Mostrando entradas con la etiqueta Crisis del papel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis del papel. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de abril de 2025

"Símbolo del mazazo a la cultura argentina es el cierre de no menos de una decena de librerías en los últimos tiempos"

La bajada de la nota que publicó Ricardo Gotta en Tiempo Argentino, el pasado 12 de abril, dice: "Durante los últimos tiempos bajaron sus cortinas varias de las librerías tradicionales. Alquileres, servicios, costos del papel y de los libros, conjugados con la crisis económica y los cambios de hábitos. Historias con mucho de nostalgia".

Cierre masivo de librerías: símbolo del mazazo a la cultura argentina

Hace tan sólo 16 meses, la Argentina volvía a destacarse como el país del continente con la mayor y más diversa red de librerías. El dato surgía de un trabajo realizado por la Universidad de San Martín. El mundo de la cultura celebraba el dato positivo, estar a la vanguardia de la región. Aun cuando ya venía golpeado en los últimos lustros. Hace tan sólo 16 meses la Argentina iniciaba el pesado tránsito del actual régimen libertario.

Sólo 16 meses después se desploma el consumo literario, a la par de la seria crisis económica que padecen las clases sociales más proclives a la adquisición de libros, lo que se verifica dramáticamente en las librerías y, signo palpable de la gravedad, también en las ferias de usados.

En 2024 la caída de ventas de libros respecto del año anterior fue de aproximadamente un 13% para las dos editoriales que captan buena parte del mercado (Planeta y Penguin Random), en tanto, en las demás, el descenso que sufrieron llegó en algunos casos al 40 por ciento. Según el informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL), en el 2023, las ventas ya habían caído un 5% respecto de 2022 y la producción, más allá del 20 por ciento.

A su vez, las grandes cadenas de librerías acusan un aumento interanual estimado del 120% en los precios de tapa. Aún no hay cifras oficiales para lo que va este año, pero se estima que la caída ya devoró casi la quinta parte del mercado, que, además, exhibe muchos menos títulos (en algún caso, apenas un 10% de años anteriores), con ediciones que en su mayoría no superan el millar, una cifra realmente muy menor de lo habitual.

Una de las consecuencias, símbolo del mazazo a la cultura argentina, es el cierre de no menos de una decena de librerías emblemáticas que se produjeron en los últimos tiempos.

Ya el año pasado había bajado definitivamente sus cortinas, entre otras, la Gauderio Libros, en Ayacucho 704, con casi dos décadas de antigüedad: “El ajuste brutal ha significado la caída total de las ventas de libros”, argumentaba Valeria Satas, su dueña. Horas antes del 21 de julio, una cuadra y media de cola se intentaba rescatar los retazos que liquidaba la Antigua Fray Mocho (Vive Leyendo ), que abriera 1945 y que desde 1969 funcionaba en Sarmiento 1832, Apenas una semana después cerraba el último local donde funcionó la tradicional Scotti Libros, en 48 entre 5 y 6 de la ciudad de La Plata.

Mucho más cerca en el tiempo, la crisis se posó en la históricamente literaria Avenida de Mayo. Exactamente entre el 1110 al 1114, prácticamente frente a uno de los ingresos a la estación Lima del subte B. Cambiaron los propietarios de varios locales cercanos a la esquina de Lima, por caso los de las librerías Punto de Encuentro y La Cueva. Los alquileres subieron exponencialmente y ambos tradicionales ámbitos literarios finalmente cerraron hace unos días. “Se pierde mucha cultura y el acceso a la información”, aseguró Diego Alonso, el dueño de La Cueva que, al menos, decidió trasladar su comercio a la bonaerense Santa Teresita.
El largo adiós a las librerías

Por su parte, Punto de Encuentro cerró su local de venta, pero no la editorial y la distribuidora. Había llegado a la Avenida de Mayo hace casi tres lustros. Allí, en el mismo inmueble que ya añora con nostalgia, la mística de los anaqueles desbordantes de libros que vivió en buena parte del último siglo.

Desde que abrió Libros de Anarres, conocida como “la librería de los anarquistas”. Luego de que falleciera su dueño, un anarquista español de apellido Torres, fue vendida por sus descendientes. Pero no cambió de rumbo. Desde entonces, 2012, la manejó Carlos Benítez Gibbons, quien ahora lamenta el cierre. “Lo nuestro fue una cosa puntual.

Por un lado, el final de contrato. La gente que compró toda la esquina no quiso renovar. Cuando salimos a buscar otro lugar, vimos que era imposible solventar los gastos de alquileres, los servicios, los empleados. Por eso, vendimos lo que pudimos, y luego guardamos hasta los muebles”.

Admite que “la crisis no es de hoy. A partir de la pandemia, un 20 o 30% del público que no podía salir, se acostumbró a comprar por internet, adoptó la forma online. Fue un salvavidas para muchos comercios. Hoy, todas las librerías y las editoriales, grandes y pequeñas, tenemos venta online”.

Ofrece además un ejemplo: “Un historiador que trabaja mucho en el Conicet, que para investigar se pasaba horas en la librería buscando libros, me dijo: ‘Ahora me meto en la web y en 2 minutos lo encuentro y lo compro’”.

Pero que el factor económico es fundamental. “El costo de los libros, abismal, marca la poca accesibilidad de la clase media, que cae cada vez más. El precio lo imponen las grandes cadenas, la concentración entre Planeta y Random, y las de librerías, Cúspide y un poco más atrás Yenny. A ellos no les interesa vender libros barato. Por supuesto que influye el costo del papel, que creció muchísimo. Hoy hacer un libro es caro y se refleja en el precio alto. Lo es hasta para los turistas”.

A la vez, suma otro aspecto importante, el cambio de hábito. “Hay poco apego a la lectura. Antes, los buenos lectores se la pasaban los sábados a la noche recorriendo Corrientes hasta el Obelisco. Hoy no. Quedaron poquitas librerías allí, como en avenida de Mayo. Algunas se mudaron a los barrios: Palermo, Colegiales, Chacarita… Además, hoy las librerías no tienen sentido si no están respaldados con otras cosas, como un barcito”. Y concluye: “No dan los números y eso va en detrimento de la diversidad. Todo se lo quedan las cadenas multinacionales. Y venden los libros que a ellos les interesan”.

No obstante, Benítez opina que la tecnología, el libro electrónico, aún no influye en la caída. “Conviven, todavía es un porcentaje chico el que lo consume. En general, quien viaja mucho. En Punto de Encuentro ya tenemos la plataforma de e-book. No hay hábito todavía. El diario papel ha perdido mucho más en ese sentido”.

