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jueves, 14 de mayo de 2026

"A mi criterio, no hay nada en la mesa o en la silla que las haga femeninas y que haga masculinos al estuche o al vaso”

"En la presentación de su libro Don de lenguas en la Feria del Libro de Buenos Aires, el escritor sudafricano rescató una hipótesis: que nombramos las cosas en masculino o femenino porque así las veían nuestros antepasados. Su coautora, Mariana Dimópulos, lo discutió." Tal es la bajada del artículo publicado por Patricia Kolesnikov en InfoBAE, el pasado 11 de mayo.

El Nobel John M. Coetzee cuestiona si el lenguaje inclusivo es una forma de amnesia voluntaria

Algo sabía -seguro- la periodista Flavia Pittella sobre lo que el escritor John M. Coetzee -Premio Nobel de Literatura 2003- piensa sobre el papel de las márcas de género en el idioma y, por qué no, de los intentos que hace el lenguaje inclusivo para modificarlos. Algo sabía, pero no todo.

Porque este martes, en la presentación de Don de lenguas -el libro que el sudafricano escribió con la argentina Mariana Dimópulos- Pittella hizo una pregunta y la respuesta de Coetzee -o eso pareció- fue más allá.

“John -dijo la periodista- vos sugerís que el género gramatical podría codificar algo antiguo sobre cómo nuestros antepasados percibían el mundo como animado, sexuado, vivo, con fuerzas. Si eso es así, el proyecto actual de borrar el género del lenguaje equivaldría a una especie de amnesia voluntaria. ¿Quién decide lo que una lengua puede permitirse olvidar?"

Qué pregunta, ¿no? Si efectivamente las marcas de género -que Tierra sea una palabra en femenino y no en masculino- tienen que ver con una manera de ver el mundo, quién dice que es hora olvidar que alguna vez se lo vio así?. ¿O sí, ya es hora porque el pasado no pisa el futuro? Y, además, claro: en distintos idiomas la atribución de marca de género cambia...

Responde Coetzee, que creció en inglés, una lengua que no tiene género: “Aludes a la campaña, si podemos llamarla así, así, para limpiar el lenguaje y eliminar los aspectos innecesarios como el género. ¿Por qué debe haber género en el lenguaje? Esta cuestión ha desconcertado a los pensadores desde la antigua Grecia. La última vez que recibió una atención realmente seria por parte de los lingüistas fue hace tiempo, en el siglo XIX, cuando filólogos alemanes, influenciados por el Romanticismo alemán, argumentaron que el género en el lenguaje nos permite obtener percepciones únicas sobre cómo nuestros antepasados prehistóricos veían el mundo".

¿Por qué? ¿Cómo vinculaban los lingüistas las marcas de género con las percepciones prehistóricas? Dijo Coetzee: “Decían que en el nacimiento de las culturas humanas, nuestros antepasados veían un mundo que, hasta su nivel más profundo, era un mundo sexuado. El hecho de que en algunos idiomas un elemento sea llamado masculino y en otro idioma se le llame femenino solo indica que en esos dos idiomas, en el pasado remoto, la gente veía estos elementos sexuados del mundo de manera diferente. Así que para estos estudiosos alemanes a los que me refiero, la asignación de género a los sustantivos, por ejemplo, no era un proceso arbitrario. Al contrario, reflejaba una visión del mundo profundamente arraigada que ha sobrevivido hasta hoy en estas formas de género que ahora consideramos innecesarias“.

Las palabras, claro, no son indiferentes. Si alguna vez la manera de percibir el mundo creó una palabra, ahora la palabra también hace a nuestra manera de percibir el mundo.

“Es interesante -dijo Coetzee- que cuando se hacen experimentos con hablantes en lenguas que tienen género, se les presenta un objeto que no han visto antes y se les pregunta: ‘¿Es masculino o femenino?’, la mayoría tiende a coincidir en que tal objeto es masculino y tal otro es femenino. No digo que sea una prueba sólida, pero sí indica que en algún lugar todavía hay una percepción del género, una especie de género sexuado en el fondo de la mente de las personas. Luego preguntas quién decide qué se borrará del lenguaje. Diría que eso realmente es una cuestión política. Si en algún momento, en el futuro remoto, el español pierde el género, será por una cuestión de quién tenga el poder para imponer eso y quién tenga el poder para resistirse... no podemos predecir estas cosas".

