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lunes, 10 de abril de 2023

En el Congreso de la Lengua, de Cádiz, Villoro y Caparrós le escupieron la sopa a lo gallegos


Hace cuatro año, en la ciudad de Córdoba, en una mesa del VIII Congreso de la Lengua, el Administrador de este blog puso en duda la legitimidad de llamar “español” a la lengua que hablan unos quinientos millones de personas, según las estadísticas del Instituto Cervantes (ver, en este blog, la entrada correspondiente al 3 de mayo de 2019, donde se puede consultar el video completo). Las repercusiones no se hicieron esperar. Tampoco las descalificaciones: los diarios españoles levantaron la cuestión diciendo que había sido saldada y que la polémica sobre la utilización de la palabra “castellano” para nombrar al “español” era cosa del pasado. Sin embargo, en otra mesa del IX Congreso de la Lengua, que se desarrolló en Cádiz, en los últimos días de marzo de este año, Martín Caparrós y Juan Villoro, dos pesos pesados, dijeron más o menos lo mismo, pero con otras palabras, posiblemente para disgusto de los académicos. Según la bajada del artículo que publicó Isabel Laguna en InfoBAE, el pasado 28 de marzo, “En la mesa ‘El español, lengua común: Mestizaje e interculturalidad en la comunidad hispanohablante’ se reflexionó sobre si es válido seguir llamando así a una lengua que es hablada por más de veinte países.”


Congreso de la Lengua: Martín Caparrós propuso un nIuevo nombre para el idioma español


¿Debería el español, un idioma que se habla en veinte países, buscar otro nombre? El escritor argentino Martín Caparrós pidió este martes en el IX Congreso Internacional de la Lengua abrir este debate y propuso “ñamericano” como nuevo nombre de esta lengua.

 

El escritor mexicano Juan Villoro también consideró necesario este debate, porque, en su opinión, llamar español a un idioma en el que la quinta parte de sus hablantes son mexicanos es “un arcaísmo”. Para él, el idioma, “en rigor”, debería llamarse “hispanoamericano”.

 

Ambos escritores hicieron estas propuestas en la mesa “El español, lengua común: Mestizaje e interculturalidad en la comunidad hispanohablante”, donde participaron junto con el escritor peruano Alonso Cueto, la española Carme Riera y el ensayista español Ángel López García.

 

Para Martín Caparrós, “es hora de buscar un nombre común” a este idioma, para que no sea el de uno de los veinte países en los que se habla. “Vale la pena buscarle el nombre a esto que hablamos”, dijo, y se le ocurre “ñamericano”, que preserva la originalidad de la virgulilla de la ñ, resultado, explicó, de la “pereza” de los monjes por escribir dos veces la n.

 

El autor del ensayo Ñamérica cree que la palabra “español”, que cuando la inventaron los fenicios significaba “tierra de conejos”, es “sin duda peliaguda”. España es hoy un país “colmado de españoles que quieren, o no, serlo”, afirmó.

 

El concepto de “español” está “en liza” especialmente en el campo de la lengua, señaló el autor argentino, para recordar cómo siempre pensó que lo que hablaba él o lo que escribía Lope de Vega era “castellano”.

 

“Decir español nos habría sonado al producto de un país llamado España”, dijo, y consideró que “sería lógico que 450 millones no quieran pensar que hablan la lengua de otro”.

 

Según Martín Caparros, buscar otro nombre sería enriquecer una lengua que se ha formado “con la respiración de muchas lenguas y que no se atribuye a ningún reino”.

 

Para Juan Villoro, el mestizaje de la lengua española avanzó tanto que dejó atrás épocas en las que pareciera que el español “solo se hablaba de una manera” y en las que el conserje de un hotel de Madrid no entendía cuando un cliente peruano le llamaba para decir “disculpe, el caño de la tina se ha malogrado: necesito un plomero”.


O que, como recordó Alonso Cueto, en el doblaje de las películas se escuchara a John Wayne, en una cantina en un “western”, pidiendo al camarero, “Chato, dame un corto”.

