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viernes, 22 de diciembre de 2023

Biblioteca Nacional y Conabip, de estreno

"Ayer, el escritor Juan Sasturain le entregó un voluminoso informe de gestión a su sucesora, la bibliotecaria Susana Soto Pérez; el editor y bibliotecólogo Raúl Escandar presidirá la Conabip", Esto dice la bajada de la nota publicada por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, del 19 de diciembre pasado.

“La mejor mutua impresión”. Recambio de autoridades en la Biblioteca Nacional

Ayer al mediodía, la elegida por el secretario de Cultura Leonardo Cifelli para dirigir la Biblioteca Nacional Mariano Moreno (BNMM), la bibliotecaria Susana Soto Pérez, se reunió con el director saliente, el escritor Juan Sasturain, y su equipo en la sede de la BNMM (Agüero 2502). Después de la reunión, donde el autor de El último Hammett le hizo entrega a Soto Pérez de un voluminoso informe de gestión, la flamante funcionaria hizo una recorrida por la institución.

“Todo fue muy cordial -dice Sasturain a La Nación-. La mejor mutua impresión. Dialogó con todos los directores y conmigo, y después recorrió toda la Biblioteca en una visita guiada por ellos”. Participaron del encuentro la subdirectora, Elsa Rapetti; el director nacional de Coordinación Bibliotecológica, Pablo García; el director nacional de Coordinación Cultural, Guillermo David, y el director general de Coordinación Administrativa, Roberto Arno.

“Se la vio muy conocedora, interesada en todo y cómoda -describe Sasturain-. Aparte, se llevó el toco del informe de gestión. El sintético, general, y el analítico, por áreas. Esperemos que la transición sea virtuosa, más allá de la repercusión que pueda tener la política general del Gobierno con respecto a las instituciones del Estado. Pero eso nos trasciende”. Soto Pérez, cuyo nombramiento recibió el apoyo de bibliotecarios y archivistas de la Argentina, le agradeció al escritor la bienvenida y el trabajo en equipo.

Respecto de esto último, el escritor apuesta por la continuidad de los directivos en la BNMM, cuyos contratos vencen en otoño de 2024. En la institución trabajan actualmente 915 personas, si se suman la sede cordobesa, la marplatense y la de la calle México 564, además de los docentes de las dos carreras de Escuela Nacional de Bibliotecarios. Soto Pérez deberá designar autoridades en el Museo del Libro y de la Lengua (bautizado “Horacio González” en 2022) que hasta inicios de mes estuvo a cargo de la escritora María Moreno.

La Nación intentó comunicarse nuevamente con Soto Pérez que indicó que las entrevistas debían coordinarse a través de la Dirección de Comunicación de la Secretaría de Cultura. Hasta hoy, la designación de Cifelli, que integra el súper Ministerio de Capital Humano comandado por Sandra Pettovello, no fue publicada en el Boletín Oficial, así como tampoco la de ninguno de los responsables de las áreas centralizadas y descentralizadas de Cultura.

El periodista, editor y bibliotecario Raúl Escandar reemplaza a la exdiputada María del Carmen Bianchi en la presidencia de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), institución creada por Domingo F. Sarmiento hace más de 150 años. Escandar, que se desempeñó como director de la Biblioteca del Museo Mitre y de la Biblioteca Alcon Laboratorios, integra la Sociedad Argentina de Información (SAI) donde dirigió el Boletín Informativo, una publicación electrónica destinada a la actualización de la comunidad bibliotecológica. Dirige el sello Ediciones Científicas Argentinas desde 1997. Ha escrito y editado artículos y libros, y se lo considera un referente de la bibliotecología. El martes de la semana pasada él y Bianchi hicieron el “traspaso” de la presidencia de la Conabip.

viernes, 21 de abril de 2023

Los planes de la Biblioteca Nacional "Mariano Moreno" en Córdoba

El escritor Juan Sasturain, director de la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”, pasó por Córdoba para inaugurar la sede de esa institución en la ciudad y fue entrevistado por Guillermina Delupi, para el diario Perfil, de Buenos Aires. La entrevista se publicó el 9 de abril pasado. En su bajada se lee: “El periodista, escritor y guionista de historietas pasó por nuestra ciudad para dejar inaugurado un espacio de la Biblioteca Nacional. La sede, denominada Juan Filloy, tendrá dos ‘patas’: una bibliotecológica, que funcionará en el Correo y estará lista en un par de meses, y otra cultural, asentada en la Biblioteca Córdoba, que abrió al público después de un año de permanecer cerrada por refacciones. Esta sede es la primera y se suma a un plan que contempla espacios en Salta, Mar del Plata e incluso en la Base Carlini, en la Antártida”.