-¿Cuánto influye la ausencia del Estado en la crisis?
-Ya el hecho que te ignoren es una política. Que no te den bola, que no te pregunten ni cómo andás. Por otro lado, teníamos históricamente la compra de las Bibliotecas Populares (Conabip), mediante la Secretaría de Educación, por ejemplo, en la Feria del Libro. A las bibliotecas del interior, sobre todo, les cuesta mucho acceder. Pero el año pasado ya no hubo y este año habrá menos… O las compras del Ministerio de Educación daban un respiro enorme. Hablar de libros hoy en el Estado es una mala palabra.

-Todo gira en derredor de la crisis económica.
-Las tres mejores épocas de los libros fueron durante gobiernos peronistas. Los dos de Perón y el del kirchenrismo. Los tres en los que más libros se vendieron. ¡Qué casualidad! La nuestra, una editorial más chica que mediana en el 2013-2014 llegamos a editar 40 títulos, y este año, con suerte, vamos a editar cinco… No sólo el Estado, era la economía en general que funcionaba. Por ejemplo, con el Ahora 12, venían historiadores, docentes, estudiantes, compraban un montón de libros y pagaban por mes. Hoy no sabés si al otro día vas a tener laburo. La cultura, sobre todo, está en el “subsuelo de la patria sublevada”, como decía Scalabrini. Lo primero que uno prescinde es lo recreativo, ir al cine, al teatro, al fútbol. O comprar un libro. No vas a dejar de comer por comprar un libro.

lunes, 23 de diciembre de 2024

Los resultados de la exitosa economía de Milei y el lamento de los mercaderes

El 20 de diciembre, Daniel Gigena publicó la siguiente nota en el diario La Nación, de Buenos Aires, a propósito de la caída de producción y ventas de los libros argentinos. En su bajada se lee: "La mayoría de las editoriales registró un descenso en las ventas respecto de 2023; en muchos casos, también se redujo la cantidad de novedades".

2024: otro año con precios altos y caídas en las ventas y la producción de libros

De los grandes grupos a los sellos independientes, la mayoría de las editoriales consultadas por La Nación comunicó una caída interanual en las ventas de ejemplares, que fue de un 10% y un 13% (como detallaron el Grupo Planeta y Penguin Random House, respectivamente) a un 40%. Según el informe de la Cámara Argentina del Libro (CAL) del año pasado, las ventas habían caído un 5% respecto de 2022; si bien el de este año se conocerá en los primeros meses de 2025, se estima que la caída en las ventas llegará al 22%.

Excepto los grandes grupos y algunos sellos medianos, se publicaron menos novedades que en 2023 y, en todos los casos, en tiradas más pequeñas. Una “apuesta” editorial de hoy se mide en tres mil, cinco mil o, en casos excepcionales, diez mil ejemplares cuando en la Argentina hubo primeras tiradas de hasta 50.000 ejemplares. Gracias a la permanente crisis económica y los cambios de hábitos en materia cultural, se impuso la prudencia. En 2023, la caída de la producción había sido del 24% según la CAL.

“El mercado cayó, pero la editorial lo hizo apenas -observa la directora editorial de Planeta Argentina, Adriana Fernández-. En ese sentido, el resultado es bueno, mucho más valioso desde el punto de vista del trabajo estratégico. Las grandes apuestas y los grandes nombres no defraudaron”.

El presidente de la CAL, Juan Manuel Pampín, confirma que hubo menos novedades en 2024. “Al ser un año complejo, publicamos menos cosas -dice-. Todos trabajamos fuerte sobre los fondos editoriales; las pymes no podemos tener hits masivos todos los meses, como los grandes grupos”.

“Fue un año horrible”, resumió el editor Pablo Gabo Moreno, de Caleta Olivia, que solo publicó diez títulos (contra dieciséis de 2023), en tiradas de mil ejemplares. El Cuenco de Plata también informó una caída del 40% en ventas; de veinte libros publicados en 2023, este año solo pudo sacar la mitad. Siglo XXI había sacado 56 libros en 2023; este año, publicó 44. Y la editorial Edhasa redujo en un 30% sus novedades; en cambio, la importadora Riverside subió en un 15% la cantidad de títulos.

Eterna Cadencia lanzó la misma cantidad de títulos que en 2023, al igual que Adriana Hidalgo (que celebró su 25° aniversario y los quince años de Pípala); Ampersand, que registró una caída en las ventas del 10%, sacó once títulos (contra tres del año pasado). El sello Cactus, de filosofía y ciencias sociales, publicó diez libros a lo largo del año, uno más que en 2023. Tinta Limón editó un libro más que el año pasado, aunque hizo más coediciones y, en algunos títulos, redujo las tiradas.

“Este año publicamos menos de lo que teníamos planeado y algunos de los libros que sacamos fueron reimpresiones con nuevas cubiertas de títulos anteriores, como El lugar donde mueren los pájaros, de Tomás Downey, y La portadora del cielo, de Riikka Pelo. Fueron seis novedades finalmente. Y retrasamos por varios motivos, entre ellos la baja en las ventas, el lanzamiento de una nueva colección”, informaron desde Fiordo.
Bajaron las ventas y subieron los precios

“Las ventas bajaron alrededor de un 20% -dice a LA NACION Constanza Brunet, de Marea-. Fue un año difícil, donde tuvieron más relevancia los encuentros presenciales, ferias y presentaciones. La venta en librerías, que es nuestro principal canal, se vio bastante afectada”. No obstante, a pesar de la crisis, en el sello de no ficción y periodismo se publicaron más novedades que en 2023. “Gracias a la cantidad y calidad de las propuestas la baja en las ventas no fue tan pronunciada como lo fue en general en el sector”, dice la editora.

A la vez, los precios de los libros tuvieron un aumento interanual estimado del 120%, según informaron desde la cadena de librerías Cúspide a este diario. El dueño de la librería Hernández, Ecequiel Leder Kremer, al igual que otros de sus colegas, señaló que, en promedio, los precios habían aumentado casi un 200% respecto de 2023. “Hubo editoriales que aumentaron menos y otras, más; los editores no aumentan de forma uniforme, pero si tiene que reimprimir un libro actualizan los costos de producción”, dice a LA NACION Leder Kremer.

Editores de sellos independientes, al ser consultados, dijeron que habían aumentado los precios por debajo de la inflación; muchos de sus títulos se comercializan a menos de $ 20.000.

Para impulsar las ventas de fin de año, varias editoriales lanzaron campañas con precios promocionales en librerías y en sus propias tiendas virtuales. Con el lema“Sube la temperatura, bajan los precios”, el Grupo Planeta ofrece hasta el 13 de enero precios más bajos ($ 25.900 y $ 29.000) en novedades de Viviana Rivero, Collen Hoover, Camila Sosa Villada, Hugo Alconada Mon, Haruki Murakami y Ceferino Reato, entre otros autores.

