miércoles, 4 de junio de 2025
El venezolano Adalber Salas tradujo a la prestigiosa escritora haitiana Edwidge Danticat
lunes, 31 de marzo de 2025
Francis Ponge revisitado
Damián Tabarovsky, en su columna del domingo 30 de marzo, en el diario Perfil, de Buenos Aires, retorna a una traducción que hizo del poeta francés Francis Ponge (foto) y la compara con otra, del mismo poema, realizada por el venezolano Alfredo Silva Estrada, lo cual le permite sacar interesantes conclusiones.
Volver sobre una traducción
Hace muchos años, de una pequeña revista de poesía me pidieron una traducción de un poema de Francis Ponge, llamado “La mariposa”, incluido en De parte de las cosas. Es una narración que describe a la mariposa vengando “su larga humillación amorfa de oruga”, bajo el modo de un destiempo levemente trágico (“y, además, llega muy tarde y no puede sino comprobar las flores abiertas”) y del elogio de la errancia (“minúsculo velero de los aires maltratado por el viento como pétalo redundante, vagabundea por el jardín”). Inmediatamente me surgió una primera duda: el poema ya había sido traducido al castellano, ¿debía leer esas versiones? Y mientras pensaba, me encontré ya leyendo una de esas traducciones, la publicada en la editorial Monte Ávila, por el poeta venezolano Alfredo Silva Estrada. Es una buena traducción, bien cercana al texto madre, pero a la vez con buen criterio para resolver con cierta libertad algunos pasajes complejos (de hecho, las frases que acabo de citar provienen de esa traducción). Me asaltó entonces una segunda duda, ¿valía la pena volver a traducirlo? Había quizás un solo momento de la traducción de Silva Estrada con la que tenía algunos reparos. Es una frase en la que Ponge escribe “Dés lors le papillon erratique ne se pose plus qu’au hasard de sa course, ou tout comme”; y que Silva Estrada tradujo como “Desde entonces la mariposa errática tan sólo se posa al azar de su carrera, o dando esta impresión”. Una doble diferencia aconteció frente a esa versión. Primero, el uso de “tan sólo”, que ralentiza la frase, la endurece innecesariamente. Y luego, sobre todo, el final, ese “dando esta impresión” que ancla demasiado el sentido, lo vuelve demasiado pedagógico. Ese es el momento clave del poema: Ponge, el poeta de la materialidad de las cosas, de las palabras minerales, arriesga un toque de liviandad oral, casi infantil: “ou tout comme”. Idea que transmite también una voluntad de dejar la frase inconclusa, o mejor dicho, imprecisa. Y si ese es el instante crucial, es porque ese “ou tout comme”, esa llamada a la vacilación, no responde plenamente al sistema de Ponge, no es un elemento que se encuentre a menudo en su obra. Y entonces, fatalmente, esa situación me interesó. Me importó tocar ese nudo, desatarlo (es decir: atenerse a lo inesperado), forzar la lengua para resaltar ese accidente. Propuse entonces esta modificación, que acentúa lo aleatorio: “desde entonces la mariposa errática sólo se posa al azar de su carrera, o casi”.
¿Es mejor mi traducción que la de Silva Estrada? Por supuesto que no. Por una sencilla razón: porque descreo de la idea de traducciones mejores o peores. No se puede evaluar una traducción por el “frase a frase” (más allá de que existe un talento casi artesanal para resolver los problemas de cada oración). Me interesa, en cambio, sobre todo la exigencia de plantear una estrategia general frente al sentido del texto, luego un conocimiento de la obra del poeta, del poema a traducir, y finalmente, ahora sí, de cada frase. Me interesó encontrar, hacer sobresalir la disrupción, lo inesperado de la sintaxis. Es una estrategia como las hay otras (como la de Silva Estrada, que decidió tomar más resguardos). Pero ocurre, lamentablemente, que cada vez son más las traducciones (sobre todo de narrativa) que ya no se plantean ninguna de estas preguntas.
