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miércoles, 12 de marzo de 2025

Con superposición de fechas, la FILBo compite con la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires


"La Feria Internacional del Libro de Bogotá, FILBo, se ha consolidado como un evento clave en el ecosistema literario mundial. Su edición 2025, que se llevará a cabo del 25 de abril al 11 de mayo en Corferias, no solo reafirma su papel como la mayor cita editorial de Latinoamérica en el primer semestre del año, sino que también proyecta al país como un epicentro de negocios, intercambio cultural y visibilización de tendencias globales en la literatura." Tal es la bajada de la nota, sin firma, publicada en El Correo, de Lima, el pasado 7 de marzo.

Bogotá y la FILBo 2025, un punto de encuentro para la literatura mundial

Desde hace varios años, la FILBo ha apostado por una internacionalización estratégica que le ha permitido ocupar un lugar privilegiado en el mapa de los eventos editoriales más relevantes del mundo. Como lo explica Adriana Ángel Forero, directora de la FILBo, este proceso ha sido fundamental para posicionar a Bogotá como una parada obligatoria dentro del circuito global de la industria del libro.

“Una feria internacional tiene dos componentes fundamentales: un espacio de negocios en el que participen delegaciones de distintos países y una programación cultural que trascienda fronteras. La FILBo cumple con ambos, permitiéndonos fortalecer relaciones con la industria editorial global y ampliar el alcance de nuestra producción literaria”, señala Ángel Forero.

Por su parte, Catalina Chávez, jefe de proyecto de la FILBo, comenta: “Corferias ha sido un motor fundamental en esta evolución internacional de la FILBo, permitiéndonos consolidarla como una de las ferias del libro más importantes del mundo hispano. Su infraestructura, su experiencia como generador de oportunidades de negocios y su apuesta por la internacionalización han hecho posible que la Feria crezca año tras año, atrayendo a delegaciones, editores y expertos de todos los continentes”.

El Salón Internacional de Negocios, por ejemplo, que tendrá lugar el 28 y 29 de abril en el Hotel Hilton de Corferias, será el epicentro de esta dinámica comercial. Allí, editores, libreros, distribuidores y agentes literarios del mundo establecerán alianzas para la compra y venta de derechos, traducción de obras y expansión de catálogos.

Sumado a esto, cada edición de la FILBo se enriquece con la participación de un país invitado de honor y en 2025 España será la protagonista. Bajo el lema ‘Cultura para la paz’, la delegación del país ibérico traerá consigo una destacada comitiva de 130 autores, académicos y expertos de diversas áreas del conocimiento, además de un nutrido grupo de empresarios del sector editorial.

“España viene con la apuesta conceptual ‘Una cultura de paz’, que dialoga sabiamente con el eje temático de la FILBo, ‘Las palabras del cuerpo’. En ese sentido, su participación no solo será cultural, sino que abarcará también una oportunidad para estrechar lazos comerciales y académicos entre los dos países”, destaca la directora de la Feria.

La internacionalización de la FILBo no se limita a la llegada de delegaciones extranjeras a Bogotá, ya que también se ha convertido en una plataforma para que la literatura colombiana cruce fronteras. Programas como el Fellowship Program, que en 2025 reunirá a editores de Reino Unido, Turquía, Irán, Azerbaiyán, Italia, Alemania y Francia, buscan generar nuevas oportunidades de traducción y circulación de libros nacionales en otros mercados.

Además, la FILBo sigue expandiéndose más allá de Corferias, gracias a las alianzas con entidades públicas y privadas que permiten que la programación de la Feria llegue a todas las localidades de Bogotá y a diversas ciudades del país al llevar autores y actividades a bibliotecas, colegios y espacios comunitarios.

En este sentido, Ángel enfatiza: “Estamos convencidos de que la FILBo no es solo un evento de Bogotá, sino una feria de país. Queremos que nuestra literatura llegue a más rincones de Colombia y del mundo, fortaleciendo el acceso a la lectura y el conocimiento en distintos públicos”.

martes, 25 de abril de 2023

Cuatro editoriales independientes colombianas en la FILBO 2023

La Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) comienza y termina unos dias antes que la de Buenos Aires. En su edicion 35, a otras editoriales independientes, suma las cuatro a las que se refiere Santiago Díaz Benavides, en la siguiente nota, publicada por InfoBAE, el pasado 21 de abril.

Cuatro editoriales independientes colombianas para descubrir en la edición 35 de la FILBo

Cada año, la Feria Internacional del Libro de Bogotá convoca un buen número de editoriales para su encuentro con el público lector. Entre la extensa oferta que llega desde todos los rincones de Colombia y fuera de ella, llaman especial atención los sellos independientes, aquellos que se alejan de las dinámicas comerciales de los grandes grupos.

La FILBo ha dispuesto un espacio, desde hace varios años, para que estos sellos presenten su oferta diversa y novedosa, y tengan un encuentro cercano con los lectores, quienes acuden en su búsqueda con ganas de contenidos distintos y arriesgados.

Entre las editoriales independientes más conocidas y referenciadas cabe mencionar a Laguna Libros, Luna Libros, Angosta Editores, El Peregrino Ediciones, Sílaba Editores, Palabra Libre, ilona Libros, Lazo Libros, Tragaluz Editores, entre muchas otras.

De todas ellas, hay algunas que edición tras edición intentan treparse a lo más alto y otras que, más allá del trabajo valioso que realizan, no logran estar en el radar de la prensa. Justamente a ellas hemos querido prestar atención en esta ocasión y hemos reunido cuatro que pueden llegar a ser de interés de los lectores:

Siete Gatos
La Editorial Siete Gatos es uno de los sellos independientes dedicados a la literatura infantil que más se ha encargado de trabajar en la interacción de los contenidos análogos con aquellos de soporte digital, pensados para un público integrado por niños y jóvenes.

“Queremos crear libros de calidad y lectores apasionados”, se puede leer en su presentación. Apuestan por los nuevos espacios de lectura y edición en el mundo, por ello se empeñan en crear libros que respondan a ello y acojan de la mejor manera a los lectores de un este periodo de la vida.

Entre sus publicaciones más recientes se encuentran El fabricante de historias, de Alberto Medina López y, de próxima publicación, Abril y Moncho, de Roger Ycaza.

