martes, 22 de septiembre de 2026
A diferencia del caso argentino, al gobierno mexicano le importan la cultura y los libros
lunes, 21 de septiembre de 2026
"Pedimos condiciones que permitan competir, trabajar y sobrevivir"
El pasado 18 de septiembre, Daniel Gigena, en un artículo del diario La Nación, de Buenos Aires, dio cuenta de la grave situación por la que están pasando actualmente las librerías argentinas. En la bajada, se lee: "En sendos comunicados, la Federación de Librerías y la Fundación el Libro difundieron el estado del circuito independiente en base a una relevamiento que también evidencia un aumento en los costos operativos".
Mediante un comunicado, la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines (Falpa) pidió declarar la “emergencia librera” en el país al alertar por la caída del 25% en las ventas de ejemplares y de un 41% en la “facturación real” respecto de 2023. Las autoridades de la entidad señalaron a LA NACION que los resultados de una encuesta nacional sobre la evolución de la actividad arrojan datos “muy preocupantes”. El presidente de Falpa, Jorge García, ya solicitó reuniones con diputados en vista de presentar la emergencia librera en el Congreso.
La Fundación El Libro (FEL) acompañó el reclamo de Falpa con el comunicado “En defensa de las librerías independientes y la bibliodiversidad en todo el país”, en el que expresa “profunda preocupación y total respaldo a la declaración de Emergencia Librera impulsada a nivel nacional”, en la que se solicitan medidas por parte del Estado. “Los datos arrojados por el reciente relevamiento sobre 1200 comercios independientes evidencian un diagnóstico preocupante. La combinación de una caída real de la facturación del 41,5 % frente a un aumento del 31,1 % en los costos operativos entre 2023 y 2026 constituyen datos alarmantes”, resalta la FEL.
“Falpa declara la Emergencia Librera ante el profundo deterioro económico que atraviesa el sector y el riesgo que esta situación representa para la continuidad de una red federal de librerías -comienza el comunicado-. No se trata solamente de que se vendan menos libros. Los datos muestran un deterioro mucho más profundo de la actividad. Tomando como base el período enero-agosto de 2023 y comparándolo con el mismo período de 2026, la cantidad de libros vendidos cayó aproximadamente un 25%. Pero el dato más preocupante aparece cuando descontamos la inflación: la facturación real de las librerías cayó un 41,5%”.
Por cada $ 100 que una librería facturaba en términos reales en 2023, hoy apenas factura $ 58,5. “Al mismo tiempo, importantes costos necesarios para mantener abierta una librería siguieron aumentando. Nuestro indicador de costos operativos, construido sobre servicios, comunicaciones y transporte/logística, pasó, también en términos reales, de 100 en 2023 a 131,1 en 2026″, se detalla.
Las librerías independientes trabajan con márgenes reducidos: obtienen descuentos comerciales del 35% al 42% sobre el precio de venta al público. “Ese porcentaje no es ganancia. De allí deben pagarse salarios, alquileres, servicios, impuestos, logística, gastos bancarios, insumos, obsolescencia del stock y todos los demás costos necesarios para mantener abierta una librería”, se enumera en el comunicado. La utilidad neta de una librería independiente ronda entre el 2% y el 5% de sus ventas.
“Una simulación económica realizada sobre esos márgenes muestra que, frente a la caída de facturación registrada, una librería hubiera necesitado reducir sus gastos reales entre un 34% y un 38% para conservar el punto de equilibrio –se describe–. Pero ocurrió exactamente lo contrario: componentes relevantes de sus costos operativos aumentaron alrededor del 31% en términos reales. Esta verdadera ‘tijera’ entre ingresos y costos ayuda a explicar la situación que hoy vemos en todo el país. Muchas librerías permanecen abiertas no porque su rentabilidad continúe siendo suficiente, sino porque sus propietarios reducen o directamente resignan su propia remuneración, utilizan ahorros personales, postergan obligaciones o se endeudan para sostenerlas”.
A diferencia de las independientes, las grandes cadenas, debido a sus volúmenes de compra, obtienen condiciones comerciales más favorables, “con descuentos que pueden alcanzar aproximadamente el 50% al 55%, lo que les otorga una capacidad mucho mayor para absorber costos y períodos prolongados de caída de ventas”.
Desde Falpa vinculan la crisis de las librerías con los resultados de las pruebas PISA, donde se evidencian las “serias dificultades en comprensión lectora entre los adolescentes argentinos: alrededor del 60% de los estudiantes de 15 años no alcanza el nivel básico de competencia en lectura”.
