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lunes, 18 de noviembre de 2013

Los checos pagan su deuda

Anežka Charvátová
Hace casi un año, en el sitio de Radio Praha, se publicaba la siguiente información referida a la publicación de un clásico de Guillermo Cabrera Infante: “El glorioso boom de la literatura hispanoamericana cumple medio siglo de vida estos días mientras algunos de los títulos indiscutidos de ese período recién empiezan a ser traducidos al checo. Es el caso de Tres Tristes Tigres, novela que convirtió el habla más coloquial de La Habana en lenguaje literario y que en diciembre publica la editorial Fra, con traducción de Anežka Charvátová”.

República Checa paga su deuda
con Guillermo Cabrera Infante

 Tras sufrir con las traducciones al checo de las monumentales Los Detectives Salvajes y 2666, las dos obras maestras del escritor chileno Roberto Bolaño (Ver en este blog entrada del 20 de enero de 2010), la traductora e hispanista Anežka Charvátová ni siquiera se tomó un respiro ). De inmediato se puso a trabajar de cabeza en la traducción de Tres Tristes Tigres, proyecto que hace tiempo venía acariciando, pero que por una u otra razón tuvo que postergar. Hasta ahora. Esta semana la traductora le puso punto final al manuscrito de la novela en checo y se apresta para publicarla antes de que acabe el año, por razones de contrato, en la editorial Fra.

 “Yo creo que Cabrera Infante es un clásico y habría sido mucho mejor traducirlo al checo en los años 60, por supuesto, cuando se publicó el libro en español, en el año 1967. Pero en aquella época estaba prohibido en Cuba y tampoco se pudo publicar en Checoslovaquia, por supuesto. Después del 89 llegó el tiempo político bueno, pero tampoco dinero ni nada y fue un proyecto largo y difícil. Cuando por fin una editorial decidió publicarlo, la editorial FRA, que lo va a publicar ahora, me dio la traducción, pero yo estaba llena de otras cosas porque trabajaba en Bolaño.”

Resulta que antes de que Anežka Charvátová comenzara a trabajar en Tres Tristes Tigres, apareció en checo la novela póstuma de Cabrera Infante, La Ninfa Inconstante.

“La tradujo Petr Zavadil y es una traducción muy buena. Pero tuvimos una pequeña discusión: si acaso es bueno publicar primero la obra póstuma y solo después la obra clásica. Yo pensaba que habría sido mejor empezar con Tres Tristes Tigres, pero ya no, creo que fue mucho mejor publicar primero La Ninfa Inconstante, porque es más fácil de ser leída, es más abordable para un lector cualquiera para conocer a Cabrera Infante. Porque ahora, leyendo y releyendo Tres Tristes Tigres, me doy cuenta de que es una obra muy difícil y muy moderna en su época de creación, pero no estoy segura si ahora ya muchos no la van a tomar como algo superado o envejecido, que no lo creo que sea así, pero la literatura ha evolucionado mucho mientras tanto.”

De esta manera, enfatiza la traductora, la República Checa empieza a pagar la deuda que tiene con algunos clásicos de la literatura latinoamericana.

“Creo yo que tenemos muchas deudas con los clásicos latinoamericanos. Entre los cubanos la deuda más grande que teníamos era con este libro de Cabrera Infante y con Paradiso, de José Lezama Lima, que es una deuda que no sé si se va a saldar algún día, porque es mucho más difícil todavía que Tres Tristes Tigres.

Y a pesar de su dificultad, ya que muchos críticos la comparan con el Ulises, de James Joyce, cree que hay lectores en la República Checa para una novela como Tres Tristes Tigres.

“Sí, espero que los haya, porque no lo traduzco para mí ni para cinco amigos. Quiero que lo lean los lectores. Hay muchos chistes, mucho juego de idioma, creo que el lector checo entiende bien este tipo de humor. También tenemos escritores que utilizan el mismo tipo de humor.”

 La traductora de Tres Tristes Tigres comenta que en la República Checa hay escritores similares a Cabrera Infante, lo que puede facilitar su aceptación por parte del público. Y da un ejemplo.

“Siempre que quiero comparar a Cabrera Infante con algún escritor checo pienso en Josef Škvorecký, que en sus novelas ambientadas en los EE.UU. también trabaja con un checo inglés, chinglés, si se puede llamar así. Sus personajes hablan un checo muy deformado, muy influido por el inglés, y también hace muchos chistes fonéticos con el lenguaje. Es más o menos el mismo tipo de juegos que hace Cabrera Infante entre el español y el inglés, el spanglish. Y además el trabajo con el idioma hablado que hace Cabrera Infante también lo utiliza Škvorecký en muchas novelas suyas ambientadas en la República Checa. Y el amor que tienen ambos por el jazz. O sea, hay muchos elementos que los unen y creo que los lectores de Škvorecký pueden apreciar mucho esta novela de Cabrera Infante.”

Traducir Tres Tristes Tigres era un desafío demasiado suculento para dejarlo pasar, ya que los traductores aman los desafíos, agrega.