Editorial Frailejon 
Si lo que busca el lector es una editorial que le brinde espacio a la poesía, a los clásicos y lo haga de una manera distinta, cuidadosa, entonces deberá conocer el trabajo de Frailejón.

Sus libros están hechos a mano, con materiales naturales, cosidos y armados en talleres artesanales. Su editor, Iván Hernández, dirigió durante 15 años la colección Cara y Cruz de Editorial Norma, la cual, según escribe Francisco Cortés Rodas para El Colombiano, publicó en los años noventa clásicos de la literatura dividiendo cada ejemplar en dos: por un lado, la obra y, por el otro, una reseña biográfica del autor y de la obra.

Su catálogo está nutrido por grandes plumas de la literatura colombiana y universal. Entre las voces más relevantes se encuentran María Mercedes Carranza, Porfirio Barba Jacob, José Manuel Arango, Piedad Bonnett, William Ospina; Roberto Louis Stevenson, Cesare Pavese, George Orwell y Miguel de Cervantes Saavedra, entre muchos otros.

Lua Books
Fundada en 2011 por Lizardo Carvajal y Juan Saab, esta es de las pocas editoriales transmedias en Colombia que se especializa en literatura infantil y juvenil. Con contenidos de un alto valor estético que van de lo análogo a lo digital, que buscan integrar ambos lenguajes y pueden fluir a través de diferentes plataformas: papel, computadores, tablets y teléfonos inteligentes.

Sus libros multi-idioma, animados, narrados y musicalizados buscan conciliar las nuevas tecnologías y la lectura. Dentro de su esquema de producción, los avances tecnológicos están al servicio de la construcción de sentido a través de todos los canales de comunicación de las personas: sus libros se pueden leer, ver, escuchar, tocar, construir y narrar.

Apidama Ediciones
En la edición 35 de la FILBo, esta editorial está causando sensación. ¿La razón? La escritora Chimamanda Ngozie Adichie, en su conversación con la periodista colombiana Claudia Morales, resaltó el trabajo de una de las poetas que este sello lleva publicando de manera exclusiva desde hace un tiempo: Mary Grueso.

La poeta afrocolombiana es una de las voces destacadas de la literatura afrocolombiana contemporánea, hacia la cual se enfoca esta editorial surgida en 2002 bajo la dirección de los poetas colombianos Guiomar Cuesta Escobar y Alfredo Ocampo Zamorano.

Apidama Ediciones surgió con la necesidad de abrir un espacio en el que se pudiera dar paso a la poesía y rescatar la voz de la comunidad afrodescendiente.

Entre sus publicaciones más destacadas es posible mencionar el libro Dios es negra. Feminismo negro de cada día, de Mary Lucía Hurtado, y la antología de Poesía colombiana del Siglo XX escrita por mujeres.

lunes, 25 de abril de 2022

¿Qué pasa con la industria editorial colombiana?


El pasado 21 de abril, sin firma, el diario El Tiempo, de Bogotá, publicó una nota a propósito de la recuperación de la industria editorial colombiana. La reproducimos a continuación.

FILBo: primera carta de recuperación que se juega la industria editorial

Podría decirse que dos hechos sirvieron de ‘salvavidas’ para la industria editorial colombiana y, en general, para toda la cadena del libro durante la interminable crisis de la pandemia: su capacidad de resiliencia y sobre todo la lectura, ese refugio maravilloso con el que miles de personas paliaron las eternas cuarentenas.

Este extraño momento de la humanidad obligó a muchos negocios a echar mano de toda su creatividad para sobrevivir. Y como dice el dicho: “no hay mal que por bien no venga”. Por ejemplo, muchas librerías independientes debieron dar el salto obligado al mundo digital.

El caso de la librería Tanta Tinta, ubicada en El Retiro, una pequeña población del oriente antioqueño, a 40 minutos de Medellín, que se ha convertido en un colorido destino turístico, resulta ejemplar. Su librera, Catalina Pérez, cuenta que cuando llegó el encierro, la decisión era “o cambiamos o nos morimos”. O aprendían a vender a través de otros medios o les tocaba cerrar. A duras penas sabían usar el WhatsApp y, en ese momento, apenas algunas librerías habían abierto tímidamente sus cuentas en Instagram.

A pesar de que entrar en el mundo del e-commerce era como “abrir un negocio paralelo”, Pérez destaca que la mayor ventaja que dejó esta experiencia, que contó con el apoyo de la Cámara Colombiana del Libro (CCL) y del Ministerio de Cultura, entre otras entidades, fue la unión del sector.

“Más allá de la ayuda económica, el apoyo más importante es que unieron al sector de las librerías. Pudimos trabajar con los inventarios de todas, para entregar libros. Fue un asunto de solidaridad y casi que fue el aprendizaje mayúsculo que dejó la pandemia. Algunas editoriales también nos capacitaron en e-commerce con cursos virtuales. Pero lo más bonito fue que por primera vez estuvimos unidos. Nos quedó un gran grupo de WhatsApp por el que incluso se han creado clubes de lectura para libreros”, comenta Pérez.

“Durante el confinamiento, y luego con las restricciones de movilidad, estimamos que hubo un incremento de la lectura y sobre todo de libros impresos”, complementa el economista Emiro Aristizábal, presidente Ejecutivo de la CCL. De todas maneras, esta tendencia solo la podrán ratificar los estudios sobre lectura que se planean realizar en los próximos meses, como el Estudio Nacional de Lectura y Escritura (Enlec), que realiza el Dane.

Pero lo más probable es que sí haya habido un incremento de estos indicadores, a juzgar por fenómenos como el de la librería digital Buscalibre.com, uno de los jugadores fuertes en este canal de ventas.

“La pandemia tuvo una influencia muy importante dentro del proceso de compra y lectura de los colombianos. Pudimos apreciar que las personas enfocaron su necesidad de entretenimiento en los libros y el canal que prevaleció para adquirir los libros fue el canal online. En Buscalibre pasamos de vender 270.000 ejemplares en 2019 a más de 800.000 en 2020, lo que representó un crecimiento cercano al 200 %”, comenta Juan José Daza, director Regional de Buscalibre para Latinoamérica. Pero el de ellos fue uno de los pocos casos que se vio beneficiado con el encierro.

