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lunes, 27 de julio de 2026

Italia, nuevamente país invitado a la Feria de Guadalajara y Feltrinelli aprovecha

La siguiente nota fue publicada en La Jornada, de México, el pasado 18 de julio, con firma de Reyes Martínez Torrijos. Anuncia la iniciativa del sello italiano Feltrinelli para su participación en la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Arribará una delegación de 61 autores a la FIL de Guadalajara: Alessandro Baricco, Federica Manzon, Valeria Luiselli...

Los escritores italianos Alessandro Baricco y Federica Manzon, así como la mexicana Valeria Luiselli participarán en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara 2026. Forman parte de la propuesta de Feltrinelli Editores para acceder este año al mundo literario de España y América Latina, según informó el editor de ese sello, José Hamad, a La Jornada.

La edición 40 del encuentro editorial tendrá a Italia como país invitado, nación que traerá una delegación de 61 escritores y más de 30 sellos; también desarrollará un programa de exposiciones, conciertos, cine, gastronomía y encuentros editoriales, del 28 de noviembre al 6 de diciembre, se divulgó ayer.

Tales actividades girarán alrededor del descubrimiento de la cultura italiana, inspirado en las palabras del escritor Umberto Eco: “el mundo nos habla como un gran libro”, a 10 años de su muerte.

Los autores italianos contemplados incluyen, además de Baricco y Manzon, a Viola Ardone, Bruno Arpaia, Andrea Bajani, Mario Calabresi, Olga Campofreda, Stefano Ciccone, Helena Janeczek, Felicia Kingsley, Vincenzo Latronico, Antonella Lattanzi, Milo Manara, Daniela Marcheschi, Guido Mazzoni, Fabian Negrin, Pera Toons, Laura Pugno y Stenio Solinas, entre otros.

El programa inaugural en español de Feltrinelli Editores incluye la redición del clásico El doctor Zhivago, de Borís Pasternak; el ensayo Breve historia herética de la música clásica (en septiembre próximo), de Baricco; la novela Principio, medio, fin, de Luiselli; el ensayo En palabras sencillas, de Richard Ford, y la narración Regreso a Trieste (noviembre), de Manzon.

Breve historia herética de la música clásica reflexiona sobre la relación humana con el misterio de los sonidos durante la historia europea. Hamad (Madrid, 1976) explicó que Baricco, narrador, dramaturgo y crítico musical, es uno de los autores de Feltrinelli en Italia y de Anagrama en lengua española. “Cuando supo que la italiana empezaría a publicar en español, quiso apadrinarla con este libro. Luego regresará a Anagrama”.

El también escritor detalló que la propuesta del nuevo sello en español es la literatura internacional en traducción, como el clásico El doctor Zhivago, que tras ser censurado, Giangiacomo Feltrinelli sacó el manuscrito de la Unión Soviética, lo tradujo al italiano y lo publicó en Feltrinelli, por primera vez fuera de su país, y luego lo impulsó en las casas editoras más importantes. “Consiguió darlo a conocer. Por eso es un libro muy simbólico”.

Hamad consideró que El doctor Zhivago explica los orígenes de la editorial y, por eso, se decidió que arranque el nuevo catálogo, y sumarle un título que represente el futuro de Feltrinelli, para lo cual eligieron el de Luiselli, quien escribe en inglés y español, y sus libros se traducen a 30 lenguas. “Creemos en ella como una de las grandes autoras de la literatura universal en este momento”.

Mirar hacia afuera, la apuesta

El editor mencionó que Feltrinelli también pondrá su atención en la “literatura de mirar hacia fuera, de conocer, de expandir esa visión. Es una editorial originaria en Italia que quiere abrirse a nuevos horizontes. Nos gustaría una literatura abierta a la imaginación, en que las historias, las tramas, la ambición literaria de los autores sean fuertes, abarcadoras, y vayan hacia el mundo más que hacia la introspección”.

Otra de las apuestas del sello es su única colección llamada Feltrinelli Lectures. Cada año se incluirá un texto de un autor de talla mundial encargado expresamente, que será una primicia en español e italiano, antes de la lengua del autor, y será presentado en conferencia en Barcelona y Milán.

El lanzamiento de la serie será con En palabras sencillas, del estadunidense Richard Ford. Un libro de 160 páginas que llegará a finales de junio a México y el resto de América Latina. “Aborda cómo lo político siempre está inmerso en lo literario, y lo hace a través de un recorrido sobre su propia obra”, reseñó José Hamad.

Feltrinelli publicará en los próximos meses los libros Todos siguen aquí, de Liadan Ní Chuinn; La carne, de David Szalay; Twist, de Colum de McCann, y Últimos especímenes antes de la extinción, de Maria Reva. Feltrinelli prevé editar unos 15 libros al año, a excepción de 2026, cuando comenzaron a publicar este mes.

Feltrinelli, que tiene una historia de 71 años y en 2016 adquirió completamente a Anagrama, “ha tenido relaciones muy estrechas con América Latina, expresó el editor: “Giangiacomo Feltrinelli estuvo trabajando mucho con Fidel Castro para una autobiografía, que nunca llegó a ocurrir. Fue la primera editorial europea que publicó El diario del Che en Bolivia y una de las primeras que lanzaron a Gabriel García Márquez en ese continente”.



martes, 24 de febrero de 2026

Una entrevista con José María Micó, traductor de la Divina Comedia

"El poeta, filólogo y traductor español José María Micó habla sobre su traducción de la Divina Comedia, de su nuevo poemario, y sobre por qué los clásicos siguen hablándonos." Tal es la bajada de la entrevista, publicada sin firma, el El Universal, de México, el pasado 1 de febrero.

“Siempre es buena noticia que un clásico se convierta en best seller

Poeta, filólogo, traductor y trovador, José María Micó sabe a qué círculo del Infierno lo destinaría Dante en su Divina Comedia, pero piensa que como traductor del florentino, de Torcuato Tasso, de Ludovico Ariosto, de Ausiàs March, de Valerio Magrelli o de Pere Gimferrer tiene cabida en el Paraíso.

La agenda del intelectual catalán se ha mexicanizado. Del 29 al 31 de octubre pasado, visitó Ciudad de México para dictar la conferencia de clausura del XVII Congreso Bienal de la Society for Renaissance and Baroque Hispanic Poetry, en la UNAM, con la representación de la Universitat Pompeu Fabra.

También participó en el Coloquio Internacional Góngora en América, celebrado en la sala Alfonso Reyes del Colegio de México el 4 y 5 de noviembre, en el que hizo un balance de la presencia del poeta del Siglo de Oro en el barroco mexicano y en poetas contemporáneos, de Octavio Paz a David Huerta.

Y aprovechó para presentar el 6 de noviembre, en Casa Universitaria del Libro (Casul), su más reciente libro, Prohibido estacionarse (Luxpluslux, 2025), y ofrecer su concierto a dúo conyugal: Marta y Micó.

Prohibido estacionarse me hace mucha ilusión porque es mi primer libro poético como autor que se imprime y se divulga en México, en Luxpluslux, una joven editorial independiente”, comenta en entrevista Micó, ganador en 1992 del Premio Hiperión de Poesía con La espera, su poemario debut.

Y a su vuelta a España participó en la Cátedra Alfonso Reyes que la Universidad Autónoma de Nuevo León organiza desde hace algunos años en Madrid, que en esta ocasión presentó su colección de traducciones de poesía, que incluyó su versión al castellano del poeta catalán medieval Ausiàs March.

Con Micó (Barcelona, 1961) llegó a librerías mexicanas Jerusalén liberada, poema publicado por Tasso en 1581 sobre las Cruzadas, en la edición, notas y traducción del filólogo en Acantilado (2024), cuya traducción de la Divina Comedia llegó en 2018 a su octava reimpresión y se erigió en best seller.