No, una convención

Desde Berlín, donde vive, su coautora, Mariana Dimópulos, presentó otra postura. Pittella invitó: “Desde el punto de vista de una escritora y traductora principalmente al español, ¿cuál es tu mirada acerca de este punto? Es el género solo gramatical, convencional?"

“Yo tengo una mirada muy de hablante de una lengua con género gramatical”, arrancó la escritora. “Y para mí que digamos ‘la mesa’' en lugar de ‘el mesa’ en castellano es puro convencionalismo”.

Dimópulos, que también es traductora, explicó: “En términos puramente lingüísticos, a mi criterio no hay nada en la mesa o en la silla que las haga femeninas y que haga masculinos al estuche o al vaso”

En cambio, dijo para alguien como Coetzee “que ha crecido en una lengua donde ese género casi no existe, quizá resulta un posible lugar para comprobar la antigua tesis de que las lenguas naturales definen nuestro modo de ver el mundo”.

En general, dice, sobre este tema se han puesto ejemplos clásicos: “¿Vemos nosotros distinto que un alemán a la Luna y al Sol, dado que un alemán diría el luna y la sol? Bueno, yo creo que no, pero hay gente que cree que sí“.

En definitiva, dice Dimópulos, “más allá de la cuestión del convencionalismo o no, a mí me interesa pensarlo como una antiquísima pregunta en la Filosofía del Lenguaje que se mezcla con el problema de Babel, con el misterio de que la humanidad habla tantas lenguas. Se dice que hay entre seis mil y siete mil lenguas en el mundo. ¿Y qué significa eso para la humanidad como un todo cuando creemos que esa diferencia es capaz de transformar nuestra mirada sobre el mundo? ¿Nos podemos poner de acuerdo alguna vez si eso fuera verdad?"



martes, 27 de diciembre de 2022

Nuevas definiciones en el Cambridge Dictionary


“Desde octubre, el prestigioso diccionario británico incluyó nuevas acepciones para los términos y se reavivó un debate sobre la identidad de género.” Esto es lo que dice la bajada de la nota firmada por Daniel Gigena, publicada el pasado 21 de diciembre en el diario La Nación, de Buenos Aires.
 
El diccionario de Cambridge actualizó las definiciones de las palabras “hombre” y “mujer” y hay polémica

A finales de octubre, el Cambridge Dictionary actualizó las entradas para las palabras “hombre” y “mujer” en inglés con el objetivo de incluir a las personas transgénero. La primera acepción del diccionario para “mujer” es “un ser humano femenino adulto” y la segunda, desde octubre, “un adulto que vive y se identifica como mujer, aunque se haya dicho que tiene un sexo diferente al nacer”. “Hombre” se define como “un ser humano masculino adulto” y también como “un adulto que vive y se identifica como hombre, aunque se haya dicho que tiene un sexo diferente al nacer”. Con un poco de delay, desde mediados de mes se encendió en el Reino Unido y Estados Unidos un nuevo debate en torno a la cuestión.

Si bien las actualizaciones entraron en vigencia el 27 octubre, cobraron notoriedad este mes cuando la definición ampliada de “mujer” del diccionario británico generó críticas. “Nos gustaría que reflexionen y tal vez expliquen públicamente cómo es posible ‘vivir como mujer’ si no eres mujer o, de hecho, si eres mujer –tuiteó el exvicepresidente del Partido Verde de Inglaterra y Gales, Shahrar Ali–. ¿Es cuestión de hacer las tareas del hogar? ¿Usar tacones altos? La implicación de que hay una manera de vivir ‘como mujer’ es un tropo condescendiente, regresivo y sexista que las mujeres han luchado durante mucho tiempo para superar. No deberíamos esperar verlo aparentemente respaldado por los editores del Cambridge Dictionary”. Otros condenaron la actualización como un nuevo intento de “borrar a las mujeres”.

“Este significado se agregó el 27 de octubre y refleja cómo se usa la palabra ‘mujer’”, dijo a Reuters un portavoz del diccionario de Cambridge cuando comenzaron a aparecer las críticas en redes sociales. “La primera definición en la entrada para mujer permanece sin cambios y sigue siendo ‘un ser humano femenino adulto’”. El diccionario brinda ejemplos de uso para la segunda acepción: “Ella fue la primera mujer trans electa para un cargo nacional” y “Mary es una mujer que, al nacer, le fue asignado el género masculino”.

