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martes, 23 de diciembre de 2025

Una entrevista con Pablo Braun, en los primeros veinte años de la librería Eterna Cadencia


El 20 de diciembre pasado, la librería Eterna Cadencia cumplió veinte años de actividad ininterrumpida. Su dueño, Pablo Braun (foto), concedió diversas entrevistas al respecto. Ésta, de Patricia Kolesnicov, fue una de ellas. Se publicó en InfoBAE, el pasado 14 de diciembre.

Pablo Braun, en el 20 cumpleaños de Eterna Cadencia: “Nací en cuna de oro, con la librería salí a otro mundo”

A veces hay buenas cosas que salen de malas cosas, se sabe. Pablo Braun sonríe con toda la boca hoy, parado entre los libros de Eterna Cadencia, la librería que abrió hace 20 años. Pero las cosas no empezaron así, salieron de un momento difícil. Una separación que fue también un momento de desorientación. Eso cuenta y se entiende, pero se impone la sonrisa.

La noticia, claro, es el festejo: Eterna Cadencia cumple 20 años este 20 de diciembre. “La veo como un espacio ya instalado, una referencia en el mundo de los libros”, dice Braun. Pero hace 20 años venía completamente de otro lado. De eso también hablamos.

Cierto es que esa librería montada en una casa vieja de Palermo se fue volviendo un lugar de encuentro, ya sea por su café, ya sea porque alojó presentaciones, charlas o porque desde ahí se gestó la editorial Eterna Cadencia -que dirige Leonora Djament y que publicó, por ejemplo, La virgen cabeza, el primer libro de la hoy consagrada Gabriela Cabezón Cámara- o porque, en colaboración con Filba, Braun, es decir Eterna Cadencia, armaron el festival literario FILBA, que ya es una marca de la ciudad. Sí, la librería está instalada.

Pero vamos al principio. Es 2004, ahí está Pablo Braun, que tiene más o menos 30 años y es parte de una familia importante, dueños de los supermercados La Anónima. Uno de sus primos, Marcos Peña, fue un figura central en el gobierno de Mauricio Macri. Otro, Miguel Braun, su secretario de Comercio. Estudió Administración de Empresas y tiene una silla asignada en la dirección de esos negocios. Ese es el destino que tiene marcado, pero -“me aburrí soberanamente”- no le gusta y por eso se ha ido y, con su mujer, ha creado la Fundación Temas, donde se ocupaban de asuntos sociales, particularmente en la Villa 21.

Y de pronto, se separó. Y se acabó todo. La pareja, la posibilidad de convivir con su hija, el trabajo. “Me quedé en mi casa, cerré la puerta y dije: ‘¿Y ahora qué hago?’ Y agarré un libro de la biblioteca. Empecé a leer como un enfermo de la cabeza. Leía casi ocho horas, nueve horas, diez horas, quince horas todos los días. Me quedé quieto unos meses y leí, leí, leí, leí, y lo único que hacía era ir a la librería, siempre a la misma.

-Ya te debían estar esperando.

-Llegaba y le compraba diez libros. Un día dije: “¿Qué tenés de George Simenon?" “Estos dos”. Yo estaba copado con Simenon y le dije: “Bueno, la semana que viene vengo y conseguime los que puedas, yo me llevo todo”. Me consiguieron treinta y dos libros...

-¿Y de ahí a tener una librería?

-Me di cuenta de que iba a la librería y dejaba de mirar los libros porque estaba mirando las luces, la disposición de las estanterías.. ¿Y si ponés una librería? Se me ocurrió un día, bañándome. No sabía qué hacer con mi vida y el mundo de lo que había estudiado no me gustaba.

Como el mundo que yo había estudiado no me gustaba...

-Lo que se esperaba de vos es que fueras un heredero.

-Ponele.

-Y tu cambio de escala fue brutal, si te hubieras quedado, hubieras manejado negocios enormes.

-La Anónima tiene unos once mil empleados y acá, entre las distintas cosas que hacemos: el blog, la editorial, librerías o distribuidoras en tres países, son trescientos.

Buscó una casa. Buscó un librero. El 20 de diciembre de 2004 empezaron las obras. “Yo me imaginaba algo como diez cuartos con diez libreros. Entrabas al cuarto de Historia y había un librero historiador, entrabas al cuarto de Filosofía, había un librero especializado y así. Después, me fui dando cuenta de que no había un mercado posible para eso. Pero el espíritu era que fuera un lugar tranquilo, no en una avenida, que la gente viniera, que recorriera, que pudiera hablar con los libreros, que se pudiera sentar. Terminó en esto: una librería más o menos normal, con bar”.

-¿Y cómo fue el encuentro con la realidad? Una vez que empieza a andar la librería...

-Me acuerdo el primer día que abrí y dije: “Bueno, carrada de gente que entra, después de un año de obra ya saben... Y abrí y no entró nadie. El primer día creo que entraron dos personas, de las cuales una sola compró: fue un libro de Paul Auster. Yo tenía que aprender a vender libros, tenía que aprender quiénes eran buenos libreros, quiénes eran malos, cómo se cobraba... Había escritores de la talla de Aira que no sabía quiénes eran. Pero era lector y fui aprendiendo. Y empezó a funcionar. Creo que la librería, al ser linda, atrae.

-El barrio ayuda.

-Pero la mayoría de los clientes se toman el trabajo de venir, no es que son del barrio. Pensá que abrí en diciembre: los regalos las gente los compra en las cadenas, así que vendimos poco. Después diciembre y enero, un desastre. Mis amigos sí, por única vez en su vida vinieron y compraron libros...

-¿Cuál es la diferencia entre una librería buena y una librería mala?

-Una librería tiene que tener bestsellers, pero yo siempre apunté a una librería que, que tuviera sobre todo longsellers, esos que se van vendiendo siempre porque son buenos...

-¿Qué es lo que le da el carácter a una librería?

-El carácter, para mí, lo dan sobre todo las mesas, lo que exhibís. Acá es sobre todo narrativa, porque es lo que más me gusta a mí. Las estanterías son todas medio parecidas, los editores te mandan lo mismo. Sobre todo cuando vendés en consignación. Ahora se hacen más compras en firme y ahí podés elegir, te podés distinguir.

-¿Por qué hay menos consignación?

-Porque se achicaron las tiradas. Y, en el fondo, está bien, para que los editores no soporten todo el peso. Lo digo como editor... Pero creo que en la cadena del libro los libreros son, somos, los menos desfavorecidos. Aunque vendemos objetos no deseados, o sea, estamos en un rubro muy complejo. Se vende muy poco y hay mucho romántico, como yo, que abre librerías. Entonces, hay más librerías de las que debería haber en términos, no sé, matemáticos. ¡Por suerte hay más! Pero en términos matemáticos... más editoriales, más librerías de las necesarias. Los editores ponen toda la plata, es muy finito el negocio. El autor, bueno, depende de cuánto venda. La verdad, creo que nadie en el mundo del libro gana plata de verdad.

-¿No?

-Todos sobreviven un poco, alguna librería le va un poco mejor, pero todas son apuestas románticas. Ningún editor después de editar un libro se compra un auto, paga un pasaje a Europa para toda su familia. Ni vendiendo libros, ni escribiéndolos, ni distribuyéndolos, ni siendo una librería. El negocio es demasiado chico.

-¿Entonces mostrás más lo que más te gusta?

-Los libros que se acercan mucho a mi gusto literario, que es más literario y más alejado del best seller. Best seller no vas a ver nunca la mesa, ya están muy bien exhibidos en un montón de lados. La gente que entra no los ve, se siente medio rara con eso y, en cambio, se siente muy cómoda para preguntar sobre lo que ve. Si vos mostrás que no tenés un montón de sagas, la gente que viene a buscar una saga no vuelve más. Y si vos mostrás que tenés ocho ediciones de Madame Bovary... esa gente vuelve.