“Ni los cordobeses saben la cantidad de editoriales que hay en Córdoba”

“Uno se siente parte de una tradición conmovedora”, dice Juan Sasturain, director de la Biblioteca Nacional, un cargo por el que pasaron Paul Groussac, Jorge Luis Borges y José María Castiñeira de Dios, entre otros grandes de las letras argentinas.

La Biblioteca Nacional Mariano Moreno, que alberga en sus seis pisos y tres subsuelos millones de ejemplares, inició un plan de trabajo con el foco puesto en la federalización. Empezó por Córdoba –incluso la idea venía ya de la gestión anterior– y junto a esta nueva sede está inaugurando también un espacio en la Antártida.

Originalmente la sede Juan Filloy abriría sus puertas en el Cabildo pero ese proyecto quedó trunco y finalmente los albergó la Biblioteca Córdoba para que funcione allí una de sus áreas (ver más abajo).

En diálogo con PERFIL CÓRDOBA, Sasturain habló sobre los planes de la Biblioteca Nacional para este año y la crisis en la industria editorial.

—¿Cuál será la agenda de la Biblioteca Nacional para este 2023?
—Tratar de cumplir con las metas establecidas dentro de las condiciones de precariedad presupuestaria que en este momento padece el Estado. Es una descripción de una limitación más que la enumeración de las metas, pero es así.

—¿Y en líneas generales?
—Terminar de ejecutar el crédito de siete millones de dólares que nos dio Fonplata (Banco de Desarrollo), un crédito internacional que se hizo durante la gestión de (Elsa) Barber, anterior a la nuestra, para la digitalización de todo nuestro acervo. Es una obra que nos llena de orgullo porque son cosas muy dificultosas muchas veces. Estamos muy contentos de haberlo podido realizar más allá de las condiciones incómodas de la economía en general, sobre todo con el sector externo, del que tanto dependemos. Por otro lado, terminamos de consolidar la recuperación del edificio histórico de la Biblioteca de la calle México. Un edificio del siglo 19 que durante el gobierno de Roca fue cedido a la Biblioteca aun cuando estaba pensado para la Lotería Nacional. Es un edificio extraordinariamente hermoso y está extraordinariamente abandonado.

—¿Y qué más?
—Queremos terminar de concretar este año lo de las sedes. Ésta, la de Mar del Plata y la de Salta, espero que pueda ser este año porque la federalización ha sido un objetivo para nosotros. También hemos reactivado la editorial de la Biblioteca, que durante la gestión de (Horacio) González, que la creó, produjo a lo largo de 10 años entre 400 y 500 títulos. Eso, durante el macrismo, prácticamente se desactivó. La editorial no funcionó más y por lo tanto no fuimos nunca más a la Feria del Libro. Además, hemos recuperado dos locales que están al lado de la Biblioteca. Estaban sub alquilados por quienes administraban los estacionamientos debajo de la biblioteca, que también hemos recuperado y vuelto a licitar. Un local lo vamos a destinar a la librería de la editorial porque muchas veces suele pasar con las publicaciones del Estado que no circulan. Y al otro local va a venir un proyecto que se llama ‘La Nube en la Biblioteca Nacional’. La Nube es la más grande colección de literatura infantil en Latinoamérica, es un emprendimiento de Pablo Medina que la lleva adelante desde hace muchos años y es una monstruosidad. Hemos firmado un comodato por 20 años y cuando tengamos listo el espacio, que será el año que viene, vamos a traer gran parte de su patrimonio.

—La Cámara Argentina del Libro dijo en enero que peligraba la producción literaria para la próxima Feria del Libro. ¿Cómo ves el panorama?
—Es muy complicado por el problema del papel, que tiene problemas de coyuntura y estructurales. El monopolio con el papel de diario, por ejemplo, es histórico y tiene que ver con decisiones que se tomaron en cierto momento para favorecer a ciertos monopolios del papel que tiene que ver con el monopolio de los medios. De esto ya hemos hablado y discutido mucho pero no hemos solucionado nada, porque el estado de cosas es el mismo.

—¿Y en materia de libros?
—En cuanto al papel para libros es muy grave porque la mayoría es papel importado. Por ejemplo, el papel ahuesado, ese que permite una lectura fluida, es prácticamente inconseguible, no hay. Y hablando de nuestra propia producción, la biblioteca además tiene la dificultad que ante el oferente es el Estado y el Estado se supone que paga tarde y mal, entonces siempre hay sobreprecios y más dificultades que las habituales. Te estoy contestando desde la biblioteca un problema mucho más general. Pero pese a todo, esta semana se ha confirmado que la Feria del Libro se va a realizar y que la Biblioteca Nacional va a participar dentro del stand que tendrá el Ministerio de Educación y en el que entramos todos los organismos de cultura. Vamos a tener una presencia muy poderosa, dentro de lo que hemos podido editar, porque en lugar de los 30 o 40 libros que nos hubiera gustado poder editar, tenemos 10 o 12.

