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martes, 4 de octubre de 2022

Para traductores fanáticos de J. R. R. Tolkien

El pasado 29 septiembre María Ortiz Jiménez, un profesora de Lingüística, Literatura Inglesa y Traducción, de la Universidad Nebrija –una casa de estudios privada, que funciona en Madrid–, publicó este artículo en The Conversation.   



¿Por qué Bolsón y no Baggins? Lenguaje y traducción en la creación de la Tierra Media de Tolkien

Aunque muchas personas estén ya familiarizadas con la Tierra Media y los pobladores de sus cuatro edades, gracias a la difusión que tuvieron en su día los libros de J. R. R. Tolkien y posteriormente las películas y series basadas en ellos, el proceso de creación seguido por Tolkien no es tan conocido.

La Tierra Media y sus moradores no empezaron siendo ideas: su origen está en la invención de palabras. Y alrededor de dichas palabras fue surgiendo todo lo demás. Esto generó una serie de vicisitudes cuando se trata de trasladar esa obra imponente a otros idiomas.

Traducción y creación, de la mano
Cuando se trata de explicar las particularidades de la traducción literaria, la narrativa de Tolkien esconde varias sorpresas que van más allá del trabajo traductor con un texto aislado: el proceso de creación y el estilo están estrechamente unidos al proceso de traducción.

En su persona y su obra encontramos el ejercicio definitivo de una serie de prácticas propias de la traducción puestas al servicio del método literario inventado por él: la subcreación.

La Comarca, ‘calco’ de Inglaterra
El proceso de subcreación es una forma de traducción. Tom Shippey, el mayor especialista en Tolkien, afirma que la forma más sencilla de definir su proceso creativo es a través del calco. El calco es “un término lingüístico que implica la traducción de los elementos de una palabra compuesta uno por uno”.

Es además un procedimiento de traducción. Por ello, continúa Shippey, la Comarca sería un calco de Inglaterra, se inspira en ella y se le parece, pero no es lo mismo, ya que tiene entidad propia como lugar ficticio. Y calcos son también muchos nombres propios de personajes, palabras y lugares.

Escritor y profesor
Tolkien solía decir que primero creaba una palabra y que después escribía una historia para ella. En consecuencia, los primeros pasos del proceso de subcreación son claramente lingüísticos.

Pero la actividad creadora no concluía con la finalización del relato. Al Tolkien creador le sucedía el Tolkien profesor, deseoso de explicar en qué consistían las particularidades lingüísticas de su invención mediante apéndices y documentos complementarios. El apéndice dedicado a las lenguas de la Tierra Media de El señor de los anillos es el ejemplo más conocido.

Tolkien traductor
Sabemos que Tolkien tradujo algunas de las obras más importantes de la literatura medieval británica. Por lo tanto, debemos suponerle familiarizado con los procedimientos de la traducción. No es extraño, pues, que estos procedimientos de traducción formen parte de su proceso de subcreación.

El poeta y crítico del XVIII S. T. Coleridge ya señalaba al lenguaje como artífice principal de la “imaginación secundaria” dado su poder transformador de la realidad a través de las metáforas o imágenes relatadas.

Tolkien tenía presente la naturaleza cambiante del lenguaje y la influencia del mito en la forma, aspectos que trasladó a la subcreación de la Tierra Media mediante los dialectos élficos Quenya y Sindarin, entre otros. Recordemos que la Tierra Media es un mundo secundario completo, independiente del nuestro (o primario), pero basado en él y transformado mediante el lenguaje.

La ‘escuela Tolkien’
Tan minucioso proceso creativo fue tutelado por Tolkien durante toda su vida. Incluso vigiló la corrección de las traducciones de sus obras a otras lenguas y estableció normas precisas.

Esto tuvo importantes efectos en el género de la fantasía épica en general: dichas normas se convertirían de forma más o menos tácita en el método adoptado para la traducción de otras obras y autores que siguieron la senda del maestro. Incluso hoy su observancia se puede comprobar en la traducción de las más recientes series de televisión basadas en esos legendarios libros.

El ‘Hobito’ y otros errores iniciales
Fueron precisamente los errores cometidos en algunas ediciones extranjeras de El hobbit los que propiciaron que Tolkien se decidiera a facilitar el trabajo a los traductores con vistas a la publicación de El señor de los anillos con una guía oficial.

