Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Lago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Lago. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de julio de 2021

"El mundo que existe del otro lado de la página"

La presente entrevista entre el crítico, novelista y editor Luis Chitarroni y el escritor y traductor español Eduardo Lago se publicó en Aptus, el 13 de enero de 2021. En esa conversación el traductor de John Barth explica por qué quienes traducen deben ser considerados escritores.

El arte de la traducción

La reivindicación del traductor como un lector minucioso que resignifica la obra, y genera una nueva versión del texto sobre el que trabaja, fue uno de los ejes centrales sobre los que dialogaron el escritor español Eduardo Lago y el editor y crítico Luis Chitarroni, en el marco de la celebración por la primera traducción al español de la novela Ulises, del escritor irlandés James Joyce.

Durante el encuentro, Chitarroni contó que Lago tradujo un libro –“que no sé si es tan difícil de traducir como el Ulises– , El plantador de tabaco, de John Barth, un contemporáneo de Pynchon. En su momento era quien le disputaba el trono a Pynchon; aunque después fue quedando un poco relegado, pero recuerdo que era un autor impresionante”.

Lago, que trabajó durante cinco años en la traducción de El plantador de tabaco, sostuvo que “leer es abandonar el mundo que nos rodea, perder la conciencia de uno mismo para adentrarse en otra dimensión, interpretando el mundo que existe del otro lado de la página”.

“La lectura procede por acumulación, dejando un pozo que la memoria filtra selectivamente, apenas retenemos un porcentaje de lo que vamos leyendo; quien comprende la lectura siquiera de un volumen se queda con una horma que se concreta en un recuerdo global”, señaló.

Y en ese sentido puso el acento en el rol del traductor: “El traductor ejerce máximamente como lector: el texto producido por el escritor es interpretado, comprendido, traducido si se quiere de manera diferente por cada uno de los lectores, así como otro tipo de lector especializado o crítico profesional no suele coincidir con sus colegas de oficio”.

Según Lago, “cada lector produce una versión distinta del texto que llega hasta él. Otro tanto hace el traductor, el más cuidadoso, meticuloso y paciente de los lectores posibles. Todo traductor es antes que nada un lector”.

“El traductor es escritor –afirmó–. La traducción literaria es escritura creativa por derecho propio. Tanto la escritura creativa y la traducción literaria son actividades que producen como resultado textos donde la calidad depende del talento natural. Aunque los talleres de escritura y traducción son de innegable utilidad, ninguna recomendación práctica y mucho menos teórica puede provocar la aparición del talento”.

Eduardo Lago (Madrid, 1954) es autor de la novela Llámame Brooklyn (Premio Nadal, 2006) y la colección de cuentos Ladrón de mapas (2008), entre otros títulos. Entre sus traducciones figuran una colección de relatos de Henry James y una antología de 82 poemas de Sylvia Plath.

Además, tradujo las novelas The Rise of Silas Lapham, de William Dean Howells; The Captain of the Gray-Horse Troop, de Hamlin Garland, The Sot-Weed Factor, de John Barth, y los cuentos de Junot Díaz recogidos como Drown, entre otras cosas. Su nueva novela, Siempre supe que te volvería a ver, Aurora Lee (Malpaso, 2013), se publicará próximamente en Argentina.

Para Lago, “son innumerables los casos de escritores que han dedicado una buena parte de su energía creadora a traducir: el novelista catalán Eduardo Mendoza expresó que a él y a Javier Marías les gustaba más la práctica de la traducción que la escritura en sí; Marías llegó a decir que lo mejor que ha escrito es el Tristram Shandy, del escritor inglés Laurence Sterne”.

Y explicó que cuando Marías declara que esa es su mejor obra, “no está diciendo que Sterne fuera mejor novelista que él, sino que Marías está a la misma altura que Sterne como escritor, pues ha sido capaz de producir un texto de tanta calidad como tiene el original compuesto por el autor”.

“Casos como el de Pedro Salinas traduciendo a Proust, o Borges, a Virginia Woolf, nos sitúan en el límite más alto del binomio traductor-escritor; Salinas y Borges son lectores y escritores excepcionalmente dotados, por eso sus traducciones tienen una calidad excepcional”, graficó Lago.

Lago afirmó que “la traducción consiste en adentrarse en una zona nebulosa, región menos transparente situada por encima y fuera del ámbito de los lenguajes naturales, una región donde se encuentra el arquetipo de algo que algunos pensadores ha denominado lengua universal”.

jueves, 6 de julio de 2017

"Capacidad de comprender sistemas muy complejos, y de resolver con solvencia en lo concreto"

El 29 de junio pasado, con la agudeza que suele exhibir cuando reflexiona, la escritora y traductora María José Furió publicó la siguiente columna en El Trujamán. Allí se refirió al escándalo oportunamente desatado cuando la publicación de Finnegans Wake, de James Joyce, en versión del traductor argentino Marcelo Zabaloy. Si bien ya hemos dado espacio a esa polémica en este blog, recordamos que además de Zabaloy, participaron de la discusión el escritor español Eduardo Lago –parte interesada, como se verá–, Matías Serra Bradford y Román García Azcárate.

El crítico que pidió al traductor una cuerda para ahorcarlo
y recibió una tirita de papel

En 2016 se ha publicado una versión en español de Argentina del Finnegans Wake (1939), de James Joyce, obra del traductor originario de Bahía Blanca Marcelo Zabaloy, quien ya tradujo y publicó el Ulises. Varios aspectos se sumaban para convertir esta traducción, «la primera completa en español», en un acontecimiento y provocar un debate o varios, aprovechando no solo la inclinación iconoclasta de los argentinos sino también el carácter outsider del traductor. Éste no es un profesional en el sentido en que habitualmente usamos este adjetivo: Zabaloy (1957) trabajó durante décadas en un sector ajeno al ámbito intelectual –creí entender que en complejos tendidos de cableado informático para empresas y como entrenador de rugby–; llegó a la traducción por una mezcla de entusiasmo por el original de Joyce –cuando en 2004 su esposa le regaló el Ulises–, pasión descifradora –recurre a bibliografía experta para desentrañar sus dudas– y temeridad. Los pormenores de su andadura están recogidos en los sucesivos posts publicados en el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires. Me interesa subrayar la dificultad de la crítica de traducción literaria, no solo cuando el idioma y su producción literaria son minoritarios, también cuando el original es difícil o, en el caso de Joyce, icónico. Los galones de obra maestra no se regalan; tampoco se otorgan a los don nadie, a los intrusos, a los parvenus, a los aventureros de cualquier arte. Y la traducción de obras maestras no puede ser cosa de cualquiera. Se olvida a menudo que es la crítica literaria, de obras traducidas o de obras originales, lo que tampoco puede abandonarse en manos de cualquiera, porque lo fundamental siempre es el rigor.

Este es el intríngulis del debate que emergió durante unas semanas de julio –mientras los españoles andábamos sonámbulos por el calor– en varias publicaciones argentinas, al que se sumaron algunos profesionales extranjeros, que se reunieron en el blog citado.