“Mientras nuestro país enfrenta esta realidad, algunos países que habían avanzado fuertemente hacia la digitalización educativa están revisando ese camino y recuperando el libro impreso, la lectura en papel y los tiempos de lectura sostenida -reza el comunicado-. [...] Resulta entonces contradictorio que, justamente cuando necesitamos que nuestros chicos lean más y comprendan mejor lo que leen, permitamos que se debilite la red de librerías que acerca los libros a cada barrio, ciudad y pueblo del país”.
Solicitan medidas concretas del Estado nacional, de las provincias y de los municipios, como el cumplimiento efectivo de la ley 25.542 de defensa de la actividad librera (que el ministro Federico Sturzenegger insiste en derogar), la devolución del crédito fiscal de IVA (la resolución 4515, aprobada por el Congreso, no se aplica a las librerías) y la implementación de líneas de crédito específicas para librerías independientes, “con tasas preferenciales, plazos adecuados y períodos de gracia, destinadas especialmente a refinanciar el endeudamiento acumulado, recuperar capital de trabajo y evitar que empresas económicamente viables terminen cerrando por falta de financiamiento”.
Proponen además una tarifa federal reducida para el envío de libros. “Para una librería del interior, el costo logístico representa una desventaja creciente frente a grandes plataformas y cadenas –señalan–. Una tarifa específica permitiría que una librería ubicada en cualquier localidad pueda vender y enviar libros a todo el país en condiciones más competitivas y que cualquier lector pueda acceder a ellos independientemente de dónde viva”. Y piden que las compras públicas de libros realizadas por el Estado nacional, las provincias, los municipios, las bibliotecas y otras instituciones públicas “contemplen mecanismos que permitan la participación de librerías independientes locales y regionales”.
También se reclama por “políticas permanentes de promoción de la lectura, articulando escuelas, bibliotecas, librerías, editoriales, autores y organizaciones culturales”.
Falpa impulsa la convocatoria a una Mesa Nacional del Libro y las Librerías, con participación estatal, librerías, editoriales, distribuidores, autores y demás actores de la cadena del libro, con el objetivo de analizar medidas inmediatas y políticas de mediano y largo plazo. “No solicitamos privilegios. Solicitamos condiciones que permitan competir, trabajar y sobrevivir”, concluye el comunicado.
García informó a La Nación que está activa la página web www.librosactivos.com.ar, gratuita para libreros, autores y lectores, donde se pueden consultar los catálogos de las librerías. “El lector busca el libro y por geolocalización le indica donde lo tiene más cerca de donde está y lo conecta directamente con el librero sin costos –explica–. También tiene una agenda de eventos culturales donde las librerías y el rubro sube la actividad y también por geolocalización te dice donde tenés actividades en tu zona”.
lunes, 14 de septiembre de 2026
Más sobre la forma en que las empresas de Inteligencia Artificial roban
La noticia no es nueva, pero no deja de asombrar. En esta nota, publicada en La Jornada, de México, el 1 de septiembre pasado, Elrinet Gómez da cuenta de lo que Anthropic hizo para alimentar sus modelos de IA.
Anthropic destruyó millones de libros con los que alimentó su IA
En 2024, la empresa de inteligencia artificial (IA) Anthropic puso en marcha una estrategia consistente en adquirir millones de libros, deshojarlos, escanearlos y utilizar su contenido para alimentar modelos de IA.
Los detalles de la iniciativa, llamada Proyecto Panamá, se mantuvieron en secreto hasta que un juez de distrito en Estados Unidos hizo públicos más de 4 mil páginas de documentos de una demanda por derechos de autor.
En entrevista con La Jornada, Ismael Everardo Bárcenas Patiño, responsable del Laboratorio de Inteligencia Artificial Microsoft de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que modelos de IA, como los que dan soporte a chatbots, necesitan grandes cantidades de información para responder consultas de ámbitos de la salud, la educación y otros.
“Si lo entrenamos con un libro sobre medicina, todos esos datos se cargan en el modelo y entonces es capaz de utilizar esa información para inferir sobre alguna consulta”, explicó el especialista.
En busca de nuevas fuentes de entrenamiento
En entrevista por separado, Rocío Aldeco Pérez, especialista en criptografía, cadena de bloques y sistemas distribuidos, considera que lo ocurrido con Anthropic es un síntoma de que para entrenar a la IA están buscando nuevas fuentes de información más allá de los contenidos disponibles en Internet.