-¿Vos decís que todavía se compra mucho el libro por lo que se ve?

-Y sí, muchas veces. Hay lectores que saben perfecto lo que quieren. Pero hay otros que vienen a dejarse llevar por lo que les propongan la librería y los libreros. Vengo, entro: “Che, ¿qué hay?, ¿qué leíste?“ Es una cosa linda y que yo siempre quise que pasara acá, que los clientes pudieran dialogar con nosotros, con los libreros. Cuando uno pone un libro en la mesa silenciosamente está diciendo: ”Este libro para mí está bueno y yo lo querría vender". Después está el que te pregunta: “Mi novia está pasando un mal momento y cumple años y tuvo un problema con no sé qué, ¿qué me recomendas?" Y ahí empieza una charla divina.

-O sea, te das el gusto de hablar de libros.

-Sí. A veces te metés en unos aprietos porque no tenés ni la más mínima idea. Pero para eso están los compañeros, para eso a veces secretamente está Google. Es una aventura linda, a mí me encanta. A mí, de todo lo que hago, lo que más me gusta es ser librero, por escándalo.

-¿Cambió el perfil del lector en estos 20 años?

-Sí y no. Vivimos unos 20 años de una aceleración insólita de la tecnología. Antes había pocos celulares. Lo tenías en el bolsillo, si te sonaba era porque alguien te llamaba o algo. No había Instagram ni Twitter, casi no había Facebook. Y no éramos muy adictos. Entonces, me parece que somos completamente diferentes lectores porque tenemos una disposición completamente distinta del tiempo. La ocupación del tiempo está dada por Netflix, por esto, por lo otro. Y hay que hacer fuerza para leer. Antes estabas aburrido, entonces se te ocurría leer. Ahora tenés que venir a hacer fuerza para decir: “Che, dejo de mirar Instagram y me dispongo a leer”. ¿Viste que siempre leer los tres primeros minutos son incómodos? Porque hasta que tomás ritmo... es mucho más cómodo Instagram, o lo que sea, ¿no?

-¿Y cómo va a ser dentro de veinte años?

- Yo me lo pregunto fuerte. Cuando Eterna Cadencia cumpla cuarenta años, si es que lo cumple, si es que llego yo para verlo, ¿se va a leer? Imaginate veinte años más de la tecnología autoeducándose para ser cada día más inteligente. Y nuestro grado de dispersión, ¿cómo va a ser? Para mí va a ser gigantesco.

-En resumen, el problema de 2004 terminó bien.

-Esa angustia de no saber qué iba a ser de mi vida fue resuelta con creces gracias a la decisión de abrir Eterna Cadencia, sin duda. Yo estoy agradecidísimo por haber elegido esto sin querer; lo que a mí me pasó acá fue espectacular. De verdad.

-Me imagino que también te debes haber vinculado con gente muy de otros ámbitos. Venís de grandes colegios...

-Totalmente, para mí fue salir a otro mundo. Nací en una cunita de oro, si se quiere, y en la literatura no hay mucha cuna de oro. Pero, a la vez, somos todos personas, qué sé yo. A mí me nutrió un montón. Yo soy el raro en la literatura y soy el raro con mis amigos.

-A ver...

-Estoy en los dos mundos, soy el progre en el mundo de la derecha y soy el fachito en el mundo de izquierda.

-Estuve en mesas redondas acá en las que se trató con dureza a ciertas posturas y cierta gente...

-Esos son mis amigos del colegio. Y mis amigos del colegio dicen: “Ay, estos tarados, el feminismo... Y ahí están hablando de mis amigos de la literatura. Siempre viví en medio, que es raro. Con sus pros y sus contras, porque estás incómodo bastante tiempo del día.






viernes, 27 de diciembre de 2024

"Si la gente ve que otros compran y leen es el mejor mensaje posible"

El pasado 22 de diciembre, en El País, de Madrid, salió una nota firmada por Barbara Celis, a propósito de un fenómeno que está ocurriendo en las librerías italianas. Según la bajada, "Reivindicar el poder de la lectura y apoyar económicamente a los libreros son los objetivos de una iniciativa ciudadana que se extiende por Italia comprando escaparates enteros de libros".

Una revolución de bibliófilos vacía los escaparates de las librerías italianas

Las utopías han contribuido a que el mundo avance y aunque todo a nuestro alrededor parece indicar que vivimos tiempos distópicos, hay quien aún cree que otro mundo es posible. En Italia algunos ciudadanos han decidido reivindicar un acto que parece ir en contra de las modas del presente: leer. El movimiento Vacía el Escaparate (en italiano Svuota la vitrina)comenzó en agosto con una chispa que va camino de provocar un incendio, pero no para demonizar libros como ocurrió en la Alemania nazi, sino todo lo contrario. “Cuando me enteré de que un comprador anónimo se había gastado 10.000 euros en adquirir todo el escaparate de la mítica librería milanesa Hoepli me emocioné. Y después pensé: yo también quiero hacerlo”. Daniela Nicoló, de 56 años, editora de libros de texto, conversadora entregada y sobre todo, lectora compulsiva, eligió una librería pequeña, I Baffi de Milán, con un escaparate a la medida de su bolsillo. “No me podía gastar una gran cantidad; pero lo importante era dar ese paso, reivindicar el poder de los libros”, explica por teléfono.

Nicoló, que vive sin televisión y nunca se había abierto una cuenta en redes sociales, animada por Celia Manzi, dueña de I Baffi, decidió sacarse una foto junto al escaparate y abrir una página en Instagram para contar lo que había hecho y por qué. A su página la llamó #Svuotalavitrina y desde ahí, se fue corriendo la voz entre lectores, que ya han asaltado los escaparates de 28 librerías, muchas en Milán pero también en Bari, Nápoles, Génova, Bolonia y pequeñas ciudades de provincia. En Italia hay 3.706 librerías —en España son 2.792—, de las cuales cerca del 60% pueden considerarse independientes. En total, emplean a 11.000 personas, según datos de la Asociación de Libreros Italianos.

“Vivimos un momento muy crítico donde hay quien reivindica la ignorancia como un valor y no lo es. Una sociedad en la que los ciudadanos no leen es una sociedad expuesta a todos los peligros, al control. La lectura contribuye a construir el espíritu crítico del ciudadano y por eso hay que reivindicar el poder del libro y las librerías”, explica Nicoló. Ella preferiría que ese trabajo lo hiciera el gobierno, prestándole atención y recursos a la educación y al fomento de la lectura: “Gracias a eso, mi generación, los nacidos en los sesenta, crecimos valorando la cultura y creyendo en la capacidad del libro para cambiar la vida de las personas”.

Nicoló no confía en que sea precisamente el gobierno de Georgia Meloni el que vaya a darle la vuelta a las estadísticas oficiales, que dicen que en 2023 solo el 40% de la población italiana leyó al menos un libro. “Sin embargo, sí creo en el poder de la comunidad. Hasta hoy se han vaciado 24 escaparates y estoy desbordada por las propuestas de gente que quiere unirse, cuando en realidad yo no soy nadie, solo les digo que si vacían una vitrina se saquen una foto para ponerla en la página y seguirle dando voz a los libros. Estoy agotada aunque feliz de ver cumplido el sueño de haber contribuido a construir este movimiento”, cuenta.

Es emocionante escuchar cómo esta iniciativa está dándole a los libros todo tipo de significados. Manuela Maspero, de la librería Libooks de Cantú, una pequeña ciudad de 40.000 personas en el norte de Italia, cuenta su experiencia. “El 20 de septiembre mi librería cumplía nueve años. Entró un desconocido y me dijo que como regalo de cumpleaños adquiriría todos los libros de la vitrina de novedades. En total, 54. Pero no quiso llevárselos. Me dijo que los regalara esa noche durante un evento que había organizado para festejar la efeméride. Vinieron exactamente 55 personas. Todas se llevaron su libro. Claro, no pude evitar llorar”, cuenta al teléfono. El cliente no quiso dar su nombre, pero dejó claro que quería contribuir al movimiento Svuota la vitrina. En un buen día, Maspero asegura vender más o menos 50 libros.

