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jueves, 30 de octubre de 2025

Sigue el conflicto entre las feministas y el director del FCE

El pasado 29 de octubre, Daniel Gigena publicó en el diario La Nación, de  Buenos Aires, una breve crónica del progreso del conflicto entre las feministas mexicanas y Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica.

Escala el conflicto con el director general del Fondo de Cultura Económica: escritoras, artistas y activistas pidieron su renuncia

El director general de la editorial Fondo de Cultura Económica (FCE), el escritor y editor mexicano Paco Ignacio Taibo II, anunció la semana pasada junto con la presidenta de ese país, Claudia Sheinbaum Pardo, un plan de entrega gratuita de dos millones y medio de libros a jóvenes en catorce países de América Latina (entre ellos la Argentina). La colección incluye obras destacadas del siglo XX de veintisiete escritores latinoamericanos y comenzará a mediados de diciembre.

Solo siete de los libros del proyecto “25 para el 25” son de escritoras. Caracterizada como la mayor distribución gratuita de libros del mundo, está financiada por el Estado mexicano y colaboraciones internacionales (como la cesión de derechos de autor). Al ser cuestionado por una periodista en la rueda de prensa acerca de la disparidad de género, Taibo II sostuvo: “Si partimos de la cuota, un poemario escrito por una mujer, horriblemente asqueroso de malo, por el hecho de haber sido escrito por una mujer, no merece que se lo mandemos a una sala comunitaria en mitad de Guanajuato, ¿por qué hay que castigarlos con ese libro de poesía?”, formuló en un curioso razonamiento.

Luego, explicó que los autores seleccionados para la colección habían integrado el “boom de la literatura latinoamericana” (en los años 60 y 70), fenómeno literario-editorial en el que descollaron pocas mujeres. Incómoda, la presidenta de México, que había festejado el exabrupto del director de FCE con una sonrisa, afirmó que también se publicará una colección dedicada exclusivamente a escritoras.

Pero el anuncio presidencial no apaciguó los ánimos. Además de protestar en redes sociales contra los dichos de Taibo II –con los nombres y retratos de autoras mexicanas ausentes del proyecto continental de FCE, como Elena Garro, Margo Glantz, Elena Poniatowska, Guadalupe Nettel y Rosario Castellanos, entre otras-, escritoras y activistas feministas convocaron a un “mitin poético” que se realizó ayer en las puertas de la sede de FCE, en Ciudad de México, en el que condenaron las palabras del director de la institución y exigieron su renuncia. “Su supuesta pasión por los libros no es más que una careta para la arrogancia de un hombre que se cree dueño de la cultura. No es un activista, es un dinosaurio con micrófono”, leyó una de las manifestantes.

El domingo, más de cien artistas, escritoras, académicas y cineastas como Julieta Venegas, Aura García-Junco, Brenda Lozano, Luna Marán, Gabriela Jáuregui y Anaclara Muro Chávez, habían dado a conocer una carta pública en contra de Taibo II, que dirige FCE desde 2019. Titulada “No llegamos todas en la cultura”, se afirma que “durante décadas, se ha borrado y desdeñado la literatura hecha por mujeres y disidencias para enfocarse en autores”, tanto en programas de estudio de instituciones escolares como en planes estatales de promoción de la lectura. Tras calificar de “anquilosada” la perspectiva cultural de Paco Taibo II, las firmantes agregan que se debe “seguir insistiendo en la paridad”. Por último, solicitan a Sheinbaum un resarcimiento por la “violencia” cometida contra escritoras “hoy borradas de la tradición” y corregir los sesgos de exclusión de la colección “25 para el 25” mediante “un consejo que involucre a lectoras, académicas, editoras y escritoras: que no sea Paco Ignacio Taibo II quien lo decida”.

No obstante, la presidenta de México dijo ayer que no desplazará a Taibo II del cargo, mientras que este, en un video de Instagram, aseguró que, en siete años de gestión, “FCE ha tenido una posición de combatir bajo todas las formas la discriminación de lo femenino”. Sostuvo además que “el machismo es una enfermedad social que hay que combatir, y hay que establecer las reglas de oro del igualitarismo: a trabajo igual, a oportunidades iguales, privilegiar en condiciones de igualdad a mujeres para resolver un problema ancestral que venimos cargando”.

Hay una presión social de abajo hacia arriba que quiere leer más literatura de mujeres, ahí está, y hay que darle salida, respuesta, no en detrimento de la calidad”, agregó, sin pedir disculpas por sus dichos e insinuar que había sido objeto de críticas.

La presidenta de la Comisión para la Igualdad de Género del Senado mexicano, Malú Micher, opinó que el director de FCE debe disculparse públicamente por sus comentarios “ofensivos” sobre las escritoras. Si bien Micher no pide la renuncia de Taibo II, lo instó al director a “reconocer” que se había equivocado, además de destinar más recursos a las obras literarias de mujeres.


El reparto de libros de “25 para el 25” –que incluye títulos de los colombianos Gabriel García Márquez y Piedad Bonnett, los uruguayos Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano y Mario Benedetti, el nicaragüense Sergio Ramírez, los chilenos Raúl Zurita y Nona Fernández, los argentinos Osvaldo Bayer, Eduardo Rosenzvaig y Juan Gelman, la peruana Blanca Varela y las mexicanas Amparo Dávila y Guadalupe Dueñas, entre otros– comenzará el 17 de diciembre en forma simultánea en doscientas ciudades y localidades de América Latina y terminará en febrero de 2026.


miércoles, 29 de octubre de 2025

Según Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica, hay que darles más espacio a las mujeres, pero sin detrimento de la calidad

El 28 de octubre pasado, en la sección de cultura del diario mexicano La Jornada, Eirinet Gómez publicó un artículo a propósito de las críticas feministas contra Paco Ignacio Taibo II (foto), director del Fondo de Cultura Económica. Los detalles, en el texto que sigue.

La postura del FCE es combatir toda forma de discriminación de lo femenino: Taibo II

“En siete años, el Fondo de Cultura Económica (FCE) ha tenido una posición de combatir bajo todas las formas la discriminación de lo femenino”, dijo ”Paco Ignacio Taibo II, director general del Fondo de Cultura Económica (FCE).

A través de un video en Instagram del FCE, Taibo apuntó que “el machismo es una enfermedad social que hay que combatir, y hay que establecer las reglas de oro del igualitarismo: a trabajo igual, a oportunidades iguales, privilegiar en condiciones de igualdad a mujeres para resolver un problema ancestral que venimos cargando”.

