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domingo, 21 de junio de 2026

A Kafka lo salva el sentido del humor

El periodista Pedro Pérez Perea vuelve a Franz Kafka, esta vez en compañía del traductor Carlos Fortea, con la idea de desmontar algunos mitos. Tal es lo que propone el artículo publicado en Cadena Ser, el pasado 5 de junio.



¿Era Kafka realmente kafkiano? Experto desengrana aspectos poco conocidos de su vida

La primera vez que alguien escucha el término "kafkiano" suele ser extraño, pues puede llegar a ser lo suficientemente complejo como para no saber dónde ubicarlo. Franz Kafka es una figura clave en la literatura moderna caracterizada por la angustia, la queja sobre la burocracia opresiva y la alineación del individuo frente a un mundo incomprensible. Sin embargo, ¿es cierto todo lo que se atribuye a su persona? Carlos Fortea es profesor universitario, escritor y traductor literario, y ha querido asomarse a 'El Faro' para descubrir si toda su leyenda es cierta.

¿Era la vida de Kafka realmente kafkiana? El experto lo ha tenido claro: "Es uno de los tópicos tremendos que se han montado en torno a la figura de este hombre". Ha relatado que la imagen de Kafka más habitual de ver, descrita como "un aspecto un poco vampírico, con esas orejas puntiagudas y ojos saltones" responde a la fase final de su vida en la que estaba enfermo de tuberculosis.

Además, ha cuestionado el propio término "kafkiano". Entonces, ¿por qué se asocia el término a lo absurdo?: "Los testimonios son de un hombre extremadamente simpático, extraordinariamente sociable, que además debía tener eso que hoy llamamos carisma". De hecho, se trataba de un hombre con bastante éxito con las mujeres.

A través de sus cartas se ha podido descubrir una parte de él curiosa e interesante, pues tal como ha explicado el experto, usaba la correspondencia como si de un chat online se tratara: "Era un corresponsal fanático, una persona que escribía prácticamente todos los días, singularmente durante las épocas en que tuvo sus grandes amores. Tanto Felice como Milena recibían cartas suyas todos los días". Ha confirmado que sus cartas son imprescindibles para conocerlo.

Aparte de la recta final de su vida, Fortea ha valorado otros periodos vitales de Kafka: "El momento que me parece el punto de inflexión más dramático es cuando tiene el primer acceso de vómito tuberculoso. Es consciente de que tiene una enfermedad mortal y su vida se ve interrumpida y se cuestiona para qué seguir escribiendo". Esto se ve reflejado en que comienza a dejar algunas obras a medias y su ritmo frenético de escritura baja considerablemente.

"Hay un elemento que a Kafka le salva y que no siempre se ha recalcado tanto: el sentido del humor. En Kafka hay mucho humor y eso se ha hablado poco últimamente. Casi todo lo que nos han contado de Kafka está envuelto en un halo un tanto sombrío, un tanto lúgubre, un tanto misterioso, que no se corresponde con la realidad", ha explicado. Entonces, ¿cuándo se justifica usar el término 'kafkiano'?: "El término ya ha pasado a formar parte de nuestra vida. Se entiende por algo completamente incomprensible, completamente absurdo. Una de esas situaciones sin salida en la que la vida te pone a veces, ese 'no me puede estar pasando esto'. Eso es lo kafkiano."

martes, 19 de agosto de 2025

Importante novedad editorial: Milena sin Kafka


"Los traductores Jorge Lucero y Florencia Ferre acaban de trasladar, por primera vez al español, y sin intermediarios, El camino a la simplicidad de Milena Jesenská. A 129 años de su nacimiento, sus reflexiones despliegan una mirada aguda, crítica y profundamente humana, que invita a descubrirla más allá de las sombras proyectadas por las famosas cartas de Franz Kafka." Tal es la bajada con la que Radio Prague dio a conocer la publicación, por parte de la editorial Vilnius, en Córdoba, Argentina, de una obra singular debida a una escritora checa que merece mayor visibilidad.

El largo y sinuoso camino a Milena Jesenská

El bohemista argentino Jorge Lucero aún no sale de su asombro. Al comentar que, junto a la traductora y poeta Florencia Ferre, estaban finalizando la traducción al español de un libro de Milena Jesenská, incluso personas que él consideraba profundamente cultas quedaban inmersas en un silencio absoluto. Solo salían de ese trance al escuchar que aquella Milena no era otra que la destinataria de las célebres cartas de Franz Kafka. Publicado originalmente en checo en 1926, El camino a la simplicidad (Cesta k jednoduchosti), editado ahora por la editorial cordobesa Vilnius, se convierte en el primer libro escrito por Jesenská que se traduce al español. Como señala Lucero, también es uno de los pocos que la autora logró publicar en vida: una obra breve pero luminosa, que revela su mirada crítica y profundamente humana sobre distintos aspectos de la existencia: “Este texto en particular es muy importante porque es uno de los pocos libros que Milena logra editar, más allá de sus artículos periodísticos, y es quizás el más resonante de las compilaciones que hace Milena, asímismo es un libro que nos permite observar cómo Milena ya estaba consagrada como una intelectual checa importante”.

Tanto Jorge Lucero como Florencia Ferre destacan la diversidad de temas que aparecen en estas breves pero intensas páginas que, hasta el momento, solo habían sido llevadas al serbio, versión que ambos traductores consultaron ante pasajes cuya dificultad gramatical ponía en algún punto en entredicho ese elogio a la simpleza que aborda desde el propio título Milena, de cuyo nacimiento se cumplieron, el domingo pasado, 129 años.

Matrimonios y algo más
En todo caso, es interesante que la lectura directa de esas reflexiones todoterreno de Milena pueden deparar algunas sorpresas, teniendo en cuenta ciertas ideas que, al menos, desde la óptica de hoy, podrían resultar no tan feministas como algunas frases del jugoso capítulo en el que intenta responder la pregunta de qué debe hacer una mujer cuyo hombre le es infiel. No obstante, esa elasticidad es algo que, en opinión de Florencia Ferre, podría significar un verdadero aporte para el feminismo: “El feminismo ha atravesado, por supuesto, muchas etapas y tiene una historia ya muy larga, y Milena es de las primeras feministas. Creo que casi le haría bien al feminismo volver a estos textos donde no hay estereotipos, me parece que ese aspecto de su pensamiento que no parece tan feminista y sí contradictorio, es algo solo aparente. Por ejemplo, esta cuestión de las infidelidades masculinas y femeninas no creo que sea algo que ella defienda desde un lugar patriarcal o machista, no creo que en esa aparente contradicción ella esté proponiendo que los hombres tengan derecho a ser infieles y la mujeres no; y sí hace una reflexión muy profunda sobre lo masculino y lo femenino que, por supuesto, tiene que ver con la época también, pero sí es cierto que esas cuestiones generaron tensiones en la traducción y en la forma de traducir”.

Lucero coincide en que más allá de esas supuestas contradicciones que, al fin y al cabo, tienen que ver también con la propia evolución del feminismo, hay algo muy valioso en el pensamiento de Milena e incluso en su feminismo que él asocia a lo que hoy llamaríamos la economía del cuidado: “Porque Milena advierte, justamente, que la condición femenina no puede ser equiparable a la condición masculina ya que su posibilidad de maternar y cuidar no la hace solo parte de la esfera privada, sino que la hace parte de la esfera pública porque sin ese rol que tiene la mujer, la sociedad no estaría estructurada y la sociedad productiva no se desarrolla. Entonces, ahí hay algo en el pensamiento de Milena que es muy valioso y no pasa por establecer una igualdad abstracta o vacía de contenido, sino por buscar un feminismo donde esté presente esa diferencia de la condición femenina: la mujer materna. ¿La mujer puede trabajar a la par que el hombre? Sí, pero también tiene una función que es tanto o más relevante que la del hombre en la esfera productiva y en la esfera social”.

En otras palabras, lo que afirma Lucero es que Milena fue una de las primeras en advertir esa idea que, en la actualidad, circula con frecuencia en estudios y teorías feministas. Arrestada por la Gestapo, en el campo de concentración de Ravensbrück Milena Jesenská trabajó como enfermera y ayudó a otras prisioneras. En las inhóspitas condiciones de ese lugar contrajo una infección renal que el 17 de mayo de 1944 acabó con su vida. Según Florencia Ferre, otro punto clave de estos textos que permiten percibir la voz de Milena luego de tantas décadas de silencio tiene que ver con el modo en que, a partir de temas supuestamente llanos, ella logra postular ideas y opiniones muy profundas: "Yo creo que estos textos en particular recrean, reviven una época llena de contradicciones, pero también del primer feminismo, y la frescura del pensamiento de Milena, la forma en que ella aprovecha textos que podrían ser meramente sobre moda o consejos a las señoras, desde ese lugar relegado casi por definición, ella se lanza a hablar de temas muy profundos con una gran originalidad y con un pensamiento y un espíritu siempre desprejuiciado y renovado”.

A pesar de haber sido una destacada periodista, traductora y activista, aún hoy su figura suele reducirse a su condición de destinataria de las cartas de Franz Kafka. Y a pesar de la falta de reacción que sorprendió a Lucero al nombrar a Milena Jesenská sin esa muleta que significa el reparador nombre de Franz Kafka, ambos destacan también algunas propuestas interesantes que, dentro del mundo hispano, abordaron su figura como La Jesenská de la autora argentina Ana Arzoumanian y también la novela de una autora checa radicada en Barcelona, que ha tenido muy buena repercusión.

“Una gran difusora de la figura de Milena creo que es Monika Zgustová, su novela sobre Milena, Soy Milena de Praga, creo que da una apertura a quién fue Milena, independientemente de Kafka; por supuesto es ineludible la biografía de su pareja en el campo de concentración, y no creo que todavía haya un lugar que ocupe Milena como el que debería, como el que se merece”.