“He sido un poco prolijo pero ha habido muchas actividades que se han juntado”, admite con picardía.

Plagiaré una pregunta a un italiano cercano a usted, Italo Calvino: ¿Por qué leer a los clásicos?
Esa pregunta tiene muchas posibles respuestas, pero yo diría que porque hablan de nosotros. Hay que leer a los clásicos porque siguen hablando de nosotros y nos ayudan a entender lo que somos. Y porque han dicho de una manera difícilmente mejorable las cosas que nos gustaría decir a los contemporáneos. Y, por tanto, son y siguen siendo un modelo, tanto por su forma como por su mensaje.

En México se impone en escuelas a los clásicos casi como tortura. ¿Cuál es el secreto para acercarse al autor clásico? Usted no entendió la Divina Comedia cuando la leyó por primera vez.
En realidad leí sólo el Infierno a los 19 años, porque me regalaron una edición italiana. Y la Divina Comedia, como diría Borges, tenía previo fervor asegurado como un gran clásico que había que leer. Y yo no sabía italiano entonces y por tanto entendí muy poco más allá de versos sueltos. Pero me dí cuenta que había en ese texto música extraordinaria y me ganó por el oído. La primera aproximación de cualquier clásico para los jóvenes lectores debe ser por el oído más que por otro sentido, por la musicalidad. La música de una página de Juan Rulfo es imbatible, como la de unos tercetos de Dante. Esa idea de un mensaje indescifrable, aunque esté en nuestra lengua ---un soneto de Góngora--- que un joven puede no entender, tiene una música que implica un contenido interesante. A partir del placer de escuchar algo, por decirlo así, melódico o sinfónico, es como la literatura puede entrar en los jóvenes.

Llegó su Jerusalén liberada. ¿Cómo se siente de que sus traducciones sean best sellers?
El primer sorprendido fui yo o estoy siendo yo. Pronto hablaré con Acantilado para revisar la octava edición de la Divina Comedia. Desde 2018 han salido ocho ediciones ha sido un éxito que no nos esperábamos. El primer culpable de ese éxito es, indudablemente, Dante, porque aunque pueda caer en periodos de olvido, o de desidia, o de ignorancia, o de distancia, por no reeditarse, es uno de esos autores que resiste el paso del tiempo. Y una nueva traducción siempre es una buena noticia. Se recibió tan bien porque hacía tiempo que no se traducía. Y después de la mía han salido otras traducciones. Y como digo a veces en broma, bueno, en serio: Dante lo resiste todo, la Comedia tiene esa aura de gran clásico, inamovible, que siempre tenemos que volver a él. Y el trabajo que ha hecho Acantilado es extraordinario, un objeto que no llega a mil páginas, en papel muy bueno, que es apetecible para los coleccionistas. Y luego está la eventual calidad de la traducción, que eso es otro asunto que el tiempo juzgará y que hay que ir renovando, porque nunca son perfectas las traducciones. Pero mi intento fue devolver al lector de hoy el brillo de un texto tan extraordinario como la Comedia. Y siempre es una buena noticia que un clásico se convierta en un best seller dentro, naturalmente, de sus posibilidades”.

¿Que la Divina Comedia sea tan conocida no es obstáculo para su lectura? Pienso que es como El Quijote, que hay gente que cree haberlo leído, aunque en realidad sólo ha escuchado de él.
–Ésa es una pregunta muy inteligente, porque sí sucede así con los grandes clásicos: que todos prácticamente podemos decir algo de Shakespeare, de la Odisea de Homero, de la Comedia de Dante de El Quijote, porque alguna vez nos han hablado de ellos o porque forman parte de la cultura en general y a veces arrastramos prejuicios. De Dante recordamos el Infierno únicamente; de Shakespeare, algunos episodios o frases; de El Quijote, la locura del episodio de los molinos. Y hay que corregir, editando y traduciendo de nuevo de manera completa, esa mezcla de conocimiento y de prejuicio. Porque cuando uno entra en El Quijote y lo lee completo, se da cuenta de hasta qué punto es una obra divertida, hasta qué punto lo recuerda parcialmente, porque el episodio de los molinos es muy insignificante en el conjunto de la obra. Y lo mismo sucede con la Comedia: se encuentran esos versos maravillosos de Paolo y Francesca o del conde Ugolino, o de Brunetto Latini. Y poco a poco se puede entender, a través de su lectura, por que son tan grandes esos autores. Mi consejo a los lectores es que sustituyan ese conocimiento más o menos bajo, general, por uno más concreto, específico y completo”.

¿Y qué pasa con autores casi desconocidos por falta de traducciones o de difusión, como Ausiàs March, sólo conozco la edición de Castalia de 1979. O a Tasso y Ariosto, a quienes usted tradujo? Son autores que al final se destinan a sectores intelectuales específicos, no a público en general.
Sí, esa es también una cuestión importante. Ya que has mencionado a March, acabo de publicar en México, en la UANL, una selección de 43 poemas traducidos en verso, porque, efectivamente, esa edición a la que te refieres de Castalia, de Rafael Ferreres, fue completa, y Ausiàs March, siendo tan importante como es, merece una difusión mayor. Quienes nos dedicamos a estas cosas tenemos que hacer lo posible por divulgar a estos autores con independencia de lo que pueda suceder de la venta de los libros. Sí es importante para mí, y vale también para Góngora, al que me dediqué durante muchos años, que estos autores no deben mantenerse únicamente dentro del coto de los especialistas, de los estudiantes de filología, sino que hay que hacer traducciones para el lector general, ediciones y traducciones con rigor filológico, como el que he intentado aplicar en mis traducciones del Orlando furioso, de la Jerusalén liberada o de la Comedia de Dante, porque sin rigor filológico no se puede seguir, pero pensando que son para lectores de poesía de hoy. Es decir, que un lector de poesía del siglo XXI lea la Comedia como lo que es, un clásico de la poesía universal, y no una lectura obligatoria de estudios de filología o de bachillerato o de lo que sea. Los traductores y editores debemos estar a la altura de esa necesidad de divulgación sacando a Dante, a Cervantes, a Shakespeare, a Ausiàs March, a Ariosto, a quien sea, del coto reducido de los estudiosos o estudiantes de una filología.

¿Cree que Dan Brown hizo divulgación de la Divina Comedia para un público más masivo?
Dan Brown, has dicho. Sí, bueno, es otro tipo de divulgación. Porque no se trata de una traducción, sino de crear una novela nueva a partir de una serie de detalles de la Comedia. Y evidentemente la Comedia de Dante aún es más conocida que antes y eso es un factor desde luego positivo. Pero lo que no debe hacer el lector es quedarse en esas cosas; lo que hay que conseguir es que el lector vaya a los textos, no a los sucedáneos, no a recreaciones, sino que vaya lo más directamente posible a los textos.

¿Qué diría que tienen de contemporáneos autores como Cervantes, que estuvo en guerras y en prisión; a Dante, que escribió en el exilio, o Góngora, Quevedo, Lope, con sus peleas famosas?
A veces tenemos la impresión de que estos autores del pasado, Shakespeare, Cervantes, Góngora, Quevedo, Dante, etcétera, forman parte de un canon y que son superiores a lo que podemos hacer nosotros, porque están ahí en un canon, alejados, y son como unas historias más o menos impuestas. Pero, yo en realidad digo que es lo contrario, todos estos autores fueron problemáticos en su día, escribieron cosas que la gente no aceptaba o no comprendía; estuvieron, por tanto, no necesariamente al margen de la sociedad, pero sí a veces al margen del poder literario establecido, de las teorías literarias, de las normas retóricas e hicieron algo que en principio no era aceptado en su tiempo.