viernes, 29 de septiembre de 2023
"La historia de la literatura corre paralela a la historia de la traducción"
El 27 de septiembre pasado, Antonio Rivero Taravillo publicó un artículo en Letra Global, donde comenta un texto de Adalber Salas Hernández, que aporta nuevas perspectivas al arte de la traducción.
jueves, 12 de agosto de 2021
"Escribir una obra de la mano de alguien más"
viernes, 27 de noviembre de 2020
Uno de los traductores de Louis Glück da su punto de vista sobre lo que exige la Wylie Agencie
Publicada en ProDavinci, el pasado 19 de noviembre, esta columna, firmada por el poeta y traductor venezolano Adalber Salas Hernández, uno de los traductores de Louise Glück para la editorial Pre-Textos, toca uno de los puntos más específicos de toda la polémica desarrollada en las últimas dos semanas: qué pasa con las traducciones cuando un autor cambia de editorial.
miércoles, 16 de mayo de 2012
El SPET revisa la traducción en Latinoamérica
miércoles, 25 de abril de 2012
Estado de situación sobre la traducción en Latinoamérica: una aproximación
viernes, 4 de noviembre de 2011
Un prólogo que vale la pena releer
Las razones de esta afirmación no se refieren sólo a la extensión de la obra del poeta francés y a todo lo que está pendiente de traducción, sino, fundamentalmente, a la dificultad que plantea a los traductores. Por ello, tal vez sea interesante releer el prólogo de Silva Estrada a esa vieja edición venezolana, el cual, por cortesía del poeta colombiano Ramón Cote, se ofrece a continuación.
Traducir poesía es realizar, cuando no un mero acto fallido, un acto de equilibrio inestable (imposible) entre dos imposibles: literalidad y fiel correspondencia, tensas y en vilo por apego y respeto al texto original.
Pero de esta relación, de esta tensión entre dos términos ideales no resulta un tercer imposible sino un segundo cuerpo cuya realidad tiene sentido por aproximación a ese primer cuerpo irremplazable que es el original mismo. Entonces, traducir poesía es aproximarse, aceptar el reto (relever le défi, locución grata a Ponge), y aceptarlo a sabiendas de que, por mucho que tengamos presente aquel escrúpulo de que hablaba Simone Weil, "el escrúpulo religioso de no agregar nada", habremos de agregar, a pesar nuestro, precisa y paradójicamente por apego y respeto al texto original, y habremos de aceptar la porción intraductible, irreductible, no con fácil resignación sino con el esfuerzo de extremar nuestra vigilancia sobre la t ensión de ese equilibrio inalcanzable entre literarlidad y fiel correspondencia y, a la vez, entre ese primer cuerpo que va a suscitar un segundo cuerpo por aproximación.
Sabemos que, así como sería preciso considerar, en los mejores casos, según Ponge, "una retórica por poema", sería preciso inventar, o descubrir, una dialéctica por traducción: porque el cuerpo primero suscita a su manera sus relaciones, sus exigencias, sus equilibrios especiales. Y el placer de traducir se combina cada vez de manera diferente con la dificultad de traducir.
Pocas veces, debo confesarlo, a lo largo de mi experiencia de traductor, este placer había estado tan íntima y complejamente unido a su dificultad como en la traducción de Le Parti Pris de Choses. Si es cierto que, siempre, en una t raducción poética, al aceptar el reto partimos de la t oma de conciencia de que vamos a efectuar, mediante una segunda concreción, una apasionada aproximación y no, en manera alguna, a sustituir lo insustituible, también es cierto que esta aproximación se hace mucho más riesgosa cuando es a la obra de un poeta que tuvo, entre sus primeros designios, hacer amar las palabras no tanto por su significación como por su presencia –un poeta que se propone un vuelco, una perfección, un imposible: describir las cosas, para no lesionarlas, desde el propio punto de vista de las cosas, un poeta que trata de entregarnos "los recursos infinitos del espesor semántico de las palabras", un poeta, en fin, cuya aspiración, como diría Sartre, es que sus poemas constituidos por palabras-cosas, sean también cosas ellos mismos, tengan la realidad ineludible de las cosas.