Varios profesores de toda la geografía italiana se han unido a esta iniciativa, que también se ha combinado con la campaña Io leggo perché… (yo leo porque…), promovida todos los años por la Asociación Italiana de Editores. Así se han vaciado los escaparates de la librería La Piccola Ghianda en Guidonia, cerca de Roma, o los de Libro Piú. Esta librería independiente está en el extrarradio de Génova, un lugar donde apenas hay actividades culturales. “Pero Libro Piú organiza eventos, trae cultura a un barrio muy abandonado y hay que apoyarlo porque no es fácil ser una librería independiente”, explica la profesora Enrica Roncallo, que junto a un grupo de profesores del Instituto Comprensivo Ponte Decimo, vaciaron recientemente su escaparate y se llevaron más de 70 libros, invirtiendo dinero de su bolsillo, no de la escuela. “Leer libros te abre la mente, te ayuda a defenderte, a no dejarte engañar y a luchar contra la mentira”, afirma. Curiosamente, el pasado 2 de diciembre otro grupo de amigos vació por segunda vez el mismo escaparate. “Es una ayuda grandísima. Se llevaron unos 60 libros, el doble de lo que vendemos en un día”, explica Paolo Parodi, uno de los tres dueños de este espacio, que sueña con que todas las librerías de Italia vivan un vaciado. “Italia atraviesa una ola de conservadurismo. El Gobierno acaba de recortar las ayudas para que las bibliotecas puedan adquirir libros. Si la gente ve que otros compran y leen es el mejor mensaje posible. Hace falta estimular el pensamiento y la lectura es el mejor camino”, añade. Para la pareja Alessandro Consonni y Antonello Lauriola acudir a la librería Antígone de Milán fue un acto de militancia. “Frecuentamos otras librerías, pero ya que la iniciativa nos pareció que transmitía un mensaje importante sobre cómo los libros pueden contribuir a favorecer la tolerancia, decidimos vaciar el escaparate de la única librería de temática LGBTIQ+ de Milán”, explican por videoconferencia. En un país donde el catolicismo pesa tanto como para que las parejas gays no puedan aún obtener un certificado de matrimonio (solo se admiten uniones civiles), esa militancia parece necesaria. La pareja se llevó 25 libros. “En otras circunstancias seguramente no habríamos comprado, pero al llevarte la vitrina no puedes escoger y así descubrimos libros muy apetecibles. Por eso vaciar un escaparate es tan interesante”, afirman. Algunos se los han quedado, otros los han regalado y con el resto están organizando un grupo de intercambio en su edificio.

Ese precisamente es el aspecto de Vacía el Escaparate que más le interesa a Chiara Faggiolani, presidenta del Forum del Libro y directora del máster de Edición de la Universidad de La Sapienza, en Roma. “Desde hace años analizo cómo los libros son capaces de crear comunidad. Están los grupos de lectura unidos a librerías o grupos de amigos, las bibliotecas que se montan entre vecinos, y otros ejemplos, pero este caso es significativo porque un lector, vaciando un escaparate, se convierte en mecenas tanto para la librería como para otros lectores, ya que en muchos casos esos libros se están regalando. Es un gesto con un gran valor simbólico, una reivindicación de sabor militante: mostrar la importancia de la lectura y de las librerías”, explica. Faggiolani está trabajando con Nicoló para ver si es posible que Vacía el Escaparate pueda evolucionar hacia algo sólido y permanente.

En octubre, una persona anónima adquirió 155 libros en la librería infantil y juvenil Punta alla Luna de Milán. No ha querido dar su nombre, aunque explicó por correo electrónico por qué lo hizo: “Quería ayudar porque son los independientes quienes pueden darle un impulso a la cultura, estando al lado de sus clientes, sacrificando tiempo y energía y ayudando a entender lo importante que es la lectura. Porque de ella viene la libertad de pensamiento. Y porque un chaval que lee sabe razonar y será más difícil que se meta en problemas”. Los libros se han donado a bibliotecas infantiles y juveniles.

Hay quien ha acusado a Nicoló de esnobismo porque… ¿quién querría comprarse libros sin conocer a los autores o los títulos pudiendo comprarse algo que realmente quiere? “Las polémicas que he descubierto online me parecen tristes y no pierdo el tiempo con ellas. Comprar libros es una aventura, es abrirte a un mundo de conocimiento. Por eso los libreros, que montan sus escaparates, son tan importantes y debemos confiar en ellos y apoyarles. Y si no te interesa un libro lo regalas. ¿Hay algo malo en regalar cultura?”.

martes, 23 de julio de 2024

¡Hoy, la Argentina! ¡Mañana, el mundo!

Continuando la polémica desatada por la ignorancia del ministro Sturzenegger, el 19 de julio, en La NaciónDaniel Gigena publicó otra nota a propósito de la posible eliminación de precios únicos en el mundo del libro argentino, donde se recoge las opiniones de editores y libreros. Según la bajada, "El ministro de Desregulación y Transformación del Estado sostuvo que el Gobierno insistirá en derogar la ley que establece un precio fijo para los libros; 'En los países donde se quitó la ley, luego de un tiempo volvieron a subir', dijo el presidente de la Cámara Argentina del Libro".

Libreros y editores versus Sturzenegger: “Una ignorancia profunda”

Tras las declaraciones hechas a La Nación por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, sobre la tentativa oficial de derogar la ley 25.542, promulgada en 2002 y conocida como “de defensa de la actividad librera”, que establece que los libros tengan un precio fijo en todo el país, entidades del sector librero y editorial manifestaron su preocupación e hicieron llegar sus respuestas.

“Es un tema que de una manera u otra vamos a abordar -dijo el ministro a este diario esta semana-. La prohibición de que los libros no puedan ser más baratos nos parece algo de una crueldad y de una actitud anticultural increíble. Hay amplia evidencia de que permitir los descuentos reducen el precio; es algo obvio. En Estados Unidos, la irrupción de Amazon hizo que los libros hoy salgan 40% menos que hace diez años”.

Si se derogara la norma que fija un precio de venta al público uniforme en todo el país, las cadenas de librerías, las grandes superficies como supermercados e hipermercados y la plataforma Mercado Libre podrían vender libros a precios más bajos que los sugeridos por las editoriales y afectar a librerías chicas e independientes, que tendrían dificultades para competir. Sturzenegger, que cree que la derogación de la ley hará bajar los precios de los libros, sugirió que estas “deberían reconvertirse”.

Las libreras Mónica Dinerstein y Cecilia Fanti, en representación de la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI), enviaron una declaración. “Queremos remarcar un punto y es que el ministro Sturzenegger dice que la derogación de la ley de defensa de la actividad librera no está en la nueva ‘ley hojarasca’ así como no estuvo en la versión final de la ‘ley Bases’. Por lo tanto, el titular de la nota bien podría haber sido ‘Por el momento el gobierno no se propone modificar la ley del libro’. Sin embargo, sostiene que, en un futuro, el Poder Ejecutivo lo abordará. Tal y como están las cosas, la ley se mantiene y entendemos que el consenso del sector y el trabajo intersectorial que se ha realizado desde diciembre con las cámaras y legisladores de todos los frentes puso en relieve el valor y la importancia de que esta ley exista”, confían.