“Está lo de la deuda, no solo de las editoriales checas, sino también mía, porque este proyecto de traducción ya lo tengo desde hace mucho tiempo. Era ahora o nunca. Y está lo del desafío, porque traducir algo que es intraducible es para un traductor un desafío que es necesario tratar de hacerlo”.

En ese sentido, no cree que exista alguna obra que no se pueda traducir.

“Todo se puede traducir, todo. Creo que no hay cosas intraducibles. Hay que encontrar la manera de cómo traducirlo. Hay cosas que no se pueden traducir tal cual y hay que rehacerlo un poco. Incluso se tradujo Alicia en el País de las Maravillas, que es un libro que se parece mucho a Cabrera Infante ya que él es un gran lector de Lewis Caroll. Y la cita que encabeza Tres Tristes Tigres es de Alicia en el País de las Maravillas.”

Comparado con el trabajo que le dio Bolaño en las traducciones de 2666 y Los Detectives Salvajes, Anežka Charvátová sostiene que Tres Tristes Tigres fue mucho más difícil.

Tres Tristes Tigres es más difícil por los juegos de idioma, por todo, por los trabalenguas, que no basta con traducir, hay que recrear, hay que reinventar. Eso es como traducir poesía, que te toma mucho más tiempo. Una cosa es entenderlo y otra cosa es recrearlo, para que tenga el mismo significado, el mismo estilo y los chistes. Por eso esta es la novela que más me ha costado traducir y la sensación, tras terminar la traducción, es de alivio.”

Anežka Charvátová, que también trabaja en Fra como editora, cree que la novela no estará lista para salir a competir en el mercado prenavideño, porque falta afinar algunos detalles, antes de entrar en el proceso de corrección. Pero tiene que publicarse antes de que termine el año sí o sí, por razones de contrato.

De esta manera, la República Checa empieza a pagar la deuda que tiene con algunos escritores clásicos de Latinoamérica, empezando con este cubano universal, que fue perseguido primero por la dictadura de Batista y después por el régimen castrista y que murió en el exilio en Londres, en febrero de 2005.


viernes, 6 de enero de 2012

Cómo arruinar una noticia siendo acrítico y trivial al mismo tiempo

La noticia tiene unos meses. Fue publicada en La Tercera, de Chile, y demuestra una ignorancia supina por lo que es James Joyce, y una singular falta de respeto por las memoria del escritor y traductor cubano Guillermo Cabrera Infante y por la del escritor y traductor español Eduardo Chamorro. Dicho de otra manera, el artículo sin firma, publicado el 18 de septiembre de 2011, es una sumatoria de perogrulladas y una demostración de todo lo que el periodismo cultural no debe ser. Por lo pronto, reproduce acríticamente una noticia publicada en el diario español  El Mundo, a propósito de una nueva traducción española de Dublineses que reemplazaría la traducción canónica de Cabrera Infante. Uno podría hasta entender que un diario español celebre eso, pero no que un diario latinoamericano reproduzca la información sin comentarla. Luego, compara trivialidades de una y otra traducción sin inferir nada de éstas (y habría bastante qué decir). Es probable que los amigos del diario chileno le hayan dado fuerte al pisco. Si no, no se explica tanta pavada junta.

Publican nueva traducción de Joyce

A inicios de los 70, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante se hizo cargo de la traducción de Dublineses, célebre volumen de cuentos de James Joyce. Hasta ahora, era su versión la que imprimía periódicamente editorial Alianza. Hubo un cambio: el sello acaba de distribuir una nueva traducción del libro, a cargo de Eduardo Chamorro. Y las diferencias son evidentes. Según informa el diario El Mundo, prácticamente todas las frases escogidas por Cabrera Infante y Chamorro para traer al castellano a Joyce son distintas. El autor de Tres tristes tigres, dicen, había optado por una traducción libre.

No hay modificaciones en los contenidos, sino en la forma: la "Miss Kate" del cubano, en la versión de Chamorro es sólo "señorita Kate"; el primero habla de "chiquitas", el segundo de "chavalas"; según Cabrera Infante, los ojos del inicio del cuento Duplicados son "botados"; para Chamorro son "exoftálmicos". Y así sigue: Joyce ahora tiene un nuevo tono.

martes, 6 de julio de 2010

Cabrera Infante habla de traductores y traducciones

Publicada originalmente en la revista Vuelta (Nº 198, mayo de 1993), en la entrevista que se transcribe a continuación, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante conversa con la crítica y traductora Suzanne Ji11 Levine sobre sus influencias y sobre la importancia de las traducciones que leyó a lo largo de su vida en su propia creación. La entrevista fue traducida por Mario Ojeda Revah.

El traductor en la guarida del escritor

–Pareciera que Hemingway ha suscitado una ansiedad de influencia en varias generaciones de escritores, muchos latinoamericanos entre ellos. ¿Se considera usted afectado por esta influencia, o por la ansiedad, o por ambas? ¿Y qué aspecto de Hemingway, su estilo o el hombre, ha influido más en usted?

