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jueves, 4 de junio de 2026

Granta pone en juego su prestigio publicando un cuento sospechado de haber sido escrito con IA

Jamir Nazir
El pasado 23 de mayo, Daniel Gigena publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires, un artículo que da cuenta del escándalo generado por un cuento ganador de un concurso organizado por la Fundación Commonwealth y publicado por la revista Granta, sospechado de haber sido escrito con inteligencia artificial. En la bajada se lee: "Tras la denuncia, esta semana, la Fundación Commonwealth, organizadora del certamen, y la revista Granta, que publica las obras ganadoras, emitieron sendos comunicados dando explicaciones por la acusación sobre la supuesta autoría del caribeño Jamir Nazir".

Sospechan que premiaron textos escritos con IA en un concurso anglosajón de cuentos publicados por Granta

Después de que editores y lectores denunciaran que al menos uno de los cinco cuentos premiados en el concurso de cuento organizado por la Fundación Commonwealth, que se publican en la revista británica Granta, había sido escrito con herramientas de inteligencia artificial (IA), autoridades de la fundación y de la revista salieron a dar explicaciones. La sospecha recayó sobre el relato “The Serpent in the Groove” [La serpiente en la arboleda], del trinitense Jamir Nazir (ganador de la región del Caribe), por el uso de metáforas y comparaciones incoherentes, estructuras coordinativas repetitivas (“no era esto, sino aquello; no solo tal cosa, sino además tal otra”) y un tono seudolírico que se asocia con los modelos generativos de IA. La historia transcurre en el ámbito rural de Trinidad y Tobago.

El miércoles, el escritor jamaicano Marlon James, ganador del Premio Booker con la novela Breve historia de siete asesinatos, posteó en su cuenta de Facebook: “Olvídate de la IA por un momento. Un relato ganó un concurso internacional con una frase como esta: ‘La chica sonrió como un amanecer sobre un lavabo’”. Usuarios de detectores automáticos de IA (como Pangram) concluyeron que el cuento premiado había sido “generado en 100% por IA”, si bien especialistas consultados por The New York Times afirmaron que estos detectores suelen arrojar “falsos positivos”, en especial en textos literarios.

Pero contactado por el diario El País, el tal Nazir dijo que el relato es solo suyo: “Lo escribí yo. Desde mi infancia he escrito, y eso ha continuado mientras me fue absorbiendo mi vida profesional. Ahora una enfermedad me ha obligado a quedarme en casa, y así retomé la escritura. Vi el anuncio de este concurso y me presenté”. Ahora, agrega: “He aportado pruebas de que efectivamente yo lo escribí”. Y tiene planes de futuro: “Trabajo en otros proyectos, entre ellos la historia de la expulsión forzosa de mi abuelo desde India y su traslado a Trinidad y Tobago. Una historia muy, muy triste”.

De Nazir, solo se conoce la descripción de su biografía publicada en la página web de Granta. Se trataría de “un prolífico poeta y autor, con libros publicados y otros de próxima publicación”, de 63 años. Entre sus obras se encuentra un poemario autopublicado, Night Moon Poems for All Who Have Loved or Dreamed of Love. Del certamen participan autores de los 56 países de la Commonwealth (muchos de ellos son excolonias británicas).

Este jueves, Razmi Farook, director general de la Fundación Commonwealth dio a conocer un comunicado en el que afirma que la entidad “se toma muy en serio las acusaciones de uso de inteligencia artificial contra varios de los autores ganadores” del concurso. “En la medida de lo posible, sin comprometer la integridad artística, hemos tomado medidas para comprender y cuestionar dichas acusaciones, revisando todas las pruebas disponibles. Asimismo, reconocemos que, en este momento, tenemos el deber de respetar las decisiones del jurado independiente de expertos que seleccionó los relatos y de apoyar a todos los autores que participan en el premio”, agrega. El jurado del certamen es anónimo. No obstante, Farook admite que “el rápido desarrollo de la IA plantea desafíos cada vez mayores para la literatura y otras disciplinas creativas”.

“Somos solo una de las muchas organizaciones que se enfrentan a este reto. Mediante una revisión exhaustiva, nos aseguraremos de que se tomen las medidas adecuadas para que nuestro proceso de evaluación pueda hacer frente a la creciente amenaza que la IA supone para la creatividad”, anticipa. Y asegura que velan por trabajo de los “escritores actuales y anteriores del premio”.

“Creemos que es vital reconocer el malestar que sienten todos los involucrados o afectados por el reciente discurso en torno al Premio de Cuento Corto. Ofrecemos nuestro apoyo a nuestros ganadores, escritores preseleccionados, jueces, exalumnos y a la comunidad en general”.

