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lunes, 29 de julio de 2024

Eduardo Berti y su pasión por las palabras

"Otras palabras. Jugar y crear con diccionarios es el último libro publicado por Eduardo Berti. Se trata de un recorrido apasionante por los que él llama "antidiccionarios" desde Flaubert a Adolfo Bioy Casares y muchos otros autores menos conocidos. Erudito y divertido." Tal es la bajada de la entrevista que Mónica López Ocón mantuvo con Eduardo Berti, puiblicada por Tiempo Argentino, el pasado 27 de julio.

"Como las leyes, los diccionarios también cambian"

«Acento»: el humo de la pronunciación (Le Carnaval du dictionaire, Pierre Véron). «Golf»: juego para ratones que se han vuelto ricos, (Gregerías, de Ramón Gómez de la Serna.) «Amirante»: parte de un buque de guerra que se encarga de hablar, mientras el mascarón de proa se encarga de pensar. (Diccionario del Diablo, Ambrose Bierce)

Estas tres definiciones corresponden a lo que Eduardo Berti llama diccionarios alternativos, personales y también antidiccionarios. A estos diccionarios sui generis está dedicado su último libro: Otras palabras. Jugar y crear con diccionarios (Adriana Hidalgo)

En él Berti muestra una apabullante erudición que no está puesta al servicio de la rigidez académica, sino del juego y la diversión. Es muy poco probable, por no decir imposible, que exista otro libro como este, verdadero gabinete de curiosidades del lenguaje.

Si no fuera el enorme escritor que es, seguramente Berti sería mago, inventor de objetos imposibles o creador de juguetes que jamás se le ocurrieron a nadie. También podría dedicarse a hacer tutoriales que enseñaran a realizar objetos de origami plegando palabras, a convertir todos los acentos de un libro en un aguacero y a transformar los paréntesis en sonrisas.

Consejo para el lector: si llega a sus manos un ejemplar de Otras palabras, no lo preste porque no se lo van a devolver. El consejo puede parecer egoísta pero está dictado por el sentido práctico. El libro de Berti se lee de un tirón, pero la lectura no se agota allí. Como las enciclopedias y los diccionarios, es un libro de consulta, de esos que uno saca de la biblioteca y lee nuevamente cuando se quedó con una inquietud sobre un tema específico o, sencillamente, cuando siente deseos de deslumbrarse otra vez.

Diccionarios según Berti
Me cuesta entender cómo hiciste un libro que tiene un trabajo enorme, que pone en evidencia una gran erudición y que, a la vez, tiene una escritura tan atrapante.
–Para mí esto último era un propósito, que resultara entretenido de leer, de modo que me alegra que lo digas. 

A la vez, Otras palabras me obligó a cuestionarme conceptos. Por ejemplo que el diccionario no es un libro objetivo, sino que tiene una carga de subjetividad y que los conceptos que aparecen en él están profundamente ligados con la época. Vos das el ejemplo de un diccionario que le otorga a la palabra ocio apenas unas líneas y muchas a la palabra trabajo. Eso ya te dice algo.
–El diccionario no es objetivo porque es una creación humana que está vinculada a una cultura, a una época. Hay un grupo que decide qué palabras son las que van y cómo se definen. Es inevitable que los diccionarios tengan un componente subjetivo, pese a que el propósito es que sean lo menos arbitrarios posible. Además, las lenguas cambian, entonces resulta imposible fijarlas. Si las sociedades cambian, cómo no van a cambiar los diccionarios. Sería algo contradictorio, sería casi utópico pensar que los diccionarios no cambian. Esto no implica que sean inútiles, sino que, como las leyes, también cambian.

–¿Los antidiccionarios cuestionan la supuesta objetividad de los diccionarios?
–Creo que sí. El origen de Otras palabras fue mi pasión y mi gusto por los antidiccionarios, como yo los llamo para generalizar, o por los “otros” diccionarios. El libro se llama Otras palabras, pero se podría llamar "Otros diccionarios" u "Otras formas de hacer y usar los diccionarios". El libro comenzó por mi pasión por esta otra tradición de los diccionarios. Interesarme por esto me llevó inevitablemente a preguntarme si estos otros diccionarios son una alternativa a los diccionarios con D mayúscula. Imposible no preguntarse por los diccionarios oficiales, si uno se va a interesar por los otros. Creo que los antidiccionarios, si bien son muy distintos entre sí, todos desconfían de ciertas ideas que uno puede tener alrededor de los diccionarios. Desconfían de ciertas virtudes que se les asignan a los diccionarios oficiales: no se equivocan nunca, son neutros. Los antidiccionarios sacuden los cimientos de estos conceptos de diversas maneras, muchos de ellos con humor, otros con definiciones más poéticas, con una mirada más absurda, con comentarios al pie. En algunos casos se trata de inventar otras definiciones y, en otros casos se hace de cuenta que se toman las definiciones al pie de la letra pero los que hacen temblar las convicciones son los ejemplos. También se inventan neologismos para mostrar lo arbitrario de una lengua: por qué en algunas culturas hay una palabra para un caballo de tal color, por qué no hay una palabra para una determinada acción. Las variantes son muchas.