Mercado golpeado

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron por ‘sobreaguar’ este periodo de crisis, Aristizábal comenta que el sector sufrió los efectos del encierro, que se reflejó en una caída de sus ventas en 2020.

“El estudio sobre el comportamiento del libro en el país, que realiza anualmente la CCL, indica que esta reducción en las ventas fue de 16,1 %. Para el año 2021, donde aún estamos en el proceso de recolección de información para elaborar el respectivo estudio, se indica que inicialmente se presentó una recuperación de las ventas de libros, que se ha mantenido en los primeros meses del 2022, de acuerdo con sondeos que hemos realizado”, anota el directivo.

De allí que una de las cartas más importantes que se juega el sector por estos días, en su proceso de recuperación, sea la presencialidad en Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), que reúne en Corferias a más del 90 % de la industria, después de dos ediciones virtuales.

En términos generales, el sector editorial ha venido mostrando un crecimiento interesante, con el surgimiento de nuevos participantes en el mercado. Según la CCL, en Colombia hay alrededor de 300 editoriales activas, en su gran mayoría pequeñas y medianas empresas, muchas de las cuales entraron en operación en los últimos años.

“El crecimiento es bueno en la medida en que se amplía la oferta editorial, brinda nuevas posibilidades de publicaciones a los autores nacionales y también puede ampliar la exportación de la edición nacional”, comenta el directivo.

Sin embargo, este es uno de los canales de ingresos que sigue muy golpeado por crisis reciente. Aristizábal anota que las exportaciones en el año 2020, “el último del que disponemos estadísticas, fueron de 27.662 millones de pesos, equivalente al 4,17 % de la facturación total del sector. Para ese año, se presentó una reducción de 43 % frente a 2019, debido principalmente a la reducción de las exportaciones por la pandemia”.)

 Lenta recuperación

Además de las ventas, otro de los indicadores que puede arrojar indicios de la tímida recuperación es el número de nuevos títulos publicados en Colombia, que se mide a través del registro de ISBN (International Standard Book Number). Estos son los dígitos que se le asigna a todo libro impreso que se va a publicar.

Para el año 2021 se asignaron 20.365 registros. Eso quiere decir que en el país se entregó esa cantidad de ISBN para la publicación de nuevos libros. Los números asignados registran un crecimiento del 0,1 % con respecto a 2020 y 2,6 % en comparación con 2019”, comenta Aristizábal.

En el caso de los libros digitales, se expidieron un total de 7.857 ISBN, en el 2021, representando un aumento de 304 títulos más frente a los registrados en 2020. Esto representa el 38,5 % del total de los registros asignados. “Lo anterior no quiere decir que este es el comportamiento de las ventas de los libros el año anterior, pero sí indica un crecimiento de la edición digital en los últimos años”, aclara el directivo del gremio.

Hay otros dos factores que afectan el lento despegar de esta industria. La dura crisis mundial de las materias primas, en especial el costo del papel, y la apuesta estatal por la compra de libros escolares, que representa un porcentaje importante de las ventas del sector.

 Para cualquiera que haya ido a una librería en los últimos meses, no deja de sorprenderle que algunos libros han alcanzado precios que los convierten en verdaderos artículos de lujo, superando incluso el costo de una botella de vino de alta gama. En especial las novedades importadas. Hay libros que superan los 120.000 pesos; incluso un libro impreso en Colombia, con un papel de baja calidad, puede llegar a los 65.000 pesos.

“Los libros en Colombia tienen los niveles de precios internacionales. No obstante, en los últimos meses se han visto afectados por un gran aumento de los precios internacionales del papel y buena parte de los insumos importados para la impresión, debido a los efectos pospandemia en la producción y transporte del papel. Además por la devaluación del peso frente a otras monedas de transacción internacional”, explica Aristizábal.

Para enfrentar esta crisis del papel, las editoriales han acudido a varias estrategias. Algunas han tenido que subir precios, otras han optado por disminuir el gramaje del papel o racionalizar sus tirajes. Incluso, se ha llegado a la decisión de posponer lanzamientos de novedades de gran tiraje.

A esto se suma el pobre desempeño del rubro de libros escolares, uno de los subsectores más importantes de la industria editorial colombiana. “El sector público ha dejado de comprar textos y otros materiales educativos para cerca de ocho millones de estudiantes de la educación oficial”, agrega. En este punto, el directivo anota que entre los 200 mejores colegios de Colombia, según las pruebas Saber 2021, solo hay dos instituciones públicas. Sobre este punto, EL TIEMPO contactó al Ministerio de Educación para saber las cifras de compra de libros, pero al cierre de este informe no se recibió respuesta de esa cartera.

“A pesar de lo anterior, y soportado básicamente en los colegios privados, el sector de texto escolar participó con el 37,5 % de las ventas de la industria editorial de 2020, con un decrecimiento del 6 % con respecto a 2019, pero menor a la reducción que tuvo la industria del libro en 2020 con motivo de la pandemia”, explica Aristizábal.


De todas maneras, se muestra esperanzado de que en el futuro el Gobierno haga una apuesta importante por la gratuidad del texto escolar para los ocho millones de jóvenes de educación pública primaria y secundaria, el que considera “un derecho de los estudiantes”.

“Esperemos que el próximo gobierno, atendiendo a los programas que todos los candidatos presidenciales dicen tener para mejorar la calidad de la educación pública en Colombia, vean que los textos escolares son un medio muy importante para lograr cerrar la brecha que hoy existe en la calidad de la educación en el país”, comenta.

En esta apuesta por la calidad educativa y la mejor comprensión y capacidad lectora de los niños y jóvenes, otro de los factores claves en la cadena del libro son las bibliotecas. Para él, las más de 1.550 bibliotecas públicas de Colombia “hay que protegerlas como un gran activo cultural”, manteniendo sus colecciones bibliográficas actualizadas.

“Para lo anterior e habían destinado unos recursos del impuesto a la telefonía celular, pero en una reciente reforma tributaria estos recursos se redujeron sustancialmente hasta el punto que las colecciones de la red de bibliotecas públicas no se actualizan en la medida de las necesidades”, explica Aristizábal.

