperarse de la tuberculosis que le habían diagnosticado. Mientras convalecía junto a su hermana en aquel entorno idílico –pese a su enfermedad, pasó allí un tiempo bastante estupendo– pergeñó un centenar de frases crípticas que más tarde se reunieron en el volumen Los aforismos de Zürau. “Una jaula salió en busca de un pájaro” es uno de esos enunciados y la editorial Mutatis Mutandis lo ha escogido para dar título al libro de relatos que acaba de publicar. En él recopila diez historias kafkianas firmadas por autores tan diversos como Ali Smith, Charlie Kaufman, Elif Batuman, Joshua Cohen o Yiyun Li, entre otros, cada uno con su propio traductor al castellano (Magdalena Palmer, Ce Santiago, Marta Rebón, Javier Calvo y Laura Martín de Dios, respectivamente).

Estos cuentos se escribieron a propósito del centenario de la muerte del escritor praguense a causa de la afección que le llevó a Zürau. En ellos se narran las acciones de control de máquinas que recuerdan a ChatGPT, ataques de pánico contagiosos, burocracias inmobiliarias que derivan en pesadilla o el periplo por balnearios de una mujer con fobia a los gérmenes. Son escenarios alucinados que generan inquietud y la pregunta inevitable de si podría llegar a suceder.

Si se atiende a los temas que estructuran estas ficciones, como la sospecha sobre la inteligencia artificial (IA) o la fragilidad de la salud mental, ¿es pertinente preguntarse si la actualidad es cada vez más kafkiana? Joaquim Feijóo Pérez, editor de Mutatis Mutandis, responde a elDiario.es que “Kafka tuvo que enfrentarse a, como diría Mark Fisher, lo raro y espeluznante de su tiempo, pero quizás hoy saldría corriendo de nuestra realidad”. Problemas como el acceso a la vivienda, la misoginia en internet o la brecha digital son algunos terrores actuales, según su opinión.

Los autores de los relatos se sumergieron en el universo del autor de El proceso, pero eso no significa que hayan tratado de emular su estilo. Más bien se han inspirado en su obra para “plasmar sus inquietudes y alguna que otra pesadilla —dice Feijóo Pérez— actualizando esa sensación a nuestros días para desarrollar un paisaje kafkiano contemporáneo propio”. En ese aspecto, el libro funciona como bandera del espíritu de la editorial que, según el editor, aspira a “ser una forma contracultural frente a la literalidad”, procurando aportar “soluciones teóricas y narrativas al atasco en el que nos encontramos hoy”.

Blindar contratos para tener traductores humanos
En su presentación, Mutatis Mutandis define el libro como “un homenaje al kafkiano oficio de traductor en los tiempos de la inteligencia artificial”. Sin duda, es uno de los sectores del entramado editorial más afectados por la aparición de esta tecnología ha revolucionado la realidad como se conocía hasta ahora, para bien, mal o regular.

Las reivindicaciones sobre la precariedad de las condiciones laborales de la traducción literaria no son nuevas ni mucho menos. Pero la llegada de la inteligencia artificial generativa ha sido la guinda del pastel y algunos de los traductores involucrados en Una jaula salió en busca de un pájaro valoran los perjuicios. Julia Osuna, responsable de la traducción al castellano del relato "El suplicio de Tommy Orange", asegura que en los mercados de la traducción comercial la IA “ya está haciendo mucho daño” y en el ámbito de las editoriales el desarrollo de la situación “dependerá en parte de hasta qué punto los autores extranjeros y sus agentes blinden los contratos para exigir que sus obras sean traducidas por personas”, explica.

La opinión de Eugenia Vázquez Nacarino, encargada de pasar al castellano el relato de Leone Ross titulado "Dolor de cabeza", es rotunda. Para ella, “una editorial que pretenda sustituir el trabajo creativo de sus colaboradores con IA para aumentar beneficios estará cavando su propia tumba”. Además, denuncia que el sistema se entrena con contenido protegido por derechos de autor y la ley del Ministerio de Cultura que debería regular esos permisos, fue rechazada por falta de respaldo en el sector.

Tarifas y luchas colectivas congeladas
A la vez, Osuna indica que la conversación sobre la intromisión de esta nueva tecnología en el sector de la traducción puede dejar en la sombra las reivindicaciones previas que no se han solucionado. Según explica la traductora, corren el riesgo de contravenir las leyes de la competencia si luchan en conjunto: “Se pueden infringir si, como colectivo o desde alguna asociación de profesionales, se intentan fijar unas tarifas mínimas o tarifas recomendadas. Cuando las leyes de la competencia deberían proteger al consumidor, que paga por un libro y merece calidad, acaban beneficiando al empresario que paga dos duros por un servicio profesional”.