Taibo mencionó que en el relanzamiento de la colección de poesía, traía más poetas mujeres que poetas hombres, y eso no hay que atribuirlo a la condición femenina, sino a la calidad que estas tenían”.

Agregó que en lo que va de su administración, en los clubs y salas de lectura, más del 70 por ciento son mujeres, que la estructura de libreros es una estructura femenina, y que la jefa y subjefa de librerías en México son mujeres.

“Hay una presión social de abajo hacia arriba que quiere leer más literatura de mujeres, ahí está, y hay que darle salida, respuesta, no en detrimento de la calidad”, dijo y reiteró que en siete años, el FCE ha tratado de mejorar en este rubro, “a lo mejor hay una esquina que se nos escapa, y estamos dispuesta a oír críticas para mejorarla”.

Taibo mencionó que si después de esta relatoría que hace, “alguien no quiere entender, es que trae boleto, y que trae lo mismo que hemos estado resistiendo estos siete años, una crítica desproporcionada, absurda, muchas veces no basada en lo que estamos haciendo. Paz y amor”.

Feministas han anunciado una protesta para este martes en la sede del FCE, luego de que al presentar la colección 25 para el 25 del FCE, durante la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum, Taibo fue cuestionado por una periodista sobre por qué de los 27 títulos incluidos, sólo siete pertenecen a mujeres.

En su respuesta, el director del FCE ironizó con la cuota de género. “Si partimos de la cuota, dices: ‘Bueno, si sé de un poemario, escrito por una mujer, horriblemente asqueroso de malo, por el hecho de ser escrito por una mujer no merece que lo mandemos a una sala comunitaria en mitad de Guanajuato, mano’. ¿Por qué hay que castigarlos con ese libro de poesía?”.

martes, 16 de septiembre de 2025

Otra forma de cancelación cultural

Una de las obras de Feggo
La presente nota, publicada el pasado 12 de septiembre, en las páginas culturales del diario mexicano La Jornada, con firmas de Jim Cason y David Brooks, corresponsales del medio en Washington y Nueva York, da cuenta de la "limpieza" que está llevando a cabo el gobierno de Donald Trump, para que la historia de los Estados Unidos sea exclusivamente blanca y anglosajona. 

Avanza la purga cultural de Trump; busca borrar a las minorías de la historia de EU

Washington y Nueva York., El presidente estadunidense, Donald Trump, ha lanzado una revolución cultural que busca rescribir la historia oficial de su país, borrando narrativas sobre las vidas y luchas de pueblos indígenas, afroestadunidenses, latinos, inmigrantes y gays al censurar literatura y exhibiciones museográficas, así como promover a artistas conservadores “patrióticos”, cuyas cualidades principales parecen ser una lealtad absoluta al mandatario.

Exhibiciones que celebran la experiencia inmigrante y la vida de la comunidad latina ya se han removido de recintos nacionales; obras de teatro y música encabezada por artistas de la comunidad LGBT han sido canceladas en sitios públicos como el Centro Kennedy, en Washington, mientras la Casa Blanca sigue elaborando directrices para más cambios de este tipo. Directores de museos nacionales ya renunciaron o fueron despedidos.

A finales de agosto, el actual director de los museos del Instituto Smithsoniano (complejo de 19 recintos y centros de investigación públicos más importante del país) se reunió con Trump después de que la Casa Blanca emitió una larga lista de obras de arte que ordenaba retirar de exhibiciones públicas. Todo esto “se siente un poco como censura”, comentó en entrevista con el Washington Post Spencer Crow, ex director del Museo Nacional de Historia Estadunidense.

La purga de arte y cultura ya está avanzada. En una visita al Museo Nacional de Historia Estadunidense, La Jornada confirmó que toda la galería nombrada Historia Latina, auspiciada por la familia Molina, la cual el museo describió como “la primera galería dedicada a la experiencia y contribuciones latinas a Estados Unidos”, cerró tres meses antes de lo programado. “Está clausurada por renovaciones”, comentó un empleado del recinto a La Jornada sin más explicación. Varias de las obras de esta exhibición estaban incluidas en una lista publicada por la Casa Blanca de piezas que no eran “consistentes” con la visión del presidente Trump sobre la cultura nacional.

“¿Así se sentían los artistas de la Alemania de Hitler?”

Entre las obras en esa galería se encontraba El 4 de julio desde el sur de la frontera, dibujo del artista y caricaturista mexicano Felipe Galindo Feggo. Según la lista de la Casa Blanca, esta obra se vincula con un artículo publicado en el sitio de la ultraconservadora Federalist Society, quejándose de que “se muestra a migrantes observando los fuegos artificiales del Día de la Independencia a través de una apertura en el muro fronterizo entre Estados Unidos y Mexico”. Esta obra, junto con otra que afirma que “Estados Unidos se robó un tercio del territorio de México en 1848 con el Tratado de Guadalupe Hidalgo”, aparentemente ofendieron al presidente y a su equipo.

“¿Así se sentían los artistas de la Alemania de Hitler cuando sus obras eran etiquetadas como ‘arte degenerado’?’, preguntó Feggo en un comentario enviado a La Jornada.

“El arte es poderoso. Los artistas no deben ser acosados, censurados ni silenciados. La libertad de expresión es un pilar fundamental de la democracia, y cualquier intento de suprimirla debe ser resistido con firmeza”, concluyó.

En el centro de otra galería se exhibe una estatua de unos tres metros de altura parecida a la de la Libertad, pero en esta versión la figura tiene piel morena, un jitomate en una mano y porta una canasta de la misma verdura en la otra. Su pedestal dice: “Yo también soy estadunidense”.

La figura de papel maché, creada por la artista Kat Rodriguez, se hizo famosa porque fue cargada por jornaleros agrarios durante una marcha de 377 kilómetros por la justicia en Florida organizada por trabajadores mexicanos, haitianos y guatemaltecos de la Coalición de Trabajadores de Immokalee en demanda de mejores condiciones de trabajo y protección de los derechos laborales. La obra fue donada al Smithsoniano.

Pero la Casa Blanca decidió que esta información e imágenes no son parte de la historia oficial.

Un representante del museo rehusó confirmar a La Jornada si la estatua y otras obras serán retiradas. Pero un recorrido por una exhibición llamada De muchas voces, cuentos, vidas, nos volvemos Estados Unidos, deja dudas sobre si será tolerada mucho más por este gobierno.

A unos pasos de la estatua, hay otras exhibiciones en torno a cómo la frontera compartida con México, el éxito de los inmigrantes profesionistas, la lucha por la justicia de los afroestadunidenses y la de los derechos de la cominidad LGBT forman parte del mosaico llamado “Estados Unidos”.