Los otros jugadores importantes de la cadena editorial son las cerca de 200 librerías del país. “La CCL, en unión del Ministerio de Cultura e Idartes, estableció un programa para la dotación de páginas web y comercio electrónico de 56 librerías. Y podemos afirmar con satisfacción que por motivo de la pandemia no se cerró ninguna librería en Colombia”, concluye.

viernes, 29 de mayo de 2020

Lo que pasa en Colombia: un desastre agravado

El presente artículo, firmado por Javier Morales C., apareció el pasado 22 de mayo en la revista Cerosetenta, de la Universidad de Los Andes, Colombia. En él se da cuenta de la situación generada por la Cámara Colombiana del Libro a partir de los despidos de varios integrantes de la dirección cultural de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), la reacción de varios editores independientes y la crisis que atraviesa la industria editorial colombiana, ahora agravada por la pandemia. Como en el caso de la Argentina, México y Chile, se trata de un desastre de impredecibles consecuencias.

El gremio editorial no es inmune a la pandemia

El viernes 15 de mayo, cinco editoriales independientes renunciaron a hacer parte de la Cámara Colombiana del Libro –el gremio nacional que agrupa a las editoriales y libreros–. Los editores de Laguna Libros, Babel, Cataplum, La Diligencia y Tragaluz escribieron, en una carta dirigida a Enrique González Villa, presidente ejecutivo de la Cámara, que “La mayoría de editoriales independientes del país no están afiliadas a la Cámara Colombiana del Libro y las pocas que sí, no están representadas por un gremio que privilegia los intereses comerciales […] sobre los contenidos culturales”.

Las editoriales tomaron esta determinación después de que la Cámara Colombiana del Libro anunciara el despido (y tal vez la eliminación de los cargos) de la directora cultural de la feria y de la coordinadora de programación infantil y juvenil. Estos miembros del equipo son quienes están encargados de organizar y promover eventos culturales que acerquen a la gente al libro, y que habían logrado una buena gestión al organizar una programación virtual que reemplazó a la Feria presencial debido a la pandemia.

La carta de renuncia cuestiona que la Cámara promueva una campaña de microfinanciación a librerías mientras despide empleados. También, enumera otras alternativas que pudieron considerar antes de tomar esa decisión: “renegociación de salarios, vacaciones anticipadas, entre otras alternativas que sugiere el Ministerio de Trabajo y que nosotros mismos estamos poniendo en práctica en nuestras empresas”. Y recalcan: “No es un buen ejemplo el que le está dando la Cámara al sector”.

Las razones de esta división dentro del gremio vienen de tiempo atrás y quedaron al descubierto ante la imposibilidad de hacer una Feria del Libro presencial, según contó a Cerosetenta Felipe González, editor y fundador de Laguna Libros:

“De todas maneras había cosas que venían mal pero el hecho de que la FILBo funcionara, juntaba a todo el mundo y estaba por encima de las diferencias que ya existían”, dice. “Sí había muchos desencuentros y era muy recurrente la sensación de que desde el equipo directivo de la Cámara no había una comprensión del sector independiente”.

La FILBo imposible
Todo comenzó el 12 de marzo. Una semana después de que se reportó el primer caso positivo de COVID-19 en el país, la Cámara del Libro anunció que aplazaba la Feria ante la decisión de la Alcaldía de Bogotá de prohibir eventos con más de 500 personas para prevenir posibles contagios. La FILBo era un imposible; solo el año pasado reunió más de 605 mil asistentes en Corferias.

Ese mismo día, en una entrevista en Blu Radio, Enrique González Villa, presidente de la Cámara del Libro, reveló que la Feria ya andaba coja: escritores invitados de los países nórdicos (invitados de honor en esta edición) habían cancelado su asistencia porque tenían restricciones para salir de sus países. La suspensión entonces parecía razonable aunque significara dejar en duda un evento que iba a reunir más de 160 mil títulos, por lo menos 500 expositores y unos 180 escritores confirmados.

El 24 de marzo entró a regir el decreto de aislamiento preventivo obligatorio en todo el territorio nacional. Las librerías y bibliotecas cerraron y los lectores se quedaron en sus casas. Por eso, optaron por lanzar la FILBo en Casa para que, a pesar de las circunstancias, el 2020 no quedara sin la feria de literatura más grande e importante del país.

Una vez terminada la FILBo en Casa, la Cámara aseguró que hubo un total de 133 actividades realizadas a través de distintas plataformas en las que participaron cerca de 2 millones de personas. Además, y según el reporte, habría contado con la participación de 200 escritores en actividades culturales que alcanzaron a unas 53 mil personas. Y destacaron, por ejemplo, la lectura en cadena de Historia oficial del amor de Ricardo Silva Romero, que se extendió hasta el pasado 20 de mayo a través de Instagram.

Entre las otras actividades estuvieron los Clubes de Lectura, un espacio en donde autores, editores y libreros acompañaron en varias sesiones la lectura de un libro, y que hasta el 6 de mayo contó con más de 1.800 participantes; asimismo el lanzamiento de la campaña de microfinanciación Adopta una Librería, que a través de la plataforma Vaki recauda fondos para las librerías.

Resultados virtuales
 “La FILBo en Casa fue una decisión que se tomó en medio de la pandemia pensando en ayudar a activar la venta de libros a domicilio y a través de una vitrina virtual”, contó a Cerosetenta Olga Naranjo, exdirectora Cultural de la FILBo. “El interés era no dejar de apoyar al gremio en términos de la misionalidad de la Feria, que es apoyar la cultura y vender libros”.

Para algunas editoriales esa meta se cumplió. “Sentimos que los resultados son mucho más positivos que negativos. Nuestra gran bandera es trabajar en red y juntos por la misma causa que es la circulación del libro en Colombia”, le dijo a Cerosetenta María Elvira Jaramillo, directora de comunicaciones de la editorial Siglo del Hombre que este año ganó el concurso para ser la Librería Nórdica, es decir, la librería oficial del pabellón del país invitado de honor para esta edición de la Feria y que, por la pandemia, tuvo que ser virtual.

