viernes, 20 de mayo de 2022

¿Se puede ser tan pero tan pelotudo?

La bajada es casi tan estúpida como el artículo, que apareció sin firma el pasado 13 de mayo en InfoBAE: “Esta es una de las dudas más frecuentes. Pero, ¿cuál es la respuesta correcta? La RAE hace esta explicación para acabar con el misterio”. Como es viernes y llega el fin de semana, pensamos que lo mejor era disipar “misterios”, volver a nuestras fuentes y recordarles a nuestros lectores hasta qué punto la imbecilidad de un puñado de mentecatos gobierna nuestra lengua, con la debida anuencia de los malos periodistas que, además de no saber escribir, se imaginan que ésta es una “nota de color”.

¿Cómo se escribe, “jajaja” o “ja, ja, ja”? Esta es la respuesta de la RAE

En los últimos años,las redes sociales se han convertido en las plataformas de comunicación favoritas de las personas, ya que con una sola aplicación podemos recibir o enviar mensajes, hacer llamadas o videollamadas, así como compartir documentos, entre otras cosas más. Estas alternativas de comunicación han ganado mucha popularidad, pero han ocasionado también la creación de nuevos lenguajes, incluso, algunos grupos se expresan con términos que solo ellos comprenden.

 

Por ejemplo, si alguien quiere exteriorizar que algo le ha parecido gracioso, usa un emoji -dibujo o signo que expresa una emoción o idea- y el ya famoso “XD”. Aunque esta es una nueva práctica, no significa que se ha dejado de emplear la clásica risa escrita, la que muchos conocemos como “JAJAJAJA”. Pero, ¿cuál es la manera correcta de escribirlo?

 

Aunque muchos pueden considerar que no existen reglas para teclearla en el celular, esta tiene una definición, así como ciertas reglas para detallarla en los mensajes que compartimos. Para acabar con esta duda,la Real Academia Española (RAE) especifica cómo se escribe correctamente: si “jajaja”o “ja, ja, ja”.

 

Según el diccionario de la RAE, existe el verbo “jajajear”. ¿Qué significa? De acuerdo a su definición, representa una expresión coloquial que hace referencia al “reír en forma burlona, dando a entender no sentirse afectado”.

 

Según la explicación que nos ofrece la Real Academia Española, la respuesta correcta es “Ja, ja, ja”, dividido por las comas. Indican que no debe escribirse junto como si fuera una solo término ya que se trata de una palabra llana.

 

Además, aquellos que usen el “ha, ha, ha”, con la letra h, no están en lo incorrecto, porque es lo adecuado en el idioma inglés.

 

Aunque para muchos les facilita escribir la representación de la risa sin el uso de las comas, ahora sabes que lo correcto es colocarlas.

 

Otro caso es lo que ocurre en Brasil. En este país, la “risa escrita” la representan con la letra K, siendo esta la formación que usan en sus envíos: “kkk”. En otros países, como Francia, se aprecia que también usan el término “mdr” (mort de rire, es decir, muerto de risa) para expresar que se están riendo.

 

Un caso curioso ocurre en Tailandia, donde podemos encontrar reacciones como "555555". Otra forma curiosa de expresar risa es la usada en el japonés, la cual muestran como “www”, similar al World Wide Web o red informática mundial.

 

De esta manera podemos conocer que cada país o grupo con intereses similares crean una serie de códigos para poder expresarse y que solo ellos pueden entender.

jueves, 19 de mayo de 2022

Santiago Tobón: "Libros para diferentes tipos de lectores"

No todos los que publican libros son editores. Muchos son solamente personas que se ocupan de que un libro llegue al papel (para lo cual discuten con la papelera), de que se imprima (para lo que discuten con el imprentero), de que se distribuya  (razón por la que pactan con el distribuidor) y de que esté en las librerías (vale decir, por eso se ocupan de charlar con los libreros). Los editores, además de todo eso, se ocupan también de hablar con los autores y con los traductores, sabiendo que son ésas las personas más importantes en toda la cadena del libro. Eligen qué libros publicar, acompañan a quienes los escriben y traducen, saben tratar con individuos a menudo inestables y los confortan y ayudan para que el trabajo llegue a buen puerto. O sea, son otra cosa y no sólo verduleros con ínfulas. Acaso un buen ejemplo sea el colombiano Santiago Tobón, radicado desde hace años en Madrid y al frente de la filial española de la editorial mexicana Sexto Piso. Digamos que es alguien que sabe ubicarse a ambos lados del mostrador, que no se limita a ser un snob que se cree más importante que el autor, ni un pizzero de malos modos que piensa que hacer libros es un negocio como cualquier otro. Tobón, por si fuera poco, es además un verdadero caballero. Pasó brevemente por Buenos Aires para la Feria del Libro, de la que estuvo ausente por dos años, y conversó con Santiago Días Benavidez, charla que fue publicada en el día de ayer en InfoBAE Cultura.

“Queríamos evitar lo pasajero”

 

Desde sus inicios, en Ciudad de México, Sexto Piso se ha caracterizado la recuperación de obras de la literatura universal que no han sido reconocidas de la manera correcta. Construir un puente entre estos libros y los lectores es lo que le ha permitido a la editorial ampliarse con el correr de los años, además, su buen ojo para los libros de autores contemporáneos no ha fallado y en su catálogo tienen a más de una de las voces que hoy en día dominan el mundo literario, no solo en los países de habla hispana.

 

Desde textos filosóficos y literarios, hasta ensayos sobre temas sociales y artísticos, pasando por contenidos gráficos y libros ilustrados, el catálogo de Sexto Piso se ha constituido, desde 2002, como uno de los referentes en la industria editorial contemporánea, por lo menos en cuanto a los países de habla hispana se refiere. Cuentan con seis colecciones: Clásicos, Narrativa, Ensayo, Ilustrados, Niños y Realidades.


Con presencia en casi toda Centroamérica, Colombia, Chile, Argentina, Venezuela y España, han publicado alrededor de cuatrocientos títulos de autores y autoras de la talla de Margaret Atwood, Anne Boyer, una de las recientes ganadoras del Premio Pulitzer, Margo Glantz, David Grossman, Etgar Keret y Alberto Manguel, entre mucho otros. La editorial tiene sede en México y España, y está dirigida por  cuatro personas: Eduardo y Diego Rabasa, Felipe Rosete, y el colombiano Santiago Tobón.

 

Recientemente, Tobón estuvo de gira por Latinoamérica y participó de las ferias del libro de Bogotá y Argentina, hablando sobre su experiencia como editor y lo que ha significado este recorrido de más de 15 años a bordo de Sexto Piso. Para él, que terminó metido en este oficio por sus inquietudes de lector, la edición es algo que se aprende sobre la marcha. “A editar se aprende editando”, señala. Al respecto, el colombiano conversó con Infobae y reflexionó sobre lo que significa ser un editor de libros en un tiempo como el que vivimos.

 

–Hay una pregunta que interesa a todo aquel que quiere formar parte del mundo editorial: ¿Cómo se definen las líneas de una editorial? ¿Por qué se trabajan unos temas y no otros?

