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viernes, 10 de diciembre de 2021

Cultura de la cancelacción: el turno de Mark Twain

El pasado 4 de diciembre, Omar Genovese publicó en el diario Perfil la noticia sobre el destino que, como a tantos otros grandes escritores, le reserva la llamada “cultura de la cancelación”. En la bajada se lee: “La ola conservadora estadounidense no deja títere con cabeza: la lista de las obras canceladas no deja de crecer. Hasta el padre de la literatura moderna cayó en sus garras”.

Mark Twain: aniversario y cancelación

 

El 30 de noviembre de 1835 nacía, en un pequeño caserío llamado Florida, Missouri, Estados Unidos, el escritor Samuel Langhorne Clemens, conocido como Mark Twain. Autor de Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn, destacadas en la formación de lectores a nivel mundial, en una extensa obra que incluye más de 45 libros en géneros como relatos cortos, novelas históricas, ensayos y libros de viajes. A 186 años de su nacimiento, cabe recordarse que Twain fue reconocido por William Faulkner como “el primer verdadero escritor estadounidense” y Ernest Hemingway señaló que con él “surge toda la literatura moderna”. 


Recientemente, la publicación cultural 48 Hills (www.48hills.org), de la ONG San Francisco Progressive Media Center, recordó al escritor como enemigo del imperialismo. “Me opongo a que el águila ponga sus garras en cualquier otra tierra”, es la cita con la que Bruce Mirken inicia un recorrido sobre sus escritos al respecto, entre ellos, To the Person Sitting in Darkness (1901), donde con sarcasmo enumera las brutalidades contra africanos y asiáticos infligidas por Gran Bretaña, Rusia, Alemania y otras naciones, para también reclamar a su país por la ocupación de Filipinas. 


En 1905, seis años después que Joseph Conrad publicara El corazón de las tinieblas, Twain denuncia a Leopoldo II de Bélgica en El soliloquio del rey Leopoldo, donde asume su voz para relatar la barbarie del régimen en el Congo Belga. Escribió sobre él: “Ha destruido deliberadamente más vidas de las que han ocurrido en todos los campos de batalla de este planeta durante los últimos mil años.”


Pero vayamos a los gritos que llegan de “una discusión cultural”. Las aventuras de Huckleberry Finn se eliminó como texto de lectura escolar en Duluth, Mi-nnesota, en el año 2018, acusado por “uso de insultos raciales” (la palabra nigger, negro de forma despectiva). Bajo este tipo de lupa “progresista”, sumado a las vindicaciones del movimiento Black Lives Matter, los 14 mil consejos escolares de educación pública estadounidense son escenario del enfrentamiento entre conservadores y progresistas, como si la línea Mason & Dixon de la Guerra de Secesión fuera una grieta norte-sur nunca resuelta.  


Así, a principios de noviembre, miembros de la junta escolar del Condado de Spotsylvania, Virginia, sugirieron la quema de libros que enseñan sobre raza y sexualidad existentes en la biblioteca, a partir de uno en especial: 33 Snowfish, de Adam Rapp. Este puritanismo es un concreto avance contra la teoría crítica de la raza, estudiada en el ámbito universitario a expensas de los demócratas, que examina cómo la historia del racismo impacta en el país. El gobernador electo de Virginia, Glenn Youngkin, durante su campaña prometió prohibir dicha teoría en las escuelas. La ola de amenazas contra quienes trabajan en los distritos escolares es tal que el FBI monitorea tal ambiente.


Otros libros que los conservadores cuestionan y corren riesgo de ir a la pira: The Bluest Eye, la novela más vendida de Toni Morrison; Ruby Bridges va a la escuela, libro autobiográfico para niños de la luchadora por los derechos civiles; En la casa de los sueños de Carmen María Machado; Fun Home: A Family Tragicomic de Alison Bechdel; Martin Luther King, Jr. y la marcha sobre Washington, libro para niños de Frances E. Ruffin y el ya desterrado en Virginia en el 2013, Beloved del Premio Nobel de Literatura Toni Morrison.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Mark Twain lo dijo

Mark Twain
El pasado 9 de febrero, Guillermo Piro escribió en su columna del diario Perfil, de Buenos Aires, a propósito de lo que pasa en la lengua alemana con las cuestiones de género, tal como puede leerse a continuación.

