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jueves, 22 de mayo de 2025

Selma Ancira habla de su traducción de las cartas de la poeta Marina Tsvietáieva

El pasado 5 de mayo, Reyna Paz Avendaño publicó en El Universal, de México, el siguiente artículo. En su bajada se lee: "La traductora Selma Ancira habla sobre su reciente trabajo, la traducción al español de 138 cartas de la poeta Marina Tsvietáieva".


Cartas desde el destierro: una entrevista a Selma Ancira, traductora de Marina Tsvietáieva

"Quítenme la escritura – y no viviré, así de sencillo, no querré, no podré. En la Rusia soviética sobreviví solo gracias a la escritura. Y todos estos años, en el extranjero, mi cuaderno es quien me ha mantenido viva”, escribió la poeta Marina Tsvietáieva desde Francia, el 24 de septiembre en 1926, a su amiga, la traductora Anna Tesková, quien a pesar de la distancia fue su gran apoyo para sobrellevar 17 años de exilio a causa de la Revolución rusa.

En esas cartas, fechadas entre 1922 y 1939, Tsvietáieva muestra sus carencias, sus miedos, sus alegrías, sus deseos y, sobre todo, su capacidad de convertir cualquier narración, por más dolorosa que fuera, en poesía. Esa correspondencia, que consta de 138 misivas, fue trabajada por Selma Ancira, quien la tradujo por primera vez al español y hoy llega a las librerías con una edición a cargo de la Universidad Veracruzana, con el título Cartas a Anna Tesková (Novela epistolar).

Marina Tsvietáieva nació en Moscú en 1892, su padre fue el creador del Museo de Bellas Artes de Moscú y su madre era pianista. Ella tuvo que salir del país en 1922, se exilió primero en Bohemia y luego en Francia. En 1939 volvió a la Unión Soviética, donde dos años después se suicidó.

Sus obras traducidas al español —todas por Selma Ancira—, son: El poeta y el tiempo (2006), Mi Pushkin (2009), Mi madre y la música (2012), Diarios de la Revolución de 1917 (2015), Mi padre y su museo (2021) y El diablo (2025). Sin embargo, aún existen materiales desconocidos en nuestra lengua: sus relatos, ensayos y su poesía.

Anna Tesková nació en Praga en 1872, pero al año de su nacimiento, junto con su familia, migró a Moscú y, trece años después, regresó a Praga donde se desempeñó como maestra. Con el tiempo, se convirtió en una reconocida literata que trabajó dos literaturas que amaba: la rusa y la checa. Escribía, traducía, organizaba conferencias y veladas literarias.

Selma Ancira narra, en entrevista, que Anna conservó a lo largo de su vida las 138 cartas que recibió de Tsvietáieva. Marina también guardó las cartas de Tesková, pero cuando tuvo que preparar su regreso a la Unión Soviética, solo se llevó aquello de lo que no pudo desprenderse: sus libretas, sus cuadernos de trabajo, las cartas de tres poetas —Rilke, Pasternak y Gronski—, dibujos de sus hijos, algunas fotografías, pocos libros y un sobre con la leyenda “Cartas y postales de Bohemia. Fotografías de la tragedia checa (15-20 de marzo de 1939)” que contenía, entre otras cosas, once cartas de Tesková (de 1938-1939).

Marina entregó, en 1939, dos maletas con buena parte de su archivo a otra amiga: Margarita Lébedeva (esposa del periodista ruso Vladímir Ivánovich), en las que había manuscritos y cartas de Tesková. “Un año más tarde, cuando los alemanes ocuparon París, Lébedeva, con la idea de proteger mejor el archivo que le había sido encomendado, llevó las maletas al sótano de su casa. Meses después, años quizás, hubo algún problema con el agua del edificio y el sótano se inundó. Los archivos de Tsvietáieva se perdieron”, detalla Selma Ancira.

Desde la primera carta, Marina Tsvietáieva habla de su difícil situación económica. El 10 de febrero de 1925, cuando vivía en Všenory, Praga, y con los dolores de haber dado a luz a su hijo Gueorgui (al que también llamó Mur), le escribió a Anna para pedirle un favor “poco atrevido”: el envío de un vestido.

“¿Alguna de las personas que están a su alrededor tendrá un vestido sencillo y que se pueda lavar? Viví todo el invierno en uno solo, de lana, que se está cayendo a pedazos. No hace falta que sea bueno, –de todas formas, no voy a ningún lado– algo sencillo. Ahora ni pensar en comprar tela y coser: ayer cien coronas a la comadrona por tres visitas, en estos días entre ciento veinte y ciento treinta coronas a la carbonera por diez días, la fianza por la báscula infantil (cien coronas), ¡y los medicamentos, y la sanidad! – ni pensar en un vestido. Pero me gustaría mucho tener algo limpio para cargar al bebé”, escribió la poeta.

En las cartas, Tsvietáieva también nos entera del crecimiento de su hija Ariadna (también llamada Alia) y de la fidelidad y confianza hacia su marido, Serguéi Efrón. Él, Efrón, fue sospechoso de complicidad en el asesinato del tránsfuga soviético Ignati Reiss, en septiembre de 1937, en Suiza. Fue convocado por la policía francesa ya que encontraron pruebas de que se había ocupado de la logística, como también lo había hecho con la vigilancia del hijo de Trotsky en 1936. Ese hecho lo condenó a muerte.

¿Las cartas te dieron otra lectura de Marina Tsvietáieva?
He conocido a Marina de otra manera, he podido entrar en su exilio que para mí era importante porque había leído mucho, pero estas cartas son muy explícitas. Además de que Marina es mi gran amor, lo importante de estas cartas es que nos dan una idea del exilio ruso, no nada más de Tsvietáieva. Las carencias, las angustias, todo lo que vive, todo lo que narra, lo podría narrar cualquiera, no con esa genialidad, pero sí podría contarlo cualquiera de los otros escritores, poetas e intelectuales que se vieron obligados a emigrar.

A través de Tsvietáieva conectamos con una cantidad increíble de autores, fueron muchísimo los que emigraron y que de una manera u otra todos vivieron esas dificultades y esa sensación de destierro, de no pertenencia.

Se exilia en París con su hijo recién nacido, pero antes ya había estado ahí, de más joven.

Desde luego son dos momentos distintos, cuando ella va de joven, va a estudiar a la Sorbona, quiere conocer a la actriz Sarah Bernhardt, está viviendo el París que vivían los rusos antes de la revolución cuando podían salir. Años después regresa, ya desterrada, sin pertenencias, con dos hijos pequeños, sin trabajo, es un París muy distinto.

