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jueves, 27 de noviembre de 2025

Vaso Roto, en Nueva York, es Broken Bowl Books

El pasado 25 de noviembre, El Universal, de México, publicó una nota sin firma sobre la editorial Vaso Roto, dirigida por la poeta Jeannette Clariond (foto). Allí se habla de la flamante filial que acaba de abrir en Nueva York.

Vaso Roto Ediciones va a la conquista del lector bilingüe en EU

Jeannette Clariond, la editora y poeta que ha hecho de Vaso Roto Ediciones una casa con tres sedes y ediciones con una personalidad común, pero con identidades propias, una en Monterrey, México, otra en Barcelona, España, y desde hace unos días con casa en Nueva York, Estados Unidos a través del lanzamiento de diez títulos traducidos al inglés bajo el sello Broken Bowl Books. "Creo que Vaso Roto Ediciones ya llegó a su mayoría de edad, ya cumplió 18 años", afirma Clariond en entrevista.

La mítica editora del sello fundado en 2005 en Barcelona, pero que se convirtió en Vaso Roto al año siguiente, en 2006 cuando se afincó en Monterrey, Nuevo León con la misión de dar a conocer voces aún no difundidas en español, reeditar, en nuevas traducciones, a poetas, narradores y ensayistas extranjeros, así como publicar voces que se consideran necesarias en la formación de lectores, ha entrado al mercado estadounidense con diez libros que mantienen la identidad de Vaso Roto, de diez autores, con traducciones muy cuidadas.

Lo que distingue a Vaso Roto, dice Clariond, de otras editoriales, es que no piensan en las corrientes literarias, sino en la formación de lectores; "damos a conocer a grandes autores para que el lector conozca y valore las grandes voces en nuestra lengua". De ahí que su entrada al mercado en Nueva York la conciban como "estar con el lector desprotegido". "Será un trabajo intenso entre la comunidad latina, pero como lo hacemos en inglés, nadie tiene por qué decirles nada".

"Hemos vertido al español 35 lenguas en estos 18 años, sobre todo del inglés, 70% de nuestro fondo son traducciones. Entonces, ahora que veo cómo se vive la situación en los Estados Unidos, pensé '¡es cuando!, hay que dignificar nuestra lengua, hay que dignificar a nuestros habitantes, lo que somos, lo que hemos construido en América Latina y en España y hay que darle el lugar a nuestros autores y traductores'", afirma Clariond.

La también poeta asegura que los libros tienen el mismo logo, nada más que se llama Broken Bowl Books. Asegura que todo el sistema legal y fiscal está siendo llevado por Marianela Blanco, que es una experta en ese tema, "tuvimos que abrir todo lo que se requiere, lo hicimos bien. Ya hicimos nuestros separadores de libros, nuestras bolsas con versos de cada uno de nuestros autores y me siento muy feliz de este logro".

Los diez primeros títulos de la editorial se dieron a conocer en el marco de la Feria del Libro de Nueva York. "Empezamos por lanzar a diez autores: Luis García Montero, Elsa Cross, María Baranda, José Javier Villarreal, María Ángeles Pérez López, Jorge Humberto Chávez, Luis Armenta Malpica, Luce López-Baralt, María Gómez Lara y Luis Humberto Ambroggio", dice Clariond y agrega que son ediciones muy bien cuidadas y de traductores extraordinarios.

"El formato, digamos, es el mismo, son las mismas cubiertas, la misma sobriedad, el mismo logo, pero en vez de decir Vaso Roto Ediciones dice Broken Bowl Books. No todos los títulos ya forman parte de nuestro catálogo, por ejemplo, Un año tres meses no es el catálogo de Vaso Roto, pero ahora ya es del catálogo: One Year and Three Months, del querido Luis García Montero. Pero luego, por ejemplo, también están José Javier Villarreal, con Mar del Norte, (North Sea), de María Baranda tenemos Arcadia y de Elsa Cross Bomarzo, pero ahora traducidas al inglés", señala.

Jeannette Clariond dice que son autores de gran altura en sus respectivos países, lo cual, afirma, le da serenidad porque "siempre para Vaso Roto y para el equipo de Vaso Roto, lo que nos produce serenidad y sentido de vocación y de seguimiento de una filosofía que esa no debe de variar de acuerdo con las tendencias del mercado".

miércoles, 2 de julio de 2025

Nueva traducción española de la poesía de Gertrude Stein

"Una selección de textos de Gertrude Stein nos devuelve su condición de poeta alérgica a la lectura en clave personal y su pasión por las propiedades materiales del lenguaje." Tal es la bajada de la nota publicada por Luis Muñiz, el pasad 26 de junio, en La Nueva España.

Repelente para psicólogos poéticos

En la poesía de Gertrude Stein, lo que dice el poema es lo único que cuenta, y lo que pueda querer decir es secundario o carece de todo interés. En cambio, la práctica indagatoria (crítica), si no es perezosa y se extingue reducida a un mero comentario, tiende desde siempre a aflorar significados ocultos en los textos. Me temo que buena parte de la impenetrabilidad de la escritura de Stein obedece a la voluntad de su autora de no ser indagada, desmenuzada en lo personal, y bastante menos a su supuestamente deliberado ejercicio de cubismo literario. Debemos admitir que hay autores que no quieren ser entendidos; que escriben para que lo que escriben no sea triturado en un seminario de psicólogos poéticos; que quieren causar estupor, desconcierto, incluso irritación; por ahí, por esa afinidad natural y coetánea con la actividad subversiva de las vanguardias, sí que cabe ver en Stein a una adepta a los procedimientos de Picasso y Juan Gris, pintores de los que ella fue escudera y valedora. Pero sigue siendo bien complicado asimilar una destreza artística espacial a una temporal, salvo que aceptemos lo que muy oportunamente señalan Andrés Fisher y Benito del Pliego en su prólogo a esta selección de textos de Stein, al destacar uno de los rasgos distintivos de su obra: "La sorprendente cotidianidad de las palabras elegidas actúa de manera similar al modo en que el rechazo de la perspectiva óptica reconfigura la aproximación al cuadro en el cubismo pictórico".

La escritura de Stein comprende una poética, personal e intransferible, si se quiere, pero coincidente, por roce o simpatía, con otras próximas y lejanas; así era ya habitual desde el simbolismo (si no desde el romanticismo alemán); por lo tanto, "voluntad de no ser indagada", deseo de no ser entendida, no equivale a decir voluntad ni deseo de no ser apreciada, sino solo deseo de no ser entendida con arreglo (y este es el caso que nos ocupa) a una poética sostenida exclusivamente en los planos enunciativo y referencial. La poesía de Stein, la de Tender Buttons y Stanzas in Meditation, no se articula con mensajes; no dice nada para corregir la posición del lector, para alterar o sacudir su vida en términos ideológicos; y trastoca de manera radical la relación entre el referente y su referido, a pesar de que emplea las palabras de la forma más sencilla posible, repitiéndolas hasta incurrir, con frecuencia, en la letanía infantil (laica) o la humorada, como en el famoso: "Rosa es una rosa es una rosa es una rosa". Y, sin embargo, no puede negarse que su práctica es poética aunque no sea metafórica porque es rítmica y aliterativa y de raíz profundamente musical, aun en los textos que se plantean como retratos de lugares ("En la hierba (sobre España)"): "España es un apodo manso con una pista una pista muy suya que apena". Y hasta en los ensayos ("Composición como explicación"): "No hay nada particular que marque una diferencia una diferencia al principio y en mitad y al fin salvo que cada generación tiene algo diferente que todos miran". Se trata de ver, no de adivinar; es una mirada, no una visión; y una mirada que en sí misma encierra la "revelación de lo ordinario como suficiente en sí mismo", dicho sea por quien más puede presumir del título de heredero de la poética steiniana, el norteamericano Charles Bernstein (1950).

En Ídem lo mismo. Selección de piezas breves. Teoría, Fisher y Del Pliego revisan y amplían el alcance de una antología anterior (Objetos y Retratos. Geografía. Selección de piezas breves) publicada por Amargord en 2014, introduciendo numerosos cambios en la traducción y agregando dos retratos más (un segundo de Picasso y otro, el que da título al libro, dedicado a Sherwood Anderson), y rematándolo todo con una sección nueva, titulada "Conferencias", que incluye un texto leído por Stein en Oxford en 1927 ("Composición como explicación") y otro ("Poesía y gramática") que preparó para su gira por Estados Unidos en 1936, en su único regreso a su país natal, de donde había salido para instalarse en Francia en 1903 y, definitivamente, en París, en 1910.

Demorarse en la lectura de estos peculiares ensayos, en los que ni siquiera por mor de la exposición teórica se olvida Stein de su inconfundible estilo, ayuda a entender por qué algunas manifestaciones de las vanguardias (la pintura de Tàpies y de Miró, las cabalgadas pianísticas de Cecil Taylor o las sonatas de Pierre Boulez) arrastran aún el sambenito de fáciles, de infantiles incluso, pese a que sus esforzados realizadores sudaron en los talleres o las salas de conciertos para producirlas. Lo mismo puede ocurrirle al lector no avisado de Stein cuando advierte –si acaso llega a hacerlo– que la autora emplea su magro repertorio de sustantivos no tanto para designar cosas como para revelar propiedades internas de esas cosas que el nombre por sí solo no puede convocar y deben ser sugeridas perturbando la significación. Aunque mayor sorpresa le acarreará todavía descubrir que la repetición y serialización de elementos, obrando por adición o por sustracción, no frustra sino que espolea la aparición de sentidos totalmente imprevistos y, quizá por eso, jovialmente reveladores; por ejemplo, en el retrato de Picasso titulado simplemente "Picasso" (páginas 85 a 89 de esta edición), montado sobre tres ideas, fértiles aún para nosotros: que el pintor malagueño era "alguien que estaba trabajando", alguien que tenía "algo que salía de él", "alguien al que algunos estaban siguiendo"; en su extrema sencillez y despojamiento, la tríada constitutiva del artista llamado a cambiar el orden estético: esfuerzo, quema de etapas, capacidad de influencia.

viernes, 24 de marzo de 2023

Borges, traductor y censor de Virginia Woolf

Orlando, una biografía, escrito por Virginia Woolf en 1927, es una sátira al género de biografías, una crítica social a la sociedad inglesa y al machismo imperante. El protagonista, Orlando, vive por 500 años una vida de aristócrata y diplomático, pero de un día para otro se vuelve una mujer. Mientras a él le parece un fenómeno normal, sufre los prejuicios de género. Borges tradujo el texto nueve años después de ser publicado, pero decidió cambiar frases, pronombres e incluso omitió frases completas.” Esto dice la bajada de la nota publicada por la periodista chilena Lissette Fossa, el pasado 28 de febrero, en el periódico digital Interferencia.