En el caso de Sexto Piso, el planteamiento fue muy ingenuo. Existen dos caminos, en mi opinión, por los que se puede llegar a ser un editor. Uno es lanzándose sin saber absolutamente nada al respecto, y el otro es hacer cuando ya se ha obtenido algo de experiencia en el campo. Nosotros tomamos el primer camino e hicimos muchas cosas del modo contrario a como deberían haberse hecho. Nos acogimos al método de ensayo–error, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Ahora, revisándolo en perspectiva, es posible que mucho de lo que hemos logrado no se haya dado de la forma en que se dio si no hubiesemos empezado de esa manera. El proyecto se habría configurado de manera diferente. Todos los que estamos detrás de la editorial somos lectores. Yo, particularmente, soy un lector bastante heterogéneo. Me gusta pasar de un género literario a otro, ir de la novela al ensayo, o saltar de la poesía al libro ilustrado. Esas lecturas mías, junto a las de mis colegas en la editorial, fueron configurando las líneas que hoy tenemos, eso sumado a lo que necesariamente se tenía que publicar, pero evitando rechazar nuestra esencia. Eso, hoy en día, es más complicado de hacer, pienso yo. Cuanto más acotado, más reducido sea el tema del que uno se ocupa, más fácil será ganar visibilidad. Siento que esa es la senda que casi todo proyecto editorial nuevo decide recorrer. Nosotros contamos con la suerte de tener poco conocimiento pero mucho entusiasmo. Esa es una ecuación que se va nivelando. De alguna manera, cuanto más recorrido y experiencia se va teniendo, menor es el entusiasmo. La ley de la vida así lo dispone. No es que no se disfrute lo que se hace, pero de tanto hacerlo, se va tornando en algo mecánico. Nuestra apuesta fue, entonces, y lo sigue siendo, publicar libros con un alto valor cultural, más allá de la claridad del horizonte. A veces, lo que prevalece en el mundo editorial no es tanto la certeza, sino la capacidad de arriesgar.


–¿Cuál es el valor cultural que tiene el libro hoy ante las dinámicas de la inmediatez que acoge la industria editorial?

Esa fue una idea que tuvimos clara desde el comienzo. Nuestro interés era meramente literario, y lo sigue siendo. En ese sentido, la búsqueda de contenidos siempre ha estado vinculada a la calidad. De ahí que, deliberadamente hayamos decidido quedarnos al margen de los temas coyunturales. Queríamos evitar lo pasajero. Eso nos permitió centrarnos en los rescates. Libros que, por algún motivo, habían dejado de estar disponibles para un lector y que ya tenían una legitimidad probada, aunque no necesariamente un recorrido comercial amplio. O libros de autores que tuviera esa legitimidad pero que no fueron publicados por alguna razón. Con esa idea iniciamos y con el tiempo la hemos fortalecido. Actualmente, existe una sobreoferta en todos los frentes. Las librerías están llenas y las ferias del libro exhiben títulos de los que se deja de hablar en uno o dos meses. Eso es una muestra de lo brutal del peso de la novedad. Los libros tienen un tiempo muy corto. Si no se vendieron en un mes, son devueltos a las editoriales porque, por supuesto, estos sitios necesitan abrirle espacio a lo que viene. Es muy difícil luchar contra esa lógica, pero en el caso de Sexto Piso, al no estar ligada a estos principios, lo importante está no tanto en el título sino en el fondo, y así mismo la editorial es valorada por los lectores y los libreros. Eso nos ha permitido mantenernos al margen de las dinámicas inmediatas que propone la dictadura de la novedad.

 

–¿Cómo el colegaje entre las editoriales aporta al crecimiento de los sellos?

Sexto Piso hace parte del Grupo Contexto, que es una reunión de cinco editoriales independientes de España y México con intenciones similares y también propuestas editoriales muy afines. En el caso nuestro, seguramente, la acogida del sello por parte de los lectores no hubiese tenido el mismo alcance de no haber estado allí adentro. Lo que se conoce como “editoriales independientes” es el único eslabon de la cadena editorial que realmente garantiza la bibliodiversidad, la presencia de libros para diferentes tipos de lectores. Todo es menos uniformado, más heterogéneo. Esto es lo que nos hermana a las editoriales que trabajamos dentro del grupo. El colegaje entre editoriales es algo que se ve en todos los países. En México, en España, en Argentina, en Colombia, hay asociaciones, agremiaciones entre distintos sellos que buscan un mismo fin: generar alcance y visibilidad. Esto permite que el trabajo de las editoriales llegue a más lectores y tenga un impacto cultural más amplio. Al fin y al cabo, más allá de los intereses de cada editorial, todo gira en torno a la conversación.

 

–¿Qué posturas o estrategias debería adoptar la industria editorial ante la ausencia o escasez de los materiales que posibilitan la fabricación de un libro?

Por el momento Sexto Piso ha podido cumplir con los calendarios establecidos de llegada de novedades a librerías y diferentes escenarios de difusión de libros. La escasez del papel es una realidad en todo el sector, a nivel global. Sin embargo, a nosotros no nos ha afectado considerablemente. Sí nos hemos anticipado a los tropiezos, entonces, ya no trabajamos con dos meses de anterioridad sino con tres y así garantizamos que los procesos de edición y producción no se vean afectados. El problema radica en que los costos de producción se han incrementado debido a que escasean los materiales. Ante ello, hay que subir los precios de los libros en los puntos de venta, pues es la única forma de recuperar lo invertido, pero en nuestro caso, porque sabemos que nuestros libros son costosos, decidimos mantener los precios y hacernos cargo de esa diferencia. Nuestra estrategia ha sido anticiparnos y acogernos a la situación.

 

–En lo personal, ¿qué se siente mirar atrás y ver lo que han conseguido como editorial?

No nos imaginábamos nada de esto. Ya son 18 años los que llevamos trabajando. Cuando empezamos, no teníamos ni idea de nada, pero esa magia del desconocimiento, ligada a la confianza de que se pueden hacer las cosas, es lo que hoy nos tiene como estamos. Si las cosas se hubiesen dado de otro modo, Sexto Piso no sería lo mismo.

 

–Después de todos estos años, ¿qué significa editar un libro?

Me gusta decir que editar es buscar lectores que sean parecidos a lo que uno es. Esa es la definición más concreta que encuentro para el oficio de editor, aquel que busca lectores que se le parezcan.

 

miércoles, 18 de mayo de 2022

Números y nombres que se prestan a muchas interpretaciones que no necesariamente coinciden

Viendo las estadísticas y los nombres que presenta la siguiente síntesis, publicada por la agencia TELAM el pasado 16 de mayo, con independencia de lo que dice el artículo, los lectores de este blog podrán sacar sus propias conclusiones a propósito de lo que fue la última Feria del Libro de Buenos Aires.


La Feria del Libro recibió 1.324.500 visitantes y fue la más exitosa de su historia

Con 1.324.500 visitantes hasta ahora, la edición 46 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que culmina este lunes en la Rural se transformó en la más exitosa de toda su historia, una convocatoria que tuvo correlato en el incremento de las ventas y que se explica en parte por la expectativa generada tras dos años de ausencia por la pandemia y por el envión adicional que representan fenómenos como la movida juvenil, que hizo interminables colas para comprar y escuchar a sus autores y booktubers favoritos.

Por una diferencia de 144.500 asistentes, la actual edición del hito librero más grande de la Argentina superó en concurrencia a las dos últimas versiones que habían tenido lugar antes de la pandemia: la de 2018 y 2019, ambas con una asistencia pareja de 1.180.000 personas.