¿Y en cuanto a sus obras?
La Comedia es un libro muy extraño para intentar entenderlo. ¿Por qué Dante lo escribió en italiano, para empezar, o en lengua vulgar? ¿Por qué usó en el Infierno estos términos tan vulgares? Hay ventosidades, hay cosas repugnantes, incluso, junto a, en el Paraíso, momentos de poesía altísima, de poesía mística, de gran altura y de gran pureza. Dante fue el primero que se atrevió a romper las normas estilísticas y juntar lo más bajo y lo más alto en un mismo libro, y usando una lengua que jamás se había usado para eso, porque el italiano, o el florentino, cuando Dante lo usa, se había usado prácticamente solo para poesía post-trovadoresca, para el dolce stil novo o en sonetos de amor, o la sátira, etcétera, pero no se habían juntado nunca en una obra como esa. Algo parecido sucede con El Quijote. Lope lo desprecia, y al final resulta que es un libro que le gusta al público, para sorpresa de todos, y que se hace célebre ya desde su misma publicación. Por tanto, hay que tener en cuenta que fueron obras muy innovadoras en su tiempo y no debemos convertirlas en obras anquilosadas en el pasado, porque nos pueden decir todavía muchas cosas, y en las que, en definitiva, como sucede con Shakespeare, con El Quijote, con la Comedia de Dante, el gran tema que comparten, por lo menos en cuanto a interés con nosotros, es la condición humana, la mortalidad, la temporalidad, el amor, en fin, cosas que siguen siendo presentes o importantes para nosotros”.

Como traductor contemporáneo, ¿cómo trata con el contexto de obras escritas hace 600 años?
–Ése es el gran misterio, el gran ideal que no sé si los traductores conseguimos siempre. Por un lado está la necesidad de familiarizarse con el autor, todo lo posible. En el caso de Dante no hay autógrafos, pero conservamos muchas obras suyas, y por tanto tiene ese perfil de hombre de letras más o menos completo, que a mí me gusta reconocer en otros autores, como Torcuato Tasso o Ludovico Ariosto, a los que me he dedicado. Y, por tanto, se trata de zambullirse en su lengua, aunque hay algo que se pierde inevitablemente, que es el estatuto o el contexto sociólogico del idioma. Dante decidió escribir en lengua vulgar la Comedia -una decisión extraña, que al final le ha servido para durar hasta hoy-, en lugar de hacerlo en latín, que se lo había planteado. Y con eso ya consiguió un público, de manera más o menos inmediata, que era casi imprevisible o imposible en el caso de haber usado otra lengua.

¿Y cómo pasa eso a la traducción al español?
La lengua que Dante utiliza, en su tiempo, es muy distinta de la del español del siglo XXI. Somos millones de hablantes, tenemos una tradición literaria que Dante no tenía detrás, porque se remitía a la tradición grecolatina. De modo que ese contexto sociológico es muy difícil de reconstruir. Pero sí, en cambio, es factible y es lo que intenté con mi traducción reconstruir la enorme variedad lingüística y la increíble capacidad expresiva de Dante, a veces dialectal, mezclando lenguas con muchos neologismos. Y, por tanto, a falta de poder zambullirnos en la identidad y en el contexto social del autor, lo que importa es zambullirse hasta lo más profundo posible en la identidad lingüística del texto y reconstruirla para un lector de hoy, porque lo que no tendría sentido sería usar un castellano medieval; sería fácil, y en alguna traducción de las que se han hecho antes, cuando se ha pretendido conservar la rima, a veces, de cuando en cuando era casi obligado recurrir a algún arcaísmo. Yo creo, en cambio, que hay que usar una lengua mucho más libre, sin que deje de ser poética, porque en mi traducción obviamente respeto el endecasílabo y conservo siempre que se puede la unidad sintáctica de los tercetos, para ser lo más fiel posible a la lengua usada por el autor y al estilo personal del autor.

Y en el mundo actual de islamofobia tan fuerte. ¿Cómo rescata el traductor en estas obras una cultura tan influyente en la literatura y hoy tan vilipendiada, como la musulmana? Luce Lopez-Baralt ha abordado en sus libros, y en una entrevista conmigo, la influencia del Islam en San Juan de la Cruz y en Miguel de Cervantes, por ejemplo. Y Miguel Asín Palacios trató hace más de un siglo el tema en su libro La escatología musulmana en la Divina Comedia (1919)?
Sí, es evidente que Dante conocía algunos de esos textos también, fundamentalmente La escala de Mahoma, que es el que estudia Miguel Asín Palacios en su libro, que fue muy polémico y casi revolucionario en su día, pero que poco a poco ha ido aceptándose esa relación entre Dante y el Islam, de hecho hay monografías sobre el tema relativamente recientes. Y tampoco hay que sorprenderse mucho, porque era un mundo medieval en el que había comunicación entre las religiones por varias vías, a pesar de la hostilidad y la enemistad y de la guerra abierta que hubo en muchos periodos. Pero, evidentemente, los textos místicos, casi por definición, tienen puntos en común y por tanto es hasta normal que haya elemenots de la mística árabe en la Comedia de Dante, porque además esos textos circularon por la Toscana de los siglos XIII y XIV y es bastante verosímil que Dante pudiera haberlos leído en versión latina o que tuviera conocimiento de la mística en los términos en los que ahí se tratan. Por tanto, había una comunicación que era importante en Italia a través de Federico II de Sicilia y por tanto de Averroes, a quien por cierto cita el propio Dante: 'el gran comento feo (el que hizo el gran comentario)', que se refiere al comentario de Averroes a la filosofía aristotélica. Lo que no se debe es exagerar en términos de influencia ni decir que si no hubiera leído La escala de Mahoma Dante no hubiese escrito la Comedia. Eso es mucho decir. Pero sí había comunicación y puntos en común entre la mística de origen árabe, musulmana, y la mística cristiana, y en el Paraíso se ven algunas de esas conexiones, no sólo en el Infierno sino también en el Paraíso”.

¿Y en el caso de Tasso, que escribió sobre la Primera Cruzada?
Es interesante también, porque allí sucede algo parecido. Tasso escribe mucho después que Dante, en un momento en que ya se han producido cientos de años de confrontación entre el imperio turco y la cristiandad, y en lugares estratégicos de Italia, como Venecia, Salerno, hubo incursiones de los árabes y había una hostilidad centenaria entre cristianos y musulmanes. De hecho, Tasso escribe más o menos en el contexto de la batalla de Lepanto, y sería esperable en su Jerusalén liberada, que nada más y menos trata de la conquista de Jerusalén por parte de las tropas cristianas de Godofredo de Bouillón, de la Primera Cruzada, sería esperable que hubiera una imagen muy opuesta y muy negativa de los musulmanes que son los enemigos y que a veces su enemistad se complica con elementos mágicos. Pero, por otro lado, casi todos los personajes interesantes femeninos de la Jerusalén liberada, casi todos no, todos los personajes femeninos de la Jerusalén liberada son del ámbito musulmán, del ámbito sarraceno. Y hay ahí una especie de elogio también del enemigo, que es una tradición épica importante que está en el Orlando furioso de Ariosto y también en Torcuato Tasso. Es interesante ver que esos dos mundos, enemigos durante siglos, en algunas de estas obras, aunque escritas desde la perspectiva cristiana, se asimilan o se tienen en cuenta ya sea enseñanzas o doctrinas místicas, ya sea por razones caballerescas, y se enzalce el heroísmo de algunos de esos enemigos”.

