jueves, 16 de julio de 2026
"El desafío consiste en mantener la esencia del texto original y, al mismo tiempo, lograr que la lectura se sienta natural"
viernes, 1 de mayo de 2026
El escocés W. N. Herbert y el mexicano Pedro Serrano hablan de traducción de poesía en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires
Quienes estén interesados en ver el video puede hacerlo recurriendo a este link:
https://www.youtube.com/watch?v=k7ZNN5iFKaI
lunes, 27 de abril de 2026
miércoles, 25 de marzo de 2026
Una reflexión brillante de un traductor mexicano
En su edición del 1 de marzo pasado, la revista mexicana Letras Libres publicó el siguiente artículo del escritor y traductor Roberto Rueda Monreal. En la bajada se lee: "No es raro que las traducciones sean juzgadas con rapidez, desde un punto ciego donde confluyen industria editorial, prejuicio lector y creación".
La traducción literaria, entre la magia y la crítica
De errores, vicios y prejuicios
En plena pandemia, por parte de las autoridades culturales, surgió la Estrategia Nacional de Lectura, a la que fuimos convocados diversos sectores y gremios de la cadena del libro. En la mesa sobre traducción de literatura, la moderadora afirmó –palabras más, palabras menos– que era muy triste leer ciertas traducciones deficientes, por lo que le encantaría leer directamente en italiano para no tener que aproximarse –supuse– al adefesio traducido al español.
Este tipo de queja es muy común. La mayoría de las traducciones literarias son calificadas como “malas”. A saber, el lector identifica cosas “intraducibles”, descubre “errores básicos” o, si habla alguna lengua extranjera, prefiere acudir al original. Pareciera que, para convertirnos en un “lector crítico”, fuese imperativo señalar la deficiencia de las traducciones que leemos. Lo curioso de este fenómeno es que alumbra lo tajantemente injusta que resulta la cultura lectora no solo en México, sino en el mundo. Si la traducción simplemente se califica como buena, la figura del traductor desaparece por completo. Sin embargo, si se califica como mala, horrenda o desastrosa, los mismos adjetivos se trasladan de forma instantánea a la figura del traductor.
En aquella ocasión, para suavizar un poco la radicalidad de la moderadora, mencioné que muchas de las traducciones “malas”, que lastimosamente tuvo que leer, con certeza pertenecían al esquema más común del mundo editorial: ese en donde el traductor es un mero prestador de servicios y, por ende, la traducción literaria no es la estrella del proceso. Aunque el escrutinio de ojo acusador recae siempre en el traductor y en sus “catastróficas” formas de traducir, lo cierto es que hay otros actores que escapan de él. ¡Cuántas veces no hemos pasado los traductores literarios por esos tragos amargos al descubrir que complejas frases, figuras retóricas, anomalías pertinentes, páginas enteras, minucias clave, fragmentos de juegos de palabras, rarísimas composiciones de oraciones y otras apuestas estilísticas, de pronto, sin más, aparecen borradas de un plumazo una vez publicado el libro!
La traducción, en ese sentido, pareciera ser una cuestión de prestigio y no de especialización. Esta realidad resulta bastante evidente cuando se le permite a la gran escritora, al famoso escritor, traducir como se le dé la gana solo por ser quien es y porque asegura saber hacerlo.Dos titanes en un mismo ejemplar. Al parecer, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, será por toda la eternidad la traducción exquisita y canónica de Julio Cortázar, lo cual refuerza aquel cuento lapidario de que solo un gigante puede traducir a otro gigante.
viernes, 6 de febrero de 2026
Nueva traducción mexicana de Shelley
El pasado 3 de enero, en una nota sin firma, el diario El Universal, de México, dio cuenta de la nueva traducción de un famoso poemas del poeta romántico inglés Percy Bysshe Shelley, a cargo del poeta y traductor mexicano Victor Manuel Mendiola.
jueves, 18 de diciembre de 2025
"La experiencia cotidiana de una lengua desplazada"
Daniel López Aguilar, en la edición del diario La Jornada, de México, correspondiente al pasado 15 de diciembre, publicó la siguiente nota a propósito de lo que el lingüista Gonzalo Isidro Bruno denominó "genocidio lingüístico".