Primero, las traducciones al sueco y al holandés de El hobbit y, posteriormente, la correspondiente al español publicada en Argentina con el título de El hobito, plagada desde su misma portada de un buen número de errores conceptuales y lingüísticos, marcaron un punto decisivo para el autor.

La confusión en los términos (además de otras sugerencias como la de cambiar la “h” de “hobito” –muda en español– por “j”) provocó la intervención de Tolkien.

Evitar aberraciones

Así se refleja en su carta 239 dirigida a sus editores en Gran Bretaña, en la que afirmaba no querer “perturbar al traductor, o a ustedes, con la larga explicación que hace falta para dar cuenta de esta aberración”.

Desencuentros como estos mostraron a Tolkien la dura realidad. Evidentemente, él era el mayor especialista existente en los entresijos de la Tierra Media. En cambio, los traductores de su obra no solo estaban lejos de poseer su conocimiento, sino que en ocasiones eran completamente ajenos a las características de ese mundo y a sus bases culturales.

Nuestro autor se dio cuenta de que los traductores no solo necesitaban indicaciones precisas para la denominación de buena parte del legendario. También precisaban un buen punto de partida desde el que afrontar su trabajo.

La respuesta estaría en la información detallada sobre forma y contenido y, en concreto, en la determinación correcta del oestron o lengua común de la Tierra Media.

¿Bolsón o Baggins?
Al comenzar la lectura de la versión en español de una obra de Tolkien, y en especial de El señor de los anillos, nuestra impresión puede ser que, al tratarse de una traducción del inglés, el oestron es también inglés.

Por ello, puede resultar incongruente encontrarse con apellidos como Bolsón o Sotomonte, y lugares como Cuernavilla o Acebeda dentro de un marco que, a priori, se supone anglosajón.

Sin embargo, tal suposición no concuerda con la idea original de Tolkien acerca de la verdadera naturaleza del oestron y, por consiguiente, de la profusión de calcos que pueblan las traducciones.

Baggins, de bag; Bolsón, de bolso
El propio Tolkien se encargó de facilitar las soluciones a los problemas lingüísticos que su obra suscitaba, bien como parte integrante de la misma (los ya mencionados Apéndices) o en publicaciones posteriores.

Los nombres en inglés deben traducirse a las lenguas “meta” según su significado y en la medida de lo posible. Siguiendo con esa misma pauta, Tolkien orienta también la traducción de nombres propios y palabras que, si bien no son inglesas al cien por cien, sí llevan implícitos significados bastante claros.

Así, por ejemplo, “Baggins”, creado a partir de la palabra bag, debe contener en su equivalente traducido algún elemento que signifique “bolsa”.

Bajo esta perspectiva, el tema de los calcos queda resuelto y, de paso, también el proceso de subcreación lingüística, origen principal de la Tierra Media.

Tolkien demostró así que las palabras son suficientes para construir uno de los mayores entramados de la fantasía épica que jamás hayan existido.

martes, 14 de julio de 2015

Otra vez Tolkien, pero ahora como traductor

Más allá de la simpleza de la redacción del cable reproducido el 8 de junio pasado por La Jornada, de México, seguramente habría lectores a quienes la noticia de que se ha traducido una traducción de una traducción les interese.

Editan en español el  Beowulf  traducido por Tolkien


Tras permanecer inédita durante casi 90 años, en mayo se publicaba en Reino Unido la esperada traducción que J.R.R. Tolkien realizó del famoso poema épico Beowulf, uno de los grandes héroes de la literatura anglosajona. Según informó hoy la editorial Planeta, su versión en español llega ahora a las librerías.

Terminada en 1926, la traducción en prosa al inglés moderno que Tolkien emprendió del Beowulf fue un trabajo temprano, pero contiene elementos que el autor utilizaría después en sus obras de la Tierra Media como el dragón, presagio del Smaug de El Hobbit.

La edición que ahora presenta el sello Minotauro incluye un extenso comentario de Christopher Tolkien, hijo del famoso autor de El Señor de los Anillos, en la que explica el porqué de la tardanza y aporta notas de las conferencias que, como especialista en inglés antiguo, dio su padre acerca del poema.

