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viernes, 26 de abril de 2024

"El presupuesto del Programa Sur equivale al viaje de un funcionario que viaja a Miami con una comitiva para buscar un premio"

 

Foto: FABIÁN MARELLI
El pasado 24 de abril, en el marco de una extensa nota referida a los días previos a la apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires, Daniel Gigena incluyó un párrafo a propósito de una mesa redonda de las jornadas profesionales, donde María del Carmen Pasarín, Victoria Rodríguez Lacrouts y Alejandro Dujovene hablaron sobre la importancia estratégica del Programa Sur. Finalizadas las disertaciones, Carlos Gamerro y Jorge Fondebrider, presentes entre el público, presentaron a la mesa la carta en defensa del PROSUR, acompañada por más de 500 firmas de escritores, traductores, editores, agentes y académicos del mundo entero. Se ofrece a continuación el fragmento del artículo de Gigena que se ocupa de ese momento.

Más de 500 firmas en apoyo del Programa Sur de Cancillería

Entre las actividades del miércoles, la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina (Dicul) organizó la charla “¿Quién nos lee?”, con la presencia de la coordinadora de Educación de ese organismo, María del Carmen Pasarín; Victoria Rodríguez Lacrouts, por la Fundación TyPA (que dijo que el “embajador por excelencia de la literatura argentina en el exterior” era Julio Cortázar), y Alejandro Dujovne, director del Centro de Estudios de Políticas Públicas del Libro de la Universidad Nacional de San Martín. La diplomática Alejandra Pecoraro, a cargo de la Dicul, no participó del encuentro.

En el encuentro se consignaron los logros del Programa Sur de Apoyo a las Traducciones del Ministerio de Relaciones Exteriores (Prosur), iniciado en 2010 y que el Gobierno desfinanció drásticamente, al reducir en un 90% su presupuesto. Prosur es una política pública que, a lo largo de los años, atravesó distintos gobiernos con el objetivo de promover de manera sustentable la exportación de derechos de autor de escritores argentinos. Desde 2010, informó Pasarín a la audiencia, se tradujeron y se publicaron 1687 títulos de 613 autores argentinos, en 52 lenguas correspondientes a 62 países, con un promedio de 120 títulos anuales y un total de dos millones y medio de ejemplares que circularon por Italia, Reino Unido, Francia, Alemania, Bulgaria, China y Japón.

Debido al desfinanciamiento, este año el programa solo dispondrá de 20.000 dólares para subsidiar las traducciones a otros idiomas. Lorenzo dijo que el presupuesto alcanzaría para ocho o diez obras (en 2023, con un presupuesto de 320.000 dólares, fueron 123). El subsidio, de 3200 dólares como máximo, se abona “contra entrega” del libro publicado en el exterior. Muchos países de América Latina tomaron como modelo el Programa Sur.

“El Programa Sur no solo comenzó su actividad unos años antes que los programas de Colombia, Chile y Uruguay, que cuentan con políticas similares, sino que además el número de estímulos anuales otorgados fue hasta 2023 muy superior -remarcó Dujovne-. En una década y media de funcionamiento, posibilitó la llegada de autores y títulos argentinos a editoriales de 62 países y más de cincuenta lenguas, cinco veces lo logrado por Uruguay, cuatro lo alcanzado por Colombia y bastante más del doble de lo conseguido por Chile”. Parte del “boom” de la literatura latinoamericana en el exterior se explica por políticas culturales como las del Programa Sur.

Al finalizar la charla, los escritores Carlos Gamerro y Jorge Fondebrider presentaron una carta con más de quinientas firmas de escritores, editores, traductores, periodistas y agentes y críticos literarios de la Argentina y otros países, en la que se solicita que no se reduzca el presupuesto del programa que, consideran, “ha acompañado a autores y editores locales a internacionalizar la literatura argentina, ha permitido que escritores de nuestro país compitieran en los más prestigiosos premios internacionales y que, ya dados a conocer, siguieran publicando en el exterior obras de su autoría, ya sin necesitar el apoyo del subsidio del programa”.

