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lunes, 28 de julio de 2025

"¿Qué sería de nuestro entretenimiento sin el doblaje?"

México es uno de los países donde se realizan muchos de los doblajes y subtitulados de cine y series en Latinoamérica. El 24 de julio pasado, el diario La Jornada, de ese país, publicó el siguiente artículo de Carolina Aranda Cruz, donde se plantea el robo de voces de actores dedicados al doblaje para su utilización, Inteligencia Artificial mediante, sin paga  ni derechos.

La IA, promotora principal de plagio

El doblaje es uno de los trabajos más castigados de este siglo, no solo por la paga, sino por la falta de regulación de la IA que lo ha precarizado y marginado.

De acuerdo con la plataforma digital Jobted un actor de doblaje en México gana en promedio 10 mil 630 pesos mensuales, salario que resulta insuficiente para una buena vida. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2025 para que una persona viva dignamente en la ciudad necesita mínimo, 29 mil 500 pesos mensuales. Y el promedio necesario a nivel país sería de 16 mil 421 pesos. 

Asumiendo que estos actores aman lo que hacen, podrían conseguir otro trabajo para llegar al final de la quincena. Pero, ¿qué pasa si una institución decide apropiarse de la voz de alguien para obtener algún beneficio? El mes pasado, el Instituto Nacional Electoral (INE) decidió usar la IA para clonar la voz del difunto Pepe Lavat, actor de doblaje que dio vida a las narraciones de Dragon Ball, para agradecerles a los ciudadanos por su participación en las elecciones judiciales del pasado 2 de julio. ¿Qué clase de agradecimiento involucra clonar la voz de alguien? ¿para ahorrarse un salario? ¿para acercarse a la gente, aun afectando el patrimonio de otros?

Por si fuera poco, el INE le contestó “demande” a Gisella Casillas, actriz de doblaje y viuda del difunto, quien conserva los registros legales de su esposo. La IA fue presentada como una herramienta para simplificarnos nuestras vidas, lamentablemente también ha facilitado el plagio y el robo de identidad. No es sorpresa que dos años antes, el 9 de noviembre de 2023, los actores de Hollywood hayan organizado un paro en contra del uso ilegal de voces e imágenes para una mayor producción de películas y series. 

Aunque la ley generalmente va un paso atrás de la tecnología, es importante que comiencen las regulaciones respecto al uso de la IA. Empezando por instancias gubernamentales, federales y estatales que abarquen cualquier campo de conocimiento, de lo contrario las acciones de plagio imperial como la que realizó el INE seguirán ocurriendo.

¿Qué sería de nuestro entretenimiento sin el doblaje? Una de las actividades recreativas más populares es el consumo de series, no quisiera imaginar lo que pasaría si los actores que doblan series como El Juego del Calamar o Bridgerton decidieran entrar en huelga. 

Tal vez conocer a Lee Jung-jae, protagonista de El Juego del Calamar, resulte más emociónate que toparnos con Víctor Ugarte (quien le da voz al personaje en Latinoamérica). Pero su trabaje como actor de doblaje no es de menospreciarse. Urge contar con un marco legal para evitar esos plagios. ¿Hasta cuándo? 

jueves, 12 de junio de 2025

El peso de las decisiones de los traductores


El siguiente artículo fue publicado en El Día, de Gualeguaychú, el pasado 10 de mayo. Lo firma la traductora Leila Chesini Diaz. En la bajada se lee: "El reciente éxito de El Eternauta en Netflix no sólo trajo reconocimiento a la historieta argentina, sino que puso en primer plano una labor tan invisible como esencial: la traducción. La decisión de subtitular 'Malvinas Islands' en lugar del término británico desató reflexiones, orgullo y debates en torno al poder simbólico del lenguaje en los productos culturales".

Cuando una traducción revindica la historia, interpreta la cultura y defiende la identidad 

Lo que sucede con la traducción de El Eternauta es furor en las redes sociales y convirtió la epifanía en realidad: el traductor invisible hoy es más visible que nunca.

Aunque no nos vean, los traductores siempre estamos ahí: desde un libro escolar hasta un prospecto de medicamento, pasando por tu serie o videojuego favorito. Pero poco se conoce el trabajo integral que hay detrás.

Hace poco más de una semana se estrenó la primera temporada de El Eternauta en Netflix, una de las plataformas de streaming más populares. Esta serie nacional es una adaptación de la historieta de ciencia ficción argentina homónima escrita por Héctor Oesterheld e ilustrada por Francisco Solano López a mediados de la década de los cincuenta. La producción audiovisual arrasó a nivel mundial y obtuvo gran aclamación del público. La historia detrás de este cómic cuenta con una carga simbólica importante y, por ende, también su traducción.

Daiana Estefanía Díaz fue la traductora encargada de subtitular la serie al inglés y logró que este trabajo se convierta en tema de conversación. Ella compartió en LinkedIn una decisión de traducción clave. Ante la disyuntiva de traducir “Islas Malvinas” no dudó un segundo en elegir “Malvinas Islands” en lugar de “Falkland Islands” (Islas Falkland), como las llaman los británicos. La traductora expresó en sus redes: “Era la única opción viable, no tuve la menor duda. No sólo porque jamás se me ocurriría usar en ese contexto y en una producción argentina un nombre que no sea Malvinas, sino además porque sé que ningún argentino, sea real o ficcional, las llamaría de otro modo”.

Es importante destacar que las decisiones de los traductores no son libradas al azar. Desde el primer momento que el profesional recibe un proyecto pone en marcha una investigación exhaustiva sobre el contexto histórico y sociocultural, analiza el público objetivo, considera el registro de la lengua, entre otras tantas aristas.