—Claro. Ha bajado la cantidad de producción en general.
—Sí. En general no hay tantos ejemplares pero sí infinidad de títulos. El fenómeno que se ha producido en la industria editorial en la última década es la extrema concentración de las grandes, como Penguin o Planeta, y por otro lado la proliferación de una inmensa cantidad de editoriales que son unipersonales, casi. La cantidad de editoriales que hay en Córdoba, ni los cordobeses lo saben.

—¿Cómo ves la producción local?
—Increíble. Es impresionante. Pero toda la producción literaria argentina es así en este momento. Acá escritores, dibujantes y futbolistas no atienden a la crisis. Se sigue escribiendo, dibujando y jugando al fútbol con excelencia.

—¿Qué opinás de la inteligencia artificial en la literatura?
–(Se ríe) No tengo nada que decir, no vaya a ser que la máquina me conteste.

—¿Cómo ves la historieta en la actualidad?
—Bien, lo que pasa es que no hay ni revistas ni quioscos. El circuito de lectura y de consumo cambió absolutamente. Esta es una afirmación absoluta, claro. Cualquiera te dice: ‘No mientas Juan, hay revistas, hay quioscos’. Lo que quiero decir es que el domicilio de las historietas dejó de ser ese lugar público que eran los quioscos. Las revistas desaparecieron como soporte principal. Entonces, las historietas, que gozan de muy buena salud, están en dos lados: en las pantallas y en los libros. El fenómeno es que saltan de la pantalla a la biblioteca.

—¿Creés que publicaciones como Humor y Súper Humor son viables hoy?
—Sí, viables sí. Todo es viable. Ahora, que puedan tener un desarrollo exitoso es difícil. Creo que el tiempo para ese tipo de publicaciones ha pasado. Todos esos contenidos tienen otras vías, otros lugares, otros receptores.

martes, 16 de noviembre de 2021

TELAM habló con Juan Sasturain, sobre la Biblioteca Nacional "Mariano Moreno"

El pasado 13 de noviembre, Dolores Pruneda Paz entrevistó, para la agencia TELAM, a Juan Sasturain a propósito de la Biblioteca Nacional. La nota, publicada por Infobae Cultura tiene esta bajada: “El director de la Biblioteca Nacional repasa la gestión durante la pandemia, anuncia la primera muestra presencial en mucho tiempo y habla de futuras publicaciones y de una serie que emitirá la TV Pública”.

 

“Los libros y bienes culturales sólo existen en tanto alguien les da sentido con el uso”

 

Con el desafío de “recuperar la disponibilidad plena” y la mira puesta en la federalización de su acervo y en la producción propia –desde libros, pasando por programas de TV, hasta ciclos culturales–, la Biblioteca Nacional (BN) despide el 2021 con El mito gaucho, la primera muestra presencial e indoor en mucho tiempo, “la reactivación” y “rediseño” de su editorial y la publicación de una docena de títulos, explica su director, Juan Sasturain, en tanto se prepara para lanzar una serie que emitirá la TV Pública, La otra aventura, totalmente autogestionada.

 

”Si durante la pandemia aprendimos saludablemente a optimizar nuestro trabajo en modo virtual, hoy nuestro compromiso ineludible es el servicio. La Biblio debe ser de nuevo ese lugar público donde la gente entra a leer, a pasear o a estudiar”, dice Sasturain, durante una entrevista en la que repasó el año y medio de gestión durante la pandemia dura y en la que adelantó las novedades que llevará adelante el organismo que aspira a instalarse como nave insignia de todas las bibliotecas del país. ”Ahora todos nuestros gestos tienen que estar en función de la apertura y la disponibilidad plena, que la Biblioteca cumpla su tarea primera de poner los libros, las publicaciones y los documentos al servicio del público en general y los investigadores, sin salirnos de las pautas que nos propone el Estado –insiste–, porque los libros y los bienes culturales sólo existen en tanto y en cuanto alguien les da sentido con el uso”.

 

En febrero de 2020 el escritor Juan Sasturain (Buenos Aires, 1945) asumió al frente de la Biblioteca Nacional con la idea de avanzar en la digitalización de su acervo y la intención de recuperar el intenso movimiento cultural que caracterizó los 11 años de gestión del intelectual Horacio González, entre 2005 y 2015, debilitada en los siguientes cuatro años por recortes macristas, pero a un mes de ocupar el cargo los decretos de aislamiento ante la emergencia sanitaria mundial por el virus de covid obligaron a posponer planes y trabajar en modo virtual.