El aspecto significativo de la versión de Zabaloy es, según aplauden unos y critican otros, la radical opción «regionalista», con alusiones a personajes y circunstancias contemporáneas de Argentina como deliberada equivalencia del original joyceano, con juegos de palabras que no podrá comprender el lector de fuera del país. No lleva notas y, además, no la presenta un prólogo con firma de renombre susceptible de tranquilizar sobre la seriedad del empeño al lector interesado. Para aumentar el drama del atrevimiento, el editor que revisara «línea por línea» la versión del Ulises de Zabaloy falleció en el curso de la revisión del Finnegans, de modo que ésta se presenta sin los avales de cordura que tópicamente atribuimos a la presencia de un editor, correctores y otros colegas expertos.

En el transcurso de los rituales de presentación al público, se solicitó la opinión del escritor y traductor español Eduardo Lago, quien se mostró reticente sobre el resultado y discurrió sobre la profusión de referencias a la realidad argentina, incomprensibles para la mayoría de los ajenos a ella. Su reticencia y la críptica manifestación de respeto intelectual a Zabaloy me resultaron enigmáticas y, escarbando en Google, descubrí que Lago coordina actualmente la traducción de una nueva versión del Ulises, subvencionada por un ilustre organismo cultural mexicano. Es parte interesada en el negocio de las versiones de Joyce, y su enfoque aglutina típicos rasgos de seriedad academicista.

Ahora bien, el momento cumbre lo proporcionó Matías Serra Bradford, escritor y traductor, en una reseña crítica publicada en el diario Clarín. En pocas líneas se cargó los años de trabajo de Zabaloy utilizando como arma varias de las soluciones que éste ofrecía al peliagudo original. Poco después llegó una respuesta del traductor desvelando la mala fe con que había actuado el articulista. En resumen: entre la publicación del Finnegans y la de la reseña no mediaba tiempo suficiente para leer a fondo el libro, por lo que difícilmente pudo formarse una idea precisa de la calidad y el acierto generales.

Zabaloy publicó el intercambio de correos y cómo Serra Bradford utilizó los ejemplos que le brindó para usarlos de cuerda para ahorcarlo. El traductor no tenía en su agenda morir ese día ni de esa manera y dejó al desnudo la mala fe del crítico. A éste no le quedaba otra que justificar su tropelía y lo hizo encadenando sofismas, golpes en el pecho –«la ingenuidad propia es incapaz de proyectar el alcance del candor ajeno»– y lugares comunes: no había tiempo de leerlo completo persiguiendo los chistes encerrados ahí por un «bromista de ocasión» y, más, el Finnegans es en sí interminable. No obstante, ya en las primeras páginas encontró «cuestiones básicas» que lo «alejaron» de la nueva versión, que, dicho sea de paso, es intraducible…: imposible es también reproducir la musicalidad del original; no se puede leer una traducción pensando en el original para entender algo. Otro profesional encajó muy sagazmente la trayectoria profesional de Zabaloy en su empeño autodidacta de traducir a Joyce: posee la «capacidad de comprender sistemas muy complejos, y de resolver con solvencia en lo concreto».

Del ir y venir de artículos me interesó la posibilidad bien aprovechada de debatir, incluso cuando interviene la mala fe, que brinda Internet –esta polémica difícilmente sería rentable para una publicación especializada de pago–, medio que favorece la intervención de comentaristas extranjeros, como el de los traductores que a pie de post celebraban la iniciativa de Zabaloy en su particular versión –«completa, valerosa, valiosa y entregada: exigente consigo misma»–, subrayando su cercanía al espíritu de Joyce en la libertad de adaptar a la propia cultura una obra experimental «escrita en un extraño idioma políglota que puede incluir palabras en inglés, polaco, serbocroata e incluso persa, entre otras lenguas».

La atinada reflexión de Román García Azcárate, traductor y colaborador del suplemento Ñ, cerró la polémica, que había permitido «reflexionar sobre cuestiones centrales de la traducción literaria en general», esto es: «las eventuales fronteras entre el autor original y el intérprete, los derechos individuales y los comunes a ambos, la cercanía a la literalidad y la transposición de lo intangible, las exigencias a menudo contrapuestas que plantean la fidelidad incondicional y la buena literatura».


jueves, 7 de julio de 2016

El escritor Eduardo Lago se pregunta: "¿Una sola versión regional de un texto que ambiciona ser la encarnación de un lenguaje universal?"

Exactamente un año después del punto en que comienza esta historia, la revista Ñ publica un artículo del escritor español Eduardo Lago, donde, entre otras cosas, comenta brevemente la labor de Marcelo Zabaloy y refiere “el exceso de localismo que impregnaba el ambiente de las jornadas” que el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires realizó en la Biblioteca Nacional de Argentina, para celebrar los 70 años de la primera traducción del Ulises al castellano y para recibir la que entonces era la nueva traducción, publicada por El Cuenco de Plata. Seguramente en España el localismo no se impregna, o quizás la distancia habrá hecho que Lago recapacitara para decir ahora algo que, estando en Buenos Aires –como se podrá comprobar oyendo el audio de esas jornadas, que se encuentra en la entrada del 24 de agosto del 2015, de este mismo blog–, no dijo.

Lenguas en una balanza

El 1 de julio de 2015, estando en Montevideo, recibí un correo del editor Edgardo Russo en el que tras darme la bienvenida a Buenos Aires me proponía un encuentro con él y Marcelo Zabaloy. Terminaba con estas palabras: “Tenemos algo que proponerte, y de no considerarlo importante no me atrevería a requerir tu tiempo”. Acordamos vernos al día siguiente en la sede de su editorial. Durante la noche, el correo de Russo me estuvo dando vueltas en la cabeza. ¿Qué querrían proponerme los responsables de la cuarta versión al castellano del Ulises ? Desde entonces he recibido varias invitaciones pidiéndome que valore el trabajo de Russo y Zabaloy, pero de momento me he resistido a hacerlo. En cuanto a lo que quería de mí el editor de El Cuenco de Plata, estoy condenado a no saberlo, al menos directamente.

El 2 de julio, hallándome a bordo del Buquebús que efectúa la travesía entre Montevideo y Buenos Aires, recibí un correo de Marcelo Zabaloy que decía: “Estimado Eduardo: Lamento profundamente informarle que ha fallecido Edgardo Russo; sufrió un ataque al corazón anoche. No tengo más que decir, no me sale nada”. Inmediatamente, remití el correo a Jorge Fondebrider, que me había invitado a participar en unas jornadas sobre Joyce a celebrar en la Biblioteca Nacional. Conmocionados, Fondebrider, Zabaloy y yo nos citamos en un café de Palermo, donde Jorge tomó la decisión de dedicar las jornadas a Russo. En líneas generales, el nivel de las intervenciones me pareció de una notable brillantez. Las jornadas rindieron homenaje a la mítica traducción de J. Salas Subirat con motivo del 70 aniversario de su publicación. Las intervenciones del primer día me hicieron recapacitar. Algo no acababa de encajar, pero no acertaba a identificarlo. Días antes, al final de una conferencia dictada en Rosario, pedí a una de las asistentes que leyera los últimos compases del monólogo de Molly Bloom en la versión de Zabaloy. Había hecho otro tanto en una conferencia sobre Joyce que dicté en la Biblioteca Nacional de Madrid un mes antes. El efecto sobre el público fue radicalmente distinto en una y otra ocasión: en tanto que el texto leído en Rosario fluía con natural musicalidad, en Madrid resultó más bien forzado y chirriante, lo cual me hizo llevar a cabo mi propia traducción del fragmento.

