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viernes, 1 de agosto de 2025

"Esa rica –riquísima– lengua móvil"

Hace ya unos cuantos años, el escritor tucumano Fabián Soberón publicó en el diario La Gaceta, de su provincia, una reseña dedicada a la versión castellana de la Divina Comedia, traducida por Jorge Aulicino. En ese entonces, editada por Edhasa, esa primera edición desapareció en pocos meses del mercado y no fue reeditada por Edhasa, sino por la editorial LOM, de Chile, que la publicó con un buen número de correcciones realizadas por el propio traductor. Las ventas fueron tan buenas que justificaron que la editorial chilena hiciera a su vez una edición argentina. A modo de breve homenaje, a casi dos semanas de la muerte del poeta y traductor, reproducimos nuevamente la reseña de Soberón.

La mejor versión de la Comedia en español

La Comedia es una obra inagotable que combina poesía, filosofía, física (cosmología ptolomeica), arte, historia y teología. Dante propone tres mundos o reinos de ultratumba: el reino del Infierno, el del Purgatorio y el del Paraíso. No importa si los reinos existen. Lo crucial es que Dante se ha convertido en el inigualable soñador que nos dio este largo poema perfecto.

Cuerpos de tres cabezas, serpientes que son hombres, vísceras de cristal, gigantes, demonios, Lucifer, el escarpado suelo, las estrellas, la luz más alta y Beatriz, la mujer hermosa e inolvidable que lo espera, que lo guía: todos conviven en esa fantástica invención literaria que es la Divina Comedia. Dante, el hombre de carne y hueso, inventa un personaje llamado Dante que viaja por los escenarios inhóspitos, horribles y bellos jamás pensados. Quizás el infierno sea una entelequia. Pero su existencia está justificada. Ha permitido que el gran Dante haya escrito esa “comedia única”, invaluable pieza que despliega en sus muchos versos dignos e inolvidables la vida de las sombras sufrientes y de un único cuerpo vivo.

Pienso en la lengua múltiple de Dante y en la sofisticada lengua del traductor para darnos, quizás, la mejor versión en español de la Comedia. ¿Cómo hizo Jorge Aulicino, el traductor, para alcanzar esta “nueva” versión del poema? Está claro: Dante pergeñó una pieza hecha de muchos registros. En la magnífica Comedia conviven el toscano coloquial, la utópica lengua italiana, los latinismos, los cultismos, los préstamos. Aulicino traza una versión que recupera y dona en español esos múltiples registros.

Aulicino no se vale de la rima regular. Traduce en verso libre y con esa decisión se quita la obligación de la rima. Lejos de la coacción rítmica se permite el uso de los vocablos con procedencias diversas. En suma: trabaja con los distintos registros de la lengua. Respeta los latinismos (algo que no hizo Ángel Crespo), introduce coloquialismos (algo que no hizo Bartolomé Mitre) y deja que los versos se armen de ritmo y lirismo. El lirismo y las famosas comparaciones dantescas surgen en esta traducción del uso equilibrado de los distintos registros.

No hay una búsqueda de enaltecer la poesía. El lector que lea esta traducción no encontrará sólo poesía vertical. Podrá leer un poema extenso hecho de putas, arroyitos tristes, finados, embusteros, diminutivos (Anselmito, el hijo de Ugolino en el Canto XXXIII del Infierno), y latinismos. Es decir, podrá leer esa rica –riquísima– lengua móvil que es la Comedia.

¿Qué otra cosa puede pedir un lector?

lunes, 21 de julio de 2025

Jorge Aulicino (1949-2025)


Con profunda tristeza y mucho pesar en el corazón, anunciamos que el poeta Jorge Aulicino, uno de los más asiduos miembros del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, murió en la madrugada de hoy.

Todos quienes hemos tenido la suerte de leer su trabajo como poeta, ensayista, traductor o periodista, sabemos que la pérdida es enorme. Aquéllos que además lo tratamos y  gozamos de su enorme don de gente y su generosidad, añadimos que se fue uno de los mayores artistas e intelectuales de Argentina, por lo que la pérdida es todavía mayor. 

En razón de lo dicho, la actividad del Club prevista para el día de hoy queda pospuestas hasta nuevo aviso.

miércoles, 28 de mayo de 2025

La "Poesía completa" de Cesare Pavese, en estupenda versión de Jorge Aulicino

El 25 de mayo, Ricardo Ruiz publicó la siguiente reseña en el diario Perfil, donde se ocupa de la flamante versión de la poesía completa de Cesare Pavese. En la bajada, se lee: "La editorial Barnacle publica en nuestro país una exquisita edición bilingüe (español - italiano) de la Poesía completa de Cesare Pavese. El volumen, con traducción de Jorge Aulicino, fue organizado atendiendo al escrúpulo cronológico: en primer lugar se incluyeron los poemas juveniles, escritos durante la tercera década del siglo pasado, y luego el compendio que realizara Italo Calvino de los poemas éditos e inéditos al momento de la muerte del autor, el 27 de agosto de 1950. A modo de adelanto, reproducimos pasajes del libro".

El significado de una obra

Celebrar y agradecer con profundo regocijo la traducción y edición bilingüe de la poesía completa de Cesare Pavese es la primera reacción ante un libro que completa un hueco cultural sobre la obra de uno de los poetas italianos de mayor relevancia, en la influyente tradición de lectura de poesía italiana en nuestro país.

El autor publicó en vida un solo libro de poesía: Trabajar cansa que tuvo una primera edición en 1936, Solaria, bajo la censura fascista y una segunda ampliada, en 1943, Einaudi. Luego de su muerte en 1950 Italo Calvino que lo había sucedido como editor en la editorial Einaudi publicó, con poemas hallados entre los papeles y cartas que había dejado Pavese, un segundo libro Vendrá la muerte y tendrá tus ojos en 1951. Su obra poética fue compilada por Italo Calvino, en tanto albacea y difusor de su obra, bajo el nombre de Poemas éditos e inéditos completando Trabajar cansa con originales no incluidos junto a La tierra y la muerte y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Con posterioridad la editorial Einaudi publicaría su obra completa bajo el título de Le Poesie en 2014. Este libro reúne la totalidad de la obra poética incluyendo su poesía juvenil, inédita, de los años 1923 a 1930.

En nuestro país la primera publicación de Pavese fue la novela El diablo en las colinas en 1956 por Juan Goyanarte Editor con traducción de Herman Mario Cueva y Dardo Cúneo. A lo largo de los años se fueron sumando ediciones que abarcan la totalidad de su narrativa, leída en clave política con particular interés en los años setenta. Arte narrativa que influiría grandemente en Ricardo Piglia, Juan José Saer, Haroldo Conti y Antonio Di Benedetto y a través de ellos a generaciones posteriores. Carlos Fuentes consideraba su literatura como una profunda influencia sobre los autores de la llamada “generación del boom” y modelo del intelectual comprometido.