 

A un año y ocho meses de aquel momento, la BN avanza en un apertura progresiva que aspira a “cambiar el chip”. “Si durante la pandemia aprendimos saludablemente a optimizar nuestro trabajo en modo virtual, hoy nuestro compromiso ineludible es el servicio”, asegura Sasturain. El tránsito fue arduo, pero la pandemia también llevó cambios a la Biblioteca que persistirán. Dice Sasturain: ”Para compensar el abandono de las puertas cerradas activamos al máximo nuestro sitio web y en pocos meses multiplicó mil por ciento las visitas. Y generamos contenidos audiovisuales que fueron un boom, un cambio cualitativo que llegó para quedarse. Así como la instrumentación virtual de la histórica Escuela Nacional de Bibliotecarios, fundada en 1956, a la que se inscribieron más de tres mil aspirantes de todas las provincias y del exterior, una cifra que nos excedió larguísimamente”.

 

”Pero recién ahora podemos aspirar a acercarnos lentamente a nuestros números habituales, de 1.500 a 2.000 visitantes diarios –subraya–. El primer lunes de septiembre se habilitó el edificio con protocolos y saludables pies de plomo para los usuarios, el 20 de octubre abrimos sin turnos y funcionó bien, sin cuellos de botella, en noviembre recuperamos nuestras 12 horas, de 9 a 21, y podremos decir que volveremos, como todo el país, a la ansiada normalidad”. ”A lo largo del año y pico de pandemia rigurosa vino mucha gente a trabajar, a poner el cuerpo regularmente –añade–. Este espacio físico estuvo cuidado, protegido y funcionando en una especie de estado latente”, que ahora recupera su vitalidad.

A días de haber recuperado la Feria de Editoriales en el playón de Agüero y Las Heras –que llegó luego de una prueba piloto con la muestra Hijxs en la planta baja del edificio–, Sasturain anticipa la recuperación competa de la presencialidad con la muestra El mito gaucho, que se inaugurará entre fines de este mes y principios de diciembre en la Sala Leopoldo Marechal, del primer piso, y estará abierta hasta el próximo otoño. Esta primera exposición indoor cuenta con un catálogo ilustrado de más de cien páginas, que reúne una decena de artículos escritos por críticos y especialistas de la gauchesca como Guillermo David o Jorge Dubatti, “ese es el tipo de muestras que tenemos la intención de hacer circular por nuestras sedes a partir de 2022″, enfatiza.

 

Por otra parte, “en estos días terminarán de seleccionar a los finalistas del concurso que concibió la directora del Museo del Libro y de la Lengua, María Moreno, y recogió el Ministerio de Cultura: el Premio Nacional de Cuentos de Amor Silvina Ocampo ‘Me enamoré 18 veces pero recuerdo sólo tres’. Llegaron más de tres mil cuentos. El veredicto se dará en diciembre y se editarán los ganadores el año que viene”. Además, “estamos en vísperas de tener nuestro propio programa en la TV pública, un viejo anhelo –asegura–. Se llamará La otra aventura, un título que le pedimos prestado (o le afanamos) a Bioy… ‘La otra aventura –dice Bioy Casares, citando no sabe a quién en el prólogo a su propia obra– son los libros’. Terminamos de editar el primero de una primera serie de cuatro programas, sobre un total de 12, que tendrán formato de una hora. Seguramente serán para el año que viene”.

 

“Sacando el título, es todo absolutamente nuestro: idea, guión, dirección, producción y medios técnicos –enumera el autor de El último Hammett–. Serán entregas temáticas que incluyen elementos ficcionales, entrevistas y testimonios: “Futuro y Fantasmas de la Biblio”, las primeras. La idea es trabajar con nuestro patrimonio y enfatizar su sentido federal, representativo de la totalidad cultural del país y memoria viva de la nación”. Cuando en febrero de 2020 Sasturain asumió, nombró a María Moreno al frente del Museo que reabrió sus puertas el 29 de septiembre del año siguiente, su décimo aniversario, con un lúcido texto donde la escritora explicaba la paradoja de tener dislexia –una secuela del ACV que sufrió en julio último– y dirigir un Museo de la Lengua.

 

Cuando asumió el día 12 restituyó a González al frente del sistema de publicaciones que había ideado siendo rector de la Biblioteca. Hubo tiempo para un solo rescate editorial, virtual, de Alberto Szpunberg, en junio de 2020. Un año después, junio de 2021, González falleció, consecuencia del covid. El área quedó a cargo de Sebastián Scolnik. ”En la Biblio se ha vuelto a poner en funcionamiento la editorial que había sido desactivada en la gestión anterior, pero también hicimos dos monumentales entregas virtuales de la revista La Biblioteca con la impronta de Horacio que contienen algunas de las mejores cosas que se han publicado sobre la pandemia en pandemia”, detalla Sasturain. Y se explaya: “Horacio tuvo tiempo para proponer los primeros títulos de una colección de narrativa argentina muy accesible de textos breves, ‘De par en par’: dos cuentos de diferentes autores (a veces muy lejanos entre sí) unidos por el tema o el tratamiento o algún factor común, presentados por los escritores que los propusieron. Hay varios títulos en carpeta, el primer volumen estará compuesto por La lluvia de fuego, de Leopoldo Lugones, y La luna roja, de Roberto Arlt, con introducción de Horacio, acaso su último trabajo como editor. Sale ahora, antes de fin de año, con el regreso de nuestra actividad editorial”.