Penguin Random House dispuso una selección de títulos a menos de $ 25.000 con todas las novelas de la Nobel de Literatura, Han Kang, y títulos de Gabriela Cabezón Cámara, Joan Didion, Gabriel García Márquez, Selva Almada, Sándor Marai y María Elena Walsh, entre otros. “Sabemos que un libro es un regalo para siempre, el valor simbólico de regalar libros no tiene nada que ver con el de cualquier otro objeto -dice Valeria Fernández Naya, directora de Marketing y Comunicación de PRH-. Hicimos una selección de grandes títulos, de autores de primera línea para que nadie se quede con las ganas de leer o regalar”.

La editorial Mansalva preparó diferentes “packs” con tres libros de distintos autores o un mismo autor (como César Aira) con precios que van de los $ 55.000 a los $ 75.000. Cactus también armó “combos navideños” de tres títulos, entre $ 37.000 y $ 46.100, al igual que Caja Negra (de $ 60.000 a $ 71.000). Libros para chicos y adultos de Sudestada tienen descuentos del 14% al 22% en el precio de tapa; Prometeo, del 20%. Galerna presenta combos de autores contemporáneos y clásicos, fútbol, tecnología y filosofía de $ 26.000 a $ 64.000. Fondo de Cultura Económica “remata” libros para adultos y chicos a $ 7900, de autores como Sara Gallardo, Beatriz Guido, Mariana Ruiz Johnson, Isol y Pablo Bernasconi. Y Vinilo, una “caja de fin de año” con un libro a elección del catálogo, una bolsa de tela, una garrapiñada de almendras y una sidra para el brindis ($ 45.000). La bella editorial Miluno también bajó los precios para las Fiestas. Hojas del Sur oferta un “combo batalla cultural” con cuatro libros a $ 40.000 (se incluye la biografía de Milei escrita por Marcelo Duclos y Nicolás Márquez). En las páginas web de muchas editoriales se ofrece un 10% de descuento en la compra y envío gratis.

Por último, la cadena de librerías del Grupo Ilhsa, Yenny-El Ateneo, difundió la lista de los diez libros más vendidos del año. Encabeza el ranking La felicidad, de Gabriel Rolón, seguido por En agosto nos vemos, del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez; Zenzorialmente, de Estanislao Bachrach; Destroza este diario, de Keri Smith; Este dolor no es mío, de Mark Wolynn; La Casa Neville 2. No quieras nada vil, de Florencia Bonelli; Hábitos atómicos, de James Clear; Un lugar soleado para gente sombría, de Mariana Enriquez; Cora, de Jorge Fernández Díaz, y El monje que vendió su Ferrari, de Robin S. Sharma.




martes, 13 de febrero de 2024

Los libros no constituyen una excepción

El pasado 9 de febrero, la agencia TELAM publicó en su portal una nota sin firma, rápidamente reproducida por la mayoría de los principales diarios argentinos. Allí se lee cómo está afectando la presente crisis, fogoneada por el gobierno, al mundo del libro. En la bajada se lee: "El titular de la cámara del sector, Juan Manuel Pampín, manifestó preocupación por la situación de la industria y los costos de los insumos, respecto al año pasado. Además, advirtió que "este año viene muy flojo, con costos altísimos".

Aseguran que cayó un 30% la venta de libros en el país

El presidente de la Cámara Argentina del Libro y de ediciones Corregidor, Juan Manuel Pampín, mostró este viernes su preocupación ante la situación de la industria y los costos de los insumos, al tiempo que advirtió por "la caída del 30% en la venta de libros".

"La industria está complicada con caídas muy fuertes de las ventas en un 30% respecto del año pasado y este año viene muy floja la industria con costos altísimos", sostuvo.

En ese aspecto, agregó que la materia prima esencial sufrió un proceso de encarecimiento importante "del orden del 55% en el papel", por lo que reclamó "acciones para poder sobrellevar la situación".

Al mismo tiempo, Pampín valoró la reunión que mantuvieron con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof y el ministro de la Producción, Augusto Costa, donde explicaron la situación que atraviesa la industria del libro y la preocupación ante la situación económica actual.

"Le propusimos al gobernador una industria argentina del libro porque tenemos la fuerza y el intelecto para poder realizarlo", sostuvo en diálogo con Radio Provincia, y explicó que "Argentina produce y hay autores argentinos que traspasan las fronteras. Lo que necesitamos es apoyo para poder trabajar y el papel que es materia prima absoluta para nosotros lo tenemos que pagar en contado".

Por último, reveló que "en Argentina hay un oligopolio de celulosa y el precio del papel está a nivel internacional, es por ello que estamos pidiendo ante Nación reuniones por todos lados pero no hemos logrado que nos atiendan.


martes, 26 de diciembre de 2023

Ejercicios de futurología en el mundo del libro

"El aumento del papel, la apertura de las importaciones y el posible fin de políticas públicas de promoción generan debate en el sector del libro, en medio de un diciembre problemático e inflacionario." Eso dice la bajada de la nota publicada por Luciano Sáliche, en Cultura InfoBAE, del 22 de diciembre pasado.

En la industria editorial hay viejos problemas, nuevos dilemas y mucha incertidumbre

¿Quién lee mientras la economía colapsa? ¿Quién produce libros, quién los escribe, quién los vende, quién los compra? “Somos una cadena”, dice Cecilia Fanti, escritora, dueña de la librería Céspedes y vice de la Cámara Argentina de Librerías Independientes. La nueva escalada del dólar, la última devaluación del 54% y una inflación interanual de 160.9% golpearon a la industria editorial: aumento del precio del papel, del precio del libro y una gran desregulación anunciada por el presidente Javier Milei que promete trastocar notablemente al sector del libro. “Nosotros estamos pidiendo reuniones a todo nivel, Cultura, Educación, Cancillería y demás, para poder aceitar y mejorar todo este tipo de cosas”, dice Juan Manuel Pampín, dueño del sello Corregidor y presidente de la Cámara Argentina del Libro. El problema, explica, es que aún los cargos no están formalizados y las respuestas se demoran. Lo que hay, como siempre, es incertidumbre.