–Probablemente su fama.

– ¿Y su estilo?
–Primero su fama, después su estilo.

–Vista del amanecer en el Trópico termina con una cita de “The Green Hills of Africa” de Hemingway, solo por citar un ejemplo entre las muchas citas de y referencias a Hemingway en sus libros.
– Sí, claro, pero recuerde que él vivía allí en La Habana, de suerte que era imposible abstraerse, no de su notoriedad, sino de su fama. Hemingway era el modelo de escritor célebre que vivía en Cuba. Así que, ¿por que no imitarlo en eso? No como a un escritor influyente per se, como Lewis Carroll, si usted gusta, sino a un escritor famoso que vivía precisamente allí. Era inevitable. Y en cuanto a las citas, hay en mi obra citas de Borges, Faulkner, o incluso de Arthur Koestler, ¡por Dios!

–¿Estaría Usted de acuerdo en que la visión literaria de Faulkner ha tenido un mayor impacto sobre su obra que la de Hemingway?
– Sí pero haría la distinción entre interés e influencia. Leí a Faulkner a los 16, 17, 18 años, y fue para mí el epítome del gran novelista. Sin embargo, esta influencia desapareció muy pronto. Lo cierto es que nunca leía Hemingway con la misma avidez que a Faulkner. De manera que existe una gran diferencia entre influencia e interés e incluso entre el interés del fan, del fiel y el interés faunesco. Todo eso es por completo diferente. Soy y he sido un gran fan de Alfred Hithchcock, pero no creo que haya influido en mi obra. Hay fragmentos aquí y allá, como el formato de Así en la paz como en la guerra, que proviene de un libro de Hemingway. Pero incluso en este libro existen ciertos relatos que están mas cerca de Faulkner que de Hemingway, por ejemplo “Un rato de tenme allá”. La primera lectura es mas faulkneriana que hemingwayesca, con el recurso de tener por narrador a un niño.

–Me pregunto si leyó a estos escritores en traducción o en inglés, y si leerlos en traducción produjo un efecto distinto en usted.
– Los leí tanto en traducción como en original, pero a Faulkner lo leí primero, en 1946, en la traducción de Borges de The Wild Palms, y después de que lo leí en el original, muchos anos después, me pareció que era mucho mejor libro en español que en inglés. Porque esta organizado por Borges, que era muy distinto al tipo caótico de escritor que era Faulkner. Faulkner era, se puede decir, un escritor muy prolijo, el opuesto total a Borges. Después leí Light in August –que significa parir en agosto, un juego de palabras imposible en español–, y después leí Sanctuary, o tal vez leí Sanctuary primero. Tiempo después, repentinamente comenzó a venderse en La Habana la colección de ediciones de bolsillo de la casa Signet. Así fue como conocí Intruder in the Dust y sus relatos, A Knigbt’s Gambit. Para cuando cumplí 20 anos había leído todo el Faulkner que había querido. Y como sucede con For Whom the Bells Toll, que es un libro que no quisiera tener que volver a leer jamás, lo mismo sucedió con la mayor parte de los libros de Faulkner, con la excepción de nuevo de es una oportunidad de leer a un gran maestro como era Borges, reorganizando el mundo de un tipo de poeta muy desaliñado como era Faulkner. Sin embargo, leí otros libros de Hemingway, como The Sun Also Rises. Es muy gracioso porque primero leí For Whom the Bells Toll, y después The Sun Also Rises, secuencia que debió de haber sido la opuesta, si tomamos en cuenta que el sol sale antes de que doblen las campanas.

–¿En inglés o en español?
–En inglés. Y leí “The Killers”, por ejemplo, en español, pues no se conseguía por aquella época en inglés. Más tarde, cuando me casé, un hombre, un español que era el encargado de la biblioteca en Carteles, me regaló The Fifth Column and the First 49 Stories, los relatos reunidos de Hemingway. Sin embargo, antes de eso, ya había leído The Old Man and the Sea en la revista Life. Y no fue sino hasta no sé cuántos años después que leí la versión de Lino Novás Calvo, en la que me sorprendió el hecho de que Hemingway lo considerara su mejor traductor, porque justo al final del relato, en un lugar más que evidente se encuentra el flagrante error de Novas acerca de los leones, en el que traduce leones en la playa por leones marinos. Y eso en verdad me llamó la atención como algo muy curioso, primero por ser una traducción de Novas y después por tratarse de Hemingway, que aparentemente hablaba español. Puedo decirle que siempre que vi a Hemingway  en La Habana habló en inglés, nunca en español. Una vez intentó hablar en español, pero era un español más bien torpe. De manera que a partir de esto se puede inferir que jamas leyó la versión española de The Old Man and the Sea.