Recordé un fragmento de José Pedroni que dice: “me interesaba el diccionario en tres o cuatro palabras”. Se refería a palabras relacionadas con lo sexual. Quizá ya no sea así, pero hace mucho los chicos buscaban en el diccionario un saber sexual. Aunque la solemnidad de los diccionarios parezca lo menos relacionado con el sexo.
–Sí, hay un montón de lecturas “subversivas” que se pueden hacer con los diccionarios, desde buscar palabras sexuales o guarangas, como decíamos cuando éramos chicos, hasta buscar malentendidos o contrasentidos. Además, como cuento en el primer capítulo, hay muchos juegos que se hacen a partir del diccionario. Esto, pese al gran trabajo que hacen las academias con los diccionarios, siempre hay un momento en que muestran sus pies de barro, sus aporías y contradicciones. Hay construcciones imperfectas en todas las obras humanas, entre ellas, la lengua.

–Además, una cosa es el diccionario y otra muy distinta el uso de la lengua.
–Exactamente. El uso es otra cosa. Y ahí entramos en el uso poético literario, en todos los usos que no son el uso práctico de la comunicación.

–En el libro decís que el siglo XIX es el siglo del diccionario y, en consecuencia, de los antidiccionarios porque hay una crisis del lenguaje. ¿Cuál sería esa crisis?
–En que se empieza a dar la conciencia cada vez mayor de lo que luego los lingüistas van a formalizar como la arbitrariedad del signo lingüístico y la arbitrariedad de las lenguas, pero sobre todo la idea de que las palabras no son tanto la imagen de las cosas, sino la imagen nuestra de las cosas, el carácter subjetivo del lenguaje. Esto se da en un momento en que en la Viena de fin de siglo aparecen una serie de escritores y de textos, desde ensayistas como Karl Kraus hasta la Carta de Lord Chandos que reflexionan sobre esto y que incluso instalan esa crisis. A partir de esta crisis se instala de una manera más amplia la desconfianza hacia la palabra.

–Como vos mencionaste antes, los antidiccionarios subvierten la palabra instituida. Me encantó una de las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna que dice que un tornillo es un clavo peinado con raya al medio. Se trata de una desautomatización de la percepción que era el ideal del arte de los formalistas rusos.
–Exactamente, el extrañamiento. No creo que Gómez de la Serna quisiera hacer un diccionario con su suma de Greguerías, pero sí que gran parte de ellas responden de manera muy lúdica a la forma de la definición. Lo que creo que hace y en eso es un maestro, es mirar el mundo como si viera por primera vez, con un gran extrañamiento. Además, tiene un don para las analogías y comparaciones que es increíble. En él se conjugan muchas cosas: el humor surrealista, el extrañamiento de los rusos, la herencia de la poesía española… Y no me extraña encontrar ecos de él en escritores como Cortázar, por ejemplo cuando da consejos para subir una escalera. Ahí hay un extrañamiento pero puesto de una manera más narrativa, menos poética. Lo que tiene Gómez de la Serna es una síntesis increíble. Adoro las Greguerías y siempre vuelvo a ellas. Las llamo «Ramonerías» y me he animado humildemente a escribir algunas. En la reedición que se hizo en España de La vida imposible le agregué al final unas cuantas Ramonerias como si hubiera un mono imitando a Ramón (risas).