No creo recordar que ella se lamente o añore el París de su juventud. Marina es una persona que se enfrenta a las situaciones que le pone la vida delante con una valentía y un estoicismo dignos de ser imitados. Es una lección de vida porque no solo vemos crecer a Mur, vemos crecer a Ariadna, la niña de sus ojos a la que Marina le entregó su juventud y que llegada su adolescencia la relación de ambas cambió. Todo lo que narra es dolorosísimo. Realmente sufrí traduciendo el libro, pero sin duda, fue una manera indiscutible de conocer mejor a la poeta.

En una de las notas que incluye el libro, Selma Ancira narra que Tsvietáieva estuvo en París durante el verano de 1909, realizó un curso de francés, en la Alliance Française, y en una carta a Vera Búnina escrita en 1934, recuerda: “… tenía dieciséis años cuando por primera vez estuve sola en París. No volví con ningún sombrero, pero volví con un autógrafo auténtico de Napoleón (durante la Revolución – unos conocidos me lo robaron) y un busto auténtico del rey de Roma en porcelana de Sèvres”

Marina siempre amó Praga
Amaba Praga. En una carta, si recuerdo bien, ella dice que ama Bohemia por encima de Rusia. Para ella fue un periodo muy interesante de su vida, muy importante, incluso te podría decir que fue un periodo luminoso que no los hay en abundancia en la vida de Tsvietáieva.

Su salvación era su cuaderno.
Cuando llegan a Francia, ella suplicaba tres horas al día para poder estar a sola con su cuaderno. Marina vivió en una pobreza absolutamente increíble y la escritura, más que salvación económica, diría que fue una salvación para su alma, para su espíritu. Era su refugio. Esos cuadernos son los que me faltan traducir.

¿Sí se conservan?
Sí están. Ojalá me alcance la vida, ojalá me dé tiempo, me gustaría mucho dejarlos traducidos.

¿Poemario después de Rusia no es el último libro que escribe Marina?
Los últimos versos son los dedicados a Bohemia, los que aparecen hacia el final del libro, en las últimas cartas. Ahí sí que puso el alma, el corazón y todo el todo el sufrimiento, toda la indignación, todo lo que se vivió cuando la invasión a Checoslovaquia. Todo lo que escribió después de Rusia tiene un denominador común: la angustia vital que dominó su vida a partir de que deja Bohemia, cuando deja Praga, Checoslovaquia, y va a París, ahí comienza un periplo angustioso y difícil.

¿Cuál fue el trato que le dieron los franceses a la obra de Marina?
Eso no aparece en este libro, pero cuando ella llega a Francia y le organizan una lectura de sus poemas, comete lo que en ese momento era imperdonable: habla con el mismo cariño y la misma admiración de los escritores que se han quedado en Rusia y de los escritores que han salido de Rusia. Entonces los escritores que salieron de Rusia no se lo perdonan y comienzan a condenarla a un ostracismo cada vez mayor.

Pero Marina lo sabía, ella decía lo que creía, hablaba con la verdad, defendía sus ideas. Aun así, eso le cerraría las puertas. No obstante, tradujo textos al francés, ella era bilingüe, por ejemplo, tradujo los poemas de Aleksandr Pushkin y su libro Mi padre y su museo.

En las cartas, Marina transforma su dolor en palabras
Es un dolor sublime porque ella es una poeta y de lo mínimo crea versos, incluso si lees las cartas con atención, de algunas podríamos sacar versos completos. Ella decía que en su infancia, en su casa se respiraba aire caballeresco y eso ella lo sigue repitiendo hasta el final de su vida.

También existieron varias publicaciones rusas, por ejemplo, la revista literaria La voluntad de Rusia.
Había muchas revistas y periódicos de los inmigrantes rusos. Fue un movimiento grandísimo. Hay incluso una enciclopedia de la emigración rusa. La mayoría de los intelectuales —poetas, escritores, pintores— estaban en París, por ejemplo, Natalia Goncharova y Mijaíl Larionov, ambos pintores. Entonces, había una pequeña Rusia metida en Francia.

¿Esa enciclopedia que menciona está traducida al español?
A mí ya no me va a dar la vida ni tampoco es un tema al que quiero dedicarle lo que me queda. Es brutal el trabajo que se ha hecho tratando de rescatar toda la vida de los emigrantes, quiénes fueron, las revistas que salieron, los periódicos que se imprimieron, las publicaciones, los círculos, las asociaciones….

En 1937, Mariana le avisa a Anna que se mudará a París y hay un objeto que le preocupa y que aparece en varias cartas: una cesta con cosas personales. Le pregunta la poeta “¿podría guardarnos por un tiempo en su casa una cesta con nuestras cosas? Solo un tiempo, porque: o bien en tres meses – volveré, o bien, si me instalo en París (lo que dudo mucho) – Serguéi Yákovlevich me la enviará en petite vitesse. Es una cesta grande, se lo advierto, – pero ¿podría encontrar un espacio en el recibidor? Es imposible llevárselo todo”.

La partida está prevista para después del 20 de junio, continúa narrando Marina. “No sé cómo haré el viaje – soy terriblemente poco práctica. Alguno de sus conocidos, por casualidad, ¿no tendrá previsto viajar? No sé qué hacer, por ejemplo, con las comidas de Gueorgui. Come cuatro veces al día, y todo hay que calentarlo. ¿Cómo se hace eso? Seguro que no se podrá encender una cocinilla de alcohol”.

Más adelante, Tsvietáieva cuenta esa cesta se guardó en la villa Bozhenka, en Všenory, casa de Andréieva) y que adentro está el ajuar de Mur, cartas, cuadernos y “una gruesa mitología en alemán, color marrón, en pasta dura, con ilustraciones. Gustav Schwab – Die schönsten Sagen des klassischen Altertums (Las más bellas leyendas de la Antigüedad clásica)”.

Ese libro, escribió la poeta, pide que se le envíe por separado, por correo y no con el equipaje. “Tendré absoluta necesidad de él probablemente en poco tiempo para la segunda parte del Teseo que estoy escribiendo ahora. Es un libro grueso, tirando a marrón, que se cae de viejo. Tiene mi nombre y una nota: ‘un libro para toda la vida’”.

“Las cartas nos van dando pistas de cuáles son sus lecturas, sí. He descubierto autores, por ejemplo, Hildur Dixelius (1879-1969) quien escribió La hija del sacerdote, novela alemana, son tres volúmenes, los compré y los leí todos, muy obediente porque es una manera que tengo de conocer más a mis autores”, comenta Selma Ancira.

