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domingo, 20 de octubre de 2024

Autores: prepárense a ser robados por la IA

Es muy probable que noticias como la que contiene este artículo (cortesía de Ian Barnett) sean cada vez más frecuentes. Se publicó el pasado 30 de agosto, con firma de Matilda Batersby, en The Bookseller, una revista inglesa dedicada al negocio de los libros, que se edita desde 1858.

Wiley se prepara para ganar 44 millones de dólares con los acuerdos de derechos de IA y confirma que “no habrá opción de exclusión” para los autores

La editorial académica Wiley ha revelado que se dispone a ganar 44 millones de dólares (33 millones de libras esterlinas) gracias a acuerdos de inteligencia artificial (IA) a los que los autores no tienen oportunidad de renunciar.

La editorial estadounidense es la última en capitalizar acuerdos para dar a las empresas tecnológicas acceso al contenido de sus autores para entrenar sus "modelos de lenguaje grandes" ("Large Language Models"; por sus siglas en inglés LLM).

Wiley ya ha ganado 23 millones de dólares gracias a acuerdos de IA y confirmó a The Bookseller que está dispuesta a ganar otros 21 millones de dólares este año financiero.

Un portavoz confirmó que los autores de Wiley van a aceptar recibir una remuneración por la licencia de su trabajo en función de sus "términos contractuales".

En julio, los autores atacaron a otra editorial académica, Taylor & Francis, la empresa matriz de Routledge, por un acuerdo de IA con Microsoft por valor de 10 millones de dólares, alegando que no se les dio la oportunidad de renunciar y que no están recibiendo ningún pago adicional por el uso de su investigación por parte de la empresa tecnológica. T&F confirmó más tarde que estaba dispuesta a ganar 75 millones de dólares gracias a dos acuerdos de asociación de IA.

The Bookseller le preguntó a Wiley sobre las opciones de exclusión voluntaria en caso de que los autores no quieran que su trabajo se utilice para entrenar chatbots de IA. La empresa confirmó que no ofrecía "ninguna opción de exclusión voluntaria específica para los autores en estos acuerdos de licencia" en caso de que no quisieran participar.

Un portavoz dijo: "Crear una opción de exclusión voluntaria o de inclusión voluntaria para un tipo específico de licencia caso por caso respaldaría erróneamente la afirmación engañosa de los desarrolladores de IA de que la concesión de licencias no es escalable".

Cuando se le preguntó sobre las empresas de tecnología detrás de los dos acuerdos, el portavoz de Wiley respondió: "Consideramos que la información sobre los acuerdos de licencia específicos es confidencial, de acuerdo con los términos del acuerdo".

Añadió: "Wiley se compromete a proteger los derechos de los autores y los titulares de los derechos de autor. Monitoreamos a los desarrolladores de modelos de IA para detectar el uso de material con derechos de autor sin permiso y buscamos protección contra las violaciones de los derechos de autor".

"Al igual que con cualquier acuerdo comercial para el uso de contenido publicado por Wiley, Wiley compensa a sus socios (por ejemplo, autores de libros, socios editoriales) de acuerdo con los términos contractuales. Nuestros acuerdos contractuales son confidenciales, por lo que no revelamos información específica sobre sus términos financieros”.

La Sociedad de Autores escribió recientemente a las empresas de IA exigiendo una “remuneración apropiada” y el consentimiento para el uso de su trabajo.

La semana pasada, los abogados que actúan en nombre de los autores Andrea Bartz, Charles Graeber y Kirk Wallace Johnson presentaron una demanda por infracción de derechos de autor en California, EE. UU., alegando que Anthropic había utilizado copias “pirateadas” de sus libros para enseñar a Claude, su chatbot de IA.

martes, 9 de noviembre de 2021

Nuevo libro del investigador Gustavo Sorá

 

Gustavo Sorá, nos hizo llegar la siguiente información:

Estimadxs amigos y colegas

Tengo el placer de invitarlos a la presentación de mi último libro, A History of Book Publishing in Contemporary Latin America (Routledge Studies in Global Latin America).

Será el viernes 19 de noviembre (16h30 Paris; 3;30 PM UK; 12:30 Argentina) y será transmitida por el canal de YouTube del Museo de Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba.