–Los diccionarios tienen algo lúdico que en algunas estéticas o movimientos se vuelve sustancial, por ejemplo, en la OULIPO (Talleres de Literatura Potencial, por su sigla en francés). Vos decís en el libro que para escribir una novela como La desaparición de George Perec, en que prescinde de la “e”, que es la letra más frecuente en francés, el diccionario es una herramienta muy útil precisamente porque tiene un potencial.
–Sí, de hecho la primera idea formal inventada por el grupo está íntimamente ligada con un diccionario. Es S+7 que en su versión original S era sustantivo y se trataba de remplazar cada sustantivo de un poema conocido porque esa era la gracia. Se trataba de subrayar todos los sustantivos y de reemplazarlos por el séptimo consecutivo de un diccionario. Es decir que el diccionario estuvo desde el arranque de OULIPO como herramienta, pero usado de una manera que no es la que estaba prevista cuando se hizo el diccionario. El uso de ese diccionario está ligado más bien a la idea de desvío. Lo que me resulta muy interesante es que un diccionario, que supuestamente sirve para fijar. El método está en franco retroceso porque ya casi no hay diccionarios en papel, por lo cual ya no es tan fácil saber cuál es la séptima palabra que viene.

lunes, 29 de abril de 2024

Esto fue lo que pasó en la apertura de la 48.° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

"El encuentro tuvo su apertura oficial con una alocución crítica hacia el Gobierno nacional del presidente de la Fundación El Libro, Alejandro Vaccaro (en la foto, a la derecha de Ezequiel Martínez, el director de la Feria del Libro), y de la escritora Liliana Heker, una patética disertación de Jorge Macri y la ausencia más que evidente de Leonardo Cifelli, secretario de Cultura de la Nación." Esto dice la bajada del artículo publicado por Mónica López Ocón, en el diario Tiempo Argentino, del 26 de abril pasado, dando cuenta de la apertura de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en su actual versión.

Feria del Libro 2024: una inauguración en la que resonaron con estruendo los conflictos del país

Ya antes de que hablaran las autoridades, mientras se acomodaban los invitados en la gran sala central de la Feria del Libro, se percibía ya la tensión latente.

Si en su oportunidad Pablo Avelluto, secretario de Cultura durante el gobierno de Mauricio Macri en la Ciudad, debió dar su discurso inaugural ante la nuca del público que giró su silla para darle la espalda, ayer resultaba evidente que el ataque brutal a la cultura por parte del gobierno de Javier Milei sería registrado por esa suerte de sismógrafo de los temblores políticos y sociales que suele ser la inauguración de la Feria del Libro.

Los únicos dos momentos de calma correspondieron a las intervenciones de las autoridades de Portugal el embajador de Portugal, José Ludovice y Carlos Moedas, alcalde de Lisboa que representaron a su país en virtud de ser Lisboa la ciudad invitada de honor en esta 48º edición de la Feria. Carlos Moedas habló a través de un video, ya que este jueves se conmemoraba en su país La Revolución de los Claveles por lo estará presente en la Feria recién el 2 de mayo.

Feria del Libro, los discursos
Alejandro Vaccaro fue claro, contundente y habló sin eufemismos.

“Este capítulo de la Feria –dijo- representa la resistencia, ya que realizamos la 48.°Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en un marco de suma complejidad. Los verdaderos hacedores de este megaevento que años tras año se supera –o sea la gente, los lectores que nos acompañan- observan con perplejidad que las medidas económicas que se toman desde las más altas esferas del gobierno, los arrastran sin compasión a un mundo lejano al paraíso que imaginaba Borges.”

Y a continuación enumeró: “La abrupta pérdida del poder adquisitivo de amplias franjas de la población, 90 % aproximadamente, el excesivo aumento de los alimentos y de todos aquellos productos de primera necesidad, tornan el consumo en cualquiera de sus formas, en un lujo que muy pocos se pueden dar”.

“Concurrir a la Feria, este año señaló en otro tramo, representa un acto de rebeldía y de resistencia. Como nunca este espacio plural, activo, será el eje central alrededor del cual girará el repudio de todas las fuerzas culturales a las políticas devastadoras que propone este gobierno. En este marco se inscribe, entre otras cosas, el acto de desagravio a los programas culturales históricos que emitía la Televisión Pública, al cierre de Télam, etc., que realizaremos el sábado 27 de abril a las 20:30 h en los espacios al aire libre de la Feria”.

Su discurso estuvo escandido por los fervorosos aplausos de la mayoría del público y la ovación fue estruendosa cuando dijo:

“No registra la memoria de nuestra Feria que el Gobierno Nacional haya estado ausente, sin un stand, en este evento. La excusa de que la participación del Estado Nacional en la Feria implicaba una erogación de 300 millones de pesos no es otra cosa que una flagrante mentira.”

“Después de una ardua negociación, en la cual accedimos a todos sus requerimientos, el Banco Nación decidió retirar, después de muchos años, su sponsoreo de la Feria, dejando trascender que la orden vino `de arriba`”.

“Pero esto no es todo, el Presidente de la Nación, luego de despreciar nuestra Feria, no se sonroja y pide participar en este espacio, (con un presentación) que está prevista para el próximo domingo 12 de mayo en la Pista Central de La Rural».

