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jueves, 12 de mayo de 2022

Diversas opinones sobre a quién le sirve la Feria del Libro de Buenos Aires y para qué se hace


“El discurso inaugural de Guillermo Saccomanno generó interrogantes sobre este evento literario: ¿La Feria está llamada a delimitar qué es la literatura y qué no? ¿Puede ser también puente para acercar libros a otros públicos?” Esto dice la bajada de la nota que firmó Mercedes Ezquiaga, en el sitio de la agencia TELAM, el pasado 7 de abril, donde diversos escritores –todos narradores, ninguno poeta, dramaturgo o ensayista, porque, para la prensa, literatura sólo es sinónimo de novela– reflexionan sobre el sentido que suponen debería tener la Feria del Libro de Buenos Aires.

¿Comercial o literaria?: una herida que la Feria del Libro no logra curar

¿Cuál es el rol en la actualidad de la Feria del Libro? El discurso inaugural a cargo de Guillermo Saccomanno cuestionó, de manera tan controversial como eficaz, la función de un evento cultural ineludible en la agenda local, de insoslayable carácter comercial aunque ese afán ¿desmerece las otras funciones posibles de este masivo encuentro? ¿La Feria está llamada a delimitar qué es la literatura y qué no? ¿O puede ser también puente para acercar a los libros a un público que no tiene relación fluida con la lectura? Los escritores opinan al respecto.

"Toda feria tiene un propósito comercial. Hasta la de artesanos de Plaza Francia, no hay que ser hipócritas con esto, porque si no, no avanzamos en la discusión", advierte el escritor Edgardo Scott en diálogo con Télam.

Y, señala: "Creo que el malentendido viene por el aura mainstream, por esos grandes stands de los grandes grupos o multimedios, por los auditorios, que puede mover multitudes justamente a partir de 'espectáculos' o libros que quizá no tienen un valor literario. Para la literatura esa es la herida que la Feria nunca logra curar: que se la invoque como su más alto valor pero después quede muy relegada en convocatoria respecto de otros eventos".

Oriundo de Lanús y afincado en Francia, el autor de Cassette virgen y Contacto supone que "la Feria deberá resolver esa contradicción pero también creo que era mucho pedir que lo resolviera en esta edición".

"Hace décadas que la Feria es menos una feria de la literatura que, como su nombre no miente, 'del libro', de la industria del libro.Y sabemos que el libro 'literario' si bien es la parte acaso más representativa o prestigiosa, también es la que menos rédito da a la industria. Creo que la Feria debería explotar más el hecho de toparse con mucha gente que durante el año no va a una librería", recomienda Scott.

"El problema está en pensar que la Feria es una librería más grande. Las librerías son como las iglesias: solo van los fieles, los que ya tienen un entrenamiento de lectura. La feria se ha convertido en un lugar mucho más amplio, con una gran cantidad de materiales que oscurecen el panorama, que no dejan ver la literatura. Y ahí hay una pelea que dar: podés llegar a personas que quizás van a leer un único libro en el año, entonces propongamos una instancia de señalamiento para que puedan llegar a un buen libro, a una propuesta literaria. Es una batalla que vale la pena dar: tratar de ganar lectores para la literatura", sugiere por su parte Guillermo Martínez.

En ese sentido, el escritor plantea que la Feria del Libro debería repensar los beneficios de su proyección masiva e incluso capitalizarlos en otras estrategias y dice: "La Feria debería hacer un señalamiento sobre lo que es literatura, dentro del caos, del pandemónium de cosas que hay, debería existir una instancia donde diga 'la literatura está por acá'".

"Se podría hacer algo similar a la entrega de los Premios Oscar, incluso con el glamour, pero de premios a la literatura. ¿Viste que la gente va a mirar las películas de los Oscar, para poder opinar? Bueno, que sea lo mismo, que el público tenga claro que hay algunos libros que la gente de la literatura recomienda", afirma Martínez.

Para el autor de Crímenes imperceptibles y Borges y la matemática podría funcionar como un premio anual, que incluya una selección de los diez libros más votados, "como pasa con las películas de Hollywood, y deberían estar esos 10 libros en todos los stand. No imponiendo, sino señalando. Aunque luego una gran mayoría vaya corriendo a comprar astrología o tarot que también son libros, podremos ganar una parte de esos lectores hacia la literatura. Yo lo haría de esa manera".