 –Así que, en cierto sentido, Lino Novas Calvo representa para usted no un gran traductor, sino el arquetipo del traductor como traidor, generador de despropósitos.
–Oh no, fue un gran traductor en la medida en que tradujo a Faulkner al español antes que nadie, y no sólo los relatos de Faulkner, sino novelas como Sanctuary, y fue el traductor oficial de Ortega y Gasset y la Revista de Occidente, y de muchas traducciones en Cuba para la revista Bohemia. Tradujo todo lo que allí apareció tal y como había sido escrito en inglés norteamericano. Sin embargo, es una de esas cosas que encuentro muy extrañas: cometer ese error enorme al final del libro. Lo tuve en cuenta por muchos anos y cuando escribí la parte de “Bachata” en Tres tristes tigres, mencioné y discurrí sobre este burdo error. No obstante, al mismo tiempo, Lino tuvo una gran influencia sobre mí, no sólo como traductor, sino como un escritor de relatos que utilizaba el patrón cubano, o el habla cubana como un tipo de escritura literaria. Y también porque sus personajes eran muy novedosos, muy en el estilo de La Habana de los años veinte. Y fui una suerte de admirador suyo durante algún tiempo, mas no por muchos años. Sin embargo, me sorprende que nadie que haya leído, reseñado o criticado El acoso de Alejo Carpentier haya mencionado “La noche de Ramón Yendía” de Lino Novás Calvo, que es un relato muy anterior, del cual podría decir que es un mucho mejor relato, una mejor novela –puesto que es precisamente en ese género en el que se inscribe el libro de Carpentier.

–¿Tienen la misma trama?
–Son muy semejantes. En el caso Lino Novas, el personaje principal es una especie de señuelo al servicio de la policía de Machado, quien imagina ser perseguido por la policía revolucionaria justo después de la caída de Machado. Y en el caso de El acoso se trata de un soplón que en verdad es perseguido por toda La Habana como Ramón Yendía, por sus antiguos colegas, o por la policía, o quien fuera. Son obviamente muy similares: ambos escritores eligieron una situación particular que tuvo lugar en La Habana. Y me parece, francamente, que con todo y ser ambos relatos tan similares, estoy seguro de que Carpentier leyó el relato de Novás Calvo, y que Novás era considerado un maestro antes de que nadie hubiera oído hablar de Carpentier en Cuba. De hecho, Carpentier regresó a Francia y escribió un solo relato, que es “Viaje a la semilla”, en 1942 o 1943. Más tarde escribió un libro sobre la música cubana que fue escrito en Caracas y publicado en México, de forma que nunca se le consideró un verdadero escritor cubano. Se le consideraba tan extraño como su manera de hablar.

–Novas Calvo era español, nació en España, pero emigró a Cuba desdemuy joven, ¿no es así?
–Carpentier nació en La Habana; Lino Novas Calvo nació en Galicia. Pues bien, se trata de una inversión total: Carpentier llegó, por voluntad propia, a sonar y parecer muy extraño en La Habana, en tanto que Lino se volvió muy cubano en Cuba. No sólo eso; Novas fue durante algún tiempo taxista, y conducir un taxi por aquel tiempo era en verdad la más cubana de todas las profesiones. No puedo imaginar a Alejo Carpentier conduciendo un taxi.

Me imagino que ya que Novás comenzó a traducir para la Revista de Occidente debió de haber traducido sus primeras obras de Faulkner mientras vivía en España.
–Sí. Y también tradujo a D.H. Lawrence y a Huxley. Fue traductor profesional en Madrid a principios de la década de los treinta.

–Entonces, ¿comenzó su carrera de escritor como traductor?
–No, porque antes de eso ya había comenzado a escribir en Cuba. Después regresó a España como corresponsal de una revista cubana. Fue entonces cuando entró en contacto con Ortega y Gasset y sus allegados, y cuando se involucró en la Guerra Civil, en la que casi muere. Siempre se comportó de una manera muy extraña, toda su vida. Era lo que uno llamaría no un antihéroe, sino más bien un no-héroe. Atrapado en situaciones heroicas, primero en Cuba, más tarde en la Guerra Civil española, y más tarde aún en Cuba. E incluso mas tarde, cuando se asoció con otro traductor, que también era escritor, Orlando Masferrer, quien era en verdad un hombre de acción pero también un gángster corrupto entre otras cosas. Finalmente aterrizaría en la revista Bohemia, donde se convirtió en el editor en jefe, y dejó Cuba después de la revolución porque Miguel Angel Quevedo y sus compinches dejaron la isla. De modo que fue más o menos obligado a irse. Sin embargo, pienso que también era extremadamente suspicaz ante los comunistas por lo que vio en España durante la guerra civil, cosas terribles que solía contar. Pero entonces, de nuevo, ¿por qué pasó por la revista Hoy, suplemento de un periódico comunista? Estoy hablando de 1940, 1941 o 1942, que fue cuando lo conocí. Era muy joven entonces, pero recuerdo a esa gente muy bien, Novas Calvo, Masferrer, Montenegro, todos trabajando para el periódico comunista Hoy. Quizás se pueda decir que Lino Novás fue terriblemente gregario en el sentido equivocado.