Urge detener el genocidio lingüístico contra comunidades indígenas
“Algunos genocidios no terminan: se perpetúan”, señaló Isidro Bruno (Ciudad de México, 1966) en entrevista con La Jornada. Con esta afirmación, hace referencia al concepto de genocidio perpetuo, desarrollado por el politólogo Gerald Roche, quien explica cómo ciertas formas de violencia histórica continúan afectando a las comunidades indígenas.
“Esta idea permite comprender la situación actual de las lenguas indígenas, no sólo en México, sino también en otros territorios marcados por procesos coloniales, como Hawai, donde viví durante 12 años y completé parte de mi formación académica”, añadió.
Congreso de tu’un savi y foro en la Mixteca poblana
Del 18 al 21 de diciembre, el también escritor participará en el Congreso del Tu’un Savi, en el auditorio municipal de Santa María Chigmecatitlán, Puebla, y el viernes 19 formará parte del primer Foro Lingüístico de la Mixteca Poblana, en San Jerónimo Xayacatlán.
En ambos encuentros colaborará en mesas de trabajo orientadas a la normalización de la escritura, la educación en lengua materna y el fortalecimiento comunitario. El activista educativo se identifica como un hombre ñuu savi, del pueblo tu’un Savi (mixteco), con raíces familiares en la región.
Estudió la licenciatura en didáctica de letras inglesas en la Universidad Nacional Autónoma de México y, motivado por su interés en los idiomas y la experiencia migrante de su comunidad, se trasladó a Estados Unidos en 1992.
Allí trabajó de docente de inglés y español, cursó una maestría y obtuvo el doctorado en la Universidad de Indiana. Más tarde se desempeñó como director académico y profesor en instituciones educativas internacionales.
Su experiencia en Hawai marcó un hito. “Ahí viví la experiencia cotidiana de una lengua desplazada y estudié uno de los procesos de revitalización lingüística más sólidos del mundo”, explicó.
“Desde los llamados ‘nidos lingüísticos’, impulsados por familias y comunidades, hasta la creación de escuelas y programas universitarios en lengua hawaiana, he visto que la recuperación lingüística es posible cuando existe voluntad política y control comunitario.”
Esta experiencia dialoga directamente con su crítica a las políticas lingüísticas en México. Para Gonzalo Isidro Bruno, la educación bilingüe intercultural ha funcionado, en muchos casos, como un mecanismo de castellanización.
“Se justifica la exclusión de las lenguas maternas en nombre del futuro o del empleo, cuando estudios muestran que una alfabetización sólida en la lengua originaria fortalece el aprendizaje de segundas y terceras lenguas.”
Además de la experiencia académica, subrayó la importancia de acciones legales y comunitarias. Puntualizó que la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos y la legislación mexicana reconocen el derecho a recibir educación en lengua materna, pero su cumplimiento es limitado.
“Exigir su aplicación, incluso por la vía legal, es un desafío colectivo que debe empezar desde las comunidades”, enfatizó.
“Tras más de 30 años en el extranjero estoy retomando mi trabajo con comunidades indígenas. Quiero fortalecer el plurilingüismo desde la educación, las políticas y la participación de los pueblos. En California, por ejemplo, asesoro a comunidades mixtecas migrantes para que sus hijos puedan aprender en su lengua materna y en inglés sin perder su identidad cultural”, concluyó.
martes, 2 de diciembre de 2025
"Pequeña vanagloria del argentino recalcitrante"
Damián Tabarovsky, en su columna del diario Perfil, del domingo 30 de noviembre, reflexionó sobre dos poemas e hizo el elogio de dos traductores, uno español y otro mexicano.