Además, también presenta el relato Sellic Spell, en el que el propio J.R.R. Tolkien sugiere cómo podría haber sido un cuento popular sobre Beowulf sin conexión con las "leyendas históricas" de los reinos del Norte.

El Beowulf, también conocido en castellano como Beovulfo, es un poema épico anónimo de más de 3 mil versos que data de entre los siglos VIII y XI. Enmarcado en Escandinavia, narra las aventuras de un héroe que primero se enfrenta a un monstruoso gigante y después, ya como rey, pelea hasta la muerte contra un feroz dragón.


jueves, 27 de marzo de 2014

Y ya que estamos con Tolkien

J. R. R. Tolkien
Poeta, traductor y nieto de Cintio Vitier y Fina García Marruz, José Adrián Vitier presentó la siguiente ponencia en el XII Simposio de Traducción Literaria en noviembre del año pasado en la Sala Villena de la UNEAC. Luego, el 11 de febrero de este año, fue recogida por la sección  Tradutore Traditore, del blog Cuba Literaria.

Breves comentarios sobre la traducción española
de la obra de J. R. R. Tolkien

Cuando yo estaba en la Lenin, pusieron en los cines una película del director Ridley Scott, llamada Leyenda. Por entonces yo no sabía casi nada de inglés. Pero algunos pasajes de la película se me quedaron en la memoria, y solía repetirlos mentalmente: por ejemplo, aquellos trasgos cazadores que cantaban: «Higher, higher, burning fire! Making music like a choir!» No entendía ni remotamente todas las palabras, pero así se me fue revelando la música de la lengua inglesa. Y fui sintiendo que este idioma, por alguna razón, parecía especialmente adecuado para contar las historias que llaman de fantasía, que eran las que más me gustaban. Luego, por esa misma época, mi primo Rapi Diego me prestó una edición de El señor de los anillos en español. Y ahí sí que caí, como se dice, «muerto en la carretera». Quedé completamente maravillado, hasta el día de hoy. Decidí estudiar inglés en la universidad, no pensando en ninguna futura ventaja profesional, ni tampoco, lo confieso, en poder ser útil a mi país, sino tan solo en poder acceder plenamente a los tesoros de la literatura fantástica.

Alguien podría argüir que el género fantástico ha producido algunos de los peores libros de la literatura universal. Es cierto. Muchos de ellos estaban en la biblioteca del Quijote, y Cervantes se dio el gusto de quemarlos por mano del cura y del barbero del pueblo, cuyo conocimiento del género fantástico de moda en su época, los libros de caballería, siempre me pareció sospechosamente exhaustivo. De Cuba, por ejemplo, se dice que produce el mejor tabaco del mundo. Y yo creo que es cierto. Pero cualquiera que haya comprado tabacos en la bodega podría constatar que probablemente también produce el peor tabaco del mundo. Así pues, hay sitio para ambas verdades en el mismo universo; no se excluyen ni se niegan mutuamente.

Después de años de verme fascinado con la literatura fantástica, mis padres me regalaron una compilación de la correspondencia de John Ronald Reuel Tolkien. Algunas de aquellas cartas fueron otra revelación. Entre otras cosas, me corroboraron el secreto de El señor de los anillos; dice el autor en carta a sus editores donde les habla de aquel libro que por entonces pocos conocían: «Está escrito con la sangre de mi vida». Eso ya lo sabíamos; pues el corazón al corazón habla. Pero qué conmovedor oírselo decir. Es como cuando John Keats en una carta a su prometida y a su futura suegra, les asegura: «Algún día estaré entre los poetas ingleses».