La carta que Gamerro y Fondebrider harán llegar a la canciller Diana Mondino lleva la firma de los escritores Edgardo Cozarinsky, Beatriz Sarlo, César Aira, Selva Almada, Alan Pauls, Martín Kohan, Mariana Enriquez, Gabriela Cabezón Cámara, Pola Oloixarac, Agustina Bazterrica, Claudia Piñeiro, Daniel Guebel, Diego Muzzio y Luisa Valenzuela. También aparecen los nombres de los mexicanos Juan Villoro y Fabio Morábito, los peruanos Michaela Chirif y Mario Montalbetti, los estadounidenses Daniel Balderston, Barbara Epler (editora de New Directions) y Edwin Frank (editor de la prestigiosa publicación The New York Review of Books), los franceses Pascale Maret y Olivier Mannoni, entre muchos otros. Fondebrider y Gamerro anticiparon que la prensa especializada internacional se haría eco de esta defensa del programa.

“El monto asignado al actual presupuesto reduce el número de subsidios a diez por año. Y aun no ha sido ejecutado -concluye la carta-. En cuanto a su funcionamiento efectivo el Programa está, en los hechos, cerrado. Al encontrarse con esta situación, así sea temporaria, los editores extranjeros pierden interés y buscan autores en otros países. Dicho con todas las letras, lo construido en quince años puede destruirse en un par de meses, y no podría reconstruirse, aun si existiera la voluntad para ello, con la misma facilidad”.

Muchos de los participantes del encuentro -editores, traductores, estudiantes- se preguntaron por qué una política cultural tan efectiva y tan poco onerosa (”equivalente a los costos del viaje a Miami de un funcionario del Gobierno con su comitiva para recibir un premio”, dijo Fondebrider) corría el riesgo de ser desactivada.



miércoles, 30 de agosto de 2023

Literatura argentina traducida: el contexto es clave

El pasado 24 de agosto, Luciano Sáliche entrevistó a Gabriela Adamo y Victoria Rodríguez Lacrouts con motivo del informe que ambas realizaron sobre "extraducción" para la fundación TyPA (ver, en este mismo blog, las entradas correspondientes a los días 18 y 22 de agosto). El resultado de esa conversación fue publicado por InfoBAE cultura.

Cortázar, editores enamorados y 1787 licencias: mapa de la traducción de la literatura argentina

“Este informe no es conclusivo en sí mismo. El objetivo, justamente, fue mostrar un estado de situación al que pudimos llegar con herramientas bastante limitadas, pero a partir de ahí abrir la conversación y empezar a tirar del ovillo para ver si se puede generar algún panorama más alentador para la venta de derechos de autores argentinos”. Quien habla es Victoria Rodríguez Lacrouts. Ella y Gabriela Adamo —y la colaboración de Victoria López Zanuso—, como referentes de la Fundación TYPA, acaban de presentar La extraducción en la Argentina III (2010 – 2022), una investigación sobre las traducciones de la literatura argentina en el último tiempo. “Lo bueno es poder empezar a contar con estas informaciones: tener datos que te permitan hacer comparaciones”, agrega Adamo.

Números iniciales for export
¿Qué datos se despliegan a partir de este relevamiento? Empecemos. En el período 2010-2022 se vendieron un total de 1787 licencias. El promedio anual es de 149. Pero si hablamos de títulos, el total es de 1224, con un promedio anual de 102. Se basaron en cuestionarios y encuestas enviados a más de 600 editores, agentes y autores del país y del exterior, la información del Programa Sur y la base de datos de ThreePercent, que depende de la Universidad de Rochester, Estados Unidos, que recolecta las traducciones hechas al inglés. El informe abre con esta pregunta: “¿Cómo llegan los autores y autoras argentinos a ser traducidos a otras lenguas?” Ese interrogante, dicen, es el que “guió gran parte de los trabajos llevados adelante por el área de Letras de la Fundación TyPA a lo largo de más de veinte años”.

El primer informe, que hizo Adamo junto a Valeria Añón y Laura Wulichzer, abarcó la franja 2002-2009 y llevó por título Venta de derechos de autor para otras lenguas. “Fue un parteaguas. Fue un trabajo muy grande, sirvió mucho, se usó mucho, se siguió leyendo mucho”, explica ahora Adamo. Luego vino un segundo informe, Interpretar silencios, de 2008-2012, a cargo de Añón. La continuidad fue la clave. Y si bien la información es amplia, no es suficiente: “En cuanto a las oficinas públicas o las cámaras del libro, no existe la costumbre de registrar estos datos”, por lo que “el libro argentino traducido queda en un limbo” y “se vuelve totalmente imposible rastrear datos monetarios; de hecho, hoy en día es imposible saber qué tamaño real tiene el mercado que estamos analizando”.