Marina habla del poeta Rilke.
Sí, por supuesto. Con Cartas del verano de 1926, con ese libro nació Tsvietáieva en español, lo publicó Siglo XXI en su momento (1984). Entonces, ahora a mí me hace mucha ilusión que nuevamente este volumen de cartas que es tan importante salga en México. Es decir, Marina nació en español en Siglo XXI y ahora 40 y tantos años después vuelve con un volumen de cartas en donde además se mencionan aquellas misivas.

En esta correspondencia, podemos imaginar a Anna Tesková.

Con todo lo que le agradece, con todo lo que sabemos que ella hizo, te das cuenta de la calidad humana de esta mujer, de la capacidad que tenía para trabajar, de su cultura, del amor por el ruso, porque estuvo en Rusia durante su adolescencia.

Marina no le está diciendo en las cartas: "Mándame, por favor, un Chanel." Le está diciendo: "Mándame un vestido que yo pueda utilizar en todas las estaciones, que lo pueda cortar, que lo pueda lavar a mano”. Ella no tiene dinero para pagar una lavandería. Entonces, habla de las dos. Este libro es una lección. Se puede vivir con lo mínimo siendo, además de todo, una persona genial que tendría que haber tenido todo porque de ser así, nos hubiera dado muchas más cosas, hubiera tenido la posibilidad de escribir más. Tenemos mucho que aprender del estoicismo, de la simplicidad, del poco vanagloriarse o enrojecerse de su ser como poeta. Marina se presenta a sí misma como una persona y la poeta se escapa porque lo lleva dentro.

¿Marina se aferra a la amistad de Anna porque era su otro soporte en el exilio?
Es la promesa de que regresará a Bohemia y por eso le dice: "organizo una lectura y viviré en su casa." Marina se monta toda la película de cómo podría ser. La última carta, la del 12 de junio de 1939, es absolutamente dramática, ella habla de su partida, de tomar el barco sin regreso, aunque no lo dice, uno lo intuye entre líneas, está el miedo del suicidio, que llega dos años después.

Por los lugares de Francia que pasó, ¿es conocido que estuvo ahí?
Sí, últimamente se han puesto plaquitas que dicen: "En esta casa vivió Marina". He recorrido esos lugares y los de Praga, también los alrededores de Praga.

¿Sigues traduciendo obra de Marina Tsvietáieva?
En este momento estoy con Tolstoi, después trabajaré Kazantzakis y regresaré con Marina.

¿Hoy existe alguna cancelación o censura en la traducción de autores rusos?
Creo que el lector inteligente, el editor inteligente y el impresor inteligente saben separar la política de la literatura y lo intentaron al principio de la guerra, pero la literatura nos puede acercar en vez de alejarnos. Y de eso se trata este momento, de encontrar un punto de encuentro, un punto de acercamiento.

¿Has vivido alguna cuestión personal por trabajar con autores rusos?
Lo que no hago es ir a Rusia y no iré hasta que no termine la guerra. Y me cuesta porque que hay teatro, literatura, las cosas que me alimentan, pero no visitaré Rusia mientras no termine la guerra.

lunes, 12 de febrero de 2024

"Tsvietáieva no es una autora que lea el gran público"

Reyes García Burdeus (foto), profesora de ruso y traductora de esa lengua, acaba de publicar un nuevo libro de la poeta rusa Marina Tsvietáieva, que da cuenta de la relación amorosa entre ésta y Sofia Parnok. Por ello, Eric Gras entrevistó a la traductora, nota que fue publicada por El Periódico Mediterráneo, el pasado 4 de febrero.

"Cada nueva traducción de Marina Tsvietáieva es un regalo"

La editorial valenciana Pre-Textos, un sello referente a nivel nacional y también internacional, ha publicado en este inicio de 2024 La amiga, un volumen que reúne las poesías que Marina Tsvietáieva dedicó a la escritora y crítica de arte Sofía Parnok: un grito embriagado de pasión, lamento y desdén. A esta recopilación de poemas, escritos entre 1914 y 1915, se suma también el poema "Los crepusculares días de antaño", escrito un año más tarde a modo de despedida dirigido a Parnok. Esta publicación contiene además dos poemas que Parnok dedicó a Tsvietáieva.

La traductora burrianense Reyes García Burdeus es la encargada de la edición y traducción de esta obra que es todo un acontecimiento literario. Profesora de ruso, y doctora por la Universitat Jaume I, García Burdeus es una de las mayores expertas en nuestro país de la figura y obra de la gran poeta rusa Tsvietáieva. No en vano, lleva más de 25 años traduciendo e investigando a la célebre autora, cuya vida terminó en tragedia. En 2016, la burrianense recibió por su labor el premio de literatura Marina Tsvietáieva, un galardón organizad por el Ministerio de Cultura de la República Rusa de Tatarstán, la Universidad de Kazán y el consorcio estatal de museos histórico-artísticos y culturales de Elábuga.

Cuando uno lee un poemario como La amiga, que acaba de publicar la prestigiosa editorial valenciana Pre-Textos con traducción y edición tuya, llega a la conclusión de que Marina Tsvietáieva fue alguien que se adelantó a su tiempo. Al menos, en cuanto a la «libertad» de abordar el amor pasional, sin distinción de género.
—Sí, sin duda alguna, no solo fue adelantada en esa cuestión, pero como es el tema que nos ocupa me referiré a él. Tsvietáieva, en el amor, esquivaba las fronteras de los géneros que consideraba demasiado angostas, demasiado simples, para la concepción que tenía de ese sentimiento, que iba más allá de las emociones que con frecuencia se vinculan a esta palabra. También reclamaba tanto o más de lo que ofrecía. Ante esas imperiosas exigencias, la reacción de sus amantes solía ser el rechazo, el silencio o el alejamiento. Basta con leer unas palabras de su cuaderno de notas, escritas en junio del año 1921, para constatar lo avanzada que estaba a su tiempo: "Amar únicamente a las mujeres (para una mujer) o únicamente a los hombres (para un hombre) excluyendo intencionadamente al “contrario” habitual — ¡Qué horror! Y amar solo a las mujeres (para un hombre) o sólo a los hombres (para una mujer), excluyendo intencionadamente lo que es 'inusual' de nacimiento — ¡Qué aburrimiento!". Creo que con esas afirmaciones está todo dicho.