Participarán Peter Burke (University of Cambridge), Gisèlle Sapiro (École des Hautes Études en Sciences Sociales), Afrânio Garcia (École des Hautes Études en Sciences Sociales) y Jean-Yves Mollier (Université de Saclay – Versailles; Saint-Quentin en Yvelines).


ÍNDICE

Part 1: Argentina

1. The book and publishing in Argentina. Books for everyone and the Hispanic American model
2. Translating the nation. Gregorio Weinberg and the rationalism of Argentinean past

Part 2: Mexico

3. Latin America as a civilizing meridian. Fondo de Cultura Económica and the Tierra Firme series
4. Publishing and politics. Cold War in Latin American culture in the sixties

Part 3: Brazil

5. Genesis of the national publishing market: a miracle?
6. The house and the enterprise. José Olympio and the evolution of publishing in Brazil

Part 4. Transnational Perspectives

7. The world as a fair. Publishing in(ter)dependencies at the Frankfurt Fair
8. The translation of social and human sciences books between France and Argentina as an unequal Exchange


Para mayor información: www.routledge.com/9780367509897

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Cambios en Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM

El 4 de octubre pasado, Virginia Bautista publicó en Excelsior, de México, la siguiente entrevista con Joaquín Díez-Canedo, editor y traductor, ex director editorial del Fondo de Cultura Económica, ahora al frente de Publicaciones y Fomento Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México. Según la bajada de la nota: “El timón de Publicaciones y Fomento Editorial de la máxima casa de estudios asume un “compromiso radical”, que implica acrecentar la venta de libros”

Joaquín Díez-Canedo fija meta ambiciosa


CIUDAD DE MÉXICO.
El editor Joaquín Díez-Canedo Flores (1955) acepta “el compromiso radical”, “la meta ambiciosa”, de duplicar en dos años las ventas de los libros que publica la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Al frente de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM desde el pasado 23 de febrero, el también traductor busca que “la gran productora de conocimiento del país” plasme esta labor en sus libros y que éstos lleguen verdaderamente al público en general, además del universitario.

Quiero tomar el compromiso de vender bastante más, el doble de lo que vendemos. Esto es posible, porque realmente los libros de la UNAM se distribuyen y se venden muy poco. Se puede vender más porque los contenidos son muy pertinentes. Aquí está la gente más preparada y talentosa”, comenta.

En entrevista con Excélsior, el director general de la dependencia detalla que actualmente venden más o menos 20 millones de pesos al año, cuando deberían vender cien millones. “Vendemos 150 mil ejemplares al año, cuando deberían ser medio millón de ejemplares sin mucho problema”, afirma sin dudar.

Quien realizó  estudios de Física en la UNAM y de traducción en El Colegio de México explica que la meta de distribución para el año que entra “es por lo menos crecer un 25 por ciento, vender unos 30 mil ejemplares más, incluso un 50 por ciento. Y en el 2019, en dos años, duplicar el volumen de ventas”.

Admite que la máxima casa de estudios del país, que publica unos dos mil títulos al año, entre novedades y reimpresiones, “que representan 10 por ciento de la producción total de la industria editorial mexicana”, nunca ha distribuido sus títulos lo suficientemente bien.

Creo que hay una fama de que los libros de la universidad no son fáciles de encontrar, más allá de las librerías universitarias y de las ferias. La distribución es el mayor reto, pues se debe mover la producción que realizan 120 dependencias universitarias”, agrega.

El exdirector de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos de la SEP destaca que, con un catálogo histórico de unos 21 mil títulos, de los cuales 6 mil son acervo vivo, la UNAM es “una especie de federación de editoriales, porque cada facultad, cada instituto, tiene su propio programa de publicaciones”.

Dice que las dependencias que publican el 80 por ciento de lo que venden son Fomento Editorial, la Coordinación de Humanidades, la Dirección de Literatura, los institutos de investigaciones Jurídicas, Estéticas, Históricas, Antropológicas y Filológicas; así como las facultades de Economía, Filosofía y Letras y Ciencias Políticas y Sociales.

Con una planta laboral de 174 personas, esta dependencia es el producto de la fusión de dos organismos ocurrida el 6 de febrero de 1997: de la Dirección General de Publicaciones, que nació en 1955, y la Dirección General de Fomento Editorial, que se creó en 1986.

