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miércoles, 5 de marzo de 2014

¡Sonamos: encontraron una traducción de Hamlet de León Felipe y no sabemos cuántos refranes ibéricos va a propinarnos!

El 18 de febrero pasado, en Noticias de Castilla-León.com, sin firma, se publicó la noticia del hallazgo, en un archivo histórico provincial de Zamora, de un manuscrito de León Felipe, con su adaptación de Hamlet, de William Shakespeare. Considerando que a Noche de Reyes la rebautizó No es cordero... que es cordera, es posible que el personaje de Hamlet ya no sea un príncipe de Dinamarca sino, posiblemente, un baturro de Pontevedra, con o sin burro. Qué majo, ¿no?

Hallado manuscrito de traducción inédita de Hamlet 
realizada por el poeta León Felipe

«Ser o... no ser... Este es el gran problema...». Así comienza el célebre monólogo de Hamlet en versión de León Felipe (Tábara, 1884 – Ciudad de México, 1968), gran poeta español que compuso en el exilio aclamadas adaptaciones de la obra de Shakespeare. Su Noche de Reyes, titulada No es cordero... que es cordera, es con toda probabilidad la versión de la comedia shakespeariana que más se ha llevado a la escena en el mundo hispano: al ovacionado primer montaje de Charles Rooner en México, siguieron producciones en Chile, Argentina, España, Costa Rica, Venezuela... Y su Macbeth o el asesino del sueño despertó tal entusiasmo en Paco Rabal que el actor puso gran empeño en representarla en España junto con Núria Espert bajo la dirección de Luis Buñuel, proyecto que quedó truncado debido a que su anuncio enojó a Buñuel, según relató el propio Rabal.

La adaptación de Hamlet que ha salido a la luz se tenía por perdida a raíz de los momentos de angustia vividos por León Felipe tras el fallecimiento de Berta Gamboa, su esposa: destruyó «todo lo que de su obra encontró a mano», contaba en los años 90 su amigo Alejandro Finisterre (1919-2007). Éste precisaba que solo la adaptación Otelo o el pañuelo encantado había sido indultada por el poeta, y ello gracias a que le pareció inútil destruirla porque tenían copias Max Aub y el director japonés Seki Sano.

Fue Finisterre, a través de uno de sus artículos de prensa, quien puso a la profesora de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla Inmaculada Serón Ordóñez en la pista de Hamlet. En dicho artículo, hacía una breve mención a que en los 80 se había encontrado en Argentina con «la paráfrasis que de [la tragedia de Shakespeare] hizo León Felipe». Una búsqueda inicial por parte de Serón Ordóñez en catálogos bibliográficos latinoamericanos resultó infructuosa. La traducción ha aparecido finalmente en forma de manuscrito autógrafo entre los miles de documentos que, junto con objetos personales del escritor, conforman los fondos de León Felipe del Archivo Histórico Provincial de Zamora, adquiridos por el Ayuntamiento de Zamora a Finisterre, albacea del poeta, en 2002.

El manuscrito se encuentra en perfecto estado de conservación, aunque no resulta fácilmente legible, debido a la escritura y las correcciones de León Felipe. La investigadora está analizándolo, junto con otros documentos hallados en el Archivo, y publicará una edición completa a principios del próximo año. Según ha explicado, León Felipe realizó esta traducción en la primera mitad de los años 50, es decir, en el mismo periodo en el que estrenó y publicó No es cordero... que es cordera y Macbeth o el asesino del sueño. El renombrado director del exilio Álvaro Custodio quiso llevarla a la escena, a tenor de una carta inédita hallada en el Archivo en la que expresaba al dramaturgo: «Conservo como oro en paño tu manuscrito del Otelo, que montaré casi seguro en 1956. Me gustaría que me enviases y me obsequiases también el de “Hamlet”, ya que, puede decirse, lo escribiste especialmente para ser presentado por mí. [...] Espero con impaciencia tu respuesta». Entre los documentos descubiertos por Serón Ordóñez se encuentra asimismo la carta mediante la cual Paco Rabal solicitó permiso a León Felipe para montar Macbeth o el asesino del sueño.

El Ayuntamiento de Zamora ha expresado su deseo de estrenar Hamlet en su Teatro Principal, que data de 1606. León Felipe vería así escenificada, en versión suya, la obra a través de la que, según su biógrafo Luis Rius, conoció a Shakespeare en la escena madrileña, y la que más le marcó del autor. En palabras de Rius: «Un domingo vio en los anuncios que ponían [...] Hamlet, príncipe de Dinamarca. [...] No recordaba haber oído el nombre de ese autor, Shakespeare. [...] Ya cuando [...] vio la escena primera, [...] le pareció que aquello era una cosa distinta. No estaba viendo un melodrama. La conmoción que le produjo aquella representación del Español fue definitiva. [...] A la mañana siguiente se fue a una librería a buscar Hamlet y las obras de Shakespeare que hubiera. [...] Leyó las otras tragedias de Shakespeare que pudo comprar, pero no le gustaron. Era Hamlet quien le había agarrado con absoluta posesión, obsesivamente, y durante años lo llevó siempre en el bolsillo en aquella edición popular».