Para Donald Trump y sus aliados, esta historia requiere ser blanqueada. “El Smithsonian está fuera de control; todo lo abordado es sobre qué tan horrible es nuestro país, qué tan mala era la esclavitud”, escribió el mandatario en sus redes sociales en agosto. Un comentarista preguntó: “¿cuál fue la parte buena de la esclavitud?”

“Restaurar la verdad”

Las acciones más recientes de la Casa Blanca dan seguimiento a una orden ejecutiva emitida en marzo con la intención proclamada de “Restaurar verdad y sanidad a la historia estadunidense”.

Trump explicó en esa orden que “es la política de mi gobierno recordar a los estadunidenses nuestro legado extraordinario, el progreso consistente en volvernos una unión más perfecta y el historial sin igual de promover la libertad, la prosperidad y el florecer humano”.

En sus instrucciones para implementar esa orden, la Casa Blanca declaró que el propósito de esta evaluación es “asegurar el alineamiento con la directriz del presidente de celebrar el excepcionalismo estadunidense”, entre otras cosas.

Los primeros pasos en este esfuerzo incluyeron el despido del bibliotecario del Congreso y el archivista nacional, el remplazo de toda la junta directiva del Centro Kennedy y decretos que instruyen al Servicio de Parques y otros monumentos nacionales a evaluar su literatura y programas con el fin de excluir contenido “negativo” sobre Estados Unidos y retirar todo lo crítico para el 17 de septiembre.

El presidente también logró recortar el financiamiento tanto de la televisión como la radio públicas, así como del Fondo Nacional de las Artes y el de Humanidades. Además, nombró un equipo para “evaluar” las artes, incluyendo la música y otras expresiones culturales asociadas con instituciones federales.

Esta “revolución cultural” ha sido acompañada por esfuerzos de censura ya impulsados anteriormente alrededor de Estados Unidos. Se registraron más de 10 mil intentos separados para prohibir libros en este país en 2024, según el PEN American Center.

Todas estas medidas han sido condenadas por bibliotecarios, historiadores, artistas y otros trabajadores culturales.

“Contar la historia de Estados Unidos tiene que abarcar la historia plena y compleja de su pasado y presente, incluyendo una evaluación honesta de males e injusticias, y un reconocimiento del proyecto sin la finalidad de crear una unión más perfecta”, declaró Hadas Harris, del organismo mundial de escritores.

“El esfuerzo de este gobierno de rescribir la historia es una traición a nuestras tradiciones democráticas y un esfuerzo muy preocupante de sacar la verdad de las instituciones que cuentan nuestra historia nacional, que abarca desde el Smithsoniano hasta nuestros parques nacionales.”


lunes, 13 de noviembre de 2023

Los Estados Unidos cada vez más trogloditas


El pasado 9 de noviembre, Daniel Gigena publicó el siguiente artículo en el diario La Nación, de Buenos Aires, donde se habla de la progresiva censura que están padeciendo los libros en los Estados Unidos. De acuerdo con la bajada, "Continúa creciendo la prohibición de libros en los Estados Unidos, donde este año el tema se convirtió en una preocupación; la lista suma ahora 350 títulos de una gran cantidad de autores populares y reconocidos"

Censuran a Stephen King, Joyce Carol Oates, John Grisham y hasta a Nora Roberts en el estado de Florida

La censura de libros en Estados Unidos avanza a paso vivo. Esta semana, en las bibliotecas de escuelas públicas del Condado de Collier, en el sudoeste de Florida, se prohibieron más de 350 libros. El largo listado incluye una variedad de clásicos literarios, libros adaptados a películas o series y nada menos que dieciséis títulos de Stephen King, como Carrie, It, La Torre Oscura, El pistolero, El fugitivo y Las cuatro después de la medianoche. Según informes, el 40% de los libros prohibidos en las escuelas de Estados Unidos tuvo lugar en Florida, donde gobierna el republicano Ron DeSantis.

“¿16 de mis libros? Debo estar haciendo algo bien”, ironizó King en su cuenta en X al conocerse la noticia. La lista, que sorprendió incluso a algunas autoridades de la junta escolar del condado, incluye Juego de tronos, de George R. R. Martin; La rebelión de Atlas, de la pensadora “libertaria” Ayn Rand; El cuento de la criada, de Margaret Atwood (infaltable en los catálogos de libros censurados en Estados Unidos); Desde mi cielo, de Alice Sebold, y El color púrpura, de Alice Walker.

La prohibición es posible debido a la reglamentación de la ley 1069 de Florida, que entró en vigencia en julio y amplió la supervisión de las juntas escolares del distrito para impugnar libros. La ley establece que el contenido de un libro que “representa o describe una conducta sexual” es un motivo válido de impugnación y prohibición de instrucción sobre orientación sexual o identidad de género hasta el octavo grado (niños de trece y catorce años). Sorprende que aún no se haya prohibido la Biblia en las escuelas de Florida.

Cien de los más de 350 libros pasarán a ser restringidos a niveles superiores al octavo grado o necesitarán permiso de los padres para leer. Los libros para jóvenes que abordan las temáticas de racismo, feminismo e identidades LGBTIQ+ fueron los que sufrieron mayor impacto en este “macartismo” en versión literaria.

La ley 1069 exige que los libros impugnados se retiren de los estantes “inmediatamente” después de su revisión, o sea que se prohíben a la vez que son impugnados. Según PEN America, este requisito viola las mejores prácticas procesales de la Coalición Nacional Contra la Censura (NCAC) y la Asociación Estadounidense de Bibliotecas (ALA), que establecen que un libro debe permanecer en circulación mientras se somete a un proceso de reconsideración.

Entre los autores con libros prohibidos en el condado de Collier se encuentran Judy Blume, Orson Scott Card, Stephen Chbosky (Las ventajas de ser invisible), Mary Higgins Clark, Pat Conroy, Janet Evanovich, Neil Gaiman, John Green, John Grisham, Ellen Hopkins, Jack Kerouac (En el camino), Khaled Hosseini, Barbara Kingsolver, Edwidge Danticat, Dean Koontz, David Levithan, Patricia McCormick, James Patterson, Ashley Hope Pérez, Jodi Picoult, Anna Quindlen, Nora Roberts, Tom Robbins, Anne Rice y John Updike (la tetralogía de Conejo completa).