 

Esto es: “la Biblioteca vuelve a papel después de seis años, con una docena de títulos que están haciendo fila para salir antes de fin de año. Veremos con cuántos llegamos, no es fácil recuperar la fluidez que requiere la producción editorial, siempre compleja desde un organismo oficial que piensa en hacer libros buenos, lindos objetos, necesarios (pero que otros no hacen), baratos y que no se queden en los estantes sino que circulen, se vendan, que sean saludablemente comerciales, capaces de atraer al público no sólo por la excelencia de su contendido sino por el atractivo y la belleza de su apariencia. Ese es el desafío de acá en más”.

 

A “De par en par” la seguirán las obras completas de León Rozitchner con los inéditos Memorias de la ciencia y Hacia la escritura arcaica; tres títulos de los Cuadernos de Lenguas Vivas curados por Moreno: Babel del odio, Antología degenerada y Winkul Mapu; la antología Gauchesca y peronismo; la primera entrega de una serie de entrevistas hechas por Guillermo Saavedra a escritores y personalidades de la cultura bajo el título El Banquete; la versión definitiva y en papel de Los guardianes de Piatock, que es la obra de Szpunberg comentada; y la poesía completa de Luis Luchi, a 100 años de su nacimiento, en dos voluminosos tomos. También “es importante el lanzamiento de la colección “Papel de Kiosco”, dedicada a la historieta y el humor gráfico, donde vamos a dar a conocer obras y autores del acervo de la Biblioteca que no pasaron por librerías porque usaron como soporte revistas y diarios”, cierra Sasturain. El primer título será “Las Aventuras del Negro Raúl”, de Raúl Lanteri, primer autor argentino de una historieta con personaje fijo, que apareció en 1916 en la revista El Hogar. Están en carpeta títulos de la dupla Oski-César Bruto y la obra del gran Roberto Battaglia. “Pero eso el año que viene, como tantas otras cosas”.

  

viernes, 6 de marzo de 2020

María Moreno, en función oficial

Con firma de Milena Heinrich, Cultura InfoBAE publicó la siguiente entrevista con María Moreno. Según la bajada de la nota, “La celebrada periodista y escritora dialogó sobre su nueva función al frente del Museo del Libro y de la Lengua. ‘Comparto con Juan Sasturain la pasión por los papeles nacionales, sin establecer jerarquías entre la cultura tradicional y la cultura popular’, explicó”.

“No me gusta la expresión ‘lenguaje inclusivo’,
me gusta más hablar de una lengua plurinacional”

La directora del Museo del Libro y de la Lengua, la escritora y periodista María Moreno, aseguró que el objetivo de su gestión será “recuperar” la institución en “toda su potencia”, abrir la puerta a las inclusiones y explorar “una lengua plurinacional, sin aduana ni peaje, la de los pueblos originarios, los inmigrantes, los jóvenes, las lenguas locales” para dar cuenta de “su índole preeminente y política”.

Cronista, escritora, periodista, referente de la contracultura, María Cristina Forero -María Moreno, como se la conoce- estrena un cargo de gestión de primera línea con el traje de funcionaria, una etiqueta que tiene “mala prensa” porque “se la interpreta como cese de una libertad por una obediencia partidaria: en realidad se trata de poner en acción esa libertad en el interior de un proyecto político”, dijo.

Como cuando estuvo al frente del suplemento La Mujer de Tiempo Argentino o escribió un libro sobre Rodolfo Walsh, la autora de Black Out aseguró que también es un “desafío” su rol como directora del museo creado en 2011 por el entonces director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, y cuya primera titular fue la ensayista María Pía López hasta 2015; luego el espacio sufrió una crisis de desfinanciamiento, a punto tal que el nuevo titular de la institución, Juan Sasturain, colocó entre sus prioridades la reconstrucción del museo.

La convocatoria para hacerse cargo del espacio dependiente de la BN llegó del ministro de Cultura, Tristán Bauer, con quien estuvieron de acuerdo en “explorar una lengua plurinacional”, que la ensayista denomina “tuti fruti, sin aduana ni peaje, la de los pueblos originarios, las de los inmigrantes, las de los jóvenes, las locales , para no sólo dar cuenta de su existencia sino de su índole preeminente y política. Y me sorprendió que me propusiera como eje la poesía”, cuenta.