Este récord de asistencia revalida el rol gravitante que ocupa la Feria del Libro en la agenda cultural y perfila otras lecturas: por un lado la expectativa que generaba este regreso luego de dos años de ausencia por la pandemia y por el otro que durante los largos períodos de aislamiento que fijó a escala global el coronavirus consolidaron y acaso expandieron los hábitos lectores.

La alegría de libreros, editores y otros actores de la industrial editorial por los índices de asistencia que consiguió la la edición 46 se prolonga en el incremento que mostraron las ventas en cantidad de ejemplares, que para los grandes grupos editoriales como Penguin Random House y Planeta rondó el 20 por ciento, una cifra que si se promedia con el desempeño de sellos como Urano y V&R -dedicados mayoritariamente a las publicaciones juveniles, ambos con ventas que alcanzan el 128 por ciento de lo registrado en la última edición- representa el 61 por ciento de aumento en libros vendidos, según datos de la Cámara Argentina de Publicaciones.

De acuerdo a los datos que dio a conocer la Fundación El Libro, organizadora de la Feria, algunas de las actividades mas convocantes, que tuvieron lugar en salas como la José Hernández -que permite alojar mil asistentes-, fueron las de Florencia Bonelli junto a Mariana Arias; la presentación de Paulina Cocina junto al influencer Santiago Maratea; la pareja integrada por los psicoanalistas Gabriel Rolón y Cynthia Wila; la escritora estadounidense Shelby Mahurin ; la autora cordobesa Camila Sosa Villada junto a Elizabeth "la Negra" Vernaci y Bárbara Di Rocco; el peruano Mario Vargas Llosa; y la presentación del diputado Javier Milei, entre otras.

Agustín Laje, John Katzenbach, Florencia Bonelli, Pamela Stupia y Shelby Mahurin, que entre su actividad y el tiempo aplicado a las dedicatorias estuvo 11 horas consecutivas en contacto con sus fans.

Con nueve pabellones, 40 países representados, 358 stands que desplegaron la oferta de 1.727 sellos editoriales y 11 salas para eventos, entre otros datos, la Feria concentró este año 1.500 actividades culturales, en una superficie de más de 41.590 m2 de exposición. Cifras que marcan un piso de expectativas muy desafiante para la próxima edición, que tendrá lugar desde el 25 de abril al 15 de mayo de 2023.

martes, 17 de mayo de 2022

Las cifras y estadísticas de la CAL sobre 2021


El pasado 7 de mayo,
Omar Genovese publicó la siguiente nota en el diario Perfil, de Buenos Aires, donde se dan a conocer los datos proporcionados por la Cámara Argentina del Libro (CAL) sobre la edición en la Argentina durante 2021.

Cómo es la producción editorial argentina

Esta semana la Cámara Argentina del Libro dio a conocer los datos de producción editorial en su  Informe Anual del Libro 2021. Martín Gremmelspacher, presidente de la CAL y su vicepresidente, Juan Manuel Pampín, difundieron las estadísticas surgidas del registro de ISBN, ese número único y código de barras que todo libro lleva en su contratapa.  

La cantidad global de novedades ascienden a 34.256 publicaciones, un crecimiento del 24% respecto del año anterior. La producción de libros físicos fue de 23.149 novedades, mientras que en formato digital 11.107, mil más que en 2020 y casi el doble que en 2019. Esta presencia del libro en forma digital es secuela de la comercialización y circulación de bienes por las restricciones a raíz de la pandemia de covid, ya sea por la digitalización de los catálogos existentes o por la dualidad física y digital de los nuevos lanzamientos. Las 23.149 novedades en formato físico implican un total de 43.602.175 ejemplares, la mitad de los ejemplares producidos en 2015, pero 69% más que en 2020. Esto no incluye las publicaciones realizadas por el Ministerio de Educación de la Nación.

Aquí se diferencian el tipo de editores. El Sector Editorial Comercial (SEC), del que más adelante veremos una ampliación estadística, conformado por empresas editoriales que venden a través de librerías, distribuidoras, venta directa y venta a crédito; Circuito Editorial en Kioscos (CEK), empresas editoriales y comerciales que venden en kioscos; Empresas de Servicios Editoriales (ESE), quienes ofrecen servicios de edición para autores: y un último grupo conformado por Microemprendimientos, Autoedición, y Otros, que incluyen empresas editoriales para distribución gratuita, entidades públicas, Universidades, Instituciones educativas, Asociaciones, Fundaciones, ONG, y demás. 

Así, el SEC y CEK, producen el 43% de los casi 44 millones de ejemplares. En esta cifra aparece que SEC participa con 6.696 publicaciones y 10,4 millones de ejemplares para primera edición; CEK con 1.089 publicaciones que corresponden a 8,4 millones; el primero con tiradas de mil y el segundo con 5 mil ejemplares por título. Pero aquí la venta institucional de empresas comerciales a Ministerios de Educación figura con 9,6 millones de ejemplares; así como la edición institucional realizada por los Ministerios con 3,6 millones, la venta institucional al sector religioso con 5,3 millones, y 3,4 millones para “otros”: prácticamente la mitad de los 44 millones de ejemplares provienen de estos últimos sectores.

Analizamos ahora la estadística del Sector Editorial Comercial (SEC), quien produce la mayoría de los libros que comentamos en estas páginas así como en el Suplemento Cultural de PERFIL Diario, aquellos que el lector encuentra en librerías. En 2021se lanzaron 11.603 novedades a través de 347 editoriales, 3.024 más que en 2020 y con un incremento de 74 sellos nuevos, pero este volumen implica apenas 6.066 novedades en papel, que siguen con tiradas de mil ejemplares promedio. Entonces, los libros físicos por habitante del país, para 2021 es 0,31; algo superior al 2020 con 0,24 y menos de la mitad del año 2016, con 0,63. Esto es lapidario: la reducción de tiradas y la crisis económica deja al libro más lejos del comprador potencial.

Pero la multiplicación de novedades también se acompaña de un fenómeno que es la edición en tiradas mínimas, por debajo de los mil ejemplares. De hecho, 1.201 novedades implican tiradas de entre veinte y 299 ejemplares cada una, otras 1.110 tiradas de trescientos a 599; esto es que el 38% de las tiradas en papel no superan los  seiscientos ejemplares. Una reducción de presencia de libros, su diversidad concreta que es abundante, en librerías. O una edición reducida, casi invisible para la extensión territorial y comercial argentina. ¿Cuántos autores, cuántos estilos e ideas quedan sin difusión por este fenómeno? Tal vez la respuesta es cruda, pero es así, la dispersión también diluye las oportunidades del lector.

Si diferenciamos entre las Pymes Independientes y los Grandes Grupos Editoriales, tanto en ejemplares producidos como en presencia en el canal librero, al primero corresponde el 60% y al segundo el 40%. Sin embargo, la concentración de novedades, efecto de la dispersión señalada, las Pymes tienen el 78% y las Grandes Grupos el 22%.

Por último, en cuanto a temática, Infantiles, juveniles y didácticos 24%; Ficción y afines 13%; Derecho 10 %; Sociedad y Ciencias Sociales 10%; Biografías, literatura y estudios literarios 7%; en total esto abarca el 64% de las novedades. Y atención, que casi la mitad de las mismas apunten a niños y jóvenes también sugiere una renovación generacional de los lectores que son futuros e inmediatos votantes, así como consumidores.

lunes, 16 de mayo de 2022

"A los machistas ni agua"

El siguiente fragmento, corresponde a una entrevista más larga, para el diario La Nación, que Diana Fernández Irusta realizó con el poeta Luis García Montero, durante su breve paso por Buenos Aires.