Con dieciséis libros prohibidos, King encabeza la lista. Lo sigue Ellen Hopkins, con catorce. De Toni Morrison se prohibieron cuatro libros, entre ellos, Beloved y Ojos azules, y de Ernest Hemingway, tres: Por quién doblan las campanas, En nuestro tiempo y Fiesta. De Norman Mailer, el clásico La canción del verdugo.

Muchos libros que inspiraron exitosas series y películas también fueron retirados de las bibliotecas escolares de Collier, como Dune, de Frank Herbert; Forrest Gump, de Winston Groom; Outlander, de Diana Gabaldón; Alguien voló sobre el nido del cuco, de Ken Kesey; 2001: Una odisea en el espacio, de Arthur C. Clarke; Polvo de estrellas, de Neil Gaiman; Expiación, de Ian McEwan; Los hombres que no amaban a la mujeres y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson; Shopgirl, de Steve Martin, y La chica del tren, de Paula Hawkins.

La decisión del condado de Collier no es aislada: la prohibición de libros en escuelas en Estados Unidos se triplicó en el último año en ese país, donde se llegó a censurar una novela gráfica basada en el diario de Ana Frank. Según remarcó PEN América en uno de sus últimos informes, la privación del acceso a obras literarias fundamentales atenta contra las libertades constitucionales básicas. La asociación alertó que se trata de la peor ola de censura en décadas, con más de 5800 libros prohibidos desde 2021.

“Nos entristece por los estudiantes de las escuelas públicas de Collier que tantos títulos, incluidos clásicos literarios de renombre y obras contemporáneas para adultos jóvenes, tengan prohibido el acceso de los estudiantes”, expresó Kasey Meehan, directora del programa Freedom to Read de PEN America, al conocerse la decisión. Para Jonathan Friedman, director de Programas Educativos y de Libre Expresión de PEN América, lo que está en juego en la inédita campaña de prohibición de libros es “si podemos vivir en una sociedad diversa que defienda nuestras tradiciones de libertad y democracia”.

“Durante los últimos dos años, he hablado con profesores, bibliotecarios, padres y estudiantes de todo el país. Las historias que he oído son espantosas. Algunos han experimentado amenazas directas -declaró Friedman ante la audiencia del Subcomité de Educación Infantil, Primaria y Secundaria de la Cámara de Representantes, el 19 de octubre-. A otros se les ha dicho que si enseñan determinadas materias, piden determinados libros o no prohíben determinados libros, pondrá en peligro su carrera o, peor aún, los llevará a ser acusados de un delito”.


miércoles, 26 de julio de 2023

Una iniciativa por el derecho a leer



El pasado 25 de julio, Santiago Díaz Benavides publicó en el suplemento Leamos, del diario InfoBAE, un artículo a propósito del club de lectura que intenta detener la censura de libros en los Estados Unidos. Según la bajada, "Impulsado por dos jóvenes de Texas, el movimiento en defensa de elegir qué libros leer va ampliando sus fronteras en el interior del país".

Un club de lectura lucha contra la censura literaria en Estados Unidos

A raíz de la decisión de algunas escuelas de restringir el acceso a ciertos libros, Ella Scott y Alyssa Hoy, dos adolescentes de Leander, Texas, han liderado un movimiento en defensa del derecho a elegir qué leer y cuándo. Frente a las prohibiciones de libros en instituciones académicas de su ciudad, fundaron el “Club de Lectura Prohibida”. A partir de allí, otros clubes de características similares han aparecido en el resto de los Estados Unidos.

Según datos de la Asociación de Bibliotecas de EE. UU., en el año escolar 2021-2022, se emitieron más de 2,500 prohibiciones de libros en 32 estados. Texas lideró la lista con 801 prohibiciones, seguido de Florida y Pensilvania.

Las solicitudes de prohibición suelen involucrar obras que abordan temas de identidad racial y sexual, con más del 80% de los libros censurados incluyendo personajes LGBTQ+ o no blancos.

Uno de los libros afectados fue All Boys Aren’t Blue (No todos los chicos son azules) de George M. Johnson, una memoria sobre la experiencia de crecer como persona de color y queer. Johnson, en una entrevista con la radio pública estadounidense NPR, señaló: “Cada vez que escribes un libro en el que hablas sobre tu verdad, habrá personas que querrán silenciarla”.

El problema de la censura se extiende incluso a obras clásicas como Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, ganadora del Premio Pulitzer y publicada en 1960, que fue prohibida por los distritos escolares de Oklahoma y Carolina del Norte en 2021, a pesar de su relevancia en el análisis de la injusticia racial en EE. UU.

Este fenómeno ha llevado a miles de estudiantes a levantar su voz y defender la libertad de elección. “Definitivamente, es desconcertante pensar que esto está sucediendo en un lugar como EE. UU., donde tenemos esta cultura de libertad”, comentó en su momento Ella Scott, de 17 años. “Vienen personas de diferentes grados y orígenes. Es genial escuchar las diversas conversaciones que surgen cuando hablamos de un tema que nos afecta a todos”, agregó Alyssa Hoy, también de 17 años, en conversación con la BBC.

En el estado de Missouri, dos estudiantes llevaron al distrito escolar de Wentzville a los tribunales por la eliminación de ocho libros considerados “obscenos”.

En Florida, el activista y poeta Adam Tritt creó la Fundación 451, que compra libros prohibidos y los distribuye en lugares públicos. “Hemos distribuido casi 3.000 de esos libros a niños y jóvenes, y mi sueño es recaudar más fondos para hacer lo mismo en todo el país”, señaló Tritt.

La directora ejecutiva de PEN America, Suzanne Nossel, ha destacado la importancia de la participación de los jóvenes en este debate. “Están luchando. Puede que todavía sean demasiado jóvenes para votar y cambiar la ley, pero ya están luchando”.

Enfrentando la censura, Ella Scott y Alyssa Hoy afirman: “Está bien sentirse incómodo y no leer un libro. Pero quitárselo a todos los demás no es justo”.

La lucha contra la censura literaria en Estados Unidos es un testimonio de la determinación de los jóvenes para defender su derecho a leer y formar su propia opinión, incluso en tiempos de creciente polarización política. Esta generación está demostrando que el acceso a la diversidad de ideas es esencial para una sociedad verdaderamente libre.