Leí el Ulises por primera vez con 17 años, en la versión de Salas Subirat, por la que siempre sentiré gran debilidad. El mito, para mí, se derrumbó en Buenos Aires, durante la víspera de mi intervención en la Biblioteca Nacional. Comprendí que la venerable traducción publicada por Rueda había caducado cuando llevé a cabo un cotejo en profundidad entre el original y la traducción del párrafo inicial del capítulo V, una bellísima descripción de la bahía de Dublín al atardecer. La versión castellana era incapaz de sostener la sublime fuerza del original. Comuniqué a los asistentes mi conclusión, lo cual me dio motivos para celebrar la aparición del trabajo de Zabaloy, aunque me guardé de hacer la misma prueba sobre su texto. La raíz de esta reserva guarda relación con el exceso de localismo que impregnaba el ambiente de las jornadas. Entre 24 posibles, ¿una sola versión regional de un texto que ambiciona ser la encarnación de un lenguaje universal? El problema se agudiza ahora que se publica una nueva hazaña de Zabaloy, la traducción de Finnegans Wake , un conglomerado políglota que integra más de ochenta idiomas naturales con el inglés como mínimo sustrato. Tengo mi propia relación con el asunto, aunque en mi caso me he limitado a experimentar con la brevísima sección titulada “Anna Livia Plurabelle”, que el lector interesado puede consultar en el blog de Enrique Vila-Matas. Un intento meramente lúdico por acariciar el lomo de la bestia.

Zabaloy me explicó que lo que Russo quería proponerme era oficiar de asesor en el proceso de traducción de Finnegans Wake , y me invitó a cenar. Antes de sentarnos a la mesa, estuve examinando los fragmentos iniciales de su traducción, a petición suya. Estos días he tenido ocasión de leer un largo segmento del texto. Mi reacción ha sido de desconcierto, pero no hay en ello nada parecido a un juicio de valor, que pospongo para cuando no me quede más remedio que pronunciarme tras la lectura completa .

Confieso que lo que he leído me ha hecho sentir que me he estrellado contra un muro. Hace más de una década contrasté las tres versiones castellanas entonces existentes delUlises en un ensayo titulado “El íncubo de lo imposible”. Entonces concluí que con todos sus defectos, a veces enormes, las tres eran el Ulises , y me negué a jerarquizarlas. No es eso lo que he sentido al asomarme a las páginas del más reciente esfuerzo de Zabaloy, hacia quien por otra parte siento un profundo respeto intelectual.


lunes, 24 de agosto de 2015

Finalmente disponibles, las filmaciones de las jornadas dedicadas al "Ulises" de James Joyce


Finalmente, luego de sortear, en la medida de lo posible, numerosos inconvenientes técnicos, ya están subidas a youtube las mesas correspondientes al encuentro realizado por el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires en la Biblioteca Nacional, por los 70 años de la publicación de Ulises, de James Joyce, en la Argentina.

A quienes no les importe el orden, pueden ver y oír las filmaciones, alegremente mezcladas con el resto de las sesiones del Club en https://www.youtube.com/channel/UCHcdbt4-3M3d1uZl_p0tOYg

Pero quienes deseen recrear el orden de las dos jornadas, pueden seguir la secuencia propuesta a continuación:

Lunes 6 de julio de 2015
Lucas Petersen y Julia Benseñor :

Marietta Gargatagli y Silvia Camerotto:

Carlos Gamerro y Juan José Delaney:

Martes 7 de julio de 2015
Marcelo Zabaloy, Eugenio Conchez y Jorge Fondebrider:

Eduardo Lago y Luis Chitarroni

Barry McCrea y Jorge Fondebrider



jueves, 9 de julio de 2015

Segundo y último día de las Jornadas Joyce

Nuevamente, a sala llena, transcurrió el segundo día de las jornadas por los 70 años del Ulises traducido en la Argentina.

La velada sirvió para presentar la nueva traducción, llevada a cabo por Marcelo Zabaloy (en la foto, en el centro), con un equipo presidido por Edgardo Russo y notas de Eugenio Conchez (en la foto, a la derecha), también presente en la Biblioteca Nacional.

Posteriormente, fue el turno de Eduardo Lago quien, acompañado por Luis Chitarroni, habló sobre lo que significaba traducir y, apoyándose en su propia experiencia como traductor de John Barth, se refirió a las distintas traducciones existentes.

Cerró la noche el novelista y académico irlandés Barry McCrea, quien ofreció una muy conmovedora confesión a propósito de cómo llegó a leer el Ulises y por qué, centrándose en la experiencia de lectura de los irlandeses y los avatares de la novela en la patria de Joyce.

En los próximos días se subirán los videos registrados en ambos días.

lunes, 6 de julio de 2015

Hoy empiezan las jornadas por los 70 años de la primera traducción del Ulises al castellano

El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires –conjuntamente con el CCEBA, la Embajada de Irlanda en la Argentina y el Keough-Naughton Institute for Irish Studies in Notre Dame, U.S.A.– celebra los setenta añosde la primera traducción del Ulises de Joyce al castellano y la nueva traducción argentina de esa obra, a setenta años de la publicación de la primera. Lo hace en dos jornadas que contarán con la presencia de destacados especialistas y traductores nacionales y extranjeros, donde se discutirá, entre otras cosas, cómo fueron traducidas ambas versiones, cuál es su importancia respecto de las realizadas en España y, a modo de cierre, cómo es la lectura irlandesa de esa obra.


Lunes 6 de julio

18.15 hs.
Presentación
Lucas Petersen
“Salas Subirat: el agente de seguros que tradujo Ulises”
Moderación: 
Julia Benseñor

Lucas Petersen (Tres Arroyos, Pcia. de Buenos Aires, 1978) es periodista cultural especializado en música e historia de la cultura. Licenciado en Ciencias de la Comunicación,  trabajó en varias emisoras radiales y colaboró, entre otras publicaciones, con la revista Ñ. Es docente de Historia en el Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA). Obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes para investigar la vida de José Salas Subirat, primer traductor Ulises de James Joyce al castellano.


