Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Hojman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Hojman. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de febrero de 2025

Una encuesta para traductores sobre traducción e Inteligencia Artificial (4)

Cuarto día de la encuesta

Los traductores y la inteligencia artificial (4)

ALEJANDRO GONZÁLEZ (Argentina)

Pasé mis respuestas por ChatGPT del castellano al ruso y del ruso al castellano. La respuesta del ChatGPT se ofrece entre corchetes y en color azul debajo de mi texto original. Creo que esta operación y sus resultados dicen más que mis respuestas.

 1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Poco y nada. No sigo de cerca el tema. Cuando quise interiorizarme, entendí que carecía de los conocimientos básicos en programación, informática, ciencias cognitivas y neurociencias que me permitirían formarme siquiera una idea aproximada de lo que ahí ocurre. Tampoco quiero caer en banalidades apocalípticas de máquinas destruyendo humanos, de una especie humana degradada en un mundo dominado por computadoras y todas esas fantasías que alimentan la ciencia ficción y nuestros miedos.

[Un poco y muy poco. No he estado siguiendo este tema. Cuando intenté entenderlo, me di cuenta de que no tengo conocimientos básicos en programación, informática, ciencias cognitivas y neurociencias que me permitan al menos aproximarme a lo que está sucediendo. También no quiero profundizar en banalidades apocalípticas sobre máquinas que destruyen a los humanos, sobre la humanidad degradada en un mundo gobernado por computadoras, y todas esas fantasías que alimentan la ciencia ficción y nuestros miedos.]

 2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

No la he utilizado. No veo tampoco para qué podría necesitarla en esta etapa mía y de ella.

[No lo he utilizado. También no veo por qué lo necesito en esta etapa, tanto en mi vida como en la vida de esta tecnología.]

 3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión? Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

La traducción literaria es claramente la última fortaleza que caerá, si es que cae. Cuanto más plano y lógico sea un texto, más presa fácil será de la IA. Desde mi aquí y ahora, no entreveo un programa capaz de captar toda la riqueza de una obra literaria y de verterla a otra lengua: los registros, los sociolectos, los tonos emocionales, la ironía, el humor, los juegos de palabras. Sí entreveo editores inescrupulosos que pasarán textos comerciales por la IA y pedirán a traductores que le «peguen una revisada» al 30% del valor de una traducción. Pero eso no es culpa de la IA, sino del capitalismo.

[La traducción literaria es claramente la última fortaleza, si es que alguna vez caerá. Cuanto más plano y lógico sea el texto, más fácil será para la IA. En este momento, no veo ningún programa que pueda captar toda la rica paleta de una obra literaria y transmitirla a otro idioma: registros, sociolectos, matices emocionales, ironía, humor, juegos de palabras. Sin embargo, veo editores deshonestos que envían textos comerciales a la IA y piden a los traductores que “corrijan”; el 30% del costo de la traducción. Pero esto no es culpa de la IA, sino del capitalismo.]


JESSICA SEQUEIRA (Estados Unidos - radicada en Chile)

1)¿Qué tan familiarizada está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que se refiere a traducciones literarias?

La mayoría de mis traducciones literarias son de poesía o novelas con cierta densidad lingüística, y hasta ahora la inteligencia artificial no ha sido parte de mi práctica (a diferencia, por ejemplo, de diccionarios como WordReference que son indispensables para pensar en los muchos significados de una palabra). Soy consciente de que estas herramientas están evolucionando rápidamente, y no me opongo a priori a su uso. Creo que plantean preguntas más amplias sobre los procesos de la cognición y la importancia de la cultura y la comunidad en la elaboración y recepción de una obra. Las IA pueden ser bastante homogéneas en las respuestas que proponen, culturalmente limitadas, arraigadas en cierta clase social y bastante carentes de sentido del humor, presentando sus propias respuestas con una superficialidad alegre, como la única verdad.

Hace unos meses, en un momento sentimental, le pregunté a ChatGPT “¿Cómo se puede demostrar afecto?” y me dio las respuestas más aburridas posibles: flores y abrazos y acurrucarse mirando televisión. No tuvo en cuenta otras culturas, que ofrecerían otras muestras de afecto, por no hablar de reconocer el hecho de que algunas personas no tienen o no quieren televisores. Un buen libro llamado An English Made in India, de Kalpana Mohan, habla de cómo los idiomas híbridos como el inglés indio, improvisado a partir de diferentes fuentes como el hindi, el tamil, el kannada, un inglés no convencional, etc, confundirían a un software de idiomas, ya que dependen mucho de la situación y del movimiento del cuerpo. Los modos de pensamiento de la Inteligencia Artificial, en la actualidad, todavía pueden parecer bastante californianos o chinos en sus preferencias, algo que creo que es importante señalar. 