 

El tráfico de las palabras

Alonso Cueto celebró que ahora el “tráfico de palabras” entre uno y otro lado del Atlántico es “más nutrido que nunca”, gracias “al camino” que marcaron editores como Carlos Barral, que publicaron en España novelas de escritores como Mario Vargas Llosa o Juan Rulfo. La “polinización” de la lengua se extendió también a través del turismo, el comercio, la inmigración o la televisión.

 

“La idea de la pureza de la lengua es inútil y anacrónica”, sostuvo el escritor, para quien palabras inglesas como ‘chip’ se quedarán en la lengua como antes se quedaron términos árabes como ‘acequia’.

 

“Seremos siempre orgullosamente impuros”, añadió, tras afirmar que el español es “un organismo vivo” que tiene “la sala de máquinas” de su renovación en el habla coloquial”

No obstante, consideró “terrible” constatar que “hemos perdido riqueza” en un mundo en el que un emoticono sustituye a palabras como “te felicito o te quiero”.

 

Lengua mestiza

Esta pérdida de riqueza se produce en un idioma que se usa en países como México, donde hoy solo se habla el 6,6% de las lenguas indígenas que se hablaban cuando obtuvo la independencia de España, o en Perú, donde desaparecieron 37 lenguas originarias y hay 21 en peligro inminente de destrucción, y donde el quechua resiste en diez millones de habitantes.

 

López García recordó cómo el español es una lengua mestiza mucho antes de la colonización de América, cuando ya antes del siglo X el latín se cruzó en el Camino de Santiago con voces gallegas o catalanas.

 

Y, al igual que Carme Riera, explicó que en la época de la conquista “no hubo ningún interés en difundir el español”. Se favorecieron lenguas indígenas seguramente “en una actitud egoísta” para evitar la competencia a la hora de optar a puestos en la administración.

Fue con la independencia de los países cuando “todas reclamaron como lengua nacional el español”, idioma sobre el que se debate estos días en la ciudad española de Cádiz.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Consecuencia impensada del nacionalismo catalán

Jorge Luis Borges, a quien por cierto siempre le divertía irritar al prójimo, solía afirmar que al pueblo vasco ser aguerrido sólo le había servido para ser español o francés. No hay testimonio de que haya dicho lo mismo de los catalanes, pero tal vez podría pensarse otro tanto. Chistes de mal gusto aparte, más de un hablante de castellano venido de Latinoamericana ha tenido que sufrir la grosería de entrar a un comercio de Barcelona, preguntar algo en castellano no ibérico y recibir respuesta en catalán, como si fuera obligatorio hablarlo por el simple hecho de pisar esa tierra. Así, asimilados a un nacionalismo cerril que no cotempla excepciones, todos hemos sufrido desplantes de parte de los habitantes de Cataluña por su férrea negativa a ser asimilados a España, problema en el que los americanos nada tenemos que ver. Martín Caparrós, a quien, como a Borges, también le gusta irritar, recientemente fue víctima de esa descortesía en una universidad catalana. La noticia fue publicada por InfoBAE el pasado 29 de noviembre, pero el torpe periodista que tituló la nota, invirtió los términos, achacándole la descortesía al escritor argentino.

Martín Caparrós genera polémica en Barcelona

Martín Caparrós se vio envuelto en una polémica que lo excede. Días atrás participó de una conferencia sobre fútbol junto a la periodista Carme Barceló y el exfutbolista Julio Salinas en la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). En un principio, y durante un tiempo cercano a la hora, la charla se produjo en español, así como las primeras preguntas del público. Hasta que un estudiante decidió hacer una pregunta en catalán. Primero consultó si era una lengua entendido por todos, a lo que Caparrós no contestó. Luego, al pronunciar la pregunta, el escritor argentino se mantuvo en silencio. Cuando le tocó el turno de volver a hablar, excusó su silencio en que tenía “el francés oxidado”.