Julia Benseñor (Buenos Aires, 1959) es traductora literaria y técnico-científica, recibida en el Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”. Además es traductora pública en inglés, por la Universidad del Museo Social Argentino. Por su trabajo, ha recibido el Tercer Premio a la Traducción Científico-Técnica del Conosur 2001-2002 organizado por Unión Latina. Ex docente del Traductorado Literario y Técnico Científico, INES Lenguas Vivas es co-fundadora del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires (2009). Se desempeña como traductora freelance para distintas organizaciones internacionales y nacionales. Entre los autores que ha traducido se menciona a Charles Chaplin, Ray Bradbury, Saul Bellow y Ring Lardner.



19.10 hs.
Marietta Gargatagli
“Eduardo Chamorro o la muerte del traductor (que nunca es él)”
Moderación: 
Silvia Camerotto
 

Marietta Gargatagli (Paraná, Pcia. de Entre Ríos, 1948) es profesora emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, profesora del programa del Doctorado de Teoría Literaria y Literatura Comparada de la Universidad de Barcelona y del Postgrado on line de Traducción Literaria y audiovisual de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Autora y coautora de artículos y libros sobre crítica literaria, traducción e historia de la traducción. Entre ellos: Borges y la traducción (UAB, 1993); La traducción en América Latina, Buenos Aires, Paidós/Typa, Buenos Aires, 2012; El tabaco que fumaba Plinio (con Nora Catelli, Serbal, 1998); Escrituras de la traducción hispánica (Universidad Austral de Chile, 2009); École, culture et nation (Université Paris X, 2005); Los traductores en la historia (Antioquía, 2005/Editions Unesco). Codirige 1611. Revista de historia de la traducción. Ha traducido, entre otras obras, Cartas del fervor de Jorge Luis Borges.


Silvia Camerotto (Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, 1959) es poeta, docente y traductora de poesía.  Publicó los libros de poesía  420 minutos de abstinencia (Buenos Aires, Ed. del Dock, 2008) y La Grosse Fuge (Buenos Aires, Ed. del Dock, 2012). Como traductora, Las historias de Pat Hobbie, de Francis Scott Fitzgerald. Tradujo numerosos autores británicos, irlandeses y estadounidenses (entre otros Emily Dickinson,Wallace Stevens, Jude Nutter y Eiléan Ní Chuiléanain). Administra el blog De Sibilas y Pitias (http://desibilasypitias.blogspot.com/). Prepara desde hace algunos años una serie de versiones de Robert Browning que serán próximamente publicadas.


20.00 hs.
Carlos Gamerro
“Dos obras en los márgenes de la lengua”
Moderación: 
Juan José Delaney
 

Carlos Gamerro (Buenos Aires, 1962) es narrador, ensayista, traductor y guionista de cine. Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires, se desempeñó allí como docente hasta 2002. Es uno de los mayores especialistas latinoamericanos en la obra de William Shakespeare y James Joyce. Sus títulos de ficción publicados incluyen las novelas Las Islas (Buenos Aires, Simurg, 1998), El sueño del señor juez (Buenos Aires, Sudamericana, 2000), El secreto y las voces (Buenos Aires, Norma, 2002), La aventura de los bustos de Eva (Buenos Aires, Norma, 2004), Un yuppie en la columna del Che Guevara (Buenos Aires, Edhasa, 2010) y los cuentos de El libro de los afectos raros (Buenos Aires, Norma, 2005). Ha publicado también El nacimiento de la literatura argentina y otros ensayos (Buenos Aires, Norma, 2006), Ulises. Claves de lectura (Buenos Aires, Norma, 2009, e Interzona, 2015) y Ficciones barrocas (Buenos Aires, Eterna cadencia, 2011). Ha traducido, entre otros, Un mundo propio de Graham Greene, La mano del teñidor de W. H. Auden,  Poesía y represión de Harold Bloom,  Enrique VIII y Hamlet de Shakespeare. En 2007 fue Visiting Fellow en la Universidad de Cambridge y fue traducido en los talleres que dirige Amanda Hopkinson en la Universidad de East Anglia. 


Juan José Delaney (Buenos Aires, 1954) es profesor de Letras, egresado de la Universidad del Salvador donde actualmente se desempeña como titular del Seminario de Literatura Argentina del Siglo XX y Coordinador del Irish Studies Program.  Narrador y ensayista, ha publicado Papeles del desierto, volumen que reúne cuentos escritos entre 1974 y 2004, Tréboles del sur (1994), colección de historias referidas a los inmigrantes irlandeses en la Argentina, que obtuvo el Tercer Premio Municipal de Literatura de la Ciudad  de Buenos Aires,  la novela Moira Sullivan (1999) y lanouvelle Memoria de Theophilus Flynn (2012). En 2006 Ediciones Corregidor dio a conocer su ensayo Marco Denevi y la sacra ceremonia de la escritura. Una biografía literaria, proyecto por el que había sido becado por el Fondo Nacional de las Artes y  por cuya realización obtuvo el Primer Premio Municipal “Eduardo Mallea”, del Gobierno de la Ciudad  Autónoma  de Buenos Aires. Es autor de La viuda de O'Malley, comedia dramática sobre inmigrantes irlandeses en la Argentina.



Martes 7 de julio

18.20 hs.
Marcelo Zabaloy y Eugenio Conchez 
“Cómo se tradujo la nueva edición del Ulises”

Marcelo Zabaloy (Bahía Blanca, Pcia. de Buenos Aires, 1956)  ha traducido el Ulises, así como otras obras de James Joyce que esperan publicación. Su obra Rapsodia fue finalista del Premio Clarín de Novela en 2011. Sus cuentos “La odisea” y “El olor de los jazmines” fueron publicados por las editoriales Victoria Ocampo y Homosapiens.

Eugenio Conchez (Intendente Alvear, La Pampa, 1983. Estudió Letras en la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam), donde es profesor de Literatura Moderna. En el año 2006 publicó su libro de poemas Los salmos apócrifos.


19.10
Eduardo Lago

“Regionalismo y traducción: avatares de Ulises en castellano”
Moderación de 
Luis Chitarroni
 

Eduardo Lago (Madrid, 1954) es autor de la novela Llámame Brooklyn (Premio Nadal, 2006, Ciudad de Barcelona, Nacional de la Crítica y Fundación Lara de la crítica, todos en 2007), y la colección de cuentos Ladrón de mapas (Destino, 2008), entre otros títulos. Entre sus traducciones figuran una colección de relatos de Henry James, una antología de 82 poemas de Sylvia Plath, así como las novelas The Rise of Silas Lapham, de William Dean Howells, The Captain of the Gray-Horse Troop, de Hamlin Garland, Wieland, or The Transformation, Together With the Memoirs of Carwin, the Biloquist, de Charles Brocken-Brown, The Sot-Weed Factor, de John Barth, y los cuentos de Junot Díaz recogidos como Drown. Su novela más reciente, Siempre supe que te volvería a ver, Aurora Lee (Malpaso, 2013) se publicará próximamente en Argentina.

