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jueves, 18 de febrero de 2016

De la Concha, triste

García de la Concha sumando nuevos hablantes al castellano
Los diarios del mundo cubrieron la siguiente noticia de la que, en este caso, se ocupó Jesús Ruiz Mantilla, el jueves 21de enero, el el diario La Nación, de Buenos Aires. Aquí se leen los resultados de una investigación ordenada por el Instituto Cervantes y publicada en El español en el mundo (entendemos que, por el título, tal vez se refiera al castellano). De acuerdo con la bajada, “El uso de la lengua, la segunda en el mundo, aumentó un 1100% en Facebook y en Twitter, entre 2000 y 2013; leemos poco y la estudiamos menos”.

Castellano "zaparrastroso": crece en las redes
pero cada vez lo hablamos peor

Casi 470millones de personas lo hablan y otros 21 millones lo estudian como idioma extranjero. Es la tercera lengua más usada en Internet y la segunda en redes sociales masivas como Facebook o Twitter... Las cifras de El español en el mundo, anuario del Instituto Cervantes, ratifican un crecimiento sostenido de dominio junto al inglés en 2015. Pero frente a estos alentadores números no conviene caer en espejismos que nublen la cada vez más preocupante calidad del idioma, según alertan los expertos. Su uso resulta progresivamente "zaparrastroso" [adjetivo coloquial: desaseado, andrajoso, desaliñado y roto], en palabras de los responsables del Cervantes y de la Real Academia Española (RAE).

Así lo advirtió el mismo Víctor García de la Concha, director del instituto y miembro de la RAE. "Ya lo he comentado alguna vez y lo repito. La calidad del español se encuentra en un estado zaparrastroso." No lo ha diagnosticado a solas. 

Los expertos y los académicos contemplan el empobrecimiento del idioma con enorme preocupación. Constatan varias razones: "Deriva de una mala y escasa lectura y una deficiente educación en el conocimiento del idioma", afirma García de la Concha. Lleva observando la ola predominante del español en el mundo desde hace décadas.

Mientras fue responsable de la RAE, impulsó alianzas globales para estrategias en lo que llamó el panhispanismo. Fueron épocas expansivas. Durante su etapa al frente del instituto, en los últimos cuatro años, han escaseado los recursos, pero él ha querido hacer de la necesidad virtud y ha alentado su iberoamericanización.

Su experiencia lo lleva a mostrarse optimista en cuanto a las cifras, pero bastante pesimista en lo que se refiere al declive cualitativo del idioma. Tampoco lo achaca directamente García de la Concha a la era digital: "Los expertos nos advierten de que no hay una clara relación entre los cada vez más presentes signos y el empobrecimiento, pero sobre eso aún carecemos de perspectiva".

Otras certezas
Quedan otras certezas alentadoras en cifras. Los autores del informe presentado anteayer, David Fernández Vítores, de la Universidad Complutense, y José Montero Reguera, de la Universidad de Vigo, las expusieron. El primero aportó la contundencia de nuevos censos en varios países y algunos datos de interés. El anuario precisa que el grupo de usuarios potenciales con dominio nativo y con uso más limitado alcanza hoy los 559 millones en todo el mundo. En 2030, un 7,5% de la población mundial será hispanohablante. Actualmente lo es el 6,7%, muy por encima de quienes usan el ruso (2,2%) y de un escaso 1,1% de alemán y francés.

El impulso de las nuevas tecnologías y la era digital ofrece una salud aceptable. El español es la tercera lengua de comunicación en Internet y la segunda en Facebook y Twitter. Y está colonizando en el entorno anglosajón, porque tanto en Londres como en Nueva York es el segundo idioma usado por sus habitantes.

Un 7,9% de los usuarios en la Red se relaciona en español, ratio que responde al espectacular crecimiento de las últimas dos décadas, cuando se ha expandido al ritmo de un 1100% entre 2000 y 2013.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Un capítulo más del culebrón de Manuel Lara y Gregorio Morán

A las noticias publicadas en este blog el 9 y el 23 de octubre pasados sobre la censura que José Manuel Lara, el mandamás de Planeta, impuso para impedir la publicación del libro del periodista Gregorio Morán, que deschava, entre otros, el pasado negro de Víctor García de la Concha, se suma ahora  la entrevista, que Karina Sainz Borgo mantuvo con el editor Ramón Akal y que publicó Voz Pópuli, de España, el pasado 25 de octubre. Aquí se habla de la determinación de Akal de publicar el libro censurado por Planeta, lo cual agrega un nuevo capítulo a este ya dilatado culebrón.

El editor Ramón Akal no teme represalias
por publicar el libro de Gregorio Morán que Planeta censuró

 No es la primera vez que el editor Ramón Akal publica un libro incómodo, de esos con los que otros no se han atrevido. En los años setenta, Akal se enfrentó a trece juicios en un Tribunal de Orden Público por editar Fanny Hill, de John Cleland, un clásico de la novela erótica del siglo XVIII. Y como ése, muchos más: fue él quien publicó El negocio de la libertad, el primer libro que señaló la corrupción en la Casa Real, y ahora repite con El cura y los mandarines, el polémico ensayo de Gregorio Morán censurado por Planeta. “No temo represalias por publicar el libro de Gregorio Morán”, responde Ramón Akal, sin aspavientos ni exageraciones, ante la pregunta sobre las posibles revanchas que puedan surgir a causa de un título que saldrá publicado en pocas semanas.

El libro de Gregorio Morán, que analiza los vínculos entre la cultura y la política desde 1962 hasta 1996, iba a ser publicado por el sello Crítica, del Grupo Planeta. El ensayo, sin embargo, fue censurado después de que el autor se negara a eliminar once páginas en las que aparecen volcadas duras críticas contra la Real Academia Española –cliente fuerte de José Manuel Lara; Planeta imprime, por ejemplo, el DRAE en su sello Espasa–. Figuras como Víctor García de la Concha, Luis María Ansón y Juan Luis Cebrián, vapuleados en las páginas del ensayo, fueron una razón más que suficiente para dar carpetazo. “La editora de Crítica estimaba que esas páginas eran punibles y que podían traer muchas demandas por lo que allí se dice. Ahora: nosotros vamos a publicarlas”, asegura Akal.

Convencido de que no hay libros rentables o no, sino libros buenos o malos, Ramón Akal se refiere al sello que dirige sin heroísmos ni homenajes. “El problema no es si se mete el dedo en la llaga o no, sino si lo que se cuenta ahí es real, si ha ocurrido. Lo que se pretende es censurar la realidad y la verdad”, asegura el director de uno de los sellos de referencia en el quehacer intelectual en España. Si el retrato de un editor es su catálogo, el suyo no puede ser más claro: en los cuatro sellos del grupo (AkalFocaIstmoHBLume y Siglo XXI) están editados más de 3.500 títulos, desde clásicos como Hegel o Auguste Comte hasta la actualidad más rabiosa e incómoda.

El episodio de Gregorio Morán ya lo ha protagonizado usted antes. ¿A qué temen tanto los grandes grupos cuando se trata de sacudir al poder?
–No es que teman, es que el mundo editorial afecta la esfera de los negocios. Si pierdes un contrato con la Real Academia, pues pierdes igual la venta de 400.000 libros…

Ese habría sido el caso de Planeta con el libro de Gregorio Morán, que tiene duras críticas contra miembros de la RAE: desde Víctor García de la Concha, pasando por Luis María Ansón hasta Juan Luis Cebrián… 
–Exactamente.

Pero, ¿qué dicen esas dichosas 11 páginas?
–La editora estimaba que esas páginas eran punibles y que podían traer muchas demandas por lo que allí se dice. Ahora: nosotros vamos a publicarlas. Si deciden que las páginas de ese libro son denunciables, pues nos veremos en los tribunales. Yo creo que no hay posibilidad de ninguna una denuncia.