También postula Florencia Ferre su deseo de seguir adelante con ese tipo de traducciones que puedan ir más allá a la hora de difundir la voz de Milena. Por su parte, Jorge Lucero hace hincapié en que tanto ellos como la editorial Vilnius intentaron mostrar que la voz de Milena merece liberarse de la sombra de Kafka, aún cuando entiende que eso es un poco inevitable, incluso porque, tal como propone en el epílogo del libro, Milena fue una de las primeras en creer en esa figura que, con el tiempo, se terminó volviendo tan inmensa: “Efectivamente, nuestra idea es que se puede pensar a Milena por fuera de Kafka porque, justamente, gran parte de su obra pasó y se constituyó mucho tiempo después. Aunque no parezca, Kafka es solo un momento, aunque importante, dentro de su biografía, un momento que después se configura con otras historias, con otras relaciones sentimentales, con otras realaciones laborales, con otros diarios, con un cambio en su visión de la realidad. Su visión más política, sus reflexiones más nacionalistas también surgen luego de todo esto, y su personalidad verdaderamente termina de construirse, como una mujer autónoma, como una intelectual fuerte, se termina de edificar ya después de Kafka”.

No obstante, más allá de haber sido confidente y traductora de Kafka, hay otro vínculo que une profundamente a Milena Jesenská con el autor de El castillo: sus huellas en la ciudad de Praga. Al igual que él, Milena no solo frecuentaba la emblemática cafetería Arco, donde se reunían jóvenes intelectuales judíos de Bohemia que escribían en alemán, sino que también vivió en distintos rincones de la ciudad. Nació en el actual barrio de Žižkov, cuando aún no formaba parte de Praga, y más tarde residió, por ejemplo, en la calle Spálená, donde hoy hay una tienda vietnamita. Su última dirección conocida antes de ser arrestada por los nazis fue en la calle Kouřimská, donde se colocó una Stolperstein en su memoria (pequeño bloque de cemento con una placa en recuerdo de las víctimas del nazismo) y se bautizó con su nombre la plaza de esa misma calle.

jueves, 7 de noviembre de 2024

El centenario de Kafka y una de sus polémicas

El crítico literario mexicano Christopher Domínguez Michael se la pasa opinando. Aquí, sobre Max Brod (foto) y lo que éste hizo con la obra de Kafka. El artículo fue publicado el pasado 27 de octubre, en El Universal, de México.

¿Hay que quemar a Max Brod?

Gracias al ensayo de Georges Bataille sobre Franz Kafka, popularizado en La literatura y el mal (1957), sabemos que en el semanario Action, dominado por los comunistas, se hizo una encuesta, en mayo de 1946, sobre “Sí había que quemar a Kafka”, al considerarlo, mediante tres preguntas imperativas del orden “social y político”, como representante de una literatura negra (las mayúsculas son de Action), es decir, del todo pesimista y “reaccionaria”, ajena a la necesidad para aquellos tiempos, subrayada por los editores, de una literatura optimista.

A Bataille, curiosamente, no le llamó la atención el envío de ese cuestionario bárbaro a los escritores franceses, sino que Action se abstuviese de explicar por qué habrían de quemarse libros. Trece años apenas habían pasado desde la primera gran quema nacional-socialista, en la Plaza de la Ópera en Berlín, de la “literatura degenerada”, escrita por autores judíos, comunistas o sencillamente antihitlerianos. Ello prueba que —derrotado Hitler y el todopoderoso Stalin— el totalitarismo había envenenado los aires.

Aunque todavía las dictaduras sudamericanas rociaron de gasolina a los libros marxistas y el mes pasado visité una biblioteca universitaria en Texas donde se exponían los libros prohibidos por esa institución y se invitaba al alumnado a denunciar aquellos que les parecieran perniciosos, ya nadie habla de quemar a Kafka, festejado en el centenario de su muerte, apenas en junio de 2024, como el gran escritor del siglo XX. Quien ha sido enviado a la picota es Max Brod (1884-1968), su mejor amigo y quien no sólo desobedeció la voluntad de Kafka de “quemar” su obra, sino la editó y divulgó hasta el límite de sus fuerzas y de su propia vida.

Autor prolífico, ni el centenario de su adorado Franz hizo que se reeditaran los libros de Brod. Con la excepción de sus biografías de Tycho Brahe y de Heinrich Heine, y desde luego, la póstuma dedicada a Kafka (1974), su bibliografía es de difícil acceso. Del doctor Brod, también compositor, es más fácil conseguir su agradable CD con sus lieders goethianos, una rapsodia y un meritorio quinteto para piano y cuerdas, que sus libros. El benefactor estaba siendo arrimado, desde hace años, hacia la leña verde por los profesores, quienes, tras agradecer su buena ley, han desechado, por inepta, no sólo su edición de las inconclusas novelas kafkianas, sino el tratamiento de la materia de la cual se nutren con frecuencia: los Diarios del propio Kafka.

A partir de la edición “científica” (se me eriza la piel cuando los filólogos usan esa expresión) de las obras de Kafka editadas en 1990 por S. Fischer Verlag y a cargo de Hans-Gerd Koch, la hoguera estaba lista para Brod. En la nueva traducción al inglés, obra de Ross Benjamin (Schocken Books, 2022), el traductor y prologuista lee, en cuanto editor, los cargos. Algunos son viejos: mientras huía de los nazis y alcanzaba refugio —sionista de vieja data— en Tel Aviv, donde murió, Brod, sin usar guantes profilácticos, reordenó capítulos de las novelas, inventó títulos, segregó partes y las volvió capítulos, y extrajo del diario lo que consideró eran cuentos logrados y autónomos. Tachó lo juzgado incoherente por él (como escribía en la cama a veces Kafka es ilegible), además de regalar páginas autógrafas a algunos amigos.

Los nuevos cargos, enumerados por Benjamin, corresponden a lo que nuestra época juzga imperdonable: como todos los jóvenes sensibles e inteligentes, a Kafka le daba curiosidad el homoerotismo y no era ajeno a la belleza masculina. Dejó párrafos al respecto, pacatamente omitidos por Brod. Más comprensible es el que el amigo entusiasta corrigiera ortografía, imprecisiones al citar en inglés o francés, comentarios denigratorios sobre personas entonces vivas o algunas expresiones incómodas para el mismísimo Max, cuyo sionismo militante Kafka —en ningún caso apolítico— no compartía del todo. Brod a su vez despreciaba a los rústicos judíos del Este, adorados por el autor de El castillo. Benjamin encuentra en Brod un esfuerzo normativo propio del judío integrado, el de adecuar la prosa de Kafka al Alto Alemán, expulsando de The Diaries todo aquello que provenga del checo, del yiddish o, simplemente, del alemán hablado en Praga.

En español, digamos, hemos tenido suerte filológica con Kafka. Si bien la traducción que los antiguos leímos primero (la de Feliu Formosa de 1975) proviene de la de Brod, Jordi Llovet (en 2000 para Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores) puso a traducir los diarios a don Andrés Sánchez Pascual y a un asistente, partiendo de una edición alemana me parece que intermedia, la de Gerhard Neumann, quien en 1982 ya había detectado buena parte de lo denunciado por Koch y, en consecuencia, por Benjamin.

¿Hay que quemar a Brod? Juiciosamente, Frances Wilson, en una reseña titulada a su vez con justicia “Descriptions of a Struggle” (The New York Review of Books, 6/IV/2023) pide justicia salomónica. Dice que, si la interferencia editorial de Brod es exasperante, la de Benjamin es doble, inevitablemente exasperante. ¿Tenía sentido seguir a Kafka hasta la ignominia textual repitiendo siete veces un fragmento casi idéntico que al escritor no le convencía, como lo hizo Benjamin? El traductor se jacta de devolver a los diarios su condición de “laboratorio de la producción literaria de Kafka” y cada lector podrá elegir entre la versión “romanceada” de los Diarios por Brod o el archivo-taller minuciosamente reensamblado por Benjamin, quien, a ratos, me fatigó. Durante la hora del lobo encontré consuelo en la versión de Sánchez Pascual.

Tuve la curiosidad, ya para terminar, de buscar las respuestas al cuestionario francés de 1946. Una de ellas, la del poeta Francis Ponge (1899-1988), es enigmática. Le llama la atención a su inquisidor sobre el uso dictatorial de los imperativos, propio del periodista. Contesta que hay que quemar no precisamente a Kafka, sino a su “agujero”, refiriéndose muy probablemente a “La madriguera” (traducida como “La obra”), uno de los últimos cuentos que escribió y casi tan extenso como La metamorfosis (me resisto a su traducción correcta, que sería “Transformación”). En “La madriguera”, un animal de naturaleza indeterminada se oculta en un orificio perfecto, su propia obra de castor. La madriguera, se ha dicho, es donde el escritor moriría escribiendo.

Ponge fue amigo de casi todos los belicosos cabecillas de la literatura francesa. Le daba risa que Albert Camus se escandalizara ante un mundo que era dichosamente absurdo y me atrevo a suponer, en cuanto a Kafka, que el deseo de los comunistas de quemarlo era, para Ponge, similar a la obsesión existencialista por presentarlo como el fantasma de un mundo oscuro y alienado. Kafka era, en opinión de Ponge, un ser vivo oculto bajo la tierra, moviéndose en libertad por un sistema de madrigueras, lo cual vuelve notorio de dónde sacaron Deleuze & Guattari su idea de Kafka.

Le importaba saber a Ponge, según le respondió a Action, quién sería el matarife, carnicero o tapa-agujeros que tendría el valor o los medios para liquidarlo. No se trataba de quemar a Kafka, refugiado más allá de todo peligro, sino de volver irrespirable ese subsuelo de la literatura sobre la cual se levanta la ciudad, ese inframundo donde, probablemente, Max Brod y Franz Kafka se buscan, uno a otro, recelosos.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Franz Kafka en México


"¿Cuándo comenzó a ser leído Kafka en México? Este texto traza la genealogía de la influencia que el autor de La metamorfosis tuvo en los escritores mexicanos, indaga en las primeras traducciones y muestra su presencia no siempre a la vista en la literatura de nuestro país." Tales son los términos de la bajada de este artículo, publicado por Ernesto Lumbreras, en la revista mexicana Letras Libres, el pasado 1 de junio.