El cuerpo verbal en español de Le Parti Pris aquí propuesto, toma sentido y, ante mis ojos, creo que se justifica por una toma de posición intencional, la cual me sirvió de punto de partida y se mantuvo como programa de trabajo, como norma de conducta, en cada una de las etapas de la traducción: tomar partido por Le Parti Pris, o sea, adoptar su punto de vista, tenerlo presente (así mismo: como una presencia), dejar temporalmente fuera de mí, como fuera de una suerte de paréntesis fenomenológico, toda intención poética que no estuviese contenida en el cuerpo verbal al cual deseaba aproximar un segundo cuerpo. Hasta dónde sea posible alcanzar esta objetividad, no lo sé. Pues el lenguaje, "esa verdadera secreción común del molusco hombre", se modula no sólo según los espesores de cada provincia, de cada idioma, sino t ambién, querámoslo o no, según las virtudes y defectos que constituyen la historia y la experiencia personal de cada individuo de esta especie.
La idea de "esa verdadera secreción común del molusco hombre", relacionada con aquel "espesor semántico de las palabras" entregándonos "el espesor de las cosas", puede resumir toda la complejidad de la traducción de Le Parti Pris. Porque, ¡qué provinciano es Ponge! ¡Qué maravillosamente apegado al terrón de la provincia de su lengua! De allí que, algunos años después de la publicación de Le Parti Pris, escribiera en su My Creative Methode: "Se trata del objeto como noción. Se trata del objeto en la lengua francesa, en el espíritu francés (verdaderamente artículo del diccionario francés)". ¿Y qué otra universalidad puede alcanzar la poesía sino a partir del arraigo y del proceso de excavación –a menudo evolución, subversión, refrescamiento– en la parcela de cada idioma? Es imposible trasladar la secreción, la concreción particular, pongiana a la parcela de nuestro idioma. Pero es posible, sí, mediante un acto de apasionada y vigilante aproximación, crear un cuerpo verbal que se justifique por la fidelidad a la fuerza nominativa que anima el texto original.
Fuera nominativa... Aquí radica, simplemente, la correspondencia, o equivalencia posible, o real concordancia, entre "el espesor de las cosas" y "el espesor semátnico de las palabras". La nominación es, tal como señala Sartre, la preocupación orinal de Ponge. La nominación es "la dicha", "la salud del contemplador" ("Introducción al Guijarro"), lo que determina el renacer del espírtu ("Recursos ingenuos") yh lo que da sentido a esas palabras-cosas que amamos, ante todo, por su presencia, pero que, no obstante, dicen algo, significan, no se cierran en la opacidad completa de la cosa o, lo que es lo mismo, en su transparencia inefable. Es la nominación, a fin de cuentas, lo que hace posible la aventura de la traducción poética: aproximar un segundo cuerpo a un primer cuerpo verbal, irremplazable.
viernes, 27 de mayo de 2011
Un blog venezolano para saber quién, por quién y a qué lengua, y todo sin despeinarse
El blog tiene tres entradas: una para autores, otra para los traductores y la tercera para buscar por duplas de idiomas (alemán-español, español-alemán, español-francés, etc.).
Quienes estén interesados, pueden acceder a través de http://www.laletra.info/admin/php/traduccion.php?base=traduc&cipar=traduc.par&Opcion=primera&prefijo=!C
lunes, 6 de septiembre de 2010
Francis Ponge y una estrategia frente al texto
La columna, referida a un poema del poeta francés Francis Ponge (foto), apareció ayer en la contratapa del diario Perfil, donde el escritor argentino Damián Tabarovsky escribe cada semana.