El título habla por sí solo, pero no se puede obviar que recorre el mundo cultural español desde 1962 hasta 1996 ¿Qué es lo más fuerte que dice Morán en su libro?
–No puedo ni debo comentar nada de esto, pero considero que el autor piensa muy bien lo que dice. Gregorio Morán siempre ha sido así. Nunca ha tenido problemas y su editorial, Planeta, de golpe y porrazo ha decidido que no le publica…

El mejor retrato de un editor es su catálogo y usted ha sido de los que han publicado desde todo Hegel hasta Pablo Iglesias. ¿Cuál es el signo de Akal: acaso el pensamiento político, acaso la contracorriente?
–Si ir contracorriente significa asumir una posición frontal o iniciar una guerra con el resto de las editoriales, pues no. Hay editoriales que hacen una labor digna y coinciden con nosotros y otras, que son las más grandes, que se rigen por otros criterios. Eso no quiere decir que nosotros tengamos la razón y ellos no. En Akal el criterio es: hay libros buenos, no libros rentables. Existen libros como El negocio de la libertad, de Jesús Cacho, que han jugado un papel político muy importante. Con aquel libro, Cacho se enfrentaba contra el señor Polanco, la Casa Real y, por supuesto, contra el rey. Era la primera vez que se le acusaba de prácticas que ahora todo el mundo reconoce. Sin embargo, en ese entonces, había que abrir el melón y Cacho lo hizo. Eso suponía enfrentarse también con el editor, que lo rechazó. Así que lo publicamos nosotros.

Usted siempre ha sido objeto de alguna persecución. Enfrentó una sanción de inhabilitación por publicar Fanny Hill, de John Cleland, clásico del erotismo, décadas más tarde volvió a ocurrirle lo mismo, esta vez con una censura de ventas de Adiós princesa, el libro sobre Letizia Ortiz.
–Es solo un signo de ser coherente. En el franquismo, cuando me dieron licencia de editor, publiqué aquello que se publicaba en toda Europa y que en España, por la censura oficial, no existía. Antes la censura era política, ahora es económica. En la democracia, con Suárez en el poder, enfrenté trece procesos en el tribunal de orden público. Fanny Hill, de Cleland, fue secuestrado y yo fui condenado por el juez, quien aseguró que estaba aliado con potencias extranjeras liberales y marxistas con el fin de pervertir a la juventud española. Nunca lo pude comprender (¿se puede ser liberal y marxista a la vez?). Eso quedó así. En el primer consejo de ministros hubo un indulto.

A lo largo de más de cuatro décadas Akal ha editado 4.000 libros, de los cuales 3.000 siguen disponibles, una hazaña en tiempos de burbuja editorial y en los que una novedad dura menos de un mes en las librerías.
–Hay libros y libros. Los nuestros no son libros de golpe, de esos que se venden en el año o desaparecen. Son libros que se siguen vendiendo a lo largo de dos o tres generaciones, porque son académicos.

Su catálogo posee, insisto, desde todo Hegel hasta libros como Física social, de Auguste Comte, que permanecía inédito en España pese a ser un clásico de la sociología con casi 200 años.
–Sí. Tenemos, por ejemplo, las dos ediciones que existen en castellano de El Capital; una del sello Siglo XXI y otra que habíamos publicado nosotros. Se trata de libros que se venden a lo largo de 30 o 40 años y que se seguirán vendiendo.

¿Usted, antes que editor, fue librero… cierto?
–Más bien distribuidor, pero sí…

En aquellos años del franquismo el asunto no tenía nada de sencillo. ¿Acaso todo tiempo pasado fue mejor, en lo que a templar el espíritu respecta?
–Yo no me arriesgo más que económicamente, acaso en términos de prestigio o desprestigio, según lo que cada quien suponga que eso significa. Pero ése no es el tema. Yo he respetado toda mi vida la libertad de expresión y la he defendido porque es un valor que debe defenderse. Confío en que las cosas deben cambiar. De momento, a mí las presiones económicas y políticas no me van a obligar cambiar.

¿Teme usted represalias por publicar el libro de Gregorio Morán?
–No, no temo represalias por publicar el libro de Gregorio Morán. A mí solo me interesa si vale la pena o no publicarlo; si es bueno o no. Si por represalias entendemos la interpretación que se pueda hacer, pues no, no tengo temor alguno. Los tiempos no están para censurar libros; eso es cosa del franquismo, entonces sí se hacía.

Permítame que insista: el ensayo de Morán mete el dedo en la llaga de determinados popes culturales: Cebrián, Ansón… por no decir otros ya muertos como Cela.
–El problema no es si se mete el dedo en la llaga o no, sino si lo que se cuenta ahí es real, si ha ocurrido. Lo que se pretende es censurar la realidad y la verdad.

Dicen veteranos como Mario Muchnick o el mismo Jaime Salinas en sus conversaciones con Juan Cruz que los editores ya no leen. ¿Qué piensa?
–Eso también es otra interpretación, diría que muy sesgada. Todos mis editores leen y son competentes, saben de lo que hablan. Decir que los editores no leen, pues bien, habrá que decir quiénes son los que no lo hacen. Hay personas, como las que cita, que lo pueden afirmar. Pero yo no.

Pablo Iglesias presenta libro, Disputar la democracia, publicado por Akal. ¿Por qué su sello ha decidido publicar a un personaje al que le sobran las tribunas?
Antes de que Pablo Iglesias fuese así de conocido, en Akal publicamos Maquiavelo frente a la gran pantalla, y lo hicimos en la misma colección en la que hoy se publica Disputar la democracia. Nos parecía que lo que decía valía la pena y por eso decidimos editarlo. En un tiempo saldrá otro libro más. Y lo hicimos por la misma razón por la que publicamos a otras personas que tienen algo que decir.

Su sello siempre ha sido fiel a la idea de dar espacio a las voces no escuchadas.
Sí, pero que no se escuche una voz u otra es porque no se le da pantalla. Nosotros somos abiertos al talento y a la gente que tiene talento

Pero, usted lo sabe, la independencia tiene un precio.
Decir o afirmar que alguien se vende o no, supone descalificar a otros que sí lo hacen. A mí no me gusta, ni soy quién para juzgar. No podemos ponernos medallitas; lo que yo hago es aquello que la moral y la ética nos dicen que debemos hacer.

El sector lleva cinco años de caída de ventas, a la vez que asiste a la llegada del libro electrónico y pincha la burbuja editorial. ¿Qué opina?
La lectura en España no se puede desligar de la realidad. Parecería que somos un núcleo cerrado que no tiene nada que ver con la sociedad. Si hay seis millones de parados, ¿qué quiere: que compren libros y dejen de comer? No. Hay que situarlo en el contexto. La caída es la misma que en otros mercados. Hay alternativas y salidas. Tenemos casa en México y Argentina. México está en un ascenso fulgurante, con un ansia tremenda de conocimiento, al igual que Argentina, que se mantiene como siempre. España tiene una crisis tremenda.

¿Cree usted en el libro electrónico?
Editar un libro se utiliza como sinónimo de edición en papel, y nosotros pensamos y creemos que editar un libro se puede hacer de distintas maneras. Antes el periódico era en papel, ahora, como Vozpópuli, hay quienes lo hacen en digital. En el libro de momento, la situación por parte de la gente es muy baja. En EE UU está ene l 20% y en España no llega al 5% pero eso no quiere decir que no lo tengamos disponibles en la red.


viernes, 31 de octubre de 2014

Dos versiones sobre el hundimiento del Titanic

García de la Concha aferrado al timón del barco

Publicada en El Confidencial, de España, sin firma, el 24 de octubre pasado, la siguiente noticia está en sintonía con la crisis española. A continuación, y sobre el mismo tema, lo que publicó Luis Alemany en El Mundo, de España, ese mismo día.