Luis García Montero, el director del Cervantes, en el laberinto del debate por el lenguaje inclusivo

¿Cómo trabaja el Cervantes en relación con la diversidad?

–La mejor manera de respetar  la diversidad del español es decir que se habla tan bien en el Río de la Plata como en Bogotá, o tan bien en Salamanca como en Sevilla; en cada sitio se enseña según se habla. Acabamos de publicar un libro titulado Lo uno y lo diverso, que recuerda los ensayos de Ángel Rosenblat, que fue un señor que nació en Polonia, se vino a trabajar exiliado a Buenos Aires, y aquí trabajó con Amado Alonso. Hablaba de la unidad y la diferencia; está publicado en Espasa Calpe. Es un libro donde distintos escritores hablan de la variedad de nuestra lengua. Una lengua como el español, que tiene más de 500 millones de hablantes, solo puede mantener su unidad y su sentido si respeta los matices de la diversidad. La gran apuesta es mantener la unidad respetando la diferencia. Eso quien lo tuvo muy claro fue Andrés Bello, el escritor y filólogo latinoamericano, que era un gran defensor de las guerras de independencia, porque era un liberal y fue un militante independentista. Una vez conseguidas las independencias latinoamericanas, escribió una gramática para uso de americanos, en la que decía, bueno, ahora defendamos la gran riqueza cultural que supone compartir un idioma que es uno de los grandes idiomas del mundo.

En la Argentina, y en España también, el lenguaje inclusivo viene generando un debate muy ríspido. ¿En qué zona de la discusión se ubica usted?

–Como director del Instituto Cervantes, lo tengo muy fácil: los dueños del idioma son los hablantes, yo no tengo nada que decir. Y que cada uno hable como considere mejor. Otra cosa será la Academia de la Lengua Argentina, o la Academia de la Lengua Española, pero yo, como director del Cervantes, me limito a escuchar cómo habla la gente. En ese sentido, creo que el idioma está unido a la sociedad y que la transformación de la sociedad va transformando al idioma. Pero como viejo militante, estoy muy acostumbrado a que muchos discursos que son nuestras virtudes acaben convirtiéndose en nuestros peores defectos. Yo empecé a militar contra el franquismo en el partido comunista y que no se olvide que el partido comunista desarrolló una lucha contra el franquismo que tuvo mucho que ver con la conquista de la democracia–. Ahora, visité por primera vez los países del Este a principios de los 80, y vi que la virtud de luchar por una sociedad justa puede acabar en un disparate tiránico. Sigo defendiendo mis ideas socialistas, pero me niego a que deriven hacia la falta de libertad. Pues mira, en este tema creo que la lengua es un espacio público y me interesa defender los espacios públicos frente a las sectas y la voluntad apropiadora, de privatización, de los espacios públicos. ¿Qué tiene que ver esto con lo que me has preguntado? Bueno, yo discuto con los míos, que son los feministas y las feministas; creo en los discursos de igualdad, creo que el lenguaje debe ser inclusivo para recoger los avances de la sociedad. Digo “amigos y amigas” porque hay gente que no se siente incluida de otra manera. Me encanta que se diga “presidenta”. Busco la manera de no decir “los derechos del hombre” porque es más fácil decir “derechos humanos”. Todo eso lo defiendo y lo practico. Como me vas a preguntar si yo creo en la palabra “amigues”, pues te digo que me parece una cosa donde los míos se están equivocando. Lo mismo que hubo gente que se convirtió en secta defendiendo el socialismo que yo defendía, creo que se están equivocando. Con respeto absoluto, porque entiendo su lucha. Sobre todo creo que es una ocurrencia de una elite que corre el peligro de fragmentar ese bien público y común que es la lengua. Pero insisto: es una discusión que mantengo más con los míos que con los machistas. A los machistas, ni agua.

viernes, 13 de mayo de 2022

"Transformar aquel dolor en luz"

El pasado 23 de marzo, Juan Carlos Talavera publicó en el diario mexicano Excelsior la Sandra Cisneros, poeta y narradora estadounidense de origen mexicano, a propósito de La casa en Mango Street, novela que acaba de ser traducida al castellano por Fernanda Melchor.


Sandra Cisneros convierte en luz la violencia de un barrio migrante

“Mango Street es cada barrio y cada pueblo del mundo, es el hogar que se incendia y del que queremos rescatar a nuestros seres queridos” frente a un mundo incierto y violento, dice a Excélsior la poeta y narradora Sandra Cisneros (Chicago, 1954), a propósito de la recuperación de su novela La casa en Mango Street, convertida en clásico y publicada por Penguin Random House con una nueva traducción de Fernanda Melchor.

Además, la autora mexicoestadunidense, que hace nueve años vive en San Miguel de Allende, adelanta que trabaja con el compositor Derek Bermel en la adaptación de esta novela para llevarla a la ópera en diciembre próximo; y que en septiembre lanzará en Estados Unidos su nuevo poemario, titulado Mujer sin vergüenza.

Descendiente de migrantes mexicanos, Cisneros le ha dado forma a una voz literaria que respira bajo la piel de dos idiomas. “Puedo decir que bajo las piedras del inglés están los vestigios de las pirámides del español”, expresa la también autora de Caramelo, que ha recibido premios como el American Book de la Fundación Before Columbus (1985) y la Medalla Nacional de las Artes otorgada por el presidente Barack Obama (2015).

¿Por qué le interesó explorar el problema del lenguaje y de las fronteras en su libro?, se le pregunta a la ganadora del Premio el PEN/Nabokov por Trayectoria en Literatura Internacional (2019). “Es una historia que habla sobre mujeres (migrantes) en las comunidades humildes. Cuando lo escribí fue una reacción en contra de la literatura chicana de los años 90, cuando los hombres describían al barrio de otra forma, sin criticarlo, quizá para crear algo orgulloso y así levantar su autoestima. El libro (publicado en 1994, en EU), lo empecé como memoria, pero en esos años aprendí mucho de la comunidad, porque fui maestra de secundaria y me impactó la vida de mis alumnos, que era más fuerte que la mía. Me sentí muy inútil y empecé a tejer sus historias en ese barrio de mis recuerdos y así nació la novela”, donde Esperanza Cordero cuenta su adolescencia en los arrabales de un barrio que podría ser Chicago.

Y reconoce que la trama nació de la frustración y del amor. “Yo no escribí La casa en Mango Street para ganar premios, sino como una respuesta a la angustia que me invadía. Cada noche, me sentía tan destruida y me iba a dormir con esas historias, pero empecé a escribirlas sin involucrar ningún tipo de ego”.

Lo que ella intentó, dice, fue transformar aquel dolor en luz. “Viviendo en México vemos cosas fuertes y al revisar las noticias te das cuenta de lo que viven los inmigrantes en todo el mundo o de la violencia en cualquier barrio. Todo eso me provoca insomnio y lo escribí para transformarlo en luz. Tenemos que transformar nuestros demonios porque si no, éstos nos transforman a nosotros y nos hacen actuar con violencia, nos provocan frustración y nos hacen sentir enfermos. Para mí, el arte es la medicina y me siento bien cuando transformo esas experiencias en palabras; me dan ánimo, aunque sea por un día más”, afirma.