DISTINTOS FRENTES

Quien dirigió el sello paraestatal Fondo de Cultura Económica encabeza ahora una dirección que trabaja en varios frentes: publica, promueve y distribuye los libros que producen 120 dependencias, capacita al personal de éstas relacionado con la edición, coordina seis librerías, representa a la UNAM en las ferias del libro del país, digitaliza el acervo y procura dar mayor movilidad al almacén.

Lo que le corresponde a Publicaciones y Fomento Editorial es organizar y coordinar toda la producción de la UNAM. Cada instituto o facultad es totalmente autónomo de publicar lo que le convenga. Lo que sí se les pide es que haya comités editoriales y que las obras estén dictaminadas, que tengan ISBN”, explica.

El nieto del poeta Enrique Díez-Canedo e hijo del reconocido editor Joaquín Díez-Canedo Manteca —fundador de la editorial Joaquín Mortiz—, narra que siempre ha existido un intento pormenorizado de ordenar la actividad editorial en la universidad. “Se elaboraron unas normas editoriales a seguir, que son obligatorias, aunque no hay sanciones si no se cumplen”.

Destaca que esto se complementa con una tarea de capacitación sobre temas como derechos de autor, producción editorial y libros electrónicos. “Tenemos además centralizada la plataforma donde están en línea todas las revistas de la UNAM, que son 140. Y también aquí damos capacitación en el uso de una plataforma para producir estas publicaciones”.

Para agilizar la distribución, Díez-Canedo planea, dependiendo del tipo de título, utilizar las librerías físicas y la electrónica para los libros de papel; las plataformas en línea y la edición de libros electrónicos, así como la publicación a pequeña escala.

Tenemos canales para distribuir libros bajo demanda, pero existen pocos títulos. Básicamente por una cuestión de formatos; pero, sobre todo, de derechos de autor. Es decir, no tenemos la certeza de que todos esos títulos tengan autorización para reimprimirse en pequeña cantidad bajo demanda, o para publicarse de manera electrónica”, detalla.

Entonces, también procuramos ayudar a las dependencias a ponerse al corriente en esto. Les solicitamos que escojan los cinco libros de más amplio interés para convertirlos en electrónicos, sólo que tienen que resolver el tema de los derechos”, agrega.
Afirma que actualmente sólo tienen 90 libros electrónicos a la venta y que él quisiera que este acervo sume rápidamente 500 o mil títulos.

 

LIBRERÍAS Y FERIAS

El exdirector editorial de la Universidad Veracruzana admite que, a pesar de que la UNAM tiene acuerdos de distribución con la mayoría de las librerías del país, sus libros no poseen una buena presencia en ellas.

Tal vez porque es un catálogo muy amplio. Además, nuestro almacén no es tan ágil para mover las novedades. Ese es otro reto, tener un almacén con un mejor servicio, que recoja con celeridad las devoluciones, que las procese, que haya alguien que muestre a los compradores de estas grandes cadenas los libros nuevos, que los persuada”, asegura.

En este sentido, prosigue el editor, la comunidad universitaria está bien atendida, pues tienen seis librerías, tres dentro de la UNAM y otras tres en zonas clave de la ciudad; pero “debemos reforzar nuestra presencia en las librerías para llegar al público en general”.

Las librerías de CU, detalla, se localizan en la Tienda de la UNAM, la Enrique González Casanova a un costado de Rectoría, y la Jaime García Terrés, a la entrada del campus. Y las externas se ubican en la Casa del Libro, en la colonia Roma, en el Pasaje Zócalo-Pino Suárez y en el Palacio de Minería.

Está además la Julio Torri, en el Centro Cultural Universitario, que depende aún de la Coordinación de Difusión Cultural”, apunta.

Joaquín Díez-Canedo confiesa que desea cambiar la dinámica de participación de la UNAM en las 46 ferias del libro en las que participa, incluidas las propias. “Representamos a la universidad en las ferias del libro del país. Debemos tener la capacidad de dar un buen servicio de promoción y difusión y también de comercialización y distribución a las 120 dependencias que publican”.

Señala que evaluarán a qué ferias irán todos los años y en cuáles alternarán su presencia un año si y otro no. “Nos interesa apoyar a las ferias, pues algunas son organizadas por universidades, pero a veces no salen los costos. No queremos perder la presencia en ninguna y llevaremos más libros a las más importantes”.