“Hay libros antiguos que nunca fueron digitalizados; entonces su información nunca se usó para ese entrenamiento, recurrir a ellos es una manera de ver si esos datos mejorarían el modelo de aprendizaje que ya se tiene.”
Los documentos legales hechos públicos y revisados por The Washington Post revelaron que Anthropic había recurrido a libros y otros contenidos de sitios que distribuían contenidos sin respetar derechos de autor. Según esos registros, Anthropic compró millones de libros usados. El plan contemplaba cortar los lomos de los ejemplares para escanear sus páginas y, posteriormente, entregarlos a una empresa de reciclaje.
Aldeco Pérez y Bárcenas Patiño coincidieron en que, en medio de la competencia acelerada por desarrollar modelos de IA, uno de los principales desafíos es el uso de obras protegidas por derechos de autor. “Cuando escribes un libro esperas venderlo y ganar dinero para seguir escribiendo. Aquí se usa de maneras que no puedo decir ilegales, pero que tampoco son legales. Es algo que sucede en un espacio gris de la legislación”, apuntó Aldeco Pérez.
“Estos modelos basados principalmente en redes neuronales necesitan mucha información para entrenarse. El tema aquí es que estos modelos eventualmente lucran; entonces, sería pertinente evaluar si se tendría que pagar derecho de autor”, agregó Bárcenas Patiño.
El juez de distrito William Alsup dictaminó que Anthropic podía utilizar libros adquiridos legalmente para entrenar a sus modelos de IA, ya que éstos usaban el material de forma transformadora. Comparó el proceso de entrenamiento de IA con el de profesores que enseñan a escribir bien. Sin embargo, el juez dejó abierta la disputa sobre los libros obtenidos de fuentes que infringían derechos de autor.
Lejos de nuestra realidad
Para Bárcenas Patiño, México está lejos de ver una operación como Proyecto Panamá, debido a que el país no cuenta con la infraestructura necesaria para emprender un proceso como ése, que requiere centros de datos de alta potencia, equipos especializados y grandes capacidades de cómputo.
Sin embargo, dijo que el país tiene grandes volúmenes de información que podrían ser de interés para empresas extranjeras que desarrollan modelos de IA. Entre ellos, mencionó la producción editorial, los contenidos disponibles públicamente en Internet, la información que los usuarios generan en plataformas digitales y datos gubernamentales de acceso público.
Tanto Bárcenas Patiño como Aldeco Pérez plantean que, en el contexto de la competencia por la IA generativa, México debe apostar por desarrollar tecnología propia y crear una regulación que establezca límites claros para el uso de obras y datos en entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.
“Cómo vamos a legislar y cómo vamos a proteger la soberanía de nuestros países frente a esta situación son las conversaciones que debemos dar en universidades, empresas y gobierno”, concluyó Aldeco Pérez.
viernes, 28 de agosto de 2026
"Los grandes modelos de lenguaje necesitan enormes cantidades de texto"
Durante años, buena parte de la inteligencia artificial actual se entrenó con contenidos disponibles en internet. Páginas web, foros, artículos, enciclopedias y repositorios digitales proporcionaron enormes cantidades de texto para enseñar a los grandes modelos de lenguaje. Pero la red empieza a mostrar sus límites. Algunas empresas tecnológicas han buscado otra fuente de conocimiento y han encontrado en los libros la solución.
A principios de 2026, The Washington Post reveló una de estas estrategias a partir de documentos judiciales relacionados con Anthropic, la empresa responsable del asistente de IA Claude. La investigación sacó a la luz “Project Panama”, un proyecto secreto iniciado en 2024 para adquirir libros impresos a gran escala. Los ejemplares se escaneaban y sus textos se incorporaban a los procesos de desarrollo de modelos de IA. Para acelerar el proceso, millones de libros fueron cortados, digitalizados y después enviados a reciclar.
Anthropic no es la única compañía interesada en acceder a grandes colecciones de libros. En mayo de 2026, cinco grandes editoriales estadounidenses y el escritor Scott Turow demandaron a Meta y Mark Zuckerberg. Los acusaron de utilizar millones de libros y artículos procedentes de repositorios piratas para entrenar a su modelo Llama. Otros litigios contra empresas de IA apuntan en la misma dirección.
El procedimiento muestra un cambio importante en la forma de valorar el libro. El objeto físico pierde importancia frente a su contenido. El texto puede extraerse, convertirse en datos y utilizarse para alimentar modelos de inteligencia artificial.
