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jueves, 8 de octubre de 2026

Los Estados Unidos, cada vez más retrógrados


El pasado 6 de octubre, Daniel Gigena publicó en La Nación, de Buenos Aires, el siguiente artículo sobre la censura cada vez mayor que se ejerce sobre los libros que se editan en los Estados Unidos, un país que se acerca cada vez más a la Edad Media. En la bajada se lee: "
En el ciclo lectivo 2025-2026 hubo casi 12.000 prohibiciones de más de 7000 títulos; distritos escolares usan IA para vetar libros".

Aumentaron los casos de censura de libros en escuelas de Estados Unidos y Stephen King vuelve a encabezar la lista

Hubo casi 12.000 prohibiciones de libros en escuelas públicas de Estados Unidos durante el último año escolar (2025-2026), señala el nuevo informe de PEN America, la cifra más alta desde que la organización defensora de la libertad de expresión comenzó a registrar los retiros de libros en 2021; en total, fueron 11.982 prohibiciones que afectan a 7370 títulos. Por segundo año consecutivo, Stephen King fue el autor más censurado.

En el periodo 2024-2025, se habían denunciado 6870 casos de censura, y en 2023-2024, 10.046. El 87% de los libros prohibidos este año son de ficción.

Muchas de las prohibiciones se produjeron en Florida y Texas, donde se aprobaron leyes restrictivas y tanto políticos como activistas conservadores presionaron para que se prohíban ciertos libros en las escuelas (con cartas amenazantes o extorsivas, audiencias forzosas y hasta acusaciones de “abuso de menores”). PEN America también comprobó que los administradores de los distritos escolares recurren cada vez más a la inteligencia artificial para determinar qué libros deben ser retirados.

Libros que abordan temas vinculados con el racismo, la sexualidad y la identidad de género son los más cuestionados, detalla el informe “Prohibido en Estados Unidos”, realizado por seis especialistas del programa Libertad de Lectura.

“Las bibliotecas escolares ponen a disposición del público conocimientos e ideas, garantizan que los libros estén al alcance de todos, independientemente de sus ideologías personales o políticas, y abren las puertas a historias que informan, cuestionan y reflejan las realidades del mundo para los lectores”, se lee en el el informe de PEN. “La prohibición de libros obstaculiza la libertad de lectura, limitando el acceso de los estudiantes a la diversidad de puntos de vista, voces, perspectivas y literatura que merecen conocer”.

De los 11.982 casos de prohibición, más de 4500 figuran en la lista por primera vez, desde el clásico del siglo XIX de Charlotte Brontë, Jane Eyre, hasta la serie de manga Tokyo Ghoul de Sui Ishida y Here We Are: Feminism for the Real World de Kelly Jensen. El informe, que se dio a conocer este lunes, se publica durante la “Semana de los Libros Prohibidos”, en la que se realizan eventos en escuelas, bibliotecas y otros lugares de todo el país para concienciar sobre los esfuerzos de censura.

Los libros de Stephen King fueron retirados 312 veces, entre ellos El resplandor y Milagros inesperados. El título más censurado fue Vendida, la novela de Patrick McCormick sobre una niña vendida como esclava sexual en la India, que fue retirada en veinticinco ocasiones. Otros libros frecuentemente censurados fueron El cuento de la criada, la distópica novela de Margaret Atwood; Habla, novela de Laurie Halse Anderson sobre una adolescente que enmudece tras ser violada; Lore, el thriller mitológico de Alexandra Bracken, y Crank, novela de Ellen Hopkins sobre la drogadicción.

PEN America y la Asociación Estadounidense de Bibliotecas (ALA) han reportado aumentos históricos en las prohibiciones desde principios de la década de 2020, si bien sus metodologías difieren. PEN considera prohibidas incluso los retiros temporales de libros, mientras que la ALA solo incluye aquellos que se han retirado de forma permanente. Según el informe más reciente de la asociación, publicado en abril, se registraron unas 5600 prohibiciones durante el ciclo lectivo anterior.

El número de distritos escolares en donde se aplicaron prohibiciones de libros alcanzó un pico de 114 distritos en el año lectivo 2025-2026.

El uso de IA para prohibir libros se hace mediante la contratación de tecnología de “inteligencia de libros” (book intelligence) que permite gestionar y tomar decisiones sobre la restricción de materiales literarios, evadiendo los procesos de revisión comunitaria tradicionales. El informe brinda ejemplos de la “IA censora” proporcionados por el Distrito Escolar Independiente de McAllen en Texas.

Se mantiene, además, la tendencia de retirar colecciones completas o series de libros enteras a la vez, como en los casos de las sagas de Sarah J. Maas, Jodi Picoult, Tiffany D. Jackson y Alice Oseman.