De una pequeña revista de poesía me piden una traducción de un poema de Francis Ponge, llamado La mariposa, incluido en De parte de las cosas. Es una narración que describe a la mariposa vengando “su larga humillación amorfa de oruga”, bajo el modo de un destiempo levemente trágico (“y, además, llega muy tarde y no puede sino comprobar las flores abiertas”) y del elogio de la errancia (“minúsculo velero de los aires maltratado por el viento como pétalo redundante, vagabundea por el jardín”). Inmediatamente me surge una primera duda: el poema ya ha sido traducido al castellano, ¿debo leer esas versiones? Y mientras pensaba, me encuentro ya leyendo una de esas traducciones, la publicada en la editorial Monte Avila por el poeta venezolano Alfredo Silva Estrada. Es una buena traducción, bien pegada al texto madre, pero a la vez con buen criterio para resolver con cierta libertad algunos pasajes complejos (de hecho, las frases que acabo de citar provienen de esa traducción). Me asalta entonces una segunda duda: ¿vale la pena volver a traducirlo? ¿La versión de Silva Estrada no expresa ya lo que yo querría decir, lo que querría hacerle decir a ese poema? Hay quizás un solo momento de su trabajo con el que no estoy de acuerdo, con el que tengo algunos reparos. Tal vez debería centrarme en esa línea y en ninguna otra. Es una frase en la que Ponge escribe Dés lors le papillon erratique ne se pose plus qu’au hasard de sa course, ou tout comme; y que Silva Estrada traduce como: “Desde entonces la mariposa errática tan sólo se posa al azar de su carrera, o dando esta impresión”. Una doble diferencia acontece frente a esa versión. Primero, el uso de “tan sólo”, que ralentiza la frase, la endurece innecesariamente. Y luego, sobre todo, el final, ese “dando esta impresión” que ancla demasiado el sentido, lo vuelve demasiado pedagógico. Ese es el momento clave del poema: Ponge, el poeta de la materialidad de las cosas, de las palabra minerales, de la dureza simple, arriesga un toque de liviandad casi oral, casi infantil: ou tout comme. Idea que transmite también una voluntad de dejar la frase inconclusa, o mejor dicho imprecisa. Y si ése es el instante crucial, es porque ese ou tout comme, esa llamada a la vacilación, a la ambigüedad, a la incertidumbre, no responde plenamente al sistema de Ponge, no es un elemento que se encuentre a menudo en su obra (si hay un escritor programático en la poesía francesa de los años 40 y 50, ése es Ponge). Y entonces, fatalmente, esa situación me interesa. Me importa tocar ese nudo, desatarlo (es decir: atenerse a lo inesperado), forzar la lengua para resaltar ese accidente, esa singularidad (la singularidad dentro de la singularidad). Propuse entonces esta modificación, que acentúa lo aleatorio: “Desde entonces la mariposa errática sólo se posa al azar de su carrera, o casi”.
¿Es mejor mi traducción que la de Silva Estrada? Por supuesto que no. Por una sencilla razón: porque descreo de la idea de traducciones mejores o peores. No se puede evaluar una traducción por el frase a frase (más allá de que existe un talento casi artesanal para resolver los problemas de cada oración, y algunos traductores lo tienen más que otros). Me interesa, en cambio, plantear una estrategia frente al texto, que incluye un conocimiento general de la obra del poeta, del poema a traducir y, ahora sí, de cada frase. Mi debilidad, mi desatino, reside en encontrar, en destacar, en hacer sobresalir la disrupción, el hiato, lo inesperado de la sintaxis. Es una estrategia como las hay otras (como la de Silva Estrada, que decide tomar más resguardos). Ocurre, en cambio, que cada vez son más las traducciones (antes en narrativa que en poesía) que ya no se plantean ninguna de estas preguntas
miércoles, 26 de mayo de 2010
Una encuesta para editores (VIII) Larraguibel / Solano/ Indij
1. ¿Cómo elige a sus traductores? ¿Cuáles son los criterios de selección?
2. ¿En base a qué cálculo se les paga? ¿Le parece que la remuneración que estos reciben es justa?
3. ¿En qué medida la edición posterior considera a los lectores de uno y otro lado del océano?