El Instituto Cervantes cuadruplica pérdidas (1)

La nave del español en el mundo también se hunde. Tal y como descubre el BOE, el Instituto Cervantes ha tenido unas pérdidas de 19,1 millones de euros en 2013. Las pérdidas de la entidad dirigida por Víctor García de la Concha se han multiplicado por cuatro sólo en un año, en 2012 el saldo en negativo era de 4,5 millones de euros.

Las cifras tienen un origen: el recorte de las subvenciones y transferencias que recibía y la falta de capacidad de aumentar los ingresos propios de la casa. La principal fuente de financiación de la entidad son las transferencias recibidas de la Administración General del Estado, que suponen el 58% del presupuesto de ingresos.

En 2012 recibía 79,5 millones de euros de subvenciones y en 2013 pasó a 51,4 millones de euros, un recorte del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación del 35,3%. Para 2015, el Ministerio ha aumentado la partida destinada a la institución, en los Presupuestos Generales, casi hasta las 115 millones de euros. En 2013 se le asignaron casi 87 millones de euros.

Recursos propios insuficientes 
El Instituto Cervantes sólo aporta a sus arcas, con sus operaciones comerciales, 18 millones de euros, es decir, apenas un 21%. Los más significativos proceden de los cursos de español y de la organización y gestión de los diplomas de español como lengua extranjera. En menor medida, la venta de licencias del curso de español por internet. Las ventas netas no han crecido, a pesar de los recortes previstos en las transferencias: de 1,6 millones han crecido a 1,7 millones de ventas.

Los patrocinios también son nimios, Telefónica aportó la cantidad 300.000 euros, la Fundación Repsol 15.000 euros, Fundación Iberdrola 70.000 euros y el Grupo Mahou 12.500 euros. En las cuentas, el instituto refleja la tramitación de 130.128 matrículas (8.000 menos de las previstas), la impartición de 10.791 cursos (900 menos de los estimados). Sin embargo, las candidaturas inscritas al examen DELE fueron superiores a las previstas (64.163 frente a las 62.300 estimadas).


El Instituto Cervantes cifra en 495.000 euros su desfase en 2013 (2)

"Los 19,1 millones de euros que aparecen en el BOE son ciertos, son papeles nuestros que hemos declarado y que [la agencia] Europa Press ha recogido. Lo que pasa es que ese desfase a nuestra contabilidad financiera, no a nuestra contabilidad presupuestaria". En el Instituto Cervantes explican así la noticia que alertaba esta mañana de que sus pérdidas se habían multiplicado por cuatro en un año: o, en realidad, un poco, de 4,5 millones en 2012 a 19,1 kilos en 2013.

Para los que no somos economistas ni sabemos hacer un balance: cuál es la diferencia entre una contabilidad financiera y una contabilidad presupuestaria: básicamente, que la primera absorbe en un solo año (el pasado) amortizaciones y gastos que en realidad se podrían imputar sobre varios cursos. Como el que compra un coche un mayo, y ese año lo cierra con 15.000 euros menos de los que ha ingresado. A cambio. no tendrá que comprarse un coche en 12 años si todo va bien.

Según ese segundo criterio presupuestario, el Cervantes reconoce un desfase negativo de 495.000 euros entre sus ingresos (100,431 millones) y sus gastos (100,927). Donde lo importante es, según sus representantes, "la merma en las transferencias del Estado, de 79 a 51 millones de euros".

Pero no sólo eso. "Hay que reconocer que no hemos tenido un año de gran éxito de ventas". El Cervantes ha ingresado 33,276 millones por rendimientos de su actividad (enseñanza y expedición de certificados), donde el año pasado ingresó 36,899 'kilos'. ¿Por qué? El derrumbe de la demanda en Portugal y Grecia, "un mercado que para nosotros ha sido muy significativo pero que se ha depauperado muchísimo" es la explicación que alegan en el Instituto. "La demanda potencial es la misma".

¿Y cómo cerraremos 2014? "Hemos subido losprecios de nuestros servicios y certificados en los mercados que están estables o al alza, de manera que podreíamos compensar una caída de hasta el 7% en la demanda de cursos", explican en el Cervantes. Además, los movimientos inmobiliarios este año tocan en la columna de ingresos. El Cervantes ha vendido su centro de Tel Aviv y se ha deshecho con compensación de un contrato de arrendamiento muy gravoso que tenía para el centro de Londres.

En las cuentas publicadas por el Boletín Oficial del Estado, el instituto declaraba que el 58% de sus ingresos en 2013 procedían de transferencias del Estado. Además, hacia reuento de los ingresos por patrocinio, procedentes de empresas e instituciones como Telefónica (300.000 euros), Fundación Repsol (15.000 euros), Fundación Iberdrola (70.000 euros) o Grupo Mahou (12.500 euros).

En el apartado de gastos de personal, el Instituto Cervantes alcanza los 55,7 millones de euros, dos millones de euros menos que el año anterior. El número medio de empleados en 2013 ha sido de 1.049 personas, mientras que cerró el año con una cifra de 1.033 trabajadores (814 de ellos en centros y 219 de ellos en sedes).

En las cuentas, el instituto reflejaba también la tramitación de 130.128 matrículas (8.000 menos de las previstas), la impartición de 10.791 cursos (900 menos de los estimados) u 85 cursos de formación de profesores (dos menos de los previstos). Por el contrario, las candidaturas inscritas al examen DELE fueron superiores a las previstas (64.163 frente a las 62.300 estimadas).

jueves, 23 de octubre de 2014

Lara confiesa: “No es miedo a Víctor García de la Concha, sino respeto a una persona vinculada a esta casa en muchos proyectos editoriales”.

De izquierda a derecha, García de la Concha, José María Fernández Sosa Faro
y Manuel Lara,todos con ponchito porque hacía frío. 

El jueves 9 de octubre pasado, este blog publicó un artículo aparecido en El Confidencial, de España, que, con firma de Carlos Prieto, contaba que  El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y política en España, 1962-1996, del escritor y periodista Gregorio Morán había sido censurado por Manuel Lara, el presidente del Grupo Planeta, impidiéndose la publicación del volumen en el sello Crítica. Entre otras cosas, se decía que, de los muchos títeres que el libro dejaba sin cabeza, algunos resultaban incómodos para los intereses de Lara.

E1 18 de octubre pasado, el mismo Gregorio Morán reveló en una columna reproducida de Caffe Regio las razones de la prohibición: aquél a quien le iban a pisar los juanetes era nada menos que Víctor García de la Concha, ex presidente de la RAE y actual director del Instituto Cervantes. Revelado ese dato, todo se vuelve mucho más sucio y lo que ya olía a podrido en el Grupo Planeta, ahora es hedor confirmado.

“Las malditas 11 páginas”

Tardé diez años en escribir un libro. Tiene un título largo, o por mejor decir tres, que ayudan a entender lo que va dentro: El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y política en España, 1962-1996. Contratado por el grupo editorial Planeta tenía prevista su publicación en la primera quincena de octubre, aunque el texto original estaba en sus manos desde noviembre del 2013. Todo parecía marchar bien, por más que no se tratara de un libro al uso, ni por su volumen -casi 700 páginas- ni por su contenido: la trayectoria de la inteligencia española desde el franquismo hasta el final del felipismo.

Después de cumplir los deberes, que consisten en corregir lo que en términos de edición se denominan “primeras pruebas”, incluso unas “segundas”, tras sortear las variadas y hasta divertidas objeciones del llamado pomposamente “departamento jurídico“, que al menos en mi caso se refiere a un individuo que responde al nombre de Gabino Sintes, que para mayor singularidad se ocupa también de los “derechos de autor”, lo que a mi entender debería llenarnos de inquietud -censor y defensor de los derechos del escritor, diría que son incompatibles-. Pero en este caso se fueron superando. Poca cosa, aunque engorrosa, dada la endeblez del letrado, que era capaz de escandalizarse porque al ínclito don Juan March, antigua leyenda de la delincuencia financiera, se le llamara “pirata”, cuando la misma editorial había publicado su biografía, El último pirata del Mediterráneo.