Más del 90% de los libros juveniles (Young Adult) prohibidos eran obras de ficción, lo que restringe el acceso de los estudiantes a perspectivas diversas, voces de minorías y temáticas que fomentan el hábito de la lectura crítica y empática, remarca el informe.


jueves, 30 de octubre de 2025

Sigue el conflicto entre las feministas y el director del FCE

El pasado 29 de octubre, Daniel Gigena publicó en el diario La Nación, de  Buenos Aires, una breve crónica del progreso del conflicto entre las feministas mexicanas y Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica.

Escala el conflicto con el director general del Fondo de Cultura Económica: escritoras, artistas y activistas pidieron su renuncia

El director general de la editorial Fondo de Cultura Económica (FCE), el escritor y editor mexicano Paco Ignacio Taibo II, anunció la semana pasada junto con la presidenta de ese país, Claudia Sheinbaum Pardo, un plan de entrega gratuita de dos millones y medio de libros a jóvenes en catorce países de América Latina (entre ellos la Argentina). La colección incluye obras destacadas del siglo XX de veintisiete escritores latinoamericanos y comenzará a mediados de diciembre.

Solo siete de los libros del proyecto “25 para el 25” son de escritoras. Caracterizada como la mayor distribución gratuita de libros del mundo, está financiada por el Estado mexicano y colaboraciones internacionales (como la cesión de derechos de autor). Al ser cuestionado por una periodista en la rueda de prensa acerca de la disparidad de género, Taibo II sostuvo: “Si partimos de la cuota, un poemario escrito por una mujer, horriblemente asqueroso de malo, por el hecho de haber sido escrito por una mujer, no merece que se lo mandemos a una sala comunitaria en mitad de Guanajuato, ¿por qué hay que castigarlos con ese libro de poesía?”, formuló en un curioso razonamiento.

Luego, explicó que los autores seleccionados para la colección habían integrado el “boom de la literatura latinoamericana” (en los años 60 y 70), fenómeno literario-editorial en el que descollaron pocas mujeres. Incómoda, la presidenta de México, que había festejado el exabrupto del director de FCE con una sonrisa, afirmó que también se publicará una colección dedicada exclusivamente a escritoras.

Pero el anuncio presidencial no apaciguó los ánimos. Además de protestar en redes sociales contra los dichos de Taibo II –con los nombres y retratos de autoras mexicanas ausentes del proyecto continental de FCE, como Elena Garro, Margo Glantz, Elena Poniatowska, Guadalupe Nettel y Rosario Castellanos, entre otras-, escritoras y activistas feministas convocaron a un “mitin poético” que se realizó ayer en las puertas de la sede de FCE, en Ciudad de México, en el que condenaron las palabras del director de la institución y exigieron su renuncia. “Su supuesta pasión por los libros no es más que una careta para la arrogancia de un hombre que se cree dueño de la cultura. No es un activista, es un dinosaurio con micrófono”, leyó una de las manifestantes.

El domingo, más de cien artistas, escritoras, académicas y cineastas como Julieta Venegas, Aura García-Junco, Brenda Lozano, Luna Marán, Gabriela Jáuregui y Anaclara Muro Chávez, habían dado a conocer una carta pública en contra de Taibo II, que dirige FCE desde 2019. Titulada “No llegamos todas en la cultura”, se afirma que “durante décadas, se ha borrado y desdeñado la literatura hecha por mujeres y disidencias para enfocarse en autores”, tanto en programas de estudio de instituciones escolares como en planes estatales de promoción de la lectura. Tras calificar de “anquilosada” la perspectiva cultural de Paco Taibo II, las firmantes agregan que se debe “seguir insistiendo en la paridad”. Por último, solicitan a Sheinbaum un resarcimiento por la “violencia” cometida contra escritoras “hoy borradas de la tradición” y corregir los sesgos de exclusión de la colección “25 para el 25” mediante “un consejo que involucre a lectoras, académicas, editoras y escritoras: que no sea Paco Ignacio Taibo II quien lo decida”.

No obstante, la presidenta de México dijo ayer que no desplazará a Taibo II del cargo, mientras que este, en un video de Instagram, aseguró que, en siete años de gestión, “FCE ha tenido una posición de combatir bajo todas las formas la discriminación de lo femenino”. Sostuvo además que “el machismo es una enfermedad social que hay que combatir, y hay que establecer las reglas de oro del igualitarismo: a trabajo igual, a oportunidades iguales, privilegiar en condiciones de igualdad a mujeres para resolver un problema ancestral que venimos cargando”.

“Hay una presión social de abajo hacia arriba que quiere leer más literatura de mujeres, ahí está, y hay que darle salida, respuesta, no en detrimento de la calidad”, agregó, sin pedir disculpas por sus dichos e insinuar que había sido objeto de críticas.

La presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género del Senado mexicano, Malú Micher, opinó que el director de FCE debe disculparse públicamente por sus comentarios “ofensivos” sobre las escritoras. Si bien Micher no pide la renuncia de Taibo II, lo instó al director a “reconocer” que se había equivocado, además de destinar más recursos a las obras literarias de mujeres.


El reparto de libros de “25 para el 25” –que incluye títulos de los colombianos Gabriel García Márquez y Piedad Bonnett, los uruguayos Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano y Mario Benedetti, el nicaragüense Sergio Ramírez, los chilenos Raúl Zurita y Nona Fernández, los argentinos Osvaldo Bayer, Eduardo Rosenzvaig y Juan Gelman, la peruana Blanca Varela y las mexicanas Amparo Dávila y Guadalupe Dueñas, entre otros– comenzará el 17 de diciembre en forma simultánea en doscientas ciudades y localidades de América Latina y terminará en febrero de 2026.


miércoles, 29 de octubre de 2025

Según Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica, hay que darles más espacio a las mujeres, pero sin detrimento de la calidad

El 28 de octubre pasado, en la sección de cultura del diario mexicano La Jornada, Eirinet Gómez publicó un artículo a propósito de las críticas feministas contra Paco Ignacio Taibo II (foto), director del Fondo de Cultura Económica. Los detalles, en el texto que sigue.

La postura del FCE es combatir toda forma de discriminación de lo femenino: Taibo II

“En siete años, el Fondo de Cultura Económica (FCE) ha tenido una posición de combatir bajo todas las formas la discriminación de lo femenino”, dijo ”Paco Ignacio Taibo II, director general del Fondo de Cultura Económica (FCE).

A través de un video en Instagram del FCE, Taibo apuntó que “el machismo es una enfermedad social que hay que combatir, y hay que establecer las reglas de oro del igualitarismo: a trabajo igual, a oportunidades iguales, privilegiar en condiciones de igualdad a mujeres para resolver un problema ancestral que venimos cargando”.

Taibo mencionó que en el relanzamiento de la colección de poesía, traía más poetas mujeres que poetas hombres, y eso no hay que atribuirlo a la condición femenina, sino a la calidad que estas tenían”.

Agregó que en lo que va de su administración, en los clubs y salas de lectura, más del 70 por ciento son mujeres, que la estructura de libreros es una estructura femenina, y que la jefa y subjefa de librerías en México son mujeres.

“Hay una presión social de abajo hacia arriba que quiere leer más literatura de mujeres, ahí está, y hay que darle salida, respuesta, no en detrimento de la calidad”, dijo y reiteró que en siete años, el FCE ha tratado de mejorar en este rubro, “a lo mejor hay una esquina que se nos escapa, y estamos dispuesta a oír críticas para mejorarla”.

Taibo mencionó que si después de esta relatoría que hace, “alguien no quiere entender, es que trae boleto, y que trae lo mismo que hemos estado resistiendo estos siete años, una crítica desproporcionada, absurda, muchas veces no basada en lo que estamos haciendo. Paz y amor”.

Feministas han anunciado una protesta para este martes en la sede del FCE, luego de que al presentar la colección 25 para el 25 del FCE, durante la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum, Taibo fue cuestionado por una periodista sobre por qué de los 27 títulos incluidos, sólo siete pertenecen a mujeres.

En su respuesta, el director del FCE ironizó con la cuota de género. “Si partimos de la cuota, dices: ‘Bueno, si sé de un poemario, escrito por una mujer, horriblemente asqueroso de malo, por el hecho de ser escrito por una mujer no merece que lo mandemos a una sala comunitaria en mitad de Guanajuato, mano’. ¿Por qué hay que castigarlos con ese libro de poesía?”.

martes, 16 de septiembre de 2025

Otra forma de cancelación cultural

Una de las obras de Feggo
La presente nota, publicada el pasado 12 de septiembre, en las páginas culturales del diario mexicano La Jornada, con firmas de Jim Cason y David Brooks, corresponsales del medio en Washington y Nueva York, da cuenta de la "limpieza" que está llevando a cabo el gobierno de Donald Trump, para que la historia de los Estados Unidos sea exclusivamente blanca y anglosajona. 

Avanza la purga cultural de Trump; busca borrar a las minorías de la historia de EU

Washington y Nueva York., El presidente estadunidense, Donald Trump, ha lanzado una revolución cultural que busca rescribir la historia oficial de su país, borrando narrativas sobre las vidas y luchas de pueblos indígenas, afroestadunidenses, latinos, inmigrantes y gays al censurar literatura y exhibiciones museográficas, así como promover a artistas conservadores “patrióticos”, cuyas cualidades principales parecen ser una lealtad absoluta al mandatario.

Exhibiciones que celebran la experiencia inmigrante y la vida de la comunidad latina ya se han removido de recintos nacionales; obras de teatro y música encabezada por artistas de la comunidad LGBT han sido canceladas en sitios públicos como el Centro Kennedy, en Washington, mientras la Casa Blanca sigue elaborando directrices para más cambios de este tipo. Directores de museos nacionales ya renunciaron o fueron despedidos.