“Su presencia en la Feria, vidriera extraordinaria, implica una serie de erogaciones también extraordinarias, que la Fundación El Libro no puede afrontar. Se lo digo con una mano en el Corazón: NO HAY PLATA. Por lo tanto, todo lo atinente a su seguridad y de la gente que concurra a su evento correrá por su exclusiva cuenta, o lo que es peor, será un gasto extra para el Tesoro Nacional”.

Por su parte, Liliana Heker, quien habló en último término, fue acompañada en todo momento por una “hinchada” fervorosa. La escritora realizó sus punzantes críticas hacia al gobierno con un gran sentido del humor que pulverizó y dejó en ridículo tanto los discursos de Milei como los de sus funcionarios, Adorni entre ellos.

Se refirió tanto a la crueldad de dejar de abastecer los comedores comunitarios como a los razonamientos falaces y diagnósticos sin fundamente sobre el futuro como el que afirma que por esta vía de pauperización del pueblo 35 años el país llegará a ser una potencia. Heker se preguntó qué estudio científico avalaba esta afirmación. De qué modo se obtuvo la certeza de que será exactamente en ese tiempo. Agregó, además, que el hambre no puede esperar.

También se refirió al deseo del presidente de que el país sea la potencia que, según él, fue 100 años atrás. “¿Tienen alguna idea –preguntó la escritora refiriéndose a los comienzos el siglo XX- de que en esa época había un grupo minoritario al que la sabiduría popular denominó “los de la vaca atada” porque viajaban habitualmente a Europa, y con su propia vaca para que, a sus niños, en el barco, no les faltara la saludable leche nacional, mientras que, en general, el pueblo se moría de hambre?

“Creo de verdad que quienes promocionan esa meta de retroceder al año 1900 no mienten cuando dicen que ese es el país al que aspiran, pero fuera de estos nuevos representantes de la vaca atada, ¿serán muchos los que quieren vivir según ese modelo? ¿O simplemente no creyeron necesario, o no tuvieron los recursos, para indagar en su significado?”

Y dijo en otro párrafo: “La gente está contenta”, le escuché decir al ministro de economía y me pregunté: ¿de qué gente está hablando? ¿Con qué elementos construyó una generalización tan categórica? ¿Caminó alguna vez por la calle?, ¿vio a los que duermen en las veredas?, ¿trató al menos de imaginarse la desesperación de alguien que va a un comedor comunitario para calmar su hambre y ni siquiera allá encuentra comida? ¿Habló con alguno de los que, sin justificación, acaba de ser despedido?”

“¿O simplemente la frase le pareció simpática y la largó sin mucho problema? Debo decir que es tan desembozada que más bien se parece a un chiste: es el caso del vocero presidencial cuando aclaró que no era cierto que a los jubilados un aumento prometido se les iba a pagar en dos cuotas; no: simplemente se lo haría “en dos momentos distintos”.

Heker dio un discurso implacablemente irónico y, a la vez, le imprimió el encanto de su simpatía natural y de sus gestos descontracturados que le quitó todo tipo de solemnidad.

Jorge Macri en la Feria, un elefante en un bazar
El jefe de gobierno de la ciudad, “el primo”, como suele llamárselo por haberle legado su primo, Mauricio, el trono de Buenos Aires mientras era el intendente de Vicente López, como si la jefatura de gobierno porteña se heredara por privilegios de sangre, aparece bastante poco en público y siempre que lo hace sus intervenciones son desafortunadas. Ésta no fue la excepción.

Cabe preguntarse por qué habló él cuando lo más acertado hubiera sido que lo hiciera la ministra de Cultura Gabriela Ricardes, que se encontraba presente.

Es probable que su actitud obedeciera a que un discurso de Ricardes hubiera puesto aún más en evidencia la ausencia de su par de Nación, Leonardo Cifelli, cuya asistencia a un acto en representación de un gobierno empeñado en la destrucción de la cultura, hubiera tenido consecuencias no deseadas por el gobierno nacional.

El discurso de Macri fue precedido por una serie de abucheos, silbidos e insultos que provenían de la mitad trasera de la platea, mientras algunas personas de la primera lo aplaudían fervientemente y recriminaban a los de atrás.

Si algo dejó en claro el discurso del jefe de gobierno de la Ciudad o el embajador de Vicente López en Buenos Aires, no se entiende bien, es que todo lo que dice es falso tanto cuando improvisa como cuando lee. Sería bueno comunicarle que la persona que cobra por escribirle los discursos lo está estafando.