La demorada resonancia de un grito

Si Kafka hubiera nacido en México, sería un escritor”1 perteneciente a la generación del Ateneo de la Juventud, un grupo que apenas si reparó en la existencia del narrador nacido en Praga, Chequia, el 3 de julio de 1883 y muerto en Kierling, Austria, el 3 de junio de 1924. La mayoría de los ateneístas lo pudo leer una vez que Max Brod comenzó a publicar los archivos de su amigo en 1925, el mismo año en que la Revista de Occidente daba a conocer la legendaria y enigmática traducción de "La metamorfosis". La revista dirigida por José Ortega y Gasset, estudiante de universidades alemanas entre 1905 y 1907, pronto se posicionó entre la comunidad intelectual de España y de Hispanoamérica; después de su fundación en 1923, abrió su sello editorial al año siguiente con un catálogo dedicado a libros de historia, literatura y filosofía avant la lettre.2 Después de aquella aparición inicial de Kafka en nuestra lengua, la revista española publicará “Un artista del hambre” en 1927. Como en la primera ocasión, el crédito del traductor del relato no figuró, omisión que dará lugar a falsas adjudicaciones y a varios entuertos detrás de los cuales encontramos al gran divulgador del autor de El proceso, Jorge Luis Borges, quien firmará la traducción de la primera compilación de relatos, La metamorfosis, publicada por Losada en 1938, en la colección La Pajarita de Papel a cargo de Guillermo de Torre.3

¿Estas piezas kafkianas pasaron sin pena ni gloria en la curiosidad de José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso, Martín Luis Guzmán, Alfonso Reyes, Julio Torri y Carlos Díaz Dufoo (hijo), seguros lectores y tal vez la mayoría cumplidos suscritores de la Revista de Occidente? Cabría esperar que, especialmente los tres últimos escritores de la lista, entreviendo afinidades intelectuales con la literatura del prosista checo, reconocieran una veta literaria de inocultable extrañeza y fascinación. Traductor de Goethe y Heine, Torri pudo leer a Franz Kafka en su lengua. Bibliófilo irredento, ¿encargaría el saltillense los libros publicados en vida, Contemplación (Rowohlt Verlag, 1912) o El fogonero (1913), La condena (1913), La metamorfosis (1915), En la colonia penitenciaria (1919) y Un médico rural (1919) aparecidos en el sello Kurt Wolff Verlag? Su amigo Ramón López Velarde, con toda seguridad, lo habría festejado de haber traducido La condena, una pieza narrativa que dialoga con un tema cardinal en la obra del jerezano: los fantasmas de la vida conyugal.4 La vena aforística de Kafka hubiera empatado con la de Díaz Dufoo, dos espíritus escépticos y contradictorios. Pero el autor de De fusilamientos no dejó señal alguna de una simpatía mayor en torno de los libros del escritor checo. Por último, en el universo de intereses de Alfonso Reyes, atento y escrupuloso lector de Proust y Joyce, el legado kafkiano apenas si le mereció algunos apuntes.5

Ante tal indiferencia o desconocimiento del gremio de escritores en la capital del país, incluida la generación de Contemporáneos en el paquete, llama la atención que en la revista Banderas de Provincias, número 12 de la segunda quincena de octubre de 1929, los jóvenes escritores tapatíos, de filiación católica, dieran a conocer el relato “Ante la ley” de Franz Kafka en traducción de Efraín González Luna, quien en otros números tradujo La Anunciación de Paul Claudel y un fragmento de Ulises de Joyce con sus respectivos comentarios.6 A partir de entonces, las lecturas y relecturas de la obra del autor de El castillo darán origen a algo más que una influencia literaria, una visión del mundo en todo caso donde los mecanismos de la angustia y del absurdo construyen minuciosos y desquiciantes pasajes de la existencia humana, dinamitando aquí y allá pilares vertebrales de la sociedad moderna, el matrimonio, la figura paterna y la familia, pero también removiendo el concepto de Dios, el de pueblo y el de justicia. Una vez puesta en cuestionamiento la veta nacionalista de la literatura mexicana –de la novela de la Revolución a la llamada novela indigenista–, la narrativa escrita en México a finales de los cuarenta asimilará registros, caracteres y atmósferas identificados con el orbe kafkiano.

Lectores fascinados y conmovidos de los relatos del checo fueron Elena Garro, Augusto Monterroso, Juan Rulfo, Francisco Tario y Juan José Arreola. Este último gustaba referir que nació en “septiembre del mismo año cuando Franz Kafka fue declarado mortalmente enfermo de tuberculosis”.7 Especialmente en Confabulario, la extrañeza y la paradoja llevadas al límite están en correspondencia con la geografía imaginaria del escritor de Carta al padre, pero también, en dosis menores y a veces en clave tragicómica, este punzante desasosiego se observa en Varia invención, incluso en Bestiario y Palindroma. En el caso de Monterroso, la obra de Kafka es diálogo, homenaje y prolongación; en “La cucaracha soñadora” y “Paréntesis” de La oveja negra y demás fábulas, “Kafka” y “Perros de Kafka y de Cervantes” de La letra e o “La cena” de La palabra mágica aparece un leitmotiv kafkiano que propicia la variación de una suite o una aproximación ensayística sobre su obra o figura. Por su parte, Octavio Paz no escapó a la tentación de contrastar la transformación de Lucio en asno referida por Apuleyo y la de Samsa en cucaracha relatada por Kafka; en ambos procesos hay diferencia en su origen y en su desenlace según el poeta:

La siguiente promoción de escritores en México leerá al narrador checo con el acompañamiento crítico de voces autorizadas en el asunto, Borges en el ámbito hispano, Pierre Klossowski, Georges Bataille, Maurice Blanchot y Gilles Deleuze en el orbe francés, Robert Musil, Walter Benjamin y Elias Canetti en el marco alemán. En las obras y en las reflexiones de Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Pedro Miret, José de la Colina, Salvador Elizondo, Amparo Dávila, Juan García Ponce, Margo Glantz, José Emilio Pacheco, Rafael Pérez Gay o Juan Villoro, subyace el legado de Kafka en distintos espesores y prioridades. Cuando lo leyeron, su influencia literaria flotaba en el aire de la época. García Ponce lo leyó radiográficamente y entendió que “la obra de Kafka está hecha de contradicciones tan evidentes, que permanece inevitablemente inconclusa, descansa en la primera terrible, maravillosa contradicción de que Franz Kafka vive desde su muerte y pasó toda su vida como muerto”.9 En su reseña de Respiración artificial de Ricardo Piglia, novela que aventura ciertos encuentros entre Hitler y Kafka, José Emilio Pacheco aprovecha la expedición crítica para marcar el lugar del escritor checo-judío en la literatura del siglo XX: “James Joyce intenta despertar de la pesadilla de la historia para hacer hermosos malabares con las palabras. Kafka despierta todos los días para entrar en la pesadilla y describirla. Kafka es Dante.”10 Juan Villoro se interesó por su escritura autobiográfica, diarios y cartas a los que se aferraba –clavo ardiente o tablón de náufrago–, pero también, donde el autor de América veía su paulatina transformación: “El diarista no busca saber quién es sino en quién se está convirtiendo.”11

La obra de Kafka rebasó pronto el ámbito literario y se tornó tema o pretexto para recreaciones teatrales, cinematográficas y plásticas. Aquí en México, dos figuras de la Generación de la Ruptura, José Luis Cuevas y Francisco Toledo, abordaron un espectro de su imaginario. El primero realizó en 1957 una serie de dibujos a tinta que se reunieron en el volumen The worlds of Kafka & Cuevas publicado en Filadelfia por Falcon Press; en tanto, el oaxaqueño ejecutaría en 2005 una serie de dieciséis grabados al aguafuerte, punta seca y azúcar a partir del relato “Informe para una academia” y de otros textos referidos a Pedro el Rojo, el chimpancé que se volvió humano. Un siglo después, el espíritu guasón de Franz Kafka, reverso de un alma en permanente angustia, marca nuestros días presentes con una luz cenagosa surgida de un sueño profundo donde se mezclan y relevan escenas de amor y muerte, de deseo y zozobra, de encuentro y persecución. ~

Notas:
1. Gracias a Gabriel Zaid, el autor del dicho, “Si Kafka hubiera nacido en México sería un escritor costumbrista”, tiene nombre y contexto: a finales del gobierno de Echeverría, en una reunión de amigos que comentaban episodios tragicómicos del régimen, el asesor bancario Alejandro Palma Argüelles (1935-¿?) lanzó la famosa frase que con el tiempo ha mudado de geografía en sus múltiples apropiaciones y distorsiones. En “Avatares kafkianos” de Letras Libres, noviembre de 2020, Zaid nos revela también ángulos poco abordados en torno del doctor Franz Kafka, muy estimado por sus jefes en la compañía de seguros donde laboró catorce años. 

2.En 1945 publican La metamorfosis en su colección Novelas Extrañas que contaba en su catálogo con La guerra con las salamandras de Karel Čapek, La dama del mar de H. G. Wells, Cuentos de fantasmas de Algernon Blackwood y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. De nueva cuenta, el registro del traductor no figuró en el volumen. El nombre de Margarita Nelken (1894-1968) se baraja como la posible traductora de las primeras versiones de Kafka al español. 

3.El volumen en cuestión incluía, además de “La metamorfosis”, los relatos “Un artista del hambre”, “Un artista del trapecio”, “El buitre”, “Una confusión cotidiana”, “La cruza”, “La edificación de la Muralla China”, “El escudo de la ciudad” y “Prometeo”. A principio de los ochenta, a pregunta expresa de Fernando Sorrentino, Borges declaró no ser el traductor de los dos primeros relatos adjudicados por displicencia del editor. 

4.La primicia de la traducción al español de este valioso relato, dedicado a Felice Bauer, estuvo a cargo de Arqueles Vela; se publicó con el título “La sentencia” en el único número de la revista Imán (abril de 1931) editada en París por escritores hispanoamericanos. 

5.Por ejemplo, en las páginas de “Apuntes para la teoría literaria”, Reyes engloba La metamorfosis en el rubro “de géneros geniales, como lo es la novela ensayo, que hasta puede afrontar disquisiciones filosóficas”, Obras completas XV, FCE, p. 477. En el artículo “Sobre la novela policial”, el regiomontano critica el “sentimiento del miedo” como atributo condicional de este tipo de obra que consigna Louise Bogan: “(Y aquí de la angustia de Kafka, Kierkegaard y otras honduras por este tenor.)”, Obras completas IX, FCE, p. 460. 

