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jueves, 27 de febrero de 2025

Una encuesta para traductores sobre traducción e Inteligencia Artificial (9)

Noveno día de la encuesta

Los traductores y la inteligencia artificial (9) 


Omar Lobos
(Argentina)

1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Estoy un tanto familiarizado. De hecho, para mis clases he recurrido a ella por cuestiones de tiempo para que me traduzca algún relato. Claro, luego debí someterlo a una bastante ardua corrección, y eso sin atender a cuestiones más finas de estilo, sino solo para dejar un texto legible desde el punto de vista del contenido del relato.

2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

No la considero una herramienta útil para el trabajo de traductor (Sí para el del docente), porque no puede percibir la voz del autor, sus períodos respiratorios, la determinada articulación de la frase más allá de lo sintáctico, etc.

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

No creo que totalmente, si hablamos de LITERATURA, donde los aspectos estilísticos son muy importantes, y se necesita -eso creo yo- una empatía emocional para percibir cómo palpita y se mueve ese texto. Entiendo que solo puede proponer textos GRAMATICALMENTE correctos y de una ya aceptable COHERENCIA.


ARMANDO ROA
(Chile)

1)¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Mi familiaridad con la inteligencia con la IA es incipiente. La he utilizado sí, en ocasiones, pero sólo como un diccionario para aclarar términos o ciertas frases, al igual que otras herramientas que están en línea. 

2)¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí,¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Es útil porque es un recurso fácilmente disponible y rápido, que almacena una gran cantidad de información proveniente de fuentes diversas y eso es un ahorro. Pero en el campo de la traducción literaria misma, no le confiaría un texto porque, al igual que otros motores virtuales de traducción, no la siento capaz de trabajar un texto con las sutilezas, matices y capacidad estética que significa el acto de traducir, ni tampoco con el conocimiento contextual del idioma y del autor, tan importantes al acometer una traducción.

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Es probable que en el campo de traducciones técnicas de textos no literarios, con un lenguaje puramente denotativo, la IA suponga un riesgo para la profesión, especialmente cuando alcance estados más avanzados de desarrollo. En el terreno literario, en cambio, donde el lenguaje involucra una experiencia humana honda e irremplazable y no un gesto puramente mecánico, su impacto será limitado y será simplemente una herramienta más al servicio del traductor.


MARIANA WINDINGLAND (Argentina)

1) ¿Qué tan familiarizada está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Lo suficiente como para no temerle.

2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Lo es para buscar datos o información que a veces es difícil de encontrar, siempre que se hayan agotado todos los recursos bibliográficos disponibles en la red.

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Creo que plantea desafíos a las traducciones técnicas, científicas y jurídicas, pero no a la traducción literaria. Salvo cuando una editorial hace “corrección de estilo” de, por ejemplo, un par de idiomas como el noruego < > castellano ante la ausencia de otras traducciones disponibles (como suele ser del noruego al inglés, francés o alemán). Me sucedió el año pasado: un par de editores confiaron más en la IA que en mi trabajo y publicaron un libro de divulgación científica en el que consideraron el valor de la milla estadounidense y no la escandinava, que no vale 1,609 km sino la bagatela de 10 km. Al autor no le importó demasiado pero afortunadamente NORLA, que es la agencia de promoción de la literatura noruega, retiró los fondos que había otorgado a la editorial.

 

 

jueves, 2 de febrero de 2023

Una residencia de traducción en Noruega

El texto que sigue, especialmente escrito para este blog, es una crónica de lo realizado por Mariana Windingland, traductora del noruego al castellano, durante la residencia de traducción que, gracias a NORLA (Norwegian Literature Abroad), pudo lleva a cabo en la capital de Noruega.