Los libros han adquirido así un nuevo valor estratégico. Ya no son solo objetos que contienen y transmiten conocimiento. También son grandes conjuntos de datos en la competición por desarrollar mejores modelos de inteligencia artificial.
Los grandes modelos de lenguaje necesitan enormes cantidades de texto. Sin embargo, cantidad y calidad no son necesariamente lo mismo. Internet ofrece una diversidad difícil de encontrar en otro lugar. Pero también contiene textos breves, repetidos o poco revisados.
Además, desde 2022, cada vez hay más contenidos creados con IA en internet. Un estudio publicado en 2026 analizó páginas web aparecidas entre 2022 y 2025. A mediados de 2025, alrededor del 35 % de las nuevas páginas estudiadas incluían textos generados o modificados con IA. Esto no significa que el 35 % de internet haya sido creado por máquinas, pero sí muestra que estos contenidos tienen cada vez más presencia en la red.
El problema no es solo distinguir quién ha escrito qué. Una investigación publicada en Nature ya mostró en 2024 que entrenar sucesivas nuevas generaciones de modelos con contenidos producidos por modelos anteriores puede provocar una degradación progresiva de los resultados.
En este contexto, los libros anteriores a la expansión de la IA generativa adquieren un nuevo valor. Ofrecen a las empresas tecnológicas contenidos extensos y estructurados que, en muchos casos, han pasado por procesos profesionales de edición y corrección. Además, han sido escritos por personas.
Cuando el patrimonio se convierte en datos
Durante siglos hemos creado bibliotecas, archivos y universidades para conservar una parte de nuestra memoria colectiva. Estas instituciones no se limitan a almacenar sus fondos, también los catalogan, los preservan y los hacen accesibles.
La inteligencia artificial está dando un nuevo valor a ese patrimonio. No interesa el ejemplar físico; importa la información que contiene. Al digitalizarlo, el texto puede convertirse en datos y utilizarse para entrenar modelos de IA.
Desde la pasada primavera, libreros de España, Alemania, Australia y Nueva Zelanda han alertado de pedidos masivos y poco habituales realizados por la empresa canadiense Zoom Books. Esta compañía se dedica a la venta de libros de segunda mano por internet. Sus compras suelen realizarse a través de grandes plataformas como AbeBooks o Biblio. En ellas se pueden encontrar desde títulos baratos hasta ediciones raras y difíciles de conseguir.
Estos patrones de compra –y el precedente de Anthropic– han despertado sospechas. Sobre todo, por su volumen y por el interés en obras antiguas, descatalogadas o que no están disponibles en formato digital. Zoom Books niega que sea para alimentar a la IA y, por el momento, no existen pruebas concluyentes que permitan atribuirle ese fin.
Pero el fenómeno muestra hasta qué punto el contenido de los libros ha adquirido un nuevo valor. La información puede extraerse del objeto, convertirse en datos y circular de forma independiente. Muchos de estos textos nunca se han digitalizado, y algunos contienen conocimientos locales, especializados o publicados en lenguas con poca presencia en internet. Ofrecen información que todavía no está disponible en grandes bases de datos digitales.
Una nueva carrera por el conocimiento
Durante los últimos años hemos hablado de la carrera de la IA en términos de procesadores, energía, centros de datos y algoritmos. Pero la compra masiva de libros pone sobre la mesa otro recurso estratégico, mucho menos visible: el conocimiento humano.
Destruir un ejemplar puede parecer poco relevante cuando existen miles de copias. Pero no todos los libros están en esa situación. Muchos están descatalogados, tuvieron tiradas pequeñas o pertenecen a editoriales y ámbitos locales. Otros son difíciles de encontrar. En estos casos, cada ejemplar que desaparece dificulta el acceso a su contenido.
También importa qué libros se eligen. No todos los conocimientos están igual de representados en los datos que utilizan los modelos de IA. La selección puede reforzar desequilibrios que ya existen en internet.
La lengua es un buen ejemplo. También lo son el origen geográfico, la época o el tipo de conocimiento. Algunas culturas, perspectivas y formas de entender el mundo pueden estar muy presentes. Otras, mucho menos. Y otras pueden quedar al margen.
A esto se suma el debate sobre los derechos de autor. Escritores, editoriales y otros creadores cuestionan que sus obras puedan utilizarse para entrenar sistemas comerciales de IA sin permiso ni compensación. En Europa, la normativa sobre inteligencia artificial intenta aportar algo más de transparencia. Entre otras medidas, exige a las empresas responsables de los grandes modelos informar sobre los contenidos utilizados para entrenarlos y adoptar medidas para respetar la legislación europea sobre derechos de autor.