La horrible lengua alemana

También en Alemania se discute acerca de la lengua inclusiva, es decir cómo volver el modo en que se habla más neutro y por lo tanto menos discriminador desde el punto de vista del género. Los que proponen esta transformación dicen que la operación tiene poco que ver con la lengua y la gramática, sino más bien con el modo en que las palabras forman las cosas, los pensamientos y las opiniones.

El debate obviamente no es nuevo: las lenguas cambian continuamente y reflejan siempre los cambios sociales y las relaciones de fuerza de su época. Mark Twain intentó sin éxito aprender alemán desde chico, y en 1880 escribió un ensayo con un título bastante explícito: The Awful German Language (La horrible lengua alemana), y volvió sobre el mismo tema algunos años después en una célebre conferencia dictada en Viena titulada Die Schrecken der deutschen Sprache (“Los horrores de la lengua alemana”). Twain, que como todos saben es estadounidense, a través de ejemplos y con mucha ironía cuenta las dificultades en el uso de los casos, los verbos, la longitud de las palabras y la cantidad enorme de preposiciones, y al final eleva al gobierno una propuesta formal para “mejorar” la lengua alemana.

El alemán tiene tres géneros (masculino, femenino y neutro, con sus respectivos artículos der, die y das), pero la relación real entre género y sustantivo no es clara: Fischweib (los sustantivos alemanes van en mayúscula), que quiere decir “vendedora de pescado”, es neutro. “Cada sustantivo –explica Twain– tiene un género y no hay sentido o sistema en la distribución. Así, el género de cada uno debe ser aprendido separadamente y de memoria. No hay otra manera. Para hacer esto uno debe tener la memoria de un enorme diccionario. En alemán, una joven dama no tiene sexo, mientras que un nabo sí. Piense en la recargada reverencia que se muestra por el nabo y en la insensible falta de respeto que se muestra por la chica”.

En alemán, como en español y otras lenguas, a menudo se usa el plural masculino para indicar tanto hombres como mujeres: los maestros se dirigen al alumnado mixto diciendo Schüler (estudiantes, en masculino). Pero distintos estudios demuestran que el plural masculino, en la mente de quienes escuchan, se conecta exclusivamente al sexo masculino. En Francia se le pidió a un grupo de mil personas que nombraran “dos escritores célebres” y solo el 12 por ciento pensó en una mujer. Pero cuando se les pidió que nombraran “dos escritores o escritoras célebres”, el porcentaje de los que nombraron una mujer se duplicó. El experimento se repitió con campeones y campeonas olímpicos y con presentadores o presentadoras de televisión.

Hace poco el Ministerio de Justicia de Lübeck estableció que en las comunicaciones oficiales se debe aspirar a la neutralidad. Para ello se utilizan los dos puntos (:) en medio de una palabra, lo que tiene un sentido inclusivo. Los dos puntos no implican una interrupción sino que deben ser pronunciados con una pausa glotal, o sea una especie de pausa que implica al mismo tiempo un esfuerzo, la misma que se usa en español cuando alguien dice “No estoy hablando de lecciones sino de elecciones”, con una leve pausa antes y un esfuerzo sobre la “e” de elecciones. Así, los habitantes de Lübeck pasan a ser Lübecker:innen. Naturalmente hay quienes no están de acuerdo, pero el ministerio piensa castigar duramente a quienes no respeten la regla. Lo que da argumentos a los rebeldes, que entienden así que una sociedad más inclusiva depende de una imposición burocrática.