Se sabe que la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es un mega evento con más de 1.500 actividades, en una superficie de más de 45.000 metros cuadrados, -la más concurrida en el mundo de habla hispana-, que en sus casi tres semanas de duración suele recibir la visita de más de un millón de lectores y doce mil profesionales del libro, como editores, libreros, distribuidores, agentes literarios, ilustradores, bibliotecarios, diseñadores, traductores y escritores provenientes de 23 países.

"Esta es la gran oportunidad que te da la Feria, el único evento de rock masivo que tienen los libros es la Feria, entonces ¿se lo vamos a regalar a los de la televisión? ¿a los de redes sociales? ¿a los que ya tienen todo? No, ahí hay que dar una pelea de la literatura, y es una instancia legítima para dar una pelea, porque esta feria la crearon los escritores, los editores. ¿Vamos a regalar eso a los mismos de siempre?", se interroga Martínez.

Por el contrario, para Ana María Shúa la Feria no tiene por qué señalar qué es literatura y qué no lo es: "Como su nombre lo indica es una feria, por lo tanto, lo que tiene que hacer es vender muchos libros, todos los libros posibles. No veo que tenga que tener otro rol que eso, y ya es bastante", asegura.

La autora de La muerte como efecto secundario, La sueñera y Casa de geishas se extiende en su definición y sostiene: "No es una feria de literatura, se venden todo tipo de libros, de cocina, ensayos, fotografía, de cualquier cosa, y eso no la vuelve ofensiva ni objetable. No tiene nada de malo que tenga un propósito comercial, y el hecho de que lo tenga no quiere decir que al mismo tiempo no pueda proponer una aproximación cultural al fenómeno del libro. Las dos cosas son ciertas".

"Cualquier cosa que sirva para atraer hacia el libro a gente que habitualmente no entra a una librería que es lo que pasa un poco con el público de la Feria- me parece maravilloso y es justamente una de las cosas buenas de la Feria, que promueve el libro entre personas que no son lectores habituales. Los booktubers y los tiktokers son fenómenos que están presentes en la feria porque cumplen esa misma función", destaca la escritora y guionista.

Otro escritor que se posiciona frente al fenómeno de la Feria del libro y los diferentes sentidos que este masivo evento instala o que pone en disputa es Hernán Vanoli: "Creo que la Feria debe ser un evento dedicado a la difusión de la literatura argentina y un punto de confluencia regional, pero no es ninguna de estas cosas. Me gustaría que hubiera una programación un poco más conceptual y vinculada a problemáticas nacionales", señala el novelista.

Autor de El amor por la literatura en tiempos de algoritmos, y Varadero y Habana maravillosa, Vanoli cree que en lo que respecta a la Feria como un espacio señalador de lo que es literatura "podría hacer cosas para remediar esto, pero no lo hace, y no sé si es porque no puede, por falta de imaginación o de interés. Es una feria netamente comercial, que corona lo que funciona en el mercado, con algunos arrestos individuales de políticas culturales que son valiosos pero insuficientes".

Para el escritor, el acercamiento a la lectura de nuevos públicos que la Feria consigue a través de fenómenos como por ejemplo el de redes sociales "es interesante aunque está pensado con la lógica de un gran supermercado con sus cabezas de góndola, sus saldos a vender, sus pequeños productores de nicho".

"La Feria es un supermercado y no veo que eso esté mal; un supermercado donde todos tienen un espacio para hacer su gracia", desmenuza.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Preguntas a autores, traductores, editores y agentes (5)

Otras dos narradoras argentinas responden las preguntas del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires. En la ocasión, Ana María Shua e Inés Fernández Moreno

Ana María Shua 

–¿Qué sentido tienen los agentes literarios? 
–Todo el sentido del mundo para quien quiera publicar fuera del país. La mayor parte de las editoriales del exterior, sobre todo las grandes, prefieren no tratar directamente con los autores y sin agente no hay manera de llegar, a menos que se tenga un éxito de ventas considerable. Para la editorial, el agente funciona como filtro. Si el éxito sucede, es necesario el agente para administrarlo, un trabajo que la mayor parte de los autores no sabemos/queremos hacer: cómo se negocia una película, qué derechos hay que cobrar por un audiolibro, etc. etc. Para publicar solo en Argentina no tiene sentido un agente porque el mercado local es muy chico. 