La cuestión, en todo caso, no es solo qué pueden aprender las nuevas herramientas tecnológicas de nuestros libros. Debemos preguntarnos qué ocurre con ellos tras su digitalización y procesamiento masivo, qué se conserva, qué puede llegar a desaparecer y qué conocimientos quedan fuera. Porque seleccionar los contenidos con los que aprende una IA también significa decidir qué voces estarán más presentes en sus respuestas y qué sesgos puede reproducir.
miércoles, 26 de agosto de 2026
"Estamos ante una reasignación de las preferencias dentro de un mercado que se achicó"
El pasado 24 de agosto, el diario Clarín, de Buenos Aires, publicó un artículo sin firma en el que se ofrecen las conclusiones de la Encuesta Anual del Sector del Libro, que todos los años elabora la Cámara Argentina del Libro. Los resultados, a continuación.
Según estimaciones de plataformas de venta online como Mercado Libre, los rankings de las grandes cadenas de librerías y de la Encuesta Anual del Sector del Libro elaborada por la Cámara Argentina del Libro, el 80 por ciento de los libros comprados en la Argentina en los últimos dos años abordan temas relacionados con la crisis económica y social. “Nuestro trabajo demuestra claramente que estamos ante una reasignación de las preferencias dentro de un mercado que se achicó”, señala en el documento Fernando Iannace, titular de la consultora Ghostwriter Argentina.
El relevamiento detecta así un fenómeno que tiene dos caras: por un lado, la “llamativa persistencia de títulos de psicología, bienestar y desarrollo personal entre los libros más buscados y vendidos durante los últimos veinticuatro meses”. También registraron un crecimiento exponencial de la cantidad de lectores interesados en obras de finanzas, emprendimiento y desendeudamiento.
Pero, al mismo tiempo, esas elecciones tienen lugar en un contexto de “fuerte retracción del mercado editorial, crecimiento de la morosidad familiar e indicadores de precariedad laboral”, según detallan.
El informe, difundido este lunes en el contexto del Día del Lector por la consultora dedicada a brindar servicios de asesoramiento y publicación de manuscritos no profesionales, señala que la fecha instituida por la Ley 26.754 en homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges encuentra una situación que “parece tener poco de celebración y mucho de radiografía social: en medio de una de las transformaciones económicas más profundas de los últimos años, también está cambiando la clase de respuestas que una parte del público busca en los libros”.
Para elaborar este informe, el Observatorio de Hábitos de Ghostwriter Argentina realizó relevamientos propios en los puntos de venta más importantes del país, además del entrecruzamiento de datos públicos de la industria editorial, plataformas de comercio electrónico y organismos oficiales.
La primera observación es clara: desde 2024, “mientras la venta general de libros se contrajo, numerosos títulos relacionados con psicología, hábitos, bienestar, finanzas y desarrollo personal conservaron posiciones privilegiadas entre las preferencias del público”.
Por caso, en la plataforma de ventas Mercado Libre, durante 2024 se vendieron más de 3,13 millones de libros y, entre los cinco títulos más buscados del año, cuatro pertenecían al universo de la psicología y el desarrollo personal: La felicidad, de Gabriel Rolón; Este dolor no es mío, de Mark Wolynn; 50 cápsulas de amor propio, de Sara Espejo; y Hábitos atómicos, de James Clear.
Un año después, el fenómeno continuó. El ranking de libros más vendidos en Mercado Libre durante 2025 fue encabezado nuevamente por La felicidad, seguido por Hábitos atómicos y Este dolor no es mío. En quinto lugar apareció el clásico de Viktor Frankl El hombre en busca de sentido.
La única obra de ficción entre esos cinco primeros lugares fue El Eternauta, impulsada además durante el año por el fenómeno audiovisual asociado con su adaptación.
“Nuestro trabajo demuestra claramente que estamos ante una reasignación de las preferencias dentro de un mercado que se achicó”, explica en el reporte Iannace y agrega que “los datos muestran que el lector argentino está buscando herramientas para gestionar la incertidumbre”.
Cámara Argentina del Libro
La Encuesta Anual del Sector del Libro de la Cámara Argentina del Libro y el Núcleo de Innovación Social aporta datos en sintonía: el 80% de las editoriales relevadas registró una caída de ventas entre 2023 y 2024. Entre ellas, un 27% sufrió bajas de entre 26% y 49%, mientras otro 9% reportó retrocesos superiores al 50%. También declararon disminuciones el 78% de las distribuidoras y el 68% de las librerías consultadas.