Presentó en México Prohibido estacionarse. Su poesía ha sido tan prolija como su trabajo como traductor desde 1992 con La espera. ¿Qué distingue este nuevo poemario en una obra de 33 años?
Me hace mucha ilusión que Prohibido estacionarse se publique precisamente en México, porque es un libro muy mexicano, no por el contenido. Reuní mi poesía completa o casi completa hace pocos años, en Primeras voluntades (Acantilado, 2020), pero no era el mejor momento para publicar nada, porque ha salido en plena pandemia, no hubo presentaciones, hubo apenas distribución. Mi poesía es conocida sobre todo por mis poemas breves, especialmente porque a algunos les he puesto música y los he convertido en canciones. Pero hay otra parte de mi poesía que es muy mexicana porque siempre me ha gustado la tradición del poema extenso, que en España prácticamente no existe, pero que en México es fundamental gracias a Góngora, por sus “Soledades”, y sobre todo al “Primero Sueño” de Sor Juana. Y en el siglo XX mexicano hay ejemplos extraordinarios de poemas extensos como “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, o “Blanco” y “Piedra de sol”, de Octavio Paz. Y siempre me ha gustado esta idea de un poema extenso, que no sea un solo fragmento, que pueda ser una sucesión hasta devenir un poema unitario. Y tengo tres poemas de ese tipo que se recogen en Prohibido estacionarse, que se subtitula Tres ciclos poéticos. Y gracias a la generosidad de Otto Cásarez, que ha inaugurado una pequeña colección de poesía en la pequeña editorial independiente Luxpluslux, he reunido esos tres poemas: “Momentos”, “Prohibido estacionarse” y “Ser y estar”, con título global Prohibido estacionarse”.

¿Y quién es José María Micó en este momento de su carrera?
Es una pregunta que me cuesta responder. Por un lado, siempre he hecho lo mismo y sigo siendo el lector del Infierno que no entendió muy bien el Infierno y que tuvo que aprender suficiente italiano para traducir la Comedia; por otro lado, me gusta pensar que sigo siendo el mismo que aquel adolescente porque entonces quería escribir canciones y he acabado haciéndolo también; es decir, quería que la música formase parte de mi creación y al final lo he conseguido y desde hoy mismo estoy componiendo una canción nueva. Y con el grupo que monté con mi compañera, Marta y Micó, llevamos ya cinco discos grabados. El José María Micó que aparentemente es muy distinto de aquel adolescente que no había hecho nada todavía, ni escribir ni traducir ni componer, ahora resulta que se parece mucho 40 años después a aquel adolescente, y he acabado haciendo lo que quería hacer cuando era joven. Lo único que ha cambiado es que ahora tengo obra, entonces no la tenía, pero esa obra ha seguido los caminos que a mí me hacían ilusión caminar, seguir, recorrer, cuando era joven.

¿Y en qué círculo del Infierno le gustaría estar a José María Micó?
Dante ya reservaba un espacio para mí, hay dos posibles: los traductores podríamos estar en el círculo de los traidores, en la peor parte del Infierno, porque nos dedicamos a estropear las obras de quienes nos han ayudado a vivir. Pero en realidad estamos en un sitio más agradable, el Limbo, porque los traductores más bien somos como almas perdidas en el Limbo, porque estamos melancólicamente suspendidos entre el deseo de alcanzar la perfección de la obra original y la conciencia de que nunca la alcanzaremos. Dice Dante, en mi traducción: “Por sólo esos defectos, sin más culpa, estamos condenados padeciendo un deseo sin sombra ni esperanza”. Pero también tenemos un lugar en el Paraíso, por lo menos así lo digo en mi dedicatoria de la Comedia a todos los traductores de Dante, porque estamos condenados al Paraíso, que es como una condena, pero tan luminoso como el de Dante.

viernes, 1 de agosto de 2025

"Esa rica –riquísima– lengua móvil"

Hace ya unos cuantos años, el escritor tucumano Fabián Soberón publicó en el diario La Gaceta, de su provincia, una reseña dedicada a la versión castellana de la Divina Comedia, traducida por Jorge Aulicino. En ese entonces, editada por Edhasa, esa primera edición desapareció en pocos meses del mercado y no fue reeditada por Edhasa, sino por la editorial LOM, de Chile, que la publicó con un buen número de correcciones realizadas por el propio traductor. Las ventas fueron tan buenas que justificaron que la editorial chilena hiciera a su vez una edición argentina. A modo de breve homenaje, a casi dos semanas de la muerte del poeta y traductor, reproducimos nuevamente la reseña de Soberón.

La mejor versión de la Comedia en español

La Comedia es una obra inagotable que combina poesía, filosofía, física (cosmología ptolomeica), arte, historia y teología. Dante propone tres mundos o reinos de ultratumba: el reino del Infierno, el del Purgatorio y el del Paraíso. No importa si los reinos existen. Lo crucial es que Dante se ha convertido en el inigualable soñador que nos dio este largo poema perfecto.

Cuerpos de tres cabezas, serpientes que son hombres, vísceras de cristal, gigantes, demonios, Lucifer, el escarpado suelo, las estrellas, la luz más alta y Beatriz, la mujer hermosa e inolvidable que lo espera, que lo guía: todos conviven en esa fantástica invención literaria que es la Divina Comedia. Dante, el hombre de carne y hueso, inventa un personaje llamado Dante que viaja por los escenarios inhóspitos, horribles y bellos jamás pensados. Quizás el infierno sea una entelequia. Pero su existencia está justificada. Ha permitido que el gran Dante haya escrito esa “comedia única”, invaluable pieza que despliega en sus muchos versos dignos e inolvidables la vida de las sombras sufrientes y de un único cuerpo vivo.

Pienso en la lengua múltiple de Dante y en la sofisticada lengua del traductor para darnos, quizás, la mejor versión en español de la Comedia. ¿Cómo hizo Jorge Aulicino, el traductor, para alcanzar esta “nueva” versión del poema? Está claro: Dante pergeñó una pieza hecha de muchos registros. En la magnífica Comedia conviven el toscano coloquial, la utópica lengua italiana, los latinismos, los cultismos, los préstamos. Aulicino traza una versión que recupera y dona en español esos múltiples registros.

Aulicino no se vale de la rima regular. Traduce en verso libre y con esa decisión se quita la obligación de la rima. Lejos de la coacción rítmica se permite el uso de los vocablos con procedencias diversas. En suma: trabaja con los distintos registros de la lengua. Respeta los latinismos (algo que no hizo Ángel Crespo), introduce coloquialismos (algo que no hizo Bartolomé Mitre) y deja que los versos se armen de ritmo y lirismo. El lirismo y las famosas comparaciones dantescas surgen en esta traducción del uso equilibrado de los distintos registros.

No hay una búsqueda de enaltecer la poesía. El lector que lea esta traducción no encontrará sólo poesía vertical. Podrá leer un poema extenso hecho de putas, arroyitos tristes, finados, embusteros, diminutivos (Anselmito, el hijo de Ugolino en el Canto XXXIII del Infierno), y latinismos. Es decir, podrá leer esa rica –riquísima– lengua móvil que es la Comedia.

¿Qué otra cosa puede pedir un lector?

lunes, 21 de julio de 2025

Convocatorias M'illumino d'immenso 2025 Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español y viceversa

Como cada verano del hemisferio norte, se convocan los premios l “M’illumino d’immenso – Premio Internacional de Traducción del italiano al español y viceversa”, que organiza con la traductora italiana Barbara Bertoni con el poeta mexicano Fabio Morábito




VIII Edición MIDI del italiano al español

https://iicmessico.esteri.it/wp-content/uploads/2025/06/Bando-MIDI-spagnolo-2025-in-spagnolo.pdf




-III Edición MIDI del español al italiano

https://iicmessico.esteri.it/wp-content/uploads/2025/06/Bando-MIDI-italiano-2025-in-spagnolo.pdf

En ambos casos el premio es de 1000 euros.