Ediciones Ekaré
Pablo Larraguibel
Cargo: Director en España desde hace 7 años.
1) Ante todo hay que aclarar que Ediciones Ekaré publica, básicamente, libros álbum donde los textos no suelen pasar de 3000 o 4000 caracteres.
El criterio básico es que nos guste su trabajo y, desde que tenemos oficinas en España, que entienda que nuestros libros se distribuyen a un lado y otros del Atlántico, por lo tanto, que esté abierto a aceptar sugerencias para que el texto final no quede muy "americano" para los españoles ni muy "gallego" para los latinoamericanos.
2) Ekaré, por el hecho de que son textos, en general, muy cortos, no se puede guiar por las tarifas habituales de traducción y se acuerda, en cada ocasión, un pago en relación con la dificultad del texto. Los honorarios de traducción no suelen ser un problema a la hora de escoger un traductor.
3) Es fundamental tenerlo en cuenta. Nos interesa el mercado español, pero para Ekaré es más importante el mercado latinoamericano, donde tenemos distribución desde hace más de 25 años. Por lo tanto los textos deben tener el punto adecuado pero que éste no lo convierta en un texto neutro, desabrido. Además, intentamos tener en consideración los diferentes variantes americanas del español. Lo que no podemos incorporar es el voseo.
Libros del Asteroide
Luis Solano
Cargo: director desde enero de 2005
1) La elección de los traductores depende de cada caso: cuando traducimos de idiomas raros hay muy pocas opciones para elegir, en otros casos hay más. Para cada libro intentamos buscar el traductor que nos parezca más adecuado para ese texto, por su experiencia, formación, trabajo previo, etc.. ¿Cuáles son los criterios de selección? Obras traducidas anteriormente por el traductor en cuestión, referencias de otros traductores o editores, traducciones de ese traductor que hayamos leído, etc. Algunos traductores han trabajado antes con nosotros como correctores.
2) Yo diría que la de traductor no es una profesión muy bien pagada, y también que en algunos casos los traductores reciben compensaciones claramente injustas. ¿En base a qué cálculo se les paga? Depende del idioma y dificultad del texto. Pero intentamos pagar mejor que la media del mercado y en línea con lo que pagan las editoriales literarias más prestigiosas.
3) En nuestro caso creo que poco, que más bien hacemos las ediciones teniendo en cuenta al lector de aquí. Pero es que la gran mayoría de nuestros mercado están a este lado del océano, aunque supongo que a medida que vayamos creciendo en América las cosas irán cambiando.
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la marca editora / Interzona
Guido Indij
Cargo: propietario, editor
Experiencia: 18 años
1) Somos fieles a nuestros traductores. Pero tenemos más de uno por lengua, debido a que a veces se nos acumulan varias obras que deben traducirse de manera simultanea. Así, tenemos dos traductores nativos para nuestras extraducciones al inglés. Dependiendo del titulo elegimos que este sea norteamericano o británico. Y para las traducciones del inglés, francés, italiano, portugués apelamos a traductores profesionales.
Publicamos ensayo y por lo general estan capacitados para estos discursos. Pero eventualmente, para temas específicos (filosofía, técnica fotográfica o cinematográfica) debemos buscar a especialistas.
2) Algunos de nuestros traductores lo son también de otras editoras. Habitualmente es el mismo traductor quien nos orienta sobre cuánto esta cobrando en FCE, Siglo XXI, Katz, etc. Otros traductores que no trabajan con otras empresas sino que traducen eventualmente para nosotros, se adaptan a las tarifas de los primeros. Lo mismo para otros rubros que tercerizamos: corrección, armado...
3) En tanto nuestra producción no es “literaria“, la cuestión de las variables idiomáticas no resulta fundamental a nuestras obras. Prestamos atención a evitar los argentinismos. Pero cuando por ejemplo traducimos un libro sobre cine, del francés, citamos la película con su titulo original (francés, inglés, por ej.) y luego anotamos al pie, o construímos un índice específico con los titulos con los que fue estrenada en Argentina (nuestro mercado natural) y España (nuestro mercado aspiracional). No cuidamos especialmente los otros espacios latinoamericanos.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Una encuesta para escritores (IX) Valle/Aguirre/Garland
1) ¿En qué reconoce una buena traducción? En otros términos, ¿cómo definiría una buena traducción?