Daiana vio necesario que este elemento cultural sea trasladado a la traducción de otros idiomas y, por ese motivo, se contactó con los traductores y revisores de casi treinta idiomas para sugerir que “en los subtítulos de todos los idiomas se usara el nombre Malvinas, independientemente de si en esos países llaman así a nuestras islas o no”. En esa elección encontramos lucha, reconocimiento, resistencia a la opresión y un homenaje tanto a los combatientes caídos como a los sobrevivientes de la Guerra de Malvinas.

Además, Daiana se tomó el tiempo de explicarles a los demás profesionales “cómo se juega al truco y por qué hay que mostrar los tantos del envido antes de poner las cartas de nuevo en el mazo, señalar las similitudes y las diferencias entre la historia original y la serie, o aclarar qué significaba ‘número bajo’ cuando había servicio militar obligatorio”, entre otras referencias culturales clave para un mayor entendimiento del público internacional.

Desde la traducción, es necesario poder transmitir todos los matices y cuestiones locales que están relacionados con nuestra historia y cultura, estilo de vida y valores. Los traductores investigamos, revisamos, estamos en cada detalle, respetamos la identidad de los autores y de los personajes y transmitimos el mensaje con un gran compromiso profesional.

Este reconocimiento, impulsado por la repercusión del caso de El Eternauta, abrió una ventana para reflexionar sobre la labor esencial del traductor humano en un contexto donde la Inteligencia Artificial comienza a ganar terreno. Y aunque este sea un tema para ahondar mucho más profundo, la comunidad traductoril siente orgullo y celebra cada logro, cada mención en la tapa de un libro o en los créditos de un videojuego, serie o película.



viernes, 30 de mayo de 2025

"La decisión de mantener ciertos términos en español responde a una estrategia de traducción que busca un equilibrio entre dos enfoques: la domesticación y la extranjerización"


El pasado 26 de mayo, Gonzalo J. García publicó en Rosario 12 una entrevista con 
María Julia Francés, coordinadora de la Diplomatura de Técnicas Aplicadas a la Traducción Audiovisual, quien, según la bajada del artículo, "Reflexionó sobre el rol de los traductores en la escena mediática actual y los desafíos que enfrentan ante la irrupción de nuevas tecnologías".

Toda traducción es una decisión

La adaptación de la emblemática historieta nacional El Eternauta, creada por el guionista Héctor Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López, ha dado mucho de qué hablar tras su estreno en Netflix. Uno de los aspectos que más llamó la atención fue su traducción, especialmente por la cantidad de modismos y connotaciones culturales presentes en la obra. María Julia Francés, coordinadora de la Diplomatura de Estudios Avanzados en Herramientas Teóricas y Técnicas Aplicadas a la Traducción Audiovisual de la Universidad Nacional de Rosario, reflexionó sobre el rol de los traductores en la escena mediática actual y los desafíos que enfrentan ante la irrupción de nuevas tecnologías.

“La traducción audiovisual tiene muchísimas aristas vinculadas a la cultura, por supuesto. Usualmente se recurre al inglés como lengua pivote: no se traduce directamente de una lengua a otra, sino que suele interponerse una lengua intermedia, y actualmente, predominantemente, es el inglés, porque es una lengua de poder. En su momento lo fue el francés, en otros momentos fueron otras. Entonces, ahí aparece la necesidad de reponer todo ese contenido cultural que el traductor de la segunda parte del proceso ya no puede poseer”, explicó.

Francés remarcó que, a diferencia de otras palabras, Malvinas no tiene una simple equivalencia lingüística, sino que encierra una carga política. “Malvinas-Falklands es una distinción en términos políticos. En los documentos internacionales en inglés, como las declaraciones de la ONU, se dice Malvinas-Falklands, incluso aunque esté en inglés. No es que directamente pongan Falklands porque está en inglés”, explicó.

Para ella, la opción de traducirlo sólo como Falklands implica ignorar la dimensión política del lenguaje. “Eso me parece un error directamente”, sostuvo, y recordó que incluso en contextos institucionales locales ha observado esa omisión: “Hace diez años fui con unas amigas de Estados Unidos a una recorrida por la Casa Rosada, y en los folletos decía Falklands. Ahí hay una cuestión de no ver el aspecto político del lenguaje”.

Según la traductora, la decisión de mantener ciertos términos en español responde a una estrategia de traducción que busca un equilibrio entre dos enfoques: la domesticación y la extranjerización. “En traducción hablamos de una gama de estrategias que tienen dos extremos. Por un lado, la domesticación: uno podría querer que El Eternauta parezca hecho en inglés, poner expresiones idiomáticas propias de ese lenguaje, sacar las referencias territoriales, para hacer todo más natural para el público angloparlante. Sin embargo, esa estrategia, si bien facilita la recepción, también oculta los valores de la cultura argentina como si fueran propios de la cultura anglosajona. En el caso de esta serie me parece fundamental el contraste entre este valor de 'nadie se salva solo' con los valores individualistas de las producciones anglosajonas”.

Por el contrario, Francés resaltó el camino por el que se optó. “Pone algunas palabras en español, incluye cuestiones muy argentinas, que el espectador puede googlear”, relató. Desde su perspectiva, este gesto invita al público a una participación activa sin que él mismo se sienta fuera: “Esa decisión puede llevar al extremo la otra estrategia, la extranjerización, que puede tener un efecto exotizante, en el que resulte todo raro y con valores mucho más difícil de asimilar. Pero la traductora hace algo intermedio: la traducción es bastante natural, pero con algunas cositas para que vos vayas a googlear, sin resultar tampoco totalmente ajeno”.

Para Francés, esta elección resulta especialmente significativa en un contexto donde proliferan las tecnologías de doblaje automático que buscan disimular el origen extranjero de los contenidos. “Me parece súper interesante en un contexto en el que se está hablando de doblaje con inteligencia artificial, donde no te vas a dar cuenta que el producto viene de otro país”, planteó. Al respecto, opinó que las grandes plataformas tienden cada vez más a un consumo pasivo. “Se busca que el público sea menos activo, aunque pueda participar en redes sociales. Sin embargo, El Eternauta te dice: ‘Andá a googlearlo’”.