No sólo son pésimos, sino que demuestran que su autor, quienquiera que sea, ni siquiera se encarga de googlear la información sobre escritores de lengua portuguesa. En una lista de tres grandes escritores de Portugal incluyó a Enrique Vila-Matas que nació y vive en Barcelona y escribe en castellano.

Si el discurso lo escribió él mismo, debería ser coherente ya que afirmó que durante sus vacaciones infantiles de verano y de invierno en Tandil, “abrazó” los libros. Su afirmación hizo estallar una carcajada sonora en la mitad trasera de la sala.

Pero hay que ser justos. No es un pecado que un jefe de gobierno no haya leído a Vila Matas. No es eso lo que se espera de quien rige los destino de la ciudad, sino más bien que encuentre una solución para las personas en situación de calle “que toman el cajero automático como un monoambiente” o que pretenda “limpiar” la ciudad de esos seres pobres y en absoluto desamparo que afean la calles que su antecesor ha llenado de hermosas macetas.

Su error sí da cuenta de su falta de compromiso con la verdad. ¿Hablaría de química si le tocara inaugurar un laboratorio? ¿Por qué habla sin saber sobre escritores portugueses precisamente en la Feria del Libro? Su actitud delata que entiende la cultura –la literatura en este caso preciso-como un adorno que, aunque superfluo, combina bien con los zapatos negros en un acto protocolar.

Fumigar y poner a disposición de los porteños una vacuna grauita contra el dengue, por ejemplo, sería una acción mucho más noble y efectiva que mencionar a Vila-Matas como un gran autor de lengua portuguesa. A menos que realmente lo haya decretado portugués algún DNU que desconocemos.

Por supuesto, en su discurso no faltó el trillado tópico de la importancia de la lectura en los niños. “Pero también tienen que comer” le indicaron desde la segunda mitad de la platea.

Luego de señalar el inclaudicable apoyo a la cultura del gobierno de la Ciudad anunció la creación de una entidad que favorecerá los proyectos cinematográficos y literarios. También se encargaron de aclararle desde el público que el gobierno nacional que llegó al poder con los votos que le regaló la fuerza política liderada por su primo, condenó a muerte al INCAA. En fin, la coherencia no parece ser un requisito para gobernar en los tiempos que corren.

Resulta obvio que no se puede hacer un buen discurso cuando no hay nada para bueno para decir y mucho malo para ocultar.

Sin embargo, tuvo su repercusión. Más de uno de los asistentes al acto inaugural de la Feria el Libro se habrá preguntado un tanto desconcertado: ¿será que el cambio de nacionalidad de Vila-Matas estará incluido en la Ley Bases?

miércoles, 26 de agosto de 2020

Samuel Beckett, Matías Battistón y tres al hilo

El pasado 23 de agosto, Mónica López Ocón publicó en el diario Tiempo Argentino, la siguiente entrevista con Matías Battistón, a propósito de su traducción de tres novelas del irlandés Samuel Beckett, publicadas por la editorial Godot, de Buenos Aires. En la bajada se lee: “Las ya míticas Molloy, Malone muere y El innombrable reencuentran su unidad gracias al minucioso trabajo de traducción de las tres novelas realizado por Matías Battistón” 

Por primera vez un mismo traductor vuelca al castellano su trilogía 


Samuel Beckett (1906-1989) escribió una obra emblemática del teatro del absurdo, Esperando a Godot. Seguramente jamás imaginó que una de las muchas repercusiones que tendría más de medio siglo después sería que una editorial argentina, Ediciones Godot, llevara el nombre de ese esperado personaje que nunca llega. 

En estos días difíciles en que la crisis económica heredada se agudiza a causa de la pandemia, esta joven editorial independiente se atreve a hacer una apuesta fuerte: publicar la trilogía del Premio Nobel de Literatura 1969 compuesta por las novelas Molloy (1951), Malone muere (1951) y El innombrable (1953). Y la publicación tiene un plus importante: esta es la primera vez que la trilogía es llevada al castellano por un solo traductor, Matías Battistón. No se trata de un dato menor porque los ecos y resonancias que hay entre las tres novelas se perdían al ser abordadas separadamente por distintos traductores. 