Otra polémica traducción literaria: Cuando Borges tocó el 'Orlando' de Virginia Woolf


Debates y hasta reacciones de otros escritores es lo que ha generado el anuncio de la editorial inglesa Puffin Books (sello infantil de Penguin) de modificar algunas palabras- como “gordo”, “feo” y el género de algunos personajes- en los libros de Ronald Dahl, autor fallecido de clásicos infantiles como Charly y la Fábrica de Chocolates y Matilda, entre otros.

El anuncio generó una gran controversia en Reino Unido, donde muchos se quejaron de que esta acción estaba alterando la intención original del autor, que sería una forma de censura y que eliminar ciertas palabras no cambiará la intención original del autor. Finalmente, la editorial tuvo que recular y anunciar que editará y lanzará al mercado la versión original de los libros de Dahl y la versión con las alteraciones.

La editorial que edita los libros del autor en español, Santillana, salió de inmediato descartar aplicar el mismo criterio y aclaró que mantendrá las traducciones como están.

Sin embargo, no es primera vez que la traducción y los cambios en los procesos de edición de un libro generan controversia.

Ya hace unos días, en redes sociales la booktoker mexicana @nenamounstro recordaba una de las traducciones más polémicas del inglés al español de un escritor que sólo en los últimos años los académicos se han atrevido a criticar: la traducción de Orlando, una biografía de la autora Virginia Woolf, realizada por Jorge Luis Borges.

Y aunque se ha hablado en medios de comunicación de que Dahl sería víctima de una extrema “corrección política” frente a términos que en el tiempo en que fueron escritos no parecían ser ofensivos, lo de Borges pecaría de lo contrario. El estilo conservador y los prejuicios machistas y homofóbicos del autor- propios también de su época-, habrían terminado modificando el sentido de una de las obras más importantes de Woolf.

La traducción de Orlando a Borges fue encargada por la escritora e intelectual Victoria Ocampo y fue realizada por el escritor en 1937, nueve años después de haber sido publicada originalmente.

El libro trata de Orlando y de su vida de más de 500 años, y es una crítica y parodia de la autora a los formatos de biografía, muy de moda por esos años, pero también a la sociedad inglesa y su historia. Al mismo tiempo, la obra fue transgresora por su temática de género y como uno de los títulos que se consideran de las primeras novelas feministas, e incluso, queer, al cuestionar todos los roles de géneros. Esto, porque Orlando no sólo pasa de un país a otro y busca desarrollar su ingenio literario, sino también porque pasa de ser hombre a mujer. Así, naturalmente, un día se despierta siendo una mujer y Orlando no parece impresionado en lo absoluto. Lo que sí lo impacta es que el trato hacia él cambia: ya no tendría derecho a tener propiedad y sus intereses románticos serían cuestionados, así como también su capacidad intelectual.

Woolf dedicó este libro a su amante, la aristocrática poeta Vita Sackville-West, quien habituaba a vestir como hombre y con quien tuvo una intensa relación.

Aunque hay estudios de inicios de los 90 que ya venían realizando esta crítica sobre la traducción de Orlando, quien la desarrolló con profundidad fue la académica Leah Leone, en un ensayo publicado por la revista Variaciones Borges, de la Universidad de Pittsburgh en 2008.

La autora del texto comienza explicando que la traducción de Borges fue esencial para impulsar la escena posterior de escritores latinoamericanos que adoptaron el realismo mágico y la narrativa fantástica. La traducción fue elogiada por años, ya que como el mismo Borges explicaba, llevaba mucho de la pluma de su traductor. Pero la autora afirma que la intención de Woolf de realizar una crítica a la sociedad patriarcal y a los roles de género, queda en segundo plano con la traducción de Borges.

“La popularidad de la traducción de Borges es inquietante ya que al analizar el proyecto se revela la neutralización o hasta el sabotaje, en varios niveles textuales, de precisamente estos elementos del género que han hecho de Orlando un texto fundamental de los estudios feministas y queer”, indica el ensayo.

Leone indica que Borges, por ejemplo, cambió pronombres personales y posesivos que estaban en femenino, para pasarlos al masculino, y que privilegió en el texto un narrador masculino, llegando incluso a omitir frases completas del libro.

“A lo largo de la traducción, hallamos el privilegio de lo masculino, la atenuación de pasajes chocantes y algunos cambios radicales que parecen manifestaciones concretas de la propia opinión de Borges”, comenta Leone.

Son varios los ejemplos de la ensayista: la comparación, en la traducción de las mujeres con los niños y no niñas; los cambios del pronombre “her” (suyo, en femenino), por el masculino ("his"), así también el "she" en inglés, que muchas veces pasa a omitirse o cambiarse por "he" (él, en español; además de omisiones de palabras y frases completas.

“En algunas instancias, las omisiones y cambios que Borges introdujo a la traducción formaron afirmaciones explícitamente contrarias a las de Woolf. Por ejemplo, cuando Orlando quiere deshacerse del Archiduque Enrique, ella divisa un juego con el que le pueda fastidiar. Cuando la aristócrata hace trampa, el Archiduque queda abismado: “To love a woman who cheated at play was, he said, impossible. Here he broke down completely. Happily, he said, recovering slightly, there were no witnesses. She was, after all, only a woman”. Enrique le tiene compasión, el hecho de que Orlando sea sólo una mujer atenúa su decepción. Como es nada más que una niña grande, uno no puede exigir que siga las reglas del juego. Con omitir una sola palabra, Borges cambia radicalmente la fuerza irónica de la concesión del Archiduque: “Imposible, dijo, amar una tramposa. Al llegar ahí se desarmó. Por suerte, dijo, recobrándose un poco, no había testigos. Al fin, ella era una mujer”. Con la traducción de Borges, se entiende que, por ser mujer, no es sorprendente que Orlando hiciera trampa, ya que se presume que todas las mujeres tienden a eso”, explica el ensayo.

Y Whitman
La autora, además, da ejemplos de que estos sesgos que muestra Borges en la traducción de Woolf vuelven a repetirse con respecto a los poemas que tradujo de Walt Whitman, quien escribió varios de sus poemas sobre sus relaciones con hombres. En varios casos, Borges simplemente no tradujo algunos poemas claramente homoeróticos.

“Cuando tradujo el poemario, Borges hizo una selección limitada de los poemas que quería incluir. Del libro Calamus —reconocido por sus poemas dedicados abiertamente al amor homosexual— Borges omite varios poemas de contenido homoerótico, por ejemplo Of the terrible doubt of appearances, City of orgies, We two boys together clinging o To a stranger. Como apunta Balderston, Borges no excluye a When I heard at the close of day (“Cuando supe al declinar el día”), un poema explícitamente homoerótico. Sin embargo, así como en la traducción de Orlando, el traductor se aprovecha de los pronombres sintéticos, esta vez para nunca escribir la palabra yo en asociación con el homoerotismo”, afirma Leone.

La autora concluye que lo mejor para la obra y el lector de Woolf, sería aplicar a la traducción de Borges aclaraciones a pie de página que muestren el texto original o una traducción alternativa, más acotada a una más textual.

En un artículo de Página 12, el medio argentino destacó el análisis de Leone que se hace a la traducción de Borges, relevando el impulso feminista de Woolf en su obra Orlando.

En 2011 los académicos de la Universidad de Córdoba, Guillermo Badenes y Josefina Coisson reafirmaron la crítica de Leone en un artículo titulado ‘Borges y Orlando. La manipulación antes del manipulacionismo’.

“No es extraño que al leer a Borges traductor se lea en muchas ocasiones sólo a Borges. En el caso de su traducción de la novela Orlando, el lector hispanohablante a veces no logra acceder a la autora del original. Por su estilo, por su personalidad, por su persona, se podría afirmar que poco hizo Borges para trasuntar a Woolf. Sus logros son infinitos, como así también el carácter personal que le imprimió a la apropiación de su obra traducida, reescrituras sesgadas por su visión del mundo que lo rodeaba”, consigna el artículo.

“Para que la estandarización no se convierta en la principal manera de silenciar, la traducción debe erigirse como un puente por el cual puedan cruzar nuestras ideas y no como un arma para acallar las propias ideas que debe transmitir”, concluyen en el texto

 

 

 

lunes, 6 de marzo de 2023

Jeannette L. Clarion homenajea a Gabriel Zaid

Jeannette L. Clarion es poeta y traductora. En noviembre de 2022, publicó en la revista Letras Libres el siguiente artículo sobre el poeta y crítico mexicano Gabriel Zaid (1934), visto desde una insospechada faceta de traductor.

Gabriel Zaid traductor

Conocí a Gabriel Zaid mucho antes de conocer la leyenda sobre sus repliegues y retiros. Nada más alejado de la verdad de un poeta, intelectual y pensador que nos ha abierto las puertas a lo que Heidegger denominó interés genuino en contraposición a la curiosidad o el vaniloquio. Cuando Zaid pregunta es para ensanchar su saber sobre un tema en específico, porque busca asociar, porque desea confrontar su inteligencia con lo nuevo que se le impone llamarada. Zaid escucha, piensa, reflexiona. Después, puede que opine. Lector ávido, se nutre para posteriormente poner su alimento a disposición de quienes compartan su interés por abrevar en otras fuentes.