Las representantes de la CALI estiman que “instalar la idea de que la ley prohíbe que los libros sean más baratos proviene de una ignorancia profunda sobre el sector, la industria del libro y nuestras problemáticas”. “Lo venimos discutiendo de un tiempo a esta parte: uno de los grandes problemas del precio actual de los libros ha sido el alto costo del papel que representa más de la mitad del costo en la producción de un libro”, indican.

“Pero además, lo sostiene con un dato falso que es la caída de los precios en Estados Unidos con Amazon en el mercado -puntualizan Dinerstein y Fanti-. A eso lo llamamos dumping y básicamente es el trabajo que hacen los grandes jugadores para borrar a la competencia e instalarse como única alternativa. Esto es, los precios bajan en un principio, asfixian a la competencia y luego, como no tienen más competencia, los precios vuelven a subir. En el camino, quedan librerías y editoriales que no pueden sostenerse y, por lo tanto, la bibliodiversidad se reduce, los precios terminan subiendo y encima se pasa a leer solo lo que la plataforma y los grandes jugadores ofrecen y les resulta rentable. Hace menos de un año el gobierno de Estados Unidos demandó a Amazon por prácticas monopólicas. Hoy por hoy, toda la cadena del libro trabaja en el marco de esta ley. Y mientras las grandes cadenas o supermercados pueden tener ventajas competitivas por su tamaño y sus acuerdos con los distribuidores, las librerías pequeñas ya trabajamos con márgenes más pequeños y nos sostenemos definiendo nuestros perfiles, nuestra especificidad y el servicio y especialización que brindamos en nuestros locales”.

Al ser consultado por este diario sobre el dumping y la “uberización” del sector del libro, Sturzenegger sostuvo que Uber era “la cosa más maravillosa del mundo”. La Nación pudo saber que algunos ejecutivos de grandes grupos editoriales trasnacionales ven con buenos ojos la derogación de la ley 25.542. No obstante, el director general de Penguin Random House (PRH) para América Latina, Javier López Llovet, confirmó a este diario que PRH y el Grupo Planeta estaban “absolutamente en contra de la derogación de la ley”. “La experiencia obtenida en nuestras empresas editoriales de la gestión en diversos mercados, europeos, norteamericanos, asiáticos, etcétera, nos ilustra de la importancia de contar con una ley de estas características en nuestro país”, sostuvo.

Para las libreras agrupadas en la CALI, el Gobierno quiere desregular un mercado que funciona. “Y funciona bien -concluyen-. Si tanto les preocupan los lectores, sería hora de que pensaran políticas serias para fomentar el libro y la lectura, crear nuevos lectores y acompañar al sector; no romper un mercado y una industria que funciona, crece y viene profesionalizándose al nivel de ser modelo en todo América Latina desde hace más de dos décadas”.

La Cámara Argentina del Libro (CAL), que preside el editor Juan Manuel Pampín, también se expidió al respecto. Por un lado, recicló un comunicado de cuatro puntos, difundido a inicios de año, cuando la derogación de la ley 25.542 estaba incluida en la ley Bases (la iniciativa fue retirada durante el debate legislativo). Allí se destaca que la ley “es un acuerdo intrasectorial, propuesta por el propio ecosistema” y que “todos” entienden como beneficiosa; que, “para un Gobierno tan preocupado por el tema fiscal, esta ley cuesta cero pesos”; en tercer lugar, que “el precio único permite darle estabilidad al mercado, permitiendo un cálculo correcto de regalías para los autores y es una ayuda fundamental contra la piratería”, y, por último, que “la ley argentina está basada en la legislación francesa de 1970” y que la Argentina cuenta con una ley modelo “que países como Colombia, Chile o México quieren copiar”. Advierten que, en Inglaterra, cuando se quitó la ley de precio fijo, “en un período de cinco años se redujo un 30% la cantidad de librerías”.

“La Argentina tiene una población que en más del 50% está bajo la línea de pobreza -dice Pampín a La Nación-. El libro, como todo consumo cultural, lamentablemente no es prioritario y es obvio que una persona que no puede alimentarse bien, o no vive en un lugar digno, poco puede pensar en leer. Debemos pensar en agrandar la torta y no en achicar la porción. Quitar la ley, irá claramente en ese sentido”.

Sobre el precio de los libros, el presidente de la CAL remarca que “la porción del costo industrial más importante del libro es el papel, que hoy es, aproximadamente, el 55% cuando ese costo históricamente era del 30%”. También hizo referencia al dumping: “La evidencia marca que, en los países donde se quitó la ley, si bien en un inicio los precios bajaron, luego de un tiempo volvieron a subir”.

“Debemos entender que la Argentina tiene unas 1200 librerías y que la ‘tirada de moda’ de las novedades es de setecientos ejemplares, un 40% menor que en 2016 y un 25% menor de lo que se editaba en 2019 -detalla-. Con lo que hoy se produce no se puede entregar un ejemplar por librería”.

El secretario de la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines (Falpa), Carlos Morón, dio a conocer su punto de vista sobre los dichos del ministro. “Esta ley se basa en la ley Lang de Francia, creada para promover las librerías y garantizar un precio justo de los libros -dice-. Las librerías cumplen una doble función: comercial y cultural. En Francia, la derogación de esta ley debido al surgimiento de las cadenas FNAC ocasionó la desaparición del 15% de las librerías en el primer año y de otro 10% el año siguiente. Esto llevó al gobierno francés no solo a restablecer la ley, sino también a implementar medidas adicionales para asegurar la supervivencia de las librerías en todo el país. En Inglaterra, la derogación de una ley similar provocó un aumento promedio del 20% en los precios de los libros”.

“¿Es cierto que la derogación de la ley disminuye el precio de los libros? -se pregunta Morón-. Depende. Los libros más vendidos podrían ofrecerse a menor precio, pero los menos vendidos subirían significativamente de precio. Las pequeñas librerías, sin la venta de los libros más vendidos, no pueden subsistir y terminan cerrando. Los libros sólo se conseguirían mediante envío, al menos en pequeñas y medianas ciudades, encareciendo su costo entre un 20% y 30%, y reduciendo drásticamente la bibliodiversidad. El precio actual no es arbitrario. Lo fija la editorial y no hay competencia porque cada título es único. Es el resultado de un acuerdo entre todos los integrantes del sector, no una imposición, para asegurar la existencia del entramado de librerías en Argentina, un orgullo tanto para funcionarios como para cualquier argentino preocupado por la cultura”.

Por último, el secretario de Falpa sostiene que no se busca la intervención del Estado, “sino regular los precios dentro del sector, compuesto por quienes conocen el negocio”. “Queremos librerías con autores charlando, cuentacuentos promoviendo la lectura a los más chicos, talleres literarios y libreros que aconsejen a los lectores. No queremos depósitos llenos de electrodomésticos y herramientas con un pequeño sector de libros. Esperamos que los funcionarios y legisladores, que también escriben libros y se sienten orgullosos de verlos en las vidrieras, comprendan la importancia de preservar las librerías”.

lunes, 22 de julio de 2024

Cada vez se encienden más alarmas alrededor de los libros argentinos

El pasado 20 de julio, Omar Genovese publicó en la sección Cultura del diario Perfil, un artículo que continúa y amplía lo escrito por Daniel Gigena sobre la ley de precio único del libro. En la bajada se lee: "La ley que fuera sancionada en 2002 y que todos consideran beneficiosa corre el peligro de ser derogada. El nuevo ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, se refirió a la posible anulación de la Ley 25.542, que beneficia tanto a grandes como a pequeñas editoriales, así como a grandes y pequeños libreros, y que varios países intentan replicar. Una revocación que solo puede provenir de quienes ignoran todo del mundo editorial."