–Si la novela, cuento, ensayo o poesía me gusta, quiere decir que la traducción funcionó. Si no me gusta, comienzo hacerme preguntas: ¿será la traducción, será el original, seré yo? De cualquier forma pienso que la mejor traducción es la que pasa inadvertida, la que borra sus rastros, la que no deja huellas. Una buena traducción no debería permitirme apartar mi mirada y mis pensamientos del libro para preguntarme si es buena o no. Un traductor es como un jardinero que transplanta un ficus de un cantero a otro. Nadie se preguntará por el jardinero mientras vea al ficus saludable. Alabado sea el traductor.
2) ¿Le molesta leer un libro traducido a otras especies del castellano?
–Honestamente me molestan por igual las traducciones con estúpida jerga innecesaria y voces del ombligo barrial del traductor, como también las jeremiadas y lloriqueos de algunos lectores que parecen ver el diablo con sólo leer palabras como “gilipollas”. Como soy de un país no tradicionalmente productor de traducciones, me he entrenado durante años en el difícil arte de tragar argot español, porteño o mexicano (por nombrar tres importantes) Lo bueno de haberme formado en una periferia cultural es que no tengo el más mínimo deseo de ocupar un centro lingüístico, que de paso no existe. De alguna manera he conseguido sobrevivir de forma medianamente aceptable dentro del vasto y muchas veces caótico panorama de las traducciones en nuestro idioma.
3) ¿Quiénes, en su opinión, han sido buenos traductores en su país?
–Sin duda alguna José Antonio Pérez Bonalde y su traducción de "El Cuervo" de Edgar Allan Poe. No voy a repetir aquí las múltiples bondades de esa traducción, que ocupa un lugar en la historia literaria del idioma. Sólo sé que la primera vez que leí "El cuervo" fue en esa traducción. Luego leí la traducción de Cortázar y por último leí el original. En lo personal me quedo con la traducción de Pérez Bonalde. Han pasado ciento veinte años de esa traducción y sigue siendo ejemplar, algo tendrá ¿no? Luego habría que mencionar a Guillermo Sucre y sus traducciones de Sant John Perse, Wallace Stevens y William Carlos Williams, la de Alfredo Silva Estrada del Cementerio marino de Paul Valéry, y las traducciones de Kavafis de Francisco Rivera. Ah, y el caso muy especial de una joven y talentosa poeta, Belen Ojeda, quien ha hecho magníficas traducciones directas del ruso de Ana Ajmatova y Marina Stvetaieva.
Osvaldo Aguirre (Colón, Pcia. de Buenos Aires, 1964) fue profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Nacional de Rosario y colaborador de los más diversos medios culturales de la Argentina. En la actualidad, se desempeña como editor del suplemento de cultura del diario La Capital, de Rosario, donde también fue periodista de la sección policiales. A la fecha, sus libros de poesía son Las vueltas del camino (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1992), Al fuego (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 1994), El General (Mar del Plata, Melusina, 2000) y Lengua natal (Buenos Aires, Ediciones En Danza, 2007). Como narrador publicó Velocidad y Resistencia (Rosario, Editorial Municipal de Rosario, 1995), La deriva (Rosario, Beatriz Viterbo,1996), Los pasos de la memoria (crónicas, 1996), Estrella del Norte (Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1998), La noche del gato de angora (Rosario, Fundación Ross, 2006) y Roncanrol (Rosario, Beatriz Viterbo, 2006). Además de haber editado las obras poéticas de Arturo Fruttero y Felipe Aldana, Aguirre publicó su inclasificable libro Notas en un diario (Rosario, Editorial Municipal de Rosario, 2006) y, ya en el terreno del ensayo y de la crónica, Historias de la mafia en la Argentina (1900-1940) (Buenos Aires, Aguilar, 2000), Enemigos públicos (Buenos Aires, Aguilar, 2003) y La pandilla salvaje. Butch Cassidy en la Patagonia (Buenos Aires, Norma, 2004), entre otros títulos.