6.Después de tales aportaciones literarias, a las que es necesario sumar el poema “Viacrucis” de Paul Claudel, Efraín González Luna (1898-1964) se dedicó a la consultoría jurídica principalmente de instituciones bancarias. Escribió varios libros sobre administración pública y política. Fue uno de los fundadores del Partido Acción Nacional del que sería su primer candidato presidencial en 1952. 

7.Fernando del Paso, Memoria y olvido de Juan José Arreola, FCE, 2003, p. 23. En este mismo volumen dirá: “Amo el lenguaje sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías hasta Franz Kafka”, op. cit., p. 238. Por si faltara reafirmar tal admiración, agrega en otro de sus libros: “Cada vez que coincido, revivo. Claro que soy feliz cuando mi propio pensamiento se asemeja en algo, siquiera sea por el tema, al de autores que venero. He llegado a coincidir textualmente, por dicha o por desdicha, con Kafka, Papini, Duhamel y Max Scheler, por ejemplo”, Juan José Arreola, Inventario, Puertabierta Editores, 2017, p. 57. 

8.Octavio Paz, “Metamorfosis” en Corriente alterna, Siglo XXI, 1984, pp. 18-19. 

9.Juan García Ponce, “Deber e imaginación (a propósito de Franz Kafka)”, Texto Crítico, núm1, enero-junio de 1975, p. 25. 

10.José Emilio Pacheco, Inventario, tomo I, Era, 2017, p. 691. 

11.Juan Villoro, De eso se trata, Anagrama, 2008, p. 153.

viernes, 16 de agosto de 2024

Margarita Nelken, primera traductora de Kafka

Margarita Nelken
Elisa Martínez Salazar
 es profesora del área de filología alemana en la Universidad de Zaragoza. Es coautora junto a Julieta Yelin de Kafka en las dos orillas (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013). El presente artículo fue publicado en el número de julio de la revista mexicana Letras Libres. Allí vuelve a la cuestión sobre la autoría de la primera versión de Franz Kafka al castellano.

El testimonio de Margarita Nelken como primera traductora de Kafka al español

La reiteración de que algo es un hecho probado cuando no lo es no lo convierte en verdad, pero genera un estado de opinión en el que se difuminan los límites entre lo cierto y lo incierto. En los tiempos de desinformación que corren, padecemos a diario esta práctica en la vida pública. En el inofensivo terreno de la recepción hispánica de Kafka viene ocurriendo algo similar: se agolpan supuestas verdades contradictorias sobre la autoría de su primera traducción al español, enredada en una trama de tintes kafkianos y policiacos.

Es sabido que fue la Revista de Occidente, fundada y dirigida por Ortega y Gasset, el medio que publicó por primera vez un texto de Kafka en lengua española, concretamente La metamorfosis. Lo hizo en 1925, una fecha llamativamente temprana en el contexto internacional. Pero, pese a lo que se suele afirmar, no fue esta la primera traducción de la historia de Gregor Samsa a una lengua distinta del alemán. Unos años antes, todavía en vida de su autor, el joven escritor Sándor Márai la había vertido al húngaro. Y ello no fue precisamente del agrado de Kafka, que quería reservar los derechos de traducción a este idioma a su amigo el doctor Robert Klopstock, según hizo saber por carta a su editorial. Por tanto, no es la española la primera traducción mundial de La metamorfosis, por mucho que esto se repita.

Con todo, es cierto que el anónimo traductor de la Revista de Occidente se adelantó a lenguas como el francés, el inglés y el italiano. A lo largo de los años se ha especulado en torno a su identidad. Entre las distintas hipótesis, tres nombres sobresalen por haberse dado por ciertos a partir de indicios de solidez desigual: Jorge Luis Borges, Ramón María Tenreiro y Margarita Nelken. No me detendré en esta ocasión en la polémica atribución a Borges a que dio lugar la editorial Losada, al presentar mezcladas traducciones procedentes de la Revista de Occidente con otras del escritor argentino. Aunque aún no existe unanimidad al respecto, la autoría de Borges fue descartada hace décadas por Fernando Sorrentino y —eso sí, sólo cuando le preguntaban directamente— por el propio Borges: de los tres candidatos, fue el único que negó explícita y reiteradamente haber traducido La metamorfosis.

En cuanto a Tenreiro, su condición de traductor de alemán y reseñista de Kafka desde las mismas páginas de la Revista de Occidente lo convierten en una opción verosímil. Pero en los últimos años su autoría se está presentando ya no como una posibilidad, sino como una verdad indubitable. Es lo que viene defendiendo el profesor José María Paz Gago desde la prensa generalista y desde el ámbito académico. Incluso la propia Revista de Occidente ha acogido esta tesis en su reciente número monográfico dedicado a Kafka con motivo del centenario. Y, sin embargo, resultan llamativos tanto los argumentos empleados como la rotundidad de las conclusiones.

La afirmación de que solo Tenreiro pudo traducir la historia de Samsa se basa en una serie de coincidencias lingüísticas entre el texto de La metamorfosis y ciertas traducciones del escritor gallego, coincidencias que a juicio de Paz Gago constituyen una “prueba irrefutable” de su autoría. Sorprende una certeza tan firme, siendo que las muestras que se aportan corresponden en su mayoría a usos habituales de la lengua escrita de aquella época. Como tales, se trata de elementos frecuentes también en la prosa de Nelken (y en la de tantos otros). Así ocurre con el empleo de pronombres enclíticos (“repantingóse”), del adverbio “harto”, de la forma separada “en seguida”, de la conjunción adversativa “empero” y de la expresión temporal “al punto”, por citar únicamente los rasgos más recurrentes. Unas marcas lingüísticas que, al no ser exclusivas de ninguna pluma, no arrojan luz sobre la autoría de la traducción.

Mientras la figura de Tenreiro se difumina, Margarita Nelken se perfila con nitidez como la más probable traductora de La metamorfosis. La primera publicación española de la narración kafkiana coincidió con la fase de mayor número de traducciones firmadas por Nelken, que trasladó del alemán, además de otros libros para otras editoriales, nada menos que tres para la editorial Revista de Occidente entre 1925 y 1926. El propio José Ortega Spottorno —hijo de Ortega y Gasset y editor de la misma versión de La metamorfosis como libro, tanto desde la editorial de la revista como desde Alianza— sugirió el nombre de Nelken a la germanista Cristina Pestaña en 1999. Unas declaraciones que, sin ser concluyentes, han de tenerse en cuenta, al provenir de un testigo privilegiado del asunto. Pero el indicio más claro hasta la fecha, que viene a refrendar los anteriores, es un documento mucho más contundente. Se trata de una carta de la propia Margarita Nelken, que reproducimos a continuación.

En 1964, pocos años antes de morir, la intelectual recibió en México, donde vivía exiliada, la carta de una estudiante de la Facultad de Leyes de Salamanca llamada Juana Gascón, interesada en reconstruir la trayectoria de las mujeres diputadas de la Segunda República. Nelken respondió a su petición redactando una semblanza autobiográfica en la que se refería a distintas facetas de su carrera política y cultural. Con respecto a su labor traductora escribió: “Traducciones varias: del francés al español y del alemán (primera publicación de Kafka en la Revista de Occidente)”. Este pasaje puede localizarse en el último párrafo del siguiente fragmento, correspondiente al inicio de la carta:

Lo cierto es que esta información no es nueva: la publicó ya a finales de los años noventa la especialista Josebe Martínez y se tiene en cuenta tanto en la bibliografía sobre Nelken como en ediciones de su obra literaria. Sin embargo, el dato no ha trascendido lo suficiente a los estudios hispánicos sobre Kafka y su recepción. Ojalá su divulgación rebaje la rotundidad con la que se defienden otras opciones y nuevos hallazgos documentales confirmen sin lugar a dudas lo que ya tiene más que visos de verdad: el hecho de que fue Margarita Nelken quien tradujo por primera vez una obra de Kafka a la lengua española, una versión que después de un siglo continúa publicándose como anónima o atribuyéndose a otros.

jueves, 13 de junio de 2024

El gran traductor Adan Kovacsics habla de Kafka

El pasado 9 de mayo, Leonardo Domínguez publicó en El Universal, de México, una entrevista con el traductor chileno Adan Kovacsics (foto), uno de los traductores de Franz Kafka en España, a propósito del desafío que implica traducir al autor checo al castellano.

“Traducir a Kafka es como tocar Mozart al piano”

El primer encuentro entre La metamorfosis y la lengua de Cervantes aún conserva varios enigmas, un relato digno del espectro de su propio autor: Kafka.

Se sabe que tan sólo diez años después de la publicación original (en alemán), la Revista de Occidente publicó por primera vez la historia de Gregor Samsa al español, en 1925. Durante décadas, la traducción se le atribuyó a Borges, en gran medida porque en 1938 la editorial argentina Losada, en su colección “Pajarita de papel”, editó el primer libro de Franz Kafka en nuestro idioma: la traducción y el prólogo firmados por Jorge Luis Borges.

Pero la historia es distinta. La traducción habría sido de Margarita Nelken, hija de judíos alemanes emigrados a España; aunque es incierto si su versión la realizó directamente del alemán o de alguna otra traducción disponible en esa época.

Traductores como Juan José del Solar, Cesar Aira, Carmen Gauger, entre otros más, han permitido aproximarnos al abismo de la imaginación kafkiana; son ellos, los traductores, la llave a las fórmulas del escritor praguense que abren la puerta a relatos tan universales, donde hacen eco el sueño y la realidad.

Adan Kovacsics es uno de los destacados traductores al español del autor de El proceso, bajo el sello Alianza ha traducido La muralla china, Relatos y aforismos y una selección de narraciones en Relatos cronológicos, próximo a llegar a librerías mexicanas para conmemorar el centenario de la muerte de Kafka.

Kovacsics, de ascendencia húngara, nació en Santiago de Chile. Su trabajo se ha dedicado a descifrar al español la obra de Imre Kertész, con quien entabló amistad, de Karl Kraus, entre otros. En 2010 fue galardonado con el Premio Estatal de Traducción Literaria de Austria y en 2017 recibió el Gran Premio de Traducción Balassi de Hungría.

Milan Kundera, admirador profundo de Kafka, decía que hay momentos en los que “su prosa levanta el vuelo y se convierte en un canto”. Escuchemos esa melodía vertida en la voz de Kovacsics.