Para el momento en que se anunció la suspensión de la Feria, Siglo del Hombre tenía ya unas 20 toneladas de libros destinados a esa librería, según Jaramillo. Con la FILBo en Casa no tuvieron la vitrina que ofrece el pabellón principal de la feria, in situ, visitado por unas 50 mil personas que, sin embargo, continuaron trabajando en estrategias que les permitieron tener visibilidad durante la coyuntura: actualmente siguen siendo la Librería Nórdica y trabajan con estrategias en redes sociales en conjunto con las embajadas de los países nórdicos para posicionar a los autores, con cuyos títulos llevaron a cabo el Club de Lectura Tierras Nórdicas.

“Esos son nuestros eventos, de los que nos sentimos muy orgullosos de haber trabajado con la Cámara y que han tenido un impacto positivo en nuestros lectores”, dijo Jaramillo.

A otras editoriales independientes, en cambio, no les fue tan bien con las iniciativas que promovió la FILBo en Casa. Particularmente con la Vitrina Virtual, un catálogo en línea de la Feria que permite a los lectores entrar en contacto con las editoriales para hacer compras y que estará disponible hasta mediados de junio. Según la Cámara, por lo menos 115 expositores subieron sus catálogos, lo que sumó más de 2 mil títulos disponibles. Sin embargo, algunos expositores se quejaron de que la herramienta no les ayudó a facilitar ese proceso de vender sus libros.

“Lo que hicieron fue coger una plataforma que tenía Corferias, que yo creo que es la misma que utilizan para vender maquinaria pesada, o cabezas de ganado o artesanías”, dice Felipe González, editor y fundador de Laguna Libros. “Cada expositor podía subir veinte títulos, que desde ahí ya es una ridiculez. Ni siquiera había los campos para meter título y autor, entonces si alguien busca un autor lo más probable es que no le aparezca”.

Ante esta queja, la Cámara aclaró a Cerosetenta que esta plataforma no es transaccional ni una tienda en línea, sino un canal de intermediación a través del cual se pueden hacer las compras contactando a los expositores.

Sin embargo, son notorias las dificultades para hacer búsquedas efectivas en la Vitrina Virtual. Este punto llama la atención cuando hace parte de un intenso debate mundial sobre cómo la industria editorial y las librerías van a repensarse en lo digital, no solo luego de la pandemia sino con la sombra constante de grandes superficies como Amazon que de a poco va haciendo entrada a nuestro continente.

“¿Hasta cuándo seguiremos pensando con esa noción de que el libro digital canibaliza al libro de papel o que la librería e-commerce canibaliza al libro físico y a la librería de venta tradicional?”, pregunta en una charla en su canal de YouTube el argentino Daniel Benchimol, especialista en publicaciones y director del Proyecto451, una empresa que asesora editoriales en la transformación hacia los nuevos soportes y las nuevas tecnologías en el mercado editorial. La respuesta que da es contundente: dejemos que el lector decida. […] En definitiva, lo que necesitamos son lectores”.

“Yo no era tan amigo de abrir la tienda en línea a través de La Diligencia Libros, pero en esta coyuntura [de la pandemia] tener esa tienda ha sido para nosotros una bendición y sigue siendo una plataforma de diálogo con los libreros, porque por ahí hacen sus pedidos y facilita los procesos”, cuenta Felipe González. “El gran hueco que tenemos nosotros en este momento es el de la FILBo, porque gracias a nuestra tienda [en línea] no hemos dejado de vender y más o menos nos hemos mantenido, incluso puede que, sin contar la Feria, hayamos crecido”.

González cree que la situación pudo haber sido peor. “Nosotros teníamos 8 novedades para feria, una coedición y 8 reimpresiones. Afortunadamente no habíamos mandado nada a imprenta porque también habría sido muy duro que nos hubieran alcanzado a facturar”, dice.

Por eso, en últimas, este critica la decisión de la Cámara del Libro de mantener las fechas de la FILBo “solo por un asunto simbólico”, en lugar de hacer un evento virtual mucho más robusto y mejor organizado en términos de catalogación y venta de libros en línea en cualquier otro momento. “La FILBo en Casa fue una decisión innecesaria”, remata.

El factor fundamental: los despidos
En medio de una coyuntura global, la Cámara Colombiana del Libro tomó una decisión que terminó por alterar los nervios de las editoriales independientes. El 30 de abril, a través de una llamada telefónica y sin que hubiera finalizado la Feria, la dirección de la Cámara despidió a Juana Silva, coordinadora de Contenido Infantil y Juvenil, y a Olga Naranjo, directora Cultural de la FILBo. A ambos cargos les compete la parte misional de la Cámara, dedicada a generar convenios con otras entidades pero también de establecer esa valiosa interacción entre los libros y sus lectores, a través de eventos culturales. Y esto en cuanto a altos cargos porque el total de despidos en el equipo ronda las 8 personas.

Fueron “medidas para enfrentar la crisis”, explicó en una entrevista Enrique González, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana del Libro. “La cancelación de la Feria Internacional del Libro de Bogotá en 2020 ocasionó un déficit presupuestal en la Cámara Colombiana del Libro, que obligó a sus directivas a tomar decisiones de carácter administrativo para solventar los gastos propios de la entidad”. Y agregó que estos despidos: “le permitirán a la entidad continuar adelante en este segundo semestre, entretanto se definen las fechas de la próxima feria y otras actividades”. Cerosetenta buscó una declaración oficial de la Cámara y su presidente, Enrique González Villa, sobre estos despidos y las renuncias de las editoriales pero al momento de publicar esta nota no obtuvimos respuesta.

Olga Naranjo reconoce la crisis económica por la que atraviesa la Cámara: “buena parte de lo que recoge la Cámara viene de la Feria”, dice. “Entonces ellos empiezan a anunciar una crisis económica al no poder hacer la FILBo y ante la evidencia de que la FILBo presencial no se hace este año ni tampoco se sabe en qué época del año entrante se pueda hacer”.

“El problema es que se toma una decisión de prescindir de empleados en ciertos cargos para disminuir la pérdida que pueda tener la Cámara”, agrega. “Yo no entiendo por qué la Cámara decide ahorrar gastos en lo que es su parte misional más importante, que son los contenidos culturales. Es una decisión tremendamente equivocada de la Cámara, de su parte misional y de lo que le está diciendo al sector”.

Un cuestionamiento que encuentra respaldo y explicación en el primer párrafo de la carta de renuncia de las editoriales independientes: “Si algo puede hacer la Cámara por el gremio en estos momentos es desde el trabajo en el área de contenidos. Sin FILBo y sin área de contenidos, solo queda un cascarón vacío”.