Residencia de traducción de NORLA
Oslo, otoño 2022

A principios de agosto me postulé para participar de la decimotercera residencia de traducción respaldada por NORLA en Oslo y en apenas siete días recibí la confirmación: me otorgaban la beca. Tres semanas más tarde, me encontraba alojada en el antiguo hotel Bondeheimen, que literalmente significa “el hogar de los agricultores”, ubicado en pleno centro de Oslo, junto a tres colegas oriundos de Turquía, República Checa y Países Bajos. El lugar es un reducto de protección del nynorsk (neo-noruego) y sus habitaciones y pasillos están repletos de citas de autores que han publicado en la lengua que apenas un 10% de la población que vive en el interior del país. Las dependencias de NORLA están situadas a unas diez cuadras del hotel, y el itinerario para llegar allí es de lo más atractivo que tiene la ciudad. Se pasa obligadamente por el Nationaltheatret (Teatro Nacional de Arte Dramático), la sede central de la Universidad de Oslo, el Palacio Real, el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Instituto Nobel, el Museo Ibsen y la Biblioteca Nacional, entre otros emblemas del patrimonio arquitectónico de la ciudad. Las oficinas que nos albergaron durante todo septiembre colindan con la Biblioteca Nacional, y en otros pisos del mismo edificio se encuentran distintas agencias de cultura de la nación, por lo que las áreas comunes del lugar representan una arena más que interesante para conocer profesionales de distintos ámbitos.

Dos proyectos de traducción me llevaron a esta instancia de formación continua: una obra inédita en español de Henrik Ibsen, a quien no hace falta presentar, y la última pieza, publicada en 2022, de Arne Lygre, considerado por la crítica internacional como “el nuevo Ibsen”.

La obra de Ibsen, de 1851, es un breve libreto de ópera puesto en escena tan sólo cuatro veces desde su publicación. Sobre ese texto investigué en el Instituto Ibsen de la Facultad de Humanidades, situado en el campus en Blindern. Las bibliotecarias y demás investigadores que conocí allí se sorprendían al enterarse de que el dramaturgo es el tercer clásico más representado en Buenos Aires después de García Lorca y Shakespeare y me proveyeron de cuanta información y material bibliográfico necesitara. Nunca antes me había sentido tan bien recibida por la academia. Además, surgió la oportunidad de encontrarme con dos traductores con gran experiencia en la obra ibseniana. Por un lado, conocí a Cristina Gómez Baggethun, hija de Kirsti Baggethun, que son las más prolíficas traductoras del noruego en España. Cristina publicó en 2019 con Nørdica las obras fundamentales Ibsen, algo que era totalmente necesario, haciendo un trabajo impecable. Por otro lado, también me nutrí de los saberes inconmensurables de Erik Skuggevik, traductor y académico noruego que pasó casi toda su vida en Inglaterra, profesor en Surrey y Westminster y que publicó a Ibsen en los Penguin Classics en los últimos años. La gentileza que tuvieron ambos en recibirme y orientarme en la obra del padre de la dramaturgia noruega, así como la humildad y amabilidad que manifestaron, son realmente destacables.

Con respecto a la obra contemporánea, estrenada exitosamente en febrero, me fue posible presenciar ensayos en Det Norske Teatret, teatro oficial donde todas las puestas son en nynorsk. Allí entrevisté a actores y actrices ytuve oportunidad de ver la reposición de la pieza que más público convocó en Oslo en 2022: Tid for glede (Tiempo de alegría), y cuyo autor me solicitó traducir al español aunque hablo bokmål, el idioma de mayor uso y extensión en el país, literalmente “la lengua de los libros” y no la lengua del manuscrito en cuestión. A pesar de numerosos intercambios epistolares con Lygre, no logramos encontrarnos, ya que durante mi estadía en la capital nórdica él estaba en París, donde se estrenaba la misma obra en el teatro Odéon bajo la dirección de Stéphane Braunschweig, quien ya ha dirigido cinco de sus piezas en varias capitales europeas. A pesar del mencionado desencuentro, en mi paso por el Dramaten de Estocolmo (Teatro Nacional de Arte Dramático), tuve la fortuna de encontrarme con el renombrado director francés e intercambiar unas palabras sobre la obra de Lygre, que se estrenó en la capital sueca hace apenas un mes. Allí, gracias a las gestiones de NORLA,me reuní en el Ministerio de Cultura con las directoras del programa Swedish Literature Exchange Program, quienes reconocieron mis facultades para traducir literatura sueca contemporánea e inmediatamente me incorporaron a su lista de traductores acreditados. Ahora sólo falta que alguien quiera publicarme.