El 26 de septiembre de 1984 Gabriel Zaid ingresó a El Colegio Nacional. Hoy, la misma institución publica el sexto volumen de su obra reunida, en la que se incluye su ejercicio como traductor. Zaid es traductor nato. Traduce el amanecer, el despertar, el aroma del café, el volante de su camioneta, el asa de la taza. Digo traduce; no pretendo que se infiera que interpreta. Respeta demasiado bien la tarea del psicoanálisis. Pienso a Gabriel y viene a mi mente un bellísimo texto de John Berger, “Autorretrato”, publicado en La Jornada en 2014: “La actividad de escribir ha sido vital para mí; me ayuda a buscarle sentido a lo que vivimos y continuar. Escribir, sin embargo, es el brote de algo más profundo y vasto –nuestra relación con el lenguaje como tal. Y el sujeto de estas cuantas notas es el lenguaje.”

Gabriel Zaid no suele hablar de su pasado, pero infiero por su modo de acercarse a un texto –y a la lectura en general– que su ascendencia libanesa ha marcado su vida. Aquel martes de enero de 2011, al recibirme en su casa, descubrí a ese interlocutor necesario para las letras mexicanas. Recuerdo haber llegado en torno a las 12:30 p. m. Él mismo me abrió la puerta, nos sentamos en la sala a conversar, me mostró (generoso siempre con el quehacer ajeno) la obra reciente de su mujer, Basia Batorska. El mes siguiente la artista expondría en la Biblioteca Nacional Todos los mares, una serie de veinte grabados que la UANL vertería en un catálogo. Gabriel me pidió escribir un poema.

Zaid llegó tarde a la exposición. Pero recuerdo cómo de inmediato pasó al Foro Polivalente Antonieta Rivas Mercado y cómo se detuvo frente a cada estampa como si la mirase por vez primera. Se trataba de veinte grabados en placa de madera con relieves trazados sobre acrílico. Ese repasar cada capa entintada, ese mirar las porosidades del papel, ese entrar en el Fabriano húmedo es lo que hace de Zaid el traductor serio y pertinaz que es, el erudito que aplica la técnica según convenga al lenguaje. En ese momento y ese día entendí su labor como traductor. Miraba, contemplaba, pensaba, desmenuzaba, asumía, avanzaba, retrocedía, oteaba, comparaba, contrastaba hasta hacer de cada esbozo un signo, raíz o sonido otorgándoles un sentido. Cada obra desvelaba una mancha de sangre. Mar y sangre. Polonia y exilio; barca y vela; roca y acantilado; tormenta y herida, momentos de verdad que la memoria encierra.

Esa mañana en su casa, al invitarme a pasar a ver la obra de su mujer, no lo oí decir una palabra. Lo vi mirar la obra de arte: la mira como mira el poema antes de empezar a leer. En Zaid hay detenimiento sin desgarro. Hay una mecánica de la lógica, una administración de contenidos; él es reforzador de cabos, facilitador de conexiones entre una cultura y otras. Al verlo pude percibir una leve agitación por entrar al meollo de un tema que sin duda era de su interés: Harold Bloom. Nunca interrumpió la charla sobre poesía norteamericana contemporánea. Algo en su cerebro giraba a una mayor velocidad que mi capacidad de expresión. Estar con una persona brillante exige de ti un mayor enfoque, una abismada condensación, pero también una compacta densidad. No lo expresa, es demasiado elegante como para hacerlo, pero algo en sus ojos, algo en la prisa de su seguir tus palabras te incita como interlocutor a desplazar tus ideas con rumbo, a enunciar correctamente, a decir con altura lo que piensas. Personas como Gabriel Zaid te enseñan a masticar. Y a pensar asociativamente.

Todo lo anterior hace de Zaid el gran traductor que es. No traduce libros. Tampoco traduce autores. Él prepara sus traducciones con minuciosidad y lógica. No solo vierte, razona lo que traduce. Lo comprende desde su más intestina raíz y lo hace a partir de un profundo conocimiento del contexto histórico y cultural del escrito en cuestión. Como prueba de ello tomo un ensayo sobre un poema de Safo publicado en Letras Libres en marzo de 2008. Lo releí con atención hace dos años, previo a la publicación del libro de Anne Carson sobre la poeta de Lesbos. Tomo una parte de su ensayo para cimentar mi opinión sobre su faceta de traductor citándolo a él mismo:

"Hay unos versos de Safo que (afortunadamente) se conservan por un manual de métrica que los puso como ejemplo, ocho siglos después de que fueron escritos. Pueden leerse como un poema completo, si es que no lo eran. En México, han sido traducidos al menos cuatro veces. Rafael Ramírez Torres (Bucólicos y líricos griegos, Jus, 1970) los tradujo en prosa:

Se ha ocultado la luna. También las Pléyadas. Es la media noche y las horas se van deslizando y yo duermo solitaria.


José Emilio Pacheco (Tarde o temprano, Fondo de Cultura Económica, 1980) publicó una versión escueta y eficaz, donde cada verso va añadiendo una circunstancia, hasta desembocar en el yo:

Se fue la Luna.
Se pusieron las Pléyades.
Es medianoche.
Pasa el tiempo.
Estoy sola.


Carlos Montemayor (Safo. Poemas, Trillas, 1986) los transcribe en griego y los traduce así:

Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media
noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.


Rubén Bonifaz Nuño (Antología de la lírica griega, UNAM, Nuestros Clásicos, 1988) también presenta el original griego y la traducción en dos versos:

Se pusieron, pues, la luna y las Pléyades. Y medias
noches. Y resbala tiempo. Y yo estoy sola acostada.


La versión rimada que aparece en Píndaro y otros líricos griegos (Porrúa, Sepan Cuantos) es de Joseph y Bernabé Canga-Argüelles (Obras de Sapho…, 1797):

La luna luminosa
huyó con las Pleyadas;
la noche silenciosa
ya llega a la mitad.
La hora pasó, y, en vela,
sola en mi lecho, en tanto,
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.


Hay transcripciones del poema griego y traducciones a diversos idiomas disponibles en línea. Pueden buscarse en Wikipedia, Google y Amazon (Safo se escribe Saffo, Sapho o Sappho en otros idiomas). Así se encuentra en Google Print Odes d’Anacréon, una compilación políglota de Jean-Baptiste Monfalcon que recoge esta versión italiana (tomada de Le odi di Anacreonte e di Saffo recate in versi italiani de Francesco Saverio de’Rogati, 1782-1783), evidentemente leída por los hermanos Canga-Argüelles:

Già in grembo al mar s’ascosero
le Pleiadi, la luna,
e della notte bruna
già scorza è la metà.
L’ora già passa, e vigile
io sulle piume intanto
sola mi struggo in pianto
senza sperar pietà.


[…]

El manual de Hefestión (siglo II) lo presenta en dos versos, para ejemplificar el tetrámetro. Todavía en el siglo XX, Massimo Lenchantin de Gubernatis (Manual de prosodia y métrica griega, traducido por Pedro C. Tapia Zúñiga, UNAM) insiste en el ejemplo, aclarando que algunos editores prefieren la presentación en cuatro dímetros, en vez de dos tetrámetros. Hay, además, variantes ortográficas en las distintas ediciones. La pronunciación aproximada sería:

Dédyke men a selána
kai pleíades. Mésai de
nýktes. Pará d’érjet óra.
Égo de móna katéudo.


Lo que más me llama la atención del ensayo de Zaid, cuya lectura recomiendo ampliamente, es el fragmento siguiente: “No hace falta saber griego para observar las aliteraciones en de (Dédy, des, de, dér, de, do), ka (ke, kai, nýk, ka), eme y ene (men, na, Mé, nýk, móna).” Y tiene razón. Cuando se es traductor no es necesario conocer la lengua original para saber de buena tinta si hay o no rima, si en la traducción se ha respetado toda una serie de reglas gramaticales o sintácticas que guarda el original. Anne Carson, por ejemplo, dice que ella no destruye la sintaxis de Safo. Eso es lo que Carson cuida. Hay en la disciplina de la traducción diferentes modos de entenderla: ser literal, ser poético, utilizar el lenguaje de México, utilizar un lenguaje más universal… Lo que puedo afirmar es que en traducción nunca hay traición. Sería inútil pasarse tal cantidad de horas del día buscando el vocablo adecuado para trasladarlo del original. La tarea principal de la traducción consiste en prestar la voz de esa alma que cambió de alguna manera nuestra vida. Zaid lo sabe y su seriedad lo demuestra. Una traducción no es mejor que otra de acuerdo al modo en que se ha trabajado: si es atinada, si se conoce bien la tradición, la etimología, si se han leído los más libros posibles del autor o la autora, los múltiples usos y acepciones de cada palabra. Lo que a mí me atrae de Zaid es esa particularidad muy suya de propugnar por la investigación sobre el contexto en el cual se ha de situar el poema a traducir. En Safo, nuestro homenajeado ha salido de sí para situarse en la música, las cuerdas, los instrumentos. Traducir es para Gabriel Zaid un acto de desovillamiento del tiempo para dejar el carrete desnudo, listo para volverse a embobinar paso a paso, pie a pie, raíz a raíz, hasta dar con el poema total en su más alta forma de sinceridad humana.

Yo, como Berger, creo en la traducción que deja de manifiesto la experiencia individual, esa que sitúa al traductor, en este caso a Gabriel Zaid ante Safo, en una isla, mirando las estrellas como un navegante, y a la luna, sobre la marea purpúrea, hundiéndose, luego alzándose, hasta salir del agua al lado de Afrodita dejando caer su triste humedad en la arena.

miércoles, 12 de octubre de 2022

Un premio francés para un poeta español

La noticia salió en elmundo.es. Allí, sin firma, se lee que el poeta español Andrés Sánchez Robayna y su traductor al francés ganaron el Prix Mallarmé, en la categoría libro de autor extranjero. Según señala la bajada, “El escritor canario comparte el galardón con su traductor, Claude Le Bigot”.



Andrés Sánchez Robayna, Premio Mallarmé al mejor libro de poesía traducido al francés

Andrés Sánchez Robayna, poeta, ensayista, traductor y catedrático la Universidad de La Laguna, ha recibido en Francia el Premio Mallarmé por su obra Par la vaste mer, la traducción de Por el gran mar (Galaxia Gutenberg, 2019,) realizada por Claude Le Bigot y publicada por las Ediciones Le Taillis Pré en 2021. El Premio Mallarmé, creado en 1937, recompensa a un poeta de lengua francesa y, desde este año, a otro traducido. Su jurado lo forman los 30 miembros de la Academia Mallarmé.