Bajo la gestión Moreno, una de las primeras actividades será “La kermés del día después”, el 10 de marzo y en alusión al 8M que este año será paro de mujeres el día 9 porque cae domingo: “Va a ser una mezcla de resaca con asamblea, de mostrar las destrezas y habilidades sin la rivalidad ni la saña, con la regresión a la infancia, aunque todos los jueguitos tienen una pedagogía política: si tirás una lata seguro que va a decir ‘patriarcado’, ‘travestofobia’ o ‘racismo’”.

“Bienvenidos al Museo los feminismos populares -arenga la nueva directora- porque fue un honor para mi ser recibida en el espacio fundado por Horacio (González) y María Pía (López) y como feminista me interesa, en lugar de sostener un imaginario de ruptura y corte en aras de la originalidad , la parentalidad, una noción de Rita Segato mediante la que se recogen legados y nombres propios con una voluntad de acción política”.

-¿Cuál cree es la función de un Museo del Libro y de la Lengua?
- Me dan repelús esas palabras engomadas como “función”, “institución pública”. Por ahora la intención es recuperar el Museo del Libro y de la Lengua en toda su potencia. Comparto con Juan Sasturain la pasión por los papeles nacionales, no solo por su conservación sino por su construcción crítica siempre renovada, sin establecer jerarquías entre la cultura tradicional y la cultura popular, ni entre los lectores laicos y los profesionales académicos. Siempre se me ocurre el mismo chiste: somos populistas ya desde el nombre, nos llamamos Juan y María.

-El estado nación se construyó sobre una narrativa centrada en dicotomías, mediadas por jurados que establecen la línea divisoria. ¿Cómo se piensa una gestión cultural sin ser reduccionista ni homogeneizante?
-Tratando de romper la bipolaridad en las narraciones y estando atentos a una tensión: ¿cómo evitar que el Museo del Libro y de la Lengua se convierta en un muestrario progresista totalizador, una suerte de look, sin compromiso con los reclamos políticos de los incluidos y sus proyectos emancipatorios? Porque, por ejemplo, alguien -una persona, una institución-puede hablar de corrido el inclusivo y ser absolutamente excluyente en sus prácticas.

-¿Y cómo leer las marcas de la lengua, cuando la lengua es un territorio en disputa, como se ve en su diversidad lingüística o en los tan álgidos debates sobre el lenguaje inclusivo?
-Insistiremos con el debate sobre el lenguaje inclusivo pero como una puerta para otras inclusiones. Aunque no me gusta la expresión “lenguaje inclusivo” porque ¿a quién incluye? ¿desde que autoridad alguien levanta o baja barreras, firma o no un pasaporte? Me gusta más hablar de una lengua plurinacional. Habrá un lugar para el Observatorio latinoamericano de Glotopolítica y, al mismo tiempo, espero las propuestas de los hablantes. Tengo una cierta utopía: hacer circular el grabador entre pares, poner en jaque a los mediadores que suelen capturar al otro como objeto de estudio antropológico, diagnóstico psi o para el pintoresquismo literario, lo que llamo “cafiolos de otredad”.

-Las discusiones como la del lenguaje ponen en evidencia que la lengua no le pertenece a nadie, pese a instituciones que pretenden su monopolio y otras que incorporan su uso. ¿Qué puede aportar el museo a esos debates?
-Escribí bastante sobre eso. Por ejemplo sobre cómo algunos cruzados de la "o" en plural argumentan que los cambios en la lengua se producen “inconscientemente”. Pero, por ejemplo, fue la voluntad de los disidentes sexuales cuando, a través de sus debates orales y o escritos sustituyeron la palabra “homosexual” por considerarla perteneciente a la psicopatología médica sustituyéndola por “gay”, “loca”, “puto”, con la estrategia de convertir la injuria en orgullo. Más que mediador, diría animador para que no cesen, sobre todo las preguntas. Concluir es intentar vencer.

-En su primera etapa, el museo supo ser una usina para el debate intelectual, de estudios literarios y de acción política, incluso en disidencia, ¿qué reflexiones pueden promoverse desde el museo?
-Eso no se puede saber sin escuchar antes a todas las lenguas desatadas posibles. Me gusta más “sobre todo en disidencia” pero insisto: nada más patético que la transgresión, o la disidencia, como voluntad porque se puede llegar a descubrir, detrás de esa voluntad, nuestro límite conservador.

martes, 18 de febrero de 2020

El rechazo al nombramiento de Juan Sasturain, como director de la Biblioteca Nacional "Mariano Moreno"

El pasado 12 de enero, la bibliotecaria Sol Martínez, haciendo uso de la lengua inclusiva, ha publicado en Notas. Periodismo Popular, el siguiente artículo, a propósito de la polémica desatada entre algunos de sus colegas por la designación de Juan Sasturain al frente de la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”.