 

En la siguiente pregunta, otro estudiante hizo una broma sobre el dominio de lenguas de Caparrós. Esto provocó que el escritor se levantara y se fuera de la conferencia. El episodio cayó en un espiral de comentarios en las redes sociales dando lugar a los discursos polarizados en torno al uso del idioma catalán como lengua principal en establecimientos educativos de Cataluña, discusión que transcurre actualmente en las tierras españolas. Un dirigente catalán de nombre Antonio Baños tuiteó que “al sabio hombre blanco no le ha gustado que los indígenas hablen en su jerga. ¡Disculpe, oh patroncito!” Luego lo calificó de “fascista”. Caparrós le respondió y en ese intercambio explicó su posición: “Escuché 10 o 15 minutos de respuestas en catalán -sin entenderlas- y me fui porque una panelista me tomó el pelo”. Luego citó un hilo de Ana González, que estuvo presente, cuyo usuario es @anaagnzz.


“Hoy en mi uni (UAB) se ha demostrado la falta de educación cuando se insistió en hacer preguntas en catalán a un periodista extranjero que no entiende la lengua, y cuando todos sabemos hablar en castellano. El catalán debe hablarse, perfecto. Pero no debe imponerse”, comenzó diciendo González, y agregó: “Veo en mi universidad a mucho antifascista que impone sus ideales y no se diferencia de aquello contra lo que lucha”. Otro usuario que atacó a Caparrós fue el guionista Marc Gabernet. En Twitter escribió que el autor argentino “abronca a los estudiantes de la UAB por preguntar en catalán” y “abandona la conferencia”. También lo acusó de no haber señalado a tiempo que no entendía el idioma.

Fue el propio Caparrós quien luego dijo: “Si me preguntan si entiendo una lengua en una lengua que no entiendo, no puedo contestarlo”.

En una columna en el diario español El Mundo, Juan Claudio de Ramón escribió: “Pesa sobre Caparrós un reproche de insinceridad: no es cierto, le acusan, que no pudiera entender lo que se le preguntaba. Caparrós podría invertir la acusación: si cuesta creer que un argentino no es capaz de entender el catalán, más difícil es creer que un catalán no puede hablar en español”. En el artículo fechado en el día de hoy, agrega: “La propaganda nacionalista insiste en que todos los catalanes dominan la lengua española. Siendo así, ¿qué motivo hay para no proseguir el coloquio en la lengua que los participantes tienen en común y optar por la «lengua indígena» (Baños dixit) si no es la voluntad de hacer del medio un mensaje, ajeno al objeto de conversación?”

En 2017 se produjo la declaración unilateral de independencia de Cataluña y desde entonces el debate público se ha agudizado. En estos momentos la Universidad Autónoma de Barcelona lleva adelante una campaña llamada “No em toquis la llengua” (No me toques la lengua), cuyo objetivo es “poner de manifiesto su compromiso con la presencia de la lengua catalana en la docencia y la investigación”. En simultáneo, el gobierno catalán rechazó “a cumplir las sentencias judiciales firmes que instan a impartir al menos un 25% de las clases en castellano en la enseñanza no universitaria pública de la autonomía, monolingüe y obligatoria en catalán desde hace tres décadas”, según informa el sitio español Crónica Global.

 

El catalán es una lengua romance histórica hablada por más de diez millones de personas en Cataluña, las Islas Baleares, Andorra, la Franja de Aragón, el Rosellón, la ciudad sarda de Alguer, la Comunidad Valenciana y la comarca murciana de El Carche —donde recibe el nombre de valenciano— , así como también en pequeñas comunidades de todo el mundo.

 

jueves, 21 de marzo de 2019

"El rey no decora, es bastante lastre"


El 18 de marzo pasado, Verónica Abdala publicó en el diario Clarín una entrevista con Martín Caparrós, uno de los participantes del inminente Congreso de la Lengua. La bajada de la nota dice: "Está a favor del lenguaje inclusivo, cree en el idioma como algo vivo y considera innecesaria la presencia del rey español".