El llamado Prix Mallarmé étranger [Premio Mallarmé en categoría extranjera] pretende «dar valor al trabajo de los traductores y traductoras que se esfuerzan tanto por abrir nuevas perspectivas literarias como la poesía extranjera traducida al francés». Sánchez Robayna y su traductor recibirán el premio el 8 de diciembre en la Maison de la Poésie de París.

El traductor de Sánchez Robayna, Claude Le Bigot, es profesor emérito de la Universidad de Rennes 2, y autor de numerosas obras en los campos de la teoría crítica y del hispanismo, desde la crítica y la historia de la poesía española a la historia cultural. Ha dirigido obras colectivas sobre Pablo Neruda, César Vallejo y Miguel Hernández y ha publicado monografías sobre Antonio Gamoneda y Miguel Hernández.

Sánchez Robayna (Santa Brígida, Gran Canaria, 1952), no es un autor desconocido para los lectores franceses: seis de sus 11 libros de poesía han sido traducidos. En su currículo aparecen también varias traducciones al español del francés, portugués, inglés y el catalán, y numerosos estudios académicos.

 

jueves, 2 de junio de 2022

Una muy cuidada edición del poeta brasileño Paulo Leminski, a cargo de Alejandro Güerri

Natural de Curitiba, en el sur de Brasil, Paulo Leminski (1944-1989) fue uno de los poetas brasileños más importantes de los últimos cuarenta años. Digamos que él empieza donde terminan los hermanos De Campos, y concluye dejando una serie de puertas abiertas que muchos artistas de su país transitaron después que él. Hijo de un emigrante polaco y de una madre mestiza, estudió todo lo que se podía estudiar –teología, filosofía y literatura clásica, cultura japonesa, judo, budismo zen, etc., y con ese aprendizaje sistemáticamente inconcluso llevó a cabo una obra que incluye, además de la poesía, novelas, ensayos, críticas y traducciones (de, entre otros, John Fante, Lawrence Ferlinghetti, Yukio Mishima, James Joyce, Alfred Jarry, Samuel Beckett, etc.). Pese a haber gozado de alguna prédica en la lengua castellana –fundamentalmente a partir de las antologías de su obra realizadas por Rodolfo Mata en México, Mario Cámara en Buenos Aires y Aníbal Cristobo en Barcelona–, acaso por su sesgo experimental, no tiene la visibilidad que merece. A esa serie de libros se suma ahora Parezca y Desaparezca. Antología poética, un volumen traducido y prologado por el poeta Alejandro Güerri para la casa argentina Añosluz Editora, d.

lunes, 7 de marzo de 2022

José Emilio Pacheco, traducido en el Líbano

El 26 de febrero pasado, sin firma, Cultura InfoBAE publicó un cable de la agencia española EFE, donde se da cuenta de la traducción de la poesía del poeta mexicano José Emilio Pachecho (1939-2014) al árabe. La bajada dice: “La iniciativa Poetas Cervantes en Árabe, del Instituto Cervantes, lanzó este fin de semana en el Líbano En resumidas cuentas, una obra que pasea al lector por las principales etapas de Pacheco”.

La poesía del mexicano José Emilio Pacheco llega al mundo árabe

La poesía del ilustre escritor mexicano José Emilio Pacheco (Premio Cercantes 2009) ha cruzado el océano para instalarse entre los lectores árabes en forma de antología bilingüe, convirtiéndole en el quinto Premio Cervantes traducido a este idioma en el marco de un programa de impulso a intérpretes emergentes.

 

Tras acercar a Gonzalo Rojas, José Hierro, María Zambrano e Ida Vitale al mundo árabe durante los últimos seis años, la iniciativa Poetas Cervantes en Árabe (POCENAR) del Instituto Cervantes lanzó este fin de semana en el Líbano “En resumidas cuentas”, una obra que pasea al lector por las principales etapas de Pacheco.

 

Esta selección, esta antología, lo que busca es dar un panorama completo de la obra poética de José Emilio Pacheco, es decir que abarque la mayor extensión en el tiempo desde los poemas más juveniles, que son de finales de los años 60″, explicó a Efe el experto Álvaro Ruiz Rodilla, quien colaboró en la creación del libro.

 

El joven, investigador posdoctoral en la Biblioteca Nacional de México, cree que las composiciones elegidas “reflejan” las principales temáticas del autor, empezando por aquella primera etapa marcada por acontecimientos sociales como la Guerra de Vietnam y el Movimiento Estudiantil de 1968.

 

“En resumidas cuentas” también pasea al lector por poesías posteriores que exploran la “literatura misma” o el tópico del tiempo, poniendo el broche en sus últimas páginas con estrofas más recientes sobre “el acercamiento a las otras culturas, a las otras lenguas”, agregó Ruiz.

 

“Por eso el poema final es ‘En Babel’, esa especie de incomprensión entre lenguas, pero que la poesía sí permite y creo que la traducción es la mayor prueba de ello”, destacó este doctorado en Literatura Hispanoamericana con foco en José Emilio Pacheco.

 

Hiba al Hassanie, una de los tres traductores de la antología, sabe muy bien a qué se refería el poeta mexicano con aquello de “En Babel balbuceo mi lengua bárbara / Les suena a los asirios como un ladrido / Blablablá de burbujas en el pantano”.

 

La joven libanesa, seleccionada para el programa de entre un gran número de postulantes de la nación de los cedros, Egipto y Jordania, confiesa a Efe que “las diferencias en la estructura de las frases en el árabe y el español” le plantearon “muchas dificultades” a la hora de traducir los poemas.

 

“Al principio había que entender muy bien lo que quería decir con cada palabra José Emilio Pacheco (...) para poder entender muy bien el significado en español y transmitirlo, y elegir la palabra más adecuada para introducir esta poesía al público árabe”, apuntó Hassanie.

 

Sin embargo, los esfuerzos valieron la pena y hoy muestra orgullosa las páginas de “En resumidas cuentas” donde aparecen impresas las once composiciones que ha trasladado al árabe, así como dos que trabajó durante un taller en conjunto con los otros traductores seleccionados para el programa, patrocinado por la Fundación Abertis.

 

La directora del Instituto Cervantes de Beirut, Yolanda Soler-Onís, indicó a Efe que esta es la primera vez que dicho “programa de formación, traducción y edición” se desarrolla en el Líbano desde su primera edición en Marruecos en 2016, cuando se dedicó a la obra del chileno Gonzalo Rojas coincidiendo con el centenario de su nacimiento.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Una reseña de Osvaldo Aguirre sobre la Emily Dickinson de Silvina Ocampo que merece releerse

El 10 de septiembre de 2008, el poeta, narrador y ensayista argentino Osvaldo Aguirre escribió una reseña en Radar Libros, del diario Página 12, a propósito de la entonces reedición de los poemas de Emily Dickinson, traducidos por Silvina Ocampo y publicados por la editorial Tusquets. Desde entonces, ha habido muchas otras versiones (cfr. en este blog, la entrada del 17 de junio de 2014 o la versión a tres manos de los chilenos Verónica Zondek, Enrique Winter y Rodrigo Olavarría, publicada por la Editorial Universitaria de Valparaíso, entre otras), pero la de Ocampo sigue siendo significativa y Aguirre explica por qué. De ahí la pertinencia de traer este texto a colación.

 

Tomándoselo muy a pecho

 

Entre las obras de Silvina Ocampo, la traducción de Poemas de Emily Dickinson parece ocupar un lugar central. Si bien hizo versiones de otros escritores de lengua inglesa, francesa y latina, a ninguno le dedicó tanto tiempo como a la enigmática y retraída norteamericana: tradujo 596 de los 1775 textos que se hallaron a su muerte. La reciente reedición de la obra (en Tusquets) no incluye el breve pero significativo prólogo de Jorge Luis Borges que presentó la primera, en 1985. En ese texto Borges aludió a la discusión sobre las maneras de traducir que aparece en varios de sus ensayos y que puede condensarse en sus citas de la polémica Newman-Arnold (1861-1862) y la disyuntiva de “traducir el espíritu” o “traducir la letra”. Cada método, sostuvo en principio, ofrece sus ventajas, pero en definitiva se manifestó contra la literalidad y sobre todo en poesía, cuya traducción, apuntó por ejemplo en una encuesta publicada en 1975, “es posible porque se puede recrear la obra, tomar el texto como pretexto”. Lo curioso consiste en que en el caso de Silvina Ocampo pareció valorar precisamente lo contrario: Emily Dickinson, dijo, le inspiró a Ocampo un respeto similar al que sentían los fieles “que no se atrevían a cambiar una palabra dictada por el Espíritu”. La versión en castellano “casi siempre” sigue el mismo orden sintáctico del original. Si “la cadencia, la entonación” se preservan intactas es en razón de “una suerte de venturosa transmigración”.

 

Esa observación de Borges no es un simple elogio, si se piensa que la recurrencia del alma como presencia y como misterio constituye uno de los ejes de la poesía de Dickinson. Al comparar las biografías (o la ausencia de biografía) de ambas escritoras surgen algunas características comunes, ya que fueron solitarias y hurañas, concibieron sus obras al margen de las corrientes de su época, se encerraron en la intimidad. “Mis mejores amistades son aquellas/ con quienes no he emitido palabras”: Ocampo debe haber aprobado esos versos de Dickinson, dada su fobia a la sociabilidad. Pero esas coincidencias no alcanzan para explicar la singularidad de sus versiones. Si bien dejó pocos datos sobre las diversas circunstancias de su escritura, mientras traducía los Poemas sostuvo una serie de diálogos con Noemí Ulla (Encuentros con Silvina Ocampo, 1982; reeditado en 2003), donde de manera lateral quedaron algunas pistas al respecto. La soledad de Emily Dickinson, se lee allí, no le parecía una desgraciada anécdota sino el efecto de una convicción que compartía: “Todos los que se dedican a un arte, deben renunciar a vivir”. Y en la extrañeza formal de sus poemas –visible en el recurso de los guiones como signo de puntuación, que a diferencia de otros traductores supo mantener– encontraba el mismo deseo de liberarse de las limitaciones de la sintaxis, una búsqueda de sentido en conflicto con las normas de la gramática.