Dos poemas
Así comienza Un poema no escrito de W.H. Auden: “Mientras espero tu llegada mañana, me encuentro pensando Yo te amo: entonces me viene el pensamiento: Me gustaría escribir un poema que expresara exactamente lo que quiero decir cuando pienso estas palabras”. El poema es de 1960, un momento de transición en su obra. Auden ya no es el optimista militante de su primera época en Inglaterra, pero todavía no es el poeta que coquetea con cierta abstracción en su estadía en Estados Unidos, ni mucho menos el nuevamente crítico de su vuelta final a Inglaterra en su libro póstumo Gracias, niebla (“ningún sol estival logrará nunca/disipar la total oscuridad/vertida en los periódicos”). Transición es una palabra extraña, y si bien sus sinónimos son evolución, metamorfosis o conversión, para mí tiene más que ver con incerteza, incertidumbre, e incluso descubrimiento. Ese no saber se instala en el poema de Auden, poema en prosa, escrito en cincuenta párrafos, en el que en los cuarenta y nueve restantes se intenta vanamente dar respuesta a ese deseo loco de formular un pensamiento con exactitud. Pero expresar exactamente lo que se piensa es imposible. En el último párrafo Auden reconoce la derrota: “Así que ese poema quedará sin escribir”. Y luego, resignado, agrega: “Eso no tiene importancia. Mañana tu llegarás; si yo estuviera escribiendo una novela de la que ambos fuéramos personajes, sé exactamente cómo te saludaría en la estación: adoración en el ojo; en la lengua bromas y obscenidades. Pero ¿quién sabe exactamente cómo te saludaré? ¿La Dama Bondad? Vaya, es una idea. ¿No podría uno escribir un poema (algo desagradable, quizás) sobre ella?”
Cambiando de tema (¿pero venía hablando de algún tema?) la traducción del poema de Auden es de Javier Marías, publicada por la editorial española Pre-Textos. Es una traducción excelente. Un lugar común de la pavada nacional consiste en pensar que fuera de Argentina no se hacen buenas traducciones, que las traducciones hechas en España, Colombia o México son ilegibles. Pequeña vanagloria del argentino recalcitrante. Cualquiera que lea la traducción de Marías de Autorretrato en un espejo convexo, de John Asbhery, comprobará que es mucho mejor que las varias traducciones argentinas del mismo poema que circulan por ahí. Otro tanto ocurre con Briggflatts y otros poemas, de Basil Bunting, traducido por el mexicano Aurelio Major para la editorial Lumen. El libro es extraordinario, la traducción también. Habitualmente se asocia a Bunting con el objetivismo norteamericano, un poco como si fuera el único inglés de ese grupo de estadounidenses. Algo de eso es cierto, pero también es cierto que Bunting expresa una singularidad en ese grupo, una posición personal. Algo propio que podría enunciarse así: mientras que W.C. Willams piensa que “no hay ideas sino en las cosas”, Bunting vendría a expresar la inadecuación entre las ideas y las cosas. Y ese pequeño matiz es precisamente el que explora Major en su traducción. Major toma la decisión de profundizar esa inadecuación entre las cosas y el sentido de las cosas: “Construir para la mujer, los hijos,/los primos, los primos segundos/una casa para recibir invitados.//Alguien como yo no tiene sirvientes ni amigos/en el estado actual de la sociedad/¿Si no construyera para mí/para quién lo haría entonces?”
jueves, 27 de noviembre de 2025
Vaso Roto, en Nueva York, es Broken Bowl Books
viernes, 24 de octubre de 2025
Publican en México una "Obra selecta" de Antonin Artaud
El pasado 12 de octubre, en La Jornada Semanal, el poeta y crítico mexicano José María Espinasa comenta el primer volumen de lo que tal vez sea la edición más completa de la obra de Antonin Artaud en castellano.
Antonin Artaud, el hereje del surrealismo
martes, 26 de agosto de 2025
Una antología de poesía mundial con el sello de Aurelio Asiain
Carlos Bravo Regidor publicó, el 23 de agosto pasado, una nota en El Heraldo de México, donde se ocupa de un reciente libro del traductor Asiain. En su bajada, dice: "Arriesgando otra definición, o mejor dicho, otra lectura posible, tengo para mí que se trata de una oda al oído poético del traductor, de un ejercicio celebratorio".
miércoles, 20 de agosto de 2025
Nueva antología mexicana de poesía rusa
miércoles, 16 de julio de 2025
Hector Hugh Munro (Saki), traducido en México
La narradora mexicana Ana García Bergúa publicó, el pasado 11 de julio, el siguiente comentario a propósito de la nueva edición de cuentos de Saki realizada en México. Su texto salió en el diario Milenio. En la bajada se lee: "Con traducción y prólogo de José Homero, la Universidad Veracruzana publicó Bestiario y superbestiario del escritor británico, también autor de Cuentos de humor y de horror".