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

En la práctica, sigo siendo bastante analógica. En este momento de mi vida, me interesa lo opuesto: la forma en que el arte puede afectar las emociones y los cuerpos humanos, y las formas en que la música (o la performance de la poesía, etc) constituyen una forma de pensamiento en el tiempo. Creo que es muy importante no olvidar a los seres humanos y sus presencias vivientes reales; lo que me interesa es el elemento humano. Aplicado a la literatura, quiero saber por qué un escritor o traductor toma ciertas decisiones, no sólo el hecho de que hayan sido capaces de hacerlo. Los procesos de pensamiento humano y las trayectorias artísticas me interesan. Ahora estoy trabajando en un proyecto sobre “traducciones sonoras”, y lo que más me llama la atención no es, digamos, el hecho de que un determinado fragmento de música haya sido sampleado y cambiado de contexto, sino el proceso creativo de un músico que elige estudiar una tradición de otra parte del mundo e incorporar esas prácticas sonoras a su trabajo en Latinoamérica.

Las nuevas tecnologías deberían ser herramientas, no enemigos. Para las obras de no ficción, veo que la IA podría ser útil, para verificar referencias específicas, o para ayudar a encontrar obras sobre temas relacionados. Me gusta jugar a veces con Google Translate, escribiendo en columnas dobles simultáneas, a veces trabajando desde el castellano y a veces desde el inglés, con la idea de la traducción inmediatamente afectando mi escritura del párrafo “original”. Pero esa es una técnica para mi propia escritura.

Es interesante porque, al responder a algunos de estos avances tecnológicos, mucha gente defiende al ser humano en sus dudas, imperfecciones, defectos, amor irracional, empatía, etc., que son vistos de alguna manera como más profundas y verdaderas, en oposición a la máquina racionalmente analítica, cuyos sueños generan monstruos. Creo completamente en la importancia de la emoción, pero tampoco quiero rechazar por completo la idea de la inteligencia analítica en el ser humano: nuestra educación nos enseñó a leer, escribir, reseñar textos y pensar críticamente, todos rasgos importantes que no deberíamos dejar en manos de la máquina, quedándonos con la pura emoción.

En cuanto a la idea de “posedición”, trabajar en un texto existente es algo que los traductores ya hacen, cuando revisan un segundo o tercer borrador de sus propias palabras, leyendo en voz alta, encontrando sus ritmos y sus resonancias. Encuentro placer en editar mi propio trabajo de esta manera, pero no el trabajo de una computadora, ya que sigo presa a cierto orgullo por mi artesanía y mis procesos mentales—toda una reliquia, tal vez.

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?
Significa un cambio, definitivamente. Varios amigos que trabajaban en el campo de la traducción técnica ya son poseditores. Yo creo que he experimentado un cambio mental. Antes me consideraba principalmente traductora, y ahora quiero entenderme como escritora, artista o creadora (de mis propios libros o música o traducciones, lo que sea), en un mundo donde la autonomía se cede tan fácilmente a las máquinas. Creo que es necesario también entendernos como seres humanos que cuidan a otros seres humanos. La inteligencia artificial formará parte de nuestras vidas, pero es importante mantener el control de nuestros propios procesos cognitivos y desarrollos, y nunca olvidar las formas en que el acceso a estas tecnologías puede ser completamente desigual y culturalmente sesgado, dejando a muchas personas afuera y destruyendo las vidas de quienes no quieren participar.


EDUARDO HOJMAN (Argentina - radicado en España)

1) Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

He probado traductores online que entiendo se basan en IA y también programas específicos como Chat GPT. De hecho, he escrito un artículo para el suplemento Abril de El Periódico al respecto, para el que di a traducir dos versos de Shakespeare y lo comparé con dos traducciones canónicas. En mi opinión, Chat GPT quedó en segundo lugar (una de las traducciones canónicas había envejecido mucho). Me consta sin lugar a dudas que muchas editoriales de renombre la utilizan, así como me consta que la mayoría de las agencias y editoriales extranjeras prohíben su uso en los contratos (aunque sin duda ellos también la utilizan). El motivo de esa prohibición no es velar por la calidad del texto, sino el temor, un poco amorfo y con visos supersticiosos, de que, al someter un texto a la IA para que lo traduzca, esta puede ”alimentarse” de ese texto y utilizarlo para generar otro, es decir, un temor al plagio.

2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

Será útil en algún momento. Hoy en día, funciona como un diccionario más. Se equivoca mucho y olvida decisiones --quizá acertadas-- que tomó antes respecto del mismo término en el mismo texto. Es muy imperfecta. Va mejor para la no ficción llana (artículos periodísticos sin exigencia ni profundidad) y obviamente pierde en relación proporcional directa a la complejidad o estilo del texto original.