A finales de agosto, el actual director de los museos del Instituto Smithsoniano (complejo de 19 recintos y centros de investigación públicos más importante del país) se reunió con Trump después de que la Casa Blanca emitió una larga lista de obras de arte que ordenaba retirar de exhibiciones públicas. Todo esto “se siente un poco como censura”, comentó en entrevista con el Washington Post Spencer Crow, ex director del Museo Nacional de Historia Estadunidense.

La purga de arte y cultura ya está avanzada. En una visita al Museo Nacional de Historia Estadunidense, La Jornada confirmó que toda la galería nombrada Historia Latina, auspiciada por la familia Molina, la cual el museo describió como “la primera galería dedicada a la experiencia y contribuciones latinas a Estados Unidos”, cerró tres meses antes de lo programado. “Está clausurada por renovaciones”, comentó un empleado del recinto a La Jornada sin más explicación. Varias de las obras de esta exhibición estaban incluidas en una lista publicada por la Casa Blanca de piezas que no eran “consistentes” con la visión del presidente Trump sobre la cultura nacional.

“¿Así se sentían los artistas de la Alemania de Hitler?”

Entre las obras en esa galería se encontraba El 4 de julio desde el sur de la frontera, dibujo del artista y caricaturista mexicano Felipe Galindo Feggo. Según la lista de la Casa Blanca, esta obra se vincula con un artículo publicado en el sitio de la ultraconservadora Federalist Society, quejándose de que “se muestra a migrantes observando los fuegos artificiales del Día de la Independencia a través de una apertura en el muro fronterizo entre Estados Unidos y Mexico”. Esta obra, junto con otra que afirma que “Estados Unidos se robó un tercio del territorio de México en 1848 con el Tratado de Guadalupe Hidalgo”, aparentemente ofendieron al presidente y a su equipo.

“¿Así se sentían los artistas de la Alemania de Hitler cuando sus obras eran etiquetadas como ‘arte degenerado’?’, preguntó Feggo en un comentario enviado a La Jornada.

“El arte es poderoso. Los artistas no deben ser acosados, censurados ni silenciados. La libertad de expresión es un pilar fundamental de la democracia, y cualquier intento de suprimirla debe ser resistido con firmeza”, concluyó.

En el centro de otra galería se exhibe una estatua de unos tres metros de altura parecida a la de la Libertad, pero en esta versión la figura tiene piel morena, un jitomate en una mano y porta una canasta de la misma verdura en la otra. Su pedestal dice: “Yo también soy estadunidense”.

La figura de papel maché, creada por la artista Kat Rodriguez, se hizo famosa porque fue cargada por jornaleros agrarios durante una marcha de 377 kilómetros por la justicia en Florida organizada por trabajadores mexicanos, haitianos y guatemaltecos de la Coalición de Trabajadores de Immokalee en demanda de mejores condiciones de trabajo y protección de los derechos laborales. La obra fue donada al Smithsoniano.

Pero la Casa Blanca decidió que esta información e imágenes no son parte de la historia oficial.

Un representante del museo rehusó confirmar a La Jornada si la estatua y otras obras serán retiradas. Pero un recorrido por una exhibición llamada De muchas voces, cuentos, vidas, nos volvemos Estados Unidos, deja dudas sobre si será tolerada mucho más por este gobierno.

A unos pasos de la estatua, hay otras exhibiciones en torno a cómo la frontera compartida con México, el éxito de los inmigrantes profesionistas, la lucha por la justicia de los afroestadunidenses y la de los derechos de la cominidad LGBT forman parte del mosaico llamado “Estados Unidos”.

Para Donald Trump y sus aliados, esta historia requiere ser blanqueada. “El Smithsonian está fuera de control; todo lo abordado es sobre qué tan horrible es nuestro país, qué tan mala era la esclavitud”, escribió el mandatario en sus redes sociales en agosto. Un comentarista preguntó: “¿cuál fue la parte buena de la esclavitud?”

“Restaurar la verdad”

Las acciones más recientes de la Casa Blanca dan seguimiento a una orden ejecutiva emitida en marzo con la intención proclamada de “Restaurar verdad y sanidad a la historia estadunidense”.

Trump explicó en esa orden que “es la política de mi gobierno recordar a los estadunidenses nuestro legado extraordinario, el progreso consistente en volvernos una unión más perfecta y el historial sin igual de promover la libertad, la prosperidad y el florecer humano”.

En sus instrucciones para implementar esa orden, la Casa Blanca declaró que el propósito de esta evaluación es “asegurar el alineamiento con la directriz del presidente de celebrar el excepcionalismo estadunidense”, entre otras cosas.