"Si Tinelli se postula a algú ncargo
yo vuelvo al país sólo para poder exiliarme"

Algunos la llaman “la cláusula Caparrós” y está escrita en varios de sus contratos: el escritor pide que cuando una editorial le manda por primera vez ejemplares de un nuevo libro suyo, acompañe el envío con “una caja de buen vino”, con un doble propósito. Por un lado, dice, eso compensa la frecuente frustración personal que, asegura, supone ver que la dedicación de meses o años a un tema, termina reducido a “una pequeña pila de papeles impresos”. Por otro, para medir lo que las editoriales consideran un buen vino. “Me he llevado sorpresas, no llegan al tetra brick, pero a veces se acercan peligrosamente”, asegura frente a una taza de café, haciendo gala de ese filoso sentido del humor que acompaña muchas sus apariciones públicas y a veces lo salva de la corrección política.

Martín Caparrós –uno de los más reconocidos periodistas y cronistas argentinos de la actualidad, y que vive en España desde 2013– está en Buenos Aires para participar del Congreso de la Lengua (CILE) que se realizará en Córdoba entre el 27 y el 30 de este mes, y también para dar forma a una crónica sobre la capital argentina, que integrará una serie que compone para el diario El País, sobre las grandes ciudades latinoamericanas. “El intento por sintetizar una ciudad en sí mismo supone una pretensión disparatada” define. De todos modos, ya hizo dos –Caracas y Bogotá– con las que está satisfecho, y Buenos Aires es la que mejor conoce, aunque mantiene con ella, como con el país, una relación ambivalente, signada por el amor y el espanto.

“Desde que me fui, en materia política no ha cambiado nada: seguimos viendo a los mismos actores –Cristina, Macri–, que ya han probado su habilidad para el fracaso”, dice. La “brutalidad mayor”, sin embargo, le parece una posible candidatura de Tinelli: “Si se postulara a algo yo volvería al país solo para poder exiliarme –dispara. Lo único que ha hecho este hombre es contar chistes malos y mostrar culos y uno hubiera creído que había cierta reacción ante este tipo de conductas. Que pueda aspirar a algún puesto importante (NdeR: baraja su candidatura como gobernador de la Provincia de Buenos Aires) y alguien crea que pueda conducirnos a algún lado, desmiente totalmente lo que creemos que somos, cosa que a mí me cansa un poco”, dice cruzado de brazos, mientras desvía su mirada hacia la ventana. “Por eso estoy más enfocado en entender un poco mejor qué es América latina, un concepto que para nosotros es escurridizo: no está claro qué significa ser latinoamericano y quiero indagar en este territorio, en el que la mayoría de la población habita grandes urbes, pese al mito de que habitamos campos y selvas.”

–¿Creés que, en términos históricos, los argentinos vivimos como una contradicción esa pertenencia continental?
–Durante buena parte del siglo XX la negamos. Nuestra estructura política y económica era muy distinta de la de los demás países de la región, teníamos una vasta clase media y un Estado que proveía salud, educación y cierta justicia social, trenes, periódicos y editoriales infinitamente más ricas que en otros sitios, y además siempre nos creímos mejores que el resto. Pero eso empezó a quebrarse con la guerra de Malvinas, cuando nuestros estúpidos generales, que habían creído que Estados Unidos nos apoyaría, cayeron en la cuenta de que no tendríamos ese apoyo ni el de nadie más que el de un puñado de países latinoamericanos. Ahí empezó a forjarse en términos colectivos esa idea de pertenencia, que se consolidó cuando la situación de la clase media argentina se derrumbó, el Estado proveedor decayó en sus funciones y los valores económicos nos acercaron a la ruina. Hoy estamos todos más cerca e identificados con nuestros vecinos del continente.