 

Para Silvina Ocampo traducir significaba no sólo asumir otra lengua sino también, y sobre todo, otro sujeto. Había que “meterse en el otro”, y esa condición se radicalizó en el caso de Dickinson: “Traduje a otros poetas, pero no tienen ese juego con las frases y las ideas que se van trenzando y que uno tiene que descifrar”, dijo. Y al mismo tiempo que la revelación dio forma a un secreto, el de una comunión en torno de lo pequeño y aparentemente insignificante, donde transcurre, desconocida para los demás, una experiencia cargada de intensidad.

viernes, 29 de octubre de 2021

Dos poetas del Renacimiento inglés en extraordinaria traducción de Montezanti

Hay traductores que, con mucho, muchísimo menos recursos e inteligencia que Miguel Ángel Montezanti, se han labrado una reputación pública que los vuelve referencia entre editores y público. Él, en cambio, especialista en el Renacimiento inglés, pero también gran conocedor de los poetas contemporáneos, con pudor, prudencia, humildad y, sobre todo, mucho trabajo, se ha ganado el reconocimiento académico (es profesor de Literatura Inglesa y de Literatura comparada en la Universidad Nacional de La Plata). Falta entonces "descubrirlo", porque, me apuro a decirlo, es uno de los mejores traductores de la Argentina.

Montezanti fue nombrado muchas veces en este blog. Por ejemplo, en la entrada del 10 de junio de 2011, con motivo de su traducción de  Solo vos sos vos, los sonetos de Shakespeare al rioplatense. O el 3 de diciembre de 2012, por su versión de La violación de Lucrecia, también de Shakespeare. O el 23 de agosto de 2017, cuando presentó en una de las reuniones presenciales del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires su volumen de Baladas inglesas y escocesas. Sin embargo, ésa es apenas una parte de su labor. También tradujo los Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot, Visitas hospitalarias, una antología de Philip Larkin, Extraño encuentro, la poesía completa de Wilfred Owen y muchos otros textos, dispersos en medios académicos o en volúmenes publicados por editoriales universitarias, vehículo que, convengamos, suele carecer de la distribución adecuada.

En ese último contexto se inscribe su último trabajo, Sonetos amorosos del Renacimiento inglés, que reúne Idea, de Michael Drayton, y Fidessa, de Bartholomew Griffin, obras reunidas en un bello volumen publicado por EUDEM, la Editorial de la Universidad de Mar del Plata. Se trata de la primera parte de un proyecto mayor que, en sucesivos volúmenes, irá abarcando la producción poética de los contemporáneos de William Shakespeare. 

El libro se abre con una magnífica Introducción, donde Montezanti traza una historia del soneto hasta llegar a la forma que esta especie poética asumió en Inglaterra. 

Acto seguido, se presentan las dos obras en ediciones bilingües, acompañadas por notas. 

La excelencia con que Montezanti ha logrado traducir estos poemas, manteniendo las rimas y adecuando el verso castellano al inglés es absolutamente notable y confirman una vez más la absoluta necesidad de ubicarlo entre los más importantes traductores que ha dado este país.

Jorge Fondebrider

miércoles, 10 de febrero de 2016

La poeta Pura López Colomé reúne en un solo volumen sus traducciones de Seamus Heaney

La noticia fue publicada sin firma en el diario La Jornada, de México, el 6 de diciembre del año pasado.

Reúnen en un sólo volumen, seis obras
del poeta Seamus Heaney

México, DF. Por primera vez se reúne en un solo volumen, traducidos al español, seis libros de la producción poética del escritor irlandés Seamus Heaney (1939-2013), Premio Nobel de Literatura 1995.

Con traducción de la poeta mexicana Pura López Colomé, la antología bibliográfica se conforma por Isla de las estaciones (Station Island), que de acuerdo con la traductora se trata de “un peregrinaje religioso y espiritual equivalente al peregrinaje poético, donde los muertos reviven gracias al poder de la palabra”. Viendo visiones (Seeing things), es un libro que gira en torno a “la inspiración del poeta para ver lo que va más allá de lo que se ve en la inmediatez”.

El nivel (The spirit level), “es justamente un libro hecho de niveles, por ejemplo, entre la belleza y la fealdad, el amor y el odio, el dolor y la salud, la felicidad e infelicidad”. Sonetos (Sonnets) reúne todos los sonetos desperdigados en su obra. Es un tributo a la forma del soneto. Cadena humana (Human chain) es su último libro, en el que “habla de esa última oportunidad que le brinda la vida, de revivir un poco luego de una crisis de salud muy fuerte; y de poder rendir homenaje a ciertos poetas, así como a sus seres más queridos”.

El volumen incluye una selección de poemas hecha por Seamus Heaney, en colaboración con el artista holandés Jan Hendrix, “nunca antes incluida en otra edición”, con el título La luz de las hojas (The ligh of the leaves). Son 10 poemas que Heaney eligió para un libro de arte de Hendrix. Publicado por Trilce Ediciones, en coedición y el auspicio de la Embajada de Irlanda en México, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Universidad Autónoma de Nuevo León, el volumen Obra reunida, es una edición bilingüe, la cual fue presentada por Débora Holtz, Bárbara Jacobs, Francisco Segovia y López Colomé, quienes estuvieron acompañados por la hija del poeta irlandés Catherinne Anna Heaney; el domingo en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.


martes, 29 de abril de 2014

Descubrimiento

El 22 de abril pasado, Pablo Ingberg firmó la siguiente nota, publicada en la revista Ñ. En ella se habla de unos fragmentos aparentemente de Safo, recientemente aparecidos. La bajada dice: “Hallazgo.  Los expertos debaten si dos fragmentos atribuidos a Safo, hasta ahora desconocidos, pertenecen o no a la gran poeta de la isla de Lesbos”.

Safo reencontrada

La reciente difusión del hallazgo de presuntos versos de Safo antes perdidos agitó el avispero y envolvió en una pequeña novela con visos de policial la figura de la inmensa poeta de Lesbos (isla próxima a Asia Menor) que vivió en torno al 600 aC. Admiradísima en Grecia y Roma, su vasta obra poética dejó de recopiarse cuando su dialecto eólico era ya muy arcaico, y sólo sobrevivió lo que citaron de ella otros autores de obras sí conservadas. Ediciones de esos pasajes y sus traducciones al inglés la revivieron a la admiración del siglo XIX, cuando su leyenda dio origen al significado sexual de su gentilicio “lesbiana”. A fines de ese mismo siglo, con Egipto bajo dominio británico, egiptólogos ingleses encontraron allí enterrados en la antigua ciudad de Oxirrinco gran cantidad de papiros escritos, preservados alrededor de dos milenios por las secas arenas del lugar aunque algo deteriorados por el tiempo y los roedores. Tantos eran que todavía es un proyecto de edición en marcha, hoy dirigido por Dirk Obbink en la Universidad de Oxford. En esos papiros se hallaron muchos fragmentos de Safo, ninguno con pasajes muy enteros. En 2004 el helenista Martin West unió un fragmento de Oxirrinco con otro en posesión de la Universidad de Colonia y logró formar un pasaje completo. Hoy la novedad es que hace poco un coleccionista anónimo de Londres mostró a Obbink lo que éste acaba de difundir como fragmentos desconocidos de Safo: uno de veinte versos bastante completos al que le faltaría el principio y otro de ocho versos poco legibles.

Máscaras y sarcófagos de momias egipcias se moldeaban en “cartonaje” ( cartonnage , palabra franco-inglesa), especie de papel maché (cartón piedra en España) elaborado, entre otros materiales, con papiro usado, esto es, escrito. De piezas de “cartonaje” se rescataron el fragmento de Colonia y estos nuevos. Pero he aquí un viso policial. Algunas de tales piezas fueron sacadas “lícitamente” durante cierto tiempo del Egipto británico; muchas otras fueron objeto de pillaje y posterior venta en el mercado negro. ¿Qué origen tiene la que se da ahora a conocer? Aún no se sabe, y hay revuelo.

Otro costado policial del asunto es el de la autenticidad. ¿Son fragmentos de Safo o falsificaciones? Falsificaciones de textos antiguos hubo alguna muy sonada hace tiempo, pero es difícil que sea el caso: Obbink no echaría por la borda su trayectoria, y engañarlo exigiría una suma de talentos diversos y sutiles en la elaboración del objeto y en la de sus contenidos. Queda entonces por ver la evidencia interna, los textos en sí.

Ambos fragmentos están escritos en dialecto eólico, que conocemos básicamente por Safo y su colega y compatriota Alceo. Luego, están compuestos en estrofa sáfica, así llamada por la recurrencia con que la usó ella: tres endecasílabos más un pentasílabo. Por último, el segundo está dirigido a Cipris (Afrodita), algo no infrecuente en Safo, pero más relevante aún es que en el primero aparecen dos nombres asociados a ella en otras fuentes: Caraxo y Lárico.

Obra de Safo nos ha llegado muy poca; datos biográficos fidedignos, prácticamente ninguno. No es imposible, por ejemplo, que en realidad no haya sido lesbiana en sentido sexual y que la derivación del término sea tan desviada como la de “onanismo”, actividad que no es exactamente la que practicaba Onán según la Biblia (“... si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra...”, Génesis, 38.9). La fuente más antigua para datos sobre Safo es Heródoto, un siglo y medio posterior a ella; como si el primer documento biográfico sobre la escritora argentina Juana Manso (1819-1875) estuviera fechado ayer. Por lo demás, ningún historiador serio tomaría la maravillosa prosa de Heródoto como fuente histórica fidedigna. ¿Por qué tomarla entonces como fidedigna fuente biográfica?