Destacó que la estrategia de traducción dialoga directamente con la propuesta narrativa de la propia serie. “Se elige una estrategia que coincide con la de los creadores, la cual no es una serie absolutamente costumbrista e incomprensible para alguien que no sea argentino, sino que tiene elementos internacionales, incluso medio hollywoodenses, pero también con elementos y valores argentinos. Me parece que está siguiendo esa línea, no solo por la palabra Malvinas, sino por una estrategia general en su producción”.

La IA y sus desafíos
La Inteligencia Artificial ha ido evolucionando a pasos agigantados durante los últimos años, al punto que pone en jaque el papel activo del ser humano en muchos procesos que hasta hace poco eran impensables. Doblajes automáticos y subtítulos creados con IA al instante, son solo algunos de los desafíos que enfrentan las y los traductores en la actualidad.

“Yo creo que más que nunca tenemos que pensar críticamente en nuestra profesión, tenemos que no tener miedo a decir que esta profesión es política, y nuestras decisiones también”, planteó Francés. “Cuando yo estudiaba nos decían todo el tiempo que teníamos que ser neutrales, pero la verdad es que no existe la neutralidad en el lenguaje, y en la comunicación mucho menos. La inteligencia artificial hace lo que todo el mundo pensaba que era lo neutral, que en realidad tiene una raíz probabilística. Acá lo importante es que el ser humano pueda decidir entre las opciones y pensar cuáles son los efectos de esas opciones”, señaló.

La profesional remarcó que las traducciones actuales por IA son muy verosímiles, y que usualmente no se observan errores lingüisticos, y si se detectan es porque probablemente haya sido realizada por traducción automática y no inteligencia artificial generativa. “Los traductores automáticos, como los traductores de Google que son los sistemas NMT, son más literales, y muchas veces se pueden detectar con más facilidad. En cambio, en la traducción con IA no te das cuenta porque es bastante natural, lo que representa también un peligro porque te pueden estar diciendo cualquier cosa y vos no te enteraste”.

Ciclo de formación
La Diplomatura de Estudios Avanzados en Herramientas Teóricas y Técnicas Aplicadas a la Traducción Audiovisual es un trayecto de formación de posgrado que está radicado en el Centro de Estudios Interdisciplinarios (CEI) de la UNR. En agosto, comienza su cursada y está abierto a traductores de todos los idiomas.

“A diferencia de otros casos que existen en el país de posgrados, esta diplomatura tiene un enfoque bien interdisciplinario. Lo pensamos así porque justamente la traducción está en un punto de inflexión con la introducción fuerte de la inteligencia artificial y el surgimiento nuevas. Entonces nos preguntamos, ¿Por qué no darle un contexto más amplio? ¿Por qué no, desde la comunicación social, ver qué rol estamos cumpliendo como traductores audiovisuales? Buscamos poder analizar el producto completo, no solo pensar en la parte lingüística, sino también poder tener herramientas técnicas para hacer sugerencias, para hacer asesoría, y para otros nuevos caminos hacia dónde va la traducción en la actualidad”, puntualizó María Julia Francés.

La idea de la diplomatura es aportar herramientas complementarias a la formación tradicional en traducción, incorporando saberes de la comunicación social, las neurociencias, la música, el sonido y otras disciplinas. “Buscamos que quienes se formen en esta propuesta adquieran una visión más amplia, que vaya más allá de saber contar caracteres en un subtítulo o sincronizar un audio en el doblaje. Queremos brindarles herramientas que consideramos esenciales para el futuro y que, en realidad, siempre lo fueron, aunque hoy las percibimos como aún más necesarias. Y la idea es también invitar a personas que trabajan con accesibilidad, sobre todo de la comunidad misma, de los colectivos de personas sordas y personas ciegas, para que nos puedan aportar también, algo que nos parece fundamental.”.

El cursado comienza en el segundo semestre de este año, y durante el primer trimestre del 2026 se va a realizar una práctica profesionalizante y materias optativas con distintos docentes invitados. Se puede solicitar más información al mail intaudiovisual@unr.edu.ar

miércoles, 21 de mayo de 2025

El SPET en mayo con Iván Villanueva-Jordán

En el próximo encuentro del SPET, nuestro invitado Iván Villanueva-Jordán expondrá sobre "Non sono / una señora: representaciones de género y relacionalidad cuir en la traducción musical"

La sesión se llevará a cabo el miércoles 28 de mayo a las 18.30 de manera exclusivamente virtual en el siguiente link: https://meet.google.com/xwx-qidp-wvg. Les agradecemos que confirmen asistencia.

Villanueva-Jordán es profesor investigador a tiempo completo del Departamento de Traducción e Interpretación Profesional de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Es doctor en traducción audiovisual por la Universitat Jaume I (España) y autor del libro Traducción audiovisual y teleficción queer: teoría y metodología. Sus líneas de investigación surgen de la intersección entre el género, la cultura popular y la traducción.
 Más información en https://trujamancia.com.

Lecturas sugeridas


Villanueva-Jordán, Iván / César Sangay Torres (2025). “Textualidades sónicas y traducción: trayectos interlingüísticos y transmodales del musical de teatro La cage aux folles”. En: Bassnett, Susan / Catalina Iliescu-Gheorghiu (eds.). MonTI, 17: Theatre translation. Performability and reception from intercultural perspectives / La traducción del teatro. Representabilidad y recepción desde perspectivas interculturales, pp. 1-29.

Cisneros, Sandra (1991). “Woman hollering creek”. En: Woman hollering creek and other stories. Nueva York: Random House, pp. 43-56.