En 2014, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) multó a un par de asociaciones y desde entonces “las tarifas han quedado más desprotegidas que nunca”, asegura Osuna, que también indica que “en cambio, hay una directriz europea de 2022 que ha empezado a proteger los derechos de los autónomos culturales y la necesidad de que se apoyen sus negociaciones colectivas”. La llegada de la IA parece haberse convertido en el problema principal del sector, pero las tarifas siguen congeladas. “La mayoría de los traductores editoriales no llegamos al salario mínimo interprofesional. Eso sí que da miedo”, completa.

Y un detalle más: la intrusión de la IA en el gremio no solo se materializa en la sustitución del trabajador por la máquina. También ha pasado a formar parte de la realidad del oficio porque cada vez es más necesario utilizarla como herramienta. “Nos la están metiendo hasta en la sopa. Los buscadores normales cada vez filtran peor y están más sesgados, lo que nos obligará a tirar de esos nuevos recursos”, comenta Osuna.

La Tarifadora: “¿Es justo lo que cobras?”
En 2015, la Unión de Correctores (UniCo) y ACE Traductores firmaron un código de buenas prácticas con el convencimiento de que una colaboración entre ambos colectivos es beneficioso para ambos y para la calidad de la obra publicada. Uno de los frutos más recientes de ese entendimiento es La Tarifadora, una calculadora de tarifas para profesionales de la traducción, la corrección y la edición.

“Pretende ser una herramienta de denuncia de esas condiciones demenciales en las que estamos hundiéndonos. La idea es que sirva para que puedas explicarle con más claridad al editor o editora con la que negocias tu tarifa, en el caso de que puedas negociar, que lo que te ofrece no da para vivir, y que si quieren algo profesional, tienen que pagarlo”, desarrolla Osuna. Asimismo, con ella también quieren llamar la atención del Ministerio de Trabajo sobre su situación laboral.

Eugenia Vázquez Nacarino comenta que es necesario quitarle romanticismo a la industria del libro, porque muchas veces los traductores literarios trabajan a pérdidas. “Hay que hacer números y visibilizar la precarización del sector en un contexto que nos deja a merced de la ley de la oferta y la demanda, y de una interpretación tan restrictiva de la ley de libre competencia en España que ni siquiera permite a nuestras asociaciones profesionales recomendar una horquilla de tarifas”, declara.

Eduardo Iriarte, que firma la traducción de "El casero" de Keith Ridgway, está de acuerdo con que hay que reivindicar mejoras laborales y cruza los dedos porque se llegue a algo, pero también le inquieta que, en algunos casos, sea contraproducente. “Sigue habiendo editoriales que parecen decir: ‘Si todos pagan mal a los traductores, ¿por qué habríamos de pagarles mejor nosotros?’”, indica.

Él reconoce que es un privilegiado porque durante más de tres décadas ha vivido de la escritura —ha publicado seis novelas— y de la traducción literaria y, por el momento, no parece que su situación vaya a cambiar. Incluso se muestra optimista ante el porvenir: “Casualmente, estoy traduciendo la nueva novela de Ian McEwan, que transcurre en 2119: sigue habiendo futuro”.

Sin embargo, sus compañeras no se muestran tan esperanzadas. A Eugenia Vázquez le cuesta ver cómo se va a mejorar la situación actual cuando “desde las instituciones oficiales que deben velar por el sector cultural no se toman medidas firmes para proteger a un colectivo autónomo al límite de la subsistencia”, recalca. Mientras, Julia Osuna se plantea un mañana muy acorde al espíritu kafkiano del volumen de Mutatis Mutandis: “Una se pregunta qué piensan hacer con todos los que nos vamos a la calle, y me imagino filas de personal sobrecualificado regando con regaderas y mangueras centros de datos”.

martes, 2 de julio de 2024

La reedición de un libro de Charles Bukowski

El pasado 24 de junio, el diario chileno La Tercera publicó un artículo de Pablo Retamal N. dedicado a la distribución en el país trasandino de Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos (1946-1992), un volumen que compila artículos y ensayos del escritor estadounidense Charles Bukovski.


“Ser escritor es dañino y difícil”: cuando Charles Bukowski reflexionó sobre la escritura

Además de novelista y excartero, Charles Bukowski era poeta. A veces, tras dejar de lado la botella de licor, pasar la resaca y fumar un cigarro, solía participar en recitales de poesía. Un espacio tradicional dentro del arte poético, y que “Hank” sabía usar a su manera. Por eso, cuando se topaba con alguna pregunta algo empalagosa, sabía salir jugando: “Recuerdo que una vez tras un recital les dije a los alumnos: ¿alguna pregunta? Uno me preguntó: ¿Por qué escribe? Y yo le respondí: ¿Por qué llevas esa camisa roja?”.

Esa anotación la hizo en un breve ensayo titulado La casa de los horrores, y sobre ese mismo instante se respondió a sí mismo. Si bien, Bukowski no estaba interesado en las grandes respuestas ni en el ejercicio más intelectual, tenía claro de qué se trataba su oficio. “Ser escritor es dañino y difícil. Si tienes talento puede abandonarte para siempre mientras duermes en la noche. No tiene respuesta fácil lo que te hace seguir adelante con el asunto. Demasiado éxito es destructivo; la falta absoluta de éxito es destructivo. Un cierto rechazo es bueno para el alma, pero el rechazo total da lugar a cascarrabias y locos, violadores, sádicos, borrachos y maltratadores. Igual que el éxito excesivo”.