Como ensayista a partir de la edición en el año 1957 de El oficio de poeta por Ediciones Nueva Visión, dirigida por Edgar Bayley. Una antología de ensayos con selección y traducción de Rodolfo Alonso y Hugo Gola que reunía escritos que el autor había publicado en distintos medios gráficos sobre libros, autores y movimientos estéticos, básicamente La literatura norteamericana y dos ensayos incluidos en Trabajar cansa: El oficio de poeta y A propósito de ciertos poemas no escritos todavía que tuvo tal repercusión que debieron realizar varias reediciones. El oficio de vivir - Diario 1935/1950, fundamental en tanto expresión de su pensar y proceder y Diálogos con Leucó donde ahonda de manera magistral en los mitos griegos modernizándolos y dándoles nueva vida, fueron publicados póstumamente.

A partir de la edición por Ediciones Lautaro de Trabajar cansa / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos de 1961 con traducción y notas de Rodolfo Alonso, será leído también como poeta con creciente entusiasmo –y notable permanencia– por varias generaciones de lectores. Recepción propicia para una poética que por fuera de toda clave romántica o de materialismo burdo trascendía las miradas dicotómicas entre realismo y mito o entre realidad histórica y ficción. Pavese nacido en 1908 en Santo Stefano Belbo un pequeño pueblo del Piamonte donde vivió su infancia en un paisaje rural campesino y atávico se encargaría en Trabajar cansa, abandonando el yo lírico inicial de sus poemas juveniles, de narrar en sus poemas-relato los paisajes escenas y personajes de su lugar natal, el rostro mítico de la tierra de origen. Poesía resuelta en imágenes, tono coloquial y largos versos de amplia cadencia, trazos de vida en la memoria heredada de otros, sosteniendo la necesidad de “reducir a claridad los mitos”, tarea central de su literatura. Un poema resume de manera brillante esas aristas de su “arte de narrar”, Los mares del sur. En el podemos ver la relación entre el mito vivo de la tierra y sus personajes con los mitos literarios de Ulises o Moby Dick, la relación abierta entre la palabra dicha, lo callado o u oculto en segundo plano, el choque entre lo mundano y la tradición en un poema-cuento que en sus cortes permite respirar a lo narrado, abriendo innumerables capas de sentido en su depurada estructura formal donde incorpora su lectura de los escritores de habla inglesa que traducía.

Pavese se licencia en letras inglesas con una tesis sobre Walt Whitman y traduce a Robert Louis Stevenson, Herman Melville, Ernest Hemingway, Sinclair Lewis, Joseph Conrad, John Dos Passos, Gertrude Stein y William Faulkner, entre otros. De los narradores norteamericanos se apropiará de sus técnicas narrativas para establecer un tono despojado y monocorde utilizado a conciencia, “Todo gran escritor es espléndidamente monótono” afirmaba. Un tono “viril” que significaba para él la fuerza y la determinación que hay en la naturaleza y la vida rural o urbana de los trabajadores como forma de resistencia y lucha contra las adversidades. Suma de recursos y profunda sensibilidad que desarrolla en Trabajar cansa y permiten que esas historias sean en sí mismas iluminaciones que permiten hallar un significado en la vida más allá de la alienación de la vida moderna y formulan una crítica profunda al sistema que la produce. Un nuevo realismo, opuesto a todo lirismo tradicional o hermético, que le permite abrirse al mundo mítico e histórico y abrazarlo con el lenguaje.

En los poemas posteriores a Trabajar cansa su poesía retoma cierto lirismo y abrevia sus versos, poemas que serán organizados por Italo Calvino y publicados de forma póstuma: La tierra y la muerte, Dos poesías a T. y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, agrupados bajo este último título, donde los temas centrales serán el amor y la muerte desde una perspectiva en lucha por el sentido de la vida. A la vez nostálgico, esperanzado aún, y valiente al exponer –y exponerse– dando cuenta del costado trágico de toda vida humana sus poemas llevan el “oficio de poeta” a ser uno con el “oficio de vivir”. “Entre nosotros nada / de trampas, nada / de cosas inútiles / combatiremos siempre”. En los poemas los mitos originarios de la tierra y el paisaje remiten a un origen no individual sino colectivo asociados a la mujer, al amor, a su pérdida y a la muerte como destino y regreso a la tierra de la que vinimos.

Destino que consumaría de propia mano. En un cuarto de hotel de Turín pondría fin a su vida con una sobredosis de somníferos en 1950 poco antes de cumplir 42 años. Su diario concluye “Basta de palabras, un gesto, no escribiré más” y entre los papeles hallados en aquella habitación escritas sobre su libro más querido Diálogos con Leucó sus últimas palabras “Perdono a todos y a todos pido perdón ¿Está bien? No chusmeen demasiado”. Tal vez, el dolor por un desengaño amoroso que continuaba pérdidas que nunca dejaron de hacerse presente: la muerte de su padre siendo muy pequeño, sus camaradas muertos, antiguos desamores, las injusticias a las que combatió cultural y políticamente en una época hostil a su honda sensibilidad y un vacío existencial que la vida y sus frustraciones no permitieron colmar. “Alguien ha muerto / hace mucho tiempo– / alguien que intentó / y no supo.”, nos dice en su último poema “Último blues”, para ser leído algún día.

Su poesía, directa o indirectamente, ha tenido una recepción y una influencia marcada en la poesía argentina contemporánea. No solo Juan José Saer, su libro de poesía El arte de narrar tiene una deuda insoslayable y su título un homenaje directo, o Hugo Gola, como dijimos traductor de Pavese, sino también compañeros generacionales. Influencia que, mérito de las ediciones argentinas donde pudieron leerlo por primera vez, se trasladó también a la generación española del 50 y sus continuadores.

En nuestro país el impacto de su lectura y su huella se mantienen en el tiempo y es posible de rastrearla en un buen número de poetas que comenzaron a publicar a partir desde de los años sesenta y, directa o indirectamente, hasta la actualidad. No necesariamente en la forma o en su técnica deslumbrante, tal vez irrepetible, todos los que lo han leído en profundidad mantienen algo de su espíritu.

Esta notable y muy cuidada edición por primera vez en castellano y en edición bilingüe de la poesía completa por la editorial Barnacle, que ya nos había dado a conocer otras obras inéditas del autor ahora incluidas en este libro, está organizada en orden cronológico tomando como base la edición, entendemos definitiva, por la editorial Einaudi de 2014 titulada Le Poesie.

La traducción de Jorge Aulicino, poeta, Premio Nacional de Poesía 2015, periodista y traductor de amplia y reconocida trayectoria, especialmente de poesía italiana: La Divina Comedia de Dante Alighieri, Pier Paolo Pasolini, Franco Fortini, Eugenio Montale y un largo etcétera; capta las sonoridades íntimas de la poesía de Pavese: el tono coloquial y austero que permite apreciar el modo dialógico de los poemas respetando las repeticiones y los giros que estructuran el carácter visual de los mismos subrayando sus principales elementos como ecos que se repiten en la memoria de lectura. Si Pavese confronta con el lenguaje y crea un italiano único integrando la palabra de su tierra, esta exquisita traducción, con fluidez y belleza, nos habla en lengua propia.