Otros diccionarios habían hecho cambios similares. En 2020, Merriam–Webster amplió su definición de “femenino” al incluir la acepción “tener una identidad de género opuesta a la masculina”. Se hizo, además, una incorporación similar a la palabra “masculino”. Esos cambios también ocasionaron críticas.

Consultada por La Nación, la presidenta de la Academia Argentina de Letras (AAL), Alicia María Zorrila, se refiere a la posibilidad de que esas actualizaciones se reflejen próximamente en el Diccionario de la lengua española. “Desde mi punto de vista, deberemos esperar a que las veintitrés Academias estudien estas nuevas acepciones y se expresen al respecto –dijo Zorrilla–. De cualquier modo, considero que son suficientes las que están en el Diccionario de la lengua española, pues, sin discriminar, incluyen a los varones y a las mujeres que no se sienten mujeres, sino varones, y a los varones y mujeres que se sienten mujeres”.

En el Diccionario de la lengua española, la tercera acepción de “hombre” es “varón que ha llegado a la edad adulta”, y la segunda acepción de “mujer” es “mujer que ha llegado a la edad adulta”. “En nuestra sociedad, muchas personas ‘trans’ se denominan a sí mismas ‘mujeres’ o ‘varones’, según sea su inclinación sexual, y no ‘transexuales’, lexía que también define el Diccionario –concluye la presidenta de la AAL–. Por lo tanto, se identifican con alguna de las dos definiciones que da el Diccionario de la lengua española”.

La escritora, psicóloga social y activista travesti Marlene Wayar dijo a este diario que el debate le parecía poco interesante. “No nos afecta tanto a nosotras ni entiendo cuánto puede impactar el diccionario de Cambridge –sostuvo la autora de Furia travesti–. En general lo que ha venido del primer mundo ha impactado siempre de manera negativa para la comunidad travesti trans en América Latina. Mientras ellos tienen una medicina carísima, las latinoamericanas hemos tenido que trabajar mucho tiempo con la patologización de nuestras identidades porque allí no hay medicina gratuita asegurada por el Estado, como ocurre en la Argentina. Tenemos que decidir si vamos a luchar por un pequeño corsé identitario o por situaciones más complejas. A las personas latinoamericanas, racializadas y empobrecidas nos interesan las cosas más complejas porque de nada vale que te maten llamándote ‘mujer’. No sé si es bueno que nos metan en una definición discreta que nos limita, sobre todo pensando en cómo va a impactar en las infancias y a qué se van a tener que encorsetar antes de vivir su propia vida. Una cosa es que te sientas disconforme y busques elementos para construir una identidad, ese cuadro que de diferentes piezas que vas armando, y otra cosa es que tengas una sola alternativa, una definición que te va condicionar anímicamente, físicamemte, éticamente”.

Para Wayar, resulta “muy pobre el canje”. “Más que reeducar la transfobia, yo diría más bien el transodio porque fobia parece que tienen un problema aunque ese problema es el odio, hay que trabajar en la construcción del amor, en vez de palabras ideales que no tienen que ver con la realidad –agregó–.Mi cuerpo y mis experiencias no son las de las mujeres y eso no hace que yo no pueda reclamar la feminidad para mí en mi condición de travesti. Es empobrecedro que para que me dejen vivir tenga que acomodarme al término ‘mujer’. ¿Mujer golpeada, mujer sumisa, mujer explotada, mujer que gana menos que un hombre por la misma tarea? ¿Cuál es la propuesta política detrás de esto? Es la dádiva o la concesión de una academia de personas cis a las personas trans. Además, llega tardísimo la academia en hacer un desagravio en contra del transodio. No le rindo pleitesía a esta decisión”.

Semanas atrás, hubo un debate entre intelectuales de América Latina cuando la escritora colombiana Carolina Sanín –que se pronuncia habitualmente en contra del “borramiento de la mujer”– anunció en su cuenta de Twitter que la editorial mexicana Almadía había decidido dar de baja un contrato para publicar sus libros en las tierras de Elena Garro. Algunas colegas argentinas de Sanín que se solidarizaron con ella cerraron sus cuentas en Twitter luego de ser criticadas y calificadas de transfóbicas. Hasta ahora, los responsables del sello no comunicaron en forma pública los motivos de la decisión.