Los primeros pasos en este esfuerzo incluyeron el despido del bibliotecario del Congreso y el archivista nacional, el remplazo de toda la junta directiva del Centro Kennedy y decretos que instruyen al Servicio de Parques y otros monumentos nacionales a evaluar su literatura y programas con el fin de excluir contenido “negativo” sobre Estados Unidos y retirar todo lo crítico para el 17 de septiembre.

El presidente también logró recortar el financiamiento tanto de la televisión como la radio públicas, así como del Fondo Nacional de las Artes y el de Humanidades. Además, nombró un equipo para “evaluar” las artes, incluyendo la música y otras expresiones culturales asociadas con instituciones federales.

Esta “revolución cultural” ha sido acompañada por esfuerzos de censura ya impulsados anteriormente alrededor de Estados Unidos. Se registraron más de 10 mil intentos separados para prohibir libros en este país en 2024, según el PEN American Center.

Todas estas medidas han sido condenadas por bibliotecarios, historiadores, artistas y otros trabajadores culturales.

“Contar la historia de Estados Unidos tiene que abarcar la historia plena y compleja de su pasado y presente, incluyendo una evaluación honesta de males e injusticias, y un reconocimiento del proyecto sin la finalidad de crear una unión más perfecta”, declaró Hadas Harris, del organismo mundial de escritores.

“El esfuerzo de este gobierno de rescribir la historia es una traición a nuestras tradiciones democráticas y un esfuerzo muy preocupante de sacar la verdad de las instituciones que cuentan nuestra historia nacional, que abarca desde el Smithsoniano hasta nuestros parques nacionales.”


lunes, 13 de noviembre de 2023

Los Estados Unidos cada vez más trogloditas


El pasado 9 de noviembre, Daniel Gigena publicó el siguiente artículo en el diario La Nación, de Buenos Aires, donde se habla de la progresiva censura que están padeciendo los libros en los Estados Unidos. De acuerdo con la bajada, "Continúa creciendo la prohibición de libros en los Estados Unidos, donde este año el tema se convirtió en una preocupación; la lista suma ahora 350 títulos de una gran cantidad de autores populares y reconocidos"

Censuran a Stephen King, Joyce Carol Oates, John Grisham y hasta a Nora Roberts en el estado de Florida

La censura de libros en Estados Unidos avanza a paso vivo. Esta semana, en las bibliotecas de escuelas públicas del Condado de Collier, en el sudoeste de Florida, se prohibieron más de 350 libros. El largo listado incluye una variedad de clásicos literarios, libros adaptados a películas o series y nada menos que dieciséis títulos de Stephen King, como Carrie, It, La Torre Oscura, El pistolero, El fugitivo y Las cuatro después de la medianoche. Según informes, el 40% de los libros prohibidos en las escuelas de Estados Unidos tuvo lugar en Florida, donde gobierna el republicano Ron DeSantis.

“¿16 de mis libros? Debo estar haciendo algo bien”, ironizó King en su cuenta en X al conocerse la noticia. La lista, que sorprendió incluso a algunas autoridades de la junta escolar del condado, incluye Juego de tronos, de George R. R. Martin; La rebelión de Atlas, de la pensadora “libertaria” Ayn Rand; El cuento de la criada, de Margaret Atwood (infaltable en los catálogos de libros censurados en Estados Unidos); Desde mi cielo, de Alice Sebold, y El color púrpura, de Alice Walker.

La prohibición es posible debido a la reglamentación de la ley 1069 de Florida, que entró en vigencia en julio y amplió la supervisión de las juntas escolares del distrito para impugnar libros. La ley establece que el contenido de un libro que “representa o describe una conducta sexual” es un motivo válido de impugnación y prohibición de instrucción sobre orientación sexual o identidad de género hasta el octavo grado (niños de trece y catorce años). Sorprende que aún no se haya prohibido la Biblia en las escuelas de Florida.

Cien de los más de 350 libros pasarán a ser restringidos a niveles superiores al octavo grado o necesitarán permiso de los padres para leer. Los libros para jóvenes que abordan las temáticas de racismo, feminismo e identidades LGBTIQ+ fueron los que sufrieron mayor impacto en este “macartismo” en versión literaria.

La ley 1069 exige que los libros impugnados se retiren de los estantes “inmediatamente” después de su revisión, o sea que se prohíben a la vez que son impugnados. Según PEN America, este requisito viola las mejores prácticas procesales de la Coalición Nacional Contra la Censura (NCAC) y la Asociación Estadounidense de Bibliotecas (ALA), que establecen que un libro debe permanecer en circulación mientras se somete a un proceso de reconsideración.