–¿En qué consiste la tan mentada fidelidad entre autores y editores? 
–¿Qué fidelidad? El mundo es cruel y cada uno hace lo que más le conviene. 

–Considerando que a los autores les corresponde entre el 10% y el 8% del precio de tapa de los libros que publican, y a los traductores entre el 4% y el 1%, cómo se justifica que a las librerías les toque entre el 40% y el 35% y a las distribuidoras entre el 30% y el 25%, reservándose el resto a las editoriales. ¿Se puede sostener esa proporción? ¿Por qué sí o por qué no? 
–Librerías y distribuidores tienen que pagar personal, local, depósito. Y competir con Amazon! Las editoriales tienen que pagar todo eso más el costo de producción del libro. Las editoriales chicas tienen menos costos fijos pero poco capital de giro. Obviamente creo que los autores deberíamos ganar más, sobre todo sobre las reediciones, que son muchísimo más económicas para la editorial que la primera edición. Muchas editoriales pagan más porcentaje si los autores venden cantidades muy importantes, pero creo que por una simple reedición ya debería subir el porcentaje que nos toca. 

–¿Qué pasa con las traducciones cuando los autores cambian de editorial y se decide usar una traducción nueva? 
–La vida es así. Si el autor es muy exitoso (en ventas o en prestigio), se puede dar el lujo de defender a su traductor, suponiendo que lo ame. Si no, tiene que alegrarse de que lo vuelvan a editar y callarse la boca. 


Inés Fernández Moreno 

–¿Qué sentido tienen los agentes literarios? 
–Creo que su sentido aparece a partir de la globalización y de la escalada del modelo americano donde todo es mercancía. Hay que vender libros, tener éxito, ganar dinero y son pocos los escritores que saben hacer esto solos. O que quieran o puedan (aunque estén en desacuerdo) mantenerse al margen del mercado editorial y su modalidad actual. Dentro de este mismo marco entra el tema de la globalización, los premios, la aspiración de muchos escritores de que se traduzca, se difunda y se venda su obra en otros países. El escritor no tiene capacidad ni tiempo para encarar estas negociaciones. Le hace falta un agente. 

–¿En qué consiste la tan mentada fidelidad entre autores y editores? 
–En el respeto y la comprensión entre ambas partes de las necesidades y los derechos del otro. Aunque sabemos bien que se cometen todo tipo de tropelías. Sobre todo cuando hay mucho dinero en juego, cosa que les puede suceder a algunos autores y a otros no. De manera que el tema es muy amplio y depende de cada caso, de la importancia de la editorial, del volumen del negocio que puede mover cada autor etc. Por mi parte he tenido la suerte de editar la mayoría de mis libros con el sello Alfaguara en un marco de mucha consideración y amistad. 

–Considerando que a los autores les corresponde entre el 10% y el 8% del precio de tapa de los libros que publican, y a los traductores entre el 4% y el 1%, cómo se justifica que a las librerías les toque entre el 40% y el 35% y a las distribuidoras entre el 30% y el 25%, reservándose el resto a las editoriales. ¿Se puede sostener esa proporción? ¿Por qué sí o por qué no
–Tal como está planteado, suena muy injusto para los escritores y traductores, su parte parece muy magra respecto de los otros porcentajes. Pero habría que escuchar a las otras partes y llegar a porcentajes justos. 

–¿Qué pasa con las traducciones cuando los autores cambian de editorial y se decide usar una traducción nueva? 
–Supongo que depende de lo bien o mal pagada que fue esa traducción, pero de este tema no sé nada. 

martes, 20 de febrero de 2018

"Cambiemos-Pro no se lleva bien con la cultura"

“Los Premios Nacionales no fueron convocados desde la asunción de Macri, aunque el ministro de Cultura Pablo Avelluto ‘calcula’ que se anunciarán en la próxima Feria del Libro. Los Municipales llevan dos bienios sin fallos, pese a que se presentan las obras.” Así es la bajada del artículo que el 11 de enero pasado publicó Silvina Friera en el diario Página 12.