Durante la residencia tuve además la valiosísima posibilidad de compartir e intercambiar experiencias con colegas, aun cuando nuestras lenguas de destino pertenecen a distintas familias lingüísticas. Por ejemplo, de numerosas charlas con Jitka Jindriskovaacerca de una misma obra noruega que ambas tradujimos, ella al checo y yo al español, surgieron los contenidos teóricos que luego desarrollaríamos en el seminario mensual de traducción literaria que organiza NORLA. En esta oportunidad, fuimos disertantes y no meras oyentes. Desde luego, en esas semanas seguimos una nutrida agenda de reuniones con editores, agentes, escritores y traductores literarios noruegos. Y como si esto fuera poco, Aschehoug, una de las editoriales más antiguas del país, celebraba su 150° aniversario, por lo que todas las noches a lo largo del mes había algún evento al que asistir. En su magnífica Aschehougs Villa en el barrio Frogner, donde viví varios años, pudimos escuchar, entre otros, a Maja Lunde, Jostein Gaarder e Ivo de Figueiredo, figuras centrales del panorama literario local.

Más allá de los ejes centrales de mi residencia, por supuesto aproveché la ocasión para entrevistar a otros investigadores y escritores,visitar los ateliers de las escritoras e ilustradoras que ya he traducido y darme una vuelta por Forlaget Press de la mano de Thomas Reinertsen Berg, a quien estoy traduciendo en este momento para una editorial argentina. Berg recibió el Brage Prisen, el premio literario más prestigioso del país, por su primera publicación en 2017.

La verdad es que no me puedo quejar: esta la segunda vez desde 2014 que el castellano es parte de este programa patrocinado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino de Noruega(la anterior fue una colega de España). Las lenguas más seleccionadas han sido el alemán, el ruso y el checo, en ese orden, por lo que me alegra enormemente ser la primera residente de América latina (por el castellano, ya que hubo dos traductores brasileros antes). Sin dudas estas políticas públicas son imprescindibles. Debemos sostenerlas cada quién desde su lugar, como lo hace en nuestro Programa Sur Diego Lorenzo, que ha sabido mantener el esquema de subsidiosde manera intachable en un país cuya economía está siempre al borde del colapso. En un mundo donde las editoriales no se arriesgan a publicar autores que escriben en lenguas periféricas, aun cuando estén traducidos a más de treinta idiomas como es el caso de muchos escritores noruegos, sinpolítica públicano habría casi posibilidad de circulación de literatura de lenguas poco extendidas.Por eso celebro y apoyo incondicionalmente cada programa de gobierno que auspicia nuestra labor.


martes, 22 de marzo de 2022

"Algo que experimento prácticamente como sumisión"

Mariana Windingland es traductora del noruego al castellano. Sus problemas, no obstante, son comunes a lo que vienen expresando los diversos traductores que opinaron hasta ahora sobre el uso del tú y del vos en la traducción al castellano. Vale la pena leerla.

“Pronombres que dan identidad”

Días atrás me encontraba en un seminario de traductores literarios de noruego, una novedad que trajo la pandemia en formato virtual, y que vino, en cierto modo, a reemplazar las residencias de traducción que NORLA (Norwegian Literature Abroad) organizaba año tras año en Oslo. Mes a mes, participamos del encuentro unos diez a quince traductores de diversas lenguas y culturas, y hasta el momento he sido la única de habla hispana. Los encuentros son sumamente enriquecedores ya que propician debates que, años atrás, habría sido impensable sostener, salvo que se hubiera volado más de treinta horas hasta el país escandinavo.