En noviembre, la filial mexicana de Siglo XXI informó que se había pospuesto la presentación del libro Cuando lo trans no es transgresor, de Laura Lecouna, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara por cuestionamientos de la comunidad trans. Según el comunicado, la autora había recibido amenazas por sus críticas al transactivismo.

martes, 14 de diciembre de 2021

Monique Wittig retraducida al rioplatense

El pasado 10 de diciembre, Sandra Aguilar publicó en el diario Página 12 un artículo sobre una nueva traducción de la escritora y  teórica feminista francesa Monique Wittig (1935-2003). En la bajada se lee: “Recientemente fue publicado y traducido al castellano rioplatense El Cuerpo Lesbiano, de Monique Wittig, por la editorial feminista Hekht. Conversamos con su traductora y editora Natalia Ortiz Maldonado acerca de este libro y la apuesta wittigiana de la editorial a mediano plazo, ya que próximamente contaremos con textos como Virgilio No y el Obrar Literario, ejemplares inéditos en nuestro idioma”.

Los oficios de las lenguas

–Podemos pensar la traducción como parte de un y intento crítico, de una apuesta cultural (que es decir política). En ese sentido ¿Qué las impulsó a vos y a Marilina Winik (coeditora) a volver a traducir la obra de Monique Wittig (Guerrilleras en 2019 y El Cuerpo Lesbiano en 2021)? ¿Por qué esa intervención cultural?
–El catálogo de una editorial es un dragón de papel donde cada libro es una escama y cada escama es una apuesta. Y cada libro, además, es un entrecruzamiento de fuerzas, de las fuerzas que habitan el discurso que porta, de las fuerzas que habitan en sus comunidades de lectura y también de las fuerzas de la industria cultural, que es un monstruo ambiguo y difícil. Cada texto que editamos en estos 8 años lleva todas esas tensiones consigo. Nuestra pequeña apuesta tiene que ver con escuchar y hacer circular voces inquietantes, que sean capaces de desestabilización, pero también de dar cobijo en un mundo que es un bosque en llamas.

Wittig es una revolucionaria y pagó caro el correrse de los discursos instituidos de su época, especialmente de los feministas y ortodoxos, masculinistas en su modo de escribir y de pensar. Decidimos editarla después de haber sido sacudidas por su rayo, cuando nos dimos cuenta de que las versiones disponibles estaban censuradas (el caso de Guerrilleras) y que era necesario leer toda su obra hoy, porque se había cancelado lo más cuir y emancipador de su planteo, también lo más poético o, como dice de ella Donna Haraway, “su imaginería política”. En ella encontramos un mundo subversivo, un mestizaje absoluto, la propuesta de la abolición de todos los géneros en todos los planos donde eso sea posible. Pero además, una de las cosas más inquietantes de Wittig, se produce durante la lectura de su obra literaria, porque es una creación que va realizando en sí misma la subversión, párrafo a párrafo. Entre su poética y su política no hay distinciones, como señala val flores. Wittig no nos dice qué hacer (la vieja estrategia masculinista), sino que nos muestra cómo lo hace ella, sin dejar de invitarnos en ningún renglón.
En una maravillosa ficción especulativa, Donna Haraway imagina un futuro donde una alianza interesepecies logra sanar y hacer florecer al planeta. En esas comunidades futuras existen algunxs que tienen una tarea muy importante: ser palabrerxs de lxs muertxs. Para sanar al mundo es necesario que no se olviden las quemas de brujas, las catástrofes ni a quienes vivieron y murieron antes que nosotrxs. Por eso también editamos a Wittig, para tender puentes de memoria entre generaciones, para ser un poco palabreras de lxs muertxs.