En nuestro país Cesare Pavese no solo es un clásico sino también un mito que debemos “reducir a claridad”: volver a sus textos dejando de lado aquellas lecturas que pretenden circunscribirlo a su decisión última y limitan una obra llena de vida y responsabilidad con la palabra. Recuperar para estos tiempos su condición de escritor comprometido con una estética renovadora, su ética como trabajador de la cultura, su crítico vínculo político y su maravillosa poesía.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Una encuesta para traductores sobre traducción e Inteligencia Artificial (3)

Tercer día de la encuesta 

Los traductores y la inteligencia artificial (3)

JORGE AULICINO (Argentina)

1)¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Muy poco. Hice un experimento con la traducción de “El Cuervo” de Poe. Se equivocó poco en la literalidad. Pero el texto que me dio se me antojó sin vida. Quizá por demasiado literal. La de Pérez Bonalde me sigue pareciendo mejor aunque use la palabra avechucho  para que rime con mucho.

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Si los traductores en línea son parte de la IA creo que pueden prestar un servicio en el sentido de hacer el trabajo bruto, la “masa madre” para textos largos en prosa. En poesía toman “malas decisiones”. En todos los caso hay que leer atentamente y trabajar con esa traducción precaria. Para entender textos en línea de periódicos y otros sitios, alcanza.

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Supone un riesgo si estamos hablando de reemplazar a los humanos. Pero no más riesgo que el que corren lo obreros industriales, la burocracia, los empleados de bancos y los administrativos de cualquier tipo de empresa. Mire, me recuerda a cuando en los diarios se despidió a los correctores con el argumento de que los correctores automáticos harían su trabajo. Luego se vio que los automáticos funcionaban con lógica binaria y dejaban pasar errores de tipeo u ortográficos mientras las palabras tuvieran lógica, es decir, existieran en los diccionarios. Si usted ponía puto en lugar de pato pasaba. Creo que ahora los mejoraron sobre la misma base. La inteligencia artificial también se mejora a sí misma, pero hay algo indefinible que es el sello humano en una traducción, en un poema. Un sello de agua indefinible. El problema es que quizá la IA logre imitarlo, y es muy probable que a los grandes editores comerciales esa imitación les baste.


REBECA GARCÍA NIETO (España)

1) ¿Qué tan familiarizada está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Personalmente, no he tenido ningún contacto con la IA en este ámbito. Sé por compañeras que algunas editoriales les están ofreciendo revisar textos traducidos por la IA con unas tarifas todavía más bajas que las habituales. Por lo que me han contado, estas revisiones dan mucho más trabajo que traducir el texto desde el inicio.

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

En absoluto. Creo que la parte más complicada, la esencia de la traducción literaria, las metáforas, los dobles sentidos, el estilo, siempre estarán fuera del alcance de estas herramientas. Puede que sean útiles para ayudar a escribir papers científicos, pero en la traducción literaria no creo que tengan mucha utilidad.

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Sin duda, creo que suponen un riesgo importante para la profesión. Si las editoriales empiezan a contratar a traductores solo para revisar textos traducidos por la IA, con una remuneración irrisoria, la traducción literaria se va convertir en un trabajo todavía más precario de lo que ya es. Aunque muchos nos neguemos a aceptar estas condiciones, siempre habrá alguien dispuesto a aceptarlas para poder seguir trabajando. Otra cuestión preocupante es la de los derechos de autor. Si se están utilizando traducciones para entrenar a la IA, los traductores deberíamos cobrar en concepto de derechos de autor. Hasta donde yo sé, esto no está ocurriendo.

PAULO H. BRITTO (Brasil)

1) ¿Qué tan familiarizado está usted con lo que puede hacer que la Inteligencia Artificial funcione en las traducciones literarias?

No estoy muy familiarizado. Actualmente la utilizo para pequeñas tareas de traducción no literaria.

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Para realizar un esbozo inicial de un texto sin pretensiones literarias, es una herramienta muy útil. En vez de partir de la hoja en blanco, el traductor ya comenzó con una traducción más o menos rudimentaria, y su trabajo consiste en revisarla. Una gran ventaja es que no hay riesgo de omitir algún paso.

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión? Sí, sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Textos no literarios, de valor puramente informativo (manuales, prospectos de medicamentos, contratos, etc.) ya deben estar siendo todos por IA, siendo la tarea del traductor sólo revisar; esa tendencia va a aumentar en el futuro inmediato. A los traductores-revisores no les va a faltar el trabajo No habrá necesidad de trabajo para traductores y correctores, pero ciertamente el trabajo de corrección va a ser peor pagado. Tratándose de literatura, imagino, los textos más fáciles de consumir ya deben estar entrando en el mismo proceso. En cuanto a la literatura propiamente dicha, especialmente a la poesía, todavía va a llevar algún tiempo. Cuánto, no se decirlo.

LAURA CRESPI (Argentina)

¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

No mucho. Sigo usando los diccionarios de la web para traducir, más alguno que otro que conservo.

 ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Seguramente sea útil, sobre todo para experimentar.

¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Sólo traduzco poesía y de manera no profesional. Igual no creo que sea un riesgo, siempre que hay una inteligencia natural detrás de una buena traducción.

 

jueves, 21 de noviembre de 2024

¡Me cago en la leche! Éstas son las reflexiones de un tío cojonudo.

Traductor de fuste y cinéfilo empedernido, el poeta Jorge Aulicino reflexiona en el siguiente texto sobre el subtitulado de películas que se realiza en España y lo penoso que resulta padecerlo cuando se lo ve en Latinoamérica. 

"El problema sigue siendo un problema"

No sé si los españoles piensan que el español de España es el único que se habla en el mundo o si no se enteraron de que Carlos V ha muerto. Su imperio ya no es aquel en el que no se ponía nunca el sol. Ya no hay imperio. Los subtituleros de series y películas posiblemente oscilan entre estas dos formas de ignorancia. Y, lo que es peor, nunca se han planteado la cuestión acerca del modo de traducir un nivel de lengua familiar desde otra lengua a la lengua propia. Que implica la cuestión de las "marcas" locales.

Hay otra explicación a esta situación de ver a Bruce Willis diciendo "¡joder!", y es que quizá para los subtituleros –que me los imagino jóvenes y mal pagados– no "mola" mucho el trabajo agotador de poner en letras castellanas lo que unos personajes dicen en otro idioma durante hora y media, dos horas. También es posible que en un acto de revancha produzcan textos que no solo muestran la galanura de los personajes estadounidenses para hablar el castellano de España, sino en el castellano vulgar de España. O, para no ofender: nada de "vulgar": digamos popular y juvenil.

Ahora bien, el problema sigue siendo un problema, lo resuelvan ellos o nosotros a la manera de cada uno. Primero: a mexicanos, argentinos, peruanos o chilenos –por nombrar unos pocos países en los que seguramente el streaming propala series y películas subtituladas en España– les causa gracia ver a villanos y héroes de Nueva York o Tennessee diciendo ya no solo "gilipollas", la marca local más difundida de España, sino "capullo" (entiendo que por tonto o fastidioso), "tirar" por ir ("tira p'allá"), "venga" por vamos, "cutre" por vulgar o de mala calidad, "curro" por trabajo"; y "chulo", "follón", estar "de coña", "flipar", "me la suda", "cotillear", "cagarse en la puta", "a toda leche", estar "sin blanca", "tienes un morro que te lo pisas", no ver "tres en un burro", "tía" y "tío", "maja" y "majo", etc. Etc. Segundo, el problema se agudiza porque al parecer los subtituleros, y probablemente los españoles en general, piensan que su jerga es el único castellano. Es decir: que el español que usan es el español.