1) ¿En qué reconoce una buena traducción? En otros términos, ¿cómo definiría una buena traducción?
–Podría contestar con un ejemplo referido a mi experiencia de lector. Creo que tuve por primera vez una idea de lo que es una buena traducción al leer la traducción que hizo Rubén Reches de la poesía de François Villon (Testamentos, Centro Editor de America Latina, Buenos Aires, 1984). Yo venía de leer otras versiones –la de Gonzalo Suárez, en Visor, y la de Carlos Alvar, en Alianza– y la diferencia fue abismal. Si una compara las tres versiones, parece que Reches estuviera traduciendo otros textos que Alvar y Suárez; en realidad es como si retomara el movimiento mismo de Villon en la creación poética, en lugar de buscar el equivalente semántico en español de sus versos. La traducción de Reches acerca a Villon al lector y al mismo tiempo nos recuerda en todo momento su tiempo y su lugar. No lo sentía más cerca por el hecho de que Reches fuera argentino y Suárez y Alvar españoles, sino porque estaba leyendo poesía y no textos desprovistos de todo arte. Incluso su aparato de notas es más sólido e interesante, en la medida en que no se trata de un conjunto de referencias para saber en qué epoca vivió tal o cual personaje, o cómo se llamaba tal taberna de París, sino que aporta un análisis literario y lingüístico que consigue eso insólito: comprender íntimamente a un poeta que escribió en argot hace seis siglos.
2) ¿Le molesta leer un libro traducido a otras especies del castellano? Si sí, ¿por qué?
–Sí, me molestan las traducciones en el castellano cerrado de ciertos traductores españoles. Porque así no puedo leer. Por ejemplo, me es bastante difícil leer los cuentos de Carver, tal como están traducidos en Anagrama. Con los poemas no me pasa. Las novelas de Cormac McCarthy son ya imposibles para mí, en las versiones que circulan. También me resulta penoso leer cierta edición de Norte, de Seamus Heaney. En algunos casos la traducción me resulta igualmente indigerible, pero el tipo de relato hace que finalmente la pase por alto: por ejemplo, en las novelas policiales de Petros Márkaris.
3) ¿Quiénes, en su opinión, han sido buenos traductores en su país? ¿De qué obras?
–El primer libro que se me aparece es La vida en los pliegues, de Henri Michaux, traducido por Víctor Goldstein, en Ediciones Librerías Fausto (1976). Fue lo primero que leí de Michaux y me maravilló. La antología de poesía francesa que hizo Raúl Gustavo Aguirre, también para Fausto: las versiones de Char, las de Robert Desnos. Tengo un recuerdo muy grato, como lector y como estudiante de Letras, de la traducción que hizo Angel Battistessa de la Divina Comedia. Otro traductor para destacar es Lysandro Z. D. Galtier, también por ser precursor en los estudios sobre traducción, con su antología sobre la traducción literaria, en Ediciones Culturales Argentinas. Un traductor medio escondido es Arturo Fruttero (provincia de Santa Fe, 1909-1963), que dejó versiones de poetas ingleses que están dispersas en publicaciones olvidadas de la Asociación Rosarina de Cultura Inglesa. Entre lo último que leí destacaría los cuentos de John McGahern traducidos por Gerardo Gambolini, un libro extraordinario.
Inés Garland (Buenos Aires, 1960) es periodista y escritora. Colaboró con diversos medios, fue productora de televisión y realizadora de documentales y cortometrajes y, en la actualidad, coordina talleres literarios. Es autora de la novela El rey de los centauros (Buenos Aires, Alfaguara, 2006), de los cuentos incluidos en Una reina perfecta (Buenos Aires, Alfaguara, 2008) y de la nouvelle Piedra, papel y tijera (Buenos Aires, Alfaguara, 2009).