Ajuste y mensajes cruzados
Céspedes está en el barrio porteño de Colegiales, sobre Álvarez Thomas. “Estoy en la librería todos los días, ayer fue un día de ventas muy bueno pero hoy no pasó nada”, dice su dueña, Cecilia Fanti, y agrega: “Históricamente vendí un promedio de 3 mil libros por mes. Es un montón. El año pasado vendí un 10% menos. Este año, sobre ese 10% vendí un 15 o 20% menos. Este es un mercado que se está contrayendo. Eso impacta en toda la cadena, porque si yo en 2021 le reportaba a un editor ventas por 150 ejemplares y el año pasado le reporté por 145, este año le reporté por 110. Estuve toda la mañana hablando con el banco, bajó la tasa porque bajó la tasa de los plazos fijos, entonces de rebote bajó la tasa del plan Ahora Tres, pero como todavía hay Ahora Tres y en el DNU dijeron que justamente se liberaban las regulaciones con tarjeta de crédito, ya no sé cuál es el tope de la comisión que me van a cobrar. Tenés una serie de mensajes cruzados que son para volverte loco”.

Sobre la mesa, números y comparaciones. ¿Cuál es el balance? “El diciembre pasado fue muy malo —asegura Fanti—, fue increíblemente malo: el peor diciembre desde que abrí la librería. No se debió a una cuestión exclusivamente económica; estuvo el Mundial, que sacó a la gente a la calle, además el 21 de diciembre fue feriado: estábamos todos festejando. Este mes vengo vendiendo más que el diciembre de 2022 pero cuando miro comparativamente con el diciembre del 2021 me pongo a llorar. Es una baja que viene bastante sostenida, que es entre el 15 y el 18%. Es un montón en cantidad de libros”. “Nosotros somos intermediarios”, dice Jorge Walduther, dueño de la distribuidora que lleva su apellido. “Lo que vemos es que las editoriales tienen que volcar el aumento de sus costos a los precios de sus libros. Todos están aumentando y nosotros también. Tuvimos que ajustar los precios de acuerdo al nuevo tipo de cambio”, agrega.

Acodada en el mostrador de Céspedes, Cecilia Fanti —autora de ficciones como La chica del milagro y A esta hora de la noche— explica que “los precios de los libros aumentaron, pero hubo una tendencia, yo diría más general, de mantenerlos en diciembre, teniendo en cuenta el aumento acumulado que habían tenido en el año. Y después tenés algunas importadoras y algunas editoriales, las más grandes, con gran estructura para absorber esos costos, porque se sabe que cerraron un buen año, rápidamente clavaron un 30 o 40% de aumento a los libros que comercializan o que editan. Tenés grandes grupos que dijeron que todavía no iban a hacer ningún movimiento en estas semanas y tenés también grandes grupos que, automáticamente que se anunciaron las primeras medidas, trasladaron eso a precios. Esto significó una complejidad en la operatoria”.

“El negocio editorial es una mixtura entre material en firme y material consignado”, explica Fanti. El sistema de consignación es el que adoptan las librerías: se quedan con una determinada cantidad de libros y cuando los venden les pagan a las editoriales. “No sé si es un sistema perfectible o no, pero también es la manera para que cada novedad que sale pueda estar en todas las librerías”, dijo en una entrevista reciente Norberto Gugliotella, editor de Corregidor. En ese sentido, la librera sostiene que “la proporción de material consignado que tiene una librería es bastante mayor a la cantidad de libros que tiene en firme, es decir, que son propios. Eso ocurre por varios motivos: un material literario con una tirada acotada, porque sirve al perfil de mi librería, porque sabés que lo vas a vender, porque sabés que el mes que viene los vas a pagar más caros. Tiene mucho que ver con el criterio de cada librería”.

El viejo asunto del papel
El precio del papel está en el centro de la discusión editorial. ¿Qué pasó en los últimos días, qué pasará en los que vienen? “Se está produciendo todo un reacomodamiento de precios muy importante”, dice Pampín. “El papel aumentó más del 50% en el último mes; en las últimas dos semanas fue del 20%. Históricamente el papel representó entre un 30 a 35% del costo del libro. A principios de este año, cuando nosotros hicimos la alerta, llegó a estar en 50 y hoy va camino al 55%. Es un insumo que a nosotros nos preocupa mucho. Muchos van a decir que se abre la posibilidad de importar papel”. En Argentina solo hay dos empresas que abastecen al mercado del libro: Celulosa y Ledesma. Consultados por Infobae Cultura, representantes de ambas firmas dijeron estar estudiando la situación.

“El papel de uso editorial es más o menos el 20% de la producción total de papel”, explica Pampín. “Si los libros aumentaron más que la inflación es porque el papel aumentó más que la inflación”, comenta Fanti.

“Aquel que tenga la posibilidad de importarlo lo va a hacer —continúa el presidente de la CAL—, y lo va a hacer a un mejor precio. Quiero suponer que a partir de que se regularice un poco la situación macroeconómica y que sepamos a cuánto vamos a pagar el dólar, mucha gente, lamentablemente, y eso también nos preocupa, va a terminar imprimiendo en China, como estaba sucediendo hace un tiempo. Nosotros, como editores argentinos, queremos evitarlo, porque queremos que el trabajo quede acá. Aparte es infinita la diferencia de calidad y cantidad de papel, de impresión y de variedades que vos podés encontrar. Hoy por hoy, en Argentina tenés como tres o cuatro papeles: tenés ese injerto que es el NAT, el papel que inventó Ledesma, teóricamente como una solución ecológica. Después estaba Lime, que es el diario mejorado, que empezó siendo una solución ecológica y barata y hoy no solo no es barata sino que encima es la única que se consigue”.

¿Qué pasa con las importaciones?
El DNU de Javier Milei expresa que “el Poder Ejecutivo Nacional no podrá establecer prohibiciones ni restricciones a las exportaciones o importaciones por motivos económicos. Solo se podrán realizar por Ley”. En materia de libros, este asunto es importante. “A lo que nosotros aspiramos es a la posibilidad de importar libremente. Y si ocurre eso, creemos que vamos a poder trabajar un poco mejor”, dice Jorge Walduther. “Pudimos hacer una sola importación este año. Y el año pasado fue diez meses después de haber hecho los pedidos. Evidentemente así no se podía seguir trabajando”. Este asunto lleva bastante tiempo: denuncia de trabas, burocracia y la falta de políticas públicas claras. “Lo que se juega es la bibliodiversidad”, subraya, y agrega que “estaban entrando muy pocos libros. No se puede editar todo acá, en Buenos Aires, o imprimir, como hacíamos nosotros con textos de editoriales españolas”.

“Traer todo el catálogo del editor para mejorar la oferta bibliográfica de los lectores nos va a favorecer. Nosotros no traemos de a mil o 2 mil, traemos de a treinta, cincuenta, setenta. Esto va a favorecer la oferta”, asegura Waldhuter. La posición de Juan Manuel Pampín es diferente: “Calculo que a los importadores, en líneas generales, la apertura les va a convenir, pero nosotros somos exportadores natos, me refiero a los editores argentinos. Ahora se nos va a complicar. Los editores asociados a la CAL, que son entre 400 y 450, son pymes y micropymes; el 90% no llega a tener ni diez empleados. Una exportación argentina promedio puede ser de 4 mil o 5 mil dólares. Hay algunos números que se hacen imposibles. Tenés que traer toneladas de papel. Yo veo con cierta preocupación el tema de los precios. En los últimos dos o tres meses, sobre todo el material importado, aumentó muchísimo; el material nacional también. Se ve una baja importante de ventas en librerías”.