Bien, en la Argentina existe también cierta difuminación de los límites entre lenguajes, antiguamente llamados “niveles de lengua”. Se dice boludo cada cinco minutos así en la calle como en una reunión familiar o social. Hablan argentino vulgar diputados, senadores, presidentes, como si fuera ese el único lenguaje argentino. Sin embargo, si pusiéramos a personajes de películas estadounidenses a hablar en argentino, nos plantearíamos, con seguridad, el problema -teórico al menos- de si es creíble un neoyorquino diciendo "chupame un huevo" o "andate a la concha de tu hermana", o –más suavemente– "se colgó", "embole", "laburo", "morfar", "ni en pedo", "le faltan algunos jugadores", "pochoclo", "pancho", "se dio una piña", "atorrante", "bardear", "flashear", "me recabe", "¡joya!", "zarpado", "chorro", "al palo", estar"en el horno", etc.

Probablemente solo pueda plantearse este problema un país con un gran complejo de inferioridad, o para decirlo en otras palabras, un país relativamente joven que nunca supo qué es gobernar medio mundo. En la traducción literaria es una cuestión que nos planteamos a menudo. Y le damos solución paso a paso, manteniendo la temperatura media o popular de la lengua de partida pero sin entrar en el mundo de los infinitos e inverosímiles localismos. Esto quiere decir que un estadounidense hablando como un adolescente en una cervecería no nos acercaría el personaje: nos lo haría ridículo. Menos mal que en las películas se oye al menos el sonido de la lengua original. Cuando no están dobladas en España...

jueves, 19 de septiembre de 2024

"Nada 'más allá del principio del placer'"

El poeta, ensayista y traductor
Jorge Aulicino escribió para este blog la siguiente columna que incluye una reflexión sobre los desmanes que la Inteligencia Artificial nos augura. La reproducimos a continuación.

Sobre porno coreano, suegras, traducción e inteligencia artificial

Una nota en el periódico Hankyoreh, de Corea del Sur, reveló que una red de grupos de Telegram compartía fotos pornográficas, con este detalle: eran de mujeres conocidas por los miembros de esos grupos... La nota de la periodista Ko Narin fue citada el domingo 15 por Tomás Balmaceda en la revista Viva, del diario Clarín, de Buenos Aires. Revela además de la red la posibilidad de convertir fotos convencionales en fotos pornográficas en cuestión de segundos, mediante "inteligencia artificial generativa". Este tipo de pornografía en la que uno puede ver desnuda y en actitudes porno a su suegra, llegado el caso, siempre que se disponga de una foto original de la deseada o deseado, ya tiene nombre: se la llama pornografía deepfake (en este caso la "inteligencia artificial" no fue usada para indagar la etimología).

No voy a entrar aquí en el juicio moral de la llamada IA, mi propósito es sólo señalar que el mismo procedimiento se puede aplicar y se aplica, ya lo sabemos, a distintos modos de arte y a la creación de textos, incluidas las traducciones literarias, por ahora de modo "experimental", con las consecuencias del caso. Un amigo ducho en tecnología digital me aclaró que realmente la "inteligencia artificial" puede elegir los términos de una traducción teniendo en cuenta el contexto, el "tono" general del discurso, el nivel de lenguaje e incluso el "código" o colección de términos propios de un autor. Los traductores son lo más fácilmente reemplazables por la IA, dijo el amigo, mirando el horizonte. En las tareas prácticas, en las que incluyó la traducción, la IA es imbatible. Los traductores caerán en el olvido, igual que los mineros, los operadores de grúas, los trabajadores de las cadenas de producción de todas las industrias, los cajeros de supermercados, y, con el tiempo pero no mucho los conductores de taxis, colectivos, ómnibus de larga distancia, trenes, subtes, aviones, motos de mensajería, etc.

Creo que la creación de fotos porno con rostros conocidos también da fin a la fotografía, que, como la traducción y la poesía en general, tiene por utópico fin dar cuenta exacta del modelo sea éste real o ideal, contra todas las perturbaciones de la "subjetividad", a veces, y otras con ellas como aliadas. Antes de que la "inteligencia artificial" produzca un mundo artificial, creo que vale la pena preguntar y demandar qué piensa hacer el sistema global dominado hace rato por las grandes empresas tecnológicas con millones de desocupados en todo el mundo, cómo se "recompondrá" el sistema, y cuántas vidas y penurias costará, antes de palmotear como idiotas por la novedad... La "inteligencia artificial" crea también brillos y caramelos.

Los consumidores coreanos de pornografía deepfake no se preocupan por tales cosas. Han aceptado, seguramente con placer, la artificialidad del nuevo mundo. Además, aquellos que desean a sus vecinas, esposas de conocidos o compañeras de colegio de sus hijas o hijos, ya no tienen que hacer un esfuerzo de imaginación para excitarse. Es posible que gran parte del mundo acepte el mundo artificial. Es cómodo, es placentero, no importa si la vecina jamás ejercitó esas poses, o si el autor traducido escribió lo que la IA nos dice que escribió: no habrá nada "más allá del principio del placer".

viernes, 10 de mayo de 2024

La primera, pero la primera primera

A esta altura, se sabe que Jorge Aulicino, además de poeta, es un gran traductor del italiano y que, entre sus trabajos más notables, está la Divina Comedia, obra de la que es un verdadero especialista. Por eso, nadie más calificado para opinar sobre la primera traducción al castellano de esa obra, en este artículo, especial para el blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.


La primera traducción al castellano de la Divina Comedia.


Hay obras, muchas, que una vez ingresadas al dominio público deberían ser puestas a disposición de los lectores, libremente. Existen medios digitales para que los considerados hitos de la literatura se consulten y lleven con facilidad. Luego se podrían destacar en Google. Y sería ideal que al mismo tiempo los editen los Estados del mundo en libros de papel, de distribución gratuita en los colegios secundarios. Gratuita y no obligatoria. Esto es, que los libros estén al alcance de los estudiantes, sin obligatoriedad de lectura. Pero no se espere esto de la autoridad cultural, mucho menos de la Argentina en este momento.

 

De todas esas obras que con entrada libre, una debería ser la primera traducción al castellano de la Divina Comedia, hecha tal vez por el llamado “marqués”; Enrique de Villena, mientras consultaba el original, a 100 años más o menos de la muerte de Dante Alighieri. Es la traducción al castellano más próxima a las fechas de la escritura del poema, que lo fue entre 1301 y 1321. Nadie ha podido establecer el año en que Dante terminó cada canto y lo hizo copiar; ni siquiera se conoce el original con la caligrafía de Dante. Solo se puede decir casi con certeza que escribió todo el libro entre el año de su destierro de Florencia y el año de su muerte en Ravena, que son los anteriormente mencionados.