Según Farook, para participar del concurso, los autores deben confirmar que las obras presentadas son de su propia autoría (ninguno dijo que había usado IA). “Hasta que surja una herramienta o un proceso suficiente para detectar de forma fiable el uso de la IA, que además pueda abordar los retos relacionados con el trabajo con ficción inédita, la Fundación y el Premio de Cuento de la Commonwealth deben basarse en el principio de confianza”, sostiene.

Granta también debió dar explicaciones. “Desde 2012, Granta publica en su sitio web los relatos ganadores del Premio de Cuento de la Commonwealth. Los editores de Granta no participaron en la selección de estos relatos, más allá de la corrección de estilo al recibirlos. Este año, se ha especulado con la posibilidad de que algunos relatos hayan sido generados, al menos parcialmente, mediante inteligencia artificial. Nos tomamos muy en serio la acusación de que los autores hayan presentado material que no es de su autoría, pero hasta que no se presenten pruebas concluyentes, mantendremos estos relatos en nuestro sitio web”, se lee en la introducción al cuento cuestionado. Otros dos relatos premiados también están bajo sospecha.

Por otro lado, la editora de Granta, Sigrid Rausing, difundió una carta abierta. “Le mostramos a Claude.ai el artículo y le preguntamos si fue generado por IA”, admite. “La respuesta fue extensa, concluyendo que ‘casi con toda seguridad no fue producida sin la ayuda de un humano’. Sin embargo, finalizó con una nota cautelosa [sobre algunos pasajes]”. Acotó que era posible que se hubiera otorgado “un premio a un caso de plagio de IA; aún no lo sabemos, y quizá nunca lo sepamos”. Por último, encontró “irónico” el uso (por parte de Granta) para detectar si el cuento premiado había sido generado por IA. El comunicado de Rausing fue criticado por lectores y escritores en redes sociales.

Este año, el Grupo Hachette canceló en Estados Unidos el lanzamiento de la primera novela de terror, Shy Girl, de Mia Ballard (cuya existencia fue puesta en duda, al igual que la de Nazir), ante las denuncias de los lectores de que había sido escrita con IA. Días atrás, el director ejecutivo de la cadena de librerías Barnes & Noble, James Daunt, declaró que vendería libros de ficción escritos con IA, “siempre y cuando no se disfrace ni pretenda ser algo que no es, que tenga una calidad esencial y que el lector quiera comprarlo”.



jueves, 28 de mayo de 2026

La fragilidad del papel vs. la de lo virtual


El domingo 17 de mayo, el editor, ensayista y poeta mexicano José María Espinasa publicó en La Jornada Semanal, de México, el siguiente artículo, a propósito de la oposición entre los textos publicados en papel y en la web.

Publicaciones en papel: la duración de lo frágil

Durante siglos la sensación que tenía la cultura occidental respecto al libro en papel era su condición frágil, si no efímera, sí amenazada por el fuego, la humedad, las guerras de diversa índole. A las civilizaciones del texto correspondían guerras religiosas. Ya a finales del siglo XIX y principios del XX, la amenaza fue la acidez del papel: con el tiempo, como la carne, se volvía polvo. Frente a esa fragilidad, Occidente creó las bibliotecas, los museos y los archivos. Hace treinta años el mundo digital vino a trastocar esa búsqueda de la permanencia. Trastoquemos la cita: todo lo virtual, carne o papel, se desvanece en las redes. Y ahora, nostálgicos al fin, se tiene la sensación de que el papel es eterno y que la edición barata en la que leímos Crimen y castigo durará toda la eternidad, o –el equivalente personal– lo que dure mi vida.

El desplazamiento del papel al bit ha sido particularmente violento en los libros de consulta –enciclopedias, diccionarios–, hoy fuera de uso. Sin embargo, y se lo agradezco, hay profesores que siguen pidiendo al joven escolar que lleve a clases un diccionario en papel. Pero tal vez donde el golpe ha sido más devastador es en el terreno de las publicaciones periódicas.

Según las informaciones de que se dispone, los periódicos han reducido al mínimo su tiraje en papel y la mantienen porque, según parece, si no hay versión en papel la digital se lee muy poco. En la vida cotidiana eso se ve en los puestos de periódico, que ya casi no venden diarios y en cambio se han llenado de libros –y, desde luego, de dulces y alimentos chatarra. La frase de la canción popular –ya para qué leer un periódico de ayer– se ha transformado en “ya para que leer un periódico de hoy”, pues no confiamos en que haya un mañana.