Las primeras traducciones de Franz Kafka al español parecen compartir un enigma “kafkiano”: durante mucho tiempo se le atribuyó a Borges la traducción de La metamorfosis. ¿Qué certezas tenemos sobre el primer acercamiento de la obra de Kafka al español?
–Tenemos la certeza de que la primera traducción de La metamorfosis se publicó en 1925 en la Revista de Occidente, cuyo director era José Ortega y Gasset. No se sabe a ciencia cierta quién fue el traductor, aunque se especula que fue una mujer, concretamente Margarita Nelken, quien sería luego diputada del Partido Socialista durante la República y luego, después de la Guerra Civil, se exiliaría en México. Después, en los años 30, la editorial Losada de Buenos Aires publicó esa misma traducción, aunque puso —por comodidad o por el prestigio del autor— que era obra de Borges, quien sí tradujo una serie de relatos que aparecieron en ese mismo volumen.

Se dice que, por desgracia, en las traducciones siempre hay pérdidas. ¿Qué se ha perdido en la obra de Kafka a través de los años? ¿Se ha ganado algo?
–Se ha ganado mucho más, desde luego. Se ha ganado la obra de Kafka en castellano, que no es poca cosa. ¡Cuántos lectores la han conocido en nuestra lengua! ¡Qué mundo se ha desplegado ante ellos a través de las traducciones! Claro que hay pérdidas, matices, referencias culturales que se pierden. Por ejemplo, el Herrenhof (Posada de los Señores) en El castillo remite a un café del mismo nombre en Viena frecuentado por el marido de Milena y también por ella misma. Cada palabra es una mirada a un abismo, y los abismos no son los mismos en todas las lenguas.

Franz Kafka pertenecía a una pequeña comunidad germanohablante de Praga, en un contexto muy particular de este país. ¿Qué tipo de lenguaje era el suyo? ¿Cómo influyó esto en su obra?
–Ese alemán de Praga, hablado por un grupo bastante reducido de personas —funcionarios, docentes, comerciantes— en una ciudad donde la mayoría era checa, sí determinó el lenguaje de Kafka. Era un alemán muy pulcro, con algunas peculiaridades. Y el alemán de Kafka es muy claro, muy transparente, muy preciso y directo, libre de adherencias.

En distintas charlas te he escuchado hablar sobre la relación entre la escritura y la música. ¿Cuál es la musicalidad en el lenguaje de Kafka? ¿Cuál es el sonido de su prosa?
–Como es sabido, Kafka no tenía oído para la música. Decía, quizá un poco en broma, que no era capaz de distinguir una opereta de una ópera de Wagner. Al mismo tiempo, sin embargo, la música sí aparece con un papel importante en sus narraciones. Por ejemplo, en La metamorfosis, (yo, por cierto, considero que la traducción correcta es “La transformación”): “¿Era realmente un animal, puesto que la música lo emocionaba tanto? Le pareció que se le abría el camino hacia el anhelado y desconocido alimento”. O en “Investigaciones de un perro” o en “Josefina la cantante…”. Él sí veía música en la lengua. En una carta a Milena Jesenská habla de la musicalidad del checo de Milena. Y hay música en la prosa de Kafka. Cuando comentábamos Juan del Solar y yo los problemas a la hora de traducirlo, él me decía que es “como tocar Mozart al piano”.

En Los testamentos traicionados, Milan Kundera hace una crítica a los traductores franceses de Kafka por su excesiva “necesidad de sinonimizar”. El escritor apunta que “la situación del traductor es extremadamente delicada: debe ser fiel al autor y al mismo tiempo seguir siendo él mismo”. ¿Cómo lograrlo? ¿Cómo lograr ser invisible sin ser invisible?
–Sí, es el gran reto, el gran desafío al que el traductor se enfrenta una y otra vez. Quiere desaparecer cuando desaparecer es imposible. Pero también los lectores tienen que adaptarse a esa realidad, así como tienen que adaptarase a la realidad de Babel. No se puede hacer como si Babel no existiera.

Trabajaste la traducción de gran parte de las cartas de Franz Kafka, incluyendo su correspondencia con Felice Bauer. También te has dedicado a traducir algunas de sus obras de ficción. ¿Hay un Kafka sentimentalmente distinto entre el que escribe cartas y el que escribe ficción?
–El mismo conflicto profundo y el mismo anhelo de libertad alimentan todos sus escritos, sean relatos, aforismos, cartas, apuntes en los diarios. Ese conflicto y ese anhelo están siempre ahí. Esa es su grandeza. Por otra parte, claro, se percibe una diferencia, en aspectos estilísticos o en el vuelo de la imaginación.

Como bien sabemos, la desobediencia de Max Brod permitió que perdure el legado de Kafka. ¿Qué papel han jugado los traductores en la consagración póstuma del escritor?
–Un papel importante son los que han hecho posible la difusión universal de una obra que habría quedado recluida en el ámbito de una lengua, la alemana. Y es una obra de una dimensión universal, tanto en oriente como en occidente, tanto en el sur como en el norte se lee a Kafka, se absorbe su obra.

¿Por qué es relevante la obra de Kafka en nuestro siglo? ¿Qué lectura nos da de nuestro presente?
–Lo relevante es su compromiso absoluto con la literatura. Lo relevante es el carácter ambiguo y enigmático de su obra, en la que no sabemos si habla desde una observación fría y realista de un mundo exterior o desde la visión, a través de fábulas y parábolas, de un mundo interior. ¿“La construcción de la muralla china” es la descripción de un funcionamiento del poder o la descripción de la propia obra de Kafka que no le sirve del todo para protegerse y además no termina nunca? Lo grande de Kafka es que todo presente encontrará algo en sus escritos.

miércoles, 5 de junio de 2024

La vigencia de Kafka, según sus traductores

"Alberto Gordo y Adan Kovacsics dicen a La Razón que lectores continúan identificándose con ese poder inaccesible que comenzaba a gestarse en el siglo XX; comparten visiones de La metamorfosis, El proceso y El castillo." Tal es la bajada de la nota publicada pasado 31 de mayo, por Adriana Góchez, el en el diario mexicano La Razón

Centenario de Kafka, escritor que sigue hablando al presente

El mundo actual podría definirse como muy kafkiano, porque está envuelto en una realidad absurda, donde el poder es inaccesible y existen situaciones delirantes, propias de una obra del escritor Franz Kafka, quien supo reflejar y advertir las consecuencias del capitalismo, de ahí que siga tan vigente un siglo después de su muerte, centenario que se conmemora el 3 de junio.

En lo anterior coinciden los traductores Alberto Gordo y Adan Kovacsics, quienes en entrevista con La Razón consideran que el autor nacido en Praga continúa hablándonos en el presente.

“Fue el primero en plasmar ese mundo. Esa exposición del individuo a un poder inaccesible, arbitrario, la relación con la comunidad, las leyes inaprensibles, pero siempre presentes, todo eso es el mundo kafkiano”, compartió Adan Kovacsics, premiado en España y Austria por sus traducciones.

En La metamorfosis, Kafka lleva a los lectores a vivencias delirantes, pero no lejanas a la cotidianidad, como lo que vive Gregorio Samsa, quien despierta convertido en un insecto y su primera preocupación es no faltar a su trabajo. En el mundo real de quien lee, nadie se ha transformado en bicho, pero, ¿quién no se ha angustiado por cumplir con su labor en medio de una tragedia?

“Es una cosa muy de Kafka ser capaz de representarte el absurdo de la sociedad, porque qué cosa más absurda que mañana te caigas por unas escaleras, estés a punto de matarte, te ingresen y lo primero que pienses al día siguiente es ‘¿qué le voy a decir a mi jefe?’.

"A través de un relato como La transformación (La metamorfosis) es tan patente que la relación de Samsa es netamente absurda, no se altera porque esté de repente convertido en un bicho, sino ante la posibilidad de llegar tarde al trabajo, nos está mostrando algo mucho más complejo, lo absurdo de nuestras relaciones ante determinadas cosas… A veces nuestra realidad es absolutamente kafkiana y absurda”, comentó Alberto Gordo, traductor de Cuentos completos (Páginas de Espuma, 2024).

La metamorfosis, ha apuntado Juan José Millás en el prólogo de la edición de Nórdica Libros, si bien “a primera vista” es un “relato sencillísimo”, en el que “podría penetrar un adolescente cuya biografía lectora acabase de comenzar”, es a su vez, un relato complejo.

En El proceso y El castillo, obras póstumas publicadas por el amigo de Kafka, Max Brod, el autor se centra en alertar sobre ese poder al que los individuos y comunidades cada vez menos van a acceder. Además de presentar a personajes destinados a vivir en la imposibilidad de lograr sus objetivos.

“Sus obras están relacionadas con el poder y la dependencia, son elementos que no caducan, hoy se puede identificar con los poderes a los que estamos sometidos en el sistema capitalista, ese poder que no es tan identificable como antes, pero está ahí y nos somete, nos hace realizar lo que tenemos que hacer todos los días, dependemos de alguna manera de él, acertó a preverlo”, apuntó Alberto Gordo.

En lo anterior coincidió Adan Kovacsics, para quien ambas obras nos presentan este poder sin rostro que surge en el siglo XX. “Por eso resulta también cercano a los lectores de nuestro siglo, ésa es la enorme trascendencia de la obra de Kafka, logró interpretar por adelantado lo que ocurriría en las décadas siguientes, ese poder anónimo, burocrático, individuos puestos en ese poder arbitrario, incomprensible.

"Es importante ver que en Kafka no es el individuo el que está luchando contra un poder, sino que es la ley de la comunidad frente al individuo la que lo enfrenta”, comentó.

Kovacsics consideró que de los grandes autores del siglo XX, Kafka es el que más cercano ha estado a los lectores.

“Está más cercano a nosotros, es decir, de estos grandes autores del siglo XX, como Thomas Mann, James Joyce, Marcel Proust, el que más resalta es Kafka, por ese poder visionario que tenía. Luego también hay un aspecto casi estilístico, muy puro, no hay escritor tan transparente en su escritura como él, es curioso que su obra es muy enigmática, pero al mismo tiempo transparente”, comentó el traductor.