Las convocatorias cierran el 20 de agosto.

martes, 8 de julio de 2025

Una idea disparatada que, por disparatada, en cualquier momento alguien tiene

También en el diario Perfil, en su columna de 6 de julio, Guillermo Piro plantea un plan que, no por disparatado, se diferencia tanto de lo que muchos hacen con las antiguas traducciones de clásicos.


Comedia collage

Fue una pérdida enorme para los lectores hispanohablantes que Borges se muriera sin haber traducido la Comedia de Dante. Aunque teniendo en cuenta que necesitó 38 años para traducir Hojas de hierba, haciendo un cálculo somero podríamos aseverar que para traducir la Comedia habría necesitado algo así como 240 años. En primer lugar, Borges no era traductor. Tradujo algunas cosas breves, pero frente a un río de palabras se sentía tan impotente como un perro que tiene delante un jugoso trozo de carne pero lo separa de él una pared de vidrio. En segundo lugar, porque comparar Hojas de hierba con la Comedia es como comparar la revista Billiken con el Ulises de Joyce. Es decir, son dos cosas imposibles de comparar. Mejor dicho, cuatro.

También fue una pérdida enorme que Octavio Paz no hubiese aceptado el reto, pero es que para traducir la Comedia hay que estar un poco loco, o bastante loco, o loco del todo, y Paz era demasiado cuerdo, talentoso y genial. Si hiciera falta corroborarlo, el lector ni siquiera debería recurrir a sus poemas: bastaría abrir Versiones y diversiones, donde recopila algunas de sus mejores traducciones de la mejor poesía de Oriente y Occidente. Pero no, él tampoco se atrevió a lidiar con Dante.

Y sin embargo hay una locura benéfica que llevó a mucha gente, en distintos países de habla hispana, a traducir la Comedia, una obra inalcanzable, difícil de comprender, difícil de traducir y difícil de leer, pero que por todo eso se ha erigido como una especie de monte análogo, una cima a la que no es fácil llegar, pero que una vez allí permite observar el mundo de otro modo, porque todo lo que habíamos considerado genial alguna vez pasó a ser un mero accidente, cuando no una simple desventura.

No hay una traducción enteramente buena de la Comedia, como no hay una traducción enteramente mala. Hace un tiempo, con un grupo de amigos, nos encontrábamos y nos dedicábamos a desentrañar la Comedia recurriendo a una verdadera batería de traducciones, argentinas y españolas. Y todas, en algún momento, hacían las cosas bien. No todo el tiempo, como Dante, pero sí de vez en cuando, como por otra parte ocurre traduciendo cualquier cosa. (Allí debe de residir la imposibilidad de traducir de Borges: ese estar tomando todo el tiempo decisiones que a simple vista parecen equivocadas, y que cuando se las mira por segunda vez resultan desastrosas, inadmisibles. El traductor lo sabe, pero puede resistir a la frustración de no estar logrando nunca lo debido y aun así seguir avanzando.)

Doña Leonor Acevedo, la madre de Borges, podía lidiar con Faulkner, con D.H. Lawrence, con Katherine Mansfield e incluso con Virginia Woolf, pero Dante... ni siquiera debe de habérsele cruzado por la cabeza. Y si alguna vez algo así ocurrió, el hijo debe de haberla disuadido. Borges disponía de una habilidad singular para cambiar de tema, y doña Leonor debe de haber caído en las trampas que le tendía. Además era ciego, y un ciego tiene sobradas excusas para hacer que la atención de los demás recaiga sobre él.

En los desvaríos de esos comediantes ociosos que éramos mis amigos y yo, en algún momento surgió la idea de hacer una Comedia collage, es decir componer una traducción de la Comedia utilizando los mejores versos de las mejores versiones traducidas al español. Algo que requeriría tiempo, sobre todo, pero también método, acuerdos, discusiones y resignaciones a granel. Encadenar tercetos dispares es imposible, ¿pero acaso una traducción cualquiera no lo es?

A lo mejor, dedicándole años a esa empresa loca, avanzando lentamente, como avanza todo traductor, pero sin poner nada de nosotros mismos, limitándonos a juzgar y elegir, llegaríamos a una especie de vulgata, una traducción fuente, genial, incorregible, perfecta. Pero era solo una idea, un proyecto, que con un poco de suerte nadie llevará a cabo jamás.


miércoles, 28 de mayo de 2025

La "Poesía completa" de Cesare Pavese, en estupenda versión de Jorge Aulicino

El 25 de mayo, Ricardo Ruiz publicó la siguiente reseña en el diario Perfil, donde se ocupa de la flamante versión de la poesía completa de Cesare Pavese. En la bajada, se lee: "La editorial Barnacle publica en nuestro país una exquisita edición bilingüe (español - italiano) de la Poesía completa de Cesare Pavese. El volumen, con traducción de Jorge Aulicino, fue organizado atendiendo al escrúpulo cronológico: en primer lugar se incluyeron los poemas juveniles, escritos durante la tercera década del siglo pasado, y luego el compendio que realizara Italo Calvino de los poemas éditos e inéditos al momento de la muerte del autor, el 27 de agosto de 1950. A modo de adelanto, reproducimos pasajes del libro".

El significado de una obra

Celebrar y agradecer con profundo regocijo la traducción y edición bilingüe de la poesía completa de Cesare Pavese es la primera reacción ante un libro que completa un hueco cultural sobre la obra de uno de los poetas italianos de mayor relevancia, en la influyente tradición de lectura de poesía italiana en nuestro país.

El autor publicó en vida un solo libro de poesía: Trabajar cansa que tuvo una primera edición en 1936, Solaria, bajo la censura fascista y una segunda ampliada, en 1943, Einaudi. Luego de su muerte en 1950 Italo Calvino que lo había sucedido como editor en la editorial Einaudi publicó, con poemas hallados entre los papeles y cartas que había dejado Pavese, un segundo libro Vendrá la muerte y tendrá tus ojos en 1951. Su obra poética fue compilada por Italo Calvino, en tanto albacea y difusor de su obra, bajo el nombre de Poemas éditos e inéditos completando Trabajar cansa con originales no incluidos junto a La tierra y la muerte y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Con posterioridad la editorial Einaudi publicaría su obra completa bajo el título de Le Poesie en 2014. Este libro reúne la totalidad de la obra poética incluyendo su poesía juvenil, inédita, de los años 1923 a 1930.

En nuestro país la primera publicación de Pavese fue la novela El diablo en las colinas en 1956 por Juan Goyanarte Editor con traducción de Herman Mario Cueva y Dardo Cúneo. A lo largo de los años se fueron sumando ediciones que abarcan la totalidad de su narrativa, leída en clave política con particular interés en los años setenta. Arte narrativa que influiría grandemente en Ricardo Piglia, Juan José Saer, Haroldo Conti y Antonio Di Benedetto y a través de ellos a generaciones posteriores. Carlos Fuentes consideraba su literatura como una profunda influencia sobre los autores de la llamada “generación del boom” y modelo del intelectual comprometido.

Como ensayista a partir de la edición en el año 1957 de El oficio de poeta por Ediciones Nueva Visión, dirigida por Edgar Bayley. Una antología de ensayos con selección y traducción de Rodolfo Alonso y Hugo Gola que reunía escritos que el autor había publicado en distintos medios gráficos sobre libros, autores y movimientos estéticos, básicamente La literatura norteamericana y dos ensayos incluidos en Trabajar cansa: El oficio de poeta y A propósito de ciertos poemas no escritos todavía que tuvo tal repercusión que debieron realizar varias reediciones. El oficio de vivir - Diario 1935/1950, fundamental en tanto expresión de su pensar y proceder y Diálogos con Leucó donde ahonda de manera magistral en los mitos griegos modernizándolos y dándoles nueva vida, fueron publicados póstumamente.