La decisión también aviva serias preocupaciones en quienes han hecho parte de anteriores procesos de gestión cultural dentro de la Cámara en años pasados porque el área de contenidos culturales de la Cámara es el puente entre editores y el público que asiste a la feria.

“Si se elimina la Dirección Cultural y solo queda una Coordinación lo que se termina haciendo es que los contenidos de la Feria van a depender enteramente de las editoriales y a cada editorial lo que le interesa es promocionar sus propios libros; es decir, se pierde la idea de diálogos que proponía la Feria”, dice Giuseppe Caputo, escritor y quien ocupó el cargo de director Cultural de la FILBo entre 2015 y 2018. Y agrega: “La decisión me parece doblemente equivocada porque justamente la programación cultural también trae recursos [a la Feria]”.

Cultura recortada en la pandemia
No es nuevo que la cultura sea la primera cabeza que rueda cuando hay una crisis económica en un grupo editorial. Cuando Publicaciones Semana, por ejemplo, decidió reducir costos apenas se asomaba la pandemia, lo primero que hizo fue despedir al equipo de su revista cultural Arcadia.

“Las transformaciones que está viviendo el mundo editorial son muy complejas y vienen desde hace décadas, no son de ahora”, dice Germán Rey, periodista, docente y experto en industrias culturales.

En un informe del CERLALC, se exponen algunas cifras contundentes sobre el mercado editorial en Colombia en la última década, como que había retrocedido en un 19%, que entre el 2008 y el 2016 la caída real del mercado fue del 4,3% y que “el mercado colombiano permanece estable, a pesar del crecimiento económico del país”. Es decir, no importa cuánto crezca la economía del país, la industria editorial no logra crecer a la par.

Según Rey, en estos últimos años la industria se ha visto impactada por la aparición de nuevas tecnologías “que han remodelado el paisaje de lo que conocíamos como la industria editorial”. No obstante, resalta que el sector cuenta con una cadena productiva y de valor bien establecida que va desde el creador hasta los intermediarios en la venta de los libros.

Pero el contexto de la pandemia puso a prueba esa cadena productiva, como lo está haciendo con otros muchos sectores de la economía. Resulta paradójico que la gente en estas circunstancias quiera leer más pero que las cadenas de distribución de libros independientes no alcancen a estar a la altura de esa demanda.

“Cuando sucede que la vida normal se retira como si fueran las olas del mar– empieza uno a ver un tipo de vida que de otro modo no podría haber visto”, reflexiona Rey. “Yo me he sorprendido de cómo es de frágil la economía mundial, cómo un mes hace deslizar el aparato económico de un planeta, y entonces se habla de que hay que ‘reactivar la economía’. En ese sentido yo me he opuesto a que se hable de ‘reactivación cultural’, la cultura no necesita reactivarse, necesita apoyarse, necesita mecenazgos, necesita buenas políticas, necesita personas entrenadas en el manejo de la gestión cultural; pero la cultura siempre está viva. Puede tener riesgos y en efecto los tiene, pero la cultura es mucho más rica y activa que la propia economía”.

Resulta desconcertante entonces que la cultura se mantenga en la primera línea de sacrificio cuando las circunstancias son desfavorables en lo económico. Una pregunta que queda abierta para la Cámara y, de paso, para todo el sector de la cultura en el país.

“A mí me pareció que el director de la Cámara y otras personas reaccionaron muy bien y muy rápidamente a un fenómeno que nadie había previsto”, opina el profesor Rey. “Sin embargo, toda situación que afecte a aquellas personas que se han comprometido con una tarea cultural es una situación que debe mirarse con el mayor cuidado y, por supuesto, es una tragedia para la dinámica cultural de este país”.

Esta situación es, en general, un mal síntoma para un gremio que suele ser reconocido como el más unido en la industria cultural del país. Es también un golpe para la Cámara, cuya misión es “representar y defender los intereses de editores, libreros y distribuidores”, en este caso, de uno de los sectores igualmente más golpeados por la crisis económica desatada por la pandemia.

jueves, 12 de marzo de 2020

Ya es un hecho: ni las ferias internacionales del libro ni este blog se salvan del coronavirus


La noticia fue publicada localmente sin firma por el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 4 de marzo y, de hecho, no sorprende a nadie. Según el organigrama anual, a las ferias del libro de París y de Londres siguen las de Bogotá y Buenos Aires. ¿Qué pasará?

Londres también cancela su Feria del Libro
por el temor al Coronavirus

A las primeras cancelaciones de importantes actividades en el mundo del arte –como Art Basel en Hong Kong, el mes pasado, y el cierre del museo Louvre de París (que reabrió hoy con medidas de protección)–, el temor por el coronavirus se propagó en la agenda cultural europea y ocasionó que se suspendieran varias ferias del libro en el hemisferio norte. Hoy se conoció finalmente la cancelación de la London Book Fair, que en las últimas horas pendía de un hilo a raíz de las bajas que los organizadores fueron recibiendo de parte de las editoriales participantes de diferentes regiones. En suma, hasta el momento, ya se aplazó la fecha de inicio de la prestigiosa Feria del Libro Infantil de Bolonia y se cancelaron la Feria del Libro de París (cuya apertura también estaba prevista para fin de este mes) y la Feria del Libro de Leipzig, en Alemania.

Justo cuando el almanaque abría la temporada alta de encuentros editoriales de relieve internacional, el brote de coronavirus (Covid–19) paralizó también la industria del libro. La de Londres es una de las ferias más importantes del mundo, sobre todo en materia negociaciones y ventas de derechos de publicación así como también de contenidos para canales periodísticos, audiovisuales, cinematográficos y digitales. Estaba programada su edición del 10 al 12 de marzo, en el Kensington Olympia, pero por temor a una escalada en la propagación de la enfermedad no se hará, anunció Reed Exhibitions, a cargo de la organización. “Con reticencia hemos tomado la decisión de no seguir adelante con el evento de este año”, expresaron en un comunicado.

El gigante Penguin Random House había anunciado ayer que no participaría de la feria de Londres, cuando Amazon ya se había retirado a principios de la semana al igual que otras importantes editoriales. En la Argentina, representantes de los dos grandes grupos transnacionales (Penguin Random House y Planeta) habían confirmado a La Nación que su personal no iría porque, como en otras empresas multinacionales, se sugiere evitar los viajes.