Adelanta que en la FIL de Guadalajara la UNAM exhibirá este año unos 50 mil ejemplares, más las 140 revistas, “que al menos una vez al año tengan visibilidad en su conjunto”. Y agrega que en la distribución de los libros en el stand se verá la estructura de publicaciones que tiene la universidad, para que los lectores se familiaricen con las dependencias editoras.


martes, 27 de junio de 2017

La omisión de los traductores le resta seriedad a la editorial de la Universidad Diego Portales

Una parte del prestigio de la Universidad Diego Portales tiene que ver con su editorial. Pese a las muchas críticas que recibe esa editorial chilena por apostar siempre sobre seguro, por rozar el snobismo en la elección de los títulos contemporáneos, por los precios de los libros, etc., el tiempo va revelando un catálogo muchas veces interesante (cfr. http://ediciones.udp.cl/catalogo.pdf), al que vale la pena consultar. 

Con todo, al hacerlo, uno descubre que el nombre de los traductores brilla por su ausencia. Así, por caso, nos enteramos de la existencia entre las novedades de Biografías selectas, de Thomas de Quincey, o de Vidas de Spinoza, de Jean Colerus, Jean Maximilien Lucas y Pierre Bayle, pero nada sabemos de quiénes tradujeron esos libros que no existen en castellano porque así lo haya decidido ningún espíritu santo, sino porque hubo un traductor que pasó muchas horas de su vida, detrás de un escritorio, traduciéndolos. Omitir su nombre en un catálogo no es un detalle menor: habla de la mentalidad de quien edita y le resta seriedad al emprendimiento.

martes, 8 de marzo de 2016

"Se enseña a leer de manera reproductiva, para repetir lo que dice la autoridad académica"


El 21 de febrero pasado, Clarín publicó sin firma la siguiente entrevista con Renata Dessau, Licenciada en Filosofía, que acaba de publicar Escribir en la Universidad, un libro que trata de acercar la escritura al ámbito universitario.


“Si los chicos escriben mal es porque no les enseñan a pensar”

Algunos expertos culpan al celular y a Internet; hay quienes diagnostican apatía generalizada o evocan supuestos tiempos mejores, cuando era inconcebible que un adolescente errara la concordancia entre sujeto y predicado. Las dificultades de escritura de los jóvenes suelen ser objeto de preocupación –e indignación– adulta. Lejos de la nostalgia y la denuncia apocalíptica, la licenciada en Filosofía Renata Dessau acaba de publicar Escribir en la Universidad  (Paidós), un libro que encara el desafío de acercar la escritura a los jóvenes, por medio de una reflexión teórica accesible y de ejercicios prácticos. Para Dessau, es hora de que el sistema educativo ponga el foco en los procesos de pensamiento previos a la escritura.

–¿Por qué es necesario un libro sobre escritura para universitarios? ¿No es algo que la escuela ya debería haberles enseñado?
–Vengo dando talleres de escritura en escuelas primarias, en bibliotecas y en la universidad. En todos los niveles noté que a los alumnos les cuesta conceptualizar, o sea, poder recortar una idea primero para después darle forma escrita. El problema no es tanto la redacción –sí hay problemas, pero son subsanables–: lo más grave es cuando no sabés qué se quiere decir, porque hay poca claridad mental en la idea. Entonces el alumno empieza a balbucear, a meter nexos y circunstanciales para llenar ese vacío.

–¿Es un problema de pensamiento antes que de gramática?
–Claro. Nosotros en los talleres de la facultad hacíamos mapas conceptuales, en los que se abstraen los conceptos de un texto y después se ven las relaciones que surgen entre ellos. Los alumnos detectaban bien los bloques conceptuales. Pero no veían las relaciones entre esos conceptos, que hacen al sentido del texto. Es un problema de lectura crítica, y es también un latigazo a la escritura. Porque no podés escribir si primero no pensás, si no tenés claridad mental, aunque los procesos puedan ser concurrentes y estés pensando mientras escribís. Nuestra propuesta apunta a prestarle atención a ese proceso pre-verbal de cómo se genera la idea, al proceso de conceptualización y a las relaciones conceptuales entre las ideas. 