El CILE, que organizan el Instituto Cervantes, la Real Academia Española (RAE) y el gobierno de Argentina como país anfitrión –y de cuyo acto de apertura participarán los reyes Felipe y Leticia junto al presidente Mauricio Macri– reunirá a casi doscientos cincuenta escritores y académicos de 32 países que debatirán en torno al lema "América y el futuro del español". El encuentro aspira a convertirse en un espacio de diálogo, pero ya tiene su propia grieta. Al programa oficial –del que participan el Nobel peruano Mario Vargas Llosa, Joaquín Sabina, Elvira Sastre, Juan Villoro, Jorge Volpi, Jorge Edwards, Sergio Ramírez y Juan Luis Cebrián, entre otros– otro colectivo de editores y autores opone una solicitada en redes, avalada por unas 500 firmas, que resiste el evento con presencia monárquica, mientras desde Filosofía de la Universidad de Córdoba se opone un "contracongreso" que ya suma 80 ponencias.

–El argentino promedio tiene una facilidad notable para la intolerancia y el insulto y para subestimar al otro, lo que nos impide un intercambio más interesante o profundo –opina Caparrós–. Me parece de una pobreza absoluta, y lamentablemente es la forma que ha tomado la conversación en la Argentina de los últimos años.

–¿Y eso por qué? 
–Porque tenemos un pensamiento paranoide: en esta solicitada unos hablan de que otros quieren imponer o consolidar el idioma peninsular sobre los otros, de que el Congreso allana el camino al empresariado español…me parece una pérdida de pólvora en chimangos. Creo que lo que debería primar la tolerancia. 

–¿Y la presencia del rey, es decorativa?
–El rey no decora, es bastante lastre, y hace mucho tiempo que decidimos que no queremos tener reyes, así que quizás esté de más esa presencia. Eso puedo entenderlo, pero de ahí a pensar que esto se hace para reconfirmar el carácter hegemónico del español peninsular y allanar el camino al empresariado español, como dice el documento, me parece innecesario.

–¿El idioma puede pensarse como una variante de la patria? 
–Si pensamos la lengua como patria la sometemos a cierto corsé, porque la patria es una noción estática: la suposición de algo que somos a priori, a la que creemos que deberíamos aferrarnos. Pero la lengua es otra cosa, es algo movible, cambiante, y allí reside parte de su atractivo. Yo he vivido muchos años con colombianas y he adoptado palabras, vivo en España y también adopté modismos, del francés también heredé expresiones. Puedo escribir en otros idiomas. Me gusta esa vivacidad y creo que esto mutable.

–¿El idioma inclusivo, al que la RAE se ha opuesto de manera reiterada es válido o forzado, en términos de esa mutación?
–Es válido. A priori no me gusta el resultado –todes– pero me parece que la lengua es algo dinámico y estoy a favor de la apertura. Prefiero, igual, que me digan 'estamos todas contentas' aunque haya varones a que me digan contentes. Pero avanti, está muy bien, que los más chicos se apropien de la lengua y la usen.

–Los escritores y cronistas latinoamericanos gozan hoy un reconocimiento mayor. ¿Qué es lo más interesante que a tu juicio se está haciendo en este momento?
–Me entusiasma la búsqueda de formas de narrar que utilicen un poco más la multiplicidad de medios técnicos que existen para contar historias, me refiero a la posibilidad de filmar, grabar, poner en escena; una serie de posibilidades que empiezan a explorarse. 

–¿Será ese el futuro de la crónica? 
–Debería serlo, sin dejar de lado los viejos relatos. Que haya videos interesantísimos no implica que haya gente que deje de pintar. Me entusiasma la confluencia de estos elementos.

–Cuando surgieron las redes se impuso un supuesto saber aceptado que sostenía que en Internet había que escribir corto, sin embargo estás planteando que también se amplían los formatos para narrar…
–El argumento del formato corto cayó definitivamente, hoy por suerte hay espacios donde se publican largos relatos y está aceptado que los lectores leen en el subte, o en su celular por la calle, pero no por eso esperan leer cosas más cortas o peores, al contrario; vivimos un momento de auge de la crónica y en plataformas online, porque los lectores agradecen los buenos relatos, como ocurrió siempre. Y se abren nuevas puntas: otra vez, hay que moverse, hay que explorar. Los nuevos desafíos y lo que surja a futuro quizás pasen por poder hacer bien eso.