En el último seminario, algunos colegas me consultaron sobre los aspectos que presentan mayor dificultad a la hora de traducir al español una de las dos lenguas oficiales de Noruega, el bokmål, hablada apenas por poco más de cuatro millones de habitantes. Sin dudas que surgió la cuestión de cómo mencionar aquello que no existe en la cultura de destino, como accidentes geográficos típicos de los fiordos, características de paisajes árticos o la misma aurora boreal, pero esto es un eterno problema de traducción común a todas las lenguas.

Como me consultaron acerca de este par de lenguas en particular, el noruego-español, rápidamente intenté ilustrar el estado de situación. Por un lado, la gran diferencia del español ibérico con el americano en sus numerosas variantes, cada una de ellas con su cadencia y su entonación. Luego hice mención sobre el tan requerido “neutro” ya sea por las editoriales como en la industria audiovisual. Por último, intenté retratar aquello que nos ocurre cuando recibimos un encargo de traducción: la decisión de la variante de español es de la editorial y la dicta el mercado, y esto en las lenguas periféricas simplemente no ocurre, o si sucede, lo es en mucho menor medida. Yo he tenido la dicha de traducir a español rioplatense, y sólo en esas ocasiones sentí haber logrado un trabajo medianamente aceptable. Pero en la mayoría de los casos he debido traducir a neutro, y aunque el tú se parezca tanto al du de las lenguas escandinavas, al you y al toi, si se quiere, creo que sólo traducimos mutilando el voseo por imposición histórica. Nunca llegaré a comprender por qué escritores rioplatenses conservan el vos, y quienes traducimos no, algo que experimento prácticamente como sumisión.

Quizás las nuevas generaciones traigan un poco de aire fresco a este panorama. No son pocos los largometrajes estadounidenses para público infantil que en sus doblajes incorporan distintas variantes del español para una mejor caracterización de los personajes, entonces hay un colombiano, un cubano, un mexicano, y un argentino dialogando sin necesidad de neutralizar la lengua, como sucede en la vida real y en las ciudades cosmopolitas. Comprendo que al traducir obras clásicas haya una búsqueda que redunde siempre en el tuteo, pero si traducimos literatura contemporánea, no veo por qué no podríamos emplear los pronombres que dan identidad a nuestra cultura.

viernes, 23 de abril de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (4)

Cuarto día de la encuesta sobre género y traducción.


Paulo H. Britto
(traductor brasileño residente en Río de Janeiro, Brasil)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?

–Indudablemente, todas las traducciones tienen no uno, sino muchos rasgos o características en común: todas son operaciones de reescritura de un idioma a otro; todos implican algún grado de pérdida, en uno o más niveles (semántico, formal, estilístico, etc.). La lista podría continuar casi indefinidamente. Sin embargo, si la pregunta se restringe al campo de la traducción literaria, podemos centrarnos en una única característica: la necesidad de recrear en la lengua de destino las marcas de estilo que están particularmente asociadas con el autor y que se valoran como marcas de literalidad. No es difícil encontrar ejemplos: la sintaxis larga y tortuosa de Proust y James; el uso de neologismos y la presencia de muchas voces diferentes en Joyce; el lenguaje seco y burocrático de Kafka. Pero la recreación de rasgos estilísticos puede convertirse en una dificultad extrema cuando el rasgo en cuestión se basa en un aspecto del idioma de origen que no tiene una contraparte en el idioma de destino. Voy a dar un ejemplo que responde a la pregunta 3: el uso de Emily Dickinson de la oposición entre dos sectores del léxico inglés: por un lado, un núcleo básico de palabras de origen germánico, en su mayoría de una o dos sílabas, el más utilizado el lenguaje, asociado al cuerpo, las pasiones, los conceptos más básicos y los sentimientos más viscerales; por el otro, una periferia de palabras de origen latino o griego, casi siempre polisilábicas, más técnicas, literarias y abstractas. Por un lado, términos como up, big, go, mother, love, think, forgive (“arriba”, “grande”, “adelante”, “madre”, “amar”, “pensar”, “perdonar”); por otro, preeminent, penetrate, encouragement, sympathy, intelligent (“preeminente”, “penetrante”, “aliento”, “simpatía”, “inteligente”). Para decirlo bien, muchos de los poemas de Dickinson comienzan describiendo una escena cotidiana, utilizando solo palabras del primer grupo, por ejemplo, “A bird came down the walk” (“Un pájaro bajó por el camino”), y terminan con un polisílabo abstracto como “infinity” o “eternity” (“infinito” o “eternidad”). El poema parte de experiencias viscerales comunes y termina con una abstracción filosófica; y este camino semántico está marcado por la transición del léxico germánico al léxico latino. Algunos de estos poemas de Emily Dickinson plantean inmensas dificultades cuando intentamos traducirlos a una lengua polisilábica neolatina, como el portugués, el castellano o el italiano.