Nogues, Sylvie (2005). “‘El arroyo de la llorona’ de Sandra Cisneros: Recuperación y transformación chicanas de una leyenda mexicana”. En: Actas del XXXV Congreso Internacional de la Asociación Europea de Profesores de Español, pp. 63-72. Asociación Europea de Profesores de Español.
Fossati, Ivano (1982). Non sono una signora. En: Traslocando. Milan: Compagnia Generale del Disco. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=c-9JdPX61A0

Fossati, Ivano / Honorio Herrero (1984). Ella es una señora. En: Solo una mujer. New York: RCA Ariola. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=8mTIRV5Nz7M

Pueden solicitarnos por mail las lecturas que no están disponibles en internet.

jueves, 21 de noviembre de 2024

¡Me cago en la leche! Éstas son las reflexiones de un tío cojonudo.

Traductor de fuste y cinéfilo empedernido, el poeta Jorge Aulicino reflexiona en el siguiente texto sobre el subtitulado de películas que se realiza en España y lo penoso que resulta padecerlo cuando se lo ve en Latinoamérica. 

"El problema sigue siendo un problema"

No sé si los españoles piensan que el español de España es el único que se habla en el mundo o si no se enteraron de que Carlos V ha muerto. Su imperio ya no es aquel en el que no se ponía nunca el sol. Ya no hay imperio. Los subtituleros de series y películas posiblemente oscilan entre estas dos formas de ignorancia. Y, lo que es peor, nunca se han planteado la cuestión acerca del modo de traducir un nivel de lengua familiar desde otra lengua a la lengua propia. Que implica la cuestión de las "marcas" locales.

Hay otra explicación a esta situación de ver a Bruce Willis diciendo "¡joder!", y es que quizá para los subtituleros –que me los imagino jóvenes y mal pagados– no "mola" mucho el trabajo agotador de poner en letras castellanas lo que unos personajes dicen en otro idioma durante hora y media, dos horas. También es posible que en un acto de revancha produzcan textos que no solo muestran la galanura de los personajes estadounidenses para hablar el castellano de España, sino en el castellano vulgar de España. O, para no ofender: nada de "vulgar": digamos popular y juvenil.

Ahora bien, el problema sigue siendo un problema, lo resuelvan ellos o nosotros a la manera de cada uno. Primero: a mexicanos, argentinos, peruanos o chilenos –por nombrar unos pocos países en los que seguramente el streaming propala series y películas subtituladas en España– les causa gracia ver a villanos y héroes de Nueva York o Tennessee diciendo ya no solo "gilipollas", la marca local más difundida de España, sino "capullo" (entiendo que por tonto o fastidioso), "tirar" por ir ("tira p'allá"), "venga" por vamos, "cutre" por vulgar o de mala calidad, "curro" por trabajo"; y "chulo", "follón", estar "de coña", "flipar", "me la suda", "cotillear", "cagarse en la puta", "a toda leche", estar "sin blanca", "tienes un morro que te lo pisas", no ver "tres en un burro", "tía" y "tío", "maja" y "majo", etc. Etc. Segundo, el problema se agudiza porque al parecer los subtituleros, y probablemente los españoles en general, piensan que su jerga es el único castellano. Es decir: que el español que usan es el español.

Bien, en la Argentina existe también cierta difuminación de los límites entre lenguajes, antiguamente llamados “niveles de lengua”. Se dice boludo cada cinco minutos así en la calle como en una reunión familiar o social. Hablan argentino vulgar diputados, senadores, presidentes, como si fuera ese el único lenguaje argentino. Sin embargo, si pusiéramos a personajes de películas estadounidenses a hablar en argentino, nos plantearíamos, con seguridad, el problema -teórico al menos- de si es creíble un neoyorquino diciendo "chupame un huevo" o "andate a la concha de tu hermana", o –más suavemente– "se colgó", "embole", "laburo", "morfar", "ni en pedo", "le faltan algunos jugadores", "pochoclo", "pancho", "se dio una piña", "atorrante", "bardear", "flashear", "me recabe", "¡joya!", "zarpado", "chorro", "al palo", estar"en el horno", etc.

Probablemente solo pueda plantearse este problema un país con un gran complejo de inferioridad, o para decirlo en otras palabras, un país relativamente joven que nunca supo qué es gobernar medio mundo. En la traducción literaria es una cuestión que nos planteamos a menudo. Y le damos solución paso a paso, manteniendo la temperatura media o popular de la lengua de partida pero sin entrar en el mundo de los infinitos e inverosímiles localismos. Esto quiere decir que un estadounidense hablando como un adolescente en una cervecería no nos acercaría el personaje: nos lo haría ridículo. Menos mal que en las películas se oye al menos el sonido de la lengua original. Cuando no están dobladas en España...

jueves, 8 de junio de 2023

Una con traductores, estrenada hace varios años

El pasado 4 de junio, Kevin Aragón publicó en El Sol de México un breve artículo sobre la película Los traductores, del director francés Régis Roinsard, que, con varios años de atraso, esta semana fue estrenado en México.

Los traductores, un thriller lleno de literatura y misterio

Mezcla de humor, literatura y misterio, la película Los traductores, del director galo Régis Roinsard, utiliza la industria editorial y los best–sellers como el escenario de un costoso crimen.

En la trama, nueve traductores en distintos idiomas son contratados para la publicación simultánea de la tercera entrega de la saga de novelas Dedalus, escrita por el aclamado autor Oscar Brach. Para ello son llevados a un bunker de lujo con todo lo necesario para realizar su trabajo, pero donde son aislados del mundo y extremadamente vigilados para evitar la filtración del tan esperado éxito editorial. Pero aún así las primeras páginas se han filtrado en internet… ¿Quién de los presentes es el culpable?

“La historia de esta película se me ocurrió luego de leer varios artículos en la prensa norteamericana sobre la traducción de un nuevo libro de Dan Brown –autor de la aclamada saga conocida como El código Da Vinci–, quien le pidió a su mismo editor que llevara a su casa editorial en Italia a varios traductores de su obra. En ese lugar hubo guardias armados y buscaron en todo momento que el contenido del libro no fuera conocido por nadie externo para así evitar la piratería”, explica Régis Roinsard, en entrevista con El Sol de México.