1) ¿En qué reconoce una buena traducción? En otros términos, ¿cómo definiría una buena traducción?
–Me parece que una buena traducción se define principalmente porque el resultado es buena literatura (estoy descontando que el original lo es). Una buena traducción se lee con la fluidez del original y hace que nos olvidemos de que se trata de una traducción o nos pongamos a pensar en cómo lo habrá dicho el escritor en el original). Trato de no leer traducciones del inglés porque, cuando lo hago, inevitablemente me encuentro frente a frases o palabras o diálogos que estoy segura de que el escritor del original no pudo haber usado (por supuesto me pasa más con autores que conozco, pero es casi una constante esta experiencia y la necesidad de chequear con el original y mantener entonces diálogos mentales y discusiones imaginarias con el traductor). Creo que la traducción tiene obstáculos muy difíciles que necesitan de mucho tiempo, sutileza (¡discusión minuciosa y obsesiva con otros escritores o traductores!) y un conocimiento muy profundo de los matices de la propia lengua además de los de la original para dar en el clavo. También reconozco que es mucho, muchísimo más fácil criticar una traducción que hacerla. Encontrarle el pelo a la sopa cuando ya está cocinada por otro (que seguramente perdió el pelo por el esfuerzo).
2) ¿Le molesta leer un libro traducido a otras especies del castellano? Si sí, ¿por qué?
–Me molestan algunos giros del español, algunas palabras, el uso del "le" para el objeto directo, ciertas cosas que muchas veces percibo como una falta de sutileza. ¡Pero no sé si podría explicar por qué me molestan estos giros en las traducciones y no en los originales en español!
3) ¿Quiénes, en su opinión, han sido buenos traductores en su país? ¿De qué obras?
–Los máximos problemas los tengo siempre con traductores del inglés al español de España. A pesar de qué encontré algun error, me gustó la traducción de La geometría del amor de Cheever con prólogos de Fresán (como alguien tomó prestado el libro y no me lo devolvió, no sé quién la hizo). Esto que voy a decir no queda muy bien, pero no recuerdo los nombres en general, los de los traductores tampoco. Me gustó también el traductor de Bernard Sclinck. Leí tantas veces Nueve Cuentos de Salinger que me dejó de molestar la traducción. Creo que cuando el libro es muy bueno me termino olvidando de los problemas de traducción, aunque ahora que estoy zambullida en los cuentos de Alice Munro, no soporté más leerla en español (me habían regalado El amor de una mujer generosa) y corrí a conseguirla en inglés.
sábado, 1 de agosto de 2009
El primero de Joyce en agosto

El 15 de abril de 2003, nuestro ya conocido Gustavo Artiles, crítico, ensayista y traductor venezolano, publicó el siguiente artículo en El Trujamán que, una vez más, tiene a James Joyce como protagonista.
Cuándo no traducir
Monsieur Pierrepaul Petitépatant, the Grandjoker Vladinmire Pokethankertscheff, the Archjoker Leopold Rudolph von Schwanzenbad-Hodenthaler, Countess Marha Virága Kisászony Putrápesthi, Hiram. Y. Bomboost, Count Athanatos Karamelopulos, Ali Baba Backsheesh Rahat Lokum Effendi, Señor Hidalgo Caballero Don Pecadillo y Palabras y Paternoster de la Malora de la Malaria, Hokopoko Harakiri, Hi Hung Chang, Olaf Kobberkeddelsen, Mynheer Trik van Trumps, Pam Poleaxe Paddyrisky, Goosepond Prhklsrt Kratchinabritchisitch, Herr Hurhausdirektorpresident Hans Chuechly-Steuerly, Nationalgymnasium-museumsanatoriumandsuspen
soriumordinaryprivatdocentgeneral-historyspecial
professordoctor Kriegfried Ueberallgemein...