–Lo cual no es decir greguerías.
–Lo que no significa que haya tenido una buena vida. No en Cuba primero, ni en España después, durante la Guerra Civil, ni tampoco de regreso en Cuba. Por ahí de 1953 o 1954 –fue entonces cuando lo volví a ver–yo era entonces el crítico cinematográfico de la revista Carteles, y la mujer de Lino era la editora de una muy exitosa revista de mujeres llamada Vanidades. Muchas veces tuvo la curiosa idea de que uno no debería hacer novelas a partir de relatos cortos, que era completamente anacrónico. Que uno debería escribir reportajes, crónica periodística, cosas por el estilo. Es exactamente allídonde terminaba el escritor funcional. De manera que desde 1949, probablemente –cuando publicó en Bohemia un relato increíblemente bueno llamado “Anguscola y los cuchillos”–, hasta que dejó Cuba en 1960, no volvió a escribir relatos. Lo único que escribió fue la traducción de Hemingway y eso fue casi todo. De ahí que me haya sorprendido saber que cuando él se convirtió en un exiliado en este país y mientras daba clase en la universidad de Syracuse haya retornado la tarea de escribir, quiero decir relatos. Era precisamente eso lo que sabía hacer mejor. Pero, de alguna manera, el exilio no le ha sentado bien a Novás Calvo.

–Esta idea de la ficción como algo anacrónico y del reportaje como la octava maravilla, ¿cree que haya influido en usted como escritor?
–En lo absoluto. Me enojaba mucho que Lino dijese estas cosas, especialmente que se las dijese a los escritores jóvenes. Yo tenía por entonces 24 años, y sabía lo que quería y cómo conseguirlo: sin embargo, había escritores jóvenes de 18 o 19 años que se le acercaban y a los cuales les repetía la misma historia una y otra vez: que uno no debía escribir ficción, que uno debía escribir reportaje; uno debía escribir para los periódicos, olvidarse de los libros, olvidarse del relato. No sé por qué hacía eso, creo que habría sido comprensible si hubiera renunciado a ser escritor. Pero no fue el caso, a diferencia de Carlos Montenegro, que dejó de escribir por completo. No sé lo que sucedía, pero Lino era un hombre muy extraño. Al mismo tiempo se la pasaba regañándome por salir en la televisión. Yo tenía un programa, y él me decía siempre que me veía, con esa voz tenue tan suya, “acabarás por convertirte en un actor”. Algo muy tonto viniendo de un hombre que era obviamente muy inteligente. No sé por qué hacía esas cosas. ¿Por qué dejó de intentar volver a obtener reconocimiento, cuando ya estaba en el exilio, muchos, muchos años después? ¿Por qué no hizo lo que Carpentier, quien escribía y publicaba su propio material, pagando por la publicación de sus novelas y relatos? Nunca lo entendí. En consecuencia tiendo a creer que Carpentier tenía más fe en la literatura y en sí mismo que la que Lino jamás tuvo.

–¿Cree Usted que “The Killers” de Hemingway haya tenido alguna repercusión en “La noche de Ramón Yendía”, al ser, de alguna forma, un modelo de relato gangsteril?
–Es difícil decirlo, en verdad: “Los asesinos” había sido publicada muchos antes de que Lino Novas imaginara la situación en su relato, pero algo muy extraño ocurre con el lenguaje en ese relato; no tiene nada que ver con Hemingway, es algo distinto.

–¿Qué quiere decir?
–El lenguaje es tan particularmente habanero, o lo que Lino Novás nos hizo creer que era habanero. No estoy tan absolutamente seguro de que hablaran así. Sólo estoy seguro de que él abordó el material con una cierta idea de coloquialismo, de lenguaje popular, lo cual es muy diferente a Hemingway. Creo que Hemingway siempre estuvo interesado en la situación, y que el lenguaje venía después; esa es mi impresión. Siempre tenía en mente un personaje dado, con inclinaciones dadas, como sucede en The Sun Also Rises. Y después venia el tratamiento del lenguaje. Desde luego, daba la impresión de ser tremendamente original. Eso probablemente atraía a Novás Calvo. Pero le puedo decir algo acerca de “Los asesinos”. “Los asesinos” influyó muchísimo sobre mi historia de “Balada de Plomo y Hierro”. No sólo porque en aquel relato únicamente había personajes y situaciones, sino porque los gángsters eran gángsters cubanos, muy distintos de los gángsters de “Los asesinos”. Muy distintos también de “La noche de Ramón Yendía”, en donde prevalece el punto de vista del delator y esa angustia, cierta o imaginada, de ser perseguido. En “Los asesinos” al igual que en “La balada”, la perspectiva es la de los asesinos, no la del perseguido. En “La balada” hay también un giro humorístico al final, que la hace ligeramente distinta a “Los asesinos”. No creo que ni Lino Novas ni Carpentier hicieran una confesión semejante.

–Bueno, eso lo hace a usted un hombre más honesto.
– Oh no, tengo esta compulsió por decir absolutamente todo. Sólo pregunte sobre algo e instantáneamente le diré lo que se. Estoy muy cerca del señor Memoria en Los 39 escalones de Hitchcock. Digo la verdad a mi pesar.