–La agenda educativa suele poner la lupa más sobre las dificultades de comprensión lectora que sobre la escritura... ¿Es posible escribir bien sin comprensión de textos?
–Mi opinión es que se enseña a leer de manera reproductiva, para repetir lo que dice la autoridad académica. Cuando vos escribís, estás formalizando un pensamiento. Cuando leés, estás reconstruyendo el pensamiento de otro. El proceso de formalización de una idea propia no se enseña en la escuela ni en la universidad. Se enseña la lectura, pero no una lectura crítica. Sin eso es difícil que después puedas opinar algo diferente y escribirlo. Este proceso no está estimulado ni sistematizado en la enseñanza. Y me parece clave que el joven pueda recuperar su autoría, como un sujeto responsable de lo que escribe y lo que opina. Es muy importante lo que ese sujeto tenga para decir, sin quedar preso de la reproducción de lo ya dicho, para que pueda contribuir a la creación colectiva del conocimiento. 

–¿Cómo puede abordarse este desafío en el sistema educativo?
–A mí me enoja que se la agarren con los chicos, cuando no hay una autocrítica de las políticas educativas. Hay que revisar cómo se arma una currícula para enseñar a pensar antes de escribir. Pensar, escribir y leer son fenómenos que tendrían que ser abordados sistemáticamente desde la investigación y la enseñanza.

miércoles, 27 de mayo de 2015

La construcción de una marca y el prestigio



Un interesante artículo de Daniel Gigena –publicado en el diario La Nación, del 14 de mayo pasado– que da cuenta del fenómeno editorial que están produciendo las editoriales universitarias argentinas.



Los sellos universitarios crecen

en las grietas de las editoriales comerciales


Hasta hace pocos años, el libro publicado por las universidades satisfacía sólo necesidades curriculares, pero desde 2010, con el desarrollo de sellos propios, las universidades se ocupan –además– de la literatura, la divulgación científica, las ciencias sociales y las artes visuales con ejemplares que apenas superan los 200 pesos, en volúmenes de calidad, con notas críticas, anexos e imágenes.

Más que ganancias, las editoriales universitarias han buscado hasta ahora construir una marca para sus sellos y darles prestigio con un catálogo original. En la Feria del Libro que terminó el fin de semana, stands como el de la Red de Editoriales de las Universidades Nacionales (REUN) y el de Unsam Edita –que obtuvo el premio al mejor institucional– convocaron a nuevos lectores con títulos como Ejercicio plástico, ensayos sobre muralismo compilados por Néstor Barrio y Diana Wechsler; El hilo grabado, un clásico de Fina Warschaver, o una antología de textos de Luis Gudiño Kramer. Oche Califa, director cultural de la Fundación El Libro, adelantó que en 2016 ocuparán un lugar aún más visible.

Según datos de la Secretaría de Políticas Universitarias, en el país existen hoy 53 universidades nacionales y 49 privadas. Entre las primeras, reconocidas por el Consejo Interuniversitario Nacional –del que depende la REUN–, 42 tienen editorial propia. Y 32 entre las privadas. Estos sellos producen alrededor de 1900 novedades por año, cantidad que representa cerca del 9% de los títulos registrados en la Argentina. El 60% de las editoriales está en proceso de profesionalización; el 20%, como la de la Universidad de Avellaneda, la de Tierra del Fuego o la de Río Negro, en proceso de creación. El 20% restante corresponde a las consolidadas: la de la Universidad del Litoral, la de la Universidad de La Plata, Eduvim (de Villa María), Ediunc (de Cuyo), la editorial de la Universidad de Quilmes, Unsam Edita (de la Universidad Nacional de San Martín) y Eduner (de Entre Ríos).

"La principal incidencia es en materia de bibliodiversidad –opinan Guillermo Mondejar y Gustavo Martínez, de Eduner–. Las editoriales universitarias publicamos títulos que el sector comercial difícilmente consideraría para sus catálogos. Muchas universidades asumimos la edición de obras olvidadas, que suponen un trabajo de largo aliento en cuanto a la investigación y rescate de autores y textos." Eduner ha sacado obras de Amaro Villanueva, Juan José Manauta, Juan L. Ortiz y Francisco Madariaga, entre otros. Paralelamente, la Unsam prepara el lanzamiento de Letras, colección dirigida por el Nobel J.M. Coetzee, con títulos de poesía y narrativa de escritores del hemisferio sur para un público amplio.