La colección “Biblioteca del Universitario” de la Universidad Veracruzana es notabilísima; desde hace muchos años nos permite leer clásicos de todas las épocas y todos los países en traducciones muy buenas. Impulsada por el gran Sergio Pitol, que tradujo varios libros de la misma, pone al alcance de los estudiantes libros que suelen ser costosos, en ediciones muy bellas y bien cuidadas, y sobre todo muy bien traducidas.
Una mala traducción puede arruinar un libro y convertir su lectura en un juego de adivinanzas y suposiciones, un caminar entre baches buscando al autor sepultado entre la mala prosa, los localismos inútiles o de plano la incomprensión. Sin embargo, el trabajo de José Homero en la edición de la UV de cuentos de “Saki” capta a la perfección el ambiente aristocrático de la época eduardiana (la del rey Eduardo VII, de 1900 a 1910, que por cierto murió después de fumar un cigarrillo), el carácter de los nobles rurales y la vida de la clase alta de entonces. Es una traducción que se lee con gusto, que guarda el sabor de la ironía y el humor inglés; nos transporta a otra época y otros valores literarios y sabe poner los acentos y la tonalidad de la prosa en su lugar exacto. Aquí debo confesar que no había leído antes a Saki. Su lectura ha sido para mí un descubrimiento maravilloso: la sutileza, el humor delicado, la crueldad también delicada que habitan estos cuentos me han embelesado.
El grupo de veinte cuentos seleccionados, como su título lo indica, se centra en la presencia protagónica o lateral de los animales; en él aparecen lobos, gallinas, cerdos, alces, perros, una nutria, una hiena, un tigre, pájaros, entre otros animales, y el gato Tobermory que es una delicia. Sin embargo, también recoge muchos en los que aparecen niños que se burlan de los adultos y los logran engañar o incluso cuentos en los que hay cierta magia: muertes predestinadas, espíritus no chocarreros, sino más bien implacables. Está el mencionado gato, que habla por cierto y chismorrea como seguramente haría cualquier gato de saber hablar, pero también hay gente que se convierte en lobo y gente que solo finge hacerlo. La relación de estos personajes con los animales es una manera en la que Saki nos muestra también su naturaleza humana, que nunca es mejor que sus contrapartes peludos o emplumados. Una mujer mata un tigre para ganar mayor notoriedad que la vecina, por ejemplo, o el aullar de unos lobos demuestra quien es en verdad la mujer noble caída en desgracia como institutriz de un matrimonio petulante.
Hay también deslumbramientos, muchas veces a cargo de los niños: en “El desván”, un niño castigado por una tía (las tías no suelen salvarse en estos cuentos) en un desván descubre la magia y la hermosura de un tapiz que cuenta una historia de muchas interpretaciones y un libro de ilustraciones de pájaros que le abre un mundo; es un cuento sobre la epifanía y la epifanía literaria, específicamente, de una enorme belleza. Otro cuento de espíritu similar es “La efigie del alma en pena”, sobre un pajarito y una escultura. Y otro que llamó mi atención es “El fondo”, donde un hombre padece el destino de traer una obra de arte representando “La caída de Ícaro” tatuada en la espalda.
Otra cosa que me gustó mucho de este libro de cuentos fue ver que algunos personajes se repiten, y con ellos se forma un ambiente de familiaridad que permite también la crítica a la clase de nobles rurales. Entre los personajes repetidos está lord Pabham, que tiene un zoológico, la aristócrata Mavis Pellington y especialmente Clovis Sangrail, un joven que por lo que he leído sería un alter ego del autor (ya me lo imagino en las reuniones), que hace siempre comentarios ácidos, similares a los del propio narrador. Un ejemplo: de alguien dice “Lucas tenía una constitución robusta, con un color que en un espárrago indicaría que había sido cuidadosamente cultivado” o, siguiendo con las verduras, dice de una muchacha que “lucía tan pálida como un betabel que acaba de recibir una mala noticia”. O bien el gato Tobermory declina una comida y cuando le recuerdan que un gato tiene siete vidas, acota: “Quizá, pero solo un hígado”.