¿Cómo nació su voz literaria? “Me crie en un hogar con dos idiomas, con el inglés de mi mamá –hija de migrantes de Guanajuato–, y el español chilango de mi papá, quien era tapicero y llegó a EU durante la Segunda Guerra Mundial.

Y agrega: “Mi papá siempre me hablaba en su lengua y eso le dio un sazón mexicano al inglés que escribo. Yo tengo una conexión tierna con el español, porque gracias a mi padre, que fue un hombre tierno y cariñoso, encontré el idioma del amor; mi mamá daba órdenes, como general, era muy fuerte y seca, y aunque era mexicoamericana hablaba en inglés como primer idioma”.

¿Cómo observa el tema migratorio en el mundo? “Las situaciones que escribí en la novela aún son problemas actuales en EU y en México. Sin embargo, el libro lo que intenta es despertar la conciencia de cualquier persona que se siente impotente por ser humilde y por ser mujer”, concluye.

jueves, 12 de mayo de 2022

Diversas opinones sobre a quién le sirve la Feria del Libro de Buenos Aires y para qué se hace


“El discurso inaugural de Guillermo Saccomanno generó interrogantes sobre este evento literario: ¿La Feria está llamada a delimitar qué es la literatura y qué no? ¿Puede ser también puente para acercar libros a otros públicos?” Esto dice la bajada de la nota que firmó Mercedes Ezquiaga, en el sitio de la agencia TELAM, el pasado 7 de abril, donde diversos escritores –todos narradores, ninguno poeta, dramaturgo o ensayista, porque, para la prensa, literatura sólo es sinónimo de novela– reflexionan sobre el sentido que suponen debería tener la Feria del Libro de Buenos Aires.

¿Comercial o literaria?: una herida que la Feria del Libro no logra curar

¿Cuál es el rol en la actualidad de la Feria del Libro? El discurso inaugural a cargo de Guillermo Saccomanno cuestionó, de manera tan controversial como eficaz, la función de un evento cultural ineludible en la agenda local, de insoslayable carácter comercial aunque ese afán ¿desmerece las otras funciones posibles de este masivo encuentro? ¿La Feria está llamada a delimitar qué es la literatura y qué no? ¿O puede ser también puente para acercar a los libros a un público que no tiene relación fluida con la lectura? Los escritores opinan al respecto.

"Toda feria tiene un propósito comercial. Hasta la de artesanos de Plaza Francia, no hay que ser hipócritas con esto, porque si no, no avanzamos en la discusión", advierte el escritor Edgardo Scott en diálogo con Télam.

Y, señala: "Creo que el malentendido viene por el aura mainstream, por esos grandes stands de los grandes grupos o multimedios, por los auditorios, que puede mover multitudes justamente a partir de 'espectáculos' o libros que quizá no tienen un valor literario. Para la literatura esa es la herida que la Feria nunca logra curar: que se la invoque como su más alto valor pero después quede muy relegada en convocatoria respecto de otros eventos".

Oriundo de Lanús y afincado en Francia, el autor de Cassette virgen y Contacto supone que "la Feria deberá resolver esa contradicción pero también creo que era mucho pedir que lo resolviera en esta edición".

"Hace décadas que la Feria es menos una feria de la literatura que, como su nombre no miente, 'del libro', de la industria del libro.Y sabemos que el libro 'literario' si bien es la parte acaso más representativa o prestigiosa, también es la que menos rédito da a la industria. Creo que la Feria debería explotar más el hecho de toparse con mucha gente que durante el año no va a una librería", recomienda Scott.

"El problema está en pensar que la Feria es una librería más grande. Las librerías son como las iglesias: solo van los fieles, los que ya tienen un entrenamiento de lectura. La feria se ha convertido en un lugar mucho más amplio, con una gran cantidad de materiales que oscurecen el panorama, que no dejan ver la literatura. Y ahí hay una pelea que dar: podés llegar a personas que quizás van a leer un único libro en el año, entonces propongamos una instancia de señalamiento para que puedan llegar a un buen libro, a una propuesta literaria. Es una batalla que vale la pena dar: tratar de ganar lectores para la literatura", sugiere por su parte Guillermo Martínez.

En ese sentido, el escritor plantea que la Feria del Libro debería repensar los beneficios de su proyección masiva e incluso capitalizarlos en otras estrategias y dice: "La Feria debería hacer un señalamiento sobre lo que es literatura, dentro del caos, del pandemónium de cosas que hay, debería existir una instancia donde diga 'la literatura está por acá'".

"Se podría hacer algo similar a la entrega de los Premios Oscar, incluso con el glamour, pero de premios a la literatura. ¿Viste que la gente va a mirar las películas de los Oscar, para poder opinar? Bueno, que sea lo mismo, que el público tenga claro que hay algunos libros que la gente de la literatura recomienda", afirma Martínez.

Para el autor de Crímenes imperceptibles y Borges y la matemática podría funcionar como un premio anual, que incluya una selección de los diez libros más votados, "como pasa con las películas de Hollywood, y deberían estar esos 10 libros en todos los stand. No imponiendo, sino señalando. Aunque luego una gran mayoría vaya corriendo a comprar astrología o tarot que también son libros, podremos ganar una parte de esos lectores hacia la literatura. Yo lo haría de esa manera".

Se sabe que la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es un mega evento con más de 1.500 actividades, en una superficie de más de 45.000 metros cuadrados, -la más concurrida en el mundo de habla hispana-, que en sus casi tres semanas de duración suele recibir la visita de más de un millón de lectores y doce mil profesionales del libro, como editores, libreros, distribuidores, agentes literarios, ilustradores, bibliotecarios, diseñadores, traductores y escritores provenientes de 23 países.

"Esta es la gran oportunidad que te da la Feria, el único evento de rock masivo que tienen los libros es la Feria, entonces ¿se lo vamos a regalar a los de la televisión? ¿a los de redes sociales? ¿a los que ya tienen todo? No, ahí hay que dar una pelea de la literatura, y es una instancia legítima para dar una pelea, porque esta feria la crearon los escritores, los editores. ¿Vamos a regalar eso a los mismos de siempre?", se interroga Martínez.

Por el contrario, para Ana María Shúa la Feria no tiene por qué señalar qué es literatura y qué no lo es: "Como su nombre lo indica es una feria, por lo tanto, lo que tiene que hacer es vender muchos libros, todos los libros posibles. No veo que tenga que tener otro rol que eso, y ya es bastante", asegura.

La autora de La muerte como efecto secundario, La sueñera y Casa de geishas se extiende en su definición y sostiene: "No es una feria de literatura, se venden todo tipo de libros, de cocina, ensayos, fotografía, de cualquier cosa, y eso no la vuelve ofensiva ni objetable. No tiene nada de malo que tenga un propósito comercial, y el hecho de que lo tenga no quiere decir que al mismo tiempo no pueda proponer una aproximación cultural al fenómeno del libro. Las dos cosas son ciertas".

"Cualquier cosa que sirva para atraer hacia el libro a gente que habitualmente no entra a una librería que es lo que pasa un poco con el público de la Feria- me parece maravilloso y es justamente una de las cosas buenas de la Feria, que promueve el libro entre personas que no son lectores habituales. Los booktubers y los tiktokers son fenómenos que están presentes en la feria porque cumplen esa misma función", destaca la escritora y guionista.