La producción acompañó ese escenario. En 2024 se registraron 31.574 novedades editoriales, 8% menos que un año antes, y la tirada promedio del sector editorial comercial pasó de 1.891 a 1.646 ejemplares. En 2025 volvió a crecer la cantidad de títulos registrados, pero la tirada total cayó 34%, en buena medida por el retroceso de las ediciones estatales y compras institucionales.
“Cuando comprar un libro deja de ser una decisión automática y pasa a competir con gastos cada vez más sensibles, el lector se vuelve selectivo. Y una parte de ese público parece estar eligiendo títulos que percibe como herramientas: para entender una emoción, modificar un hábito, atravesar una crisis, producir mejor o recuperar alguna sensación de control”, sostiene Iannace.
“La biblioteca funciona muchas veces como un sismógrafo social”, interpreta Iannace. “En épocas de estabilidad puede ganar el deseo puro de entretenimiento o descubrimiento. Cuando aumenta la incertidumbre, crece también la necesidad de respuestas. No necesariamente respuestas correctas ni soluciones mágicas, sino la búsqueda de un método, una explicación o una hoja de ruta. Y eso es exactamente lo que prometen buena parte de estos libros desde sus títulos, sus contratapas y su propuesta editorial”.
En las mesas de novedades
En las librerías, primer contacto con los lectores y lectoras, el termómetro muestra la misma situación. En el ranking general de Cúspide de agosto aparecen Hábitos atómicos, Deja de ser tú, Este dolor no es mío y El hombre en busca de sentido, todos un paso adelante o a la par de novedades literarias, infantiles, políticas y fenómenos masivos.
Editorial Planeta Argentina, por su parte, también marca actualmente como “más vendidos” o “imprescindibles” varios títulos de ese universo, a los que suma La teoría Let Them, de Mel Robbins, y Recupera tu mente, reconquista tu vida, de Marian Rojas Estapé.
Al universo emocional se suma otro cada vez más visible en las vidrieras físicas y digitales: las finanzas personales, la productividad y el emprendimiento. Clásicos como Padre rico, padre pobre, junto con obras como La psicología del dinero, siguen ocupando espacio en los catálogos argentinos, acompañados por manuales de ventas, marketing, liderazgo, negocios y creación de emprendimientos.
Sobre estos últimos, Ghostwriter Argentina también afirma que “se observa un crecimiento del 30 % en la preferencia de los argentinos por la lectura de libros de finanzas o desendeudamiento”, aunque aclara que todavía no existen datos públicos suficientes para afirmar que la venta nacional de esos ejemplares se haya traducido en el mismo porcentaje”.
“Detectamos una presencia creciente de esa oferta y un contexto objetivo que puede explicarla, aunque los datos aún no se reflejan en las ventas”, confirma el sondeo de hábitos de lectura.
“Lo que sí podemos demostrar es más revelador: entre los años más difíciles para el sector editorial, cuatro de los cinco libros más buscados en las principales plataformas y librerías del país hablan de felicidad, dolor, amor propio o hábitos, demostrando que existe un cambio cultural que merece ser estudiado”, señala el estudio.
“Durante mucho tiempo dijimos que cada crisis obliga a las personas a reinventarse. Quizás ahora podamos agregar algo: también las obliga a reinventar su biblioteca”, cierra Iannace.
martes, 18 de agosto de 2026
Como siempre, el hilo se corta por lo más fino
Todo permite suponer que el hilo se corta por lo más fino, y que lo más fino son los que escriben traducen los libros. A esa gente, a diferencia de las papeleras, las imprentas y las encuadernadoras, se los puede ningunear.
Pasado el peligro, todos los que eran humanistas que se llenaban la boca hablando de la bibliodiversidad, ahora vuelven al negocio (probablemente, ruinoso para la mayoría, pero negocio al fin) y se niegan siquiera a considerar discutir la cuestión de los porcentajes. Y los escritores y traductores, cuyas asociaciones participaron en la defensa de la ley, se llaman a silencio de puro cagones, no sea que se queden sin la mísera porción que les corresponde dos veces por año con el pago posdatado de derechos de autor.