A lo largo de la película, aparece la tiránica figura de Eric Angstrom interpretado por el reconocido actor francés Lambert Wilson–, quien es director del poderoso sello editorial que ha lanzado a la fama la saga de Dedalus. Él será uno de los más afectados económicamente por la filtración de las páginas de la novela, encarnando las peores actitudes con tal de descubrir al hacker.

“Creo que esta película es también una crítica y una reflexión sobre los vendedores en la industria editorial. Aunque no le concierte al arte cristalizar todo, es el artista quien se encarga de tocar a las personas a quienes se dirige. Pero, imaginemos lo difícil que debe ser para las editoriales llevar acabo tantas traducciones”, comenta el cineasta, quien reconoce que la película también pone a pensar sobre el peligro que corren los derechos de autor frente a la era digital, aunque el arte va aún más allá de los números.

Con un nutrido reparto integrado por varios rostros internacionales, como la ucraniana Olga Kurylenko, el español Eduardo Noriega, el británico Alex Lawther, el francés Frédéric Chau, o el italiano Riccardo Scamarcio, la película adquiere un aire cosmopolita, que aprovecha los rasgos de cada una de las diferentes culturas, como una pequeña Torre de Babel.

Sobre lo que significó trabajar entre actores de tan diversas nacionalidades, el director afirma que se trató de una grata experiencia, en la que para su sorpresa, la lengua en común para todos no fue el inglés sino el francés.

“Siempre es muy difícil hacer una película que incluye muchos actores, como en este caso que eran 12 en una sola secuencia. Sin embargo, trabajar con un casting internacional no ha significado ningún problema. Yo he quedado muy feliz con ellos, pues cada uno tuvimos la oportunidad de conocer diferentes formas de actuar y maneras de trabajar distantes a las que podrían ser las que se realizan Estados Unidos”, finaliza.

lunes, 27 de junio de 2022

Una pregunta de muy difícil respuesta

El pasado 24 de junio, la narradora y traductora española María José Furió (foto), publicó el siguiente artículo en la revista Vasos Comunicantes, n° 61, órgano de ACE Traductores, de España. Lo reproducimos a continuación.

Qué tipo de crítica de la traducción queremos


Es una pregunta y una reflexión a la que llevo dándole vueltas hace algún tiempo y parece que ahora, cuando las opiniones y reseñas sobre libros ya no están restringidas a diarios y a revistas especializadas, es un buen momento para plantear algunos aspectos del asunto.

Ya conocemos las respuestas habituales a por qué los críticos suelen pasar por alto un comentario algo desarrollado al trabajo del traductor: que no tienen acceso al texto en el idioma original o que, de tenerlo, no conocen el idioma para dar una opinión fundamentada.

Vayamos a la parte agradable del asunto, cuando salta a la vista que el resultado es excelente sin necesidad de tener el original de la novela, el ensayo, los poemas, la pieza teatral, en un idioma que casualmente dominamos y podríamos cotejar, ahora que las bibliotecas están bien surtidas y podemos comprar online o acceder a bibliotecas que han digitalizado a los clásicos. No solo los traductores profesionales pueden darse cuenta de que ahí ha habido una buena mano (y unas neuronas con sus sinapsis en forma, y horas previas de lectura y un surtido de diccionarios de papel, online y vivientes). Un lector con cierto bagaje se da cuenta de que el traductor ha peleado por cada palabra, que no ha cedido a la pereza de quedarse con un verbo aproximado y que en lugar de, pongamos, «chancletear» ha escrito «trapalear». Lo que eso significa como señal de confianza en su propio trabajo y en el lector es una especie de contrato implícito que los buenos traductores –y las editoriales que optan por no corregirlo por otra solución más llana– defienden al entregar el libro traducido. Si nos ponemos estupendos, estupendamente capitalistas, diríamos que esa es su «marca»; si nos ponemos trascendentales, que ese es su legado, su contribución a una historia de la traducción, ya que decisiones de este tipo determinan las ocurrencias (apariciones) de una determinada palabra y facilitan así que sucesivos traductores tomen decisiones menos vacilantes.

Pasemos de inmediato a las traducciones malas malísimas, esas que ni conociendo el idioma original en «modo nativo», pongamos coreano, llegas a entender qué calamares ha dicho el personaje porque el subtitulado parece salido de las manos de un pulpo trabajando a full. Ya sé que el pulpo no tiene manos, pero la compañía que contrata a pulpos para que ocho manos aporreando un programa de traducción a tantos céntimos el minuto de video resulte en astronómicos beneficios está dispuesta a afirmar lo contrario. El problema de esa combinación de codicia y surrealismo es que los comentarios al subtitulado espantoso o a la traducción infumable de tal o cual libro adquieren, gracias a (por culpa de) las redes sociales, dimensiones virales, es decir incontrolables. Pese a las horas de diversión y jolgorio que procura leer los disparates que resultan de la mezcla de traducción automática y «posedición» humana, el problema que subyace es lo bastante serio como para que algunos de los atacados, los subtituladores, salgan a defenderse.

De hecho, ya en 2014 la revista especializada L’écran traduit publicaba un largo artículo con una propuesta más que sensata: Pour une critique grand public des traductions/adaptations audiovisuelles (A favor de una crítica de las traducciones/adaptaciones audiovisuales con destino al gran público), donde «gran público» es el elemento clave porque determina la jerga a utilizar en el comentario, así como la profundidad y desarrollo de la crítica que haría, o debería hacer, quien publique en prensa u otros soportes. La autora del artículo, Anne-Lise Weidmann, clama desde el título un «Criticadnos, pero criticadnos bien»; por eso empieza repasando los usos y costumbres en prensa –francesa– y programas culturales de radio de máxima audiencia, en relación al doblaje y al subtitulado y la evolución de su presencia y recepción: desde los comentarios no siempre negativos al doblaje en los primeros años 30 hasta su omisión olímpica, al considerar la traducción y cómo se plasma en pantalla un componente de la película que solo se menciona cuando fracasa: demasiado texto, errores de interpretación, erratas, incongruencias, falta de sincronización, dobladores inadecuados, etc.