La serie de poemas que comprenden esta edición «relatan» la relación que mantuvo con Sofía Parnok. ¿Quién fue exactamente esta otra poeta rusa?
—Sofía Parnok nació en la ciudad de Taganrog, curiosamente donde nació Antón Chejov, a orillas del mar de Azov, en 1885. Procedía de una acaudalada familia judía. Su madre murió prematuramente, Sofía tenía entonces seis años, las relaciones con su padre eran conflictivas y pronto decidió emanciparse. Viajó por Europa y estudió en el conservatorio de Ginebra, donde descubrió sus grandes dotes musicales. A finales de 1904 volvió a Rusia e ingresó en el conservatorio de Petersburgo, pero abandonó los estudios y regresó a Ginebra, donde tuvo su primera experiencia como autora de teatro con la obra El sueño, a partir de la cual se dedicó por entero a la literatura. En 1907 se casó con Vladímir Volkenstein y se afincó en San Petersburgo. En 1909, Parnok se divorció de su marido y se trasladó a Moscú, donde inició una carrera como traductora, libretista de ópera, poeta y también como crítica literaria bajo el seudónimo de Andréi Polianin (que eligió expresamente para discernir su obra literaria del periodismo). Escribía poemas que se publicaban en diversas revistas y periódicos y frecuentaba los salones literarios. El primer libro de Parnok, Poemas, fue publicado en 1916, poco después de acabar su relación con Tsvietáieva. La lírica de Poemas presenta el deseo lésbico por primera vez de forma no decadente en un libro de poesía ruso. No en vano la tildaban como la Safo rusa.

¿Y qué le pasó?
—La censura soviética no tardó en apagar la voz poética de Parnok considerando que era "ilícita" y a partir de 1928 ya no pudo publicar. Se ganó la vida traduciendo poemas de Charles Baudelaire y novelas de Romain Rolland, Marcel Proust, Henri Barbusse y otros. Gran parte de su obra se ha perdido porque, contrariamente a lo que solía hacer Tsvietáieva, Sofía no guardaba copias de sus escritos. Pero, aun así, a partir de los años 90 se han publicado en ruso algunos poemarios que evidencian un gran valor literario. Si bien fue más apreciada su labor como crítica. He de añadir que, en la actualidad, su obra está suscitando un gran interés, no solo en Rusia, también aquí en nuestro país. Como muestra, la llamada que recibí hace poco invitándome a participar en Donostia en el ciclo de conferencias que prepara el Ateneo Guipuzcoano titulado: Literaturas perseguidas, que este año gira en torno a la persecución por género. Una grata sorpresa la elección de Sofía Parnok como una de las autoras que formarán parte del ciclo.

¿Cómo y de qué manera le marcó a Tsvietáieva esa infructuosa relación con Parnok, tanto en lo personal como en su poesía?
—En lo personal, gracias a Parnok, Tsvietáieva descubrió el amor físico, sensual, un amor que nada tenía que ver con los que había experimentado hasta entonces, ni siquiera con su marido Serguéi Efrón (no olvidemos que, por aquel entonces, Marina estaba casada y tenía una hija de dos años, Ariadna). Solo unos años más tarde, en 1923, tendría otra experiencia amorosa semejante con su amante Konstantín Rodzévich, en Praga. Pero, en la relación con Parnok, también sufrió los celos y el resentimiento, casi desde el comienzo. Lo cual provocó que, tras la ruptura, Tsvietáieva siempre mostrara una total indiferencia, rechazo e incluso odio hacia Parnok. Tsvietáieva llamó a esta ruptura "la primera catástrofe" de su vida. Pasados unos años, en su diario de 1920, escribió: "Ella podía rechazarme, volverse de piedra, aplastarme bajo sus pies — pero me amaba". En una carta dirigida al poeta Kuzmín escribe: "Fuimos amigas durante un año y medio. No me acuerdo en absoluto de ella, bueno, no la recuerdo". Sin embargo, Sofía Poliakova, gran estudiosa de la obra de Tsvietáieva y Parnok, considera que Tsvietáieva jamás pudo olvidarla y en muchos escritos posteriores a su separación, la recuerda sin nombrarla. Tras el fin de su intensa y tormentosa relación, las dos mujeres no se volverán a ver. Sofía Parnok, en el otoño de 1929, dedicará un bello poema a su amante de entonces, Marina Baranovich, donde todavía recuerda a Tsvietáieva, su amor de juventud. Y, además, muchos amigos que frecuentaban el apartamento de Parnok en Moscú afirman que en su mesilla de noche tuvo hasta el final de su vida, una fotografía de Marina. En cuanto a cómo influyó la relación en su poesía, señalaremos que los poemas del ciclo La amiga aunque estén incluidos en sus Poesías de juventud marcan el paso de los poemas de juventud hacia los poemas de madurez, esto se evidencia por la manera de hacer de Tsvietáieva y el cambio en las cuestiones que aborda, sobre todo por el abandono de su obsesión por el tema de la muerte. También le llevó, ya en el exilio, en Francia, a la escritura, en francés, de su ensayo sobre el lesbianismo, Carta a la Amazona, escrito en 1932 y revisado en 1934, de un alto valor literario y que, sin lugar a dudas, es una evocación a la relación que tuvo con Parnok.

¿Podría decirse que, pese a todo, Tsvietáieva continúa siendo una gran desconocida para el gran público (aunque en nuestra anterior entrevista, en 2018, dijeras que ya es una autora reconocida y venerada)?
—Bueno, reitero lo dicho en la anterior entrevista, Tsvietáieva no es una autora que lea el gran público. Su modo de crear, la complejidad de su lenguaje y una serie de elementos añadidos, hacen que su escritura no sea una empresa fácil de leer. Además, la autora exige la total atención del lector y era completamente consciente de la dificultad que entraña su escritura. De hecho, sobre esto, ella misma decía: "El lector está agotado de leer mi obra – es decir que ha leído bien y – lo que ha leído es bueno. El cansancio del lector no es devastador sino creador. Co-creativo. Hace honor tanto al lector como a mí misma". En mi opinión es una autora conocida, y cada vez más, sobre todo, entre los estudiantes de filología eslava o lengua rusa, y también entre los amantes de la poesía en general que desconocen el ruso, y que ahora la pueden leer gracias a las numerosas traducciones que existen de su obra.

—Obras como esta nueva edición bilingüe, en la que también se lee una nota biográfica de la autora, ¿cuán importantes son para «recuperar» la figura de la que muchos consideran una de las grandes poetas del siglo XX?
—Todas las obras de Tsvietáieva traducidas que salgan a la luz, ayudan a dar a conocer a los lectores que no conocen la lengua rusa a esta gran escritora. Pero no hemos de leer únicamente sus versos, también sus obras en prosa, su correspondencia y sus obras de teatro son de lectura imprescindible. Hay que señalar que la prosa de Tsvietáieva es una prosa poética, tan complicada y cuidada como la poesía.