Lógicamente con un nuevo tipo de cambio, el freno no va a estar en poder importar, sino en el valor que van a adquirir esos libros. Pero eso ya no lo decidimos nosotros”, dice Waldhuter y agrega: “Hace seis meses que no podíamos pagar al exterior por todo tipo de trabas. Durante años nos pidieron que sustituyamos importaciones; lo hicimos. Entonces teníamos que pagar los derechos a los editores por los libros que imprimíamos acá; tampoco podíamos pagar esos derechos. Es perverso todo lo que hicieron”, dice y enumera toda la burocracia con el SIRA (Sistema de importaciones de la República Argentina) y la Ley de Tintas a la cabeza. “Si se puede volver a imprimir en China, en India, en Europa del Este, que es lo mismo que pasa en España, vamos a tener que ajustar precios y valores. Y las imprentas, uno de los gremios más protegidos, van a tener que ajustarse también. De todas formas, si acá nos hacen buenos precios vamos a seguir imprimiendo acá”.

“Yo soy optimista”, dice Waldhuter. “No se podía seguir trabajando así. Veremos cómo se acomodan los precios, los valores, el tipo de cambio. Pero evidentemente, con tantas trabas no se podía seguir trabajando. Uno no puede hacer una inversión en una Feria del Libro que es millonaria y no poder traer los libros que quisieras exponer ahí”.

Los procesos virtuosos
Una política que daba buen aire al mercado editorial eran la relacionadas a los materiales escolares. Mediante el Ministerio de Educación se hacían grandes compras a editoriales para que lleguen a las aulas. “Por lo que se está dejando entrever eso se va a cortar”, se anticipa Pampín. “Hay planes que quedaron no inconclusos y hay muchos editores preocupados porque también están esperando cobrar. Ahora, con el cambio de conducción, con la degradación a secretaría y demás, tenemos a muchos funcionarios que todavía ni siquiera tienen la formalidad del cargo. Pero el Estado está recibiendo aquello y dice: ‘tengo que revisarlo’. Nosotros pedimos celeridad, porque en las últimas compras participaron cerca de 80 o 90 editoriales de todo tipo y colores: Santillana, Mandioca, que son editoriales gigantes, y otras más chicas tipo Abrancancha o Bambalinas, que son dos o tres personas, o Editorial del Camino, que es una sola persona“, agrega.

Para Pampín, hay que celebrar “la posibilidad de que esas editoriales puedan participar de estos procesos” porque es “un proceso virtuoso”. “Hoy es una preocupación más allá de celebrarlo. Por otro lado, sé que en uno o dos años este tipo de procesos los vamos a extrañar indefectiblemente. Además, con la disparada de precios que hubo últimamente a cualquier editor que tenga algo para cobrar se le vuelve muy complicado. Porque, en principio, la primera preocupación es cobrar lo que cada uno tiene pendiente en diferentes ámbitos. Y la segunda preocupación o la segunda pregunta, que de hecho ayer nosotros hicimos una reunión general de socios y es algo que planteamos y discutimos mucho, es si va a haber alguna nueva compra. Funcionó como un apalancamiento muy fuerte el sistema de compras escolares. No solo compraban textos, sino que compraban literatura complementaria”, explica.

“Cada fin de semana hay un montón de ferias a lo largo y a lo ancho del país”, dice Pampín. Está la gran Feria, la de la Rural, el epicentro, pero alrededor proliferan cientos de ferias que nutren la dinámica de la industria. La gran mayoría de ellas, apoyadas por municipios. ¿Qué pasará ahora? ¿Y de cara al exterior? El Estado tiene varios programas para fomentar la venta de libros afuera, como Argentina Key Titles. “Hoy lo vemos como una nebulosa”, confiesa el presidente de la CAL. “Hay mucha preocupación. Hay programas que están buenísimos, que sirven para difundir el libro, porque tiene una doble función: es un hecho cultural y un hecho económico. Nosotros estamos llevando cultura argentina y cada vez somos más reconocidos dentro del mercado de industrias culturales. Llegar a ganar un mercado o a poder participar considerablemente es algo que lleva mucho tiempo. Estamos pidiendo reuniones con todos para saber qué es lo que vamos a poder sostener”, agrega.

Pensar en cadena
Esta semana se anunció la conformación de la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI), que preside Mónica Dinerstein, de la librería Tiempos Modernos. Fanti es la vicepresidenta. “Se trata de profesionalizar un rubro, profesionalizar un oficio, profesionalizar una industria. Tiene que ver con algo del orden de la unión. Las cámaras, además de dialogar con los gobiernos de turno, dialogan con los otros representantes del sector. Tienen un rol formativo y un rol que trasciende lo personal: la conversación deja de ser personal para pasar a ser de rubro, de gremio. Y es también poder pensar a futuro, garantizar la pervivencia de un tipo específico de librería que aporta valor en cada comunidad y en cada ciudad en la que está. Apostar al crecimiento de la bibliodiversidad, de estos espacios, a la profesionalización de los libreros y a que sigan existiendo los lectores”, asegura la librera.

En torno a la discusión sobre imprimir los libros en el exterior, sostiene que no va a mejorar la industria, “porque la industria es una cadena”. ¿A qué se refiere? “La cadena incluye un montón de gente que trabaja en la preproducción, como las imprentas locales, que tampoco pueden acceder al papel o negociar porque saben que el papel que acá pagan en x cantidad de dólares afuera está más económico. Tenemos que pensar en términos de cadena, sobre todo en este momento. Es muy importante salir del individualismo, ser solidarios y encontrar acuerdos entre los privados. En esa cadena estamos todos: el escritor, la editorial que le paga un adelanto, el diseñador, el corrector que corrige la galera, el imprentero y toda la gente que en una editorial hay trabajando en marketing, en prensa, administrativos. Y eso llega a la librería con todos los gastos fijos que tiene: alquiler, servicios, empleados. Hasta que el libro se vende y llega a las manos de un lector”.

lunes, 21 de agosto de 2023

“En físico es caro publicar en la Argentina por el costo del papel"

"El gerente de Editorial de la Universidad de Buenos Aires (EUDEBA), Luis Quevedo comentó la cantidad de títulos que se publican por año en América Latina y cómo se posiciona el país en la región." Eso es lo que dice la bajada de la nota, sin firma, transcrita a partir de una entrevisa radial en Perfil E, del diario homónimo, el pasado 14 de junio, lo que, en las condiciones actuales de la economía argentina, es algo así como el Pleistoceno.