El caso es que en aquellas cartas también pude asomarme a las distintas fuentes que nutrieron las historias de Tolkien, aquel universo neto, donde un año es un año y una milla una milla, sustentando, cual sólida columnata, el colosal friso de su mitología; y aquel entramado de lenguas, engendrado con una autoridad poética de veras insólita, casi sin precedentes. Y por otra parte, vi la pasión y simpatía con que el autor procuraba contestar todas las inquietudes de sus lectores. Pues la desconcertante minuciosidad y consistencia de su mundo creado suscitaban no pocas preguntas: «Los magos, ¿no eran cinco?; en su libro salen solo tres, ¿qué se hicieron los otros dos magos?», «Si los hobbits, en sus propios cumpleaños, hacían regalos a su familia y allegados, ¿por qué Gollum llama “su regalo de cumpleaños” al Anillo que arrebatara violentamente a su primo?», «Quiero ponerle a mi hijo el nombre de tal o más cual personaje, ¿qué le parece a usted?». A todo esto contestaba el autor con invariable paciencia y cordialidad. Y resulta que, años después de releer varias veces sus libros, me ha surgido también una duda que me hubiera gustado mucho preguntar a Tolkien: se trata de un error que creo se ha deslizado en todas las ediciones de la traducción española de El hobbit, sin que nadie lo haya señalado.

Para quienes no conozcan el libro El hobbit, podemos resumir que se lo considera un clásico moderno de la literatura infantil. Para mí, sin embargo, no acaba de tener un sabor moderno ni tampoco infantil. Solo concuerdo cien por ciento en lo de clásico. Estamos hablando, pues, de la traducción de un clásico, o sea, de una traducción con potencial para ser todo lo eterna —o, por lo menos, todo lo perfecta— que puede ser una obra humana. Es por eso que nos detenemos en estas minucias, porque realmente pensamos que una obra como esta amerita una revisión más esmerada. Aunque por momentos creo escuchar en mi cabeza la voz de maese Pedro diciendo a don Quijote: «No mire vuesa merced en niñerías, ¿no se representan de ordinario mil comedias, llenas de mil disparates, y con todo eso siguen felicísimamente su carrera, y aún son oídas con admiración?». Sean pertinentes o no estos comentarios, prometo que serán breves.

En  El hobbit, hay un pasaje en el que Bilbo, Thorin Escudo de Roble, y los demás enanos, están cruzando un arroyo en medio del Bosque Negro. De repente se oye un sonido de cascos corriendo, y acto seguido se distingue la figura de un ciervo volador —en inglés, «flying deer»— que arremete en dirección a ellos, desbandándolos. El ciervo toma impulso y salta hasta la orilla opuesta, pero no llega indemne a ella, pues Thorin lo intercepta en pleno salto con un flechazo certero.

Mi humilde opinión es que nunca hubo ningún ciervo volador en este pasaje. Sino solo un ciervo fugitivo, un ciervo que huía a toda velocidad —que en inglés se dice, también, «flying deer»—. Mis argumentos a favor de esta tesis son:

1-El ciervo viene corriendo, se escuchan sus cascos, carga desde la tierra, no desde el aire, contra los protagonistas. Y luego toma impulso y salta, no vuela.

2-En el resto de la obra de Tolkien no vuelve a mencionarse jamás una criatura tan portentosa y llamativa, ni ninguna otra semejante.

3-Una amiga traductora y editora, Maia Barreda, traduciendo del inglés un libro de mitología griega, tropezó con un problema muy parecido: una vaca voladora «flying cow»— que tampoco lo era en absoluto, sino que se trataba tan solo de una vaca que huía, corriendo. Por lo visto, algunos traductores, y muchísimos lectores, suponen que la mitología y la fantasía lo aguantan todo, en especial vacas o ciervos voladores.

Quiero comentarles, sin entrar en detalles, que la traducción española de El señor de los anillos de Tolkien, sin negarle sus virtudes ni ocultar nuestro rendido agradecimiento como fieles lectores, está plagada de cientos de errores de diverso calibre, que en su inmensa mayoría no han sido enmendados en ninguna de sus diecinueve ediciones impresas. Y es posible que no sean enmendados nunca, en tanto no se demuestre matemáticamente que la calidad de las traducciones tiene algún efecto sobre los índices de ventas.

Hay sitios web dedicados a enumerar los cientos o tal vez miles de gazapos de traducción y edición que ha sufrido la obra de Tolkien, pues, naturalmente, semejante volumen de errores no podía escapar a la atención de los fanáticos acuciosos, y muchas veces doctos, del universo de este autor, quien, dicho sea de paso, fue en vida uno de esos caracteres escrupulosos y minuciosos que padecen la necesidad de «hacerlo todo bien», linaje que entre nosotros ilustra la obra y la persona de Eliseo Diego, y en España, por ejemplo, un Juan Ramón Jiménez.