Entre los autores con libros prohibidos en el condado de Collier se encuentran Judy Blume, Orson Scott Card, Stephen Chbosky (Las ventajas de ser invisible), Mary Higgins Clark, Pat Conroy, Janet Evanovich, Neil Gaiman, John Green, John Grisham, Ellen Hopkins, Jack Kerouac (En el camino), Khaled Hosseini, Barbara Kingsolver, Edwidge Danticat, Dean Koontz, David Levithan, Patricia McCormick, James Patterson, Ashley Hope Pérez, Jodi Picoult, Anna Quindlen, Nora Roberts, Tom Robbins, Anne Rice y John Updike (la tetralogía de Conejo completa).

Con dieciséis libros prohibidos, King encabeza la lista. Lo sigue Ellen Hopkins, con catorce. De Toni Morrison se prohibieron cuatro libros, entre ellos, Beloved y Ojos azules, y de Ernest Hemingway, tres: Por quién doblan las campanas, En nuestro tiempo y Fiesta. De Norman Mailer, el clásico La canción del verdugo.

Muchos libros que inspiraron exitosas series y películas también fueron retirados de las bibliotecas escolares de Collier, como Dune, de Frank Herbert; Forrest Gump, de Winston Groom; Outlander, de Diana Gabaldón; Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey; 2001: Una odisea en el espacio, de Arthur C. Clarke; Polvo de estrellas, de Neil Gaiman; Expiación, de Ian McEwan; Los hombres que no amaban a la mujeres y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson; Shopgirl, de Steve Martin, y La chica del tren, de Paula Hawkins.

La decisión del condado de Collier no es aislada: la prohibición de libros en escuelas en Estados Unidos se triplicó en el último año en ese país, donde se llegó a censurar una novela gráfica basada en el diario de Ana Frank. Según remarcó PEN América en uno de sus últimos informes, la privación del acceso a obras literarias fundamentales atenta contra las libertades constitucionales básicas. La asociación alertó que se trata de la peor ola de censura en décadas, con más de 5800 libros prohibidos desde 2021.

“Nos entristece por los estudiantes de las escuelas públicas de Collier que tantos títulos, incluidos clásicos literarios de renombre y obras contemporáneas para adultos jóvenes, tengan prohibido el acceso de los estudiantes”, expresó Kasey Meehan, directora del programa Freedom to Read de PEN America, al conocerse la decisión. Para Jonathan Friedman, director de Programas Educativos y de Libre Expresión de PEN América, lo que está en juego en la inédita campaña de prohibición de libros es “si podemos vivir en una sociedad diversa que defienda nuestras tradiciones de libertad y democracia”.

“Durante los últimos dos años, he hablado con profesores, bibliotecarios, padres y estudiantes de todo el país. Las historias que he oído son espantosas. Algunos han experimentado amenazas directas -declaró Friedman ante la audiencia del Subcomité de Educación Infantil, Primaria y Secundaria de la Cámara de Representantes, el 19 de octubre-. A otros se les ha dicho que si enseñan determinadas materias, piden determinados libros o no prohíben determinados libros, pondrá en peligro su carrera o, peor aún, los llevará a ser acusados de un delito”.


miércoles, 26 de julio de 2023

Una iniciativa por el derecho a leer



El pasado 25 de julio, Santiago Díaz Benavides publicó en el suplemento Leamos, del diario InfoBAE, un artículo a propósito del club de lectura que intenta detener la censura de libros en los Estados Unidos. Según la bajada, "Impulsado por dos jóvenes de Texas, el movimiento en defensa de elegir qué libros leer va ampliando sus fronteras en el interior del país".

Un club de lectura lucha contra la censura literaria en Estados Unidos

A raíz de la decisión de algunas escuelas de restringir el acceso a ciertos libros, Ella Scott y Alyssa Hoy, dos adolescentes de Leander, Texas, han liderado un movimiento en defensa del derecho a elegir qué leer y cuándo. Frente a las prohibiciones de libros en instituciones académicas de su ciudad, fundaron el “Club de Lectura Prohibida”. A partir de allí, otros clubes de características similares han aparecido en el resto de los Estados Unidos.

Según datos de la Asociación de Bibliotecas de EE. UU., en el año escolar 2021-2022, se emitieron más de 2,500 prohibiciones de libros en 32 estados. Texas lideró la lista con 801 prohibiciones, seguido de Florida y Pensilvania.

Las solicitudes de prohibición suelen involucrar obras que abordan temas de identidad racial y sexual, con más del 80% de los libros censurados incluyendo personajes LGBTQ+ o no blancos.

Uno de los libros afectados fue All Boys Aren’t Blue (No todos los chicos son azules) de George M. Johnson, una memoria sobre la experiencia de crecer como persona de color y queer. Johnson, en una entrevista con la radio pública estadounidense NPR, señaló: “Cada vez que escribes un libro en el que hablas sobre tu verdad, habrá personas que querrán silenciarla”.

El problema de la censura se extiende incluso a obras clásicas como Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, ganadora del Premio Pulitzer y publicada en 1960, que fue prohibida por los distritos escolares de Oklahoma y Carolina del Norte en 2021, a pesar de su relevancia en el análisis de la injusticia racial en EE. UU.