Por qué es más caro publicar un libro en Argentina respecto a los países de la región

“Si nosotros tomamos a toda América Latina como un solo mercado, podríamos ver que aproximadamente se publican 250 mil nuevos títulos por año”, expresó Quevedo. Sobre este dato, agregó que si sumamos a España y Portugal “esto subiría casi 100 mil títulos más y serían unos 350 mil por año”.

Posteriormente, explicó que de esos 350 mil títulos, en América Latina, el 75% aproximadamente son en formato papel. Con respecto a los libros digitales, el entrevistado dijo que se dividen en dos tipos, “los de origen nativos, que solo tienen una versión digital que es una pequeña porción” y “los que son versiones en ebook de los libros que han salido en papel”.

El desarrollo editorial traducido en números
“En Argentina se publican aproximadamente 35 mil nuevos títulos por año, un tercio de lo que se publica en España”, comentó el gerente de la editorial Eudeba. “Los consumos culturales en España siempre son entre 3 y 4 veces más fuertes que en la Argentina y es una comparación buena porque la población es aproximadamente la misma”, completó.

En la misma línea, Luis Quevedo dijo que de estos 35 mil títulos que salen en la Argentina no todos están dedicados al sector comercial, es decir, no van todos los libros a las librerías. “Solo un tercio de esa cantidad, es decir alrededor de 11 o 12 mil títulos están destinados al mercado comercial. Son mil títulos por mes”, detalló.

También tocó el tema que abarca a libros que no están destinados a la comercialización y son principalmente las publicaciones institucionales. Son los que pueden editar los gobiernos o estados y pueden hacerse dentro de determinadas comunidades educativas para el consumo mismo de docentes y profesores.

Los elevados costos del papel en la Argentina
“En físico es caro publicar en la Argentina por el costo del papel", explicó el entrevistado. Luego, añadió que esto se debe a que, "el papel es un commodity, tiene un costo internacional en dólares”. “En la Argentina, en dólares, el papel es más caro que en otros países, como por ejemplo en Uruguay, Chile y Brasil. Por lo cual hay una desventaja comparativa para publicar y editar en la Argentina”, completó.

Con respecto a la dificultad que maneja un autor argentino para publicar un libro, Quevedo dijo que, “es relativamente fácil acceder a publicar un libro, si tomamos en cuenta las publicaciones y los nuevos títulos cada 10 mil habitantes”. Para hacer una comparación real junto a otros países que tienen otra envergadura. El entrevistado tomó el caso de España que publica 19 títulos cada 10 mil habitantes y destacó a Uruguay como “el país de América Latina que más títulos publica cada 10 mil habitantes por año, publica 6,5 títulos”. Con respecto a ese dato, la Argentina se encuentra segunda con 6,4.

lunes, 5 de junio de 2023

Editores contra papeleras, negro sobre blanco

“ ‘Comercialización del papel en Argentina: historia de un abuso (de posición dominante)’ se titula el texto donde la CAL, que nuclea a las PYMEs de la industria editorial, explica la situación del sector.” Eso dice la bajada de la nota publicada sin firma, el pasado 1 de junio, en InfoBAE Cultura.

La Cámara Argentina del Libro le responde a las papeleras: “Tal vez sea el momento de debatir con seriedad, incluso café mediante”

 

El papel es el insumo básico de la producción de libros. Desde hace ya tiempo la Cámara Argentina del Libro (CAL) viene denunciando su incremento desmedido en el precio y su desabastecimiento. Días atrás, en una nota con Infobae Cultura, las dos principales papeleras (Ledesma y Celulosa Argentina) explicaron que esta problemática no depende estrictamente de sus decisiones, sino que existe un contexto que lo genera. Además, minimizaron las sentencias del sector editorial.

 

El asunto volvió a ponerse sobre la mesa luego que las editoriales de literatura infantil y juvenil expresaron su preocupación en torno a los precios “escandalosamente altos” del papel ilustración, un insumo que no se fabrica en Argentina y que se paga “cuatro o cinco veces más que el precio internacional”. Hace apenas unas horas, la CAL publicó un comunicado en respuesta a los dichos de los directivos de las papeleras.

 

Bajo el título, “Comercialización del papel en Argentina: historia de un abuso (de posición dominante)”, la cámara sostiene que las papeleras dieron “apreciaciones parciales”, por lo que intenta en este texto “dar precisiones y alentar al debate sobre la producción de libros en la Argentina y sobre la rentabilidad que hace viable la permanencia de editoriales PyMes, lo que, a su vez, garantiza el acceso a la bibliodiversidad”.

 

Son tres puntos los desarrollados en el comunicado. En el primero, titulado “Papel ilustración: concentración y abuso”, la CAL explica que se trata del “papel que se usa mayoritariamente en los libros infantiles que se imprimen a color; también es el papel de las tapas de todos los libros en general”, y que “el mercado cuenta con muy pocos importadores de papel ilustración (Stenfar, Papeles Europeos y Castinver del Grupo Ledesma, Casa Hutton de Celulosa Argentina)”.

 

Dice que estamos frente a un oligopolio que “fija precios altísimos en función de los valores internacionales y los costos de importación”. También da montos: “Internacionalmente, la tonelada de papel ilustración se paga en torno a los USD 1500, estas empresas nos lo venden a USD 6000, a quienes pueden acceder a comprarlo directamente y quienes requieren un intermediario más, pagan alrededor de USD 7000″.

 

En el segundo punto, “Papel interior: más abusos de posición dominante”, se lee: “Es el papel en el que se imprimen los libros cuyo interior se imprime en blanco y negro (ficción, no-ficción, poesía, etc.). Hay dos fabricantes, que son los que declararon en la citada nota periodística: Ledesma y Celulosa Argentina. El papel de interior aumentó un 35% en el 2020, es decir, acompañó a la inflación; un 121% en 2021, es decir, la duplicó con creces; y un 155% en 2022, es decir, la superó en un 50%”.


¿Y en este año cuánto aumentó el papel interior? “Para lo que va de 2023, tienen un aumento acumulado de 63%, lo que duplica la inflación general del país. Entonces, es falso que las papeleras ‘acompañen a la inflación’ o que ‘en 2020 hayan quedado atrasados’”.

Por último, “PVP/costos (que crecen) / rentabilidad (que se achica)”. Los libros tienen, por ley, un precio fijo conocido como Precio de Venta al Público (PVP) donde “se detraen los montos brutos percibidos por la cadena comercial y los autores, entre otros”. En este sentido, explican, “es imposible tomar el PVP como referencia para entender cómo incide el precio del papel, como caprichosamente deciden hacerlo los referentes de las papeleras entrevistados”.