La ley de precio único del libro, que existe desde 2002, puede ser derogada

El miércoles pasado, el periodista Daniel Gigena publicó en el diario La Nación un artículo titulado “Segundo round: el Gobierno insiste en derogar la ley de precio único de los libros”, en donde reproduce las palabras del nuevo ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, respecto a la derogación de la Ley 25.542: “Es un tema que de una manera u otra vamos a abordar. La prohibición de que los libros no puedan ser más baratos nos parece algo de una crueldad y de una actitud anticultural increíble. Hay amplia evidencia de que permitir los descuentos reduce el precio; es algo obvio. En Estados Unidos, la irrupción de Amazon hizo que los libros hoy salgan 40% menos que hace diez años”. Y además: “No se puede pensar en nada más anticultura que no permitir que los libros lleguen baratos a la gente”.

Indagado respecto a cómo esto afectaría a distribuidoras y librerías de todo el país, agregó: “De lo que hablamos es de permitir la competencia para que los libros lleguen más baratos a la gente; si afectar significa que van a tener que cobrarlos más baratos, entonces sí las afectaría. Pero eso es bueno, ¿no? Tal vez deberían reinventarse”. Y para defender el proyecto de toda posible crítica o rechazo: “No sé realmente quién podría estar en contra de tener libros más baratos, excepto aquellos a quienes esta ley hoy les permite venderlos más caros. Es muy cruel, o muy cínico, que haya gente que critique esto en nombre de la cultura. ¿A quién vamos a defender? Al usuario”.

Este proyecto se encuentra en la conocida como Ley Hojarasca, que no proviene del título de la novela de García Márquez, sino que evoca el efecto de un viento, y que en el caso del ecosistema editorial podría convertirse en la Ley Vendaval: arrasaría con la mayoría de las editoriales, distribuidoras, librerías (existen 1.500 en todo el país), en un contexto económico de retracción de ventas, inflación, aumento de costos de producción, caída del consumo, donde el libro hace meses que se convirtió en un artículo de lujo para los lectores.

Durante el mes de febrero pasado, cuando la derogación de la mencionada ley estaba integrada a la ley Bases, los distintos sectores del libro argentino destacaron cuatro puntos claves para defender la norma vigente:

1. Esta ley es un acuerdo intrasectorial, propuesta por el propio ecosistema y fue sancionada en 2002 y que, 22 años después, todos entendemos beneficiosa –grandes editoriales y librerías, como las pequeñas– (Pengüin, Planeta, Siglo XXI, Corregidor, De la Flor, Eudeba, Fondo de Cultura Económica, Godot, Entropía); así como librerías grandes o pequeñas (Cúspide, Eterna Cadencia, Hernández, Casa del Sol, Estación Libro, Fedro, Emporio de Córdoba, o Libros de la Arena en Mar del Plata). Es un tema en el que no hay el menor desacuerdo.

2. En un gobierno tan preocupado por el tema fiscal, esta ley cuesta “0” pesos.

3. El precio único permite darle estabilidad al mercado, ofreciendo un cálculo correcto de regalías para los autores, y es una ayuda fundamental contra la piratería editorial.

4. La ley argentina es una ley inspirada en la legislación francesa, conocida como ley Jack Lang (dos veces ministro de Cultura de Francia, entre 1981 y 1996, y dos veces ministro de Educación Nacional, entre 1992 y 2000). En este aspecto se puede afirmar que la Argentina tiene una ley modelo, y que países como Colombia, Chile o México quieren aplicarla. En Inglaterra, cuando se quitó la ley, en un período de 5 años se redujo un 30% la cantidad de librerías.

Este último dato histórico es determinante. La crisis del sector editorial argentino es profunda y una modificación de las condiciones de circulación del libro de esta dimensión tendrá efectos catastróficos: afectará la bibliodiversidad y la presencia de la cultura impresa en todo el territorio nacional.

Si en el país “no hay plata”, el libro, que no es un artículo de primera necesidad, “no se vende”. De hecho, las librerías registran una caída de ventas promedio de entre el 40% y el 50%. Esto se refleja en la disminución en la cantidad de libros impresos por título, que hoy rondan una tirada de moda cercana a 750 ejemplares.

A esto corresponde una contracción de novedades en lo que va del año, es decir, se publican menos libros. PERFIL tuvo acceso a información al respecto. En el caso de ficción y temas afines, durante 2023 se publicaron 1.971 títulos, mientras que en el primer semestre de este año, 358; de persistir la tendencia, será una baja anual del 78%. En temáticas como infantiles, juveniles y didácticos: 2.059 el año pasado, 471 en lo que va del año, con baja proyectada del 54%.

El precio de tapa de un libro no obedece a la ley de oferta y demanda. Los costos fijos de producción (papel, impresión y encuadernación) sufrieron un aumento escalar, sumado al de combustibles, que elevan los costos de logística. Si las tiradas se reducen, cada libro aumenta su precio de tapa, ya que el costo se prorratea en menos ejemplares. De tal manera que un libro “barato” surge de un mercado con poder adquisitivo y capacidad de consumo, que obliga a mayores tiradas.

Existe una convocatoria de la Cámara Argentina del Libro para defender la Ley 25.542 que implica a la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI), la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines (Falpa) la Cámara de Librerías y papelerías de La Plata, la Cámara de Librerías y Papelerías (Capla), la Cámara de Librerías y Editoriales Independientes (Caledin).

Es que la supervivencia del libro argentino depende de un gran acuerdo al respecto.

viernes, 19 de julio de 2024

Una mezcla de cinismo, ignorancia y mala fe

En un esfuerzo más por hacer retroceder la industria del libro en la Argentina, el actual gobierno quiere derogar una norma que democratiza el valor de los libros, como en casi todos los países civilizados del mundo. En la bajada de artículo publicado por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 17 de julio, se lee: "Para el ministro Federico Sturzenegger (foto), la norma promulgada en 2002 impide que los libros sean más accesibles; 'La prohibición de que los libros no puedan ser más baratos nos parece algo de una crueldad y de una actitud anticultural increíble', dijo".

Segundo round: el Gobierno insiste en derogar la ley de precio único de los libros

Tras la publicación, este lunes, en el portal Parlamentario, de una información donde se insinuaba que en la “ley de hojarasca” promovida por el flamante ministro de Desregulación y Transformación del Estado Federico Sturzenegger (bautizada así porque es una norma que permitiría “barrer” con leyes y regulaciones “obsoletas”) estaba incluida la derogación de la ley 25.542 de precio uniforme de los libros, Sturzenegger dijo a La Nación que esa iniciativa no formaba parte del nuevo proyecto.

No obstante, confirmó que “de una manera u otra” la derogación de esa ley sería una cuestión a abordar por el Poder Ejecutivo. La meta, según dijo, es “beneficiar a los usuarios”, es decir, a los lectores, con una hipotética baja del precio de los libros.

La ley 25.542, conocida como “ley de defensa de la actividad librera”, se promulgó en 2002 y establece que los editores e importadores de libros deben fijar precios de venta al público uniformes en todo el país.

“Es un tema que de una manera u otra vamos a abordar -dijo el ministro a este diario-. La prohibición de que los libros no puedan ser más baratos nos parece algo de una crueldad y de una actitud anticultural increíble. Hay amplia evidencia de que permitir los descuentos reducen el precio; es algo obvio. En Estados Unidos, la irrupción de Amazon hizo que los libros hoy salgan 40% menos que hace diez años”.

“No se puede pensar en nada más anticultura que no permitir que los libros lleguen baratos a la gente”, dijo Sturzenegger.

Al ser consultado sobre si esta medida no afectaría a las librerías, en especial a las independientes, el ministro respondió que probablemente así fuera. “De lo que hablamos es de permitir la competencia para que los libros lleguen más baratos a la gente; si afectar significa que van a tener que cobrarlos más baratos, entonces sí las afectaría. Pero eso es bueno, ¿no? Tal vez deberían reinventarse”.