Luis Chitarroni (Buenos Aires, 1958) es novelista, ensayista y editor. Durante más de veinte años se desempeñó en ese puesto en la Editorial Sudaméricana y actualmente es director editorial de La Bestia Equilátera, sello por el cual fue oportunamente designado por un jurado de colegas como “Editor del Año” en la última Feria del Libro de Buenos Aires. Entre otros títulos, publicó Siluetas, El Carapálida, Peripecias del no y Mil tazas de té. 


20.00
Barry McCrea
“Una lectura irlandesa del Ulises”
Moderación de 
Jorge Fondebrider

Barry McCrea (Dublin, 1974) es un escritor y académico irlandés, que estudió en el Trinity Colege de Dublin. Posteriormente, obtuvo un PhD de la Universidad de Princeton y enseñó Literatura Comparada en la Universidad de Yale y, actualmente, en el campus italiano de la Universidad americana de Notre Dame en Roma. Publicó la novela The First Verse (2005; traducida un año después en España como Literati), In the Company of Strangers: Family and Narrative in Dickens, Conan Doyle, Joyce and Proust (2011) y Languages of the Night: Minor Languages and the Literary Imagination in 20th-Century Ireland and Europe (2015). Está escribiendo una segunda novela.

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956) es poeta, ensayista, traductor y periodista cultural. Ha publicado los libros de poesíaElegías (1983), Imperio de la luna (1987), Standards (1993) y Los últimos tres años (2006). Asimismo, ha compilado el volumenConversaciones con la poesía argentina (1995), Tres décadas de poesía argentina (2006) Giannuzzi. Reseñas, artículos y trabajos académicos sobre su obra (2010) y cuatro antologías de poesía argentina contemporánea: Una antología de la poesía argentina.1970-2008 (, 2008), Otro río que pasa. Poesía argentina 1910-2010 (2010) y Poésie récente d'Argentine. Une anthologie possible (2013). Además, ha realizado la edición de la Obra poéticade César Fernández Moreno (1999) y de la Poesía completa, de Joaquín O. Giannuzzi (2009). Su bibliografía se completa con La paja en el ojo ajeno. Periodismo cultural en Argentina 1983-1998 (con Pablo E. Chacón; 1998); La Buenos Aires ajena. La ciudad vista por los viajeros extranjeros. 1536-1999 (Emecé, 2001); Versiones de la Patagonia. 1536-1900 (2003); Licantropía. Historias de hombres lobos de Occidente (2004) y La París de los argentinos (2010). Como traductor de poesía ha publicado Poemas, de Henri Deluy (1995);Poesía francesa contemporánea. 1940-1997 (1997); Poesía irlandesa contemporánea (con Gerardo Gambolini; 1999); Reynardine y otras baladas anglo-escocesas (con Gerardo Gambolini; 2000); Poemas(1999), de Henri Deluy, Antología poética, de Yves Di Manno (2000) yAbrir una caja, de Richard Gwyn (2013). Ha traducido asimismo, entre otros autores, a Guillaume Apollinaire, Georges Perec, Bernard-Marie Koltès, Paul Virilio, Claire Keegan, Joseph O’Connor y Patricia Highsmith. En 2014 se presentó su traducción de Madame Bovary, de Gustave Flaubert, primera edición anotada en lengua castellana. Coordina el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, que fundó con Julia Benseñor en 2009.



Todas las actividades serán con entrada gratuita y sin inscripción previa.
Se ruega puntualidad.

BIBLIOTECA NACIONAL
Agüero 2502 – C.A.B.A.
Sala “Juan L. Ortiz” – 3er. piso



viernes, 13 de febrero de 2015

Un ensayo sobre las traducciones del "Ulises" (II)

Segunda parte del artículo publicado en 2002 por el escritor y traductor español Eduardo Lago sobre las traducciones de Ulises, de James Joyce.

El íncubo de lo imposible (II)


EL ÍNCUBO DE LO IMPOSIBLE
«Escribir bien –afirma José Ortega y Gasset en Esplendor y miseria de la traducción– consiste en hacer continuamente pequeñas erosiones a la gramática, al uso establecido, a la norma vigente de la lengua». En el caso del Ulises, este rasgo adquiere tal prominencia que se convierte en el distintivo de la novela, pero no es necesario tener en mente un caso así para encarecer la extraordinaria dificultad que entraña toda traducción literaria. Prácticamente todos cuantos han escrito sobre el asunto concuerdan en que traducir es un empeño al borde de lo irrealizable, pese a lo cual no queda más remedio que acometerlo, pues se trata de una función cultural indispensable. En el ensayo a que acabamos de aludir, Ortega caracteriza el acto de traducir como el íncubo de lo imposible, y subraya la naturaleza paradójica en que consiste la misión del traductor, diciendo: «No es una objeción contra el posible esplendor de la tarea traductora declarar su imposibilidad» (10). El texto es de 1948, y a diferencia de lo ocurrido con sus ideas sobre la novela, resulta de una actualidad sorprendente. Ortega se adelanta en casi medio siglo a algunos de los planteamientos más recientes formulados desde la flamante disciplina conocida como translation studies (11). La convergencia más llamativa, quizás, es el carácter central que se concede a un ensayo de Friedrich Schleiermacher titulado «Sobre los distintos métodos de traducir» (1813). Schleiermacher plantea una serie de dicotomías que desembocan en lo que considera la alternativa esencial que presenta toda traducción. Ortega la resume así: «O se trae al autor al lenguaje del lector o se lleva al lector al lenguaje del autor».

El dilema que plantea Schleiermacher nos sitúa en el centro de una polémica que dura desde que se tiene constancia de la actividad de traducir hasta hoy: la eterna disputa entre literalidad y literariedad, entre el ideal de belleza y la exigencia de fidelidad. En la actualidad, muchos especialistas en translation studies vuelven con carácter casi obsesivo a uno de los textos más sugerentes jamás escrito en torno al problema de la traducción: el prólogo de Walter Benjamin a su versión de los Tableaux parisiennes de Baudelaire (1923). Tan breve como enigmático, y no exento de un aura mística, rebosa ideas que merecen honda consideración. Benjamin entiende la traducción como una continuación necesaria del original, no como una actividad subsidiaria. Al crítico alemán le parece que lo que identifica a una mala traducción es su preocupación porservir al lector transmitiendo el sentido del original. «La verdadera traducción es diferente. Se preocupa menos por el significado que por el lenguaje y la forma. Una traducción auténtica ha de ser transparente, como el Sófocles de Hölderlin: no debe tapar el original, sino que debe permitir que el lenguaje puro brille a través de ella».