 

Sobre este asunto, a principios de este año la CAL publicó dos gráficos. Por un lado, está el costo industrial del libro, y por otro, el precio en que después se vende. El costo tiene estos porcentajes: 54% para el papel, 20% para la impresión, 15% para la encuadernación, 6% por el diseño y 5% para la edición. Y el precio tiene estos porcentajes: 50% el canal de venta, 19% el costo industrial (papel, impresión, encuadernación), 13% la gestión editorial, 10% al autor y 8% a la editorial.

 

“Lo que notamos desde el 2018 a esta parte es que la rentabilidad del sector editorial se ha visto afectada por los aumentos indiscriminados de la materia prima, lo que implicó una enorme transferencia de recursos de todos los actores de la cadena hacia las papeleras. Una rentabilidad menor de los que intervienen en el proceso del libro hace que la oferta disminuya, que la bibliodiversidad se vea afectada y que el acervo cultural de un país se vea comprometido”.

En la nota con Infobae Cultura, Jorge Martínez Falino de Celulosa Argentina dijo que “la incidencia del precio del papel en la tapa del libro es un 5%, es decir que con un kilo de papel hacés dos libros o más, y eso es equivalente a un café (...) Si los que critican dejan de tomar un café en la esquina pueden comprar un kilo de papel y hacer dos libros”.

 

En el comunicado, la CAL responde: “Tal vez, sea el momento de debatir con seriedad estos aspectos, sin la liviandad de apreciaciones simplistas. Incluso, si hace falta, puede hacerse café mediante”.

lunes, 13 de febrero de 2023

Más sobre la crisis del papel en la Argentina


A pesar de que en los tres últimos días de la semana pasada ya nos ocupamos de la cuestión, dada la gravedad del asunto, hoy volvemos a plantearlo desde la perspectiva de otro diario. En la ocasión, se trata del artículo publicado por Silvina Friera, en Página 12, el pasado 18 de enero. En su bajada se lee: “La Cámara Argentina del Libro y las editoriales vuelven a advertir sobre un problema que, lejos de resolverse, se profundiza cada vez más, con situaciones abusivas y poca firmeza desde el Estado”.

La crisis del papel pone en peligro a la Feria del Libro

 

Una “herida tremenda” impacta en la industria editorial. Peligra la producción para la próxima Feria del Libro por el costo y el abastecimiento del papel, que aumentó un 150%, muy por encima de la inflación. El papel ilustración para tapas y para interiores de libros infantiles se incrementó en torno al 300%. La Cámara Argentina del Libro (CAL), entidad que aglutina a editoriales medianas y pequeñas, alerta sobre la gravedad del problema en un mercado que se ve cada vez más empobrecido en términos de bibliodiversidad porque se recortan los planes editoriales, se limitan las tiradas y se suspenden reimpresiones.

El papel escasea y si se consigue hay que pagar aumentos desmesurados, establecidos por un mercado oligopólico con dos productores nacionales, Celulosa y Ledesma, “que fijan el precio como ellos quieren y abastecen como ellos quieren”, advierte Martín Gremmelspacher, presidente de la CAL, a Página/12. Un fenómeno reciente añade más preocupación el papel tiene una participación de más del 50% en el costo general de un libro. Como expresa la CAL en un comunicado “la materia prima cuesta más que el trabajo de autores, editores, diseñadores, imprentas y encuadernadores sumados”, cuando históricamente representaba entre el 30 y 35%.

La ley de la selva
El avance de la incidencia del papel en el costo de un libro -y como los editores no pueden trasladar los aumentos recibidos en forma completa al precio de venta al público- “provoca una pérdida de rentabilidad de la industria editorial a manos de los grupos concentrados que producen papel en la Argentina”, plantea la CAL. Gremmelspacher confirma que el papel obra, el que se utiliza para la edición de libros, ¿comenzó a faltar en octubre de 2021. “Uno llama a los distribuidores o a los propios fabricantes y no tienen papel o el papel que reciben es para abastecer pedidos que tienen hace tres meses parados. El Estado está haciendo compras interesantes de libros para chicos y libros de textos y eso también absorbe papel que el mercado no había previsto”, explica el presidente de la CAL.

Gremmelspacher aclara que el papel aumentó más en Argentina que en otros países. “El papel obra está dos dólares en el mundo y nosotros lo estamos pagando tres, un cincuenta por ciento más caro”, puntualiza el presidente de la CAL. “A esto se suma las distribuidoras que traen papel ilustración, que en el mundo está dos dólares, dos dólares cincuenta, y nosotros lo estamos pagando entre cinco y siete dólares, cuando lo están importando en un dólar veinte, un dólar treinta. Además el Estado está dando dólares a valor oficial y estos importadores están haciendo lo que quieren con el mercado”. Desde la CAL están analizando alguna medida legal, en Defensa de la Competencia o en alguna dependencia, que “pueda poner esto en orden”. Gremmelspacher resume el cuadro de situación. “Es tremendo lo que está pasando: el desabastecimiento continuo del papel hace quince meses, más el aumento desmedido del papel obra y el papel ilustración”.

¿Cómo se compone el costo de un libro? Según datos recopilados por la CAL a través de encuestas propias, el 54% del costo lo encabeza el papel, el 20 % pertenece a la impresión, el 15% a la encuadernación, el 6% al diseño y el 5% a la edición. “El libro no aumentó un 300% o un 150%, aumentó menos, con lo cual el diseñador, el ilustrador, el corrector y los editores estamos perdiendo rentabilidad porque cobramos menos por nuestros servicios. El papel va por un ascensor y el resto de los costos vamos por una escalera sinuosa”, compara Gremmelspacher. “Las papeleras están haciendo lo que quieren con una desfachatez total porque cuando se sientan a una mesa para conversar mienten o dan una excusa para seguir protegiendo la quintita que tienen con el oligopolio de la venta de papel”, precisa el presidente de la CAL.

Menos margen para la crisis
Desde Córdoba capital, Gabriela Halac, directora editorial de DocumentA/Escénicas, un sello extraordinario que tiene en su catálogo la obra teatral y narrativa de Emilio García Wehbi, revela que el problema del papel afectó el plan editorial. “A pesar de las estrategias que aplicamos para soportar la situación ha sido un proceso demasiado largo y desgastante. No es solo en relación a los libros nuevos, también a los que se agotan y no es posible pensar en planes de reimpresión ya que su circulación es mucho más lenta. El año pasado fue imposible hacer previsiones económicas y esto ha generado permanentes desfasajes que se fueron acumulando. Somos una editorial pequeña radicada fuera de Buenos Aires y esto suma también costos de circulación que incluso cuando aplicamos a convocatorias de compras nacionales no son contemplados. La desigualdad es tan real como invisible. Por lo tanto, las ganancias se reducen todo el tiempo y la economía deja menos márgenes para enfrentar las crisis”, evalúa Halac.