3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

No. El riesgo no es la IA. El riesgo son, siempre, las editoriales. Así como hace no pocos años editoriales españolas mandaban a traducir al por mayor a América Latina pagando precios viles y con criterios colonialistas, cargando sobre los editores empleados en sus sedes españolas la responsabilidad de corregir y adaptar los resultados, muchas veces fallidos o excesivamente localistas, que llegaban, ahora lo hacen con la IA. En ese sentido, es una típica herramienta que las empresas promocionan como que facilitan el trabajo de los traductores y en realidad tienen el verdadero y único propósito de abaratar costos e intentar eliminar a los traductores que cobran dinero del proceso. Su uso actual (no la herramienta en sí) es un síntoma del estado lamentable de la edición y la industria editorial (no sólo en español), en el que la calidad del texto es un criterio, como mucho, secundario. Como diría Laurie Anderson, no es la bala lo que te mata, es el agujero.


EDGARDO SCOTT (Argentina - radicado en Francia)

1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Muy poco. Aunque entiendo que ya los traductores automáticos fueron un primer avance de esta tecnología, y sí he visto cómo funcionan y traducen.

 2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Entiendo a la traducción ante todo como una forma superior de lectura. Los que hemos hecho re-traducciones sabemos lo que es trabajar con varias traducciones-versiones a la vez, y en ese sentido, estamos acostumbrados a no traducir desde cero. De algún modo el aporte de la traducción de la IA será una versión a leer, cotejar, comparar.

3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Supone el inevitable riesgo del mal uso. O la tentación de usarla indiscriminadamente.

 



viernes, 18 de noviembre de 2022

La lengua de los libros: un debate que nunca se da

Ayer, 17 de noviembre, en El Periódico, de España, Eduardo Hojman (foto), traductor argentino radicado en España, publicó un elaborado artículo sobre lo que ocurre con los libros traducidos en España cuando viajan a América y viceversa. Si bien harían falta muchas puntualizaciones para respaldar los dichos de los entrevistados, el título anticipa el contenido. 


Separados por el mismo idioma

Hay más de veinte países hispanohablantes en el mundo y, de ellos, España ocupa el cuarto lugar, precedida por México, Estados Unidos, Colombia y seguida muy de cerca por Argentina. Sin embargo, España centraliza la industria editorial en ese idioma y es aquí donde se produce la inmensa mayoría de las traducciones que leen las regiones restantes, que no siempre son del todo bien recibidas.

La concentración editorial exacerbó esa situación. Si en los años noventa editoriales como Emecé o Sudamericana, entonces independientes, podían adquirir títulos para sus propios territorios y ofrecer sus propias traducciones, a partir del cambio de siglo los grandes grupos españoles (y muchas editoriales medianas, siguiendo su ejemplo) compran derechos mundiales para la lengua.

Como señala Jorge Fondebrider, director del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, eso anula “la posibilidad de alternativas. Los lectores de los países que no son dueños de los derechos tienen que leer en la variante del país que los posee”. El problema de la nula coexistencia de traducciones españolas y americanas del mismo libro, según sentencia Fondebrider, es que “las traducciones españolas no funcionan en Argentina, y Anagrama es quizá el mejor ejemplo”, aunque acota que “los dos grandes grupos (Planeta y Penguin Random House, que imponen las traducciones ibéricas), hacen una corrección de estilo y una revisión”.

El periodista cultural argentino Daniel Gigena señala que “sigue habiendo quejas respecto de las traducciones españolas, en especial cuando hay jergas, idiolectos. Llegan al país muchos libros cedentes de los grandes grupos traducidos a la española y pocas veces se retocan, sea por costo o desinterés”, aunque reconoce que “a veces esas quejas me parecen un esnobismo. Obviamente hay libros mal traducidos, pero no solo en España y no solo por esas razones”.

Que Anagrama sea blanco de esas acusaciones se debe, muy probablemente, a que, gracias a su potente catálogo, representó una educación libresca sentimental para muchos lectores hispanoamericanos. “Somos muy sensibles a esos comentarios –dice su directora editorial, Silvia Sesé–, que se refieren a usos de otras épocas”. Marc García, del departamento de edición de la misma editorial, aclara que “el uso de las variantes del español en las traducciones es una cuestión compleja y cualquier decisión en favor de una variante nacional va a alienar inevitablemente a parte de nuestro público. Hemos optado por privilegiar la más natural para los lectores del país de origen de la editorial, pero intentando tener cada vez más cuidado en que resulte natural para los de otros países”.

Elena Ramírez, directora de Ficción Internacional de Planeta, grupo con sedes muy activas e importantes en América Latina, explica que la adaptación de sus traducciones a las distintas regiones “depende del tipo de libro. En los literarios no se hace ningún tipo de modificación, pero en libros más populares en ocasiones se ajustan cosas menores, y no lo hacemos nosotros, sino que el país que quiere adaptar alguna palabra o expresión hace la sugerencia”. Esos cambios, dice, no privilegian ninguna de las variantes del español latinoamericano a priori, sino que tienen que ver con qué país ha contratado el libro y se toman en cuenta las sugerencias de cada casa local.