Poco a poco, el fenómeno se va extendiendo a todo el país y cada vez más son los libros que han conseguido salir del listado de prohibidos para regresar libremente a las manos de los lectores. Quién diría que en 2023 estaríamos viviendo la ficción de Ray Bradbury. Ojalá no llegue el tiempo en que no solo esté prohibida la lectura, sino que también se le incinere como si se tratara de un virus que se expande, contagia y extermina.

miércoles, 19 de julio de 2023

Defensa de los bibliotecarios estadounidenses

Pese a que Barack Obama, el ex presidente de los Estados Unidos, multiplicó las acciones militares de su país en el exterior y llevó adelante una agresiva política contra los inmigrantes ilegales, por ser el primer presidente afroamericano, ser demócrata y tener como sucesor a Donald Trump, le quedó la reputación de progresista. Tal vez desde esa perspectiva deben ser leídas sus declaraciones sobre las prohibiciones de libros en su país. En la bajada del artículo, publicado por InfoBAE el pasado 17 de julio, se lee: "El ex presidente señaló que leer sobre personas cuyas vidas eran muy distintas a la suya le enseñó a colocarse en el lugar de otra persona. Su carta fue dirigida a la American Library Association".

Barack Obama criticó la prohibición de libros: “Es profundamente erróneo y contrario a lo que ha hecho grande a este país”

El ex presidente de los Estados Unidos Barack Obama dio un fuerte respaldo a los bibliotecarios y criticó la cultura de la cancelación por la cual algunos libros históricos o contemporáneos son prohibidos para no ofender a diferentes colectivos de la sociedad. En una carta dirigida a la American Library Association (ALA), Obama remarcó que leer sobre personas cuyas vidas eran muy distintas a la suya le enseñó a ponerse en el lugar de otra persona y que cree que esa postura de prohibición de obras memorables es “profundamente errónea” y contrario a lo que hizo grande a aquel país.

Los bibliotecarios están siendo acosados en algunos estados en los que la legislación local prohíbe algunos textos que considera puede ser perjudicial y sensibles para algunos sectores de la sociedad. En algunos casos, incluso, estos trabajadores pueden enfrentar causas penales.

“En cualquier democracia, el libre intercambio de ideas es una parte importante para garantizar que los ciudadanos estén informados, se comprometan y sientan que sus puntos de vista importan”, dijo el ex presidente norteamericano en una carta que compartió en sus redes sociales este lunes. “Es tan importante que, aquí en Estados Unidos, la Primera Enmienda de nuestra Constitución establece que la libertad comienza con nuestra capacidad de compartir y acceder a las ideas, incluso, y quizá especialmente, a aquellas con las que no estamos de acuerdo”.

Obama, un lector voraz que suele compartir sus preferencias literarias a sus seguidores, continuó su defensa de la libre expresión y de la inalterabilidad de las obras que moldearon su pensamiento y el de varias generaciones: “Los libros siempre han influido en mi forma de ver el mundo. Escritores como Mark Twain y Toni Morrison, Walt Whitman y James Baldwin me enseñaron algo esencial sobre el carácter de nuestro país. Leer sobre personas cuyas vidas eran muy distintas de la mía me enseñó a ponerme en el lugar de otra persona. Y el simple acto de escribir me ayudó a desarrollar mi propia identidad, algo que resultó vital como ciudadano, como organizador comunitario y como presidente”.

“Hoy en día, algunos de los libros que dieron forma a mi vida -y a la de tantos otros- están siendo cuestionados por personas que no están de acuerdo con determinadas ideas o perspectivas. No es casualidad que estos ‘libros prohibidos’ estén a menudo escritos o protagonizados por personas de color, indígenas y miembros de la comunidad LGBTQ+, aunque también ha habido casos desafortunados en los que libros de autores conservadores o libros que contienen palabras o escenas ‘desencadenantes’ han sido objeto de retirada. En cualquier caso, el objetivo parece ser silenciar, en lugar de comprometerse, rebatir, aprender o tratar de comprender opiniones que no coinciden con las nuestras”, dijo Obama.

El referente del Partido Demócrata continuó: “Creo que este enfoque es profundamente erróneo y contrario a lo que ha hecho grande a este país. Como ya he dicho antes, no sólo es importante que los jóvenes de todas las clases sociales se vean representados en las páginas de los libros, sino que también es importante que todos nos comprometamos con ideas y puntos de vista diferentes”.

“También es importante comprender que el mundo nos observa. Si Estados Unidos -una nación construida sobre la libertad de expresión- permite que se silencien ciertas voces e ideas, ¿por qué deberían otros países hacer lo posible por protegerlas? Irónicamente, son los textos cristianos y otros textos religiosos -los textos sagrados que algunos de los que piden la prohibición de libros en este país afirman querer defender- los que a menudo han sido el primer objetivo de los esfuerzos de censura y prohibición en los países autoritarios”, subrayó.

En ese sentido, defendió la labor de los bibliotecarios a quienes colocó en “la primera línea” de esa confrontación diaria y cotidiana. “Nadie lo entiende mejor que ustedes, los bibliotecarios de nuestro país. En un sentido muy real, estáis en primera línea, luchando cada día para dar a conocer la mayor variedad posible de puntos de vista, opiniones e ideas, y decidir por nosotros mismos con cuáles estamos de acuerdo”.

“Por eso quiero tomarme un momento para daros las gracias a todos por el trabajo que hacéis cada día, un trabajo que nos ayuda a entendernos unos a otros y a abrazar nuestra humanidad común. Y no se trata sólo de libros. También proporcionáis espacios donde la gente puede reunirse, compartir ideas, participar en programas comunitarios y acceder a recursos cívicos y educativos esenciales. Juntos, ayudáis a las personas a convertirse en ciudadanos informados y activos, capaces de hacer de este país lo que quieren que sea”, continuó Obama.

El ex presidente entre 2009 y 2017 enfatizó que ese trabajo es hecho “en un clima político difícil en el que, con demasiada frecuencia, sos atacados por personas que no pueden o no quieren entender el papel vital -únicamente estadounidense- que desempeñáis en la vida de nuestra nación. Así que, tanto si acabas de empezar a trabajar en una biblioteca pública o escolar, como si llevas toda tu carrera, Michelle y yo queremos darte las gracias por tu inquebrantable compromiso con la libertad de leer. Todos tenemos una deuda de gratitud con vosotros por asegurar que los lectores de todo el país tengan acceso a una amplia gama de libros y a todas las ideas que contienen”.

“Por último, a todos los ciudadanos que lean esto, espero que se unan a mí para recordar a todo el que escuche -e incluso a algunas personas que ustedes creen que no- que el intercambio libre y sólido de ideas siempre ha estado en el corazón de la democracia estadounidense. Juntos, podemos hacer que eso sea cierto para las generaciones venideras”, concluyó.