La editora cordobesa cuenta que fue soportando las subas del papel con algunos aportes institucionales y tratando de asistir a todas las ferias posibles. “La realidad hoy es que esos aportes ya no alivian como en otros momentos porque no se relacionan con los costos de producción de un libro. El cuerpo a cuerpo de un editor independiente tiene una energía limitada. El agotamiento va desgastándonos en muchos sentidos. La trashumancia de un editor que va de feria en feria para evitar el costo de la cadena puede resultar si vivís en Buenos Aires, pero no si vivís en una provincia y tenés que agregar los gastos de traslado y alojamiento”, reconoce Halac. “La situación es crítica y si bien nos anima a seguir los compromisos asumidos y la calidad de los proyectos que llegan, nos vemos en problemas reales de difícil solución”.

Halac dice que el abastecimiento del papel los excede como editores y se refiere a la permanente lucha por reinvertir todo ingreso en comprar papel para momentos críticos. “En mi caso trabajo con una imprenta hace muchos años y esa variable está presente de manera permanente. Creo que los vínculos sólidos entre editores e imprenteros son fundamentales. Buscamos opciones, pero en cuanto te movés a otro papel interior porque un papel chino se consigue al mismo precio que un papel nacional y hay stock en Córdoba a los dos meses ese papel subió y genera discontinuidad en las ediciones. Los papeles de tapas en este momento se han vuelto inaccesibles, y muchos de los papeles con los que trabajamos no entran o son carísimos. Estar en Córdoba es más complejo aún porque el abastecimiento es menor”, asegura la editora.

Una salida colectiva
Damián Luppino, de Omnívora Editora, admite que la mayor parte del presupuesto en la producción de un libro se va en imprenta, principalmente en papel. “El constante aumento del papel va mucho más adelantado que los precios de los libros. A lo único que se puede aspirar en este momento es a no perder tanto, a recuperar el capital que pusimos para la producción del libro para ponerlo en el próximo título. Esto afecta a las pequeñas y medianas editoriales y de esta manera se hace casi imposible pensar en vivir de la edición”.

Luppino subraya que se necesita la intervención del Estado. “Hay subsidios, ayudas estatales, pero no son suficientes, no son para todas las editoriales y tampoco ayudan a cubrir el presupuesto de imprenta. Entre las editoriales tendríamos que empezar a buscar respuestas, juntarnos, conocernos más, mirar por ejemplo lo que están haciendo la Unión de Escritoras y Escritores. Tenemos que buscar una salida colectiva porque la situación nos afecta a casi todas las editoriales, y de esta manera las únicas que van a beneficiarse son las grandes multinacionales. Esto también es un problema porque las llamadas editoriales independientes hacemos un aporte muy importante para la bibliodiversidad que se vería perdida al no poder seguir sacando libros”, reflexiona el editor de Omnívora. “Todos miramos y pensamos en el Estado para tratar de que haya una regulación que contemple al insumo del papel destinado a hacer libros. Pero insisto que también deberíamos juntarnos las editoriales y empezar a pensar una solución entre nosotros. Pedir la solución desde arriba pero también motorizarla desde abajo”.

Cautivos de Celulosa
Matías Reck, de la editorial Milena Caserola, recuerda que en la Feria del Libro, desde el stand colectivo “Todo libro es político”, se preguntaron cuánto vale un río, cuánto vale un libro. “El rol de las editoriales independientes es hacerse preguntas, poetizar, estar cerca de la naturaleza y no seguir el camino de los monstruos que es imprimir cantidades inusitadas de libros para luego mandarlos a la trituradora. Nosotros no entramos en el juego de los números, hace años que imprimimos lo que en Estados Unidos se llama print on demand y seguimos ese camino”.

El editor de Milena Caserola coincide en que hay que pensar en forma colectiva propuestas para alcanzar una solución. “Yo traigo una experiencia de Cuba. En lavarropas en desuso que les habían mandado de la Unión Soviética, la editorial Papiro metía papel usado y con agua y otros elementos crearon una pasta y fabricaron su propio papel. De Cuba venimos y hacia Cuba vamos”, concluye Reck.

Un grupo de editoriales independientes, entre las que estaba Las Cuarenta, se contactó el año pasado con Papelera Mitre para consultarles sobre la posibilidad de producir papel obra ahuesado de 65 y 80 gramos. “Nos dijeron que podían conseguir la pasta para producir”, comenta Néstor González, editor de Las Cuarenta. “La empresa tenía una capacidad productiva de 600 toneladas mensuales, pero tenía un conflicto por el pago de facturas con su proveedora de energía, CAMMESA. Esta última le solicitaba el pago total (40 millones de pesos). Le pedimos al ministerio de Producción de la Provincia de Buenos Aires que intercedió y habló con la secretaria de Energía de la Nación, Flavia Royon, para que interviniera y pudieran pagar los 70 millones (capital más intereses hasta noviembre) y un plan de pagos por los intereses restantes. Nos respondieron que es muy difícil tratar con CAMMESA (donde el Estado es socio con el 50%) y que no se podía hacer nada. Desde fines de noviembre 77 trabajadoras y trabajadores están en la calle y nosotros perdimos la posibilidad de tener otro proveedor de papel. Seguimos cautivos de Celulosa”.

¿Por qué el Estado no interviene para encontrar una solución? “Es interesante la pregunta, pero yo no tengo la respuesta”, contesta Halac desde Córdoba. “Las políticas de apoyo al sector han sido dirigidas a la compra de libros. Las editoriales ofrecen libros con un 50% de descuento. Un editor aplica a una compra del Estado en marzo y quizás tardan 12 meses en ejecutar un pago que se realizará en base a un precio fijado en marzo. Con la inflación es inverosímil pensar que esto tiene buenos resultados”, analiza la editora cordobesa. “Encontrar soluciones requiere en primera instancia asumir que existe un problema que se llama inflación y que es deber del Estado trabajar en relación a la fragilidad extrema que está sufriendo el sector cultural. El tema del papel en Argentina es histórico, el cupo de importaciones, los precios, la especulación, la suba en dólares. Es sumamente complejo y merece quizás otras leyes que nos ayuden a prevenir esta herida tremenda a la producción de libros. Una crisis que sostenida en el tiempo no hace otra cosa que hacernos perder la diversidad del sector en todos sus aspectos y dejar que sobreviva el más fuerte”.