 

Hay toda una historia de debates sobre la primera traducción de la Comedia al castellano atribuida a Villena. Solo digamos que en la Biblioteca de España se conserva un volumen de principios del siglo XIV que contiene, básicamente, el texto en lenguaje original (la copia es de 1354) y una traducción al castellano escrita en los márgenes de los folios y en otros espacios en blanco. El resto lo componen un soneto de Petrarca, citas de Cicerón y diversos comentarios. De Villena dio testimonio que permitió pensar que esa traducción le fue encargada por el propio marqués de Santillana. Es posible, arguyeron algunos –e intentaron demostrarlo con algún éxito, comparando caligrafías–, que otros metieran mano allí, incluido Santillana, un entusiasta de Dante, que compró el manuscrito y lo mantuvo en su biblioteca hasta su muerte. La biblioteca a su vez custodió el libro durante 300 años. Ahora está en la Biblioteca de Nacional de España bajo el número 10186.


Sea o no Enrique de Villena el único autor de la traducción, ese texto es no solo la primera de una larga serie de traducciones en territorio español, que siguió en la Argentina desde fines del siglo XIX, sino la primera traducción de la Comedia a otra lengua romance. Y quizá la primera traducción de la Comedia en términos absolutos.

 

El dantista y gran poeta mexicano David Huerta escribió en un artículo para la Revista de la Universidad de México, en enero de 2008: “Es [la traducción Villena], si se quiere, una curiosidad interesante para los eruditos, los críticos y los historiadores, pero no carece de interés literario”, al que puede unirse, dice Huerta, el interés por la vida y la obra de Villena, autor de un tratado sobre el arte de comer, otro sobre el mal de ojo y una traducción, también, de la Eneida, de Virgilio. Esto quizá responda a una pregunta que puede formularse a mi propuesta inicial: ¿por qué razón un estudiante o cualquier otro alfabetizado querría o debería leer la primera traducción castellana de la Comedia?, la cual se responde con dos argumentos: 1) conocería mejor el poema si ya ha leído otra versión, o podría empezar a conocerlo con buen arte, y 2) confirmaría que, como sostenemos algunos traductores -y críticos y docentes-, cada época necesita su propia traducción de los clásicos (esto surgiría, claro está, de la comparación de esta con una versión, al menos, del siglo XX o XXI).

 

Pero he aquí que en 2000 la Fundación José Antonio de Castro publicó en Madrid las obras completas de Enrique de Villena en tres tomos. El último tomo, que contiene lastraducciones y glosas de la Eneida y la Comedia –convenientemente juntas como imaginariamente lo estuvieron Dante y Virgilio en el Infierno y el Purgatorio– se vende en el sitio de la Fundación por 45 euros. Aquí copio la dirección virtual por si lo quieren comprobar: https://fundcastro.org/product/divina-comedia-villena/

 

Me pregunto si el hecho de que la obra se Villena sea comercializada por una fundación no es la causa de que resulte tan difícil, casi imposible, encontrar el texto de nuestro primer traductor de Dante en internet o sobre cualquier otro soporte gratuito. Por ejemplo, en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la Universidad de Alicante, donde no está, como podría estarlo, junto a tantos textos clásicos de los que hay allí copias que se pueden “bajar”; en archivos PDF o leer directamente en la pantalla en HTML.

 

También creo que he escuchado que las fundaciones no tienen fines de lucro, sino que se alimentan de donaciones, para realizar justamente una labor de interés social. Como ejemplo de la calidad de la traducción de Villena (o de quien fuera), deja Huerta este terceto de la historia de Francesca y Paolo, la más famosa sin duda del Infierno:

 

la boca me besó todo tremiendo: Galeoto fue el libro e quien lo escribió.

Non leímos de aquel día adelante.

 

Agrego el también famoso comienzo del Canto III del Infierno:

 

Por mí se va a la cibdat doliente,

por mí se va en eternal dolor,

por mí se va entre la perdida gente.

 

El mi fazedor movió la justiçia,

la divinal potestat me fizo,

e la alta sabiduría e el primer Amor.

"Delante de mí non fu cosa criada

si non la eternal e yo eternalmente duro,

[por tanto] dexat toda esperança vosotros que entrades-

 


lunes, 15 de abril de 2024

Xul Solar, el I Ching y el neocriollo

Lo que sigue es una reseña de Jorge Aulicino publicada en Ñ, la revista que le tocó dirigir durante varios años cuando trabajaba como periodista en el diario Clarín, a propósito de un curioso libro en cuyo origen está el I Ching y las invenciones lingüisticas del artista plástico Xul Solar

Algo sobre los San Signos

Hace un tiempo, escribí para la revista Ñ una reseña de los San Signos (Ed. El Hilo de Ariadna y Fundación Pan Klub-Museo Xul Solar, con traducción al castellano de Daniel Nelson, 2012 ), unos cuadernos en los que Xul Solar interpretó el lenguaje de I Ching las distintas capas de lenguaje de I Chinga una lengua inventada, por él: el neocriollo. Como la lengua era totalmente arbitraria y no tenía gramática, sino que se parecía, por las formas, a las lenguas románicas e indígenas de América latina, esa aproximación, ese simulacro de lengua, le permitió a Xul una traducción muy particular de I Ching (literalmente, "El libro"), llamado asimismo "El libro de las mutaciones".

Y se eso se trataba el artículo, que relacionaba interpretación, imitación (mímesis), lenguas, sistemas de signos, imaginación, con la traducción. [Ahora recuerdo que lo poco que aprendí de francés en la escuela secundaria fue la imitación de sus sonidos.] Vestir la otra lengua con nuestra lengua: eso parece la traducción. ¿Qué ha de respetarse, entonces?: la estructura, el abismo de significados que se abre tras de cada palabra. Xul, para obtener el abismo de I Ching se puso a la mayor distancia: inventó una lengua que es pura imitación del sonido constante y entremezclado de distintas lenguas en América.

Reproduzco, porque creo se relacionan con la pregunta incontestable sobre la traducción, algunos párrafos de aquella nota en Ñ:

Xul escribió sus visiones de I Ching en su propio idioma años antes de que Erich Auerbach escribiera y publicara Mímesis (1942), un libro que influyó decisivamente en la formación cultural de Pier Paolo Pasolini, como bien recuerda Diego Bentivegna en el estudio preliminar a la reciente edición de La divina mímesis, de Pasolini, en El Cuenco de Plata. Traigo a colación este libro no sólo porque el destino puso a disposición del lector argentino los San Signos y La divina mímesis casi al mismo tiempo, sino porque la obra de Dante Alighieri, y sobre todo, su invención de una lengua, tiene considerable relación con uno y otro volumen.

Pasolini, que a mi juicio leía rápido pero muy agudamente, vio en el libro de Auerbach que el concepto de mímesis no era atribuible a la imitación de la realidad, sino a la imitación y apertura del lenguaje, como indica Bentivegna en su estudio sobre La divina mímesis. El concepto principal a mi juicio (y por cierto no sólo mío) del libro de Auerbach es que el cristianismo corrompió la poesía clásica al introducir el "estilo bajo" en convivencia con el "estilo elevado", consagrado a dioses y héroes. Esta labor comienza en rigor en la Biblia misma. Sin embargo, tuvo amplia difusión en la Edad Media y Dante llevó a cabo la empresa con absoluta conciencia de sus fines, cuando decidió utilizar la "vulgar elocuencia" en su obra, inventando, por lo demás, lo que aquella no había aún inventado.