—Me interesaría abordar el proceso de traducción pues, como dices en tu epílogo, «no es fácil trasladar del ruso a cualquier otra lengua la magnificencia de su discurso».
—Bueno, es conocido que Tsvietáieva es tildada de poeta intraducible, tanto en la poesía como en la prosa, describía todas sus vivencias con palabras enlazadas de manera asombrosa. Transformaba la realidad y la convertía en poesía o en prosa poética. A través de los juegos fónicos con las palabras, tanto por su eufonía, como por su capacidad para sugerir otros significados en el contexto de la frase, modificaba la estructura sintáctica, descomponía las palabras y, a veces, las eliminaba; hacía un uso muy particular de los signos de puntuación, en especial, del guion largo, que le servía para dar una mayor precisión emotiva a sus ideas. Empleaba tanto arcaísmos como neologismos, utilizaba aliteraciones y repeticiones de fonemas, todo ello nutriéndose de las tradiciones populares. Muchos de esos elementos se escapan del proceso de traducción, lo cual constituye un verdadero quebradero de cabeza para conseguir trasladar del ruso al español o a cualquier otro idioma la obra de Tsvietáieva. Con respecto a su escritura ella misma decía: "La prosa del poeta es un quehacer distinto de la prosa del prosista, en ella la unidad del esfuerzo (de la diligencia) no es la frase sino la palabra, e incluso con frecuencia – la sílaba". Pero, a pesar de esa dificultad, he tratado de transmitir la riqueza del original, sin pretender la total fidelidad al texto, pero con toda la admiración y el respeto que merece una de las poetas rusas más grandes del siglo XX.

No es este tu primer acercamiento, como traductora e investigadora, a Marina Tsvietáieva. Tu relación con ella es más que fructífera y personal. ¿Cómo valoras que se haya publicado también este 2024 El poeta y el tiempo en Anagrama con traducción de Selma Ancira?
—La traducción de El poeta y el tiempo recién publicada no es una novedad, se trata de la reedición de un libro que publicó Anagrama en 1990 y que estaba agotado hace mucho tiempo. Curiosamente traduje esos mismos ensayos que fueron publicados por Ellago Ediciones con el título Ensayos el año 2012. Se trata de Un poeta respecto a la crítica, El poeta y el tiempo y el arte a la luz de la conciencia. Lamentablemente este libro de Ellago es difícil de conseguir, así que bienvenida sea la reedición de Anagrama. 

Para finalizar, ¿qué puede uno aprender leyendo a Marina Tsvietáieva?
—¡Vaya pregunta! Necesitaría otra entrevista exclusivamente para responderla. En cualquier género escrito por Tsvietáieva, en el que los lectores se sumerjan, hallarán motivos y temas que susciten su interés: su visión de la existencia, su razonamiento agudo y profundo por el hecho estético, sus reflexiones sobre la muerte, la ética, la espiritualidad, la filosofía… y estarán agradecidos por haber entrado en relación con una mente tan extraordinaria como la de Tsvietáieva. Su pensamiento encierra siempre mensajes profundos e inteligentes, expresados, como más arriba hemos indicado, con una escritura sumamente compleja, lo cual es también un reto para el lector. A modo de ejemplo citaré algunos aforismos de mi traducción Locuciones de la Sibila, publicado también por Ellago Ediciones en 2008, uno de mis libros de cabecera:

«Para no ser culpado hay que convertirse enseguida en acusador»

«Me gustan más los dioses con características humanas que los humanos con características divinas»

«Nunca cedo ante un deseo, siempre ante un capricho. Frente a mis imperiosos deseos, en cierto modo me siento ofendida, ante un capricho me siento alegre. En el mundo de los deseos soy – una esclava, en el de los caprichos – una reina.»

«Cuando a la gente, amontonándola, la despojan de su rostro, primero se convierte en rebaño, después – en jauría.»

«No celebréis la victoria sobre el enemigo. Es suficiente con la consciencia.»





martes, 6 de febrero de 2024

"La traducción perfecta a la que, por supuesto, nunca se llega"

En su columna del diario Perfil, del 21 de enero pasado, Damián Tabarovsky escribió la siguiente reflexión a propósito de la revisión que la traductora mexicana Selma Ancira hizo de una traducción que previamente había publicado. El autor de la columna, así, interpreta las consecuencias de ese cambio.

Cambio de palabra

Me gusta releer viejos números de revistas. Por ejemplo, en uno de los viejos números de Diario de Poesía hay un dossier dedicado a “cartas de poetas”. No sé por qué no es un tema que me entusiasma. Quizá por los restos que hay en mí de ciertas lecturas de juventud, cierta fascinación por la idea de la muerte del autor (la primacía del texto por sobre cualquier otra instancia). No obstante, comienzo la lectura del Diario de Poesía con la selección que hacen de algunas cartas entre Marina Tsvietáieva, Boris Pasternak y Rainer Maria Rilke. Aunque a contramano de lo que venía diciendo, ya había leído esas cartas, incluidas en el epistolario completo entre los tres poetas, en la edición publicada en 1984 por Siglo XXI de México, bajo el título de Cartas del verano de 1926. Diario de Poesía agrega un pequeño texto: “Cartas del verano de 1926, el epistolario entre Tsvietáieva, Rilke y Pasternak, apareció en castellano en 1984, cuando aún no existía como libro en ruso y Tsvietáieva no formaba parte de la cultura del mundo hispánico. Lo tradujo Selma Ancira, eslavista, crítica y traductora, nacida en México en 1956, seducida por la intensidad de las cartas y la personalidad de Marina Tsvietáieva. Partiendo de unas copias mecanografiadas que cayeron en sus manos por casualidad afortunada, preparó aquella primera traducción”. Décadas después de esa primera edición, Ancira tradujo el libro de nuevo, basándose en la última edición rusa, la del año 2000, que incluye nuevas cartas y poemas, publicado ahora por Minúscula. Es cierto: hacia 1984 poco se conocía de Tsvietáieva en castellano. Recién en 1990 y 1991 Ancira publicó sus traducciones de El poeta y el tiempo y El diablo, en Anagrama, y en 1992, de Indicios terrestres, en la desaparecida editorial Versal, sumados en esos mismos comienzos del los 90 a las traducciones –a cargo de Elizabeth Burgos, versionadas por Severo Sarduy– de Carta a la amazona y Tres poemas mayores, en la editorial Hiperión.