Cortázar, el más traducido
Los cinco autores con más licencias vendidas son Julio Cortázar (65) César Aira (50), Claudia Piñeiro (40), Roberto Arlt (40) y Ricardo Piglia (39). El primero, Cortázar, mantiene tiene cierta ventaja por sobre el resto. ¿A qué se debe? “Cuando teníamos el primer informe pensábamos que era algo coyuntural, pero ahora se ve que Cortázar se sostiene en el tiempo”, dice Adamo, y continúa: “Las respuestas que puedo dar son intuitivas, pero claramente una de ellas es que se convirtió en literatura clásica de la Argentina, en un autor que se traduce y se vuelve a traducir. Están también Borges, Bioy, Silvina, Sabato, todos nombres que están entre los primeros puestos, pero Cortázar gana por lejos. Es un autor que se traduce a lenguas nuevas y a veces a lenguas que ya lo habían traducido pero lo vuelven a traducir”.

Por su parte, Rodríguez Lacrouts explica que “Cortázar fue como el mascarón de proa de un movimiento dentro de la literatura latinoamericana. Cuando esa literatura latinoamericana se mundializa, Cortázar era el nombre que estaba encabezando en nuestro país eso”. Y agrega algo que quizás para nosotros, acá, en Argentina, sorprenda: “Todavía en Europa, para leer gran parte de la literatura contemporánea latinoamericana, se sigue utilizando la categoría de realismo mágico. Son categorías que quedaron muy cristalizadas después del boom de la literatura latinoamericana. Fue un estallido tan fuerte que quedó impresa ahí una marca que no se va más. Quizás por eso Cortázar sigue siendo el abanderado. Está siempre en el top cinco; pasan los años y sigue ahí”.

Hay más autores en esa lista. Arlt, por ejemplo. “Seguro está relacionado a que está ahora liberado de derechos, entonces tienen muchos títulos”, dice Rodríguez Lacrouts. Pero además, comenta Adamo, “hay una segunda línea de autores que fluctúa más. Son los autores fuertes en el momento para la Argentina que entran en esa primera franja de autores más traducidos, pero después desaparece de ahí. Salvo algunos: Tomás Eloy Martínez en la primera vuelta y Claudia Piñero ahora. Un autor que fue haciendo esa subida fue Piglia: al principio estaba como un autor más bien nuevo que no sabíamos si se iba a sostener o no, y ahora se sostiene cada vez más. Claramente está entrando en este grupo de autores que están permanentemente traducidos”.

La simpatía italiana
De los derechos vendidos, Italia compró el 26.6% y Estados Unidos el 18.2. Le siguen Francia con 14.2, Brasil con 10.4, Alemania con 9.8, Reino Unido con 7.0 y Bulgaria con 5.7.“Pareciera que Italia tiene un interés especial para Argentina, ¿no?”, dice Rodríguez Lacrouts, y cita el caso puntual de Edizioni Sur, que “se especializa en literatura latinoamericana, pero que tiene en el catálogo cantidad de autores argentinos, tanto clásicos como contemporáneos. Eso está buenísimo porque muchas empiezan, publicando a los clásicos y a los ya no llegan. Pero Sur publicó todo. Yo soy una convencida que el motor más poderoso de tracción no es el marketing ni las grandes publicidades, sino el entusiasmo de uno o dos personas que hacen que que todo sea mucho más perdurable en el tiempo”.

Por su parte, Adamo dice: “Lo de Italia es muy llamativo. Hay como alguna simpatía cultural, una cercanía cultural entre ambos países. En ese país hay dos editoriales que traducen muchísimo. La mayoría traduce dos o tres títulos y después no siguen traduciendo; en cambio estas dos traducen mucho y con constancia. También fue muy llamativo y muy interesante ver cómo creció el inglés. En nuestro primer informe el inglés no estaba entre las cinco lenguas que más traducían y ahora sí”. Además, las diez editoriales más compradoras fueron Edizioni Sur (Italia), Edizioni Arcoiris (Italia), New Directions (Estados Unidos), Open Letter (Estados Unidos), Charco Press (Reino Unido), La Dernière Goutte (Francia), Meander Publishing (República Checa), Asphalte Éditions (Francia), Fili D’Aquilone (Italia) y Colibri (Bulgaria).