Como Dante la Comedia, Auerbach escribió Mímesis en el exilio, en una tierra extraña, Estambul, a la que lo llevó la persecución nazi. Consciente fue Auerbach del sistema de representación de Alighieri y le dedicó un libro entero, su siempre releído Dante, poeta del mundo terrenal, una obra temprana en su bibliografía, que es clásico de los estudios de la literatura y el mundo medievales en Europa.

Xul no habrá leído a Auerbach y sin duda nada supo de Pasolini que hizo su propia mímesis de los Cantos dantescos, obra incompleta que los críticos prefieren llamar "abierta" o in progress. Es probable que tampoco pudiera compartir el pensamiento pasoliniano, pero lo seguro es que su gesto de escribir los San Signos en neocriollo es de cuño dantesco, como el de La divina mímesis.

El libro de Xul en neocriollo es mimético en cuanto a lenguaje, no ya porque una en él lo alto y lo bajo, sino porque lo hace en una lengua que hay que suponer post contemporánea. Se trata de la vulgar elocuencia de un futuro que presentía cercano, o que estaba implícito. El neocriollo tiene mucho de neo y mucho de lengua premoderna, y en verdad es una cruza de las lenguas romances usadas en América, como si aspirara a crear un nuevo toscano a su manera, un idioma único de la tierra americana, destinado a la convivencia lingüística y a la expresión de la nueva idiosincrasia de América latina. Si se adoptara como idioma común en una hipotética cultura futura, si traspasara las fronteras de la mímesis (la literatura) el neocriollo, ay, correría la suerte del toscano dantesco: lengua oficial, lengua cerrada (por esto, dicho sea de paso, es bueno volver al texto de Dante, que aún palpita, abierto).

¿Pero qué cabría esperar de los San Signos habida cuenta del lenguaje original en el que fueron escritos? Sin duda, mímesis, en el sentido de nueva presentación de signos antiguos. Y la hay, pero es una mímesis inesperada.

I Ching es un libro formado por capas geológicas de libros. El sinólogo alemán Richard Wilhelm lo tradujo a su idioma en 1923. El libro fue prologado por Car Jung en sucesivas ediciones y traducido al castellano por D.J. Vogelmann recién en 1960. Wilhelm intercaló las tres “capas” principales de las que se constituye el libro: los antiguos ocho signos básicos, que datan de unos 3000 años antes de Cristo, cuya recopilación es atribuida al legendario Fu Hi; los dictámenes del rey Wan y de su hijo Chou para el 1100 a.C., y, finalmente, los comentarios de Confucio y sus discípulos. 

La filosofía del libro es perfectamente deducible del conjunto de estos textos que hoy forman el libro como lo presenta Wilhelm. Se trata de un mundo de signos que representa el modo en que el mundo se escribe a sí mismo. Como señaló Jung: “La representación china del momento lo abarca todo, hasta el más minúsculo y absurdo detalle, porque todos los ingredientes componen el momento observado”. A esto, Jung lo llama “sincronicidad”, con la característica esencial de que “todo lo que ocurre en ese momento posee inevitablemente la calidad peculiar de ese momento”.

El encuentro de Xul Solar con cada signo de I Ching posee la virtud de un comentario sincrónico. Sólo que no son reflexiones sino visiones las que constituyen el libro de los San Signos. Esto es lo más notable de la experiencia de Xul: sus visiones sincrónicas no tratan de entender los signos de I Ching a la manera china o que se supone china; casi se diría que no tratan de entenderlos, sino que simplemente los presentan (pues así se han producido) de modo paralelo, lateral, tal vez sincrónico: traducidos.

La primera visión de Xul –que no es la primera en orden cronológico y en rigor de verdad no sabemos ni podremos ya saber por qué la colocó en primer lugar, aunque sí especular brevemente sobre esta circunstancia- está bajo el signo Wu Wang, XXV de I Ching, que Wilhelm traduce como “La inocencia”. Wilhelm lo entiende como “lo no intencionado”, lo “genuino”. En Wu Wang, el Cielo baja mediante el Trueno; en su visión, en cambio, Xul asciende desde una tierra de “restos humanos revueltos”. Restos (“momias también”) “aún no completamente muertos” pero susceptibles de “ser resucitados otra vez por la magia y por muchas memorias”.

Mímesis y sincronicidad. Debemos creer que en un mediodía, el 5 o el 6 de febrero de 1926 (así está datada esta visión, y todas las otras están datadas), tres años después de la traducción del I Ching al alemán por parte de Wilhelm, es decir, en un mediodía porteño de verano, probablemente hinchado y húmedo, Xul soñó el mismo viaje de Alighieri, a través de la Inocencia, del puro proceder a instancias del Cielo; de una genuina búsqueda. Y con todo, Xul ha querido conformar la Estructura: por una razón que ahora no nos resulta difícil adivinar, puso esta visión como pórtico de las otras, que repiten una y otra vez extraños caminos entre hecatombes, rocas, restos, desiertos, raras construcciones y raros animales, ángeles, demonios, altares, “multitudes bermejas”, el hexagrama (el signo mismo) que “se mueve, vibra, tiembla”, un ave que lo porta como Gerión a Dante y Virgilio. No estamos entonces ante un desciframiento, ante una interpretación, una lectura, de los signos, sino ante los signos mismos, materiales, contantes y sonantes. Una traducción perfecta, solo que a un idioma inventado, que a su vez ahora nos traduce Nelson.

Estamos ante una materia que es lingüística y es materia. Deberíamos interpretarla, pero, ¿por qué?

Dice Xul en su visión de una masa viviente como “lava cristalina”, colocada bajo el signo XXXIII de I Ching (Tun, que Wilhelm traduce como “La retirada”): “son viejas memorias y experiencias condensadas, que en el mundo corresponden a una biblioteca de muchos libros que son como léxicos en una lengua extranjera que no sé y dejo para otro momento”.

De estos viajes, Xul ha de volver con frecuencia a la tierra (debe entenderse, a sus mediodías, tardes y anocheceres porteños) como si nunca se hubiese ido, igual que Dante. Pero en su caso, volverá de repente, con una simple onomatopeya: ¡zas!

 


viernes, 29 de marzo de 2024

"Se escribe sin pensar en el lenguaje"

Jorge Aulicino
es un excelente poeta y traductor, pero además, por más de cuarenta años, fue un gran periodista, que transitó diversas redacciones y que, así, conoció el rigor con el que se trabajaba en otras épocas. De ahí las siguientes reflexiones, tomadas de su Facebook.