A partir de la edición por Ediciones Lautaro de Trabajar cansa / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos de 1961 con traducción y notas de Rodolfo Alonso, será leído también como poeta con creciente entusiasmo –y notable permanencia– por varias generaciones de lectores. Recepción propicia para una poética que por fuera de toda clave romántica o de materialismo burdo trascendía las miradas dicotómicas entre realismo y mito o entre realidad histórica y ficción. Pavese nacido en 1908 en Santo Stefano Belbo un pequeño pueblo del Piamonte donde vivió su infancia en un paisaje rural campesino y atávico se encargaría en Trabajar cansa, abandonando el yo lírico inicial de sus poemas juveniles, de narrar en sus poemas-relato los paisajes escenas y personajes de su lugar natal, el rostro mítico de la tierra de origen. Poesía resuelta en imágenes, tono coloquial y largos versos de amplia cadencia, trazos de vida en la memoria heredada de otros, sosteniendo la necesidad de “reducir a claridad los mitos”, tarea central de su literatura. Un poema resume de manera brillante esas aristas de su “arte de narrar”, Los mares del sur. En el podemos ver la relación entre el mito vivo de la tierra y sus personajes con los mitos literarios de Ulises o Moby Dick, la relación abierta entre la palabra dicha, lo callado o u oculto en segundo plano, el choque entre lo mundano y la tradición en un poema-cuento que en sus cortes permite respirar a lo narrado, abriendo innumerables capas de sentido en su depurada estructura formal donde incorpora su lectura de los escritores de habla inglesa que traducía.

Pavese se licencia en letras inglesas con una tesis sobre Walt Whitman y traduce a Robert Louis Stevenson, Herman Melville, Ernest Hemingway, Sinclair Lewis, Joseph Conrad, John Dos Passos, Gertrude Stein y William Faulkner, entre otros. De los narradores norteamericanos se apropiará de sus técnicas narrativas para establecer un tono despojado y monocorde utilizado a conciencia, “Todo gran escritor es espléndidamente monótono” afirmaba. Un tono “viril” que significaba para él la fuerza y la determinación que hay en la naturaleza y la vida rural o urbana de los trabajadores como forma de resistencia y lucha contra las adversidades. Suma de recursos y profunda sensibilidad que desarrolla en Trabajar cansa y permiten que esas historias sean en sí mismas iluminaciones que permiten hallar un significado en la vida más allá de la alienación de la vida moderna y formulan una crítica profunda al sistema que la produce. Un nuevo realismo, opuesto a todo lirismo tradicional o hermético, que le permite abrirse al mundo mítico e histórico y abrazarlo con el lenguaje.

En los poemas posteriores a Trabajar cansa su poesía retoma cierto lirismo y abrevia sus versos, poemas que serán organizados por Italo Calvino y publicados de forma póstuma: La tierra y la muerte, Dos poesías a T. y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, agrupados bajo este último título, donde los temas centrales serán el amor y la muerte desde una perspectiva en lucha por el sentido de la vida. A la vez nostálgico, esperanzado aún, y valiente al exponer –y exponerse– dando cuenta del costado trágico de toda vida humana sus poemas llevan el “oficio de poeta” a ser uno con el “oficio de vivir”. “Entre nosotros nada / de trampas, nada / de cosas inútiles / combatiremos siempre”. En los poemas los mitos originarios de la tierra y el paisaje remiten a un origen no individual sino colectivo asociados a la mujer, al amor, a su pérdida y a la muerte como destino y regreso a la tierra de la que vinimos.

Destino que consumaría de propia mano. En un cuarto de hotel de Turín pondría fin a su vida con una sobredosis de somníferos en 1950 poco antes de cumplir 42 años. Su diario concluye “Basta de palabras, un gesto, no escribiré más” y entre los papeles hallados en aquella habitación escritas sobre su libro más querido Diálogos con Leucó sus últimas palabras “Perdono a todos y a todos pido perdón ¿Está bien? No chusmeen demasiado”. Tal vez, el dolor por un desengaño amoroso que continuaba pérdidas que nunca dejaron de hacerse presente: la muerte de su padre siendo muy pequeño, sus camaradas muertos, antiguos desamores, las injusticias a las que combatió cultural y políticamente en una época hostil a su honda sensibilidad y un vacío existencial que la vida y sus frustraciones no permitieron colmar. “Alguien ha muerto / hace mucho tiempo– / alguien que intentó / y no supo.”, nos dice en su último poema “Último blues”, para ser leído algún día.

Su poesía, directa o indirectamente, ha tenido una recepción y una influencia marcada en la poesía argentina contemporánea. No solo Juan José Saer, su libro de poesía El arte de narrar tiene una deuda insoslayable y su título un homenaje directo, o Hugo Gola, como dijimos traductor de Pavese, sino también compañeros generacionales. Influencia que, mérito de las ediciones argentinas donde pudieron leerlo por primera vez, se trasladó también a la generación española del 50 y sus continuadores.

En nuestro país el impacto de su lectura y su huella se mantienen en el tiempo y es posible de rastrearla en un buen número de poetas que comenzaron a publicar a partir desde de los años sesenta y, directa o indirectamente, hasta la actualidad. No necesariamente en la forma o en su técnica deslumbrante, tal vez irrepetible, todos los que lo han leído en profundidad mantienen algo de su espíritu.

Esta notable y muy cuidada edición por primera vez en castellano y en edición bilingüe de la poesía completa por la editorial Barnacle, que ya nos había dado a conocer otras obras inéditas del autor ahora incluidas en este libro, está organizada en orden cronológico tomando como base la edición, entendemos definitiva, por la editorial Einaudi de 2014 titulada Le Poesie.

La traducción de Jorge Aulicino, poeta, Premio Nacional de Poesía 2015, periodista y traductor de amplia y reconocida trayectoria, especialmente de poesía italiana: La Divina Comedia de Dante Alighieri, Pier Paolo Pasolini, Franco Fortini, Eugenio Montale y un largo etcétera; capta las sonoridades íntimas de la poesía de Pavese: el tono coloquial y austero que permite apreciar el modo dialógico de los poemas respetando las repeticiones y los giros que estructuran el carácter visual de los mismos subrayando sus principales elementos como ecos que se repiten en la memoria de lectura. Si Pavese confronta con el lenguaje y crea un italiano único integrando la palabra de su tierra, esta exquisita traducción, con fluidez y belleza, nos habla en lengua propia.

En nuestro país Cesare Pavese no solo es un clásico sino también un mito que debemos “reducir a claridad”: volver a sus textos dejando de lado aquellas lecturas que pretenden circunscribirlo a su decisión última y limitan una obra llena de vida y responsabilidad con la palabra. Recuperar para estos tiempos su condición de escritor comprometido con una estética renovadora, su ética como trabajador de la cultura, su crítico vínculo político y su maravillosa poesía.

viernes, 10 de mayo de 2024

La primera, pero la primera primera

A esta altura, se sabe que Jorge Aulicino, además de poeta, es un gran traductor del italiano y que, entre sus trabajos más notables, está la Divina Comedia, obra de la que es un verdadero especialista. Por eso, nadie más calificado para opinar sobre la primera traducción al castellano de esa obra, en este artículo, especial para el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.


La primera traducción al castellano de la Divina Comedia.


Hay obras, muchas, que una vez ingresadas al dominio público deberían ser puestas a disposición de los lectores, libremente. Existen medios digitales para que los considerados hitos de la literatura se consulten y lleven con facilidad. Luego se podrían destacar en Google. Y sería ideal que al mismo tiempo los editen los Estados del mundo en libros de papel, de distribución gratuita en los colegios secundarios. Gratuita y no obligatoria. Esto es, que los libros estén al alcance de los estudiantes, sin obligatoriedad de lectura. Pero no se espere esto de la autoridad cultural, mucho menos de la Argentina en este momento.