Frankfurt y el Programa Sur
En el año 1999, Gabriela Adamo fue invitada a la Feria de Frankfurt para participar del programa de editores. En ese entonces trabajaba en Editorial Sudamericana. Ahí, en ese gran encuentro alemán, tuvo por primera vez contacto con lo que ella define como “el mundo editorial en Europa”. “Lo realmente impactante fue ver cómo se traducían las lenguas europeas, y Estados Unidos también, y cómo Argentina estaba fuera de ese circuito. Yo conocía la literatura argentina y pensaba: si Argentina tiene una literatura de altísima calidad que podría estar compitiendo codo a codo sin problemas con estos libros, ¿por qué no estamos acá? Había muy poquito de literatura argentina en ese ida y vuelta de traducciones. Y ahí fue, te diría, que empezó el interés y la curiosidad de pensar por qué se daban esas cosas”.

Ese mismo año, cuando volvió de Frankfurt, empezó a trabajar con Américo Castilla, el fundador de de la Fundación TYPA. “La primera propuesta que le hice fue trabajar en ese campo armar la Semana de Editores en Argentina, que era hacer lo mismo que yo había visto en Frankfurt pero al revés: traer editores de todo el mundo a la Argentina para mostrarles lo que hacemos. Y la Semana de Editores en Argentina fue un programa de mucho tiempo: se hizo durante quince años. Porque la sensación de ese momento era que no nos traducían porque no nos veían, porque no estábamos en ese circuito. Una cosa muy entusiasta: si nos vieran nos van a traducir”, cuenta quien publicó en 2012 el libro La traducción literaria en América Latina.

Los editores enamorados
“La editorial italiana Sur empezó siendo una librería, después empezó editar, y después la que traducía la mayoría de los libros de autores latinoamericanos se convirtió en la editora del sello. Generalmente son proyectos bastante autogestivos”, explica Rodríguez Lacrouts, y Adamo subraya la idea: “Acá hay mucho que tiene que ver con intereses personales: de pronto aparece un editor que por x motivo está enamorado de la literatura argentina y se pone a traducir un montón. Como es relativamente chico el número absoluto de libros argentinos traducidos este tipo de cosas puede generar cambios fuertes en las tendencias.

Potencia y contexto
El contexto acá es clave. Victoria Rodríguez Lacrouts explica que, “en relación a Uruguay y Chile, por ejemplo, tenemos muchísimas más traducciones nosotros. Obviamente que con Estados Unidos, con las lenguas centrales, no te podés comparar nunca. Estamos hablando de una lengua que, si bien es central, siempre tiene la dominancia todavía de España. Habría que hacer un estudio comparativo más serio, pero en principio lo que me parece un gran éxito es lo parejo: se mantuvieron en un programa medio relativamente parejo durante más de diez años las traducciones de autores argentinos. Para mí eso ya es un montón. ¿Se pueden hacer un montón de cosas para que ese número pueda aumentar un poco más? Sí, seguro. Son un montón de cosas”.

¿Y qué cosas? “Cosas que no tienen que ver únicamente con una mejor aplicación del Programa Sur o políticas de Estado que se complementen un poco con eso. Tiene que ver también con las dificultades que todavía tenemos en nuestro país para conectarnos económicamente con el mundo: el cobro de divisas acá siempre es muy complejo. Entonces te metes como en una maraña de cosas donde muchos editores prefieren no mirarla y dedicarse a otra cosa que a vender autores. Son un montón de aspectos en los que se pueden trabajar para que este número vaya creciendo. No me parece un número menor. El promedio sostenido año a año está muy bien, me parece un buen pronóstico”, asegura Rodríguez Lacrouts.