Eudeba, en verdad una sociedad mixta, ha actuado como modelo de las editoriales universitarias. Su stand en la feria, construido por Corradini & Asociados, obtuvo el primer premio para puestos de más de 100 metros cuadrados. Allí se destacaba la presentación de Boris, la primera tableta para sus e-books. "La universidad, cuando decide intervenir en el campo editorial, lo hace con el objetivo de cumplir su misión principal, que es promover, preservar y difundir la cultura", dice Gonzalo Álvarez, presidente de Eudeba. Y agrega: "Si bien las editoriales universitarias comparten características, también tienen importantes diferencias, ya que en definitiva el proyecto tiene que ser pertinente con el de la universidad en la que se inserta".

Esas diferencias, opina Flavia Costa, fundadora de la editorial Unipe (Universidad Pedagógica), se vinculan con el grado de profesionalización de las editoriales, que hasta hace poco se consideraban ajenas al circuito de distribución y venta de libros. En los últimos años, el progreso de estas publicaciones impulsó la capacitación de profesionales –muchos de ellos docentes– en cuestiones relativas a la rentabilidad. Como el presupuesto de las editoriales depende del rectorado o de las secretarías académicas, se deben sortear varios obstáculos, desde la contratación de un libro hasta su puesta en circulación. Licitaciones, diseños de tapa e impresión, contratos de personal demandan un tiempo y un esfuerzo que los sellos comerciales allanan por completo. "En las universidades ganar dinero con la publicación de libros estaba mal visto hasta hace poco", comentan. Ese tabú empieza a romperse en beneficio de la construcción de catálogos. Las menos favorecidas se financian con fondos de programas de investigación o de ventas de apuntes.

Mónica Aguilar, responsable del equipo editorial de la Universidad de Quilmes, aporta algunos datos: "La editorial de la Unqui publica entre 25 y 30 títulos por año, y ya posee un catálogo vivo de más de 200 libros". Agrega que en los últimos años el porcentaje de recursos por ventas aumentó de un 20% a un 50%.

Libros insignia
"La edición universitaria en la Argentina debía aprovechar el proceso de polarización entre las editoriales multinacionales y las editoriales comerciales de capital nacional, que tienden cada vez más a dejar de lado libros de fondo, que necesitan publicar cada vez más best sellers que compitan contra los tanques de las corporaciones –dice Carlos Gazzera, director de Eduvim y coordinador de REUN–. La edición universitaria se debe ubicar en esas grietas, entre esos extremos, y construir desde allí un núcleo de fortaleza."

De cara al futuro, la REUN intentará consolidar el Foro Mundial de la Edición Universitaria en la Feria del Libro de Fráncfort y construir, junto con la Asociación de Editoriales Universitarias de América latina y el Caribe (Eulac), políticas regionales para la promoción del libro. La edición universitaria duplicó su producción respecto de 2010. Pasó de 1000 a 1903 novedades, con tiradas que van de los 200 a los 300 ejemplares. "En los próximos años alcanzaremos el umbral de los 350 o 400 ejemplares de promedio por título. Pasaremos de ser un puñado de editoriales con presencia en la cadena comercial a ser más de 20 sellos con distribución", comenta Gazzera.

La REUP (Red de Editoriales Universitarias Privadas) abarca 25 editoriales de instituciones universitarias privadas en la Argentina. Aunque muchos de los libros que publican aún se parecen más a materiales bibliográficos que a libros, hay algunas excepciones. Entre ellas, la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba, que publica colecciones de interés general, como la de Arquitectos Cordobeses del Siglo XX, que está dirigida por el arquitecto José Santillán. Carla Slek, directora de publicaciones del sello, responde sobre los desafíos de las editoriales universitarias privadas. "El principal es la profesionalización. No es el único, pero es el que hace falta asumir, y para ello el trabajo en diálogo con otras editoriales universitarias agrupadas en la REUN es fundamental."

Editores de universidades públicas y privadas coinciden en que el paso obligatorio en la tarea de promoción cultural es convertir las editoriales universitarias en empresas competitivas dentro de un mercado concentrado, con profesionales capacitados en el cuidado del libro.