Otro escritor que se posiciona frente al fenómeno de la Feria del libro y los diferentes sentidos que este masivo evento instala o que pone en disputa es Hernán Vanoli: "Creo que la Feria debe ser un evento dedicado a la difusión de la literatura argentina y un punto de confluencia regional, pero no es ninguna de estas cosas. Me gustaría que hubiera una programación un poco más conceptual y vinculada a problemáticas nacionales", señala el novelista.

Autor de El amor por la literatura en tiempos de algoritmos, y Varadero y Habana maravillosa, Vanoli cree que en lo que respecta a la Feria como un espacio señalador de lo que es literatura "podría hacer cosas para remediar esto, pero no lo hace, y no sé si es porque no puede, por falta de imaginación o de interés. Es una feria netamente comercial, que corona lo que funciona en el mercado, con algunos arrestos individuales de políticas culturales que son valiosos pero insuficientes".

Para el escritor, el acercamiento a la lectura de nuevos públicos que la Feria consigue a través de fenómenos como por ejemplo el de redes sociales "es interesante aunque está pensado con la lógica de un gran supermercado con sus cabezas de góndola, sus saldos a vender, sus pequeños productores de nicho".

"La Feria es un supermercado y no veo que eso esté mal; un supermercado donde todos tienen un espacio para hacer su gracia", desmenuza.

miércoles, 11 de mayo de 2022

¡La edición convulsionada!

Como recordarán los lectores, la mente del narrador y traductor Andrés Ehrenhaus hierve permanentemente a muy diversas temperaturas. Pero, en ocasiones, los resultados de tales hervores se limitan a un baño María que arroja productos como el que sigue, cuya pertinencia, se comprenderá, es absoluta. 

¡Alarma mundial! ¡La traducción al alza! (Y Saccomando dijo mierda 2) 

¡La edición convulsionada! ¡Se dispara el precio de la traducción! En los últimos tiempos, los indicadores globales vienen señalando un ascenso firme y sostenido de los costos de edición debido al alza experimentada por la traducción, específicamente la así denominada “literaria”, que los expertos relacionarían con la crisis de desabastecimiento y la tendencia inflacionaria a nivel mundial. Acontecimientos como la ulterior pandemia y el actual conflicto bélico habrían incidido de manera conspicua en la escalada de precios de los isumos autorales, de los cuales la palma se la lleva la ya mencionada traducción literaria, que amenaza con subvertir las reglas ya tradicionales de la edición de obras vertidas a una lengua distinta de la original. El sector industrial está evaluando toda clase de opciones alternativas y ya se escuchan voces airadas que manifiestan su preocupación ante un fenómeno de índole aparentemente imparable. Un alto cargo de uno de los principales conglomerados editoriales, que ha preferido permanecer en el anonimato, abundaba en ello de la siguiente manera: “El hecho es irreversible y tenemos que rendirnos ante la evidencia, de lo contrario nos encaminamos a una situación de no salida. Sin traducción no hay edición de obras extranjeras, que representaba hasta ahora alrededor del 75% de nuestra producción, así que vamos a tener que reducir el gasto en otros insumos más contingentes, digamos, como el papel, los costos de imprenta, la promoción, los gastos de representación e incluso, mire lo que le digo, nuestros propios salarios. ¡Imagínese el descalabro que esto supondría!” A la luz de estas confidencias, no sorprende su voluntad de anonimato. 

Otros apuntan a una profunda reformulación de los márgenes proporcionales que inciden en toda la cadena de venta del libro. Se trataría en este caso de renegociar con distribuidoras y librerías y demás intermediarios de la cadena unos porcentajes insostenibles y basados en normas y circunstancias totalmente desactualizadas, toda vez que la incontenible marea de incrementos autorales afecta tanto a las tarifas por encargo como a los porcentajes de los así llamados “royalties”, que en las últimas semanas ya han superado la legendaria barrera de los dos dígitos. Ello ha abierto un nuevo frente interno en el seno de las corporaciones y lobbies de editores, algunos de los cuales estarían reclamando medidas más drásticas e inmediatas, como por ejemplo la implementación de amplios descuentos fiscales en todo lo relativo a la creación o, incluso, la aplicación de una amnistía impositiva aplicada, valga la redundancia, a los insumos autorales. Medios afines a las administraciones estatales no han avanzado ninguna hipótesis al respecto, dados las repercusiones que tales medias (calificadas de “salvavidas pinchados” en los mentideros oficiales) podrían llegar a tener. 

Pero no acaban allí los devaneos y las tribulaciones editoriales. Puesto que la traducción literaria es, a efectos financieros, como el oro, el petróleo u otras materias primas, es decir, un bien cultural cuyo valor simbólico se condice con su valor de mercado, sujeto a fluctuaciones pero nunca contestado en su esencia, no han faltado aquellos que, con un criterio un tanto oportunista y casi se diría trivial, han intentado operar prescindiendo de ella, con las consecuencias ya por todos conocidas. Tal es el caso de una conocida casa editorial que lanzó hace apenas unos meses una colecciónde clásicos universales “traducidos a  la nada”, es decir, idénticos a los originales en todo, coma por coma y errata por errata. Huelga mencionar que esta operación, basada en una banalización de la menardización propuesta como un juego ficcional por una de nuestras luminarias universales, obtuvo una respuesta tan desastrosa por parte del público que la susodicha casa fue a la quiebra y ahora está en convocatoria de acreedores; tal fue su descalabro y desprestigio que no hay megagrupo que quiera fagocitarla. También resuenan aún en la memoria los inanes esfuerzos de otros sellos por adaptarse a las exigencias de sus asesores financieros y sus directores comerciales y “despersonalizar” las traducciones, poniéndolas en manos de máquinas y motores informáticos, lo cual acabaría de un plumazo con el problema de tarifas y derechos. ¿Quién no recuerda el reciente batacazo que se dieron las lujosas ediciones a todo trapo de Alicia a través del vaso mirador, Agarra veintidós (Coge veintidós en la edición española), La ciencia de los gays o Harry Potter y el medio príncipe de sangre, por reflejar apenas algunos ejemplos? El fracaso, claro está, fue sonado. “¿Sabe que pasó?”, confiesa uno de los responsables del traspié, “Cuando quisimos someter las traducciones no humanas al sabio criterio de correctores y editores de mesa con experiencia, descubrimos que los viejos habían muerto de inanición [sic] y los jóvenes directamente no existían: el oficio estaba baldío”. 

Sea como fuere, y dada la potencia tanto cualitativa como cuantitativa del sector de la traducción literaria, las soluciones pasarán indefectiblemente por reducir costos y percentiles superfluos... o asistir al fin de la edición global de libros de otras lenguas y culturas (incluidas la nuestras, claro, ¡que tampoco se traducirán!). 

Suerte en pila.

martes, 10 de mayo de 2022

Lectura de poetas traductores de poesía

El pasado sábado 30 de abril, en el marco del Festival Internacional de Poesía, que coordinó Miguel Gaya para la Feria del Libro de Buenos Aires, tuvo lugar una lectura de poetas que traducen poesía, en la que se leyeron diversas traducciones al castellano de textos provenientes del inglés, el italiano y el catalán. Participaron, en orden alfabético, Jorge Aulicino, Silvia Camerotto, Nacho Di Tullio, Jorge Fondebrider, Inés Garland y Jonio González.

