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jueves, 14 de febrero de 2019

Mario Levrero bien traducido al francés por Robert Amutio y bien leído por Guillaume Contré


No estamos seguros de si Damián Tabarovsky fue el introductor de los comentarios bibliográficos mezclados con la propia biografía, pero, en todo caso, es uno de sus más destacados cultores. Acá, en esta columna, publicada como siempre por el diario Perfil, el pasado 12 de enero, se ocupa de una novela del uruguayo Mario Levrero, de su traductor al francés y de un escritor, traductor y crítico que la reseñó.

Dos novelas en Francia

Leí por primera vez El discurso vacío, de Mario Levrero, por recomendación de Fogwill, en la edición original en la editorial Trilce de Montevideo. Luego lo volví a leer en la  primera edición argentina, en la vieja Interzona. Si se examina el recorrido de la obra de Levrero hasta el reconocimiento en la crítica y el mercado del que goza hoy en día, hay que darle un lugar muy destacado a esa edición. Todo un lectorado que había leído (o no) a un primer Levrero más cercano al fantasy, a un mundo de toques kafkianos, o incluso también a la estética del cómic, descubrió con la edición de Interzona a uno de los más grandes escritores contemporáneos. El discurso vacío, extraordinario en sí mismo, funcionaba también como introducción, como preparación para lectura de La novela luminosa, para muchos su obra maestra (aunque para mí ambos libros están a la misma altura). Por lo que sé del tema (muy poco), una vez que terminó el contrato con Interzona, la novela se habría vuelto a publicar en una de esas multinacionales del entretenimiento que tiene billetera y no mucho más (una vez vi una edición –tal vez sea ésa, no estoy muy seguro– que tenía un perro en la tapa. Pensé que era un libro de veterinaria, pero no, era la novela de Levrero. Curioso). Ahora acaba de publicarse en Francia bajo el título de Le discours vide, en la buena editorial Notabilia, traducido por Robert Amutio. Acabo de leer esa versión: es extraordinaria. Amutio es, discretamente, uno de los mejores –sino el mejor– traductor de literatura hispanoamericana al francés. Borges decía que muchas veces las traducciones mejoran el original. Pues Amutio lo hizo con las traducciones de Bolaño para la editorial Christian Bourgois (no es un gran mérito escribir mejor que Bolaño, pero mejorarlo en la traducción, sí). Publicada en octubre del año pasado, la edición francesa de El discurso vacío comienza a tener buena recepción crítica. Entre ellas, la buena reseña que Guillaume Contré escribió en la revista Le matricule des anges.

No es casual. Contré, además de crítico y traductor, es también escritor y acaba de publicar una muy buena novela: Discernement (Editions Louise Bottu, 2018). Por lo que leo en la contratapa, el libro fue escrito originalmente en castellano, luego traducido por él mismo al francés, publicado entonces en esa lengua, mientras espera la edición en español en la editorial Pre-Textos. Y si no es casualidad que a Contré le interese Levrero es porque Discernement es una novela que coloca a los pensamientos, al acto de pensar, a la novela mental, en el centro de la narración. Como el motor del texto. Escrito sin puntos aparte, de semejante recurso podríamos esperar lo peor (¡Thomas Bernhard!), pero por suerte no. Al contrario. El arte de Contré consiste en que los pensamientos del protagonista (un tal Fréderic, nombre sin atributos si los hay) se vuelven por momentos etéreos, suaves, delicados, pero nunca débiles. Bajo el modo de la repetición y el absurdo, aquí también encontramos una veta kafkiana, aunque expresada de un modo diferente a la de Levrero. Mientras en Levrero todo es concentración, encierro, e ironía asfixiante, en Contré es asunto de caminatas, vagabundeos, derivas urbanas, el recorrido por la ciudad como un paseo que no conduce a ninguna parte. Solo al texto, escenario final de todo Discernement.

martes, 23 de abril de 2013

La Semana del Editor en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires

Por cuarta vez consecutiva, los editores y traductores invitados por la Fundación TyPA para su Semana del Editor visitan el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires. En la ocasión nos visitaron Lori Saint-Martin (Canadá), Diana Hernández (España) y Robert Amutio (Francia), quienes se refirieron a la situación de la traducción y de los traductores en sus respectivos países y contestaron a las peguntas del pùblico. Entre otros temas, se discutió sobre la situación de las traducciones en cada uno de los países representados por los integrantes de la mesa, se habló de las condiciones de trabajo y del pago, de las subvenciones estatles y de las formas de entrar al mercado de trabajo, como puede verse en este enlace:

Lori Saint-Martin
Traductora, Canadá
Ha traducido más de 60 libros. Junto con su coequiper, Paul Gagné, ha traducido una gran cantidad de títulos del inglés al francés. La calidad de las traducciones fue reconocida por diversos premios, entre ellos Québec Writers’ Federation (ganado en tres oportunidades) y el Premio Gobernador general, el más importante de Canadá. Sus traducciones están presentes en los catálogos de Christian Bourgois, Actes Sud, Seuil, etc. Ahora traduce del español al francés y al inglés.


Diana Hernández
Blackie Books, Barcelona
Es editora de Blackie Books, sello independiente barcelonés, fundado en 2009. Publica libros de narrativa en traducción y también de autores españoles e hispanoamericanos, en especial autores poco conocidos, incluso inéditos, o hace tiempo olvidados, así como títulos de no ficción (en especial memoirs, además de algunos libros divulgativos), libros infantiles, de arte y cosas “difíciles de clasificar”.


Robert Amutio
Traductor, Francia
Es un ávido lector de literatura latinoamericana. Ha sido uno de los descubridores de Bolaño para los lectores franceses. Dirige una pequeña colección donde traduce del castellano al francés, en la editorial L'arbre vengeur. A parte de su gran experiencia y calidad como traductor, muchas veces ha cumplido el papel de scout, recomendando libros a otras editoriales, no necesariamente traducidos por él. Sus traducciones pueden verse en los catálogos de Christian Bourgois (donde tradujo a Bolaño) Gallimard (donde tradujo a Edmundo Paz Soldan) y Notabilia (donde tradujo a Antonio Ungar). En estos momentos se encuentra traduciendo una obra de Daniel Guebel.