Aunque por mucho tiempo el también autor de América fue leído con solemnidad por la proyección que dio al mundo su amigo Max Brod, al crearle una personalidad dotada incluso de cierta religiosidad, en los últimos tiempos se ha reivindicado el humor que está presente en las obras de Kafka, lo cual ha contribuido a entender de otra manera sus textos.

“El humor atraviesa toda su obra, pero es un elemento que se ha soslayado a lo largo de muchos años, a partir de una interpretación que viene de Max Brod, quien empieza a crear esa imagen de Kafka como una especie de santo laico, un sacerdote de sotana raída, la cual contribuye que a Kafka se le lea con cierta solemnidad, cuando era una persona a la que le gustaba reír.

Esto se traduce en su obra, está el elemento lúdico en sus primeros cuentos, luego la ironía, un humor negro y después un humor absurdo”, remarcó Alberto Gordo.

Adan Kovacsics, para quien la gran narrativa siempre es cómica en el fondo, en Kafka este aspecto está siempre. “Hay escenas realmente hilarantes en El proceso, El castillo, La transformación o La metamorfosis, escenas cómicas.

"Se sabe que cuando leía sus textos le daba un ataque de risa, porque le resultaban cómicos”, añadió. Sobre este humor, incluso el escritor Manuel Vilas ha dicho que “Kafka es un luto cómico”.

Acerca de su estilo, Alberto Gordo ve en Kafka, “una originalidad radical” y Adan Kovacsics, una separación total del XIX que le permitió “una escritura totalmente nueva, muy del siglo XX”.

“Era muy minucioso y se nota al traducirlo, buscaba la precisión, siempre sus frases dicen más de lo que parecen decir en una primera lectura, muchas veces lo que parece absurdo, que no tiene sentido, sí que tiene un sentido; buscaba no escribir superfluamente, nada es gratuito, era llevar la historia hacia donde quería llevarla, eso forma parte de su estilo”, apuntó Alberto Gordo, quien también resaltó que el autor tuvo un proyecto literario muy concreto y eso se refleja en los textos que publicó, pero también en lo que no quiso que llegara a los lectores.

INFLUENCIA EN AMÉRICA LATINA
Los textos de Kafka llegaron a Latinoamérica en el siglo pasado y no tardaron en tener a grandes admiradores, entre ellos, el escritor Jorge Luis Borges, quien consideraba que los relatos del autor eran auténticas pesadillas; Gabriel García Márquez, quien tuvo su primer acercamiento con La metamorfosis, y Augusto Monterroso, quien concibió “La cucaracha soñadora”.

El argentino Ernesto Sábato consideraba que Kafka era uno de los "más originales escritores de todos los tiempos".

Para autores contemporáneos como Pergentino José (Oaxaca, 1981) es un referente. En su libro Hormigas rojas (2023) reconoce algunos elementos kafkianos.

"He tratado de tomar algunas cuestiones de Kafka, el efecto de extrañeza, de angustia, tratar de que no se vuelva una literatura fantástica sino donde hay una alteración de hechos. En hormigas rojas están estos elementos muy kafkianos de los ambientes y de la angustia", dijo a La Razón el autor, quien considera que los ecos de Kafka también pueden encontrarse en Josefina Vicens, en El libro vacío, sobre un personaje que intenta escribir un relato que nunca acaba; y en Yuri Herrera.

jueves, 9 de mayo de 2024

Kafka y el desconcierto que despierta

En las últimas horas, un cable de la agencia EFE anunció la publicación de una nueva edición de la novela El proceso, de Franz Kafka, en una nueva traducción, con el correspondiente nuevo ordenamiento que plantea Reine Stach, biógrafo del escritor checo. La bajada de la nota, reproducida ayer por Cultura InfoBAE, dice: 
"La versión es obra del filósofo y germanista Luis Fernando Moreno Claros. El texto agregado explica el origen biográfico de la obra y brinda una amplia visión de sus múltiples interpretaciones".

Una nueva traducción de El proceso de Kafka incorpora un fragmento inédito en español

La editorial española Arpa acaba de publicar una nueva traducción de El proceso, de Franz Kafka, en la que se han reordenado los capítulos y se ha incorporado un fragmento inédito en español, basado en descubrimientos recientes de Reiner Stach, su biógrafo más destacado.

El proceso, obra inconclusa del escritor bohemio, es una de las novelas más aclamadas del siglo XX; sin embargo, es una de las que el propio autor pidió que fueran quemadas. Tras su muerte, en 1925, la obra se publicó e inmediatamente recibió elogios de escritores como Thomas Mann y de grandes pensadores como Walter Benjamin, Adorno o Hannah Arendt.

La literatura de Franz Kafka es una de las pioneras en la fusión de elementos realistas con elementos fantásticos. Sus temas giran principalmente en torno a temas como los conflictos entre padres e hijos, la ansiedad, el existencialismo, la culpa, el absurdo o la burocracia.

Los estudiosos de Kafka discuten sobre cómo interpretar al autor; algunos hablan de la posible influencia de alguna ideología política antiburocrática, de una religiosidad mística o de una reivindicación de su minoría etnocultural, mientras otros se fijan en el contenido psicológico de sus obras.

El epílogo que completa esta nueva edición de El proceso explica el origen biográfico de la obra y proporciona una visión panorámica de sus múltiples interpretaciones y resonancias, explicó este jueves Arpa.

El proceso, obra inconclusa del escritor bohemio, es una de las novelas más aclamadas del siglo XX; sin embargo, es una de las que el propio autor pidió que fueran quemadas. Tras su muerte, en 1925, la obra se publicó e inmediatamente recibió elogios de escritores como Thomas Mann y de grandes pensadores como Walter Benjamin, Adorno o Hannah Arendt.

La literatura de Franz Kafka es una de las pioneras en la fusión de elementos realistas con elementos fantásticos. Sus temas giran principalmente en torno a temas como los conflictos entre padres e hijos, la ansiedad, el existencialismo, la culpa, el absurdo o la burocracia.

Esta novedosa traducción es obra del filósofo y germanista Luis Fernando Moreno Claros, que sigue fielmente los manuscritos originales de Kafka y recrea su estilo tan característico.

Argumento de El proceso
Josef K., un ciudadano corriente, se despierta una mañana en presencia de unos misteriosos funcionarios que han ido a detenerlo a la pensión en la que reside. Lo interrogan y le comunican que se le permite seguir con su vida diaria a pesar de estar detenido y, a partir de ahí, se ve envuelto en un proceso judicial laberíntico cuyo inexplicable entramado intentará desentrañar.

Para ello tendrá que adentrarse en el enigmático mundo del tribunal, una instancia omnisciente que todo lo domina desde las sombras.

Con este argumento, El proceso se ha interpretado como la novela que mejor simboliza la alienación y el desamparo del hombre moderno: un ser perdido en una maraña de burocracia absurda, anonadado ante la fuerza de un poder abstracto que lo somete, y que se ve abandonado a su desesperación en medio de un mundo falto de cordura, o simplemente condenado a existir y morir sin haber dado un sentido a su vida.

viernes, 14 de julio de 2023

Kundera en Pinamar

La muerte del escritor Milan Kundera ha desatado una enorme cantidad de artículos de todo tipo en el mundo entero. Entre los varios que publicó el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 12 de julio, hay uno de Pablo de Vita. En la bajada con que se presenta, se lee: “Fernando de Valenzuela, que llegó al país desde España en 1949 junto a su familia cuando tenía dos años, es el responsable de todas las versiones en castellano de la obra del gran escritor checo”.

El traductor de Kundera al español y una anécdota que nace en la Argentina

Toda la obra escrita en checo de Milan Kundera contó con el mismo traductor al español: Fernando de Valenzuela. Insólitamente, títulos fundamentales de este notable escritor checo como La broma, El libro de la risa y el olvido o su insoslayable La insoportable levedad del ser tuvieron un traductor hispano-argentino y una anécdota que nace en Buenos Aires.

Escapando de la represión franquista, la familia Valenzuela llegó a la Argentina en 1949. Fernando tenía dos años. Vivió en Buenos Aires hasta los diecisiete cuando el portero, gallego claro, de la entonces Embajada Checoslovaca en nuestro país lo inscribió para una beca de estudios en Praga. Llegó a la Checoslovaquia comunista sin saber una palabra de checo.

En la Universidad de Carlos se licenció en Filosofía y, luego, ejerció el periodismo en la agencia EFE, de la que fue delegado en Varsovia, Praga y La Paz. En esos años previos al exilio parisino del célebre escritor, fue cuando lo conoció en Praga, siendo además testigo de la invasión soviética que puso fin a la “Primavera de Praga”. Providencialmente,este cronista dialogó con el traductor hace una década cuando había regresado al país y se encontraba radicado en General Madariaga, provincia de Buenos Aires. Valenzuela manifestaba entonces la sincera amistad que lo unía a Kundera y a su esposa Vera, cómo el escritor le había otorgado siempre plena confianza y libertad para traducir sus libros y sobre aquellos encuentros en los que podían hablar tanto de Jan Patocka y Karel Kosic, eminentes filósofos que fueron profesores del traductor y amigos de Kundera, tamizados entre literatura y música.

Tiempo después Valenzuela confiaría que ese encuentro, que tuvo como marco la proyección de La broma, de Jaromil Jires, la única adaptación al cine que el escritor aprobaba, y de La insoportable levedad del ser, de Philip Kaufman, que asimismo detestaba, había llegado a oídos del escritor: “Les mande un mensaje a los Kundera contándoles de la proyección de las películas en la biblioteca de Pinamar y haciendo un breve resumen de tu intervención. Me respondieron enseguida muy contentos. Vera añadió que si fuera envidiosa me envidiaría por estar donde estamos”.

Así, Buenos Aires, Praga y París quedaron unidas en la trama urdida por el azar y el silencioso oficio del traductor que permitió la existencia de legiones de admiradores de habla hispana para uno de los escritores checos más famosos de todos los tiempos.

martes, 10 de junio de 2014

El proceso y un problema kafkiano en Ecuador

El siguiente artículo, firmado por el escritor ecuatoriano Leonardo Valencia (1969), fue publicado en diario El Universo, de Ecuador, el 3 de junio pasado. Se habla en él de un curioso proyecto del Consejo de la Judicatura de Ecuador donde, aparentemente, no se le hace justicia a los traductores.