La fragilidad de lo virtual es una metáfora de nuestra angustia. Los semanarios políticos sufren una situación muy parecida. Las revistas, por su lado, son poco leídas, no sólo en papel sino también en la red. Algunos expertos señalan que se está en una fase de reacomodo de las prácticas lectoras. Por ejemplo, mientras que las editoriales independientes proliferan, las revistas no; prácticamente han desparecido, incluidas las digitales. En cambio, las académicas, que en principio parecerían las más abocadas a desaparecer, han ofrecido una sutil resistencia con la convivencia de los dos soportes. ¿Y las de extensión universitaria o difusión cultural? No es fácil ver claro porque su circulación es por lo menos azarosa.

Por ejemplo, hace unos días llegó a mis manos el ejemplar de Armas y Letras, fechado en enero-abril de 2024, según se consigna en la página legal, el 113. El título siempre me ha parecido más propio de una publicación del siglo XIX que del XX, y desde luego que del XXI. Es una revista de la Universidad Autónoma de Nuevo León, casa de estudios que es ahora uno de los faros editoriales en México gracias al poeta José Javier Villarreal y al narrador Antonio Ramos Revilla. Más que juzgar la revista o el número quiero consignar aquí mi reacción: la hojeo con curiosidad y termino leyendo varios de los textos que se publican, algo que no me ocurre cuando me encuentro, también por azar, con una revista digital. Esa reacción se hace extensiva a otras revistas de difusión cultural vinculadas a universidades, como La Palabra y el Hombre, Luvina o Revista de la UNAM, por limitarme a las universitarias. Esa reacción no sólo responde a que no soy nativo digital, pues también la percibo en lectores muy jóvenes, que leen libros –pero no revistas– en sus dispositivos y tabletas. Diría que eso responde la tangibilidad física del papel. Es también cierto que esas revistas ya no se guardan en el librero y suelen tener una ruta extraña ante los lectores. ¿Se acuerdan de aquella original pero poco efectiva campaña “abandona un libro”? Sin campañas, las revistas se suelen abandonar –en un autobús, en un café o en manos de otro lector– y así en el azar encuentran a veces nuevos lectores.

Vuelvo, sin embargo, a la caducidad o duración del papel. El que la primera sensación se desplace hacia la segunda tiene que ver con la necesidad de certezas. El papel es más cierto –más verdadero– que el bit. Porque la memoria digital –acumulativa– no es la memoria humana –selectiva. El signo más radical: la inteligencia del hombre y la inteligencia digital no entienden, suponiendo que entiendan algo, lo mismo en la palabra “inteligencia”. Por eso, tal vez, como ejemplifica el caso de la UANL, las universidades, que florecieron a la par que la cultura del libro en papel, sean los espacios en que intuitivamente se defiende la duración –no necesariamente la permanencia– de la palabra impresa en papel. Es la revista física la que me lleva a consultar la página web de Armas y Letras y a hojearla de manera fortuita.

Eso nos lleva a otro tema: los motores de búsqueda de la web. Son imprescindibles, pero hasta ahora producen más ruido que música. Tal vez sea ese el terreno en que la inteligencia artificial y las estrategias de los algoritmos, hasta hoy pensados en su función comercial, puedan tener una enorme consecuencia. Les sugiero, sin embargo, a los panegiristas de la IA leer en el ya casi septuagenario libro de Gabriel Zaid La máquina de cantar para entender lo que siempre estará del lado humano, no del técnico.

En un panorama con sesgos apocalípticos como los que ahora vivimos, seguir pensando la duración de lo frágil –la vida misma por ejemplo– parece frívolo, pero es absolutamente necesario.

viernes, 20 de marzo de 2015

Una vieja revista de libros, ahora en castellano

Ayer, 19 de marzo, Silvina Friera publicó el siguiente artículo en el diario Página 12, donde se habla del lanzamiento de Review, la versión argentina de la New York Review of Books. “La publicación sale cada dos meses y trae una selección de los mejores artículos de la revista estadounidense, considerada una referencia por la izquierda cultural norteamericana, y textos escritos para la ocasión por autores

Con un interés vivo en los libros

El ensayo de ideas o su pariente cercano, el texto periodístico de largo aliento y lectura, padece una especie de proscripción desde que impera el prestigio de la brevedad a través de las redes sociales. Quizá no venga mal recordar cómo empezó hace 52 años The New York Review of Books, una de las revistas que más han contribuido, en el ámbito anglosajón, a la discusión literaria, política, económica y social. Elizabeth Hardwick, integrante del grupo de escritores y editores que impulsaron la publicación junto con Barbara y Jason Epstein y Robert Lowell, denunció que proliferaban “articulitos inofensivos” en las revistas culturales y calificó al periodismo literario de entonces como víctima de una “lobotomía” y sin ningún “interés vivo en los libros”. El primer número salió en febrero de 1963 con artículos firmados por Mary McCarthy, W. H. Auden, Norman Mailer y Susan Sontag; y en sucesivos números se añadirían las firmas de Truman Capote, Hannah Arendt, Gore Vidal y Saul Bellow, entre otros escritores. Ya está en los kioscos del país Review. Revista de Libros, la versión argentina de la emblemática publicación –que saldrá cada dos meses y tendrá una tirada de 15 mil ejemplares–, dirigida por José Natanson y la contribución de Ricardo Piglia y Juan Gabriel Tokatlian en el consejo editorial, con una selección de los mejores artículos de la revista de la izquierda cultural estadounidense y textos escritos para la ocasión por escritores argentinos y latinoamericanos.