“Lo más notable del informe —opina Adamo— es que se mantiene el interés por la literatura argentina. Si uno la mueve bien y la muestra, está. A veces suena un poco ombliguista, decir ‘nos tienen que mirar’; no es eso, sino que realmente hay un convencimiento de que la calidad de la literatura argentina es tan buena que merece estar en ese circuito de literatura traducida. Lo más reconfortante fue confirmar esto y ver cómo año tras año siempre un poco más se traduce. Hay todavía un largo camino para recorrer. En el concierto internacional de lenguas Argentina no tiene un lugar central, pero dentro de lo que se puede aportar la literatura argentina va creciendo. Y eso lo confirmamos y eso da entusiasmo”.


martes, 22 de agosto de 2023

El tercer informe sobre extraducción de literatura argentina

Gabriela Adamo y Victoria Rodríguez Lacrouts realizaron un minucioso informe sobre la extraducción de literatura argentina. A propósito de esto, Valeria Tentoni, del blog de Eterna Cadencia, les realizó una entrevista que se publicó en este mismo blog el pasado 18 de agosto.

El informe en cuestión puede consultarse en la página web de TyPA.

Al abrir la página, se lee: "Quince años después del primer informe y una década después del segundo, Fundación TyPA presenta "La extraducción en Argentina III (2010 - 2022)", una investigación realizada por Gabriela Adamo y Victoria Rodríguez Lacrouts.

El propósito de la publicación es brindar información concreta y confiable como herramienta básica para que tanto los actores privados como los públicos puedan desarrollar más y mejores estrategias a la hora de promover la traducción de autores argentinos a otras lenguas.

La investigación se realizó a través de cuestionarios enviados a más de 600 editores, agentes y autores del país y del exterior, además de un análisis detallado de las bases de datos como las del Programa Sur (Cancillería). A partir de hoy, es de acceso gratuito y abierto para todo público".

Acto seguido, está el link para entrar en la publicación.

viernes, 18 de agosto de 2023

"El ecosistema de traducciones está vivo"

El pasado 17 de agosto, Valeria Tentoni publicó una entrevista con Gabriela Adamo y Victoria Rodríguez Lacrouts, de la Fundación TyPA, quienes ese día iban a presentar un informe sobre la “extraducción en la Argentina”. Las condiciones climáticas no lo permitieron, pero la entrevista fue publicada de todos modos en el blog de Eterna Cadencia.

¿Cómo llegan los autores y autoras argentinos a ser traducidos?


¿Cómo llegan los autores y autoras argentinos a ser traducidos? Esta tarde se presentará en la librería el tercer informe de la extraducción en la Argentina de Fundación TyPA, una actualización del presentado hace una década. ¿Cuántos libros se han traducido y a qué lenguas? ¿Cómo circulan estas traducciones? ¿Qué papel cumplen las agencias, las ferias o las editoriales? Estas son algunas de las preguntas que motorizan la investigación detallada que compartirán, junto a Alejandro Dujovne.

"Vamos a presentar los resultados y hablar sobre los viajes siempre misteriosos, siempre necesarios, de la literatura a través de las lenguas”, explica Gabriela Adamo, una de sus responsables junto a Victoria Rodríguez Lacrouts, con la colaboración de Victoria López Zanuso. “Cuando en 2009 tomamos la decisión de realizar un informe que nos permitiera conocer el estado de situación de los libros de autores argentinos traducidos a otras lenguas, casi no había mapas para seguir”, admiten, y celebran que desde la Fundación TyPA (Teoría y Práctica de las Artes, una organización radicada en Buenos Aires y fundada en 2004), hayan comenzado a acopiar datos para organizar un mapeo que ahora les sirve de base.

Desde hace más de quince años en el área editorial, también traductora del alemán y del inglés, Gabriela Adamo fue Directora Ejecutiva de la Fundación El Libro, responsable de la organización de la Feria del Libro de Buenos Aires (2011-2014) y también supo ser Directora de la Fundación Filba, donde trabajaron codo a codo con Victoria Rodríguez Lacrouts, quien todavía se desempeña allí como programadora. Las dos respondieron en conjunto algunas preguntas:

–Da la sensación de que hay un interés creciente en la traducción de los libros argentinos en el exterior, ¿es sólo una sensación? ¿Qué pueden contarnos desde TyPA?
–No diríamos que es un interés específico por la literatura argentina, sino por la traducción en general. Desde hace ya una década los indicadores –no sólo las cantidades de traducciones, sino iniciativas como premios a la traducción, campañas de visibilización de traductores, etc.– le van otorgando un lugar cada vez más relevante a las literaturas traducidas y a la práctica de la traducción. A la vez, es un tema muy complejo de estudiar, lleno de variables (como la lectura misma), por lo que es difícil sacar conclusiones tajantes. La literatura argentina, desde ya, se beneficia de un escenario internacional un poco más generoso e interesado. Y lo que sí queda claro de los números del estudio es que el total crece: lento, pero seguro, cada año se traduce un poquitito más que el anterior. Tenemos que trabajar entre todos para reforzar esta tendencia.