En After Babel (1975), George Steiner examina una amplia gama de problemas relacionados con la filosofía del lenguaje y lo que él denomina filosofía de la traducción. El ideal de traducción que viene a postular Steiner está sólidamente anclado en formulaciones de Benjamin Lee Whorf, Edward Sapir, y antes de ellos Wilhelm von Humboldt y otros pensadores del romanticismo alemán. Para Steiner, la supuesta imposibilidad de traducir sería un caso particular de la incapacidad del lenguaje para expresar ciertos aspectos de la realidad. Lo intraducible es un caso especial de lo inefable. En un ensayo posterior, Un arte exacto, Steiner subraya la idea de que lenguaje y traducción son operaciones antagónicas. A la hora de efectuar una traducción entre dos lenguas, no cree que sea posible llevar a cabo una transferencia completa: concede que el trasvase de energías semánticas es siempre posible, pero señala (recordando a Quine) el carácter indeterminado de toda traducción. En más de un sentido, Steiner se mueve en una órbita idealista no muy lejana de los planteamientos de Walter Benjamin, quien creía que traducir era posible precisamente gracias a la existencia de un lenguaje puro, distinto y superior a las realizaciones concretas que son los lenguajes naturales, y del que tanto la obra original como sus diversas traducciones no serían sino manifestaciones parciales. De manera en el fondo no muy distinta, Steiner proclama que «el original engendra la traducción y debe preservar su poder generativo». El último sentido de toda traducción estriba en reponer algo que ya estaba. Según Steiner, «una gran traducción confiere al original lo que ya estaba ahí». En este sentido, una traducción es una restitución, una reposición.

EL MANTO DE PENÉLOPE
Hasta la fecha se han efectuado tres versiones del  Ulises al español, separadas entre sí, de manera aproximada, por la distancia de una generación. La primera (Buenos Aires: Rueda, 1945), la realizó José Salas Subirats; la segunda (Barcelona: Lumen, 1976), José María Valverde; la tercera (Madrid: Cátedra, 199912) es labor conjunta de Francisco García Tortosa y María Luisa Venegas. Es mérito de Salas Subirats el haber abierto el camino, y de hecho, su influencia sobre las traducciones subsiguientes es muy considerable. La traducción de Valverde fue inicialmente saludada como un gran logro, pero no tardarían en surgir las objeciones, sobre todo en el sentido de las libertades que se tomaba el poeta con el texto de Joyce. La versión de Tortosa-Venegas llega envuelta en un aura de dignidad académica, y la supuesta autoridad de ser la más a tono con los tiempos. Conviene matizar esta última observación: debido a la revisión y puesta al día de las dos primeras traducciones, el lector en lengua castellana tiene hoy a su alcance tres versiones que no es exagerado considerar contemporáneas. El texto de Salas Subirats aquí examinado, data de 1996, y lo publicó Planeta en 1999. Por otra parte, manejo la versión revisada de Valverde (Lumen/Fábula/Tusquets), cuya primera edición data de 1994. A modo de primera aproximación, opto por seguir un método en buena medida descriptivo, efectuando nueve calas microtextuales en zonas distintas del idiolecto joyciano. Pretendo involucrar en el proceso al lector, convencido de que, a la postre, dictar sentencia acerca de cuál sea la mejor dependerá, en no poca medida, de cuáles sean nuestros prejuicios (los del lector y los míos), acerca de lo que entendemos por una buenat raducción; cuál es nuestra posición respecto al dilema de Shleiermacher; cuál nuestro nivel de tolerancia respecto a las inevitables transgresiones en que se ve forzado a incurrir cada traductor.

1. Juego políglota

JJ: Muchibus thankibus.

SS: Gracias muchibus.

JMV: Muchibus gracibus.

T-V: Gracibus muchibus.

En este ejemplo, Joyce mezcla el español, el inglés y el latín. Las tres traducciones arriban a soluciones prácticamente intercambiables. SS no modifica el vocablo castellano gracias; las otras le añaden la desinencia del ablativo latino. Todas coinciden en eliminar de su versión la presencia del inglés, de modo que, aunque en el texto original hay un juego trilingüe, en las traducciones se rebaja a bilingüe. Se me ocurre que la mejor manera de tratar el original hubiera sido trasladarlo tal cual (en fin de cuentas, muchibus thankibus no es inglés, y es perfectamente reconocible), añadiéndole tal vez acentos: Múchibus thánkibus.

2. Traslaciones en el plano oracional: dos casos

JJ: The door was darkened by an entering form.

SS: El hueco de la puerta se oscureció por una forma que entraba.

JMV: El hueco de la puerta se ensombreció con una figura que entraba.

T-V: La puerta se oscureció con una silueta que entraba.

No se aprecian diferencias de relieve entre las tres versiones, salvo la variación cuasi sinonímica entre forma (evidentemente la más próxima al original), figura y silueta. Aquí, como en casi todo el texto, parece operar una suerte de ansiedad de influencia. Sólo la última versión se deshace de la explicación adicional que aporta el hueco.

JJ: Old and secret she had entered from a morning world, maybe a messenger.

SS: Vieja y misteriosa, venía de un mundo matutino, tal vez como un mensajero.

JMV: Anciana y secreta, había entrado desde un mundo mañanero, quizá mensajera.

T-V: Vieja y arcana había entrado desde un mundo matutino, tal vez mensajera.

Se aprecia aquí el mismo tipo de variación sinonímica. JMV «dignifica» vieja, y a su vez, T-V lo retoman. SS «manipula» el término inglés  secret, traduciéndolo por misteriosa; JMV «pone las cosas» en su sitio, volviendo por los fueros de la literalidad, y cuando les toca el turno a T-V, optan por restaurar la pequeña infidelidad de SS, recurriendo a arcana, sinónimo de  misteriosa.

3. Neologismo por aglutinación

JJ: The ghost walks, professor MacHugh murmured softly, biscuitfully to the dusty windowpane.

SS: El duende que camina –murmuró quedamente el profesor MacHugh, con la boca llena de bizcocho, al polvoriento vidrio de la ventana.

JMV: El espectro avanza –murmuró el profesor MacHugh suavemente, rebosando galleta, hacia el polvoriento cristal de la ventana.

T-V: El espectro avanza repartiendo pasta, murmuró el profesor MacHugh suavemente, de galletas lleno al polvoriento cristal de la ventana.

SS: vuelve a tomarse una ligera licencia, y traduce  ghost  fantasma o  espectro) por duende. Como ocurrió en la frase anteriormente comentada, SS opta por la fidelidad, y en esta ocasión T-V deciden seguirlo. En cuanto al vocablo inventado por Joyce, el adverbio  biscuitfully, creado a partir del sustantivo biscuit (galleta), hay variedad en las soluciones.

SS elimina toda huella de la transgresión lingüística original, aclimatándola por medio de una paráfrasis en la que la galleta (dando un salto dentro del mismo campo semántico) se convierte en bizcocho.

JMV se mantiene semánticamente fiel al original, y aunque recurre a una paráfrasis, la suya es más sintética que la de su antecesor. T-V optan por importar el efecto original con un adjetivo de fabricación propia. (A título de observación personal, se me ocurre que aún más fiel a la transgresión de Joyce hubiera sido el adverbio  galletosamente). Me pregunto qué pensarán los lectores de la expresión  repartiendo pasta, que incorporan T-V.