Jorge Fondebrider
domingo, 2 de agosto de 2026
Más reacciones sobre la intención del gobierrno de derogar la Ley 25.542, de precio único de los libros
viernes, 31 de julio de 2026
Sigue la polémica sobre la derogación de la ley precio único de los libros, pero nadie dice que a los valores actuales son objetos sunturarios
Con la intervención pública desde su cuenta de X, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, abogó este fin de semana por la derogación de la ley 25.542 de defensa de la actividad librera, sancionada en noviembre de 2001, que establece que editores e importadores deben fijar un precio uniforme de venta al público de los libros. Ese precio (conocido como PVP) debe regir en cadenas de librerías y librerías independientes, supermercados y plataformas digitales (que no siempre la cumplen).
La norma vigente solo contempla descuentos del 10% o hasta el 20% (a docentes y estudiantes) en ferias del libro, y el descuento excepcional del 50% en programas de venta a bibliotecas y librerías, como pasa con el Programa Libro % de la Conabip y Librerías Aliadas, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria de Editores.
Ante la decisión del Gobierno, la mayoría del sector editorial y librero se manifestó en contra de la iniciativa mediante comunicados y declaraciones públicas donde se afirma que la norma rige en otros países y que, en aquellos donde se la derogó, los precios no bajaron y el mercado se concentró aún más. También señalan que se afectaría la vida cultural y que muchas librerías pequeñas, incapaces de competir con grandes cadenas y plataformas de venta digital, deberían cerrar sus puertas.
La venta de libros del sector editorial comercial en librerías representa el 80% del total, informaron desde las cámaras del sector. Una ley similar a la 25.542 rige en países como Alemania, España, Francia, Portugal, Bélgica, Corea del Sur y Japón, donde las librerías son consideradas espacios culturales.
En respuesta al periodista y escritor Luis Novaresio, que en su cuenta de X cuestionó “la crueldad [del Gobierno] al pretender hacer desaparecer librerías y editoriales independientes, en cada barrio de cada ciudad o pueblo es un modo sofisticado de la maldad”, Sturzenneger se preguntó si Novaresio había leído la ley [el anteproyecto].
“Me imagino que no, porque la ley que proponemos derogar solo prohíbe que se ofrezcan descuentos sobre los libros -se respondió-. [...] en Argentina existe una ley no te permite vender libros baratos, te obliga a venderlos a un precio uniforme en todo el país. Me contaba un librero amigo que en la última feria del libro quería vender las Crónicas de Narnia a 40.000 pesos, y que blandiendo esta ley lo obligaron a subirlo a 99.000 por ser el único precio admitido”. LA NACION pudo saber que el librero amigo del ministro es el editor de Hojas del Sur, Andrés Mego, que dijo a este diario que en la reciente Feria del Libro porteña quisieron multarlo por ofertar esa obra a un precio más bajo que el de sus competidores (las dos grandes cadenas de librerías Yenny y Cúspide).
Al respecto, la Fundación El Libro, organizadora de la Feria, respondió que había hecho cumplir el reglamento “para mantener la equidad entre todos los expositores”. “Cuando detectamos un expositor que no cumple con el Reglamento de la Feria o la ley vigente [en este caso, ofrecer un 25% de descuento por pago en efectivo], se debe actuar de manera objetiva -indicaron-. En casos como el mencionado, el procedimiento formal consiste en labrar un acta. Nuestra prioridad es garantizar un marco transparente y justo para todos los libreros, editores y visitantes que forman parte de la Feria”.
“Crueldad es, a nuestro entender, emitir leyes que perjudican al consumidor -filosofó Sturzenegger-. Y para quienes amamos la lectura en todas sus formas una ley que encarece los libros nos parece un pecado capital. ¿De donde surge entonces esta diferente visión de quienes queremos que la cultura se difunda y llegue a todos en total libertad? [...] Desde esa perspectiva derogar esta ley es una obviedad, por el sencillo motivo que permitirá el acceso a libros más baratos”. [...]
Tras la propuesta de Novaresio de “escuchar a la industria”, el ministro sostuvo que la única “opinión relevante” es la del consumidor. Aclaró que cada lector podría comprar libros en “el canal que prefiera” e ilustró su postura con los precios de la novela de Novaresio Todo por amor, pero no todo.
“Hoy tu libro puede conseguirse a un precio en librerías, a otro muy inferior en Kindle o incluso escucharse en Audible por el costo de una suscripción o incluso formar parte de promociones donde el precio pasa a ser 0. Mientras todo eso ocurre, tenemos una ley que le prohíbe a una librería decir: ‘Esta semana quiero vender este libro un 20% más barato’ para atraer lectores a mi espacio, para invitar a conocer la librería o lo que fuere. ¿A quién protege exactamente esa prohibición? El mayor desafío para las librerías ya no es la competencia de enfrente. Es Amazon, es Kindle, es Audible, son las plataformas digitales y los nuevos hábitos de consumo. Y frente a esa competencia, la ley actual no les da más herramientas. Les quita una potentísima: la competencia”.