Por último, me gustaría señalar otro rasgo muy interesante de estos cuentos y es que en ellos hay mucha gente que cuenta historias o compone versos: para lucirse, para engañar, para ganar dinero, para poner trampas. Es como si las narraciones estuvieran también hablando de sí mismas y nos dijeran: mira todo lo que puedes hacer con nosotras, cuidado. Y es que la literatura no es un arma cargada de futuro como dicen los grandilocuentes cursis, pero sí el cuchillo afilado con el que puedes fastidiar al vecino y pasarla muy bien, si te da por ahí.
Agradezco mucho a José Homero esta traducción que me ha hecho pasar ratos encantadores, fuera del mundo, y deseo larga vida a este libro y a esta colección maravillosa de la Universidad Veracruzana.
martes, 17 de junio de 2025
Aurelio Asiain y un libro singular
La traducción es una de las formas más venturosas de la conversación que busca trascender las fronteras de opacidad e indeterminación entre las lenguas. Como la conversación, la traducción es una empresa colectiva en la que participan, al menos, el traductor y el autor, así como los lectores. Muy diversas versiones de Aurelio Asiain (Grano de sal, 2025) es un libro de traducciones, directas e indirectas, así como de anotaciones y varia reflexión sobre el oficio de traducir, el arte de la poesía y los conceptos de creación y autoría.
El elenco tan variado de textos traducidos, desde el Rig Veda y Ovidio hasta los poetas ucranianos de hoy, muestra el carácter lúdico y placentero del trabajo del traductor y su renuncia a la adscripción a un solo idioma, una época o una tendencia. A diferencia del profesional que traduce sistemáticamente y por encargo, este traductor selecciona por amor o capricho y emprende una dichosa errancia.
En este convite poético convergen invitados de Oriente y Occidente (aunque resaltan las y los poetas japoneses), célebres y desconocidos, ascetas y libertinos, antiguos y contemporáneos. Sus tópicos van desde los más frecuentes y solemnes (la brevedad de la vida, la ilusoria realidad, la dualidad amor y odio) hasta los más ligeros (poemas sobre el pene u odas a la degustación de ostras y almejas) o los más inusitados y entrañables (el elogio del amor conyugal de viejos o la elegía a un bastón). Además del ramillete de versiones, este libro ofrece un conjunto de disquisiciones sobre temas y formas poéticas paradigmáticas en las diversas tradiciones o sobre distintas modalidades de traducción.
Porque la traducción requiere conocimiento de al menos otro idioma, pero, sobre todo, intuición, imaginación y arrojo. De ahí la admiración del autor por aquella estirpe de traductores que, sin miedo a la traición, buscan, más que ilusión de la literalidad estricta, la coincidencia feliz entre dos lenguas. Se trata de reconstruir el impulso y el efecto milagroso de la poesía en otro idioma, mediante los procedimientos más heterogéneos.
Asiain acecha sus poemas y se los apropia con respeto pero con audacia, dialoga con antiguos traductores o con las versiones intermediarias, rastrea parentescos lejanos y analogías sorprendentes, recrea los contextos, esboza figuras y anécdotas memorables y, a menudo, incurre en gozosos paréntesis y divagaciones. El texto traducido es un pretexto para abrir la conversación y el resultado son varias cosas: declaraciones de afinidad con un autor, desafíos técnicos e intelectuales y, sobre todo, una sabrosísima tertulia literaria.
Por lo demás, esta actividad de traducción y reflexión se convierte de manera espontánea en una preceptiva para la lectura de poesía y enseña a practicar desde la actitud simultánea de alerta y relajación de los sentidos que requiere el acercamiento al texto poético hasta la apreciación de la factura técnica o el alegre abandono a los placeres del oído.