"No invertir un peso en calidad"

Si uno no es capaz de conjugar los verbos en el mismo tiempo y modo, algo falla severamente en su cabeza -es una falla imperceptible pero que hará época: se escribe sin pensar en el lenguaje. Y lenguaje que no se piensa, se pudre. Mejor dicho: se convierte en índice de la decadencia del pensamiento y las ideas. No conjugan hoy subjuntivo e indicativo igualmente desde Durán Barba hasta el último cronista de Clarín: "le pidió que explique", "le ordenó que deje", "sugirió que se baje": en lugar de "explicara" (o explicase), "dejara" (o dejase) "se bajara" (o bajase)... (Ejemplos tomados de las ediciones digitales de reputados periódicos en la fecha). [Se refiere al 22 de marzo de 2024]

Todo tiende al presente, porque es mejor vivir en él que en el futuro o el pasado. "Es lo que hay" o "Hay lo que es". Formas prácticas de ver el mundo siempre en carpe diem, de otro modo aterra tanto que no se puede vivir. No es el subjuntivo el que eliminan, sino el subjuntivo en pasado: lo que podría haber sido.Pero no creo que el deterioro de la educación media, primaria y preescolar se deba al plan del imperialismo, se debe más bien a un progresismo mal entendido. Como escribí una vez, las autoridades escolares se pliegan a un juvenilismo estúpido, no es la Fundación Rockefeller la que los instruye en esto, sino su falsa conciencia. El ultracapitalismo necesita administrar sus empresas globales y para eso necesita gente medianamente culta, al menos inteligente. No crean el cuento del robot. El ultracapitalismo se sustenta con miles de "cuadros medios", bien formados, es una maquinaria compleja. He visto cómo se deterioró la calidad del periodismo en la Argentina. Eso sí fue mezquindad y voracidad a cualquier precio. Las empresas se deshicieron de cientos de periodistas experimentados para reemplazarlos por chicos mediocremente formados en la Universidad pública -a su vez, deteriorada por prácticas docentes "progres"-, chicos que no tienen más remedio que aceptar sueldos más bajos, y cumplir más funciones: escribir para el periódico de papel y el digital, crónica o comentario, autocorrección e incluso autoedición. Aquí el progresismo le hizo un gran favor a un capitalismo primitivo, bestial, cuyos "cuadros medios" en el sector administrativo tuve oportunidad de conocer de cerca. Como me dijo alguna vez un subgerente, nuestra única política es "sentarnos" en la caja. No invertir un peso en calidad, que luego fuera a traducirse en cantidad -mejores ventas- Entre otras cosas porque el desprecio de esta gente por el público es tal que no cree que se dé cuenta de si el periodismo es más o menos bueno, si está mejor o peor escrito, mejor o peor informado. Pero ese es "nuestro" capitalismo, el de entrecasa, el que proviene del amarrocamiento puro y duro, y desde luego menosprecia la inteligencia.

viernes, 16 de febrero de 2024

Jorge Aulicino, traductor de Cervantes.

Fotogramas de Misión imposible,
doblada en España
El pasado 1 de febrero, este blog inició sus actividades del año con una columna del Administrador, donde se reflexionaba sobre el funcionamiento de la cabeza del traductor más allá de las teorías sobre la traducción; vale decir, los procedimientos pragmáticos de la  traducción y las perspectivas ideológicas que animaron los diferentes momentos de la historia de la traducción. Atento a esas reflexiones, hoy es el turno de abundar en la cuestión de Jorge Aulicino. 

La cabeza del traductor (2)

Luego de leer la columna del Administrador de este blog, Jorge Fondebrider, incluida el 1 del mes andante, pensé mucho qué tengo en la cabeza como traductor. Cierto es que Fondebrider sugiere que en gran parte la traducción está regida por modas. Por ejemplo, dice, estuvo de moda enmendarle la plana al autor traducido, caso Edgar Poe, cuya prosa se supone fue mejorada por Charles Baudelaire en francés y Julio Cortázar en castellano (me pregunto de pasada qué sentido puede tener "mejorar"; cuando la plana es enmendada en otro idioma: ni Baudelaire ni Cortázar reescribieron a Poe en inglés). Luego Fondebrider menciona a quienes usan el original como trampolín para sus propios fines poéticos, esto es, los que reescriben y conducen el texto por rumbos distintos a los que parece haber tomado el autor, y en esa tesitura pone a Borges y León Felipe, traductores de Walt Whitman. Continúa la enumeración, con ejemplos de otros criterios y otros traductores. Pero la conclusión es que la época dicta en gran parte el criterio de traducción. En ese sentido, hemos ido de la libre expresión del traductor -aunque estuviera enmascarado en letra pequeña en la página de los créditos y a veces ni siquiera fuese mencionado en la edición de sus traducciones- hacia la traducción que aspira a la mayor literalidad posible (digo esto yo, no Fondebrider, quede claro). Lo cual podría significar: de lo personal a la impersonalidad. Tarea, ya lo sé, imposible. Sin embargo, Píndaro, diría “Oh, alma mía, no aspires a la vida inmortal, pero agota el campo de lo posible”,donde "alma"; podría ser reemplazada por traducción en este caso.

Ahora bien: un nuevo dictado de época se me impone cuando leo los subtítulos de series y películas escritos en España. Si leo que un agente del FBI dice "aquí pone", en lugar de aquí dice; o "leches", o "capullo", o "me mola", o, incluso, "a tomar por culo", sin contar "follón", "flipar"; "cutre","liarse", "me la suda"... pienso que el agente del FBI súbitamente se ha convertido en uno de la Guardia Civil caminera. ¿A qué estímulo de la época corresponde que el traductor no distinga niveles de lenguaje -a veces, hablan así incluso los aristocráticos agentes del M16-? ¿O que no se repare en que un castellano tan marcadamente local quita verosimilitud a los personajes de series habladas en inglés, ruso, chino, coreano, etc.? ¿O que nadie piense que los espectadores de otras regiones del castellano no hablan ni entienden este lenguaje? Arriesgo un motivo: es política cultural de Estado, asimilada por los subtitulantes casi sin saberlo. El español que todos debemos entender no solo es el oficial de España, sino el más popular y corriente de esa parte del mundo... ¿Una forma torpe de colonización, según la cual los agentes del FBI, el señor y la señora Smith, y hasta Ethan Hunt, interpretado por Tom Cruise en la inmortal serie de películas Misión Imposible, son asimilados a las calles y discotecas de Madrid?

Joder.

jueves, 16 de noviembre de 2023

Cuando la limosna es grande...


A principios de mayo de este año, una noticia sobrevoló los titulares de las páginas de cultura de varios diarios argentinos. El empresario farmacéutico Alejandro Roemmers, que también funge de escritor, había recibido un premio de parte de la orden de los Hermanos Franciscanos. En la bajada de la noticia, rescatada del diario Perfil se lee: "El escritor y filántropo argentino fue reconocido por una iniciativa de abrazos universales por la fraternidad para fomentar la paz y el amor global". Aunque resulta difícil imaginar a alguien más alejado de los valores prohijados por la orden en cuestión, la noticia no es chiste.

Más adelante, ya en la nota, se lee: "Alejandro Roemmers, escritor, productor musical, teatral, audiovisual y filántropo argentino ha sido reconocido con el Premio San Francesco por la Pontificia Universidad Antonianum. El premio se entregó en el aula Magna de la sede de Roma, el 28 de abril. Fue premiado por su labor que reconoce y promueve los valores humanos de compasión y solidaridad". Y volviendo al motivo del premio, se repite: "Alejandro Roemmers está promoviendo una iniciativa de abrazos universales por la fraternidad. El primer evento tuvo lugar el 30 de abril de 2023 en la Porciúncula del Santuario de Santa María de los Ángeles en Asís, Perugia. La idea es generar abrazos en diferentes ciudades del mundo, con la participación de jóvenes de todas las etnias, para fomentar la paz y el amor entre los habitantes del planeta". Y repito, no es chiste.