 

De todas esas obras que con entrada libre, una debería ser la primera traducción al castellano de la Divina Comedia, hecha tal vez por el llamado “marqués”; Enrique de Villena, mientras consultaba el original, a 100 años más o menos de la muerte de Dante Alighieri. Es la traducción al castellano más próxima a las fechas de la escritura del poema, que lo fue entre 1301 y 1321. Nadie ha podido establecer el año en que Dante terminó cada canto y lo hizo copiar; ni siquiera se conoce el original con la caligrafía de Dante. Solo se puede decir casi con certeza que escribió todo el libro entre el año de su destierro de Florencia y el año de su muerte en Ravena, que son los anteriormente mencionados.

 

Hay toda una historia de debates sobre la primera traducción de la Comedia al castellano atribuida a Villena. Solo digamos que en la Biblioteca de España se conserva un volumen de principios del siglo XIV que contiene, básicamente, el texto en lenguaje original (la copia es de 1354) y una traducción al castellano escrita en los márgenes de los folios y en otros espacios en blanco. El resto lo componen un soneto de Petrarca, citas de Cicerón y diversos comentarios. De Villena dio testimonio que permitió pensar que esa traducción le fue encargada por el propio marqués de Santillana. Es posible, arguyeron algunos –e intentaron demostrarlo con algún éxito, comparando caligrafías–, que otros metieran mano allí, incluido Santillana, un entusiasta de Dante, que compró el manuscrito y lo mantuvo en su biblioteca hasta su muerte. La biblioteca a su vez custodió el libro durante 300 años. Ahora está en la Biblioteca de Nacional de España bajo el número 10186.


Sea o no Enrique de Villena el único autor de la traducción, ese texto es no solo la primera de una larga serie de traducciones en territorio español, que siguió en la Argentina desde fines del siglo XIX, sino la primera traducción de la Comedia a otra lengua romance. Y quizá la primera traducción de la Comedia en términos absolutos.

 

El dantista y gran poeta mexicano David Huerta escribió en un artículo para la Revista de la Universidad de México, en enero de 2008: “Es [la traducción Villena], si se quiere, una curiosidad interesante para los eruditos, los críticos y los historiadores, pero no carece de interés literario”, al que puede unirse, dice Huerta, el interés por la vida y la obra de Villena, autor de un tratado sobre el arte de comer, otro sobre el mal de ojo y una traducción, también, de la Eneida, de Virgilio. Esto quizá responda a una pregunta que puede formularse a mi propuesta inicial: ¿por qué razón un estudiante o cualquier otro alfabetizado querría o debería leer la primera traducción castellana de la Comedia?, la cual se responde con dos argumentos: 1) conocería mejor el poema si ya ha leído otra versión, o podría empezar a conocerlo con buen arte, y 2) confirmaría que, como sostenemos algunos traductores -y críticos y docentes-, cada época necesita su propia traducción de los clásicos (esto surgiría, claro está, de la comparación de esta con una versión, al menos, del siglo XX o XXI).

 

Pero he aquí que en 2000 la Fundación José Antonio de Castro publicó en Madrid las obras completas de Enrique de Villena en tres tomos. El último tomo, que contiene lastraducciones y glosas de la Eneida y la Comedia –convenientemente juntas como imaginariamente lo estuvieron Dante y Virgilio en el Infierno y el Purgatorio– se vende en el sitio de la Fundación por 45 euros. Aquí copio la dirección virtual por si lo quieren comprobar: https://fundcastro.org/product/divina-comedia-villena/

 

Me pregunto si el hecho de que la obra se Villena sea comercializada por una fundación no es la causa de que resulte tan difícil, casi imposible, encontrar el texto de nuestro primer traductor de Dante en internet o sobre cualquier otro soporte gratuito. Por ejemplo, en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la Universidad de Alicante, donde no está, como podría estarlo, junto a tantos textos clásicos de los que hay allí copias que se pueden “bajar”; en archivos PDF o leer directamente en la pantalla en HTML.

 

También creo que he escuchado que las fundaciones no tienen fines de lucro, sino que se alimentan de donaciones, para realizar justamente una labor de interés social. Como ejemplo de la calidad de la traducción de Villena (o de quien fuera), deja Huerta este terceto de la historia de Francesca y Paolo, la más famosa sin duda del Infierno:

 

la boca me besó todo tremiendo: Galeoto fue el libro e quien lo escribió.

Non leímos de aquel día adelante.

 

Agrego el también famoso comienzo del Canto III del Infierno:

 

Por mí se va a la cibdat doliente,

por mí se va en eternal dolor,

por mí se va entre la perdida gente.

 

El mi fazedor movió la justiçia,

la divinal potestat me fizo,

e la alta sabiduría e el primer Amor.

"Delante de mí non fu cosa criada

si non la eternal e yo eternalmente duro,

[por tanto] dexat toda esperança vosotros que entrades-

 


jueves, 12 de octubre de 2023

Cari amici, siete interessati all'oggetto?


"Dall'italiano al mondo"
El Congreso Internacional de Traductores de Literatura Italiana
Feria Internacional del Libro de Turín

Tras el gran éxito de las pasadas ediciones, el Salone Internazionale del Libro anuncia la tercera edición de la conferencia "Dall'italiano al mondo". El proyecto tiene como objetivo promover y apoyar a todos los traductores extranjeros que dan voz a la literatura italiana, mediante la creación de una red para fomentar la difusión de libros italianos en el extranjero. La conferencia está comisariada por Ilide Carmignani, traductora y consultora editorial del Salone del Libro. "Dall'italiano al mondo" se celebrará en línea en la plataforma SalTo+ el viernes 24 de noviembre de 14 a 18.30 horas y la participación es gratuita.

"Dall'italiano al mondo" ha sido realizado por el Salone Internazionale del Libro di Torino en colaboración con: Frankfurter Buchmesse, CEATL - Consejo Europeo de Asociaciones de Traductores Literarios, FIT - Federación Internacional de Traductores, Red PETRA-E, Fondazione Bellonci, revista L'indiscreto, pordenonelegge, revista Andersen.

La conferencia está abierta a todos los traductores de literatura italiana y el italiano será la lengua de trabajo. Los participantes recibirán materiales y contactos después de la conferencia.

Las inscripciones cierran el 21 de noviembre de 2023.
Para inscripciones e información: https://lnkd.in/dPH6hzw5
Los agentes y editores que estén interesados en participar pueden escribir a: dallitalianoalmondo@salonelibro.it

PROGRAMA

H 14.00 horas.
Apertura de la conferencia
con Annalena Benini (directora del Salone Internazionale del Libro di Torino), Juergen Boos (presidente de la Frankfurter Buchmesse), Francesca Novajra (presidenta del Consejo Europeo de Asociaciones de Traductores Literarios - CEATL), FIT – Federación Internacional de Traductores, Roberta Fabbri (PETRA E-Network)
Moderador: Ilide Carmignani

H 14.30 horas.
Resumen de las últimas tendencias de la ficción y no ficción italiana y presentación de una selección de títulos no traducidos.
con Edoardo Rialti y Vanni Santoni (revista "L'Indiscreto")
Moderador: Ilide Carmignani

H 15.30 horas.
Resumen de las últimas tendencias de la ficción y la poesía italianas por Premio Strega y Pordenone Poesia
con Stefano Petrocchi (Premio Strega) y Gian Mario Villalta (pordenonelegge)
Moderadora: Laura Pugno (MAECI)

H 16.00 horas.
Resumen de las últimas tendencias de la literatura infantil italiana y presentación de una selección de títulos no traducidos de la revista "Andersen"
con Martina Russo
Moderador: Ilide Carmignani

H 5 p.m.
Resumen de las últimas tendencias de la literatura italiana
con Marino Sinibaldi (Tombuctú - Il Post)

H 17.30 horas.
Autores italianos y traducciones a otras lenguas: los agentes literarios y su obra
con Mónica Malatesta (MalaTesta), Carmen Prestia (Agencia Literaria Carmen Prestia)
Moderador: Ilide Carmignani

H 18.00 horas.
Turno de preguntas y clausura de la conferencia
con Ilide Carmignani y Lorenza Honorati

miércoles, 20 de septiembre de 2023

"Yo no busco que se evidencie nada"

El narrador y periodista uruguayo Martín Bentancor publicó el pasado 15 de septiembre, en La Diaria, de Montevideo, una extensa entrevista con el poeta y traductor Jorge Aulicino. Se reproduce a continuación un fragmento de ella; más precisamente, el referido al oficio de traductor.