Lo mismo vale para fuentes posteriores, en gran medida inspiradas en versos de la propia Safo; como si atribuyéramos literalmente a Proust hechos del personaje Marcel de En busca del tiempo perdido . Hechas estas salvedades, que no niegan toda validez a tales datos sino que invitan a tomarlos con pinzas, digamos que Heródoto ( Historias, 2.135) cuenta que Caraxo, hermano de Safo, compró en Egipto la libertad de una cortesana y por eso su hermana lo criticó en un poema. Un fragmento de Safo ( 5 LP ) ruega por el regreso de un hermano. Un papiro de Oxirrinco con pasajes de una biografía (1800, c. 200 dC.) y la enciclopedia bizantina Suda (siglo IX dC.) atribuyen a Safo tres hermanos, dos de ellos Caraxo y Lárico, éste el menor según el papiro (según la Suda, dicho sea de paso, la poeta tuvo marido e hija). Estrabón (Geografía, 17.1.33, de la época de Augusto) dice que Caraxo iba a Egipto a vender vino. Ateneo (siglo III dC., frag. 203 LP) dice que Safo se enorgulleció de cierto privilegio aristocrático concedido al joven Lárico. Todos estos datos guardan alguna relación con el primero de los dos nuevos fragmentos. O formulado al revés: esos “datos” podrían provenir de poemas como el ahora recuperado. Queda clara, en cualquier caso, la relación también temática de los “nuevos” fragmentos con la poeta de Lesbos, más allá de que un tal Caraxo o un tal Lárico hayan sido hermanos suyos. Personalmente, veo además rasgos estilísticos propios de la fina arquitectura que caracteriza lo que conocemos de ella, y que mi traducción (incluida en esta página) en estrofa sáfica procura retener: una estructura sólida que fluye delicada entre el rezo y el canto con toques de monólogo dramático y de reflexión, y palabras clave que recurren (reina y rey para dioses supremos, deidades para otras potencias superiores, un adverbio y un par de verbos, uno de ellos con variación de prefijo en griego). No es lo mejor que le conocemos, pero no desentona para nada y además expande temas.

Los interesados encontrarán en la web el artículo de Obbink en el Times Literary Supplement (anticipo de una pronta publicación más exhaustiva en una revista especializada), los debates suscitados, un par de traducciones al inglés, otro par al italiano y hasta un par al castellano.


(Quienes deseen leer la versión de Pablo Ingberg pueden hacerlo en http://www.pabloingberg.com.ar/pdf/traduccion-breves/Safo%202014.pdf

viernes, 9 de agosto de 2013

Ana Cristina Cesar en castellano


Ana Cristina Cesar (Rio de Janeiro, 1952-1983) fue una de las más importantes poetas brasileñas de la segunda mitad del siglo XX. Traductora, guionista y ensayista, representa a la llamada "generación del mimeógrafo", correspondiente a la década de 1970 de la poesía de su país. Traducida en su totalidad al castellano por las poetas argentinas Teresa Arijón y Bárbara Belloc, ambas escribieron sobre ella: "Inauguró un modo de escribir, leer y pensar la literatura que excedió, con la potencia y la imprevisibilidad de un rayo, las fronteras de su país, e incluso las de su lengua y su época. Sus certeras, sugestivas y hasta hoy casi secretas investigaciones sobre los temas centrales de la creación literaria se plasmaron en una serie de escritos cuya novedad y libertad les imprimen una vitalidad extraordinaria". El texto que se transcribe a continuación, escrito orginalmente en inglés alrededor de 1980, está incluido en El método documental, un volumen recientemente publicado por Editorial Manantial, que reúne diversos ensayos hasta ahora inéditos en castellano. Se reproduce con la debida autorización de las traductoras.

Traducir un poema corto

Este ensayo representa una tentativa de organizar y estructurar los estudios que presenté en los seminarios que cursé. Aunque contiene comentarios de traducciones conocidas por el público y de traducciones de mi autoría, su objetivo va más allá: tiene una intención teórica. No obstante, cuando intento plantear consideraciones generales sobre la traducción de poesía, siento que mi experiencia en ese campo es bastante reducida. También siento que a veces me pongo a devanear, y tal vez me voy por las ramas... Aquí está, entonces, el intento de estructuración de todos esos devaneos–si eso fuera posible.

En este ensayo pretendo analizar algunos problemas relacionados con la traducción del poema corto. A diferencia de la prosa literaria, de otros géneros y hasta incluso del poema largo, el poema corto puede ser definido como una forma particularmente condensada de arte escrito. En este punto, el ABC de Pound es una referencia necesaria. En líneas generales, el poema corto puede considerarse como la “forma más condensada que existe de expresión verbal”, pero no repetiré ese concepto. Lo que importa es verificar qué tipo de problemas enfrenta el traductor ante esa máxima condensación verbal. ¿Tal vez, al menos, podríamos intentar establecer algunos criterios de juicio o de evaluación de las traducciones de poemas cortos? Al hablar de condensación de la expresión, de inmediato me viene a la mente la palabra inflación, que representa la contrapartida de ese término. Es una palabra que ha sido, inevitablemente, tema de análisis teóricos o generales sobre la traducción. Cito a Steiner:

La mecánica de la traducción es algo fundamentalmente explicativo; explica (o mejor dicho explicita) y expresa gráficamente, de la mejor manera posible, la inherencia semántica del texto original. La explicación es agregativa; no solamente interpreta la unidad original sino que también debe crear, a ese fin, un contexto ilustrativo, un campo de ramificaciones actualizadas y perceptibles. Por todo esto, las traducciones son inflacionarias […]. En su forma original la traducción excede al original.

Concentración versus Inflación. Partiendo de esta primera oposición, podríamos llegar a un criterio básico para un approach a la traducción del poema corto. Sustancialmente, el poema corto puede ser abordado como la forma literaria más condensada que existe (reconozco los riesgos de esta generalización pero, por ahora, vamos a dejarlos de lado). Esencialmente, cualquier acto de traducción extrapola el texto original, explicita su inherencia semántica: en una palabra, dice mucho por miedo a decir muy poco. Por lo tanto, la mecánica creativa natural de la poesía se opone directamente a la mecánica creativa natural de la traducción. En principio, traducir un poema es como nadar contra la corriente. El primer criterio básico representa, por lo tanto, el resultado de ese conflicto, y como tal es un criterio negativo. Podríamos decir que, en un approach más correcto a la traducción del poema corto, la conciencia de esa tensión es permanente. Esa tensión entre condensación e inflación me hace avanzar. Es, a decir verdad, una tensión, y no una regla. Pero, como regla, podríamos decir que las mejores traducciones son aquellas que: 1) buscan reducir la tasa de inflación al mínimo; 2) intentan absorber el esfuerzo original de condensación del poema, y 3) buscan encontrar más equivalencias para ese esfuerzo específico que para el significado original.

Una de las formas de evitar la inflación es aplicar el principio de selección al que se refiere Pound en el ensayo sobre Cavalcanti y sobre la traducción de su “Donna mi Prega”: “Estamos preservando un valor de la obra italiana antigua, el cantabile, y perdiendo otro, que es el peso específico”.[1] Preservar y perder. Perder para preservar. Las decisiones complejas y el sacrificio de valores son, obviamente, los problemas prácticos más profundos que enfrenta el traductor. Una vez más, como regla, podríamos decir que el principio de selección debe medirse siempre contra el fondo de la dicotomía condensación/inflación. Algunos traductores son propensos a incluir abundantes notas de pie de página, que pueden subir, como rascacielos, hasta el margen superior de la página, como pide Nabokov. Ese tipo de persona puede incluso hacer un análisis especial de costo/beneficio, especificando debes y haberes en el balance literario de los poemas traducidos.

Ya es hora de referirnos a un caso concreto. Y para empezar, elegí un soneto. No discutiré aquí las interesantes observaciones históricas de Pound, cuando afirma que el soneto es un “peligro para la composición”, “el comienzo del divorcio entre palabras y música”.[2] Lo que importa es que el soneto es una forma de poesía particularmente condensada. Tiene una condensación casi artificial. Visualmente, en términos aritméticos, representa un modelo, una composición en miniatura, una técnica de condensación. Eso conlleva dificultades específicas para el traductor, dado que el soneto tiene un aura de perfección, un orden perfecto, que no puede ser quebrado, un desarrollo único y preciso, una secuencia ideal, por así decirlo. El soneto podría considerarse un punto de partida metodológico.

Elegí un soneto de Mallarmé: Salut. En cierta forma, la elección tiende a apartarme de mi tema principal, puesto que el soneto plantea muchas indagaciones sobre el tema mismo de la “modernidad” literaria. Por otra parte, creo que es una elección “natural”, que también es útil para delimitar mi territorio. Al reflexionar sobre las razones que me llevaron a elegir ese soneto empiezo a percibir que, ahora mismo, siento un interés especial por la traducción del poema corto moderno. También advierto que estoy escribiendo este ensayo más como un medio de delimitar mi propio territorio que como un ensayo teórico. La cuestión de la “modernidad” se vuelve así parte intrínseca del tema.

Salut es, intrínsecamente, un brindis a la salud de la modernidad. “Le blanc susi de notre toile” puede leerse como referencia directa a una nueva toma de conciencia: el poema tiene realidad en sí mismo: allí, en la página en blanco. En Mallarmé esa constatación se torna más fuerte que la idea referencial; esto es, la creencia en que la poesía expresa ideas respecto del mundo o de un tema determinado. Con el advenimiento de la perspectiva moderna, el mundo y el tema son puestos en cuestión – lo cual habla acerca de la literatura. Aparece, más claramente que nunca, el problema del lenguaje. ¿Cuáles son sus poderes? ¿El lenguaje puede expresar algo respecto del mundo y de mi propio ser? ¿El verso es virgen? ¿O no es nada? ¿O es pura espuma?

En Rimbaud y Mallarmé el lenguaje se da la espalda a sí mismo; deja de designar, deja de ser un símbolo de realidades externas, ya se trate de objetos concretos u objetos suprasensibles; tampoco designa nada de eso […]. Mallarmé es todavía más riguroso. Su obra (si es que esa es la palabra adecuada para esas señales registradas en páginas, vestigios de un viaje sin paralelo de exploración y de naufragio) va más allá de la crítica y la negación de la realidad: es la contracara del ser. La palabra es la contracara inversa de la realidad: no la nada, sino la Idea, el signo puro que dejó de apuntar hacia las cosas y que no es ni el ser ni el no ser.[3]

Así, la primera palabra de Salut nos recuerda inmediatamente que el signo puro navega hacia la nada.