Cuando el estímulo a la creación 
deja de ser prioridad

En el engranaje kafkiano de Cambiemos siempre falta algo. Puede ser un papelito, una firma, o una revisión que se extiende por dos años y genera el temor de que los “desdibujados” Premios Nacionales –calificación de Enrique Avogadro cuando todavía no era ministro de Cultura de la Ciudad– estén más cerca de la suspensión definitiva que de su regreso. Los estímulos a la creación, los subsidios a los artistas –escritores, músicos, teatristas, artistas plásticos– están en la antípodas del “emprendedurismo” que propicia el gobierno. Hace dos años que no se convocan los Premios Nacionales; la última vez que se entregaron fue en diciembre de 2015, cuando la ministra de Cultura era Teresa Parodi. Entonces los primeros premios –Jorge Aulicino en poesía y Pilar Calveiro en ensayo político, entre otros– recibieron 50.000 pesos en efectivo y una pensión vitalicia al momento de jubilarse. El segundo premio obtuvo 30.000 pesos y el tercero, 17.000 pesos. Aunque se convocan y se presentan las obras, hace dos bienios que no se fallan los Premios Municipales. El ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, “calcula” que se anunciará la convocatoria de los PN para la Feria del Libro, “con una modalidad nueva, con una simplificación de las categorías que las estamos terminando de definir”.

Una forma absurda de ahorrar
El anuncio, sin demasiadas precisiones, no tranquiliza a los escritores y artistas afectados por estas dilaciones. ¿Por qué no se convocaron los Premios Nacionales durante dos años? ¿Por qué si se convocan los Premios Municipales no se fallan? “En el mejor de los casos, los premios se postergan porque se considera que no son una prioridad, como si se tratara de un lujo, cuando en realidad la erogación es insignificante dentro de los presupuestos nacionales y municipales –responde Tamara Kamenszain, Premio Municipal en 1999 en la categoría ensayo con La edad de la poesía–. En el peor de los casos, directamente se los ignora y se considera que no son un asunto de Estado y no se entiende para qué existen”. 

Ana María Shua dice que es una forma “un poco absurda” de ahorrarle dinero al Estado. “No hay que pagar a los jurados, no hay que pagar los premios, no hay que pagar los subsidios. Digo absurda porque los premiados son poquísimos, un minúsculo grupo de personas. Lo paradójico es que los Premios Nacionales en Plástica se han seguido entregando, a través del Palais de Glace. De todos modos, acaba de informar el ministro de Cultura que se anunciarían los nuevos Premios Nacionales en la Feria del Libro, con algunos cambios. Veremos cuáles son esos cambios. Los escritores tememos una reducción de los subsidios, que consisten en cinco jubilaciones mínimas a partir de los 60 años. Y qué, recordémoslo una vez más, se entregan a poquísimas personas: es un premio y no una jubilación de privilegio”, aclara Shua, ganadora de los dos premios.

Selva Almada precisa que el premio Municipal se viene convocando cada dos años puntualmente, pero hace dos bienios que no se falla. “Según nos explicó Daniel Couto, el funcionario a cargo, el presupuesto está desactualizado tanto para el premio en sí como para los jurados. De todos modos, el material fue recibido y allí está, en la dulce espera”, advierte Almada, integrante de la Unión de Escritoras y Escritores. “La jubilación que se otorga cuando los premiados alcanzan la edad jubilatoria es una ayuda económica muy importante para un oficio la mayoría de las veces mal pago –cuando se paga; hay una idea de que el trabajo del escritor no es un trabajo si no un lujo que nos damos unos pocos–, que se ejerce de manera informal, sacándole tiempo a trabajos formales. Pienso en (Alberto) Laiseca, a un año de su muerte: uno de los escritores más importantes de nuestro país tuvo que hacer malabares para poder pagar sus cuentas los últimos años de su vida. Muchos escritores y escritoras llegan a esa situación en la vejez y la posibilidad del Premio Nacional se presenta como una gran ayuda”, reconoce la autora de El viento que arrasa.