Para el catedrático de Traducción de la Universidad de Málaga Juan Jesús Zaro, el hallazgo no sólo tiene interés para el mundo del teatro, al que León Felipe ofrecía en sus adaptaciones shakespearianas ingeniosos recursos dramáticos; lo tiene, además, para la literatura, dada la extraordinaria calidad literaria de las adaptaciones. A juicio de Zaro, esta calidad tal vez sea el mayor mérito de unos textos que, por otro lado, mantienen la esencia de Shakespeare.

El catedrático belga de Literatura y Traducción Lieven D’hulst, de la Universidad Católica de Lovaina, ha resaltado también la importancia del hallazgo, y su colega de la Universidad de Namur Dirk Delabastita, especialista en la traducción de Shakespeare, ha señalado que no es habitual que aparezcan traducciones antiguas sin publicar de la obra del Bardo, y menos aún realizadas por grandes dramaturgos como León Felipe; en su opinión, el manuscrito y los demás documentos hallados ofrecen por añadidura la oportunidad de investigar cómo trabajó el traductor, una oportunidad que rara vez se da y que sin duda facilitará el trabajo de edición.

Serón Ordóñez se doctoró en 2012 con la tesis “Las traducciones al español de Twelfth Night (1873-2005)”, que versa sobre las sucesivas traducciones de Noche de Reyes al español y recibió por unanimidad la máxima calificación, con mención «Doctorado Europeo». En el último trimestre ha trabajado como profesora invitada en el prestigioso Centre for Translation Studies (CETRA) de la Universidad Católica de Lovaina. Con su hallazgo, espera contribuir a que en España se le otorgue a León Felipe el debido reconocimiento.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Borges le vuelve a dar duro a León Felipe

El 30 de diciembre pasado, Marietta Gargatagli publicó en El Trujamán la siguiente columna sobre la crítica que Jorge Luis Borges le hace a León Felipe sobre su traducción del “Canto a mí mismo”. 

Borges escribe sobre Whitman

En 1942, Borges escribió una reseña sobre la traducción de León Felipe de Canto a mí mismo de Walt Whitman1 que incluía observaciones como las siguientes:

Cualquier momento de la historia del universo […] es el resultado fatal de todos los momentos anteriores, que son virtualmente infinitos. Lógicamente, podríamos inferir de esa complejidad que el mundo es variadísimo […] pero, de hecho, la vida es de una simplicidad casi brutal. Cada uno sabe que en su gremio abundan la superstición y las imposturas, pero cree ingenuamente en el universo; el escritor descree de Ricardo Rojas y del doctor Rodríguez Larreta, pero cree en los Rojas de la política y en el Rodríguez de la química orgánica… Otra vez enumeraré las supersticiones de la literatura; básteme, ahora, enunciar ésta: De todas las versiones de un libro la más reciente es la mejorPese a las injurias de Swinburne («emite en algo que puede parecerse al inglés versos no siempre flatulentos y cacofónicos») la importancia de Whitman es evidente; sería lastimoso que algún lector, encandilado por la cifra 1941, lo juzgara por la versión errónea y perifrástica de Felipe.

Los argumentos parecen malhumorados. Borges sitúa a León Felipe al lado de Ricardo Rojas y de Enrique Rodríguez Larreta. El primero es autor de la tan copiosa como discutida historia de la literatura argentina que, reducida a lo esencial, reúne todo lo que Borges detestaba: la invención del pasado colonial, la valoración de la gauchesca por lo telúrico y no por la voz de los poetas, el regodeo estéril en los temas argentinos, etcétera. Enrique Rodríguez Larreta, autor del popular libro La gloria de Don Ramiro, representa una enemistad paralela: el escritor seducido por una hispanidad imaginaria que se plantea como reto escribir mejor que los españoles. Se trata, por tanto, de dos individuos que sucumben ante formas literarias que sólo la sueñera mental o lo que Unamuno llamaba cultivadores del «estilo de hamaca» podía considerar prestigiosas.

Por tanto, Borges al criticar en qué convierte León Felipe a Whitman («en Núñez de Arce, en peroratas, onomatopeyas y engreídos grititos de cante jondo») cuestiona que la novedad estética de Whitman desaparezca detrás de la comodidad doméstica y de la simple repetición de lo conocido. Y cita lo siguiente:

Ejemplo: Whitman escribe (Song of myself, p. 40):

Todos los cuartos de la casa los pueblos con una fuerza armada: 
Mis amantes, burladores de tumbas.