Kafka y el derecho del traductor

Hay muchas ediciones de los libros de Kafka. Quien fuera un discreto abogado checoslovaco, de lengua alemana, y que murió publicando apenas unos cuantos libros breves, nunca llegó a ver el éxito mundial de sus novelas póstumas, como El desaparecido (durante mucho tiempo titulada América), El castillo y El proceso. Los mejores traductores del mundo se han volcado a este autor que ha planteado tantos retos y dificultades, así como estímulos para el gran arte de la traducción. En el ámbito de lengua española, los más recientes traductores de Kafka han sido Miguel Sáenz, Juan José del Solar (recientemente fallecido), César Aira, Renato Sandoval y Rodolfo Hásler. Entre los más prestigiosos y anteriores han estado nada más y nada menos que el gran escritor argentino J. Rodolfo Wilcock, entre otros traductores como Feliu Formosa o J. D. Vogelmann. Es decir, hay toda una lista de maestros de la traducción, oficio que con el paso de los años y el reconocimiento de sus derechos, no solo en cuanto a pago por su autoría intelectual, ha logrado también un reconocimiento público de su trabajo, incorporando sus nombres hasta en la misma portada de los libros. La razón es evidente: una traducción literaria es una recreación del lenguaje y del mundo del autor a la lengua de destino. La dedicación del traductor exige no solo un talento idiomático sino una cualidad creadora de alto rigor.

Menciono esto porque tengo en mis manos una reciente edición ecuatoriana de la novela El proceso de Kafka publicada en la colección “Literatura y justicia”, emblemático nombre para un proyecto que difunde obras que vinculen la literatura con la labor que lleva adelante el Consejo de la Judicatura de Ecuador. En la contraportada de las ediciones, y específicamente en la que tengo, hay un par de leyendas que señalan los objetivos del proyecto editorial: “Vincular los aspectos que subyacen en la condición humana con las normas y sanciones que las rigen”, y poco después: “La expiación y la culpa, la equidad y la solidaridad como la prueba más alta del concepto de justicia”. En la página interior de créditos consta una larga lista de participantes del proyecto, desde el presidente del Consejo de la Judicatura, los vocales, el consejo editorial, el director de la colección, el editor general, el director de la Escuela de la Función Judicial, y luego lo indispensable: el crédito de fotógrafos, diseño, revisión bibliográfica, equipo periodístico, revisión y corrección de textos. Incluso aparecen los nombres del “Apoyo administrativo Editorial”, el “Apoyo Técnico Gaceta Judicial” (sic). Muchas personas. Aunque son muchas, digamos que está bien que vayan todas.

Pero no hay ni una sola mención al traductor del libro. Es decir, quien ha hecho la parte más importante del trabajo y que tiene derechos legales sobre el reconocimiento económico y público de autoría. Nada, ni una línea. Apenas se menciona que “Libresa S.A. cede los derechos de traducción de la obra” por esta única edición. Pero ninguna mención al traductor. Reviso entonces la edición de Libresa del mismo libro –la de julio de 2011– y tampoco encuentro ninguna mención al traductor. Reviso algunas de las traducciones de Kafka al español y no encuentro ningún parecido, hasta que doy con una de un tal R. Kruger, publicada hace más de treinta años por la editorial española EDAF, que sí se parece, palabra a palabra, con la que publica la colección del Consejo de la Judicatura.

¿Quién será R. Kruger? ¿Vivirá? ¿Sabrá que en un país muy lejano de su país de origen se han publicado miles de ejemplares de su traducción y que no consta su nombre por derecho de autor de traducción? Quiero suponer que legalmente se le habrá pagado, y en cualquier caso eso ya es tarea del mismo Consejo de la Judicatura que, de ahora en adelante, estará atento de que la editorial Libresa publique los nombres de los traductores de la vasta lista de libros traducidos que hace circular por Ecuador.

Hay que felicitar al Consejo de la Judicatura por tan hermoso proyecto –salvo este error grave de omitir el traductor– porque ha hecho mucho más que el Ministerio de Cultura que todavía no logra apoyar solventemente a la industria del libro ecuatoriano o poner en funcionamiento eficaz una red de bibliotecas (¿o es tarea del Ministerio de Educación? Entonces, ¿para qué un Ministerio de Cultura?). En resumen, cuando los funcionarios se llenan de discursos de integridad y de eficacia y de grandes reformas en el sistema judicial pero no cuidan el derecho nada menor del traductor de un libro que es quien ha cargado todo el trabajo, ¿dónde queda lo kafkiano del asunto? El prologuista de la edición ecuatoriana de El proceso de Kafka, el abogado Néstor Arbito Chica, hace un buen prólogo –donde menciona su trabajo en la reforma judicial– y consta su breve biografía junto a la de Kafka en la solapa. Supongo que el mismo prologuista se interesará por aclarar este olvido del traductor y sacarlo a la luz de un largo “proceso” editorial en el que se ha olvidado su derecho incuestionable. Supongamos que R. Kruger esté muerto, su derecho lo tendrán sus herederos, y si no hay herederos, al menos el reconocimiento público de su nombre. Quiero suponer, en honor a Kafka, que esto no se convertirá en otro largo proceso kafkiano donde se olvide el propósito básico: el derecho de cada uno de los hombres frente a un aparato descomunal que busca deshumanizar a cada individuo y controlar, sin cuestionamiento ni disensos, toda una sociedad. Ahora que hay un interesante grupo de traductores ecuatorianos, su derecho a la difusión y la concienciación social de su autoría es un principio a defender sin pretextos ni justificaciones.

Una traducción literaria es una recreación del lenguaje y del mundo del autor a la lengua de destino. La dedicación del traductor exige no solo un talento idiomático sino una cualidad creadora de alto rigor.


jueves, 2 de julio de 2009

Borges y Kafka: un tema recurrente


En los últimos tiempos ha vuelto a plantearse en la prensa, como si se tratara de una novedad, la cuestión sobre la autoría de la traducción de La metamorfosis (tal el título hasta hace poco) de Franz Kafka. Sin embargo, la cuestión ya había sido parcialmente saldada hace una década por Cristina Pestaña, Licenciada en Filogía Alemana de la Universidad de Valladolid, quien en 1999 publicó en Espéculo. Revista de estudios literarios, de la Universidad Complutense de Madrid, un artículo que se reproduce a continuación.

¿Quién tradujo por primera vez La metamorfosis de Franz Kafka al castellano?

Tiene razón Fernando Sorrentino en su artículo "El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo" (Revista Espéculo, año IV, nº10, noviembre/febrero 1998/99) cuando alude a la ‘ilícita’ paternidad de Borges en la traducción al castellano de "Die Verwandlung", de Franz Kafka. Como el propio Sorrentino afirma, el factor desencadenante de su exposición fue mi artículo titulado "Intertextualidad de F. Kafka en J.L. Borges" y publicado también en Espéculo un año antes (nº7, noviembre’97-febrero’98). Cuando escribí el citado artículo para la revista me encontraba en plena elaboración de mi tesina, finalmente titulada "La Metamorfosis de F.Kafka: Crítica de alguna de sus traducciones al castellano". Con este trabajo pretendía presentar una pequeña demostración, un trabajo práctico en el que se probara que se era capaz de realizar una crítica de la traducción aplicando criterios objetivos y siguiendo las últimas teorías al respecto. Las traducciones que recogí no fueron seleccionadas por azar. Hablaré de las que son relevantes para el tema de este artículo. La primera que seleccioné, por su antigüedad, fue La Metamorfosis, publicada por primera vez en la Revista de Occidente, nº 18/19 en Madrid en el año 1925. El segundo ejemplar a comparar fue la publicada en 1945 por la Editorial Revista de Occidente, en la colección de la misma editorial titulada "Novelas Extrañas". La tercera traducción es la de Borges. La traducción de Borges se presentaría harto interesante a la hora de realizar un estudio sobre la dualidad escritor-traductor: hasta qué punto en una figura como la de Borges se vería reflejada esa mencionada dualidad, cómo se entremezclarían en él la tarea de transmitir al castellano lo que Kafka hizo con el alemán y la aportación en la traducción de un estilo propio, del "sello del traductor", que, si bien esto es algo que en todo traductor se da, es lógico pensar que este matiz aparecería más potenciado en Borges.

A continuación explico todos los pasos que di hasta averiguar que, efectivamente, Borges no podía ser en modo alguno el traductor de Die Verwandlung:

Según distintos anales bibliográficos consultados (1), las primeras traducciones en España de Die Verwandlung tienen lugar durante la década de los años cuarenta. No obstante, si seguimos la teoría "oficial", cabría decir que la primera traducción al castellano se realiza fuera de la península: en 1938 Jorge Luis Borges publica su propia versión en la bonaerense Editorial Losada, dentro de la colección "La Pajarita de Papel".

Con toda seguridad, la traducción de Borges es una de las versiones en castellano más conocidas de la obra de Franz Kafka, tanto por su antigüedad como, sobre todo, por la figura que Jorge Luis Borges representa dentro de las Letras Hispánicas. De manera que no es difícil de comprender que esta traducción haya sido considerada por muchos traductores posteriores de esta obra, ya españoles, ya americanos, como ‘texto-guía’ en el que apoyarse para el desarrollo de sus propias traducciones al castellano de Die Verwandlung.

Siete años después de la primera publicación del texto de Borges en Buenos Aires (1938), apareció publicada en 1945 una traducción en España dentro de la Editorial Revista de Occidente, en la colección de la misma editorial titulada "Novelas Extrañas". La aparición de esta traducción no tuvo mucha relevancia en la época, al igual que ocurrió por aquel entonces y a escala mundial con el resto de los escritos de Kafka, no pasando de interesar más que a pequeños círculos intelectuales o académicos. Pero, por otra parte, la existencia de una traducción firmada por Jorge Luis Borges ayudaría en un futuro posterior, cuando se produjese la auténtica eclosión de la figura de Kafka en la Literatura Universal, a que esta traducción quedara relegada al olvido, ensombrecida por la firmada por Borges.

En el original de esta versión, actualmente en la Fundación Ortega y Gasset de Madrid, nada se nos indica acerca del traductor. Si se consulta las bibliografías que ofrecen otras traducciones de La Metamorfosis, en ellas se señala la existencia de esta versión y se nos da un nombre, Galo Sáez, que figura como el traductor de la obra publicada en 1945 por la Editorial Revista de Occidente.