Mala costumbre
Desde Artistas Premiados Argentinos (APA), institución que nuclea a los ganadores de los Premios Municipales, su presidenta Nydia Sroulevich señala que la falta de convocatoria en término para los premios Municipales y Nacionales es una “mala costumbre” que perdura en el tiempo. “El hecho de dilatar las convocatorias, y a veces aunque estén convocados los concursos, no convalidar los resultados obtenidos a través de los jurados, hace que pasen largos períodos sin que se concrete el resultado de los mismos. No se abonan los premios ni, en caso que corresponda, los subsidios y no se pagan los honorarios de los jurados. En el caso de los primeros premios tanto municipales como los nacionales reciben un subsidio mensual vitalicio. Hubo períodos acumulados de hasta ocho bienios sin que se regularizaran. Entiendo que el motivo es la reasignación de las partidas que se destinan a esos rubros”, comenta Sroulevich.

“Si convenimos que la cultura para un país no es lujo sino una producción más que lo posiciona ante el resto de las naciones, incluso económicamente, las consecuencias de postergar los premios son graves”, subraya Kamenszain. “Cuando en la crisis de 2001 los premios Nacionales se suspendieron por unos años, quedaron en la estratósfera cientos de libros perdidos que no tuvieron la oportunidad de concursar. Le propongo a Marta Minujín que haga con esos libros otro Partenón, ya que haberles quitado la posibilidad de concursar puede entenderse como otro modo de censura”, agrega la poeta. Shua recuerda que los premios Municipales están sostenidos por una ley de la legislatura de la ciudad. “Tarde o temprano tendrán que darlos, porque la ley no se puede modificar retroactivamente. En cambio, no hay una ley de Premios Nacionales, con lo que no se trata de un atraso sino de una suspensión por tiempo indefinido –compara la autora de Los amores de Laurita–. La gente que produjo sus obras en esos años puede quedar en situación de no poder presentarlos nunca, como le pasó a muchísimos escritores durante los casi diez años a partir de la crisis del 2001. Quizás en el momento en que produjeron sus mejores obras, no pudieron presentarlas. Para muchos escritores, sobre todo para los que escriben una literatura prestigiosa pero poco comercial, ganar un premio con subsidio es, simplemente, la posibilidad de una supervivencia digna. La mayor parte de la gente no sabe que a los escritores nos toca solamente el 10 por ciento de lo que se paga por un libro”.

Sroulevich sostiene que los concursos son un medio para difundir la obra de los creadores. “El Estado debe mantener una política cultural de apoyo a toda manifestación artística, una decisión pública destinada a que el artista que ha demostrado sus talentos no resigne, por necesidad, su actividad creadora en beneficio de la comunidad a la que pertenece. Un Estado sabio valora el concepto de riesgo artístico, acepta la posibilidad de descubrir y apoyar nuevos talentos, y la necesidad de proporcionar una enseñanza artística de alta calidad. También acepta la posibilidad de premiar a sus artistas y a sus obras, y debe velar por el cumplimiento de la legislación vigente en materia de estímulos y premios a la creación”.

El imprudente
Desde el 24 de marzo de 2017, muchos escritores están molestos con lo que declaró el actual ministro de Cultura de la Ciudad, Enrique Avogadro, entonces secretario de Cultura y Creatividad del ministerio de Cultura de la Nación. “En el escenario actual hay otros premios, como los del Fondo Nacional de las Artes o los de la Fundación Konex, con lo cual los nacionales quedan un poco desdibujados”, dijo al diario La Nación. PáginaI12 intentó comunicarse con Avogadro y desde el área de comunicación del ministerio de Cultura de la ciudad aseguraron que consideran “imprudente” que el ministro hable cuando lleva unas dos semanas hábiles al frente del ministerio. Almada dice que no entiende que le resulte “desdibujado” el premio Nacional frente a otros premios que nombra y que son del ámbito privado, como los Konex. “Creo que sí habría que lograr que el premio nacional se convierta en ley: eso aseguraría su continuidad más allá de los gobiernos y de las políticas culturales de turno”, propone Almada. “Me resulta incomprensible lo que quiso decir Avogadro”, admite Shua. “No, desdibujados, en este caso, significa ‘poco importantes’. El Premio de la Fundación Konex es un premio maravilloso para la Fundación Konex, prestigia y aporta a la Fundación Konex. A los premiados no se les da nada. Prensa y prestigio, pero ni un centavo. Yo recibí con mucha alegría y emoción el Konex de Platino, pero en el mismo acto tuve que pagar a la Fundación Konex por una botella de agua. Los premios del Fondo Nacional de las Artes son extraordinarios, sirven para descubrir nuevos talentos, son premios honestos, valiosos, importantes y hay que defenderlos a toda costa. Pero, salvo en el caso de los poetas, no son para premiar autores de trayectoria, sino para gente joven que quiere empezar a publicar”. Para Kamenszain, “la afirmación del ministro muestra no tanto un desinterés o un intento de dilación sino una verdadera ignorancia”. “¿Qué tendrán que ver los premios Konex, que no suponen ninguna erogación económica sino que son un estímulo simbólico, con los Nacionales? Sin desmerecer a los Konex en lo más mínimo, es como decir que el valor de consignar en un currículum vitae que se presenta al exterior que uno tiene un premio Nacional de un país o consignar que fue merecedor de un Konex es lo mismo, cuando en realidad el Konex es un premio que en el exterior no es significativo y tampoco pretende serlo. Los premios Nacionales de Literatura y Arte se dan en la mayor parte de los países del mundo y no necesitan traducción ni explicación; son un pasaporte contundente y universal”.