“El mayor desafío que me planteó la traducción –dice Battistón, quien califica la trilogía como “una épica de la desintegración”– fue ver qué es lo que quedaba por hacer con ella, dónde estaba lo que faltaba. Había traducciones argentinas previas que eran las de Sur, aunque no de El innombrable que solo se tradujo en España, pero sí de Molloy, que la hizo Alberto Luis Bixio en 1960 y, antes de eso, la de José Bianco de 1958. Revisé esas traducciones de Sur, que se caracterizaba por tener eximios traductores y falta de revisores. Más allá de los estilos propios de la época, me encontré con varias falencias como falta de frases traducidas, tanteos, atribuciones equivocadas en los diálogos, lo que demostraba la falta de alguien que revisara y pudiera cotejar la traducción con el original. Otro punto ciego que también abarca a las traducciones españolas es que Beckett en realidad escribió la trilogía dos veces, porque la escribió en francés y la tradujo al inglés. Solo Molloy fue una cotraducción. Beckett era, por decirlo suavemente, muy neurótico, y tenía problemas para traducirse al inglés, que era su lengua materna, y quería desprenderse de la tarea asignándosela a otro. Consiguió finalmente un traductor, Patrick Bowles, un escritor sudafricano. Pero su trabajo con él resultó un fiasco. A veces pasaban ocho horas en un café leyendo en voz alta y corrigiendo. Beckett era muy educado y amable, pero también supercontrolador, por lo que insistía en estas revisiones eternas. Bowles se frustra, se va, las traducciones se retrasan y Beckett decide hacerlas él. A partir de esta experiencia, con algunas excepciones, eligió traducir él mismo su obra al inglés. Eso es lo que hace con Malone muere y con El innombrable”. 

Otro de los desafíos que enfrentó la traducción completa de la trilogía fue el uso del monólogo interior (no por casualidad Beckett tuvo un contacto estrecho con James Joyce, por quien sentía una admiración absoluta) que al producirse dentro de un personaje difumina contextos y puntos de referencia. Pero aun este fluir interno que suele estar enmarcado en un solo personaje se va borrando, según explica Battistón. “En El innombrable –dice– no hay un interior solo, el innombrable no es un personaje, ni siquiera sabe quién es, ni dónde está. No sabe qué es. La voz va mutando y la novela salta de un fragmento de narración a otro y nunca se resuelve, está todo el tiempo modulando”. 

Esta trilogía tiene una importancia fundamental en la obra de Beckett por dos razones. Por un lado, según lo señala el traductor, es una obra “bisagra” en su producción, ya que marca el momento en que deja de escribir en su lengua materna para hacerlo en francés. Si bien escribió, además de la trilogía, otra novela en francés, esta no se publicó en el momento, sino muchos años después. Por otro, la publicación de las tres novelas es próxima a la publicación de la obra que se convirtió en emblema de su producción teatral en el campo del absurdo, Esperando a Godot que, si bien fue escrita en la década del '40, recién fue publicada en 1952, es decir, luego de la aparición de los dos primeros libros de la trilogía y antes de la edición del tercero. 



jueves, 18 de junio de 2020

Resistir la estupidez y la falta de sensibilidad social

Christian Kupchik

El pasado 14 de junio, Mónica López Ocón publicó en el periódico Tiempo Argentino la siguiente entrevista con Christian Kupchik. En la bajada de la nota se lee: “Escritor, editor y especialista en literatura de viajes, es también el fundador de Leteo, una editorial que va a contrapelo de las modas que indican qué y cómo escribir. Entre sus últimas publicaciones figura 35 sonetos ingleses de Fernando Pessoa, un libro casi desconocido escrito en inglés isabelino.”.

“Editar es una forma de resistir a la estupidez”

Entre las múltiples cualidades que tiene Christian Kupchik figura su capacidad para transformar la burocrática escritura de un curriculum –el suyo– en un género literario fascinante.

Nació en Buenos Aires, pero su espíritu nómade lo llevó a vivir en París, Barcelona, Estocolmo y Montevideo. Apasionado de los viajes, nunca permitió que el turista, aquél que viaja para comprobar que realmente existe el lugar que vio en los folletos, desplazara en él al viajero, aquél que viaja sin red, sin otra guía que el asombro. Hace unos meses volvió de Vietnam y todavía una parte de él está allí.

Estudió Psicología en la Universidad de Buenos Aires y también en París V (Vincennes). Más tarde estudió Filología nórdica en la Universidad de Estocolmo.

Publicó poesía, relatos y ensayos. Hace las mejores entrevistas del mundo como bien lo demuestra las que compiló en Todos estos años de gente. Encuentros con escritores notables. Tradujo, entre otros autores, a Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura 2011.

Como no podía ser de otro modo, es especialista en literatura de viajes y escribe prólogos tan increíbles que hacen que uno recuerde más el prólogo que el libro prologado.