La edición siguió su curso con una hermosa portada que imprimió primorosamente y a la que acompañaba un texto que por no ser mío sino de la casa editora merece la pena ser copiado. Siempre me he abstenido de hacer las solapas o las contraportadas de mis libros porque no me corresponde y uno se arriesga a hacer un ejercicio de vanidades amparándose en el anonimato. Cualquier profesional del gremio sabe distinguir cuando es el autor quien escribe lo que corresponde a la editorial, se nota en el tono y sobre todo en el error de confundir lo que es importante para nosotros y lo que puede resultar interesante para el lector. El texto redactado e impreso por Editorial Crítica (Planeta) decía así: “Gregorio Morán nos ofrece en este ambicioso libro una historia de la cultura española, y de sus protagonistas, entre 1962 y 1996, precedido de una introducción acerca de sus orígenes en los años cuarenta. La figura del ‘cura’, Jesús Aguirre, actúa como un hilo conductor, pero la realidad es que la abundancia de los ‘mandarines’ -novelistas, políticos, profesores, pintores, músicos…- que pueblan este retablo de figuras y figurones lo desborda por completo. Nos hallamos así ante una historia intelectual de España, seria y documentada, escrita con un sentido crítico y una sinceridad que consigue que los intentos anteriores en este terreno nos parezcan insustanciales. No hay duda de que la obra de Morán va a escandalizar por la dureza de sus juicios, y que va a provocar muchos debates y algunas indignaciones, pero la verdad es que, a partir de ahora, ninguna reflexión sobre la cultura española en la segunda mitad del siglo XX podrá prescindir de referirse a este libro”.

Hete aquí que la editorial consideró que bien podría “prescindir” si no del libro al menos de algunas páginas. Y así fue como el martes, 16 de septiembre, se me planteó taxativamente que o retiraba el penúltimo capítulo -exactamente 11 páginas- o el libro no se publicaba. En 35 años de trabajo, en campo tan minado como es el mundo editorial, no he quitado ni una página y así lo expliqué, añadiendo que, por demás, el capítulo era “una viga maestra” y no podía prescindir de ella. Las gentes de la industria editorial son tan chuscas que alguien llegó a argumentar que tratándose de un texto de casi 700 páginas, retirar 11 carecía de importancia.

¿De qué se trataba? El capítulo de “las malditas 11 páginas”, por utilizar la expresión del presidente del grupo Planeta, José Manuel Lara, se titula “¡Todos Académicos!” y se refiere, como es fácil suponer, a la singular trayectoria de la Real Academia de la Lengua, la RAE, y muy especialmente al periodo que tuvo en Lázaro Carreter y Víctor García de la Concha su mayores conseguidores. Y resulta que hoy día Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, ¡ay madre mía!, es un auténtico proveedor del mundo editorial y quien, por su experiencia de probado manipulador, el que facilita materiales tan significativos como los productos del castellano dirigidos al mundo entero, empezando por el diccionario de la RAE -más de 400.000 ejemplares, en primera edición-, el negocio editorial por excelencia, que anteayer publicó Planeta.

No conozco personalmente a Víctor García de la Concha, ni ganas, pero sí sé de sus andanzas desde que yo llevaba pantalón corto en Oviedo y él ejercía de magistral, sin serlo, de la catedral de Oviedo, personaje evocador de La Regenta de Clarín. Asturiano de Villaviciosa, cura resuelto a superar una infancia dura, con una historia que hubiera podido escribir Galdós y que ahora nos resulta de otra época; fascista medular, sacerdote rebotado, casado con una de sus feligresas, profesor, trepador siempre, ignorante absoluto y probado, como explico en apenas dos paginitas debeladoras de ese inefable capítulo penúltimo, tan denostado por los encargados del negocio de la cultura. ¡Once malditas páginas!

Todo me da en pensar que alguien le hizo llegar a “Don Víctor” las páginas de “¡Todos Académicos!”, en las que quedaba retratado y él les puso entre la espada y la pared. Y entonces ocurrió lo que Don Vito Corleone convirtió en lema recurridísimo: “No se trata nada personal, son sencillamente negocios”. Cuando yo le señalé al jefe, José Manuel Lara, la singularidad de que hace 35 años era posible que una editorial como la suya le echara un pulso al presidente del Gobierno, que no otra cosa era publicar la biografía de Adolfo Suárez en octubre de 1979, me respondió en hombre del presente, porque los herederos apenas recuerdan los vestigios del pasado, mientras luchan por mantenerse son capaces de todo, incluso de equivocarse porque les ciega el presente y no aspiran a futuro alguno. “No es miedo a Víctor García de la Concha, sino respeto a una persona vinculada a esta casa en muchos proyectos editoriales”.

La censura del business, del negocio, es tan implacable como la política. Por eso no deja de hacer mucha gracia, es un decir, que los nuevos editores o las editoriales bisoñas, pero con lógica ambición de poder, te planteen el enorme interés que tienen en publicarte. ¡Pero no sin antes leer el manuscrito! No quieren entender que si entregas un manuscrito sin contrato estás vendido. Lo aseguro yo, un veterano con muchos años de oficio. Yo no compro a ciegas, dicen ellos; pero los autores no tenemos por qué entregar el producto de nuestro trabajo para que ellos evalúen lo que les interesa. Son como jugadores con ventaja que te hacen el favor de leerte, como quien te mira la dentadura y calibra lo que puedes empujar en la piedra de su modesto molino. ¡Pero de dónde ha salido esta generación de logreros!

En apenas un mes, lo confieso, he pasado de autor veterano a ganado de excepción que debe exhibirse en la feria. ¡A ver qué sabe hacer! Ya no tengo edad para soportar impasible las imposturas de un gremio llamado a la quiebra. Pero queda como experiencia personal, casi generacional, que estamos más predestinados que el Titanic y que, por si fuera poca la broca, no tenemos ni una orquesta que nos asuma en su suerte y nos amenice el final.

Vivimos tiempos jodidos porque nuestra generación, así, en general, se ha vuelto golfa y hemos de buscar algo digno por debajo de los 30, y como he tratado de explicar en El cura y los mandarines, cuando frisábamos por esa edad no nos cabía en la cabeza que algún día “los nuestros” defenderían la censura, asumirían la corrupción y se sentirían cómodos en la estupidez.


jueves, 24 de octubre de 2013

Cuatro puntos de vista sobre la cosa

Las siguientes apostillas, acompañan la nota central de Guido Carelli Lynch publicada en Ñ el sábado 19 de octubre y reproducida en este blog en la entrada de ayer. Como podrá apreciarse, plantean diferentes visiones sobre el problema de la lengua y las pretensiones de supremacía sobre la misma. 













José Luis Moure: 
“Contra los fantasmas inducidos”

Es el nuevo presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), una institución que nació en 1931 “asociada” a la Real Academia Española, pero que a fines del siglo pasado cambió su estatus a “correspondiente”. José Luis Moure –de él se trata– no pierde las formas, pero tampoco es amigo de la corrección política. “El carácter de correspondiente parecería colocar a la academia (argentina) en cierta situación de mayor dependencia de la que tenía. Explícitamente nadie admite tal cosa, pero entonces ¿por qué y para qué se cambió la calificación? No tengo una respuesta clara para eso”, asegura en su despacho de la calle Bustamente, en la sede de la AAL.