Movida por el interés que despertó la existencia de, a priori, la primera traducción de La Metamorfosis en España, me dirigí a la Fundación Ortega y Gasset con el fin de que me facilitaran la versión de 1945. Con sorpresa advertí la existencia de otra traducción de Die Verwandlung, más antigua y datada en 1925, un año posterior a la muerte de Franz Kafka. Esta traducción apareció publicada en dos partes, en la propia revista. La primera de ellas en el número XVIII y la segunda parte, en el XIX de la misma revista. En la revista tampoco figura el nombre del traductor; simplemente se señala que el autor del texto es Franz Kafka. Cotejando la una y la otra, la de 1945 y la de 1925, se llega fácilmente a la conclusión de que ambas traducciones son idénticas y que, por tanto, el traductor es el mismo; si bien, en un primer momento, los intentos de conseguir el nombre de éste o, por lo menos, probar "la existencia" del mencionado Galo Sáez fueron nulos. En primer lugar porque hay que mencionar que los archivos de la Revista de Occidente anteriores a la Guerra Civil Española fueron destruidos durante la misma. Por otra parte, consultado el Índice (2) de la propia revista, se señala la publicación de la obra de Franz Kafka, pero nada se dice acerca de quién pudo ser su traductor. En vista de todo esto, parece claro que la traducción de 1945 no es más que la reedición de la aparecida en 1925 y que el traductor es el mismo.

Para Don José Ortega, hijo de Ortega y Gasset y director de la Revista de Occidente y de la Editorial Revista de Occidente a partir de 1943, el posible traductor de la obra fue una mujer: Margarita Nelken (3), si bien, no teniendo constancia de ello, recordemos que los archivos de la Revista se destruyeron durante la guerra, cuando la reeditó en las ediciones de la Editorial Revista de Occidente, no indicó nada sobre el posible o la posible traductora, al igual que en el Indice de la revista. No obstante, a pesar de la vacilación de Don José, se descarta que Galo Sáez fuera el traductor, puesto que aquel mismo asegura que éste no era más que el nombre de la imprenta madrileña donde se imprimían los libros de la Revista de Occidente y la revista misma.

Ahora bien, si cotejamos esta traducción con la de Borges, los resultados son más que sorprendentes: ambos textos son absolutamente idénticos, no hay diferencia alguna. Aparte de los ejemplos que Fernando Sorrentino ofrece en su artículo, creo conveniente añadir que constaté una leve variación en la que el texto borgiano se desvía de la clara traducción fuente: es en el primer capítulo de la obra. (TLO: Capítulo 1º, pág.10).

TEXTO Borges. PG.5.

Eran las seis y media, y las manecillas seguían avanzando tranquilamente. Es decir, ya era más. Las manecillas estaban casi en menos cuarto. ¿Es que no había sonado el despertador?. Desde la cama podía verse que estaba puesto efectivamente en las cuatro; por lo tanto, tenía que haber sonado. Mas ¿era posible seguir durmiendo impertérrito, a pesar de aquel sonido que conmovía hasta a los mismos muebles?. Su sueño no había sido tranquilo. Pero, por lo mismo, probablemente tanto más profundo. Y ¿qué hacía él ahora?. El tren siguiente salía a las siete; para alcanzarlo era preciso darse una prisa loca. El muestrario no estaba aún empaquetado, y, por ultimo, él mismo no se sentía nada dispuesto. Además, aunque alcanzara el tren, no por ello evitaría la filípica del amo, pues el mozo del almacén, que habría bajado al tren de las cinco, debía de haber dado ya cuenta de su falta. Era el tal mozo una hechura del amo, sin dignidad ni consideración. (4)

Al cotejar el texto seleccionado con el texto de la Revista de Occidente y de la Editorial, se observa que los tres son absolutamente idénticos y únicamente el texto borgiano altera en sólo tres ocasiones el contenido de los otros dos:

No calca la construcción ¿qué se hacía él ahora? eludiendo simplemente el reflexivo "se": ¿Qué hacía él ahora?.

En segundo lugar, se decanta por utilizar un sinónimo del verbo coger, utilizado por la revista: Para cogerlo (Borges) en vez de Para alcanzarlo (R. y E. de Occidente). La última alteración se produce en el cambio de la fórmula temporal; mientras que la R. y E. de Occidente muestran el Imperfecto de Subjuntivo terminada con la desinencia verbal -RA, Borges se decanta por la otra opción que este tiempo verbal posee en castellano, la acabada por -SE. Por otra parte, el escoger el verbo "alcanzar" y no conservar el original "coger" puede encontrar justificación en el aspecto semántico, en el matiz que este verbo (coger) posee en algunos países de América. La connotación que este verbo posee en Argentina obligó al autor o editor de esta traducción a efectuar el cambio de verbo: El verbo coger en la América hispanohablante tiene el significado principal de copular, pero su uso se ve empleado en un registro bajo, vulgar, de ahí que sea absolutamente lícito el cambio hecho por el traductor.

Teniendo en cuenta la absoluta coincidencia de los textos, no me pareció exagerado utilizar el término "plagio" para designar la traducción firmada por Borges. Ahora bien, siempre me quedó presente la duda, lógica, por otra parte, al hablar de un personaje de la talla de Jorge Luis Borges, de que tanto los textos de 1925 y 1945 como el texto borgiano fuesen igualmente traducidos por el mismo Borges, puesto que la autoría de Margarita Nelken no ha podido ser probada por el momento. Esta incógnita queda despejada a la hora de consultar al biógrafo de Borges, Marcos Ricardo Barnatán (5): La única y primera colaboración de J.L. Borges en la Revista de Occidente tiene lugar en 1924, estando el propio Borges en Buenos Aires. El artículo se publica en el número de fin de año y el título del artículo reza del siguiente modo: Grandeza y menoscabo de Quevedo, como se puede observar, nada en relación con el tema que aquí se trata. Queda también claro, siguiendo la biografía de Barnatán, que Galo Sáez, nombre del traductor que ofrecen algunas bibliografías, tampoco pudiera ser un seudónimo utilizado por Borges, pues el primero que utiliza el argentino es Francisco Bustos y en el año 1933. Por otra parte, si Borges hubiera sido el autor de estos textos, esto sería algo sabido universalmente que éste hubiera sido ‘el primero que convirtió al castellano una de las más importantes obras de Franz Kafka’, y probablemente habría sido señalado incluso por el mismo Borges en las posteriores ediciones de su traducción. Borges, en un artículo periodístico, declaraba que:

Yo traduje el libro de cuentos cuyo primer título es La Transformación, y nunca supe por qué a todos les dio por ponerle La Metamorfosis. Es un disparate, yo no sé a quien se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán.(6)

De las propias afirmaciones de Borges se desprende que él mismo reconoce no ser el primer traductor de la obra, y que por lo tanto, cuando él la tradujo por primera vez, ésta ya era conocida, por lo menos, en círculos culturales.

La hipótesis que me aventuré a lanzar a partir de las premisas expuestas es la siguiente: Seguramente, Borges, como colaborador de la Revista y aún residiendo en Buenos Aires por aquel entonces recibiese periódicamente esta publicación y posiblemente leyera el texto de 1925, pues, como hemos dicho anteriormente, en 1924 publicó un artículo suyo en la Revista de Occidente. En 1936 estalla la Guerra Civil Española; en el año 1938 la contienda está prácticamente sentenciada. Borges, consciente de la caótica situación de la época, que conoce la pérdida de los archivos y el fin de la Revista de Occidente, se aprovecha de la situación, porque lo más seguro es que guardase celosamente esa traducción de 1924 en Buenos Aires.

¿Ironía o arrepentimiento?. Ya al final de su vida, Borges declaraba, precisamente hablando sobre la figura de Franz Kafka, que: "... es mejor plagiar a otros y no plagiarse a sí mismo. En todo caso, es lo que siempre he hecho, prefiero plagiar a otros". (7)

Conclusión: Considerada como una de las obras cumbre de la Literatura Universal, La Metamorfosis, Die Verwandlung en alemán, es una de las obras del escritor checo Franz Kafka más conocidas por los lectores de habla hispana. Pero lo que el gran público ignora es que esta obrita fue traducida por primera vez al castellano en 1925 posiblemente por Margarita Nelken para Revista de Occidente, adelantándose a las primeras traducciones inglesas y francesas de Kafka, y, lo más sorprendente, el escritor Jorge Luis Borges jamás tradujo la obra. Abierta queda la puerta para futuras y apasionantes investigaciones: ¿La traducción se basa a su vez en una traducción francesa? ¿Es realmente Margarita Nelken la traductora?. Si es así, ¿estaba Borges al corriente de ello?


NOTAS:

SIMON DIEZ, J.: Manual de bibliografía de la literatura española. Editorial Gredos, Madrid, 1980.
- BOMPIANI: Diccionario de autores. Editorial Hora, S.A. Barcelona 1980.
- MENÉNDEZ PIDAL, R.: Biblioteca de traductores españoles. C.S.E.C., Madrid, 1952.
- Catálogo General de la Librería Española e Hispanoamericana. Cámara Oficial del Libro, Madrid-Barcelona, 1932.

SEGURA CORVASI, E.: Indice de la Revista de Occidente. Instituto "Miguel de Cervantes", C.S.E.C. Madrid, 1952.

Margarita Nelken (1896-1966), hija de judíos alemanes emigrantes en España, fue una reconocida escritora y política. Tras la Guerra Civil Española, fue diputada socialista durante la II República, hubo de emigrar a México, país en el que murió. Se interesó por la situación de la mujer española escribiendo numerosas obras al respecto. También tradujo obras del inglés y del alemán, así como publicó trabajos referentes a la Historia del Arte.

La traducción aquí utilizada es la de la Editorial Planeta, Barcelona, 1992.

BARNATÁN, M.R.: Borges, Biografía total, Editorial Temas de Hoy, Madrid, 1995.

BORGES, J.L.: "Un sueño eterno", El País, 3 de julio de 1983.

BORGES,J.L./FERRARI, O.: "Kafka puede ser parte de la memoria humana". Diálogos. Editorial Seix Barral, Barcelona, 1992.