Traducir: el contacto de las lenguas
–Creo que en El Cuerpo Lesbiano lograste esa intensidad del lenguaje de la que habla Úrsula Le Guin en su traducción del Tao Te King, intensidad que por momentos nos perfora como un rayo de dolor o de placer, una onda expansiva que recorre cada una de las fibras que componen un cuerpo. Sobre el ejercicio de traducir en sí me gustaría saber cómo fue esa convivencia con la respiración de ella a medida que encontrabas las palabras en nuestro idioma.
–Cada lenguaje es infinito e inabarcable, cada palabra porta ecos, memorias y sensaciones de la comunidad que lo habla. Y también está, como dice Virginia Woolf, el hecho altamente misterioso de que las palabras no son entidades separadas sino que forman parte unas de otras, se pertenecen. Cada lenguaje es un cuerpo viviente. Traducir es poner en contacto dos lenguas, hacer que se toquen dos materialidades infinitas. Hay una traición ahí, una traición que se comete con deliberación, porque si no se traiciona, si se cree que solo se trata de pasar algo de un lugar a otro, herimos de muerte a los dos vivientes.
La poética, decía Úrsula Le Guin, busca la verdad persiguiendo cierta intensidad del lenguaje. Traducir el canto amoroso más extenso del siglo XX, El Cuerpo Lesbiano, fue una operación extremadamente corporal. No bastaba con realizar la operación técnica, que nunca es suficiente, donde una palabra encuentra otra más o menos equivalente. Fue necesario leer cada párrafo muchas veces, en voz alta, in-corporarlo, para sentir que se había logrado producir un animal narrativo singular, diferente del primero y, sin embargo, el único que parecía posible en castellano rioplatense.


Desertar: la transformación de los modos de vida
–Ya había advertido Teresa de Lauretis que la escritura de Wittig había abierto un espacio conceptual que fue cancelado en diferentes momentos históricos (80/90’s) por varios feminismos, en el presente pareciera reiterarse la operación política cancelatoria de su pensamiento. Por eso me gustaría que profundizaras esta idea de ¿qué es lesbiana para esta autora? y ¿Qué modo de la existencia propone en el Cuerpo Lesbiano y qué resonancias encontrás en la actualidad?
–Wittig es muy explícita en su crítica feroz tanto del biologicismo como del psicoanálisis y el marxismo tradicional, en la medida que sostienen la idea de una diferencia sexual esencial. Es por eso que revisita muchos de sus principales tópicos, el cuerpo pero también la falta, la raza, la clase y el yo. ¿Cómo sería un mundo que no se organizara según las diferencias sexuales y su sistema de jerarquización y violencia? ¿Cómo sería si creemos que la raza, el género y la clase son modulaciones de un mismo modo de poder? ¿Cómo sería si nadie fuese esencialmente nada en particular? ¿Qué políticas nos llevan hacia ese mundo?
El cuerpo lesbiano no es un cuerpo en sentido biológico, puede tener vulvas, penes o esporas, es una superficie extensa de límites difusos que puede devenir animales, diosas, vegetales, minerales. Pero tampoco es Un cuerpo, es un encuentro de cuerpos y sensibilidades.
Hay un modo de vida cisheteronormado, capitalista, que involucra cierta idea de la propiedad privada, de éxito, de competencia, el extractivismo de recursos corporales, emocionales, naturales y financieros. En ese modo de vida, ser una mujer es estar física y simbólicamente disponible para otrxs (para cuidar, ser deseada, sacrificarse, etc.) en relaciones profundamente asimétricas. La propuesta wittiguiana no es que las mujeres ocupen el lugar de los varones o lo compartan en partes iguales, sino hacer estallar todos los dispositivos de poder de ese tipo de sociedad. Nos propone dejar de ser mujeres.
Lesbianas son quienes desertan del lugar de subordinación, quienes dejan de organizar su deseo vital en relación con el par hombre/mujer, un cuerpo lesbiano puede ser también un cuerpo travesti, cuir, insumiso, a la manera de Susy Shock. Por eso tiene mucho sentido aquello que De Lauretis decía sobre Wittig: no se trata de pensar una identidad fija a partir de ciertas prácticas aisladas, sino de la infinita y difícil tarea de transformar las maneras en que vivimos, queremos, trabajamos, comemos, hablamos...
El cuerpo lesbiano no responde ni a la erotización ni a la afectividad capitalista, es un tropo imaginante distinto. No circunscribe el erotismo solo a ciertas zonas (pene, vagina, ano, senos), ni sigue el guion del cazador y la presa, el registro fijo de lo activo y lo pasivo, sino que habilita movimientos y potencias diferentes.
El yo capitalista es hipercompetitivo, un yo cazador-empresario que está en la vida social como una selva en la que debe ser vencer y ser reconocido como héroe (con likes, fama, dinero). El yo capitalista especula, mide sus actos según costos y beneficios, para él no se trata de amistad o amor sino de alianzas, acuerdos, estrategias, intereses. El y/o lesbiano es un y/o sin medida, abierto, capaz de entrega. Contrariamente a lo que podría suponerse, el yo capitalista es más frágil que el lesbiano, porque está agotado por la competencia, tiranizado por las imágenes, vergonzoso de su fragilidad, temeroso de sus pasiones.