La experiencia de una traductora que reescribe, relee, repiensa su propia traducción me parece más que interesante. Y entonces, cotejo las cartas de ambas ediciones. Y leo, hacia el final del primer párrafo de la primera carta de Tsvietáieva a Rilke, esta frase: “Somos nosotros quienes elegimos nombres, y todo lo que acontece después es solo el -resultado de tal elección”. Luego la comparo con la versión de 1984, y encuentro que donde ahora dice “resultado”, antes Ancira había escrito “consecuencia”: “Todo lo que acontece después es solo la consecuencia de tal elección” (en la traducción original falta también el guión antes de resultado/consecuencia, tan propio del estilo de Tsvietáieva, al menos tal como la leemos en sus traducciones desde entonces). Luego voy a mi diccionario de sinónimos y antónimos (el Compact Océano, uno no demasiado bueno) y veo que “consecuencia” es la primera opción de sinónimo para “resultado”. Levemente decepcionado (hubiera querido elaborar una teoría sobre la diferencia entre resultado y consecuencia, pero no la hay), rápidamente cambio de opinión: en esa pequeña modificación, casi insignificante, Ancira coloca la traducción en el borde interno de la literatura. En ese detalle, como una poeta, la traductora busca la palabra precisa, la traducción perfecta a la que, por supuesto, nunca se llega.

jueves, 15 de junio de 2023

Presentación de la Biblioteca Marina Tsvietáieva en la editorial mexicana Ediciones Sin Nombre

La literatura rusa del siglo XX es hoy todavía una zona poco conocida, en especial esos extraordinarios escritores que vivieron en la primera mitad del siglo XX. Entre ellos la figura de Marina Tsvietáieva (1892-1941) es fulgurante. Víctima de tiempos difíciles, su capacidad expresiva excedió el marco de su tiempo y cifró en una escritura extraña, en las qué las clasificaciones convencionales —novela, poema, cuento, ensayo, autobiografía, memorias— son insuficientes.

Esta capacidad expresiva tiene un poco de todo y a la vez algo más inclasificable y misterioso—, una intensidad que la acerca a Dostoievski, una prosa musical que la aproxima a Pushkin, y a la vez una libertad rítmica y sintáctica que aún nos sorprende, dejada atrás hace tiempo a la época de las vanguardias y el experimentalismo. Testigo de su tiempo es también su escritura testigo del nuestro, literatura necesaria para entendernos a nosotros mismos en otra geografía, en otras fechas, pero necesitados y sedientos de esa intensidad. Los lectores en español tenemos la suerte de que Marina Tsvietáieva haya encontrado en español a una gran traductora, Selma Ancira, que no sólo cuenta con un oficio y un conocimiento del idioma y de la época, sino que ha conseguido sintonizar en lo profundo con esa voz excepcional. Una literatura necesaria.

Ediciones Sin Nombre, con la colaboración de su traductora, ha creado esta biblioteca Marina Tsvietáieva en la que recientemente se ha publicado El diablo, que se viene a sumar a libros anteriores como Mi Pushkin, Mi madre y la música, Las flagelantes, Pushkin y Pugachov y Mi padre y su museo.

Ediciones Sin Nombre es una editorial literaria nacida hace 28 años con la finalidad de dar a conocer textos ensayísticos. A lo largo de su existencia ha ido enriqueciendo su línea editorial con diversas colecciones de narrativa, poesía, historia e investigación. La creación de la Biblioteca Marina Tsvietáieva es fruto de la colaboración del sello con Selma Ancira, traductora del ruso y el griego, reconocida en todos los países de lengua española. Con motivo de la reciente publicación de El diablo se presentan los seis libros hasta ahora publicados.


Como parte del lanzamiento de El diablo, novedad editorial 2023 de Ediciones Sin Nombre, hemos preparado este paquete especial con los 6 títulos que tenemos de esta importante escritora rusa.


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Ventas directas por correo a edicionessinnombre@gmail.com o en las redes sociales de la editorial.

 

martes, 7 de octubre de 2014

"La literatura le gana la partida siempre a las historias oficiales"

“La reedición de Cazador de ratas, antología de poemas de la escritora rusa Marina Tsvietáieva, resultó la excusa perfecta para que las traductoras (y también escritoras) Irina Bogdaschevski, serbia, y Laura Estrin, argentina, reflexionaran sobre la obra de la autora de Poema del Fin y sobre las complejas relaciones entre la literatura, la vida y el poder”, dice la bajada de la siguiente entrevista de Pablo Chacón, publicada por la agencia TELAM, el 4 de octubre pasado.

“La literatura es el diálogo de dos en un castillo”

El libro, publicado por las ediciones Paradiso, incluye algunos de sus poemas largos, quizá los más importantes, y otra serie de piezas ineludibles a la hora de estudiar la literatura de cualquier tiempo.

 Bogdaschevski nació en Belgrado y vive en Villa Elisa. Estrin nació en Buenos Aires; es docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado varios libros: poemas y ensayos. Esta es la conversación que ambas sostuvieron con Télam.

–T : En la obra de Marina Tsvietáieva, ¿cuál es la importancia de Cazador de ratas?
–IB : Este libro, que hicimos en el año 2007, ahora reeditado, lleva el título de uno de los nueve poemas largos de Tsvietáieva (“Cazador de ratas”), pero otros poemas son tanto, o más importantes que éste, por ejemplo “Campamento de los cisnes”, o “Carta de Año Nuevo”, dedicado a Rainer Maria Rilke, que traduje en Tres poemas.

 –T : ¿De qué época son estos poemas y cuáles eran entonces los interlocutores de la autora?
–IB : Los poemas largos de Tsvietáieva son de diferentes épocas: algunos pertenecen a los últimos años de su estadía de Marina en Rusia (1918–1921, “Campamento de Cisnes”, “En el Caballo Rojo” y “Zar –Doncella”), otros a los años en Checoslovaquia, en los suburbios de Praga (“Poema de la Montaña” y el mismo “Cazador de ratas”) y los últimos a los tiempos de su vida en Francia (“Poema de la escalera, por ejemplo”).

–LE : Tsvietáieva escribió para sus amigos, poetas o no. Escribió desde el fondo del amor o desde el fondo de la vida y eso es difícil de escuchar; muchos interlocutores contemporáneos no hay para esos extremos. Nadie nunca quiere oír demasiado.