–¿Son asimétricas la RAE y el resto de las academias americanas?
–En la corporación española ha habido un cambio en el sentido de admitir públicamente que todas las academias americanas de la lengua están con ella en un plano de igualdad. Objetivamente, me parece que los hechos no son así. La circunstancia histórica de que la Real Academia Española tenga 300 años explica algo de esto.

–Usted ha lamentado la dificultad para incorporar argentinismos al diccionario de la RAE.
–Se incorporan muy pocos y no encuentro razones para que no se incorporen todos, con la debida indicación del alcance y el registro al que corresponden. Si estamos hablando de un diccionario total empleado por la veintena de naciones que hablamos ese idioma, todo debería estar allí. Eso llevaría a un diccionario de proporciones gigantescas, porque lo mismo que uno puede pedir para la Argentina, lo podría reclamar cualquiera de los otros países, con lo cual construiríamos un diccionario que por su volumen resultaría casi inmanejable. Pero honestamente me parece una inconsecuencia que la RAE seleccione nuestro vocabulario e incluya en el Diccionario regionalismos peninsulares minúsculos y deja fuera términos empleados por millones de hablantes. Se trata de una discriminación que no está claramente explicada.

–En lo personal, ¿qué fantasmas lo preocupan con respecto al idioma?
–Absolutamente ninguno. Si un organismo vivo (como es la lengua), de acuerdo a lo que dice el propio Instituto Cervantes, está llegando a los 500 millones de hablantes y nos dicen que es el segundo en el número de hablantes nativos ¿de qué temor estamos hablando? Se habla también de la defensa del idioma, lo que me parece una contradicción difícilmente zanjable. ¿Cómo se puede hablar de la defensa de un idioma que tiene 500 millones de hablantes? Yo nunca he oído ese tipo de alarmas referido a un idioma como el inglés, que se habla en todo el mundo, en todas las variedades y registros, y que no tiene ninguna academia ni centro rector; y nunca he oído hablar de que corra peligro. Yo creo que ese sí es un fantasma inducido, con el propósito de que se puedan llevar adelante ciertos planes de unificación del idioma, que considero absolutamente ajenos a la lingüística.

–Esa es la política panhispánica: ¿a usted no le parece practicable?
–No soy enemigo del panhispanismo, simplemente creo que es una campaña que no va a ninguna parte. Tengo la impresión de que se trata de una empresa que se va a ir debilitando, porque no tiene qué cosa construir. Los hablantes en nuestros países van a seguir hablando sus modalidades y en la medida en que sean conscientes y deseen pertenecer a un mundo cultural común, lo que llamamos mundo hispanoamericano, la lengua va a tener la unidad que tuvo desde siempre. Cualquiera de nosotros tiene idea de que está hablando castellano, no lo pone en duda. Si hubiese algún peligro, se hablaría de esto hasta con un cierto temor.













Víctor García de la Concha
“No tratamos de hacer las Américas”

Doce años al frente de la Real Academia Española desgastan a cualquiera. Bajo su mandato se presentaron una nueva Gramática y una nueva Ortografía, dos trabajos conjuntos entre la Real Academia y las veintiún asociaciones de la Lengua Española, fruto –en sus palabras– de una política lingüística “panhispánica”. A sus 78 años, Víctor García de la Concha creyó que ya le había llegado la hora de descansar, pero Mariano Rajoy lo convocó para dirigir el bastión de diplomacia cultural más potente de habla hispana. “El gran proyecto por el que yo dirijo el Institituto Cervantes después de haber dirigido la Academia es para iberoamericanizarlo”, explica solícito por teléfono desde Madrid.

–¿Qué significa iberoamericanizar el Instituto Cervantes?
–El Cervantes nació como un impulso del gobierno de España y de todos los partidos políticos pues echábamos en falta un centro, una entidad, una institución que se encargara de la promoción, de la difusión, del estudio del español y de las culturas hispánicas. En un momento el Cervantes se extendió por Europa, el norte de Africa, Estados Unidos y Brasil, pero ahora quiere que todos los países iberoamericanos lo sientan como una cosa suya. Y por tanto –en pie de igualdad, como hemos hecho con las academias– tratamos que las instituciones de los distintos países participen en los grandes objetivos del Instituto Cervantes. Y la presentación de este proyecto también será objeto de tratamiento en el Congreso de Panamá.

–Se ha criticado en el pasado la pretensión del Cervantes de estandarizar a su favor los exámenes de español como lengua extranjera.
–Bastante más de la mitad de la cultura que se proyecta – música, teatro, cine– en los ochenta y siete Cervantes que hay en los cuarenta y cuatro países del mundo en estos momentos, es latinoamericana. Desde hace años, no desde que soy director. Evidentemente en cada país hispanohablante se enseñará la variedad del español que allí se habla y se escribe, que se habla porque en escritura las diferencias son tanto menores. Cada uno va a seguir haciendo lo que está haciendo. Si nos ponemos de acuerdo en cuáles son los parámetros que debe tener, sabremos qué diploma tiene valor.

–La política panhispánica es vista desde América como una nueva estrategia de expansión española.
–No tratamos con ello de ir a América o de hacer las Américas. Hemos firmado con el gobierno de México un acuerdo mediante el cual les cedemos todos los centros Cervantes para que proyecten en ellos la cultura mexicana y el gobierno mexicano nos cede a su vez sus centros en todo el mundo para lo mismo. Además, en los 14 centros mexicanos en Estados Unidos vamos a realizar actividades conjuntas, para enseñar la cultura y la lengua española con todas sus variedades. Del mismo modo, en el Cervantes de Madrid hay un centro de estudios mexicanos que naturalmente va a proyectar toda su cultura. Hemos firmado acuerdos lingüísticos y estamos negociando con Colombia, Chile y Perú. De tal manera que en el edificio de Cervantes en Madrid todas estas variedades americanas buscan su propio espacio físico de expansión.

–Cómo juzgó la carta “Por la soberanía idiomática” que firmaron escritores y académicos argentinos?
–No me sorprende porque conozco al núcleo que lo impulsa. Es una actitud respetable pero es contradictorio desde el título, porque nosotros desde España no estamos reclamando ninguna soberanía idiomática. Si alguien la reclama, es su línea programática y su responsabilidad. Lo que sí hay es una inteligencia poco rigurosa.


Fernando Vallejo: “Nosotros somos el idioma”

Las diferencias entre el español de América y el de España se aumentan cada día. Cada día estamos más alejados nosotros de ellos. En general son diferencias de vocabulario y pronunciación. Como nosotros somos 21 países y ellos uno solo, diré que el español es el hispanoamericano y no el peninsular. España es una provincia anómala del idioma, de la que podemos olvidarnos, a ver si consumamos así nuestra independencia de ellos, que nunca ha sido completa.

La Real Academia y las asociaciones de la lengua de cada país no cuentan para nada, podrían no existir.En cuanto al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, que va para la vigésima segunda edición, es acientífico, católico, monárquico, mezquino. Es un diccionario casi siempre equivocado de lo que es propio de los países hispanoamericanos. La palabra "americanismo" debe desaparecer porque nosotros somos el idioma. La que tenemos que introducir entonces es "españolismo" para designar lo que es propio de España, o sea lo anómalo.


Sergio Ramírez: “En lo anómalo está la creatividad”

Las academias lo que hacen es certificar que las palabras y los giros del lenguaje son moneda corriente en la calle, o en la literatura. No se trata de una policía del idioma, sino de una entidad que “limpia, fija y da esplendor”. La lengua es algo vivo, que se mueve sin permiso de nadie, muta, inventa, traspasa fronteras, y se nutre de otras lenguas.

Las nuevas reglas ortográficas no se impusieron a nadie, simplemente han buscado la economía en la expresión, y la gente las ha aceptado porque tienen sentido, aunque a mí se me dificulte el cambio, pero la fuerza de la costumbre es muy poderosa. Si algo hemos ganado es que el español que se habla en la península y en América tienen ahora pie de igualdad.