Juan Sasturain y el debate
sobre la dirección de la Biblioteca Nacional

En 7 de enero fue designado el escritor y periodista Juan Sasturain como director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno (BNMM), de reconocida trayectoria tanto como autor, director y editor de medios gráficos. La noticia fue bien recibida por el ambiente cultural que ve en su figura la garantía de que la promoción y la divulgación cultural vuelvan a tener un lugar protagonista dentro de la agenda de la BNMM. 

Varias personalidades, como Miguel Rep y Claudia Piñeiro, entre otras, se han referido al flamante director como “buena persona”, “don de gente” y “amante de literatura”. Sin embargo, la escasa experiencia de Sasturain en gestión genera también incertidumbre acerca de cómo será su desempeño al frente del organismo.

Cabe destacar que durante el período macrista la Biblioteca Nacional sufrió un fuerte ajuste, reflejado en cientos de despidos de trabajadores, achicamiento de áreas, cierre de algunos programas y abandono del Museo de La Lengua. La cara visible y autora material de este fuerte ajuste fue la bibliotecaria Elsa Barber (ex directora de la Escuela de Bibliotecarios de la Biblioteca y de la Carrera de Bibliotecología y Ciencia de la Información de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA), quien lejos de defender la jerarquía de la Biblioteca y a sus trabajadores, no dudó en ejecutar en su breve paso por la Dirección, a principios de 2016, los cientos de despidos exigidos desde el Poder Ejecutivo. 

Luego fue el turno de la gestión de Alberto Manguel, reconocido empresario editorial y crítico de la obra de Borges, quien no tuvo otro papel que el de beneficiar a la multinacional Microsoft. Con la pantalla de una “gran donación” en software y herramientas digitales, logró que la Biblioteca perdiera su autonomía y pasara a depender de una empresa privada para el desarrollo y mantenimiento de las herramientas digitales así como sobre su colección digital al recurrir para su almacenamiento a servidores remotos de la compañía fundada por Bill Gates. 

Manguel renunció en 2018 y pasó Barber a ocupar la Dirección nuevamente, hasta su renuncia el pasado 6 de enero.

El reclamo corporativo
Con el anuncio de la designación de Sasturain llegó también el rechazo de Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina (ABGRA) y un sector de profesionales y académicos de Bibliotecología y Ciencia de la Información. Reclamaron, a través de una carta pública, que debería ser un profesional de esta disciplina quien esté a cargo de la gestión de la BNMM.

Sin embargo, este reclamo esconde una posición meramente corporativista, sin mirada política, o con una mirada política sesgada. Contadas veces hubo bibliotecarios de carrera al frente de la Biblioteca, durante las dictaduras del Siglo XX y con Barber durante el Gobierno de Mauricio Macri, sin haber redundado en ninguna jerarquización ni de la profesión ni de las tareas que le competen a una Biblioteca Nacional, que debería ser cabeza de las políticas de acceso a la Cultura y de preservación de la misma, de una Nación. 

Por otro lado, la designación de un bibliotecarie en el cargo, no resolvería los problemas que atañen a la profesión, como son:  la falta de promoción de investigadores en el área, el atraso de los planes de estudio en las Universidades, sobre todo en la UBA (donde se promociona una Maestría que no logra funcionar por falta de inscriptos desde 2016), el vaciamiento presupuestario y la no designación de un director en el Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica/CONICET (CAICYT), el poco lugar dado a los profesionales en las áreas de información de los organismos públicos, como por ejemplo en los diseños de los repositorios institucionales, etc. 

Es necesario que quien tome esta posta, en este caso Sasturain, sepa escuchar a les trabajadores que, a pesar de todo, hicieron que la Biblioteca siga en pie estos cuatro nefastos años. No solo bibliotecaries, sino conservadores, informátiques, archivistas, historiadores, de Letras, comunicadores, editores, administratives y más, dándoles el apoyo y protagonismo que se merecen para que puedan llevar adelante la reconstrucción de la Biblioteca. 

Que promueva la reincorporación de les despedides que tanta falta hicieron estos años y que entienda que una Biblioteca Nacional no solo es un hermoso lugar para leer con vista al río, sino que debe ser cabeza de la red de bibliotecas del país, rectora de protocolos y reglas de funcionamiento, depositaria de la producción intelectual nacional y promotora cultural. Todas tareas que nunca pudo, lamentablemente, cumplir en su plenitud por la ausencia histórica de políticas de Estado que fueran en ese sentido.

Es deseable que en pocos años haya cuadros políticos bibliotecaries, del campo popular, con la capacidad de dirigir la BNMM, por ahora todavía nos falta, aunque habemos muches en las bibliotecas, nos debemos proponer levantar la cabeza y ser un actor político con voz propia, pero no para reclamos corporativistas, eso no.

lunes, 20 de julio de 2009

Crónica de un placer vertiginoso


Con su habitual elegancia y bonhomía, Juan Sasturain –una suerte de hombre orquesta que va de la novela policial a la historieta, del periodismo deportivo al cultural, de la gráfica a la televisión y siempre sale airoso– escribió la columna que sigue en el diario Página 12 del 24 de julio de 2005.