Quienes estén interesados en ver esa sesión pueden hacerlo en 

https://www.youtube.com/watch?v=GAa0348KrK4


lunes, 9 de mayo de 2022

Una versión argentina de "Macunaíma", traducida por Julieta Benedetto

La noticia de una edición local de Macunaíma, el héroe sin ningún carácter, del escritor brasileño Mário de Andrade debería ocupar mucho espacio en los diarios argentinos, tal es la importancia de la obra. Supongamos que, por el momento, los periodistas culturales están distraídos ocupándose de las novedades de Planeta y Penguin Random House y que no tuvieron tiempo para comentar esta maravilla, magníficamente traducía por Julieta Benedetto (foto), para la editorial Mansalva. Por esa razón, y a modo de modestísima reparación, conversamos con ella sobre su trabajo, lo cual puede leerse a continuación.

 "Reir y pensar al mismo tiempo"

–¿Cómo te enteraste de la  existencia de Mário de Andrade? ¿Qué te interesó de él para querer traducirlo?

–Mi primer contacto con la obra de Mário de Andrade fue en 2018, con la rapsodia Macunaíma, el héroe sin ningún carácter, lectura recomendada por la gran lectora, escritora y traductora Silvia Cobelo; y me asombró cual espanto no saber nada, teniendo ya tanto contacto con la literatura y cultura brasileña. Me maravilló la poética que despliega en esta obra, el estilo fluido de un relato que encadena una seguidilla de cuentos, mitos, leyendas, historias documentadas que son un disparate, Mário era un erudito de avanzada.Y su humor satírico, sexual, amoral.A veces de un lirismo emocionante y que por momentos parece un videojuego –por ejemplo, en el viaje de regreso a su pago junto a los hermanos:

“Ni bien pisó la playa apareció un monstruo frente a él. Era el bicho Pondê, un jurucutu, esa lechuza del río Solimões que de noche se convertía en gente y comía a los caminantes. Pero Macunaíma agarró una flecha que tenía en la punta la cabeza chata de la hormiga santa llamada curupê y ni hizo puntería, acertó que fue una belleza. El bicho Pondê explotó volviéndose lechuza. Más adelante después de atravesar una llanura, cuando subía por un espigón lleno de rocas se topó con el Monstruo hombre-mono Mapinguari que anda en la selva haciéndole mal a las jóvenes. El monstruo agarró a Macunaíma pero el héroe sacó su toaquiçu afuera y se lo mostró a Mapinguari.

–¡No se confunda, compañero!

El monstruo se rió y lo dejó pasar”.

Y sigue, va a la casa dela anaconda yacumana Oibe, buscando un lugar en tierra firme para dormir lejos de las hormigas, pero a escondidas se come el corazón que Oibê estaba asando, y ésta para asustarlo se disfraza de fantasma y lo persigue en broma. Durante la persecución el héroe pasa por grutas habitadas por personajes inverosímiles (pero históricos) un árbol se convierte en princesa, vomita en el río la víscera (que se convierte en camalote), y huye río abajo con la princesa, mientras la anaconda que era un hombre lobo despide por la boca una mariposa azul,el “alma de un hombre presa en el cuerpo del lobo por artes del Carrapatu miedoso que vive en la gruta del río Iporanga” y sigue, sigue–.

Otro punto de interés fue la cosmología amazónica. La obra en un plano se articula a partir de estas leyendas. Los personajes se convierten en constelaciones –Macunaíma en la Osa Mayor, Iriqui en las Pléyades–, y en estrellas –Ci en la Beta Centauri–, en meteoritos y cometas. También están los orígenes de la luna –Capei–, de la Cruz del Sur –que es el Padre del Muitu–; la historia de la Sol, la estrella Vei, y sus tres hijas de luz;para nombrar algunos.

Y no menos atractivo me resultó el mundo moderno que despliega con toda intensidad cuando el héroe llega a San Pablo, que es el lugar donde Mário de Andrade nació y vivió toda su vida. Allí todo es máquina. Y los hombres no la dominan y ella tampoco, “hay empate”, dice el héroe después de reflexionar mirando la ciudad desde la terraza de un rascacielos. Entonces convierte a su hermano Jiguê en la máquina teléfono y pide langostas y francesas.

La rapsodia se desarrolla en el vasto territorio de América del Sur en una disparada madre que va desde las Guyanas hasta Mendoza, siempre con un perseguidor y un perseguido y “¡piernas para que te quiero!”. Mário de Andrade nos presenta un héroe panamericano y desgeografizado, eso me gustó muchísimo.

La profundidad de esta rapsodia se despliega con el tiempo, después de la lectura –y relecturas que valen la gracia–, y lleva a pensar las raíces que compartimos con otras culturas que cohabitan estas tierras, todas siempre ricas. El legado etnográfico de esta obra tiene un valor incalculable. Me interesó también indagar por qué Mário de Andrade, uno de los autores más importantes de la literatura brasileña, es aún tan desconocido por acá. Mário era mulato y gay, humillaciones y marginación fueron corrientes en su vida, murió joven, con 52 años en 1945, y sigue en las sombras porque aún hoy, a 77 años de su muerte, su obra genera debates, críticas y rechazos antagónicos–tanto por parte de la derecha acérrima, que intentó censurarlo en 2020 por contener “lenguaje inapropiado para la juventud”, como de parte de algunos grupos indigenistas, que consideran la rapsodia como un retrato, algo que no es cierto–. Mário de Andrade trabajó hasta su muerte en esta novela, en la que nos dejó un legado invaluable que continúa creciendo, porque sabe a futuro.Creo importante que su trabajo llegue a más lectores.

 –Entiendo que existe una versión previa de Macunaíma. ¿En qué se diferencia de la tuya?

–El trabajo de edición y traducción que llevé adelante es particular, ya que repuse fragmentos de la primera edición –que fueron suprimidos por el autor a partir de la segunda–, pero conservando otras modificaciones que Mário realizó con los años. Fue gracias a la asesoría de Silvia Cobelo y consultoría de Gonzalo Aguilar –quienes acompañaron todo el proceso y me dieron acceso a mucha información– que pude tomar ésta y otras decisiones relevantes.

Una diferencia importante es la incorporación del glosario–al estilo de la Edición Crítica coordinada por Telê Ancona Lopez, publicada por Archivos Unesco, fuente de este trabajo–. A medida que avanzaba en la investigación que acompañó toda la traducción, Silvia Cobelo me alentó para llevar un registro minucioso del proceso de trabajo, así la primera versión fue anotada, y luego, las notas se convirtieron en un anexo, para no interrumpir la lectura. El glosario da cuenta del trabajo etnográfico y archivístico del autor, y fue El Roterio de Macunaíma, de Manuel Calvacanti Proença la mayor fuente de consulta, pero también tesis sobre la obra, notas para la traducción en inglés que hizo Mário de Andrade –que están en la Edición Crítica–, y otras búsquedas personales.