–T : ¿Por qué razón Marina, su figura extraliteraria, sigue provocando tanta curiosidad?
–IB : Tsvietáieva ha sido una figura realmente trágica, su vida fue un largo poema casi épico, con sobresaltos, desgracias y malos tratos, con falta de comprensión y abandono. Ella dijo una vez: La gente cree que la mala vida que me abruma es el destino que me tocó! ¡Ojalá tuviera yo de regalo una pizca de felicidad, cómo lo hubiera disfrutado!

–LE : Alguna vez uno comprende la distancia entre literatura y todo lo demás. La enorme distancia entre una obra y todo lo que luego pasa con ella. Una obra no garantiza nada. Nada garantiza nada. Y aunque nos refugiemos en el cuanto peor mejor, la injusticia duele y tiene fastuosas cosechas. (Philippe) Sollers escribió que la historia es el tiempo en que tarda una obra en ser leída. Hoy se lee a Tsvietáieva (de hecho hoy celebramos la reedición de este libro, que hicimos hace casi 8 años) pero siempre me queda la duda, la sensación de no saber qué se lee cuando se lee. Y con ese interrogante puede tal vez responderse a la curiosidad que parece despertar la genial obra de Tsvietáieva y la catastrófica y concomitante vida de Tsvietáieva.

 En general las respuestas vienen de la historia. Pocos soportan la historia, muchos la convocan en sus devaneos explicativos pero pocos la soportan de veras. Recuerdo que (Sigfried) Krakauer en Historia. Las últimas cosas antes de las últimas, afirma que aunque las ideas históricas surgen del yo entero, no son subjetivas en un sentido que podría interferir con su potencial valor de verdad. Por el contrario, en ellas, la subjetividad no es en absoluto un factor limitante: esto es lo insoportable de la obra de Marina Tsvietáieva, ella pone, tal como dice el alemán, la subjetividad en su máxima intensidad por lo que entonces se transciende a sí misma. Las ideas históricas son objetivas precisamente a causa de su deuda con la pura subjetividad dice también Kracauer. Y con ejemplar claridad concreta lo que dice (Michel) Foucault: lo que me sorprendía era que, en filosofía, por marxista que fuera la gente en esa época -y dios sabe que lo era-, su ignorancia de la historia era, no diría total, pero sí central. Entre los estudiantes de filosofía había una regla fundamental; como uno era marxista, no tenía que saber historia; la conocía como se conoce un viejo secreto de familia cuya clave se ha revelado hace ya mucho tiempo. Podemos agregar a esto el comentario de Sartre cuando invitado a la URSS, sugiere, siempre comedido, que a los obreros de Europa les puede hacer mal conocer los datos del Gulag, que es preferible no comentarlos públicamente. Tsvietáieva, que siempre viene del futuro, gritó muy justamente en alguno de sus libros: algún día comprenderán, algún día verán, algún día me leerán.

La literatura le gana la partida siempre a las historias oficiales. Yo no sé mucho más que lo que la literatura enseña, (Victor) Shklovski también en este mismo sentido apelaba a una literatura cognitiva, pero aunque mostremos los documentos del latrocinio de Sholojov, nadie cambia lo que ya se instituyó y es cómodo y conveniente seguir repitiendo. Porque las ideas tienen diferentes raíces que los hechos. Y la literatura es un hecho, un hecho material. Y muy contundente.

 –T : ¿Qué tipo de relación tiene la poesía (y la prosa) de Tsevietaieva con Rilke y con Friedrich Nietzsche?
–IB : Tsvietáieva conoció a Rilke a través de Boris Pasternak y tuvo con él un intenso intercambio epistolar, que los acercó y les descubrió sus afinidades. El magnífico poema “Carta de Año Nuevo” (1926), está dedicado a la muerte de Rilke. Está escrito en forma de conversación con el poeta que acababa de morir y tiene tanto en su composición como en su lengua una fuerte impronta innovadora, además de un registro muy severo y al mismo tiempo tierno y conmovedor, hecho que le permite a otro poeta ruso, (Joseph) Brodski escribir un importantísimo ensayo dedicado a este poema de Marina Tsvietáieva (incluido en Tres poemas).

–LE : hay hilos en las adyacencias de la literatura que permiten algunas tradiciones mientras cortan otras continuidades posibles. La serie literaria que diríamos sigue a Hegel, sintetizadora, metafísica, dialéctica, y la que puede seguir, entre otros, a Nietzsche, a veces se excluyen. Tal vez porque este último, y muy complejamente, permite volver a cierto interés en la ética, el hombre concreto, lo individual. No sé si Tsvietáieva lo leyó pero el amor por Heine, por Goethe, por Holderlin que tuvo, hace a su literatura más cercana a la transvaloración de la vida y la escritura nietzscheana, perspectiva que carga con tanto malentendido…

 Por lo que me gustaría decirlo con una frase que dejó Héctor Libertella en nuestra literatura: la literatura es el diálogo de dos en un castillo, afirmación que permite la cercanía con mi pena es mi castillo, que ya no sé si es de Nietzsche o de Rilke. Tsvietáieva escribió a y de Rilke como su exacto contemporáneo. Sintió y dijo que junto con Pasternak eran la literatura de su época. Los amó con todos sus brazos, con la fuerza de Pushkin –como ella afirmaba- y extendió su comprensión de la poesía y del encuentro con ellos (su encuentro fue un milagro –dijo-, del mismo modo en que a otros les recordó que su trato fue demasiado temprano), hacia algo intempestivo pero ineludible. Rilke y Pasternak la correspondieron en cartas, poemas y elegías. Más extensamente puede contarse que lo que Tsvietáieva pensó de muchos autores que la afectaron lo dejó escrito clarito: su obra se extiende en retratos enormes y geniales (en Retratos, que hemos editado el año pasado, compilamos los inéditos en castellano sobre Pasternak, Briussov y Balmont).

 –T : Podría pensarse que la escritora abomina de las fuerzas celestes. ¿Es así, en rigor?
–IB : No se debe sacar ninguna conclusión, porque se mezclan en su alma muchos, distintos, contradictorios sentimientos, pero siempre llenos de religiosidad (sin pertenecer a ninguna religión determinada).

–T : ¿Por qué creén que Illya Ehrenburg no habla –o no habla mucho– del destino de Marina?
–IB : ¡Porque Ehrenburg (a pesar de sus virtudes) era un camaleón!