Es que la relación de Bukowksi con todo lo relacionado con la escritura lo fue plasmando en ensayos, textos, ficciones y otros materiales que fue dejando desperdigado por el camino. Esos papeles sueltos, efímeros, se compilaron tras su muerte -en 1994- en un volumen llamado Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos (1946-1992), y se publicaron en 2012. Luego se descontinuó. Hoy ese volumen vuelve a las librerías chilenas vía Anagrama.

El español Eduardo Iriarte fue quien, hace 12 años, tradujo los textos al castellano, además de otros trabajos de Bukowski, como Las campanas no doblan por nadie, Abierto toda la noche, o La matemática del aliento, Contactado por Culto, nos comenta: “Me resulta un tanto difícil remontarme específicamente a Ausencia, porque la mayoría de las obras de este autor tiene un tono y una temática comunes. Aunque la escritura de esta colección de artículos y relatos no dista mucha de otras recopilaciones --que abarcan prácticamente todo el arco de su carrera y permiten seguir su evolución vital, ya sean en poesía o, como es el caso, en prosa--, lo que me llamó la atención de Ausencia fue el motivo del tesón, la testarudez de insistir en la experiencia propia como material para la creación”.

De hecho, el volumen incluye uno de sus ensayos más célebres, "Fingirse poeta y serlo", donde Bukowski comenta cómo él entiende la poesía, que a todo esto, la escribe de forma prosaica y cotidiana. No habla de damas recortadas en el horizonte. “Fue Nietzsche quien, cuando le preguntaron por los poetas respondió: ‘¿Los poetas? Los poetas mienten demasiado?’ Al leer poesía del pasado y de nuestros días, esta crítica parece jodidamente acertada. Por lo visto hay tanta pose, tanto pavoneo, tanto fingirse poeta, ese mensajero escogido de los dioses”.

Bukowski también dedica palabras a los críticos, a los académicos, a aquellos que se incomodaban con su escritura underground. Lo dice en su "Manifiesto": “Lo que han perdido los críticos universitarios al echar las persianas en torno a su pequeño mundo elitista lo han recuperado en dirección y prestigio. Para el resto de nosotros, la plebe, los que ganduleamos en salas de billar y callejones, queda un gimoteo frustrado y discorde. Para inculcar una fuerza más heurística, es necesario tal vez un manifiesto, un gesto, una gestación. Es difícil que un solo poeta se enfrente a la camarilla universitaria. Tal vez nosotros también debamos inventar nuestra propia historia”. Y en otro texto que titula "Mis coetáneos a examen", señala: “Uno aprende más fregando platos que debatiendo con James Dickey, Jack Gilbert, Nemerow y T. Weiss en el cruce de la calle Noventa y dos y Lex Avenue”.

Aunque también realiza el juego de hacer de crítico literario…de él mismo. Lo escribe en el texto Bukowski sobre Bukowski, donde comenta los relatos de su libro Escritos de un viejo indecente. Por supuesto, se encuentra bueno. “Al releerlos, relatos y fantasías, me parecieron maravillosos y llameantes. Pensé: joder, no ha habido un autor de relatos breves tan bueno desde Pirandello. Por lo menos desde entonces”.

En estas páginas también podemos revisar cuentos como "80 aviones no te dejan fuera de toda sospecha", de 1957, donde por primera vez usa su alterego “Hank”, que luego terminaría decantando por “Henry Chinaski”. O también pasa revista a su vínculo con sus contemporáneos de la “Generación Beat”, de hecho, en un relato narra un particular encuentro con Gregory Corso (“No estaba tan pirado como me habían advertido”), y también encontramos una reseña a los primeros poemas de Allen Ginsberg. Aunque es bastante generoso en su análisis.

Iriarte nos comentó cómo es traducir a Bukowski, que parece siempre escribir sobre lo mismo. “Parto con una zambullida inicial en la que traduzco el libro de principio a fin procurando alcanzar la misma visceralidad del original, seguida por la revisión de sucesivos borradores para pulir los detalles y darle un aire lo más natural posible a la versión en español”.

Consultado por alguno de sus textos favoritos de este volumen, Iriarte nos comenta: “Yo me decantaría por 'Fingirse poeta y serlo', en el que el autor explica dónde reside la autenticidad, su característica esencial. A mi modo de ver, el párrafo que dice ‘La poesía proviene de donde has vivido y como has vivido y de lo que te hace crearla. [...] Si uno escoge mal con demasiada frecuencia, no tardará en estar muerto mucho antes de su funeral’ debería enseñarse no solo en todas las escuelas de escritura, sino en todas las escuelas”.