Felipe, fiel a Núñez de Arce, prefiere (Canto a mí mismo, p. 142):

Toda esta habitación la lleno yo de una fuerza poderosa, 
de un ejército invencible,
de elementos que me aman.
de genios destructores de sepulcros
Whitman acaba así un poema (Song of myself, p. 34):

A las once de la mañana empezaron a quemar los cadáveres
Esta es la relación del asesinato de cuatrocientos doce muchachos.

Felipe corrige esa brevedad (Canto a mí mismo, p. 127):

A las once comenzaron a incinerar los cadáveres.
Y ésta es la historia del asesinato a sangre fría, de aquellos cuatrocientos 
doce soldados, gloria de los Guardias Montañeses, tal como la contaban en  
Texas cuando yo era muchacho.

Whitman acaba así otro poema (Song of myself, p. 12):

No se apresuran, cada hombre golpea en su lugar.

Felipe le regala onomatopeyas (Canto a mí mismo, p. 60):

Ninguno se precipita
y todos dan en su sitio
pin, pan, pin, pan, pin, pan…

Whitman escribe (Song of myself, p. 24):

Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo, 
Turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo, engendrando

Felipe «traduce» (Canto a mí mismo, p. 88):

Yo soy Walt Whitman…
Un cosmos ¡Miradme!
El hijo de Manhattan.
Turbulento y fuerte y sensual;
como, bebo y engendro…

Y termina Borges:

La transformación es notoria; de la larga voz sálmica hemos pasado a los engreídos grititos del cante jondo. Guillermo de Torre salva este libro con un epílogo excelente, que encierra alguna traducción fidedigna del poeta calumniado por León Felipe.
·                                  

(1) Buenos Aires, Sur, n.º 88, 1942, pp. 68-70. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Otra vez Whitman


En 1998, la escritora y doctora en literatura Ruth Levy, de la Universidad de Guadalajara, publicó en  Sincronía, revista de humanidades de esa casa de estudios, el siguiente trabajo, que se encadena a la entrada referida a León Felipe, Borges y Walt Whitman, del día de ayer.


 
De Jorge Luis Borges a Walt Whitman:
Por qué Borges sí escribe el implícito “yo”

Cuando leemos un prólogo escrito por el traductor del texto, en el caso de ser poesía, la mayoría de las veces encontramos una ‘justificación’ por el ‘atrevimiento’ ante el autor y para el lector. En el prólogo a Hojas de hierba de Walt Whitman (1819-1892), Jorge Luis Borges no se justifica, sólo destaca su traducción de otras: "Mientras tanto, no entreveo otra posibilidad que la de una versión como la mía, que oscila entre la interpretación personal y el rigor resignado" (Borges, 1991: p. 11).

Para fundamentar mi afirmación, en el título de este breve trabajo, me basaré en la primera estrofa de tres versos del texto original: "Song of myself" de Walt Whitman, incluido en el citado libro Hojas de hierba; (Whitman, 1991: p. 20) y en las traducciones de Armando Vasseur (Vassseur, 1997: p. 89), León Felipe (Felipe, 1997: p. 25), y Jorge Luis Borges (Borges, 1991: p. 21).

Desde la traducción del título "Song of myself" empezamos a notar las diferencias entre los tres porque el sustantivo Song no lleva el artículo y la preposición of significa ‘de’. Vasseur lo traduce como "Del canto de mí mismo"; si con arbitrio él selecciona estrofas, debería ser "De Canto a mí mismo"; pero él agrega el sustantivo contracto.

León Felipe sí respeta la omisión del artículo, mas otorga a la preposición of un sentido de dirección y no el de pertenencia: "Canto a mí mismo"; quizás porque of también significa ‘para’ si hablamos de la hora: twenty of five; y ‘para’ en español puede implicar pertenencia; pero, en otros contextos. Como él lo traduce parece que Whitman se canta a sí mismo; cuando lo que leemos, en realidad, es un canto que brota de él para los demás.

Borges sí prescinde del artículo y traduce la preposición en su sentido fiel: "Canto de mí mismo".

SONG OF MYSELF
I celebrate myself, and sing myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.


DEL CANTO DE MÍ MISMO
Me celebro y me canto,
Lo que me atribuyo también quiero que os lo atribuyáis,
Pues cada átomo mío también puede ser de vosotros, y lo
será.

(Traducción de Armando Vasseur)


CANTO A MÍ MISMO
Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

(Traducción de León Felipe)


CANTO DE MÍ MISMO
Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

(Traducción de Jorge Luis Borges)

Sabemos que en el idioma inglés no se debe omitir el pronombre personal en la conjugación de los verbos; también, que los poetas recurren a la omisión ya sea a causa de la métrica, o de su propio estilo, o de la estética. Asimismo sabemos que, en el idioma español, podemos prescindir de mencionar cualquier pronombre personal, en la conjugación de los verbos, sin incurrir en el error gramatical; los utilizamos para reforzar, personalizar, identificar la tercera persona, o diferenciar, en algunos tiempos, a personas que se puedan confundir por la conjugación idéntica.