–Regresemos a la posible influencia de las traducciones...
–Recuerde que cuando comencé a leer literatura norteamericana a la edad de 15 o 16, no sabía leer en inglés. Era lector de traducciones obligadamente, incluso en el caso de la literatura francesa, porque no sabía entonces hablar francés. Quería leer a Malraux o a André Gide como comentarista de la novela norteamericana. Además, algunas de estas traducciones eran muy buenas; no eran precisamente lo que uno diría acerca de la Coca Cola: la chispa de la vida. Sin embargo se hacían traducciones muy aceptables en Argentina, México, Chile, e incluso en Cuba. De modo que era la única manera de conocer a estos autores, y era una forma agradable porque la traducción argentina de Erskine Caldwell tenía cierta mordacidad, era un español que no era precisamente español. El traductor intentaba imitar el ritmo y el habla de la narración y de los personajes, sin embargo utilizaba argentinismos. Por ejemplo, God’s Little Acre fue traducida en la edición que yo leí en 1946 como La chacrita de Dios. Era divertido pues uno tenía que entender lo que significaba chacrita, ya que no había nada como una chacrita en Cuba. Y todas esas traducciones estaban plagadas no sólo de americanismos, sino de argentinismos, chilenismos, mexicanismos. Esto era parte del sabor. De modo que disfruté estos libros inmensamente en traducción. El único problema era que no había suficientes libros traducidos por aquella época, cuando quise leerlos. Y después llegó una bendición encubierta, la colección Signet, una casa editorial que publicó a todos esos autores en ediciones de bolsillo. Pude leer todas esas novelas de Faulkner que le mencioné. Pude leer Trouble in July de Erskine Caldwell. Pude leer a Steinbeck y a Dos Passos en inglés. No porque estuviera en busca de una tierra original donde todos estos escritores se hubieran reunido, sino porque no se encontraban sus libros, tan sencillo como eso. No se les encontraba ni en cubano ni en español.

–Regresando a Lino, ¿cuál fue su primera traducción?
–Tradujo “All the Dead Pilots” de Faulkner para la Revista de Occidente de Madrid, y otro relato cuyo título no recuerdo. Y después tradujo Sanctuary. Y muy bien; leí Sanctuary de nuevo en inglés en los años cincuenta, pero su versión era bastante legible y bastante entretenida.

–Es interesante que tal vez su primer contacto con el sabor lingüístico de otros países latinoamericanos haya sido a través de estas traducciones de la literatura norteamericana.
–Hubo otros libros que no eran traducciones, como Don Segundo Sombra o Martín Fierro, o algunos otros libros argentinos. Pero básicamente conocí este tipo de lenguaje muy extraño por medio de las traducciones del inglés al español. No sé si eso lo haga más interesante, pero así sucedió.

–Bueno, supongo que pienso en todos los juegos que usted juega con el vocabulario, los acentos y los dialectos, y en cómo las realidades lingüísticas parecen importarle más que el mundo que se oculta detrás de esas palabras.
–No estoy tan seguro. Pienso que leí esos libros simplemente por diversión, no que buscara personal, modelos ni nada semejante.

–Un aspecto único de su obra es que Ud. esta siempre reescribiendo textos, en cierto sentido. De hecho las traducciones al inglés de su propia obra lo han inspirado a menudo a reescribir el texto en inglés, y después a trabajar sobre él. Tal y como hizo con “A Nest of Sparrows” que se convirtió en “Nest, Door, Neighbors”, o más recientemente con la edición británica de Vista del amanecer en el Trópico.
–Es verdad, pero también sucede lo mismo en español. Quiero decir que siempre estoy reescribiendo. No tengo problemas con la hoja en blanco para nada. Simplemente escribo cualquier cosa que imagino o se me ocurre. Y después viene el problema de reescribir, no sólo en libros como Tres tristes tigres o La Habana para un infante difunto. Sucede incluso con los artículos que escribo ahora en Londres, reescribo mucho. En realidad, pierdo dinero al escribir esos artículos, porque debieran tomarme una sola tarde y a veces me toma hacerlos más de una semana. Y eso pasa sólo porque me sucede que en inglés, francés o español ninguna palabra llega sola. Cada palabra ofrece la posibilidad de tres palabras más porque la primera palabra las sugiere. Y esto no ocurre nada más cuando traduzco, también cuando escribo.