–LE : El tiempo lo arruina todo –escribió Graciela Schvartz– y solemos saber lo que algunos editores eligieron que sepamos… Si Ehrenburg habló o no de Tsvietáieva, si Maiakovski la conoció, si ella lo valoró, si Pasternak ayudó a Tsvietáieva y a Mandesltam, son elementos que a veces escapan al más fino biógrafo y son fácilmente tergiversables. El testimonio suele ser suspicaz y el testigo muere o lo matan (como al mensajero); en ese caso Tsvietáieva escribió una defensa de su relación con Mandelstam en Una dedicatoria. Ehrenburg fue un hombre complejo en un tiempo complejísimo: a mí siempre me hace pensar contradictoriamente que haya donado toda su obra a la Biblioteca de la Universidad Hebrea de Jerusalén. 

martes, 15 de noviembre de 2011

Una noche con Selma Ancira y Marina Tsvietáieva

“Marina y la música” fue el tema sobre el que habló  Selma Ancira, traductora mexicana radicada en Barcelona, en su paso por el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires. Lo hizo en vísperas de las jornadas que Sofía González Bonorino organiza en homenaje a la gran poeta rusa Marina Tsvietáieva en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Pero hubo más como se puede ver aquí


Selma Ancira nació en la ciudad de México en 1956. Entre los autores rusos que ha traducido destacan, además de Marina Tsvietáieva, Lev Tolstói, Alexandr Pushkin, Nikolái Gógol, Iván Goncharov, Iván Bunin, Mijaíl Bulgákov, Borís Pasternak, y Nina Berbérova. Del mundo helénico ha vertido al español los tres volúmenes de ensayos de Giórgos Seféris, varios poemas de Yannis Ritsos, algunas obras del dramaturgo Yákobos Kampanellis y la novela Loxandra de María Iordanidu. En 2008, el gobierno ruso la distinguió con la medalla Pushkin, máximo galardón con el que Rusia condecora a los artistas extranjeros. En 2009 obtuvo el XII Premio de traducción Ángel Crespo por Viva voz de vida de Marina Tsvietáieva. En agosto de 2010 recibió el III Premio de literatura “Marina Tsvietáieva” que le fue entregado en la ciudad de Elábuga, Tatarstán. Y en septiembre del mismo año le fue concedido el III Premio “Maximilián Voloshin” en Koktebel, Ucrania, también por su traducción de Viva voz de vida de Marina Tsvietáieva. Reside en Barcelona desde 1988.

Fotos: Agustín Spinetto

miércoles, 27 de julio de 2011

La experiencia de una traductora que reescribe, relee y repiensa su propia traducción

El sábado 23 de julio pasado, el escritor y editor Damián Tabarovsky publicó la siguiente columna en el diario Perfil, de la Argentina. En ella se discute una traducción que Selma Ancira (foto) realizó de la correspondencia entre Marina Tsvietáieva, Boris Pasternak y Rainer Maria Rilke en 1984 y que volvió a traducir en el año 2000, con las modificaciones del caso.


Poesía y sinónimo

En el reciente número del Diario de Poesía hay un dossier dedicado a “cartas de poetas”. No sé por qué, no es un tema que me entusiasma. Quizá por los restos que hay en mí de ciertas lecturas de juventud, cierta fascinación por la idea de la muerte del autor (la primacía del texto por sobre la vida). A diferencia de muchos de mis amigos, no siento casi ningún tipo de fetichismo por los escritores y sus anécdotas, y de hecho leo pocas biografías (casi no recuerdo escritor sobre el que haya leído dos biografías diferentes).

No obstante, de parado, en el subte, comienzo la lectura del Diario de Poesía con la selección que hacen de algunas cartas entre Marina Tsvietáieva, Boris Pasternak y Rainer Maria Rilke.

A contramano de lo que venía diciendo, ya había leído esas cartas, incluidas en el epistolario completo entre los tres poetas, en la vieja edición publicada por Siglo XXI de México, bajo el título de Cartas del verano de 1926 (el mismo título que reproduce el Diario en su selección). Pero antes de la primera carta, el Diario agrega un pequeño texto, que vale la pena reproducir: “Cartas del verano de 1926, el epistolario entre Tsvietáieva, Rilke y Pasternak, apareció en castellano en 1984, cuando aún no existía como libro en ruso y Tsvietáieva no formaba parte de la cultura del mundo hispánico. Lo tradujo Selma Ancira, eslavista, crítica y traductora, nacida en México en 1956, seducida por la intensidad de las cartas y la personalidad de Marina Tsvietáieva. Partiendo de unas copias mecanografiadas que cayeron en sus manos por casualidad afortunada, preparó aquella primera traducción (...). Ahora, al cabo de treinta años, Selma Ancira ha decidido traducir el libro de nuevo, basándose en la última edición rusa, la del año de 2000, que incluye nuevas cartas y poemas” (en castellano pronto lo publicará la buena editorial catalana Minúscula).

Es cierto: hacia 1984 poco se conocía de Tsvietáieva en castellano. Recién en 1990 y 1991 Ancira publica sus traducciones de El poeta y el tiempo y El diablo, en Anagrama, y en 1992, de Indicios terrestres, en la desaparecida editorial Versal, sumados en esos mismos comienzos del los 90 a las traducciones –a cargo de Elizabeth Burgos, versionadas por Severo Sarduy– de Carta a la amazona y Tres poemas mayores, en la editorial Hiperión.

La experiencia de una traductora que reescribe, relee, repiensa su propia traducción me parece más que interesante. Y entonces, ya en mi casa, cotejo las cartas de la edición nueva con las de la vieja. Y leo, hacia el final del primer párrafo de la primera carta de Tsvietáieva a Rilke, esta frase: “Somos nosotros quienes elegimos nombres, y todo lo que acontece después es sólo –el resultado de tal elección”. Luego la comparo con la versión de 1984, y encuentro que donde ahora dice “resultado”, antes Ancira escribía “consecuencia”: “Todo lo que acontece después es sólo la consecuencia de tal elección” (en la traducción original falta también el guión antes de resultado/consecuencia, tan propio del estilo de Tsvietáieva, al menos tal como la leemos en sus traducciones; igual que varios signos de exclamación que aparecen en la versión reciente).

Luego voy a mi diccionario de sinónimos y antónimos (el Compact Océano, uno no demasiado bueno) y veo que “consecuencia” es la primera opción de sinónimo para “resultado”. Levemente decepcionado (hubiera querido elaborar una teoría sobre la diferencia entre resultado y consecuencia, pero no la hay), rápidamente cambio de opinión: en esa pequeña modificación, casi insignificante, Ancira coloca la traducción en el borde interno de la literatura. En ese detalle, como un poeta, la traductora busca la palabra precisa, la traducción perfecta a la que, por supuesto, nunca se llega.