Todo ello motivó un comentario del padre G. R. Aulicino en la página de su Facebook, que, con su debida autorización, se reproduce a continuación.

El dinero y la magia simpática

La magia simpática consiste, según el clásico libro del sir James George Frazer, en influir en una cosa mediante ciertos ritos o procedimientos considerados mágicos. Esto es, sin que haya una relación física, directa o indirecta, entre un hecho y otro, entre causa y efecto. Por ejemplo, usted recita una fórmula mágica y las cosas se mueven a su antojo. Usted pincha un muñeco de trapo y una persona siente el pinchazo en su cuerpo. Quema usted por completo un tronco y muere alguien a quien el tronco representa. Etc. Podemos rechazar todas estas propuestas en nombre de la racionalidad, a pesar de que estamos acostumbrados a ver imágenes de sucesos que se producen a miles de kilómetros de distancia (por ejemplo, un partido de fútbol en Manchester). Hay formas más sutiles de magia simpática, no hay forma sin embargo de que creamos en ellas. Lo de la televisión se explica por el electromagnetismo, nos dicen, y nos vamos a dormir tranquilos, acunados por la tevé.

En mi vida de periodista me tocó presenciar la entrega de un premio literario en el pueblo natal de Miguel Hernández, Orihuela. El premio lo otorgó la fundación que lleva por nombre precisamente el del poeta muerto en la cárcel durante la dictadura de Francisco Franco. Lo obtuvo un autor argentino por un libro titulado El regreso del Joven Príncipe. Lo veía y no podía creerlo.

Luego me enteré de que el autor alquiló el predio de la Sociedad Rural para presentar aquel libro, y lo hizo con globos, cotillón y farándula (una veteranísima animadora de televisión participó del evento, con otras figuras del show business). También hubo escritores e intelectuales. No lo podía creer.

Supe más tarde que el autor festejó su cumpleaños con una fiesta estilo "Mil y una noches" en Marruecos, con 300 o 400 invitados a los que pagó el pasaje y alojamiento. Esto lo creí un poco más.

Ahora me entero de que el autor galardonado en Orihuela hace unos 15 o 16 años presentó un libro mediante un acto en el que un gran escritor [Vargas LLosa], de derechas pero grande, ofició de periodista entrevistador ante la mirada de otros tres escritores, dos argentinos y uno español. Ahora lo que empiezo a creer es que el dinero tiene efectos mágicos sobre las personas. Porque este autor --me consta que menos que mediocre-- tiene muchísimo dinero. Es multimillonario. Heredó una empresa medicinal que factura millones (hablando en dólares, como es de rigor en este país).

Vuelvo a Frazer. "Puede ser, eh", me digo. Y no solo eso: I believe, querido sir James George.

miércoles, 25 de octubre de 2023

Entrega de los premios "M'Illumino d'Immenso"

Fabio Morabito en la premiación

El pasado viernes 20 de octubre, a las 19.00 horas, en el Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México, en el marco de la XXIII Semana de la Lengua Italiana en el Mundo, se celebró la ceremonia de premiación de "M’illumino d’immenso", Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español y viceversa.

También este año “M’illumino d’immenso” atrajo la atención de traductores de muchos países diferentes: En esta sexta edición participaron 159 concursantes, de edades comprendidas entre los 13 y los 83 años, procedentes de 26 países diferentes (Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Camerún, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Italia, México, Montenegro, Países Bajos, Perú, Portugal, Reino Unido, República Dominicana, Uruguay y Venezuela).

En la primera edición de «M’illumino d’immenso», Premio Internacional de Traducción de Poesía del español al italiano, participaron 223 concursantes, de edades comprendidas entre los 16 y los 85 años, procedentes de 20 países diferentes (Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Bulgaria, Chile, Colombia, España, Francia, Guatemala, Italia, México, Montenegro, Países Bajos, Perú, Portugal, Reino Unido, Suiza, Uruguay y Venezuela).

En total, 382 traductores de 28 países distinto tradujeron los poemas propuestos por los organizadores: «’82. Scirea» del poeta italiano Roberto Mussapi y «È un turbine che stritola» de la poeta suiza de lengua italiana Prisca Agustoni, y para la VI edición del premio hacia el español; «Canción del burócrata» de Eduardo Lizalde (México) e «Ypacaraí» de Daniel Samoilovich (Argentina), para la I edición del premio hacia el italiano.

Este premio ítalo-suizo, que lleva por nombre el texto de "Mattina", el célebre poema de Giuseppe Ungaretti (1888-1970), tiene como objetivo poner en valor la traducción poética y promover la traducción de la poesía italiana y suiza en lengua italiana en los países hispanohablantes y de la poesía en lengua española en Italia y Suiza. Está organizado por los poetas Vanni Bianconi (Suiza) y Fabio Morábito (México), y por la traductora Barbara Bertoni (Italia), con el apoyo del Instituto Italiano de la Ciudad de México y de la Embajada de Suiza en México, y con el patrocinio de diversas instituciones (Ametli, Embajada de México en Italia, Biblioteche di Roma, Fondo de Cultura Económica, IILA, ​​Dipartimento de Italianística de la Universidad de Basilea) y diversas revistas: Biblit. Idee Risorse per Traduttori (Italia), La otra (México), Luvina (Universidad de Guadalajara, México), Periódico de Poesía (UNAM, México), Specimen. The Babel Review of Translations (Suiza) y Vasos Comunicantes (España).

El Premio Internacional de Traducción de Poesía “M’illumino d’immenso”, que nació en México en 2018, al principio preveía sólo la traducción del italiano al español. Se han creado ediciones para otros idiomas de llegada (árabe, checo, alemán). Por primera vez este año se ha organizado también una edición del Premio viceversa, que prevé la traducción del español al italiano.

A diferencia de otros premios de traducción, este concurso no premia obras ya traducidas y publicadas, sino que anima a los participantes a intentar traducir textos poéticos en lengua española que nunca han sido traducidos al italiano y textos epoéticos en italiano que nunca han sido traducidos al español.

El jurado es internacional y está compuesto por poetas y traductores: Jorge Aulicino (Argentina), Barbara Bertoni (Italia), Vanni Bianconi (Suiza), Valerio Magrelli (Italia) y Fabio Morábito (México).

El ganador de "M'illumino d'immenso" del español al italiano es Gabriele Mancini (Pomezia, Italia). Mención de honor a Michele Morella (Zurich, Suiza).

El ganador de "M'illumino d'immenso" del italiano al español es Jorge Yglesias (Cuba).
Mención honorífica a Carlos Mayor (España) y Marco Perilli (México).

Los ganadores se hacen acreedores 1000 euros y la publicación de sus traducciones.

Las Actas del fallo del jurado se pueden consultar en:
https://iicmessico.esteri.it/es/lingua-e-cultura/premi-alla-traduzione/millumino-dimmenso/

https://www.facebook.com/laboratoriotraduxit

La ceremonia de entrega de los premios tuvo lugarviernes 20 de octubre de 2023 a las 19:00 horas en el Instituto Italiano de Cultura de Ciudad de México, en el marco de la XXIII Semana de la Lengua Italiana en el Mundo, irá precedida de un diálogo sobre traducción y poesía entre Fabio Morábito, María del Mar Gámiz y Shadi Rohana.