“Partimos del diagnóstico de que la prensa cultural atraviesa una etapa de crisis, que es un subproducto de la crisis general de los medios gráficos, pero que tiene su especificidad, un estrés particular, consecuencia de la competencia digital que a menudo lleva a los editores a adaptar los textos a lo que se supone son los nuevos lenguajes, con el resultado de artículos que pierden extensión y aparecen cada vez más intervenidos por recuadros y copetes, minibiografías, fotos y frasecitas”, escribe Natanson en el primer editorial de la Review, que incluye artículos de Paul Krugman sobre la desigualdad en el siglo XXI –su lectura de El capital en el siglo XXI del economista francés Thomas Piketty–, un “trabajo comparativo” de Amartya Sen entre India y China, una crónica de la mexicana Alma Guillermopietro acerca de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, una formidable lectura de Piglia sobre Sarmiento, Escribir en Cuba en el siglo XXI, de Leonardo Padura, un análisis del futuro de la clase media por el escritor Carlos Godoy y un texto extraordinario de la narradora Joyce Carol Oates sobre Mike Tyson, entre otros.

El principio del ensayo de Oates, autora de esa joyita imperdible que es “Del Boxeo”, es una maravilla para coleccionar. “La vida de un campeón de boxeo tras el retiro trae a la memoria la frase de Karl Marx según la cual la historia se repite primero como tragedia, después como farsa. Aun cuando el boxeador logre retirarse sin recibir heridas de gravedad, no es improbable que los golpes reiterados en la cabeza tengan a largo plazo consecuencias neurológicas, y que la agresión acumulada de un entrenamiento arduo y de peleas ganadas con esfuerzo precipite el deterioro natural debido al envejecimiento; y sin duda es probable que el boxeador haya sido testigo de episodios muy desagradables en las vidas de otros boxeadores, o que incluso los haya causado. Como alguna vez dijo Fritzie Zivic, campeón de peso welter: ‘Estás boxeando, no estás tocando el piano’.”

Natanson cuenta a Página/12 que siempre leyó The New York Review of Books, por Internet o en papel. “Aunque algunos artículos se publicaban sueltos en algunos medios culturales argentinos, no había nadie que seleccionara y sistematizara lo mejor de esa revista y a partir de ahí hiciera una publicación. Negociamos los derechos y decidimos editarla. No pretendemos instalar un canon literario, ni crear un programa de lectura ni ordenar el campo de la crítica literaria. Lo que nos proponemos es más sencillo: elegir lo que nos parece mejor de la Review of Books y agregarle algunos textos interesantes para el lector argentino y latinoamericano”, resume el director, que cuenta con un equipo de editoras integrado por Jorgelina Núñez y Silvina Cucchi, y un equipo de traductores con Ignacio Barbeito, Carlos Díaz Rocca, Leonel Livchits y Dennis Peña a la cabeza. En los próximos números habrá artículos de Naomi Klein sobre el cambio climático, de Timothy Garton Ash acerca del libro de Robert Darnton sobre la historia de la censura, de Stephen King por la novela El jilguero de Donna Tartt, del Premio Nobel Orhan Pamuk sobre John Updike, de John Banville sobre Kafka y de Sergio Ramírez sobre el canal de Nicaragua, entre otros.

“La idea es poner a disposición del lector local un material que no está traducido al español –plantea Natanson–. Una parte de la prensa cultural está muy tensionada por la competencia con las redes sociales. Nosotros publicamos textos largos, de cinco, seis o siete páginas. Sabemos que es una apuesta exótica, pero creemos que hay un público interesado en este tipo de revista. El principal enemigo de una publicación de calidad no es la plata sino el tiempo. El texto de Krugman sobre Piketty tiene como 30 mil caracteres, te lleva un rato leerlo; es el artículo que convirtió a Piketty en un fenómeno del pensamiento económico en el mundo, porque cuando había sacado el libro en Francia pasó medio inadvertido. Krugman escribió el artículo en la Review y a partir de ahí el libro de Piketty se convirtió en el libro de economía más importante de las últimas décadas. Sabemos que vamos un poco a contramano, pero nos gusta el desafío.”