4. Permutaciones en rima consonante

JJ : RHYMES AND REASONS
Mouth, south. Is the mouth south someway? Or the south a mouth? Must be some. South, pout, out, shout, drouth. Rhymes: the two men dressed the same, looking the same, two by two.

SS : RIMAS Y RAZONES
Boca, toca. ¿Está en alguna forma boca en toca? ¿O la toca una boca? Debe de haber algo. Boca, coca, foca, loca, poca. Rimas: los dos hombres vestidos en la misma forma, de igual aspecto, de dos en dos.

 JMV : RIMAS Y RAZONES Boca, roca. ¿Es la boca una roca de alguna manera? ¿O la roca una boca? Roca, loca, oca, toca, choca. Rimas: dos hombres vestidos igual, con igual cara, de dos en dos.

T V : RIMAS Y RAZONES RAZONADAS
Boca, soca. ¿Es la boca algo soca? ¿O la soca una boca? Algo debe [de] haber. Soca, ñoca, toca, bloca. Rimas: dos hombres vestidos iguales, que parecen iguales, de dos en dos.

Una vez más, no se aprecia sino una extraordinaria similitud en el orden de las soluciones, junto con el comprensible afán por distinguirse de los demás. El juego de Joyce descansa sobre la proximidad de mouth  y Routh  (boca  y sur). Joyce despliega una cadena de vocablos que, además de rimar con el binomio inicial, se mueven en el campo semántico del primero. Todos los elementos de la serie  pout (puchero); out (fuera); shout (grito); drouth (sequía en el idiolecto joyciano) guardan una relación con mouth: con la boca se hacen pucheros, proyectando los labios hacia fuera; de allí salen gritos; y, por último, la boca se puede quedar seca. Los tres traductores se limitan a crear una cadena de rimas consonánticas con elementos elegidos arbitrariamente. Posiblemente por descuido, JMV no traduce la frase Must be some. En cuanto a las series de vocablos, la de SS ofrece un rango de significaciones fácilmente reconocibles e incluye un adjetivo. JMV incluye una forma verbal y un equívoco (toca  puede ser forma verbal o sustantivo) en la serie de sustantivos, y TV escogen algunos términos sin referente semántico, cosa que no hace Joyce:  ñoca, bloca. Comentario aparte merece el término toca, ocurrencia sin duda válida, pero totalmente gratuita, de SS. JMV le da cabida en su serie, y T-V lo mantiene exactamente en el mismo lugar: ello evidencia el (por otra parte lógico) interés con que cada versión estudia a la(s) precedente(s), con un consiguiente efecto de uniformización adicional. No acabo de entender la modificación aparente de T-V en «razones razonadas».

5. Juego de palabras 

JJ SS Punkt Punkt
Leftherhis Ledejósu Secondbest Vicemejor Bestabed LechomejorSecabed Vicelecho Leftabed Dejólecho Woa! ¡Caray!

JMV T-V Punkt Punkt  Ledejosu Ledejosu segundaca segundama camagunda ledejosu gundacama mejorcama dejocama seguncama Dejocama ¡So! ¡Sooo!

En inglés, juego de palabras es pun. Joyce le transfiere una significación insólita, pero identificable al añadir la k: punk, y destruye (parcialmente) el efecto al desfigurar el vocablo con una  t  adicional. Ninguna versión intenta traducir el título, y en cuanto a la solución del contenido, responde al esquema de variaciones poco significativas. El lector juzgará qué versión es más lograda. Es obvio que la primera marca la pauta, JMV desarrolla un juego lingüístico más ágil y T-V quizá aún más musical, para lo que necesitan añadir un verso. La diversidad de traducciones de la interjección es puramente aleatoria.

6. Aglutinaciones y condensaciones

JJ: Then?
He kissed the plump mellow yellow smellow melons of her rump, on each plump melonous hemisphere, in their mellow yellow furrow, with obscure prolonged provocative melonsmellonous osculation.

SS: ¿Entonces?
Besó los redondeados sazonados amelonados cachetes de sus nalgas, deteniéndose en cada redondeado melonoso hemisferio, en su blanco surco profundo con una oscura prolongada provocativa melonmeloneante osculación.

JMV: ¿Y luego?
Besó los gruesos blandos amarillos aromáticos melones de su trasero, en cada grueso hemisferio melonoso, en su blando amarillo Ysurco, con oscura prolongada provocativa melonaromática osculación.

T-V: ¿Después?
Besó los ambarinos melones orondos serondos odoranteserondos de sus nalgas, en cada orondo hemisferio meloso, en el surco serondo ambarino, con un ósculo oscuro prolongado provocante melodorantemeloso.

Comento sólo algunas diferencias. SS traduce mellow por sazonados (fruto en sazón = maduro). JMV prefiere blandos y T-V, con su habitual predilección por los vocablos desusados, serondos (tardío, aplicado a un fruto). Cachetes (SS) es una «normalización» de melons, licencia en la que no incurren los otros traductores. Asimismo, el gerundio deteniéndose (SS) tiene una finalidad explicativa y le quita a la frase original una inmediatez que se conserva en las otras versiones. En mi opinión, T-V logran el mejor efecto melódico, y también el más audaz. Hay un logro particular por parte de JMV: la Y de  Ysurco  funciona ideogramáticamente: la forma de la letra semeja la del surco interglúteo.

7. Juego de palabras en contexto: La rosa de Castilla13

SS: Lenehan protestó extendiendo las manos.
–¡Pero mi adivinanza! –dijo––.
¿Cuál es el país que tiene más hoteles?
–¿Qué país? –preguntó inquisitivamente la cara de esfinge del señor O'Madden Burke.
Lenehan anunció triunfante:
–Suiza: ¿No se dan cuenta?: la patria de Guillermo-hotel. ¡Caramba!

JMV: Lenehan extendió las manos protestando.
–Pero ¿y mi adivinanza? –dijo–. ¿Cuál es la ópera que se parece a una línea férrea?
–¿Ópera? –la cara de esfinge del señor O'Madden Burke readivinó. –The Rose of Castille. ¿Comprenden la cosa? Rows of cast steel, hileras de acero fundido. ¡Je!

T-V: Lenehan extendió las manos en protesta.
–¡Pero y mi acertijo! dijo. ¿Qué ópera es como un árbol florido? ¿Ópera? la cara de esfinge de Mr. O'Madden Burke redobló. Lenehan anunció alegremente:
–La rosa de Castilla. ¿Ven el truco? Rosa de castilia. ¡Diantre!

El punto de partida aquí es una peculiaridad lingüística del inglés que no puede darse en español: una serie fónica que admite dos transcripciones con significados completamente dispares. Rose of Castille (rosa de Castilla) y rows of cast steel (hileras de acero fundido, en la versión de JMV). En este caso, las tres traducciones divergen. SS opta por crear un equívoco equivalente en castellano. JMV elige ofrecer la solución transcribiendo los dos términos del equívoco en inglés. T-V optan por una solución hermética y forzada, extrayendo del diccionario dos vocablos ajenos al uso común:cas (cierto árbol de Costa Rica, de fruto semejante a la guayaba, pero ácido, que se emplea para hacer refrescos, y de buena madera) y  tilia (en algunos sitios,  tilo).