En los primeros años del siglo XXI, la prensa se hace eco de que tal actor participa en el doblaje de tal película o pone la voz a tal personaje animado. Los actores talentosos, y dotados además para el marketing personal, saben cómo dar relieve a esa faceta: pensemos en Antonio Banderas dando voz al Gato con Botas o en Alexis Valdés a la cebra de Madagascar. Este tipo de proyectos tenía ya, por supuesto, un director de doblaje y del subtitulado se encargaba un traductor de trayectoria «contrastada», es decir curtido en títulos. El presupuesto para estos menesteres era decente o incluso alto y la publicidad empleada en informar de qué actor o actriz doblaba a tal o cual bicho era inversión que se recuperaría en taquilla y mercadeos paralelos.

Si algún lector de este artículo es subtitulador, seguramente sabrá mejor que yo en qué momento y de qué manera se fue al garete el negocio y cómo le afectó la llegada de las plataformas y los modos semiesclavistas de producción actuales. Como esta crisis ha ido a la par del aumento de tontería per cápita a nivel mundial, que se ha traducido en la convicción que tiene cada espectador, lector, usuario de cualquier artefacto o dispositivo de estar en condiciones, y en su derecho, de emitir una crítica sobre lo que le plazca y que valen lo mismo que la opinión/juicio del especialista, el artículo de Weidmann es útil para describir el estado de cosas actual y demostrar de qué manera un crítico especializado puede justificar su trabajo, desde complementando tal información –que el subtítulo de las poesías que el actor interpreta se extrajeron de tal versión autorizada que publicó la editorial X– hasta observar que hay detalles relevantes –los tres idiomas que se hablan en cierta película– que el subtitulado no tiene en cuenta.

Se trata de decidir de antemano –el coordinador de crítica o de suplemento podría hacerlo– los niveles mínimo y máximo de complejidad y especialización que se ofrecerán al lector y qué información es preferible reservar para una publicación especializada.

Hasta aquí estamos hablando del tipo de publicaciones donde el espacio reservado a la crítica de la traducción, y del subtitulado con sus detalles específicos, es escaso. También nos hemos referido a que la calidad del resultado es evidente, en sentido positivo o negativo. Hay otras variables peliagudas de las que se trata menos: cuando la traducción parece buena, da el pego para el gran público, llega incluso a vender miles de ejemplares, pero el especialista detecta errores de interpretación, atajos o supresiones y le parece que ¡puaf! o que «ejem, ejem». Hace ya años un amigo, empecinado lector en varios idiomas y catedrático de inglés retirado, me dejó intrigada al comentarme que la traducción del griego al castellano de cierto escritor famoso, que en esos momento leía con original y traducción a mano, omitía detalles del griego. En otro momento, un libro de enorme éxito se vio sometido a una pequeña pero áspera polémica porque un traductor del idioma original, minoritario aún, criticó con ferocidad la traducción, dio numerosos ejemplos de errores publicados, también de esos atajos que se utilizan más para sortear las dificultades de la expresión original que para evitar repeticiones o cacofonías, o para evitar sembrar de notas una obra literaria. Como se trataba de una discusión en la que podía protegerse con un seudónimo, apoyó su crítica no solo con ejemplos que demostraban su propia especialización, sino la de una crítica igualmente radical publicada en una revista a la que pocos lectores podían tener acceso. Hace poco también, leí una tesina en la que una estudiante muy joven contrastaba versiones traducidas –creo que al castellano y al catalán– de un clásico inglés adaptado al francés para niños. Lo curioso es que las dos primeras críticas las hacían dos especialistas en lenguas, el segundo en la misma del exitoso libro traducido, pero tenían carácter confidencial. Este podía aprovechar la repercusión de la discusión en redes para, quizá, conseguir que la editorial hiciese o pidiese una revisión. La tercera crítica es la más peliaguda porque el marco universitario parece avalar que lo que la estudiante afirma en su tesina es cierto, cuando está llena de afirmaciones «arriesgadas», no siempre argumentadas, en las que demuestra desconocer algo fundamental: el proceso de edición.

Y que alguien salga de la carrera de traducción ignorando que lo que se publica no es necesariamente lo que el traductor decidió es preocupante.

Dentro del mismo contexto universitario está el artículo que detonó la pregunta sobre la crítica de la traducción que queremos. En Palimpsestes, y dentro del dossier «Cuando los traductores toman la palabra: prólogos y paratextos traslativos», Maïca Sinconie le da un repaso a la actitud que adoptaba Marguerite Yourcenar en el prólogo a su traducción de Las olas, de Virginia Woolf. En otro artículo ya hablé de las versiones al francés que hizo de Baldwin y de Kavafis y de las reacciones que hasta el día de hoy provoca.