–Quisiera retomar esta afirmación “El cuerpo lesbiano no responde ni a la erotización ni a la afectividad capitalista, es un tropo imaginante distinto”, además en el prólogo afirmás que es “un tratado sobre erótica, uno que desestabiliza el modo heteronormado de la sexualidad” me preguntaba entonces ¿Cómo es ese tropo? y ¿qué lugar habrá para la desmesura radical sensible, para el Y/o en la sociedad de redes? ¿Qué encuentros amorosos son posibles hoy en el modo de existencia neoliberal?
–El cuerpo lesbiano es un tropo, una imagen creante, un catalizador para la imaginación y el cuerpo político, donde el erotismo no se refiere a un intercambio calculado de placeres o afectos (te doy/me das), sino a una entrega festiva, regenerante y generosa. Las superficies corporales, los sentidos y las emociones dejan de organizarse según el código hegemónico, que performa “empresarixs de sí mismxs” que se miden y regulan como productos en un mercado (de likes, de trabajos, de reconocimiento).
Lo sabemos bien, en las sociedades de redes las comunidades devienen guetos en disputa, y las personas yoes individuales que compiten en mercados diversos, con lógicas de consumo veloces y crueles. Quizá sea por eso que este libro de Wittig hoy puede operar como una invitación a la deserción, que es un proceso infinito y no un acting para redes. Invitación a suspender la temporalidad veloz en los encuentros, a detenerse en lo que puede un contacto, a observar todo lo que ocurre cuando nos damos a un silencio, un espasmo, una cicatriz.
Si este libro se desmarca de los códigos heteronormados no es solo porque los cuerpos que en él se encuentran sean lesbianos, sino porque no es un catálogo de lo que se debe hacer, no es un protocolo ni una cartografía de lo sensible. Es el acá y ahora de una erótica del devenir otrxs con/en otrxs, que requiere una política y una lengua comunes, nuevas.

lunes, 4 de junio de 2012

Marietta Gargatagli habló de género, pero no se refirió ni al poplín ni a la sarga

En una nueva reunión del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, nuestra vieja conocida Marietta Gargatagli habló de "Traducción y género". Lo hizo en dos sentidos: por un lado, sirviéndose de varias versiones de Un cuarto propio, de Virginia Woolf, demostró cómo más allá de los intentos groseros de subrayar las cuestiones genéricas, una buena traducción pone en primer plano el elemento ideológico sin necesidad de ayudas externas. Luego, trazó un panorama del lugar que ocupa la traducción y de los muchos rasgos que comparte con las características que suelen atribuírsele a la femineidad. En la presentación, como es de suponer, no estuvo ausente la polémica, como podrá verse acá .


Marietta Gargatagli, doctora en Filología Hispánica y profesora titular de la Facultad de Traducción e Interpretación desde 1976 es, actualmente, profesora emérita del Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Barcelona. También dio clases en Italia y, antes de 1976, en la Universidad de Rosario. Colaboradora en revistas, periódicos y editoriales de España es autora de ensayos individuales y participante de obras colectivas entre las que destacan: Borges y la traducción (UAB, 1993); El tabaco que fumaba Plinio. Escenas de la traducción en España y América: relatos, leyes y reflexiones sobre los otros (con Nora Catelli, Ediciones del Serbal, 1998); Escrituras de la traducción hispánica (Universidad Austral de Chile, 2009); École, culture et nation (Université Paris X, 2005); Los traductores en la historia (Antioquía, 2005/Editions Unesco, Les Presses de l’Université d’Otawa, 1994/John Benjamins Publishing Co, 1995); Cosmópolis. Borges y Buenos Aires (Barcelona, CCCB, 2002); Héroes de ficción (Ediciones del Bronce, 2000); Heroínas de ficción (Ediciones del Bronce, 1999); Figuras del padre (Cátedra, 1998); La novela del siglo XX y su mundo. Literatura y ciencia (Debate, 1997; Palabras para Larva (Edicions del Mall,1985). Colabora con el Centro Virtual Cervantes y (con Gabriel López Guix) codirige 1611. Revista de historia de la traducción. Ha traducido, entre otras obras, Cartas del fervor de Jorge Luis Borges..