En el primer verso de la primera estrofa Whitman debió escribir dos veces el pronombre I, no lo hace; y me aventuraré a tratar de mostrar que no fue por alguna de las causas que mencioné en el párrafo anterior; así como señalar por qué en el segundo verso sí escribe el pronombre; y cómo fue traducido.

El poema es un canto de su alma para su hermano/ser humano, desea homenajearlo, amonestarlo, que éste aprenda de él; para ello debe ejemplificar, transcribir vivencias, ser soberbiamente justo consigo, ¡hablar tanto de sí mismo! Escribirá el pronombre de la primera persona cientos de veces; entonces, por modestia, no lo menciona en la primera palabra, en el primer verso de su obra con los verbos: ‘celebrar y cantar’; palabras festivas en su forma activa, ya convertidas en tan intimistas en su forma reflexiva por el pronombre myself.

En el tercer verbo: to assume, cuando Whitman podría haberse tomado la licencia de excluir el pronombre, sí lo escribe porque conoce, sabe lo que lleva en sí como "poeta de la democracia", porque asume su ofrecimiento al lector y la obligación de éste de asumir, en el futuro, cada una de las experiencias transcritas.

En el primer verso, Vasseur y León Felipe acatan la omisión de Whitman en cuanto al pronombre; hacen reflexivo los verbos ‘celebrar y cantar’ con base en la función del pronombre myself, puesto que el ‘me’ en español implica ya ‘mí mismo’; la diferencia con León Felipe es que redunda el pronombre reflexivo.

Con el tercer verbo, Vasseur se vale de la licencia de no mencionar el pronombre en español; León Felipe sí lo señala. En cuanto a cómo traducen el verbo to assume, el auxiliar shall, y el tercer verso, ya sería un análisis aparte.
En el primer verso, Borges no acepta la supresión; también hace reflexivos los verbos y, aunque ya podría ser redundante ‘yo me’, él sí incorpora el pronombre en ambos verbos. En el tercer verbo evade la utilización del pronombre al usar el verbo ‘ser’ con el sentido de posesión, y en tercera persona.

Borges nos previno en el prólogo en cuanto a que su traducción oscilaría entre la interpretación personal y el rigor resignado. Desde su grande altura como poeta, con el conocimiento que tenía de Whitman y de su obra, reconoció la modestia de ‘su maestro’ en la omisión del ‘yo’ en la primera palabra de su canto; Borges no quiso omitir el implícito ‘yo’.

Si Whitman lo utilizaría ya cientos de veces en el poema, igual Borges podía prescindir de escribirlos por la conjugación explícita del español. En el idioma inglés ‘yo’ siempre se escribe con mayúscula; en español, solamente cuando es inicio de oración; entonces así lo elogia, así validó Borges, también gramaticalmente, la ‘traición’ a la mención de una palabra que Whitman no había escrito. Borges se otorgó el derecho de empezar su traducción con un justo, merecido ‘yo’.


martes, 18 de septiembre de 2012

Whitman por León Felipe y éste en las garras de Borges

Borges verbal es un libro de frases borgeanas compilado por Mario Paoletti y Pilar Bravo, que fue publicado por Emecé en 1999. El volumen, ni muy bueno ni muy mano, vino así a sumarse a El diccionario de Borges, complación de Carlos R. Stortini, publicado por Editorial Miscelánea S.A., exactamente una década antes. Es probable que haya más de estos libros y que el Administrador de este blog no los conozca. Y también es probable que, con el tiempo, vayan sumándose otros tantos. Lo cierto es que, incluso cuando la compilación no esté muy bien hecha, siempre hay algo que ya sea por su valor, por las posibilidades que ofrece al pensamiento o por su decidida mala fe vale la pena recordar. Aquí va entonces una andanada contra León Felipe traductor, especialmente interesante dado que Borges también tradujo a Walt Whitman. La cita corresponde a Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, de Fernando Sorrentino.

Malas coplas españolas

Creo que la traducción (de Walt Whitman) por León Felipe adolece de un error esencial. Uno de los rasgos más evidentes de Whitman son esos largos versos a la manera de los salmos. Y León Felipe ha cortado todo eso; y él, como explicación, dijo que el verso corto era típico de las coplas españolas. Claro que había que demostrar que existe alguna relación entre la poesía de Whitman y las coplas españolas, cosa que nadie ha imaginado nunca. Además, que los versos de León Felipe tampoco son buenas coplas españolas.