Como resumen del artículo (que traduzco), Sinconie escribe:

“En 1936, Marguerite Yourcenar traduce The Waves para las Éditions Stock. Por entonces realiza una visita a Virginia Woolf, un encuentro que nutre el prólogo de su traducción. Auténtico intento de integrar la obra woolfiana en la esfera yourcenariana, este paratexto construye la figura del traductor en majestad a la vez que oculta una realidad divisoria/polarizante –la pérdida de su madre al nacer, el temor a la fragmentación, el rechazo de la alteridad. Yourcenar procede con brío: se apropia del texto de origen en nombre de su visión de la literatura de acogida y desvía la atención del lector de la operación de traducción, en nombre de su concepción de la traducción, equiparable exclusivamente a la creación. El paratexto se convierte en el lugar donde se produce una transferencia narcisista que permite una forma de autorrepresentación, y su retrato lírico de Virginia Woolf impide la construcción especular de la relación del traductor con el autor, lo cual deja a Yourcenar plena libertad para crearse una posición dominante de coautora. De este modo impone su visión del mundo y de la literatura, así como una lectura intertextual de la novela. Este distanciamiento constituye además una estrategia defensiva contra sus tormentos personales. El paratexto le permite borrar el género femenino, acceder a un dominio imaginario del lenguaje, e inscribir la obra traducida tanto en la historia de la literatura como en el campo de la literatura francesa de su tiempo. Auténtico espacio de seducción, la suya es una postura desenvuelta y voraz que sitúa al traductor en una llamativa situación de poder.”

Sí, ¡caramba!, oyes. Este es el resumen de varias ideas críticas que desarrolla a lo largo de diez páginas. Se trata, entre otros objetivos, de denunciar la posición dominante de la traductora sobre el texto ajeno, aquí nada menos que de V. Woolf; de la actitud y el resultado de la traducción, y especialmente del prólogo, infiere una serie de síntomas que analiza dentro del marco psicoanalítico, a menudo extraño no solo para los lectores comunes, sino también para los especialistas en traducción o en otras teorías literarias. De Yourcenar nos dice Sinconie, apoyándose en otros artículos críticos con la escritora francesa, que utiliza a Woolf como imagen doble de sí misma, a la vez que atrae el mundo literario de la inglesa al propio, de forma que el lector en francés de esta edición de Woolf entra en el sistema simbólico y literario de Yourcenar antes que en el de la autora de Las olas, e incluso en lugar de en este.

Yourcenar efectúa sobre Woolf una suplantación a veces, otras una duplicación, viene a decir Sinconie. Las ideas son muy interesantes, más para un traductor-escritor, porque desde ellas nos adentramos en el género del misterio y escapamos, por un momento por lo menos, de nuestra más reciente y humillante caracterización, la del traductor proletarizado, explotado por corporaciones regidas por algoritmos –que no deja de ser otra imagen metafórica inspirada en la ciencia-ficción–. Aquí vale señalar que la crítica hacia Yourcenar es mucho más dura que la que se le hizo a Baudelaire sobre sus versiones de De Quincey y de E.A. Poe.

La cuestión sigue pendiente y al final lo que nos va a convencer es qué análisis de la traducción se lleva a cabo para determinar si la traducción es de verdad buena o mala o si, dando el pego, es eficaz. El método debe ser contrastivo, pero debemos introducir a otros elementos de la cadena: el corrector y el editor. Hace afirmaciones sobre terreno movedizo la universitaria que redactaba, y publicaba, su tesina sin saber que las traducciones pasan por un corrector –el cual no siempre conoce el idioma del que se traduce o no toma en cuenta las observaciones del traductor, otras sí y la mejora o simplemente la adapta al sistema editorial–, y a veces también por un editor, que toma decisiones de entrada que justificarían cambios de registro u omisiones como las que me señalaba el amigo que leía al novelista griego.

Esta lectura crítica contrastiva es la que practica Gema Andújar Moreno en «Traducción entregada versus traducción publicada: reflexiones sobre la normalización en traducción editorial a partir de un estudio de caso». Merece la pena la lectura, especialmente en contexto universitario, porque acota muy bien los diferentes espacios de intervención de los principales protagonistas de la cadena (traductor/corrector/editor) y nombra las prácticas editoriales sin dejar de distinguir entre «normalización editorial» y pérdida de capacidad de decisión del traductor cuando las editoriales de grandes grupos se saltan una de las cláusulas del contrato: enviar la traducción corregida para que su traductor dé o no el visto bueno.

De manera que, ¿podemos ya responder a qué tipo de crítica de la traducción queremos?

BIBLIOGRAFÍA:

Andújar Moreno, Gema (2016). «Traducción entregada frente a traducción publicada: reflexiones sobre la normalización en traducción editorial a partir de un estudio de caso.» Meta, 61(2), 396–420. https://doi.org/10.7202/1037765ar

Sinconie, Maïca (2018). «Préface de Marguerite Yourcenar à sa traduction, Les Vagues, de Virginia Woolf : le traducteur en majesté ? », en Dossier: Quand les traducteurs prennent la parole, Palimpsestes, 31, pp. 105-115

Weidmann, Lisse-Ann (2014). «Critiquez-nous ! Mais critiquez nous bien. Pour une critique gran public des traductions/adaptations audiovisuelles», en L’Écran traduit, 2014, núm. 3, pp. 49-72.

Sobre el doblaje de la película Madagascar, la ficha aparece en la página web El doblaje: https://www.eldoblaje.com/datos/FichaPelicula.asp?id=7822

lunes, 21 de febrero de 2022

"Que una persona sepa otro idioma no significa que pueda ser traductor"

El pasado 17 de enero, María Antonia Girakdo publicó en El Colombiano, de Medellín, la siguiente nota sobre traducción audiovisual. En su bajada se lee: “El oficio de la traducción audiovisual está en auge gracias al boom de contenidos en el mundo, pero no faltan las malas prácticas y los retos en el camino”.

¿De verdad a El Joker lo tradujeron como El Bromas?

El oficio de la traducción está lleno de mitos y malas famas. El primer mito a derrumbar es que los títulos de las series y películas en español son producto de la traducción, y no es así: son seleccionados por equipos de mercadeo que analizan, con sus métodos, cuál sería la mejor opción para atraer al público general y darles a entender de qué se trata el producto.

A El Joker no le pusieron “El Bromas” en España, ese era un meme, pero la saga de Fast and Furious (en Latinoamérica, Rápido y Furioso), en la madre patria es A todo gas.