Roberto Mascaró (traductor uruguayo residente en Malmo, Suecia)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?

–Justamente en estos días he estado pensando mucho en eso. Claro que es un problema y también una aventura para la traducción la cuestión de género. Basta con pensar en el problema que tiene un anglosajón para traducir del castellano, lengua en la que existen los verbos “ser” y “estar” (y no sólo uno, el to be) y los pronombres posesivos y muchas otras formas tienen género (masculino/femenino) y no así en el inglés... Este problema se ahondará cuando se trate de traducir un texto trans, donde aparece un género nuevo, una visión de la vida nueva. Un ejemplo de lo que se me ha presentado y me ha obligado a reflexionar: traducir la palabra människa, que aparece infinitas veces en Strindberg, del sueco. El significado “paternalista” y, por lo tanto, caduco seria “hombre”. Así, människorna fue traducido siempre como “los hombres”, sentido genérico que siempre me sonó exclusivo y machista. Lo resolví dejando de lado la forma masculina y usando el significado “humano”. Asi, he traducido människorna como “los humanos”, para resolver en parte el problema. Esto me sirvió también para “corregir” mis propias expresiones y ya no hablo ni escribo del “hombre”, sino del “humano”. En Suecia se ha trabajado mucho con este tema del género, desde las guarderías y la escuela primaria y secundaria. Cuando el maestro se refiere en tercera persona a un/a alumno/a no lo llama ni han (él) ni hon (ella) sino hen, una palabra inventada recientemente, ya que la identidad de género y la sexual del alumno va a ser decidida por él cuando cumpla los 8 años... No sé si sirven estos ejemplos. Creo que se presentarán más desafíos para el/la traductor/a en el futuro próximo.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Claro que he dejado de lado y no he traducido poemas excelentes a causa de dificultades como lsa que describo arriba y otras. Sobre todo cuando los CONTEXTOS (geográficos, culturales, físicos, filosóficos) se me han presentado como seguramente incomprensibles para el lector... No todo es traducible en literatura, evidentemente. Conservar métrica y rima de un poema sueco en una versión castellana es un desafío que cuesta horas y horas de reflexión... y a veces termina en la papelera.


Mariana Windingland (traductora argentina residente en Mendiolza, Córdoba, Argentina)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?

–En términos generales creo que no existen rasgos genéricos en la traducción, pero podría haber excepciones. Si pensamos en una novela cuyos personajes son femeninos y la trama aborda cuestiones intrínsecas a la biología de la mujer, como el embarazo o la lactancia, seguramente el tratamiento del texto no será el mismo para una mujer que ha vivido estos procesos que para una persona no gestante. Sin embargo, no me parece imprescindible que la traducción la haga una mujer. ¿Para qué está la literatura sino para imaginar y crear otros mundos posibles?