Antes, frente a la Real Academia en tiempos del franquismo, había una categoría bastarda de americanismos, y lo legítimo era lo “castizo”. Eso se acabó. Hoy hay “peninsularismos” y todas las maneras de hablar el español son legítimas. Todos nuestros países son provincias anómalas del idioma, y en lo anómalo está la creatividad.




jueves, 21 de junio de 2012

García de la Concha se despertó romántico: quiere que América haga suyo al Cervantes

Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes
 reclamándoles a los latinoamericanos una pequeña prueba de amor

Aparentemente,  Víctor García de la Concha, el director del Instituto Cervantes, como Roberto Carlos en la canción, quiere tener un millón de amigos. O, más bien, unos cuantos millones más cuando, cuando de acá a unos treinta años, los Estados Unidos sea el país con mayor cantidad de hispanohablantes del mundo. Y como difícilmente los millones de mexicanos, portorriqueños, dominicanos y demás “hispanos” que componen esa enorme masa de hablantes a la que, con suerte, se le podrán vender diccionarios, gramáticas y otros enseres, se avenga a hablar como hidalgos manchegos, se propone “iberoamericanizar” la institución que preside. Para ayudarlo, proponemos modestamente desde aquí que el Cervantes, en razón de cada país, pase a llamarse, por ejemplo, Rulfo en México, Borges en la Argentina, Onetti en el Uruguay, Vallejo en Perú y Teillier o Lihn (porque Neruda ya nos tiene los huevos al plato) en Chile. Ahora bien, de producirse esa serie de cambios, valdría la pena que entre todos volviéramos a pensar de qué nos sirve a nosotros el Cervantes o, en todo caso, a quién le sirve el Cervantes, salvo que las ganancias que den los Estados Unidos y el Brasil se repartan equitativamente entre todos y nadie fije sus propios criterios por encima de los criterios ajenos.

Director del Cervantes desea que América Latina
lo "sienta como suyo"

Noticias EFE
Zaragoza, 18 jun (EFE).- El director del Instituto Cervantes y exdirector de la RAE, Víctor García de la Concha, expresa en una extensa entrevista su deseo de que América Latina "sienta como suyo el Instituto Cervantes" y "que no lo vea como una cosa de España".

García de la Concha afirma en una entrevista con la revista cultural turolense Turia, que como director de la RAE ya le habían "metido en la cabeza" a América, tanto Alonso Zamora, que dirigía la cátedra Amado Alonso en Buenos Aires, como el poeta Francisco Ayala.

Ayala "me decía repetidamente: 'esta casa no se da cuenta de lo que es América'", cuenta García de la Concha de su etapa de doce años al frente como director de la Real Academia Española.

Afirma que acabó siendo un "americanista convencido, capaz de volcar en ello todos" sus esfuerzos, cuando, recuerda, había tenido una formación netamente europea y guiado por un padre que creía en la unión de países europeos "mucho antes de que ésta se produjera".

García de la Concha rememora que hasta el rey, al día siguiente de ser elegido director de la RAE, le dijo: "No te voy a pedir más que una cosa: que te dediques a América, que visites todas las Academias".

El ahora director del Instituto Cervantes resalta, durante su etapa al frente de la RAE, la visita a Colombia con motivo de la aprobación de la nueva gramática por las 22 academias y la visita a una "aldea pequeñísima" boliviana donde escuchó un castellano "propio del siglo XVI, incontaminado", afirma.

Cumplida la misión en la RAE de abrirse a América, Víctor García de la Concha traslada esa política al Instituto Cervantes, aunque advierte que no es idea suya, ya que está "en la raíz" del Cervantes.

Ambas instituciones, dice, "han unido fuerzas" en América y "lo que falta ahora es que América sienta como suyo el Cervantes, que no lo vea como una cosa de España. Aunque se haya promovido desde aquí, es de todos los hispanohablantes".

Para García de la Concha "es muy importante seguir con la extensión de la enseñanza del idioma a Estados Unidos y Brasil".

"Eso -afirma- no puede hacerlo un Cervantes solamente español. Tiene que hacerlo un Cervantes iberoamericanizado".

Para entrar en la zona "wasp" anglosajona de Estados Unidos, afirma, hay que ir de la mano de universidades y "del brazo de México y del resto de países iberoamericanos, porque vamos a ir cerrando acuerdos hasta que estemos todos en el mismo cesto".

"Se trata de enriquecer al Cervantes para servir a la gran institución que es el español", sostiene

martes, 20 de marzo de 2012

Alegría y juventud aporta al Instituto Cervantes su nuevo director

Foto: James Rajotte
Cuando Vargas Llosa le dijo que no al nuevo gobierno franquista de España, Víctor García de la Concha (Villaviciosa, Asturias, 1934), sacó las papas del fuego y se hizo cargo del Instituto Cervantes. Filólogo y licenciado en Teología, estudió en la Universidad de Oviedo y en la Gregoriana de Roma. Su carrera como docente transcurrió a partir de los años sesenta en colegios secundarios hasta que llegó a la universidad, donde ha desarrollado su labor como catedrático en Zaragoza y Salamanca, principalmente. Desarrolló tres mandatos al frente de la Real Academia Española (RAE), a la que dio un impulso modernizador entre 1998 y 2010 cuando sustituyó en el cargo a Fernando Lázaro Carreter. Había sido nombrado académico en 1992 para ocupar el sillón con la letra c minúscula. Ha sido reconocido con el Toisón de Oro por parte del rey Juan Carlos, así como con el Premio Internacional Menéndez Pelayo. Ahora le vuelve a aportar su juventud y su conocimiento al Reino de España. Así se lee en la entrevista realizada por y publicada por Jesús Ruiz Mantilla, en el diario El País, de España, el 23 de febrero pasado, donde otras cosas señala lo bueno que es tocarse y darles cariño a los compañe3os.

“El español está estigmatizado y contaminado
en Estados Unidos”

Perseguido por los vericuetos y las batallas públicas de la lengua, Víctor García de la Concha no ha podido refugiarse tampoco en la paz de la propia lengua. Entre el estudio, la enseñanza y la política de la misma se ha movido toda la vida. Como profesor en varios institutos, en diversas universidades y, después, como impulsor de la expansión universal del castellano al frente de la Real Academia Española (RAE).

A los 78 años, creía haber cumplido con creces su labor pública y deseaba adentrarse en el estudio profundo de un canon literario propio. Pero de nuevo recibió una llamada para ponerse al frente del Instituto Cervantes después de que Mario Vargas Llosa rechazara el ofrecimiento. Le cortaron la retirada. ¿La razón? Impulsar lo que será la gran máquina de la cultura con el Gobierno del PP. Atraer a los países hispanoamericanos en un frente común que coloque al español en su posición de dominio lingüístico global junto al inglés.

No podía decir que no. Si alguien ha impulsado las alianzas con los países de habla común, en lo que definió como la acción panhispánica, ha sido él. Ahora debe encargarse de aunar esfuerzos y no crear fricciones. Nadie como un hombre de concilio que presume de conocer y aplicar a fondo en la política y en la vida la diplomacia vaticana.

Ha llegado usted a lo que denominan el buque insignia de la cultura y resulta que tiene que cambiar el rumbo.
Virar hacia el mundo hispano, ese al que se le ha dado tanto la espalda desde el propio Cervantes. Hay que virar, pero eso no implica que lo que se haya hecho hasta ahora estuviera mal. Me alegré de que al día de mi toma de posesión acudieran los cinco directores precedentes y quiero que figuren en el patronato. Cada uno ha trabajado bien y ha hecho su labor. Aquí hay mucha gente que cumple su cometido sin medios y vocacionalmente. Esta institución ha crecido a base de entusiasmo, echándose a la aventura, y esto no se puede perder. Si nos limitáramos a dar clase, estaríamos haciendo un pan como unas tortas. Lo que ha logrado el Cervantes en 20 años, comparado con otras instituciones que llevan 100 o 70 años en activo, como el Instituto Francés o el British Council, es mucho.
 Hay gente que dice que empleo la diplomacia vaticana. No me disgusta

Aun así, hay que virar.
Bueno, ligeramente.