En un plano más literario, esta traducción es rioplatense, o quizá más acertado es decir litoraleña, que es de donde vengo. La lírica de nuestro litoral comparte mucho de la exuberancia animal vegetal estelar, el manto verde que es la Mata Atlantica cubre nuestras fronteras y nos orilla. Pero no es sólo eso, Raúl Antelo también plantea que la Patagonia y el Amazonas son espejos, riquezas que conforman lo nacional de ambos países, y que a su vez,son zonas diezmadas por la explotación, extranjerizadas, expropiadas, y me resulta interesante este pensamiento de inversiones que nos amplia las formas de pensarnos. Rita Lenira de Freitas Bittencourt –en el libro “Un guión de extimidad, Ensayos sobre la obra de Raúl Antelo”. Coordinado por Diana Klinger y Mario Cámara– lo explica mejor:

“Antelo apunta un engaño de Mário de Andrade al afirmar que “no existe para el argentino el problema patagónico como tampoco existe para la gente el problema amazónico”. El crítico entiende que, claramente, en el reverso de los trazados territoriales las dos regiones la Amazonía brasileña y la Patagonia argentina serían, paradojalmente, espacios primordiales e indiciales “de la ley, del nombre, del Estado”.

En mi trabajo existe la intención de conocer nuestro continente y sobre todo nuestros contenidos culturales e históricos. Y en esta obra fui encontrando con sorpresa y alegría, en las leyendas, mitos y refranes populares múltiples fuentes de nutrición para nuestras historias y relatos contemporáneos; ejemplos, la leyenda de Naipi –que es una versión de la historia de las Cataratas del Iguazú–; la invención del truco, del futbol, del auto, de las plagas; la historia de la frase “tarde piaste”, entre otras curiosidades de nuestra vida contemporánea.

La lectura crítica que hizo Raúl Antelo, quien observó que mi primera versión era muy literal y ceñida al texto original, me ayudó a cambiar muchas cosas, pero lo más arriesgado para mí fue cambiar un par de  fragmentos de canciones populares, no para domesticar la versión pero sí para entablar la afectividad que la rapsodia sugiere en algunos pasajes, entonces,por ejemplo, me animé a hacer una versión libre de la primera estrofa de “La vaca estudiosa”, de María Elena Walsh y reemplazar la canción que canta el héroe mientras hamaca al gigante antes de que caiga en la olla de fideos y muera, por el juego “Martín Pescador ¿me dejará pasar? Pasará, pasará,¡pero el último quedará!”.

–¿Cuáles son las principales dificultades te presentó la traducción? ¿Podrías detallarlas?

–En el Prólogo, Notas de traducción, hago mención a 2 términos Brincar y Mato Virgem. También la carta a las icamiabas fue difícil para mí como lectora y como traductora. Necesité mucha ayuda, ya que está escrita al estilo de los cronistas del siglo XVI, mientras que la rapsodia tiene un estilo oral, coloquial.

Algo complejo pero que hice con mucho placer fue realizar investigaciones de nombres científicos y vulgares de flora, fauna, accidentes y referencias geográficas, comidas y bebidas regionales, y expresiones desusadas incluso en Brasil. Esta obra es de difícil lectura hasta para los brasileños, pero aún así entretenida.

 –¿Qué sentido tiene publicar hoy, en Argentina, este libro?

–Cuando me preguntan por el sentido que tiene publicar Macunaíma, me interesa remitirme a las palabras del propio autor, en un prefacio que no publicó con las ediciones que hizo en vida, dice que no hay que buscar símbolos o sentidos más allá de la diversión, que esta obra fue escrita durante unas vacaciones acostado en una hamaca paraguaya comiendo cajú. En principio es un libro lleno de aventuras e historias, nutre nuestra imaginación y nos da la posibilidad de conocer más la región que habitamos. Hace reír y pensar al mismo tiempo en los sentidos de las cosas. Recomendación para lectores aventureros que se dejan llevar, embarquen en esta lectura. que ofrece muchas travesías impensadas, y brinda tantas historias para contar.

El sentido podría ser el de la filosofía andina, que plantea el futuro atrás, que avanzamos mirando al pasado.

viernes, 6 de mayo de 2022

Los escasos márgenes que arroja la industria

Andrés Ehrenhaus, del otro lado del Atlántico, reflexiona sobre el discurso de Guillermo Saccomano en la Feria del Libro y sus consecuencias.

Entonces Saccomano dijo mierdra

De acuerdo, Saccomano dijo mierdra./ En casa del burgués no se menciona/ la guita, no se dice cuanto cuestan / las viandas que te tiran a la boca. / Te invitan a la cena, no vengás / a armar quilombo al pedo, no podés / hablarles de su retención anal / y revolear el timbo a lo Krushev./ Hacé como los otros, que pusieron / el énfasis en la literatura / y en la emoción que esconde un libro adentro/ y no en las plusvalías de la industria./ Mas no, fue y dijo mierdra Saccomano;/ habrá que ver si incide en el mercado.

Cada vez que alguien va y sacude el árbol, de sus ramas caen toda clase de cosas inusitadas durante un tiempo quizás demasiado breve pero fructífero y aprovechable. Lo que Saccomano sacudió no fue, obviamente, la conciencia burguesa sino el manual de usos y buenas costumbres del dinero blanqueado en cultura. Y lo que cayó fue la hojarasca que lo proteje o disimula: que nadie diga que lo que hace la industria (lucrarse del trabajo autoral) no es en beneficio de todos. Obvio que el negocio editorial es un negocio a medias; vender armas o fármacos caducados arroja márgenes mucho más amplios. Pero vender libros no deja de ser un negocio. Lo que tenemos que empezar a preguntarnos los autores es si lo nuestro también lo es, o puede serlo. Hasta ahora, la respuesta viene siendo que no. Es decir, es un negocio pero ajeno, por magro que sea. Y para nosotros, es un más que magro medio de subsistencia.Si en el epectro autoral incluimos a los traductores, lo magro ya se torna en miseria. Eppur se traduce.

Es inadmisible, es decir, para escribirlo con todas la letras, una reverenda tomada de pelo, que nos corran siempre con los escasos márgenes que esa industria arroja. Ya no más. Me importan un pepino sus márgenes: me preocupan los míos. Ningún traductor puede vivir dignamente de su trabajo autoral. Pocos escritores pueden hacerlo. No obstante, la mayoría de editores tienen sueldos aceptables. Hay algo ahí que no cierra. O nosotros no sabemos administrar nuestro patrimonio o ellos le mienten al fisco. La pregunta clave es: ¿podemos vender más caro nuestro trabajo autoral? Sí, dije culo, o sea, dije vender. ¿Podemos equilibrar a la alta eso que para nosotros es su valor de uso y para ellos su valor de cambio? ¿No radicaría ahí la verdadera revolución autoral? Basta de hablar de derechos de autor cuando esos derechos arrojan miserias. Con la moral no se come. Menos que con el prestigio, para parafrasear a Saccomano.

Todo el mundo sabe que para que un negocio rinda hay que reducir costos e incrementar beneficios. Si un libro no puede venderse a precios desorbitados y el papel está carísimo, ¿qué eslabón de la cadena de variables es el más lábil y, por tanto, el más apretable? La respuesta está soplando en el viento.

Que los burgueses se epaten causa gracia y una íntima pero efímera schadenfreude, que poco sirve para vivir mejor. La cuestión no pasa, entonces, por epatarlos sino por sentarse a discutir seriamente las condiciones de una nueva realidad de explotación y lucro de nuestras craciones autorales. Hay que darle vuelta a la cuestión del prestigio y la ganancia moral: que eso se lo lleven ellos y a cambio nos den guita, más guita. No queremos aplauso, queremos más guita.

Igual que ellos.