De pequeña adoraba a Julio Verne y a Mark Twain a pesar de ser una niña que crecía en un sistema absolutamente binario. En casa nos compraban, entre otros, los títulos de la Biblioteca Billiken de los años ochenta que editaba en tapa roja las lecturas “de niñas” y en tapa azul las “de niños”. Me pregunto quién hacía aquellas traducciones y si aplicaban el mismo criterio curatorial dividido en géneros. En aquellas épocas solía meterme a hurtadillas en la biblioteca de casa, tarde en la noche cuando ya todos dormían, tomaba un libro de tapa azul, y lo leía con una linterna debajo de las sábanas, a escondidas. Más tarde supe que el capricho editorial no había alcanzado a mi madre y a mi padre y pude echarme a leer el resto de las aventuras al sol. Como apunta Garland, lo que es esencial para traducir es hallar el texto cautivante, el texto te tiene que gustar, tiene que ser un desafío, y esto trasciende el género de quien lo haya creado. Por mi parte, hasta el momento no me he topado con textos que no haya podido traducir por esta circunstancia.

Para cerrar, me gustaría comentar algo aunque sea un poco tangencial a este tema. Hay algunos sustantivos del noruego que no tienen traducción al español por ser neutrales en su género, por ej. barna (la niña + el niño) podría hoy traducirse como “les niñes”, pero foreldre (madre + padre, mor + far) lamentablemente no tiene aún una traducción posible. Ocasionalmente he oído de jóvenes decir “xadres”, pero no creo que su uso sea muy extendido. Un tercer término que también complica bastante es skjæreste, que literalmente significa “mi más queride” y se usa extensivamente para no categorizar los vínculos sexo-afectivos (no se presenta a “mi marido/mi novio/mi amigo con derechos”, sino que se usa “mi más queride” y de esa manera se pone de manifiesto que no se quiere dar más precisiones sobre el tipo de vínculo en cuestión. Pero bueno, aquí nos metemos en otra discusión posible sobre cuestiones de género en la traducción.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Mariana Windingland, traductora argentina de literatura noruega

Mariana Windingland nació en Pergamino, pero vive en el pueblo de Mendiolaza, situada en el departamento Colón, de la provincia de Córdoba, a 23 km de distancia de la capital provincial. Su padre topógrafo era noruego, pero, según ella admite, no le enseñó la lengua. Su madre fue bibliotecaria y le inculcó el amor a los libros. Según recuerda en una entrevista realizada por Stefanía Cañete para la revista La Unión, “Comencé con el inglés en plena pubertad, y en la adolescencia recibí una beca para estudiar en Suecia, y allí aprendí sueco y perfeccioné el inglés que había empezado a adquirir. Más tarde me vine a estudiar traducción de inglés a Córdoba, pero luego me fui a EE.UU. para dar clases de español. Luego estuve en Canadá un semestre y comencé mis estudios en francés. Volví a Buenos Aires y empecé a trabajar en el subtitulado, mi ingreso a este mundo de las lenguas y mi primer trabajo interesante. Mientras tanto tenía como sueño aprender noruego y tenerlo como meta profesional, asi que cambié mi vida por tercera o cuarta vez y me fui a Oslo, donde estuve radicada unos años”. 

Dada la singularidad de su trabajo, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires la entrevistó con el objeto de dar a conocer su labor a los lectores de este blog y, asimismo, para enterarnos de las muchas tareas pendientes a propósito de una parte sustantiva de la literatura escandinava. 