Este fenómeno ha llevado a miles de estudiantes a levantar su voz y defender la libertad de elección. “Definitivamente, es desconcertante pensar que esto está sucediendo en un lugar como EE. UU., donde tenemos esta cultura de libertad”, comentó en su momento Ella Scott, de 17 años. “Vienen personas de diferentes grados y orígenes. Es genial escuchar las diversas conversaciones que surgen cuando hablamos de un tema que nos afecta a todos”, agregó Alyssa Hoy, también de 17 años, en conversación con la BBC.

En el estado de Missouri, dos estudiantes llevaron al distrito escolar de Wentzville a los tribunales por la eliminación de ocho libros considerados “obscenos”.

En Florida, el activista y poeta Adam Tritt creó la Fundación 451, que compra libros prohibidos y los distribuye en lugares públicos. “Hemos distribuido casi 3.000 de esos libros a niños y jóvenes, y mi sueño es recaudar más fondos para hacer lo mismo en todo el país”, señaló Tritt.

La directora ejecutiva de PEN America, Suzanne Nossel, ha destacado la importancia de la participación de los jóvenes en este debate. “Están luchando. Puede que todavía sean demasiado jóvenes para votar y cambiar la ley, pero ya están luchando”.

Enfrentando la censura, Ella Scott y Alyssa Hoy afirman: “Está bien sentirse incómodo y no leer un libro. Pero quitárselo a todos los demás no es justo”.

La lucha contra la censura literaria en Estados Unidos es un testimonio de la determinación de los jóvenes para defender su derecho a leer y formar su propia opinión, incluso en tiempos de creciente polarización política. Esta generación está demostrando que el acceso a la diversidad de ideas es esencial para una sociedad verdaderamente libre.

Poco a poco, el fenómeno se va extendiendo a todo el país y cada vez más son los libros que han conseguido salir del listado de prohibidos para regresar libremente a las manos de los lectores. Quién diría que en 2023 estaríamos viviendo la ficción de Ray Bradbury. Ojalá no llegue el tiempo en que no solo esté prohibida la lectura, sino que también se le incinere como si se tratara de un virus que se expande, contagia y extermina.

miércoles, 19 de julio de 2023

Defensa de los bibliotecarios estadounidenses

Pese a que Barack Obama, el ex presidente de los Estados Unidos, multiplicó las acciones militares de su país en el exterior y llevó adelante una agresiva política contra los inmigrantes ilegales, por ser el primer presidente afroamericano, ser demócrata y tener como sucesor a Donald Trump, le quedó la reputación de progresista. Tal vez desde esa perspectiva deben ser leídas sus declaraciones sobre las prohibiciones de libros en su país. En la bajada del artículo, publicado por InfoBAE el pasado 17 de julio, se lee: "El ex presidente señaló que leer sobre personas cuyas vidas eran muy distintas a la suya le enseñó a colocarse en el lugar de otra persona. Su carta fue dirigida a la American Library Association".

Barack Obama criticó la prohibición de libros: “Es profundamente erróneo y contrario a lo que ha hecho grande a este país”

El ex presidente de los Estados Unidos Barack Obama dio un fuerte respaldo a los bibliotecarios y criticó la cultura de la cancelación por la cual algunos libros históricos o contemporáneos son prohibidos para no ofender a diferentes colectivos de la sociedad. En una carta dirigida a la American Library Association (ALA), Obama remarcó que leer sobre personas cuyas vidas eran muy distintas a la suya le enseñó a ponerse en el lugar de otra persona y que cree que esa postura de prohibición de obras memorables es “profundamente errónea” y contrario a lo que hizo grande a aquel país.

Los bibliotecarios están siendo acosados en algunos estados en los que la legislación local prohíbe algunos textos que considera puede ser perjudicial y sensibles para algunos sectores de la sociedad. En algunos casos, incluso, estos trabajadores pueden enfrentar causas penales.

“En cualquier democracia, el libre intercambio de ideas es una parte importante para garantizar que los ciudadanos estén informados, se comprometan y sientan que sus puntos de vista importan”, dijo el ex presidente norteamericano en una carta que compartió en sus redes sociales este lunes. “Es tan importante que, aquí en Estados Unidos, la Primera Enmienda de nuestra Constitución establece que la libertad comienza con nuestra capacidad de compartir y acceder a las ideas, incluso, y quizá especialmente, a aquellas con las que no estamos de acuerdo”.