Tras las calas microtextuales, el paso siguiente consistió en efectuar un contraste interlineal, yuxtaponiendo renglón a renglón, cláusula a cláusula, las distintas soluciones, al uso de ciertas traducciones bíblicas. Para ello, elegí dos muestras de signo antitético. De un lado, el comienzo del capítulo 13 (Nausicaa), donde, sirviéndose de una prosa poética de corte clásico, Joyce efectúa una bellísima descripción del amanecer en el mar. En el extremo opuesto, una muestra de melopeiaen estado puro, dentro de la técnica que el autor bautizó como fuga per canonem. El primer contraste interlineal me hizo llegar a tres conclusiones: a) en aquellos fragmentos en los que lo narrativo prima sobre la música verbal, no se constatan grandes diferencias en cuanto a estrategias de traducción; b) por lo que se refiere a la calidad de la lengua, tampoco me parece que ninguna versión sea claramente superior a las demás de manera sostenida; c) tampoco encuentro que, en lo que se refiere al criterio de fidelidad, difieran significativamente los tres textos. Rescato un ejemplo de la cala musical:

SS: Tintín gritó al bronce con lástima.

JMV: Tinc clamó a Bronce compasiva.

T-V: Tilín clamó por bronce con pena.

Quise luego observar el texto desde una distancia mayor, examinando fragmentos más extensos, contrastando entre sí el efecto de conjunto de las distintas versiones, teniendo el original como una presencia efectiva, pero lejana. En primer lugar aislé el capítulo 14, donde Joyce acumula pastiches y parodias de la historia de la literatura en inglés. Mientras que SS y JMV (diferencias menores aparte), se hacen sólo un leve eco de lo que acontece en el original, T-V, animados por un paciente escrúpulo filológico, traducen períodos de inglés antiguo por equivalentes históricos en castellano:

SS: El bebé aún no nacido era feliz.

Dentro del vientre era ya objeto de culto.

JMV: Aún no nacido niño nadaba en ventura. En vientre obtuvo veneración.

T-V: Ant nascencia el ninno dicha aue. Adientro del uientre veneracion el retouo.

SS: opta por la legibilidad; JMV prefiere distorsionar la sintaxis; con mentalidad de filólogos, T-V nos llevan a nuestro pasado medieval, solución sin duda interesante, pero no por ello menos arbitraria.

A lo largo del proceso, al ir aumentando el número de calas, hallaba que las mejores soluciones se alternaban con regularidad entre los tres traductores. El cotejo, por fin, de varios monólogos de Molly Bloom, acabó por desdibujar la distancia entre las tres versiones, produciendo el espejismo de un texto híbrido: aunque de cerca había diferencias –a veces llamativas–, de lejos, la mella que cada una de ellas hacía en el acto lector era uniforme; extrañamente, las voces tendían a fundirse. Ello me llevó a despejar algunos prejuicios asociados con cada traducción: 1) En líneas generales, no considero a la versión de Salas Subirats inferior a las que le sucedieron, aunque sí se podría caracterizar como la más tradicional e intuitiva. En algunos momentos, domestica en exceso el original,  descafeinando  el lenguaje de Joyce, por medio de paráfrasis explicativas, pese a lo cual no son pocas las veces en que da con las mejores soluciones, como en el caso de  La rosa de Castilla. 2) Con los riesgos que comporta, la versión de Valverde es la más imaginativa. No sé hasta qué punto ello guarda relación con el hecho de que fuera poeta, pero sí considero importante matizar que, pese a la naturaleza eminentemente poética de muchas partes del texto, la versión de JMV no siempre evidencia una superioridad sobre los logros de los rivales en este campo. 3) Por último, no considero que la versión que apadrina la editorial Cátedra, aun viniendo apuntalada por un despliegue de criterios filológicos teóricamente más modernos que los de los antecesores, sea, en virtud de tal supuesto, automáticamente la mejor, aunque muy probablemente será más del gusto de paladares academizantes.

Quede claro, en todo caso, que en mis consideraciones sólo pesa la fuerza de los textos al desnudo: las introducciones, los aparatos de notas y demás (presentes en las tres ediciones) son instrumentos sin duda de gran utilidad, pero no dejan de ser apéndices. En fin de cuentas, si Joyce prefería ocultarlo, es porque soñaba con un lector a merced de la magia de su texto (y viceversa). Al final del cotejo, una intuición de Walter Benjamin que siempre me había resultado nebulosa había adquirido una sorprendente precisión: la idea de que el original encierra en sí todas sus posibles versiones. Las tres que existen en español brotan con fuerza del texto primigenio, erigiéndose cada una como un edificio sólidamente cohesionado, en el que se trasluce eficazmente la belleza de aquél. Extrañamente, cada una a su manera, pese a errores, omisiones, manipulaciones y añadidos, las tres son el Ulises. Honestamente, no considero que ninguna versión sea globalmente superior a las demás14. Las tres me parecen proezas impagables; a través de cualquiera de ellas se trasluce el pálpito de aquello a lo que Benjamin se refiere cuando habla del lenguaje puro, aquella instancia superior e inalcanzable de la que son emanaciones tanto el original como la suma de sus posibles versiones. Con ello no quiero decir que no existan traducciones de mala calidad. Al contrario: una proporción alarmante de las que hay al uso en nuestro mercado editorial me parecen pobres, torpes, deplorables. El lenguaje que utilizan, más que revelar, desfigura, llegando a veces a ocultar el valor de la obra original. No es el caso de las tres que aquí comento. Quien sienta la necesidad de proclamar una versión como la mejor, aquí encontrará un punto de partida en el que basar su veredicto. La decisión pondrá en evidencia, más que nada, a qué ideal de traducción se adscribe cada cual.


Notas:
10. Walter Benjamin expresa una idea muy semejante en La tarea del traductor: «Hay que tener en cuenta latraducibilidad de las creaciones lingüísticas, aunque los humanos no sean capaces de llevar a cabo tal tarea». 

11. El término lo acuñó James Holmes en 1972. 

12. Desavenencias entre la editorial y los herederos de Joyce retrasaron la distribución por espacio de más de un año. 

13. Por motivos de espacio, en éste y en los ejemplos siguientes, dejo de reproducir el original, contrastando las diferentes versiones entre sí. 

14. La idea del resultado global es importante. Un contraste microtextual de las tres versiones, como se hace aquí, de manera salteada, permite hacerse una idea de cómo opera cada traductor, pero impide disfrutar del texto. Cuestiones como las jergas locales, los tacos, las alusiones inexportables a otros ámbitos, etc., son sencillamente intraducibles y desembocan necesariamente en errores, arbitrariedades y manipulaciones. Si se contempla el texto muy de cerca, se pierde perspectiva.