El presidente Javier Milei (que llamó “coloso” al ministro), al igual que legisladores, economistas e intelectuales libertarios o simpatizantes del Gobierno, como Juliana Santillán, Alejandro Rozitchner, Lilia Lemoine, Fernando Iglesias, Diego Recalde y Marcelo Duclos, repostearon las publicaciones de Sturzenegger, que también recibió adhesiones de intelectuales y exfuncionarios del PRO. El economista y exdiputado Martín Tetaz indicó que, si se deroga la ley, los best sellers serán “más baratos”, aunque con el cierre de las librerías más pequeñas se perdería “un activo cultural”. Se estima que en la Argentina hay 1500 librerías (cerca del 40% se concentra en la ciudad de Buenos Aires).
En redes sociales, escritores como Claudia Piñeiro, Dolores Reyes, Guillermo Martínez, Eduardo Sacheri, Gonzalo Garcés, Flavia Pittella, Roberto Gargarella, Martín Caparrós, Irina Sternik, Hugo Alconada Mon, Enzo Maqueira, Bernardo Beccar Varela, Agustín De Luca y Martín Felipe Castagnet, así como también editores y libreros se expresaron en contra de la derogación con distintos argumentos. En este caso, las adhesiones llegaron desde legisladores de la oposición como Esteban Paulón, Maximiliano Ferraro y Myriam Bregman. Las cámaras y asociaciones del sector editorial y librero comunicaron que están solicitando reuniones con representantes del todo el arco político, del oficialismo a la izquierda.
“No se puede discutir cómo mejorar lo que funciona y superar lo que quedó obsoleto con alguien que reconoce que te quiere destruir. Ya pasó con el sistema científico argentino: este gobierno nunca nos recibió ni nos escuchó, y ahora con el ecosistema del libro pasa lo mismo”, posteó Castagnet.
“No se dejen engañar con eso de q el precio del libro bajaría –advirtió Piñeiro–. Te acordás de ‘la primera te la regalan, la segunda te la venden’. Bueno eso. Baja el precio, funde a los pequeños y después ponen el precio que quieren. Además vas a leer solo aquellos libros que les den ganancia”.
La escritora y editora Leticia Martin abrió otra discusión al respecto. “No digo todas, pero muchas librerías liquidan cuando se les canta el tujes, como si no hubiera inflación hace décadas, y entre que la librería informa y la distribuidora paga, se juntan 120 días mínimo. Así cagan a las editoriales. Ya que estamos hablando del tema, hablemos”, sostuvo en X, si bien aclaró que no estaba a favor de la derogación de la ley 25.542. El sistema de consignación vigente no favorece a las editoriales ni a los autores.
Mego, responsable del sello afín al Gobierno Hojas del Sur, se expresó a favor de la derogación de la ley. “Hace veinticinco años escribieron una ley para proteger a la industria del libro. Hoy parece que discutir esa ley es casi un acto de herejía”, posteó, si bien cabe aclarar que el Gobierno no quiere “discutir” la norma, sino derogarla.
“Nadie discute que una ley pudo haber tenido sentido en 2001 –admitió–. La pregunta incómoda es otra: ¿Sigue sirviendo al lector en 2026? Porque si una editorial no puede decidir libremente vender sus propios libros a un precio menor en su propio canal… si un autor no puede lanzar una promoción para que más personas lean su obra porque una ley se lo impide… entonces ya no estamos hablando de fomentar la lectura. Estamos hablando de limitar, por ley, la forma en que un libro puede llegar a sus lectores”. En otro mensaje, se preguntó: “¿Estamos organizando la industria para que existan más lectores… o estamos organizando a los lectores para sostener una determinada estructura de la industria?”.
El asesor editorial y expresidente del Fondo Nacional de las Artes, Mariano Roca, ponderó la importancia del libro en la cultura argentina en un posteo en X dedicado a Sturzenegger. “No es un dato menor el reconocimiento del libro como pilar fundamental de la educación y la cultura de nuestro país. Tal vez, si escucha a los sectores que impulsaron esta normativa, pueda contar con mejor información. Y quizás entre todos logren una ley superadora, en lugar de recurrir a su irreflexiva y perjudicial derogación", concluyó.