Vueltas y cálculos
El ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, intenta justificar la demora de dos años para convocar los Premios Nacionales. “La sensación que teníamos es que debíamos revisar los premios porque había un montón de subcategorías en ensayo, filosófico, político, psicológico... Pero también queríamos discutir el modelo de los premios en relación con la pensión no contributiva que reciben los ganadores. Cuando uno estudia la historia de los Premios Nacionales, tiene que ver más con el apoyo a los creadores en su vejez. ¿Alcanza una obra para otorgar un Premio Nacional que implica una jubilación en el futuro para su autor? Me parece que es un tema que requiere una cierta reflexión. Estuvimos dando vueltas, discutiendo; primero el tema lo tuvo Enrique (Avogadro) y después lo tomé yo. Calculo que para la Feria del Libro los vamos a estar convocando para este año”, anuncia Avelluto.

–¿Por qué no se convocan los premios que están atrasados: 2016 y 2017?
–Cuando no hubo premios, no se convocó para atrás, hubo muchos años en los que no hubo premios y hubo muchos cambios de categorías a lo largo de la historia. No hay una obligación legal de llamar a los Premios Nacionales todos los años. Sí está reglamentado el tema de las pensiones que reciben los ganadores, pero no la obligatoriedad del llamado. No es que nosotros adeudamos premios de dos años. Eso no es así. Vamos a llamar a este año, seguramente con una modalidad nueva, con una simplificación de las categorías, que las estamos terminando de definir, para que sean convocados y otorgados en el transcurso de este año. Y así después todos los años.

–¿Cuál será el monto de los premios?
–Va a ser mayor del que había, pero todavía no lo podemos definir. Vamos a destinar una inversión para la organización, los premios y los jurados, de alrededor de 5.000.000 de pesos para este año, que es mucho más de lo que se había destinado en la última entrega.

Alpargatas y libros
Cambiemos-Pro no se lleva bien con la “cosa pública”, y prefiere que muchas funciones y acciones que son competencia del Estado queden en manos de los privados. ¿Cómo afecta esto a las escritoras y escritores? “Para mí, no tiene nada de malo que se busque la colaboración entre los privados y el Estado. Al contrario, es una muy buena tendencia, que las mejores democracias del bienestar llevan adelante. Habría que seguir estimulando el mecenazgo, por ejemplo”, sugiere Shua. “Yo diría que Cambiemos-Pro no se lleva bien con la cultura. Es curioso, la Cultura –o Kultura, como diría Cortázar–, que antes estaba en manos de las capas más altas de la sociedad, ahora ha quedado del lado del peronismo –plantea la escritora que ganó el Premio Nacional con el libro de cuentos Fenómenos de circo–. En ese sentido, creo que se ha producido una degradación de nuestra clase alta, que ahora parece tener más dinero que nunca pero mucho menos interés en la cultura. ¿Serán todos parvenues? Una parte muy importante de los intelectuales de nuestro país hoy son peronistas. Alpargatas sí y libros también.”