–¿Qué dificultades se encuentra TyPA para el acceso a datos suficientes como para leer este recorte de la realidad literaria? ¿Hay algún otro organismo o institución haciéndolo?
–Dedicamos una buena parte del informe a describir las dificultades, no con ánimo de queja sino, precisamente, porque son dificultades que podrían removerse con voluntad de las partes. Hoy en día la única información disponible es la que provee el Programa Sur (y eso es una mejora abismal con respecto a lo que sucedía diez años atrás). Pero es muy difícil reunir información sobre libros traducidos que no recibieron el subsidio; el ámbito privado es muy celoso a la hora de compartir esos datos y no terminamos de entender por qué. Compartimos la opinión con otros investigadores que también vienen trabajando el área desde hace tiempo y con seriedad, como Alejandro Dujovne del Centro de Políticas del Libro de la UnSam.

–¿Por qué consideran importante para la salud del ecosistema del libro argentino la compra y venta de derechos de traducción?
–Creemos que es importante en más de un sentido: en principio, para bien y para mal, no podemos pensar la cultura en términos cerrados, aislados. El flujo de literaturas mundiales que se generan en las ferias, en los festivales, son instancias muy ricas, y es deseable que los autores argentinos sean parte de esos diálogos. Para que eso suceda, tiene que haber traducciones, tiene que haber venta de derechos. Además, cuando un autor trasciende las fronteras, suceden varias cosas: no solo se lee a ese autor en particular, se lee un sector de la literatura argentina, un sistema de relaciones con la tradición y la innovación, y eso es importantísimo. Y un autor puede ser una puerta hacia muchos otros.Por último, estamos convencidas de que puede ser una instancia de beneficio económico, tanto para los autores como para los editores. Como decimos en el informe, este ítem es el más difícil de desentrañar por la escasez de información al respecto. Si bien conlleva mucho trabajo que a veces las editoriales pequeñas o medianas no pueden afrontar, cuando hay una experiencia positiva al respecto, hay un resultado económico también beneficioso.

–¿Cómo conversa esto con el camino inverso, las traducciones argentinas de libros extranjeros? Argentina tiene una gran tradición de traducciones, ¿qué pueden contarnos de esto?
–Sí, efectivamente, Argentina fue un gran país intraductor de literatura, y contamos con excelentes traductores hoy en día, que cumplen una tarea fundamental para que el viaje de una lengua a otra sea disfrutable y llegue a buen puerto. Pero traducir hoy en día significa pagar adelantos en moneda extranjera, es decir, producir un libro en traducción tiene otros costos. Varios editores con los que conversamos, que tenían un catálogo mayoritariamente de traducción, están dejando paulatinamente de hacerlas por esto que exponemos. Y es una pena enorme. Pero –y esto es importante remarcarlo– el ecosistema de traducciones está vivo y eso es gracias a las editoriales independientes (y, lo repetimos, a los buenos traductores que tenemos), que son las que más apuestan por este tipo de libros. Si bien la CAL tiene un número de la cantidad libros traducidos que hay dentro del mercado, no hay un estudio profundo de qué traducimos. Nos debemos eso, porque como toda variable cultural, eso te sigue completando el rompecabezas de la industria editorial y junto a eso, te permite seguir analizando los tipos de lectores que tenemos en nuestro país.

–¿Qué hay de cara al futuro con TyPA? ¿Qué balance pueden hacer, además, del trabajo de todos estos años
–TyPA es un lugar fantástico, que desde el día uno estuvo impulsado por la pasión, el interés y el conocimiento de Américo Castilla y las distintas personas que la fueron conformando. A la vez, es muy difícil sostener proyectos de este calibre en un país con muy pocos fondos destinados a la investigación en artes y cultura. Eso dificulta planear el futuro. Pero mientras haya entusiasmo, seguiremos trabajando con los temas que nos obsesionan y, creemos, son fundamentales para sostener los espacios de creación y discusión públicos, que -está a la vista después de las elecciones- cada día son más necesarios.