Algo similar ocurre con Penguin Random House. Según Anna Prieto, directora de Edición Técnica de la División Literaria, la mayoría de los libros se traducen en España y las adaptaciones, si las hay, corren a cargo de sus sedes locales. “No hay un español latinoamericano que tenga preferencia, suelen hacerse versiones en argentino y en mexicano, y las demás casas deciden qué versión van a comercializar”. Julieta Obedman, directora literaria de la sede argentina, lo confirma. “Se adaptan sobre todo los libros destinados al público infantil y juvenil, por razones de expresiones idiomáticas propias de cada país”.

Poder económico
Para Jonio González, poeta, traductor y jefe del departamento de traducción de Ediciones B, es todo cuestión de mercado. “Se prioriza el castellano español porque en España se venden muchísimos más libros que en América. No sé si es colonialismo cultural pero no me cabe duda de que se trata de poder económico en un contexto de colonialismo económico”.

Ese panorama tiene su reverso en las escasas traducciones que en la actualidad llegan de América Latina a España. Leonora Djament de Eterna Cadencia, cuya presencia en España es cada vez mayor, asegura que no adaptan sus traducciones, aunque sí “traducimos contemplando a los lectores de toda la región hispanoparlante. El castellano neutro no existe o es un invento de los medios de comunicación. Pero pensamos en la legibilidad de nuestras traducciones en toda la región”.

Según Santiago Tobón, responsable de la sede española de Sexto Piso, el español prioritario “suele ser el lugar de mayor apuesta comercial o el de edición del libro”. Almadía, donde la mayoría de las traducciones son mexicanas, también intenta que sean lo más “neutras” posible. Para su editor, Guillermo Quijas Corzo, “es más fácil que en México los libreros acepten traducciones al castellano de España a que libreros españoles acepten traducciones al castellano de México”.

La editorial argentina Chai recurre a la barcelonesa Anna Ferrer Anechina para adaptar sus traducciones. “A veces –dice Ferrer–, siento que es una tarea un poco españocentrista y colonialista. Pero entiendo que un libro adaptado resulte más agradable de leer para alguien que lo haga por placer y/o no esté acostumbrado a otras variantes del idioma”.

Como señala el traductor y escritor Andy Ehrenhaus, refiriéndose a los traductores latinoamericanos que trabajan habitualmente en España, “las normas de estilo de las editoriales españolas alejan a los traductores de los peligros y tentaciones de lo que definen como americanismos”, trazando “una frontera clara entre lo que debe quedar dentro y fuera de la casa; el buen huésped debe tener al menos la delicadeza de no dejar entrar más bichos consigo, de sacudírselos en el felpudo”.

Este intento por eliminar las marcas de origen en las traducciones se entronca con otra gran discusión, la de legibilidad versus fidelidad. Un español “neutro” se arriesga inevitablemente a aplanar jergas y coloquialismos del texto original, igualando matices y estilos, y a veces daría la impresión de que al lector español quiere ocultársele, o intentar que olvide, que está leyendo una traducción, en tanto que en América Latina se tiene presente que se trata de una versión de un libro escrito en otro idioma, y esa marca de extranjería puede ser un valor añadido y enriquecer la lectura.

Recelos
Detrás de todo esto subyacen recelos antiguos. En Argentina se protesta que, mientras en España se traduce al español castizo, allí no se traduce al español rioplatense, aunque eso está cambiando. Jonio González matiza que “tampoco en Argentina ni en México, cuando eran potencias editoriales, se preocuparon por cómo los leerían en Ecuador o Perú”.

Jorge Luis Borges, firmante de una célebre traducción de Kafka, renegó del título de La metamorfosis, prefiriendo La transformación. Al parecer eso se debía a que su traducción se había españolizado al punto de quedar irreconocible. Y es célebre su ataque a la supuesta pureza del español de España en el ensayo “Las alarmas del doctor Américo Castro” (Otras inquisiciones, 1960).

Por otra parte, si en Argentina siempre hay quejas sobre las traducciones españolas, muchos medios españoles no pierden oportunidad de criticar las americanas. “Malas traducciones hay en Argentina, en España y en todas partes –dice González–. En el fondo, es un tema de reivindicación histórica y de una profunda frustración”. Quizá lo mejor sería aceptar que los casi quinientos millones de hablantes del español son potencialmente capaces de entender todas sus variantes y, en lugar de intentar anular las diferencias, celebrarlas. Caso contrario, seguiremos separados por el mismo idioma.