Como sabemos, el poema Salut, que Mallarmé puso al comienzo de su compilación de poemas como una especie de introducción, puede leerse en tres niveles de significado o “isotopías”, estrechamente vinculados entre sí:
1) Como un brindis en un banquete. En 1893 Mallarmé fue invitado a hacer un brindis en una reunión de jóvenes escritores, lo cual dio como resultado ese “soneto de circunstancia” con imágenes llamativas y continuas: la copa, la espuma del champagne, en la cabecera de la mesa el autor del brindis saludando a los amigos, la embriaguez que produce el alcohol, el mantel blanco...
2) Como un viaje al mar: la espuma, las sirenas, el barco, los pasajeros en la popa o en la proa, las olas, el balanceo del barco, los truenos, las corrientes, el invierno, la soledad, los peñascos, la estrella, la vela blanca...
3) Por último, como una alusión a la propia poesía, en el contexto de una toma de conciencia moderna: la nada, el verso virgen que apenas designa la copa, contradicciones entre lo viejo y lo nuevo dentro de la escena literaria, la embriaguez de las palabras (?), de nuevo la soledad, la página en blanco y, evidentemente, el refrán “solitude récif étoile”. ¿Todo eso estará designando pura y exclusivamente la realidad del poema en la página escrita?

El inventario que acabo de hacer no es tan importante como la constatación de que los tres niveles de significado se mueven desde la esfera circunstancial hacia la construcción “teórica” o metalingüística de las metáforas. Y es que resulta imposible distinguirlos como capas distintas de significado, aun cuando podamos afirmar que el tercer nivel es el más importante de todos (¿el más abstracto?).

Existen puntos exactos de intersección donde los tres niveles metafóricos quedan perfectamente integrados, como en un juego de palabras cruzadas: una por una las palabras encajan, tal como ocurre en “écume” y “toile”. Tenemos la espuma del champagne, la espuma del mar y la espuma como poesía; tenemos el paño del mantel, el paño de la vela y el paño de la tela en blanco o de la página en blanco. Este ejemplo se ve reforzado por el hecho de que toile, en francés, puede significar tanto paño como tela, haciendo eco además a la palabra voile (vela).

¿Cómo debería proceder el traductor ante este triple juego metafórico? O bien: ¿qué hicieron los traductores con este poema? ¿Privilegiaron un determinado nivel? ¿Las diferentes elecciones conducen a interpretaciones diferentes? “Our canvas with its white care” es la traducción de Keith Bosley; C. F. MacIntyre dice “the white concern of our sail”; Robert Green Cohn, en una traducción didáctica que evita los riesgos de una traducción literaria, explica: “the white care of our (sail-) cloth”. Anthony Hartley simplifica hasta “our sail'’s white concern”. Y Augusto de Campos, en la traducción al portugués, registra: “um branco afà de nossa vela” (podría haber usado tela,  manteniendo el mismo ritmo y la misma métrica).

El primer y segundo versos del soneto actúan como refranes en sus estructuras paralelas: “Rien, cette écume, vierge vers// Solitude, récif, étoile”. Tres signos en una yuxtaposición pura, sin eslabones sintáticos explícitos: como tres estrellas solitarias anunciando la revolución sintáctica de Coup de Dés. Máxima condensación y economía. En cuanto al primer verso, parecería no presentar problemas al traductor. La traducción literal sirve, incluso aunque haya una pérdida inevitable y casi imperceptible de la fluidez melódica francesa. Debes y haberes. En seguida nos topamos con una solución singularmente “inflacionaria” de Keith Bosley, que impávido propone “upright to bear this greeting/ To solitude, reef or star”. Es un ejemplo significativo de explicación (excesiva) de un significado muy condensado, como dijimos antes. No solo tenemos tres signos yuxtapuestos, sino tres elementos de la cadena sintáctica bien entrelazados. Además de romper con un paralelismo importante, el traductor no pudo, por así decirlo, resistir la tentación de exhibir sus méritos interpretativos (Tentación nº[Unknown A1]  1). Lo mismo ocurre en los versos “telle loin ce noie une troupe/ De sirénes”, que MacIntyre traduce así: “Thus far away drowns a troop of sirens”. ¿Cuál será la función de la palabra thus en este verso, además de explicar y de hacer explícito un eslabón silencioso?

Así llegamos a otro tópico de la traducción del verso moderno: la peculiaridad de esa dificultad. El tema ya fue debatido por Steiner y Paz. Según Steiner, hasta el momento de la crisis modernista, el mayor “porcentaje de ‘dificultad’ en la literatura occidental era de naturaleza referencial. Y podía solucionarse recurriendo al contexto léxico y cultural”.[4] En un poema moderno la dificultad es otra, dado que “los significados de los enunciados no están orientados desde adentro hacia afuera, direccionados hacia un conjunto de alusión o de equivalencia léxica”.[5] Aunque las palabras sean simples, no pueden ser dilucidadas simplemente por la denotación. Octavio Paz también establece la misma distinción:

Góngora y Mallarmé, Donne y Rimbaud no pueden ser leídos de la misma manera. En Góngora las dificultades son externas: gramaticales, lingüísticas, mitológicas. Góngora no es oscuro, es complicado. Tiene una sintaxis fuera de lo común, hace alusiones mitológicas e históricas veladas, el significado de cada frase e incluso de cada palabra es ambiguo. Pero desde el emomento en que esos problemas difíciles e impertinentes se resuelven, el significado se vuelve claro. Lo mismo se aplica a Donne, poeta tan difícil como Góngora, que escribe en un estilo todavía más denso. Las dificultades que presenta la poesía de Donne son de carácter lingüístico, intelectual y teológico. Pero una vez que el lector encuentra la llave, el poema se abre como un tabernáculo...[6]

La poesía moderna, además, confronta al lector con otro tipo de dificultad que no se origina tanto en su complejidad (Rimbaud es mucho más simple que Góngora) como en el hecho de que, como el misticismo o el amor, exige una entrega total (y también una vigilancia total). Es una experiencia que implica la negación del mundo exterior (aunque esa negación pueda tener un carácter provisorio, como ocurre en la reflexión filosófica). Y es, a un mismo tiempo, la destrucción y la creación de palabras y significados, el reino del silencio; pero también es una búsqueda: palabras en busca de la Palabra.[7]

 Tengo que controlarme para no citar a Octavio Paz tan seguido. ¿Será una contradicción? ¿O esas dos definiciones de “dificultad” serán relevantes para el traductor? No creo que la traducción de un poema de Donne se desvele cual tabernáculo abierto una vez que los problemas externos hayan sido descifrados. De cierta forma, esas dificultades “externas” hacen que las posibilidades de traducción sean más limitadas. No se puede sobrepasar el mundo de un poema, con sus referencias y sus claves. Las soluciones poéticas deben estar confinadas dentro de los límites de un desciframiento exacto. Los límites son reforzados por rígidos patrones formales, que no pueden ser violentados.

La poesía moderna podría, por lo tanto, estar en busca de otra manera de traducir, tal vez de una relación más elástica o creativa con el potencial traductor o con la persona que reescribe el texto. Y el verso libre también puede reforzar esa posibilidad. Mis afirmaciones son de carácter bastante general, y no podré demostrarlas en este ensayo. Sin embargo, esta discusión me recuerda una experiencia personal que develó el problema de las diversas “dificultades” de la traducción frente a soluciones poéticas específicas. Fue cuando traduje casi simultáneamente el poema de Dylan Thomas “Do not go gently into that goodnight” y el poema de Sylvia Plath “Words”. Posteriormente me di cuenta de que los dos poemas tenían muchos elementos en común, pero en aquel momento la diversidad de la naturaleza de las dificultades encontradas se me hizo evidente. En líneas generales, podría decir que fue más “fácil” traducir a Sylvia Plath que a Dylan Thomas (o bien, que fue más posible encontrar mejores soluciones poéticas), aunque su poema presentaba muchas más “dificultades” que el de Thomas.

Los dos poemas hablan del destino, de algo que fue determinado, de una condena. El poema de Thomas convoca a los hombres a reaccionar contra ese hecho, y su tema principal es el del lenguaje versus la muerte. En él el lenguaje está más ligado a la emoción: los hombres bravuconean, se enfurecen, gritan, cantan, miran, usan palabras. Todo eso es un arma impotente contra la victoria de la muerte, y es una reacción final y sin sentido, que de todos modos habría que intentar como expresión de la grandeza y de la dignidad humanas. “The poet’s only recourse is to speak.”

En el poema de Plath, el lenguaje tiene un valor absoluto. La poeta encuentra las palabras en el camino. Las palabras son el otro lado de la realidad, ingobernables, ásperas. ¿Será por eso que no designan, que no colaboran con el autor ni lo obedecen? El lenguaje no está ligado a la emoción y tiene algo de mortífero. ¿No habrá en esta separación un elemento que hace sufrir? A diferencia de Mallarmé, Sylvia Plath constata que el lenguaje es “un signo puro que dejó de designar las cosas”, afirmación que sugiere una cierta clase de locura. Y, al final de cuentas, la modernidad sufre. No hay lugar para ningún tipo de brindis.

Octavio Paz afirma que “la actividad poética nace de la desesperación frente a la impotencia de la palabra y finaliza con el reconocimiento de la omnipotencia del silencio”.[8] Si estamos de acuerdo con esta idea, notaremos dos actitudes diferentes en Dylan Thomas y Sylvia Plath. Thomas hace que ese problema sea su tema, e intenta trascenderlo a través de alguna forma de creencia en el poder paradojal de las palabras. Sylvia Plath, por su parte, habla del nacimiento de esa desesperación. No hay en ella ninguna creencia: ni siquiera el reconocimiento de que el único recurso del poeta es hablar o suicidarse.