Cámaras del sector editorial y de librerías y entidades que representan a escritores no coinciden con el punto de vista del ministro. En las vidrieras de librerías porteñas, incluso las de la cadena Cúspide (del Grupo Clarín), se puede leer un cartel con la leyenda: “Las librerías no adherimos a la derogación de la ley 25.542″. Editores, libreros, autores y dibujantes, entre otros agentes del mercado editorial, se aprestan para un segundo round con el Gobierno. Los principales beneficiarios de la derogación serían las grandes superficies (supermercados e hipermercados) y plataformas como Mercado Libre.

“No sé realmente quién podría estar en contra de tener libros más baratos, excepto quienes esta ley hoy les permite venderlos más caros. Es muy cruel, o muy cínico, que haya gente que critique esto en nombre de la cultura. ¿A quién vamos a defender? Al usuario”, afirmó Sturzenegger. A pesar de ser un crítico del Gobierno de Javier Milei, el exministro de Cultura de Cambiemos, Pablo Avelluto, había apoyado la derogación de la norma.

“El proyecto estaba en la ‘ley Bases’ -concluyó Sturzenegger-. Así que tarde o temprano es un debate que tenemos que dar”. Durante los debates legislativos en torno a ese megaproyecto, la oposición había logrado que las normas vinculadas con la cultura fueran retiradas por el oficialismo.

viernes, 3 de mayo de 2024

España: desaparecen las librerías independientes

A contrapelo de lo que sucede en Argentina, donde en medio de la mayor crisis se siguen abriendo librerías independientes, en España, éstas desaparecen. Es lo que se lee en la nota publicada por Eva Ibáñez, el pasado 22 de abril, en público. En la bajada se lee: "Se venden más libros que nunca, pero las librerías independientes cada vez lo tienen más complicado para sobrevivir en un mundo dominado por las grandes superficies y unas ciudades consumidas por los turistas".

El modelo turístico se cobra una nueva víctima, las librerías de barrio

Las librerías independientes, además de quedar bajo la sombra de las grandes superficies, están luchando por sobrevivir en ciudades ya dominadas por el turismo. El caso más extremo lo reflejan aquellas librerías, como La Galatea de Salamanca, que han tenido que cerrar sus puertas porque sus instalaciones se venden para construir más pisos turísticos.

Un librero de Sevilla, que vivió recientemente el cierre de la emblemática librería Verbo, declara en una conversación con Público que en las ciudades "cada vez hay menos residentes de toda la vida" y, en este sector, "es fundamental que la gente del barrio te responda".

Los tejidos urbanos están rompiéndose. Todos los negocios y comercios se ven forzados a homogeneizarse y concentrarse, cada vez más, en el público turista, olvidándose de los vecinos. En este sentido, "las librerías pueden ser un espacio de resistencia", asegura Pablo Cerezo, que forma parte del personal de la librería Pérgamo, la más antigua de Madrid.

Un negocio ahogado por Amazon y el turismo
Sólo en la ciudad de Sevilla, desde junio hasta el día de hoy, han sido 11 las librerías que han tenido que cerrar sus puertas. El cierre más reciente y sonado fue el de la emblemática librería Verbo, donde cientos de personas al día solían curiosear los libros ubicados en lo que antes eran los asientos del Teatro Imperial. El pasado 19 de febrero, colgó el cartel de liquidación ante su cierre inminente.

Juan, librero en Sevilla desde hace casi 20 años, vivió los comienzos de la librería Verbo y también su fin. Cuenta a Público que ha visto cómo "el turismo ha echado a la gente del centro de Sevilla", lo que ha provocado que "cierre una librería detrás de otra".

"Cada vez hay menos residentes de toda la vida", afirma Juan. Y, en un negocio como una librería, "es fundamental que la gente del barrio te responda". Los turistas, por lo general, no buscan literatura, y menos en un establecimiento de barrio. "Si compran libros, lo hacen en la Casa del Libro", por ser otro modelo de negocio basado en "exponer las novedades, a modo de supermercado". Además, estas superficies "pueden ofrecer obras en más idiomas", respondiendo mejor a las necesidades del público turista.

La llegada de turistas también se refleja en los precios de los alquileres, que "no dejaban de subir y se chupaban gran parte del presupuesto", afirma Juan. Una subida de precios que no solo está echando a la gente del centro de la ciudad, sino que también está haciendo insostenible el poder tener un espacio donde montar un negocio local. "Si no hubiéramos tenido que hacer frente a estos precios del alquiler, las librerías seguramente seguirían abiertas", añade.

Una librería que vivió algo parecido a lo que le ocurrió a la de Salamanca, es una situada en la misma calle que Verbo, que tuvo que convertir en apartamentos turísticos parte de sus instalaciones para sobrevivir. Se trata de un proyecto de rehabilitación de los pisos superiores del edificio de la librería, que seguirá abierta al público en la planta de abajo.

La sociedad de consumo y la necesidad de inmediatez a la hora de adquirir productos también se han apoderado del sector. Afirma el librero que "ahora la gente ya no quiere esperar tres o cuatro días, prefieren tener el ejemplar en su casa al día siguiente", servicio que solo pueden proporcionar las grandes cadenas como Amazon.

La librería más antigua de Madrid sobrevive
Sin embargo, las librerías independientes ofrecen una "experiencia y una comunidad en torno al libro", más allá de lo que supone ir a puntos de venta más comerciales, donde los lectores "simplemente buscan comprar títulos y ya está". Así lo cree Pablo Cerezo, librero de Pérgamo, que fue un reducto rojo en el barrio de Salamanca fundado en 1946.

"La relación con el librero, las relaciones que se forman entre los propios clientes, son aspectos que solo pueden ofrecer este tipo de librerías por su alcance", y es por lo que están apostando los jóvenes libreros que gestionan Pérgamo, la librería más antigua de Madrid que está muy apoyada en su clientela fiel, los vecinos del barrio. "El libro es una muy buena excusa para juntarse con gente, a hablar, a debatir, a pensar", y por ello la librería ofrece experiencias como el vermut literario o presentaciones de libros.

Pérgamo, que ahora vende "más libros que nunca", también tuvo que cerrar sus puertas unos meses en 2021, hasta que un empresario y antiguo cliente de la librería decidió rescatarla. Y es que la capital no ha sido una excepción respecto a los cierres de estos negocios: históricos rincones literarios como Nicolás Moya, que también sobrevivió a la Guerra Civil, pero no a Amazon, colgó el cartel de liquidación en 2019. Áurea Clásicos, la librería de referencia sobre la cultura clásica, cerró sus puertas en 2023; el mismo año que cerró Vitorio, especializada en libros antiguos y abierta desde los años 50.

"Los cambios en los tejidos urbanos están dejando ciudades muy fragmentadas", argumenta Cerezo, "donde la gente no tiene experiencias comunitarias que no pasen necesariamente por consumir o tomarse una cerveza. En este sentido, las librerías pueden ser un espacio de resistencia".

"Una sociedad cada vez más pauperizada y 'low cost'"
Se puede pensar que el problema está en que los libros son caros. Cerezo cree que tiene más que ver con que se está yendo a un modelo de sociedad "cada vez más pauperizada, de low cost, de alto consumismo y de muy baja calidad", en la que "alguien puede pagar 2,5 a un rider para que le lleven la comida a casa". De esta manera, uno puede olvidarse de que el trabajo de esa persona vale mucho más que 2,5 euros, y, en comparación, un libro puede parecer caro.

En este sentido, cuando Cerezo vende un libro, siente que la gente "no solo te está confiando lo que cueste el libro, te está confiando su tiempo". Y eso, afirma, "es un compromiso muy grande en la sociedad de hoy en día". Las lógicas del libro van a contracorriente de los ritmos a los que estamos sometidos en nuestro día a día, en el que cada vez es más difícil escapar de los estímulos y simplemente parar y abrir un libro, porque tal y como lo refleja Cerezo, "el ritmo del libro es pausado. Y la sociedad capitalista no lo es".