Pensando no sólo en la acusación de Novas, sino también en una frase usada por usted en alguna parte de TTT, ha dicho que los escritores suelen ser los mejores actores, porque escriben sus propios diálogos. En cierto sentido quiere Ud. decir que son los mejores intérpretes, ¿no es así?
–Dije, en efecto, que eran los mejores intérpretes de lo que escribían. El único problema es que los escritores son personas francamente esquivas. Les gusta ser alabados, pero no quieren demasiados elogios porque pudiera tratarse de elogios comprados o alabanzas excesivas que pudieran engendrar bochorno. Y sin embargo, los escritores quieren ser elogiados a cualquier precio, de suerte que existe una dicotomía allí. De la misma manera, si le dijera lo bueno que era cuando escribí eso, parecería extremadamente vanidoso de mi parte, pero también podría ser gracioso e infiel a la verdad. Por ejemplo, si uno dice: “pudo haber sido mejor”, en realidad uno está buscando que lo alaben diciendo: “Mira, no...“. Es distinto, una actitud no del todo diferente a la de los actores, sin embargo los actores pueden ser fatuos y nadie les reclama eso. Cuentan que Greta Garbo alguna vez dijo: “Quiero estar sola”. Pues bien, eso no es cierto. Nunca dijo eso. Fue dicho por un personaje en una película llamada Grand Hotel. La verdad es que ella nunca quiso estar sola. Sencillamente no quiso hacer más películas pues en cada nueva película se veía más y más vieja, y no precisamente más bella. Pero eso es algo que un actor diría sin querer. Con los escritores es diferente.

–¿Cree usted que su relación con Hemingway fue similar a la del actor con el papel que quisiera protagonizar? De alguna manera usted quiso ser Hemingway.
–En verdad quise ser tan famoso como él. Así que no se trata de ser influido por su estilo o sus personajes,
sino por su modo de vida, si usted prefiere. Influido por su estilo de vida, con el paso del tiempo he llegado a creer que hizo algo que los escritores hacen mucho. Perdió tanto tiempo en empresas inútiles que es pavoroso. Me refiero, por ejemplo, a ese ritual de ir todos los días a las once de la mañana a Cojimar, embarcarse en su yate hacia el océano y la corriente del Golfo a intentar pescar el pez más grande posible, era una absoluta demencia. No tenía nada que ver con la realidad, tenía que ver con la fantasía, lo sé porque lo acompañé alguna vez. Fuimos en su yate hacia el océano cruzando la corriente del Golfo, y fue asquerosamente aburrido. De las 6 de la mañana a las 4 de la tarde lo único que hizo fue emborracharse. Embriagarse con vodka y terminar tirado en la cubierta completamente noqueado por el resto del día, o la mayor parte del tiempo. Y de repente, levantarse de nuevo; el efecto del vodka había desaparecido. Y entonces dirigía el yate de vuelta a Cojimar, de regreso al puerto. ¡No podía entenderlo! Si eso era un estilo de vida, créame que nunca deseé tenerlo. O ir a África a matar animales para contraer una disentería de órdago, y tener que salir corriendo al baño a cada instante cuando se suponía que debía estar matando elefantes, o bisontes, o lo que fuera, y después recorrer toda España en busca de algunos toreros porque quería ver a todo buen torero morir. Era en verdad un hombre horrendo, y un loco. No hay duda acerca de eso. Pero al mismo tiempo vivía en una villa muy hermosa fuera de La Habana, con todo aquello que deseaba, con una huerta llena de frutos tropicales. Iba a La Habana en un Mercury convertible, iba al Floridita o a la Zaragozana a comer y beber. Esas cosas eran ciertamente apetecibles, pero el resto de su vida fue terrible. Y eso es algo que los escritores hacen muchísimo: perder el tiempo. Faulkner, me parece, fue un caballero sureño que podía ir de caza tras una zorra cada sábado y domingo. En ese sentido, los escritores europeos eran más profesionales. Es difícil imaginar a Joyce yendo de cacería en Irlanda, o yendo a pescar al Canal de la Mancha, o ir persiguiendo toreros por el sur de Francia. Joyce llevó una vida muy consecuente. Fue consecuente consigo mismo, con su familia, y con su escritura. El único problema con Joyce fue su tremenda vanidad, y el hecho de que fuera un borrachín, como sucede con la mayor parte de los irlandeses. Eso era también una perdida de tiempo. ¿Por qué le estaba diciendo esto?

Me parece que hablaba de las facetas de los escritores extranjeros célebres que tuvieron, o no, un impacto sobre su vida y obra. A menudo Ud. ha hablado de sus afinidades con la cultura de las Islas Británicas, como Borges, y hablando específicamente sobre Joyce, Ud. tradujo recientemente Dublinenses. The Dead, que usted tradujo como “Los muertos”, ha sido universalmente considerada
como uno de los mas grandes relatos escritos en lengua inglesa. Además de su increíble musicalidad, ¿qué es lo que más le asombra de este relato?
–Se trata del más autobiográfico de todos los relatos de Joyce. Él tenía muchos celos del amor anterior de su esposa, un hombre, o mas bien un chico que murió joven. Nora Barnacle, la mujer de Joyce, se reía de estos celos por los muertos; sin embargo, para Joyce eran muy reales, y aquel joven es el Michael Fury del relato. Desde luego que los muertos son más que un simple Michael Fury; son las ilusiones muertas, y el pasado, naturalmente.