En otro idioma

Desde la infancia, en tu casa paterna tuviste contacto con el italiano, pero te convertiste en traductor en la “edad adulta”. ¿Cómo fue el proceso que te llevó a convertirte en traductor?
Me parece que todos los traductores lo que tratan de hacer es que el autor al que traducen suene en su propia lengua, lograr el equivalente, digámosle así. Se trata de una meta imposible porque no hay equivalente perfecto. Sí hay palabras que de un idioma al otro es indudable que significan lo mismo, pero aun así suenan de otra manera, y ya eso marca una diferencia y tiene una importancia en el resto del discurso que no es secundaria, porque el modo en que suena también es importante. No es lo mismo decir “agua” que “acqua”, como dicen los italianos. Todas esas cuestiones tienen que ver con el hecho de que, para traducir, primero se debe conocer la idiosincrasia del idioma y luego hay que encontrarle una forma en tu idioma. Uno no hace esto como una vocación de servicio, bah, no en mi caso al menos, en el caso de los traductores vocacionales como soy yo, que en cierto modo soy un aficionado, que no trabajo de esto y muy pocas veces me pagaron por mi trabajo. El tema es preguntarse si yo entiendo esto en el mundo del idioma original, cómo sonaría en el mundo de mi lenguaje, pero manteniendo a la vez, y esto es importante, la distancia, porque no puedo meterlo en mi mundo totalmente. Hay un atajo tonto que consiste en, por ejemplo, si uno traduce a un poeta italiano al porteño, usa el voceo y las palabras cotidianas de una argentino de Buenos Aires para acercarlo más. Y eso lo destruye. Me parece que el secreto está en mantener un juego de distancia y acercamiento; que se entienda en mi idioma pero que se mantenga cierto extrañamiento.

¿Cuándo leías a Pavese en la traducción de Rodolfo Alonso pensabas que en un momento lo traducirías?
No, ni se me ocurría. Yo leía a Pavese con 20 años, y lo traduje a los 50.

Me suena que en tu caso fue muy natural, por decirlo de alguna manera, cómo se fue dando ese proceso de traducción en tu propia formación de lector y escritor…
Fue un proceso de maduración y de conocimiento de la lengua extranjera. No es lo mismo lo que yo entendía del italiano a los 20 años que lo que entendía a los 50. Se dio naturalmente porque uno siempre elige cosas afines y porque siempre hay, como muchas veces nos reprochan a los traductores, algo de uno mismo que pone en la traducción, eso que hace que digan “Todos los poetas que traduce Fulano se parecen entre sí y a lo que él escribe”.

¿Y cómo se hace, al ser poeta, para traducir la poesía de otro autor sin que se evidencie la propia poética?
Se evidencia. Eso es inevitable. Yo no busco que se evidencie nada, al contrario, trato de recrear lo que entiendo que es el tono y el mundo verbal del autor que estoy traduciendo. Siempre se cuela algo porque, por ejemplo, si uno lee a los traductores argentinos ve cierta tendencia a transformarlo en un autor propio. Esto se lo reprochaban a Alberto Girri, que fue uno de los primeros que acá tradujo poesía norteamericana contemporánea. Los críticos decían que todos los poetas que traducía Girri se parecían a lo que Girri escribía. A mí no me parece, porque he leído mucho las traducciones de Girri y veo que él buscaba la diferencia, aunque se nota cierta sequedad o austeridad que era muy propia de la poesía que él escribía. Y cuando tenía que tomar determinada decisión, siempre elegía la más prudente, digamos, no la más exagerada.

Dante y su tiempo
¿Cómo fue el proceso de trabajo en tu traducción de La Divina Comedia?
Estuve muchísimo años para decidirme a hacer la traducción. Todas las decisiones generales fueron improvisadas, porque al principio lo que pensaba era hacer el Infierno, con el Purgatorio vamos a ver qué pasa y, cuando lo traduje, me dije que ahora debía culminar con el Paraíso. Ahí fue donde más vacilé, porque cuando lo comencé a traducir pensé que no podría terminarlo. Yo había venido traduciendo a lo largo de los años algunos cantos del Infierno, ya sea porque leía citas de esos cantos o porque en una lectura en prosa que había hecho de la obra, cuando era muy joven, determinados cantos me atraían especialmente. Hasta que un día me planteé por qué no intentar traducir todo el Infierno y recién ahí empecé a darme cuenta de cuál era el proyecto de Dante. A nosotros nos llegaba siempre La Divina Comedia a través de citas aisladas y nos parecía, al menos a mí, que todo eran fragmentos, que lo que podía salvarse de toda la obra eran pedazos, como cuando se hace una excavación arqueológica y se van rescatando ciertas piezas. En un momento descubrí que la obra en general es un proyecto increíble Y que Dante lo haya ejecutado es aún más increíble. De todo esto, claro está, me iba dando cuenta a medida de que lo traducía. El método no fue otro que poner el libro adelante, empezar a traducir y confrontando, como La Divina Comedia tiene una historia de traducciones muy larga, con otras versiones.

¿Con cuáles en particular?
La de Bartolomé Mitre, la de Ángel Battistessa, de la década del sesenta del pasado siglo, y la de Luis Martínez de Merlo, que es más cercana en el tiempo. Traducía un canto y lo confrontaba con esas tres traducciones. Esa comparación te lleva a corregir cosas o a investigarlas más, sobre todo cuando encontrás muchas diferencias. Ese fue el método. Trabajé canto por canto y palabra por palabra, todos los días y dedicándole alrededor de un año a cada libro.

¿Cómo hiciste para aprehender o mantener esa actualidad que tiene La Divina Comedia, en el sentido de que Dante escribía su obra e incorporaba a personas que estaban vivas en ese momento? Tenías el recurso de la nota al pie, claro, pero voy más allá de eso, hacia el interior profundo del texto…
Yo busqué que las notas al pie fueron las menos posibles. El primer secreto es que se pueda leer fluidamente, lo que significa todo un problema cuando, como le ocurrió a muchos traductores, se intenta respetar el terceto endecasílabo y rimado. Eso es una limitación en el sentido de la fluidez y es lo que provocó que mucha gente se haya alejado de la obra, o que no haya querido o podido entrar. Creo que lo que hace que uno pueda mantener la lectura de La Divina Comedia, aunque no sepa exactamente quién es cada quién, es que una idea general de la época hay que tener, de los personajes con los que trataba Dante. A partir de ahí, lo que hace que los personajes vivan es que el relato sea fluido, legible, sin llegar a la pavada, como a porteñizar o lunfardizar la Comedia. No es algo difícil, porque fuera de algunos momentos en los que Dante complica un poco la sintaxis, es un autor bastante fluido. Logró que un italiano que hablaba el pueblo, que todavía no era el italiano sino el idioma de la Toscana, funcione literariamente. Ese es su gran mérito lingüístico. Gracias a eso el toscano se convierte en el protoitaliano.