También se cree que el cierre de las librerías está más relacionado con la "muerte del libro", pero, según Pablo Cerezo, "la literatura nunca ha sido el fútbol. Nunca ha sido una cosa de masas". Estamos hablando de que la "población alfabetizada no tiene más de un siglo, y nunca ha habido una mayoría de la población que leyese".

Con estas narrativas, afirma el librero madrileño, se está hablando de "un pasado idílico que no existió nunca". Son discursos que, en una supuesta defensa del libro, acaban romantizándolo y "haciendo daño a una librería como sector económico", que tiene que sobrevivir como cualquier otro negocio. "Hay que problematizar el debate y sacar al libro de estas lógicas estrictamente románticas que tenemos del mundo del libro como este ente que está por encima del bien y del mal".

Entender bien las problemáticas a las que se enfrentan los negocios literarios servirá también para que las soluciones ofrecidas por las administraciones públicas sean más adecuadas a su realidad. Muchas de las subvenciones ofrecidas tanto a nivel autonómico como nacional giran en torno a la digitalización de las librerías. Al respecto, Cerezo afirma que no sirve que le den "un ordenador cada seis meses para digitalizarse", ya que le vendría mejor "que hubiese un tope al alquiler, o que estuviese exento de pagar impuestos sobre el alquiler".

El libro no está muerto. El Barómetro de Hábitos de Lectura de 2023 reflejó que los lectores frecuentes, aquellos que leen al menos una vez a la semana, alcanzan el 52%. Pero ahora es más importante que nunca luchar contra las lógicas consumistas que llevan a quererlo todo en un click y acercarse a las librerías de barrio, y evitar así que las ciudades se conviertan en espacios vacíos de cultura y de negocios locales.

lunes, 19 de febrero de 2024

Marcha atrás: los bouquinistas se quedan

En la entrada correspondiente al 28 de septiembre de 2021, este blog explica qué son los bouquinistas; vale decir, los célebres kioscos de libros usados que existen en las márgenes del Sena, en París. Luego, en la entrada del 21 de noviembre de 2023, se anunció la decisión de las autoridades francesas de retirar los kioscos por temor a que pudieran at contribuir de alguna manera atentados terroristas durante los inminentes Juegos Olímpicos de este año. Sin embargo, el presidente Emmanuel Macron dio marcha atrás. Así se explica en esta nota sin firma publicada por el diario Página 12, el pasado 14 de febrero.

Francia renuncia a retirar los libreros del Sena con motivo de los JJOO

Los libreros a orillas del Sena en París mantendrán sus icónicos cajones verdes durante los Juegos Olímpicos, después que las autoridades renunciaran a su controvertida retirada por motivos de seguridad, anunció este martes la presidencia francesa.

"El presidente (Emmanuel Macron) pidió al ministro del Interior y al prefecto de policía de París preservar el conjunto de libreros y que no se obligue a ninguno de ellos a desplazarse", ante la ausencia de una "solución de consenso", precisó esta fuente.

Con motivo de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos el 26 de julio, que tendrá lugar a lo largo de 6 kilómetros del río Sena a su paso por la capital, las autoridades preveían la retirada "durante días" de casi 600 de los 900 cajones por motivos de seguridad.

Sin embargo, los "bouquinistes" --hay unos 230-- rechazaban esta medida, máxime cuando algunas de las cajas tienen hasta 150 años de antigüedad y se espera la presencia esos días unos 15 millones de visitantes en la capital.

Macron, que calificó a estos libreros de "patrimonio vivo de la capital", pidió así cambiar el dispositivo de seguridad, después de que las autoridades redujeron en enero a la mitad el aforo para la ceremonia de apertura a unos 300.000 espectadores, según la presidencia.

Herederos de los vendedores ambulantes de libros del siglo XVI, los "bouquinistes" que venden libros de segunda mano e incluso souvenirs turísticos pueblan los muelles del Sena y se han convertido en un símbolo de la capital francesa.

La decisión se conoció solo unas semanas después de que la Asociación Cultural de "Bouquinistes" de París anunció que iba a recurrir a la justicia administrativa para tratar de impedir el desplazamiento forzado de sus puestos.

Dicha medida había causado una gran polémica al hacerse pública en el verano de 2023, a un año de la cita olímpica, ya que los puestos de madera pintada de verde que pueblan las orillas del Sena son una estampa tradicional para los parisinos y los turistas.


jueves, 15 de febrero de 2024

Un nuevo curro cordobés: alquiler de libros

Antes, quienes no tenían dinero para comprar libros recurrían a las bibliotecas públicas o municipales. Ahora, según se lee en la nota publicada el 28 de enero pasado, en el diario La Voz del Interior, de Córdoba, por Analía Martoglio, se alquilan. En la bajada, se lee: "Cuando por la crisis económica comprar libros nuevos resulta inalcanzable, alquilarlos se vuelve una opción útil para los lectores ávidos. A la par, crece el circuito de compra, venta y canje de usados".

Alquiler de libros a domicilio, una alternativa práctica y novedosa para los amantes del papel

Leer en papel se ha vuelto un hábito cada vez más difícil de conservar, no solo por lo que hoy sale comprar un libro nuevo (cuyo valor parte de los $ 10.000 en adelante) sino también por la explosión del formato digital y los audiolibros. Sin embargo, todavía quedan estrategias para los amantes del papel, como la compra y venta de usados, el trueque, las bibliotecas populares y ahora también, la opción de alquilar.

Hace seis años una pareja de jóvenes cordobeses lleva adelante un emprendimiento basado en esta última opción y la cantidad de lectores interesados en aprovecharlo no deja de aumentar.

“La demanda creció en estos años, llegan clientes nuevos mes a mes y nos sorprendió que se suman muchos jóvenes, no solamente la gente grande que es el público con el que más trabajamos”, cuenta a La Voz Agustina Chanquia, diseñadora gráfica y parte de “Libros Lipé”.

El 90% de las clientas de Lipé son mujeres a partir de los 40 años que “devoran” los libros, pero el público infanto-juvenil también tiene su espacio y es durante los meses de calor que resurge con más fuerza.

“En verano tenemos un mix con las personas que se quedan en Córdoba y buscan leer, y las que se van a otro lado y se llevan libros para disfrutar en donde estén”, suma Agustín Saavedra, publicista y también coordinador del proyecto.

La idea de crear un alquiler de libros surgió en el año 2018, cuando los emprendedores vieron la estantería llena de libros que la mamá y la abuela de Agustín tenían sin saber que hacer con ellos. Pensaron en venderlos o publicarlos pero les resultó engorroso.

“Un día a la mamá de Agus se acordó de un hombre que siempre pasaba por el barrio con un carrito lleno de libros. Era como una biblioteca andante y pensamos que podía ser una buena idea. Se veía en otros países pero no en Córdoba”, relata Agustina.

Así fue que averiguaron si era posible legalmente y cuando todo estuvo en regla se lanzaron, apelando a
sus habilidades en diseño y marketing. Al principio les costó y todo se manejaba de boca en boca pero con el tiempo llegaron a mas personas y el amplio recibimiento fue inesperado.

Primero iniciaron en barrio Poeta Lugones y en otros barrios de la zona norte como Márques de Sobremonte, San Martín y Villa Cabrera. En pandemia se animaron a los envíos en toda la ciudad impulsados por el poco tránsito que había en las calles.

“Ahora hacemos entregas en Carlos Paz, Villa Allende, Jesús María, Mendiolaza, Montecristo y próximamente estamos terminando una web para la entrega a nivel nacional”, dice Agustín entusiasmado. “Nos han hablado muchas personas de Buenos Aires, del sur, del norte, de Misiones. Les encanta la idea y preguntan cómo podemos hacerles llegar los libros hasta allá”, agrega.