Para no aburrir en exceso a quienes no estén tan vivamente interesados por esta cuestión —en cierto sentido, minúscula— de los errores de traducción, voy a citar solo un par de ejemplos que aparecen en todas las ediciones españolas de El señor de los anillos. A diferencia del ciervo volador de El hobbit, del que nadie parece extrañarse, salvo yo, estos que citaré son parte del millar de errores que también han sido detectados por otros lectores, según puede comprobarse en Internet.

Los hobbits han abandonado la comodidad de su hogar y viajan, en medio de grandes peligros, hacia un sitio llamado Rivendel. Al pasar por la posada de Bree, en tierras de Eriador, reciben una carta del mago Gandalf, en la cual aparecen unos versos que se refieren veladamente a un aliado con quien habrán de encontrarse. Este aliado es Aragorn, alias Trancos, un personaje de aspecto extraño e inquietante, pero que en realidad es, como se revela luego, el legítimo rey de todas aquellas tierras.
Los famosos versos dicen:

All that is gold does not glitter,
Not all those who wander are lost;
The old that is strong does not wither,
Deep roots are not reached by the frost.
From the ashes a fire shall be woken,
A light from the shadows shall spring;
Renewed shall be blade that was broken,
The crownless again shall be king.

No es oro todo lo que reluce,
ni toda la gente errante anda perdida;
a las raíces profundas no llega la escarcha;
el viejo vigoroso no se marchita.
De las cenizas subirá un fuego,
y una luz asomará en las sombras;
el descoronado será de nuevo rey,
forjarán otra vez la espada rota.

La traducción española (labor conjunta de Matilde Horne, Luis Domenéch y Rubén Masera) contiene un error de concepto grave en el primer verso: Tolkien altera intencionalmente el refrán «All that glitters is not gold» (lit. «no es oro todo lo que reluce») por «All that is gold does not glitter» (lit. «no todo lo que es oro reluce»), dándole el mismo sentido de que las apariencias engañan, pero desde un punto de vista distinto, destacando que lo que es bueno puede estar oculto bajo una mala apariencia; mientras que el refrán no alterado significa que lo aparentemente bueno puede, en el fondo, no serlo. La traducción correcta sería, pues: «No todo lo que es oro reluce».

Un poco después, mientras huyen de sus perseguidores, Aragorn tranquiliza a los hobbits diciéndoles que no cree que los Jinetes Negros ataquen Bree esa noche, «not while all the long leagues of Eriador still lie before us» («no mientras tantas largas leguas nos separen de Eriador»). La realidad es que no hay leguas que los separen de Eriador, porque Bree está en Eriador. La frase correcta es «no mientras aún tengamos ante nosotros todas las largas leguas de Eriador»; es decir, que los Jinetes podían tomarse el ataque con calma, pues había mucho Eriador por recorrer antes de llegar a Rivendel o a cualquier otro lugar seguro.

La tarea de presentar errores no nos parece especialmente grata. Por eso les he traído un mínimo de ejemplos para ilustrar el problema. Y ya para terminar, quisiera decir algo acerca de un comentario de la señora Matilde Horne, destacada traductora de El señor de los anillos; comentario que apareció publicado hace unos años en el diario El País. Dice así: «Nunca vi mucha poesía en Tolkien (…) Definitivamente debí haberlo leído con veinte años y no con sesenta».

Este tipo de juicios no se pueden sustentar, ni refutar, con argumentos. Y al no poder ser rebatidos, adquieren el peso visceral de un absoluto. Al escuchar tales juicios en boca de otros, especialmente amigos o especialistas respetables como Matilde Horne, no podemos hacer otra cosa que quedar inermes, y aceptar la saludable diversidad de las almas; mas no sin repetir mentalmente algunos fragmentos favoritos; como este, con el que quisiera terminar. La traducción, en este caso, es mía.

Tras el acabamiento del reinado de Sauron, en El señor de los anillos, leemos que en medio de la majestuosa celebración, se presentó un juglar, el cual, arrodillándose, pidió permiso para cantar.