Le gustan las estampillas que Donald Evans pintaba a mano a través de las cuales fundaba países que sólo existían en sus sellos postales.

Es coeditor junto con Salvador Gargiulo de Siwa, una increíble revista-libro de literatura geográfica con una estética del siglo XIX. “Con Salvador siempre decimos –acota– que ser anacrónico es una forma estar a la vanguardia.”
También fundó una editorial, Leteo, en los momentos más críticos de la Argentina. Entre sus últimos libros publicados por el sello figura 35 sonetos ingleses de Fernando Pessoa, un texto casi desconocido del poeta portugués escrito en un inglés isabelino, una joya rara.

–¿Cómo fue fundar una editorial en 2016, luego de que el macrismo asumió el gobierno y el país comenzaba a vivir tiempos durísimo?
–Creo que la fundación de Leteo tuvo que ver precisamente con eso, con el momento sumamente complicado que atravesaba el país y era difícil ver lo que nos señalaba nuestra vicepresidenta, una luz al final del túnel. En ese momento no había luces ni en el final, ni en el medio, ni tampoco en tu casa. Sólo había tenido un intento editorial anterior, que fue cuando con Américo Cristófalo fundamos Paradiso, un sello que todavía continúa y que yo dejé cuando me fui a vivir a Montevideo. Siempre me interesó la tarea editorial. En la Argentina contamos con una riquísima tradición de editores. Por suerte, tuve la oportunidad de colaborar en los últimos tiempos de su vida con uno de los que más admiro en el mundo editorial: Boris Spivakov. Pero si nos remontamos más atrás vamos a ver, por ejemplo a Jacobo Muchnik de Fabril. Siempre me gustó el trabajo de hacer públicas ciertas perlas, de hacer una suerte de arqueología literaria. Cuando comencé Leteo junto a Jorge Consiglio el proyecto estaba muy acotado a la realidad del momento. Al principio distribuíamos nosotros mismos los libros. Luego, la propia dinámica de los libros nos llevó a dar un salto para que llegaran a un arco le lectores más grande. Jorge me planteó que eso exigía una mayor inversión de tiempo, de dinero, lo que es verdad, y que él quería seguir dedicado a su propia literatura, de modo que continué solo, somos tan amigos como siempre y el continúa siendo una parte vital de Leteo.  Yo asumí un riesgo muy grande que tuve que consensuar con mi familia. Para mí editar es una forma de resistencia a la estupidez que nos rodeaba, a la falta de una sensibilidad social. Levanto las banderas de los viejos valores de los republicanos españoles que aquí fundaron un sello como Losada. Cada proyecto de libro me ayudó a pasar los años del macrismo, aunque no desde lo económico. Para mí significó seguir pelendo por un mundo más justo a partir de reproducir la belleza que otros han escrito. Nuestro propósito era rescatar libros que no solo tuvieran que ver con nuestros gustos estéticos y literarios sino que fueran lo que otro gran editor italiano, Roberto Calasso, llama “libros únicos”.

–¿Qué es un libro único?
–Un libro a cuyo autor le ha pasado algo y ese algo misterioso el editor quiere que también le suceda al lector. Es algo místico, un poco secreto. Además, en el libro único no solo es importante el contenido, sino también el continente. Es importante la calidad de las traducciones y el material literario que pueda enriquecer y darle a esa obra otra perspectiva. Al principio hicimos ediciones muy chiquitas pero muy cuidadas. En un momento en que para las autoridades culturales la cultura era un mal menor y todo era una especie de fastfood, queríamos plantear el desafío de volver a la vieja tradición de los libros ilustrados, libros que exijan tiempo y reflexión.

– 35 sonetos ingleses de Fernando Pessoa es un libro único por antonomasia. Se trata de poemas escritos en un inglés de la época isabelina casi desconocidos en español. ¿No es así?
–Sí, Pessoa los publica originalmente en 1918 en Lisboa, en una edición muy chiquita que no incluía la totalidad de los poemas, sino unos 20 y luego publicó el resto y también Antinous que es otro de los títulos que escribió en inglés. Pessoa creció en Durban, Sudáfrica, y toda su escolarización fue en inglés. Se aficionó muchísimos a los llamados metaphysical poets, poetas metafísicos. Los sonetos eran una rareza cuando los publicó en Lisboa porque estaban escritos en un inglés isabelino, un inglés que no se hablaba hacía cinco siglos. Incluso cuando manda algunos pocos ejemplares a Londres, los propios británicos no podían creer que existiera un portugués desconocido que escribía en la lengua de Shakespeare respetando el ritmo y la métrica, como si los poemas hubieran sido escritos en el siglo XVI o XVII.