Mientras tanto en Buenos Aires sigue como estaba prevista la realización de la próxima edición de la Feria Internacional del Libro, que organiza la Fundación El Libro en La Rural y tiene fecha de apertura agendada para el jueves 30 de abril. “Oportunamente, será la política gubernamental la que determine qué acciones deben tomarse, más allá de las preventivas”, había dicho ayer a La Nación su director, Oche Califa.

martes, 29 de mayo de 2018

Según dice Rafael Spregelburd: "Parece que nos hemos deshecho felizmente de nuestra historia. La hemos cambiado por entusiasmo y alharaca"

Una vez más, Rafael Spregelburd, esta vez en su columna del diario Perfil del 11 de mayo pasado. 

FILBO, Fulbo, Fútbol

La Argentina fue la invitada de honor de la Feria del Libro de Bogotá, la FILBo, un evento que en gran medida bajo la influencia de las ferias de Buenos Aires y de Frankfurt fue evolucionando hasta el megaevento que es hoy. Hubiera sido genial estar a la altura. Bajo el eslogan “La literatura argentina sale a la cancha” todo el pabellón nacional quedó apoltronado de fútbol: la entrada, una remera, precedía a una manga con ruidos de cancha y papelitos; al llegar, no una sino dos canchas de formas alargadas y dudosas en las que se podía practicar el tiro penal, ya que poco y nada la lectura.

Si forma es contenido y viceversa, habría que ver en qué estaban pensando cuando diseñaron este envase para una cosa que –idealmente– no requiere de ninguno. El ministro de Cultura, Pablo Avelluto, mentor del concepto, lo defendió con penales y una arenga: “El pasado cultural argentino, como el colombiano, es enorme. Nos reconocemos en él. Pero a veces el pasado puede ser opresivo, una mochila demasiado pesada”. Y propuso “encontrarse con la Argentina contemporánea que a partir de ese pasado escribe su propia historia en este presente, con las voces de una treintena de escritores, ilustradores de distintos géneros que nos van a mostrar el nuevo capítulo de ese enorme libro de la historia de la literatura”.

Parece que nos hemos deshecho felizmente de nuestra historia. La hemos cambiado por entusiasmo y alharaca.

En el pabellón, libros se encuentran pocos, pero sí muchas fotos decorativas de escritores. ¿Serán la historia? Y choripanes. Choripanes a rabiar. Pero no es ninguna novedad que las ferias del libro viren a encuentros gastronómicos.

Alberto Manguel pidió disculpas en nombre de todos los argentinos por el absurdo populista. Identificarse con fútbol en países latinoamericanos y futboleros supone, además, dividir por camisetas, competencias y rencores infiltrados por el opio de los pueblos. ¿A quién no le daría algo de tirria por aquí ver a autores brasileños encabezados por Pelé? Mis amigos colombianos (nos aúna la acidez) no lo dejaron pasar. Hago mías las palabras de la gran autora Carolina Sanín: “Los libros también son juegos: juegos más divertidos, más vitales, más bellos que el fútbol. Pero, también, son más peligrosos que el fútbol. En esta descarada macrización del continente, por supuesto que por delante va el fútbol: algo que a todos gusta, que a todos supuestamente nos une, que a todos adormece y en lo que no entran en juego las ideas”.

lunes, 7 de mayo de 2018

El Ministro de Cultura y el director de la Biblioteca Nacional tienen problemas con la sintonía fina

La entrada subida a este blog el día 4 de mayo, referida a la polémica suscitada por el stand argentino en la Feria Internacional del Libro de Colombia, concluía con estas palabras: "Tanto las gestiones anteriores, como ésta, tal vez deberían haber consensuado sus ideas con los escritores invitados y, asimismo, hacer público el gasto realizado en cada oportunidad para que el público pueda evaluar en cada caso el sentido de la inversión, sus resultados y los eventuales beneficios". Y luego se afirmaba: "De otro modo, la sensación de incomodidad que sigue a estos eventos se vuelve acumulativa. Basta con leer los comentarios de los lectores al final de cada una de las notas que se publican más arriba para hacerse una idea de la desconfianza que el actual Ministerio de Cultura se supo granjear incluso entre los propios votantes de la fuerza política a la que ideológicamente representa".

Un día antes, la periodista Hinde Pomeraniec entrevistaba a Pablo Avelutto para Cultura InfoBAE, medio que ella dirige, y allí se discutían diversos temas; entre otros, el "escrache" en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, los anuncios que no pudieron hacerse, la reacción del Ministro ante la irrupción de los docentes (ver entradas en este blog del día 28 de abril pasado) y su opinión sobre los comentarios de Alberto Manguel en la FILBO. Todo eso puede leerse acá:
https://www.infobae.com/cultura/2018/05/03/pablo-avelluto-manguel-tiene-una-concepcion-de-la-cultura-que-deja-afuera-algunos-fenomenos-populares/

Lo que relaciona el párrafo resaltado en rojo con lo que dice Avelutto en la mentada entrevista son estos párrafos:

1) El primer tema tiene por protagonistas al Ministro de Cultura y a Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional de Argentina y funcionario dependiente del Ministerio de Cultura. Así, cuando Pomeraniec quiere saber por qué Manguel dice lo que dice en el lugar donde lo dice y si Avelutto ya habló con él, éste responde: "Sí, nos escribimos ayer mismo por mail. Somos muy amigos con Alberto (...). Yo creo que a él lo tomó por sorpresa, creo que claramente lo tomó por sorpresa y no le gustó y está todo bien que no le guste. Tenés todo el derecho del mundo a que no te guste". La periodista entonces quiere saber si Manguel ya se lo había manifestado al Ministro: "No, no. No, si me lo hubiera dicho, lo hubiéramos hablado. Yo creo que él ni sabía que yo tenía algo que ver con eso. Creo que él tiene una concepción que deja afuera algunos fenómenos populares, que yo creo que es equivocada pero que eso no implica que no podemos trabajar juntos y que yo siento una profunda admiración por él y que tengamos un excelente vínculo personal. Digo, me parece que al contrario, no le gustó pero dio su charla igual y era lo que a mí me importaba. Y la semana que viene vamos a estar juntos en Ottawa, yo presentándolo en un encuentro internacional de cultura". Pomeraniec entonces insistió preguntándo qué le había dicho Avelutto a Manguel: "Le dije que no sólo no estaba de acuerdo, porque no tengo que acordar con su posición, sino que además el stand había sido un éxito extraordinario, que se había vendido todo. La Asociación de Libreros Independientes de Colombia dice que nunca vendieron tantos libros. Se vendieron, para que te des una idea, 13.589 ejemplares: es un número. (...) Quedamos en discutirlo largo cuando él volviera. Yo ahora me voy pero seguramente lo vamos a discutir la semana que viene en Canadá. Él creo que tenía una visión un poco literaria, para llamarla de algún modo, y por ahí estos elementos que yo te cuento que tienen que ver con el estudio del público, con hacer algo disruptivo que no se pareciera a lo que estás esperando ver, el público es diferente…".  