No, bastante, mucho incluso. 
Bien, pero sin desatender lo que tenemos y sin perder de vista que el tiempo no nos deja.

¿Por qué?
Pues para expandirnos a determinadas zonas como África, sobre todo el sur del continente, o India.

Pero no hay dinero.
Hay que pensar en una presencia que a lo mejor no requiera centros, medios como el centro virtual Cervantes, aulas de nuestra marca en las universidades. Por eso urge pensar, ser imaginativos y apoyarnos en lo que tengamos, en empresas también, porque esa carrera no consiente aplazamientos. Si tardamos 15 años en llegar, el campo estará tomado.

No se había contemplado hasta ahora el mundo hispánico dentro del Cervantes como una sinergia, más bien se le ha visto como una competencia.
La palabra competencia en ese sentido es absurda.

Pero así se había visto.
Bueno, no creo que se haya concebido así del todo. Veamos un frente común: Estados Unidos. Nosotros tenemos allí tres centros y medio. México tiene varios. Lo que debemos hacer es establecer una alianza con ellos por una razón muy sencilla. El español allí tiene un problema común. Está contaminado, estigmatizado por considerársele vinculado a una lengua de inmigrantes que plantean problemas. Debemos emprender una labor de cambio de mentalidad en ese sentido.

Para empezar, en el reparto eurocéntrico a lo largo de sus 20 años, ¿no hubiese sido mejor centrarse en lugares donde existía una demanda real acelerada, como Estados Unidos? ¿No es tarde? 
Europa y el norte de África ya están básicamente atendidos. Porque se ha hecho eso podemos pensar en otros frentes. Me decían que si se abrieran 50 centros en Estados Unidos, se llenarían. Ahora no hay capacidad económica, en la época de Moratinos se habló de 10. ¿Por qué no nos unimos con México? Es lo que yo propongo. Hay disposición de ellos para colaborar. En el Gobierno y la Academia Mexicana. Me han trasladado su intención de hacerlo, de empezar a hablar de eso. Consuelo Saizar, ministra de Cultura, y Jaime Labastida, director de la Academia, llamaron el día que se conoció mi nombramiento. Urge porque el problema de esa estigmatización en la sociedad de Estados Unidos hay que abordarlo juntos, no podemos hacerlo solos.

La acción cultural, en ese sentido, ayuda a limpiar.
Sí, y más si se realiza de la mano. Llevamos 20 años, no es cuestión de flagelarse, pero es necesario buscar esas nuevas alianzas, sobre todo ahora que ellos tienen economías emergentes.

De todas formas, esa visión del pasado que tiene usted sobre el Cervantes resulta leal con la institución, pero la realidad, en comparación con sus competidores que cuentan con presupuestos en ocasiones 10 veces mayores, es que esto era un hijo pobre del Estado. Nadie tenía fe en su potencial. 
Yo no lo creo.

Usted, cuando era director de la Real Academia, ¿no tenía la pesada sensación de que era necesario convencer a los Gobiernos para que creyeran con más fuerza en las posibilidades del español?
Voy a ser sincero. Desde el Gobierno de Felipe González hasta ahora, no. La Academia fue muy pobre en épocas anteriores. No sé cómo pudo sobrevivir. A Fernando Lázaro Carreter le tocó, para empezar, reconstruir el edificio. Desde esos tiempos, cada vez que la RAE ha pedido algo, dentro de las posibilidades pudimos ir viviendo. Pero por encima de todo eso, hay que decir, estaba y está el apoyo del Rey, que eso lo tiene más que claro. Ha cruzado con nosotros el océano para asistir a congresos y reuniones, y en eso está más que volcado.

¿Cuántas veces ha sobrevolado usted el Atlántico? 
50 veces. Y cada una de ellas he visitado al menos dos o tres países. Pero no solo fui yo, sino que desde entonces empezaron a venir ellos. No hay nada como entrar a casa del interesado, todo empieza y termina en personas. He hecho amigos fraternos. Como reza el dicho asturiano: Dios y el cuchu, pueden muchu. Pero sobre todo el cuchu. Lo personal, tocarse, es importante.

¿Y cuántos le quedan por hacer? Tiene usted un aspecto envidiable, ya ha cumplido 78 años y eso se notará.
Yo se lo dije honradamente al ministro Wert cuando me llamó: “Vamos a ver, yo ya tengo 78 años…”. “Pero muy bien llevados”, dijo. “Bueno, de momento…”.

Se había reorganizado la vida.
Había terminado mi mandato académico. Yo tengo la gran suerte de dedicarme a algo que me gusta tanto que para mí no es trabajo. Había recuperado el espacio de la escritura, de la reflexión, salir a caminar, cosa que sigo haciendo todos los días. En fin, me llamó el ministro y le dije lo primero lo de la edad y acepté sin tener en cuenta los comentarios de los que me alertan: ¡Cómo has aceptado! ¡Te nos vas a quedar en un aeropuerto!”.

¡Hombre, por Dios! Toquemos madera. Lo que es cierto es que esa vida que usted había recuperado ha saltado por los aires.
Ni me planteo arrepentirme. Los amigos me aconsejan dedicarme a la filología primera, a las academias literarias renacentistas desde las que pretendíamos aprender el renacimiento de otra manera. Explicándolo desde la perspectiva de los autores que tenían el Epithetorum opus, de Ravisius Textor, un diccionario de epítetos en los que se encontraban referencias a los clásicos y que usaban Fray Luis, Lope de Vega…

Para copiar…
Para asimilar. Era la labor de la abeja para ellos. Pero, en fin, en lo que yo me estaba ocupando ahora es en realizar mi canon de la literatura. Y consiste en volver a leer ciertas obras con apoyo en la bibliografía última, que yo ya no alcancé a estudiar a fondo. ¡Lo feliz que yo he sido estos meses! Con esa relectura apoyada en estudios que han hecho alumnos nuestros. He prometido a mis amigos que no iba a dejar eso. Que voy a organizarme de manera que reservaré unas horas para mi canon.

Difícil lo veo.
Bueno, como habrá un secretario general en el que se pueda descargar buena parte del trabajo y eso viene bien para la causa, aprovecharé.

Lo que ocurre es que, como usted está acostumbrado a meterse a fondo en las cosas que hace, me da la sensación de que delegar le es complicado.
No, no. Precisamente porque me conozco, en el cambio de reglamento aplaudí la idea de especificar las acciones que corresponden al secretario general. No se imagina con qué detalle hemos puntualizado todo.

Aun así, tendrá tentaciones. ¿Las controlará? 
 ¿Por qué? ¿Porque tengo fama de presidencialista?

Bueno, lo ha sido en la Real Academia. 
 Lo fui, cierto. Y me confesaba en las juntas de Gobierno y en las comisiones. Les decía: “Vosotros sabéis que yo soy un director presidencialista”. Y me contestaban: “Por eso te hemos elegido”.

Eso tranquiliza bastante a quienes están debajo.
A mí me lo contagió Fernando Lázaro Carreter. Él tenía un temperamento fuerte. Cuando le afectó un ictus, me dijo que tenía que dejarlo, y yo le convencí de que no podía porque sin esa labor sería peor para él. Me comprometí a ayudarlo a fondo y le aseguré que no haría nada sin consultarle. Él me contagió ese presidencialismo. Pero ahora no, ahora esto tiene que ser distinto, en primer lugar porque el Cervantes cuenta con una estructura distinta, con unos jefes de área más que competentes. Ahí va a estar el secretario general, y yo me dedicaré a fondo a la labor institucional.