Más de 2.500 títulos fueron impugnados en 2022, una cifra récord, según los datos recogidos por la ALA, que también registró que el número de impugnaciones de libros casi se duplicó con respecto al año anterior. Un reciente análisis del diario The Washington Post descubrió que solo en los últimos dos años, al menos 19 estados han aprobado o considerado proyectos de ley que castigarían a los bibliotecarios con penas de prisión o cárcel por proporcionar a los menores libros “dañinos”, obscenos o sexualmente explícitos.

Texas lidera la nación en intentos de prohibiciones de libros en las bibliotecas escolares, según una encuesta de PEN América del año escolar 2021-2022, y se encuentra entre los estados donde los legisladores han presentado proyectos de ley que facilitarían el enjuiciamiento de los bibliotecarios. El diario The Houston Chronicle informó que desde 2021 la policía había sido llamada a las bibliotecas escolares y públicas de Texas al menos cinco veces para examinar libros en busca de contenido ilegal.


viernes, 7 de julio de 2023

Ahora se la agarran con Virginia Woolf

Al faro se publicará con un  ‘descargo de responsabilidad’ en los Estados Unidos mientras que en España se vetó la representación teatral de la novela Orlando”. Esta es la bajada de la nota referida a la censura que se pretende ejercer sobre obras de Virgina Woolf, firmada por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 4 de julio.

La corrección política y la censura atacan de nuevo: esta vez, la víctima es Virginia Woolf

La corrección política y la censura atacan de nuevo, esta vez en Estados Unidos y en España, respectivamente. Días atrás, la editorial Vintage informó que la clásica novela Al faro, de Virginia Woolf, se publicará con un “descargo de responsabilidad” en el que los editores estadounidenses advertirán al público que las opiniones de los personajes reflejan las “actitudes de la época”. En clave semiautobiográfica, en Al faro la reconocida escritora británica narra las historias de los viajes de la familia Ramsay a su casa de veraneo en la isla de Skye en Escocia; en su infancia y adolescencia, Woolf y su familia veraneaban en St. Ives, en Cornualles, en una casa familiar con vista a la playa de Porthminster y al faro de Godrevy.

En Al faro, quinta novela de Woolf, uno de los personajes (Charles Tansley) predica que las mujeres no saben escribir ni pintar (ni controlar sus emociones), lo que afecta la frágil subjetividad de Lily Briscoe, joven protagonista protegida por la bondadosa señora Ramsay (su esposo, el señor Ramsay, es un filósofo tiránico). Los personajes también hacen consideraciones que pueden resultar antipáticas sobre la organización social del Reino Unido (en ese entonces, los años 1920, un imperio sin la menor dosis de autocrítica). La edición de Vintage estará precedida por una nota editorial que explica que la decisión de imprimir la novela en su forma original no representa un “respaldo” a las “representaciones culturales o el lenguaje” de la artista.

“Las tensiones de clase y de género aparecen en la novela –dice la profesora Martina López Casanova a La Nación–. Pero eso no significa que el libro sea sexista, clasista o aporofóbico. Es no entender qué hace la autora con eso, que entrecruza lo cultural, lo social y lo político con lo íntimo; incluso lo más íntimo, porque su propia subjetividad como escritora está involucrada, con ese pensamiento interior inglés y modernista de la época que muestra el modo en que esto talla en los personajes. Woolf tiene una gran sutileza para trabajar con estos planos de un modo emocionante, sin necesidad de hacer una denuncia”. Para López Casanova, esta decisión editorial confunde los puntos de vista de los personajes con el que puede adjudicarse a la novela. “El libro no está diciendo lo mismo que dicen los personajes que, por otro lado, no son chatos ni unívocos”.

“Esto que sucede con Al faro y Vintage, propiedad de Penguin Random House, ya sucedió con Agatha Christie y Ernest Hemingway, aunque en esos casos llegaron más lejos: se corregía la traducción –remarca la escritora Ariana Harwicz a La Nación–. Es algo de lo que los filósofos se van a reír mucho dentro de cincuenta o cien años. Se va a mirar a estos editores como cómplices y colaboradores, y agregaría como traidores. Nietzsche decía que había que juzgar a los artistas como criminales; ya que estamos en la época del juzgamiento, creo que la historia va a juzgar a estos editores como traidores al arte y deberían rendir cuentas”. Para la autora de Matate, amor, se viven tiempos malsanos para el arte y los artistas. “Habíamos abandonado los años en que se perseguía a Baudelaire por sus poemas, a Flaubert por Madame Bovary,y en que el Vaticano juzgaba a Pasolini por sus novelas. Pero se vuelve con fuerza en este siglo, donde se judicializa el arte”.


En los museos europeos, recuerda Harwicz, también se ponen en práctica estas advertencias a los espectadores sensibles. “Es extraño porque esto pasa en sociedades democráticas, no teocráticas –señala–. Antes, el aparato censor tenía su lógica en los regímenes fascistas, pero ahora, en épocas de diversidad y multicuralismo como la actual, sucede por marketing. En la glorificación de la diversidad, se condena el pasado, sin ninguna crítica sobre el presente. El absurdo es que estamos hablando de arte”. Las novelas de Harwicz se han traducido a varios idiomas, excepto Degenerado, protagonizada por un pedófilo acusado de violar y asesinar a una niña. “Lo que molesta es el contenido”, deduce la autora.

 

Contra Orlando

En España, por otro lado, el Ayuntamiento de Valdemorillo (Madrid), gobernado por el Partido Popular y Vox, se vetó la representación teatral de la obra Orlando, basada en la novela de Virginia Woolf que tradujo (y alabó) Jorge Luis Borges. Según la compañía Teatro Defondo, se trata de un “veto ideológico” porque en la obra se reivindican el feminismo y el movimiento LGBTIQ. El protagonista de Orlando cambia de sexo a lo largo de los siglos (el hecho de pertenecer al “sexo débil” a partir del siglo XVIII le trae no pocos inconvenientes). La antiiniciativa corrió por parte de la Concejalía de Cultura de Valdemorillo, a cargo de Victoria Amparo Gil Movellán, de Vox.

 

La Asociación de Autoras y Autores de Teatro de España, que reúne a centenares de dramaturgos, y la Asociación Colegial de Escritores manifestaron “su más enérgico rechazo” a la suspensión de la versión escénica de la novela de Woolf escrita por la dramaturga Vanessa Martínez, que recibió numerosos premios y elogios. El actor y productor de la pieza teatral, Pablo Huetos, en una carta abierta al alcalde de Valdemorillo (Santiago Villena) le solicita que ponga freno “a aquellas otras prácticas de una minoría que intenta destruir la convivencia en este Estado plural en el que vivimos”.