¡Escuchad, señores y caballeros y hombres de valor sin tacha, reyes y príncipes, y leal pueblo de Gondor; y Jinetes de Rohan (…) pues cantaré la balada de Frodo de los Nueve Dedos y el Anillo del Destino! (…) El ejército en pleno reía y lloraba de puro deleite, y en medio de la alegría y de las lágrimas se alzó la voz de oro y plata del juglar, y todas las demás voces se acallaron. Y él les cantó, ora en la lengua de los elfos, ora en el idioma del oeste, hasta que los corazones se desbordaron, traspasados por la dulzura de sus palabras, y la alegría de todos centelleó como espadas, y los pensamientos volaron a las regiones donde el dolor y la dicha fluyen a la par, y las lágrimas son el vino de la bienaventuranza.

La grandeza de una obra literaria jamás está segura: pende siempre de un hilo inmaterial, que es el amor de los lectores; y el traductor puede ser, o bien la Parca que lo corte, o bien la que determine el plazo de su destino, o bien la que hile por siempre su hebra de vida.



miércoles, 26 de marzo de 2014

Una traducción de J. R. R. Tolkien del principal cantar de gesta anglosajón

La noticia proviene del diario Vanguardia, de México, y fue publicada sin firma el domingo 23 de marzo. En ella se habla de una traducción al inglés del poema anglosajón Beowulf, realizada por J. R. R. Tolkien, mucho antes de que alcanzara la fama. Dice la bajada: “Dicha versión del texto antiguo y anónimo –escrito en verso aliterativo y que data de principios del siglo XI– se publicará el 22 de mayo en inglés moderno

Publicarán traducción de Tolkien del poema Beowulf

Londres.- La traducción que hizo J.R.R. Tolkien del poema épico Beovulfo (Beowulf), escrita originalmente en inglés antiguo, se publicará por primera vez, casi 90 años después de que fuese completada por el autor de El Señor de los Anillos.

El hijo de Tolkien, que gestiona el legado del escritor, anunció hoy que ha firmado un acuerdo con la editorial Harper Collins para publicar el 22 de mayo la traducción al inglés moderno de ese poema anglosajón anónimo, escrito en verso aliterativo y que data de principios del siglo XI.

El nuevo trabajo de Tolkien que saldrá al mercado, Beovulfo: Una traducción y un comentario, ha sido revisado por su hijo Christopher Tolkien.

Se trata de la última de una serie de publicaciones de obras póstumas de Tolkien, que murió en 1973, conocido sobre todo por sus obras de fantasía como la citada El Señor de los Anillos o El Hobbit, adaptadas exitosamente a la gran pantalla.

El pasado año, se publicó, también por primera vez, su poema “La Caída de Arturo”.

"La traducción de Beovulfo de J.R.R. Tolkien ha sido un trabajo temprano, muy distintivo en su forma, completado en 1926", señaló a los medios británicos Christopher Tolkien.

Si bien Tolkien "regresó más tarde a ese poema para realizar correcciones apresuradas, parece que nunca se planteó publicarlo", según observó su hijo.

"Esta edición es dual, con un comentario clarificador sobre el poema hecho por el propio traductor, en la forma escrita de una serie de charlas impartidas en Oxford en 1930", agregó Christopher Tolkien.

Si bien el poema no tiene título en el manuscrito, se le ha denominado Beovulfo desde principios del siglo XIX y actualmente se conserva en la Biblioteca Británica en Londres.

El poema cuenta cómo el príncipe godo Beovulfo acude en ayuda del rey danés Hroðgar, matando al monstruo Grendel y a su madre antes de resultar él mismo mortalmente herido por un dragón años después.

Es el poema épico escrito en inglés antiguo más largo que se conoce y ha inspirado incontables versiones.


A nivel de epopeya la relevancia de esa obra se iguala a la del Cantar del Mío Cid español y dio lugar a numerosos estudios durante el siglo XX.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Para fanáticos de Tolkien

Marietta Gargatagli, siempre incansable, nos envía este link a propósito de las traducciones de The Hobbit, de J.R.R. Tolkien. Allí podrá leerse una lectura comparada entre la versión publicada por la editorial Minotauro en la década de 1980 y otra anterior, que publicó Fabril Editoral, de Buenos Aires.