2) Cuando la periodista le pregunta a Avelutto si el stand fue idea suya, éste contesta que no, pero rápidamente señala que conceptualmente sí. Luego, Pomeraniec insiste: "Y eso, ¿con cuánta gente lo habló, ministro?". A lo que Avelutto responde: "¿Por qué tenía que hablarlo? A ver: lo hablé con mi equipo dentro del Ministerio. Lo hablé con el presidente. Lo hablé con el jefe de Gabinete. Lo hablé con quienes era necesario, para chequear que la idea les pareciera buena, asociar con el fútbol. ¿Por qué? Porque éste es un año de Mundial de Fútbol, porque lo estábamos llevando a Sacheri, porque había una lógica… El truco era hacer entrar a la gente al stand y que la gente en su recorrido tuviera una experiencia. No es que adentro entrabas y estaban jugando un picado, ¿entendés? Adentro entrabas y tenías una cierta atmósfera futbolera que rápidamente se convertía y, cuando te querías acordar, ya estabas adentro de una librería, o escuchando un grupo de tango, qué sé yo. Uno toma las decisiones, este tipo de decisiones conceptuales, conversándolas con otra gente y poniéndolas a prueba para ver si se va a entender. Pero yo entendía algo básico, que siempre me preocupó, y es que esto era una feria popular, parecida a la nuestra, la gente que va ahí no va la semana que viene a comprar un libro en una librería, por ahí no vuelve nunca más hasta la feria del año que viene". 

Todo esto lleva a nuevas preguntas: a) ¿quiénes eran las personas del Ministerio de Cultura a las cuales la idea del ministro les pareció buena?, b) ¿desde cuándo el presidente, de quien nada se sabe sobre su afición a los libros y su conocimiento de los escritores argentinos, está capacitado a opinar sobre este tipo de temas? La misma reflexión cabe para el jefe de Gabinete, y c) en la nota se habla de "los números de la FILBO", pero nada dice el Ministro sobre el dinero invertido por el Ministerio de Cultura, el de Relaciones Exteriores y el de Turismo, que, como es de público conocimiento, sale del erario público. De hecho, fuentes bien informadas, estiman que el gasto efectuado para alfombrar de pasto sintético el ámbito del stand supera los U$S 400.000, lo que en todas partes es mucho dinero que, tal vez, podría haberse utilizado con otros fines. 

CODA
Por su parte, Manguel, quien fue el que comenzó con toda la cuestión, entrevistado por Flavia Pittela y Patricio Zunini en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, recordó en qué circunstancias declaró lo que declaró"En Colombia di dos conferencias. Al final de una, un señor me hace una pregunta sobre este stand y yo le dí una opinión y por supuesto, lo tengo que hacer. Este no es un gobierno de censura, Pablo Avelluto nunca me ha dicho 'no des tu opinión en público' (...) Yo no critiqué la presencia de la Argentina en la Filbo. La Argentina era el país invitado. Di una opinión sobre la elección de convertir el stand argentino en una cancha de fútbol, como lo hubiese hecho si lo hubiesen convertido en una pizzería, en un lugar de asado, en un campo de polo. Todas son actividades nobles, pero es una feria del libro. ¿Los jugadores argentinos que vayan al Mundial van a llevar las obras de Borges?, ¿van a leer poemas en la cancha?" Y coronó su discurso diciendo: "Soy muy amigo de Avelluto, él tuvo la generosidad de ofrecerme este puesto sin conocerme y yo no lo conocía a él, y me ha apoyado en todo lo que la biblioteca ha hecho. Podemos tener diferencias de opinión, sobre todo de opinión sobre un símbolo, sobre un acto estético, sobre una presentación. Estamos tan desacostumbrados al diálogo en Argentina que si uno no dice 'sí' a algo o 'no' a algo, sino que simplemente emite una opinión, causa una revolución"
(En https://www.infobae.com/cultura/2018/05/03/alberto-manguel-estamos-tan-desacostumbrados-al-dialogo-en-argentina-que-si-uno-emite-una-opinion-causa-una-revolucion/). 

Sin embargo, contrastando con las declaraciones de la primera nota de Cultura InfoBAE, en la que Avelutto se regodeaaba explicando lo bien que funciona la Biblioteca Nacional bajo la dirección de Manguel, éste, en la transcripción de una entrevista con Matilde Sánchez, que recoge un diálogo entre la directora de la revista Ñ y el autor de Historia natural de la curiosidad, y que, para más datos, se publicó el pasado 3 de mayo, señala: "'La verdad es que en la Biblioteca Nacional no tenemos un mango ni para comprar café'. El comentario fue en respuesta a una pregunta sobre la adquisición de la biblioteca personal de Bioy Casares; él aclaró que no había sido comprada sino aceptada en donación, pues no tenían un peso para hacer compras".
(En https://www.clarin.com/cultura/manguel-sincera-pide-recursos-biblioteca_0_HJ0eRMFTf.html

Cabe entonces preguntarse si la falta de muñeca política de Manguel es mera ingenuidad. También, si las declaraciones del Ministro, que ve todo color de rosa, no chocan con las del intelectual devenido en funcionario, quien aporta una cuota de realismo a la gestión. Por último, si efectivamente Avelutto y Manguel se hablan realmente y trabajan sobre una base común. Son misterios que el tiempo ira develando...