Obama, un lector voraz que suele compartir sus preferencias literarias a sus seguidores, continuó su defensa de la libre expresión y de la inalterabilidad de las obras que moldearon su pensamiento y el de varias generaciones: “Los libros siempre han influido en mi forma de ver el mundo. Escritores como Mark Twain y Toni Morrison, Walt Whitman y James Baldwin me enseñaron algo esencial sobre el carácter de nuestro país. Leer sobre personas cuyas vidas eran muy distintas de la mía me enseñó a ponerme en el lugar de otra persona. Y el simple acto de escribir me ayudó a desarrollar mi propia identidad, algo que resultó vital como ciudadano, como organizador comunitario y como presidente”.

“Hoy en día, algunos de los libros que dieron forma a mi vida -y a la de tantos otros- están siendo cuestionados por personas que no están de acuerdo con determinadas ideas o perspectivas. No es casualidad que estos ‘libros prohibidos’ estén a menudo escritos o protagonizados por personas de color, indígenas y miembros de la comunidad LGBTQ+, aunque también ha habido casos desafortunados en los que libros de autores conservadores o libros que contienen palabras o escenas ‘desencadenantes’ han sido objeto de retirada. En cualquier caso, el objetivo parece ser silenciar, en lugar de comprometerse, rebatir, aprender o tratar de comprender opiniones que no coinciden con las nuestras”, dijo Obama.

El referente del Partido Demócrata continuó: “Creo que este enfoque es profundamente erróneo y contrario a lo que ha hecho grande a este país. Como ya he dicho antes, no sólo es importante que los jóvenes de todas las clases sociales se vean representados en las páginas de los libros, sino que también es importante que todos nos comprometamos con ideas y puntos de vista diferentes”.

“También es importante comprender que el mundo nos observa. Si Estados Unidos -una nación construida sobre la libertad de expresión- permite que se silencien ciertas voces e ideas, ¿por qué deberían otros países hacer lo posible por protegerlas? Irónicamente, son los textos cristianos y otros textos religiosos -los textos sagrados que algunos de los que piden la prohibición de libros en este país afirman querer defender- los que a menudo han sido el primer objetivo de los esfuerzos de censura y prohibición en los países autoritarios”, subrayó.

En ese sentido, defendió la labor de los bibliotecarios a quienes colocó en “la primera línea” de esa confrontación diaria y cotidiana. “Nadie lo entiende mejor que ustedes, los bibliotecarios de nuestro país. En un sentido muy real, estáis en primera línea, luchando cada día para dar a conocer la mayor variedad posible de puntos de vista, opiniones e ideas, y decidir por nosotros mismos con cuáles estamos de acuerdo”.

“Por eso quiero tomarme un momento para daros las gracias a todos por el trabajo que hacéis cada día, un trabajo que nos ayuda a entendernos unos a otros y a abrazar nuestra humanidad común. Y no se trata sólo de libros. También proporcionáis espacios donde la gente puede reunirse, compartir ideas, participar en programas comunitarios y acceder a recursos cívicos y educativos esenciales. Juntos, ayudáis a las personas a convertirse en ciudadanos informados y activos, capaces de hacer de este país lo que quieren que sea”, continuó Obama.

El ex presidente entre 2009 y 2017 enfatizó que ese trabajo es hecho “en un clima político difícil en el que, con demasiada frecuencia, sos atacados por personas que no pueden o no quieren entender el papel vital -únicamente estadounidense- que desempeñáis en la vida de nuestra nación. Así que, tanto si acabas de empezar a trabajar en una biblioteca pública o escolar, como si llevas toda tu carrera, Michelle y yo queremos darte las gracias por tu inquebrantable compromiso con la libertad de leer. Todos tenemos una deuda de gratitud con vosotros por asegurar que los lectores de todo el país tengan acceso a una amplia gama de libros y a todas las ideas que contienen”.

“Por último, a todos los ciudadanos que lean esto, espero que se unan a mí para recordar a todo el que escuche -e incluso a algunas personas que ustedes creen que no- que el intercambio libre y sólido de ideas siempre ha estado en el corazón de la democracia estadounidense. Juntos, podemos hacer que eso sea cierto para las generaciones venideras”, concluyó.

Más de 2.500 títulos fueron impugnados en 2022, una cifra récord, según los datos recogidos por la ALA, que también registró que el número de impugnaciones de libros casi se duplicó con respecto al año anterior. Un reciente análisis del diario The Washington Post descubrió que solo en los últimos dos años, al menos 19 estados han aprobado o considerado proyectos de ley que castigarían a los bibliotecarios con penas de prisión o cárcel por proporcionar a los menores libros “dañinos”, obscenos o sexualmente explícitos.

Texas lidera la nación en intentos de prohibiciones de libros en las bibliotecas escolares, según una encuesta de PEN América del año escolar 2021-2022, y se encuentra entre los estados donde los legisladores han presentado proyectos de ley que facilitarían el enjuiciamiento de los bibliotecarios. El diario The Houston Chronicle informó que desde 2021 la policía había sido llamada a las bibliotecas escolares y públicas de Texas al menos cinco veces para examinar libros en busca de contenido ilegal.