–¿Y cómo llegan a vos estos sonetos?
–Los descubrí en un viaje que hice a Portugal hace mucho tiempo atrás y quedé absolutamente fascinado. Pessoa los publicó en inglés y jamás los tradujo al portugués, idioma en el que fueron publicados por primera vez a título póstumo por un grupo de amigos de Pessoa en 1954. Creo que en esa oportunidad solo fueron publicados 14 y no se respetó ni la rima ni la métrica. La primera traducción que intenta adaptar la lengua isabelina al portugués es de 1974. Es decir que pasan unos 60 años hasta que esos poemas logran ser traducidos al portugués. De él conocemos sus heterónimos, pero estos poemas son una rareza.

–También tuvo un heterónimo inglés, ¿no es así?
–Sí, Alexander Search. De hecho, cuando regresa a Lisboa desde Sudáfrica se hace una tarjeta con el nombre de ese heterónimo. Durante mucho tiempo quise concretar el proyecto de hacer una traducción de esos sonetos ingleses porque, más allá de la curiosidad de que hayan sido escritos en esa lengua y respeten la normativa de la poesía isabelina, son muy buenos poemas. Tienen fuerza, densidad, profundidad y rescatan el espíritu metafísico de la época que Pessoa no tuvo nunca en su poesía ni en la de sus heterónimos. Yo mismo hice algunos intentos de traducción de esos sonetos en los que fracasé estrepitosamente. Hasta que, hace unos años en un congreso un amigo español de la Universidad de Sevilla, José Manuel Camacho, me cuenta que conoce a un señor que estaba trabajando en la traducción de estos poemas. Cuando Leteo fue una realidad, quise armar una colección de poesía en la que el primer título fuera este libro de Pessoa. Le escribí a Camacho y le pedí la dirección de este señor que me había mencionado, Esteban Torre. Lo contacté sin saber nada de él y me contestó que estaría encantado de publicar su traducción. La única condición que me puso es que la edición fuera bilingüe, con el poema en su lengua original y la traducción al español, cosa en la que yo ya había pensado. Torre nació en 1934, es decir que es una persona bastante mayor. Es un médico cirujano especializado en la métrica de la poesía española y ha ganado diversos premios por sus trabajos sobre el tema. Además de traducir la obra, hizo el prólogo del libro. No me alcanzan las palabras de agradecimiento hacia a él porque le dedicó a esto buena parte de su vida. Además, me di el gusto de complementar el libro con datos accesorios. Por ejemplo, hay varios apéndices: está presente la teoría de Pessoa sobre los heterónimos; testimonios referidos a Pessoa, desde el de Albino, el camarero que lo atendía en el bar A brasileira do Chiado, hasta el de Octavio Paz o Antonio Tabucchi; una cronología que abarca toda su vida y que, además, está profusamente ilustrada con imágenes poco conocidas; un mapa de Lisboa que marca todos los lugares en que Pessoa estuvo presente. Creo que todos estos elementos enriquecen la obra y ayudan a darle otra perspectiva. Eso es lo que intento hacer en cada libro desde nuestro primer rescate que es un librito de aforismos sobre arte y poesía de Jean Cocteau que para sorpresa de todos se transformó en nuestro pequeño bestseller.

También apareció otro libro de Pedro Rey, Trieste. Un cuento.
–Sí, Pedro tiene un gran proyecto que llamó un poco caprichosamente La lira argentina. Cada uno de sus cuentos puede leerse de manera independiente, pero guardan una coherencia entre sí. El primer libro, Katsikas, contaba con cinco cuentos, y este que está compuesto por uno solo, que es casi una nouvelle. Me estimula mucho ir publicando este proyecto porque me parece que aporta nuevos discursos. Como editor me gusta correr el eje de los que se supone que hay que escribir y leer hoy en día.

–¿Y qué se supone que hay que escribir y leer hoy?
–Creo que todavía hay un resto de literatura del yo y también una suerte de realismo sucio.

 –¿Leteo vaa a sacar algún otro título este año?
–Sí, una novela desconocida en castellano de Raymond Queneau que va a tener un prólogo y un posfacio de reconocidas figuras del medio y una entrevista que le hizo Marguerite Duras en 1959 cuando él publica Zazie en el metro y vamos a cerrar el libro, si conseguimos los derechos, con una nota corta pero maravillosa, una especie de perfil de Queneau hecho por un personaje absolutamente inesperado: Juan Gelman. Me parece que ofrecer estas cosas es poner el libro en otro lugar, darle otro espacio.