El alquiler en este caso sería anual con una cantidad de libros establecida, mientras que los envíos se coordinarían a través de Mercado Libre o de encomiendas.

¿Cómo se alquilan los libros?
En Lipé hoy cuentan con más de 3.000 títulos. Más de 2.000 son novelas de todos los géneros y el resto se divide en libros de política, finanzas, juveniles y de autoayuda o psicología.

Aunque la mayoría conoce el proyecto a través de Instagram, Facebook o el boca en boca, el contacto principal se hace por Whatsapp. Por ese medio se comparte la página web donde el lector puede consultar el catálogo dividido en categorías.

Aunque todavía están trabajando en el desarrollo de un buscador que agilice el encuentro con el libro deseado, los jóvenes asesoran, guían y ofrecen recomendaciones de lectura para quienes lo necesiten.

Hay dos tipos de alquileres: por un mes y por dos meses. El primero incluye de 3 a 5 libros y cuesta $ 6.000 y el segundo incluye un máximo de 3 libros con un costo de $ 9.000. También está la opción especial de alquilar hasta 10 libros por $ 9.000 durante un mes. Todo depende del ritmo de lectura de cada persona.

En caso de no terminar de leer todo, se puede renovar un próximo mes re-alquilando los títulos viejos y agregando nuevos o extender una semana más el plazo. No es necesario ser socio o pagar una membresía mensual, el servicio se puede dejar y retomar cuando el lector quiera.

Los pedidos encargados se arman una vez por semana y tanto la entrega como el retiro se realiza a domicilio.

“Lo que hacemos es acordar una fecha y horario para llevarlo a domicilio. Pasados los 30 o 60 días volvemos a contactarnos por Whatsapp para avisarles que vamos a buscar los libros y preguntar si quieren hacer un nuevo pedido. Este servicio está incluido en el precio”, explica Agustina.

Para renovar el stock no solo compran sino que también reciben donaciones siempre que sean de libros de las categorías que actualmente ofrecen.

“Muchos tienen una biblioteca llena, quieren hacer limpieza y no saben qué hacer con esos libros. Les da lástima tirarlos, o regalarlos cuando no saben si los van a guardar. Con nosotros saben que hay personas esperándolos que los van a leer. Nuestros libros son valiosos porque sabemos que cada uno viene de una familia distinta. Los cuidamos como si fueran nuestros”, asegura Agustín.

La "magia" del papel
“Nosotros trabajamos exclusivamente libros físicos, no nos vamos a abrir a los digitales. Hay mucho de eso y queremos mantenernos en este tipo de lectura que la gente y también nosotros amamos. Tenemos 27 años y desde siempre hemos leído libros en papel, los virtuales son incómodos, te cansan la vista y te dan tener dolor de cabeza”, dice Agustín.

Agustina agrega que sus clientas los eligen porque tienen esa misma preferencia. “Siempre nos dicen que el papel tiene esa magia con el olor a las páginas, la posibilidad de ponerles un señalador, ponerlos en la mesita de luz. Tienen un encanto con el que los digitales no cuentan”.

La opción de alquilar es una alternativa más económica que la compra y se suma a las ya habituales estrategias que los amantes del papel aplican como la compra y venta de usados y el canje.

En esa visión mágica coinciden también algunos referentes del circuito de libros usados en Córdoba que consultados por este medio, refirieron como a pesar del auge virtual no solo no perdieron clientes, sino que además aumentaron impulsados por la crisis económica.

“Hay mucha insistencia sobre el papel. Atrae su mística y la magia de tenerlo en la mano. No es lo mismo leer en la compu o en un e-book, son prácticas de lectura diferentes. Igualmente no creo que una vaya en desmedro de la otra sino que conviven. No me parece que porque el libro digital tome relevancia se haya dejado de leer en papel”, afirma Augusto Rocamora, dueño de La Rosa de Cobre, librería dedicada a la compra, venta y canje de usados en calle Tucumán 379.

Y agrega: “el libro usado tiene una demanda constante por varias razones. Una es porque es una alternativa al precio del libro nuevo y otra tiene que ver con la búsqueda de libros extraños o de nicho, primeras ediciones o títulos agotados”.

Hoy comprar un libro usado sale un promedio de entre $ 3.000 y $ 6.000 dependiendo el lugar, la edición y el título. También se pueden encontrar algunos a precios irrisorios de entre $ 500 y $ 2.500 y excepciones raras de títulos muy actuales en $ 8.000 o de ediciones caras en $ 20.000.

Los libreros también acuerdan en que, contra todo pronóstico, el público joven es ávido del formato papel. Así lo afirma Elizabeth Triay duela de librería San Martín ubicada en Ayacucho 14: “Está la gente grande acostumbrada al formato físico, pero mucha gente joven viene una vez al mes a comprar su lotecito de libros. Son chicos de secundaria o que están en los primeros años de la universidad que les gusta tener el libro en sus manos”.

“El que es lector no compra un libro, compra cinco y viene todos los meses o semanas. Necesita una alternativa más barata”, suma.

En ese sentido, Mariana Bocco remarca la atracción que genera en el público la posibilidad del canje. Como dueña de la librería Nuevo Siglo ubicada en General Paz 264, observa constantemente a los clientes que traen sus libros para cambiarlos por otros que quieren leer.

“Nosotros se los tasamos a la mitad del valor que tiene el libro que van a comprar y estamos recibiendo mucha demanda ahora en verano y también por la crisis. Así como la falta de plata favorece algunos rubros y vuelven a resurgir los que arreglan bicicletas, las costureras y los zapateros, nosotros notamos que la gente que antes compraba todo nuevo ahora viene acá a comprar libros de segunda mano”, cuenta.

martes, 13 de febrero de 2024

Los libros no constituyen una excepción

El pasado 9 de febrero, la agencia TELAM publicó en su portal una nota sin firma, rápidamente reproducida por la mayoría de los principales diarios argentinos. Allí se lee cómo está afectando la presente crisis, fogoneada por el gobierno, al mundo del libro. En la bajada se lee: "El titular de la cámara del sector, Juan Manuel Pampín, manifestó preocupación por la situación de la industria y los costos de los insumos, respecto al año pasado. Además, advirtió que "este año viene muy flojo, con costos altísimos".

Aseguran que cayó un 30% la venta de libros en el país

El presidente de la Cámara Argentina del Libro y de ediciones Corregidor, Juan Manuel Pampín, mostró este viernes su preocupación ante la situación de la industria y los costos de los insumos, al tiempo que advirtió por "la caída del 30% en la venta de libros".

"La industria está complicada con caídas muy fuertes de las ventas en un 30% respecto del año pasado y este año viene muy floja la industria con costos altísimos", sostuvo.

En ese aspecto, agregó que la materia prima esencial sufrió un proceso de encarecimiento importante "del orden del 55% en el papel", por lo que reclamó "acciones para poder sobrellevar la situación".

Al mismo tiempo, Pampín valoró la reunión que mantuvieron con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof y el ministro de la Producción, Augusto Costa, donde explicaron la situación que atraviesa la industria del libro y la preocupación ante la situación económica actual.

"Le propusimos al gobernador una industria argentina del libro porque tenemos la fuerza y el intelecto para poder realizarlo", sostuvo en diálogo con Radio Provincia, y explicó que "Argentina produce y hay autores argentinos que traspasan las fronteras. Lo que necesitamos es apoyo para poder trabajar y el papel que es materia prima absoluta para nosotros lo tenemos que pagar en contado".

Por último, reveló que "en Argentina hay un oligopolio de celulosa y el precio del papel está a nivel internacional, es por ello que estamos pidiendo ante Nación reuniones por todos lados pero no hemos logrado que nos atiendan.