En España es más usual el doblaje y la localización, es decir, la adaptación de los contenidos culturalmente, pues en la dictadura franquista era un método de control y censura de los productos extranjeros.

Finalmente, las audiencias se acostumbraron y hoy las cintas subtituladas solo se pueden ver en ese país en teatros especializados, aunque son cada vez más populares. En los videojuegos y los softwares es la opción más usual.

El segundo mito es que la traducción debe ser literal. De hecho, uno de los grandes problemas de los malos trabajos es que la literalidad termina por introducir al idioma meta (como le dicen los profesionales a la lengua en el que deben traducir los originales) expresiones que no son propias. Por ejemplo, “salvar el día” es una traducción literal de save the day, una frase que es usual encontrar en las cintas de superhéroes y que es propia del inglés, pero que en español no se usa, y que se traduciría dependiendo del contexto. Desde arreglar el día hasta guardar la fecha para una cita.

El camino correcto sería buscar un equivalente, no calcar, aunque los usuarios lo entiendan porque ya están acostumbrados e implique un poco más de trabajo, advierte la mexicana Ana Gabriela González, una de las traductoras audiovisuales más reputadas de Latinoamérica, que ha trabajado en series como House y Grey’s Anatomy, y para las plataformas de streaming más importantes de la actualidad.

Hay más
Del anterior, se desprende el tercer mito: porque una persona sepa otro idioma no significa que pueda ser traductor. El oficio requiere un conocimiento profundo de ambos idiomas, en el sentido gramatical y cultural, para comunicar al espectador las ideas, no las palabras. Una traducción del inglés al español suele ser 10 % más larga, lo que exige a los traductores audiovisuales encontrar expresiones equivalentes que se alcancen a leer en los subtítulos a cada cuadro, o que los actores parezcan decir en la misma fracción de tiempo que sus líneas originales.

Por ejemplo, los traductores usan más “lo siento” por I’m sorry, aunque para los hablantes sea más común decir “perdóname”, pero este tiene demasiadas sílabas y si se usara, se desfasarían los tiempos.

La traducción necesariamente implica pérdidas, no se puede incluir exactamente lo que se dice, por cuestiones de espacio y por esa necesidad de usar correctamente la lengua de llegada, pues los idiomas no son completamente equivalentes, no se encuentran las mismas palabras en todos o no se usan de igual forma las estructuras. Por eso, estas suelen considerarse como obras nuevas, diferentes a los libretos originales.

Se necesita de un buen traductor para que estas pérdidas no sean significativas y que en realidad se comunique lo que se quiere decir, algo que están tratando de mimetizar las grandes compañías de streaming con inteligencia artificial, para lograr que los algoritmos hagan el trabajo, mientras que el traductor se convierte en editor. El proceso se llama posedición y es para la subtitulación. También se utiliza, sobre todo, para el doblaje, pero el proceso implica otros pasos, como la interpretación por parte de los actores.

Hasta el momento, la traducción automática había sido una ayuda tecnológica que las grandes compañías presentaban a sus traductores, pero con El juego del calamar se hizo evidente que está todavía es imperfecta, y que el modelo de posedición para ahorrar costos y reducir tiempos, arriesga la calidad.

Estas pruebas se han hecho desde hace tiempo y ya han salido al aire muchos productos con posedición. Lo que pasa es que en El juego del calamar fue más visible por los errores y porque en el mundo de habla inglesa hubo un debate amplio por la diferencia entre el doblaje y los subtítulos. Sin embargo, no fue una experiencia exitosa. Los usuarios notaron los largos parlamentos reducidos a pocas palabras y los traductores llamaron la atención sobre los errores, por ejemplo, la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual en España, ATRAE, publicó varios de los errores y advirtió que la posedición sería una mala práctica que perpetúa la precariedad del sector, que no cuenta con la remuneración ni las condiciones laborales consecuentes con los ingresos que genera su trabajo.

Según Jaime Casas, traductor colombiano que ha trabajado con las grandes plataformas internacionales de streaming, estudios de Hollywood y cadenas de TV internacionales, gran parte de las producciones audiovisuales actuales generan más ingresos en otras lenguas que en su lengua de origen, y no se tiene en cuenta a la hora de asignar los presupuestos. A la traducción se le suele destinar el 0,5 %, según González, mientras que el ingreso por las versiones localizadas puede llegar a ser hasta el 50 % del total.

Otro de las malas prácticas que señalan los traductores con respecto a las productoras audiovisuales es que no dejan ni el margen de tiempo adecuado ni el presupuesto para una traducción de calidad. “Si hay algún retraso en la producción o la posproducción, se termina sacando el tiempo de lo asignado a la traducción, y cada vez las fechas de entrega son más apretadas, lo que genera problemas de calidad”, explica Casas. A pesar de esta realidad, los problemas de una mala traducción no se les suelen reclamar a los productores, sino al gremio.

¿Se acerca el fin?
En un momento donde está en auge el oficio, también parece que la tecnología quiere reemplazarlos. Sin embargo, no está lo suficientemente afinada, como ya se demostró, y la complejidad de los proyectos actuales sumada a la tendencia a la localización, para enganchar más a los usuarios, hace que todavía se vea lejano el fin. “La traducción audiovisual no solo depende de las palabras en los libretos, sino de cómo se pronuncien y se muestren en la pantalla, y eso todavía no lo puede captar la traducción asistida”, explica Casas, que, junto a González, y Estefanía Giménez, fundó recientemente Panavat, una asociación panamericana de adaptación y traducción audiovisual.

Además de no saber si la tecnología los llevará al apocalipsis, otros problemas del gremio son la falta de asociación regional y de educación continua. Para Casas, por ejemplo, la oferta de programas educativos más sólidos en Argentina, ha hecho que sean los nacionales de ese país quienes dominan el mercado latinoamericano sin ser quienes más consumen los productos