Algo así, supongo, como La Habana de un Infante difunto.
–Bueno, quizás.

lunes, 29 de junio de 2009

Traducir, aunque infame, puede ser divertido


A fines del año 2000 se publicó en castellano Puro humo, que es la versión castellana de Holy Smoke, un libro escrito inglés por el cubano Guillermo Cabrera Infante (foto: Lalo Borja, 1979). Algo después, el autor de Tres tristes tigres le concedió una entrevista a Cecilia Diego, donde, además de hablar sobre las dificultades de traducción que supuso pasar del inglés al castellano ese libro, se refiere igualmente a lo que él llama "la posesión de la lengua" por parte de los españoles. El tema, a la hora de las traducciones y su eventual aceptación o rechazo resulta crucial a uno y otro lado del Atlántico. De ahí su pertinencia en este blog.

"Difícil, mover las cosas cuando se fijan en un idioma"

Puro humo es el libro más esperado entre los aficionados a la narrativa de Guillermo Cabrera Infante, quienes aguardaron quince años para tener la versión en español de Holy Smoke que, como dijo Susan Sontag, colocó al autor entre los sorprendentes escritores con una prosa brillante en más de un idioma al lado de Beckett y Nabokov. Puro humo parecía, pero al final se materializó. Un éxito de ventas y con la crítica, tiene esta historia del tabaco desde su descubrimiento por los europeos, que muestra una de las cosas que el escritor cubano mejor sabe hacer: jugar con las palabras, en un mar de referencias cinematográficas.
Para Cabrera Infante la versión al español de Puro humo no fue un dolor de cabeza, como era de esperarse, por las dificultades lingüísticas del texto en inglés, sino en realidad un dolor en el hígado y a éste atribuye el hecho de que se le reventara la vesícula, lo que derivó en una septicemia que por poco no cuenta. Ahora, ya recuperado con la fantástica edición en manos de miles de lectores que agotaron en pocos días los 17 mil ejemplares del primer tiraje, Cabrera Infante no quiere parecer contento aunque en el fondo lo está. Quien ríe para sí mismo, no ríe: razona.
"No me canso de decirlo, este libro me tomó mucho más que Tres tristes tigres... fue una experiencia terrible, peor que volver a escribir el libro. Tuve que trabajar más en Puro humo, porque debí reconstruir una traducción infame. Me enfermé. Se me reventó la vesícula", dijo en la sala de su casa ubicada al oeste de Londres, donde vive inundado de libros.

Malabarista del lenguaje
"Al final yo me pregunto si está bien o está mal", dice de Cabrera Infante el crítico español Juan Antonio Masoliver, quien señala la necesidad del autor de "regresar a su pasado cubano y a lo cubano. Conviene insistir en este aspecto porque sus detractores han querido ver exclusivamente en él simplemente al divertido malabarista del lenguaje. Divertido, sin duda lo es: es el mayor cómico del lenguaje de nuestra lengua... pero el humor nace siempre de la melancolía. El percibe el lado absurdo de la vida y lo expresa con un lenguaje imaginativo, anarquizante y absurdo".
Cabrera Infante, traductor de James Joyce, fue incapaz de traducirse a sí mismo.
"Lo intenté y me encontré que lo hecho no tenía nada que ver con el libro en inglés. Preferí dejarlo. Tú sabes que cuando las cosas se fijan en un idioma es muy difícil moverlas. Tuve que traducir Dublineses, de James Joyce y me costó mucho trabajo, para que luego vinieran los españoles y me dijeran que eso no era español.
"Traducir, aunque infame, puede ser divertido. Por ejemplo, me divertí poniendo muchas cosas en cubano, apoyándome para justificarlo en que Joyce escribió como un irlandés. Y muchas cosas que eran dublinesas, las transformé en habaneras. Ahí fue donde vino el problema. Hay personas muy atrevidas en España."

Lengua en retirada
"El otro día cuando di una charla en Murcia –prosigue Guillermo Cabrera Infante– se me acercó un señor, era un viejo muy bien parecido, muy elegante, muy atildado y me dijo: 'Usted sabe que aquí no decimos lindo, decimos hermoso, bonito, ¿te das cuenta las cosas que uno tiene que oír?'. Bueno, le dije, usted sabe que en veintiún países de América dicen lindo."
El libro que va ahora en la tercera edición ha sido un éxito que no esperaba, siguiendo los pasos del anterior Cine y sardina.
Ello destaca que los españoles "se han recobrado del impacto que sufrieron con el llamado boom latinoamericano, ahora vino la inversión, cuando hay una ola siempre hay una respuesta de la playa.
"España ha tomado posesión de la lengua y ha vuelto a ser el dueño de una manera muy agresiva, ha vuelto a traducir todo por españoles cuando antes se aceptaban versiones de mexicanos o argentinos.
"Por otro lado, parece que el español en ese país agoniza por el empeño que tienen de hablar cada uno en su lengua. Por ejemplo, en el aeropuerto de Barcelona los letreros están primero en catalán, luego en inglés y en tercer lugar aparecen en español.
"El problema grave que tiene España es el aspecto lingüístico. El idioma está en retirada en todas partes, ¿tú has visto a esos vascos declarando ante el juez en vasco?"