–¿Por qué te hiciste traductora literaria? 
–Hace algunos años recibí una propuesta de traducción de EDUVIM, la editorial de la Universidad Nacional de Villa María. El director editorial descubre la obra de Arne Lygre en la feria de Frankfurt y supo que, a pesar de estar traducido a una quincena de lenguas, el dramaturgo era todavía inédito en español. Allá por 2013-2014 la editorial produjo una colección de teatro europeo contemporáneo en ediciones bilingües y cuyos traductores estaban radicados en Córdoba. Yo había regresado de Oslo hacía poco tiempo y trabajaba ya en el sector editorial donde me desempeñaba en inglés y español para una empresa radicada en el exterior. Después de dialogar con el editor y de leer ambas obras, acepté gustosa la oferta. En mis años en Oslo había trabajado como intérprete en un teatro oficial y en la corporación de radiodifusión estatal, y tenía algunos años de experiencia como subtituladora, lo que de alguna manera me dio la suficiente seguridad que necesitaba para encarar el proyecto de traducción de estas dos obras dramáticas contemporáneas. 

–¿Cuáles son los principales problemas de la traducción del noruego al castellano? 
–Creo que el mayor desafío lo representan los referentes culturales y los elementos intertextuales, aunque esto no es particular a este par de lenguas, sino que son las típicas dificultades que se pueden encontrar al traducir. Los términos referidos al clima y la naturaleza, que están muy presentes en la literatura noruega, frecuentemente no tienen traducción al español. En lo que refiere a la traducción de LIJ, el problema central es reflejar en cierto modo la sonoridad de la obra, teniendo en cuenta que un cuento o una poesía infantil se conciben para ser leídos en voz alta. En estos casos la musicalidad es muy difícil de trasladar a la lengua meta. 

–¿Cuánta es la literatura noruega traducida hasta el momento? ¿Cuáles son los autores que vos misma tradujiste? 
–Casi la totalidad de las traducciones se realizan en España. Según registros de NORLA (Norwegian Literature Abroad), la agencia de gobierno que difunde la literatura noruega en el exterior, en los últimos quince años se tradujeron unos doscientos títulos al español, de los cuales apenas un diez por ciento corresponde a América Latina. Entre los autores de más renombre traducidos a nuestra lengua están Anne Holt, Karl Ove Knausgård, Unni Lindell, Jo Nesbø, Jan Erik Vold, y Herbjørg Wassmo, solo por mencionar algunos. Gracias a una de las diversas líneas de subsidios a la traducción, he podido traducir y publicar a Arne Lygre, a Mari Kanstad-Johnsen y a Kari Tinnen. 

–¿Estás en contacto con otros traductores del noruego al castellano? ¿Quiénes son? 
–Estoy en contacto con escritores que manejan ambas lenguas y que suelen oficiar como mis consultores. 

–¿En qué medida las editoriales argentinas o extranjeras requieren tus servicios? 
–Hasta el momento he recibido una decena de propuestas de trabajo con editoriales argentinas. Creo que la presencia de NORLA en las ferias es crucial para dar a conocer tanto la literatura noruega como los programas de apoyo a la traducción existentes. Quizás la demanda es baja todavía porque hace apenas unas décadas se comenzó a traducir directamente del noruego al español. Antes de la creación de este organismo, casi todo lo que llegaba a nuestra lengua eran traducciones indirectas, con todo lo que eso implica. Un ejemplo de esto son las obras de Knut Hamsun, que derivaban del alemán, el inglés o el francés. A partir de los años 90, Kirsti Baggethun, la más prolífica traductora de este par de lenguas, comenzó a traducirlas directamente del noruego. 

–¿Cómo se paga la traducción del noruego al castellano respecto de lo que pagan las traducciones de otros idiomas europeos a nuestra lengua? 
–Se paga relativamente mejor que el resto de los idiomas europeos pero, como mencioné antes, la demanda es todavía escasa. 

–¿Qué te parece que, sin estar traducido hasta ahora, habría que traducir urgentemente? 
–Hilde Hagerup, Gunnhild Øyehaug, Ingvild Hedemann Rishøi… También me gustaría continuar traduciendo la obra dramática de Arne Lygre, así como las obras aún inéditas de Jon Fosse. Erlend Loe, Maia Lunde y Helene Uri tienen apenas un par de obras traducidas y son de los autores que creo deberían llegar al público hispano.