De lo que no cabe duda es de que usted forja lealtades, porque era impactante observar a sus compañeros de la Academia en la toma de posesión haciéndole de guardia pretoriana. ¿Qué les da? ¿Miedo o cariño?
Mucho cariño. Miedo no, nunca. En la Academia aprendí que la institución era más fuerte cuanto más nos tratábamos con cariño. Con la cortesía académica, que es fundamental. Yo siempre cuidé mucho a los académicos mayores, a quienes caían enfermos. Curiosamente, a medida que se hacían mayores, acudían más: Pedro Laín Entralgo, Rafael Lapesa, Ángel González, Areilza, Rosales… Yo he querido mucho a los académicos. Ahora tengo que encargarme de los directores y profesores de centros, son gente que está por ahí, por el mundo, necesitada de apoyo.

La tarea de misión que veía Lázaro Carreter en el Cervantes… Pero es que ahí damos con otro rasgo de su personalidad porque usted ha trabajado también como sacerdote.
Sí. Hace ya casi medio siglo de ello y fue por poco tiempo. Pero guardo un gran respeto a esa etapa, a la que debo mucho de mi formación. No estuve en el tipo de misión a la que se refería Lázaro. Trabajé en la información de la Iglesia y fundé, siendo arzobispo Tarancón, con quien tuve una relación cercana, el semanario Esta Hora. Pero básicamente era profesor y si tuve alguna notoriedad fue porque escribía en La Nueva España. Guardo grandes amigos de entonces. Desde cardenales hasta curas de aldea. Hay gente que dice que empleo la diplomacia vaticana. No me disgusta…

Como vocación, queda, construye.
Mucho va en la pasta, en la manera de ser. Hay gente conflictiva por naturaleza, que parecen salamandras, que no viven a gusto más que en el fuego, y luego hay gente de paz. Yo lo soy. Pero no por haber dedicado pocos años de mi vida a eso. Yo me recuerdo de niño como un muchacho pacífico, eso va en la manera de ser, en el carácter.

Todo construye una vida.
Desde luego. Un hombre es muchos hombres. Eso lo cuenta Mario Vargas Llosa en su última novela, El sueño del celta. Aun la persona que nos parece más anodina es muchas a la vez.

También tiene su etapa como profesor de instituto. 
Eso fue muy importante. Lo que yo soy ahora es el final de una etapa que ha durado 50 años. Una carrera de letras. Tuve la suerte de disfrutar a grandes maestros. Fui discípulo amado de Emilio Alarcos, nada menos. De José María Cachero, José Caso, verdaderos maestros. Y a poco de terminar comencé la carrera docente con oposiciones sucesivas, de abajo arriba: primero fui adjunto y luego catedrático de instituto; en Valladolid, penene de universidad, después agregado, más tarde catedrático… Ha sido una carrera muy variada en la universidad, en Zaragoza, en Salamanca… Allí moví muchas iniciativas, incluso me hice cargo de los cursos internacionales de enseñanza de español a extranjeros, qué cosas.

Ya dicen muchos que usted tiene algo de visionario en esto del idioma. 

No me corresponde a mí decir eso. Soñador sí fui siempre. Pero visionario…

Lo digo por el concepto panhispánico que impulsó usted en la Real Academia y cambió la manera de percibir la enseñanza y el poder sobre el idioma. Pasó de ser castellano dictado por normas castellanas a español global, en el que América tenía tanto o más que decir sobre el idioma que España misma.

Bueno, pero ahí tengo que pagar peajes. ¿Por qué yo me interesé por América? Tiene su deuda. Yo era un gran europeísta. Por mis años de estudio en Roma, algunas estancias en Alemania y porque mi padre, que era juez, se sentía muy ligado a lo francés. Cuando Fernando Lázaro me propuso ser secretario de la Academia, hablé mucho con Alonso Zamora Vicente. Fue él quien me dijo: “Víctor, por favor, ocúpate de América, estamos ciegos”. También me pidieron lo mismo Francisco Ayala y Gregorio Salvador. Fueron dos referencias que me hicieron reflexionar hondamente. Surgió la idea del panhispanismo después de ser alertado por ellos. Cuando hicimos la nueva gramática, nos planteamos la colaboración con el resto de las academias, y así ha sido con el resto de lo que se ha hecho después. Pero eso ya estaba planteado desde el principio.

¿Con antecedentes?

Las academias se constituyeron como organismos correspondientes de la española, precisamente para atajar los conatos de independentismo lingüístico gracias sobre todo a Andrés Bello. Se revela y dice: “¿De qué estáis hablando? La lengua es nuestra”. Fueron academias formadas por gente de gran representatividad e influencia en los países nacientes. Algo que ocurre ahora también, son miembros de mucho peso. Estaba claro que debíamos trabajar en conjunto, y así ha sido. Mi mejor aportación a esa etapa ha sido favorecer que los tres grandes códigos puestos al día durante mis mandatos –el gramatical, el ortográfico y el léxico se hicieran como obra de todas las academias sobre el español de todo el mundo. Hoy eso es una realidad. Y nos va a servir en la labor que ahora nos toca al frente del Cervantes.

Por eso dice usted mismo que le han llamado.

Por algo que resume, a mi juicio, en una carta Alfredo Matos, el director de la Academia Chilena: “Tu concepción y convicción panhispánicas ahora en perspectiva transhispánica universal”.

Eso puede ser un eje de su mandato.
Así es.

Pero antes debe limar las asperezas eternas entre los Ministerios de Educación y Cultura y Exteriores para hacerse fuertes en esta institución. ¿Cómo va la lucha?
Hay varios organismos de la cultura española que van por su parte. Existe una dispersión de esfuerzos que sumados producirían una sinergia considerable. Hace falta ponernos a remediarlo. Cada entidad tiene su normativa, pero con un poco de buena voluntad por parte de todos El Cervantes está ausente de América Latina, pero los centros culturales españoles que existen allí pueden servir de palestra para organizar cosas en conjunto. A eso llegaremos pronto porque es tan obvio que resulta difícil encontrar quien esté en contra de eso. Se ha señalado que en la toma de posesión, el ministro de Exteriores dejó claro que esto era suyo y lo hizo en presencia del responsable de Educación y Cultura. Pero yo puedo decir que se han dado pasos para clarificar todo eso. Lo primero que hemos hecho es modificar el reglamento. Ha sido fácil, y por eso mismo pienso que cuando llame a las puertas para unir sinergias, estoy muy confiado en que se va a conseguir y será un paso importante.

¿El reto de lo digital nos desborda para el idioma también?
Sí, y eso exige investigación, negociación comercial con las grandes firmas, es un momento en que urge pensar, por muchas razones, y urge superar los compartimentos pequeños y unirse en sinergia no solo a nivel del Estado, sino con relaciones estrechas con las industrias culturales y con las empresas a las que interese la promoción de sus labores. No solo la cultura, también la ciencia, la tecnología. Todo eso está por pensar y por definir. Vendrá el mecenazgo y la ayuda, pero no porque pidamos, sino para ofrecerles.

¿Por qué? ¿Se acabó ir de pedigüeños? ¿Es a ellas a las que se debe convencer de que pueden sacar idéntico partido? 
Efectivamente. Hay que venderles a las empresas el valor de sus posibilidades abiertas al español para hacer cosas conjuntas. Es un problema de apertura y de vuelo. Aunque solo sea por la rentabilidad económica que les supone a las empresas. En Estados Unidos, dos de cada tres estudiantes la eligen como segunda lengua. ¿Por qué? Porque dicen que es útil. Para ganarse la vida. Ese cambio de mentalidad no lo podemos hacer solos, sino con los protagonistas de todo ese fenómeno, que son los países hispanoamericanos.