El poema de Dylan Thomas es, en cierto modo, una “obra abierta”: no nos obliga a afrontar las dificultades del desciframiento interno. Es un poema analítico y objetivo que discute un tema, divide el problema en ítems y desarrolla una cuestión; el significado no es tenido en cuenta. También tiene una esctructura marcada, repetitiva como una canción, compuesta de decasílabos, aliteraciones y rimas y ritmos regulares. Todo eso hizo que la traducción del poema presentara un grado mayor de dificultad. Fue difícil no ser literal, dado que la literalidad podía perjudicar la rima, la métrica y el ritmo. Tampoco podían ser reproducidos ciertos efectos importantes del texto original, debido al desarrollo riguroso de la estructura temática (y sintáctica). Fue imposible no mantener la integridad del razonamiento (es decir, la organización). Donald Davie afirma que “la forma literal es enemiga de la fidelidad” y que “la forma más libre es también la más fiel”. Si concordamos con estas afirmaciones podemos decir que traducir un poema, según ese criterio, significa ejercer un determinado tipo de libertad: mucho control y mucha tensión. Y, en cualquier momento, la inflación puede ganarle la partida a la condensación.

Contrariamente al de Dylan Thomas, el poema “Word” de Sylvia Plath puede considerarse una obra “cerrada” o hermética, que exige desciframiento interno. Su estructura es “abierta”, pero a pesar de eso el lector necesita develar el poema, que es sintético y denso. No es repetitivo, pero despliega asociaciones y conexiones implícitas. Puede observarse en él algo similar al movimiento de un juego de billar – o bien el eco de los golpes de las bolas. Es básicamente un poema de imágenes, y no de razonamiento. Sus imágenes son complejas y contradictorias, y pueden ser vistas como una construcción de oposiciones: acción/reacción, activo/pasivo, muerto/vivo, animado/inanimado, móvil/inmóvil, lenguaje/vida. Es, por cierto, un poema más moderno, dado que implica una crítica del significado, tal vez la destrucción del significado – pero no en el sentido metalingüístico.

Aunque aparentemente no tendría importancia, todo eso convergió para facilitar la traducción del poema o al menos para reproducir, en otra lengua, su condensación y economía. En este caso fue más fácil no ser “inflacionaria”. Por otro lado, pienso que mi traducción logró, sin pérdidas sustanciales, ser incluso más condensada que el texto original en algunos aspectos. Así: “Golpes/ de machado na madeira” es la traducción de “Axes/ after whose stroke the wood rings”. “Ecos que partem/ a galope” es la traducción de “Echoes travelling/ off from the centre like horses.” Como resultado, surge un poema en otra lengua y no “solamente” una traducción – que es, sin duda, el caso de “Não aceita conformado a noite mansa”. Este poema puede considerarse una buena traducción, aunque no sobreviviría sin el original. Sin embargo, a mi entender, “Words” sobrevive. El poema mismo, con su grado de dificultad moderna, abre camino a la traducción.

Salut

Rien, cette écume, vierge vers
À ne désigner que la coupe;
Telle loin se noie une troupe
De sirènes mainte à l’envers.

Nous naviguons, ô mes divers
Amis, moi déjà sur la poupe
Vous l’avant fastueux qui coupe
Le flot de foudres et d’hivers;

Une ivresse belle m’engage
Sans craindre même son tangage
De porter debout ce salut

Solitude, récif, étoile
À n’importe ce qui valut
Le blanc souci de notre toile.
                                    Stéphane Mallarmé

 Toast

Nothing, this foam, a virgin line of
poetry only to describe the cup; so
plunges far away a band of mermaids,
many a one head downwards.
O my various friends, we are sailing
with myself already on the poop, and
you as the sumptuous prow cutting
the tide of thunderbolts and winters;
a fine drunkenness compels me without
even fearing its pitching to give
this toast standing upright.
To whatsoever — loneliness, reef, or
star — was worth our sail´s white concern.

                                   Anthony Hartley, Mallarmé – prose translations. Penguin, 1965.

 Salut

Nothing, this foam, virgin verse
To designate naught but the cup;
Thus far-off drowns a troop
Of sirens many upside down.

We navigate. O my diverse
Friends, I already on the stern
You the festive prow that cuts
The wave of lightnings and winters;

A beautiful drunkenness incites me
Without fearing even its rocking
To carry erect this greeting (or toast, or health)

Solitude, reef, star
To whatever was worth (the effort of)
The white care of our (sail-) cloth.

                                   Robert Green Cohn, Towards the Poems of Mallarmé. Berkeley y Los Angeles, University of California Press, 1965.

 Salut

Nothing, this foam, virgin verse
denoting only the cup;
thus far away drowns a troop
of sirens many reversed.

We sail, O my diverse
friends, I by now on the poop
you the dashing prow that sunders
the surge of winters and thunders;

a lovely low prevails
in me ithout fear of the pitch
to offer upright this toast

Solitude, star, rock-coast
to that no matter which
worth the white concern of our sail.

                                   Stéphane Mallarmé, Selected Poems, traducción de C. F. MacIntyre. Berkeley y Los Angeles, University of California Press, 1957.


Salut

Nothing, this foam, virgin verse
Pointing out only the cup;
So far off a siren troop
Drowns, taking turns for the worse.

We sail, O my various
Friends, with me now on the poop
You the gorgeous bows that dip
Through the swell of storm and ice;

A fine feenzy in its clutch
Has me fearless of its pitch
Upright to bear this greeting

To solitude, reef or star
Whatever was meriting
Our canvas with ist white care.

                                   Keith Bosley, Mallarmé – The Poems. Penguin, 1979.

 Brinde

Nada, esta espuma, virgem verso
A não designar mais que a copa;
Ao longe se afoga uma tropa
De seréias vária ao inverso.

Navegamos, ó meus fraternos
Amigos, eu já sobre a popa
Vós a proa em pompa que topa
A onda de raios e de invernos;

Uma embriaguez me faz arauto.
Sem medo ao jogo do mar alto,
Para erguer, de pé, este brinde

Solitude, recife, estrela
A não importa o que há no fim de
Um branco afã de nossa vela.

                                   Trad. de Augusto de Campos

Do not go gentle into that good night

Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rage at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.
Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.
Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.
Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.
Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.
And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.

                                               Dylan Thomas

Não aceita conformado a noite mansa

Não aceita conformado a noite mansa:
A idade deve arder e irar-se ao fim do dia;
Grita, grita contra a luz que está morrendo.

Mesmo sabendo no final que a escuridão avança,
Pois seus gestos não forjaram raios, o homem sábio
Não aceita conformado a noite mansa.

O homem bom, à onda derradeira, gemendo
Que seus frágeis atos poderiam ter dançado na enseada,
Grita, grita contra a luz que está morrendo.

O homem forte que cantou o sol em fuga
E aprendeu tarde que apenas lamentava seu passar
Não aceita conformado a noite mansa.

O homem grave, ao morrer, já cego vendo
Que olhos cegos poderiam ter brilhado na enseada,
Grita, grita contra a luz que está morrendo.

E tu, meu pai, aí da altura triste,
Amaldiçoa-me, abençoa-me com tuas lágrimas ferozes.
Não aceita conformado a noite mansa.
Grita, grita contra a luz que está morrendo.

                                               Trad. Ana Cristina Cesar

Não entres docilmente nesta noite mansa

Não entres docilmente nesta noite mansa:
A idade deve arder e irar-se ao fim do dia;
Grita, grita contra a luz que está morrendo.

Mesmo sabendo no final que a justa escuridão avança,
Pois seus gestos não forjaram raios, o homem sábio
Não entra docilmente nesta noite mansa.

O homem bom, à onda derradeira, gemendo
Que seus frágeis atos poderiam ter brilhado e dançado na enseada,
Grita, grita contra a luz que está morrendo.

O homem louco que reteu e cantou o sol em fuga,
E aprendeu, tão tarde, que apenas lamentava seu passar,
Não entra docilmente nesta noite mansa.

O homem grave, ao morrer, já cego vendo
Que olhos cegos poderiam brilhar como as estrelas e alegrar-se,
Grita, grita contra a luz que está morrendo.

E tu, meu pai, aí da tua altura triste,
Amaldiçoa-me, abençoa-me, te peço, com tuas lágrimas ferozes.
Não entres docilmente nesta noite mansa.
Grita, grita contra a luz que está morrendo.

                                               Trad. Ana Cristina Cesar

 Words 

Axes
After whose stroke the wood rings,
And the echoes!
Echoes travelling
Off from the centre like horses.

The sap
Wells like tears, like the
Water striving
To re-establish its mirror
Over the rock

That drops and turns,
A white skull,
Eaten by weedy greens.
Years later I
Encounter them on the road

Words dry and riderless,
The indefatigable hoof-taps.
While
From the bottom of the pool, fixed stars
Govern a life.

                                   Sylvia Plath


 Palavras

Golpes
De machado na madeira,
E os ecos!
Ecos que partem
A galope.

A seiva
Jorra como pranto, como
Água lutando
Para repor seu espelho
Sobre a rocha

Que cai e rola,
Crânio branco
Comido pelas ervas.
Anos depois, na estrada,
Encontro

Essas palavras secas e sem rédeas,
Bater de cascos incansável.
Enquanto
Do fundo do poço, estrelas fixas
Decidem uma vida.

                                   Trad. [Unknown A2] Ana Cristina Cesar


Palavras

Golpes
De machado que fazem soar a madeira,
E os ecos!
Ecos partem
Do centro como cavalos.

A seiva
Jorra como pranto, como a
Água lutando
Para repor seu espelho
Sobre a rocha

Que cai e rola,
Crânio branco
Comido por ervas daninhas.
Anos depois as encontro
Na estrada

Palavras secas e sem rumo,
Infatigável bater de cascos.
Enquanto
Do fundo do poço, estrelas fixas
Governam uma vida.

                                   Trad. Ana Cristina Cesar



[1]    Ezra Pound, Literary Essays.
[2]    Idem.
[3]    Octavio Paz, Corriente alterna.
[4]    G. Steiner.
[5]    Idem, Ibidem.
[6]    O. Paz.
[7]    Idem, Ibidem.
[8]    Idem, Ibidem.






 [Unknown A1]Habría que unificar: nº


 [Unknown A2]Unificar: Trad. Ana Cristina Cesar.