Francis Ponge o el esquivo partido de las cosas

Hay libros que uno busca durante años. Son libros poco comunes pero no necesariamente valiosos ni demasiado viejos; tampoco raras o exquisitas piezas de bibliófilo, esas cosas de coleccionista, otro tipo de enfermo que uno. Son libros simplemente esquivos por lejanos, de ediciones escasas o remotas; libros conocidos por referencias, citas, bibliografías y versiones parciales pero que uno nunca tuvo en mano, jamás ha visto. Hasta que un día nos toca. Y es de no creer.

Los merodeadores de librerías de viejo y mesas de usados saben o sienten de qué hablo. Los respetables y envidiables compradores de novedades o frecuentadores de góndolas iluminadas con precios de lista, que desconocen los placeres vertiginosos del índice corriendo como una hormiguita veloz sobre el canto superior de los gastados volúmenes enfilados como galletitas criollitas, no pueden llegar a compartir plenamente lo que se siente. Estos hallazgos, digo, tienen casi el mismo vértigo de un genuino levante callejero.

Algo de eso me pasó no hace mucho en una librería de Cabildo con De parte de las cosas (Le parti pris des choses) de Francis Ponge, editado por Monte Avila de Venezuela, en 1971. Estaba ahí, solito, envejecido y virgen, con el lomo inexplicablemente sin forzar: alguien lo tuvo y no lo leyó nunca en 34 años. Sentí que era el que por primera vez separaba las hojas, hacía la luz ahí, en el espejo de las hojas enfrentadas –a la izquierda el texto en francés, a la derecha la traducción– y al leer era como quien deja huellas en una duna solitaria.

Porque los viejos libros que están paradójicamente nuevos son como esas tumbas egipcias a las que se irrumpe, después de siglos, para inaugurarles un sol con rayos emitidos siglos después de que se cerró la puerta: inaugurar colores viejos, respirar ese vetusto aire atrapado. Una vez encontré una edición de Bestiario, la primera, del ‘51, en la colección chiquita de Sudamericana, que venía incluso con los pliegues cerrados al estilo de entonces, y los abrí con un cuchillo. Sentí que era la misma sensación que habrá tenido el Julio cuando le dieron los primeros ejemplares, los llevó a la casa, los tentó con dedos flacos. Qué bárbaro.

Tal vez no sea casual –pero seguro que fue inconsciente– que para hablar de De parte de las cosas y del viejo Ponge haya necesitado dar toda esta vuelta alrededor del libro, del objeto libro como materialidad que nos convoca, cosa puesta ahí, a descubrir. Porque toda la poesía, el maravilloso esfuerzo de Ponge, no es más ni menos que el intento de describir objetiva, extremada, esencialmente la presencia absoluta de las cosas como experiencia extraordinaria, única –”ese perro, ahí” dice Girondo– de contacto y captación plena. Algo que es, como dijo famosamente Sartre, “Amor: sin deseo ni fervor ni pasión. Aprobación total, respeto total”.

Y el título del libro original de 1942, verdadero manifiesto, lo dice inmejorablemente: Le parti pris des choses –tomar “el partido” de las cosas–recoge por lo menos tres sentidos: tomar su partido es ponerse de parte de ellas; también hablar desde su punto de vista –y no del sujeto— y, finalmente –contra el idealismo y la representación–, resignarse a ellas, a su materialidad infranqueable.

Los placeres de la puerta, titula Ponge, y escribe: “Los reyes no tocan las puertas. Ellos no conocen esta dicha: empujar ante sí con suavidad o rudeza, uno de esos grandes paneles familiares, volverse hacia él para colocarlo de nuevo en su lugar –tener entre sus brazos una puerta–”.

Francis Ponge (1899–1988) es uno de los grandes poetas franceses del siglo XX. Además de este libro fundante, que publicó Gallimard en años duros de ocupación nazi, y tradujo entero y ejemplarmente por primera vez al castellano en 1971 el venezolano Alfredo Silva Estrada –hubo reedición en el ‘96–, es poco lo que se ha vertido a nuestra lengua, si no se cuentan poemas sueltos. Es horrible la versión de Diego Martínez Torrón de Piezas, publicada por la española Visor en 1985; es muy buena e inteligente la copiosa Métodos que encaró con sensibilidad y cuidado Silvio Mattoni para Adriana Hidalgo en el 2000, y es sobre todo rara y apasionada la Antología que hizo el chileno Waldo Rojas en 1991 para la editora Lar, de Concepción. Siempre será poca cosa con Ponge.