Desde el Ayuntamiento alegaron que la suspensión de la obra no se hizo por razones ideológicas sino económicas, “puesto que tenemos un presupuesto prorrogado y no hay dinero para ciertas actividades, como también ocurre con el cine de verano, que no va a realizarse tampoco”.

viernes, 26 de mayo de 2023

" ¿Por qué tanto miedo a la incomodidad?"

El pasado 11 de mayo, Gabriela Baby publicó en Cultura InfoBAE una entrevista con la filóloga española Irene Vallejo, quien, convertida en best– seller mundial, visitó la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

“Hablo de la destrucción de libros en el pasado para despertar conciencia de lo que está sucediendo hoy por dos extremos políticos”

Tiene ojos clarísimos, mirada amplia y ese acento ibérico que enamora. A Irene Vallejo le encanta conversar. Cuenta que la escritura de El infinito en un junco le llevó nueve años de trabajo, años durísimos en lo personal porque la enfermedad de su hijo Pedro la tuvo entrando y saliendo de sucesivas internaciones en el Hospital de Zaragoza: “En esos años, la escritura fue el modo de contener esa tremenda angustia. El tiempo de escribir era lo que me permitía escaparme de esa realidad tan terrible y tan inmanejable”, dice la escritora.

Pedro salió adelante y goza de buena salud. Y el libro, también: súper elogiado por la crítica, adorado por miles de lectores de todo el mundo y ganador del Premio Nacional de Ensayo en 2020 en España. El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo cuenta la historia de los libros –desde los primeros papiros, códices y pergaminos– y su permanente tensión con el poder.

 

El texto (450 maravillosas páginas) tiene el tono de leyenda épica en la que los héroes son libreros, bibliotecarios, lectores, juglares y poetas anónimos: gente del montón que hoy reconoceríamos como lectores (el famoso lector de a pie quizá) que defendieron con astucia y tesón el entrañable, mágico tesoro que constituyen los relatos de la humanidad. Y para toda la humanidad.

 

Irene Vallejo está feliz porque ha llegado a Buenos Aires y la esperan días de Feria y encuentro con los lectores y mucho más.

 

“Es una maravilla para mí estar en Argentina, porque de Argentina llegaban muchísimos libros a mi casa durante el franquismo, cuando yo era chica. Mis padres eran muy muy lectores, y a través de libreros amigos y con mucho cuidado llegaban de Argentina libros que la dictadura había prohibido: Miguel Hernández y Lorca, nuestros exiliados, que habían venido a Latinoamérica y acá publicaban, porque estaban prohibidos en España. Pero también los libros de Juan Rulfo y de Cortázar. De Editorial Losada, yo recuerdo libros de César Vallejo y de Roberto Arlt. Estoy hablando con vos y veo la tapa de El juguete rabioso, de Roberto Arlt, en la edición de Losada. Y por supuesto Rayuela, que estaba prohibidísima. Todos los autores que tuvieran un halo izquierdista o incluso todos los libros que fueran muy experimentales o explícitos sexualmente estaban prohibidos, entonces estaba prohibido casi todo.

 

–La persecución a los libros se repite a lo largo de la historia del mundo, en muchos países.

–Pues claro. Ustedes tuvieron la misma historia acá con la dictadura militar. Pero siempre la prohibición produce el efecto contrario que es un gran hambre lector.

 

–En El infinito en un junco se narran varias escenas de destrucción y censura de libros.

–Sí, porque así como existen noticias históricas de la aparición de libros, existen también noticias de persecución a los libros. Quema de libros, ataques a libreros, a autores, encarcelamiento, exilio. Ovidio es el clásico que aparece acá porque él fue condenado al exilio por el emperador Augusto. También los libros relacionados con brujería, con religiones paganas, de adivinación o de historiadores que resultaban incómodos a los poderosos.

 

–¿Son historias que pertenecen al pasado o que también están ocurriendo en el presente?

–Lo cuento como pasado pero para despertar la conciencia de lo que está sucediendo. Acabo de hacer una gira por Estados Unidos y estuve en Harvard, en una conferencia que se titulaba “Leer libros prohibidos”. Y allí me enteré que la Asociación de Bibliotecas americanas ha lanzado una petición de socorro, porque cada vez hay más personas que solicitan que se retiren libros de bibliotecas escolares o públicas. Padres o familias que consideran que esos libros pueden resultar perturbadores para los niños o para cualquier otro lector. Desde clásicos hasta libros contemporáneos.

 

–¿Hay algo de la corrección política que se está pareciendo demasiado a la censura?

–Se ven como dos extremos políticos: por un lado, los más conservadores que se sienten incómodos con libros que hablan del racismo institucionalizado o de libros que dicen ellos que son antiamericanos, o libros con contenido sexual explícito, libros que les parecen que son de temática LGTBI, y no quieren que las personas entren en contacto con ellos. Y, del otro lado, desde las izquierdas, esos libros que se supone que son ofensivos para las minorías, como el caso de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, que usan este término niger, u otro tipo de textos que tienen cierta terminología racista o misógina. Las personas que van contra estos libros dicen que esos términos pueden ser ofensivos o inquietar a esas minorías.

 

–¿Qué efectos puede tener esta cultura de la cancelación?

–La pregunta que me surge es ¿por qué tanto miedo a la incomodidad? Por qué no pensamos que la incomodidad es profundamente filosófica. No existe el derecho a que el arte no te incomode. Incluso porque incomodar es una de las obligaciones del arte. Provocar una sensación que puede estar en un arco que va desde la duda, la sacudida de tus certezas, la pregunta, la repugnancia y la repulsión también. Y no tenemos derecho a que esos libros no estén accesibles en las bibliotecas. O en los colegios. En tal caso, enseñar a los niños o a los lectores a ser críticos con los libros.

 

–¿Por qué?

–Porque la incomodidad invita a pensar la raíz de esa incomodidad, entonces descubres cosas sobre ti mismo, sobre sociedades del pasado, sobre una herencia recibida, y sobre conceptos que muchas veces están en la atmósfera y no nos cuestionamos. Si eliminamos los libros de Historia o los relatos escritos en otros siglos y las manifestaciones sociales que no nos gustan, estamos borrando la huella de nuestro pasado, de nuestras luchas. Si se borran de la literatura todas las huellas del machismo, entonces ¿dónde queda el feminismo? ¿Cómo construyes la historia del feminismo si borramos las huellas de aquello que se trataba de combatir? Y además es muy peligroso, porque si tienes versiones edulcoradas del pasado puedes provocar movimientos nostálgicos a otras épocas muy idealizadas…

 

–¿Como si existiera un pasado perfecto y limpio?

–Algo así. Ahora hay muchas personas en Estados Unidos que dicen querer volver a la América grande de nuevo, el american way of life y todo eso. Añoran los años 50 o 60 con una mirada muy idealizada de esa época, olvidando muchos aspectos de esa sociedad: el machismo, la caza de brujas, el macartismo, la persecución, la falta de libertad. Y son los relatos de esa época los que nos devuelven a todo aquello que hemos combatido y que siempre está al acecho. O sea: tenemos que mantenernos alerta porque ninguna conquista es para siempre.

 

¿Literatura o mercado?

–Actualmente la comunidad del junco parece reunir a multitudes. ¿Consumo o lectura?

–Esta bueno seguir esta relación entre autores y lectores cronológicamente, porque al principio de la Historia, cuando se escriben los primeros libros, el objeto libro era un privilegio de las clases pudientes. Muy pocas personas tenían libros: los aristócratas, los gobernantes y los sacerdotes, nada más. La mayoría de la gente no había visto un libro en toda su vida. Por supuesto que no sabían leer pero tampoco podían poseer libros porque eran objetos lujosos. Y en las primeras sociedades que podemos investigar, Roma antigua, la circulación de la literatura contemporánea se hacía a través de las amistades. Un autor escribía su libro, encargaba una serie de copias y se las daba a sus amigos y a la gente de su medio intelectual, a sus mecenas. La circulación de los libros era en clases privilegiadas.

 

–¿Eso cambió con la imprenta?

–La imprenta vino muchísimo después. Porque en la antigüedad había librerías y bibliotecas. En Roma, por ejemplo, Marcial, que era un poeta, indica en sus propios poemas donde encontrar sus libros. La primera publicidad de un libro ¡y en la propia poesía! Aparece entonces el lector desconocido. Pero el lector desconocido para algunos escritores es un fenómeno traumático. A Marcial le encanta, pero Horacio siente mucho pudor. Quiero decir que esa circulación comenzó en algún momento. Tiene una historia. No es algo siempre dado. Al igual que la lectura en silencio, la lectura silente. Quiero decir: pensamos que los rituales de lectura han sido siempre iguales y que el acceso a la lectura ha sido siempre como es ahora, pero no. Ha pasado por revoluciones, transformaciones.

 

–Pero, de todas maneras, el mercado es tan prolífico que ningún crítico o especialista llega a leer todas las novedades de cada mes.

–Es desbordante la cantidad de libros que se publican ahora. Y no es tanto que no se publique tu libro sino que no quede totalmente ahogado, opacado por la cantidad de novedades que lo acompañan.

 

–Entonces podríamos pensar en otro tipo de lector: el que sabe o debería saber qué leer, que dejar de lado, aquel que puede discernir entre literatura y mercado.

–Es un cosmos, casi como un ecosistema donde unos se necesitan a los otros. Los grandes best sellers que se venden tanto mantienen las editoriales, libreros y distribuidoras para que puedan sobrevivir y sostener a esos otros libros que se leen menos. Que todos existan y circulen. Como en la naturaleza: tienen que haber grandes árboles para que a su sombra existan otras especies pequeñas. Yo prefiero verlo así como un ecosistema en el que todo tiene su función y todos nos relacionamos… porque todos somos lectores más versátiles de lo que creemos y hemos disfrutado con libros muy comerciales y con otros más de autor o difíciles o exigentes. Y vamos cambiando.

 

–El libro a la vez nos obliga a entrar en otra temporalidad. Tensiona la dicotomía entre la cultura snack actual y el tiempo sostenido de las páginas. ¿Estamos en condiciones de darnos ese tiempo y esa atención?

–Yo creo que esa es la razón por la que el libro cumple una función en nuestro mundo contemporáneo. No es una cuestión de atarse a los viejos rituales, pero realmente los libros ayudan a fortalecer la atención que es un problema de esta época, la dispersión: cada vez tenemos menos capacidad para mantenernos atentos. Los libros son un antídoto porque te acercas a los libros con un estado de ánimo propicio para sostener la atención durante bastante tiempo. Han hecho pruebas de escáner a las personas que leen y han visto que todo el cerebro está activado, a diferencia de cuando vemos una película o una serie, que tenemos involucradas muchas menos áreas del cerebro. Los libros avivan una llamita que tenemos en nuestro interior que ni siquiera conocemos: aparecen recuerdos, se activa la memoria, la reflexión, la concentración, la intimidad. Y son cosas muy valiosas ahora mismo, que estamos en un momento de dispersión y lucha despiadada por la atención, de mercantilización de nuestra atención. Porque las apps de los móviles están pensadas para tomar nuestra atención y mantenernos atrapados todo el tiempo.

 

La lectura como gimnasia para la democracia

–En tus intervenciones señalás una profunda relación entre la democracia y los libros, la lectura como un ejercicio que posibilita la democracia. ¿Podrías explicar este vínculo?

–Yo creo que los libros fortalecen la democracia en la medida que mediante la lectura te acostumbras a ponerte en la piel de otra persona. A diferencia de los buscadores y algoritmos que te afirman en tus ideas y en los contenidos que saben que te van a gustar y que coinciden con tus ideas o que te halagan – que es lo que intelectualmente hacen para tenernos ahí prendidos de la máquina–  los libros te colocan en universos, en personas, en ideas que no son las tuyas.

 

–Entonces..

–Si la democracia es esta vida en la que tenemos que estar pactando con personas que piensan distinto que nosotros, pues leer libros es un buen ejercicio. Mientras que si estamos enfrentándonos permanentemente con las personas que no piensan como uno, y además las redes están pensadas para recompensar el conflicto, la agresividad, el enfrentamiento, y en general premia al que es más agresivo o polémico con más likes y mejor posicionamiento, más impacto y retwitts, entonces está favoreciendo a que nos encasillemos en nuestras posiciones. Y se arman estas polarizaciones, que están sucediendo mundialmente y tienen en parte que ver con el tiempo que pasamos en las redes y como nos comportamos en ellas. Los libros, en cambio, te confrontan con el otro, con la otredad. Siempre te van a poner en otra esfera social, en otro país, en algo que resulta extraño, a donde te invitan a entender, a comprender los conflictos, los distintos puntos de vista de situaciones complejas, te llevan hacia lo otro. Y de hecho al leer un libro yo creo que es lo más parecido a poder entrar en la mente de alguien distinto de nosotros. Cómo razona, cómo argumenta, cómo ve la realidad. Y esto es fundamental para vivir en un sistema en el que constantemente tenemos que pactar con otras personas que piensan diferente.